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¿Colapso en las finanzas autonómicas? Pongamos que hablo de Madrid…, de S. McCoy en El Confidencial

“Los del PP tienen los huevos más gordos que el caballo de Espartero. Están aprovechando su llegada al gobierno en algunas comunidades autónomas para sacar toda la mierda que pueden. Debe ser que se han acostumbrado al olor en aquellas que siguen bajo su mando. Porque telita como está el tema. Lo dijo la Espe el otro día, no hay un puto duro. Y es verdad. Basta ver los retrasos en el pago de aprovisionamientos y servicios para darse cuenta de que están tirando piedras sin estar libres de pecado y, al final, esa estrategia se les puede volver en su contra”. Quien tal cosa afirma es un ex político al que sus contactos en los dos principales partidos le han convertido, como él mismo afirma no sin sorna, en un conseguidor: “a ver si consigues que me paguen esta factura, me suplican. Como si hubiera…”

Ya hace tres años, que se dice pronto, advertimos de que las dinámicas recaudatorias y de gasto convertían el colapso de las finanzas públicas regionales en un accidente a punto de ocurrir. Mientras que los ingresos están ligados a la coyuntura, una parte sustancial del gasto es estructural, problema en el que ha incidido la constante asunción de competencias por parte de las distintas regiones españolas. A ello se ha unido un espíritu imperial comúnmente compartido que ha llevado a sobredimensionar las instalaciones y los servicios hasta un punto en el que su utilidad es cuestionable y su mantenimiento corriente imposible. Una tragedia en sí que es menor comparada con los efectos colaterales que tal inconsciencia lleva ahora aparejados: la destrucción de tejido productivo a consecuencia del retraso en los pagos o de simplemente la falta de él que afecta desde compañías que facturan millones de euros y que se creían tocadas por la varita mágica de los concursos ganados en su día, a pequeñas firmas y autónomos.

Les adjunto un ejemplo en primera persona, de un profesional médico al que la Comunidad de Madrid deriva pacientes propios de su especialidad. Tradicionalmente es uno de los matrimonios que veranea con la panda de un servidor. Este año el regalo que le ha hecho la dirigente regional es ahogarle hasta tal punto que no se lo puede permitir. Padece la dificultad añadida de haber entrado en un círculo vicioso de reclamación, rescisión, riesgo de cobro, mafia administrativa en estado puro, que aprieta aún más su difícil situación. Voy a quitar de su testimonio personal buena parten del apartado improperios, que los hay y numerosos. Agárrense a la silla. Con él les dejo hoy.

Hace unos años pensé que me había tocado la lotería. Mi clínica fue elegida por la Comunidad de Madrid para descongestionar la sanidad pública y dar un oportuno maquillaje al tema de las listas de espera. Hasta principios de 2009 todo iba bien. El flujo de pacientes numeroso, hasta el punto de que tuve que contratar hasta cinco profesionales más, y el pago puntual. Pero desde entonces estoy viviendo una pesadilla. Sigo con la misma carga de trabajo pero, simple y llanamente, no me pagan y te puedo asegurar que he movido Roma con Santiago para que lo hagan. Imposible.

Lo peor de todo es que han pasado de la condescendencia, como si me hicieran un favor pagándome lo que me deben, a la desfachatez. ¿Sabes lo que me han dicho la última vez que he llamado? Que mis facturas pendientes desde enero de 2010 están registradas pero no han sido contabilizadas para no generar un derecho de cobro que les estropee la foto del déficit. Así, con dos narices. No sólo eso, el mismo menda que me atendió en persona me recomendó por lo bajinis que lo mejor era dar suspensión de pagos o cerrar el negocio y entrar en procesos judiciales ya que de este modo el reconocimiento de la deuda aceleraría su abono. Un funcionario diciéndome estas cosas. No me caí de la silla no sé muy bien por qué… Hacer las cosas bien, no, no vaya a ser que se equivoquen.

Mientras, yo sigo pagando alquiler, suministros y nóminas con lo que se me va acumulando una bola financiera y, sobre todo, una angustia vital que te aseguro que ningún interés de demora, que está por ver desde cuándo lo computan, va a poder compensar. Y más cuando uno va el banco a renovar una póliza de crédito, en la que me metí precisamente para financiar ese crecimiento “seguro” y le exigen, aparte del aval personal mío y de mis padres, un 2% de comisión de renovación, un diferencial del 6,5 (que es un 8,5% anual) y un interés sobre el saldo no dispuesto, manda cojones, del… ¡3%! En esas condiciones, ¿dónde voy? Si al menos tuviera una garantía de cobro pero ni eso. Y eso que doy beneficios contables año a año que si no…

El cuerpo me pide cortar de raíz. A tomar por culo la Comunidad, me quedo con los clientes que me puedan abonar a tocateja y con las sociedades médicas menos cutres, ajusto plantilla y si te he visto no me acuerdo. Pero, joder, ¿es esto lo que España necesita? Sinceramente creo que no. Yo, por lo menos y hasta ahora, quería luchar. Pero esto de que te estés ahogando y llegue el barco de rescate a ponerte plomo en los pies es lo nunca visto, la verdad. Yo no pido que me den pero, al menos, que no me quiten. En tan tristes términos estamos. La ley te ampara, me dicen. Vaya usted a buscar las reclamaciones efectivas que se han interpuesto por este motivo y me cuentan. Yo lo he intentado pero… Apesta, el sistema apesta. Uno está más cerca que nunca de tirar la toalla…”.

Publicado por Reggio's

27 Julio, 2011, a las 7:09 am

Colgado en: Economía, Política, Sociedad

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