Del nacionalismo como chollo a conseguir y mantener

por Txomin

Generalmente, hablar de nacionalismo no es sinónimo de hablar de la tierra donde históricamente se ha acumulado cultura, formas de vida y de comunicación. Pero sí se utiliza todo ese bagaje, histórico y tradicional, para envolver otras “preocupaciones” que tienen que ver más con el chollo de la pasta y el poder político para conseguirla.

En la reciente entrevista realizada al poeta llanisco Pablo Ardisana, por la revista Atlántica XXII, vemos con claridad meridiana, por que Pablo no tiene preocupación por el poder económico que emana de lo histórico-cultural-lingüístico, que esos valores sí existen al margen del interés económico. Es entonces cuando queda claro para qué utiliza el nacionalismo todos esos elementos tradicionales que “marcan” un pueblo.

Si esto ocurre a escala alta, digamos que controlando una región o comunidad autónoma entera, los codazos y empujones son más importantes, por que la tajada es mayor. Sea quien sea, utilizará el recurso a los valores tradicionales para tratar de ocupar ese espacio que permite manejar la tajada correspondiente. El ejemplo de lo que está ocurriendo en el País Vasco  es suficiente. Ganan los no nacionalistas, por primera vez, y ya tienen montado el contraataque los nacionalistas.

Hoy los medios vascos anuncian con bastante ruido Huelga General para el 21 de mayo. Los convocantes son todos nacionalistas y de su entorno. Un ejercicio de poder para demostrar que las componendas entre PP y PSOE para ocupar Ajuriaenea no corresponden con una realidad social. El sindicalismo vasco está mayoritariamente en manos nacionalistas.

ELA, LAB, ESK, STEE, EHNE e Hiru destacan que 800 empresas se han sumado ya a la huelga

Este domingo en la prensa vasca los nuevos responsables de Interior decían: enseguida terminamos con ETA. Lo mismo dijeron los socialistas en 1982, recién ganadas las elecciones, entonces generales. Por cierto de aquella los etarras dieron un margen de confianza al PSOE para “resolver” el “problema vasco”. Siguen siendo “poses” para no perder espacio y por ende poder, económico claro.

Ares se refirió a esta cuestión incluso en alguno de los momentos más emotivos de su discurso, como cuando se dirigió al presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, para “a través de él adquirir un compromiso con la sociedad vasca: Jesús, estoy convencido de que tu sueño, mi sueño, por el que tanto hemos trabajado, el sueño que tiene la inmensa mayoría de la sociedad vasca de vivir en paz y libertad va a convertirse pronto en una realidad; te prometo que trabajaré sin descanso para conseguirlo”.

Nadie, en campaña electoral vasca hablaba de huelga general, a pesar de que la crisis ya cabalgaba por las tierras de Sabino Arana. Ahora que los supuestos socialistas están acomodados en las sillas, los nacionalistas sacan las reivindicaciones sociales. Es un juego de políticos, pero en este caso de políticos nacionalistas.

Así es el nacionalismo. Pillar tajada tanto cuanto se pueda. Y si se tiene y se pierde, a recuperar por todos los medios.

¿Qué ocurre cuando nos movemos a niveles más pequeños? Por ejemplo en Asturias, donde el nacionalismo no ha tenido el espacio que ocupan en Cataluña, Galicia o País Vasco, los movimientos son de otro calibre. Se trata de ir abriendo “campo nacional”. Y en esta tarea vale todo. Los empujones no son para ocupar silla con máximo poder, económico claro. Ganar los espacios se hace generalmente con pasta. Es impensable que una publicación en asturianu o en bilingüe pueda sobrevivir sin ser subvencionada. Aún no se plantean que los docentes sean liberados un par de años para poder aprender el asturianu y enseñarlo en las aulas. No tardarán en hacerlo. Y así volver a manejar pasta.

Y como los nacionalistas no tienen tanta prensa, para abrir camino es imprescindible acallar voces que se opongan radicalmente a ellos. El filósofo y profesor Emérito Gustavo Bueno, en el mundillo nacionalista astur es considerado “facha” por oponerse a su nacionalismo. No por tener una determinada ideología. Los nacionaliegos no entienden que alguien pueda defender otra posición no nacionalista y respetarlo. Necesariamente es catalogado como “facha”. Otro caso esperpéntico de los nacionaliegos es el trato que dan a Juan Vega. Evidentemente por su oposición al  nacionalismo que vive del chollo económico. Recientemente han aireado sus fobias contra Juan en El Glayiu.

Los no nacionalistas, entre los que me incluyo, también tenemos derecho a expresar nuestras opiniones por mucho que no gusten a los nacionalistas. Máxime cuando se argumenta con datos que detrás de lo nacionalista hay más de chollo que otra cosa.