¿No nos quiere Carolingia?, de Enric Juliana en La Vanguardia
LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA DE LA UE
José María Aznar intentó convertir España en una segunda Gran Bretaña: relación privilegiada con Washington, tensión con Carolingia (París y Berlín), mal rollo con Marruecos (como consecuencia del movimiento anterior), buena amistad con los euroescépticos del Este (checos y polacos, preferentemente) y entente cordial con Berlusconia. Miami era la cabeza de puente y Florida, el modelo inmobiliario, digo económico, a seguir.
El 11-M desbarató la reconversión británica de España y la fenomenal crisis financiera del 2009 ha congelado los alegres palmerales de la ibérica Florida.
José Luis Rodríguez Zapatero llegó al Gobierno de sopetón y con tres ideas: regresar a Carolingia, escenificar el enfrentamiento con el Lado Oscuro de la Fuerza (el Washington de ayer) y seguir disfrutando las mieles de Florida (condición indispensable para poder llevar a cabo el movimiento anterior sin riesgo de descalabro).
La crisis lo está alterando todo. El mundo es otro. Preside Washington san Martín de Porres. Florida se ha evaporado. Y el problema vuelve a estar en Carolingia, porque en los últimos seis años Zapatero no ha dibujado un triángulo equilátero con París y Berlín. Es muy, muy, amigo de los franceses y no ha sabido sintonizar con los alemanes.
