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Archive for Febrero 4th, 2010

La desconexión, de Víctor Pérez-Díaz en El País

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La sociedad española está confusa porque, aunque comprende algunos problemas, no entiende la dirección de la marcha ante la crisis. Es necesario pensar en el grave divorcio actual entre los políticos y la ciudadanía

La crisis actual va a afectar a la sociedad española de un modo tan profundo y duradero que no puede por menos que suscitar esperanza. La crisis puede traernos una repetición de aquella experiencia de 13 años de los ochenta a mediados de los noventa, con su media de 18% de tasa de paro y su agitada retórica del cambio. También puede situar a España en una larga senda de crecimiento insuficiente, proporcionado al modesto nivel (logrado tras 30 años de turnos de izquierdas y derechas) de su competitividad, su innovación tecnológica, su educación superior, su unidad interna y su influencia geoestratégica. Ante ello, deberíamos adoptar una actitud de prudente optimismo. Porque aunque es dudoso que aprendamos de la experiencia, en cambio es seguro que podemos aprender de ella.

No es fácil aprender de la experiencia. En estos años pasados, era evidente que el país tenía una política económica de dejarse llevar, vivía en la irrelevancia de su papel internacional, se dividía cada día un poco más, no acometía reforma alguna y, en definitiva, estaba yendo a ninguna parte. Pero como cada uno iba a lo suyo, y lo suyo iba en la dirección del viento, pocos creían que fuera cosa de aguzar la mirada y dejar de darse buenas noticias. El poder disfrutaba del poder, la oposición tampoco sufría tanto en la oposición, las clases dirigentes representaban su papel en la feria de los discretos, todos se quejaban un poco pero marchaban en línea recta, y el país de a pie funcionaba. En ese ambiente, que la casa común se quedara pequeña pasó de ser evidente a ser invisible. Era como si, a fuerza de cortedad de miras (sobre los asuntos comunes, no los propios) de unos y otros, se hubieran quedado todos ciegos, y, en consecuencia, como si la habitación de lo común se hubiera quedado a oscuras.

Cuando un país es como una habitación a oscuras, nadie ve nada, nadie escucha nada, y los consejos se los lleva el viento. Si son los que las gentes quieren oír, no hacen falta; y si no los quieren oír, es obvio que no los oyen y tampoco son necesarios. Pero lo que los consejos no consiguen, lo hace a veces la realidad misma. Puede suceder que una ventana se abra, o que la realidad rompa la pared, por el hueco entre un raudal de luz, y la habitación se ilumine sin remedio. A veces, la ocasión de que esto ocurra es un asunto menor, casi una anécdota. Por ejemplo, llega el momento en el que a España le toca la presidencia europea, todos imaginan que será un periodo de vino y rosas, y, sorpresa, sorpresa, un extranjero se atreve a decir que “el rey está desnudo” como en el cuento de Andersen. La crítica parece insólita porque no encaja con las maneras de la corte. Pero ahí queda.

A veces la realidad irrumpe en la habitación bajo la forma de una encuesta; por ejemplo, una reciente que acabo de analizar junto con Juan Carlos Rodríguez (La travesía del desierto, Cuadernos de Información Económica Española, diciembre 2009). En ella se observa una sociedad atenta, que quizá considera todavía la crisis cosa de parados e inmigrantes, es decir, de otros; pero la ve crecer con preocupación creciente. En parte, porque apenas confía en la clase política. Sólo un 20% cree que el Gobierno la afronta bien; un 30% espera que el PP la afronte mejor; el 43% no confía en ninguno de los dos. Lo del Gobierno parece más grave, porque se le juzga por el poder que tiene hoy, y no por los gestos y las palabras de quienes quizá lleguen al poder (o no) en dos años. Además, el 68% piensa que el Gobierno ha informado de la crisis tarde y mal, y sólo un 44% cree que siquiera entiende sus causas. Confía tan poco el público en lo que le dicen los políticos que parece no reparar en lo que le cuentan del pacto social para luchar contra la crisis. Un 56% declara no haber oído hablar de él, y, entre quienes sí han oído hablar, sólo el 41% cree que se firmará, aunque le conceden poca importancia. El público trata la información sobre el pacto social como si fuera un ruido, al que no atiende. Tampoco al público le entusiasma lo que los políticos hacen con el sistema financiero; bastantes no ven razón para salvarlo, ni creen que el hacerlo resuelva muchas cosas. Cierto que el asunto es intrincado, y actitudes similares se encuentran en otros países; pero aquí la desconfianza forma parte de un síndrome general de desconexión entre ciudadanía y clase política del que hay más ejemplos; como las críticas que se hacen a la insuficiencia del fomento de la innovación tecnológica, o al exceso de dinero fácil, de crédito a la construcción y la compra de viviendas, y de dependencia energética. Políticas (o ausencia de ellas) de muchos años, que parecen comunes a políticos de distintos colores. Ello debería hacerles más humildes y comprensivos los unos con los otros. Pero he aquí que no: que se echan la culpa como si unos fueran muy buenos y otros muy malos. Fatiga verles jugar eternamente este juego infantil, con el que evidentemente ellos disfrutan muchísimo. Pero el público no disfruta tanto; y lo dice: el 68% piensa que los dos grandes partidos se tratan como auténticos enemigos y no como meros adversarios. Obviamente, entre enemigos no puede haber sino odios disimulados, compromisos inestables y deslealtades a la primera ocasión. Ello sugiere no una comunidad política sino una contienda civil latente, y a la larga contribuye a desmoralizar una sociedad de la que poco menos de un tercio suele interesarse en la política, y poco más de un tercio suele confiar en los demás.

La sociedad está confusa porque, aunque comprende algunos problemas, no entiende la dirección de la marcha. Ni le ayudan a entenderla unos medios de comunicación que el 69% de la sociedad ve poco objetivos, y que, atentos a sus agendas, a la larga la dejan ni más sabia ni más ecuánime, y sí más expuesta al espíritu partidista y al eslogan de turno. Así las cosas, la sociedad se obceca con problemas como, por ejemplo, el de la reforma laboral, porque se ofusca con la palabra “abaratamiento” y no centra su atención en la dualidad escandalosa del mercado de trabajo, ni ve que la creación de trabajo es un proceso temporal en el que hay que fijarse en los incentivos de hoy para conseguir los resultados mañana, y a veces se deja impresionar por apelaciones a manifestaciones de lucha contra el paro que recuerdan las rogativas de antaño clamando por la lluvia.

Por su parte, la opinión experta, bien intencionada y capaz, avanza algunos pasos pero aún le falta aliento y acierto para la tarea pedagógica que tiene por delante, y sus consejos se pierden en el ruido ambiente antes de llegar al personal. Es curioso que al cabo de 33 años de democracia nos encontremos en esta situación. Recuerda otros tiempos. Si lo pensamos bien, España ha tenido dos periodos de orden más o menos liberal democrático y capitalista, que duraron entre 30 y 40 años. Uno, el periodo liberal que arranca con la primera guerra carlista y acaba en el caos del cantonalismo y la tercera guerra carlista, allá por los años setenta del siglo XIX. Otro va desde la Restauración hasta la crisis de los años siguientes a la Primera Guerra Mundial y la dictadura. En ambos tuvo lugar un proceso de desconexión entre la clase política y la ciudadanía, de desafección general, a veces de radicalización de minorías de sentimientos intensos, de debilidad del sentido cívico de las élites económicas, de pérdida de calidad del liderazgo político, de aumento de las divisiones internas y de marginación o irrelevancia del país en la escena mundial.

Por supuesto que la historia no se repite siempre; a veces ni siquiera se repite, sino que continúa. Pero en todo caso, ahora que estamos a 33 años del comienzo de una nueva aventura democrática no sería ocioso pensar en estas cosas, aprovechando la crisis. Podríamos pensar en la desconexión entre clase política y ciudadanía; que es, tampoco lo olvidemos, responsabilidad de ambas. Pensar en ello podría darnos una inyección de optimismo, y poner a prueba si tenemos cabeza y corazón para enfrentarnos con la realidad.

Víctor Pérez-Díaz es presidente de Analistas Socio-Políticos.

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Febrero 4th, 2010 at 8:15 am

La caída de Saulo, de Xavier Vidal-Folch en El País

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Austeridad y a la vez, estímulo. Acelerar y frenar. Echar combustible a la locomotora para que cobre velocidad, pues renquea, y al tiempo detraérselo porque resulta caro y los proveedores amenazan con bloquear el suministro. Ésa es la cuadratura del círculo que afronta el Gobierno.

El dilema planteado por esas dos necesidades contradictorias es universal. Lo estilizó en Davos el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn: “Si abandonamos los planes de estímulo demasiado tarde, la deuda pública será más alta; pero si los abandonamos demasiado pronto, afrontamos el riesgo de una recesión en dos fases”. Y en ese último caso, el de un rebote en la caída, “no sé qué podríamos hacer porque ya hemos utilizado todas las herramientas; la probabilidad es baja pero el riesgo es alto”.

La respuesta doméstica a esta ecuación ha sido asumir ambas cosas a la vez: añadir a los programas de relanzamiento vigentes (automóvil, Plan E, FROB, paquete de sostenibilidad…) un plan de estabilidad para 2010 (que corrige el optimista Presupuesto) y un programa de austeridad (para el trienio siguiente) que supone un fuerte hachazo a la inversión pública prevista.

Este cambio de rumbo sucede a una caída de Saulo, el judío perseguidor de cristianos que al hendirle la luz del Señor cayó del caballo y se convirtió, y se llamó (san) Pablo. ¿Por qué el Gobierno cayó desde el optimismo antropológico al suelo de la realidad, tras driblar a organismos internacionales y fuerzas vivas económicas? Porque desde que aprobó los Presupuestos (26 de septiembre) han sucedido al menos cinco cosas:

1. Unos datos mucho peores. El cierre del ejercicio de 2009 ha sido alarmante, desautorizando los pronósticos para 2010. El gasto se multiplicó. Habrá superado en un 22% lo presupuestado (en gran medida para paliar el desempleo), contra unos ingresos declinantes. Y así, como saldo, el déficit llegará al 11,4% (nivel casi griego o norteamericano), casi dos puntos más que el 9,5% previsto.

2. La soledad en derredor. España ha quedado como última gran economía aún inmersa en la recesión. Y ésta continuará en este ejercicio (-0,3% según el Gobierno; -0,6% según el FMI).

3. La contaminación griega. Grecia se ha abocado al abismo, por culpa de sus cifras aún más dramáticas (amén de poco fiables), y empujada por agencias de calificación discriminatorias o por organismos sesudos. Amenazaba con contaminar a los otros euro-sureños. Aunque Bruselas le da un respiro, el hervor de la prensa anglosajona, el talibanismo del Bundesbank y el desespero de los griegos por no quedar aislados, balizaban nuevos peligros.

4. Una defensa poco útil. Los argumentos, ciertos, de que la crisis española era similar a la de EE UU (y nadie les amenaza) y más suave que la de Alemania (y tampoco) valieron para poco. Porque EE UU goza del señoriaje monetario del dólar, y político del imperio; y Alemania tiene su economía exportadora intacta, presta a cabalgar al recuperarse la demanda mundial. Y el de España no es, ay, ni uno ni otro caso.

5. Estrategias “de salida”. En los últimos meses menudeó la consigna de ultimar “estrategias de salida de la crisis”, con el retorno a la ortodoxia fiscal, tras un año gastador. Prédica que pone sordina a la que insiste en seguir estimulando la recuperación.

Amásense estas cinco causas, y llega la austeridad. Primero como mensaje a los mercados, que ya logró la semana pasada recuperar buena parte del diferencial con los bonos alemanes. Y ahora, como receta ineludible de un Ejecutivo que se quiere poner las pilas por imperativo de los hechos.

La incógnita asociada a la austeridad es hasta dónde llegará su efecto contractivo: a menos inversión pública, menos consumo, menor crecimiento, menos ingresos públicos. Todo ello, empeorable en cuanto aumente el IVA.

Pero juega a favor el repunte de la confianza de los consumidores (alza de cuatro puntos desde el hoyo de agosto, según el ICO) y la esperable mejora de las exportaciones, gracias a la recuperación de los vecinos europeos.

La cuadratura del círculo se sirve de una (hábil) pirueta temporal para cohonestar la reducción del gasto y su aumento. El grueso de la austeridad (reducción del gasto en 45.000 millones) se fía al trienio 2011-2013. Sólo un 10%, 5.000 millones, va para 2010. Es el mismo truco periodificador usado por Obama en el debate sobre el estado de la Unión. Un encaje de bolillos. ¿Servirá?

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Febrero 4th, 2010 at 8:14 am

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Zapatero y su desayuno con ‘La Familia’, de Henry Kamen en EL Mundo

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TRIBUNA: INTERNACIONAL

El autor cree que el presidente del Gobierno no debería haber aceptado la invitación de la Fellowship Foundation. El movimiento no sólo tiene una base religiosa, sino que surgió como reacción a la expansión socialista y comunista.

Hoy 4 de febrero, el jefe del Ejecutivo español se encuentra, junto a cientos de personas más, participando en el Desayuno Nacional de Oración que organiza la Fellowship Foundation, y que se celebra en el hotel Hilton en Washington DC. Gracias a su cargo como presidente de turno de la Unión Europea, ha sido invitado a desayunar en presencia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Sin embargo, este acontecimiento no es lo que parece a simple vista. Este artículo es un intento de examinar cómo Zapatero ha caído en la trampa al aceptar esta invitación.

El dirigente español debería saber por qué se llama Desayuno Nacional de Oración. Se trata de un acontecimiento en el que todos los invitados, dirigidos por el presidente de EEUU, ruegan públicamente a Dios para que les ayude con sus problemas actuales. La primera vez que se celebró fue en 1945, último año de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién lo inspiró? No fue el presidente Truman, sino un grupo de acaudalados políticos y hombres de negocios de derechas.

Muchos años después, estas personas han seguido invitando a políticos extranjeros a los que esperan influenciar con su participación en el acto. Como su nombre indica, el leitmotiv es la oración. Cada invitado debe recordar, cuando comiencen los discursos, que debe inclinar la cabeza, cerrar los ojos y decir «amén» al final de cada oración del resto de invitados. Si hoy se le pide al dirigente español que rece, éste deberá por supuesto hacerlo en inglés.

Además, tal vez se pregunte por qué Obama le ha invitado. Pero la realidad es que no fue él quien invitó a Zapatero. Una investigación publicada en el diario Los Angeles Times deja perfectamente claro cómo se emiten las invitaciones. La responsable de decidir quién reza y quién no es la Fellowship Foundation, no Obama.

Por eso no es correcto decir que ha sido el presidente de EEUU el que ha apostado por la participación de Zapatero. Eso puede verificarlo fácilmente la oficina de prensa del jefe del Ejecutivo español si así lo desea. Dejen que cite los detalles que publicó Los Angeles Times: «Más de 8.000 personas de 170 países fueron invitadas al Desayuno Nacional de Oración este año; alrededor de 3.000 aceptaron».

El diario asegura que «la invitación estampada en relieve procede de ‘miembros del Congreso de Estados Unidos de América’. Pide a los invitados que se unan al presidente, vicepresidente ‘y otros líderes nacionales de las ramas ejecutivas, judiciales y legislativas de nuestro Gobierno’ para una oración matinal».

«Rúbricas presidenciales decoran las estancias en las que se celebra el acto, desde el podio y la mesa de inscripción hasta el programa oficial. No sorprende, pues, que muchos piensen que es una cita oficial del Gobierno». Pero, por supuesto, no lo es. Jefes de prensa de políticos de pequeños países piensan y hacen pensar que es una invitación de Obama. No lo es.

¿Pero qué es la Fellowship Foundation, organizadora de la cita? Ha tenido muchos nombres a lo largo de los años y aún se la conoce por mucho de ellos. Este grupo, compuesto por dirigentes potentados y empresarios americanos, se refiere a sí mismo sencillamente como La Familia». Y La Familia, dicen, tiene un solo objetivo: amar a Jesús. Doug Coe, su actual líder, explica que tienen como meta «Jesús y nada más».

Pero la religión no es la única ideología del movimiento. La Familia fue fundada en abril de 1935 en Seattle por Abraham Vereide, un emigrante noruego que se ganaba la vida como predicador ambulante. Una noche, descansando en la cama y profundamente preocupado por la expansión del socialismo y el comunismo en el planeta, Vereide recibió una revelación: una voz y una luz en la oscuridad, brillante y cegadora.

Al día siguiente se encontró con un amigo, un rico empresario. Los dos acordaron un plan espiritual. Alistaron a 19 altos ejecutivos en un encuentro de desayuno semanal y juntos oraron, convencidos de que sólo Jesús podría destruir la subversión socialista y aplastar los sindicatos radicales. La iniciativa se extendió con rapidez. Desde 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando los grandes enemigos de Estados Unidos eran el fascismo y el socialismo, el Senado de Estados Unidos puso en marcha desayunos de oración anuales; el primero, en 1945.

La iniciativa trinfó en poco tiempo y, ya en la Guerra Fría, la Fellowship se expandió, sumando miembros por todo el mundo cristiano. Se convirtió en una activa organización internacional.

Ahora opera desde una multimillonaria mansión con finca propia situada sobre el río Potomac, cerca de Washington DC. Está exenta de impuestos porque está registrada como iglesia y desempeña un activo papel político en el Congreso. Coe asegura que la misión del grupo es crear una «familia de amigos mundial» que propague las palabras de Jesús a todos aquellos que ostentan el poder.

Cree que las personas, cualesquiera que sea su religión, -incluyendo a musulmanes, judíos e hindúes- están influidas por Jesús. Si puede cambiar los corazones de los líderes, afirma, entonces los beneficios fluirán de forma natural hacia los oprimidos y desfavorecidos.

Sin embargo, los que realmente quieren profundizar en las tradiciones de La Familia no hallarán muchos datos en la mansión sobre el río Potomac, sino en una modesta casa situada al final de la calle 24 Norte de Arlington, Virginia. Allí es donde La Familia prepara a los voluntarios que desean descubrir a Jesús. Y los voluntarios han de ser varones, de habla inglesa, ricos, influyentes y cristianos.

Esas son las personas a quienes, según ellos, Jesús desea hablar. Cuando uno entra en La Familia, se le organiza en una célula. Algunos miembros de estas células forman parte, a su vez, de un grupo en la sombra que dirige la organización llamado the Core [el Núcleo]. Tal vez el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ya conozca la orientación política de La Familia, pero, si es así, ¿por qué ansía tanto estar presente en el desayuno que hoy se celebra en Washington?

Otra pregunta que quizá él se haga es: «¿Por qué me han invitado?». Cuando le preguntaron sobre esto en una rueda de prensa, Zapatero lo atribuyó a la «grandeza democrática» de Estados Unidos y a la tradición de este país de acoger a «personas de distintas convicciones».

Desafortunadamente, como hemos visto, la invitación no vino de Estados Unidos sino del elitista movimiento conservador. La explicación de la invitación se encuentra en un documento privado, titulado Creencias y Principios de La Familia, que el grupo emplea en sus cursos privados en la ciudad de Arlington.

El punto 20 del documento declara: «Reconocemos el lugar y responsabilidad de los líderes laicos nacionales en la labor de hacer progresar el reino de Jesús». En otras palabras, Zapatero tal vez no lo sepa, pero por el mero hecho de responder a la invitación del desayuno está reconociendo el poder de Jesús. No importa que no crea en Él. Yendo al desayuno está ayudando a que el poder de La Familia y, por tanto, el de Jesús avance.

Rezando con cristianos y reuniéndose con ellos, tal vez encontrándose con un presidente también cristiano, un líder laico permitirá que Jesús le ayude a la hora de tomar decisiones. Es por eso que La Familia está contenta por la asistencia hoy del líder español. En el fondo no les preocupa mucho si va o no va, porque acuden cientos de personas poderosas procedentes de todo el mundo. Pero, de todas maneras, les gusta verle allí. Un miembro de La Familia declaró que incluso invitaría al terrorista Osama Bin Laden si eso fuera posible.

Un artículo en la revista Harper’s Magazine explica así el verdadero propósito del desayuno: «La única reunión que La Familia notifica es el Desayuno Nacional de Oración que, con el patrocinio del Congreso, continúa organizándose cada febrero en Washington DC. Cada año, 3.000 dignatarios, representando a numerosas naciones, pagan cada uno 350 euros aproximadamente para asistir. La Familia considera la cita sólo como un instrumento que tiene un propósito más amplio: reclutar a sus poderosos asistentes para que, en pequeños grupos y con más frecuencia, puedan reunirse en oración, y así ‘encontrase con Jesús cara a cara’».

Jesús triunfará, y también así La Familia. Dese cuenta, presidente: ¡Todo empieza sólo con un desayuno!

Henry Kamen es historiador británico. Su último libro publicado es El enigma del Escorial (Espasa Calpe, 2009).

© Mundinteractivos, S.A.

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Febrero 4th, 2010 at 8:13 am

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Desayuno de Oración, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Hoy, Desayuno de Oración. Hermanos lectores: meditemos todos y respetemos el acto, porque si las religiones son cuentos de hadas, las increencias pueden ser supersticiones; tampoco se ha demostrado la inexistencia de Dios.

Los presidentes americanos van de meapilas. Obama, especialmente. Como le acusaron de llevar turbante en la cama, salió a decir que no era un musulmán clandestino sino un devoto de la parroquia protestante de Chicago, Iglesia Unida de Cristo, que traza sus orígenes en los puritanos de Nueva Inglaterra. Se siente un continuador de los padres peregrinos del Mayflower, que querían purificar el cristianismo y soñaban con una Nueva Jerusalén. Alexis de Tocqueville reconoce que aquel grupo de aventureros fue la semilla de un gran pueblo, guiada por la propia mano de Dios a una tierra prometida.

Esa mezcla de patriotismo y religión, estimulada por la ferviente religiosidad de los negros con aleluyas que les colocan, no fue compartida por los padres revolucionarios de la democracia americana. Thomas Paine explicaba la Biblia como una colección de historias obscenas y torturas crueles basadas en la rapiña y el asesinato, textos para impostores o tontos.

Zapatero puede rezar el Catecismo socialista escrito en 1928 por el tipógrafo Felipe Carretero. («Padre nuestro que gimes en la tierra, perdónanos la mala defensa que hasta ahora hemos hecho de los trabajadores así como nosotros perdonamos a nuestros deudores los capitalistas». «Creo en el Trabajo todopoderoso rotulador de las tierras, impulso de las fábricas y talleres»). Si el presidente no tiene ese catecismo, yo se lo presto; es manejable, aunque es mejor que en la aduana tape la primera parte, el ripalda rojo de Engels.

Obama ha recuperado en cierta forma la rebeldía de Cristo al darles la vara a los ladrones del templo de Wall Street. Su cruzada contra los banqueros se basa en las enseñanzas de Lutero, que inició la reforma metiéndose con ellos y con el Papa porque se quedaban, a medias, con las indulgencias y las limosnas, autorizando la usura con la coartada de que había que acabar las obras de San Pedro.

Lutero condena al financiero por su nefasta sed de oro y sus ingresos exorbitantes. Dijo que la simple utilización de la razón permitió considerar como asesino y cuatro veces ladrón al que practicaba la usura; «pero nosotros los cristianos les honramos y adoramos porque tienen dinero. Quien quita y devora el pan del prójimo, aunque siga tranquilo en su casa, lo justo sería colgarle para que le comieran tantos cuervos como monedas robó».

Ante este rosario global, me pregunto como Mark Twain: ¿quién rezará por Satanás, el pecador que más lo necesita? Tengo una idea de quién de entre ellos será, pero me la callo. Esa respuesta vale más de 1,20.

© Mundinteractivos, S.A.

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Febrero 4th, 2010 at 8:12 am

La emergencia, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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LA ESTRATEGIA POLÍTICA DEL GOBIERNO CONTRA LA CRISIS

Digámoslo claro: la situación difícilmente puede ser peor. Conviene rezar al santo Murphy para que no se cumpla su ley, aunque inexorablemente se cumple. No vivimos una tragedia, pero sí una emergencia. Lo único de que presumió España en Davos (el endeudamiento) dejará de ser un orgullo en el brevísimo plazo de dos años: ¡subirá al 74 por ciento! Esta es la parte técnica de la jornada. La parte popular está en las jubilaciones, propongan o no propongan los 25 años para tener derecho a una pensión. Hay días en que asusta asomarse a las noticias. Me quedo corto: aterroriza. Y es que los disgustos van cayendo sobre la piel del país con la técnica del goteo, sin aviso ni preparación psicológica, pero con gotas que abrasan.

Ante ese panorama, les recomiendo que empiecen a coleccionar los recortes de prensa que recogen las actitudes de nuestra clase política: constituyen una antología del trampeo, del descaro, del oportunismo y la frivolidad. Debo aclarar que el Gobierno, al menos, conoce los datos del drama. Ya no está en el olimpo de la bondad infinita y la falta de patriotismo. Ya nota cómo el agua le llega al cuello y siente la asfixia de los brazos de la bancarrota. Aguijoneado por la tremenda realidad, está efectuando un viraje hacia soluciones que hasta ahora consideraba poco menos que como fachas. Empezó por la elevación de impuestos, siguió por la jubilación y desembocará mañana en la reforma laboral, ese concepto que no quería ni escuchar. A la fuerza ahorcan, queridos gobernantes.

Pero, diablos: no sé qué táctica utilizan, que nada se transforma en hechos. La ley de Economía Sostenible no acaba de nacer. La jubilación se queda en una propuesta, sometida a los vientos del trajín de partidos y sindicatos. La cotización desemboca en un desmentido. Y la reforma laboral también saldrá como propuesta. Se quiere convertir a España en un inmenso debate, más periodístico que otra cosa, sin una medida tomada. Al revés: esta técnica del sondeo sólo está sirviendo para decir que el Gobierno no sabe presentar sus iniciativas, que equivale a decir que no sabe gobernar.

Y no nos perdamos las joyas de la oposición. Si se anuncia un mal futuro para el sistema de pensiones, el PP comunica que ocurrirá dentro de 25 años; hay que resolver lo de ahora. Claro: es ahora, no dentro de un cuarto de siglo, cuando Mariano Rajoy se juega el poder. Si José Luis Rodríguez Zapatero asume reformas que la derecha exige, el PP responde que Zapatero se equivoca de prioridades. Por supuesto, practica una oposición populista, ecologista cuando conviene o nuclear para llevar la contraria. Y así, entre unos y otros, van pudriendo la situación. Los unos, mendigando apoyos que nadie les quiere dar. Los otros, a la caza de votos, que alguno puede caer. Divertido, ¿verdad? Sin duda. Lo malo es que las arcas públicas, las empresas, los cuatro millones de parados, son el reflejo diario de una emergencia nacional.

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Febrero 4th, 2010 at 8:11 am

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El papel que dispara la crisis, de Manel Pérez en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Dicen los expertos en fontanería de la Moncloa que la Actualización del programa de estabilidad, el explosivo documento que ayer generó una enorme polémica, desde siempre se ha considerado de poca monta y nadie se lo ha mirado nunca antes de su envío a la Comisión Europea. Incluso el ex vicepresidente Pedro Solbes, ex comisario europeo, era poco puntilloso con su contenido. Este último informe es tan torpón que incluso confunde el derecho a percibir una pensión de jubilación, para lo que se requiere 15 años de cotización, con el número de años utilizados para el cálculo del importe de la pensión, que también es de 15. Por eso en esa Actualización… se propone ¡elevar los años de cotización necesarios para tener pensión! Algo que nadie ha llegado a propugnar todavía.

Hasta aquí la versión inocente de lo sucedido. La otra es más trascendente. El documento aboga, pese a los errores, por una ampliación del periodo de cálculo de la pensión para rebajar el importe de la misma y aligerar los compromisos financieros futuros de la seguridad social.

Y eso sí que forma parte del debate general y del interno en el seno del Gobierno. La elaboración del documento corresponde al Ministerio de Economía de Elena Salgado y a su secretario de Estado, José Manuel Campa, partidario de la medida e impulsor de la propuesta de aplazar la jubilación hasta los 67.

Esta se aprobó en el último Consejo de Ministros, porque, según personas próximas a las discusiones previas, era el complemento necesario e imprescindible para dar credibilidad internacional al programa de reducción del gasto aprobado en la misma reunión. “Los mercados considerarían un simple bla, bla, bla cualquier anuncio de recorte que no fuera acompañado de una medida concreta, con efectos a medio plazo”, se insiste. Por este motivo Zapatero respaldó la medida pese a que le ponía frente a los sindicatos y provocaba malestar en un nutrido sector del Gobierno y sus altos cargos. Malestar que ayer, gracias al texto enviado a Bruselas, se desveló como una crisis, con ministros, como Corbacho, enseñando los dientes ante las cámaras.

Los asesores al alza de Zapatero abogan por medidas de más alcance que el aplazamiento de dos años en la jubilación. Y el presidente, que parece haber asumido que lo peor no es que la crisis sea grave sino que puede ser gravísima, se inclina por apretar el acelerador. Un éxito para el equipo de Salgado, o de Campa, que les ha alentado a dar un paso más, que es lo que recoge el documento. Hasta el viernes esos asesores esperaban que Zapatero se descolgaría mañana con una reforma laboral que incluyera un nuevo contrato único. Ahora, tras el rechazo clamoroso a la elevación de la edad de jubilación y el patinazo de ayer, ya no lo ven tan claro.

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Febrero 4th, 2010 at 8:10 am

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Una vez más, las pensiones, de Vicenç Navarro en Público

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Una vez más estamos viendo una avalancha liberal alarmando a la población diciéndole que el sistema de pensiones no es sostenible y tiene que sufrir cambios profundos que significan, todos ellos, una disminución de las pensiones. Entre estos cambios se incluye el retraso obligatorio de la edad de jubilación de 65 a 67 años. La mayor justificación para esta medida es que la esperanza de vida de la población española ha crecido cuatro años en el periodo 1980-2005, pasando de 76 a 80 años. Por lo tanto, los pensionistas están gozando de sus pensiones cuatro años más ahora que hace 25 años, lo cual –se nos dice– hará insostenible el sistema de pensiones al aumentar el periodo de beneficio cuatro años más cada 25.

El problema con este argumento es que es erróneo, pues ignora cómo se calcula la esperanza de vida. Supongamos que España tuviera sólo dos habitantes: Pepito, que muere al nacer, y la señora García, que tiene 80 años. La esperanza de vida promedio de España lsería (0+80)/2=40 años. Supongamos que en un país vecino hubiera también dos ciudadanos: Juanito, que tiene 20 años, y la señora Pérez, que tiene 80 años. La esperanza de vida promedio de este segundo país es (20+80)/2=50 años. El hecho de que este país tenga diez años más como promedio en su esperanza de vida que España no quiere decir (como constantemente se dice) que la señora Pérez viva diez años más que la señora García. Lo que ocurre es que Juanito vive 20 años más que Pepito. Y esto es lo que ha ocurrido en España (y en Europa). El enorme descenso de la mortalidad infantil y la mortalidad de los grupos etarios más jóvenes ha sido la mayor causa del aumento de la esperanza de vida promedio. Ni que decir tiene que la población anciana vive ahora más que hace 20 años. Pero no los famosos cuatro años que constantemente se citan. Se está exagerando (deliberadamente, en muchas ocasiones) el aumento de la longevidad (años de vida) de la ciudadanía para justificar la reducción de las pensiones.

Por otra parte, este aumento de años de vida varía considerablemente según la clase social de la persona. España es uno de los países con mayores desigualdades sociales en el mundo desarrollado. En nuestro país hay un gradiente muy marcado de mortalidad según la clase social. Exigirle, por lo tanto, a la mujer de la limpieza de la universidad (cuyo nivel de salud a los 65 años es igual al que tiene el catedrático emérito a los 75 años) que trabaje dos años más para pagar la pensión a este último es una profunda injusticia. Pero esto es, precisamente, lo que están proponiendo los que piden que se aplace obligatoriamente la edad de jubilación. Proponen que las clases menos pudientes (que vivirán menos años) trabajen más para pagar las pensiones de las clases más pudientes, que les sobrevivirán muchos más años.

Otro argumento que se utiliza para argumentar la insostenibilidad de las pensiones es que la juventud se incorpora más tarde al mercado de trabajo (antes a los 18 años, ahora a los 24) y las personas de edad avanzada se jubilan antes, con lo cual hay menos trabajadores con cuyas cotizaciones se pueda sostener a los pensionistas. Tal argumento ignora tres hechos. Uno es que la prejubiliación es algo corregible. En España las prejubilaciones se están utilizando para ayudar a los empresarios que quieren despedir a sus trabajadores de mayor edad. Esta situación debería prohibirse, como ya ocurre en varios países europeos. Si un empresario quiere disminuir su fuerza de trabajo y jubilar a sus trabajadores, debería ser la empresa la que absorbiera estos costes en su totalidad.

Otro hecho que aquel argumento ignora es que el retraso de entrada en el mercado de trabajo por parte de los jóvenes se debe a que la mayoría están educándose, adquiriendo mayor conocimiento, con lo cual, una vez se integren en el mercado de trabajo, tendrán mayor productividad, conseguirán mayores salarios y aportarán, por lo tanto, mayores cotizaciones sociales.

Lo cual me lleva al tercer hecho que aquel argumento ignora: el impacto del crecimiento de la productividad en la riqueza del país y, por lo tanto, en los recursos disponibles para pensionistas y no pensionistas. Constantemente se dice que el número de trabajadores cotizantes por pensionista será menor, derivándose de este hecho que las pensiones no se podrán pagar. Ahora bien, decir que habrá pocos trabajadores para sostener las pensiones es similar al argumento que pudiera haberse dicho hace 30 años cuando el 30% de la población trabajadora sostenía la agricultura del país. El descenso del número de trabajadores en agricultura (hoy es sólo el 4%) no quiere decir que haya disminuido la producción de alimentos, al contrario, ha aumentado la productividad enormemente. Con menos trabajadores se produce más alimento. Pues bien, sustituyan la palabra agricultura y pongan pensiones. El aumento inevitable de la productividad de un número menor de trabajadores puede sostener e incluso expandir las pensiones sin ningún problema. La ignorancia de este hecho lleva constantemente a errores mayores, como ocurre en el informe del Gobierno sobre las pensiones. Este comienza con una nota que intenta ser de alarma. Dice que hay 8 millones de pensionistas en 2010 y habrá 15 en 2040, de lo cual deduce (sin indicar por qué) que tenemos un problema grave. Pero ignora que en 2040 el PIB de España habrá crecido y será, como mínimo, más de siete veces el existente hoy. Se olvida con excesiva frecuencia que España consumía hace 40 años el 4% del PIB en pensiones y ahora más del doble, el 8,6%, y ello no ha supuesto que los no pensionistas tengan menos recursos. Todo lo contrario, tienen más, pues el tamaño de la tarta (el PIB) es 17 veces mayor.

Una última observación. La viabilidad de las pensiones no es un tema demográfico ni tampoco económico. Es única y exclusivamente político. La enorme popularidad (entre todos los grupos etarios) del sistema de pensiones público hace que la sociedad siempre pueda encontrar cómo conseguir los recursos, bien a través de las cotizaciones sociales, bien a través de los impuestos generales, para financiarlas.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University.

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Febrero 4th, 2010 at 8:09 am

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Evitar los derribos, de Francisco Balaguer Callejón en Público

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La impugnación por el presidente del Gobierno del decreto-ley valenciano sobre el Cabanyal debería ser suficiente para evitar que se produzcan nuevos derribos en ese barrio. Por un lado, la impugnación, con invocación expresa del art. 161.2 de la Constitución (CE), provocará la suspensión automática de la disposición autonómica, con lo que esta no se podrá invocar para avalar futuras actuaciones para la destrucción del barrio. Por otro lado, si bien el Tribunal Constitucional (TC) puede levantar la suspensión, no parece que esto vaya a ocurrir si aplica su propia doctrina. En el ATC 336/2005, de 15 de septiembre –mencionado por el Consejo de Estado en su Dictamen 60/2010– el TC apreciaba, para mantener la suspensión de una disposición autonómica impugnada, “un perjuicio actual y directo al interés general que resultaría del bloqueo de las competencias estatales”.

Es justamente el bloqueo de las competencias estatales para la defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación y la expoliación (art. 149.1.28ª CE) lo que pretende el decreto-ley. De título involuntariamente irónico (“de medidas de protección y revitalización del conjunto histórico de la ciudad de Valencia”), el Decreto-Ley 1/2010, de 7 de enero, del Consell, está orientado a impedir la aplicación de la Orden CUL/3631/2009, de 29 de diciembre, por la que se resuelve el procedimiento por expoliación del conjunto histórico del Cabanyal. Esa orientación es manifiesta en su art. 3 cuando, al habilitar los actos de ejecución (léase “derribo”), especifica: “Sin que tales actos de ejecución puedan verse menoscabados de cualquier modo por los actos o acuerdos de otras Administraciones Públicas”.

Si la suspensión de los derribos parece asegurada hasta que el TC se pronuncie sobre el fondo, también parece claro que, en el conflicto jurídico planteado, es al Estado a quien le asiste la razón, toda vez que los pronunciamientos judiciales realizados hasta ahora se han mantenido en los términos de un juicio de legalidad ordinaria y lo que ahora se está discutiendo es si el Estado puede hacer valer sus competencias constitucionales para evitar la expoliación del patrimonio cultural. A esta cuestión central se unen otras deficiencias formales del decreto-ley como la de inexistencia de extraordinaria y urgente necesidad (art. 44.4 del Estatuto de la Comunidad Valenciana). Sin embargo, lo que tiene mayor relevancia es la indubitada competencia estatal y el hecho de que el Consell, en lugar de impugnar la Orden del Ministerio de Cultura, que es lo que debía de haber hecho si no estaba de acuerdo con su contenido, ha procedido, de manera ilegítima, a intentar impedir su aplicación por medio de este peculiar decreto-ley.

¿Debería tranquilizar todo esto a las personas que se han manifestado en contra de los derribos? Claramente no: el destino del Cabanyal sigue estando en peligro porque hay intereses muy poderosos que van a permanecer siempre activos. A medio y largo plazo, la movilización ciudadana es la única esperanza de salvación del barrio.

Francisco Balaguer Callejón. Catedrático de Derecho Constitucional.

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Febrero 4th, 2010 at 8:08 am

La banca española… ¿siempre pierde?, de S. McCoy en El Confidencial

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Que 2010 va a ser un año complicado para la banca española es una obviedad. Basta con mirar las distintas partidas de una cuenta de resultados bancaria estándar para llegar a tal conclusión. El ajuste del precio de los créditos provocará una caída en el margen de intereses; las comisiones y el resultado por operaciones financieras se mantendrán, en el mejor de los mundos posibles; los costes seguirán mostrado, dados los niveles de eficiencia ya alcanzados, una fuerte resistencia a la baja, provocando que el margen neto se mantenga a duras penas estable; las provisiones y las pérdidas por deterioro de activos financieros seguirán mostrando su peor cara y los extraordinarios serían duros de obtener. Sin embargo, al perro flaco en que se ha convertido el sector en España se une ahora un factor de preocupación adicional: el deterioro de la percepción del riesgo de la deuda soberana española y el posible impacto en sus posiciones sobre las mismas.

De hecho, y pese a los rebotes bursátiles de principios de semana, el mercado ha seguido impertérrito con su última apuesta: la quiebra de un estado soberano. Así, los CDS, o seguros de riesgo de impago, de Dubai, Grecia o Portugal han alcanzado máximos históricos y los diferenciales de su deuda respecto a los activos sin riesgo, entendiendo como tales los Treasuries americanos o el Bund alemán, han vuelto a dispararse. Es interesante ver cómo ha cambiado el cuento con la aparición de los Credit Default Swaps, instrumento preferido de los especuladores para hacer que las peores profecías sobre las finanzas nacionales tengan visos de cumplirse. Si, al menos, consiguen meter a algunos países en vereda habrá que darlos por bien empleados. Desde ese punto de vista España está obligada a actuar y está obligada a hacerlo ya si no quiere verse definitivamente encuadrada en la categoría de los STUPID, acrónimo de Spain, Turquía, UK, Portugal, Italia y Dubai, de reciente invención.

¿Serían preocupantes los efectos sobre la banca de materializarse un ataque contra los títulos públicos españoles, consecuencia de los miedos sobre su futuro económico? No hay que olvidar que, según el Boletín Estadístico del Banco de España, acumulaba a cierre de noviembre 146.000 millones de euros en activos emitidos por las Administraciones Públicas nacionales frente a los cerca de 90.000 del año anterior. Una estrategia que le ha permitido obtener fuertes réditos por el diferencial entre la financiación casi regalada del BCE y los cupones que la misma abonaba, rendimiento a balón parado al que se han apuntado entidades ajenas a una operativa que tradicionalmente servía para dar cobertura parcial a los depósitos de los clientes. Sin embargo, ¿pueden los beneficios de la parte de arriba de la cuenta de resultados verse diluidos en los estados financieros consolidados si finalmente se produce un fuerte deterioro de la renta fija soberana patria?

Todo dependerá de dos grandes parámetros. Por una parte de la duración, concepto propio del mercado de deuda distinto del vencimiento. Se trata del punto en el tiempo en el que se igualan cupones y principal con la inversión inicial y que es función de los tipos de interés y del plazo. De modo más intuitivo se podría definir como el momento en el tiempo en que un inversor recupera financieramente lo invertido. A más duración, más sensibilidad a cualquier variación en el precio del bono de que se trate. Pues bien, en España la duración media de este tipo de deuda en la cartera de los bancos y cajas apenas llega a 4 años, por lo que el impacto potencial es limitado. Por más que el 10 años pueda colapsarse, y su diferencial crecer linealmente, el verdadero drama para las instituciones financieras vendría de un colapso simultáneo de los plazos intermedios de la curva.

El segundo elemento esencial a tener en cuenta es el modo en que las posiciones son contabilizadas en el balance de las entidades. Caben tres posibilidades. Uno. Que figuren dentro de la Cartera de Valores a Vencimiento en cuyo caso sus movimientos intermedios no afectan ni al balance ni a la cuenta de resultados de las entidades. Dos. Que lo hagan en concepto de Activos Disponibles para la Venta, que se ajustan trimestralmente contra capital sin pasar por la cuenta de resultados de las firmas, salvo que las mermas perduren en el tiempo. En un entorno de lucha por la solvencia, un fuerte quebranto por este concepto podría hacer cierto daño. Y tres. Que formen parte de la Cartera de Negociación, que requiere de un mark to market de sus variaciones, ajuste diario a su valor de mercado que va contra el beneficio antes de impuestos de la entidad de que se trate. En este último supuesto el impacto sí que podría ser notable para algunas instituciones en un entorno de presión en márgenes.

En general predominan en los balances de la banca, tomada en general, la segunda y tercera categorías. Aún así, el riesgo para el conjunto del sistema estaría muy acotado no convirtiéndose, salvo debacle final, en un factor de preocupación esencial. De materializarse el desastre no dejaría de ser una gota más a añadir al conjunto de chinitas que la industria se va a encontrar en el camino a lo largo del presente ejercicio. De hecho, estoy convencido de que vamos a oír numerosas voces advirtiendo de este problema en el futuro inmediato. Es una cuestión pero no es la cuestión. Cualquier magnificación será, por tanto, exagerada. El impacto real vendrá más por el aumento del riesgo país (¿causa de la caída del sector en bolsa ayer?), incertidumbre adicional que afectará tanto a la valoración de las firmas afectadas, reduciéndola, como al coste de sus propias emisiones, encareciéndolas. Si el mercado la toma con España de verdad, las posiciones de renta fija soberana serán para los directivos del sector la menor de sus preocupaciones. O no.

Más en http://twitter.com/albertoartero y en la cuenta de Alberto Artero en Facebook.

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Febrero 4th, 2010 at 8:07 am

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España, en la picota: el riesgo de impago de la deuda se dispara, de Eduardo Segovia en El Confidencial

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Las advertencias sobre el riesgo de España no son solamente cosa del Financial Times. Otras instituciones, como la agencia de rating Fitch, consideran que España es el país de la zona euro con más riesgo de sufrir un shock y menos flexibilidad para evitarlo. Y el propio mercado está disparando la prima de riesgo de España, que se refleja en que el diferencial con el bono alemán y en el precio del CDS (seguro contra impago) de nuestro país, ambos en máximos desde marzo del año pasado, en lo más duro de la crisis.

En efecto, el diferencial del bono español con el alemán rozó el punto porcentual (100 puntos básicos) el jueves pasado; es decir, un bono español a 10 años tenía que pagar un 1% más que la deuda del Estado alemán para que lo compraran los inversores. El viernes y el lunes se relajó un poco, pero el lunes volvió a repuntar y ayer acabó en 0,89 puntos. En todo caso, no se encontraba en estos niveles desde febrero de 2009. El diferencial es la medida tradicional de la prima de riesgo de un país, pues mide el sobreprecio que pide el mercado a la deuda de un país respecto al considerado más seguro, que es Alemania.

Una medida más en vogue de la prima de riesgo es el CDS (credit default swap), que es un seguro que cubre a un inversor del riesgo de que España no pueda pagar su deuda a cambio de una prima. Cuanto mayor sea esta prima, mayor es el peligro que percibe el mercado. Pues bien, ayer el CDS de España alcanzó los 146,7 puntos básicos, un nivel que no se veía desde el 9 de marzo del año pasado, y supone un espectacular repunte desde los mínimos de 53,23 de agosto, que se ha acelerado desde que se superaron los 100 a finales de diciembre. Esos 146 puntos significan que asegurar 10 millones de euros en bonos a cinco años tendría un coste de 146.000 euros. El máximo histórico se alcanzó el 17 de febrero de 2009 en 170 puntos básicos.

Este deterioro constante de la percepción del riesgo de España se ha agravado con los últimos datos conocidos de nuestra economía, que no han podido ser peores: el nuevo aumento del desempleo, medido tanto por la EPA como por el INEM, o la abultadísima cifra de déficit público con que hemos cerrado 2009, el 11,4% del PIB. Además, la reciente aparición de Zapatero en el Foro de Davos junto con los presidente de los países con mayores dificultades (Grecia y Letonia), donde evidenció su falta de ideas para frenar la crisis, ha minado aún más la confianza en la capacidad de España para salir adelante.

Fitch alerta del riesgo creciente de España

En una presentación celebrada la semana pasada en Madrid, la agencia de rating Fitch mostró también unas sombrías perspectivas para nuestra economía. A su juicio, somos el país de la zona euro con mayor probabilidad de sufrir un shock, que se mide por el tamaño del sector bancario y su exposición a los activos problemáticos (aquí inmobiliarios y crédito promotor), necesidad de desapalancamiento (reducción del exceso de deuda) de la economía y escala del deterioro de las cuentas públicas. Tres factores en los que España se sitúa en cabeza del mundo desarrollado, honor que compartimos con Estados Unidos, Gran Bretaña e Irlanda.

Pero, a diferencia de estos dos países, el nuestro se encuentra entre los que menos capacidad tienen de ajuste a la crisis, capacidad que se basa en la flexibilidad económica, financiera y fiscal. En cuanto a la financiera, España tiene en su contra nuestro pequeño tamaño como mercado y la escasa visibilidad de nuestras respuestas políticas contra la crisis; a favor, su pertenencia al euro. Pero donde peor parados salimos es en las cuestiones fiscales: a juicio de Fitch, España, Francia y Reino Unido son los países donde más urgente resulta tomar medidas para equilibrar las cuentas públicas y devolver así la confianza en la sostenibilidad de nuestra deuda pública.

Algo que no resulta nada fácil y lleva tiempo, porque la recuperación económica y la retirada de los estímulos “no será suficiente para estabilizar y reducir los ratios de deuda pública”, afirma. Además, el desplome de los ingresos ha revelado enormes déficits estructurales -que no dependen del ciclo económico- en varios países, incluyendo España. En el gráfico adjunto puede apreciarse como nuestro país es el que ha sufrido una mayor caída de ingresos públicos provenientes de la vivienda y el consumo, muy superior a la contracción del PIB. Pese a todo esto, Fitch mantiene el rating de España en AAA con perspectiva estable.

España, detrás de Grecia

El analista Yosi Truzman, colaborador de Cotizalia, cree que “los diferenciales de tipos de España se tienen que ir mucho más arriba porque es inevitable que, con un déficit superior al 10%, los inversores te exijan una mayor rentabilidad. Mientras no se empiecen a hacer los deberes de reducir el gasto público y no se vea la salida del túnel, es inevitable que se traslade aquí la situación de Grecia”.

Truzman recuerda que las cifras de deuda pública son engañosas porque, si se suma la deuda privada de nuestro país, alcanza el 250% del PIB. Y con una emisión del 10% adicional cada año, “el riesgo país tiene que dispararse”. Por último, recuerda que los principales tenedores de esa deuda privada -en especial las cédulas y titulizaciones hipotecarias- son los bancos alemanes, por lo que confía en que Alemania nos rescate por la cuenta que le tiene. Un rescate que podría hacerse a través del FMI, que obligaría al Gobierno a adoptar los grandes sacrificios que se niega a acometer ahora mismo, como una reducción drástica del gasto público o el despido masivo de funcionarios.

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Febrero 4th, 2010 at 8:06 am

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Escalada militar de Estados Unidos contra Irán y China, de Alfredo Jalife-Rahme en La Jornada

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Bajo la Lupa

Obama y el Congreso, secuestrados por el Pentágono y Wall Street, se han volcado a un ominoso despliegue militar en todo el mundo –desde el mar Caribe, pasando por el golfo Pérsico hasta el Sudeste Asiático y el estrecho de Taiwán–, cuyo principal objetivo, a nuestro juicio, es doble: 1. Proteger su vulnerable bajo vientre (soft-belly) en el mar Caribe convertido en un nuevo Mare Nostrum estadunidense (instalación de siete bases militares en Colombia; golpe de Estado militar tolerado en Honduras con el apoyo de Israel y Taiwán; ayuda humanitaria de 10 mil marines en Haití que pone en jaque a la retaguardia de Cuba); y 2. Una triple ofensiva en Irán, el estrecho de Taiwán y Tailandia, que en su conjunto aprietan las tuercas de aprovisionamiento petrolero a China.

Tanto la defensa del patio trasero de Estados Unidos (EU) en el Caribe como su espectacular ofensiva contra Irán y China pueden comportar una exagerada coreografía hollywoodense por Obama, en simultaneidad con su propuesta del mayor presupuesto militar de la historia de EU (708 mil millones de dólares) y en medio de la publicación de la Revisión de Defensa Cuatrianual (QDR, por sus siglas en inglés).

Viola Gienger y Tony Capaccio (Bloomberg, 1/2/10) aducen que los contenciosos de China e Irán aceleran el plan de batalla de EU por cielo y mares en su revisión estratégica, plasmada en el QDR del Pentágono –como si EU necesitase de coartadas para su guerra permanente que ha librado durante todo el siglo XX y el inicio del XXI cuando hoy ha desplegado más de 400 mil soldados en todo el mundo y está a punto de alcanzar 900 bases militares en el planeta.

En un enfoque multidimencional, tampoco se puede desdeñar que EU –en plena descomposición política interna como consecuencia del factor Massachussets, que colocó a Obama y al Partido Demócrata contra la pared– oculta con hojas de parra bélicas su desnudez financiera y económica.

Nada menos que Neil Barofsky, inspector general nombrado por el Congreso para vigilar los rescates bancarios, asustó a los enterados de que la crisis financiera no se había resuelto y que pudiera ser mucho peor (Fox News, 31/1/10).

Mientras Larry Summers, consejero económico estelar de la Casa Blanca, anestesia a los desinformados mediante su fórmula cómica y cósmica de una recuperación estadística con recesión humana (¡súper sic!), el solvente economista Nouriel Roubini se burla del reciente crecimiento económico cosmético y advierte tanto sobre una inminente recesión de doble hundimiento como de un desplome bursátil (Bloomberg, 30/1/10).

Es probable que el aparatoso despliegue militar de EU sea tanto una coreografía de corte presupuestal como una disuasión para que sus dos principales rivales (Irán y China) se amedrenten y/o no saquen provecho de la fase de su mayor vulnerabilidad de su historia cuando, paradójicamente, cuenta con el ejército tecnológico más poderoso del mundo.

Sean peras o manzanas, pero sería un grave error de juicio, limítrofe al suicidio, que los países afectados no adopten las medidas precautorias apropiadas. Precisamente el primer día de febrero, EU lanzó los mayores juegos de guerra asiáticos en Tailandia, donde concurren los ejércitos de EU, Tailandia, Japón, Indonesia, Singapur y Corea del Sur (Afp, 1/2/10).

Debka (31/1/10), presunto portal de los servicios secretos israelíes del Mossad, exulta el anuncio del despliegue de EU de un amplio escudo misilístico en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahrain para su defensa de posibles (sic) ataques misilisticos de Irán. El portal israelí asevera que EU cuenta triplicar su actual contingente de 10 mil soldados en Arabia Saudita para proteger (sic) sus campos petroleros y sus instalaciones portuarias contra un ataque misilístico de Irán. ¿De dónde sacará EU 20 mil soldados adicionales cuando se encuentra notoriamente sobrextendido en sus guerras perdidas de Irak y Afganistán?

No hay que soslayar que Arabia Saudita es el segundo abastecedor de petróleo a China después de Irán. ¿Realmente protege EU a Arabia Saudita o, más bien, intenta dañarle con China e Irán? Lo real es que el Golfo Pérsico se ha convertido en la principal fractura tectónica de la geopolítica planetaria donde colisionan directamente los intereses energéticos de EU y China.

Helene Cooper, del New York Times (1/2/10) explaya que la venta de armas a Taiwán envía un mensaje a Pekín: mediante la venta del paquete de armas a Taiwán por 6 mil millones de dólares, EU “propinó un golpe en el corazón (sic) del tema diplomático más sensible entre los dos países con su política de ‘una sola China’ en 1972”. ¿Retroceden 38 años las relaciones de EU y China?

Cooper pone de relieve que el anuncio de la venta de armas a Taiwán se escenificó el mismo día que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, fustigó a China por no tomar una postura más vigorosa respecto del programa nuclear de Irán. ¿Busca EU con China el trueque de Irán por Taiwán, como también desea otra permuta con Rusia: Irán por Ucrania?

Sea con China, sea con Rusia, Irán se encuentra siempre como constante de la ecuación de permutas geopolíticas de EU.

Cooper cita a innominados expertos en política exterior (el viejo truco), quienes consideran en forma perversa que EU tiene ahora la intención de atizar (sic) los temas de soberanía (sic) que han sido el Talón de Aquiles (sic) de China como el contencioso del Tíbet y el próximo encuentro de Obama con el Dalai Lama.

No es solamente la secesión del Tíbet budista que fomenta EU, sino la balcanización de la provincia islámica de Xianjiang. Pero, sin duda, lo que más le duele a China es la intromisión flagrante de Washington en Taiwán. Al final de su análisis con mensaje, Helene Cooper diluye la embriagante concentración de su vino bélico: las posturas más duras de EU no cambian el hecho de que Obama necesita (sic) la cooperación de China en muchos temas que van desde Irán, pasan por Corea del Norte, hasta la revaluación del yuan.

Obama está jugando con fuego global, regional y local, y la réplica de China e Irán, dos civilizaciones milenarias, puede salirse del radar conceptual de los estrategas de EU que buscarían, a nuestro entender, un apretón limitado de tuercas.

Li Hong, del People’s Daily (1/2/10) expone que Pekín ha respondido con dientes (sic) en forma correspondiente. China romperá los contactos militares y en materia de seguridad con Washington e impondrá sanciones económicas a las firmas vendedoras de armas de EU a Taiwán, como Boeing. Hong conmina a Obama a cambiar su camino y a rectificar para cesar de envenenar las relaciones bilaterales.

¿Hasta dónde estará dispuesto a llegar Obama? Son muchas las afrentas mutuas entre EU y China en fechas recientes (ver Bajo la Lupa, 30/12/09 y 6, 17 y 27/1/10) y tal parece que ambas superpotencias necesitan encontrar un nuevo equilibrio en sus relaciones dislocadas. Lo único cierto es que feneció antes de nacer el espejismo del G-2.

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Febrero 4th, 2010 at 8:05 am

Premio innoble de economía, de Alejandro Nadal en La Jornada

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El Premio Nobel de economía no existe. En sentido estricto, la Fundación Nobel otorgó su consentimiento para que cada año se entregue el premio Sveriges Riksbank de economía a la memoria de Alfred Nobel. Pero ése no es uno de los cinco premios Nobel auténticos: física, química, medicina, paz y literatura.

Poco importa esta acotación, lo cierto es que desde 1969 el público y la academia se acostumbraron a escuchar hablar del premio Nobel de economía. Desde entonces, cada 10 de diciembre (aniversario de la muerte de Nobel) el rey de Suecia entrega el premio a una o más personas que han hecho una aportación importante en esta disciplina. La mayor parte de los economistas se han creído esta faramalla, como si todo este ceremonial le confiriera a la teoría económica un estatuto científico y un rigor comparable al de las llamadas ciencias exactas.

El premio fue acaparado por economistas neoclásicos, a cual más conservador. Ninguno vio venir la crisis de 2008 ni la de 2000, ni las crisis financieras de los años noventa. Así que ahora, para nivelar un poco el terreno, la asociación de economistas Real-World Economics estableció el premio innoble de economía para los tres economistas que más contribuyeron al colapso financiero global. A diferencia de los procedimientos de los premios Nobel, usted puede votar por su candidato y la lista de nominados aparece en el sitio rwe.wordpress.com. A continuación una breve semblanza de mis favoritos para recibir el premio este año.

Assar Lindbeck es un economista neoliberal, ultraconservador, cuyas credenciales académicas son modestas. Pero él es quien urdió la trama: convenció a los miembros de la Fundación Nobel para aprobar el proyecto de que la Sveriges Riksbank entregara la plata para los premio Nobel de economía. Y como ese premio ha sido un factor ideológico clave para mantener el prestigio de la teoría neoclásica, a pesar de tratarse de un programa de investigación decadente, Lindbeck merece el premio de economía innoble por encima de muchos otros economistas neoliberales que son más conocidos.

Robert Lucas es autor de la teoría de las expectativas racionales y contribuyó al surgimiento de la nueva macroeconomía clásica, recuperando los principios del pensamiento macroeconómico anterior a Keynes. En su teoría, los agentes económicos forman expectativas sobre las variables que influyen en sus decisiones de manera racional. Las fluctuaciones cíclicas sólo se producen cuando los agentes reaccionan a cambios no anticipados en las variables que afectan sus decisiones.

La conclusión de todo esto es que las medidas de política macroeconómica perfectamente anticipadas por los agentes no tienen efectos sobre los agregados de producción y empleo, ni siquiera a corto plazo. El corolario es que hay que dejar a los mercados en paz. ¿Le suena familiar?

A finales de noviembre de 1994 y a sugerencia de Hugo Sonnenschein, Bob Lucas (quien era director del Departamento de Economía) me invitó a comer en el Quadrangle Club de la Universidad de Chicago. Recuerdo que hacia el final de la comida, hablamos sobre economía mexicana y le comenté que el déficit en la cuenta corriente era insostenible y que pronto estallaría una crisis. Lucas respondió que le parecía una opinión muy pesimista. El presidente Salinas sabe bien lo que está haciendo, me dijo al despedirnos. Tres semanas después estaba explotando la crisis de los errores de diciembre.

Al siguiente diciembre, en 1995, Lucas recibió el premio Nobel de economía. Su ex esposa, Rita, había insistido en insertar una cláusula en su contrato de divorcio en 1988, estipulando que en caso de que su ex marido recibiera el premio Nobel dentro de los siguientes siete años, a ella le tocaría la mitad del dinero. ¡Vaya que si sabía de expectativas racionales!

Mis otros candidatos son Fischer Black y Myron Scholes. Ambos desarrollaron el modelo Black-Scholes para determinar precios de títulos financieros como resultado de un proceso estocástico. Black murió en 1995, pero puede recibir el premio innoble de economía a título póstumo. El modelo Black-Scholes se hizo célebre cuando el fondo de coberturas Long Term Capital Management (LTCM) cayó en bancarrota en 1998. Este fondo recurrió a técnicas de arbitrajes y fuerte apalancamiento para operar en mercados financieros. El modelo B-S fue uno de sus instrumentos más importantes, aunque no pudo prever los efectos de las crisis financieras de Asia en 1997, y la rusa en 1998. Como resultado, el LTCM se desangró y tuvo que liquidar posiciones en una coyuntura negativa. Cuando el fondo quebró, muchos bancos importantes quedaron expuestos y la Reserva federal de Nueva York tuvo que entrar al rescate con 3 mil 600 millones de dólares. No fue un final feliz.

La subcultura de los premios, la fama y el éxito es algo enfermiza. Por eso cuando se observa el alcance que ha tenido el premio Nobel de economía en la campaña ideológica del neoliberalismo viene a la memoria aquella frase clave de Pier Paolo Pasolini: el éxito es la otra cara de la persecución.

http://www.nadal.com.mx

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Febrero 4th, 2010 at 8:04 am

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