Bienvenidos al ‘cogobierno virtual’, de John Müller en El Mundo
AJUSTE DE CUENTAS
Ante la falta de recursos públicos está surgiendo una nueva forma de gobernar en España. Ya que no tenemos dinero para financiar políticas propias, nos hacemos partícipes de las que anuncian gobiernos extranjeros. Dos de los miembros más despiertos del Gabinete han sido los primeros en ejercer este cogobierno virtual. Ayer, el ministro de Fomento, José Blanco, vaticinó que el plan de infraestructuras de 39.000 millones anunciado por Barack Obama será “positivo” para las empresas españolas que “van a ver una oportunidad para superar el recorte” que él ha aplicado a la obra pública en España. Se trata, al menos, de una afirmación aventurada y tremendamente optimista porque aunque las multinacionales españolas de construcción y servicios son muy competentes y ya están bien posicionadas en EEUU, al panal de Obama van a llegar todas las abejas del planeta, tan necesitadas de trabajo como las nuestras.
El otro cogobernante virtual ha sido el ministro de Industria Miguel Sebastián que nada más oír de los planes de Angela Merkel de prorrogar la vida de las centrales nucleares alemanas vislumbró que la fórmula se podría aplicar aquí para mitigar el déficit tarifario de 4.000 millones que acumulamos. La idea germana, según confesó el diputado popular Álvaro Nadal, es “imaginativa”, pero Sebastián todavía no ha hecho una propuesta formal en el marco del diálogo energético que inició con el PP en junio pasado.
El déficit eléctrico vuelve a ser un problema acuciante. Según un informe del banco Nomura, la subida en el recibo de la luz es “inevitable” y debería rondar el 15% en 2011, y en el periodo 2012 a 2020 otro 18%. La imposición de una tasa nuclear y de un impuesto a la energía hidráulica podría recaudar unos 900 millones, según señalaba ayer Expansión.
Nuclear e hidráulica son los dos tipos de energía elegidos por la línea más intervencionista de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) para ser objeto de impuestos o tasas creativos, que es como se llama a los tributos de nuevo cuño ideados ante la falta de ingresos de los voraces estados europeos. Estas dos formas de generación no utilizan combustible fósil y tienen periodos largos de amortización, lo que les permite disfrutar de los windfall profits o “beneficios caídos del cielo”, un concepto todavía en discusión que podría resumirse como el beneficio puro que se genera cuando una obra ya ha sido amortizada o rescatada con dinero público.
El problema es que trasladar mecánicamente el plan alemán a España no es fácil. Primero, porque la prórroga germana afecta a centrales que están a punto de agotar su vida útil, cosa que no sucede en España, donde el próximo reactor que caducará será el de Almaraz I en 2021. En segundo lugar, la retribución media de las centrales alemanas es 10 euros mayor por megavatio hora que las españolas (55 euros por megavatio frente a 45 euros aquí). Por último, sería difícil (aunque no imposible) incardinar en la legislación española una tasa específica, ya que nuestro ordenamiento prevé que éstas han de ser finalistas, o un nuevo impuesto porque éste no podría discriminar a un tipo de energía frente a otro y debería gravar la electricidad en general, la cual ya soporta fuertes tributos.
Lo que sigue pesando como una losa en cualquier intento razonable de alcanzar un pacto energético (con fórmula alemana o sin ella) es el empeño personal del presidente del Gobierno de cerrar la central de Garoña en 2013 pese a que todos los informes le aconsejaban que puede seguir funcionando. Será difícil prorrogar nada con ese precedente.
john.muller@elmundo.es
