Archive for Febrero 12th, 2012
Dios nos asista, de Santos Juli谩 en Domingo de El Pa铆s
Cuando Larra escribi贸 este delicioso folleto, andaban el pueblo y los pol铆ticos en largas disputas sobre los cimientos de la naci贸n y la validez de la construcci贸n de la casa que la naci贸n necesitaba. Corri贸 entonces la voz de que se iba a reponer la Constituci贸n de 1812. 鈥溌ravo!鈥, exclam贸 Larra. 鈥淓sto se llama andar camino. Aqu铆 no se sabe sumar, pero restar, a las mil maravillas. El a帽o 14 vino el Rey y dijo: Quien de catorce quita seis, se queda en ocho; vuelvan, pues, las cosas al ser y estado del a帽o 8. El a帽o 20 vienen los otros y dicen: quien de veinte quita seis, quedan catorce. Vuelvan las cosas al ser y estado del a帽o 14鈥. Y as铆, los del a帽o 23, que quitan tres para quedarse en el a帽o 20; y los del 36, que quieren restar m谩s en grande y quitan veinticuatro para quedar en el a帽o 12. Total, 鈥渜ue ya te lo he dicho: tejedores: tejer y destejer. Nadie vende su tela y nadie hace tela nueva鈥.
Muchos a帽os despu茅s de Mariano Jos茅 de Larra, Juan Valera ech贸 la mirada atr谩s y no vio en la reciente historia de Espa帽a m谩s que un 鈥渃ontinuo tejer y destejer, pronunciamientos y contrapronunciamientos; constituciones que nacen y mueren; leyes org谩nicas que se mudan apenas ensayadas apuros y miserias del Tesoro inconsistencia de las m谩s respetadas agrupaciones, por el alejamiento de ellas de los que no viven de la pol铆tica, dejando solos a los prohombres pol铆ticos de profesi贸n, a su clientela y a los capitalistas, prestamistas y banqueros, que especulan con los ahogos del erario鈥.
Y conclu铆a Valera, en un rapto de melancol铆a, 茅l, lo m谩s alejado del intelectual melanc贸lico que pueda encontrarse en el siglo XIX: 鈥淭odo esto hace nuestra historia pol铆tica algo tan sin finalidad y sin prop贸sito y tan desenga帽ado que da gran dolor el tener que escribirla鈥.
Gran dolor y cierta melancol铆a habr铆an producido a don Juan los prop贸sitos de este gobierno de quitar diez, 15 o 30 a帽os para volver 驴ad贸nde? 驴Ad贸nde quieren ir a parar los ministros de Justicia y de Educaci贸n con unas reformas que no lo son sino desandar el camino mudando leyes apenas ensayadas?
Y no se diga que se trata de pol铆ticos no le铆dos ni instruidos. Uno, cient铆fico social, lleva escritos, para el placer de sus lectores, sutiles an谩lisis sobre las causas que determinan que las encuestas de opini贸n nunca acierten al predecir los resultados electorales; el otro, cient铆fico jur铆dico, experto en construir impecables, si algo relamidas, peroratas sobre el imperio de la ley, y dizque el m谩s progresista de los pol铆ticos vivos, contando los de la oposici贸n.
Cient铆ficos y progresistas lo ser谩n en el arte de restar a las mil maravillas, de destejer lo ya tejido. Suprimir los plazos en la legislaci贸n sobre aborto, eliminar de la ense帽anza la ciudadan铆a, cambiar a la brava los programas de oposiciones, introducir la obligatoriedad 鈥攐 sea, la privada concertada鈥 en el primer curso de la segunda e-ismo que ya importaba en tiempos de Larra y Valera: la especulaci贸n de capitalistas, prestamistas y banqueros con los ahogos del erario.
S铆, tal vez haya algo de eso, pero toda la ret贸rica que acompa帽a a estas medidas literalmente reaccionarias, y que impregna hasta la m茅dula el programa del que forman parte, mira m谩s atr谩s, a la restauraci贸n en la moral p煤blica y en la educaci贸n de lo que con tramposos eufemismos 鈥攖ramposos por lo que ocultan鈥 llaman protecci贸n del derecho a la vida y oferta educativa plural que permita responder a las preferencias de ideario de las familias.
Se nota que son cient铆ficos y que detestan la ideolog铆a. Pero la peor de las ideolog铆as es la de quienes se proclaman enemigos de la ideolog铆a, porque son ellos quienes naturalizan su propia ideolog铆a: convierten en natural lo ideol贸gico. Y en ese arte, desde los tiempos de fray V茅lez hasta los de Rouco Varela, la maestra en Espa帽a ha sido y es la Iglesia cat贸lica.
Por qu茅 motivos en una sociedad secularizada, que desde hace medio siglo ha desertado sin pausa, y sin quebranto, la moral y la pr谩ctica religiosa, dos ministros cultivados pugnan por dar gusto a la fracci贸n clerical-reaccionaria de su partido es grande misterio al que uno, como el confitero de Larra, que se hab铆a quedado dormido de confusi贸n y pesadumbre, despertando despavorido, solo sabr铆a responder: 鈥溌i opini贸n, s铆, mi opini贸n, se帽ores, es que Dios nos asista!鈥.
Dinero y moralidad, de Paul Krugman en Negocios de El Pa铆s
Ultimamente, la desigualdad ha vuelto a ser tema de conversaci贸n nacional. Ocupa Wall Street dio visibilidad al asunto, mientras que la Oficina de Presupuestos del Congreso proporcion贸 datos rigurosos sobre el aumento del desfase salarial. Y el mito de una sociedad sin clases ha quedado en evidencia: entre los pa铆ses ricos, Estados Unidos sobresale como el lugar en el que la condici贸n econ贸mica y social tiene m谩s probabilidades de ser heredada.
As铆 que ya sab铆amos lo que iba a pasar a rengl贸n seguido. De repente, los conservadores nos est谩n diciendo que, en realidad, la cuesti贸n no es el dinero; es un problema de moralidad. El estancamiento de los salarios y todo eso es lo de menos, el verdadero problema es el hundimiento de los valores familiares de la clase trabajadora, lo cual por alguna raz贸n es culpa de los liberales.
驴Pero de verdad que todo es una cuesti贸n de moralidad? No, es fundamentalmente una cuesti贸n de dinero.
Para ser justos, el nuevo libro en torno al cual gira el contraataque conservador, Coming Apart: The State of White America, 1960-2010 (Fragmentaci贸n: la situaci贸n del EE UU blanco, 1960-2010), de Charles Murray, en efecto pone de relieve algunas tendencias sorprendentes. Entre los estadounidenses blancos con un nivel de educaci贸n secundaria o m谩s bajo, la tasa de matrimonios y la participaci贸n de los hombres en la fuerza laboral han descendido, mientras que los nacimientos fuera del matrimonio han aumentado. Claramente, la sociedad trabajadora blanca ha cambiado en formas que no pintan nada bien.
Pero la primera pregunta que uno debe hacerse es: 驴verdaderamente est谩n las cosas tan mal en lo que a valores se refiere?
Por lo visto, Murray y otros conservadores tienden a dar por sentado que el declive de la familia tradicional tiene repercusiones terribles para la sociedad en su conjunto. Naturalmente, esta es una postura que viene de antiguo. Al leer a Murray, me puse a pensar en una diatriba anterior, el libro de 1996 de Gertrude Himmelfarb, The Demoralization of Society: From Victorian Virtues to Modern Values (La desmoralizaci贸n de la sociedad: de las virtudes victorianas a los valores modernos), que hablaba m谩s o menos del mismo tema, afirmaba que nuestra sociedad se estaba viniendo abajo y predec铆a una desintegraci贸n a煤n mayor a medida que prosegu铆a el deterioro de las virtudes victorianas.
Pero lo cierto es que algunos indicadores de la disfunci贸n social han mejorado dr谩sticamente, a pesar de que la familia tradicional sigue perdiendo terreno. Que yo sepa, Murray nunca menciona ni el descenso de los embarazos en adolescentes en todos los grupos raciales desde 1990, ni la disminuci贸n en un 60% de los cr铆menes violentos desde mediados de la d茅cada de 1990. 驴Podr铆a ser que las familias tradicionales no sean tan cruciales para la cohesi贸n social como pregonan?
Aun as铆, est谩 claro que algo le est谩 sucediendo a la familia tradicional de clase trabajadora. La pregunta es qu茅. Y francamente, es sorprendente con qu茅 rapidez y con qu茅 alegr铆a rechazan los conservadores la respuesta aparentemente obvia: una reducci贸n dr谩stica de las oportunidades de empleo al alcance de los hombres con un nivel de estudios bajo.
La mayor铆a de las cifras que vemos sobre las tendencias salariales en EE UU se centran en las familias m谩s que en los individuos, lo cual tiene sentido para determinados prop贸sitos. Pero si observamos el modesto aumento en los salarios de los escalafones m谩s bajos de la distribuci贸n de la renta, hay que fijarse en que este aumento en su totalidad 鈥攕铆, en su totalidad鈥 proviene de las mujeres, tanto porque hay m谩s mujeres entre los asalariados como porque los sueldos de las mujeres no est谩n tan por debajo de los de los hombres como sol铆an estar.
Sin embargo, para los hombres trabajadores con un bajo nivel de estudios, todo ha sido negativo. El salario base, ajustado a la inflaci贸n, de los hombres que tienen terminado el bachiller han ca铆do un 23% desde 1973. Por otro lado, las prestaciones del trabajador han ca铆do en picado. En 1980, el 65% de los trabajadores con el bachillerato reci茅n terminado que trabajaban en el sector privado ten铆an seguro m茅dico, pero en 2009, el porcentaje hab铆a descendido hasta el 29%. De modo que nos hemos convertido en una sociedad en la que los hombres con pocos estudios tienen grandes dificultades para encontrar un empleo con un sueldo decente y buenas prestaciones. Pero, por alguna raz贸n, se supone que tenemos que sorprendernos de que estos hombres tengan menos probabilidades de formar parte de la fuerza laboral o de casarse, y llegar a la conclusi贸n de que ha debido de haber un misterioso cataclismo moral causado por los liberales pijos. Y Murray tambi茅n nos dice que los matrimonios de la clase trabajadora, si es que se producen, se han vuelto menos felices; por extra帽o que parezca, los problemas de dinero hacen eso.
Y un pensamiento m谩s: el verdadero ganador en esta controversia es el distinguido soci贸logo William Julius Wilson. All谩 por 1996, el mismo a帽o en que Himmelfarb se lamentaba del hundimiento de nuestros valores morales, Wilson publicaba When Work Disppears: The New World of the Urban poor (Cuando el trabajo desaparece: el nuevo mundo de los pobres de ciudad), en el que sosten铆a que gran parte de los alborotos sociales entre los afroamericanos, generalmente atribuidos a un desplome de los valores. En verdad se deb铆an a la falta de trabajos manuales en las zonas urbanas. Si estaba en lo cierto, es de esperar que suceda algo parecido si otro grupo social 鈥攑or ejemplo, los blancos de clase trabajadora鈥 experimentaran una p茅rdida de oportunidades econ贸micas comparable. Y as铆 ha sido.
De modo que deber铆amos rechazar el intento de alejar la conversaci贸n nacional del aumento de la desigualdad y centrarla en los defectos morales de los estadounidenses que se est谩n quedando rezagados. Los valores tradicionales no son tan esenciales como a los conservadores sociales les gustar铆a hacernos creer y, en cualquier caso, los cambios sociales que se est谩n produciendo en la clase trabajadora de EE UU son en su mayor铆a la consecuencia, no la causa, del dr谩stico alza de la desigualdad.
Paul Krugman es profesor de Econom铆a de Princeton y premio Nobel 2008.
Traducci贸n de News Clips.
Capitalismo coronario, de Kenneth Rogoff en Negocios de El Pa铆s
Necesitamos instituciones nuevas y mucho mejores para proteger los intereses a largo plazo de la sociedad
Las fallas generalizadas y sistem谩ticas en el asunto de la regulaci贸n son los problemas evidentes de los que nadie quiere hablar cuando se trata de reformar el capitalismo occidental de hoy. S铆, se ha hablado mucho de la da帽ina din谩mica pol铆tica, regulatoria y financiera que provoc贸 el ataque cardiaco de la econom铆a global en 2008 (con lo que comenz贸 lo que Carmen Reinhart y yo llamamos la segunda gran contracci贸n). Sin embargo, 驴se trata solo de un problema de la industria financiera o es un ejemplo de una deficiencia m谩s profunda del capitalismo occidental?
Pensemos en la industria de los alimentos, y en particular en la mala influencia que a veces tiene en la nutrici贸n y en la salud. Las tasas de obesidad se est谩n disparando en todo el mundo, aunque entre los pa铆ses m谩s grandes tal vez el problema es m谩s grave en EE UU. Seg煤n los centros para el control y prevenci贸n de enfermedades de EE UU, aproximadamente una tercera parte de los adultos de ese pa铆s son obesos (indicado por el 铆ndice de masa corporal superior a 30). Lo que es todav铆a m谩s sorprendente es que uno de cada seis ni帽os y adolescentes es obeso, un porcentaje que se ha triplicado desde 1980. [Para su informaci贸n, mi esposa produce un programa de televisi贸n y de Internet llamado kickinkitchen.tv que tiene como objetivo luchar contra la obesidad infantil.]
Por supuesto, los problemas de la industria de los alimentos los han puesto de relieve en茅rgicamente expertos en nutrici贸n y salud, incluidos Michael Pollin y David Katz, e indudablemente tambi茅n lo han hecho muchos economistas. Adem谩s, hay muchos otros ejemplos en una amplia variedad de productos y servicios en donde se podr铆an encontrar cuestiones similares. Sin embargo, quiero centrarme en la relaci贸n que hay entre la industria alimentaria y los problemas m谩s graves del capitalismo contempor谩neo (que sin duda ha facilitado el auge de la obesidad en todo el mundo) y la raz贸n por la que el sistema pol铆tico estadounidense le ha dedicado muy poca atenci贸n al asunto (aunque la primera dama, Michelle Obama, ha hecho importantes esfuerzos para crear conciencia sobre el problema).
La obesidad afecta a la esperanza de vida de muchas maneras, que van desde las enfermedades cardiovasculares hasta algunos tipos de c谩ncer. Adem谩s, la obesidad 鈥攃iertamente la m贸rbida鈥 puede afectar a la calidad de vida. Los costes no solo los asume el individuo, sino tambi茅n la sociedad 鈥攄irectamente, a trav茅s del sistema sanitario, e indirectamente, mediante la p茅rdida de productividad, por ejemplo, y mayores costes de transporte (m谩s combustible de avi贸n, asientos m谩s amplios, etc茅tera).
Sin embargo, la epidemia de obesidad no interrumpe en absoluto el crecimiento. Los alimentos altamente procesados a base de ma铆z, que llevan numerosos aditivos qu铆micos, son bien conocidos por ser un importante motor del aumento de peso, pero desde una perspectiva convencional de contabilidad del crecimiento son excelentes. Las grandes empresas agr铆colas reciben dinero por producir ma铆z (a menudo subsidiado por el Gobierno), y los procesadores de alimentos reciben dinero por a帽adir toneladas de qu铆micos para crear un producto adictivo 鈥攜 por tanto, irresistible鈥. Al mismo tiempo, los cient铆ficos reciben dinero por encontrar la mezcla exacta de sal, az煤car y qu铆micos para hacer altamente adictiva la comida instant谩nea m谩s nueva; los anunciantes reciben dinero por promoverla; y al final, la industria de la salud gana fortunas al tratar la enfermedad que inevitablemente se produce.
El capitalismo coronario es fant谩stico para el mercado burs谩til, que incluye compa帽铆as en todas estas industrias. Los alimentos altamente procesados tambi茅n son buenos para la creaci贸n de empleos, incluidos los de alto nivel en las 谩reas de la investigaci贸n, la publicidad y los servicios sanitarios.
Entonces, 驴qui茅n podr铆a quejarse? Desde luego, no los pol铆ticos, que son reelegidos cuando abundan los empleos y los precios de las acciones suben 鈥攜 obtienen donaciones de todas las industrias que participan en la producci贸n de alimentos procesados. En efecto, en EE UU, los pol铆ticos que osaran hablar de las implicaciones de los alimentos procesados para la salud, el medio ambiente o la sostenibilidad se quedar铆an en numerosas ocasiones sin financiamiento para sus campa帽as.
Cierto: las fuerzas del mercado han alentado la innovaci贸n, que continuamente ha reducido los precios de los alimentos procesados, mientras que los precios de las frutas y verduras que todos conocemos han subido. Es un punto razonable, pero pasa por alto el enorme fracaso del mercado.
Los consumidores reciben muy poca informaci贸n en las escuelas, bibliotecas o campa帽as de salud; en cambio, los mensajes publicitarios los inundan con informaci贸n err贸nea. Las circunstancias de los ni帽os son especialmente alarmantes. Dado que en la mayor parte de los pa铆ses hay pocos recursos para tener una televisi贸n p煤blica de alta calidad, los ni帽os quedan cooptados por los canales que pagan los anunciantes, incluidos los de la industria de alimentos.
M谩s all谩 de la desinformaci贸n, los productores tienen pocos incentivos para confrontar los costes del da帽o ambiental que provocan. Igualmente, los consumidores no tienen muchos motivos para asumir los costes de salud relacionados con la elecci贸n de sus alimentos.
Ser铆a suficientemente grave que nuestros 煤nicos problemas fueran los ataques al coraz贸n que provoca la industria de los alimentos y el fen贸meno econ贸mico equivalente que facilita la industria financiera. Sin embargo, la din谩mica patol贸gica del marco regulatorio, pol铆tico y econ贸mico que caracteriza a estas industrias es mucho m谩s da帽ina. Necesitamos desarrollar instituciones nuevas y mucho mejores para proteger los intereses de largo plazo de la sociedad.
Por supuesto, el equilibrio entre la soberan铆a de los consumidores y el paternalismo siempre es un asunto delicado. No obstante, bien podr铆amos empezar a crear un equilibrio m谩s sano que el que tenemos ahora mediante informaci贸n p煤blica m谩s efectiva a trav茅s de una amplia gama de plataformas para que las personas puedan empezar a tomar decisiones de consumo y pol铆ticas mejor fundamentadas.
Kenneth Rogoff, profesor de Econom铆a y Pol铆ticas P煤blicas de la Universidad de Harvard, fue economista en jefe del FMI.
漏 Project Syndicate, 2012.
Traducci贸n de Kena Nequiz.
“Trellat”, de Enric Juliana en La Vanguardia
CUADERNO DE MADRID
Trellat es hoy la palabra de moda en Valencia. Desde que estall贸 la crisis es una de las expresiones populares m谩s utilizadas por las tres grandes familias valencianas: los que se ponen nerviosos con s贸lo pensar que hablan una variante del idioma catal谩n; los que aceptan una relaci贸n fraterna con el catal谩n (con una 煤nica condici贸n: 鈥淗ermanos, pero no primos鈥), y los castellanohablantes. Trellat: raz贸n, fundamento l贸gico, claridad de juicio, y tambi茅n resultado pr谩ctico de una acci贸n llevada a buen t茅rmino. Es el seny de los valencianos.
Convenientemente mitificado, el seny se ha convertido en algo as铆 como el freno de mano de los catalanes. De la apolog铆a del sentido com煤n del escol谩stico Jaume Balmes al servilismo de Jos茅 Sazatornil en La escopeta nacional de Berlanga. Cuando en Catalunya se habla de seny, algo se pretende frenar (una radicalidad, un atrevimiento o un disparate). Trellat, por el contrario, se usa hoy en Valencia como signo de reacci贸n. Es una reivindicaci贸n de la raz贸n pr谩ctica ante los desaguisados econ贸micos, pol铆ticos y morales cometidos en el interior de la burbuja inmobiliario. Trellat se est谩 poniendo de moda como consigna y conjuro ante la actual tendencia espa帽ola a escarnecer los excesos, las penas y las dificultades de los valencianos; unas, trabajadas a pulso, otras, no tanto.
En Catalunya suele hablarse del entrellat con un significado muy distinto: enigma, intr铆ngulis, misterio, laberinto. (una persona con seny siempre lograr谩 resolver el entrellat). Trellat tiene hoy en boca de los valencianos un eco reformista ante las simplificaciones de derecha y de izquierda, por ejemplo, un reciente reportaje de La Sexta sobre la supuesta querencia levantina por la corrupci贸n, que ha levantado ampollas.
El importante editorial del diario Las Provincias del pasado 19 de enero con el t铆tulo 鈥淰alencia es mucho m谩s鈥 iba en b煤squeda del trellat: 鈥淩esulta casi obvio se帽alar que, a la vista de los resultados, muchas cosas se han hecho mal. Y no se trata en esta hora dif铆cil para los valencianos de ocultar ni los problemas ni las equivocaciones. La sociedad no lo permitir铆a. Los ciudadanos reclaman responsabilidades y exigen explicaciones acerca de c贸mo se ha llegado a este agujero negro en que se halla sumida su regi贸n. Los casos de corrupci贸n 鈥搇l谩mense G眉rtel, Emarsa, Brugal o cualquier otro鈥 y los de despilfarro 鈥搖n aeropuerto de Castell贸n sin aviones ni pasajeros o el redundante 脕gora鈥 precisan de luz y taqu铆grafos, de claridad y puertas abiertas para que la justicia pueda hacer su trabajo (como est谩 ocurriendo), para que el Estado de derecho, con todas sus garant铆as, funcione y demuestre que goza de buena salud (…) A partir de estos errores evidentes, Valencia ha sido conducida ante la opini贸n p煤blica de toda Espa帽a y ha sido acusada, juzgada y sentenciada. La condena es el escarnio (…) Los errores de una clase pol铆tica que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias se trasladan a toda la sociedad, a los ciudadanos, a las empresas, a las instituciones. Lo valenciano est谩 de capa ca铆da ante los ojos del resto de los espa帽oles (…)鈥.
El manifiesto 鈥淢谩s sociedad civil鈥, lanzado el pasado domingo por veinte empresarios y profesionales con apellidos, algunos de ellos, vinculados a la burgues铆a tradicional valenciana, tiene trellat y muchas adhesiones, El creciente protagonismo de las organizaciones empresariales en el debate p煤blico y en la reivindicaci贸n del corredor ferroviario mediterr谩neo contiene trellat, y m谩s lo va a tener un pr贸ximo pronunciamiento del empresariado valenciano pidiendo una revisi贸n del actual modelo de financiaci贸n de las autonom铆as (ya saben, el gen mediterr谩neo de la deuda con el que un d铆a nos sorprender谩 la revista Science: las tres comunidades m谩s endeudadas, Catalunya, Valencia y Baleares, contribuyen a la solidaridad interna espa帽ola, pivotan sobre la peque帽a y media empresa, no viven bajo la sombra de los ministerios y se hallan lejos del fuero).
Tienen trellat los esfuerzos para evitar la evaporaci贸n del Banco de Valencia y las cr铆ticas cada vez menos veladas a Rodrigo Rato por la manera como Bankia est谩 gestionando los intereses valencianos, toda vez que la asimilaci贸n de Bancaja ha permitido a la antigua Caja Madrid acceder a m谩s ayudas del FROB. Con una base de 47.000 peque帽os accionistas, el Banco de Valencia se est谩 convirtiendo en casus belli.
Hay trellat en la afirmaci贸n o铆da el pasado martes en un amable almuerzo compartido con la plana mayor de la Asociaci贸n Valenciana de Empresarios (AVE): 鈥淧ara Valencia comienza a ser importante un mayor equilibrio entre Madrid y Barcelona鈥.
Y tendr谩 trellat un enfoque m谩s inteligente y menos pasional de la cuesti贸n del agua, verdadera piedra de toque de las complejas relaciones entre valencianos y catalanes. En Catalunya, concretamente en Lleida, hay ideas interesantes al respecto, elaboradas por la gente del Comprom铆s per Lleida: el agua como mutualidad entre territorios. Ideas para resolver el entrellat y abrir nuevas perspectivas. Que es lo que hoy, de verdad, importa.
Mimi y el se帽or presidente, de Valent铆 Puig en La Vanguardia
Los m谩rgenes de la vida privada para quien es protagonista de la vida p煤blica son asunto de dif铆cil resoluci贸n
Se llamaba Mimi, ten铆a 19 a帽os, era becaria en la Casa Blanca y ahora dice que entreg贸 su virginidad al presidente Kennedy. Desde entonces, el secreto con que Kennedy logr贸 llevar su intensa vida extramatrimonial resulta a煤n m谩s inexplicable. Todos dicen que lo sab铆an pero nadie dijo nada. Clinton tuvo otro tratamiento. Incluso el rumor sobre una relaci贸n extramatrimonial de Eisenhower, durante la guerra, con su ch贸fer y secretaria, la superdiscreta Kay Summersby, no pudo con la solidez de su matrimonio con Mamie, ni tuvo titulares en la prensa del momento. Muchos ciudadanos norteamericanos ignoraban que el presidente Roosevelt estaba incapacitado por la polio. Con un esfuerzo sin igual, logr贸 caminar, agarr谩ndose del brazo de su hijo. Tutel贸 el New Deal, lider贸 a su pa铆s en la guerra tras Pearl Harbour. Fue uno de los grandes presidentes. La debilidad de Churchill no fueron las mujeres: lo que le gustaba eran el champ谩n y el whisky en cantidades notables. Sin abandonar casi nunca el cigarro puro, logr贸 que el Reino Unido resistiera la embestida de Hitler. Hoy seguramente ser铆a un pol铆tico marginal, demasiado pol铆ticamente incorrecto, un tipo pintoresco.
Se seguir谩 discutiendo si Kennedy fue un gran presidente. Cuba, la guerra fr铆a, los derechos civiles ocuparon sus jornadas, combinando interludios de intimidad sexual con una apreciable variedad de mujeres. Entre todas, Marilyn Monroe zarandea sus caderas embutida en lam茅 y le canta Happy Birthday a su amante presidencial. Todo eso simplifica la imagen actual de Jack Kennedy pues, siendo la an茅cdota el material de la historia, tambi茅n la reduce mucho. Ahora mismo, la familia Eisenhower se ha incomodado con una versi贸n excesivamente r煤stica que se quiere dar de uno de los grandes presidentes de EE.UU. al construirle un memorial en Washington. Eisenhower se esforzaba en dar una imagen plana, del todo asequible, siendo como era un pol铆tico de astucia maquiav茅lica con un control permanente de las cosas aunque pareciera estar jugando al golf todos los d铆as. Supo aparecerse como la ant铆tesis del liderato de voluntad cuando en realidad gobernaba de modo inexpugnable. Tuvo dos mandatos y su lema acabar铆a siendo 鈥淣unca lo pasasteis tan bien鈥. Tuvo de r煤stico lo que De Gaulle de modesto.
驴A qu茅 viene que ahora Mimi, Mimi Alford, se acuerde de aquel verano de 1962 en que fue invitada a nadar en la piscina de la Casa Blanca y luego a unas copas? Acab贸 consintiendo perder la virginidad 鈥揷uenta en un libro鈥 en la habitaci贸n de Jackie Kennedy. La historia dur贸 lo que duraban estas cosas con Kennedy: unos meses. En aquel 1962, el astronauta John Glenn dio varias vueltas alrededor de la Tierra, tuvo lugar lo que el r茅gimen de Franco llam贸 contubernio de Munich, el mundo tembl贸 con la crisis de los misiles en Cuba, Argelia se independizaba, se casaban Juan Carlos y Sof铆a, comenz贸 el Vaticano II, murieron Faulkner y Marilyn.
El republicano Newt Gingrich ha pugnado en las primarias sin importarle mucho las revelaciones sobre sus infidelidades matrimoniales en el pasado. Ha dado unos capotes despampanantes y los adictos al Tea Party le han comprendido. Algunos seguramente son los mismos que clamaron contra la libido insaciable de Clinton. Gingrich dice que la irresponsabilidad de Clinton no fue la agitaci贸n sexual sino mentir. Algo est谩 cambiando, aunque sin llegar a la pr谩ctica complacencia del electorado franc茅s con la vida privada de los presidentes de la Rep煤blica. Caudaloso caso Mitterrand.
Los m谩rgenes de la vida privada para quien es protagonista mayor o menor de la vida p煤blica es un asunto de dif铆cil resoluci贸n geom茅trica o jur铆dica. La ciudadan铆a tiene derecho a saber, el cuarto poder tiene la obligaci贸n de informar, el secretismo es impropio de una democracia, pero, 驴en qu茅 medida una personalidad p煤blica no tiene derecho a la vida privada? 驴Hasta qu茅 punto su vida privada tiene que quedar desprotegida ante la intromisi贸n y la pugnacidad de los paparazzi? Las grabaciones ilegales practicadas por la prensa de Murdoch han llevado a un extremo de degradaci贸n.
En sus merodeos sexuales, 驴estaba Kennedy siempre localizable en caso de crisis grave? 驴La deslealtad con su mujer y su vida familiar importa o no importa en quien tiene que ser leal a su juramento y a la verdad? En el caso de los periodistas, 驴no tienen otra cosa mejor que hacer que fotografiar al pr铆ncipe Carlos de Inglaterra bajo la ducha? La becaria Mimi cedi贸 a los poderes seductores de Kennedy 鈥搒eg煤n cuenta鈥 entre daiquiris. Ella llevaba la colonia 4711. 脡l no la bes贸 en los labios. Luego, tomaron abundantes ba帽os, juntos. Fueron al rancho de Bing Crosby. Un ep铆logo para a帽adir a las biograf铆as de Kennedy, si en algo fuese cierto. Qui茅n sabe a qu茅 se debe que, con 69 a帽os, Mimi Alford haya decidido contar sus experiencias sexuales del verano de 1962. Puede ser un compromiso nobil铆simo de la verdad o tambi茅n consecuencia inevitable de lo caro que se ha puesto vivir el retiro en Florida.
Petr贸leo inel谩stico de Mariano Marzo en Dinero de La Vanguardia
Un reciente art铆culo publicado en la revista de referencia cient铆fica Nature se帽ala que desde el 2005, a帽o en que la producci贸n global de crudo se situ贸 en torno a los 74 millones de barriles diarios (mbd), hemos entrado en un prolongado periodo de estancamiento, puntuado por subidas y bajadas, pero sin superar un techo cercano a los 75 mbd alcanzados en el 2010. Una tendencia que contrasta con el aumento de la producci贸n experimentado desde finales del siglo pasado.
El trabajo que les comento, firmado por James Murray, un cient铆fico de la Universidad de Washington, en Seattle, y David King, director de la Smith School of Enterprise and the Environment de Oxford y ex consejero cient铆fico del Gobierno Brit谩nico, tambi茅n presenta otra interesante conclusi贸n. La comparaci贸n entre precios y producci贸n de crudo, desde 1998 hasta la actualidad, permite constatar que el inicio del estancamiento en la producci贸n detectado a partir del 2005 coincide con una abrupta transici贸n entre dos 茅pocas: una, en la que el suministro respond铆a de forma el谩stica ante cualquier incremento de precios causado por un aumento de la demanda, y otra, inel谩stica, caracterizada por una amplia fluctuaci贸n de los precios en respuesta a cualquier peque帽o cambio de la demanda.
La econom铆a del petr贸leo podr铆a, por tanto, estar adentr谩ndose en un pantanoso terreno de volatilidad extrema. La pregunta es: 驴por qu茅 no hemos detectado este posible problema con la antelaci贸n necesaria para gestionarlo de forma adecuada? Seguramente, los motivos son muchos y variados, pero hay uno que merece ser destacado: el de la escasa fiabilidad de las estad铆sticas sobre el petr贸leo. Estas constituyen un claro ejemplo de contabilidad creativa. Les citar茅 s贸lo dos ejemplos.
El primero es la pr谩ctica de diversos organismos de referirse en sus an谩lisis, no a la producci贸n de petr贸leo, sino a la de combustibles l铆quidos. Estos 煤ltimos incluyen: el crudo, los petr贸leos no convencionales, los l铆quidos del gas natural (LGN) y los biocombustibles. Con esta nueva contabilidad se consigue transmitir el mensaje de que todo va bien: el suministro de l铆quidos, expresado en millones de barriles diarios, aumenta, adapt谩ndose aparentemente a una demanda creciente. Sin embargo, se omite una informaci贸n esencial: el contenido energ茅tico de un barril de crudo no es el mismo que el de otros l铆quidos, de forma que, por ejemplo, un barril de LGN tan s贸lo reemplaza 0,7 barriles de un crudo est谩ndar. Si tenemos en cuenta esta equivalencia, y que el crudo representa un porcentaje cada vez menor del total de la producci贸n global de l铆quidos, resulta que si expresamos esta en unidades energ茅ticas, no en barriles, hace ya seis o siete a帽os que dicha producci贸n est谩 estancada. Y la situaci贸n se agravar谩 en el futuro, ya que las proyecciones apuntan a que la aportaci贸n de los LGN al suministro global de l铆quidos pasar谩 de un 13,5% en el 2010, al 16,1% en el 2020 y al 17,8% en el 2035.
El segundo ejemplo de contabilidad creativa es la de referirse a las reservas de petr贸leo en n煤mero de barriles, sin especificar el contenido energ茅tico neto de los mismos. Dicho contenido resulta de la diferencia entre la energ铆a bruta suministrada por un barril y la consumida en el proceso de extracci贸n.
Sin duda, el petr贸leo f谩cil y barato es cosa del pasado: la producci贸n se est谩 desplazando a 谩reas menos accesibles y m谩s remotas, necesitamos perforar a mayores profundidades y cada vez dependemos m谩s de los petr贸leos no convencionales que requieren de unas t茅cnicas de extracci贸n m谩s agresivas y costosas. Por todo ello, la energ铆a invertida en el proceso de producci贸n de un barril est谩 aumentando, lo que significa que, independientemente de que las reservas mundiales puedan crecer en n煤mero de barriles, la energ铆a neta disponible est谩 disminuyendo de forma acelerada.
No hace falta ser un experto en f铆sica para darse cuenta que la industria energ茅tica no deber铆a medir su producci贸n en unidades de volumen, sino en unidades de energ铆a.
El uso de malas pr谩cticas de contabilidad, como las comentadas en este art铆culo, constituye una bomba de relojer铆a. Si la informaci贸n sobre las que basamos nuestros an谩lisis y prospectivas est谩 maquillada, lo normal es que un buen d铆a la realidad se nos desvele en toda su crudeza y que la burbuja nos estalle, una vez m谩s, en las narices.
Mariano Marzo. Catedr谩tico de Recursos Energ茅ticos de la Universitat de Barcelona (UB).
Cascos y el 25-M, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (12-02-2012)
El ojo del tigre
Las elecciones auton贸micas, convocadas para el pr贸ximo 25 de marzo de 2012 (25-M, para decirlo de acuerdo con el lenguaje tecnocr谩tico de la nueva democracia espa帽ola), indican, principalmente, que en esta autonom铆a asturiana quien marca los tiempos pol铆ticos es su presidente. Este privilegio personal seguramente lo hered贸 de quien fu茅 su maestro su maestro doctrinal Manuel Fraga, quien, en otros tiempos que son el gran antecedente did谩ctico de los actuales, frenaba en seco las urgencias aperturistas de aquellos que, siendo a煤n fieles a Franco, osaban sincerarse con aquel fogoso ministro de Informaci贸n y Turismo (es decir, ministro de Propaganda) cuando consegu铆an entrar en su despacho para expresarle las prisas que ten铆a este pa铆s para asegurarse una normalidad democr谩tica tan peligrosamente pendiente, como nunca lo hab铆a estado antes, de un fin铆simo hilo: el de la declinante senectud del superh茅roe del 18 de julio: Franco. El hombre no acababa de morirse; con lo cual, el aperturismo pol铆tico que postulaba la derecha civilizada no avanzaba.
脕lvarez-Cascos se form贸 ideol贸gica y pol铆ticamente en aquella inquieta Espa帽a, que ya no era una sociedad compacta, inasequible al desaliento, tal como lo hab铆a sido con el glorioso Movimiento Nacional. El franquismo se hab铆a convertido en un r茅gimen protagonizado por varias familias pol铆ticas: los mon谩rquicos legitimistas (partidarios de don Juan de Borb贸n); los falangistas que arropaban a Gir贸n, su l铆der natural, apretuj谩ndose dentro del bunker; los juancarlistas; los aperturistas, partidarios de una reforma pol铆ticamente pr贸xima a la democracia鈥 Como le dec铆a uno de aquellos reformistas al corresponsal en Espa帽a de la revista francesa L鈥橢xpress: Los barrotes de la jaula se han separado un poco, pero la jaula no ha cambiado鈥
Cascos aprendi贸 el arte de la pol铆tica dentro de aquella jaula, y el oficio de mandar en un medio espeso de maquiavelismo franquista que se respiraba entre aquellos barrotes; rodeado de reformistas, por un lado, y de inmovilistas atrincherados en su bunker, por el otro. En el adoctrinamiento de Cascos se mezclaron ciertos valores de los primeros, y repentinos tics de los segundos. El resultado es el que tenemos a la vista: un pol铆tico muy complejo. Dif铆cil de predecir; f谩cil de entender. Dif铆cil, porque se acostumbr贸 a manejar 茅l solo los tiempos; con lo cual, resulta imposible adivinar cu谩l ser谩 su pr贸xima decisi贸n. F谩cil de entender porque cada una de sus decisiones fundamentales suele ir acompa帽ada de un rotundo: Porque lo digo yo. Es el tic m谩s frecuente de la 茅poca de hierro del glorioso Movimiento Nacional, incluso cuando ya ten铆a los barrotes de la jaula bastante separados.
Cuando el impetuoso presidenta forista del Principado de Asturias decidi贸 que el 25 de marzo fuera d铆a electoral, no fue por una repentina ocurrencia sino por una calculada salida del atasco en que estaba atrapado su Gobierno. Era reh茅n de un c煤mulo de intereses de los otros partidos. Con su habitual capacidad para dramatizar la situaci贸n -capacidad muy propia de la cultura pol铆tica recibida鈥-, denunci贸 aquella situaci贸n como una consecuencia de un pacto secreto entre su antiguo partido PP y el PS(O)E. Una actualizada, e imaginada, conjura judeomas贸nica. Lo de siempre. A Cascos -como antes a Franco- sus ocurrencias siempre le dieron buenas oportunidades para seguir sentado en la c煤spide de su pir谩mide org谩nica. No digamos que, esta vez, Cascos se equivoc贸 porque, a lo mejor, resurge como un aut茅ntico caudillo de entre la pr贸ximas papeletas electorales de la primavera que viene. Al PP le interesa limar las asperezas que ahora mismo le impiden una relaci贸n natural, normal, fraternal con FAC. A los foristas -hermanos del PP separados 驴circunstancialmente鈥?-, lo mismo. No digo que acaben bailando agarrados, Cascos y Cherines, la pr贸xima m煤sica poselectoral. Pero s铆, quiz谩s, tarareando su estribillo.
Cascos tiene suerte, como la que ten铆a el Fara贸n que reposa en Cuelgamuros. Los dos son inasequibles al desaliento. Es muy dif铆cil eclipsarlos. En la d茅cada de los a帽os sesenta, y los inicios de la siguiente -hasta el d铆a 20 de noviembre de 1975-, la mayor铆a de los espa帽oles pensaban que Franco era inmortal. Hablando de este asunto dos viejos amigos -el periodista Haro Tecglen y el actor Fern谩n-G贸mez- dec铆a el periodista: A lo mejor es verdad que debajo de esa l谩pida del Valle de los Ca铆dos algo hay. Porque f铆jate e 脕lvarez-Cascos, es una reencarnaci贸n. Ocurr铆a esta conversaci贸n en un hotel de Madrid, en el a帽o 1977. Qui茅n la asegura a usted que no estamos ahora en v铆speras de confirmarse lo que, entonces, sospechaba el rojo de Haro Tecglen. No pierda usted de vista el pr贸ximo 25.M.
Lorenzo Cordero. Periodista.
Bajo la 芦navaja de Ockham禄, de Pedro J. Ram铆rez en El Mundo
CARTA DEL DIRECTOR
La azarosa vida del franciscano ingl茅s Guillermo de Ockham, a caballo entre los siglos XIII y XIV, a mitad de camino entre las disputas teol贸gicas sobre la pobreza evang茅lica y el pulso pol铆tico entre el Papado y el Sacro Imperio Romano Germ谩nico, merecer铆a como poco una miniserie de televisi贸n. No en vano Umberto Eco se inspir贸 en 茅l para forjar la figura de su tocayo el monje detective Guillermo de Baskerville. Pero su nombre no ha pasado a los libros de citas por la proposici贸n 芦inocente禄 que le hizo a Luis IV de Baviera -芦Defi茅ndeme con la espada y yo te defender茅 con la pluma禄- sino por un axioma filos贸fico que vino a revolucionar las reglas de la l贸gica: 芦Pluralitas non est ponenda sine necessitate禄. O lo que es lo mismo: 芦La pluralidad no debe ser postulada sin necesidad禄.
El resumen del resumen de este planteamiento tambi茅n conocido como 芦principio de parsimonia禄 es que, cuando caben varias explicaciones para interpretar un fen贸meno, lo correcto es optar por la m谩s simple. Es decir que es vano, pretencioso y absurdo 芦alcanzar con lo m谩s lo que puede ser alcanzado con lo menos禄.
Aunque en su Historia de la filosof铆a occidental Bertrand Russell define a Ockham como 芦b谩sicamente un fil贸sofo secular禄, la importancia que le atribuye no estriba tanto en su car谩cter de puente entre el escolasticismo y la l贸gica moderna sino en su condici贸n de restaurador de la pureza aristot茅lica frente a la complejidad y exuberancia de la teor铆a de las 芦entidades禄 postulada por Plat贸n y sus disc铆pulos.
De hecho fue esta contraposici贸n la que mucho tiempo despu茅s de su muerte llev贸 a acu帽ar el concepto de la 芦navaja de Ockham禄, en la medida en que su enfoque simplificador serv铆a para 芦afeitar las barbas de Plat贸n禄 con toda su proliferaci贸n ontol贸gica.
Pr谩cticamente no hay ninguna disciplina del saber, desde la ling眉铆stica a la biolog铆a pasando por la estad铆stica y la inform谩tica, en la que la 芦navaja de Ockham禄 con su principio de econom铆a, o si se quiere con su aparente ley del m铆nimo esfuerzo, no haya hecho valiosas aportaciones a la civilizaci贸n humana. Incluso uno de los primeros episodios de la serie House tom贸 prestado ese nombre para contar la historia de un paciente que parec铆a ser v铆ctima de una enfermedad muy sofisticada cuando en realidad le hab铆an recetado una medicina equivocada para la tos.
El problema es que la 芦navaja de Ockham禄 puede convertirse siempre en un arma de doble filo ya que en toda discusi贸n cada una de las partes suele alegar que en el fondo su explicaci贸n es la m谩s sencilla. V茅ase si no el debate entre defensores de la evoluci贸n de las especies y creacionistas en el que unos y otros esgrimen la cuchilla del franciscano medieval para rasurar en seco tanto la poblada barba marr贸n del Darwin de las exploraciones como la venerable barba blanca del Dios de la Historia sagrada.
Esto es lo que explica que la 煤nica excepci贸n a esa regla de utilidad multiusos, el 煤nico coto vedado a ese tirar por la calle de en medio haya sido el Derecho, siempre que ha estado basado en sus llamados 芦principios generales禄: las garant铆as procesales, la presunci贸n de inocencia o el principio acusatorio basado en la carga de la prueba. Para hacer justicia es imprescindible profundizar en la especificidad de los hechos y aportar las evidencias concretas que han de avalar toda condena.
Sensu contrario, el fulgor estereot铆pico de la 芦navaja de Ockham禄 en cualquier estrado judicial es poco menos que un infalible detector de la arbitrariedad, la superstici贸n y el abuso de poder. V茅ase si no lo producido por la Inquisici贸n, los tribunales revolucionarios desde la guillotina a los procesos de Mosc煤, los tribunales isl谩micos encargados de la aplicaci贸n de la sharia, el Comit茅 McCarthy o 茅ste tan contempor谩neo deudor de todos ellos llamado Tribunal de Arbitraje Deportivo o TAS.
No exagero ni un 谩pice. La doctrina de la 芦responsabilidad objetiva禄 funciona con el mismo inexorable automatismo que aplicaron sus predecesores. La detecci贸n de una sustancia prohibida en el organismo de un deportista equivale a la del maligno en los perseguidos por brujer铆a, a la de la ideolog铆a perversa ora en los contrarrevolucionarios ora en los comunistas, o a la del fruto de la relaci贸n pecaminosa en el cuerpo de esas mujeres que deben ser lapidadas incluso si han sido violadas.
脡ste es el silogismo: en el cuerpo de Contador hab铆a clembuterol, el clembuterol es una sustancia prohibida, ergo Contador es culpable. Aunque como toda instituci贸n que quiere que se sienta su poder rodea sus procedimientos de la m谩xima parafernalia, el TAS acaba de demostrar que en el fondo le resulta irrelevante la causa de la presencia de los 50 picogramos en el organismo de nuestro campe贸n. 驴Por qu茅 estaba esa sustancia ah铆 aun en proporci贸n infinitesimal? Pues simplemente porque hab铆a entrado sin que el interesado lo impidiera. Y a partir de esta premisa al tribunal le da igual que procediera de un acto deliberado de dopaje, de un filete de ternera tratada con anabolizantes o de un suplemento alimenticio contaminado. 芦Pluralitas non est ponenda sine necesitate禄.
Contador ha sido condenado sobre la base de una probabilidad -la hip贸tesis de que el clembuterol estaba en una de las barritas que ingiri贸- y encima por no hacer nada; es decir por la pasividad, que el TAS tipifica como 芦negligencia禄, consistente en no haber evitado el ingreso de la sustancia prohibida en su cuerpo. 驴C贸mo pod铆a haberlo hecho? 驴Acaso analizando esos suplementos perfectamente legales que inger铆a antes de probar cada bocado en un imaginario laboratorio de campa帽a tan sofisticado como el de Colonia al que el Tour mand贸 sus muestras de orina?
La siguiente perplejidad que genera la sentencia hecha p煤blica el lunes es el desprop贸sito de haber dedicado tantos esfuerzos y dinero -detectives de una y otra parte incluidos- a las pesquisas sobre la carne contaminada. Visto lo visto todo indica que Contador ha actuado con gran ingenuidad al perseguir la quimera de intentar probar que el clembuterol estaba en aquellos filetes adquiridos en Ir煤n, pues s贸lo ha dado pie a chistes f谩ciles para vagos mentales y, se descubriera lo que se descubriera, habr铆a resultado est茅ril pues la 芦navaja de Ockham禄 de la 芦responsabilidad objetiva禄 y la 芦negligencia禄 habr铆an seguido esper谩ndole a la vuelta de la esquina. La sentencia no dice que Contador tomara esas barritas alimenticias a sabiendas de que ten铆an clembuterol sino que supone, imagina, elucubra que estaban igual de 芦contaminadas禄 que lo habr铆a estado el filete.
Similar desaz贸n intelectual produce el hecho de que a pesar de todas sus incertidumbres el TAS aplique al ciclista la misma sanci贸n m谩xima que le habr铆a correspondido si hubiera sido cogido in fraganti en plena autotransfusi贸n. Este desenlace viene a avalar la tesis parad贸jica de la instructora del expediente abierto por la Federaci贸n Espa帽ola de Ciclismo de que al proponer suspenderle por un a帽o -lo cual no llevaba aparejada multa alguna- estaba en realidad tratando de protegerle de una ruinosa suspensi贸n por dos. Ahora el TAS se habr铆a ensa帽ado con la rebeld铆a de Contador de no aquietarse con un reconocimiento de culpabilidad aun sinti茅ndose inocente y a la vez habr铆a dado una lecci贸n a la Federaci贸n Espa帽ola por haber osado introducir en su resoluci贸n absolutoria los elementos de racionalidad procesal que demandaron desde Zapatero y Rajoy hasta 脕ngel Juanes y Enrique Gimbernat.
La prueba definitiva del completo desinter茅s del TAS por el bien jur铆dico a proteger -la equidad de la competici贸n frente a las ventajas tramposas adquiridas mediante estimulantes prohibidos- la encontramos en las penas accesorias que acarrea su sanci贸n. Arrebatarle a Contador el Giro que gan贸 limpiamente en 2011 bajo el microscopio de una veintena de an谩lisis y la lupa suspicaz de cr铆tica y p煤blico, en funci贸n del positivo por clembuterol en el Tour del a帽o anterior, es un acto de sadismo desp贸tico m谩s propio de los organizadores de las peleas de gladiadores del circo romano que de las autoridades deportivas del siglo XXI.
Tal vez 茅se sea el mensaje que en el fondo tratan de transmitir la Uni贸n Ciclista Internacional y la Agencia Mundial Antidopaje a trav茅s de su tribunal: demostrar qui茅n manda aqu铆. Dejar claro que en el deporte profesional existe una superestructura de poder con arbitrio absoluto sobre las vidas y haciendas de los sometidos a su autoridad. La lucha contra el dopaje se convierte as铆 en la ratio 煤ltima que lo justifica todo. Como la amenaza de la herej铆a, la connivencia de los enemigos de la Revoluci贸n con el enemigo exterior, los peligros de la secularizaci贸n de los creyentes o el riesgo de la infiltraci贸n comunista para la seguridad nacional. A grandes males, grandes remedios. Y siempre hay a mano un barbero de hierro con su 芦navaja de Ockham禄 bien afilada.
Nuestro Gobierno se ha equivocado obsesion谩ndose con el humo en lugar de buscar el origen del fuego. El valor del episodio de los gui帽oles de Canal+ Francia es s贸lo sintom谩tico. Sirve para poner en evidencia que con las actuales normas cualquiera -Nadal, Gasol, Casillas- podr铆a ser v铆ctima de la misma alcaldada que acaba de golpear a Contador. La utilizaci贸n de sofisticados instrumentos capaces de detectar cantidades infinitesimales de cualquier sustancia combinada con una doctrina de la 芦responsabilidad objetiva禄 que no establece un umbral m铆nimo de lo que debe considerarse doping deja a todo deportista de 茅lite inerme ante cualquier maniobra contra 茅l o su pa铆s. 驴No ha puesto por escrito el propio director del laboratorio de Colonia en una revista cient铆fica que hasta el agua del grifo puede contener clembuterol en proporciones como las detectadas a Contador?
Estamos ante un problema pol铆tico como lo son todos los relacionados con los derechos humanos. Con un presidente tan aficionado al ciclismo y un ministro te贸ricamente responsable del deporte, este Gobierno deber铆a reaccionar y tomar la iniciativa respecto al fondo del asunto. Aunque la tibieza con que Wert ha abordado las perentorias reformas educativas no es un buen augurio de su br铆o y competencia, a 茅l le corresponder铆a impulsar una ofensiva internacional para establecer la seguridad jur铆dica en el 谩mbito del derecho deportivo.
Como bien ha dicho uno de los tres representantes espa帽oles en la Agencia Mundial Antidopaje, el ex futbolista Alberto L贸pez Moreno, 芦ahora es el momento de plantear la revisi贸n del principio de responsabilidad objetiva禄. Qu茅 bochornosa resulta en cambio la actitud de Jaime Lissavetzsky quit谩ndose de en medio para llevar a t茅rmino de forma no conflictiva su mandato como miembro nada menos que del Comit茅 Ejecutivo de esa AMA dictatorial. Los estamentos deportivos est谩n llenos de Lissavetzkys para los que hasta los legendarios calificativos de Jos茅 Mar铆a Garc铆a se quedan cortos. Forman lo que uno de los jueces del TAS que han condenado a Contador defini贸 en un revelador aparte al final de las sesiones como 芦el sistema禄. Y ya se sabe que el 煤nico fin de todo 芦sistema禄 es su autopreservaci贸n.
El deporte es demasiado importante en nuestras vidas como para aceptar que se convierta en un Guant谩namo jur铆dico en el que no rigen los principios generales del Derecho. Si una sala del Tribunal Supremo decide condenar a Garz贸n y un jurado popular absolver a Camps tienen que hacerlo bas谩ndose en unos hechos probados. Mientras la unanimidad de siete magistrados de muy diversa ideolog铆a avala la primera sentencia, la divisi贸n del jurado popular reclutado en la autonom铆a que gobernaba el justiciable pone en duda la segunda. Afortunadamente existen los recursos y por ejemplo estoy seguro de que el Supremo revertir谩 el chapucero archivo del caso Manzano. Pero incluso los errores judiciales son asumibles como diezmo inevitable de la imperfecci贸n humana siempre que se produzcan dentro de los m谩rgenes de una legalidad compatible con los valores constitucionales.
Lo que es insoportable es tener delante un parque de atracciones en el que a la salida del t煤nel de la risa se aplica aquella justicia sumaria de la Reina de Corazones basada en el principio del 芦date por jodido禄. Despleguemos, pues, la 芦antinavaja de Kant禄 y repliquemos a los tiranos del deporte que 芦la variedad de seres -o de realidades, o de tipos de responsabilidad- no deber铆a ser neciamente disminuida禄. He aqu铆 una causa noble por la que movilizarse.
pedroj.ramirez@elmundo.es
驴El cable rojo o el azul?, de Victoria Prego en El Mundo
PREGUER脥AS
Este es el mayor terremoto no s贸lo econ贸mico sino tambi茅n pol铆tico y social que se ha producido en Espa帽a desde mucho antes de la Constituci贸n. Nunca el marco laboral espa帽ol hab铆a estado tan abierto en canal y nunca un gobierno se hab铆a atrevido a remover tan brutalmente las aguas ya muy agitadas de la vida de nuestro pa铆s.
Por supuesto, la vida pol铆tica ha sido removida con igual brutalidad, porque lo que anunci贸 el viernes la ministra de Empleo coloca al Gobierno al borde del precipicio y ah铆 lo va a mantener hasta que no se empiecen a atisbar los primeros resultados positivos de esta reforma que ma帽ana mismo entra en vigor. Si es que llegan a atisbarse, porque justamente ah铆 est谩 la tremenda inc贸gnita. Y ni el equipo de Mariano Rajoy est谩 seguro de lograr el 茅xito ni tampoco los sindicatos lo est谩n de que estas medidas garantizan el fracaso en la lucha contra el paro.
Por esa raz贸n, y aunque la inquietud es extraordinaria entre los trabajadores fijos -es decir, entre los privilegiados que hoy tenemos un empleo y un salario estables- los l铆deres sindicales no se han atrevido a echar los pies por alto y convocar de inmediato una huelga general.
No tienen la certeza de que la inmensa mayor铆a de los espa帽oles que ahora est谩n trabajando acudan a una convocatoria as铆. Y mucho menos la tienen de que los parados, j贸venes y viejos, acudan a ese llamamiento porque saben bien que es a ellos -a ellos s铆- a quienes estos important铆simos cambios en la legislaci贸n laboral les abren un resquicio para la esperanza.
De modo que ahora mismo lo que hay es una partida extraordinariamente arriesgada que no se va a terminar hasta por lo menos pasado un a帽o y medio -o dos, o incluso tres, como advirti贸 recientemente la se帽ora Merkel- desde hoy. Y, mientras ese tiempo transcurre, el Gobierno entra en una situaci贸n de clara fragilidad pol铆tica que no va a poder ser atenuada por el hecho de gozar de la tranquilidad parlamentaria que le proporcionan sus 186 esca帽os.
Los ataques procedentes de las filas de la oposici贸n encontrar谩n eco entre los ciudadanos. No s贸lo por lo dicho antes, porque los trabajadores fijos se sienten desde ayer en la cuerda floja. Tambi茅n porque quienes esperan encontrar empleo gracias a estas medidas no van a poder confirmar durante mucho tiempo que surten efecto positivo y no van a tener motivo alguno apoyarlas.
A partir de ahora las acusaciones que se les lancen desde las filas de la izquierda y de los sindicatos tendr谩n como denominador com煤n el recordatorio de que Mariano Rajoy y sus ministros no s贸lo han enga帽ado a sus electores sino que se han convertido en los mayores conculcadores de la historia de los derechos laborales de los espa帽oles. Y, por parte del Gobierno, no habr谩 una respuesta posible que se apoye en datos precisos. Contar谩, probablemente, con el respiro pol铆tico que le proporcione el respaldo de Converg猫ncia i Uni贸 y, tirando ya por lo alto, a lo mejor incluso hasta del PNV. Pero, por lo que se refiere a resultados, s贸lo se podr谩 abrir paso desde el banco azul del Congreso la formulaci贸n de una esperanza. Y el problema es que esa esperanza, la de que, al final, esta cirug铆a mayor termine por sanar a este enfermo casi desahuciado, va a tener que convivir con cifras galopantes de paro.
Porque ser铆a muy ingenuo pensar que, con la liberalizaci贸n de las condiciones para el despido, multitud de empresarios que ahora est谩n aguantando p茅rdidas porque no pueden asumir el coste econ贸mico de prescindir de algunos empleados, no alivien sus cuentas de resultados por la v铆a que se les acaba de abrir. Esto suceder谩 enseguida. Y suceder谩 mucho antes de que llegue el segundo movimiento que el Ejecutivo intenta provocar, que es que los peque帽os empresarios se acojan a las bonificaciones ofrecidas en esta reforma, se decidan a empezar a contratar a j贸venes o a parados de larga duraci贸n y se inicie as铆 un cambio de la espiral hacia el infierno en la que estamos viviendo.
As铆 que habr谩 m谩s paro, mucho m谩s paro, en los pr贸ximos meses. Y, el hecho de que el presidente lo haya advertido ya, no va a conseguir suavizar ni la incertidumbre de unos ni la indignaci贸n de otros.
La inc贸gnita es cu谩nto va a aguantar la sociedad espa帽ola en estas condiciones. El miedo al futuro es ahora mismo mayor que le miedo al presente, que ya es decir. Pero el Gobierno sabe que est谩 metido en una carrera no s贸lo contra el tiempo sino tambi茅n contra la paciencia y la capacidad de resistencia de los espa帽oles.
Puede que los sindicatos no consigan en estos momentos reunir las fuerzas suficientes para convocar una huelga que, por otra parte, tampoco en este instante tendr铆a efectos pol铆ticos demoledores sobre el equipo de Rajoy. Y puede incluso que tampoco se atrevan en este instante a agitar las calles del pa铆s en t茅rminos tan rotundos y violentos como los que se est谩n viviendo en Grecia. Pero este proceso va a ser tan dram谩ticamente tenso como esas escenas cinematogr谩ficas en las que alguien -siempre el bueno de la pel铆cula- se ve en la tesitura de decidir qu茅 cable corta, el rojo o el azul, para desactivar la bomba de relojer铆a que est谩 a punto de estallar. Esa cuenta atr谩s resulta tan angustiosa como lo va a ser en Espa帽a la espera hasta ver si, efectivamente, tras la sangre provocada se comprueba que, en efecto, se inicia la cicatrizaci贸n de la herida.
Si as铆 fuera, y ojal谩 que suceda, el Gobierno de Rajoy y, sobre todo el pa铆s, estar谩n salvados. Por el contrario, y dependiendo de c贸mo act煤en desde hoy, los sindicatos y los partidos de izquierda, quedar铆an seriamente debilitados.
Pero si la apuesta falla, no habr谩 mayor铆a parlamentaria que pueda resistir el empuje de la rebeli贸n ciudadana contra el PP y contra los responsables de esta reforma. Y no ser铆a s贸lo porque su proyecto para sacar a Espa帽a de la crisis habr铆a fracasado. Es que Espa帽a misma quedar铆a hundida. Y, en ese caso, las f贸rmulas de PSOE o de IU recuperar铆an el prestigio y el vigor del que en estos momentos carecen.
Ahora que estamos en mitad de la tormenta, cobra todo su sentido lo que un d铆a, nada m谩s llegar al cargo, asegur贸 en una conversaci贸n privada Soraya S谩enz de Santamar铆a: 芦Nosotros no hemos venido aqu铆 a quedar bien con todo el mundo, sino a hacer lo que hay que hacer. Y estamos dispuestos a quemarnos en la tarea禄. Ante el cuadro de mandos est谩n ya. El detonador est谩 activado. El reloj ha iniciado la cuenta atr谩s. Recemos a lo que sea para que corten el cable adecuado, por dios, y que lo corten antes de que la bomba estalle y saltemos todos por los aires.
victoria.prego@elmundo.es
Cuatro reformas en raya, de Jordi Sevilla en Mercados de El Mundo
LUCES LARGAS
A veces, desde los gobiernos, cuando no se sabe c贸mo resolver un problema, se cambia una ley. Con ello, se desv铆a la atenci贸n p煤blica desde la dificultad insoluble, a la m谩s posible reforma legal, transmitiendo una sensaci贸n de efectividad y de resoluci贸n aunque, con demasiada frecuencia, se trate de toreo de sal贸n acompa帽ado por ol茅s enlatados del p煤blico forofo.
Las dificultades de las autoridades espa帽olas para revertir la sangr铆a del paro -Rajoy acaba de anunciar en el Parlamento que este a帽o seguir谩 subiendo- les ha llevado a aprobar cuatro reformas laborales en el espacio de 20 meses. Con ello se ha demostrado dos cosas: que no hemos sido capaces de encontrar, hasta ahora, una soluci贸n estable a la regulaci贸n necesaria en este momento del mercado laboral y que, aunque todos los ministros del ramo dicen lo obvio, que una reforma laboral, per se, no genera empleo, todos pretenden encontrar una respuesta al paro en las leyes laborales.
Establecer una normativa para las relaciones laborales de un pa铆s, o cambiarla, no es una cuesti贸n t茅cnica, imparcial, objetiva, indiscutible o exenta de ideas y de creencias, como hemos visto con los avatares experimentados por propuestas como el contrato 煤nico hasta descubrir, tres a帽os despu茅s de formulada, que es inconstitucional seg煤n la ministra de Trabajo. Hablamos de mucho m谩s que de un mercado de tomates. Hablamos de personas, de su productividad y contribuci贸n al valor a帽adido, pero tambi茅n de su medio para ganarse la vida y, con demasiada frecuencia, de su principal fuente de autoestima y realizaci贸n personal. Por todo ello resulta fundamental responder a la siguiente pregunta: 驴c贸mo se mide el 茅xito de una normativa laboral y de su reforma?
Sin duda, una manera de medirlo es que tenga una elevada, o mayor, flexibilidad para convertir en creaci贸n de empleo la fase alcista del ciclo y conseguir f谩cil adaptaci贸n del mismo, en la bajista. Desde ese punto de vista, los cuatro millones y medio de empleos creados en Espa帽a entre 2000 y 2007 no deber铆an hacernos olvidar que, a pesar de ello, tanto la tasa de desempleo como la temporalidad del empleo creado eran demasiado elevadas para el contexto europeo. Como el hecho de que entre 2007 y 2011 se haya destruido 2,6 millones de empleos, evidencia que las empresas tienen pocas alternativas para ajustar costes ante la crisis, salvo la de despedir trabajadores.
Sin embargo, aunque la normativa laboral debe favorecer una mejor traducci贸n del crecimiento en empleo estable, as铆 como ofrecer opciones que permitan abaratar costes manteniendo la relaci贸n laboral, durante la crisis, el volumen de ocupaci贸n y sus caracter铆sticas principales depende del tipo de empresas que tengamos y de cuales sean los sectores econ贸micos principales que impulsen el desarrollo. Una econom铆a liderada por grandes empresas industriales, con fuerte componente de innovaci贸n, no genera el mismo sistema laboral que otra cuyo motor sean pymes en sectores estacionales como turismo o construcci贸. El informe de la Comisi贸n Europea sobre el baj铆simo nivel de nuestra inversi贸n privada en I+D+i tiene tanto o m谩s que ver con nuestra EPA que la reforma aprobada el viernes por el Gobierno.
Vincular el 茅xito de una reforma laboral a su impacto sobre el empleo creado o mantenido resulta, pues, parcial, por cuanto necesita que transcurra todo un ciclo econ贸mico para valorarla, teniendo presente, adem谩s, que sobre ello influye, igual o m谩s que la normativa laboral, otros factores estructurales de la econom铆a a los que no es ajeno la clase empresarial existentes. A pesar de la crisis, hoy trabaja en Espa帽a m谩s gente que en el 2000, sin que por ello hayamos cre铆do en la idoneidad de la regulaci贸n laboral.
En este sentido, sostengo que Espa帽a arrastra un problema estructural de oferta productiva insuficiente que influye sobre el mercado laboral haciendo posible un equilibrio de subempleo, inflaci贸n y d茅ficit comercial, que compatibiliza elevadas tasas de beneficios empresariales con paro localmente resistente.
La segunda manera de medir el 茅xito de una reforma laboral es evaluando el nuevo equilibrio conseguido entre la partes contratantes respecto al modelo que se persiga. Las leyes laborales interceden entre quien contrata (empresario) y quien es contratado (trabajador), de tal manera que protege m谩s a la parte considerada proporcionalmente m谩s d茅bil en la relaci贸n. Ese es el sentido, por ejemplo, de la tutela judicial, de legislar sobre una negociaci贸n colectiva obligatoria que fortalezca la capacidad negociadora de los trabajadores ante el elevado poder de los empresarios o de fijar un coste del despido, que forma parte del patrimonio impl铆cito de los trabajadores, y que no puede ser el mismo ante causas justificadas o por nepotismo empresarial injustificado. Toda reforma que afecte a estas cuestiones y todas lo hacen, debilita a una parte contratante frente a la otra, con la consiguiente repercusi贸n sobre los costes empresariales y la distribuci贸n de rentas. De ah铆 la importancia de insertar, o no, una reforma laboral en el contexto m谩s amplio de un di谩logo social tripartito donde se pueda intercambiar cesiones en unas cuestiones, por reivindicaciones conseguidas en otras.
Desde ese punto de vista, esta reforma se inscribe en el programa de reducci贸n de costes, al que llamamos devaluaci贸n interna, que la crisis nos obliga a hacer dado que no podemos recurrir a la devaluaci贸n de la moneda. Y, de nuevo, insisto en que resulta m谩s equitativo conseguir ese objetivo mediante una rebaja de las cotizaciones sociales que introduzca impuestos generales sobre la riqueza colectiva como fuente alternativa de financiaci贸n de las pensiones.
Tengo la convicci贸n de que la 煤ltima reforma no ser谩 la 煤ltima. Primero, porque 芦el discurso de la reforma禄, incluso con amenaza de huelga general, resulta pol铆ticamente rentable. Segundo, porque medido el 茅xito por el empleo creado, se generar谩 insatisfacci贸n durante los pr贸ximos meses. Tercero, porque hay sectores empresariales influyentes que quieren aprovechar la mayor铆a absoluta conservadora para seguir desequilibrando la relaci贸n contractual laboral, todav铆a m谩s a su favor. Y si no, al tiempo.
Jordi Sevilla Segura (Valencia, 19 de marzo de 1956), pol铆tico espa帽ol miembro del PSOE y economista, ex ministro de Administraciones P煤blicas del gobierno de Espa帽a (2004-2007).
Licenciado en Ciencias Econ贸micas por la Universidad de Valencia, es funcionario por oposici贸n, pertenece al Cuerpo Superior de T茅cnicos Comerciales y Economistas del Estado.
Acabar con el “Laboral-Franquismo”, de Lorenzo Bernaldo de Quir贸s en Mercados de El Mundo
CONTRA CORRIENTE
El mercado de trabajo constituye el elemento diferencial de la econom铆a espa帽ola respecto a la europea y a la del resto de los pa铆ses desarrollados. Con matices, sus problemas presupuestarios y financieros son parecidos, pero no lo es la existencia de un marco de instituciones laborales que no logra reducir el desempleo a niveles similares a los del resto de las econom铆as industrializadas en las expansiones y genera un paro brutal en las recesiones. Por a帽adidura, la legislaci贸n vigente es un factor determinante de la rigidez a la baja de los salarios y, en consecuencia, de la cr贸nica p茅rdida de competitividad de la econom铆a nacional. Desde esta perspectiva, la reforma del jur谩sico entorno laboral patrio es una pieza clave para dotar de credibilidad a la pol铆tica econ贸mica del gobierno y obtener la confianza de los mercados. Es la prueba del algod贸n para juzgar el esp铆ritu reformista del gabinete.
En ese contexto hay que introducir un cambio radical en el modelo espa帽ol de relaciones laborales. Esto supone desmantelar el aparato regulatorio que impide el correcto funcionamiento del mercado de trabajo. De otro modo, la competitividad no mejorar谩, la econom铆a no crecer谩 y no se crear谩 empleo. Adem谩s, esa terapia liberalizadora viene impuesta por la participaci贸n en el euro. Para sobrevivir y prosperar en una uni贸n monetaria es preciso dotar de flexibilidad a las instituciones del mercado de trabajo para que se ajusten a las fases bajas del ciclo sin p茅rdidas masivas de producci贸n y de puestos de trabajo. La cuesti贸n es si el Ejecutivo y los mercados entienden el adjetivo 芦radical禄 en los mismos t茅rminos. 驴Cu谩l es el test de estr茅s para evaluar el 茅xito o el fracaso de una reforma laboral en Espa帽a?
De entrada, las empresas han de tener libertad para descolgarse de los convenios territoriales o sectoriales cuando lo consideren oportuno. De acuerdo con la Constituci贸n, la negociaci贸n colectiva es un derecho individual ejercido de manera colectiva. Ahora bien, el principio que fundamenta el descuelgue es extensible tambi茅n a los propios trabajadores. 脡stos deber铆an poder pactar sus contratos sin verse obligados a aceptar lo establecido en los convenios de empresa. En cualquier caso, la descentralizaci贸n de la contrataci贸n colectiva, aunque se restrinja al 谩mbito empresarial, es una condici贸n b谩sica para adaptar salarios y condiciones laborales a la realidad de las compa帽铆as y a la productividad de sus empleados.
Por otra parte hay que dinamitar la ultraactividad, esto es, las cl谩usulas normativas que regulan toda una serie de aspectos esenciales de la relaci贸n laboral cuya vigencia se prolonga desde la extinci贸n de un convenio hasta la firma de otro nuevo. Esta figura concede a los sindicatos una posici贸n dominante y un poder de veto en cualquier proceso negociador. Su efecto es la consolidaci贸n de un conjunto de condiciones laborales que persisten con independencia de la situaci贸n de las empresas y de la evoluci贸n de la econom铆a. Por ello, la pr贸rroga forzosa de los convenios ha de ser eliminada. Si 茅stos expiran sin acuerdo de las partes, la ley establecer铆a los criterios m铆nimos que regir谩n las relaciones contractuales durante el periodo de transici贸n a fin de reducir la incertidumbre y la inseguridad para las empresas y los trabajadores en ausencia de un nuevo convenio.
De igual modo es b谩sico unificar las indemnizaciones por despido para todos los contratos indefinidos, antiguos y nuevos, reduci茅ndolas a 20 d铆as por a帽o trabajado, la media en la UE. Esto es fundamental para eliminar la injusta e ineficiente dualidad del mercado de trabajo. Adem谩s, la flexibilizaci贸n y abaratamiento del despido romper铆a la rigidez salarial impuesta por el poder de mercado de los insiders, los empleados fijos, e impulsar铆a la creaci贸n de empleo estable en los auges y se destruir铆an menos puestos de trabajo en las recesiones. Esto implica tambi茅n que todos los despidos, individuales y colectivos, se realicen sin autorizaci贸n administrativa o judicial previa y se consideren procedentes, salvo en el caso de lesi贸n manifiesta de los derechos fundamentales.
Un trabajador desempleado ha de tener garantizados unos ingresos m铆nimos para subsistir si pierde su empleo. La cuesti贸n es si el dise帽o del seguro de paro incentiva la temporalidad del desempleo o prolonga 茅ste m谩s all谩 de lo necesario. La teor铆a econ贸mica y la evidencia emp铆rica arrojan un resultado contundente: cuanto m谩s generosa y m谩s duradera sea la prestaci贸n, menores son los incentivos para que los parados busquen trabajo. Por ello, es necesario reducir su periodo de percepci贸n del subsidio y/o endurecer los criterios para tener derecho a percibirlo y limitar de manera dr谩stica las cl谩usulas de excepci贸n que permiten a los parados rehusar una oferta de trabajo.
En Espa帽a, las cuotas a la Seguridad Social son las m谩s elevadas del mundo industrializado tras las de Francia. Son un impuesto sobre el empleo que encarece la contrataci贸n y, por tanto, reduce la demanda de mano de obra, en especial, la de menor cualificaci贸n y/o menor experiencia laboral. Al mismo tiempo, genera en el lado de la oferta una presi贸n salarial al alza debido a la existencia de una importante cu帽a fiscal, esto es, la diferencia entre el coste laboral total pagado por el empresario y el salario percibido por el trabajador. A su vez, las cotizaciones elevan los costes laborales unitarios, aprecian el tipo de cambio real y erosionan la competitividad de las empresas. Por eso, su reducci贸n equivaldr铆a a una 芦devaluaci贸n interna禄 que favorecer铆a la competitividad.
El mercado de trabajo espa帽ol es el paradigma de los desastres causados por la intervenci贸n del Estado en la econom铆a. Sus rigideces distorsionan la correcta asignaci贸n de los recursos y consolidan una estructura de costes incompatible con la creaci贸n de empleo estable. El Gobierno tiene la oportunidad y la mayor铆a suficiente para acabar, de una vez por todas, con un marco de relaciones laborales heredado del franquismo e incompatible con las reglas de funcionamiento de una econom铆a de mercado. Si la reforma conduce a una huelga general que, al menos, sirva para algo.
Lorenzo Bernaldo de Quir贸s (Avila 1959) es presidente de Freemarket Internatinal Consulting. Es tambi茅n Acad茅mico del Cato Institute, Director de la Fundaci贸n Internacional para la Libertad, presidida por Mario Vargas Llosa y Vicepresidente del Instituto von Mises.
Bernaldo de Quir贸s es miembro del Consejo Editorial del diario El Economista y colabora de manera habitual en los principales medios de comunicaci贸n nacionales.
Ha sido Asesor Econ贸mico del C铆rculo de Empresarios, Director de Estudios Econ贸micos de la C谩mara de Comercio e Industria de Madrid y Director de Relaciones Institucionales de la Confederaci贸n Espa帽ola de Empresas del Metal.
Entre otras publicaciones ha escrito libros como “El socialismo es el Problema” (1986), “Proceso al Estado” (1988), “Por la Europa de la Libertad” (1990), “Nuevos Tiempos (1990) o “El Modelo Econ贸mico Espa帽ol”, 1996-2004″ (2005).
Adem谩s de ser autor de numerosas monograf铆as de car谩cter econ贸mico.
El acertijo del asesino en la puerta, de Umberto Eco en P煤blico
Hace no mucho tiempo, siguiendo las huellas de Jonathan Swift y su panfleto The Art of Political Lying, publicado en 1712, escrib铆 acerca de los grandes mentirosos y mencion茅 la vieja disputa entre moderados y rigoristas. Los primeros conceden que, en 煤ltima instancia, es aceptable decir algunas mentiras (por ejemplo, en aras de la diplomacia o la cortes铆a), en tanto que el segundo grupo siempre ha mantenido que no se debe mentir: ni siquiera para salvar la vida de una persona.
El cl谩sico acertijo del 鈥渁sesino en la puerta鈥 fue planteado por San Agust铆n, quien era un rigorista: un pobre hombre busca refugio en tu casa, y t煤 accedes a ocultarlo en tu hogar. Al cabo de un rato el asesino llega y pregunta acerca del paradero del hombre que est谩 buscando. 驴Qu茅 es lo que haces? El sentido com煤n nos dice que debemos mentir y decirle al asesino que ignoramos el paradero del otro hombre, o que lo vimos encaminarse hacia otra parte. Pero el rigorista te dir谩 que, dado que no debemos mentir bajo ninguna circunstancia, debes confesar al asesino que el hombre est谩 oculto en tu propia casa.
Naturalmente, con el tiempo han cambiado las convenciones al respecto, y este acertijo parece menos severo hoy en d铆a: una persona puede simplemente abstenerse de dar la informaci贸n al asesino, sin mentir abiertamente. No obstante, en general los rigoristas nunca han abandonado su completa oposici贸n a mentir.
Esto nos lleva a Immanuel Kant, uno de los m谩s renombrados defensores de la posici贸n rigorista. Kant, quisiera se帽alar, fue tambi茅n una de las grandes mentes en la historia de la filosof铆a. Pero en ocasiones emit铆a declaraciones que, como Homero, nos dejan desconcertados todav铆a hoy en d铆a. Una de las m谩s conocidas fue su condena de la m煤sica como una forma inferior de arte, en The Critique of Judgement (1790). Seg煤n escribi贸 entonces, la m煤sica no es m谩s que un arte 鈥渁gradable鈥 porque 鈥渟贸lo juega con las sensaciones鈥 鈥揳 diferencia de las artes 鈥渇ormativas鈥, como la pintura, la escultura y la arquitectura, que dejan una 鈥渋mpresi贸n m谩s duradera鈥濃. Tambi茅n se帽al贸 que la m煤sica altera a aquellos que no desean escucharla: la compar贸 con el pa帽uelo perfumado que los hombres acostumbraban llevar en los bolsillos y sacaban de vez en cuando, forzando a otros a inhalar involuntariamente su aroma.
Sin embargo, en el tema del asesino que pregunta si el hombre que pretende convertir en su v铆ctima est谩 en tu casa, Kant ofreci贸 un argumento extraordinario. En en ese ensayo titulado On a Supposed Right to Lie From Altruistic Motives (1797), escribi贸: 鈥淪i por decir una mentira has prevenido un asesinato, te has hecho legalmente responsable de todas las consecuencias; pero si te has atenido rigurosamente a la verdad, la justicia no puede castigarte en modo alguno, cualesquiera que sean las consecuencias imprevistas. Despu茅s de contestar honestamente la pregunta del asesino acerca de si su v铆ctima potencial est谩 en casa, puede suceder que esta haya huido de la casa para no toparse con el asesino, y en consecuencia el asesinato no se comete. Pero si hubieras mentido y dicho que no estaba en casa cuando realmente se hab铆a escapado sin que t煤 lo supieras, y si el asesino se lo hubiera encontrado al salir y lo hubiera matado, t煤 podr铆as ser acusado justamente de su muerte. Porque si hubieras dicho la verdad tal como la conoc铆as, quiz谩 el asesino hubiera sido aprehendido por los vecinos mientras buscaba en la casa y, en consecuencia, el crimen se hubiera prevenido. Por tanto, quien diga una mentira, por m谩s bien intencionada que esta pueda ser, debe responder por las consecuencias, por m谩s imprevisibles que estas sean, y cumplir la condena por ellas incluso ante un tribunal civil鈥.
Espero que el bueno de Kant nunca haya sido castigado por mentir debido a 鈥渕otivos altruistas鈥. En cuanto a su fe en esos hipot茅ticos vecinos, si tuvieran el mismo valor que Kant, entonces la v铆ctima potencial estar铆a condenada.
驴Por qu茅 estoy narrando nuevamente esta historia, que hubiera sido generoso (para el legado de Kant) olvidar? Siempre me siento fascinado por la estupidez, pero cuando expresiones de estupidez aparecen en los escritos de hombres verdaderamente grandes, es como ser sacudido por una visi贸n redentora: el hecho de que incluso los genios pueden decir tonter铆as es una fuente de gran consuelo.
Umberto Eco. Escritor y fil贸sofo italiano experto en Semi贸tica.
