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Periodismo de opinión en Reggio’s

Cascos y el 25-M, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (12-02-2012)

El ojo del tigre

Las elecciones autonómicas, convocadas para el próximo 25 de marzo de 2012 (25-M, para decirlo de acuerdo con el lenguaje tecnocrático de la nueva democracia española), indican, principalmente, que en esta autonomía asturiana quien marca los tiempos políticos es su presidente. Este privilegio personal seguramente lo heredó de quien fué su maestro su maestro doctrinal Manuel Fraga, quien, en otros tiempos que son el gran antecedente didáctico de los actuales, frenaba en seco las urgencias aperturistas de aquellos que, siendo aún fieles a Franco, osaban sincerarse con aquel fogoso ministro de Información y Turismo (es decir, ministro de Propaganda) cuando conseguían entrar en su despacho para expresarle las prisas que tenía este país para asegurarse una normalidad democrática tan peligrosamente pendiente, como nunca lo había estado antes, de un finísimo hilo: el de la declinante senectud del superhéroe del 18 de julio: Franco. El hombre no acababa de morirse; con lo cual, el aperturismo político que postulaba la derecha civilizada no avanzaba.

Álvarez-Cascos se formó ideológica y políticamente en aquella inquieta España, que ya no era una sociedad compacta, inasequible al desaliento, tal como lo había sido con el glorioso Movimiento Nacional. El franquismo se había convertido en un régimen protagonizado por varias familias políticas: los monárquicos legitimistas (partidarios de don Juan de Borbón); los falangistas que arropaban a Girón, su líder natural, apretujándose dentro del bunker; los juancarlistas; los aperturistas, partidarios de una reforma políticamente próxima a la democracia… Como le decía uno de aquellos reformistas al corresponsal en España de la revista francesa L’Express: Los barrotes de la jaula se han separado un poco, pero la jaula no ha cambiado…

Cascos aprendió el arte de la política dentro de aquella jaula, y el oficio de mandar en un medio espeso de maquiavelismo franquista que se respiraba entre aquellos barrotes; rodeado de reformistas, por un lado, y de inmovilistas atrincherados en su bunker, por el otro. En el adoctrinamiento de Cascos se mezclaron ciertos valores de los primeros, y repentinos tics de los segundos. El resultado es el que tenemos a la vista: un político muy complejo. Difícil de predecir; fácil de entender. Difícil, porque se acostumbró a manejar él solo los tiempos; con lo cual, resulta imposible adivinar cuál será su próxima decisión. Fácil de entender porque cada una de sus decisiones fundamentales suele ir acompañada de un rotundo: Porque lo digo yo. Es el tic más frecuente de la época de hierro del glorioso Movimiento Nacional, incluso cuando ya tenía los barrotes de la jaula bastante separados.

Cuando el impetuoso presidenta forista del Principado de Asturias decidió que el 25 de marzo fuera día electoral, no fue por una repentina ocurrencia sino por una calculada salida del atasco en que estaba atrapado su Gobierno. Era rehén de un cúmulo de intereses de los otros partidos. Con su habitual capacidad para dramatizar la situación -capacidad muy propia de la cultura política recibida…-, denunció aquella situación como una consecuencia de un pacto secreto entre su antiguo partido PP y el PS(O)E. Una actualizada, e imaginada, conjura judeomasónica. Lo de siempre. A Cascos -como antes a Franco- sus ocurrencias siempre le dieron buenas oportunidades para seguir sentado en la cúspide de su pirámide orgánica. No digamos que, esta vez, Cascos se equivocó porque, a lo mejor, resurge como un auténtico caudillo de entre la próximas papeletas electorales de la primavera que viene. Al PP le interesa limar las asperezas que ahora mismo le impiden una relación natural, normal, fraternal con FAC. A los foristas -hermanos del PP separados ¿circunstancialmente…?-, lo mismo. No digo que acaben bailando agarrados, Cascos y Cherines, la próxima música poselectoral. Pero sí, quizás, tarareando su estribillo.

Cascos tiene suerte, como la que tenía el Faraón que reposa en Cuelgamuros. Los dos son inasequibles al desaliento. Es muy difícil eclipsarlos. En la década de los años sesenta, y los inicios de la siguiente -hasta el día 20 de noviembre de 1975-, la mayoría de los españoles pensaban que Franco era inmortal. Hablando de este asunto dos viejos amigos -el periodista Haro Tecglen y el actor Fernán-Gómez- decía el periodista: A lo mejor es verdad que debajo de esa lápida del Valle de los Caídos algo hay. Porque fíjate e Álvarez-Cascos, es una reencarnación. Ocurría esta conversación en un hotel de Madrid, en el año 1977. Quién la asegura a usted que no estamos ahora en vísperas de confirmarse lo que, entonces, sospechaba el rojo de Haro Tecglen. No pierda usted de vista el próximo 25.M.

Lorenzo Cordero. Periodista.

Publicado por Reggio's

12 Febrero, 2012, a las 7:14 am

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