Alvarez Areces se merece que Oviedo salga a la calle contra su permanente marginación de la Capital

por OrlandoSanz

En el viejo chiste, en visita a una parroquia, el Obispo observó que en la casa del cura, que vivía con el ama, sólo había una cama. “Ponemos una tabla en medio”, explicó el párroco. “¿Y si viene la tentación?”, inquirió el prelado. “Entonces quitamos la tabla”. Es lo que ha venido a decir el consejero Riopedre cuando le han preguntado sobre la comisión paritaria sobre la Escuela de Minas. ¿En caso de empate? “Decide el presidente”.

Para el alcalde de Oviedo ha sido suficiente esta explicación para entender que la suerte está echada sobre el expolio permanente que sufre la capital por parte de quien sucumbe siempre a la tentación de quitar la tabla cuando se trata de “joder a Oviedo”.

Fui testigo privilegiado en el conocimiento de los bocetos enviados por Niemeyer para el centro que en principio iba a ser ubicado en Oviedo, sede de la Fundación Príncipe de Asturias. Pronto se supo que habría dinero por parte del Principado, si se construía en otro lugar, pero ni un euro para la capital. A partir de ahí, en la imposibilidad de llevar el Niemeyer a la Laboral, prevaleció la teoría de utilizarlo como mascarón de proa de una operación urbanística en Avilés.

Con la Escuela de Minas se quiere promover su traslado a un campus yermo, nacido sin sentido, una jaula vacía para la que vale cualquier pájaro cazado al vuelo. Es el mismo sinsentido de haber radicado en la Laboral el centro de la Televisión Autonómica, lejos del mayor foco de producción de noticias que está en la Capital. Otra operación igualmente de relleno, hasta el punto de que ni siquiera la televisión autonómica dispone de un estudio o redacción en Oviedo, como tiene por ejemplo el diario gijonés El Comercio, mientras que al parecer resulta necesario que el presidente Álvarez Areces cuente con despacho en la Laboral.

Lo correcto sería que el Principado dejase trabajar a la Universidad. Que prevaleciesen los planteamientos puramente académicos, y no políticos, y mucho menos sindicales, pues ya sabemos a qué criterios obedeció el campus de Mieres, nacido para compensar el bajón minero. Alguien debería responder de los miles de millones malgastados por las atribuciones universitarias arrogadas por un sindicato minero.

La Escuela de Minas de Oviedo precisa unas atenciones que se le niegan desde el Principado, con una única respuesta: “a Mieres”. Intolerable. Estamos ante el permanente chantaje del presidente Álvarez Areces a Oviedo, un cerco que cada vez se estrecha más.

El siguiente desatino está en el telar: será llevar el AVE a Gijón, incluso a costa de bordear la Capital. El consejero Buendía ha dicho que Oviedo tendrá “un enlace”. ¿Qué nos están diciendo?” El AVE trata de unir capitales y no de eludir recorridos menos propicios. Oviedo no puede quedar marginado por el AVE, y una estación en la Capital, que se hace inexcusable, convierte en inútil que el AVE llegue a Gijón, porque nunca superaría en tan corto trayecto la velocidad de los trenes convencionales. O se hace una estación central en Llanera, o la estación ovetense anula la de Gijón, y evita por la misma razón la parada del AVE en Mieres. Pero querrán un AVE a Gijón, en este caso a toda costa, aunque llegue con velocidad de cercanías.

El alcalde de Oviedo ha dicho que los ciudadanos ovetenses pasarán factura al PSOE en las elecciones si prospera el traslado de la Escuela de Minas, pero entiendo que corresponde a los ciudadanos una respuesta más activa. El paso siguiente a la recogida de firmas que se lleva a cabo en la Escuela de Minas podría ser una manifestación popular, esta vez con Gabino de Lorenzo al frente, y no en contra suya, como las del  “Catastrazo” y cuando se equivocó en su trato al Real Oviedo.

Si el Principado se cree con la suficiente representación como para imponer criterios políticos a los puramente académicos de la Universidad, tal vez tendrán que ser los ciudadanos que votan los que muestren su rechazo a la política sectaria de Álvarez Areces, permanentemente contra Oviedo.

Cuando el hoy presidente del Principado era alcalde de Gijón, se encontró un día con el arquitecto Javier Calzadilla, entonces Decano del Colegio, que contemplaba el edificio de la vieja y monumental pescadería gijonesa, ne le ocurrió más que preguntarle si era para trasladar la sede del Colegio de Arquitectos a Gijón. Lo de Areces es como se ve, una zuna inveterada e incorregible de arramblar con todo. Tengamos los ojos bien abiertos.