Reggio’s

Periodismo de opinión en Reggio’s

Archive for the ‘Asturias’ Category

Platos rotos astures, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

without comments

«Lo más grande que el hombre ha hecho se lo debe al sentimiento doloroso de lo incompleto de su destino».
(Madame de Staël)

Unquera-Llanes o la fuerza del sino. Oviedo-La Espina o la burla que no cesa. La Autovía del Cantábrico a su paso por Asturias o la insostenible inanidad de una tierra que no tiene quien la reivindique. El peaje del Huerna o la promesa incumplida que alcanzó la vejez. La FSA o el discurso cautivo. El PP astur o el partido que once años después no se repuso de su única -y pírrica- victoria política. IU o la subcontrata política más ventajosa del arecismo. ¡Qué panorama, Dios mío, qué panorama!

¿Dónde está el Deus ex machina que nos condena a que, en materia de infraestructuras, nos cueste tanto alcanzar la transitividad que no tenemos? En lo tocante a nuestra salida a Europa, parece que siempre nos tropezaremos con el tramo Unquera-Llanes. Entre la gran ciudad astur y el suroccidente, siempre nos quedará la autovía de la Espina, cuyos tramos sin terminar, o bien están prácticamente paralizados, o bien el Ministerio del señor Blanco decidió rescindir el contrato con la empresa correspondiente, como en el caso de la segunda calzada entre Salas y la Espina. En lo que concierne a nuestra comunicación por carretera con la Meseta, estamos condenados a seguir pagando peaje, por mucho que se haya venido prometiendo que se iba a suprimir. Entre Asturias y Galicia, nos los fían cada vez más largo.

Pero aquí el personal está muy contento, claro que sí. Ahí tenemos, por ejemplo, al dirigente socialista Álvaro Cuesta que, a pesar de los pesares, le escanció un culín de sidra al señor Blanco en Villazón durante la visita del Ministro a nuestra tierra con motivo de la inauguración del tramo entre Grao y Doriga el pasado mes de julio, evento que se llevó a cabo con dos años de retraso. ¡Eso es velar por nuestros intereses y lo demás cuento! Pero aquí todos contentos, el señor Buendía está encantado con los recortes, y, dando muestras de unos recursos expresivos que hubieran asombrado al propio Quevedo, nos deleitó con una perorata futbolística. ¡Toma poder metafórico, que diría el señor Moreno! (Me refiero al «¡toma!», que no a la metáfora). Pero aquí todos contentos, don Javier Fernández, que tanto se afana y se desvela por el bienestar de los más desfavorecidos, comprende las últimas reformas del Gobierno en materia de pensiones y de reforma laboral. Pero aquí todos contentos. Don Ovidio Sánchez, tras la energía espiritual que le proporcionó su viaje a Tierra Santa, seguro que comienza el curso político dispuesto a todo, quién sabe si a perder por cuarta vez. Pero aquí todos contentos. El alcalde de Oviedo, a pesar de «Villa Magdalena» y otros asuntos no muy favorecedores de las cuentas municipales, es feliz desdiciéndose y anunciando buenas nuevas. Pero aquí todos contentos. El vibrante señor Sariego, dicharachero edil gijonés de retórica castelarina, pone su granito de harina y de arena al pan y circo del localismo astur, y así la diversión entre los unos y los otros está más que asegurada.

Platos rotos astures. Ni el arecismo que está en retirada, ni tampoco el emergente candidato socialista don Javier Fernández tienen a bien plantar cara al Gobierno a resultas de los recortes presupuestarios que está sufriendo Asturias. Sus señoritos madrileños son intocables, claro está.

Platos rotos astures. Ante ello, el PP, en lugar de disponer de un candidato con un proyecto para Asturias que avance lo que espera que el Gobierno español decida con respecto a nuestra tierra, está dando el espectáculo de proponer un candidato al que meses después desautoriza, está ofreciendo una imagen de división interna, no ya antes de gobernar, sino antes incluso de transmitir a la ciudadanía asturiana su proyecto.

Platos rotos astures. Por mucho que las grandes luminarias políticas de IU en Asturias digan estar en desacuerdo con las últimas medidas del Gobierno de Zapatero que con tamaña sumisión acata el Gobierno autonómico al que apoyan, ahí siguen en sus consejerías y sinecuras para los suyos.

¿Por qué nos cuesta tanto algo tan elemental e imprescindible como concretar lo que Asturias necesita a día de hoy? ¿Por qué hemos llegado a un escepticismo tan pasivo que, suceda lo que suceda, aceptamos convivir con la sumisión del Gobierno autonómico por una disciplina de partido que se antepone a los intereses de esta tierra? ¿Por qué nos resignamos a que el PP se comporte de modo tal que parece a aspirar a seguir estando en la oposición en vez de articular un proyecto y una candidatura que, al menos, suscite el debate político en Asturias? ¿Por qué nos hemos hecho a la idea de que la coalición de izquierdas sea poco más que una oficina de empleo para sus camaradas y anteponga eso a su programa político en el que, en teoría, tendría que existir, además de lo negociable, lo irrenunciable?

Me temo que, a propósito de la brillante afirmación de Madame de Staël que encabeza este artículo, en la Asturias de hoy el «doloroso sentimiento de lo incompleto de nuestro destino», en lugar de llevarnos a la necesidad de mejorar como sociedad, nos conduce a todo lo contrario: a un fatalismo que nos cercena y arruina.

Written by Reggio's

Agosto 31st, 2010 at 9:12 am

Ferragosto en Ribadesella, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (29-08-2010)

without comments

El ojo del tigre

A Manolo Hervás, ilustre riosellano

estival y decano de los veraneantes

en Ribadesella.

La primera gran época del esplendor estival en Ribadesella se inicia a partir de la segunda década del siglo XX; si bien, su tiempo mas brillante se podría datar entre el final de la I Guerra Mundial (1918) y los inicios de 1935, la víspera de una trágica convulsión política que arrasó no solo los paisajes mas idílicos de este país, sino también las conciencias de sus habitantes. Hasta entonces, los ferragostos de aquel tiempo tenían como escenario principal el que, entonces, todavía era un incipiente y aristocrático barrio residencial de La Playa; construido sobre las dunas del extenso Arenal, que hacia las veces de muralla defensiva para la tranquila y recoleta dársena portuaria frente al empecinado embate de las olas de una franquicia del Océano Atlántico, llamada Mar Cantábrico.

Para la historiografía local, el ferragosto riosellano se divide en tres épocas: la ya citada, que, quizás, desde un punto de visto sentimental es la más larga y notable, la segunda que va desde la segunda mitad de los años 50 hasta 1968; y la tercera –y última, por ahora-, que abarca desde 1976 hasta el momento presente. Cada una de esas épocas se caracterizan de acuerdo con quienes fueron, en cada momento, sus más típicos representantes.

En primer lugar, es indiscutible la figura de quien fue, sin duda alguna, la locomotora de los veraneos en Ribadesella: la marquesa de Arguelles (No tiene nada que ver con el padre de la Constitución de 1812, don Agustín Arguelles y Álvarez). Ella ha sido la protagonista principal de esa metamorfosis urbanística que transformó el viejo y solitario Arenal en una pequeña ciudad residencial, poblada –en sus inicios– por una parte de la aristocracia y la burguesía madrileñas, junto con algunos indianos, quienes agitaron la vida social y cultural en las décadas finales de la primera Restauración borbónica. El lugar emblemático de ese tiempo era el chalet que, construido por los marqueses de Arguelles, hoy adorna todavía, como la guinda de una gran tarta histórica, la famosa Punta del Arenal; separada, por el canal de entrada al puerto, de la pequeña península de El Corvero, cuyo remate final es la ermita de La Guía, uno de los lugares más castizos de la Villa.

En los salones del citado chalet y en sus jardines, entre 1923 y 1930 –siete años de marcada tendencia conservadora-, se celebraron infinidad de saraos cuyos protagonistas estelares fueron –en distintos momentos– el rey Alfonso XIII y el general Miguel Primo de Rivera. Para la jerarquía política ultraconservadora y la aristocracia y burguesía restauracionistas, Ribadesella fue un lugar de visita inevitable; especialmente, para después de visitar Covadonga. Uno de los últimos jerarcas de la derecha española, que cumplió con este rito, fue José Maria Gil Robles, quien después de protagonizar un mitin de la CEDA en Covadonga –ante sus incondicionales militantes de la Juventud de Acción Popular– repitió su discurso en Ribadesella, en la antigua fabrica de sidra achampanada “El Sella”, en La Playa; hoy, Instituto de Segunda Enseñanza. Eran los prolegómenos de la elecciones de 1936; después, ganadas por el Frente Popular.

El negro paréntesis de la Guerra Civil liquidó aquel periodo de la clara supremacía social por parte de la aristocracia y la burguesía monárquicas. Fue a mediados de la década de los años 50 del siglo pasado, cuando empezaron a brotar de nuevo las influencias del ferragosto clásico en la sociología local. Entre 1954 y 1968 –quizás, hasta 1970– el epicentro social y cultural de la villa de Agustín Arguelles se trasladó a la orilla derecha del estuario del Sella. Sus personajes públicos se reclutaron entre la propia población indígena y, como mandaba la tradición, entre la sociedad veraneante mas dinámica. Un semanario local (Somos) creó la figura del Riosellano estival, para ponerle remedio a la mala costumbre de acotar espacios exclusivos por parte de la población autóctona. Entre los veraneantes y los riosellanos nativos no había barreras, sino una solidaridad compartida que permitía disfrutar conjuntamente de la cultura del ocio; de la cultura del saber y de la cultura de la civilización social. Aunque La Playa siguió considerándose como el espacio estival característico de la vieja y nueva aristocracia y burguesía –ésta, propia del régimen creado tras la Guerra Civil-; al mismo tiempo, la Villa se convirtió en el epicentro de las relaciones culturales y sociales de aquel periodo. Uno de los lugares emblemáticos de esta época fue el (lamentablemente) desaparecido Teatro Divino Arguelles, victima, entre otros abandonos, de una indigestión de cine…

Otro lugar característico de aquel tiempo seria la “Botica de Laredo”; cuya rebotica fue el consulado de la sociedad de La Playa en la Villa; lugar en donde confluían el ayer y el hoy de entonces, castizo mentidero local y cabeza de puente de los últimos veraneantes. Desde 1976, tras un periodo de abulia local y de confusión cultural (entre el rock y los vaqueros), los ferragostos riosellanos han cambiado de protagonistas: son los nuevos españoles nacidos con la Transición han desaparecido los veraneantes (lógicamente, los Riosellanos estivales también…), siendo sustituidos por los actuales turistas. Con lo cual, lo que ahora predomina es el nomadismo estival frente al histórico sedentarismo de unas épocas que parecen ser irrepetibles.

Solo queda un pequeño brote de aquella antigua inteligencia veraniega: las conversaciones políticas en el antiguo chalet de la marquesa –hoy, gran hotel-, que tienen como protagonista estelar a don Gregorio Peces-Barba, expresidente del Congreso de los Diputados, con la democracia, y un veraneante al clásico estilo de los históricos ferragostos riosellanos.

Lorenzo Cordero. Periodista y Cronista Oficial de Ribadesella.

Written by Reggio's

Agosto 29th, 2010 at 9:11 am

Posted in Asturias, Política, Sociedad

Tagged with

La Asturias de charanga y pandereta, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

without comments

Divagaciones sobre la política cultural llariega

Mi noble patria se hace cada vez más estúpida. La Estupidez general influye sobre los individuos. Poco a poco, cada uno se va poniendo a la altura de los demás“. (De una carta de Flaubert a Turgueniev).

El paso de la megalomanía de Girón de Velasco a una especie de Kremlin hecho a la medida de la disidencia de Perlora. El imprevisto lance que hizo que de repente se abandonase la apuesta por una exquisita programación con “performances” para no se sabe qué inmensa minoría, tornándose tan elitista afán en  un populismo de rumba. ¿Acaso era ésta la espedida que podía esperarse de don Vicente y su politburó cultural, convirtiendo su bienamada Laboral en un enclave para lo populachero, y, por si ello fuera poco, programando, otrosí, el último día de Asturias del arecismo con el guión de la charanga y la pandereta?

¿O es que aquí de lo que se trata es de enaltecer la estética del vino peleón, del chorizo grasiento y de la música más chabacana? Porque no estamos hablando tan sólo del sorprendente vuelco en la Laboral llevado a cabo por los privilegiados cerebros de nuestras autoridades culturales, sino que además el día de Asturias contará con una agenda muy similar. Por soleares, se arranca el arecismo en su despedida. ¿Quién lo diría?

De todo este casposo asunto, lo más inquietante de todo es, para mí, la programación que se hizo para el día de Asturias. Este partido que en nuestra tierra es también un régimen, que se reclama tan cosmopolita, que tan reticente se vino mostrando en todo momento con respecto a la cultura asturiana, sobre todo en lo que toca a su lengua, se arranca, como hemos dicho, por soleares. Claro, es mucho más universal todo lo que rodea a doña Isabel Pantoja que cualquier expresión de asturianismo. Lo nuestro es aldeano, cateto, alicortado, mientras que la oferta del señor Moreno no sitúa en la vanguardia cultural del universo. ¡Toma ya!

¿Cómo es posible que esta sociedad tolere semejante tomadura de pelo, soporte un despilfarro tan tremendo? ¿En qué podrá estar pensando el candidato socialista, don Javier Fernández, del que nos consta su escasa debilidad por el asturianismo? ¿Acudirá a los conciertos de doña Isabel Pantoja? ¿Y don Ovidio? En un arranque de espontaneidad, ¿le pedirá a la tonadillera un autógrafo en tan señalado día en la villa riosellana? ¿Y se vestirá para la ocasión doña Mercedes Álvarez, cuya trayectoria académica en la filosofía es tan deslumbrante? ¡Ay!

La pregunta que hay que hacerse no es sólo si la Laboral era esto, sino también si entre nuestros políticos hay alguien que tenga en su cabeza alguna idea de lo que es la política cultural que debe seguirse en Asturias.

De modo que aquí  no sólo es Gabino, con su majeza y ramplonería, el único que apuesta por la brocha gorda, pues hasta las más divinas huestes culturales del arecismo deciden, por lo que parece, imitarlo.

¿Qué quedará de la política cultural del arecismo, que no sea la tropelía contra Pepe el Ferreiro, que no sea su suntuoso despacho en la Laboral, que no sea su acuerdo con el señor Moreno para divertir al personal?

La Asturias de charanga y pandereta, con los Morancos de pregoneros en Oviedo y con la Pantoja como acontecimiento estrella de las fiestas llariegas. La Asturias de charanga y pandereta,  cuya izquierda transformadora gobernante ni siquiera se decidió en ningún momento hacer del 25 de mayo la conmemoración cívica que parecería obligada a poco que se conozca la envergadura histórica de sus protagonistas, empezando por don Álvaro Flórez Estrada.

La Asturias importadora de charanga y pandereta es la que emerge en la solemne despedida de un arecismo que nos ha venido gobernando en los últimos once años.

Divina izquierda que mora en Cabueñes, divina izquierda que va de feria en feria y de salón en salón, regalando cada año la
imprescindible perla cultivada. Divina izquierda que no tiene empacho alguno es justificar lo que sea menester. ¿Acaso hacen falta tantos despachos y tantos altos cargos para poner en manos del señor Moreno el ocio de la ciudadanía astur? ¡Venga ya, señores, venga ya!

Faralaes, castañuelas, coplas que entonan lastimeros lamentos, el machadiano mañana efímero cerrando el verano astur.

¿Qué podremos pensar –insisto- de nuestra divina izquierda cuando los veamos de palmeros de estos espectáculos con que deleitan al pueblo soberano? ¿Recordarán acaso sus liturgias de mecheros encendidos cuando Serrat cantaba la saeta machadiana? ¿Tornarán a su portentosa imaginación acordes de inolvidables canciones, que en su momento fueron himnos, que cantaban, entre otros,  Llach, Aute y Raimon?

Divina izquierda astur, por soleares, por celestiales, sin un Currito el palmo que nos estremezca y nos vuelva tiernos. ¿En qué quedó la educación sentimental de estos cráneos privilegiados que diría el personaje valleinclanesco?

Written by Reggio's

Agosto 24th, 2010 at 8:11 am

Reflexión estival, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (15-08-2010)

without comments

El ojo del tigre

A mis colegas del Belmont Party

A estas alturas de la Transición –tres décadas y pico después de su institucionalización como sistema político especifico– todavía hay muchos que siguen creyendo que aquella larga y compleja operación de reforma de la dictadura sirvió para crear un sistema ideológico que colocaría a España en las antípodas de aquel prolongado periodo ultrapresidencialista, que tuvo como protagonista principal a un general (ísimo) que tenia ojos présbitas y una mirada inquietante. Son mayoría los que piensan que este, supuestamente, nuevo modelo (anfibio) de gobierno del país es el después total del franquismo; la compensación por tantos años vividos a merced de las arbitrariedades políticas, el premio por el tiempo vivido bajo la férula de un poder despótico, que tuvo secuestradas las libertades esenciales que deberíamos compartir entre todos con naturalidad, como ocurre en las sociedades sociológicamente civilizadas.

Insisto: aún se cree que esta democracia es un territorio nuevo; diferente del que anteriormente ocupaba el franquismo; otro espacio político distinto y distante, como habría dicho Leopoldo Calvo Sotelo, aquel segundo y breve presidente que administró los bienes espirituales –y materiales– de una Transición aún sin cristalizar definitivamente; recién salida de un temperamental intento de frustrarla poniéndole una pistola (¡otra vez!) en la sien y golpeándola en el plexo solar: El Congreso de los Diputados.

En realidad, este régimen democrático ha sido construido como un sistema adosado al inmediatamente anterior. Con lo cual, todavía algunas de las humedades ideológicas fundamentales del viejo edificio rezuman en las paredes maestras del sistema recién construido. ¿Cómo es posible que ocurra esto…? Por una simple razón: porque los arquitectos del edificio político levantado sobre el mismo solar (España) que ocupaba el sistema semiderruido, decidieron evitar el aislamiento radical del nuevo (la ruptura) y optaron por consensuar el aprovechamiento de los antiguos cimientos para la construcción de las modernas paredes.

Los momentos, durante los cuales es cuando mas se nota ese proyecto ecléctico que, al final, decidieron aprovechar los autores materiales (y espirituales) de la Transición, son aquellos que tienen una relación directa con la economía. Por ejemplo: el recorte drástico en las inversiones para las obras públicas ya iniciadas o las que, estando proyectadas, aún no empezaron a construirse. En Asturias abundan estos casos. Pero, sobre todos, hay dos que facilitan el alarido tenaz de la oposición al Gobierno socialdemócrata: a), La Autovía del Cantábrico; b), Las obras para el AVE. Aquí se confunden las funciones administrativas del Estado con las actividades políticas del estamento que manipula el sistema; de tal manera, que acaban por componer ambas una compleja y tupida red de intereses entre cuyas mallas queda atrapado –e inmovilizado– el sentido común.

Este fenómeno, que consiste en utilizar el método económico y el sistema político para crear conflictos partidistas es viejo en la cultura liberal democrática europea. Llego a decirse que en todo sistema liberal siempre se esta haciendo política incluso cuando se trata de construir un ferrocarril… Lo mismo se repitió aquí, en España, cuando se notaron los primeros síntomas del cambio (1957).

Los partidarios de conservar las líneas maestras del Glorioso Movimiento Nacional -surgido del Espíritu del 18 de Julio– insistían en que no se distanciaran las decisiones administrativas de las resoluciones meramente políticas. Durante cuarenta años, ese método les dio espléndidos resultados a quienes representando al poder político –único– habían utilizado el económico para granjearse las simpatías, que entonces eran inquebrantables, de quienes necesitaban, por ejemplo, una carretera o un ferrocarril que les permitiera ir y volver sin perder su contacto directo con el ombligo social en el que se habían acomodado.

Es evidente que vivimos un tiempo en el que lo económico prevalece sobre lo ideológico. Son muy pocos los que se sienten capacitados para vivir de sus ideas políticas, pero componen una legión aquellos que no sabrían qué hacer si les fallara el sistema económico como sustento de su función política. Además, el factor económico genera fidelidades políticas más fuertes y más constantes que las simplemente ideológicas. El dinero publico afianza el favor político en una sociedad que ha perdido su pasión por la utopía –así se fue desmoronando rápidamente la ideología como nutriente de la izquierda-, la teoría política no tiene sentido. Solo lo tiene la práctica económica. En cuyo caso, un padre de la Patria es más padre si, además, construye carreteras y ferrocarriles. Ahí esta el singular –y disputado- Cascos para demostrarlo.

Esto se practico hasta la saciedad durante el régimen de aquel general superlativo, en donde (gracias a Franco) los españoles viajaban en tren… Y ésto, precisamente, es lo que permanece intacto en la democracia de la Transición, la Reforma política adosada al franquismo de despensa y olla.

Lorenzo Cordero. Periodista.

Written by Reggio's

Agosto 15th, 2010 at 8:11 am

Posted in Asturias, Política

Tagged with

Aconteceres astures, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

without comments

«El peligro de la libertad moderna es que llenos de goce de nuestra independencia privada, y dedicados a nuestros intereses particulares, renunciemos fácilmente a nuestro derecho de participación en el poder público». (Benjamín Constant)

Tiempo hacía que no vivíamos en Asturias tamaña efervescencia política. Esto, si se tiene en cuenta el inmovilismo que hemos venido soportando en los últimos once años, «fierve». Aun en pleno mes de agosto informativamente hablando, la vida política llariega no está de vacaciones. Ítem más: el domingo con el que se iniciaba el mes veraniego por excelencia, la atención política estuvo puesta en el discurso de un hipotético candidato del PP, el señor Álvarez-Cascos, y, también en la intervención de Javier Fernández, que oficialmente encabezará la lista del PSOE en las próximas elecciones autonómicas.

Con independencia de que no sepamos si el PP se decantará o no por Cascos como candidato a presidir el Gobierno asturiano, lo que resulta innegable es la importancia de su discurso. En primer lugar, porque manifestó claramente que estaba dispuesto a volver a la política activa, mostrando su voluntad de colaborar en la recuperación del Gobierno asturiano y ofreciendo su experiencia y afán por contribuir al proyecto de Rajoy en España.

Menor expectación suscitó la comparecencia de Javier Fernández, por una razón muy simple: su candidatura es oficial. Su discurso, sin ser brillante, sí resultó esclarecedor, aunque no sorprendente: si llega a gobernar Asturias, su política se parecerá muy poco al arecismo. Quedan importantes incógnitas por despejar, pero para ello se cuenta con tiempo más que suficiente: de aquí a mayo, ya iremos conociendo su programa electoral y su proyecto sobre Asturias, que tiempo tuvo a madurarlo.

Según Ortega, al que Cascos citó, hay tres cosas que un orador no debe hacer: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí. Pues bien, se podría decir que ni don Javier ni tampoco don Francisco, por fortuna, incurrieron en nada de eso en sus respectivos discursos.

En todo caso, no sería pertinente comparar ambas intervenciones, más allá de la coincidencia de la fecha, toda vez que uno se dirigía a sus votantes, mientras que el otro tenía como principales receptores a las gentes de su partido. De uno se esperaba que debutase como candidato, mientras que se contaba con que Cascos deshojase definitivamente la margarita de sus intenciones. Y, en ese sentido, el uno y el otro, con mayor o menor brillantez, cumplieron sus cometidos.

En cuanto a Cascos, hay que decir que su discurso, además de la declaración de intenciones de la que venimos hablando, alcanzó un nivel más alto del que estamos acostumbrados. Hablamos del texto en sí. Distinta cosa sería contrastarlo con la realidad política de un pasado reciente en el que tuvo un indudable protagonismo. Cuando habló de aquel Congreso de su partido en Sevilla del que salió «un proyecto ganador», habría que preguntarse si la gestión de los gobiernos en los que participó como Vicepresidente primero y como Ministro de Fomento después, fue tan modélica como sostiene, porque, sobre todo, a la segunda legislatura de Aznar se le podría aplicar perfectamente aquella máxima de Azaña en virtud de la cual «lo más difícil de administrar es una victoria política». Tengo para mí que aquella mayoría absoluta tan amplia no fue muy bien administrada, sino todo lo contrario.

Las incógnitas políticas que vive Asturias tendrán que ser despejadas por el PP cuando haga público a qué candidato elige para nuestra tierra. Y es que, aunque el curso político esté oficialmente acabado, hay una tarea para septiembre que no puede ser soslayada.

Y, por otro lado, no podemos dejar de preguntarnos cómo es posible que el partido conservador no se haya conducido en este asunto con más sensatez. Cuando Gabino de Lorenzo se refirió estos días a la normalidad que supone la existencia de un debate interno para elegir a la persona que esté al frente de la candidatura, pasó por alto una obviedad mayúscula: que un debate deja de ser interno cuando se emiten comunicados de rechazo a un hipotético candidato. Ese espectáculo, sumado a la ausencia del Presidente del partido asturiano cuando algo así se hace público, no favorece la buena imagen pública de un partido.

El «acontecimiento Cascos» sigue siendo, hasta que se descarte o se confirme su candidatura, el principal asunto político de esta tierra, seguido de otro no menos trascendente, como es el resultado de la encuesta del CIS que publicó LA NUEVA ESPAÑA acerca de lo que los asturianos piensan del estado autonómico.

Sin entrar en otras consideraciones, que tendrían que ser abordadas en un artículo aparte, el hecho de que en esta tierra no se considere que son muy útiles las instituciones autonómicas supone un estrepitoso fracaso de todos los Ejecutivos llariegos que hasta ahora hemos tenido, particularmente del arecismo que lleva once años gobernando Asturias.

De éso, los candidatos, una vez que estén oficialmente nominados, deberían tomar buena nota, porque lo que está en juego no es ya que su proyecto sea más o menos convincente, sino algo mucho más profundo: que la existencia misma de un Gobierno autonómico tenga sentido para una ciudadanía asturiana que lo sustenta con sus impuestos, sus trabajos y sus días.

Written by Reggio's

Agosto 10th, 2010 at 8:10 am

El Discurso, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (08-08-2010)

without comments

El ojo del tigre

El Discurso -por antonomasia- de Francisco Álvarez-Cascos y Fernández, en León, leído al final de un banquete plebiscitario que le organizó el lobby casquista asturiano en Valencia de Don Juan, fue una estimable muestra de la literatura política neoconservadora; un discurso discretamente elocuente -tal como lo requería el acto y el escenario elegido para que este conspicuo líder de la derecha posfranquista, en Asturias , rompiera su prolongado silencio ante el insistente clamor de sus incondicionales para que encabece la candidatura del PP a las próximas elecciones autonómicas en el Principado-; al orador le salió una pieza clásica del neocostumbrismo político español -hoy, tan influido por el todavía latente Movimiento Nacional-, propia de quién ya ha demostrado en anteriores ocasiones que sabe manejar con habilidad el arte de la retórica política, para decir sin decir y para comprometerse sin prometer. Fue un discurso intencionadamente preparado para no caer en la vulgaridad histriónica de los mítines populistas, y, así, evitar que aquel momento fuera todo lo contrario de un acto político académico.

Las citas a Jovellanos -obviamente-, a Ortega y Gasset -inevitable filósofo para españoles ilustrados…- y a “El Gatopardo”, de Lampedusa -un clásico tópico del análisis político europeo contemporáneo-, le dieron a su intervención el preciso tono de erudición que marca las diferencias abismales que hay entre un ideólogo y un simple agitador de masas… Cascos se ha pasado veinticinco años de su vida dedicado a las labores públicas, poniéndoles música de Wagner a sus épicos discursos políticos, o intentando enseñarles solfeo doctrinal a sus fieles acólitos. Ahora, seis años después de haber salido voluntariamente por el foro de la escena política activa de partido, entra de nuevo en el escenario para demostrar que aquel líder -con tantos flecos bonapartistas- no ha perdido ni un ápice de su condición natural como animal político; dicho en sentido laudatorio.

Lo mejor de El Discurso en León (que ya es otro texto sagrado de la derecha asturiana, para institucionalizar el casquismo como su ideología fundamental), no han sido sus anatemas pronunciados con serena suavidad -como el que lanzó contra un diario de Oviedo-, sino por las lecciones de pedagogía ideológica que contiene. Sobre todo, las que se refieren al ser y a la esencia de un partido político fuertemente jerarquizado: “…para empezar a sumar y a multiplicar…”. En este aspecto, la idea que expuso sobre lo que debe ser un partido y cual es su finalidad, es la misma que tendría un comunista español de hace cincuenta años con respecto a lo que debería ser el PCE. Cascos dió a entender que la participación ciudadana en las tareas del Estado debe ser encauzada por el partido. Cuando dijo, poco después, que “queríamos presentarle a toda la sociedad nuestro programa con un destino atractivo para España, y un camino creíble para llegar a él”, estaba planteando la necesidad de que el PP volviera a recuperar aquel protagonismo absorbente que tuvo, con su mayoría absoluta, en 2000-2004. Un protagonismo fundado sobre la base de una concepción totalitaria de lo que debe de ser un partido político que aspire a gobernar. Es decir, un partido que asuma la representación “de la voluntad de los españoles”, como dijo un teórico (Arrese) de la Falange, cuando ésta era el motor del Movimiento Nacional.

Esos ecos totalitarios, que, según algunos, se descubren en el interior de las ideas políticas de Álvarez-Cascos, no se desvanecen ni escuchándole decir que “en las organizaciones democráticas, las formas son cuestión de fondo”. Como se ha demostrado a lo largo de estos últimos treinta y tres años, en este sufrido país el fenómeno democrático -entendido no como ideología, sino como una cultura social- es un comodín que permite, entre otras cosas, que jugando con las cartas marcadas por la santa intolerancia españolista e, incluso, por un evidente autoritarismo genético que aún flota en el ambiente, se le gane la partida a la democracia que pretende civilizar una sociedad que -desde siempre- está excesivamente tribalizada.

Quizá, para justificar esa trampa saducea (la del comodín) se recurra a las funciones que les adjudican a los partidos grandes: primero, porque son indispensables para ganar el gobierno, y, después, para poder elegir el mejor camino para la sociedad. Así es como se llegó a concebir ese destino en lo universal que, al parecer, le tiene reservado la Historia para España desde el principio de los tiempos…

Lo que el metódico Cascos les propone a sus leales seguidores es que se apiñen entre sí, hasta conseguir la regeneración definitiva de su partido; por lo visto, hoy a merced de los conspiradores visigóticos que pululan por su interior. Porque desde que en el PP -nacido de una Alianza Popular, que había concebido el genio de Fraga Iribarne- algunos optaron por saltarse a la torera las normas básicas que garantizan el poder del partido a la altura del Estado (probablemente, debilitando la fuerza de sus propios órganos de gobierno, o minando su estructura jerárquica; posiblemente, tirando la piedra y escondiendo la mano…), parece ser que se impone la urgente tarea de reformarlo a fondo. Desde su cúpula hasta los sótanos.

Esto significa nada menos que al PP, en Asturias, hay que refundarlo -por segunda vez, a partir de su matriz: Alianza Popular-; jerarquizarlo de nuevo, de arriba abajo pero nunca a la inversa; con lo cual estarían: primero, ante el inicio de una probable nueva purga interna, y , segundo en las vísperas del nombramiento de Álvarez-Cascos como Reina madre de la derecha posfranquista en esta comunidad. Evidentemente, a título perpetuo.

Lorenzo Cordero. Periodista.

Written by Reggio's

Agosto 8th, 2010 at 9:11 am

Posted in Asturias, Política

Tagged with

Un equipo modélico, de Juan Neira en El Comercio

without comments

AL GRANO

La junta directiva del PP de Asturias no se ha reunido nunca desde el último congreso del partido, celebrado en el otoño de 2008. El máximo órgano de dirección del PP regional debe ser convocado cada cuatro meses. Sería interesante saber cuántas veces se reunió la junta directiva en la última década, por escoger el periodo de tiempo que abarca la presidencia de Ovidio Sánchez. Durante todos esos años la falta de vitalidad de los órganos directivos fue una constante. Baste recordar cómo en el anterior congreso se crearon dos novedosas vicepresidencias para Gabino de Lorenzo y Pilar Fernández Pardo, así como un imaginativo cargo de adjunto a las vicepresidencias para contentar a Juan Morales, y ninguno de los tres puestos tuvo el más mínimo cometido.

La actividad orgánica en los estamentos de dirección del PP está bajo mínimos. La política del PP regional pivotó en los diez pasados años sobre dos ejes, la actividad de los ministros asturianos de Aznar, hasta la primavera de 2004, y los discursos sobre el desempleo en la última época. Fuera de esos dos argumentos el PP regional ha vivido de las salidas de tono y las chirigotas de Gabino de Lorenzo, que tuvo la feliz ocurrencia de denominar «chiringuitos socialistas» a todas las empresas públicas y organismos autónomos del Principado. La falta de norte en el grupo de Ovidio Sánchez es tan clamorosa que cuando se quiso, desde el Principado, abrir un debate sobre la financiación de la sanidad, la toma de posición del partido liberal-conservador consistió en recalcar que se opondrían a cualquier atisbo de privatización. La derecha alarmada por las privatizaciones de la izquierda o el mundo al revés.

El PP asturiano languidece. La mejor prueba de ello son los resultados que logra en las elecciones municipales. Mientras el socialismo tiene 54 alcaldías, el PP se conforma con 12. Los comicios locales no se ganan estando atechados bajo el paraguas de Mariano Rajoy. Para obtener el voto en los ayuntamientos hace falta estar vinculado a los problemas del vecindario y la dirección regional no arropa suficientemente a sus candidatos. La ocupación del mapa regional por el poder socialista no tiene equivalencia en el PP. Esa falta de actividad orgánica no le impide al equipo de Ovidio Sánchez disolver juntas locales e imponer gestoras. Les encanta intervenir sin debatir.

Written by Reggio's

Agosto 4th, 2010 at 8:08 am

Posted in Asturias, Política

Tarea para Rajoy, de Juan Neira en El Comercio

without comments

LARGO DE CAFE

Diputados y alcaldes del PP consideran que la unidad del partido en Asturias está garantizada bajo el liderazgo de Álvarez-Cascos. Todos ellos entienden que la intervención del ex ministro en Valencia de Don Juan es propia de un candidato electoral y consideran que por primera vez en mucho tiempo el PP tiene un discurso creíble para ganar en las urnas.

Como todo el mundo pudo comprobar en la edición de ayer de EL COMERCIO, el discurso de Álvarez-Cascos es una pieza de combate, llamando a las bases del partido a rearmarse ante la contienda electoral y explicando el método que se debe seguir para vencer. Esas eran las palabras que querían oír los asistentes al acto de Valencia de Don Juan. La dirección nacional del PP quiere que el ex ministro sea el candidato y los votantes de derechas valoran enormemente la posibilidad de contar con un líder capaz de quebrar la hegemonía socialista en la región. Un plan factible al que no le faltan problemas.

Como indicó el propio Álvarez-Cascos en su discurso, «el Gobierno sólo se consigue con un partido ganador». Volvemos a la conocida dialéctica, partido-Gobierno, que ya estuvo presente en la crisis de Sergio Marqués. Para tener un partido ganador se puede seguir el método esbozado por el ex ministro, pero para ello hay que tomar una decisión trascendente que consiste en relevar al equipo de Ovidio Sánchez. Como los que están al frente del partido son enemigos declarados de la candidatura de Álvarez-Cascos, el relevo no será sencillo. Se puede convocar un congreso extraordinario para cambiar a la dirección, pero quedan menos de diez meses para los comicios y los plazos se agotan. La medida más factible sería la creación de una junta gestora, dejando la convocatoria del congreso para después de las elecciones. Esa decisión la tiene que tomar Mariano Rajoy. El político gallego no es un dirigente especialmente proclive a ese tipo de medidas de fuerza. Ya se ha visto en la Comunidad Valenciana, donde dejó en manos de Dolores de Cospedal la solución a los problemas internos, limitándose a reunirse de forma secreta con Camps, sin resultados apreciables. Rajoy quiere que Álvarez-Cascos sea candidato, al igual que las bases del partido y los votantes. Para ello tiene que remover obstáculos, porque el «Gobierno sólo se consigue con un partido ganador». Justo lo contrario de lo que hay ahora.

Written by Reggio's

Agosto 3rd, 2010 at 9:05 am

Posted in Asturias, Política

Tagged with

Las “primarias” de Cascos, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (01-08-2010)

without comments

El ojo del tigre

Hace casi dos años, en estas mismas páginas escribí lo siguiente: “Como comunidad autónoma, este antiguo reino septentrional está a punto de hundirse en un autismo político difícilmente curable (…); la diligente clase política asturiana -la que manda, la que se opone y la que ni manda ni sabe oponerse- se entusiasma enzarzándose en unas lamentables y penosas reyertas públicas (municipalistas, partidistas, localistas, personalistas y saineteras) que sólo sirven para hundir en la miseria al presente político” (Un sueño estival. La Voz de Asturias. 28 Agosto 2008)

Hoy, casi dos años después, la política en Asturias no amaga con hundirse en la miseria, sino que la miseria ya le llega una cuarta más arriba de su cintura. La torpeza política más evidente es la que ha originado ese desagradable conflicto interno en el PP asturiano a propósito de una todavía hipotética candidatura a las próximas elecciones autonómicas (mayo de 2011) que, por lo visto, unos quieren que la encabece el señor Álvarez-Cascos y otros no. Se ha abierto una guerra de guerrillas locales entre los casquistas ortodoxos y los que, habiendo sido casquistas fervorosos un día, ahora rechazan a quien, hasta hace poco, había sido un deseado mirlo blanco de la derecha ultraconservadora asturiana.

El paisaje político que ofrece, en estos momentos, el PP de Asturias es desolador: sólo se contemplan las trincheras que entre unos y otros han abierto. De vez en cuando, alguien asoma osadamente su cabeza por encima de una de ellas para intentar descubrir algún movimiento sospechoso. Únicamente, un atronador silencio telúrico le perfora sus tímpanos. Es el silencio que emite la mítica esfinge de quien un día, era el personaje fabuloso que representaba, para la derecha asturiana, el carisma del poder y, al mismo tiempo, sería también su más locuaz y contundente portavoz. Cascos era, entonces, el modelo ideal del españolismo -posfranquista-, en claro contraste con los nuevos socialdemócratas salidos de la escuela política del socialismo castizo, después de haberse purificado este durante unos ejercicios espirituales celebrados en Suresnes (Francia).

Este conflicto político, que tanto daña la imagen pública del PP en Asturias, no sólo desquicia a sus militantes sino que también los prepara para el desguazamiento del partido; mientras, el resto de la sociedad asturiana saca conclusiones demoledoras de la función que ejercen -o deberían de ejercer- los partidos entendidos como soportes esenciales de la democracia. Nunca, hasta ahora, se habían vivido con tanta inquietud social unas primarias tan peculiares como las que le han organizado, en Asturias, al señor Álvarez-Cascos. Entre el alboroto del gallinero del PP y la no menos ruidosa expectación de los que, al menos en apariencia, ni entran ni salen en este complicado juego electoral, en nuestro pequeño país (pequeño por casi todo; especialmente, porque aún no ha madurado ideológicamente, después de haberse emancipado de la férrea tutela del Movimiento Nacional…) no alcanza a comprender cómo es posible que la inteligencia del hombre sea superada por el sectarismo político.

No creo que Álvarez-Cascos sea, en este enredo, un protagonista a la fuerza. Y si lo es -tal como así lo parece-, será, quizás, porque detrás de ese telón de fondo bélico, que han pintado para adornar el foro de la escena donde se representan las aventuras de las primarias más debatidas de la historia de esta singular democracia española, hay -o debe de haber- algo más que el deseo de coronar al candidato más y mejor homologado con los personajes más sobresalientes de la Historia Sagrada de España, en los siglos XVIII, XIX y XX. Los tres siglos que todavía condicionan -con sus defectos y sus errores- al prácticamente recién nacido siglo XXI. Sin embargo, a mi no me parece que Álvarez-Cascos sea la reencarnación de Jovellanos -como aseguran sus palmeros-, sino que, como ya lo he dicho en otras ocasiones, el disputado político del PP -con partida de nacimiento y certificado de militancia en Madrid- recuerda mucho más a don Alejandro Pidal y Món.

Incluso, podría equiparase -por su obras públicas- con don Miguel Primo de Rivera, precoz dictador militar, predilecto para Alfonso XIII en la época en que, en Europa, empezaban a triturar conciencias e ideologías los grandes dictadores de los años treinta. Al general Primo de Rivera lo hizo bueno otro general, que fue caudillo de España por la gracia de Dios…(A lo mejor, no se dan cuenta a quién me refiero). La posible homologación de Cascos con el dictador Primo de Rivera podría ser posible gracias a que el primero mejoró notablemente el plan de comunicaciones con el proyecto ideado por el Directorio que dirigía el citado general. Un plan que se conoció como Circuito Nacional de Firmes Especiales, cuya mejora espectacular la logró, como digo, Álvarez-Cascos con su plan de autopistas y autovías, de las cuales salió el actual excalextric con el que, hoy, juegan los asturianos a ir de un lado para otro, pero con pocas posibilidades de poder salir de Asturias con la facilidad que se va actualmente, desde Oviedo a Castropol. Por ejemplo.

Pero ¿de verdad lo de Cascos no va más allá de que este destacado tribuno sea el próximo Presidente del Principado de Asturias?. ¿No podría ser el inicio de la Reconquista -con mayúscula, claro- del poder nacional perdido a causa de las frivolidades neocon cometidas por Aznar; entonces presidente del Gobierno y hombre de Estado en ciernes…? Empiezan con Cascos y, poco a poco, acaban con Aznar en la Moncloa, otra vez. Pero hablando inglés… Si el protagonista de las primarias ideadas por los casquistas beligerantes, se decidiera romper su silencio telúrico, probablemente nos daría alguna pista para encontrar la salida, de este túnel. Dicen que hoy -domingo 1 de agosto de 2010- hablará en Valencia de don Juan (León), donde la colonia de asturianos que estivalea por aquellas tierras le van a agasajar y a entregarle el premio Paisano del Año. Me parece poco. ¿Por qué no Paisano del siglo XX?. Con proyección en el XXI, claro…

En cierta ocasión -ya en las vísperas cantadas de la transición- un destacado ideólogo del Movimiento Nacional decía que para ser un buen político no bastaba con ser un ideólogo, sino que debería demostrarse que estaba capacitado para superar una montaña; sobre todo, rodeándola. Y añadía: “Un político no es necesariamente aquel que tiene historia, sino el que quiere hacerla” (Arrese). Cascos ha demostrado que tiene ideología, que es capaz de superar una montaña rodeándola, que tiene historia y que sabe hacerla. Digo yo: ¿No habrá nadie en el PP asturiano que esté dispuesto a hacer historia, mientras rodea la montaña que ocupan los casquistas sin fronteras…?

Lorenzo Cordero. Periodista.

Written by Reggio's

Agosto 1st, 2010 at 9:11 am

Posted in Asturias, Política

Tagged with

La disputa en el PP, de Juan Neira en El Comercio

without comments

AL GRANO

La cita en Valencia de Don Juan supone el regreso de Álvarez-Cascos a la política asturiana. En el camino a las urnas tendrá muchos obstáculos que sortear

La entrega del galardón de Paisano de Honor del Día de Asturias en Valencia de Don Juan 2010 va a permitir conocer la opinión de Álvarez-Cascos sobre la candente actualidad del PP asturiano. La táctica del silencio utilizada por el ex ministro para responder al ataque del ‘grupo de los cuatro’ (líderes municipales del PP de Oviedo, Gijón, Avilés y Mieres), apoyados por Ovidio Sánchez, tiene que dar paso a la toma de posición, con enunciación de principios y hoja de ruta hacia el futuro. La expectación es máxima.

La intervención de Álvarez-Cascos viene precedida de dos hechos importantes. El candidato a la Presidencia del Principado del PP se va a decidir en una reunión entre Mariano Rajoy y el ex ministro, que tendrá lugar a lo largo del presente mes. La noticia dada por LA VOZ DE AVILÉS esta semana permite anticipar que el candidato va a ser Álvarez-Cascos. El presidente del PP le va a pedir al ex ministro que retorne a la política encabezando la lista que va a presentar el PP en Asturias. El viaje de vuelta, tan similar al realizado por Fraga Iribarne cuando retornó a Galicia.

El otro hecho importante es la fractura interna del PP, cristalizada en el radical ataque del ‘grupo de los cuatro’ a Álvarez-Cascos, avalado por la dirección regional. Desde la crisis del Gobierno de Sergio Marqués no se había producido un enfrentamiento tan grave entre dirigentes asturianos del PP.

Ambos hechos, la candidatura de Cascos y la fractura del PP, se relacionan dialécticamente, dejando al equipo de Ovidio Sánchez y a los líderes municipales (Gabino de Lorenzo, Pilar Fernández Pardo, Joaquín Aréstegui y Carlos Galcerán) en fuera de juego. Ovidio Sánchez se encuentra entre dos fuegos: la reprobación de Mariano Rajoy, que no lo incluye en las deliberaciones para elegir al candidato asturiano, y la crítica airada de los militantes y votantes de su partido, que nunca se identificaron con su forma de hacer política y ahora ven con indignación las marrullerías que utiliza para impedir la candidatura de Álvarez-Cascos. La última maniobra inútil consistió en llamar a los alcaldes del PP para pedirles que no acudan al acto de Valencia de Don Juan.

El apoyo de Rajoy y el bregar de las bases dan la victoria a Álvarez-Cascos en el primer minuto del partido, cuando sus rivales creían que la lucha iba a ser larga. La desinformación del ‘grupo de los cuatro’ sobre lo que pensaba Rajoy es impropia de los dirigentes de un partido, pero cuando se tiene de ‘correo’ a Ovidio Sánchez suceden estas cosas.

Complicaciones

Dando por descontada la candidatura de Cascos, el panorama está lejos de clarificarse en el PP regional. Cuando el ex ministro entre en una larga precampaña, con su característico método de visitar cualquier esquina de la región habitada por dos o tres personas, los diputados del PP en la Junta General del Principado estarán viviendo sus últimos meses con empleo y sueldo de la Cámara. Es de imaginar que dos tercios del grupo parlamentario, afín a Ovidio Sánchez, no volverán a repetir como candidatos. Cualquier denuncia de Álvarez-Cascos en la calle no será amplificada en la Junta General del Principado. Una situación insólita, porque el PP y el PSOE son por encima de cualquier otra consideración partidos institucionales, acostumbrados a dar la batalla política desde las cámaras representativas.

La dirección regional de Ovidio Sánchez, si no es revocada, hará cualquier cosa menos formar tándem con el candidato. El enfrentamiento ha llegado tan lejos que la cooperación es imposible. Al aparato del partido se le pueden ocurrir tantas travesuras que lo más beneficioso para el candidato es que no haga nada.

La campaña autonómica se solapará con las campañas municipales. Si nada cambia, De Lorenzo y Fernández Pardo son potenciales candidatos a las alcaldías de Oviedo y Gijón, mientras que en Avilés le tocará la papeleta a quien designe Joaquín Aréstegui (¿por qué en Avilés los que mandan renuncian a ser alcaldes?). Normalmente, los principales candidatos municipales forman tique con el candidato autonómico. Considero innecesario explicar las razones por las que es imposible reunir en un mismo escenario a Cascos y a De Lorenzo o a Cascos y a Fernández Pardo.

Álvarez-Cascos es el virtual candidato y cuenta con el apoyo de las bases del partido, pero resulta extraordinariamente gravoso embarcarse en una campaña en las condiciones citadas. Mariano Rajoy tiene que ser consciente de este panorama y tomar decisiones, que no son nada fáciles cuando faltan diez meses para la cita con las urnas. Un tiempo en el que se solaparán dos tareas: hacer la revolución en el PP y ganar al PSOE. ¿Está mentalizado Rajoy para tomar drásticas medidas internas cuando soportó todo el vodevil del PP valenciano sin mover un dedo?

Rival

Para completar el cuadro realista digamos dos apuntes sobre el rival: Javier Fernández. La falta de popularidad del candidato socialista se termina con la entrada de Cascos en campaña. La notoriedad de un candidato realza la del contrario. Veámoslo con una extrapolación. Si cualquier diputado español se convierte en el antagonista electoral de Obama, al cabo de un mes se volverá más famoso que Zapatero. Javier Fernández va a llegar a las urnas siendo tan notorio para el electorado como lo era Álvarez Areces. Y dos: sobre la popularidad del candidato socialista no recaerán las hipotecas del gobernante. Ni sobrecostes ni peajes. Estas consideraciones deben tenerlas claras Álvarez-Cascos y su entorno, una vez repuestos de un día especial: el que marca su regreso al ruedo de la política asturiana.

Written by Reggio's

Agosto 1st, 2010 at 9:10 am

Posted in Asturias, Política

Tagged with

Cascos defraudó a los que esperaban que se suicidase políticamente en Valencia de Don Juan, de Juan Vega en El Comentario

without comments


Francisco Álvarez-Cascos con José Luis Balbín en Valencia de Don JuanFrancisco Álvarez-Cascos, con José Luis Balbín, en Valencia de Don Juan

En Valencia de Don Juan hubo de todo este domingo, gracias al largo y denso programa de actos celebrado en la villa leonesa, y aquello se convirtió en la capital política de Asturias, hasta oscurecer la aparición de Javier Fernández, el candidato socialista pendiente de proclamación, en el tradicional escenario que durante tantos años ocupó José Ángel Fernández Villa en La Camperona, donde volvió a la memoria histórica y responsabilizó al PP del “ladrillazo”. El imponente pasacalles organizado entre el ayuntamiento de la villa leonesa, sede del poder civil y ciudadano, y las pintorescas ruinas del castillo condal, me produjo una gran impresión, por la oportunidad de disfrutar una vez más, y con una especialísima puesta en escena, uno de esos rincones especialmente castizos de la España profunda. Allí todo son contrastes para los asturianos.

Y allí, enmedio de aquella castiza celebración, el “Paisano de honor”, con sendas bandas de música y de gaitas marcando el paso, Francisco Álvarez-Cascos, maltratado en su tierra por los que tienen la llave de la sede de su partido político, por los que financian la munición desde plaza de La Escandalera con el dinero de los impositores (véase el trabajito que hace el chico de los recados de Manuel Menéndez), y por quienes convierten su pluma en espada, en lo que se ha convertido en el nido de ametralladoras de la ovetense calle de Calvo Sotelo, fue recibido por las autoridades civiles y militares, en este caso la representacion consistorial de los coyantinos, y la Guardia Civil, que llegó sin Federico García Lorca y sin Antoñito el Camborio. No estaba Antonio Trevín, y eso siempre da una cierta sensación de seguridad.

Cascos apareció, con mucha, mucha gente detrás. Diga lo que diga quien lo diga. Aquello estaba hasta arriba de autobuses desplazados para la ocasión, y sus ocupantes se hacían notar con pancartas. “Todos expulsados del partido”, me dijo por la tarde, en el remanso de asturianía del Hotel Valjunco -una pequeña Asturias en medio del secarral-  alguien que no acaba de decidir -al menos ésa es mi impresión-, si a él le conviene o no le conviene, que finalmente se presente Pacocascos. Aquí todos están echando cuentas con los dedos.

Hasta el líder sindical Juan Manuel Martínez Morala, de la Corriente Sindical de Izquierda, salió de su retiro veraniego para ver el espectáculo que se organizó bajo la sombra castellana, en el frondoso parque en el que se leyeron los discursos oficiales, mientras se preparaba el ambiente para el otro discurso, el que allí habíamos ido a escuchar, los que estábamos pendientes del futuro político que aguarda al Principado a la vuelta de la esquina, con elecciones en menos de un año, en las que nos jugamos casi todo, puesto que nos encontramos colgados del precipicio, y columpiándonos.

Puede opinarse lo que se quiera sobre el dicurso del ex vicepresidente del Gobierno, pero es muy difícil sostener que no fue intenso, extraordinariamente político por su prudencia, contundente en la respuesta al ataque recibido, sin citar ni un nombre, y magistral en el planteamiento de las fichas sobre el tablero. Es difícil quitarle méritos a quien tuvo la inteligencia de llegar hasta aquí sin disparar ni un tiro, y ha sabido zafarse de quienes le dejaron caer una bomba atómica encima del cogote, cuando le prohibieron presentarse a un cargó para el que no se había postulado, por eso tenía muy difícil abrir la boca.

Acostumbrados a la mediocre pluma, por no decir, a la cutre puesta en escena habitual por estos pagos, brillaron especialmente algunas pinceladas magistrales como ésta, dedicada a la empresa de comunicación que se encarga de fabricar opinión, para hacer opinión pública desde la información convertida en opinión publicada:

Estas campañas mediáticas las padecimos siempre. Las calumnias de la llamada “brunete mediática” proliferaron antes de las elecciones y ganamos, a pesar de ellas, en 1996 y en 2000. Nada nuevo; es la vieja España que denunciaba Ortega, nada más y nada menos. Pero ya avisó el clásico: “aquel hombre que pierde (con sus calumnias) la honra por el negocio, acaba perdiendo el negocio y la honra”.

¡Toma ya! Unos toquecillos sobre la desactivacion de la burrobomba que le tiraron encima:

Nos propusimos construir una organización fuerte y jerarquizada, codo con codo con miles de compañeros, donde los órganos de gobierno se reunieran, debatieran y decidieran respetando las reglas, porque en las organizaciones democráticas, las formas son cuestión de fondo.

Y claro, qué difícil es negar el derecho que todos tenemos a participar en política, que se canaliza constitucionalmente a través de partidos que tienen la obligación de ser democráticos, respetando sus propios estatutos:

…nos transformamos en un partido ganador porque nos convertimos en  “representadores”, no en “redentores”; porque nos vacunamos contra el fulanismo de tan malos recuerdos históricos; porque desterramos las funestas camarillas para trabajar colectivamente en equipos compenetrados; y porque nos propusimos ganar elecciones en la calle y no nos limitamos a ganar congresos en nuestras sedes.

Qué complicado es pretender que un partido acostumbrado a ser una colonia de vacaciones para sus dirigentes, pueda negarle la posibilidad de intentar ganar unas elecciones, a quien la calle apunta como un gran candidato, justificándose con un argumento tan peregrino, como el que se apuntó estos días, con la teoría del “candidato de perfil bajo”:

La selección de los equipos, la competencia entre tal o cual persona dentro de las normas de funcionamiento interno, digan lo que digan los calumniadores, nunca es causa de división en un partido democrático. Al contrario, es un estimulante formidable de la “unidad” de un partido.

La referencia a la política asturiana, muy pertinente, pues aquí nadie habla de semejante cosa, en un momento, en el que la política, y especialmente la economía política, lo es todo, el ser o no ser, la supervivencia o la ruina. Cascos dedicó este pildorazo final, a sus adversarios socialistas:

Porque Asturias, en esta última década de gobierno socialista, ha desaparecido de la política española, ha retrocedido en población, en actividad, en nivel de vida, en calidad democrática e, incluso, en prestigio y reconocimiento nacional, ya que de ser una región pionera en las letras y en las artes, en la economía y en la industria españolas, ha pasado al furgón de cola de la vida nacional.

En definitiva, aceptó iniciar la carrera por la designación como candidato, ignoró olímpicamente la existencia de acuerdo alguno que pueda considerarse válido para descartarle, responsabilizó a sus contrarios internos de crear un conflicto del que mal pueden acusarle, pues hasta este domingo no abrió la boca, exigió respeto a las formas y a los procedimientos democráticos, y señaló hacia los socialistas como el objetivo a batir por su partido, ofreciéndose a participar en un proceso limpio de selección de candidatos.

Quienes esperaban que se suicidase desenterrando el hacha de guerra quedaron defraudados, y quienes no saben hacer un discurso incisivo y duro, sin llamar joputa a nadie, se vieron con dos palmos de narices. En definitiva, se lo va a poner muy, pero que muy difícil a los conjurados, con lo que crecen las esperanzas de que Javier Fernández -candidato sin primarias-, en contra de lo que estaba pactado, pueda encontrarse enfrente con un oponente que tenga posibilidades de ganarle las elecciones, algo que sin duda es muy sano para la democracia, y muy mala cosa para la entente transversal.

Written by Reggio's

Agosto 1st, 2010 at 9:04 am

Posted in Asturias, Política

Tagged with

Intervención de Francisco Álvarez-Cascos en Valencia de D. Juan (León) en 01-08-2010

without comments

Querido Presidente Local y Alcalde de Valencia de D. Juan:

Amigas y amigos:

No me cansaré de repetir mi gratitud por vuestra generosidad y por vuestro afecto, manifestados de manera muy intensa en este almuerzo rebosante de camaradería, en la mejor tradición de los actos con los que, a través del paso de los años y de los trabajos compartidos, hemos forjado nuestra cohesión solidaria y nuestro patrimonio colectivo de unidad.

Los afectos no sobran nunca, y mucho menos en estos tiempos de tanta responsabilidad para todos y tan complicados para algunos, al menos para mí personalmente. No quisiera añadirte complicaciones a ti, querido Juan,  alcalde y presidente local, ni tampoco a vosotras y a vosotros, las personas amigas que hoy os habéis reunido en torno a esta mesa,  para celebrar la distinción de “Paisano de Honor” de este municipio con la que tanto me habéis honrado, y que me brindáis esta tribuna para hablar, invitación, por otra parte, imposible de rehusar.

Como recordaréis, hace seis años y medio hice pública mi decisión de no presentarme a las elecciones generales de aquel año y, desde entonces, han sido contadas mis apariciones públicas, generalmente fruto de invitaciones imposibles de rechazar. La última tuvo lugar hace dos meses en Burgos, en un acto organizado precisamente por el Partido Popular de Castilla y León.

También es verdad que hace ahora un año justo, declaré libremente en una entrevista a la revista “Época” que “si sigue deteriorándose la calidad democrática de este país, si se pone en entredicho la España de las libertades que todos contribuimos a consolidar, las cosas deberían ser revisables para cualquier ciudadano comprometido. En mi caso todo es revisable” (1).

Desde entonces, son muchas las personas que, compartiendo esta preocupación, se acercan a mí para expresarme su convicción de que mi reincorporación a la actividad política sería positiva para sumar y ayudar al Partido Popular a encontrar una senda ganadora, y pasar de la oposición al gobierno, concretamente en Asturias. No estoy tan ciego para no ver lo que pasa, ni tan sordo para no oír lo que me dicen. Más aún, en los veinticinco años que estuve en la primera línea de la actividad política en Asturias y en España, pisando mucha calle entre 1979 y 2004 como nos enseñó nuestro fundador Manuel Fraga, nunca recibí tantas palabras de apoyo, a título personal, por no decir de apremio, como las que ahora escucho animándome a regresar a unas tareas que exigen total dedicación y  responsabilidad pública.

Siempre, y más en los últimos meses,  he hablado con todos los que han querido hacerlo. Pero nunca me he dirigido a nadie, en público o en privado, para buscar algo o para pedir algo en el partido. Nada he buscado y nada he pedido. Tampoco conozco una sola reunión, o un solo acuerdo de un órgano estatutario regional o nacional del partido, en Asturias o en España, donde se haya planteado alguna propuesta que yo deba de responder. No es que el silencio, en ocasiones, valga más que mil palabras. Es que el silencio, siempre, es la única respuesta cabal a una pregunta inexistente.

A mediados del pasado mes de junio, también la Secretaria de Organización Territorial del partido me invitó a reunirme con ella para hablar de las próximas elecciones autonómicas en Asturias. Quería conocer mi opinión y le trasladé mis consideraciones, consideraciones que no difieren básicamente de las que conocen todos los que se han acercado a mí a preguntarme y que, por su carácter general, no se referían a personas concretas sino a planteamientos generales.

En estas circunstancias, no me parece reprochable ser respetuoso con la condición de militante del Partido Popular, cuando ningún órgano del partido ha requerido mi parecer. Aun en el imaginario supuesto de que esto fuera reprochable, las que nunca estarán justificadas son las calumnias vertidas sobre mí, o sobre personas significadas por su amistad conmigo, porque en el Partido Popular proclamamos que el respeto al compañero y el respeto al ciudadano, son el primer principio del civismo político, son una seña de nuestra identidad colectiva que todos deberíamos respetar. En todo caso, parafraseando a Jovellanos  “prescindiré de sus autores, porque no es mi ánimo denigrar a otros, sino defenderme a mí. Si no son más que enemigos míos, . . los perdono” (2).

De todas ellas, la calumnia más perversa es la de relacionar mi silencio sobre hipotéticas propuestas que ningún órgano estatutario ha tratado, con un riesgo de división semejante al que desembocó en la escisión liderada por quien presidía el gobierno autonómico de Asturias en 1999. Es la calumnia más perversa y también la más falsa que lanzan sus autores, porque, entre otras cosas, aquella ruptura fue iniciada con sonoras declaraciones, por ellos mismos, por quienes ahora repiten idénticos modos de comportamiento.

Es la calumnia a la que pone altavoz cómplice un periódico dedicado últimamente a las filtraciones selectivas, a las informaciones apócrifas y a las declaraciones anónimas,  fiel a la vieja consigna de “una mentira repetida muchas veces, se convierte en una gran verdad” (3). Una vez más, como ya denunciara Ortega y Gasset hace casi cien años en su magistral conferencia “Vieja y nueva política”, un medio así, como “ aparato productor del ambiente que ese mundo respira, . . . , está situado fuera y aparte de las corrientes centrales del alma española actual” (4).

Para no dejarnos impresionar, es bueno recordar que la prensa no es la opinión pública y, mucho menos, un periódico en la era de Internet. Estas campañas mediáticas las padecimos siempre. Las calumnias de la llamada “brunete mediática” proliferaron antes de las elecciones y ganamos, a pesar de ellas, en 1996 y en 2000. Nada nuevo; es la vieja España que denunciaba Ortega, nada más y nada menos. Pero ya avisó el clásico: “aquel hombre que pierde (con sus calumnias) la honra por el negocio, acaba perdiendo el negocio y la honra”.

Yo era entonces Secretario General y jamás rehuí la responsabilidad que me correspondió en aquellas complicadas circunstancias de 1998 al frente del partido. Pero no admitiré en silencio que nadie me endose las suyas, con el consabido truco del que tira la primera piedra y siempre esconde la mano, ni mucho menos que se calumnie a nadie impunemente.

Esta mañana, en el acto institucional de la entrega del título de “Paisano de Honor” advertí que, inexorablemente, quien elige camino, elige destino. Quizá debiera haber añadido, por eso lo hago ahora, enmendándome a mí mismo, que para elegir camino hay que llegar al gobierno, y el gobierno solo se consigue con un partido ganador. Aquí en Valencia de D. Juan lo sabéis bien, por experiencia propia, porque gracias al buen trabajo del equipo del partido, encabezado por vuestro alcalde, gobernáis desde hace 15 años, durante cuatro legislaturas, lo mismo que en Castilla y León el partido gobierna desde hace veintitrés años, durante ocho legislaturas consecutivas.

Nadie tiene que enseñaros nada. Al contrario, como dije muchas veces, a Castilla y León tenemos que venir a aprender, y algunos vinimos muchas veces a copiar cómo se construye un partido ganador. Con la ayuda de  vuestras enseñanzas, en 1996 lo conseguimos en toda España en las elecciones generales, y en 2000 revalidamos y ampliamos la  victoria.

Cada vez que alguien me pregunta cómo hicimos posible la transformación en un partido ganador, doy la misma respuesta. La que aprobó en la Ponencia Política nuestro X Congreso Nacional en Sevilla hace ahora veinte años. Pensábamos que para ganar era imprescindible unir al electorado, comenzando por unir interiormente al partido, para empezar a sumar y a multiplicar. Nos propusimos  construir una organización fuerte y jerarquizada, codo con codo con miles de compañeros, donde los órganos de gobierno se reunieran, debatieran y decidieran respetando las reglas, porque en las organizaciones democráticas, las formas son cuestión de fondo. Sabíamos que hacía falta mucho trabajo en el desarrollo de una estrategia ambiciosa, acertada y superior en eficacia a la de nuestros adversarios para aumentar el tamaño y la fuerza de nuestro partido. Creíamos que había que formar los equipos seleccionando, no a los más afines sino a los mejores, sin desperdiciar a nadie, porque en un partido debe de haber sitio para todos, y cada uno debe de estar en su sitio. Y, finalmente, queríamos presentarle a toda la sociedad  nuestro programa  con un destino atractivo para España, y un camino creíble para llegar a él.

Lo conseguimos en 1996 y revalidamos el éxito en 2000, llevando al Partido Popular al gobierno de España, y a los avances más notables que nuestra sociedad ha vivido en mucho tiempo. Por eso, ante ciertas opiniones, es bueno mantener el sentido del humor ¿Quiénes fueron en el pasado reciente los protagonistas del proyecto de unidad más consistente que integró ejemplarmente el centro-derecha español y lo catapultó a las victorias electorales? ¿Cómo pueden tener algunos el atrevimiento de acusar de restar a quienes, a vuestro lado, contribuyeron a la organización y a la consolidación del Partido Popular, la mayor fuerza política y la más unida de la historia del centro-derecha español?

Desde la fuerza de nuestra unidad, trabajosa y generosamente lograda, nos transformamos en un partido ganador porque nos convertimos en  “representadores”, no en “redentores”; porque nos vacunamos contra el fulanismo de tan malos recuerdos históricos; porque desterramos las funestas camarillas para trabajar colectivamente en equipos compenetrados; y porque nos propusimos ganar elecciones en la calle y no nos limitamos a ganar congresos en nuestras sedes. Así desterramos el pasado y nos preparamos para el futuro. Muchos me habréis oído repetirlo en la tribuna de nuestros Congresos Nacionales y poner el empeño en hacerlo realidad mediante el más impecable funcionamiento de nuestros órganos colegiados.

Tampoco pensamos que las victorias llegaban solas, sin merecerlas con esfuerzo y con trabajo personal en la confrontación democrática. Nunca admitimos que se pudiera llegar a destinos escogidos por caminos equivocados, sin estrategia ni programa. Con el paso del tiempo y de los años, con más experiencia y más perspectiva, estoy todavía más convencido que nunca de la validez de estos postulados de unidad y de fortaleza, y creo que siguen siendo la garantía del único futuro que merece la pena en el Partido Popular.

La selección de los equipos, la competencia entre tal o cual persona dentro de las normas de funcionamiento interno, digan lo que digan los calumniadores, nunca es causa de división en un partido democrático. Al contrario, es un estimulante formidable de la “unidad” de un partido. Pero me apresuro a reafirmar que la “unidad” no es la voluntad de “uno”, ni la uniformidad, ni la unanimidad. La unidad es la cualidad forjada por el respeto a la “organización”, que deriva del respeto a los “órganos” del partido. Al margen de los eufemismos, un partido realmente “unido” es un partido “organizado”, o sea, un partido en el que funciona la “deliberación” previa y se respetan posteriormente los “acuerdos” de los órganos del partido competentes. Los que rompen la unidad no son los que proponen algo, sino los que prescinden de toda deliberación y evitan los acuerdos en los órganos competentes, para imponer caprichosamente sus conveniencias particulares. Recordando algún suceso reciente me viene a la memoria la famosa reflexión del príncipe de Salina, D. Fabricio, cuando interpretaba cada escaramuza como “una de esas batallas que se libran para que todo siga igual”. (5)

He apostado y seguiré apostando siempre, con palabras y con hechos, por la unidad democrática del partido así entendida. Es la que nos permite, además, dedicar las mayores y mejores energías para la dura y siempre difícil confrontación con nuestros adversarios, los que hoy, con su poderosa artillería mediática, practican como nunca la estrategia de desacreditar a la oposición, y a los medios de comunicación que molesten con sus informaciones. Hoy la oposición en España apenas tiene derecho ni puede ejercer el deber de criticar al gobierno sin ser descalificada de oportunista o de antipatriota, o de ambas cosas a la vez. Desde el gobierno se utilizan sectariamente y selectivamente los poderes del Estado -fiscales, instructores, y policías de camarilla- para imputar al adversario los más variados delitos, siempre bajo secreto del sumario amenizado por las filtraciones y la presencia de cámaras de televisión, así como por una variada menestra de grabaciones telefónicas incontroladas, en actuaciones de dudosa legalidad y clara discriminación con el trato protector de los amigos del gobierno ante cualquier situación supuestamente irregular.

Nos toca vivir una etapa de deterioro profundo de la convivencia democrática, necesitada de unas reglas de respeto mínimo, iguales para todos, exactamente lo contrario de lo que a diario ponen en práctica quienes hacen lo posible y lo imposible para suplir y ocultar su carencia de argumentos políticos, en defensa de los resultados de su calamitosa acción de gobierno.

Por eso mismo, para salir con éxito de la crisis de valores democráticos y de la crisis económica que hoy nos están castigando, tenemos que ofrecer a la sociedad española un mensaje creíble de unidad para superarlas. Unidad en torno a las instituciones democráticas de gobierno, lo que supone que cada uno -gobierno y oposición- refuerce y no renuncie a su papel constitucional. Unidad en torno a las opciones básicas de programas exigentes y de gestión eficaz que puedan reconducir el deterioro galopante de nuestra convivencia y de nuestro progreso. Esta sería la base de  la “nueva política” que la sociedad española reclama.

Es la hora del Partido Popular, de Mariano Rajoy y de su equipo, y aquí estamos todos para ayudar con el consejo desinteresado, para empujar con el motor de nuestra experiencia, para tirar del carro con ambas manos, para sumar como hicimos siempre, primero junto a nuestro fundador, Manuel Fraga, y después junto al presidente José María Aznar, a vuestro lado, contra viento y marea, contra otras calumnias peores y contra campañas mediáticas más indignas que las que ahora nos toca soportar.

No hay otra alternativa en España que el Partido Popular. La victoria electoral de nuestro partido es, además de una exigencia de higiene democrática, una necesidad política para librar a España de este gobierno de opereta marcado por el oportunismo económico del converso, y por el populismo demagógico e inútil del talante, y recuperar la senda de la convivencia y del progreso que perdimos en el año 2004.

El reto para Asturias es aún más apremiante. Porque Asturias, en esta última década de gobierno socialista, ha desaparecido de la política española, ha retrocedido en población, en actividad, en nivel de vida, en calidad democrática e, incluso, en prestigio y reconocimiento nacional, ya que de ser una región pionera en las letras y en las artes, en la economía y en la industria españolas, ha pasado al furgón de cola de la vida nacional.

Tenemos que recuperar el orgullo de ser asturianos, que ahora solo depende de los goles de Villa o de los triunfos de Alonso. Porque somos una región viva, con historia y con futuro, que debe de convertirse en protagonista de la modernización de España. En dos palabras: lo necesita Asturias para levantarse, y lo necesita España para ser mejor.

El objetivo solo será realizable si acertamos a unir a todo el electorado que aspira a un cambio, y a reafirmar nuestra condición de partido ganador, demostrando a la sociedad que somos distintos  y mejores que nuestros adversarios, como ya fuimos capaces de hacer en 1996 y en 2000.

Todo esto lo sabéis y lo hacéis muy bien en Castilla y León, y en Valencia de D. Juan, la Valencia por excelencia de los asturianos. Queremos seguir aprendiendo de vosotros. El título de “paisano” que hoy me habéis concedido me convierte en uno más de los vuestros. Quiero serlo no solo para disfrutar de los honores sino para arrimar el hombro y ayudar en lo que podáis necesitarme. Os pido que pongáis a prueba mi trabajo como testimonio de mi gratitud.

Nunca olvidaré vuestra generosidad y vuestro afecto.

Muchas gracias,

Francisco Álvarez-Cascos

(1)            EPOCA. Julio de 2009

(2)            JOVELLANOS, GASPAR MELCHOR DE. “Memoria en Defensa de la Junta Central”. Parte Primera. 1810

(3)            LENIN, Vladimir Ilich Ulianov. Cita atribuida.

(4)            ORTEGA Y GASSET, JOSÉ. “Vieja y nueva política” .1914.

(5)            LAMPEDUSA, TOMAS DE. “El gatopardo”. 1958.

Written by Reggio's

Agosto 1st, 2010 at 9:03 am

JS and CSS Optimization by PHP Speedy JS and CSS Optimization by PHP Speedy