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Periodismo de opinión en Reggio’s

Archive for Febrero 6th, 2010

El término más complejo del Estatut, de Ignacio Sotelo en El País

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Se han dado muchos significados a la palabra nación, pero si se la identifica con la posesión de una lengua, la Cataluña bilingüe sólo es una nación a medias. De ahí deriva la presión para que se ‘normalice’ el catalán

En efecto, el término “nación” tiene diferentes significados, obviedad que en cierta ocasión manifestó José Luis Rodríguez Zapatero, escandalizando a no pocos. En el actual litigio sobre si Cataluña es una nación tenemos que considerar al menos tres acepciones. El vocablo latino natio, nacimiento, en sentido figurado significa también el conjunto de personas que tienen un origen común. En las universidades medievales los estudiantes se clasifican por “naciones” y nada de particular tiene que los clásicos, desde Cervantes a Calderón de la Barca, se refiriesen a la “nación catalana”. La identidad residía en la religión -judíos, moros y cristianos- y ya en el Reino de Aragón el bilingüismo era una realidad plena, sin que surgiese problema alguno.

El concepto moderno de nación surge del binomio Estado-sociedad que diferencia dos elementos que hasta el Renacimiento permanecían unidos en un sólo término, polis, societas, república. Por un lado, el Estado monopoliza un poder absoluto (ab-solutum, desprendido, autónomo de cualquier otro poder, espiritual o temporal, que Bodino llama soberanía) y, por otro, la sociedad civil se define, bien por haber sido despojada de cualquier poder propio (Hobbes), bien por mantener un fondo de poder, vinculado a la propiedad y la familia, que el Estado nace justamente para proteger (Locke).

A partir de este binomio, un primer concepto de nación procede de trasladar la soberanía del monarca a la “nación”, es decir, al conjunto de la sociedad civil, de modo que los súbditos se conviertan en ciudadanos. La soberanía reside en la nación, es decir, en el conjunto de la ciudadanía de la que emanan todos los poderes del Estado.

En cambio, en una Alemania, políticamente atrasada, tanto por estar fraccionada en multitud de entidades políticas, como por detentar la soberanía el monarca con el título de rey, príncipe, duque, o el que fuere, el concepto de nación de la Revolución Francesa resulta inalcanzable. En esta coyuntura los alemanes inventan un nuevo concepto de nación, que tal vez convenga llamar romántico, como revolucionario al francés, y que tiene en Herder su más cabal representante.

Como reacción al cosmopolitismo de la Ilustración, Herder define la nación como el sentimiento de pertenecer a un pueblo, en sí mismo diferenciado de todos los demás, en primer lugar, por la lengua que, junto a la religión y al derecho, productos de una historia común, marcan sus rasgos más profundos.

Es bien sabido que la idea de nación que cunde en Cataluña desde finales del siglo XIX es la herderiana. En La nacionalitat catalana (1906), Enric Prat de la Riba escribe “Cataluña tenía lengua, derecho, arte propios; tenía un espíritu nacional, un carácter nacional, un pensamiento nacional: Cataluña era, pues una Nación”. Y poco más adelante enlaza este hecho con “la tendencia de cada Nación a tener un Estado propio que traduzca su criterio, su sentimiento, su voluntad colectiva; la anormalidad morbosa de vivir sujeta al Estado, organizado, inspirado, dirigido por otra Nación; el derecho de cada Nación a constituirse en Estado” (traducción de Antonio Royo Villanova, 1927). Como indica el título del libro citado, en Cataluña los conceptos de nación y de nacionalidad eran, y para muchos continúan siendo, intercambiables. Es la Constitución de 1978 la que distingue entre nación, nacionalidad y región.

Estas dos ideas -aunque más la de constituir una nación, que la de necesitar un Estado propio- están asentadas en una buena parte de los catalanes, sólidamente al menos en su clase política, y han impregnado de manera clara el Estatut aprobado por el Parlamento catalán, sin haber desaparecido por completo del que pulieron las Cortes españolas y luego se ratificó en referéndum.

Las diferentes interpretaciones provienen de los dos conceptos de nación que se manejan. La nación entendida en el sentido herderiano como un sentimiento de pertenencia a un pueblo, con una lengua y una cultura propias, producto de una historia común, aun podría encajar en la Constitución; pero el concepto revolucionario francés de nación como “soberanía popular” difícilmente parece compatible con el artículo 1, párrafo 2, y el artículo 2, que preceptúan un Estado, ni federal ni confederal, sino claramente unitario, que incluso mantiene la provincia como su estructura territorial básica, a la vez que prescribe la “nación española”, como la única fuente de la soberanía.

Sobre un solo Estado y una sola nación la Constitución establece las Comunidades Autónomas, como el instrumento idóneo para llevar a cabo la descentralización. El modelo que prescribe la Constitución es un Estado unitario descentralizado.

Lo más grave y peliagudo es que el término de “nación catalana” no constituye tan sólo un problema de encaje jurídico-constitucional -un derecho vivo ha de encontrar siempre la forma de adaptarse a la realidad, y no a la inversa-, sino que la idea herderiana de nación, basada en la posesión de una lengua propia, a la que se remiten los catalanes desde el siglo XIX, no se ajusta a la realidad. Si la nación se identifica por la posesión de una lengua, la Cataluña bilingüe es una nación a medias, al compartir territorio con otra nación, que tiene como lengua materna otra lengua, aunque conozca y se desenvuelva también en catalán.

La idea herderiana de nación se basa en que cada pueblo tiene una lengua propia que expresa su forma de ser. Medida con este criterio Cataluña, más que una nación, es el afán de llegar a ser una nación -en construir la nación consiste el empeño básico del catalanismo- que lo conseguiría el día en que toda la población tenga el catalán como primera lengua materna, y no sólo vehicular, a la que se añaden las otras lenguas de uso, el castellano y el inglés.

La cuestión de la lengua es así la cuestión central del nacionalismo catalán en la que no puede admitir retrocesos. Todos los habitantes de Cataluña tienen el deber de dominarlo, la Administración comunica con el público sólo en catalán y la enseñanza desde el jardín de infancia hasta la universidad se hace en catalán. Cataluña será una nación plena cuando tenga una sola lengua con la que se identifiquen todos sus habitantes, aunque se mantengan otras lenguas de uso y comunicación.

Pero por alta que haya sido la presión lingüística bajo el manto de la normalización, y ha ido en aumento, los resultados son bien mediocres. Cataluña sigue dividida en dos comunidades lingüísticas, la castellano y la catalanoparlante.

Si se toma en serio a Herder, Cataluña no sería una nación, sino dos. Si es cierto que hasta ahora conviven pacíficamente, la existencia de dos “naciones” plantea cada vez más problemas a dos minorías, que lo son todavía, pero que crecen con rapidez. La una pretende que se respete el castellano como lengua oficial, sobre todo en la Administración y la enseñanza; pero nada tendría consecuencias más catastróficas que se bifurcase la enseñanza en escuelas catalanas y castellanas para que los padres pudieran elegir. La otra se enfurece cada vez más porque, pese a más de 30 años de “normalización lingüística”, en ciertos ámbitos, como son la prensa y el libro -se venden tres en castellano por cada uno en catalán- el castellano sigue siendo la lengua dominante.

Más grave aún, una buena parte de la población inmigrante, pese a residir largos decenios en Cataluña y dominar el catalán sigue identificándose como aragonesa, gallega, extremeña o andaluza.

Ignacio Sotelo es catedrático de Sociología en excedencia.

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Febrero 6th, 2010 at 8:15 am

Crisis política, de Javier Pérez Royo en El País

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Sin remontarnos más allá de los comienzos de la transición, es una evidencia que, desde entonces hasta hoy, hemos pasado por varias crisis económicas de no pequeña intensidad y de variada duración. La transición a la democracia se hizo en medio de la crisis desatada por el encarecimiento brutal del precio del petróleo, que llevó a unas tasas de inflación de dos dígitos en todos los países industrializados y en España de hasta el 30%, crisis que puso en cuestión el propio desarrollo del proceso constituyente y a la que hubo que hacer frente con un pacto político de enorme amplitud, como fueron los Pactos de la Moncloa. A pesar de las medidas adoptadas en dichos Pactos, la crisis se mantuvo algo más allá de la primera mitad de los años ochenta. Eran crisis, además, como recordaba recientemente Jordi Pujol en una entrevista en Informe Semanal, de un país pobre, que disponía de muy pocos instrumentos para luchar contra ellas, entre otros, de una muy baja cobertura frente al desempleo.

De esas crisis se salió, de la misma manera que se volvería a salir de la crisis de la primera mitad de los noventa, en la que la tasa de paro llegó a alcanzar casi el 24% de una población activa mucho menor que la actual. Y se salió bien, con una economía más abierta y un aumento de renta que nos aproximó a los países de la Unión Europea, no a la de los Veintisiete, sino a los de antes de la ampliación.

A lo largo de estos algo más de 30 años, el sistema político español ha pasado la prueba de hacer frente a situaciones de crisis, siendo capaz de adoptar las medidas que fueran necesarias para salir de ellas. Y para salir de ellas no de cualquier manera, sino para salir mejor de lo que se entró. Ha habido momentos de tensión política muy alta, pero, a pesar de ello, se hizo lo que se tenía que hacer. No ha habido una crisis política que se superpusiera a la crisis económica cuando ésta hacía acto de presencia. Los ciudadanos han confiado razonablemente en que sus instituciones representativas iban a actuar de manera adecuada y no se han visto defraudados en esa confianza.

Lo que diferencia a la crisis actual es que sí se está produciendo la coincidencia de una crisis económica con otra de naturaleza política. Hace unas semanas, un estudio de opinión en Cataluña ponía de manifiesto una desconfianza bastante generalizada de los ciudadanos hacia sus dirigentes políticos. Pocos días después llegaba a la misma conclusión el barómetro de IESA para Andalucía. Y el pasado jueves se dio a conocer el estudio del CIS, en el que se pone de manifiesto que esa desconfianza es general en toda España. Un porcentaje altísimo de ciudadanos cree que quien está en el Gobierno no ha hecho bien los deberes en el inmediato pasado y tampoco confía en que los vaya a hacer bien en el presente e inmediato futuro. Pero el mismo porcentaje muestra la misma desconfianza en quien ocupa la oposición con posibilidades de convertirse en Gobierno.

La imagen que dibujan estos estudios es desconsoladora, sobre todo porque un día sí y otro también van apareciendo noticias sobre prácticas corruptas, de naturaleza económica, como las asociadas al caso Gürtel o al caso Palma Arena, o de naturaleza política, como las del espionaje a Cobo o las intrigas de Esperanza Aguirre para controlar Caja Madrid, o la maniobra de Núñez Feijóo para controlar el proceso de fusión de cajas de ahorro gallegas mediante la aprobación de una ley a toda velocidad, que parece que tiene problemas muy serios de constitucionalidad en opinión del Consejo de Estado, que no pueden hacer otra cosa que dinamitar la confianza de los ciudadanos en sus representantes.

Y eso dejando de lado lo que está ocurriendo con el recurso de inconstitucionalidad contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña, que lleva ya más de tres años en vigor, sin que todavía el Tribunal Constitucional haya sido capaz de resolverlo y que, dependiendo de cómo lo resuelva, puede introducir un elemento adicional de desconfianza no ya en los políticos, sino en la propia estructura del Estado.

Tengo la impresión de que nos estamos aproximando a un punto crítico, en el que la acumulación de problemas desborde la capacidad del sistema político para hacerles frente, sobre todo porque no se vislumbra en el horizonte la posibilidad de que los distintos partidos, por un lado, y los distintos niveles de gobierno previstos en nuestra Constitución, por otro, estén dispuestos a ponerse de acuerdo en un programa mínimo para hacer frente a una situación de emergencia como la que estamos atravesando, que, insisto, no es más grave que otras por las que hemos pasado, pero que nunca nos ha encontrado tan desunidos como estamos ahora.

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Febrero 6th, 2010 at 8:14 am

Esa debilidad del arrepentimiento, de Gregorio Morán en La Vanguardia

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SABATINAS INTEMPESTIVAS

Los políticos con mucho poder y  alto concepto de sí mismos tienen un punto en común. Es posible que no se parezcan en nada, incluso que sean opuestos en los fundamentos de su poder político, pero hay algo en lo que coinciden. Me vienen a la cabeza líderes que de un modo u otro he padecido, y me sale Franco, Suárez, Pujol, incluso tirando más lejos Andreotti, Reagan, Margaret Thatcher, De Gaulle, Mitterrand. ¿Tienen algo en común? Sí. Ninguno se arrepiente de nada y todos afirman que volverían a hacer lo que hicieron. Y también todos duermen, o durmieron, como ángeles. Los líderes, señores, no tienen pesadillas. No sé si es para felicitarse o para ponernos a temblar. Pero es así.

¿Por qué los líderes políticos nunca se arrepienten y además duermen bien? Es una pregunta, la de “qué tal duerme usted”, que solía incluir hace años cuando entrevistaba a algún dirigente, ya fuera político, mediático o cultural. Luego dejé de hacerlo porque en general les parecía una pregunta impertinente y notaba que mentían como bellacos. El que tiene dificultades para dormir suele ocultarlo, porque abriga el temor de que se le interprete mal. La capacidad de dormir tranquilamente, como quien almuerza y pasea, se considera un síntoma de equilibrio, y el equilibrio se vincula con la virtud. Y ya ven ustedes cómo de salto en salto, llegamos a la conclusión -errónea- de que un tipo que duerme bien es por principio un individuo normal, sencillo y equilibrado.

¿Duerme bien nuestro president Montilla? Apuesto doble contra sencillo a que si alguien se lo preguntara respondería de manera fulminante: “Como un niño pequeño”. O como diría ahora, para ser políticamente correcto, “com un nadó“. Se supone que todo dirigente político debe dormir bien, digo más, muy bien; tanto que no quepa ni un asomo de duda. Un político que durmiera mal, y que lo contara, estaría acabado. Hay mucha gente que dormimos mal y que ni hemos matado a nadie, ni hemos mandado que los maten, ni hemos tomado decisiones trascendentales para la humanidad. Xavier Zubiri, el filósofo, dormía fatal, me consta, trufado de pastillas. También me consta que Ortega y Gasset padecía unas depresiones que le duraban meses en los que ni siquiera llegaba a levantarse de la cama; figura -o figuraba- en su correspondencia, si no la han hecho desaparecer sus hijos, sobrinos y demás legatarios. Cuando le pregunté a uno de sus hijos por las depresiones de su padre, me miró como si acabara de insultarle a él y a todos los Ortega. “¿Depresiones? ¿Mi padre?”. Un mediocre no puede admitir que los hombres grandes puedan estar con la moral por los suelos.

La gente que lee y piensa en lo que lee, si además carece de ambición de poder, tiende a sufrir algo parecido al síndrome de Raskolnikov. Como saben, Raskolnikov es el protagonista dostoyevskiano de Crimen y castigo, asesino de la mala pécora prestamista. Un crimen que pesa sobre su conciencia y al que le da vueltas y vueltas, asumiéndolo o rechazándolo. Unas determinadas tradiciones culturales nos han llevado a la candidez de pensar que un criminal es en cierta medida un sufridor que lleva sobre su conciencia la huella de su crimen. La evidencia nos muestra todo lo contrario; las justificaciones de un asesino son infinitas y ninguna roza ni mucho menos su conciencia. ¿Y en política? El crimen de Estado, o sencillamente la violencia en la lucha por el poder ¿crean problemas de conciencia? Shakespeare nos ha puesto el listón muy alto. Macbeth es un estadista sobrevenido, la que tiene madera de liderazgo es su esposa, lady Macbeth.

Todo esto y mucho más me vino a la cabeza al contemplar cómo Tony Blair respondía de sus responsabilidades criminales como estadista ante una de esas comisiones independientes, que son más dependientes aún que nuestros tertulianos, donde afirmó que volvería a hacer lo que hizo y que no se arrepiente de nada. El hombre que colaboró en la destrucción del país más desarrollado del mundo árabe, que mintió con descaro y alevosía sobre las armas de destrucción masiva y la colaboración entre Sadam y Bin Laden, el mismo que debería tener sobre su conciencia, de tenerla, tantos miles de muertos que le sitúan entre los criminales de guerra del siglo que apenas acabamos de empezar, se explica como un ángel bueno, aplicado a los designios de Dios. Si los grandes criminales de guerra del siglo pasado hubieran sobrevivido a sus errores, ahora con toda probabilidad tendrían contratos millonarios de las grandes empresas multimedia.

Eso es el único argumento de peso que podría explicar por qué un tipo como Tony Blair puede cobrar 205.000 euros por una conferencia de 90 minutos. Y sobre todo por qué hay gente capaz de pagar por escucharle. Estoy convencido de que le pagan por las mismas razones que le darían otro tanto a Mussolini si hubiera sobrevivido a 1945, o a Stalin si pudiera explicar las sucesivas purgas. Un delincuente cobra más que un pensador, por pura lógica. Tienen más cosas que mostrar. Los que están dispuestos a escuchar no soportarían la comparación entre Tony Blair e Isaiah Berlin, por ejemplo. Y en esa diferencia está lo fundamental, porque es el tal Blair quien va a hacer la apología de los valores que su desvergüenza representa, mientras que el discreto Berlin lo más que hubiera podido hacer son notas a pie de página, irónicas, sobre el papel que le tocó representar.

El peligro de situaciones sin salida como las que estamos viviendo es el de abocarnos al cinismo. Ya que no podemos vencerlos, ni volarlos, ni aguantarlos, riámonos con ellos, que no de ellos. Nadie en su sano juicio sería capaz de imaginar que un individuo de esa calaña, me estoy refiriendo a Tony Blair, que cobra 2.300.000 euros al año por asesorar al Morgan Chase, y otro tanto de un puñado de empresas, asociaciones, fundaciones y despachos de letrados, de cuya categoría ética o moral no es que haya dudas, es que existen certezas, fuera el hombre en el que han puesto su destino cuatro instituciones estatales tan importantes como Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y las Naciones Unidas, para una paz justa entre Israel y Palestina. Ni el mayor borracho del imperio hubiera tenido una humorada así. Algo digno de Falstaff, para seguir con el aura del inglés. El hombre que provocó, asumió y ejecutó la ocupación de Iraq, saldada con un fracaso que aún no ha terminado, ese mismo hombre que aprobó derrocar a Sadam por las mismas razones que apoya a Arabia Saudí, por propio interés, a ese hombre, digo, le encargan de nuestro futuro más evidente: Oriente Medio. O estamos locos o somos unos irresponsables, o da lo mismolo que opinemos, que ellos ya se encargarán de hacer lo que les interese.

No es que uno crea que el arrepentimiento sirva para mucho. Probablemente para nada, pero consiente un resquicio de duda; admite que hasta el hombre más cruel pueda tener miedo a que descubramos su propia crueldad y eso le limite. Algo así. Estamos como indefensos ante el líder que se enseñorea de su fortaleza sobre nuestros pobres muertos. Tony Blair se jacta de su superioridad porque es consciente de su impunidad. Él sí puede decir que gracias a sus crímenes se ha hecho inmensamente rico, y su señora, y su hijo, el agente de futbolistas de élite. No es que tengamos que enfrentarnos a otra categoría moral, es que él y otros como él son quienes imponen las categorías.

¿Quién dijo que no volveríamos a leer noticias como aquella legendaria del siglo pasado, donde se decía que el accidente de tren, afortunadamente, sólo había afectado a los vagones de tercera? Sin ir más lejos, acaba de morir John Felipe Romero en Afganistán, y el tono menor de los timbales patrióticos se puede detectar en una sola frase: “Soldado colombiano del ejército español, residente en Mollet del Vallès”. Casi sin quererlo parece la necrológica que Pepe Hierro hizo en un poema inolvidable a un paisano suyo, emigrante, en la morgue de Nueva York, al filo de los sesenta: “No ha muerto por ninguna locura hermosa… No fundó ciudades. No dio su nombre a un mar. No hizo más que morir por diecisiete dólares”.

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Febrero 6th, 2010 at 8:13 am

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La estrategia del Gobierno contra la crisis, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

“Sabemos adónde vamos”

El Gobierno se esfuerza en transmitir seriedad en medio de su peor tormenta Reunión en la Moncloa con empresarios y sindicatos con dos lemas: reformas y consenso Tras el azaroso vaivén de las pensiones, Zapatero plantea una reforma laboral desnatada

Acaba de suceder algo inédito en la política española contemporánea. Por primera vez desde las turbulencias de 1980-81, que empujaron a Adolfo Suárez a la dimisión y al teniente coronel Tejero a la locura, el Gobierno ha tenido que salir a la palestra para pedir tranquilidad a la opinión pública. “Sabemos adónde vamos”, proclamó José Luis Rodríguez Zapatero de madrugada, a punto de salir de Washington. “Tenemos la fuerza y la energía para mantener el timón”, remachó la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, sobreponiéndose a su habitual cimbreo.

El Ejecutivo comenzó la semana con un grave quebradero de cabeza -el progresivo deterioro de la imagen de solvencia de España en los mercados financieros internacionales- y la concluye con el mismo problema multiplicado por dos. La Moncloa se tuvo que emplear ayer a fondo para transmitir que al Gabinete le queda fuste y capacidad de reacción.

Primer gesto de la jornada: guantazo a los controladores aéreos. El Consejo de Ministros aprobó un decreto ley por el que el Ministerio de Fomento reasume los mecanismos de gestión del tráfico aéreo, abriendo la puerta a la privatización de las torres de control de los aeropuertos. Una medida que nadie se había atrevido a adoptar desde que los controladores aéreos comenzaron a aprovechar los dolores de cabeza de Suárez en los vericuetos de la transición para obtener unos rendimientos salariales sin parangón en la administración pública española. El decreto ley -que incluye la posibilidad de encomendar el servicio al Ejército del Aire- ha sido publicado en un número extraordinario del Boletín Oficial del Estado y entró en vigor ayer mismo. El puñetazo sobre la mesa fue anunciado por el ministro José Blanco con un tono de firmeza que iba más allá del espacio aéreo de Fomento. Blanco encarnó ayer la autoridad gubernamental en vivo contraste con la dulzaina de los consensos. El tono del de Lugo viene a confirmar los numerosos comentarios que en Madrid señalan al vicesecretario general del PSOE como una de las posibles piezas de repuesto de Zapatero (la otra sería el lehendakari Patxi López), si el presidente llegase a final de legislatura sin el combustible necesario para evitar una debacle electoral de los socialistas. En el PSOE fulminan con la mirada a cualquiera que hoy ose plantear la caducidad de Zapatero, pero la gestualidad de Blanco ofreció ayer señales inequívocas.

Segundo mensaje: foto de urgencia con sindicatos y empresarios con una reforma laboral desnatada al fondo. De regreso de Washington, el presidente del Gobierno no le dio tregua al jet lag. No está España para siestas. La Moncloa convocó a empresarios y sindicatos para un primer coloquio sobre el documento de bases de la reforma laboral, aprobado por el Consejo de Ministros. Coloquio con comparecencias ante la prensa en el mismo palacio presidencial. Aún agobiado por los problemas de sus empresas, Gerardo Díaz-Ferran, presidente de la CEOE, evitó cualquier atisbo de beligerancia con el Gobierno. Más adustos, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, líderes de UGT y CC. OO., manifestaron su predisposición al acuerdo, toda vez que el documento de bases respeta, en principio, el conocido veto sindical al abaratamiento del despido y la creación de un nuevo modelo de contrato laboral. Propuesta sin aristas, después del errático vaivén gubernamental con las pensiones. “El Gobierno plantea reformas para los ciudadanos, no para los mercados”, dijo Zapatero, tensando el nervio socialista.

Tercer gesto: recado al comisario europeo Joaquín Almunia, ex secretario general del PSOE, que el miércoles parangonó España con Grecia (”la solidez del euro se ha defender desde todos los países y desde todas las instancias”) y toque a los británicos (”hay maniobras contra el prestigio del euro y todas vienen de un país con otra moneda”).

Por boca de su secretaria general, María Dolores de Cospedal, el PP sugirió ayer la dimisión de Zapatero. En sólo cinco días, el primer partido de la oposición ha lanzado tres mensajes: elecciones anticipadas, moción de censura y dimisión del presidente. Mariano Rajoy, galaico, como siempre, ha evitado suscribirlas.

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Febrero 6th, 2010 at 8:12 am

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La decepción, de Lucía Méndez en El Mundo

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ASUNTOS INTERNOS

De todas las desgracias que han caído sobre su cabeza en esta su semana horribilis, la que más le tiene que haber dolido en lo personal es la frialdad de Obama. A su llegada al Desayuno de Oración, el presidente estadounidense saludó a la traductora casi con la misma intensidad que a él. Y después de los rezos se fue volando con Michelle, sin ni siquiera tomar un café rápido con su «querido amigo». El presidente Zapatero pudo consolarse con el éxito de su brillante plegaria ante la comitiva multicolor que le acompañó a Washington, pero en su fuero interno es difícil que no se haya sentido decepcionado. Un poco como aquella mujer soñadora y sensible que recibe una invitación de alguien con mucho glamour para ir a una fiesta y, tras recorrer medio mundo, comprarse un vestido en la Quinta Avenida y ponerse estupenda, llega a la fiesta y su anfitrión le saluda calurosamente, le dice diviértete y después desaparece.

Con la de cosas que tienen en común -nacieron el mismo día, dan gracias a Dios por estar casados con sus mujeres, tienen dos hijas, les votaron los jóvenes, han sufrido ambos despiadadas campañas de desprestigio de la derecha más montaraz, admiran a Borges-, él había creído que la química entre ellos daría pie a una relación especial, más humana que política o diplomática. ¿Qué menos que un café si vas a visitarle al otro lado del mundo? A sus 49 años, el presidente Zapatero tendrá que aprender a aceptar las decepciones. Le pasa a mucha gente. Cuando se ponen demasiadas expectativas en las personas, siempre nos acaban decepcionando. No digamos ya si hablamos del hombre más poderoso del mundo. Una vez asumida la desilusión, a Zapatero le toca decir lo que dijo Nicolas Sarkozy, a quien Obama no ha recibido aún en la Casa Blanca ni quiso visitar en El Elíseo cuando estuvo en París, aunque es un líder megafuerte y Francia aún no ha sido comparada con Grecia ni castigada por los mercados. «¿Cuál es el drama de que no venga Obama (a la cumbre de la UE en mayo)?, ¡como si no tuviéramos cosas más importantes de las que ocuparnos!».

Así es. Sin poder permitirse descansar del jet lag, el presidente del Gobierno aterrizó en un país donde los diarios hablaban de emergencia nacional. Mientras él oraba en castellano al Dios de los Evangelios, el dios de los mercados había decidido castigar a España. El Gobierno es tan torpe que apenas se lo puede uno creer. Pero ahora ya no valen llantos ni crujir de dientes (Mateo 13:42). Ni tampoco sirve de mucho rasgarse las vestiduras (Génesis 37,34). Los mercados no vienen a por Zapatero. Vienen a por España. En la hora de la responsabilidad, todos los que se apunten al descrédito del país, creyendo que así rematarán a Zapatero, merecen ser castigados.

© Mundinteractivos, S.A.

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Febrero 6th, 2010 at 8:11 am

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Tres razones para confiar en el Gobierno, de John Müller en El Mundo

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AJUSTE DE CUENTAS

Con la que está cayendo en las bolsas y los mercados de divisas y ante el indisimulable protagonismo de España, le pido a un alto funcionario del Gobierno que me ofrezca tres buenas razones para confiar en que Rodríguez Zapatero nos va a sacar del marasmo económico en el que estamos metidos. Y me dice: «Uno, tenemos una estrategia clara. Dos, contamos con la complicidad de los agentes sociales. Y tres, existe una gran fortaleza empresarial ante el ataque externo».

Le digo que 2 y 3 son evidentes, pero que sobre la número 1 no tengo elementos de convicción. «Te lo tienes que creer», me contesta.

¿Un acto de fe? No sé si los españoles estarán muy dispuestos a los actos de fe, sobre todo aquellos que no han logrado sintonizar con la oración laica del Desayuno de Washington y que han visto como el Gobierno ponía y después borraba propuestas sobre las pensiones que han alarmado a la población.

En fin, concedamos que el Gobierno tiene una estrategia clara que requiere de nuestra fe y analicemos el alcance de los otros dos motivos.

La «fortaleza empresarial» quedó ayer de manifiesto cuando el presidente de Telefónica, César Alierta, dijo que el desplome de la Bolsa se ha debido «a una concentración de todos los bajistas mundiales vendiendo a corto España». La consigna era sumarse al mensaje lanzado por el presidente del Santander, Emilio Botín, respaldando las reformas del Ejecutivo. El presidente de La Caixa, Isidro Fainé, no pudo ser más explícito: «Él (Botín) es el rey y yo soy un vasallo. Lo que diga Botín lo suscribo».

Pero el lenguaje es importante, y en Moncloa hablaban de «ataque externo», porque el Gobierno llegó ayer a la conclusión de que España está siendo el blanco de una agresión especulativa de los mercados. Un ataque contra el euro y contra los países más endeudados por la crisis.

Así lo dejó ver Zapatero de forma muy torera cuando dijo que «el Gobierno plantea reformas para los ciudadanos, no para los mercados» y a continuación sugirió que como está en marcha una proceso mundial de reforma del sistema financiero, los episodios especulativos pueden ser fruto de las resistencias que despiertan esos cambios.

Esa línea argumental es compleja, porque entronca con los dichos de Barack Obama, pero obliga a enajenarse los apoyos de la banca.

¿Y respecto de 2? Bien, los líderes de UGT y CCOO, Cándido Méndez y Fernández Toxo, que hablaron antes que el presidente, no tuvieron problema en atribuir la iniciativa de reformar las pensiones al deseo del Gobierno de contentar a los mercados. Los sindicalistas coincidieron en que ese planteamiento ha crispado a la sociedad y dificulta el diálogo, pero prometieron hacer un esfuerzo para separar ese debate del de la reforma laboral.

Pero excepto este recelo sindical, todos, incluido el presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, y el de las pymes, Jesús Bárcenas, se declararon satisfechos con el documento del Gobierno. Un texto sin propuestas concretas, donde «no hay giros bruscos como con las pensiones» según dijo Méndez, y donde no figura la expresión «coste del despido». Era tan obvio el deseo de los agentes sociales de ofrecer su respaldo al Gobierno que a Toxo se le veía hasta incómodo dando tanto incienso. Las muestras de fe fueron muchas y grandes y en los próximos días veremos si estaban justificadas.

john.muller@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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Febrero 6th, 2010 at 8:10 am

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Los errores del determinismo demográfico: el caso de las pensiones, de Vicenç Navarro en Enfoques de la Fundación Sistema

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En el debate que se ha generado en España, a partir de las propuestas hechas por el gobierno español para garantizar la sostenibilidad de las pensiones públicas, se están utilizando argumentos (por parte de aquellos que cuestionan la viabilidad del sistemas actual de reparto) que deben ser cuestionados, pues responden más a criterios ideológicos que científicos. Tales argumentos, por cierto, se reproducen no sólo en círculos liberales sino también en algunos forums de centroizquierda y, en ocasiones, de izquierda.

Uno de ellos es que la transición demográfica, con un número creciente de ancianos por una parte, y un número decreciente de gente joven por otra, hace inviable el sistema de pensiones. Tal argumento ignora, sin embargo, que en los sistemas de reparto el dato más importante para analizar su viabilidad no es ancianos versus jóvenes, sino beneficiarios (es decir, pensionistas) versus cotizantes a la Seguridad Social. Esta observación se les escapa a aquellos que constantemente atribuyen a la transición demográfica la “crisis” de las pensiones. En un país, como el nuestro, donde el paro ha sido históricamente muy elevado (actualmente un 18.94% de la población activa) y donde el porcentaje de la mujer incorporada al mercado de trabajo es todavía bajo (54%), sorprende que se diga que el problema radica (o radicará) en la escasez de personas que pueden trabajar. Si a las personas en paro, así como a las que trabajan a tiempo parcial y que desearían trabajar a tiempo completo, sumamos las mujeres que estarían en el mercado de trabajo en caso que su participación en tal mercado fuera semejante a la de las mujeres suecas (un 87%), tendríamos cerca de 10 millones de trabajadores (y cotizantes a la seguridad social) más. No hay, ni ahora ni en el futuro, un déficit de personas en España que puedan trabajar. Y que deberían trabajar, pues es lo que desean.

Otro argumento que utilizan los que recurren al argumento demográfico, para apoyar sus tesis de insostenibilidad de las pensiones, es que el número de trabajadores cotizantes por pensionistas está disminuyendo y ello creará un problema. El informe del Gobierno sobre las pensiones utiliza este argumento para apoyar su recomendación de que se retrase la edad de jubilación, de 65 a 67 años. Los trabajadores cotizantes –dice el informe- no podrán sostener a los pensionistas cuyo número casi se doblará en treinta años. Tal informe introduce sus recomendaciones con un cuadro en el que se muestra como el número de pensionistas aumentará de 8 millones en 2010, a 15 millones en 2040, concluyéndose que tenemos un problema grave pues el número decreciente de cotizantes por pensionista hace inviable la continuación de esta situación, a no ser que se reduzcan considerablemente los beneficios. Este argumento se ha convertido en un dogma. Y como dogma se reproduce a base de fe (e ideología) en lugar de evidencia empírica.

Como describí en mi artículo en PÚBLICO (“Una vez más, las pensiones”, 04.02.10) este argumento es semejante al que hicieron los alarmistas malthusianos al ver el descenso de la población que trabajaba en agricultura. Decían tales autores que el descenso de la población que trabajaba en el campo conduciría a un descenso de la producción de alimentos y al hambre de la población. Pues bien, el porcentaje de la población en España que trabajaba en la agricultura ha pasado de ser un 30% en 1970, a un 4% en 2008 y no hay escasez de alimentos. En realidad el crecimiento de la productividad en agricultura ha sido tal que un trabajador en el campo hace el mismo trabajo que antes hacían veinte trabajadores.

Las tesis que indican que la reducción del número de trabajadores hace peligrar la viabilidad del sistema de pensiones ignoran el enorme crecimiento de la productividad y por lo tanto de los salarios y de sus contribuciones, bien sean como impuestos, bien sean como cotizaciones sociales. Permítanme que repita lo que escribí en otro texto “Las pensiones son viables”, Julio-Agosto 2009, a raíz del documento escrito por el Banco de España y la Comisión Europea (ambos de clara orientación liberal) que alertaban que en el año 2060, España se gastaría el 15.1% del PIB en pensiones un porcentaje –decía el informe- alarmante. Cito de nuevo mi respuesta: “Supongamos que el crecimiento anual de la productividad es un 1,5%, un crecimiento que incluso el Banco de España admite como razonable. En este caso, el valor del PIB español en 2060 será 2,23 veces mayor que el PIB del año 2007. Ello quiere decir que si consideramos el valor del PIB del año 2007 como 100, el del año 2060 será de 223. Pues bien, el número de recursos para los no pensionistas en el año 2007 fue de 100 menos 8,4 (8,4 es la cantidad que nos gastamos aquel año en pensionistas), es decir, 91,6. En el año 2060 los recursos a los pensionistas serán el 15,1% de 223, es decir 33, y para los no pensionistas será 223 menos 33, es decir, 192, una cantidad que es más del doble de la existente en el año 2007, 91,6. Debido al crecimiento de la productividad, en el año 2060 habrá más recursos para los no pensionistas que hoy, y ello a pesar de que el porcentaje del PIB dedicado a pensiones es superior en el año 2060 que en el 2007. Los que alarman innecesariamente a la población olvidan un hecho muy elemental. Hace cincuenta años, España dedicaba a las pensiones sólo un 3% del PIB. Hoy es un 8%, más del doble que cincuenta años atrás. Y la sociedad tiene muchos más fondos para los no pensionistas de los que había entonces, aún cuando el porcentaje del PIB en pensiones sea mucho mayor ahora que entonces. Por cierto, ya hace cincuenta años, cuando España se gastaba un 3% del PIB en pensiones, había voces liberales que decían que en cincuenta años se doblaría o triplicaría tal porcentaje, arruinando el país. Pues bien, estamos cincuenta años más tarde, y el país tiene más recursos para los no pensionistas que existían entonces, aún cuando el porcentaje del PIB dedicado a pensiones se ha doblado (En estos datos, por cierto, se ha incluido ya el impacto de la inflación).”

Cuando el informe del gobierno español indica que la población pensionista casi se doblará en treinta años, se está ignorando que en treinta años el PIB de España será varias veces superior (mucho más del doble) del existente ahora.

Longevidad de los individuos y esperanza promedio de vida de una población son dos conceptos distintos

Otro argumento que se utiliza por parte de los deterministas demográficos es que la esperanza de vida está aumentando cuatro años cada veinticinco, con lo cual la extensión del periodo de las pensiones hará insostenible el sistema. Tal afirmación es consecuencia de un desconocimiento de lo que es y cómo se calcula la esperanza de vida. El hecho de que la esperanza de vida promedio de la población española haya aumentado de 76 años a 80 en el periodo 1980-2005 no quiere decir (como erróneamente se asume) que un español promedio viva cuatro años más (ver explicación detallada en “Las Pensiones son viables” VIEJO TOPO, julio-agosto 2009), quiere decir que sumando los años de vida de todos los ciudadanos y residentes y dividiéndolo por el número de ciudadanos y residentes, el promedio de vida es cuatro años más en 2005 que en 1980. Pero ello se debe a que la mortalidad infantil y la mortalidad de los grupos etarios más jóvenes, ha bajado mucho. Tal aumento promedio de años de vida no significa que, como asumen aquellos autores, los ancianos vivan cuatro años más. Ni que decir tiene que los ancianos viven más (2.6 años) que hace veinticinco años, pero no las cantidades que se utilizan.

El punto de mayor relevancia es que la longevidad (años de vida que cada persona tendrá) depende de la clase social del individuo. España es uno de los países de la UE-15 con mayores desigualdades. Existe un gradiente de longevidad entre nuestros ciudadanos dependiendo de su clase social. Una persona en el cinco por ciento de renta superior vive en España diez años más que un trabajador no cualificado con más de cinco años en paro (el promedio de la UE-15 es siete años). Es profundamente injusto que las clases populares (clases trabajadoras y clases medias), que viven menos años, tengan que trabajar dos años más para sostener las pensiones de las clases más pudientes que les sobrevivirán muchos años. Esto es lo que en realidad se está proponiendo cuando se pide el retraso obligatorio de la jubilación.

Reformas necesarias

Que las pensiones basadas en un sistema de reparto sea viable, no quiere decir que no debieran hacerse reformas, algunas de las cuales aparecen en el informe del gobierno, el cual tiene también propuestas que son aconsejables. Una de ellas es facilitar el retraso voluntario de la jubilación. La situación actual es excesivamente traumática para aquellos sectores de la población que gozan mientras trabajan (este grupo es una minoría), y que pasan de un 100% de actividad laboral a 0%, en cuestión de horas, a partir del día D, hora H en que se jubilan. Es un paso traumático e innecesario. Sectores amplios de la población anciana pueden ofrecer gran rendimiento y su exclusión del mercado de trabajo es, además de una enorme ineficiencia económica, una carga a la Seguridad Social, pues pasan de ser cotizantes a beneficiarios en un momento en que pueden (y desean) continuar siendo cotizantes. En EE.UU., la jubilación es un derecho, no una obligación. Por ley, como Catedrático Universitario, por ejemplo, nadie me puede jubilar de la Universidad, siempre y cuando produzca al nivel de expectativas que la Universidad exige a su profesorado

La jubilación debe ser, a partir de 65 años, voluntaria, garantizando un retiro digno. Y ahí está el segundo tema. Las pensiones en España tienen que mejorarse, no sólo las no-contributivas sino también las contributivas. El hecho de que representen un porcentaje elevado del salario en el momento de la jubilación no significa que las pensiones sean satisfactorias, pues el salario real promedio es muy bajo.

El tercer tipo de intervención es el aumento de las cotizaciones sociales, evitando las exclusiones que están ocurriendo en colectivos que ven reducidas sus contribuciones por encima de cierto nivel de salarios. También debieran eliminarse aquellas funciones que se han atribuido a la Seguridad Social que no le corresponden, tal como facilitar la reducción de las plantillas en las empresas, una situación que ha alcanzado unas dimensiones, a todas luces, exageradas.

El cuarto tipo de intervenciones son aquellas encaminadas a facilitar la producción de buen empleo, facilitando la educación y formación de los jóvenes (empezando ya con los infantes), para garantizar una mayor calidad de conocimientos, mayores capacidades resolutivas de la población y, por lo tanto, mayor productividad, mejores salarios y mayores cotizaciones sociales e impuestos. Ello requiere un mayor intervencionismo público en la educación, en la formación laboral y en la producción de empleo.

El quinto tipo de intervenciones incluye el desarrollo del cuarto pilar del bienestar que debiera incluir, como ya señalé en su día (“El cuarto pilar del bienestar”. PÚBLICO, 15.10.09), el derecho universal a las escuelas de infancia, además de los servicios domiciliarios a las personas con dependencias que ayuden a facilitar la integración de las mujeres al mercado de trabajo (cambiando a su vez los valores del varón para corresponsabilizarse en las tareas familiares).

El sexto tipo de intervenciones es el facilitar el mantenimiento del trabajador en edad de prejubilación en sus puestos de trabajo, ofreciendo ayudas públicas en formación y reciclaje profesional y mantenimiento de sus puestos de trabajo.

El séptimo es la reforma fiscal, haciéndola más progresista y eliminando el fraude fiscal, aumentando los recursos públicos que debieran absorber los costes de la jubilación de algunos colectivos, como los hoy beneficiarios de pensiones no contributivas. En este aspecto, las cotizaciones sociales debieran complementarse con fondos públicos, pues no hay nada escrito en ninguna Biblia económica que diga que las pensiones deban pagarse con cotizaciones sociales basadas en los mercados laborales. En otros países, como Dinamarca, la mayoría de fondos son públicos, procedentes de los impuestos generales.

Con estas reformas señaladas en este artículo, las pensiones están más que garantizadas en España.

Vicenç Navarro

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Febrero 6th, 2010 at 8:09 am

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Responder a la extorsión, de Juan Torres en Economía de la Fundación Sistema

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Los financieros, los bancos y las agencias de rating que trabajan para ellos provocaron una crisis gigantesca. Para poder ganar más dinero influyeron de mil modos sobre los gobiernos y consiguieron que éstos y los bancos centrales cambiaran las normas legales e hicieran la vista gorda ante la acumulación ingente de riesgo que soportaban para ampliar sin cesar sus beneficios. Impusieron un modo de producir y de repartir desequilibrado e irracional, alimentando una burbuja detrás de otra. Y terminaron por quebrar y descapitalizarse. Obligaron entonces a que los gobiernos intervinieran y pusieran a su disposición billones de euros. Gobiernos, como el español, que hasta entonces incluso habían tenido superávit presupuestarios tuvieron que endeudarse. Los financieros y los bancos, con el apoyo de las agencias de rating que trabajaban para ellos, suscribieron esa deuda en gran parte con el dinero que los propios gobiernos y bancos centrales les daban para salvarlos de la quiebra y para lograr que así refluyera el crédito, cuya carencia había provocado la paralización de la actividad económica, el cierre de miles de negocios y el desempleo. Pero a los financieros, a los bancos y a las agencias de rating que trabajan para ellos solo les importa recuperar sus inversiones al coste social que sea y con la mayor seguridad y rapidez posible, así que no utilizaron esos recursos para ello sino para ganar enseguida más dinero. Se dispusieron entonces a presionar a los gobiernos y a los bancos centrales para que estos actúen con el único fin de que sus inversiones en la deuda estén seguras y puedan recuperarlas lo más pronto posible sin tener que cargar con el coste de la crisis que ellos mismos habían provocado. Y como llevan haciendo todo esto desde hace mucho tiempo tienen ya el poder suficiente como para conseguir que esa sea, efectivamente, la secuencia de los hechos una vez y otra. Si el gobierno va por otro lado las presiones se desatan. Si hace lo que les conviene, la patronal o algún gran banquero le concederá algún momento de respiro. Ésta es la historia y parece que el presidente Rodríguez Zapatero lo ha podido comprobar directa y personalmente en su inoportuna visita a la Cumbre de Davos. Hablemos claro: los financieros, los bancos y las agencias de rating que trabajan para ellos están extorsionando al gobierno de España. Lo están llevando al terreno que ellos quieren y al que les conviene: el de la improvisación, el de la renuncia a sus propuestas anteriores y a sus compromisos electorales, al que lo separa de sus socios naturales y de su base electoral, el que lo llena de contradicciones y lo deja, no hay más que verlo, como un boxeador inexperto bamboleándose de un lado a otro de la lona.

Lo que buscan es derrotarlo fuera de las urnas haciéndole que quede a la deriva y que salten por los aires sus alianzas con los sindicatos y con el electorado para poder imponerle así políticas que saben que nunca podrían aplicarse si se tuvieran que decidir mediante una confrontación electoral democrática.

Los ciudadanos deben saber que los financieros, los bancos y la gran patronal, con la ayuda de los economistas liberales y de los organismos financieros que trabajan para ellos, no le están imponiendo al gobierno de España la salida a la crisis, como todos ellos dicen, sino la respuesta a la crisis que mantiene sus privilegios, que garantiza que puedan seguir teniendo cantidades ya inmorales de beneficio y que deja que las cosas sigan como siempre han estado. Pero esa es justamente la salida de la crisis que volvería a provocarla de nuevo.

Es sencillamente falso que para crear empleo, como dicen la patronal y los economistas liberales, haya que actuar solamente en los mercados de trabajo. Sin perjuicio de que haya que procurar que haya un marco adecuado de relaciones laborales (que no puede ser simplemente el que da todo el poder a los empleadores) lo que hay que procurar para ello es recuperar la demanda y los mercados de bienes y servicios. ¿De qué les va a servir a los empresarios que los salarios sean más bajos si luego no disponen de mercados con demanda efectiva suficiente donde puedan vender las mercancías que producen? ¿O es que quieren que España se limite a competir a la baja convertida en una economía barata al servicio del capital extranjero?

Por eso, reducir los derechos sociales, precarizar aún más el empleo, disminuir los salarios, renunciar al gasto público y social que se precisa para apoyar un modelo productivo que consolide a la economía española y a una fiscalidad más justa y que generase otro tipo de incentivos a los sujetos económicos, solo dará lugar a que los más ricos lo sean cada vez más y a que la economía española se consolide como una economía de segunda, desvertebrada, dependiente y simplemente especializada en proporcionar bienes y servicios de baja calidad. Pero así nunca se podrá conseguir que la economía española despegue y se modernice definitivamente, que disponga de un mercado interior más potente (algo que en realidad no le importa a los Adolfo Domínguez y compañía que tienen a su disposición mano de obra siempre más barata y mercados selectos en cualquier otra parte del mundo), que se reindustrialice, que genere empleo de calidad y renta suficientes para todos y que no tenga que dedicarse a actividades que destrozan nuestro medio natural e hipotecan el bienestar de las generaciones futuras. Esa no es una verdadera salida de la crisis.

La situación a la que ha llegado el gobierno es difícil, sobre todo, cuando se encuentra además con las restricciones que impone nuestra presencia en la Unión Europea. Ha renunciado a tener un proyecto económico propio al convertir al partido que lo sostiene en una claque en lugar de servirse de su organización como fuente de pensamiento y de propuestas alternativas. Y ha puesto el diseño y la ejecución de la política económica en manos de personas que explícitamente defienden y proponen las medidas que reclaman la patronal empresarial y bancaria. Así, y cediendo a la extorsión de los mercados, será muy difícil que cuente con el apoyo de los sindicatos y perderá lentamente el de todos los ciudadanos hasta el punto en que la situación puede llegar a ser insostenible.

El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero necesita el apoyo de los ciudadanos que no queremos una España de resabios franquistas, incapaz de convivir plenamente con las libertades civiles y controlada por los mismos grupos oligárquicos de siempre. Pero no es lógico que reclame ese apoyo gratuitamente y mientras pone en marcha políticas que en realidad solo benefician a estos grupos.

En una situación tan delicada como la actual, sería necesario que los ciudadanos supieran quién ha provocado de verdad la crisis y por qué, quién ha puesto las bases para convertir a la economía española en un espacio productivo tan débil y vulnerable y por qué, y qué se logra de verdad con unas medidas políticas o con otras. Con la fuerza de su propio partido, de otros que sin duda podrían y deberían apoyarle en ese camino, de los sindicatos y del más directo de los propios ciudadanos, el Gobierno podría estar entonces en condiciones de proponer un equilibrio diferente a la sociedad española, un pacto de rentas frente a una situación excepcional, y tratar así de hacer frente de otra forma a las dificultades derivadas de la actual conformación y equilibrio de poderes en la Unión Europea, algo que nos está resultando muy desfavorable por su propia naturaleza y por nuestra falta de proyecto propio.

Hace unos meses escribía Nicolás Sartorius que lo que se necesita es “modificar la dirección de la historia de España en términos económicos” y que ello “exige un nuevo contrato y unas nuevas reglas. Un contrato donde se especifique lo que cada parte debe aportar -y no realidades frente a promesas- y nuevas reglas que impidan, en lo posible, que se repita dentro de un tiempo el mismo desastre, acrecentado”. (EL PAÍS, 28 de octubre de 2009).

En un esfuerzo de ese tipo, que naturalmente ni sería fácil ni tampoco apoyado gratuitamente por nadie, el gobierno de Rodríguez Zapatero podría encontrar un nuevo y decisivo impulso. Si no lo hace, es fácil adivinar lo que va a ocurrir.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com

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Febrero 6th, 2010 at 8:08 am

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De la reforma laboral y otras necesidades, de Josep Oliver Alonso en Cinco Días

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Las propuestas de reforma laboral del Gobierno, presentadas ayer en el Consejo de Ministros, están bien encaminadas, aunque su alcance sobre el volumen de empleo y su estructura (en el corto plazo), y su efecto sobre el necesario crecimiento de la productividad (en el medio término) serán limitados. No obstante, hay que saludar positivamente la reducción de la temporalidad (encareciéndola respecto la indefinida), la mejora del mercado de trabajo de los jóvenes (dirigiendo las bonificaciones a la contratación primordialmente a ese colectivo), la búsqueda de alternativas a la destrucción de ocupación (facilitando el modelo alemán, con reducciones de jornada), o la mejora de la intermediación (permitiendo a las ETT actuar junto a los servicios públicos de empleo).

En el corto plazo, su eficacia es limitada, dadas las características sectoriales y ocupacionales de la crisis. Así, la destrucción de empleo en la construcción (cercana al millón de empleos) era inevitable, ya que refleja la reversión a un peso medio del sector que nunca debió sobrepasarse (en el entorno del 9% de la ocupación total). Además, el choque sobre el empleo industrial (una pérdida de más de 550.000 empleos) deriva de la acentuación en la reestructuración de sectores de bajo valor añadido (iniciada la pasada década), así como de la caída de la demanda interna y mundial con la crisis. A estas contracciones hay que sumar algo más de 300.000 de los servicios (450.000 si sólo se computa 2009), que reflejan el colapso de la demanda interna. El ajuste ocupacional, además, se ha efectuado básicamente sobre la contratación temporal (más del 100% de la pérdida de empleo asalariado, de un total cercano a los 1,4 millones entre el tercer trimestre de 2007 y el cuarto de 2009, y más del 80% en 2009). Finalmente, otro ámbito de ajuste ha sido el del empleo no asalariado, que ha aportado casi 500.000 puestos de trabajo destruidos desde el inicio de la crisis. Por lo que se refiere al aumento del paro, éste expresa la caída de la ocupación y la entrada neta de activos (unos 650.000, cerca del 26% del total de 2,5 millones de nuevos parados).

A la luz de estos hechos, ¿qué resultados cabe esperar de la reforma laboral propuesta? En el inmediato futuro, la posibilidad de reabsorber el millón de empleos perdidos en la construcción es, simplemente, nula. Como lo es también aquella parte de empleo industrial perdido en sectores que ya presentaban caídas de ocupación previas a la crisis. Por otra parte, el impacto de las medidas del Gobierno en el medio millón de no asalariados también será reducido. Finalmente, los cerca de 700.000 nuevos activos tampoco podrán verse afectados inmediatamente por estas medidas. Por tanto, su efecto en estos colectivos sólo será tal si la reforma genera un cambio en la dinámica de creación de empleo. Algo que, en el contexto actual, es difícil de imaginar.

Otra cuestión es la de su impacto en el medio y largo plazo. Y ahí se encuentra a faltar en la iniciativa gubernamental, si más no parcialmente, un hilo conductor que apunte a la mejora más substantiva que deberíamos impulsar en nuestro mercado de trabajo. Y que se resume en el necesario aumento de la productividad y, por tanto, en la caída de los costes laborales unitarios. En nuestro país, por ejemplo, estos costes aumentaron un 3% anual entre 2002 y 2006, frente al -0,1% de Alemania. En esta línea de trabajo, a la reducción de la temporalidad auspiciada por el Gobierno (del todo necesaria para aumentar el nivel del capital humano y, por tanto, que va en la línea adecuada), cabría incorporar la vinculación de los subsidios de desempleo a la formación o la modificación de la negociación colectiva, estrechando la relación del crecimiento de los salarios al de la productividad.

En un contexto en que el país, por vez primera en su historia, afronta una crisis en la que no podemos devaluar, la caída de los costes laborales unitarios y, por tanto, el crecimiento de la productividad del trabajo, se destaca como el eje alrededor del cual debe articularse cualquier reforma. El Gobierno se ha movido algo en esa dirección. Esperemos, por el bien de todos, que los agentes sociales profundicen en la misma línea de trabajo.

Josep Oliver Alonso. Catedrático de Economía Aplicada (UAB).

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Febrero 6th, 2010 at 8:07 am

Una década de foros sociales, de Josep Maria Antentas y Esther Vivas en Público

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El Foro Social Mundial (FSM) está de aniversario. Desde su lanzamiento en el año 2000 se ha convertido en el referente internacional más importante para el grueso de las fuerzas críticas con la globalización neoliberal y ha permitido afirmar un espacio simbólico de oposición.

Nacido bajo el impacto de las movilizaciones de Seattle, conectó con el espíritu del movimiento emergente, apareciendo como una referencia para buena parte de sus integrantes (aunque no para todos). El formato de la propuesta y su concepción de fondo eran funcionales a las necesidades del momento, al abrir un punto de encuentro amplio y flexible, adaptable a un movimiento cambiante, plural y en desarrollo. De ahí su éxito inicial imparable.

En su trayectoria, el FSM ha ido evolucionando en consonancia con la coyuntura política y la de la movilización internacional. Después de una primera etapa de ascenso, de aumento de su visibilidad y de creciente capacidad de atracción, pasado el efecto novedad, el Foro perdió notoriedad, y su impacto e influencia disminuyeron, aunque no su poder de convocatoria. En esta situación ambivalente ha llegado a su décimo aniversario.

En esta década, el movimiento antiglobalización y el Foro consiguieron colocar sus preocupaciones en la agenda pública y desgastar la legitimidad del neoliberalismo, cuya credibilidad se hundió definitivamente con el estallido de la crisis. Pero no obtuvo casi ninguna victoria, más allá del terreno simbólico, con la excepción parcial de algunos países de América Latina.

La combinación entre las dificultades para derribar el neoliberalismo y el impacto de la crisis empujan al aumento del debate estratégico y político en el seno del Foro. Así se ha constatado en los eventos realizados con ocasión del presente aniversario, sin un aparente resultado concluyente acerca de su rumbo futuro. El FSM se fundó sobre la base de un cierto optimismo antiglobalizador, una visión bastante simple del cambio social que escamoteaba los grandes debates estratégicos y, especialmente, sobre la idea de que el movimiento social se bastaba por sí solo para transformar a la sociedad. Diez años después se constatan los límites del discurso fundacional del Foro y del movimiento antiglobalización, y la necesidad de repensarlo para obtener un segundo aliento. El contexto apremia a una mayor clarificación estratégica, sin por ello romper la unidad y la amplitud del proceso. “Pienso que pasamos de la fase de los eslóganes simpáticos de los foros sociales. Si otro mundo es posible, llegó la hora de decir cuál”, nos señalaba ya Daniel Bensaïd en vísperas de la edición de Belem en enero de 2009.

Los foros no son ninguna panacea o fórmula mágica para los movimientos sociales, pero sí experiencias que ayudan a sumar fuerzas. No han comportado de forma mecánica la creación de convergencias duraderas ni el desarrollo de luchas concretas, pero sí han tenido una influencia positiva genérica en esta dirección y han contribuido a crear un clima más propicio al trabajo en común en los lugares donde se han celebrado. Así lo hemos visto el pasado fin de semana en iniciativas como el Foro Social Catalán en Barcelona o el FSM en Madrid, que muestran cómo, en un periodo de dificultad para transformar el malestar social frente a la crisis en movilización colectiva, los foros ofrecen un espacio para encontrarse, verse y debatir.

El gran desafío que tenemos por delante es pasar de las convergencias y las solidaridades simbólicas a las tangibles y al refuerzo concreto de luchas específicas. Las formas que toman las luchas reales son imprevisibles y cambiantes y la articulación de las resistencias sociales no se realiza por decreto. Se trata de un proceso dinámico, con altibajos, que requiere voluntad de trabajo común y habilitar espacios de convergencia y solidaridad que permitan la discusión mutua, crear una cultura de trabajo compartida y aprender a ver los problemas particulares desde una óptica general.

En el debate actual sobre su futuro, marcado por las polémicas sobre si el Foro debe ser esencialmente un espacio de discusión o un instrumento orientado a la acción, conviene recordar que los foros sociales no son un fin en sí mismos, sino un instrumento al servicio de la discusión y la articulación de campañas y movilizaciones y tienen que ser vistos y concebidos como tales. Tienen sentido si ayudan a avanzar en esta dirección, si no pueden retraer energías de las luchas reales. Como señala Eric Toussaint, del Comité para la Abolición de la Deuda Externa del Tercer Mundo, “necesitamos un instrumento para determinar objetivos, un calendario común de acción, un elemento de estrategia común. Si el Foro no permite esto, tendremos que construir otro instrumento, sin eliminar el Foro”. De ahí la importancia de las asambleas e iniciativas de coordinación internacional de los movimientos sociales que tienen lugar en el marco y el entorno del Foro.

La vitalidad y autoridad simbólica del Foro Social Mundial se han derivado del hecho de ser percibido como la mayor expresión de las luchas contra la globalización neoliberal. El día en que el Foro apareciera como un proyecto desvinculado de ellas, el proceso se deshincharía rápidamente o perdería su utilidad como instrumento para seguir avanzando en la lucha por este “otro mundo posible” del cual ha sido, con sus límites y contradicciones, un estandarte muy importante.

Josep Maria Antentas y Esther Vivas son autores de ‘Resistencias Globales. De Seattle a la crisis de Wall Street’.

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Febrero 6th, 2010 at 8:06 am

A vueltas con la familia, de Óscar Celador en Público

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Es curioso cómo la familia, que es una institución a la que todos los individuos se sienten en mayor o menor medida gratamente ligados, puede ser utilizada por algunos para sembrar la semilla del conflicto y la discordia. La foto sociológica española refleja que los matrimonios civiles y las uniones de hecho prácticamente superan a los matrimonios religiosos, y que en nuestra sociedad conviven, junto al modelo de familia tradicional, familias monoparentales, homosexuales, parejas de hecho, o las que son el resultado de sucesivos matrimonios, separaciones o uniones. Por este motivo, cualquier posición que pretenda reducir el concepto de familia exclusivamente al modelo católico comete dos graves errores. De una parte, ignora que la Constitución española reconoce a las parejas, con independencia de su orientación sexual y estatus matrimonial, el derecho a fundar una familia.

Y de otra, reabre viejas heridas que nos recuerdan el modelo de familia que estuvo vigente durante el régimen franquista, ya que la posición que ahora esgrime la Iglesia católica no ha variado un ápice desde entonces.
Las religiones han concedido tradicionalmente un papel capital a la familia. Ahora bien, ¿de qué modelo de familia estamos hablando? La respuesta es tan simple como contundente, ya que casualmente las religiones han venido defendiendo aquellos modelos de familia que sirven a sus intereses institucionales, y la católica no es una excepción en este terreno. De acuerdo con el derecho canónico, aquellos que quieran fundar una familia deben contraer matrimonio canónico con la finalidad de engendrar hijos y educarles en la fe católica; de esta manera, se crea un potente efecto multiplicador que explica el interés de la Iglesia por la familia, pues a más familia más fieles y a más fieles más poder para la Iglesia.

Puede que el modelo de familia cristiano esté en peligro de extinción, pero, por mucho que se empecine la Iglesia, los culpables no son los poderes públicos, ya que estos sólo se han limitado a permitir que los individuos puedan elegir libremente como quieren articular sus relaciones familiares en el marco del Estado democrático. De ahí que el mensaje apocalíptico lanzado de que el futuro moral de Europa pasa por la defensa del modelo familiar cristiano sea injustificable, ya que precisamente la construcción de una identidad común europea sólo ha sido factible gracias al establecimiento de un marco de convivencia válido para todos y, en consecuencia, soportado en el pluralismo religioso y el respeto al libre desarrollo de la personalidad en todos los ámbitos, incluido el de la familia.

El verdadero problema que representa el discurso de la Iglesia católica no es su contenido sino sus verdaderas intenciones, ya que, de no ser por la separación entre el Estado y las confesiones religiosas que ordenó la Constitución del 78, los españoles todavía seguirían sin poder ordenar libremente sus relaciones de pareja y familiares. Por todo ello, no estaría de más que algunos leyeran un poco a Víctor Hugo, quien acuñó la frase de que la tolerancia es la mejor religión.

Óscar Celador. Profesor de Derecho Eclesiástico del Estado y de Libertades Públicas.

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Febrero 6th, 2010 at 8:05 am

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Conclusiones del encuentro digital de S. McCoy con los lectores de ‘El Confidencial’

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Muchas gracias a todos por haber enviado vuestras preguntas. Entre las que han entrado en el foro y las que he recibido por correo electrónico suman más de 60. He tratado de agruparlas por temas y hacer una selección que abarcara la mayor participación posible. Problemas técnicos de los que soy único responsable me han obligado a retrasar su publicación una hora. Lo siento. Ahora, que lo disfruten.

Pregunta 9. Luiso. McCoy, cotizarían al alza: ¿la dimisión de Salgado?, ¿la convocatoria de elecciones generales?, ¿un gobierno de coalición? ¿Qué haría cotizar al alza nuestra maltrecha bolsa? Pregunta 18. Timeo Danaos. ¿Un cambio de gobierno al PP puede calmar los mercados? Pregunta 11. Santísima Trinidad. ¿Qué Ministerios y Ministros pondría si fuera Presidente? Pregunta 17. PetraPacheco. ¿Qué papel corresponde a la Monarquía?

Respuesta: Grecia tiene una ventaja sustancial con respecto a España y es que la crisis se ha producido justo después de un cambio de orientación política en su gobierno, lo que permite que no pese sobre el actual ejecutivo la rémora del pasado. Aún así, mira lo que está pasando. Creo que unas elecciones anticipadas serían la mejor solución, manera de fijar un punto y aparte que restaure la credibilidad de España. Una crisis de gobierno sólo tendría éxito si: uno, hubiera una incorporación de tecnócratas de prestigio al mismo (papelón el del pobre Campa como Secretario de Estado de Economía) y no de acólitos que actúen como Guardia de Corps y, dos, sus decisiones contaran con el beneplácito y respaldo del Presidente, que es el activo español más devaluado. Lo veo difícil. Desgraciadamente, la oportunidad política que la crisis supone para el PP y la poca fiabilidad mostrada por Zapatero de cara a posibles acuerdos, alejan la posibilidad de un Gobierno de Coalición a la alemana. La Monarquía española, superado el importante papel jugado en la Transición, está amortizada a efectos ejecutivos. El Rey reina pero no gobierna, versión Siglo XXI. Ha sido cómplice necesario en la gestación de los desaguisados que ahora nos afectan. ¿Por qué habría de actuar ahora “de oficio”? Nada.

En cuanto a la curiosa pregunta de ministerios y ministros, creo que lo importante no es su número sino la dotación de contenido. Como creo igualmente que no importa tanto el gobierno central como la réplica autonómica, provincial y local a efectos del gasto. Toda remodelación debería girar alrededor de la redefinición de España tanto desde el punto de vista interno como con una óptica exterior. Poco se habla de la rémora que supone Moratinos para el prestigio y la imagen de España, por poner sólo un ejemplo. Profesionales de reconocido prestigio en sus ámbitos de actuación, no manchados por la lacra de la política pesebrera de ignorantes advenedizos; que arriesguen sus fortunas para lograr la fortuna de España. No es una utopía. Esa es la clase de gente que formó los gobiernos de los primeros años de la Transición. Y, aunque luego el resultado de sus actuaciones ha devenido obsoleto, no creo que nos podamos quejar de su trabajo. Se me ocurren un montón de nombres, la verdad.

Pregunta 26. Uno_más. ¿Es la situación alarmista o alarmante? Pregunta 6. Nikki Ramone. ¿Hay un acoso y derribo contra España? Pregunta 3. Stefano Plavi. ¿Ha dictado el mercado sentencia contra España?

R. En mi modesta opinión la situación es alarmante. Pero no de ahora. Desde hace meses. La acumulación complaciente de desequilibrios en los últimos años nos está pasando factura. Todos somos corresponsables: por acción o por omisión. Es verdad que con la globalidad financiera actual y la invención de nuevos instrumentos como los CDS, los efectos son mucho más dramáticos y mediáticos. Pero no es menos cierto que nos habíamos puesto tapones al grito que viene el lobo y ahora que nos muerde la espinilla nos quejamos de que duele. Pues claro. Pero nadie nos obligó a depender de industrias de poco valor añadido como el ladrillo o el turismo, a consumir por encima de nuestras posibilidades, a elegir a nuestros gobernantes. El acoso y derribo es consecuencia, no causa de lo que está pasando en España. No lo olvidemos.

Pregunta 39. Cayman Trader. ¿Es la situación en España comparable a la griega? Pregunta 43. Juanvfm. Los compradores de deuda pública española, ¿exigirán contrapartidas? VLozano me pide que asigne una probabilidad al riesgo de default.

R. Obviamente la larga tradición de los griegos de hacer trampas en las estadísticas públicas, como cuando incorporaron la prostitución al cálculo del PIB para reducir los porcentajes sobre el mismo de deuda y déficit, no se han producido en España en la misma medida. Sin embargo, cuando Roubini y Krugman hablan de España como gran peligro europeo, atienden al tamaño de su economía frente a la griega y hacen referencia únicamente la capacidad de repago de lo debido por el sector público y por el privado. En el caso del primero condicionada por el aumento del gasto recurrente y el colapso de ingresos y su financiación excesiva a corto plazo; el segundo, en su parte bancaria, cuestionada por la losa de los 325.000 millones de crédito promotor y el fin de la financiación barata del BCE en abril; el resto del sector privado afectada por el elevado paro, el excesivo endeudamiento de particulares y empresas… Por tanto, si nos vamos al bottom line, riesgo de impago, sí que es susceptible una equiparación. ¿En mayor o menor porcentaje de posibilidad de concretarse? No me atrevo a afirmarlo. Depende de tantos factores… Aunque en mi fuero interno sinceramente no creo que esta sea una profecía que se vaya a cumplir.

Hace poco hubo una subasta de renta fija griega que llegó a estar sobrecomprada cuatro veces, aunque luego se volvió a desplomar. Ya entonces se habló de que su gobierno había encargado a Goldman Sachs su colocación al fondo soberano chino, cosa después desmentida. No creo que, más allá de estas disquisiones, haya realmente la posibilidad, con la trasparencia en la negociación de este activo, de llegar a pactos privados. La única contrapartida evidente que se va a exigir es la mayor rentabilidad, como quedó demostrado en la subasta de ayer, con el consecuente efecto financiero negativo para las arcas públicas.

Pregunta 2. El Gaitero del Llobregat: ¿Hasta cuándo y hasta dónde? Pregunta 40. Nicht Zufrieden. ¿Nos esperan años muy negros? Pregunta 44. Muy en serio: ¿Bajará el precio de la vivienda? Pregunta 25. Miguelillo. ¿Tiene cabida la iniciativa privada? Javier García Mata pregunta: los jóvenes profesionales, ¿nos tendremos que ir de España?

R: La experiencia prueba que cuando se pone a un país en el punto de mira, la única opción que a éste le queda es tomar el toro por los cuernos y tratar de lanzar un  mensaje de reformas políticas y económicas que tranquilice a los mercados. El impacto va a depender, por tanto, de la rapidez con que se adopten tales medidas, su consistencia (más allá del lanzamiento de globos sonda) y la credibilidad que tengan. Sin embargo será difícil escapar a dos o tres meses de incertidumbre en que viviremos la presión internacional y continuos sobresaltos. A partir de ahí, la implantación de las medidas estructurales necesarias llevará tiempo. Mi horizonte temporal, ya desde 2008, pasa por una recuperación estable a partir de finales de 2012.

La profundidad y velocidad en su ejecución pueden retrasar aún más ese plazo que, en cualquier caso, dependerá: uno, de la estabilización del ajuste en el precio de los activos reales, especialmente la vivienda (que determina la percepción de riqueza de los ciudadanos); una reducción del apalancamiento que facilite el consumo y la inversión; la estabilización en la destrucción de empleo (que genera incertidumbre). En un país como el nuestro en el que dos terceras partes de su PIB es demanda privada, estos tres factores son los que determinarán el curso y el ritmo de la futura recuperación.

De ahí que sea esencial que la reflexión sea de arriba abajo pero también de abajo arriba, análisis particular de en qué medida somos responsables de lo que ha pasado y qué podemos hacer en nuestros respectivos ámbitos de actuación para salir de ésta. Qué podemos hacer por España. La iniciativa privada es no sólo necesaria, sino esencial. De hecho, toda crisis supone una oportunidad, para quien sabe aprovecharla. Necesita del apoyo institucional en forma de aliento tributario y eliminación de trabas, pero requiere, sobre todo, de reflexión individual, conocimiento de uno mismo y del entorno, identificación de valores diferenciales, ejecución sin miedo al fracaso, sentido de la responsabilidad. Ser más profesionales y mejores profesionales. Y hacer de las derrotas, victorias. Sin examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda y cumplimiento de la penitencia, las quejas sirven sólo para contárselas al maestro armero.

Somos optimistas por naturaleza. No en vano esta semana las expectativas de la encuesta de confianza del consumidor español daba la segunda mejor lectura de… ¡su historia!

Pregunta 5. José Sevillano77. Sr. McCoy, mójese: Enuncie 5 medidas económicas IMPRESCINDIBLES DE TOMAR en los próximos 3 meses, sin que haya que utilizar la fuerza. Pregunta 24. Galloso. ¿Cree de verdad que van a hacer cambios en su política? Pregunta 15. Subjetivo. ¿Hay margen de maniobra? Pregunta 30. Peli. ¿No habría que reformar también el sistema financiero?

R: Si por ausencia de fuerza entendemos la llamada cohesión social, es imposible que cualquier propuesta a estas alturas de la película no implique sacrificios. Siete, no cinco, medidas evidentes son: Reforma de la Administración Pública (tamaño y eficacia: congelación sueldos y reducción de plantilla), Reforma del Mercado Interior (eliminación de barreras y centralización competencias), Reforma Laboral (flexibilidad entendida como mantenimiento de puestos), Reforma Educativa (esfuerzo e incidencia en la FP), Reforma de la Seguridad Social (adecuando prestaciones y contribuciones a la nueva realidad); Reforma Fiscal (simplificación y trasparencia) y Reforma del Sistema Financiero (conversión de las cajas en entidades privadas benefactoras o una fórmula similar y creación de banco malo). No les queda otra porque, de lo contrario, lo que está pasando será sólo la punta del iceberg de lo que está por venir. Ya se ha comentado hasta la saciedad que, en ausencia de política monetaria y de tipo de cambio propias, la única alternativa para ganar competitividad y ajustar nuestra economía es mediante un ajuste de los precios y salarios, en términos reales.

Pregunta 10. Políticosfuera. ¿Cuáles son los tres principales errores del Gobierno en Materia Económica a su juicio?

R: En primer lugar, la falta de reconocimiento de la existencia y dimensión de la crisis con fines electorales, lo que ha provocado que se hayan perdido 24 meses a lo tonto; en segundo lugar, el cortoplacismo de las medidas adoptadas, que han drenado recursos públicos tan necesarios ahora y comprometen gasto recurrente no productivo a futuro; en tercer término, la errónea percepción de lo que nos sacaría de la crisis: se ha confiado demasiado en una recuperación internacional que llevara a España de la mano y le permitiera adoptar las reformas adecuadas, lo que indica ausencia de comprensión global de la cuestión. Mal diagnóstico y peor tratamiento. Con anterioridad al estallido de la crisis, la adopción de políticas procíclicas que han conducido a burbujas como la inmobiliaria.

Pregunta 22. Otrabajo. ¿Hay riesgo de corralito en España, están en riesgo mis ahorros?

R: Gracias a Dios la pertenencia a la UE, que nos perjudica al no poder actuar sobre nuestro tipo de cambio para realizar devaluaciones competitivas, nos obliga a mantener una cierta ortodoxia fiscal y a la asunción de unas reglas que hacen que la deriva populista evidente de este gobierno no pueda concluir en corralito. Sería el remate definitivo para nuestro país. Tampoco creo que los ahorros estén en riesgo en España, sinceramente. Gran parte del sistema está en manos de entidades solventes y diversificadas. Además, en un momento de lucha por la captación del pasivo resultado de la nueva normativa bancaria, los depósitos son un bien demasiado goloso como para que no tengan múltiples novios. Desde ese punto de vista estoy tranquilo. La experiencia ha demostrado, además, que existe discriminación positiva en el caso de que se intervenga una institución financiera: el aval estatal a su actividad y emisiones es inmediato, mejorando su calificación; la remuneración al pasivo se dispara (para impedir el efecto de fuga de fondos); y, por último, el riesgo de mercado de la inversión en, por ejemplo, sus preferentes, desaparece ya que son recomparadas al 100%. Esas son las tristes lecciones aprendidas con el caso CCM, intervención que ha sentado este tipo de extraños precedentes.

Pregunta 32. Náutico ¿Es posible una separación entre las dos Europas y la salida de España del euro?

R: La pregunta es muy interesante porque plantea la viabilidad del sueño europeo como tal, donde seguimos mirando a la izquierda pero hay muchos países que vienen por la derecha. Es importante comprender lo que eso significaría. Creo que Francia y Alemania, como se demostró ayer, van a asumir el liderazgo europeo, van a tratar de aprovechar la ocasión para lograr una verdadera convergencia europea, no van a dar auxilio sin sacrificio, van a revisar los criterios de incorporación. Si fueran inteligentes deberían hacer de esto una oportunidad. Aunque legalmente con el Tratado de Lisboa, España podría salir del euro, no lo contemplo sinceramente como algo factible.

Preguntas 19 y 21. Qwerty007. ¿Merece la pena invertir en los mercados? Pregunta 4. Políticosfuera. ¿Por qué estos latigazos? Pregunta 12. Rascayun. ¿Cómo se explica que el índice subiera de 6.000 a 12.000 en poco tiempo? Pregunta 36. Caballo de Troya. ¿No habrá sido una huida hacia delante de bancos y cajas?

R: Mi reflexión reciente sobre el futuro de la economía y las finanzas pasa por tres ejes: una, la irrupción de internet como gran mercado global; dos, la incorporación de China e India, causa de refundación del capitalismo; y tres, la separación entre economía financiera y real cuya segregación es evidente. La segunda ha dejado de justificar a la primera. No sólo eso: se ha convertido en un monstruo tal que requiere la atención primera tanto de los bancos centrales como de los gobiernos, como ha quedado demostrado. Hay que contemplarlos en su independencia y vida propia como única vía de aprovecharse de su funcionamiento. Desde ese punto de vista, los mercados ya no anticipan el futuro sino que crean las condiciones para que el mismo se materialice. El problema se produce cuando, como ocurre ahora, esta concreción no se produce (ni circula el crédito, ni se crea empleo).

La subida de 2009 se debió, primero, a la creencia de que la intervención de las instituciones públicas habían impedido el colapso global, lo cual es cierto con dos peros: el problema de raíz no se había resuelto (endeudamiento) y los desequilibrios pasaron del sector bancario privado al público. Ahora la caída se deriva de la constatación de estos dos hechos. En segundo lugar, todos los mensajes positivos han venido de parte interesada, de gente u organismos cuya supervivencia estaba en juego o podían irse al garete si se descubría la verdad… como ha quedado demostrado.

Por lo que respecta al IBEX es una aproximación a mercados emergentes, fundamentalmente Latinoamérica, zona geográfica que tiró mucho en 2009. Pero su riesgo se mide localmente; es riesgo España. Si éste se deteriora, el ajuste de valoración es evidente en las corporaciones, como lo son los efectos sobre el consumo de capital, la solvencia y el tamaño del activo de la banca. De ahí que cuando la percepción de España ha sufrido, poco ha importado la diversificación geográfica de sus principales compañías.

Pregunta de Juan Francisco Senchermes. ¿No habría que prohibir la operativa en corto para evitar estas sangrías?

R: Creo que hay que distinguir entre varios elementos distintos. La operativa de trading intradía que permite a un operador ponerse corto por la mañana y recomprar por la tarde sin ni siquiera tener los títulos. Sobre ella cabría actuar simplemente obligando a los agentes tanto nacionales como extranjeros a poner en sus boletas la hora de contratación y exigir la existencia de títulos que respalden la transacción. El problema es que muchos bancos custodios mantienen elevadas posiciones en sus balances no identificadas individualmente por lo que se quedaría, probablemente, en un compendio de buenas intenciones si eficacia real.

Por el contrario, el préstamo de títulos me parece legítimo ya que el que lo realiza asume un riesgo aún mayor del titular de las acciones, el coste de financiación, y por tanto no juega con ventaja alguna. El problema es que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena y nos olvidamos que en 2005, 2006 y 2009 estas estrategias perdieron dinero. No sólo eso, el cierre sucesivo de cortos contribuye en muchas ocasiones a reforzar las alzas de las bolsas a las que, además, dota de contrapartida. ¿Cuántas de las compras que hubo ayer se debieron a cierre de cortos con beneficio?, ¿qué hubiera ocurrido si no hubieran estado? Nunca lo sabremos, pero no puede ser que los debates aparezcan sólo cuando hay perjuicio de parte. Nadie se quejó en su día del High Frequency Trading (HFT), operaciones de mucho volumen a corto plazo, hiperdireccionales al alza, que ayudaron sin duda a la mejora de las cotizaciones a lo largo del año pasado.

Pregunta 50. Vaviervy. Si Nueva York también cae, ¿por qué achacamos todo el problema a España? Pregunta 28. Emilio. ¿Es una conspiración? Antonio Romero pregunta si esta crisis es comparable a la del 29

R: Bueno, yo ya escribí hace poco sobre los seis motivos que habían provocado, a mi juicio, la caída de las bolsas así como del impacto negativo del dólar para las firmas estadounidenses. Este último fenómeno de apreciación del billete verde es consecuencia del deterioro del euro, no de la fortaleza del dólar, y del miedo a que el  quebranto de las finanzas soberanas de algunas naciones tenga un efecto contagio, lo que refuerza su condición de refugio. No hay que olvidar que estamos en un mundo global donde todo está interrelacionado. En cualquier caso estoy con usted en que ha habido factores adicionales. Para mí el más relevante es el aumento de las tensiones entre China y estados Unidos a cuenta de la divisa, la venta de armas a Taiwan o la visita de Obama al Dalai Lama. ¿Son excusas para una nueva ola proteccionista similar a la que hundió la recuperación en los 30? La sóla mención a esta amenaza debería justificar la preocupación colectiva. Creo que no hay que perder de vista  tampoco lo que está pasando internamente en el gigante asiático. Me quedé de piedra ayer al leer que Moody´s tiene a 11 de sus 16 principales instituciones financieras chinas con rating D, esto es: insolventes. Glups. Por tanto, es verdad, hay factores adicionales.

No soy muy partidario de teorías conspiraniocas, aunque es verdad que de vez en cuando me hago eco de ellas en mi blog. En cualquier caso, ayer se hablaba de que Almunia había hecho su equiparación con Grecia de modo consciente, movido por un aliento de una parte del socialismo que querría quitar a Zapatero del poder. ¿Quién sabe? Sin embargo, y saliéndonos del mundo de lo hipotético para volver a lo real, creo hay dos parecidos esenciales con la crisis del 29, exceso de deuda del sistema y necesidad de un shock de demanda que permita una recuperación sostenida (y que no puede ser bélica, por el bien de todos) y un elemento diferenciador: la importancia cualitativa y cuantitativa de los actores implicados, que le dan una dimensión muy superior. De no incurrir en los errores de entonces y de las posibles sorpresas que la globalización pueda traer puede venir su corrección que, en cualquier caso, llevará tiempo.

Preguntas varias sobre niveles de bolsa y valores concretos (números 7, 13, 20, 52)

R: Soy un gran descreído del análisis fundamental en el entorno actual. Entre otras cosas porque es imposible establecer valores ciertos para los parámetros que lo configuran: flujos de caja, primas de riesgo y crecimiento a perpetuidad. De hecho, durante la subida se han disparado los valores basura, aquellos de baja capitalización y sobreendeudados. Pero nadie decía nada. El mercado no discrimina y las correlaciones son cercanas a 1 tanto al alza como a la baja. Por eso creo que es momento de jugar índice más que valores y esperar en estos últimos oportunidades históricas. En un mercado como éste el análisis técnico juega un papel esencial y para responder a sus cuitas ya tenemos a nuestro gran Yosi Truzman.

En la inversión en bolsa, tiene más sentido las aportaciones periódicas que elegir en el momento exacto de entrada, al menos para un inversor a largo plazo. Así se cogen los momentos medios del ciclo. En un entorno como el actual, es importante fijarse en el entorno competitivo, la generación de caja, el endeudamiento y el payout. Olvidarse del retorno por plusvalía y buscar el dividendo sostenible que normalmente viene de negocios regulados y maduros con pocas inversiones comprometidas. En el caso del trading, el análisis fundamental importa poco. El problema es que hay un engaño colectivo: todos afirmamos nuestra vocación de permanencia pero somos incapaces de tolerar las pérdidas a corto. Sería bueno que cada uno hiciera una reflexión sobre su verdad inversora, sobre sus techos y suelos, sobre su capacidad para despreocuparse.

Más en http://twitter.com/albertoartero y en la cuenta de Alberto Artero en Facebook.

Written by Reggio's

Febrero 6th, 2010 at 8:04 am

Posted in Energía

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