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¿El carbón es todo negro?, de Enrique Calvet en Expansión

análisis de actualidad

La rentrée ha empezado con los mismos problemas estructurales (justicia, educación, desconfianza, destrozado mercado único, etc…) a los que nadie hace caso, como siempre, y con señuelos despistantes de rigor (Trini contra Tomás, que si hay cómplices de ETA buenos o no, que si Garzón es malísimo…) Para variar, les proponemos una reflexión sobre un tema importante ligado a otro estructural: nuestro modelo energético… Se trata del sector privado de extracción de carbón nacional. La ‘batalla’ se celebra en Bruselas, pero es tema del que nacen ideas más generales sobre la política socioeconómica en España, y en Europa.

Sucede que el Gobierno ha aprobado un Real Decreto para asegurar un volumen estratégico de carbón nacional. Evidentemente, supone ayudas temporales como en otros sectores (¿automóviles?), y los comisarios europeos deben determinar si el RD contraviene normas… siempre interpretables. Aquí viene algo curioso: los dos partidos mayoritarios españoles, por una vez, están de acuerdo, y apoyan con buena parte de sus europarlamentarios la aprobación, y son ambos absolutamente denostados por ello en foros económicos y empresariales españoles. Situación infrecuente. Pero a los políticos toca decidir en función de muchas variables y creemos que, en este caso e instante, los dos partidos están probablemente acertados en este tema, y no sólo por motivos sociales, pese al drama de la situación actual.

De la industria española de extracción privada de carbón se suelen conocer los aspectos sociales, generalmente dolorosos a nivel personal y regional. Se les suele valorar desde lo emocional, y es cierto que no es suficiente motivo para invertir dinero público eternamente. Otros sectores debilitados ya tuvieron que prescindir de ayudas (astilleros, por ejemplo). Pero los redactores del RD no ignoran eso, saben que la UE dicta un plazo para el cierre de las minas no competitivas, cuyo reglamento sobre medidas sociales va a ser valorado de manera inminente por las instituciones europeas. El RD se dirige al mantenimiento de un stock de reserva ahora y a asegurar un tiempo (tope el 2014) para que puedan dar fruto las grandes inversiones que han realizado las empresas privadas del sector, manteniendo una seguridad jurídica que Bruselas podría romper.

También se suele decir que el carbón español es caro y menos calorífico que otros, en términos generales. Pero a eso hay que contraponer el hecho de que es la única fuente autóctona de combustión en un país hiperdependiente del exterior, o que, por ejemplo, entre 2006 y 2008, fue más barato que el carbón exterior, cuando las eléctricas demandaron a las industrias extractivas para que cumplieran a rajatabla sus contratos a precios muy inferiores a los internacionales. Es, pues, también un factor de estabilidad de precios. Hay que valorar en ciclos largos y no en coyuntura de carestía. Tampoco se recalca, por ejemplo, que la política energética de la UE pretende prioritariamente la seguridad de abastecimiento y autoriza almacenar reservas estratégicas del 15% de la demanda eléctrica, cuota que en España se ha reducido al 8%, pese a que la ley básica del sector eléctrico garantiza ese 15%.

El error consiste en que la temática del carbón no se enfoca a la luz de una revisión profunda y global de nuestro descabalado modelo energético. Sería interesante conocer el papel temporal que debería jugar nuestro carbón en una reforma racional del sistema que deberá combatir, ante todo, la extrema dependencia exterior de sus fuentes. Sin ese ejercicio, conviene ser prudente en el cierre irrecuperable de todas nuestras minas.

Finalmente, conviene entender que la larga marcha hacia la unidad europea, económica y política, siempre demasiado lenta y tímida para nuestro gusto, se basa en ir acompasando los intereses nacionales a las cesiones de soberanía. Y se negocia duro, equilibrando la construcción europea a largo, con una irrenunciable cohesión y preservación de las sociedades de las naciones de la Unión. Por eso, los comisarios ponen siempre una vela a Dios y otra al diablo. Un ejemplo claro: Francia puede querer evitar gasto público europeo suprimiendo inmediatamente las ayudas al carbón. Pero Francia tiene cincuentaitantas centrales nucleares, con energía propia para dar y tomar en todo momento, y nosotros no. Por eso, el RD merece el apoyo de nuestros políticos, porque se adecua a la legalidad comunitaria y nacional y a la realidad social y económica española en el corto plazo. Intentar forzar una decisión en contra de los comisarios puede desembocar en un remedio peor que la enfermedad para España. Mejor sería pugnar por lo estructural, por la obtención urgente de un modelo energético y eléctrico totalmente renovado, técnico y no ideológico, geoestratégico y eficiente. En él se vería la dimensión idónea de las fuentes autóctonas y se redimensionaría el sector con la lógica del modelo social europeo. Entretanto, los experimentos drásticos irreversibles, ni con gaseosa, y menos importada.

Enrique Calvet. Miembro del Comité Económico y Social Europeo en Bruselas.

Publicado por Reggio's

15 Septiembre, 2010, a las 8:06 am

Colgado en: Economía, Energía

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