La otra guerra de el Guernica
por Pandora
El Prado quiere el «Guernica» para el Museo del Ejército
Leonardo resucitaría si supiera que quieren exhumar sus restos para comprobar si se autorretrató en «La Gioconda». Algo parecido haría Picasso -saldría de su tumba en el castillo de Vauvenargues- si supiera que siguen sin dejar en paz al «Guernica», casi 73 años después de haberlo pintado. Tras el simposio internacional y el posterior y exhaustivo informe sobre el estado de conservación del cuadro, que hicieron los técnicos del Museo Reina Sofía en 1998, parecía zanjado definitivamente el debate, pues las conclusiones eran tajantes: «No debe volver a exponerse la obra a ningún tipo de movimiento o traslado fuera de las salas del museo». Se podía decir más alto, pero no más claro. Desde entonces, el Patronato del museo se ha visto obligado a «declinar cualquier traslado de la obra por el medio que fuere».
Y es que el «Guernica» ha tenido una vida de lo más ajetreada. Los excesos se pagan. Y a su edad (a punto de cumplir los 73) le han pasado factura. Más de 30 exposiciones por todo el mundo (EE.UU., Sao Paulo, Milán, Alemania, Bélgica, Holanda, Suecia, Noruega, Dinamarca…), destinadas a recaudar fondos para los refugiados políticos españoles, amén de las heridas sufridas en sus traslados, montajes y desmontajes, y un rosario de restauraciones más que cuestionables, hacen que su salud sea fragilísima. Su peso y su tamaño (775 x 350), unidos a los daños sufridos, algunos irreversibles, le hacen muy sensible a las vibraciones de cualquier traslado, que supondría serios riesgos para la obra. La obra no debería volver a enrollarse jamás.

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Comentarios
Picasso se revolvería en su tumba, sobretodo, por saber que su obra fue entregada a la monarquía franquista en lugar de a la República española, y que para más escarnio, colocaron el cuadro, no en el Prado, frente a la gran obra de Goya, sino en otro museo que lleva por nombre el de la mujer, cuya familia simpatizó con el fascismo, del jefe del estado vitalicio por la gracia de dios y Francisco Franco.
Y llevar este cuadro, símbolo del antibelicismo, al museo del ejercito, aunque sea de forma temporal, ya sería el colmo.
El Guernica estaba mucho mejor donde estaba antes.
amigo buddy, ¿no te has fijado? De izquierda a decrecha, hay una cara. Fíjate, lleva una boina roja. Es un requeté, además mira a su izquierda. Fíjate más, aún. Su boina prolonga en brazo portando una iluminaria. ¿alumbrar? ¿a quién?. Tás equivocao, amigo. Éste más facha que blas. Saludos.