Ahora toca facilitar las cosas, de Guillem López i Casasnovas en La Vanguardia
>TRIBUNA
Los mercados andan histéricos. Y la credibilidad de la zona euro está en cuestión. El tratado no supo prever una situación como la actual y hoy la desorientación es mayúscula. A falta del instrumento devaluatorio, los teóricos dieron entonces por hecho que los excesos de cada país serían internalizados en su economía real mediante ajustes costosos. El rescate incluso se prohibía como solución colectiva.
La realidad hoy es que la “contaminación” del primer volcán griego en erupción se extiende a toda la zona y a su moneda. De ahí que asome con sus pros y contras el rescate financiero, en beneficio de todos se dice. Y con ello, todo lo negativo que comporta dichas solución como precedente para países que se esforzaban hasta ahora en arreglar sus cuentas y dejando sin penalización a los que se excedían (inversores incluidos, que se salvan así de una “quita” general). Y a río revuelto, ya se sabe.
Los que nunca creyeron en la zona euro tienen ahora un banco de pruebas para intentar tumbar la moneda común. Pueden así reafirmar sus teorías e incluso sacar unas ganancias de la apuesta especulativa contra nuestra moneda. Pero dicho test no tiene claves griega o portuguesa, que, al fin y al cabo, por lo que pesan sus economías en términos de coste del rescate, aun a regañadientes, es financieramente asumible. En esto se diferencia España. Si las cosas van a peor o simplemente no mejoran (es una cuestión de tiempo lo que diferencia ambos supuestos), por su envergadura, los socios europeos por más que quisieran no podrían rescatarla.
Lo que abona nuestro país como campo potencial de ataques especulativos es cuanta más incertidumbre reine sobre el futuro de nuestra economía. España no es Grecia ni Portugal, está claro. Entre otras razones, porque nuestra estructura de CDS, como medida del riesgo con el que perciben los mercados nuestra deuda soberana, tiene un perfil más razonable que nuestros vecinos de desgracia, con valores mas altos tanto para el medio como para el corto plazo. Pero preocupa de España la falta de acción de su política económica y así su potencial muerte por inanición. Si el país no crece se nos va a deteriorar la economía y con ello el sistema financiero propio. De ahí la importancia ahora más que nunca de facilitar las cosas, reforma del mercado de trabajo incluida – ni que sea con tratamientos transitorios-,a quien sea que esté dispuesto a invertir esfuerzo y dinero en nuestra economía. De ahí la importancia de recuperar el sentido de equidad en nuestro sistema fiscal y de poner fin a prácticas de nuestros banqueros, retribuciones incluidas, que rayan en lo obsceno.
En otro caso, sin recuperar algo de crecimiento, se van a hundir el consumo, el ahorro y la inversión. Basta echar una ojeada a la balanza de capitales para entender la gravedad del momento y cómo los ahorradores externos nos están también dando la espalda. Y mientras, uno se pregunta: ¿a quién escucha el presidente de Gobierno para enderezar la situación? ¿Quién debería convencerle de que el tiempo se nos está acabando? ¿Para cuándo la reacción política y social, sin ambages, que requiere la dificultad del momento?
Guillem López i Casasnovas. Departamento de Economía y Empresa, Universitat Pompeu Fabra.
