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Evitar los derribos, de Francisco Balaguer Callej贸n en P煤blico

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La impugnaci贸n por el presidente del Gobierno del decreto-ley valenciano sobre el Cabanyal deber铆a ser suficiente para evitar que se produzcan nuevos derribos en ese barrio. Por un lado, la impugnaci贸n, con invocaci贸n expresa del art. 161.2 de la Constituci贸n (CE), provocar谩 la suspensi贸n autom谩tica de la disposici贸n auton贸mica, con lo que esta no se podr谩 invocar para avalar futuras actuaciones para la destrucci贸n del barrio. Por otro lado, si bien el Tribunal Constitucional (TC) puede levantar la suspensi贸n, no parece que esto vaya a ocurrir si aplica su propia doctrina. En el ATC 336/2005, de 15 de septiembre 鈥搈encionado por el Consejo de Estado en su Dictamen 60/2010鈥 el TC apreciaba, para mantener la suspensi贸n de una disposici贸n auton贸mica impugnada, 鈥渦n perjuicio actual y directo al inter茅s general que resultar铆a del bloqueo de las competencias estatales鈥.

Es justamente el bloqueo de las competencias estatales para la defensa del patrimonio cultural, art铆stico y monumental espa帽ol contra la exportaci贸n y la expoliaci贸n (art. 149.1.28陋 CE) lo que pretende el decreto-ley. De t铆tulo involuntariamente ir贸nico (鈥渄e medidas de protecci贸n y revitalizaci贸n del conjunto hist贸rico de la ciudad de Valencia鈥), el Decreto-Ley 1/2010, de 7 de enero, del Consell, est谩 orientado a impedir la aplicaci贸n de la Orden CUL/3631/2009, de 29 de diciembre, por la que se resuelve el procedimiento por expoliaci贸n del conjunto hist贸rico del Cabanyal. Esa orientaci贸n es manifiesta en su art. 3 cuando, al habilitar los actos de ejecuci贸n (l茅ase 鈥渄erribo鈥), especifica: 鈥淪in que tales actos de ejecuci贸n puedan verse menoscabados de cualquier modo por los actos o acuerdos de otras Administraciones P煤blicas鈥.

Si la suspensi贸n de los derribos parece asegurada hasta que el TC se pronuncie sobre el fondo, tambi茅n parece claro que, en el conflicto jur铆dico planteado, es al Estado a quien le asiste la raz贸n, toda vez que los pronunciamientos judiciales realizados hasta ahora se han mantenido en los t茅rminos de un juicio de legalidad ordinaria y lo que ahora se est谩 discutiendo es si el Estado puede hacer valer sus competencias constitucionales para evitar la expoliaci贸n del patrimonio cultural. A esta cuesti贸n central se unen otras deficiencias formales del decreto-ley como la de inexistencia de extraordinaria y urgente necesidad (art. 44.4 del Estatuto de la Comunidad Valenciana). Sin embargo, lo que tiene mayor relevancia es la indubitada competencia estatal y el hecho de que el Consell, en lugar de impugnar la Orden del Ministerio de Cultura, que es lo que deb铆a de haber hecho si no estaba de acuerdo con su contenido, ha procedido, de manera ileg铆tima, a intentar impedir su aplicaci贸n por medio de este peculiar decreto-ley.

驴Deber铆a tranquilizar todo esto a las personas que se han manifestado en contra de los derribos? Claramente no: el destino del Cabanyal sigue estando en peligro porque hay intereses muy poderosos que van a permanecer siempre activos. A medio y largo plazo, la movilizaci贸n ciudadana es la 煤nica esperanza de salvaci贸n del barrio.

Francisco Balaguer Callej贸n. Catedr谩tico de Derecho Constitucional.

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Febrero 4th, 2010 at 8:08 am

Rehabilitaci贸n urbana integrada, de Carme Miralles-Guasch en P煤blico

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Hace algunas semanas el Gobierno anunciaba la defensa de la rehabilitaci贸n urbana integrada como una de las prioridades de la Presidencia espa帽ola de la UE en materia de vivienda y desarrollo urbano. Es decir, se trata de orientar la Agenda Urbana Europea hacia pol铆ticas que contemplen el conjunto de la ciudad o del barrio y no se conforme con iniciativas puntuales y fragmentadas que s贸lo ven la ciudad a pedazos, sean estos los edificios, los transportes o sus habitantes.

Con este objetivo se promueve la Carta de Leipizg sobre Ciudades Europeas Sostenibles, aprobada en mayo de 2007. Un documento que, adem谩s de reivindicar la Europa de las ciudades como patrimonio valioso e irreemplazable en lo econ贸mico, social y cultural, subraya la necesidad de una pol铆tica global en su desarrollo. Acci贸n estrat茅gica que implica tener en cuenta de manera simult谩nea los aspectos espaciales, sectoriales y temporales que interact煤an en el fen贸meno urbano. En este sentido, se quiere mejorar la calidad de vida de los ciudadanos e incrementar la competitividad de las ciudades, implicando en estos objetivos a las pol铆ticas de vivienda, de infraestructuras y de educaci贸n, en paralelo al envejecimiento de la poblaci贸n, las tendencias migratorias o las condiciones energ茅ticas, entre otras. Pol铆ticas p煤blicas que, en muchas ciudades, al estar ubicadas en concejal铆as distintas, se dise帽an de forma aislada, lo que las hace menos eficaces y desaprovecha saberes y presupuestos.

Adem谩s, la Carta de Leipizg pone especial atenci贸n en el barrio como unidad de acci贸n, en cuanto que los retos a que se enfrentan las ciudades se desarrollan en lugares concretos de la urbe que pueden ser muy dispares. El precio de la vivienda, el 铆ndice de paro o la exclusi贸n social afectan de forma distinta a una misma ciudad, seg煤n el barrio en que estos 铆ndices se ubiquen.

Este nuevo enfoque en pol铆ticas urbanas, que impulsa Europa y enfatiza Espa帽a, es un salto cualitativo importante en pol铆ticas p煤blicas. Por una parte, esta perspectiva recoge la complejidad de la ciudad y no la desmenuza en peque帽as e inconexas acciones. Al contrario, intenta entenderla y gestionarla de forma global, integral, donde es tan importante cada uno de los sectores como la conexi贸n e interdependencia que existe entre ellos. Donde, adem谩s de entender la vivienda y el transporte, por ejemplo, es importante fijarnos en el gui贸n que los une y, con 茅l, al resto de redes f铆sicas y sociales que integran la ciudad.

Adem谩s, este enfoque hace hincapi茅 en que las ciudades no son entes homog茅neos. Dentro de Londres, Par铆s o Albacete existen muchas y diversas caracter铆sticas, desigualdades y asimetr铆as que requieren intervenciones adecuadas a cada lugar, a cada barrio.

Es un salto adelante, porque no estamos acostumbrados a relacionarnos con la complejidad de nuestras ciudades y tampoco entender sus diferencias internas. Al contrario, a menudo nos movemos entre pol铆ticas urbanas demasiado generales y, a la vez, fraccionadas.

Carme Miralles-Guasch. Profesora de Geograf铆a Urbana.

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Enero 18th, 2010 at 9:08 am

El arte en la era digital, de Umberto Eco en Rebeli贸n

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Los historiadores de la Edad Media nos dicen que el habitante de un pueblo dif铆cilmente se mudaba a la aldea o pueblo vecino, distante a pocos kil贸metros, pero era posible que visitara, como peregrino, Santiago de Compostela o Jerusal茅n. Sin embargo, aunque probablemente conoc铆a las esculturas y vitrales de su propia iglesia, 驴qu茅 pod铆a haber visto o comprendido de las construcciones que cruzaba a lo largo de su peregrinaje? Es muy dif铆cil querer ver algo que nunca se ha visto, algo que desaf铆e nuestra capacidad de percepci贸n.

Algunos han puesto en duda el hecho de que Marco Polo estuviera realmente en China, porque no habla de la Gran Muralla ni del t茅 ni de los pies vendados de las mujeres. Pero se puede estar mucho tiempo en China sin saber verdaderamente qu茅 beben los chinos, sin observar jam谩s los pies de una mujer, aunque sea por educaci贸n, notando como mucho que en la corte de Gengis Kan las damas se desplazaban a peque帽os pasos; y sin pasar por la Gran Muralla, o pasar por ella y tomarla como una fortaleza local.

Todo esto para decir que, hasta el siglo XX, el conocimiento que la gente ten铆a del arte de otros pa铆ses era muy limitado. Por otra parte, si observamos los magn铆ficos grabados de la China del sacerdote Athanasius Kircher, a partir de las reconstrucciones visuales (realizadas seg煤n las descripciones verbales de los misioneros), es muy dif铆cil reconocer una pagoda.

驴Cu谩ntas obras de arte de su propia civilizaci贸n ve铆a un ciudadano franc茅s hasta el siglo XIX? El acceso a las colecciones privadas, e incluso a los museos, estaba reservado a una elite, y a lo sumo, a una elite urbana, hasta la invenci贸n de la fotograf铆a.

Para saber, por ejemplo, a qu茅 se parec铆a una obra de arte conservada en Florencia, se recurr铆a a los grabados. 隆Ah! 隆Esos espl茅ndidos libros de Lacroix donde las madonas de todos los siglos (bizantinas o del Renacimiento) ten铆an el rostro de las j贸venes que poblaron los relatos hist贸ricos de la 茅poca rom谩ntica!

Recordemos que una de las etimolog铆as de la palabra kitsch 鈥揳unque las hip贸tesis son numerosas鈥 es sketch, esquisse, esbozo sint茅tico y apresurado: los caballeros ingleses, durante su “Grand Tour” de Italia, para guardar un recuerdo de los monumentos y galer铆as que visitaban, ped铆an a artistas callejeros que les hicieran un dibujo de la obra vista una sola vez, ejecutado r谩pidamente la mayor铆a de las veces. De ese modo, incluso la evocaci贸n de la experiencia art铆stica directa pasaba por representaciones infieles.

Y no podemos decir que las cosas hayan mejorado con la invenci贸n de la fotograf铆a. Para convencerse de ello, basta con consultar algunos libros conocidos de la primera mitad del siglo XX sobre historia del arte, hasta que fue posible la reproducci贸n en color.

Lo mismo que pasaba con las artes visuales, suced铆a con el mundo del espect谩culo. Es conocido ese maravilloso cuento de Borges en el que Averroes, que busca en vano traducir de Arist贸teles los t茅rminos “tragedia” y “comedia” (pues esas formas de arte no exist铆an en la cultura musulmana), oye hablar de un extra帽o suceso al que hab铆a asistido un visitante en China, donde personas enmascaradas y vestidas como personajes de otros tiempos actuaban en un escenario de modo incomprensible. Le contaban lo que era el teatro, pero 茅l no comprend铆a bien de qu茅 se trataba. En el mundo contempor谩neo, la situaci贸n se invierte. En primer lugar, la gente viaja much铆simo, a riesgo de ver en todas partes los mismos lugares, hoteles, supermercados y aeropuertos, todos parecidos los unos a los otros, tanto en Singapur como en Barcelona, y se ha hablado mucho sobre la maldici贸n de esos “no lugares”. Pero, sea como fuere, la gente ve y es posible incluso que un franc茅s haya visto las pir谩mides o el Empire State Building, pero no el tapiz de Bayeux (un poco como su ancestro, el campesino medieval…).

El museo, antes reservado a las personas cultivadas, hoy es la meta de flujos continuos de visitantes de todas las clases sociales. Es cierto que muchos miran pero no ven, pero, a pesar de todo, reciben informaci贸n sobre el arte de diferentes culturas. Adem谩s, los museos viajan, las obras de arte se desplazan. Se organizan suntuosas exposiciones sobre culturas ex贸ticas, del Egipto fara贸nico a los escitas. El juego de pr茅stamos rec铆procos de obras de arte se convierte en vertiginoso, y a veces peligroso.

Puede decirse lo mismo de los espect谩culos, y es indudable que un habitante de una ciudad del interior tiene m谩s oportunidades de ver un espect谩culo de la Berliner Ensemble o un n么 japon茅s que la que ten铆an sus padres.

Agreguemos a esto la informaci贸n virtual: no hablo del cine o de la televisi贸n, que convierten casi en superflua una visita a Los Angeles, puesto que se la recorre mejor en una pantalla que embarc谩ndose en una marat贸n fren茅tica de una autopista a otra, sin entrar jam谩s en ning煤n centro habitado; hablo de Internet, que hoy pone a nuestra disposici贸n todas las obras del Louvre, de la Galer铆a Uffizi o de la National Gallery.

Esto provoca una internacionalizaci贸n del gusto, y la prueba es la experiencia apasionante que vive aquel que entra en contacto con el mundo art铆stico chino: habiendo escapado recientemente a un aislamiento casi absoluto, los artistas chinos producen obras que dif铆cilmente se distinguen de las que se exponen en Nueva York o en Par铆s. Recuerdo un encuentro entre cr铆ticos europeos y chinos, en que los europeos cre铆an interesar a sus invitados al mostrarles im谩genes de diversas b煤squedas art铆sticas europeas, en tanto que los chinos sonre铆an, divertidos, porque ahora conoc铆an esas cosas mejor que ellos.

Finalmente, basta con pensar en esos innumerables j贸venes de todos los pa铆ses que reconocen una pieza musical s贸lo si est谩 cantada en ingl茅s…

驴Iremos hacia un gusto generalizado, a punto tal que ya no podremos distinguir el pop chino del pop norteamericano? 驴O bien veremos perfilarse formas de localizaci贸n, de tal modo que las diferentes culturas producir谩n interpretaciones distintas del mismo estilo o programa art铆stico?

En todo caso, nuestro gusto quedar谩 marcado por el hecho de que ya no parece posible experimentar asombro (o incomprensi贸n) ante lo desconocido. En el mundo de ma帽ana, lo desconocido, si todav铆a queda algo, estar谩 solamente m谩s all谩 de las estrellas. 驴Esa falta de asombro (o de rechazo) contribuir谩 a una mayor comprensi贸n entre las culturas o a una p茅rdida de identidad? Ante este desaf铆o, es in煤til huir: es preferible intensificar los intercambios, las hibridaciones, los mestizajes. En el fondo, en bot谩nica, los injertos favorecen los cultivos. 驴Por qu茅 no en el mundo del arte?

漏Le Monde y Clar铆n, 2009. Traduccion de Estela Consigli. Texto escrito para el Festival Reimes Scenes d’Europe, que se desarrolla hasta el 19 de diciembre.

http://www.uneac.org.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=2535

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Diciembre 23rd, 2009 at 8:01 am

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El expolio nazi del arte 芦degenerado禄, de Juana Salabert en P煤blico

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Se acaban de cumplir 70 a帽os del comienzo de la guerra m谩s cruenta de la historia, iniciada tras la invasi贸n alemana de Polonia en septiembre de 1939, cuando al fin Francia e Inglaterra decidieron plantarle cara al monstruoso r茅gimen nazi, que antes de apoderarse de Checoslovaquia ya hab铆a volado en ayuda del golpe franquista y estrenado su armamento sobre las indefensas poblaciones civiles de la Rep煤blica espa帽ola. La enormidad e incurable herida de la Shoah o exterminio de seis millones de ciudadanos jud铆os europeos en las c谩maras de gas y campos de concentraci贸n nazis (museos como el israel铆 Yad Vashem e investigadores como Klarsfeld y tantos otros luchan con denuedo por devolverle a cada v铆ctima un rostro y una biograf铆a en los memoriales m谩s conmovedores e imprescindibles del mundo) son ya hoy, al menos, materia obligatoria de estudio en las ense帽anzas de varios pa铆ses europeos. Pero pocos conocen a fondo, sin embargo, los entramados econ贸micos del Reich hitleriano, que extendi贸 su rapi帽a por el continente esclavizado y los pillajes y saqueos subsiguientes de bienes privados o gubernamentales a que se dedicaron sus servicios en los pa铆ses ocupados con ayuda de los repugnantes colaboracionistas locales. Muchos de ellos delincuentes comunes aupados a gestapistas, y otros, como en el caso de Francia y su r茅gimen de Vichy, grandes empresarios de industrias varias (una de ellas, cosm茅tica, ni siquiera se molest贸 tras la derrota alemana en maquillar su pasado y nombr贸 a buscad铆simos criminales de guerra altos directivos de sus divisiones espa帽ola y estadounidense).

No son muchos, tampoco, pese a las reclamaciones efectuadas a museos o casas de subasta por herederos que reivindican lo robado a sus familiares jud铆os exiliados o asesinados por los alemanes, quienes saben que los gerifaltes nazis expoliaron y traficaron con arte moderno sustra铆do a galeristas, pintores y coleccionistas. El mismo que ellos tildaban en su vacua propaganda de 鈥渄egenerado鈥, les sirvi贸 鈥損uesto en bandeja por marchantes y contrabandistas que se aprovecharon de la ignominiosa arianizaci贸n de ciertas galer铆as de arte鈥 para obtener divisas de inescrupulosos coleccionistas internacionales o para intercambiarlo por otro arte, igualmente robado, pero m谩s af铆n a sus gustos. Arte germ谩nico para los proyectos muse铆sticos del pintorzuelo Hitler, que decor贸 la mansi贸n del grotesco Goering, la sede del Banco Central alem谩n, los ministerios y residencias de los asesinos de tibia y calavera comandados por un jefe que a帽os atr谩s suspendi贸 en Viena su examen de ingreso en Bellas Artes鈥 Algunos C茅zanne, Picasso, Monet, Matisse, Pisarro, Modigliani, Soutine, Braque (los alemanes le robaron, como a Paul Rosenberg, el brillante galerista de Picasso, su colecci贸n depositada en una caja bancaria francesa), L茅ger, Renoir, Manet, Malevich o Toulouse-Lautrec, fueron a parar, durante su deambular de secuestrados a sus leg铆timos due帽os, al parisiense museo Jeu de Paume y su entonces llamada 鈥渟ala de los m谩rtires鈥, en manos del organismo nazi ERR y visitada por los traficantes del colaboracionismo, hienas a la disputa del inesperado bot铆n. All铆, su valiente conservadora art铆stica, la resistente Rose Valland, autora del libro 鈥淟e front de l鈥檃rt鈥 (鈥淓l frente del arte鈥), llev贸, a espaldas de los ocupantes, una doble catalogaci贸n que, tras la victoria aliada, permiti贸 rastrear la pista y recuperar bastantes lienzos de entre las m谩s de cien mil obras de arte robadas en Francia por los nazis y sus fieles allegados p茅tainistas.

Lo recuerda muy bien el periodista H茅ctor Feliciano, autor de la excelente obra El museo desaparecido (Destino, 2004), cuya lectura me result贸 fundamental para mi novela El bulevar del miedo, que indaga el robo, cuitas y paradero 鈥揳煤n hoy muchas veces desconocido鈥 de las colecciones de los galeristas o particulares Rosenberg, Bernheim-Jeune, David David-Weill, Schloss o Rothschild. Su investigaci贸n, y la de otros expertos en el tema, les ha permitido, en varios casos, a nietos y sobrinos-nietos de los expoliados (y a veces luego asesinados en campos nazis), que contaban 煤nicamente con fotos de casas de sus parientes donde se ve铆an claramente colgadas las obras en litigio, exigir la devoluci贸n, o al menos el pago previo acuerdo, como sucedi贸 con La familia en metamorfosis, de Masson, hoy en el Reina Sof铆a, de su patrimonio escamoteado.

El Thyssen de Madrid se enfrenta asimismo ahora a la reclamaci贸n de un Pisarro reclamado por descendientes de Cassirer, su leg铆timo propietario. Y el Gobierno austr铆aco tuvo que devolverle recientemente cinco Klimt a la sobrina de Ad猫le Bloch, retratada en su d铆a por el pintor de Viena.

Pocos son, asimismo, los que saben que tambi茅n la Espa帽a de Franco (tan ensalzada por los actuales pseudohistoriadores del revisionismo posfascista), refugio de criminales de guerra como Darquier de Pellepoix, comisario 鈥渄e Asuntos Jud铆os鈥 en la Francia de P茅tain, sac贸 partido del horror. Por Bilbao pasaron barcos cargados de cuadros robados, como bien ha demostrado el profesor de la UNED Miguel Martorell Linares en su informe 鈥淓spa帽a y el expolio de las colecciones art铆sticas europeas durante la Segunda Guerra Mundial鈥. Ciertos anticuarios espa帽oles, a煤n hoy en activo, as铆 como varias agencias de aduanas, se lucraron con la venta de material saqueado por los nazis. Otros, como el anticuario colaboracionista franc茅s Pierre Lottier, afincado en la Espa帽a del Yugo y las Flechas, llegaron incluso en 1952 a decorar por encargo estatal los despachos del nuevo Instituto de Cultura Hisp谩nica. Pero mejor olvidarlo, 驴verdad? Es m谩s liberal sentirse provocado por el pu帽o en alto de una joven socialista鈥

Juana Salabert es Escritora.

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Septiembre 27th, 2009 at 9:01 am

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El A帽o Cerd脿 y las 谩reas metropolitanas, de Carme Miralles Guasch en P煤blico

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A principios del pasado mes de junio en Barcelona se puso en marcha el A帽o Cerd脿 para conmemorar los 150 a帽os de la aprobaci贸n del Plan de Reforma y Ensanche de Barcelona. La ciudad, a mediados del siglo XIX, derrib贸 sus murallas y habilit贸 un plan que conect贸 lo que hoy se conoce como el casco antiguo con los pueblos del llano 鈥揝ants, Sarri脿, Gracia, Sant Andreu鈥. Con ello no s贸lo se urbaniz贸, sino que se ampliaron los l铆mites legales de la ciudad y, con los a帽os, se consolid贸 el centro comercial y uno de los barrios m谩s genuinos de Barcelona, el Ensanche, con su cuadr铆cula y sus calles arboladas.

Sin embargo, lo interesante de este evento 鈥搎ue se prolongar谩 hasta mediados de 2010 con exposiciones, conferencias y publicaciones de todo tipo鈥 no es s贸lo la figura hist贸rica del ingeniero Idelfons Cerd脿.

Lo interesante e importante es el debate que, a partir de 茅l, se puede iniciar sobre el futuro de la ciudad y, m谩s concretamente, sobre su 谩rea metropolitana. Una cuesti贸n, la de las 谩reas metropolitanas, que en Espa帽a est谩 por estrenar.

El reto socioecon贸mico de Cerd脿 era el de adaptar las ciudades a la sociedad industrial que estaba por nacer, y para ello ide贸 un modelo de urbanizaci贸n que ayudara a su desarrollo, aunque primero fue capaz de percibir y analizar el profundo malestar que, en sus inicios, introdujeron las m谩quinas de vapor en la sociedad urbana y las tensiones que hab铆a en la sociedad en general. Si este era el reto de Cerd脿, 驴cu谩l es el nuestro?

Muchas de las grandes ciudades espa帽olas no son s贸lo ciudades aisladas de los n煤cleos urbanos del entorno. Al contrario, sus habitantes realizan las actividades cotidianas en estos distintos lugares; aunque existan los l铆mites municipales, estos no impiden que los ciudadanos trabajen, compren y duerman en distintas localidades. Para ellos, para su cotidianidad, toda esta multiplicidad de municipios es una sola ciudad, su ciudad, su 谩rea metropolitana. Sin embargo, las administraciones p煤blicas prestan muy poca atenci贸n a la realidad metropolitana como contexto territorial y social que requiere de una gesti贸n conjunta y coordinada de los servicios urbanos.

驴Es posible hablar de vivienda, de transporte, de equipamientos educativos, comerciales, sanitarios, de gesti贸n de los residuos o de pol铆tica industrial sin tener presente este fen贸meno plurimunicipal? El sentido com煤n, la eficacia de las pol铆ticas p煤blicas y la experiencia en otros pa铆ses indica que se tiene que atender esta realidad cotidiana de muchos ciudadanos y, con ello, iniciar el debate del fen贸meno metropolitano espa帽ol, que est谩 por hacer. Ser铆a una cuesti贸n nacional, transversal, pluridisciplinar, enraizada a la vida real de miles de ciudadanos y que nos permitir铆a reconocer nuestros problemas urbanos comunes y, con ellos, encontrar las mejores soluciones. E, incluso, ir un poco m谩s all谩 y entender el fen贸meno urbano, muy poco comprendido e interpretado. Aunque es en las ciudades donde la izquierda pierde las elecciones.

Carme Miralles Guasch. Profesora de Geograf铆a Urbana.

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Julio 27th, 2009 at 7:06 am

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Las manzanas de S茅raphine, de Gregorio Mor谩n en La Vanguardia

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SABATINAS INTEMPESTIVAS

隆Qu茅 hermosa pel铆cula es S茅raphine! Sencillamente hermosa, por m谩s que sea dura y acabe mal, y est茅 cargada de matices subrayados por un tempo lento que en ocasiones la convierten en una pieza teatral para una gran actriz; con pocos personajes y un fondo de naturaleza empapada de quietud. Si tiene usted el privilegio de vivir en una ciudad donde a煤n queden cines, no se pierda S茅raphine,un filme de Martin Provost. Modelnos de Star Trek y consola, abstenerse. No hay sangre, ni misterio, ni situaciones para el pasmo del espectador funcionario, ese que asegura “ir al cine para distraerse, porque bastantes preocupaciones te da la vida”. El hecho de que est茅 pasando entre nosotros sin pena ni gloria contrasta con el 茅xito de cr铆tica -desconozco si tambi茅n fue de p煤blico- que obtuvo en Francia. Siete premios C茅sar -los Oscar del cine franc茅s- son algo ins贸lito incluso en el pa铆s que invent贸 el chovinismo.

Cuenta la historia de S茅raphine Louis, una se帽ora de baj铆sima extracci贸n, casi analfabeta, de profesi贸n criada de servir, que se dec铆a anta帽o, cuya sensibilidad art铆stica hacia la pintura la convertir谩 en un personaje importante dentro de lo que se ha dado en llamar pintores naif, que tuvieron en Francia y en el aduanero Rousseau su personalidad m谩s cualificada y prestigiosa. Estamos hablando de la pintura francesa a caballo de dos siglos, el final del XIX y el comienzo del XX, periodo 煤nico, se puede decir con absoluta seguridad, en la historia de la pintura europea por su riqueza, variedad y ruptura con todo lo que se hab铆a hecho antes. Ella pasar铆a a la historia de la pintura, si es que se puede definir as铆 a quien apenas alcanza una nota a pie de p谩gina, con el nombre de S茅raphine de Senlis (1864-1942). No conozco su obra pict贸rica, s贸lo una fotograf铆a, fechada en 1920, la 煤nica que al parecer se conserva, donde se ve a S茅raphine con la paleta en la mano, al lado de una de sus telas.

Lo que impresiona de la trayectoria de S茅raphine Louis no est谩 tanto en su trabajo art铆stico como en todo lo que rodea la creatividad desbordante de una mujer de complej铆sima sencillez, de violenta ternura, de hedonista religiosidad, de pasional amor a la naturaleza, es decir, de todas las paradojas posibles y que podr铆amos ir a帽adiendo hasta llegar a la m谩s obvia, la que desemboc贸 en la locura. La criada de servir, la asistenta a domicilio, o como se dice en catal谩n, en equ铆voca expresi贸n, mujer de hacer faenas, no es una artista en el sentido convencional que tiene esa palabra. Lo suyo es m谩s simple y al tiempo representa la m谩xima complejidad del ser humano. Ella necesita pintar.

Lo suyo no es una vocaci贸n art铆stica, por tomar la expresi贸n t贸pica, sino una obsesiva necesidad de pintar. Tan es as铆 que, falta de mayores recursos intelectuales, lo entiende como una llamada de lo m谩s alto,que dada su singular personalidad y su humildad sentida, no puede interpretarse como obra de Dios; algo fuera de su alcance y pretensiones. Ella baja el escalaf贸n hasta los 谩ngeles. Los 谩ngeles, tambi茅n divinos, que rodean a la Virgen. En el inteligente gui贸n del filme se incluye un di谩logo, tan natural como surrealista, que ilumina la peculiaridad del personaje. Pasmada ante el marchante Wilhelm Uhde, que confiesa no ser creyente, le pregunta con gesto de asombro: “Que usted no crea en Dios puede ser hasta posible, pero 驴en la Virgen? 驴Verdaderamente no cree usted en la Virgen?”.

Y aqu铆 entra en nuestro particular escenario la figura de Wilhelm Uhde, el marchante. Si no hubiera existido el personaje, y a lo que parece, bastante m谩s complejo y contradictorio de como nos lo presenta la pel铆cula, creer铆amos que estamos ante una invenci贸n de los guionistas. Sobre S茅raphine Louis existen un par de trabajos -una biograf铆a y un estudio psicoanal铆tico, que yo sepa-; basta el hecho de fallecer en un psiqui谩trico para que se muestren m谩s interesados los m茅dicos y los escritores que los historiadores del arte, pero de Wilhelm Uhde no estoy al tanto m谩s que de su autobiograf铆a. Debi贸 de ser un personaje complicado en una 茅poca en la que los marchantes ten铆an personalidades fuertes, equiparables a los grandes artistas. Suced铆a tambi茅n en el mundo de la literatura; los grandes editores de la primera mitad del siglo XX son figuras dignas de ser retratadas como aut茅nticos creadores.

Siguiendo el hilo de Wilhelm Uhde uno se encuentra con buena parte del mundo art铆stico del primer tercio del siglo XX. Picasso le hizo un retrato cubista muy bonito hacia 1910, antes de que rompieran relaciones. Aliment贸 la econom铆a de Braque y puso en circulaci贸n el mundo de los naif, expresi贸n que 茅l detestaba y que gustaba llamar modernos primitivos. En el filme se cuela una reflexi贸n art铆stica de Uhde llena de sentido y sobre la que me confieso interesado desde hace muchos a帽os.

驴Eran ingenuos los artistas del rom谩nico?, pregunta Wilhelm Uhde. Y es evidente que no. Bastar铆a la riqueza er贸tica -la desverg眉enza pornogr谩fica, para ser m谩s precisos- de los escultores eclesiales en esa cu帽a de la Espa帽a antigua formada por Cantabria y Palencia.

驴Qu茅 es un pintor naif? Todo, menos un ingenuo. Sin embargo, hay como una simpleza en la gente, en este caso evidentemente naif, que la contempla como pintura inocente, c谩ndida. Ese mismo candor que algunos creen ver en la Alicia de Carroll y que a m铆 siempre me ha producido una desaz贸n f谩cilmente explicable, que no viene al caso.

Si hay algo de chiste cruel en un filme tan sugerente como S茅raphine est谩 en el esfuerzo por se帽alar la singularidad del artista frente al diletante. La obsesi贸n de S茅raphine por pintar alcanza lo pat茅tico, porque ella no parte de nada que no sea su primitivismo cultural, religioso, m铆stico.

Y sin embargo esa obsesi贸n, que en un mont贸n de pintores amateurs no es m谩s que asunto privado, alimentador de frustraciones y visitas al psicoanalista, en el caso de S茅raphine es arte. Cosa que ella no s贸lo desconoce sino que la sorprende, gratamente por supuesto, porque es inteligente y conoce, o intuye, las categor铆as. No es lo mismo tener la costumbre obsesiva de pintar – inclinaci贸n humana de lo m谩s inocente aunque la compartieran tipos como Churchill, Hitler o Franco-,sino que adem谩s eres un artista, un creador. 驴Y qui茅n decide eso? Pues la m谩s simple de las respuestas: la sociedad.

La plasticidad c贸mica del encuentro entre un hombre de gusto, refinado y experto, como Wilhelm Uhde, que hab铆a estudiado en Italia antes de instalarse en Par铆s, nacido en tierras polacas, entonces parte del imperio prusiano, ese Uhde, homosexual, fr铆o, oculto siempre tras las apariencias, en el acto de cenar con las fuerzas vivas de una peque帽a poblaci贸n del centro de Francia, es un momento estelar en el filme.

Porque en las actitudes elitistas de esas gentes barnizadas de una cultura tradicional, impostada de las clases que la Revoluci贸n Francesa ha tamizado, est谩 el dogma, la vulgaridad de las creencias fidedignas, la superioridad del canon sobre el talento, y por supuesto, la vanidad de los mediocres autosuficientes.

Por eso las manzanas pintadas por S茅raphine, que descubre Wilhelm Uhde en la espantosa cena social con las inteligencias locales, son una radiograf铆a de la sensibilidad. A 茅l le honra el ojo maestro, ese golpe de visi贸n que detecta la diferencia entre lo banal y lo esencial. Los dem谩s no cuentan; ganado de lujo, criado con esmero y en cautividad. Pero 驴y ella? 驴Cu谩l es su secreto? Ni lo s茅, ni aspiro a saberlo, lo 煤nico que puedo decir es que nosotros, los que escribimos, trabajamos con algo tan com煤n como las palabras. Sofisticadas o pedestres, en prosa o verso, no pueden escapar de s铆 mismas. Pero la pintura es otro lenguaje y no tiene l铆mites.

驴Por qu茅 siento envidia ante las manzanas de S茅raphine? Porque son arte que no necesita de las palabras para serlo, y eso las hace invulnerables. Las palabras mueren, las im谩genes no. O al menos, eso creo.

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Mayo 30th, 2009 at 9:11 am

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El futurismo no fue una cat谩strofe, de Umberto Eco en El Peri贸dico

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CENTENARIO DE UN MOVIMIENTO ART脥STICO

Con ocasi贸n del centenario del Manifiesto Futurista se han organizado muchas exposiciones para recordar y revalorizar este movimiento. En Italia ha sido motivo de pol茅mica la forma en que la exposici贸n de Par铆s considera a los futuristas, como ep铆gonos del cubismo, mientras que las diferentes exposiciones italianas intentan subrayar su originalidad y diversidad. Entre todas las exposiciones, me parece que sobresale, por diversos motivos, la del Palacio Real de Mil谩n. No recuerdo qu茅 peri贸dico, al hacer la rese帽a, se quejaba de que faltaban los grandes incunables del movimiento, esto es, el Dinamismo de un jugador de balompi茅, de Boccioni, o los Funerales por el anarquista Galli, de Carr, pero creo que es algo que no deber铆a molestar, y no porque sean obras que ya se han expuesto muchas veces, sino porque la exposici贸n permite ver algo m谩s y mejor. En lugar de ciertas obras mayores, hace ver qu茅 hab铆a antes del futurismo y a su alrededor, sobre todo en ese Mil谩n en donde se desarroll贸 antes de desembarcar en Francia. La muestra abarca tambi茅n el despu茅s del futurismo, hasta llegar a algunos importantes contempor谩neos nuestros. Si resulta obvio que una tradici贸n art铆stica crea siempre influencias, es menos obvio lo que suced铆a antes de ese decisivo 1909.

En el fondo, nosotros nos hemos acostumbrado a pensar que antes estaban los realistas a lo Michetti, que le gustaban a Gabriele D’Annunzio, los retratistas de se帽oras a lo Boldini, los simbolistas o los divisionistas decadentes a lo Previati, movimientos que les gustaban a los buenos burgueses que visitaban museos y galer铆as. Y luego, de repente, se produjo una sacudida inesperada, uno de esos vuelcos r谩pidos que cambian la historia o la naturaleza, como las revoluciones y los cataclismos: aparecieron las vanguardias hist贸ricas, entre las cuales est谩 el futurismo italiano.

Muchos conocen la teor铆a matem谩tica de las cat谩strofes, formulada por Ren茅 Thom: una cat谩strofe, en ese sentido, es como un brusco pliegue antes del cual no hab铆a nada y despu茅s, todo, o viceversa. En este sentido, son cat谩strofes el sue帽o y la muerte (monsieur De la Palisse un momento antes de morir todav铆a estaba vivo), pero tambi茅n, seg煤n algunas interpretaciones, varios acontecimientos hist贸ricos como, por ejemplo, una sublevaci贸n o un mot铆n en una c谩rcel (e igualmente ser铆a una cat谩strofe una curaci贸n milagrosa).

Ahora la exposici贸n milanesa nos da la prueba palpable de que el futurismo no fue una cat谩strofe. Basta mirar las obras expuestas para darse cuenta de que (por no hablar de las formas en licuefacci贸n de un escultor de finales del XIX como Medardo Rosso) en los primeros a帽os del siglo XX, y antes de que aparezcan las grandes obras maestras del futurismo, precisamente mientras Carr, Balla o Boccioni todav铆a siguen pintando sus cuadros de estilo figurativo (en los que la cr铆tica desde hace tiempo ha reconocido los g茅rmenes del futuro futurismo), el anuncio del dinamismo futurista se encuentra all谩 donde normalmente uno no lo espera o no va a buscarlo.

En 1904, Pellizza da Volpedo pinta Autom贸vil en el paso del Penice, donde el autom贸vil casi no se ve, mientras que se ve una carretera que corre mediante r谩pidas pinceladas estriadas; en 1907, Previati pinta Carro del sol, que a帽ade a su extenuado simbolismo una representaci贸n tangible del movimiento veloz y convulso del astro. Y estos son solo algunos ejemplos, pero es como si los 煤ltimos simbolistas, como Alberto Martini, anunciaran a los futuristas y los futuros futuristas a煤n se fijaran en divisionistas y simbolistas. Por no hablar de un Angelo Romani, que entre 1904 y 1907 elabora retratos y formas indefinibles llamadas Grito o Libidine que no consigo definir si no es como simbo-futu-expresio-
abstractas, mucho m谩s osadas que los cuadros futuristas que seguir谩n. Por eso se entiende que Romani primero se adhiera al Manifiesto Futurista y luego se disocie de 茅l, como si oscuramente buscara algo m谩s.

La exposicion milanesa sugiere muchas reflexiones m谩s all谩 de los avatares de los movimientos art铆sticos. Porque la denominada historia evenemencial nos ha acostumbrado a considerar todos los grandes acontecimientos hist贸ricos precisamente como cat谩strofes: cuatro sans-culottes asaltan la Bastilla y estalla la Revoluci贸n Francesa; unos millares de descamisados asaltan el Palacio de Invierno y estalla la Revoluci贸n Rusa; disparan a un archiduque y los aliados se dan cuenta de que no pueden convivir con los imperios centrales; matan a Matteotti y el fascismo decide que debe convertirse en dictadura. En cambio, sabemos que los hechos que han servido como pretexto o, por decirlo de alguna manera, como marcador de p谩ginas para poder establecer el principio de algo ten铆an una importancia menor, y que los grandes acontecimientos de los que se han convertido en s铆mbolo estaban madurando por un lento juego de influjos, crecimientos, disgregaciones.

La historia es fangosa y viscosa. Algo que hay que recordar siempre, porque las cat谩strofes de ma帽ana siempre est谩n madurando ya hoy en d铆a, como quien no quiere la cosa.

Umberto Eco. Escritor.

Distribuido por The New York Times Syndicate.

Traducci贸n, H茅ctor Shelley.

Written by Reggio's

Abril 11th, 2009 at 9:08 pm

Posted in Arte, Historia

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