Archive for Agosto 17th, 2009
Crisis (14): Lo que no se ve, de Xavier Sala i Martin en La Vanguardia
Bayona, 1839. Un gamberro lanza una piedra contra una panadería y rompe una ventana. El panadero sale enfurecido y se echa a llorar porque va a tener que pagar un nuevo cristal. Los viandantes se reúnen a su alrededor y, al principio, se solidarizan con su desgracia. De repente, uno de ellos explica que el infortunio no es tal ya que el dinero que el panadero va a gastar representará un ingreso para los cristaleros (quienes, al fin y al cabo, viven de los cristales rotos). Estos van a gastar ese dinero en la carnicería en beneficio de los carniceros, que a su vez vana gastarlo en el teatro en beneficio de los actores, y así sucesivamente hasta suponer un enorme efecto positivo sobre la economía agregada, a través de lo que los economistas keynesianos llaman el efecto multiplicador. Tras concluir que la gamberrada era buena para la sociedad, los viandantes abandonaron al panadero a su suerte.
Esta historia, conocida como la paradoja de los cristales rotos, fue contada por primera vez por el economista francés Frédéric Bastiat en 1839 en un fantástico libro llamado Ce qu´on voit et ce qu´on ne voit pas (Lo que se ve y lo que no se ve). La tesis principal del libro es que muchos analistas cometen errores garrafales porque se fijan sólo en “lo que se ve” e ignoran “lo que no se ve”. En el ejemplo del cristal roto, “lo que se ve” es que el panadero va a tener que gastar dinero para reparar la ventana y eso va a afectar positivamente a quien recibe el pago, el cristalero. “Lo que no se ve” es que el dinero que el panadero gastará en cristales iba a ser destinado a comprar otras cosas, como por ejemplo, un traje. Al no poder comprarlo, el sastre no ingresa nada, el carnicero del sastre tampoco y los teatros a los que iba a acudir el carnicero del sastre tampoco. Es decir, que el efecto multiplicador resultante de reparar el cristal solamente sustituye a un efecto idéntico que hubiera generado el gasto en cosas alternativas. Al no haber efectos netos positivos, lo único que queda es un cristal roto. Y eso es malo.
Les explico todo esto porque los gobiernos del mundo entero intentan reactivar la economía a través de programas Renove que subsidian la compra de coches nuevos a cambio de la destrucción de coches viejos. Según esos planes, el gobierno se constituye en un gran gamberro (lo digo por analogía con el chaval que lanzó la piedra contra la panadería) y destruye toda una flota de coches que todavía funcionan con el argumento de que, al tener que repararlos, se va a fomentar la actividad económica: como en la paradoja de los cristales rotos, los fabricantes y distribuidores de automóviles tendrán ingresos adicionales, los gastarán y eso tendrá efectos positivos sobre la sociedad. También saldrán beneficiados los propietarios de coches viejos que reciban un subsidio superior al valor que su cacharro tenía en el mercado. Todo eso es “lo que se ve”. Ahora bien, “lo que no se ve” (y no se contabiliza) son las pérdidas de mecánicos y reparadores de coches, las de los vendedores de segunda mano a los que el Estado ha robado el negocio y las de los contribuyentes.
Además, está el malgasto en burócratas administradores del programa y sobre todo, lo que no se ve es el dinero que no ingresan las industrias que no van a recibir el subsidio y las que no van a obtener el dinero que los consumidores hubieran gastado si no hubieran tenido que pagar tantos impuestos. Es decir, si el Estado realmente cree que destruir automóviles viejos para fabricar los nuevos es bueno para la economía, ¿no debería también destruir neveras, televisiones de plasma y videojuegos? ¿Y por qué parar ahí? ¿Por qué no derribar edificios, carreteras y puentes? ¿Por qué no demoler ciudades enteras por el bien de la sociedad? ¿Verdad que no tendría sentido? Pues tampoco lo tienen los planes Renove.Porque destruir maquinaria y dedicar dinero a reemplazarla no genera suficientes beneficios para compensar la destrucción. La pregunta es: ¿por qué el Estado tiene tanto interés en ayudar a la industria del automóvil con cargo a los trabajadores-contribuyentes de todos los otros sectores?
La respuesta que se nos da últimamente es (¿cómo no?): ¡hay que combatir el cambio climático! De hecho, el nuevo plan se llama VIVE! de Vehículo Innovador, Vehículo Ecológico. A pesar de que el cambio climático se ha convertido en el comodín justificador de las políticas más ridículas e injustificables de planeta, citarlo no es suficiente: esas políticas también deben ser sometidas a la lógica económica. Nos dicen que los coches nuevos van a contaminar menos que los antiguos porque tienen una tecnología mucho más verde y sostenible. Eso es “lo que se ve”. Ahora bien, “lo que no se ve” (y lo que los ecologistas no contabilizan) es que para construir cada coche nuevo se necesita contaminar. ¿O no se emite CO y 2 no se contamina cuando se produce el acero de la carrocería y el motor, la goma de los neumáticos, los plásticos de los interiores o la pintura exterior? La pregunta es: ¿la reducción de emisiones que van a tener los nuevos y eficientes coches será superior al incremento de polución que supondrá su fabricación? Según un artículo publicado en The New York Times por Michael Gerrard, director del Centro para del Cambio Climático de la Columbia University, la respuesta es no. También en la sostenibilidad, pues, las autoridades parecen ignorar la paradoja de los cristales rotos, esa vieja lección que ya se explicaba en 1839, sobre lo que se ve y lo que no se ve.
XAVIER SALA I MARTIN, Columbia University, UPF i Fundació Umbele.
La reforma de la universidad, de Josep Miró i Ardèvol en La Vanguardia
El debate sobre el estado de nuestra universidad nos atañe a todos, puesto que en él nos jugamos la prosperidad, y ejemplifica bien la ley del eterno retorno.
En el siglo XIII, el emperador Federico II de Sicilia fundó en Nápoles la primera universidad secular no sujeta a la Iglesia, sino al emperador. Tal secularización podía parecer un signo de progreso desde nuestra perspectiva, ¿pero lo fue? La universidad imperial, a diferencia de su coetánea de París, no tenía como misión incorporar a su actividad las concepciones del bien común y la ley natural, es decir las condiciones que hacen posible que cada persona alcance su propio bien y el desarrollo y aplicación de la recta razón. No, Nápoles debía servir a su señor. Su finalidad era “formar notarios y jueces para el servicio real o para algún servicio inferior”. Esta nueva universidad secular era una institución eminentemente práctica y, por consiguiente, restringía la vivacidad intelectual, el debate universitario propio de la época, que podía llegar a ser incluso violento. Los estudiantes eran vistos como medios, al servicio de los fines del imperio, en lugar de sujetos que indagaban sobre la verdad, el bien y la razón.
Aquella dualidad de fines también se da con la aplicación del plan de Bolonia. ¿Concebimos la universidad como el lugar y el tiempo donde profesores y alumnos pueden indagar sobre aquellas cuestiones, o sólo como una escuela superior de formación profesional? Determinadas nuevas titulaciones universitarias responden exactamente a este último propósito, pero la cuestión es si este mismo vestido sirve para acoger conocimientos que atienden a los fundamentos, como derecho o medicina, por citar sólo dos. ¿Se podrá disponer de personas con una sólida formación básica, tal como están concebidos los grados (la anterior licenciatura) y los másters? Por esta vía, tendremos sobre todo superespecialistas. En algunos campos esto estará bien, en otros no.
Un experto en ciencias de la salud, un abogado, un economista que desconozca a Aristóteles, y Aquino, que nunca haya leído La Divina Comedia, será un peligro en potencia. Con título y fiel servidor del emperador, probablemente también. La universidad concebida para servir a los múltiples emperadores de nuestro tiempo. Ese es el riesgo y el posible error.
Marx y los internautas, de Ramón Rufín en El País
En un retruécano histórico, la apropiación de la plusvalía generada por una parte del proletariado (los autores, artistas, escritores, intérpretes…) se está perpetrando no sólo -como enseñó Marx- por parte del capitalista, que también y sobre todo. Por primera vez la apropiación se está llevando a cabo además por parte, o al menos con la imprescindible colaboración, de muchos otros proletarios, clases ociosas y burguesía mínima. Una ganancia irrisoria, mezquina, la obtenida sin embargo por estas masas populares, como relata la siguiente historia.
Un día, una tribu de innúmeros internautas ibéricos -no sabemos quiénes son, ni cuántos- salió del submundo y se sublevó. De la noche a la mañana, y como esos personajes que paseaban a luz del día en La Torre de los Siete Jorobados de Neville, sin convocar asamblea, referéndum o plebiscito alguno, surgieron también sus representantes en la tierra: las asociaciones de internautas.
Los internautas de la tribu y sus flamantes representantes se quejaban dolorosamente porque barruntaban que otra tribu (cómicos, músicos, actores, directores, escritores y gentes de similar ralea, además de sus odiosas sociedades de gestión de derechos de autor) quería alejarlos de la tierra de jauja. Mientras tanto, los dueños de los caminos que llevaban a esas tierras, los operadores de Internet, se ponían las botas cobrando peaje a todo el que pasaba por allí. Al grito de prohibido prohibir y de otros similares (parecía que las tribus de pornógrafos o de pederastas fueran a gritar también su viva el amor libre, pero no pasó), los internautas y sus representantes amenazaron con no volver a votar y cosas así si el gratis total para las descargas de productos culturales producidos por otros (archivos los llamaban, para disimular) se iba al garete. Curiosamente, los internautas enfadados no protestaban, en su mayoría, porque los banqueros, por ejemplo, les cobraran múltiples peajes por mover sus propios ahorros de un sitio a otro a través de Internet; ni siquiera se quejaban de la innúmera legión de cánones, royalties y derechos incluidos en el precio de todos los cachivaches tecnológicos necesarios para las descargas e intercambios de archivos (por los chips de un ordenador se pagan derechos, a pesar de ser meras copias de un original, como las canciones, etc.). En eso eran tan claros como incoherentes: no a la propiedad artística, pero la propiedad industrial o comercial, o tantas otras, podían seguir tranquilas. Pues, y lo llegaron a decir en voz alta algunos de sus representantes, la propiedad artística o intelectual era “otra cosa”, aunque también se llame propiedad -significando esto lo que significa en los sistemas capitalistas de libre mercado-. Lo que, al parecer, unía a los protestones era sólo la exigenciade cultura y entretenimiento gratis. La protesta y el deseo, por cierto, no eran nuevos sino en su escala: ya había ocurrido, antes de que Internet casi acabara con ellos, con el top-manta y las fotocopias, por ejemplo; y con la renuencia a pagar cosa alguna por muchos de los que se servían de los productos culturales de otros en bodas, banquetes, comuniones, teles, radios, etc.
Por su parte, las operadoras, prometiendo descargas infinitas de productos culturales -productos que tampoco producían ellas ni sobre los que tenían derecho alguno (les llamaban contenidos, para disimular)- a cambio de una cantidad fija (tarifa plana, también para disimular), las operadoras, decíamos, mantenían sus ventas y beneficios en malas épocas, y se convertían en un cártel de oligopolistas, un trío o cuarteto de hecho. Como no podían ser menos, montaron también su asociación, que se presentó de largo para poder opinar sobre cómo había que manejar un cotarro tan lucrativo. Sólo faltaba por aparecer en este mundo de las descargas “libres” otro participante en el negocio, el rey de las búsquedas en Internet, que venía tomado carrerilla desde hacía tiempo y que se abalanzó ya directamente y sin tapujos sobre el monopolio.
El monopolio es el mercado ideal del capitalista de pro y tecnológicamente dotado, la situación en la que decide, sin contar con competidores ni consumidores, lo que quiere vender, o a qué precio. Y sobre todo, decidirá, en este caso, las tarifas de publicidad que pagarán los que quieran que su anuncio se vea cuando un internauta busque, por ejemplo, algunos de los libros de la biblioteca de babel construida por Google, cómo no, con el ladrillo del gratis total -o casi (Google Books, por 44 euros a cada autor y la promesa de un futuro de abundancias ha almacenado ya, sin haber pedido permiso antes, siete millones de libros; EL PAÍS del 17 de mayo de 2009). Sin embargo, parece que finalmente Google no estará del todo solo en el negocio de la publicidad: Microsoft y Yahoo! pretenden, aliándose recientemente entre sí contra el más fuerte, que el asunto quede en cosa de dos, es decir, en un duopolio.
Se pueden sumar mentalmente todas las prebendas previsibles de los oligopolistas, duopolistas o monopolista, conseguidas, como deben, persiguiendo la ganancia máxima en estos mercados tan especiales. Y, sobre todo, el traslado que los anunciantes harán al precio de sus productos de las tarifas de publicidad pagadas. Pues, por lo que se sabe en este campo, es incierto que las repercusiones en los precios para pagar la publicidad compensen posibles beneficios para el consumidor (que vendrían hipotéticamente de una mayor información sobre los productos, por ejemplo).
En definitiva, la cifra que directa o indirectamente estarían pagando los internautas del gratis total convierte en una cantidad de risa los cánones digitales que ahora mueven sus iras. ¿A qué se debe esta anomalía española, este comportamiento de nuestra tribu de internautas, flor y espejo de la piratería andante? ¿Qué parte son del total de usuarios de Internet? ¿Por qué la inquina hacia los creadores y sus auxiliares en la gestión de sus derechos? ¿Será envidia de lo que creen una vida fácil y regalada del creador, que no se siente hacia el banquero? ¿O quizás la pésima gestión de su propia imagen por parte de los gestores de los derechos de autor? En un sistema económico en el que la ONCE, pongamos por caso, gasta fortunas en políticas de imagen, es un error de libro no hacerlo, pues otros se encargarán de crear la -mala- imagen de uno, y además se perderá la ocasión de estar a bien con los medios contratantes de los espacios publicitarios.
Difícil responder. Para averiguarlo hay que investigar, preguntar dentro y fuera de Internet para tener una idea de cuánto nos equivocamos si tomamos como verdaderos los resultados de la hipotética encuesta. Porque en Internet no hay censo, no hay DNI más allá del nombre y dirección del paisano al que una operadora le pasa mensualmente la factura del ADSL. Precisamente, son sólo las operadoras las que saben todos esos datos, y pueden saber además lo que quienquiera que sea descargó o hizo a través de sus líneas el último verano o en cualquier momento. Un futuro prometedor en el mundo de la publicidad se esconde, como para Google, Yahoo! y Microsoft, en sus manos.
La abuela de Proust se acercó a un teléfono, un invento fuera de su época y de su vida, sólo por amor hacia su nieto, para hablar con él, que lo cuenta entrañablemente en su En busca del tiempo perdido. La abuela del que esto escribe, si viviera, se acercaría también a Internet y entraría las veces que pudiera en este artículo para defenderlo con sus votos en esas “estadísticas” virtuales que tanto gustan, aun sin entender nada de lo que en el artículo se cuenta; tan sólo para contradecir las previsiblemente numerosas visitas virtuales que lo pondrán a caldo. Pero ¿quiénes lo harán y por qué en cada caso?
Ramón Rufín es profesor de Comercialización e Investigación de Mercados de la UNED.
Las bellezas de Galicia, de Antón Baamonde en El País de Galicia
En sus últimos años mi padre pasaba muchas de sus tardes cuidando un pequeño curro -una extensión de pinos, robles y abedules, tal vez algún castaño- en Sancobade, al pie de Vilalba. Lo hacía por precaución, para limpiar el bosque de matorral y así evitar incendios, pero también para conversar con la gente que pasaba y con la que se demoraba sin contar el tiempo y porque, de algún modo, ese pequeño pedazo de tierra lo conectaba a lo que había sido su origen. Era una actitud en la que se mezclaba lo práctico y lo sentimental. Quién sabe qué asociaciones desataría en su mente el cuidado de aquel lugar. Tal vez la frase de Renan “la patria son la tierra y los muertos”, tan del gusto romántico, estuviese cerca de su ánimo.
Es un sentimiento que el galleguismo, que fue un movimiento que se correspondió con una sociedad agraria, como lo fue la infancia de mi padre en los años 20, supo expresar. Pero entre tanto, Galicia ha ido cambiando su estructura social y, con ella, los presupuestos de su sensibilidad. Hablar de la saudade o del sentimiento del paisaje como caracteres del pueblo gallego es algo que era plausible hasta hace 40 ó 50 años. Pero hoy el tono del país lo da mejor la reciente huelga del metal, el anuncio del Sergas de eliminar las peonadas o las discusiones sobre áreas metropolitanas y fusiones financieras. Nos hemos vuelto una sociedad moderna: qué le vamos a hacer.
En los años 60 fue muy popular un álbum de cromos, Las bellezas de Galicia, inspirado en las Estampas de Galicia que 50 años atrás había publicado el fotógrafo Ksado. Las fotografías ofrecían una imagen del país llena de paisajes bucólicos, puestas de sol en las rías, imágenes de los hórreos de Carnota o Combarro, y fotos de los pueblos aún no estragados por corporaciones venales. Era, por supuesto, una imagen que respondía a un tópico. Pero también mostraba una conciencia estética que oscilaba entre las convenciones del género -la fotografía con tipismo- y la iconografía del país que habían creado gentes como Asorey, Castelao o Sotomayor, inspirados por la pintura flamenca -Franz Hals, Pieter Brueghel- o por gentes como el pintor vasco Zubiaurre. Es una línea de sensibilidad que se ha ido diluyendo.
Entre tanto, la bandera del romanticismo la han recogido los ecologistas. La lucha por la preservación del medio ambiente es también la lucha por evitar que las formas más depredadoras de capitalismo hagan de su capa un sayo y aprovechen las riquezas naturales sin retorno social alguno. Galicia sabe mucho de esto: Fenosa es sólo un ejemplo entre otros muchos. Además de las sucesivas leyes de ordenación del territorio -sobre las que cabe preguntar si alguna vez han ordenado algo- basta con leer los periódicos para que uno se entere de cómo se le permite a Iberdrola secar en distintos tramos el Sil o de cómo el nuevo Gobierno, con un sentido de la libertad siempre encendido, concede licencias para canteras y piscifactorías y relaja la protección del paisaje costero e interior. Y qué vamos a decir de las vicisitudes de las concesiones eólicas, la próxima futura estafa. El uso adquirido del lenguaje llama conservadores a los que, de hecho, no lo son. No conservan ni protegen nada.
La historia de la privatización de los recursos naturales, desde las presas en los ríos hasta las bateas en el mar, es recurrente. Nuestro desorden, antológico. Habríamos podido ser Holanda pero de cuando en cuando nos asalta la duda de si no nos parecemos más bien a Sicilia. Aunque el nuestro es hoy un país de trabajadores, a los que interesa un fuerte compromiso de la Administración para regular y proteger derechos, sigue imperando lo peor de la mentalidad heredada: la creencia de que si uno tiene un solar nadie puede impedirle alzar un edificio de 20 plantas, aunque en la calle adyacente no se pase de las dos o, mucho menos, que una tierra pueda enajenarse, aún con la compensación más justa pensable.
Buena parte de nuestras discusiones públicas lo son entre el intento de establecer criterios racionales -de instituir una cierta modernidad- y esa anarquía conservadora que amalgama a los entusiastas del capitalismo sin reglas con el criterio del paisano que considera inadmisible cualquier intromisión en su propiedad. Está claro que en los últimos 30 años habríamos podido hacer las cosas mucho mejor si fuésemos una sociedad más culta y consciente. Pero ha imperado el tipo social del nuevo rico, gente sin complejos que ha pasado por encima de lo que ha podido. Con mucha frecuencia, por cierto, con el aplauso público. Entre nosotros hay mucho paleto que admira al cínico, al trepa y al oportunista con no disimulada satisfacción, aunque a él no le vaya nada en ello, y aún siendo un perjudicado. Son las paradojas de un crecimiento económico muy veloz pero también muy desequilibrado, como iremos comprobando en lo sucesivo.
La recuperación será global o no será, de Robert J. Samuelson en El Mundo
TRIBUNA: CRISIS ECONÓMICA
El autor sostiene que es necesario reemplazar al consumo americano como motor económico del mundo. Cree que la solución a este problema puede estar en los países en vías de desarrollo
Antes de entusiasmarnos demasiado con cualquier «recuperación» económica norteamericana, deberíamos recordar que el colapso económico que la precedió fue global. Ninguna recuperación podrá prosperar a menos que sea global también. ¿Sucederá? El mundo ya no puede confiar más en el crecimiento del gasto de los derrochones estadounidenses, que están abrumados por las deudas y desolados por los billones de dólares en pérdidas inmobiliarias y bursátiles. Sin un sustituto del poder adquisitivo estadounidense, cualquier renacimiento global será estéril, porque los Estados Unidos necesitan del crecimiento impulsado por la exportación y los demás países tienen que compensar de alguna forma las ventas perdidas en nuestro mercado.
La lógica indica que los países en vías de desarrollo pueden ser el reemplazo evidente del consumo americano como motor económico del mundo. Estas naciones suponen ya casi la mitad de la actividad económica global, según estima el Fondo Monetario Internacional. China (11,4%), la India (4,8%) y Brasil (2,9%) representan por sí solos casi una quinta parte. En comparación, Estados Unidos también supone una quinta parte.
Todas estas sociedades tienen considerables necesidades en materia de vivienda, bienes de consumo y sanidad entre otras cosas. Excepto como creador de puestos de trabajo, el crecimiento alimentado por la exportación no tiene mucho sentido. Lógicamente, estos países deberían producir más para consumo interno y menos para la exportación. Una demanda interna más acusada también elevaría su necesidad de productos importados. Como resultado, Estados Unidos exportaría más e importaría menos. Lo que los economistas denominan «desequilibrios globales» -enormes déficits comerciales norteamericanos acompañados de enormes superávits comerciales en China entre otros lugares- se reducirían. El crecimiento económico mundial se reanudaría. Problema arreglado.
Sólo como posibilidad, esta transformación está empezando. Algunos de esos países han estimulado sus economías. El caso más claro es China. El gasto público se elevó; el crédito se abarató. China creció al 7,9% durante el segundo trimestre. El impresionante repunte de Asia, titula The Economist, que también se detiene en el rápido crecimiento de Indonesia y Corea del Sur. En cuanto a la India, el Fondo Monetario Internacional vaticina que crecerá un 5,4% este año y un 6,5% el que viene. Las perspectivas de crecimiento a largo plazo de Brasil son buenas, según juzga Norman Gall, el estadounidense que dirige el Instituto Fernand Braudel de Sao Paulo. El país tiene «un firme sustrato industrial e iniciativa energética y creativa»; la deuda pública se ha desplomado del 85% del producto interior bruto (PIB) en el año 2002 al 65% hoy. Hasta Francia y Alemania muestran signos de recuperación.
Suena tranquilizador. Aún así, hemos de analizar estos datos con cierto escepticismo. Si los estadounidenses están gastando menos y ahorrando más, entonces una economía global equilibrada exige que otra gente consuma más y ahorre menos. Ese es el arreglo permanente y duradero, sin «estímulos» económicos temporales. Los enormes desequilibrios comerciales se derivaron fundamentalmente de los elevados índices de ahorro, en Asia en especial, que lastraron el consumo y estimularon el crecimiento impulsado por las exportaciones. En el año 2008, el índice de ahorro de China se situaba en la friolera del 54% del PIB, el 35% en el caso de Hong Kong y el 28% en el de Taiwán, según el economista de la Universidad de Cornell Eswar Prasad. Los tipos de ahorro estadounidenses, incluyendo el consumo y el ahorro corporativo, fueron del 12% del PIB.
En teoría, estas considerables reservas de ahorro podrían ser absorbidas por cantidades equiparables de gasto en inversión -en plantas de fabricación y maquinaria, por ejemplo- pero en el caso de la mayoría de los países asiáticos (con la excepción de la India), lo que se produjo es un acusado descenso de la inversión. El exceso de ahorro fue invertido a continuación en el extranjero, los tipos de cambio se mantuvieron a la baja de manera artificial y la exportación sustituyó a la demanda nacional.
China es el país clave de cualquier transición. Prasad duda de que el creciente nivel de gasto nacional pueda ocupar con rapidez el vacío dejado por la caída libre de la exportación. Observa que a pesar del vertiginoso ritmo de crecimiento económico de China, el aumento del empleo (que es lo que anhelan los líderes políticos) ha sido lento, alrededor del 1% anual desde el año 2000. «El sector exportador es lo que creó los puestos de trabajo», defiende, «va a ser difícil salir del modelo económico impulsado por la exportación.»
Esto sugiere que China podría recurrir a una agresiva promoción de la exportación a expensas de los demás países. Su divisa sigue devaluada. Ben Simpfendorfer, analista en Hong Kong del Royal Bank of Scotland, explica que en la medida en que los mercados norteamericano y europeo se han debilitado, los exportadores chinos han invadido el mercado de los países emergentes como Brasil o Egipto. Las exportaciones de China podrían perjudicar así a los demás países en desarrollo.
El economista del Instituto Peterson Nicholas Lardy es más optimista. Las autoridades de China, dice, reconocen su peligrosa dependencia de la exportación. Están intentando estimular el consumo nacional reduciendo el ahorro familiar. Para mantener un elevado nivel de reservas, dice Lardy, los chinos han destruido en parte la red de protección social. Históricamente, las compañías propiedad del Estado proporcionaban seguros de salud y pensiones; a medida que estas empresas cerraban, las prestaciones se evaporaban y sus plantillas lo compensaban ahorrando más para financiar el tratamiento de enfermedades o la vejez. Ahora, China está reconstruyendo esta protección social. Desde el año 2005, el gasto en seguros médicos, pensiones y educación prácticamente se ha duplicado.
Lo que cuenta es la capacidad política y cultural de los países -China en especial- de graduar el crecimiento impulsado por la exportación. La economía global se encuentra en una encrucijada dramática. Sin el impulso del gasto estadounidense, el mundo necesita de un nuevo motor del crecimiento mutuamente beneficioso. Sin este cambio necesario, podríamos enfrentarnos al proteccionismo, al nacionalismo y, en definitiva, al enfrentamiento comercial y económico.
Robert J. Samuelson es analista de The Washington Post.
© Mundinteractivos, S.A.
‘El poder en la sombra’, de Lucía Méndez en El Mundo
ASUNTOS INTERNOS
Las novelas negras son para el verano. Casi todo el mundo se lee una por lo menos. Resultan refrescantes. Como las tramas enganchan mucho, casi ni te das cuenta de que el sol te está achicharrando la espalda. Toda crisis que se precie incluye un auge de la novela negra. En esta crisis, además, existe un amplio catálogo en el género que no se limita a las tinieblas suecas de Larsson. Hay libros que sin tantas pretensiones, ni tantas páginas, resultan de agradable lectura. En la estantería de la novela negra, sección Política, se sitúa El poder en la sombra, escrita por Robert Harris, un periodista británico definido por un crítico del Times como «el maestro del thriller literario inteligente». La novela no será incluida en el canon, pero resulta entretenida. Está ambientada en Martha’s Vineyard, donde veraneaba Kennedy y ahora Obama. Los protagonistas son un ex primer ministro británico, carismático y pico de oro; su mujer, tan inteligente como fría y manipuladora; y el negro literario que va a dar esplendor a la biografía del gran líder. Adam Lang -o sea, Tony Blair- se exilia junto a su mujer, Ruth -o sea, Cherie- bajo el manto del presidente norteamericano porque el tribunal penal internacional le va a procesar por crímenes de la Guerra de Irak. La intriga consiste en descubrir quién es el superagente de la CIA que ha estado empotrado en la oficina del ex primer ministro, manipulando su voluntad, provocando muertes violentas y suicidios raros. El negro abandona su condición básica de cobarde para descubrir al asesino, que a estas alturas seguro todos los lectores habrán adivinado quién es.
Robert Harris ha logrado una ficción muy verosímil, con argumento abonado a la teoría conspirativa de la Historia. Desconozco si los máximos dirigentes del PP son aficionados a la novela negra, pero por sus declaraciones de este verano parece que se han puesto las botas a degustar intrigas. En el caso de Federico Trillo me extraña poco. Voluntaria o involuntariamente, ha participado en todas las conspiraciones internas casi desde la época de los Siete Magníficos de AP. Por cierto, el teléfono de Trillo debe ser una mina. Si el que lo ha pinchado no ha encontrado nada más que lo de Montero, ya puede retirarse por inútil. Otro tanto cabe decir de Javier Arenas, el único político capaz de reinventarse a sí mismo todas las veces que haga falta.
Más me extraña de María Dolores de Cospedal o de Esteban González Pons. Demasiado jóvenes para centrar su acción política en las conspiraciones contra ellos. Si insisten por ese camino, estamos perdidos. Me refiero a los que gustamos de la política real y dejamos la ficción para novelas entretenidas que sólo son para el verano.
© Mundinteractivos, S.A.
España y Portugal: horizontes comunes, de José Antonio Martín Pallín en ABC
La Tercera de ABC
En tiempos pasados nuestros dos países se lanzaron a la aventura de surcar los mares buscando nuevos horizontes y tierras que incorporar a sus respectivas coronas. Tuvimos un periodo de soberanía común bajo Felipe II, seguida de una ruptura excesivamente traumática y cargada de reproches. Dejemos la historia para ser leída y estudiada y pongamos toda nuestra atención en el presente que nos ofrece perspectivas, ahora más factibles y cercanas.
Me crié en la frontera (A raía) y para mí cruzar la aduana (la Alfandega) era tan natural como bañarme en el compartido río Támega o hacer deporte en los balnearios cercanos a uno y otro lado de la línea divisoria. A veces los piques infantiles de los policías y los guardinhas ponían más dificultades de las habituales. Las monedas se anticiparon al euro y los escudos y las pesetas circulaban y se aceptaban con normalidad en ambos lados del límite que nos separaba artificialmente.
La idea de la unión peninsular ibérica tiene, entre nosotros, antecedentes remotos. Desde hace mucho tiempo los galleguistas lusistas vislumbraron una potencialidad política a la unión galaico-portuguesa-brasileira, con el añadido lingüístico y económico de las colonias lusitanas de África y los enclaves de Goa, Macao y Timor, que, a pesar de las convulsiones descolonizadoras, conservan su lengua y su cultura.
Rosalía de Castro tenía la mitad de su alma reservada para la futura y posible comunión familiar e íntima con el hijo mayor, Portugal, y sus nietos de América y África. En los años treinta, el político gallego Valentín Paz Andrade retomó la idea de la unión basada también en la identidad lingüística. La literatura y la poesía nos suenan cercanas a pesar de las diferencias gramaticales y fonéticas, que no son un obstáculo insalvable. Yo mismo caigo con frecuencia en la tentación de hablar galaico portugués rompiendo la cadencia de esta hermosa lengua, cuando podemos expresarnos cada uno en nuestro idioma y entendernos aceptablemente.
En tiempos más cercanos, José Saramago recogió esta idea en su obra La balsa de piedra (1986). Las rayas trazadas en los suelos no pueden convertirse en barreras infranqueables y en territorios hostiles. Alcanzamos la democracia, por vías muy distintas, en épocas cercanas. Entramos a formar parte de la Comunidad Económica Europea en la misma fecha pero seguimos ignorándonos, manejando los viejos prejuicios. Frente al dicho portugués «De Espanha nin bon vento nin bon casamento», la postura, ridículamente prepotente, de muchos españoles que ignoran la calidad cultural de nuestros vecinos y su exquisita educación y cortesía, nunca aduladora o servil.
Ha sido una buena noticia la instalación de un centro avanzado de investigación en el campo de la nanotecnología en la localidad portuguesa de Braga. Es una obra conjunta de los dos países en la que participan científicos lusos y españoles abiertos a toda la comunidad investigadora internacional. La inauguración tiene una simbología y una carga de futuro que en este momento no somos capaces de valorar en toda su dimensión. La asignatura pendiente sigue siendo la comunicación. El AVE Madrid-Lisboa se retrasa escandalosamente. Las montañas ya no son un obstáculo. Las tuneladoras las han hecho absolutamente permeables. Los ríos que compartimos desde su nacimiento hasta las orillas del mar son un instrumento para reforzar nuestra solidaridad.
Si conseguimos aunar nuestro potencial económico, político y cultural podemos formar una comunidad de más de 600 millones de personas. La literatura nos ha permitido compartir y adoptar a un premio Nobel como José Saramago, decidido partidario de la unión y convencido de sus inmensas posibilidades. Hace unos meses, en Lanzarote, le recordé su propuesta. Confieso que lo encontré un poco desanimado.
Una reciente encuesta del Centro de Análisis Social de la Universidad de Salamanca puede reavivar el debate intermitentemente suspendido. El Barómetro de Opinión Hispano-Luso detecta una cifra considerable de portugueses (39,9 por ciento) y de españoles (30,3 por ciento) partidarios o cercanos a una posible unión futura. Lamentablemente los resabios de la lengua del imperio arroja una cifra de españoles (76,2 por ciento) que se oponen al estudio obligatorio del portugués, lo que no tiene nada de extraño cuando observamos el revuelo armado alrededor del bilingüismo en Galicia. Podríamos romper esta resistencia si se incrementa la colaboración científica y la participación del capital español y luso en empresas de los dos países. La relaciones económicas facilitan el acercamiento lingüístico.
El maestro Saramago, al conocer estos datos, se ha reconfortado y nos ha recordado la frase de Galileo ante los detentadores de la verdad: «Y sin embargo se mueve». Los prosaicos e irreductibles patriotas de charanga y pandereta tienen ante sí un escenario con el que no contaban y que siempre despreciaron.
No debe extrañarnos que los estudiantes españoles y portugueses elijan para sus Erasmus países de culturas menos afines y de idiomas diferentes, pero eso no es obstáculo para una mejor y mayor planificación de los sistemas de enseñanza y el intercambio entre las Universidades españolas y portuguesas.
En el mundo judicial cada vez que hemos tenido oportunidad de reunirnos con colegas portugueses hemos constatado la fluidez de intercambio de conceptos, la afinidad de nuestros sistemas procesales y la cercanía de nuestras culturas jurídicas.
Es el momento de movilizar los sentimientos y las razones, y de aprovechar las oportunidades para el desarrollo que nos ofrece el mundo en el que nos movemos. No sería tanto nuestro impacto demográfico en la Unión Europea como nuestra inmensa potencialidad para integrarnos en las comunidades americana y africana que tanta relevancia están alcanzando en la esfera internacional. Podríamos convertirnos en sujetos activos de las relaciones internacionales y participar en las cumbres con una voz común.
Las raíces están plantadas, los trabajos pendientes y los sueños por venir. Como recoge Saramago en el libro que he citado acudiendo al autor cubano Alejo Carpentier: Todo futuro es fabuloso. Algunos objetarán que esta aventura no es posible mientras no consolidemos un modelo de Estado español más homogéneo y consciente de sus intereses comunes. Quizá estos nuevos objetivos contribuyan a abrir un debate y reflexionar sobre los nacionalismos que se sienten incómodos en una España que sólo mira hacia el centro.
Tenemos que recorrer el camino olvidado que algunos alumbraron. No sabemos hasta dónde podemos llegar, pero merece la pena intentarlo. Ya nunca más seremos una balsa de piedra que, como en la narración de Saramago, se desgaja de los Pirineos y se interna en el Atlántico. Europa ya es cosa nuestra y lo nuestro es y ha sido la aventura marítima hacia todas partes. Herman Hesse se anticipó al decirnos que hoy no está la razón política en el mismo lugar donde se halla el poder. Es preciso que exista una afluencia de inteligencia e intuición desde círculos no oficiales. Debemos animarnos a intentarlo porque es razonable. Una vez más Rosalía nos llama. La cito en su lengua, que todos podemos entender. Dende aquí vexo un camiño que non sei a donde vai;polo mismo que no sei, quixiera o poder andar.
José Antonio Martín Pallín. Magistrado. Comisionado de la Comision Internacional de Juristas.
Nucleares y trampas dialécticas, de Joaquim Sempere en Público
Durante tres decenios, ya desde antes del accidente de Chernóbyl, ha tenido lugar una moratoria de facto en la construcción de nuevas centrales nucleares en los países desarrollados. Pero últimamente los pronucleares vuelven a la carga, y lo hacen esgrimiendo varios argumentos tramposos. Uno es la crisis energética y otro el cambio climático: frente a las fuentes fósiles, que tienen los días contados y contribuyen al calentamiento de la superficie de la Tierra, la energía atómica no emite carbono a la atmósfera. Un estudio publicado en septiembre de 2008 por la Coordinadora per una Nova Cultura de l’Energia –que impulsa desde hace un tiempo en Cataluña la campaña “Tanquem les nuclears” (“Cerremos las nucleares”)– prueba que por cada megavatio-hora nuclear se emiten entre 140 y 290 kilos de CO2, que es casi tanto como la cantidad que emiten las centrales de gas de ciclo combinado (las menos sucias de las que usan combustibles fósiles). Es cierto que la reacción por la que un neutrón rompe el átomo de uranio y desprende una cantidad gigantesca de energía no emite carbono. Pero para que la pila atómica funcione ha hecho falta extraer el mineral de la mina, concentrar el uranio (muy escaso en el mineral: sólo entre el 0,05% y el 0,1%), transportarlo, enriquecerlo, construir la central, desguazarla al final de su vida útil y tratar los residuos. Todo eso consume mucha energía fósil, y explica las emisiones de carbono mencionadas. Decir, pues, que la energía nuclear es “limpia” desde el punto de vista de las emisiones de CO2 es totalmente falaz. (El mencionado estudio, que no toma en consideración la construcción y desguace de las centrales, por falta de datos fiables, y que por eso se queda corto en sus resultados, puede consultarse en www.tanquemlesnuclears.org. Se basa en los datos publicados de Ascó 2 entre 2001 y 2005.)
Otro argumento es el de la dependencia respecto del exterior: el suministro de petróleo y gas nos hace depender demasiado de unos pocos países y compañías que tienen la llave de estos combustibles, como ilustró la crisis del gas de Rusia el pasado invierno. Pero veamos qué ocurre con el uranio. El 84% de las reservas mineras del mundo se concentra en seis países: Canadá, Australia, Kazajstán, Rusia, Namibia y Níger. Siete compañías concentran en sus manos el 78% de las reservas. Y casi todo el enriquecimiento del uranio, un 92%, lo hacen sólo cuatro compañías. ¿A qué viene, en un contexto así, invocar el argumento de la dependencia exterior en el caso de las fósiles e insinuar que con la nuclear no ocurre otro tanto?
Un tercer argumento se resume en la frase recientemente pronunciada por Ana Palacio, actual vicepresidenta de la compañía francesa Areva, filial de EDF, dedicada a la electricidad nuclear: “Un 96% del combustible de uranio es reciclable” y supone “una solución económica y mediambiental” (El País, 8-04-2009). Subyace a este argumento la idea de que, pese a que el uranio es tan finito como el petróleo y destinado también a agotarse, al poderse reciclar, su suministro es casi indefinido. Lo que esta tesis oculta es que para la utilización de combustible reprocesado no sirve cualquier reactor, sino sólo los reactores rápidos, también llamados “supergeneradores”, que están siendo un fracaso. En Francia, país pionero en energía nuclear, se decidió en 1997 cerrar el único supergenerador del país –el Superphénix– por su coste económico desorbitado y su escasa eficacia práctica. Su desguace está en marcha. El reciclado del combustible de uranio y su promesa de un suministro prácticamente inagotable es otra falacia.
Los partidarios de la energía del átomo están, en suma, orquestando una campaña de mentiras y medias verdades para vender a la opinión pública una técnica fracasada e inaceptable. Los problemas de la propaganda pronuclear no terminan aquí. Esta propaganda se enfrenta a otras verdades también incómodas. 1) La técnica nuclear arrastra un fracaso sonado: no haber hallado en los 60 años de su existencia ninguna solución satisfactoria al problema de los residuos. 2) Los riesgos asociados a las emisiones radiactivas. 3) Las centrales fabrican el combustible de las bombas atómicas. 4) Las centrales son un objetivo potencial privilegiado de terroristas de toda laya. 5) Por la razón anterior, requieren una protección policíaco-militar peligrosa para los derechos humanos y las libertades. 6) Los daños posibles debidos a accidentes son tan altos que ninguna compañía de seguros acepta asegurar, en ningún lugar del mundo, ninguna central nuclear: deben asumirlo los Estados. Y 7) las nucleares son ruinosas desde el punto de vista económico y no pueden subsistir (¡después de 60 años!) sin subvenciones públicas. Muchos responsables políticos muestran cada vez más dudas sobre la viabilidad económica de los programas nucleares renacidos, especialmente con motivo de una crisis que ha recortado drásticamente las disponibilidades financieras. El renacer nuclear está condenado por su enorme coste económico. Esto es una buena noticia, porque parece como si el lenguaje económico fuera el único que entienden los que mandan.
Finalmente, conviene recordar que el primer uso de la energía atómica fue militar, y que en las explosiones de Hiroshima y Nagasaki de agosto de 1945 nos horrorizan no sólo la magnitud del dolor y la destrucción infligidos a las víctimas, sino la afectación al núcleo biológico mismo de nuestra naturaleza como especie: el genoma humano. La capacidad para provocar mutaciones teratogénicas aparece como símbolo del pacto fáustico de la modernidad: poder a cambio de vender el alma al diablo. Chernóbyl mostró que el uso pacífico de esta energía conlleva una exposición a riesgos de igual naturaleza.
Joaquim Sempere es Profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona.
Zapatero recurre a sus promesas de 2004 para volver a ‘vender’ la economía sostenible, de Alberto Mendoza en El Confidencial
Se trata del proyecto estrella del Gobierno para la presente legislatura, que lo presenta como la hoja de ruta para cambiar el modelo productivo y salir de la crisis económica. Sin embargo, la nueva ley de economía sostenible no pasa de ser, por el momento, un refrito de antiguas promesas del PSOE. El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero está calcando párrafos de su programa electoral de 2004 y de las declaraciones de intenciones acordadas en el diálogo social para elaborar el proyecto.
Zapatero lanzó su propuesta de economía sostenible el pasado mayo, durante el debate sobre el estado de la Nación, consiguiendo retomar la iniciativa en un momento de fuerte desgaste por su gestión de la crisis. Para ello comprometió un fondo de 25.000 millones, que incluía un nuevo Plan E destinado a proyectos medioambientales, de innovación y de servicios sociales. Tres meses después, el Consejo de Ministros aprobó el jueves el primer informe sobre la futura ley, que retoma, en esencia, medidas ya comprometidas en documentos previos.
De hecho, en su programa de 2004, los socialistas recogieron su apuesta por “un modelo de crecimiento equilibrado, duradero”, basado en “la cohesión social y la sostenibilidad ambiental”. El PSOE acusaba al PP de haber convertido “el desarrollo sostenible en pura retórica vacía de contenido”, y se comprometían a pasar “de la retórica a la acción”, “mediante medidas concretas con un modelo de desarrollo más justo, más responsable, más duradero y más saludable”. Los socialistas aseguraban entonces que la innovación crea empleo, permite un mayor nivel de renta y bienestar.
En 2008, el PSOE presumió en su programa de haber desarrollado “un nuevo modelo de crecimiento”, reflejado en “un fuerte aumento de la inversión en capital físico, tecnológico y humano”. El texto socialista establecía el compromiso de propiciar “un entorno que anime a convertir las ideas en empresas, donde la innovación sea una práctica más que una retórica”. Y se comprometía a impulsar la internacionalización de la PYMES y su acceso a las nuevas tecnologías.
El PSOE había olvidado este discurso fuera del periodo electoral, hasta que Zapatero lo rescató como piedra angular de su política contra la crisis. De acuerdo con la información facilitada tras el último Consejo de Ministros, la nueva ley recupera la retórica de la economía basada en la innovación, “con herramientas respetuosas con el medio ambiente y en un entorno que favorezca el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social”. Según Moncloa, la nueva ley impulsará la “internacionalización de las empresa, sobre todo de las PYMES”.
Copia de las declaraciones del diálogo social
Otro aspecto del texto se refiere a al empleo de calidad y a la Formación Profesional. Algo que ya ha sido tratado en el diálogo social en los últimos años. En la declaración firmada por los agentes sociales en 2004, ya se apuntaba al “desarrollo económico, de calidad en el empleo, de bienestar social, de cohesión territorial y de sostenibilidad ambiental”. Para ello, cita la necesidad de adoptar políticas para preservar el medio ambiente e implantar la sociedad del conocimiento. Cuatro años más tarde, la nueva declaración de empresarios y sindicatos volvía a señalar la urgencia de un “modelo productivo que apueste por la innovación, el desarrollo tecnológico y el valor añadido”. Además, se aludía a la formación profesional y a la inversión en capital humano.
El Gobierno de Zapatero recupera así un marco de referencia político que ha aparecido ya en varias ocasiones durante los últimos cinco años, sin que el tan anhelado cambio de modelo productivo se haya llevado a efecto. A la espera de que se redacte la ley o se anuncien nuevas medidas, el PP ya ha tachado de “cascarón vacío” y de “ejercicio de propaganda” el proyecto. A juicio del portavoz adjunto de Economía del Grupo Popular, Álvaro Nadal, el Ejecutivo “elaborará una ley deprisa y corriendo que será una recopilación de medidas puestas en marcha con otro nombre, como suele hacer este Gobierno”.
El que no se consuela es porque no quiere, de Luis de Velasco en Estrella Digital
El PIB alemán y francés han crecido el 0.3 por ciento en el segundo trimestre en relación con el primero. En ese mismo período, la economía español decreció el 1 por ciento. Técnicamente, los dos primeros países salieron de la recesión , lo que no es el caso de nuestra economía.
En términos anuales, es decir segundo trimestre de 2009 en relación a mismo período de 2008, la situación es diferente. Así lo señala un infome del ministerio de Economía que afirma, en términos interanuales, España acredita unos datos económicos más positivos que la mayoría de las grandes economía europeas, a excepción de Francia. Es cierto, porque en esos términos la eurozona cayó un 4.6 por ciento, Alemania, el 5.9 por ciento mientras que España lo ha hecho el 4.1 por ciento. Efectivamente, el que no se consuela es porque no quiere.
La menor caída del PIB en el segundo trimestre que en el primero en nuestro país indica lo ya sabido y afirmado y es que el ritmo de deterioro disminuye y que estaríamos así más cerca del fondo. El asunto importante es lo que pase a partir de ahí, como también se ha afirmado muchas veces.
La famosa curva de la recuperación y su forma sea V, U, W o la temida L. La primera, rebote rápido desde el fondo, está ya descartada por todos. A partir de ahí, los optimistas y, entre ellos, el gobierno (seguramente porque tiene la obligación de ser optimista) apuestan por la U y los pesimistas (¿realistas?) se decantan por una L. Tampoco vale la pena perderse mucho en disquisiciones pues todo el mundo sabe que los economistas son muy buenos para predecir el pasado. Lo que está claro es que tenemos crisis para rato.
Lo que interesa es constatar una vez más la especificidad y, por ello, especial gravedad de la crisis española así como la carencia de capacidad en un gobierno como el actual que, en muchos casos, es simplemente un coordinador de decisiones de los diecisiete gobiernos de nuestra geografía y, a veces, ni a eso llega.
Uno tiene la impresión de que las noticias, no sabemos si prematuras, del fin de la recesión en la economía norteamericana así como mejores perspectivas para dos economías tan importantes para la española como lo son la francesa y la alemana, es el agua de Mayo que está desde hace tiempo esperando el gobierno. Esas serían las locomotoras que nos servirían, cual bálsamo de Fierabrás, como remedio de nuestro males. No hay duda que eso sería una ayuda importante pero fiarlo todo o casi todo a eso, sería insensato. Pero tantas insensateces hemos visto en los últimos años, que no es descartable.
Palabras, gestos y vestimenta también construyen poder, Joseph Nye en Clarín
Habilidades de un líder. En la capacidad de comunicar reside buena parte de la eficacia política
Tal vez el ejemplo más notable de liderazgo basado en la capacidad de comunicarse sea Barack Obama, que ha dado tres veces la cantidad de entrevistas que George W. Bush y ha sostenido cuatro veces más conferencias de prensa que Bill Clinton en esta etapa de sus respectivas presidencias.
Algunos críticos ahora se preguntan si, a fin de cuentas, tanto hablar es algo bueno. Lo cierto es que los mejores líderes se comunican con eficacia. Winston Churchill atribuía su éxito a su buen dominio del idioma inglés. Los antiguos griegos tenían escuelas de retórica para afinar sus destrezas ante las multitudes de las asambleas. Cicerón dejó su marca en el Senado romano tras estudiar oratoria.
Las habilidades retóricas ayudan a generar lo que llamo poder blando, la capacidad de persuadir y convencer. Martin Luther King se benefició de crecer en una tradición religiosa afroamericana de gran riqueza de ritmos de la palabra hablada. Clinton fue capaz de combinar teatralidad con capacidad narrativa y habilidad notoria para comunicar argumentos.
Sin embargo, la oratoria y la retórica no son las únicas formas de comunicación con las que los líderes transmiten ideas. No se puede decir que Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal, haya sido un orador inspirado, pero los mercados y los políticos estaban pendientes de sus palabras. Lamentablemente, como lo demostró la crisis financiera de 2008, habría sido mejor si los miembros del Congreso lo hubieran presionado para comunicar con mayor claridad.
Las señales no verbales son también un componente importante de la comunicación humana. Los símbolos y ejemplos pueden ser muy eficaces. Algunos líderes no son grandes oradores (por ejemplo, Mahatma Gandhi). Sin embargo, el simbolismo de su sencilla vestimenta y su estilo de vida decían más que cualquier palabra. Si uno compara esas imágenes con fotografías de un joven e inseguro Gandhi vestido de correcto abogado británico, puede ver cuán profundamente comprendió la comunicación simbólica.
T.E. Lawrence (Lawrence de Arabia) también comprendió cómo comunicarse con símbolos. Cuando acudió a la Conferencia de Paz de París al término de la Primera Guerra Mundial, vestía un traje beduino para subrayar la causa árabe. Un año después, en una conferencia en El Cairo que negociaba las fronteras de la región, pasó a vestir el uniforme de oficial británico mientras participaba en intensas y difíciles negociaciones.
Hitler tenía destrezas para comunicarse tanto con públicos distantes como con pequeños círculos. Stalin confiaba principalmente en estos últimos. Harry Truman era un orador modesto, pero compensaba esto atrayendo y manejando de manera muy capaz a un grupo de notables asesores. Ronald Reagan era un maestro de la anécdota bien seleccionada.
Todos estos ejemplos no hacen más que remarcar la complejidad de la relación entre un liderazgo eficaz y las técnicas de comunicación.
Joseph Nye. POLITOLOGO, UNIVERSIDAD DE HARVARD.
Copyright Clarín y Project Syndicate, 2009.
Represión en Perú: historia del etnocidio en América Latina, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada
El siglo XXI depara sorpresas insospechadas, los travestismos políticos pueden acabar con la dignidad y transformar, otrora antimperialistas y nacionalistas, en defensores de las trasnacionales. Es el caso de Alan García y su gobierno.
Sin grandes diferencias, los métodos para consolidar el poder de estos conglomerados guardan semejanza con los utilizados en el periodo post-independencia para solventar la reforma liberal. Concesiones para ferrocarriles, puentes, represas, carreteras. Dinero y corrupción para contentar la elite política y bases militares para reducir el peligro de golpes de Estado nacionalistas. Era la manera de conseguir los objetivos: el control político, económico y militar de un país. El Estado peruano corrobora hoy estas estrategias ejercitando la represión sobre sus pueblos originarios. Si en el siglo XIX se lleva a cabo la expulsión de los territorios pertenecientes a los pueblos indígenas para satisfacer las ansias de acumulación de las oligarquías criollas y el imperialismo decimonónico, representado por Estados Unidos y Gran Bretaña, hoy se enajenan sus propiedades para beneficio de las trasnacionales y las nuevas oligarquías.
Sin embargo, nunca fue una tarea fácil para las clases dominantes poner en práctica estas decisiones. Son ya quinientos años de resistencia. Pero la contrapartida ha sido utilizar los ejércitos como arma disuasoria. Las primeras campañas de las fuerzas armadas profesionales en Argentina, Chile, México, Perú, Colombia, Paraguay, entre otros países, tuvieron enfrente a los araucanos, pehuenches, quechuas, aymaras, patagones, chichimecas o pampeños. Fueron los primeros enemigos internos. Las matanzas han pasado a la historia. Las oligarquías se ufanaron de tales estrategias para esquilmar las riquezas de sus pueblos originarios. Asimismo, la escasez de mano de obra llevó a los pueblos indígenas a una explotación en condiciones de cuasi esclavitud, causa coadyuvante de un exterminio lento pero continuo. El cuadro se generalizó en toda América Latina. Brasil, México, Guatemala vieron disminuir sus poblaciones aborígenes con la misma celeridad que lo habían hecho durante la conquista. A sus ideólogos y promotores no se les arrugó su conciencia al adjetivar dichas prácticas como una diatriba entre civilización o barbarie
. Hoy Alan García habla de la batalla por el progreso. Ampliar el coto de las haciendas y hacer de sus dueños flamantes terratenientes fue una y la misma cosa. Las leyes contra vagos y maleantes fueron el argumento para retener en los latifundios a la población indígena. Durante estos dos siglos de independencia se han establecido legislaciones draconianas contra los derechos de los pueblos indígenas. So pretexto de ofrecerles un mundo mejor, se les obliga a vender sus tierras, desplazarse o renegar de los derechos de propiedad en beneficio del libre mercado. Si son obedientes y sumisos, a cambio de ceder tierras, se les reubica en parcelas o transforma en cooperativistas, a cambio se les promete construir un dispensario de salud abierto dos horas al día, una escuela sin medios, gozar de electricidad a precios de usura y comprar semillas transgénicas. Toda una demostración de la discriminación étnica y del engaño. Se les considera pueblos sin futuro, superados por la historia. Sólo se admite su perfil folclórico para beneplácito de las empresas turísticas. Indios para la exportación.
En la actualidad, las oligarquías criollas, en connivencia con las transnacionales proyectan una segunda gran revolución. Consolidado el orden excluyente y la reforma del Estado en sus aspectos básicos: privatización, descentralización, desregulación, flexibilidad del mercado laboral, ahora se dan a la tarea de apoderarse de las selvas semitropicales, las aguas, el subsuelo, etcétera. Son los nuevos megaproyectos donde participan empresas de energía, farmacológicas, automotrices, de alimentación, constructoras. Es la unión del capitalismo trasnacional y los cipayos para adueñarse de los últimos reductos del planeta sin explotar. Todo está diseñado, desde las formas de gobierno, al gobernanza, hasta las redes para capitalizar la inversión. Un nuevo imperialismo se dibuja en las entrañas de América Latina. La democracia representativa se reduce a un cascarón vacío. El control sobre la población obliga a constreñir los derechos políticos a su mínima expresión: el voto. No cabe la diferencia, la dignidad, la justicia social, menos aún los pueblos indígenas, acusados de ser los responsables del subdesarrollo.
Lo sucedido en Perú no es una excepción, se repite con intensidad variable en otros países. En México, por ejemplo, no podemos soslayar la resistencia del EZLN por salvaguardar la Selva Lacandona y las formas de autonomía en las Juntas de Buen Gobierno y los caracoles. En Chile la represión sobre la población mapuche, aplicando las leyes antiterroristas de la dictadura, tiene como objetivo desplazar la población más al sur y construir represas. Los gobiernos socialdemócratas de la Concertación no dudan en mantener encarcelados a más de 500 mapuches y asesinar a dirigentes en supuestos
enfrentamientos con las fuerzas de orden. En Colombia se les dispara bajo el pretexto de la doctrina de la seguridad democrática. De esta manera se restablece el orden. Acusados de terroristas y antipatriotas, se les aplican leyes ad-hoc para exonerar a quienes disparan y asesinan practicando el etnocidio. En estos caso, como suele ocurrir, el sentimiento de impunidad cubre los hechos al interpretarse las acciones de las fuerzas armadas como actos perpetrados en legítima defensa.
Alan García y su gobierno están convencidos de no haber cometido crímenes de lesa humanidad, ni etnocidio. Por el contrario, están seguro que actúan dentro de la legalidad vigente al hacer cumplir la ley, evitando un atentado contra la propiedad privada y los derechos de las trasnacionales. Su nombre no debemos olvidarlo, entra de lleno en la historia de la ignominia y la traición contra los pueblos indígenas cometida por los socialdemócratas en nombre del progreso.
