Monte usted una guerra civil de papel, con Garzón como “prota”, y échese a dormir

por Crispin

¡Desastre de país!

La cosa es sencilla, una enorme trama de intereses converge alrededor del procesamiento de Baltasar Garzón por saltarse a la torera la Ley de Aministía, en la que él mismo se amparó -entonces con buen criterio- para no procesar a Santiago Carrillo, y por supuesto, lo único que faltaba es Falange Española y de las JONS en la parte actora, para que CCOO, UGT -los desaparecidos de la crisis-, los “artistas”, Gaspar Llamazares y todos los beneficiarios de la errática política zapateril, la mujer barbuda, el tragasables y la montaña humana, monten este impresionante aquelarre, que consigue ocultar bajo un brutal estruendo de cañonazos, fuego de mortero, y tiros a go-go, la realidad económica de un país que se va al desastre sin pasar por taquilla.

De fondo, la enorme ignorancia histórica sobre nuestra Guerra Civil, la de verdad, convierte este reality show horroroso en el espectáculo más perverso del mundo, que sólo necesita al frente al “prota” más “prota” de la historia reciente de España.

El único problema es que la realidad de la vida económica sigue siendo la que es, y por supuesto, aquí nadie habla de las imprescindibles reformas de la legislación electoral y de los partidos políticos para combatir la enorme corrupción que nos desangra a izquierda y derecha.

Porque los ciudadanos seguimos viendo a diario, cómo saquean y expolian lo público, a izquierda y derecha, sin que nadie tome medida alguna para mejorar un sistema que se ha demostrado como catastróficamente corrupto. A nadie le salen las cuentas de las campañas electorales. Por todas partes se acometen locas obras públicas sin más sentido que pillar “cacho”.

El prestigio de la clase política se sigue derrumbando, y lo que faltaban son guerras civiles de papel, mientras sigue creciendo el paro. ¿Acaso estamos ciegos para no ver que vamos a paso de marcha hacia un enfrentamiento civil real?

Cuando los poderosos no encuentran solución para los conflictos de naturaleza económica, siempre tienen una válvula de escape: fomentar una matanza entre los miembros de la masa, para aligerar al problema, y de paso enterrar las responsabilidades de cada cual. ¿Quién se acuerda de la burbuja inmobiliaria en medio de esta pavorosa historia de buenos y malos?

Lectura recomendada:

Rafael Halcón, en La República, Garzón pretende su regreso a la política como “víctima” del franquismo




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