La manipulación de la historia al servicio de la conquista política de Oviedo, último refugio de discrepantes

por Lancelot

El diácono Lorenzo, ser humano asado como un cordero

Deben tener razón los que sostienen que Lorenzo Cordero no soporta que el alcalde de Oviedo use su nombre como apellido. Llamarse Lorenzo, y escribir en Oviedo, en La Voz de Asturias, es sin duda una tortura digna del santo patrono del convento erigido por Felipe II en el Escorial, el buen diácono Lorenzo, que falleció beatíficamente asado a la parrilla, por orden del emperador Valerio, tal y como glosa en su “Loor de don Gonzalo de Berceo”, el anónimo autor que hizo la crónica en verso de la vida y la obra del remoto poeta riojano, con anacrónico estilo, no poco sugerente:

«Del Martir Sant Laurençio romanzo otra scriptura,
Fo en Roma martiriada tan sancta creatura,
Asaronli en parriellas sayones a rencura,
Imperante don Deçio, omne de audace dura».

Pero peor aún que llamarse Lorenzo, es apellidarse Cordero, en la ciudad de Gabino, cuyo emblema como buen Lorenzo, es la parrilla, la parrilla en la que murió asado el diácono martirizado, que debe resultar dura y permanente afrenta para la existencia de nuestro Cordero. En extraña “parriella” arde sin duda nuestro ovino cronista, Lorenzo, abrasado en carbones vegetales, por la elevada temperatura que brota de la rabiosa impotencia con la que se estrella su obsesión contra el alcalde de Vetusta, que alguna virtud tendrá, a pesar del innegable defecto que supone su negativa a meter áureos besantes en La Voz de Asturias.

Así son los problemas del Principado. Aquí, el problema no es el habíto político, llevado al límite, de financiar la aquiescencia de la prensa con dinero público. Aquí, el problema, es que todos y cada uno de los medios están disconformes con lo que cada administración le mete en caja. Se podrá reprochar a De Lorenzo lo mucho que mete en las cuentas de La Nueva España, pero difícilmente se puede sostener, salvo aquí, que eso es agravio para el medio no estabulado con públicos dineros. Claro, como por estos pagos todo el que no recibe publicidad institucional o es gilipollas o esta quebrado…, y pocos se hacen la cuenta de lo poco que ingresa La Voz del Principado.

¿Acaso si le diese caña al gobierno de Areces, no soltaría éste más pasta al gerente, con lo que podría sortear mejor la crisis que vive, que con sus actuales planes de suicidio colectivo en una loca aventura electoral? Morir como silenciosos corderos en la parrilla de Lorenzo. Un buen plan sin duda.

Lorenzo Cordero, obediente con las instrucciones de la empresa kamikaze destinada a morir reventada con el castigo de Castillo, demuestra, un día sí y otro también que no ve más allá del ruido y la furia de su acosada hoja parroquial, conducida lentamente por el ejecutivo del Principado hacia las expertas manos del castellano del castillito y el castillete, como certera y anticipadamente hemos visto publicada la noticia en El Comentario (de acuerdo con la denuncia de la documentada página Web LaOtraTPA que a diario demuestra conocer como nadie los entresijos de la comunicación en Asturias, pues todos sus vaticinios se están cumpliendo), y ahora, una vez “ejecutado” el ERE de La Voz, que inició el proceso para el desmantelamiento del periódico, los silentes corderos degollables, que no lorenzos a la parrilla de Vetusta, van siendo conducidos hacia el matadero gubernamental, en donde se prepara la última gran caldereta de anuncios-subvención, cordero a la estaca, con los que se financiará este polaris periodístico, antropágico festín de ovejunos costillares, destinado a intentar desalojar al único gobierno significativo del PP en Asturias, que mantiene viva la llama de la disidencia, en una comunidad en la que se pretende conseguir lo que pretende el propagandista del régimen, Lorenzo Cordero, cabreado porque Gabino no le riega con suficiente “chimichurri”: que aquí todo sea monoaural.

¡Muerte al estereo! ¡Viva el sonido monoaural!

¿Cómo se atreve a decir este personaje, cuyas piernas intelectuales están ya demasiado magras para el horno y para el martirio de los pérfidos carbones vegetales, en su artículo “Culto a Franco en Oviedo”, que “el franquismo fue creado en Oviedo por una burguesía seducida por la liturgia militar, cuyo único problema consistía en que sus hijos -soldados de cuota- fueron movilizados para ir a la guerra contra los moros…”.

¿De qué habla? ¿Vale todo aquí con tal de tomar el control de toda la comunidad, de rendir la última plaza?

¡Estoy literalmente hasta los cojones de soportar estas continuas y tópicas proclamas que intentan asociar la ciudad más liberal y más libre de Asturias con la penúltima dictadura española! Para dictadura la que padecen los ciudadanos de Gijón, Mieres, Llanes, Langreo, Carreño o Los Oscos, donde les imponen la muerte de cáncer por efecto de los campos magnéticos, el destrozo de sus negocios mediante la superexplotación de sus sierras con los parques eólicos, o el riesgo de morir en masa en el barrio de La Calzada, ante una más que posible explosión de la regasificadora de El Musel. Hablamos de ciudades y villas, en las que expulsa a los concejales de los órganos de control democrático de sus empresas públicas o en las que se arroja al calabozo esposado al secretario de AVALL, Txomin Goñi, por protestar en un pleno. Hablamos de los sindicalistas disidentes Cándido y Morala encarcelados por este régimen de terror, por oponerse a la destrucción de los astilleros de Gijón.

Bonita concepción de la democracia tienen estos antifranquistas carbonarios, siempre entre carbones, que tan bien supieron demostrar su arte rompiendo huelgas, cuando la empresa y el empresario franquistas así se lo requirieron. En Asturias hay que pasar, como sea, y a costa de lo que sea, del pluralismo al coro monocorde, coro de inútiles que ya quisiera llegar a la suela de las botas mineras del orfeón turonés cuando canta Santa Bárbara Bendita.

Entre el instinto suicida de los profesionales del negocio de la política que tienen controlado el PP asturiano, y la voluntad de los otros de borrarlos del mapa, dejando ahí a cuatro de los que ahora cortan el cupón en la Junta, queda muy poco ya para que los ejércitos javieristas consigan sus últimos objetivos: arrasar cualquier atisbo de disidencia en una región convertida en el reino del subsidio carbonífero y metalúrgico, listos para que la crisis global desate nuestra crisis radical, en el momento en el que vuele por los aires el modelo de región prejubilada.

Con semejante obsesión manifestada un día sí y otro también, por parte de quienes como Cordero, ejercen de monaguillos del gobierno, cómo no ver en todo lo que aquí se mueve un cerco, un obsesivo, perenne y maniaco cerco a la capital, a Oviedo, que se resiste indómita a las pretensiones de la coalición de todos contra el único PP que aguanta, tras el derrumbamiento de casi todos los ayuntamientos asturianos regidos por los “ovidistas” estabulados en la mejor línea del isidrofernandezrrozadismo que hizo historia contemporánea en Asturias. Es el cerco de la mediocridad con pujos de tiranía que pretende acabar con cualquier atisbo de disidencia.

¿Se imaginan lo que puede ocurrir aquí si se consuma la toma de Oviedo?

Es necesario que se produzca alguna reacción defensiva, que alguien alce la voz, no La Voz, porque eso no se alzará jamás, no hay huevos, sino la voz libre y responsable de los ciudadanos, hartos de tanto insulto, de tanto camelo, de tanta mentira y de tanta falsa memoria. ¿De qué memoria hablan estos? ¿Hablamos de memoria? ¿Hablamos del ejercito republicano traicionado por su gobierno? ¿Hablamos de cómo escaparon de Asturias sus gobernantes dejando a anarquistas y comunistas abandonados en las montañas para que muriesen como alimañas mientras se creaba el falso mito del maquis? ¿Hablamos de cómo los socialistas sacaron a los suyos, y sólo a los suyos por Luanco, con el beneplácito del régimen?

Hablemos pues de memoria, de la memoria, de historia, pero la de verdad, no la naïf, la de Ibarrola y sus cubos, pues ya estamos hartos de camelos, falsificaciones y corderadas multitudianarias.