El Comercio, con el “fino olfato” que caracteriza a este periódico, se apunta abiertamente al bando “antiferreiro”

por Crispin

Eustaquio Revilla

Eustaquio Revilla, alcalde de Grandas de Salime, lanza un pintoresco libelo acusador contra Pepe el Ferreiro, en el diario El Comercio, que se puede decir que está en fuera de juego en este asunto desde el mismo momento en que se inició el conflicto, primero ignorándolo, y subiéndose tarde y mal después, pues sus rectores, que no suelen tener una gran finura a la hora de interpretar la opinión de los ciudadanos ante la barbarie de la clase política, no son conscientes de que son este tipo de errores los que históricamente les dejaron encerrados en Gijón, al no entender jamás nada que suceda fuera del mingitorio de la alcaldesa.

Ellos sabrán, pero la historia demuestra que mientras que este periódico nunca logró salir realmente de Gijón, La Nueva España consiguió entrar con gran fuerza en esa ciudad, donde no hace tantos años no vendía un periódico. ¡Por algo será! ¡A las pruebas me repito!

Hoy lo tienen de cine para entender la enorme diferencia de ventas de ambos medios, pues mientras El Comercio hace un trabajo barriobajero del que enseguida les hablamos, La Nueva España cuenta por lo bajinis, el contubernio montado por los afines a Pedro de Silva en el  reducto conspiratoria antiareceista del RIDEA, en el día de ayer, para dar calor a Pepe El Ferreiro, con comida en el bunker socialista de Latores y charla de Jesús Arango, ex consejero de Silva que sabe introducir sentido común en la miope visión asturiana del campo sobre la ciudad. La administración que respaldó la creación del museo que ahora se pretende destruir, aporta su grano de arena a la victoria final del Ferreiro, que cada día se hace más evidente, para cualquiera que tenga dos dedos de frente, pero por aquí, las frentes son “huidizas” y estrechas.

Toca el turno al alcalde de Grandas, ahora que el gobierno de Vicente Álvarez Areces ya saca el culo, en un problema que todo el que sabe algo de política en Asturias comprende que compromete gravemente los equilibrios electorales en una circunscripción, la occidental, primada por el sistema, cuando no determinante, y son muchos los que se están dando cuenta de que esta metedura de pata puede llegar a ser decisoria en las próximas elecciones autonómicas.

Vean ustedes cómo mete hoy peseta La Voz de Galicia, un medio de comunicación que no deja de “pescar simpatías” en el occidente maltratado por el gobierno de Asturias:

Este reconocimiento a Pepe el Ferreiro llega tras la constitución de una plataforma formada por una gran cantidad de asociaciones vecinales y culturales -ya son unas 50- que han decidido unirse para protestar por el cese de Naveiras. Una destitución sobre la que dará explicaciones la consejera de Cultura del gobierno asturiano, Mercedes Álvarez. La portavoz del Gobierno astur aseguró esta semana que la titular de cultura acudirá al Parlamento a hablar de ello.

El tono de este alcalde “socialista”, al que “mandan salir”, es alucinógeno, y da buena cuenta de la deriva autoritaria de la partitocracia española, pues las consideraciones ya sabidas sobre la administración del museo y el inventario del mismo, se dan por descontadas, cuando todos sabemos que nadie acusa al ex director de cometer irregularidad alguna, sino precisamente de aquello que el propio consorcio gestor le impidió tener.

Si en ese museo no hay inventario ni una administración adecuada a los criterios legales, la razón es tan sencilla como que el propio consorcio nunca puso un administrativo a ejercer esas funciones, que evidentemente no son propias de quien lo hacía todo por un sueldo de ordenanza.

Fíjense en este glorioso párrafo del señor Revilla. Había visto cosas escritas por socialistas, pero lo de la “insubordinación” es nuevo:

«Es totalmente cierto que en este caso es únicamente una cuestión de anarquía, de insubordinación sin razones, sin motivaciones lógicas, habiendo hecho del insulto y de la descalificación su bandera más preciada», señala el alcalde en su carta.

Las otras razones “novedosas” son aún más llamativas si cabe, pero hay que conocer el museo, unas cuantas dependencias de pequeño tamaño, molino, casona, etcétera, ordenadas alrededor de un amplio espacio central, con todo un ala abierto al mundo sin cierre real, para darse cuenta de su carácter ridículo, especialmente en lo de las salidas de emergencia que no tiene vuelta de hoja, porque responsabilizar al director de la entidad de la inexistencia de tales salidas -que tampoco existen en los edificios del Pueblo de Asturias en Gijón, ni en ninguna parte, salvo en la imaginación de este pintoresco regidor que parece pretender destruir lo mejor que tiene su pueblo- o de la manera en que coloca los extintores, no hace otra cosa sino reforzar la convicción de que estamos ante una enorme cacicada, que no hace otra cosa que aumentar nuestra fé en la personalidad y la solvencia de la persona destituída:

Se refiere a continuación a «los abusos que ha cometido a lo largo del tiempo con la utilización particular y privada de las instalaciones del museo», para pasar después a hablar de la falta de seguridad del mismo, una de las cuestiones en las que incide con mayor fuerza. «No se puede seguir permitiendo que el patrimonio de todos no se proteja porque a alquien no le da la gana, o lo que es mucho peor, que no exista ninguna medida de seguridad ni para los trabajadores del propio museo ni para los miles de visitantes que acceden al mismo», dice. Explica después que el sistema de alarma no funciona desde hace años «porque Pepe cree que es un gasto superfluo y no permitió a la empresa encargada repararlo, además de dejar pendientes pagos a dicha empresa». A ello se suma que «no existe un sistema antiincendios, salvo algunos extintores escondidos porque no quedan bonitos». Tampoco hay salidas de emergencia ni un plan de evacuaciones en un museo que, recuerda Eustaquio Revilla, «es prácticamente todo de madera». «Que no podamos garantizar la seguridad de las personas no es entendible bajo ningún punto de vista cuando se han puesto a disposición de Pepe el Ferreiro todos los medios para corregir estas irregularidades».

Dense ustedes cuenta de que en Grandas de Salime, hasta hace unos días, en ese museo no se echaba la llave por la noche, y ahora hay guardas jurados. Y es que el Museo Etnográfico de Grandas se adaptaba plenamente a su entorno, un lugar de convivencia en el que por supuesto, el miedo a los ladrones, un fenómeno urbano que ha contaminado las áreas más próximas a la “Y” central, no existía, y hasta eso se está creando en aquel idílico y remoto valle para justificar la barbarie política arecista.




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