Las amistades peligrosas de Moratinos

por Pandora

La presencia de Moratinos en los fastos del 40 aniversario de la revolución libia de Gaddafi, junto a un jefe de los piratas somalíes, se suma a su afán por estrechar lazos con personajes con pocas credenciales democráticas como Castro, Obiang o Chávez

A Miguel Ángel Moratinos le gusta arriesgar. Eso ha quedado claro a lo largo de los cinco años largos que lleva al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores. Con las bendiciones de un presidente del Gobierno para quien la política exterior parece ser poco menos que una carga que le distrae de sus afanes interiores, Moratinos ha protagonizado algunas actuaciones que han recibido numerosas críticas.
La más reciente ha sido su presencia en los fastos del 40 aniversario de la revolución libia, a los que la mayoría de los países europeos y occidentales han enviado un representante de escaso rango, A Muammar el Gaddafi se le ha readmitido en el concierto internacional, porque ha dado señales de querer volver al redil y porque, después de todo, las reservas petrolíferas del país y las oportunidades de negocio existentes es algo que nadie quiere despreciar.
Echando la vista atrás, se pueden recordar otros momentos estelares de la actividad del ministro de Exteriores en países donde el respeto de los derechos humanos deja bastante que desear.
Así, en abril de 2007, argumentando que era el momento oportuno tras la enfermedad de Fidel Castro, sorprendió con un precipitado viaje a Cuba para hablar con su hermano Raúl, mientras dejaba de lado a los disidentes, sin que hasta la fecha ese acercamiento haya arrojado grandes resultados.
Más recientes son sus viajes a Guinea Ecuatorial y Venezuela. Moratinos ha sido el gran valedor de Teodoro Obiang. Propició su visita a España, en medio de un gran polémica y, en julio, se desplazó a la antigua colonia española, con la esperanza de que el dictador ecuatoguineano decida incluir a España entre los beneficiarios de la prosperidad que auguran las reservas petrolíferas.



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