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La tijera, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (08-04-2012)

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El ojo del tigre

El más reciente tijeretazo del Gobierno de Rajoy ha dejado temblando a esta santa región, cuyo futuro es tan incierto como lo está siendo su presente. A la histórica crisis que arrastra Asturias, encadenada a su alma, hay que añadirle, ahora, la endémica crisis que manipulan los mercaderes de la Comunidad Europea. Desde que, aquí, decidieron cambiarnos la minería y la siderurgia por los cromos de la democracia liberal, el futuro se nos ha caido al otro lado del horizonte. Hace poco más de treinta años que nos distraemos intercambiándonos los cromos de la democracia en el mercado electoral. Intentamos resolver el gran problema de nuestro porvenir confiándoles el presente a los milagreros de la política. Por lo visto, buscamos la solución más cómoda, para nosotros, confiándoles a los partidos políticos la severa responsabilidad de salvarnos del naufragio definitivo, mientras nos hundimos un poco más todos los días.

Creo que uno de los más graves errores cometidos por la sociedad asturiana ha sido delegar sus propias responsabilidades, como sociedad civil, en la inteligencia política.

Hace unos cuarenta años, un antiguo gobernador civil de Asturias opinaba que la sociedad regional debe descubrir sus paradojas y empezar por analizar el porqué de sus desequilibrios. Quien opinaba así era uno de aquellos gobernadores civiles de los que, según decía el profesor García de Enterría, no habían superado la fase de su configuración como agente político… Aún así, Francisco Labadie Otermin se había destacado por su sentido común. Cuando dijo aquello de descubrir sus paradojas ya ocupaba un destacado puesto en el escalafón de consejeros nacionales del Movimiento, (partido único). Analizaba la situación de Asturias, en aquella época (octubre de 1973) ante un grupo de periodistas del diario Pueblo; los cuales, antes habían anotado en sus cuadernos lo siguiente: Asturias es la primera región española en producción de carbón, lingote de hierro, acero, laminados de zinc, aluminio, y una de las cuatro primeras en energía eléctrica. Pero insistía en advertirles que los asturianos necesitaban descubrir sus paradojas para, después vender la atomización de problemas, y de puntos de vista, para poder crear una auténtica conciencia regional.

Un poco antes de aquella atinada reflexión del ex gobernador civil, hacia 1970, se había hecho público un extenso análisis de la siderometalurgia asturiana realizado por el Nederlands Economisch Institut (NEI) dirigido por el Dr. Leo H. Klaasen, cuyo estudio había sido financiado por la O.C.D.E. (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y la Diputación Provincial de Oviedo contando con la colaboración científica de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (SADEI), fundada en 1966. Dicho estudio se conoció como el Informe Klaasen. En él, entre otras cosas , se decía que Asturias vive, en parte, la situación de una colonia. Las materias primas (acero) se exportan hacia la metrópoli, donde son transformadas para su mercado.

Recomendaba intentar atraer a Asturias los estudios ulteriores de transformación, Y calificaba a la economía asturiana como muy abierta y depende en gran medida de las importaciones y exportaciones. Concluía: La economía asturiana es estrecha. Esta propiedad (…) se debe al elevado grado de especialización, por un lado, y al pequeño volumen del propio mercado, por el otro.

Esto, son sólo dos ejemplos de la inmensa cantidad de análisis, estudios, opiniones, etc., que, a propósito de la economía asturiana, se hicieron públicos en la década de los 60 y los comienzos de los años 70, del siglo pasado. No estaba, entonces, Asturias huérfana de ideas, análisis, recomendaciones y consejos para intentar mejorar su economía. Pero vistos los resultados, parece ser que sólo sirvieron para inspirar a los juglares del grandonismo asturiano.

La economía regional nunca pasó de ser estrecha… Ni Asturias pudo liberarse de ser una mítica leyenda periférica, con una agricultura llena de defectos estructurales, de explotaciones antieconómicas, una ganadería estancada y un sector pesquero siempre a medio desarrollar. ¿Quién le falló a Asturias? ¿El trabajo o el capital? No sabe, no contesta.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Abril 8th, 2012 at 7:08 am

¿Bueyes o toros…?, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (25-03-2012)

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El ojo del tigre

Decía don Álvaro de Figueroa y Torres, más conocido como conde de Romanones, que más fácilmente que a una pareja de bueyes se conduce a un pueblo; pero, ¡ay del conductor si los bueyes recuerdan que fueron toros! Desde hace, poco más o menos, tres cuartos de siglo los asturianos -como el resto de los españoles- son conducidos por los oligarcas políticos de turno como si fueran bueyes… El más reciente ejemplo es que a última hora de esta tarde -domingo, día 25 de marzo de 2012- concluirá otro acarreo de votos desde la conciencia -o la conveniencia- de uno mansos electores que han decidido cumplir con el deber de votar por enésima vez en las urnas de la democracia… Los sabios ideólogos del sistema suelen decir que el hecho de facilitar el deber de votar es una prueba del respeto que le tienen las castas oligárquicas, que monopolizan el poder político, al derecho que tienen los ciudadanos (¿haylos…?) a participar democráticamente en la organización de la vida pública.

Lo cierto es que, una vez más, la ciudadanía asturiana se ha dejado conducir, como excelentes y dóciles bueyes que son sus individuos, hasta las urnas. En esta ocasión, y como casi siempre ocurre, para contribuir a salvar a Asturias. Qué menos…

Pero el próximo jueves, día 29 de marzo de 2012, esa misma manada de bueyes tendrá la oportunidad de recordar que, en otro tiempo, habían sido toros antes que bueyes. Las urnas serán sustituidas por las pancartas -fenómeno sociológico que detesta la derecha carpetovetónica, menos cuando se trata de manifestarse en defensa de la Familia…- anunciando la huelga general y las razones de la misma. La clase obrera -o lo que queda de ella- expresa públicamente su rechazo a la truculenta reforma laboral por las graves consecuencias que les impone esa medida adoptada por el Gobierno recién estrenado por la derecha posfranquista; la cual, le supone a la clase obrera un duro castigo social y laboral. Al parecer, para contrarrestar los efectos negativos de una epidemia gripal generada por los adictos a la especulación financiera en el capitalismo occidental.

En el breve espacio de tiempo que va desde esas nuevas elecciones democráticas typical spanish, que concluyen hoy, hasta la celebración de ese histórico ritual obrerista -prácticamente olvidado-, que es una huelga general, los asturianos tendrán la oportunidad de decantarse por una de estas dos opciones vitales: ser obedientes y mansos como bueyes o, por el contrario, recordar en voz alta que no han olvidado que, en otros tiempos no tan lejanos, fueron unos ciudadanos con derecho a protestar siempre que sus derechos sociales y laborales peligraran. Es decir, reclaman sus derechos a ser toros…

La pregunta podría ser inevitable: ¿Los asturianos deben ser siempre mansos votantes, cuando la derecha lo exija, o, tal vez, deberían reivindicar, sobre todo, el reconocimiento de sus intereses de clase…? Porque, durante muchos años -principalmente, durante el tiempo que duró el providencialismo que imponía la dictadura militar (1939-1975)- fueron reducidos a la simple condición de bueyes, amansados por el látigo orgánico del poder y por el miedo a las represalias, que no consistían, precisamente, en simples pellizcos de monja… La tragedia consiste en el hecho de haber sido obligados a ser bueyes por la fuerza. Pero el problema -ahora- es el no haber intentado, tras el ocaso de la dictadura, la recuperación de aquel histórico espíritu de clase obrera que caracterizó a la izquierda española. Quizá, hace poco más de tres décadas pudo haber sido más fácil que hoy – o menos utópico…- recuperar aquella antigua condición de clase. Entonces, aún vivían algunos de aquellos que no habían sido amansados por los teólogos del españolismo radical. Probablemente, porque los conceptos ideológicos que, entonces, usaba el nuevo Estado, para apuntalar su estructura política aún no habían fraguado definitivamente como el hormigón armado -y nunca mejor dicho- de los nuevos constructores del Estado de Derechas (ojo: dice Derechas, no dice Derecho) que acabó siendo este país.

Así empezó a ser reeducada la histórica izquierda española, para instalarla, como si fuera una manada de bueyes, en la teología política de un sistema que acabaría llamándose, simplificado, franquismo. La izquierda -o lo que quedó de ella- de clase obrera ha perdido, desde aquel tiempo, los hábitos ideológicos y los tics políticos que la habían caracterizado hasta los años treinta del siglo XX. Incluso ha perdido su auténtica conciencia de clase para dejarle sitio al razonamiento sociológico de linaje fascista. Así, una huelga general en ese marco ideológico que caracteriza a la peculiar democracia española actual podría considerarse como una gota de limón en el Océano Atlántico. Pero siempre será algo mejor que continuar saboreando el sabor de la canela en rama que le puso a la Monarquía del 18 de Julio el barman de la dictadura.

Conviene encontrarle a España un nuevo sabor, aunque sea tan leve como el que se le pueda notar a partir del jueves próximo. El sabor de la dignidad de la clase obrera. El sabor que siempre tuvo Asturias.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Marzo 25th, 2012 at 7:08 am

Argumentos y reclamos de una campaña mediocre, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Ante las elecciones del 25-M en Asturias

A poco que se repare en los mensajes más repetidos por doña Mercedes Fernández, es insoslayable preguntarse cómo piensa convencer a la sociedad asturiana de que esta tierra será más próspera y mejor tratada por la gran sintonía que existe entre el Gobierno de todas las Españas y su persona. ¿No puede caer en la cuenta de que lo que está planteando es en realidad un discurso caciquil? ¿No se percata de que sería un insulto a la inteligencia y a la democracia que la masa de votantes percibiera que las necesidades de Asturias serían atendidas mejor y en menos tiempo por una casuística basada en el amiguismo, esto es, en una suerte de caciquismo que parece reinventar ahora la candidata conservadora?

¿Y qué decir de los mensajes del actual Presidente? Cierto es que Cascos tiene razón cuando critica el sucursalismo del PP. Lo que sorprende es que lo plantee alguien como él que en su momento, haciendo de virrey de Asturias, montó una inolvidable escandalera exigiendo el cese de un consejero del señor Marqués, Juan José Tielve. ¿Aquello no era sucursalismo? Y, de otro lado, la energía que está teniendo en esta campaña se echó de menos en los meses anteriores. Habría que preguntarse también sobre su escasa presencia en el Parlamento donde tuvo oportunidad de hacer conocer sus proyectos para esta tierra. Ganase o no las votaciones, hubiera estado muy bien que defendiese sus propuestas en el Parlamento. No sólo hay que gobernar a tres turnos, sino que además hay que hacerlo visible y no sólo cuando se está en campaña.

Por su parte, don Javier Fernández tiene como uno de sus lemas electorales la seriedad e insiste en que su partido garantiza los servicios públicos básicos como son la educación y la sanidad. Ciertamente, no podría entenderse que un partido que se reclama de izquierdas pudiera proponer algo distinto. Ahora bien, una cosa es garantizar el sostenimiento de la enseñanza pública, y otra muy distinta consiste en defender un sistema educativo basado en la demagogia y que proscribe el esfuerzo y el conocimiento. Cuando habló recientemente de su defensa de la escuela rural, no pude no recordar la política que al respecto siguió el consejero de Educación de los Gobiernos de Areces. Y tal cosa produce sonrojo. Como lo produce recordar su conformismo con muchas de las decisiones políticas de los gobiernos de Zapatero que fueron lesivas para Asturias. Ello por no hablar de su declaración a favor de la dignidad de las condiciones de vida en el mundo rural cuando la despoblación no fue frenada por los gobiernos de su partido, cuando los servicios no son en muchos casos comparables a los que hay en el centro de Asturias, cuando tiene constancia, en fin, de comportamientos caciquiles en varios consistorios gobernados por su partido. Por otro lado, bien estaría que no ocultase su enorme reticencia hacia todo lo que sea asturianismo, pues no me consta que haya cambiado de opinión al respecto.

¿Y qué decir de don Jesús Iglesias que tanto insiste en que su coalición política nada tiene que ver con escándalos de corrupción? ¿Hay que recordarle que su coalición no abandonó el Gobierno de Areces cuando Riopedre ingresó en prisión y que en ningún momento alzó su voz en contra de los sobrecostes faraónicos y megalómanos del anterior Presidente? ¿O es que las clases más humildes salieron beneficiadas por el despilfarro que supuso aquel despacho en la Laboral para el antiguo disidente del Congreso de Perlora? Y, por otra parte, cuando el señor Iglesias habla de enseñanza, debería ser un poco más prudente a la hora de rechazar que se atienda también al alumnado más brillante académicamente. No es muy de izquierdas arremeter contra la inteligencia. Y tampoco lo es incitar a rebelarse a la ciudadanía cuando ustedes no lo hicieron contra los despilfarros, cuando ustedes no lo hacen contra los privilegios de la mal llamada clase política, que no tienen ningún empacho en disfrutar.

Así las cosas, alguien debería pensar que con argumentos insostenibles se insulta la inteligencia de la ciudadanía y que con incoherencias tan sonoras se agrede contra la dignidad propia y ajena cuando de la vida pública se trata.

Parece el colofón inevitable a una legislatura que, a pesar de su brevedad, estuvo marcada por una continua serie de inolvidables dislates entre los que cabría destacar lo incomprensible que resulta que los socialistas viesen en el señor Goñi a Besteiro reencarnado cuando lo votaron para presidir el Parlamento, lo hilarantes que fueron algunas de las intervenciones de la señora Pérez-Espinosa, con su crispación sin contenidos, sin perder de vista determinadas comparecencias de consejeros/as del Gobierno que no sabían por dónde andaban.

No es fácil que la siguiente legislatura resulte tan bochornosa. Y, ante todo, no sería tolerable.

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Marzo 20th, 2012 at 7:10 am

La huelga del 62, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (18-03-2012)

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El ojo del tigre

A la huelga de la minería asturiana en la primavera de 1962, contemplada desde la perspectiva del medio siglo transcurrido desde que estalló el conflicto en el pozo Nicolasa, hasta el momento actual -tan ambiguo ideológicamente, como domesticado políticamente…- le conviene mucho que se haga un esfuerzo historiográfico para intentar no sacarla de su propio contexto histórico, y presentarla como si hubiera sido un golpe espontáneo y espectacular que la clase obrera asturiana por antonomasia -la minera- le dió a la todavía férrea dictadura que representaba aquel domador del gran circo nacionalcatólico llamado España y apedillado Unidad de destino en lo Universal

Aquella huelga de los mineros fue la respuesta más adecuada de un colectivo humano sometido al poder medieval de un régimen político tan soberbio como el que, durante cuarenta años, pesó como una losa del Valle de los Caídos sobre la sociedad española en general, y la izquierda española en particular. La primavera de 1962 señaló el principio del fín del sindicalismo vertical, la gran mordaza oficial con la que se pretendía silenciar a la clase obrera, hasta dejarla convertida en una masa amorfa y, sobre todo, disuadida de cualquier intento para rehacer el histórico movimiento obrero, que, en Asturias, había tenido un escenario excepcional en las dos cuencas mineras: la del Caudal y la del Nalón.

Hace cincuenta y un años -a mediados de 1961- habían empezado sus actividades sociopolíticas unas llamadas Comisiones de obreros en cada uno de los pozos mineros. Sus miembros eran elegidos, por sus compañeros, entre aquellos mineros que destacaban por sus inquietudes sociales y laborales, para que los representaran ante el poder empresarial cada vez que se planteaban problemas, en sus respectivos pozos, de higiene, de horarios, de destajos, etc… Aquellas primarias Comisiones de obreros fueron la célula madre del actual sindicato de clase Comisiones obreras.

Las huelgas mineras en los años 60 del siglo pasado fueron, principalmente, un estímulo para el intento de recuperar el movimiento obrero como columna vertebral de las reivindicaciones sociales y laborales de la clase obrera española. En el poder político de aquella España -cuya nave empezaba a rectificar sutilmente su rumbo totalitario, para continuar navegando, como hasta entonces, en el mismo océano de sus sueños imperiales…- todavía asusta la posibilidad de que la clase obrera pudiera recuperar el histórico poder político y social que tuvo en los años 30 -por ejemplo- del siglo XX. Ese miedo histórico al resurgimiento -por ahora, simplemente hipotético- del movimiento obrero es una de las principales herencias recibidas por la actual derecha mixta de la vieja cultura política que, con tanto celo, había difundido, durante tantos años, el integrismo españolista cuando se convenció de que la democracia orgánica, que, desde 1939, nutría ideológicamente al sistema de gobierno franquista, debía ser sustituida por una democracia sin aditivos.

La ya histórica huelga minera en la primavera de 1962, que tuvo una segunda y enconadísima parte en el mes de agosto de ese mismo año, no fue la primera ni la única de las huelgas de la mítica minería asturiana durante la dictadura franquista. En marzo de 1957, en el pozo María Luisa (cuenca del Nalón) estalló un serio conflicto laboral al declararse en huelga de brazos caídos sus picadores al retirarles los guajes -sus ayudantes fijos-, con lo que el trabajo del picador se incrementaba considerablemente sin que, a cambio, les aumentaran su salario. Esta huelga -conocida como la huelga del guaje- fue secundada inmediatamente por los mineros de los pozos Fondón y La Nueva. Al final se calculaba que aquel conflicto iniciado en el María Luisa había sido secundado por unos 3.000 a 5.000 mineros.

Este breve y somero repaso a unos concretos acontecimientos sociales -y, evidentemente, políticos- ocurridos a partir de la segunda mitad del siglo XX en Asturias, a pesar de las duras represalias que el poder empresarial y el poder político tan unidos ambos, que constituían uno solo e implacable, como ahora ocurre también, no debería quedar en un simple ejercicio de melancolía ideológica para la izquierda, sino en un acicate para recuperar (sobre todo, aquellos que lo tuvieron y lo perdieron…) el agudo sentido de la autocrítica política; precisamente, una virtud ideológica que parece haber sido erradicada de la inteligencia de la izquierda, suponiendo que la izquierda no haya desaparecido en Asturias en beneficio de la derecha.

Puestos a bucear en el pozo de la historia, no estaría de más recordar aquella tremenda boutade que, un día, le soltó a un periodista el general superlativo que, hoy, descansa de su ardor guerrero en la cripta de Cuelgamuros: La guerra de Marruecos tenía un aire romántico, un aire de reconquista. Esta guerra en Asturias es una guerra de fronteras: al otro lado están el socialismo, el comunismo y las demás fuerzas que atacan a la civilización para reemplazarla por la barbarie. Lo dijo Franco cuando había acabado de represaliar duramente a los mineros que habían protagonizado una huelga en el  año 1934. Reconozcamos que las huelgas mineras no son meros sucesos episódicos, sino la Historia misma de la Asturias contemporánea.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Marzo 18th, 2012 at 7:08 am

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Un cura demócrata, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (11-03-2012)

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El ojo del tigre

José María Díaz Bardales fue durante toda su vida sacerdotal -lamentablemente, no tan larga como el se merecía- un cura que siempre inspiró confianza y simpatía, no sólo en sus feligreses sino también entre aquellos laicos que, generalmente, más atentos a sus propias convicciones ideológicas, encontraron en él a un interlocutor generosamente tolerante, siempre comprensivo ante las opiniones ajenas y convencido de la necesidad de escuchar antes, para, luego, decidirse a opinar. Ideológicamente, se puede decir que el P. Díaz Bardales siempre estuvo más cerca de Jacques Maritain que de Charles Maurras. Por lo tanto, la doctrina de este último personaje que pontificaba sobre el origen divino de la autoridad, y que con tanto entusiasmo le abrieron un hueco entre sus dogmas los partidarios de la monarquía, nunca tuvo un sitio entre las ideas pastorales del cura de la parroquia de Nuestra Sra. de Fátima.

Este sacerdote riosellano, nacido en el seno de una familia rigurosamente cristiana, fue educado de acuerdo con los principios católicos de aquel tiempo -segunda mitad del siglo XX- e ingresó siendo aún un niño en el Seminario a impulsos de su precoz vocación personal. Al finalizar los estudios eclesiásticos, inicia el ejercicio de su condición sacerdotal en un momento en el que las ideas del Concilio Vaticano II constituyen un revulsivo social -incluso, político- para el país. La tradición nacional-catolicista empieza a eclipsarse después de haber iluminado intensamente los largos y duros años de una dictadura cuyo poder político -compartido por la mismísima Iglesia católica durante tantos años…- anquilosaba la sociedad española. El aggiornamento de la cúpula vaticanista eclesial activó la apertura de la sociedad, hasta entonces sometida a un integrismo político y católico, que la inmoviliza, y, de repente, se activa una renovación de la Iglesia; la cual, incita a la esperanza a la sociedad civil.

Para el P. Díaz Bardales esta apertura significó el triunfo de unos ideales que había ido acumulando lentamente a lo largo de un periodo de experiencias pastorales iniciadas, precisamente, en un medio social en el que el poder político había hecho -y seguía haciendo- auténticos estragos con el abuso de su autoridad y, en buena medida, con la complicidad de la Iglesia preconciliar. Ese escenario, en el que empezó a moverse profesionalmente, fue la Cuenca del Caudal. En la iglesia parroquial de San Juan, en Mieres, se encontró, por primera vez, con la tremenda realidad de una sociedad maltratada por el poder temporal, asistido -casi siempre- por el poder espiritual…

En San Juan de Mieres, junto con otros compañeros que iniciaban, también, su primer encuentro con la realidad pastoral, José María Díaz Bardales encontró en su párroco -don Nicanor López Brugos- algo más que un apoyo para sus convicciones: un maestro en el complicado arte de comprometerse con las clases sociales más humildes y más castigadas por el ominoso poder político de la época.

El fallecimiento de este cura demócrata le supone a la Iglesia en Asturias la pérdida de uno de sus más inteligentes sacerdotes comprometidos con Cristo. Este era el modelo ideal del hombre comprometido para el P. Díaz Bardales. Siempre decía que en Cristo había que reconocer al hombre con el cual merece la pena compartir sueños y esperanzas. Siempre reconocía la inmensa suerte que, para el ejercicio de su sacerdocio, le había supuesto la presencia, en la Archidiócesis de Oviedo, de Don Gabino Díaz Merchán. Mientras este ocupó su cargo, fue un estímulo para su vocación de servicio a la sociedad y un acicate para comprometerse personalmente con la feligresía.

Estaba convencido de que el secreto de un buen cura es que su actividad pastoral esté iluminada por la fe y acelerada por el amor al prójimo. Con estos dos elementos espirituales -fe y amor- aquel niño riosellano, que aprendió a leer y a escribir en un colegio de dominicas, para años más tarde, siendo un adolescente, iniciar sus estudios en el Seminario, emprendió un camino que acaba de interrumpírsele antes de darle tiempo para repasar los recuerdos de sus vivencias personales a la luz de su fe y al calor del amor al prójimo; todo ello, en compañía de los suyos y, sobre todo, de ese grupo de amigos íntimos, que fueron sus compañeros de clase, alumnos de una monjita a la que llamaban hermana María, con cuyo nombre crearon un grupo que simboliza su generación.

Estos antecedentes sociales del P. Díaz Bardales, inmersos en un ambiente mayoritariamente religioso, propio de una época en la que la Iglesia católica marcaba las pautas sociales a seguir, e, incluso, determinaba la conducta pública del poder político, nos permiten estimar con mayor exactitud el valor real de este cura demócrata, que pasó de unos inicios pastorales en una parroquia del Caudal -uno de los principales escenarios del movimiento obrero asturiano- a ocuparse de una parroquia en un barrio obrero gijonés; con lo cual, el P. Bardales se mantuvo siempre fiel a sus ideales sociales. Descanse en paz.

Lorenzo Cordero. Periodista. Cronista Oficial de Ribadesella.

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Marzo 11th, 2012 at 7:08 am

Simplificando, que es gerundio, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (04-03-2012)

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El ojo del tigre

La sorprendente sentencia judicial, que obliga a celebrar la votación de una moción de censura contra el actual alcalde de Siero, es un síntoma más, entre otros muchos, del implacable burocratismo político que, junto con el determinismo del poder financiero, ha maniatado al Estado democrático español. En este momento, el Estado está, por lo visto, a merced de las decisiones subjetivas del burocratismo judicial, por un lado, y, por el otro, sometido a las decisiones implacables de los llamados Mercados. Unos extraños entes capitalistas que galvanizan la democracia hasta extremos verdaderamente alarmantes, impermeabilizándola contra las filtraciones de la pluralidad política.

Para intentar justificar el desembarco de los invasores economicistas en la playa de la democracia, el clásico lenguaje democrático ha sido sustituido por la jerga tecnocrática de los burócratas del capital. Y, para justificar la judiciliación de los asuntos estrictamente políticos -cuando la razón política debiera ser inapelable- se ha puesto de moda esta oportuna frase: Respeto las decisiones de los jueces… No cabe insistir, al parecer, en la indispensable necesidad de liberar a la política de las decisiones de los tribunales. Eso es lo que, también está de moda ahora con el pretexto de no minar el prestigio y la autoridad de estas instituciones públicas.

Es decir, la democracia política cede su propio prestigio institucional en favor de los intereses subjetivos de otras instituciones. Lo cual podría permitirnos afirmar tajantemente que la democracia española debe interpretarse como un sistema político sometido al vasallaje con respecto a las decisiones del poder burocrático que disfrutan otros órganos del sistema.

El asunto de la moción de censura al gobierno socialdemócrata del Ayuntamiento de Siero es -además de una peculiar decisión jurídica…- una simplificación radical de la compleja actividad política de las instituciones municipales. A partir de ahora, y tomando como referencia técnica esa sentencia que obliga a someter a votación la moción de censura que había sido considerada, con anterioridad, improcedente por sus peculiares circunstancias políticas, el pluralismo democrático, cada vez que se enzarce en uno de esos múltiples y frecuentes enfrentamientos provocados por el bizantinismo partidista -tan frecuente en los salones de los plenos municipales- la solución de los conflictos planteados será facilísima: bastará con apelar a la decisión interpretativa de un tribunal jurídico. Esto me recuerda la idea que tenía del Estado un histórico líder del proletariado internacional -cuyo nombre me reservo, para evitarle a usted innecesarias emociones sentimentales…-, el cual vino a decir que, más o menos, la administración de la cosa pública tendría que llegar a ser tan simplificada que cualquier cocinero podría conducir los asuntos del Estado.

En el caso de Siero, todo parece indicar que los asuntos municipales tienen la cocina en el juzgado más próximo de instrucción pública… Sin embargo, los problemas que se plantean en las sociedades democráticas inorgánicas no son -aunque, a veces, lo parezcan- asuntos propios de un cocinero.

Afortunadamente, todavía soy muy capaz de asombrarme ante ciertos sucesos que ocurren en esta peculiar sociedad democrática. El caso de la moción de censura en el Ayuntamiento sierense es uno de esos que me incitan al asombro. ¿Quién gobierna en Siero: el Ayuntamiento o el titular de un juzgado…? Reconozco que es algo parecido al asombro que también me provoca la, al parecer, incontenible vocación política con que suele escribir sus cartas pastorales el señor arzobispo metropolitano de Oviedo, en tiempos electoralistas. Aunque, pienso que la autoridad eclesial no rompe la tradición de la Iglesia constantiniana -como es la del postconcilio Vaticano II-, sino que continúa practicando la tradición heredada hace ya un montón de siglos; una tradición que la insta a monopolizar el poder temporal en favor de su poder espiritual…

Pero, ni en el primer caso se juzga políticamente un hecho administrativo, ni en el segundo se adoctrina ideológicamente en favor de una corriente conservadora. Sin embargo, en ambos casos, lo parece… Quizás sea este el problema esencial de la actual sociedad democrática: que lo que parece ser democrático no lo es, sino todo lo contrario. Esta contradicción no parece tener solución a corto plazo. Por lo menos, mientras se siga invocando la santa Transición española para justificar peculiaridades tan particulares como es esta manía (¿democrática o jurídica…?) de simplificar los asuntos del Estado.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Marzo 4th, 2012 at 7:08 am

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La derecha asturiana en vísperas de su desempate, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Tras los desquites de Álvarez-Cascos

«Para mí, la política es la filosofía con la vida, con la vida humana, es decir, un laberinto de dificultades multiplicado por millones de laberintos que se mueven, que cambian a cada instante». (Clarín).

Lo que toca el 25 de marzo en Asturias, tras los resultados del 22 de mayo y del 20-N, es, en términos deportivos, el desempate entre las dos formaciones políticas conservadoras, con la particularidad de que el PP jugará el partido con casi toda la alineación cambiada. Y con otro factor añadido no menos interesante: y es que se enfrentarán el ex vicepresidente del Gobierno español con Aznar y una de las personas más leales a Cascos a lo largo de su dilatada trayectoria política, como es el caso de Mercedes Fernández.

Pero no terminan aquí las paradojas. En su momento, trascendió un informe que Cascos le remitió a Ana Mato sobre el PP asturiano donde apuntaba la necesidad de cambios en las personas que dirigían el partido en Asturias. Pues bien, parece que ese relevo por el que apostaba el ex ministro de Aznar lo va a llevar a cabo ahora doña Mercedes al dejar fuera de su lista electoral a no pequeña parte de los dirigentes conservadores astures. Así las cosas, por mucho que se quiera maquillar lo que está sucediendo, lo que tiempo atrás quiso imponer Cascos, y que fue uno de los factores que más contribuyeron al rechazo de sus compañeros de partido, tendrá lugar ahora, con todos los matices que al respecto se quieran poner. Y, mayor baldón, todo lo urdido por Gabino de Lorenzo rechazando a Cascos y promoviendo la candidatura de la señora Pérez-Espinosa se desmoronó por completo.

Y a pesar de todos estos grandes desquites de Cascos, es decir, de haber derrotado electoralmente al PP en mayo, de ver cómo sus tesis triunfan aunque él no las aplique y de asistir a la prejubilación de Gabino de Lorenzo en la Delegación del Gobierno, sin que su adversario pueda despedirse de la política con una ansiada mayoría absoluta en Oviedo para llevar a cabo su polémico proyecto de soterramiento de la calle Uría, el actual presidente de Asturias corre el riesgo de ser derrotado el 25 de marzo por una de sus discípulas políticas en las que más confianza depositó. Aquí todo puede suceder, desde ver a Saturno devorando a sus hijos hasta asistir al freudiano asesinato del padre. No pongan en duda que Barthes sacaría mucho partido a todo ello.

Con respecto a la ex delegada del Gobierno, no deja de sorprenderme que se hable de ella como un auténtico peso pesado de la política, cuando, en realidad, no se le conoce ningún discurso brillante, ni tampoco se puede decir que su carrera política esté jalonada por grandes victorias, más allá de ser diputada en Madrid por Asturias y de haber optado sin éxito a la Alcaldía de Gijón. No sería descartable que, tras el batacazo del 22 de mayo, lo recuperado por el PP en noviembre con doña Mercedes a la cabeza se considere toda una epopeya y se pongan en ella las mejores expectativas.

Pero el desempate del 25 de marzo reúne todos los requisitos para suscitar el mayor interés. Por un lado, el PP tiene difícil argumentar que Cascos es el único culpable de los continuos desencuentros entre las formaciones conservadoras en el momento mismo en que modifica sustancialmente su lista electoral empezando por la candidata. Por su parte, Cascos y su entorno tendrán que modificar su discurso. Desde el momento en que no se van a enfrentar a las mismas personas, ya no podrán esgrimir que se las tienen que ver con unos apoltronados, puesto que el partido al que pertenecen decidió que en su mayor parte dejaran de serlo.

Y tampoco hay que perder de vista que la disputa entre Cascos y doña Mercedes se presta a interpretaciones no sólo diversas, sino también opuestas. Podría pensarse que el PP tomó esa decisión para propiciar el entendimiento con el ex ministro. Pero tampoco sería descabellado colegir que se elige a la ex delegada del Gobierno para restar votos a Cascos, al tiempo que se le pone en el brete de enfrentarse a una persona que es omnipresente en su biografía política. No olvidemos que Cascos eligió la Delegación del Gobierno para despedirse de la política en 2004, y que en esa ceremonia la anfitriona fue Cherines. Y no olvidemos tampoco que don Francisco se dio de baja en el PP de Gijón por el tratamiento que la señora Fernández Pardo le dio a doña Mercedes. Sería paradójico que la en su momento patrocinada derrotase al patrocinador. Y viceversa.

Y es que la vida pública asturiana dejó de ser monótona tras el regreso de Cascos a la política, un regreso que convulsionó a la derecha y a la izquierda de siglas, que también decidió hacer profundas modificaciones en sus listas, prescindiendo de las personas más ligadas al arecismo que figuraban en la anterior candidatura.

En todo caso, a menos de 40 días del desempate entre la derecha asturiana, la vida política astur dejó de ser previsible. Y aburrida.

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Febrero 14th, 2012 at 7:08 am

Cascos y el 25-M, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (12-02-2012)

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El ojo del tigre

Las elecciones autonómicas, convocadas para el próximo 25 de marzo de 2012 (25-M, para decirlo de acuerdo con el lenguaje tecnocrático de la nueva democracia española), indican, principalmente, que en esta autonomía asturiana quien marca los tiempos políticos es su presidente. Este privilegio personal seguramente lo heredó de quien fué su maestro su maestro doctrinal Manuel Fraga, quien, en otros tiempos que son el gran antecedente didáctico de los actuales, frenaba en seco las urgencias aperturistas de aquellos que, siendo aún fieles a Franco, osaban sincerarse con aquel fogoso ministro de Información y Turismo (es decir, ministro de Propaganda) cuando conseguían entrar en su despacho para expresarle las prisas que tenía este país para asegurarse una normalidad democrática tan peligrosamente pendiente, como nunca lo había estado antes, de un finísimo hilo: el de la declinante senectud del superhéroe del 18 de julio: Franco. El hombre no acababa de morirse; con lo cual, el aperturismo político que postulaba la derecha civilizada no avanzaba.

Álvarez-Cascos se formó ideológica y políticamente en aquella inquieta España, que ya no era una sociedad compacta, inasequible al desaliento, tal como lo había sido con el glorioso Movimiento Nacional. El franquismo se había convertido en un régimen protagonizado por varias familias políticas: los monárquicos legitimistas (partidarios de don Juan de Borbón); los falangistas que arropaban a Girón, su líder natural, apretujándose dentro del bunker; los juancarlistas; los aperturistas, partidarios de una reforma políticamente próxima a la democracia… Como le decía uno de aquellos reformistas al corresponsal en España de la revista francesa L’Express: Los barrotes de la jaula se han separado un poco, pero la jaula no ha cambiado…

Cascos aprendió el arte de la política dentro de aquella jaula, y el oficio de mandar en un medio espeso de maquiavelismo franquista que se respiraba entre aquellos barrotes; rodeado de reformistas, por un lado, y de inmovilistas atrincherados en su bunker, por el otro. En el adoctrinamiento de Cascos se mezclaron ciertos valores de los primeros, y repentinos tics de los segundos. El resultado es el que tenemos a la vista: un político muy complejo. Difícil de predecir; fácil de entender. Difícil, porque se acostumbró a manejar él solo los tiempos; con lo cual, resulta imposible adivinar cuál será su próxima decisión. Fácil de entender porque cada una de sus decisiones fundamentales suele ir acompañada de un rotundo: Porque lo digo yo. Es el tic más frecuente de la época de hierro del glorioso Movimiento Nacional, incluso cuando ya tenía los barrotes de la jaula bastante separados.

Cuando el impetuoso presidenta forista del Principado de Asturias decidió que el 25 de marzo fuera día electoral, no fue por una repentina ocurrencia sino por una calculada salida del atasco en que estaba atrapado su Gobierno. Era rehén de un cúmulo de intereses de los otros partidos. Con su habitual capacidad para dramatizar la situación -capacidad muy propia de la cultura política recibida…-, denunció aquella situación como una consecuencia de un pacto secreto entre su antiguo partido PP y el PS(O)E. Una actualizada, e imaginada, conjura judeomasónica. Lo de siempre. A Cascos -como antes a Franco- sus ocurrencias siempre le dieron buenas oportunidades para seguir sentado en la cúspide de su pirámide orgánica. No digamos que, esta vez, Cascos se equivocó porque, a lo mejor, resurge como un auténtico caudillo de entre la próximas papeletas electorales de la primavera que viene. Al PP le interesa limar las asperezas que ahora mismo le impiden una relación natural, normal, fraternal con FAC. A los foristas -hermanos del PP separados ¿circunstancialmente…?-, lo mismo. No digo que acaben bailando agarrados, Cascos y Cherines, la próxima música poselectoral. Pero sí, quizás, tarareando su estribillo.

Cascos tiene suerte, como la que tenía el Faraón que reposa en Cuelgamuros. Los dos son inasequibles al desaliento. Es muy difícil eclipsarlos. En la década de los años sesenta, y los inicios de la siguiente -hasta el día 20 de noviembre de 1975-, la mayoría de los españoles pensaban que Franco era inmortal. Hablando de este asunto dos viejos amigos -el periodista Haro Tecglen y el actor Fernán-Gómez- decía el periodista: A lo mejor es verdad que debajo de esa lápida del Valle de los Caídos algo hay. Porque fíjate e Álvarez-Cascos, es una reencarnación. Ocurría esta conversación en un hotel de Madrid, en el año 1977. Quién la asegura a usted que no estamos ahora en vísperas de confirmarse lo que, entonces, sospechaba el rojo de Haro Tecglen. No pierda usted de vista el próximo 25.M.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Febrero 12th, 2012 at 7:14 am

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La política asturiana en su sal si puedes, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Una reflexión sobre si las elecciones anticipadas podrán ser la solución para Asturias

Más allá de los días melancólicos, están los días llorones, que tanto conocemos en Asturias. Es el color gris de la lluvia, es el cielo oscuro, es la borrasca con ambición totalizadora que no da tregua, que no permite al sol ni siquiera agazaparse tras la niebla. Pues bien, no es muy distinta a lo descrito la situación que vive la política asturiana en los últimos tiempos, sobre todo desde el anuncio de las elecciones anticipadas a esta parte.

Hay quien considera que la única salida posible está en la izquierda (de siglas), puesto que, si algo demostró la derecha astur en estos últimos meses, es su incapacidad para alcanzar acuerdos. Siendo esto último tan irrebatible como cierto, no lo es menos que no sólo no corren buenos tiempos para el PSOE en toda España, sino que además en nuestro aquí y ahora el «caso Marea» sigue coleando. Y, ante lo que se viene conociendo en los últimos días, habría que tener una candidez sobrecogedora para creer que la actual apuesta del partido que en su día fundó Pablo Iglesias es la defensa de los más desfavorecidos y el afán de luchar contra las desigualdades. Añádase a ello que las reticencias de Javier Fernández hacia IU son mucho mayores que las que pudo tener Areces. No está muy clara esa mayoría de izquierdas (insisto, de siglas), y, en todo caso, a IU le costaría mucho más trabajo entenderse con don Javier que con don Vicente.

Y, en cuanto a la derecha, por mucho que corran buenos tiempos para el PP, el caso de Asturias tiene sus particularidades que empiezan por el fracaso de doña Isabel Pérez-Espinosa el pasado mayo, que, según parece, se pretende rectificar poniendo a doña Mercedes Fernández al frente de la candidatura. ¿Pero será eso suficiente para que el PP asturiano obtenga unos resultados óptimos? Dejando aparte otras consideraciones, pronto veremos si el cambio en el PP astur irá más allá de la persona que encabece la lista electoral, porque sus rostros más conocidos no suscitan mucho entusiasmo ante la ciudadanía. Y, por su parte, la apuesta de Álvarez-Cascos es enormemente arriesgada, si se tiene en cuenta que, desde julio a esta parte, no consiguió los acuerdos mínimos necesarios para sacar adelante su proyecto. Pensar en una mayoría absoluta de FAC se antoja más que difícil.

Adivinanzas aparte, también hay que preguntarse si hay alguien aquí que, en verdad, merece un triunfo electoral. ¿Se hizo acreedor a ello un PSOE que ni siquiera intentó gobernar ante la desunión de la derecha? ¿Un PSOE que ante la postración que sufrió Asturias durante el último mandato de Zapatero se comportó con una docilidad difícilmente justificable? ¿Qué méritos atesoró el PP primero como oposición a Areces y luego a Cascos? ¿Cómo puede entenderse, de otro lado, que el actual presidente de Asturias cultivase tanto el enfrentamiento y tan poco la pedagogía política? Porque lo cierto es que no andaba falto de razón en algunas de sus principales batallas políticas, pero, en el más favorable de los supuestos, las formas adoptadas no fueron las más afortunadas, malogrando así una posibilidad de convencimiento que estaba en su mano conseguir.

La política asturiana en su sal si puedes. No nos engañemos. El anterior escenario de bipartidismo con una IU complaciente con el PSOE fue algo manifiestamente mejorable. Y así se reflejó en las urnas el 22 de mayo. Y, desde entonces no sólo fue el Gobierno el que no se explicó con la suficiente claridad en asuntos fundamentales, sino que también la oposición tendría que haber puesto de manifiesto sus proyectos para Asturias y sus soluciones, si es que las tiene.

La política asturiana en un sal si puedes que ya desembocó en un malestar generalizado en la ciudadanía que cada vez está más cerca de convencerse de que nuestros políticos, lejos de ser la solución, constituyen el problema para que esta tierra salga adelante.

Y exista.

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Febrero 7th, 2012 at 7:14 am

Historia de un ruido, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (05-02-2012)

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El ojo del tigre

Hace poco más de un mes (27-diciembre-2011) el club político de los casquistas asturianos celebró su II Conferencia Política. Entre otras cuestiones se hizo notar que también podríamos decir que tiene lugar el final de nuestro primer año de vida. FAC se fundó, repentinamente, en enero de 2011, después de un sonoro portazo dado en la sede del PP de Oviedo, que sorprendería a los asturianos y los asustaría el estrepitoso ruido de la rotura de cristales. El discurso institucional de la Conferencia lo pronunció, obviamente, el Jefe del grupo a quien, después de unas elecciones municipales y autonómicas –las del 22 de mayo de 2011-, le proclamaban vencedor de las segundas con una exigua mayoría, pero suficiente para convertirse en el séptimo Presidente del Gobierno del Principado, ante la incomprensible pasividad del resto de las fuerzas políticas. Especialmente, de aquellas dos que representan el españolísimo Bipartidismo dinástico, tan simplificador del pluralismo político democrático de la manoseada Transición. Desde el súbito nacimiento del partido probeta (FAC) que preside don Francisco Álvarez-Cascos y Fernández, todo cuanto sucede en torno a este popular club parece estar influido por la improvisación política.

Con sus 16 diputados autonómicos, los 158 concejales estratégicamente repartidos por los municipios asturianos; con un ilustre diputado novicio en el Congreso, más un equipo de gobierno –en la práctica, de párvulos políticos aún…- cuya única experiencia y hábito en la gobernanza es la que posee su Presidente, sólo con esto es, al parecer, suficiente para realizar la necesaria tarea de control del Gobierno de España, en defensa del interés general de nuestra tierra para demandar soluciones a nuestros problemas de discriminación, de aislamiento y de estancamiento. (Álvarez-Cascos. 27-12-2011).

Pero una cosa son los sueños y otra las realidades. Seis meses y medio después de tomar posesión como Presidente del Principado de Asturias, el líder de FAC convocó a la Prensa para anunciar nuevas elecciones, que se celebrarán el próximo 25 de marzo y, de paso, para mostrarles a los periodistas convocados el globo de colores que había sido su original proyecto político, pinchado, según él, por el contubernio PP-PS(O)E. Aquel proyecto consistía en salvar Asturias para darle más aire a España, puesto que más Asturias, mejor España. No se puede resumir en menos palabras el sueño españolista de esta derecha casquista, tan conservadora como postfranquista, identificando Asturias con España.

Lo que llama la atención de esta película del far west carpetovetónico no es la restallante traca que acaba de hacer sonar el hombre que quiso hacer de su personal sueño asturianista –con Jovellanos y Melquíades Álvarez como padrinos- un Imperio Astur. A mí lo que me sorprende es que se siga confundiendo la democracia de participación; quizás, porque nadie se preocupó de descubrirnos hace tiempo la diferencia que hay con otra democracia, que, curiosamente, es la que insisten en invocar precisamente los que se criaron y formaron en un incomodísimo sistema antidemocrático: la democracia de adhesión. Cuando FAC habla de democracia, quizá lo hace pensando siempre en la democracia de adhesión, que tiene un rotundo adjetivo oculto: orgánica. Esta es la democracia que se ideó aquí cuando se vino abajo el totalitarismo alemán, y cuando se eclipsó el fascismo italiano. Los políticos, desde la Transición –que es otro sueño incomodísimo- siempre hablan de democracia a secas, pero en su fuero interno la imaginan orgánica.

Estas taras ideológicas están presentes en la vida nacional actual. La sociedad civil española, que es amplia pero muy dispersa, suele dar por bueno lo que un famoso político –sobre todo, si tiene escuela…- dice, propone o define. Cuando oye el discurso standard que propugna la necesidad de recuperar el orgullo de sentirnos asturianos, sin complejos, ni renuncias (FAC), no lo matiza. Por lo tanto, no se da cuenta –o no quiere dársela- de que le están poniendo música con letra de los años 30, la época dorada de los ultranacionalismos, inspirada por los grandes compositores del fascismo europeo. Y español, claro.

El casquismo forista quizá haya improvisado también su equipaje ideológico. Con las prisas podría haber metido entre las páginas de su manual de práctica política, algunas ideas aprendidas en sus años jóvenes de educación política básica. Las cuales, sin darse cuenta, son las que le sostienen todo el tinglado ideológico que, entre los recuerdos, los intereses personales y la serena madurez de su pensamiento, ha construido para seguir viviendo su condición de líder. El ideólogo de FAC quiso, desde el primer momento, intentar hacer otra forma de política; probablemente porque Foro es un movimiento cívico de rebeldía democrática, gestado en la crisis de los grandes partidos nacionales. (Cascos. 21-9-2011). Algunos eufóricos casquistas llegaron a pronosticar, con la fundación de FAC, el fin del bipartidismo… Demasiado. Como parece haber sido excesivo también aquel acuerdo del 31 de agosto de 2011 –después del eufórico triunfo del 22-M- de presentarse a las elecciones generales el 20-N con este eslogan: ¡Gibraltar, español!. Demasiada prisa para entrar en la Historia. Y demasiados cristales rotos para tan breve historia política.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Febrero 5th, 2012 at 7:10 am

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Hasta el final, de Joaquín Manso en El Mundo

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ANÁLISIS

«Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final». Francisco Álvarez-Cascos escogió esta cita del héroe antirracista Atticus Finch, el protagonista de la novela de Harper Lee Matar a un ruiseñor, para construir el discurso en el que puso la primera piedra de Foro, su nuevo proyecto político, después de tomarse como un desaire que Mariano Rajoy le hiciese luz de gas durante meses para acabar designando candidata del PP para las autonómicas a la concejal de confianza de sus enemigos del partido en Asturias. Eso ocurrió hace poco más de un año y este diario editorializó entonces que Finch no se parece en nada a Cascos, y es verdad, pero la máxima sirve para comprender la singular batalla contra los molinos de viento que ha emprendido el ex vicepresidente de Aznar si se lee con el color del cristal de su pronto iracundo y su carácter orgulloso, que sus adversarios definirían casi como prepotente. Cascos va de órdago en órdago y no dará ni un paso atrás en lo que muchos advierten como otro plan de venganza personal.

El presidente de Asturias acusó ayer al PP y al PSOE de urdir un «complot» contra él. Esta brevísima legislatura comenzó a morirse el mismo día en que nacía, cuando los dos partidos de la oposición acordaron evitar que Foro se hiciese con el control de la Cámara regional, lo que les facilitaba el estrangulamiento de las iniciativas del Gobierno, sostenido sobre una exigua mayoría parlamentaria. El PP, en crisis total por el desastre electoral, comprendió que pactar con Foro sería hacerlo con un proyecto que nació con la vocación de destruirle para ocupar su espacio político. Cascos, pese a encontrarse en minoría, tampoco aparentó nunca que quisiese realmente alcanzar algún acuerdo y se instaló en un discurso victimista. Sin presupuestos y en su situación, no se puede gobernar.

El ex vicepresidente se juega en estas próximas elecciones buena parte de su prestigio político. El aura casi mitológica que le rodeaba a ojos de los asturianos ha ido desapareciendo en los siete meses que ha gobernado por culpa de esa incapacidad para pactar y por demasiadas maniobras impopulares, como la asfixia sobrevenida a la televisión autonómica o el asalto al Centro Niemeyer. Será muy difícil que iguale los sorprendentes resultados que obtuvo en mayo, pero su habilidad en el ring electoral es indiscutible.

La convocatoria sorpresiva de elecciones y la fecha que ha escogido son la primera muestra de su capacidad estratégica. El revólver de Cascos nunca lleva sólo una bala. El PP y el PSOE de Asturias se encuentran en situación de interinidad, sin un candidato definido, y se ven ahora obligados a encontrarlo en un plazo perentorio. Entre los posibles, ninguno parece especialmente atractivo.

La coincidencia con las elecciones andaluzas garantiza, además, que Cascos no se tendrá que enfrentar a un desembarco de líderes nacionales y le asegura una cobertura mediática en toda España, lo que aprovechará para colocar mensajes de oposición al mismísimo Rajoy. Ésa es la naturaleza de su proyecto.

El peor de los escenarios, una derrota, le dejaría en una situación difícilmente sostenible, pero como es del todo improbable que el PP alcance la mayoría absoluta o que lo haga la suma de PSOE e IU, los votos de Foro seguirán siendo imprescindibles para formar gobierno. Si es así, habría que llamar de nuevo a su puerta. Y entonces, ¿qué?

Mientras se dirime este pulso, Asturias se desangra por las heridas del paro, de la tasa de actividad más baja de España y de la crisis demográfica.

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Enero 31st, 2012 at 7:12 am

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Encrucijadas astures, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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A modo de balance del año que se fue

Aquí todo el mundo prefiere su secta a su patria. (Castelar)

2011, en Asturias especialmente, fue un año de encrucijadas. Cascos no encontró salida a su deseo de regresar a la política dentro del partido que había sido su casa durante más de tres décadas. El PP tampoco fue capaz de improvisar un liderazgo para esta tierra que ofreciese garantía al electorado. Tras la tercera derrota de Ovidio Sánchez en 2007, los conservadores llariegos dedicaron sus trabajos y sus días a cerrarle el paso a Juan Morales primero y a Cascos después, mientras disfrutaron de la comodidad que suponía para más de uno el ejercicio de una perpetua oposición.

En cuanto a la izquierda, parecía estar cantado el fin del arecismo. Lo que no entraba en el guión era que ese ceremonial de adioses se produjera con el escándalo del «caso Riopedre», que sigue coleando. Un PSOE astur aquejado no sólo por el bajón del partido en toda España, sino también por la necesidad de recomponerse en esta tierra tras los sobrecostes, las obras faraónicas y la corrupción. A lo que debe añadirse su injustificable complacencia con las decisiones tan perjudiciales para Asturias adoptadas por el señor Blanco. Por su parte, IU tardará en reponerse de haber formado parte de los coros y danzas arecistas, por mucho que su discurso teórico fuese en otra línea.

Y, a día de hoy, esas encrucijadas astures perviven en el ámbito de las derechas y también en la izquierda de siglas, es decir, en el PSOE.

Hay un Gobierno que no sólo no tiene mayoría, sino que parece vivir en conflicto permanente con los demás partidos. Hay un PP que, por mucho que sigan celebrando los resultados del 20-N, no parece disponer a día de hoy de un liderazgo político capaz de convencer a los asturianos, caso de que hubiera un adelanto de elecciones. Hay un PSOE cuyo candidato a presidir el Gobierno se decantó por un escaño de senador, y no parece muy dispuesto a explicar a la ciudadanía astur qué proyecto tiene para esta tierra. Añádase a ello que Javier Fernández ni siquiera presentó su candidatura en el Parlamento asturiano aun contando con el apoyo de IU, con lo que sumaría más votos que un Cascos enfrentado al PP, tras romperse todas las negociaciones antes del debate de investidura. Para mayor baldón, Javier Fernández basó la campaña de mayo profetizando en plan apocalíptico que la derecha se uniría. Y hace poco le pidió a Cascos que pactase con el PP. Esto es coherencia y lo demás cuento.

Son muchas las preguntas que no podemos dejar de hacernos en este momento, entre ellas no es fácil entender que Cascos no se dirija a la sociedad asturiana a través del Parlamento, es decir, que no se suba a esa tribuna para explicar sus planes inmediatos para esta tierra, entre los que tendrían que encontrarse los objetivos más concretos e inmediatos de cada Consejería. Como parlamentario, tiene experiencia y talento, pero no utiliza esa vía.

Tampoco hay forma de explicarse que «las oposiciones», es decir, PP, PSOE e IU no concreten, ni en el Parlamento ni en otros ámbitos, dónde y en qué harían ellos los obligados recortes a los que lleva la actual situación en todas las esferas institucionales.

Encrucijadas astures. No sólo en el ámbito autonómico, sino que también se viven en los grandes municipios. Pensemos en Gabino de Lorenzo, que, tras haber pasado al menos una Legislatura ausente de la mayoría de los plenos, no encuentra salida para todo lo que se viene derivando de las tasaciones de un palacete que trae a mal traer a la capital de esta tierra. Pensemos en todo lo que supuso el fin de un régimen en Gijón y en todas las escandaleras que ello está acarreando. Pensemos en Avilés, donde no hay forma de comprender la reticencia a que haya luz y taquígrafos acerca de la gestión económica del Centro Niemeyer.

Hay una salida que nadie pide abiertamente como son las elecciones anticipadas. De ahí deriva no sólo la encrucijada de cómo gobernar esta tierra, sino también los dilemas en los que se debaten los principales partidos y sus dirigentes.

Y la impresión generalizada no es sólo la desafección política que se vive aquí como en el resto de España, sino que además cada cual, como diría Castelar, está más pendiente de su chiringuito político que de los intereses generales.

¿Cómo es posible que Cascos no organice su agenda para visitar Madrid y exigir del Gobierno de Rajoy aquello a lo que Asturias tiene derecho y, según acaba de manifestar el presidente asturiano, se nos escatima? ¿O acaso son invenciones suyas? Si así fuese, que alguien haga cuentas y que lo explique.

En 2011 se acabó, de momento, el bipartidismo en Asturias. Pero las encrucijadas están yendo a más. Nos gustaría saber hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué tendremos que esperar para ver salidas y no fracasos. De todos y cada uno.

Written by Reggio's

Enero 3rd, 2012 at 7:11 am

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