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El despertar del occidente asturiano, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Será posible que la destitución tan injusta como inexplicable de Pepe el Ferreiro sirva como aldabonazo para que la sociedad asturiana en su conjunto tome conciencia de lo que está sucediendo en el occidente de Asturias y sienta que esta parte de nuestro territorio es algo que a todos nos incumbe y pertenece? ¿Acaso es necesario esgrimir argumentos para convencer a la ciudadanía de que el monasterio de San Salvador de Cornellana y el río Narcea, por poner dos ejemplos entre otros muchos, forman parte no irrelevante del patrimonio común? ¿Acaso se desconoce el estado en que se encuentra el río, cada vez con más vertidos y menos salmones, así como el aspecto ruinoso que presenta un monasterio cuyas partidas económicas para su rehabilitación, parece ser que aprobadas, no acaban de llegar? ¿Acaso se ignora que de unos años a esta parte las agresiones medioambientales están aquí a la orden del día? Y, lo que es más importante, ¿tan difícil es caer en la cuenta de que la defensa del patrimonio cultural y paisajístico de estas comarcas tiene que ser llevada a cabo por el conjunto de Asturias, pues de no ser así los destrozos serán tan irreversibles como irrecuperables?

Se permiten el lujo de alarmar a todo el suroccidente de Asturias con unos planes para el Hospital de Cangas del Narcea que abren interrogantes más que serios sobre su futuro. Nadie pone freno a una invasión de parques eólicos que llevó a algún Alcalde a alzar la voz en contra. Las infraestructuras en marcha sufren retrasos continuos y, quizás, el caso más sangrante de todos es el tramo Grao-Doriga de la autovía de la Espina, cuyo enlace no sólo está sin hacer, es que ni siquiera se sabe por dónde se va a habilitar, y eso que el candidato in péctore del PSOE al Gobierno de Asturias aseguró en diciembre en Cangas del Narcea que estaría listo en abril. Se trata del tramo que evitaría la Cabruñana. Mal empieza, don Javier, con sus promesas por estos lares.

Me llamó mucho la atención que el actual alcalde de Grandas de Salime, uno de los principales artífices de la destitución del Ferreiro, dijese que la gente que se concentró en Grandas tras esa tremenda cacicada era en su mayor parte foránea. ¡Cráneo privilegiado el de este buen señor, que diría el personaje valleinclanesco! Pero ¿es que hace falta ser un genio para llegar a la conclusión de que el Museo Etnográfico de Grandas es patrimonio común de toda Asturias? ¡Cráneo privilegiado el de este señor, que afirmó que ningún empleado debe criticar a su empresa! Es decir, que hay alcaldes y politiquillos que piensan que son incuestionables, que no admiten la crítica y que además consideran, a lo que se ve, que los ayuntamientos no son una institución de la ciudadanía, sino su propio cortijo. ¡Toma socialismo! ¡Toma democracia!

Lo que acaba de hacerse contra Naveiras es atacar a alguien que plasma uno de los valores más importantes en el sentir y en el pensar de esta tierra. Se trata de ensañarse contra un ciudadano que representa lo que en estos lares se conoce como ser un Paisano con mayúscula. Y eso sí que es imperdonable, hasta para los más dóciles.

Tras enormes embestidas al paisaje, alguna de las cuales no culminó, como la de Salave, por la oposición ciudadana, o como las pretensiones de minas a cielo abierto en Tineo por parte de don Victorino Alonso, que fueron frenadas el año pasado por el coraje de su alcalde, culminaron sus agresiones contra el paisanaje en la persona de Pepe el Ferreiro.

Algo se está moviendo en el occidente de Asturias para que 128 profesores de la Universidad de Oviedo estampen su firma pidiendo la readmisión de Pepe el Ferreiro al frente del museo de Grandas. Y algo, mucho, tendrá que moverse para que el tesoro paisajístico de estas comarcas del occidente asturiano deje de estar en venta, a muy bajo precio, además, y eso que nos gobierna la izquierda plural y transformadora.

Esa IU que no sale del Gobierno ni con agua hirviendo, y que, sin embargo, en la persona de doña Laura González, tenga la desfachatez de fotografiarse al lado de Naveiras, aunque, eso sí, su idolatrada hija Noemí no abandone la Consejería de la que es titular. Esos Verdes, también coaligados con Areces, que no se sonrojan por lo acontecido en el valle de Carondio. Esos Verdes que apoyaron a IU en Grado, que en la pasada legislatura aprobó en la localidad Santa Marina la famosa subestación a la que sus vecinos se oponen frontalmente.

En el occidente de Asturias se constata que, para desgracia nuestra, no es la izquierda quien asume la defensa de sus tesoros medioambientales, ni tampoco la puesta en valor de su patrimonio artístico y cultural. En el occidente de Asturias se tiene el pleno convencimiento de que esta batalla por la dignidad que le toca librar a una población envejecida sólo podrá tener posibilidades de éxito cuando Asturias en su conjunto se vea implicada en su devenir.

Resulta desolador que los tesoros paisajísticos y culturales de estas comarcas tengan que defenderse no sólo sin contar con el apoyo de los políticos de la llamada izquierda de siglas, sino también en algunas ocasiones en contra de ellos. Pero, al mismo tiempo, es esperanzador ver que cada vez son más los ciudadanos e instituciones de esta tierra que están dispuestos a luchar para que estas comarcas puedan seguir sobreviviendo a muchas adversidades, entre ellas, las de no pequeña parte de sus políticos.

Reivindico con este artículo el clamor de que el occidente de Asturias también existe y sobrevivirá si todos lo sentimos nuestro, que lo es.

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Febrero 16th, 2010 at 8:04 am

En recuerdo de don José Maldonado, de Macrino Suárez Méndez en La Nueva España

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Homenaje a un ilustre republicano asturiano en el 25.º aniversario de su fallecimiento

Hoy, 11 de febrero, fecha en la que coinciden el 25.º aniversario del fallecimiento de don José Maldonado y el de la proclamación de la I República, nos parece el marco más adecuado para recordar a este ilustre republicano asturiano que dedicó toda su vida a la defensa de la libertad y de la democracia.

Como esta región nuestra es bastante proclive a la desmemoria, sobre todo en lo que concierne a los valores republicanos y a sus insignes defensores, es necesario no dejarlos caer en el olvido, recordando sus trayectorias de defensa inquebrantable de la República, y analizando la permanente vigencia de los valores que le sirven de base.

Máxime cuando estamos asistiendo al desarrollo de una ocurrencia tendenciosa que consiste en afirmar que la República murió en el exilio y que, por lo tanto, se ha producido la desaparición de la disociación Democracia-República: gracias al «éxito» de la transición, ahora la Monarquía asumiría plenamente los valores republicanos.

Queremos, pues, desmontar dicha ocurrencia y probar que la capacidad de renovación del republicanismo siempre es posible gracias al carácter intrínseco de sus valores. Y los hechos muestran que lo que se comprueba durante esta transición que no acaba de transitar es el empeño continuo de intentar destruir la capacidad de renovación del republicanismo, mediante toda clase de descalificaciones e incluso llegando hasta una reescritura de la Historia.

Para denunciar esta actitud y destruir tan falaz razonamiento, un pequeño grupo de republicanos asturianos hemos creado una Asociación José Maldonado con el doble objetivo de recuperar la figura del ilustre tinetense y de difundir y explicar la vigencia de los valores republicanos.

Así, dentro de la modestia de nuestros medios, tanto materiales como inmateriales, intentaremos analizar su trayectoria de inquebrantable lealtad a los valores republicanos. Su entereza e independencia de carácter, su gran tolerancia, la capacidad para asumir las consecuencias políticas y materiales de esa actitud, la austeridad de su vida, su serenidad ante los peores momentos, fueron los rasgos esenciales de su acción política, que sin duda alguna lo colocan muy por encima de la mediocridad de la inmensa mayoría de quienes ocupan el espacio político actual, caracterizado cada vez más por el predominio de la inmoralidad, la corrupción y la partitocracia.

También pretendemos que el análisis de esta trayectoria sea la base de partida para actualizar, consolidar y desarrollar la cultura republicana (es decir, democrática), que no se circunscribe a defender la forma de Estado más apta para asegurar la consolidación de la democracia, ni a practicar una forma de gobernación basada en la educación cívica para formar ciudadanos, sino que, además, pretende demostrar que el patrimonio ideológico del republicanismo es permanente y que sus valores básicos siguen vigentes: la soberanía del pueblo, la laicidad del Estado, la libertad, la igualdad y la fraternidad están ahí esperando las reflexiones serenas y sólidas que sólo pueden llevar a cabo quienes estén lejos de las prisas por llegar al poder. Sobre todo cuando lo que les impulsa no es defender los intereses supremos del país sino su propio provecho.

El mejor recuerdo y homenaje que podemos hacer a don José Maldonado en el 25.º aniversario de su fallecimiento es presentarlo como ejemplo a las nuevas generaciones. En cuanto a nosotros, republicanos, si queremos seguir su trayectoria, debemos consagrarnos a la tarea difícil pero muy eficaz a largo plazo (tanto como sea necesario para crear una conciencia de ciudadanía en nuestro país) de reafirmar nuestra fidelidad a los principios republicanos, cuyos pilares son la razón y la soberanía del pueblo. Creo que, hoy en día, la condición de republicano sobrepasa la mera pertenencia a un Partido Republicano. Nuestra labor cotidiana es ejercer de ciudadanos, es decir, analizar objetiva y continuamente la realidad de nuestro país, evitando cualquier posición neoposibilista, y no acatar en ningún caso, aunque como demócratas que somos respetemos el resultado de las elecciones, la Monarquía mientras su legitimidad no sea sometida al refrendo del pueblo español, único depositario de la soberanía nacional. Y recordar que la República, o es patrimonio de todos los españoles, o no merecerá tal nombre.

A esta firmeza en la defensa de los valores republicanos tenemos que añadir la tolerancia. Además, esta defensa tenemos que hacerla sin ofender a nadie, dejando la ofensa como patrimonio de quienes implícita o explícitamente siguen anclados en la apología del golpe militar de 1936, de la «cruzada» y del franquismo. Ellos sí nos ofenden todos los días negando el derecho a la memoria, a la dignidad y a la rehabilitación de quienes dieron su vida por la defensa de la libertad y al seguir presentando la República como un régimen sinónimo de desorden (RAE), persecuciones religiosas y guerras civiles…

Creo que si actuamos así, estaremos cumpliendo con la labor de transmitir a la juventud el mismo mensaje que la generación de don José Maldonado hizo con la nuestra. También servirá para recordarles que todavía no hace mucho tiempo hubo en España personas que como don José Maldonado fueron capaces de anteponer una ética política y un rigor austero, en aras de la regeneración de nuestro país, a la voracidad por conseguir, gracias a la política, situaciones materiales personales privilegiadas, como ahora ocurre, desgraciadamente, con demasiada frecuencia en nuestro país.

Macrino Suárez Méndez. Economista y ex Ministro de la República en el exilio.

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Febrero 11th, 2010 at 8:09 am

Una democracia con brillantina, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

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El ojo del tigre

Ya no hace falta advertir de que esta joven democracia podría sufrir un agudo trastorno bipolar. Es una evidencia. Como también lo es la causa que lo originó: el bipartidismo. Es decir, el tremendo error cometido cuando llegó el momento de diversificar la monolítica organización política que, durante medio siglo, había estado sometida al rigor pedagógico del unitarismo totalitario. La prometida pluralidad política se quedó reducida a un simple instrumento funcional puesto al servicio de dos únicos partidos políticos, que fueron el resultado de la ambigua síntesis política con la cual se cerró definitivamente el proceso de la llamada Transición.

Los problemas empiezan a surgir cuando la ingenua ciudadanía, que creyó que tocaba el sol con su mano cuando la invitaron a participar, empieza a darse cuenta de que las cosas no son, ni funcionan, como se creía que serían al principio de la metamorfosis de la dictadura. Sino todo lo contrario. Por ejemplo, la gratuita delegación que de su protagonismo individual había hecho en favor de los partidos, no era utilizada en beneficio de los derechos civiles, sino que se dedicaba a incrementar el poder gremial de los partidos. Con lo cual, la dinámica política de la sociedad quedó sometida a la voluntad de los grupos que monopolizan las funciones públicas de las instituciones democráticas. Así, nace, en primer lugar, la partitocracia, y, a continuación, la grupocracia, que es quien les aprieta los tornillos a los partidos.

Mientras la derecha asturiana (PP) espera atormentada la llegada de Cascos -su particular Godot-, en el PS(O)E se enfrentan en voz baja dos grupos: por un lado, el de los que creen que al presidente del Principado le ha llegado el momento de retirarse para dejarle el sitio al secretario general del partido; por el otro, están los que piensan que el presidente todavía tiene cuerda suficiente para seguir funcionando, por lo menos durante la próxima legislatura. En ambos casos -el del PP, y el del PS(O)E-, los militantes rasos respectivos sólo son simples extras mudos. Constituyen la base cristalizada de sus organizaciones políticas; sólo son una protuberancia mineralizada. Como también lo son -aunque externamente- quienes no han pasado de ser meros electores, sin filiación partidista, en tiempos de agitación electoral.

No son equiparables los afiliados con los electores libres, pero al final del proceso, unos y otros pintan lo mismo: nada.

En esta democracia transitiva -lo mismo que ocurría con su antecedente: la orgánica- lo único que pinta en el juego de las pasiones políticas es la minoría oligárquica, que es la que impone al resto de la militancia el orden jurídico por el que se rige el partido. Esa lógica orgánica que se impone es la que, por ejemplo, nos ayuda a entender por qué en el PP hay que esperar a Cascos, y por qué en el PS(O)E es preciso sustituir al actual presidente por el señor Fernández. Llegados a ese punto, cabe recordar la razón que tenía Clarín cuando, en uno de sus Paliques escribía: En España solo impera la democracia donde no hace falta: en la literatura. Si bien, cuando se trata de literatura política se podría matizar el punto de vista de don Leopoldo Alas: tampoco se escapa esa literatura al poder de los grupócratas. En la prensa -que es el espacio divino de la literatura política- también se notan las influencias de los oligarcas de los partidos.

En este país, la libertad de prensa sigue siendo condicional… Entre otras cosas, porque los medios tampoco se democratizaron rotundamente. Solo circunstancinalmente. Es verdad que hay raras excepciones mediáticas en las que prima el interés común y no el gremial. Pero no son las suficientes para demostrar que en la literatura política no ha fracasado la democracia.

Asturias es, en este preciso instante, un ejemplo de cómo el poder oligárquico de los partidos alcanza a los medios. Hace cuarenta años, el periodismo político apuntaba -a pesar de los obstáculos – hacia arriba. Cuando digo periodismo político quiero decir periodismo crítico. Pero aquello solo fue un espejismo mediático. Una vez coronada la Transición, más de uno pensó que aquel periodismo vanguardista, crítico e independiente, era innecesario;  por lo tanto, sobraba. Porque estaba de más seguir hablando de la necesidad de las libertades. La prensa española acababa de entrar en el paraíso, y los periodistas deberían de limitarse a ser los arcángeles de la democracia cocinada a espaldas de la sociedad. Pero es que, además, ni en los medios se encontraba a alguien que insistiera en contrarrestar el poder oligárquico de los sanedrines de los partidos.

Así empezó a lucirnos el pelo: con la brillantina que nos regaló la Transición.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Febrero 10th, 2010 at 8:07 am

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Aquel otoño de 2000, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Carta abierta a Javier Fernández

«Carácter o tradición son, pues, las fuerzas de la resistencia; por mucho que, de frente o de soslayo, se haga en contra suya, siempre estarán presentes, tirando hacia atrás. La inteligencia activa y crítica, presidiendo en la acción política, rajando y cortando a su antojo en ese mundo, es la señal de nuestra libertad de hombres, la ejecutoria de nuestro espíritu racional. Un pueblo en marcha, gobernado con un buen discurso, se me representa de este modo: una herencia histórica corregida por la razón». (Azaña)

Se cumplía el 60.º aniversario de la muerte de Azaña. Y unos cuantos asturianos organizamos un viaje a Montauban a rendir homenaje al estadista republicano. Principiaba noviembre, tiempo de castañas y sidra dulce en nuestra tierra. Y en el PSOE asturiano se libraba, empero, una batalla ciertamente agria. Poco más de un año hacía de la única mayoría absoluta conseguida por Areces, y las tensiones eran muy grandes, tras las trifulcas con nombramientos que fueron fugaces en Cajastur y tras aquella escenificación de desencuentro en Rodiezmo con Zapatero como testigo de unos silbidos dirigidos a Villa que causaron furor. Usted, que hasta entonces había sido consejero de Industria, optaba a la secretaría de la FSA frente a don Álvaro Álvarez. Cuando regresábamos de Francia, tuvimos noticia de su victoria.

Y, a propósito de Azaña, yo me había permitido recordarle a don Vicente en un artículo una lapidaria frase del autor de «La Velada en Benicarló»: «Lo más difícil de administrar es una victoria política». Y lo había hecho, comprobando que Areces se había lanzado de lleno a lo que eran instrumentos de poder. Parecía entonces que el PSOE podía repetir una historia de disensiones como la que había tenido lugar en el PP. Sin embargo, desde que usted asumió la secretaría general de la FSA, hubo, si no armonía, sí al menos el entendimiento necesario para no incurrir en aquello.

Se le comparó a usted con frecuencia con el señor Martínez Noval, en el sentido de que no iba a dar el paso de liderar la candidatura socialista al Gobierno de Asturias y que, llegado el momento, al igual que había sucedido con su antecesor, usted podría llegar a ser nombrado ministro. A lo que se ve, esas especulaciones no se cumplirán y sucederá justamente lo contrario. A la tercera, en su caso, iría la vencida, pues, no habiéndose presentado ni en 2003 ni en 2007, sí parece que lo hará en 2011.

Son muchas las incógnitas que con su más que posible decisión se abren. En todo caso, hablamos del mismo partido que ha venido gobernando Asturias desde la preautonomía a esta parte con la excepción de la etapa de Marqués. De un partido omnipresente en esta tierra, concejo a concejo, comarca a comarca que, al margen de las intenciones que usted pueda tener, no cambiará de la noche a la mañana. Y, en el ámbito estatal, hablamos de un partido que ahora mismo es el sustento de un Gobierno cuya credibilidad va a menos a pasos agigantados, lo que, de aquí a mayo de 2011, es imposible que no tenga su influencia en Asturias.

En todo caso, don Javier, barrunto que no será muy fácil mantener la paz interna en el PSOE astur en tanto no se llegue a un acuerdo con Areces, cuyo entorno esgrime su trayectoria ganando elecciones en esta tierra de 1999 a esta parte. Cierto es que, como antes recordaba, sólo una vez obtuvo la mayoría absoluta y que en las dos ocasiones anteriores tuvo como principal adversario a don Ovidio Sánchez, dándose además la circunstancia de que la diferencia de votos no fue en modo alguno ostensible.

Convencido estoy de que hay una parte no pequeña de la sociedad asturiana que ya siente cierto hartazgo ante el arecismo, ante sus chiringuitos, sus obras faraónicas, su nepotismo y un largo etcétera. No es menos cierto que, dada su discreción, en Asturias no se tiene un profundo conocimiento de su visión política de esta tierra, aunque sí hay constancia de que no siente especial simpatía por todo lo que guarde relación con el asturianismo, ni tampoco es un apasionado de aquello que en la primera legislatura de Zapatero dio en llamarse la España plural.

De todos modos, don Javier, estoy seguro de que, sin grandes entusiasmos, entre los muchos sectores descontentos que hay en Asturias, puede haber expectativas no del todo desfavorables hacia usted tras la experiencia del arecismo.

Por ver está, de otro lado, quién será su principal adversario en las elecciones de 2011. Desde luego, salir de su despacho de la FSA para enfrentarse a Álvarez-Cascos sería un gran reto. Y, de otro lado, don Javier, habría que preguntarse si el partido de doña Rosa Díez tendrá presencia en nuestro Parlamento, así como el asturianismo.

De confirmarse su candidatura, la tarea que le espera está llena de retos, y, puestos a soñar, sería fantástico que hubiese en usted un afán de renovación que empezaría por su partido y que redundaría en la sociedad asturiana.

Pero ya se sabe que los sueños y la realidad política, incluso para la llamada izquierda, hace tiempo que no forman pareja, no ya de cama, sino ni tan siquiera, ¡ay!, de tentativa de baile.

Ya ve.

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Febrero 9th, 2010 at 8:08 am

¿Incierto 2010?, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Antes de 2011, cabe suponer que los partidos decidirán sus candidatos para presidir el Gobierno de Asturias. No sólo está la incertidumbre en el PSOE, que acaba de analizar Alberto Menéndez en este periódico, acerca de si seguirá Areces, o si, por fin, don Javier Fernández, deshojado el último pétalo, dará el paso para optar a regir los destinos del Ejecutivo autonómico. Porque, a decir verdad, la indeterminación no es menor en el PP. La lógica más elemental, aquella que dice que todo partido político aspira a ganar elecciones, apunta a que no cabría esperar que don Ovidio Sánchez estuviese dispuesto al sacrificio que implicaría salir derrotado por cuarta vez. Y, en ese caso, ahí están los amagos de Álvarez-Cascos dejándose querer para que le pidan que capitanee la lista de su partido en su tierra. Invitaciones a ello sí que tiene; lo que no sabemos con certeza es si son suficientes para que dé el paso, o, si en lugar de eso, espera otras solicitudes tanto en Madrid como en Asturias.

¿Y qué decir de IU? Bien sabemos que, ni en la más favorable de las hipótesis, puede aspirar al triunfo electoral, pero sí a formar parte del Gobierno, con lo que ello acarrea de puestos y sinecuras. Ignoro si la militancia de esta coalición se sentiría satisfecha con seguir teniendo de cabeza visible al señor Iglesias, palmero de Areces desde los tiempos en que era concejal en Gijón por su partido y servía de apoyo a don Vicente. Y, además de eso, como parlamentario, no parece haber sido un gran descubrimiento. Añádase a ello que, en el caso de que Llamazares regresase a su tierra para seguir en la política, no sabríamos bien qué acomodo podría tener en su propia coalición.

Y si las cosas están de tal guisa en lo que se refiere a los candidatos para presidir el Gobierno, acaso no sería inapropiado preguntarse por los planes que puede haber para las alcaldías de las principales ciudades asturianas.

Fuera de toda duda parece estar que Gabino de Lorenzo no tendría que acudir con mayor frecuencia a los plenos del Ayuntamiento que gobierna para volver a ganar la Alcaldía vetustense, máxime si el PSOE vuelve a decantarse por doña Paloma Sainz, cuyas dotes oratorias no logran maravillar a nadie y cuyo proyecto para la ciudad nos sigue siendo desconocido. En Gijón, sin embargo, los cambios pueden producirse. Habría que preguntarse si la señora Pardo sería la cabeza de lista del PP en la ciudad de Jovellanos, caso de que Cascos se presentase a presidir el Gobierno de Asturias. Y, de otro lado, habría que ver hasta dónde llegarán las disputas entre la alcaldesa de Avilés con el infatigable Álvaro Álvarez, y si éstas pueden tener consecuencias en la candidatura.

Como el lector habrá podido comprobar, las incertidumbres son grandes. Pero frente a ellas, hay algo que puede mucho más: la necesidad de cambio, y no ya de partidos, sino de personas.

No parece extraño que, dado el envejecimiento de nuestra población, Asturias tenga una mal llamada «clase política» cercana ya a la gerontocracia, muy por encima de la media nacional.

Aquí, el cambio generacional llama a la puerta, se diría que con clamor. Imagine el lector por un momento que de 2011 a 2015 sigue Areces presidiendo el Gobierno, continúa Ovidio Sánchez arremetiendo contra él una vez al año en el debate sobre el estado de la región. Que de 2011 a 2015, mantiene Gabino de Lorenzo su tradición de no acudir a los plenos, aunque cante zarzuela, mientras doña Paloma prosigue con sus discursos tan previsibles. Que de 2011 a 2015, doña Paz Fernández Felgueroso repite un mandato más, mientras el señor Montes Estrada reinicia sus periplos viajeros por el ancho mundo, eso sí, por el bien de Asturias y de la ciudad de Jovellanos.

Y todo ello por no hablar de alcaldes de otros muchos municipios que llevan muchas legislaturas al frente de respectivos consistorios, así como de parlamentarios autonómicos que nos resultan ya tan familiares, no por su proximidad al electorado, sino por su dilatada presencia en la vida pública.

Bien sabemos que estos tiempos que vivimos no se caracterizan por grandes ilusiones colectivas, que las esperanzas están muy recortaditas, y que nadie sueña con milagros de ningún tipo. Lejos estamos del año 82, de los anhelos que se vivieron con aquel eslogan de un «cambio», que luego no fue tal.

Pero, a pesar de todo ello, los principales protagonistas de la vida política asturiana ya han cumplido con creces su etapa, ya están en una prórroga. Todo ello, en la medida en que se respira un hartazgo no pequeño en la sociedad, hartazgo, y esto es inquietante, que, en lugar de dar pie a una actitud combativa de la ciudadanía, lo que está generando es todo lo contrario: apatía, abulia, resignación, conformismo; es decir, todo lo contrario de lo que puede manifestar una sociedad ilusionada y vivaz.

Y, en otro orden de cosas, no menos importante, esta tierra tiene por delante grandes retos que demandan nuevos enfoques que no son esperables de la mayoría de los actuales dirigentes políticos. No podemos seguir siendo la autonomía de los sobrecostes, no podemos continuar con una política medioambiental que no parece existir más allá del afán recaudatorio, y así sucesivamente.

Lo que hace falta es que en un año se pongan en la mesa proyectos de y para Asturias que generen debate en la sociedad. Y para eso resulta imprescindible que quienes comparezcan ante el electorado lo hagan convenciendo de que piden el voto ciudadano para algo más que perpetuarse en sus cargos, sean de Gobierno o de oposición.

¿Será 2010 el año que marque el principio del fin de la gerontocracia en la vida política de Asturias?

En todo caso, debería ser.

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Febrero 2nd, 2010 at 8:09 am

El PSOE, en la encrucijada, de Alberto Menéndez en La Nueva España

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Javier Fernández, el candidato de la dirección nacional del partido, sigue en un segundo plano, mientras que Areces lucha cada vez con más fuerza por volver a repetir como número uno

Los socialistas siguen teniendo dudas sobre quién será su candidato en las próximas elecciones autonómicas, dentro de un año y medio. Si bien justo después de los anteriores comicios regionales, en mayo de 2007, la inmensa mayoría de los pesos pesados del socialismo asturiano daban por hecho el fin de la era de Vicente Álvarez Areces a lo largo de la presente legislatura, ahora no lo tienen tan claro. El secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA), Javier Fernández, continúa siendo quien más suena, quien cuenta con más opciones para encabezar la lista a la Junta General del Principado, pero pasa el tiempo y no hay novedades, lo que inquieta a la militancia. Eso sí, no hay más nombres, al menos por el momento.

Las incertidumbres dentro del PSOE asturiano existen a pesar de que las intenciones de la dirección nacional del partido son claras y se conocen desde hace tiempo: el número uno debe ser Javier Fernández. El planteamiento fue de nuevo expuesto recientemente por el propio José Luis Rodríguez Zapatero al líder de los socialistas asturianos en una reunión celebrada en Madrid. Pero así y todo la incógnita se mantiene. A ello coadyuva la personalidad de los dos políticos en cuestión, el ansia de protagonismo de Areces y la tendencia a pasar desapercibido de Javier Fernández.

El resultado final de la elección dependerá en gran medida de cómo se comporten la economía española y asturiana en el próximo año, según coincidieron en destacar varios dirigentes del PSOE asturiano consultados por LA NUEVA ESPAÑA. Si no hay síntomas de recuperación, las posibilidades de cambio de ciclo, de sustitución de Álvarez Areces, son menores. Si hay mejoría, ganaría enteros la opción de Javier Fernández. Una sustitución al frente de la candidatura al Principado en momentos de recesión como los actuales es complicada, no tanto para el Partido Socialista como para el propio Javier Fernández. La crisis resta votos, da al traste con el tirón nacional de Zapatero y rebaja, por lo tanto, las opciones de triunfo del PSOE. Un mal trago concurrir a las elecciones en estas condiciones, sobre todo, cuando hay recambio: el presidente del Principado está dispuesto a seguir como cabeza de cartel sin poner objeciones, aunque las encuestas electorales no le fueran favorables.

No hay discusión. Según la opinión de la inmensa mayoría de los responsables de la FSA y del Gobierno regional, Álvarez Areces quiere continuar, tanto por él como por el grupo de personas de confianza que le rodea. Y también es mayoritaria la idea de que no está escatimando esfuerzos a pesar de que durante muchos meses se daba por hecho que tenía fecha de caducidad: mayo de 2011. Algunos pesos pesados socialistas, en privado, llegan a contraponer la gran capacidad de trabajo del jefe del Ejecutivo con la actitud mucho más relajada de su posible recambio, Javier Fernández. Álvarez Areces en ningún momento ha dado por perdida la batalla por la continuidad en el cargo -a pesar de algunos malos augurios-, postura esta que es valorada positivamente por parte de la ejecutiva federal del partido. El Presidente cuenta en estos momentos con el respaldo de algún miembro de la dirección nacional socialista y también tiene apoyos en el Gobierno de la nación, según señalaron a este periódico fuentes cercanas al jefe del Ejecutivo regional.

Lo que los socialistas de la región no ven posible por ahora es una salida para Areces similar a la que se facilitó a otros altos cargos de relieve, como los ex presidentes de Castilla-La Mancha, José Bono, y de Andalucía, Manuel Chaves, o el alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, que dejaron el camino libre a la renovación tras ser designados ministros (los dos primeros) y embajador (el tercero). «Ésta es una opción que no se puede descartar, pero que quizás hubiera sido más lógica meses atrás, en momentos de mayor bonanza económica», declaró a este diario un miembro de la ejecutiva de la FSA, quien añadió que, no obstante, «no parece que Tini coincida con el perfil de ministro que busca Zapatero». «Algo tendrían que ofertarle para que abandonase sus planes de seguir en la política asturiana, es de justicia», comentó otro dirigente socialista.

«Javier Fernández no quiere enfrentamiento con Areces; si lo hay, se lo pensará muy mucho a la hora de presentarse como alternativa a cabeza de lista». Así de contundente se manifestó un hombre del entorno del secretario general de la FSA a la hora de valorar sus opciones como candidato. Mucho más comedido se mostró otra persona de la confianza de Javier Fernández: «La decisión ya la tiene tomada, pero no es el momento de hacerla pública, es la hora de gobernar». Uno y otro reconocieron la importancia que pueden tener los resultados de los socialistas en las elecciones catalanas -previstas para el otoño- a la hora de preparar estrategias, entre las que, por supuesto, se incluye el mantenimiento o la sustitución de presidentes autonómicos como cabezas de cartel, caso de Álvarez Areces.

La decisión de algunos cuadros de UGT -Justo Rodríguez Braga y, sobre todo, Eduardo Donaire- de abrir ahora el debate alentando la sucesión de Álvarez Areces es criticada por sectores del PSOE cercanos a Javier Fernández, que consideran que para lo único que va a servir esta discusión es para dar una sensación de «navajeo» ante la opinión pública y también para que alguien pueda presentar al Presidente asturiano como un «mártir», cuando de lo que se trata es «de intentar hacer una transición tranquila si es que finalmente se decide el cambio de ciclo».

Los socialistas críticos con la actitud mantenida por Javier Fernández, y hasta algunos destacados militantes no alejados de él, consideran que sigue siendo «el gran desconocido» de la política asturiana, a pesar de que, aseguran, ha tenido tiempo suficiente -nueve años desde que es secretario regional del partido- para adquirir protagonismo suficiente para competir en igualdad de condiciones con Areces. Javier Fernández no le hace sombra. La imagen pública del jefe del Ejecutivo es cada vez mayor. Y lo será aún más en los próximos meses: está preparando un extenso calendario de presentación de proyectos y de inauguraciones con el que pretende demostrar, sobre todo a la dirección nacional del partido, que por ganas e ilusión es el mejor candidato posible.

El empeño que está poniendo Areces en hacerse de nuevo con la candidatura del PSOE al Principado no está abriendo, paradójicamente, ninguna brecha con Javier Fernández, al menos públicamente. El sector socialista históricamente más enfrentado con Areces, el del SOMA, está intentado espolear al secretario general, pero hasta ahora, según reconocen, sin ningún éxito. «Da la sensación de que sólo aceptará la candidatura si el actual presidente se retira de la carrera electoral», comentaron responsables de las agrupaciones de las cuencas mineras. La gente de Areces, por su parte, asegura que no habrá guerra con Fernández.

«La prioridad ahora es la estabilidad del Gobierno», señalaron a éste diario fuentes cercanas al Presidente, que añadieron que Areces continuará en esta tarea, «sabiendo que para ello cuenta con el apoyo de Javier Fernández». Además, estas mismas fuentes reconocieron que el Presidente es consciente de que la imagen de los políticos asturianos no es buena y de que es necesario dar un golpe de timón para mejorarla. Para ello el jefe del Ejecutivo estudia fórmulas de acercamiento al PP para pactar «asuntos de interés general para Asturias que vayan más allá de la actual legislatura autonómica». En este intento podría contar incluso con la colaboración de socialistas del SOMA.

Si la mayor parte de los dirigentes socialistas consultados por este periódico elogiaron la capacidad de trabajo de Areces, hasta en los momentos más adversos, también destacaron el papel moderador de Javier Fernández desde que accedió a la secretaria general de la FSA. «Los últimos años han sido los más tranquilos de la historia de la FSA», resaltó uno de ellos. Y concluyó: «… Pero no es lo mismo ser secretario general que candidato a presidente del Principado. Quizá Javier Fernández tenga que cambiar sus esquemas y dar un paso al frente definitivo lo antes posible». Unos y otros reconocen que la mejor época para tan importante anuncio puede ser el verano. Antes, por supuesto, sus seguidores esperan que Fernández les haga algún guiño esperanzador.

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Enero 31st, 2010 at 10:05 am

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Trastos viejos, de Alberto Marcos Vallaure en La Nueva España

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El autor, miembro de la Asociación de Amigos del Museo de Grandas, califica la destitución de «sevicia totalmente gratuita»

En estos días los responsables del Gobierno de Asturias han destituido inopinada y fulminantemente a José Naveiras Escanlar, en adelante Pepe el Ferreiro, como director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime. En una Asturias instalada en una crisis permanente al menos desde comienzos de los años 70 del pasado siglo, muchos consideramos el nacimiento y desarrollo del Museo Etnográfico de Grandas de Salime como un referente, como un símbolo de la recuperación ética de Asturias. Por ello considero que la destitución de Pepe el Ferreiro, que conlleva la masacre de una labor de cuarenta años dedicados a la recuperación del patrimonio cultural del occidente de Asturias, representa mucho más que un simple acto administrativo. No es un suceso baladí, no es algo que muchos vayamos a olvidar fácilmente, porque la patada al Ferreiro la hemos sentido en las posaderas miles de asturianos.

No vamos a olvidarlo los que tuvimos el honor de asistir en 1984 al primer acto de esta tragedia, a la inauguración del museo en los bajos del Ayuntamiento de Grandas de Salime («o museo dos tres cuartois»), seguir luego su recorrido hasta la casa rectoral de Grandas y ser testigos de su desarrollo. A lo largo de veinticinco años, mejor sería decir de doscientas diecinueve mil horas, una tras otra, Pepe el Ferreiro dedicó los mejores años de su vida a gatear y revolver por desvanes y cuadras abandonadas, recuperando y atesorando pacientemente los trastos viejos que ahora miramos con asombro en el museo; muchos vecinos fueron conscientes de la importancia de su labor y poco a poco fueron también allegando útiles de sus antepasados o pidiendo que pasara por sus casas para recogerlos. Como un campesino más, amplió con sus propias manos las dependencias del museo, alternando la labor de ferreiro con la de albañil, pintor o carpinteiro. Parece ser que veinticinco inviernos en Grandas dan para mucho. El resultado de su labor está hoy a la vista de todos, en cada una de las dependencias del museo, en la rectoral, en la casoa, en cada una de las salas (escuela, lareira, bar tienda, bodega…), en el molino, en la capilla, en el hórreo… Al salir, sobrecoge pensar en la ingente labor realizada por un hombre solo, aislado en una pequeña villa en los confines de Asturias y con unos presupuestos precarios.

Pero hay más. Cuando a juicio de muchos había conseguido todo, me consta que él pensaba que no había conseguido nada de nada. Siempre miraba y miraba con tristeza los viejos ingenios, las viejas máquinas paradas, el carro sin bueyes, la cuadra sin vacas, el zaguán sin perro, la lareira sin brasas… Su «museo imaginado» era un museo vivo, con su campo de lino, tornos de filar y telares en producción; un huerto con nabizas, el molino traqueteando; la fragua con el barquín resoplando y un ferreiro esculpiendo los clavos necesarios para las reparaciones; el galocheiro puliendo sus piezas… tantas y tantas cosas, tantas y tantas tareas que la relación sería inacabable. Un sueño, sí, pero un sueño posible, un sueño que puede verse realizado hoy en más de una localidad, principalmente al otro lado de los Pirineos. Un sueño que podría lograr el milagro de revitalizar toda una comarca moribunda. Así se puede comprender bien por qué cada pieza, cada artefacto, fue amorosamente restaurado, para funcionar, para que pudiese cumplir algún día la misión para la que fue concebido.

Señoras y señores, por favor, vayan desalojando que la función toca a su fin. Los actuales responsables de la vida política de Asturias acaban de destituir fulminantemente al director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, a su factótum, a Pepe el Ferreiro. Sin la menor delicadeza, sin el más mínimo agradecimiento por la labor realizada, de un modo totalmente impropio de cualquier sociedad civilizada. A menos de dos años de su jubilación, justo en el momento de organizar una transición razonable; una destitución adobada con una sevicia totalmente gratuita. Es más, al día siguiente de ella le prohíben el acceso a las dependencias del museo para recoger sus objetos personales; una medida cautelar seguramente motivada por el celo que derrochan en la conservación del patrimonio cultural y natural de los asturianos. En una de sus primeras declaraciones, Pepe el Ferreiro manifestaba en respuesta a una periodista que el museo no corría ningún peligro, que estaba por encima de él y que era patrimonio de los asturianos, ¿acaso temen que quien esto manifiesta vaya a expoliarlo?

Según parece, la destitución de Pepe el Ferreiro por los responsables del Gobierno de Asturias se sustenta en una gestión deficiente del museo, dejando además entrever supuestas irregularidades financieras. Sin embargo, se diga lo que se diga, los resultados de la gestión realizada son patentes, son hechos, no vana palabrería. Vamos a ver, señorías, ¿por qué no se animan y van con calma a recorrer el museo?, ¿les parece a ustedes que su situación actual es de dejación?, ¿podrían calificar su estado de «horizontal y plano» como ha tenido la desfachatez de hacer cierto responsable político? Desde luego, no es el sueño del Ferreiro, pero a mi juicio el Museo Etnográfico de Grandas de Salime está muy por encima y más vivo que la mayor parte de los museos que existen en Asturias. Por otro lado, seamos serios, ¿de que irregularidades estamos hablando?, ¿se ha instalado en Grandas la camorra bajo los auspicios de Pepe el Ferreiro? Visiten sus palacios, vean ustedes mismos su abultado patrimonio. Créanme si les digo que Pepe el Ferreiro ha multiplicado por cien con sus solas manos cada uno de los euros entregados por el Gobierno de Asturias al Museo de Grandas. Tengo para mí que nuestros dirigentes, si ven algo, que ya lo dudo, es la paja en el ojo ajeno y no la trabe en el propio, porque ¿ha sido más deficiente la gestión del Museo de Grandas, son más graves las irregularidades allí cometidas, que las que nos traslada la prensa un día sí y otro también en relación con algunas de las obras y performances faraónicos que se ejecutan hoy en Asturias? Si no es así, extraña comprobar que el rodar de cabezas no resulte ensordecedor.

Pepe el Ferreiro ha recibido de parte del Gobierno del Principado el mismo trato que mantenía arrinconados los trastos viejos que con tanto amor fue atesorando. Es oportuno al respecto recordar aquellas palabras de Julio Caro Baroja: «¡Cómo va a conservar esta tendencia triunfante pobres artefactos viejos e inútiles si destroza ermitas, palacios o barrios enteros de belleza y lujo!». Ahora esta «tendencia triunfante» también es capaz de intentar destrozar una vida.

Para terminar, me gustaría recordar a Pepe el Ferreiro una frase de Isaac Díaz Pardo, vecino nuestro de Galicia, gran luchador contra la desmemoria, como él mismo, y que está recibiendo en pago de una vida dedicada al progreso de su pueblo una gratificación semejante a la suya: «Quando os anos me vençan já, descompousto tudo e farto de facer tudo o que faço, non se o qué farei? estou já tam afeito a perder que nom sei qué facer se um dia ganho».

Pepe, ¡haxa saúde!

ALBERTO MARCOS VALLAURE ANTIGUO RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO.

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Enero 31st, 2010 at 10:04 am

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Delirios del politburó arecista, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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¡Qué delirios, madre mía, qué delirios! Apuestan por museos y chiringuitos que no existen, que, en algunos casos, hasta carecen de edificio, y arremeten contra lo que está consolidado. Algo que fue creado a su imagen y semejanza por Pepe el Ferreiro, es decir, el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, es, a día de hoy, un enclave en el que se le prohíbe la entrada al que fue su principal artífice. ¿Cabe dislate mayor?

Alegan desajustes burocráticos. O sea, que lo que importa aquí no es que, a lo largo del tiempo, el señor Naveiras haya puesto en pie un museo etnográfico que representa, sin duda, una de las grandes referencias de la Asturias occidental, sino que lo esencial son los papeleos, seguir el modelo, ir acorde con lo que dictamine el politburó.

¡Qué atropello a la más mínima elegancia! ¡Hasta las piedras saben que Pepe el Ferreiro no se merecía terminar así al frente del museo! Alguien que estaba llamado a un reconocimiento público al más alto nivel en el momento en que dejase la dirección del museo es cesado con métodos propios de caprichos intragables y, por si esto fuera poco, la persona que nombraron para sustituirle le niega incluso la entrada en el museo que fue obra suya.

¿Por qué, más allá de la falta de elegancia a la que acabamos de hacer mención, hay un ensañamiento así con este hombre? ¿Cómo podemos interpretar los silencios tan vidriosos desde las instancias oficiales, empezando por ayuntamientos y siguiendo por gentes de la cultura que no pueden no ser conscientes de la labor que vino llevando a cabo el ciudadano Naveiras que representa una de las grandes referencias de lo que es a día de hoy el occidente asturiano?

No pongo en duda la capacidad y preparación de la persona que acaba de ser nombrada, pero no puedo dejar de manifestar que no pudo empezar con peor pie tratando así a la persona que hizo realidad el museo que este ciudadano dirige.

Y, por si todo esto fuera poco, Areces, en una de sus escasísimas visitas al occidente asturiano, no sólo afirmó que la decisión del cese estaba fundada, sino que además se permitió el lujo de hablar de proyectos culturales para el occidente de Asturias por parte del Gobierno que preside.

¡No me diga, don Vicente, no me diga! Usted, que en momento alguno se molestó en presionar al Gobierno central de su mismo partido para que se cumpliesen los plazos prometidos en las obras de infraestructuras del Occidente; usted, que no pone freno a la invasión eólica de las montañas del Occidente, ni siquiera en espacios protegidos; usted, que no mueve ni un músculo de su rostro exigiendo que llegue la partida presupuestaria ya aprobada para la rehabilitación del monasterio de Cornellana, se permite hablar de que existe una política cultural para el occidente de Asturias. ¿Es que pretende que alguien puede creerse que su Gobierno tiene una política cultural para el occidente de Asturias?

Y, eso sí, todo su hacer, toda su capacidad decisoria, es cesar al señor Naveiras, al que nadie le puede negar su tesón, su trabajo y su obra.

Fiscalizar la gestión burocrática del Museo Etnográfico de Grandas de Salime. ¿Y qué decir de tantas y tantas actividades y sus costes? ¿Y qué decir de tantas y tan faraónicas obras, sin que se sepa su utilidad concreta, por ejemplo, su despacho oficial en la Laboral? ¿Y qué decir de la nula voluntad de dar explicaciones a la sindicatura de cuentas en algunos casos puntuales? ¿Y qué decir de los altísimos sueldos de algunos cargos públicos que parecen casi un secreto de Estado?

Pero, claro, de lo que aquí se trata es de fiscalizar la gestión burocrática del Museo de Grandas de Salime. ¿Con qué cuajo se puede justificar semejante atropello?

Entre presupuesto y presupuesto, entre sobrecostes y sobrecostes, ¿no podía haber ni siquiera una exigua cantidad de dinero para nombrar un cargo técnico que llevase la gestión burocrática del Museo de Grandas? Se ve que no.

¿Y qué decir de IU, cuyos dirigentes se pronunciaron con la boca pequeña? ¿Les puede quedar un mínimo de dignidad dejando sus cargos? No, ese peligro parece estar más que conjurado.

Aunque se haga la incineradora, a la que dicen oponerse; aunque se destituya de esta forma a Naveiras; aunque ese portento del conocimiento científico que se llama doña Belén Fernández no ceje en su apuesta por el embalse de Caleao, y así un largo etcétera, estas buenas gentes no parecen tener la más mínima voluntad de irse del Gobierno de coalición de la izquierda transformadora que rige nuestros destinos políticos en las Asturias.

Delirios del politburó arecista. ¿Tanto les mueven sus alardes de poder contra personas como Navieras que no acostumbran a arrastrarse ante los «poderinos» de turno? ¿Tan incapaces son de comportarse con tiento y elegancia con un ciudadano cuya obra cultural está ahí, más allá de megalomanías virtuales en las que hay tantas gentes en plantilla?

¿Es esto lo que nos merecemos? ¿No nos podemos sentir con derecho a ser gobernados por personas que no atenten de tan desalmada y descarada manera contra el buen gusto?

Ante estos delirios del politburó arecista, quiero dejar muy clara mi solidaridad con Pepe el Ferreiro.

Y, desde estas orillas del bajo Narcea, quiero hacerte llegar, río arriba, el irrenunciable afán que creo que compartes.

¡Salud y República, ciudadano Naveiras!

http://blogs.lne.es/luisarias/

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Enero 29th, 2010 at 8:07 am

Democracia de arte y ensayo, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

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El ojo del tigre

En los años de la década de los 60, en el siglo XX, había más motivos que ahora para confiar en que la política activa, en aquel momento, dejaría de ser, a corto plazo, un tabú para los ciudadanos; incluso se podía pensar que las instituciones de gobierno se convertirían en unos funcionales órganos de participación política en vez de ser -como lo eran entonces- instrumentos de poder reservados únicamente para beneficio exclusivo de las élites del régimen. Aquellos años -de los que nos hemos alejado cronológicamente, mas no históricamente- permitieron que atisbáramos algunos fugaces destellos con leves intenciones democratizadoras; los cuales, nos permitían iluminar, en parte, la utópica esperanza que teníamos puesta en un cambio radical del régimen.

Aquella ilusionada perspectiva liberalizadora, que se vislumbraba en el horizonte apenas perceptible de aquel cerrado sistema político, que parecía estar perfectamente blindado contra cualquier contingencia antagónica que pudiera destruirlo o debilitarlo, se acrecentaba a medida que la mítica década prodigiosa de los 60 avanzada en el tiempo, abriéndose camino por entre una serie continuada de sucesos que nos parecían señales de un cambio imparable.

Recordemos, por ejemplo, el llamado Contubernio de Munich (1962), en donde un reducido grupo de notables disidentes del franquismo alzaron la bandera del europeísmo para liderar una oposición al régimen; el brote de la resistencia protagonizada por el movimiento obrero, que tuvo en Asturias unos de sus escenarios privilegiados (1962); la aparición de las encíclicas Mater et Magistra (1961) y Pacem in terris (1963), en las que se defendían los derechos humanos, la libertad de expresión y el derecho de asociación, así como también abrían ventanas al viento libre de las tesis del Concilio Vaticano II; la famosa Ley de Prensa de 1966, con la cual el régimen amagaba con liquidar la larga etapa de la censura previa y el control totalitario de los medios de comunicación, hasta entonces sometidos a la dura ley de 1938, inspirada por las normas del viejo nazismo.

Los 60 fueron un discreto atisbo de libertades y un alivio -duró poco tiempo- para quienes tenían por oficio el ejercicio de la libertad de prensa. Se le abría al periodismo político un resquicio -que, a veces, era una trampa- para que entrara por él una suave brisa que animara a esta ensimismada región a comprometerse con la necesidad de abrir un debate político sobre el Estado y el futuro de las libertades públicas. De aquella época, oscilante entre las sombras del poder omnímodo -y omnívoro- y la centelleante luz que iluminaba el ansia de liberación ideológica, muy pocos son los que conservan el recuerdo de una etapa en la que un reducido grupo de jóvenes periodistas que trabajaban en la pequeña Redacción de este periódico en la calle Gil de Jaz, en Oviedo, iniciaron una lúcida batalla mediática por la democratización de la sociedad asturiana.

LA VOZ DE ASTURIAS, a partir de 1965, fue un periódico que se adelantó a los primeros indicios de una posible prensa democrática y democratizadora, independiente del poder que disfrutaban los oligarcas del régimen; que dio abundantes muestras de su vocación de periódico abierto y crítico con el sistema dominante. Aunque algunos se incomoden, hay que decir que este periódico fue, en solitario, una avanzada de la democracia que parecía estar aguardando a que le abrieran la puerta; fue una plataforma mediática muy activa para quienes reivindicaban la democratización del Estado; fue un campo en donde se experimentaron las primeras pruebas de la necesidad de tener un periodismo claramente comprometido con las libertades, rechazando los maximalismos y obviando las insensateces sin pedigree democrático…

No era la primera vez que arriesgaba incluso su existencia para luchar en favor de la tolerancia y el sentido común. Desde su aparición en el mercado de las ideas (1923) -seis meses antes del golpe de Estado del general Primo de Rivera, que contaba con el beneplácito de Alfonso XIII-, ya había dado pruebas fehacientes de su vocación por las libertades.

Cuatro años después de que La Voz de Asturias liderara aquel solitario compromiso democrático, apareció la revista Asturias Semanal (1969) con su activismo ideológico en favor de las libertades. Ya eran dos voces con el mismo discurso. Pero aquella arriesgada aproximación a un periodismo abierto, libre, crítico, distante del compromiso con el poder, para La Voz duró tan solo veinte años. Hasta que un nuevo muro levantado por los aprendices de la intolerancia -en pleno régimen democrático- volvió a encerrarlo. Al parecer, esta democracia de arte y ensayo, con la que han vestido a la nueva Monarquía sincopada, también es incompatible con un periodismo libre de ataduras partidistas, ponderado en sus expresiones pero implacable con los nuevos oligarcas de la Transición. Conviene saberlo.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Enero 20th, 2010 at 9:07 am

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Escolástica franquista, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

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El ojo del Tigre

Contaba José María Pemán, el poeta del glorioso alzamiento nacional, que, en cierta ocasión, casi al final de una de una animada charla mantenida en la intimidad de un despacho en El Pardo –por lo visto, era el lugar en donde aquel general de generales se le ocurrían geniales frases para adornar la historia de su sobria inteligencia personal-, el Caudillo le había dicho: No crea, Pemán, a mí me gustaría contemplar desde fuera mi sucesión, y poder disfrutar e unos años de vida civil. Transcurridos ya treinta y cuatro años e su insólita muerte (digo insólita porque casi todos los españoles de la época creían que aquél elegido por la Divina Providencia, para salvar a los buenos españoles, era inmortal…); después de haber presenciado sus bienaventurados súbditos el desarrollo político de su sucesión; incluso de comprobar cómo la Iglesia católica mantiene en lo más alto de su eterno compromiso con España, su lealtad a la escolástica política que aquel general había ido tejiendo con meticulosa precisión para que su obra fuera recordada y alabada por las futuras generaciones, es probable que el fino interlocutor de Pemán de sintiera, hoy, orgulloso de su obra.

Cuando los únicos –y, quizá, irrepetibles- partidos, que encarnan la democracia que sustituyó a la dictadura, protagonizan escandalosas broncas dentro y fuera del Parlamento; cuando el mismísimo jefe de Estado que le sucedió –a título de rey- tiene que recordarles que sean sensatos, que no olviden que el Estado posfranquista es un delicado jarrón de porcelana china, que puede rompérseles en mil trocitos después del trabajo que les costó modelarlo, pintarlo y ponerlo en un sitio bien visible para adornar la nueva democracia que ilumina e inspira la inteligencia de los españoles; cuando la Conferencia Episcopal Española (C.E.E.) saca a la calle a su ejército (el de la buena familia española), para demostrar que, con ellos, a España no osarán tocarle ni un pelo los seculares enemigos de la patria. Y de Dios, claro. Y lo que es más conmovedor aun: la Iglesia que gobierna  la C.E.E. –Rouco Varela mediante- le demuestra que no sólo sabe velar por los Diez Mandamientos (con mayúscula, como Moisés…), sino que es fiel cumplidora del décimo –y último- mandamiento que el general superlativo escribió para los cadetes de la Academia General Militar de Zaragoza, después de haber sido nombrado director de la misma, en 1928. Dice así: Ser fiel cumplidor de sus deberes y exacto en el servicio. ¿Hay o no hay continuidad escolástica?

Si el general(ísimo) contemplara hoy, desde fuera de la vida cómo es obvio, el resultado de su sucesión se quedaría estupefacto al comprobar como la mayoría de los (nuevos) españoles recitan de carrerilla –y con soniquete- los conceptos sagrados de su inolvidable pedagogía españolista: Dios, Patria, Cruz, Espada, destino en lo universal… Ideas que permanecen intactas en el ideario común e todos los partidos (sólo dos) que hacen posible que el Estado democrático actual funcione y meta ruido. Este es el milagro que, seguramente, quería contemplar el amigo de Pemán, mezclándose con la multitud que llenaba el Paseo de la Castellana, en Madrid; como si fuera uno más.

Pero sin aplaudir todas las palabras del apocalíptico cardenal Rouco, es posible que apostando por ser el próximo Papa. Sobre todo, aquellas que decía frunciendo el ceño: Este es un panorama oscuro y desolador… ¡Pero hombre de Dios…!

Si todo el mundo –España es el mundo…-, si todo el mundo se está expresando aquí y ahora con el profundo sentimiento de la escolástica franquista, y Franco también era la Luz, ¿en dónde está la oscuridad? Y si -como es fácil de comprobar- la izquierda (rojos, masones y demás familia aún permanece en el exilio, junto con la República, ¿en dónde ve el carismático cardenal la desolación…? Por eso, al pié de la tribuna instalada en la Plaza de Lima, estaba Franco luminosamente transparente y gritando ¡Arriba España! No me diga usted que no le vio.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Diciembre 30th, 2009 at 8:07 am

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¡Que (no) viene Cascos…!, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

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El ojo del tigre

Aunque, como dicen en los partidos que representan el pluralismo político democrático español (sólo dos) aún no toca hablar de candidatos para las elecciones municipales y autonómicas –en 2011-, ni para las generales –en 2012-, lo cierto es que en los gallineros del PSOE y el PP hay un gran alboroto que, a través de los intermediarios mediáticos, están consiguiendo que en esta granja ovina, llamada España, empiece a cundir el pánico preelectoral. La atmósfera política está tan sobrecargada de impaciencias, de sutilezas supuestamente ideológicas, de presiones demagógicas y de prisas alternativas, cuya única finalidad es la de acelerar el convencimiento público de que lo que necesita la sociedad española actual es un cambio de protagonistas para sacarla del pozo al que, por lo visto, la han arrojado los incompetentes que la  gobiernan y los inútiles que los aplauden.

No es que quieran cargarse el sistema, sino a quienes lo personalizan: unos, en La Moncloa; otros, en las autonomías y, por fin, a los mandarines municipales de la misma cuerda que los primeros y los segundos. Evidentemente, la prisa por despejar a la oligarquía socialdemócrata, que es la que, al parecer, estorba, la tienen aquellos que personalizan la otra oligarquía: la que se quedó atrapada bajo la pesada losa ideológica de la soberbia españolista y filofranquista, labrada por quien hoy preside la FAES, el almacén que le suministra las ideas a la moderna ultraderecha española.

Esa oligarquía –en su versión asturiana- invoca por enésima vez la reaparición de un antiguo  secretario general del PP nacional, exministro e ideólogo reconocido cuyo magisterio doctrinal brilló tanto –e hizo brillar tantísimo a la derecha asturiana- que, ahora, sin su presencia ni su protección, la rotunda derecha de esta región parece un agujero negro en el espacio sideral del universo españolista. Y de las JONS. Al grito de “¡Que viene Cascos…!”, el PP asturiano intenta darse un chute de adrenalina política que le permita encararse eufórica a las elecciones –cuando éstas toquen- con el mismo ánimo triunfal con que Pelayo se enfrentó a los árabes a morrillazos, sacados del arsenal rosado de la caliza de Covadonga.

En España –o sea, en este país- siempre se le ha confiado a un salvador providencial la papeleta de lograr el triunfo total. Y en Asturias -¡que es España, coño…!- la lista histórica de salvadores es tan larga como la guía telefónica. Y aún está sin cerrar.

A pesar de todo, es probable que Cascos no acuda a las llamadas de la selva que le lanzan desde este espeso territorio sagrado. Quizá porque en realidad aquí ya no tiene un partido político, propiamente dicho, sino un complejo puzzle tribal cuyas piezas son muy difíciles de encajar para completar un todo aceptable, disciplinado y eficaz. En Asturias no existe un PP, sino muchos PPs con demasiados jefes de tribu, y excesivas ambiciones personales. Esto para un personaje bien acomodado en la cúpula del Olimpo españolista desde hace años; con una historia política personal muy brillante; celoso del poder jerárquico, con un claro sentido elitista del liderazgo, esto, repito, para un líder que fue –según sus devotos- el Jovellanos del siglo XX, no ofrece las garantías necesarias para despertarle el deseo de volver a torear en esta plaza.

“¡Que viene Cascos!” significa, en realidad, “¡Que (no) viene  Cascos!”. Y este es el problema real que tiene planteado la ultraderecha posfranquista asturiana: ¿Por quién lo sustituimos? Jovellanos I ya no está para esos trotes. Y la Santina –que yo sepa-, nunca tuvo aficiones toreras. Con lo cual, Areces lo va a tener más fácil para figurar en solitario en el cartel taurino de las próximas autonómicas.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Diciembre 23rd, 2009 at 8:06 am

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Un bolero, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

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El ojo del tigre

La sociedad asturiana tiene, a la vuelta de la próxima esquina, una responsabilidad democrática que ejercer: contribuir –con su derecho a votar, desde que, al parecer, se recuperó el sufragio libre y universal- a institucionalizar la legitimidad del sucesor del actual presidente del Principado; el cual, como se sabe, concluirá su tercera legislatura en el año 2011. Es decir, para entonces ya habrá cumplido doce años como máximo responsable de la Autonomía asturiana. Pero, ¿qué son doce años viajando en coche oficial para un país en el que hay muchos que apenas se han apeado de otros coches oficiales, desde hace más de tres décadas…? Y aún siguen viajando sentados en  el mullido asiento de atrás. Este fenómeno sociopolítico es característico de una democracia que, como la española, todavía conserva el pelo de la dehesa franquista. La perennidad en un cargo público constituye un precioso recuerdo político de familia, al que casi nadie ha renunciado voluntariamente hasta la fecha.

Esa obstinación en utilizar los servicios del parque móvil del Principado no experimentará merma alguna cambiando a su viajero titular. Luego el gasto en combustible, el ajamiento de la tapicería y el envejecimiento mecánico general del vehículo, no cesarían con el simple cambio –por imperativo legal- del actual usuario. Pero no es esto lo fundamental para alegrarse (o no) por el relevo de un alto dignatario, tras doce años de gobierno, sino lo otro: que cambiar de actor no significa cambiar de argumento. Con lo cual, que nadie se eche las manos a la cabeza si ocurre –tengo mis dudas- la sucesión del señor Álvarez Areces. En primer lugar, la política continuará siendo –como hasta ahora- le(g)almente neoliberal; en segundo término, el Partido (con mayúscula, igual que cuando el PCE lideraba la resistencia al régimen de aquel general superlativo) seguirá complementando al Gobierno del Principado; por fin, Asturias tampoco perderá su condición de Patria Querida, ni el regazo de la Santina, ni, mucho menos, el favor de Jovellanos

Mas, ¿si todo va a seguir igual, para qué cambiar? ¡Hombre…! Para que la divina teoría de la democracia (in)orgánica se cumpla a rajatabla. Sobre todo, para que esta gran empresa pública, que es la democracia neoliberal, siga funcionando sin problemas.

Recientemente, se han escuchado algunas voces instando a que se produzca ese relevo en la Presidencia del Principado. Algunas, que provienen de la zona superburocrática del sindicalismo de cuadros –pero no de clase-, han sido rotundamente partidarias de sustituir al presidente actual por el secretario general de la FSA en el momento preciso. Son voces que apremian al cambio emitidas desde lugares que, si no lo son lo parecen, pertenecen al patrimonio personal de quienes tampoco se han apeado del sillón, en el que viajan virtualmente por los vericuetos de la democracia sindical elaborada a brazo… Como los chocolates clásicos.

Personalmente (aunque a mí lo mismo me da so que arre, porque esta democracia ni se para ni galopa si no se lo ordena quien la cabalga. Y usted y yo somos meros súbditos de a pie…), personalmente, opino que sustituir al presidente Areces no va a ser tan fácil como algunos se lo ponen al supuesto suplente. Primero, porque el presidente se ha trabajado su baronía con precisión matemática. Segundo, porque la experiencia como mandarín es mucho más que un grado: es un graderío. Tercero, porque –después del abrasivo desmantelamiento de la industria pública asturiana, a manos del neoliberalismo felipista- logró que surgiera de entre la copiosa chatarra una Asturias convertida en un divertido Disney Park, ideal para el ocio contemplativo de jubilados y pensionistas.

No confío ni en que el mismísimo Álvarez-Cascos (suponiendo que regresara de su voluntario exilio político) mejorara el milagro de Areces, aunque cante mejor que él el bolero Pienso en tí.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Diciembre 16th, 2009 at 8:07 am

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