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Nuestra obsesión, el pañuelo, de Saïd El Kadaoui Moussaoui en Público

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Ilham Moussaïd debe de haber perdido la cuenta de los artículos que, sobre ella, se han publicado en los periódicos europeos. Tanto ruido, no es por ocupar el cuarto lugar de la lista política del partido anticapitalista (NPA), por el departamento de Vaucluse, con vistas a las elecciones regionales que se celebrarán hoy en Francia. El motivo que ha despertado el interés es que cubre su cabeza con un pañuelo, signo explícito de su fe musulmana.

¿Es compatible el pañuelo con el ideario político de un partido de extrema izquierda? ¿Es coherente que una mujer feminista cubra su cabeza con el pañuelo musulmán?

A veces tengo la impresión de que en Europa, y especialmente en Francia, le estamos cogiendo el gusto a que el debate se eleve por encima de la pesada realidad y se quede en el ancho mundo de las ideas.
Ilham Moussaïd es una joven de 23 años, estudiante, originaria de Marruecos que emigró a Francia a la edad de tres años. Hasta donde yo sé, un buen día, decidió, a diferencia de sus hermanas, cubrir su cabeza con el pañuelo.

En mi opinión, este trozo de tela, en jóvenes como ella, ya no puede ser analizado solamente desde una perspectiva religiosa. En el caso de las jóvenes europeas, tenemos que situar el debate en la relación que establecen con el país que las ve crecer.

Creo que tiene mucho de rebeldía, de inconformismo, de voluntad de emanciparse de una sociedad más cerrada de lo que se cree, obsesionada por algunas cosas y relajada en otras que, a su juicio, son más
importantes.

El pañuelo ya ha dejado de ser lo que era. En Europa, también es una forma de decir: aquí estoy, me tienes que ver y me tienes que aceptar como soy. ¿No somos todos iguales?

La noticia en el caso de Ilham es que ella ha encontrado una salida más que digna a su inquietud y quiere representar a la gente que, como ella, procede de los barrios más pobres, luchar por lo que ella cree utilizando una vía elaborada y muy adecuada: la política. Escuchémosla y que la voten aquellos ciudadanos franceses a los que convenza.

Creo sinceramente que también tenemos que ser críticos con nuestras obsesiones. El pañuelo musulmán lo está siendo. Tengamos claro, eso sí, los límites que no son otros que los de la dignidad y la autonomía personal. No me parece, aunque no me gusten los pañuelos, que Ilham sea una mujer víctima de una sistema patriarcal asfixiante o de una visión retrógrada de la religión musulmana. Sí que me atrevería a decir, en cambio, que, de forma un tanto idealista, adecuada a la edad, e ingenua, trata de mantenerse fiel a su origen denigrado y de plantarle cara a su sociedad actual poniéndola en un aprieto.

Seguramente ella no estará de acuerdo pero yo creo que tiene mucho de actitud defensiva. ¿Tienen razón de ser este tipo de actitudes? ¿Hemos hecho algo mal para que muchos hijos de inmigrantes no se sientan bien en su país? Me gustaría ver, escuchar y leer que en Francia, el paraíso de los debates, se formulan también estas preguntas.

La lógica de la exclusión actúa y genera reacciones desmesuradas, inadecuadas o polémicas. Lo importante es ver cómo la combatimos como sociedad. En este caso yo resaltaría que Ilham tiene 23 años y va en las listas de un partido político. Con el desinterés creciente de los jóvenes por la política, esta debería ser la noticia que, además, puede contener un mensaje muy positivo para otros hijos de inmigrantes: aquí tenéis un camino para combatir las injusticias. No es con la violencia que resolveréis vuestros males.

En España, he escuchado demasiadas veces que lo que sucede en Francia no nos llegará. De forma un tanto ingenua, estas voces parecen querer decir que aquí hacemos las cosas mejor.

Sin embargo, yo creo que Francia tiene más elementos a favor para ayudar a la integración de la gente originaria del Magreb. Conserva una influencia nada desdeñable sobre buena parte de estos países, traduce a muchos más autores e intelectuales árabes que nosotros, cuenta con más escritores originarios de estos países que escriben directamente en su lengua, el francés es un idioma que buena parte de los magrebíes siente como propio y, en general, conoce más y mejor su complejidad cultural. Y aún así, los problemas son muchos.

Si queremos aprender algo de sus errores, la lección principal a extraer es, a mi juicio, la de intentar combatir los guetos y luchar por la igualdad de oportunidades. Una asignatura pendiente en Francia.

El día 19 de febrero nos despertamos con la noticia de que en Pisos Planes, una barriada del municipio de Vendrell (Baix Pendès, Catalunya) se había producido un enfrentamiento entre los Mossos d’Esquadra y un buen puñado de vecinos. La chispa que provocó el enfrentamiento fue la solicitud de la documentación a un joven marroquí que llevaba hachís encima. Imposible evitar el temor de que aquí suceda lo que en las banlieus (Francia) en el año 2005.

En 2004 se aprobó en el Parlamento catalán una de las leyes que, en mi opinión, están más encaminadas a hacer frente a este tipo de problemas: la ley de barrios. A grandes rasgos, es una ley que propone una intervención integral en barrios con el objetivo de evitar su degradación y mejorar las condiciones de la gente que vive en ellos. El espíritu de esta ley es el de actuar sobre el conjunto y no sobre el individuo. Ayudar a resolver los problemas estructurales y, de paso, evitar estigmatizar de nuevo al colectivo originario de la migración como el receptor de todas las ayudas en detrimento de la necesidad del resto.

El dinero escasea y debemos de invertirlo en buenas ideas. Esta, desde luego, lo es.

Saïd El Kadaoui Moussaoui es psicólogo y escritor.

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Marzo 14th, 2010 at 9:03 am

Elogio de Castilla, de Pedro G. Cuartango en El Mundo

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VIDAS PARALELAS: MIGUEL DELIBES / ANTONIO MACHADO

Como dice Carmen tras la muerte de Mario, «aún me parece mentira. Me es imposible hacerme a la idea». A mí también, pero Miguel Delibes ha dejado para siempre el páramo castellano para irse a las tierras altas del más allá. Allí le espera Antonio Machado, el gran poeta de Sevilla, el escritor que mejor ha sabido expresar -junto al vallisoletano- la esencia de Castilla.

No se me ocurre mejor descripción de Delibes que la que Machado hizo de sí mismo en Campos de Castilla: «Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido, ya conocéis mi torpe aliño indumentario…».

Nadie como ellos ha sabido captar esa mística del paisaje castellano que refleja el alma de sus hombres y mujeres, curtida por los fríos de invierno y los secos calores del verano.

Machado y Delibes retratan a Castilla, pero no embellecen su rostro. Ahí quedan las ruines miserias de los Alvargonzález que se matan por la tierra o la crudeza de la vida en los pueblos en Viejas historias de Castilla la Vieja.

Uno y otro eran dos pesimistas activos, dos hombres tristes que vivían de prestado, casi de paso, en un reflexivo repudio de las vanidades terrenales, como si este mundo no fuera el suyo.

Visité la tumba de Machado en Collioure en 1975 y quedé sobrecogido por su austeridad. Emocionado por la desolación del lugar, deposité unas flores sobre la losa en la que estaba escrito su nombre y el de Ana Ruiz, su madre.

Delibes ha tenido la suerte de morir en su casa y con el reconocimiento que merecía, pero él mismo comentaba que, desde el fallecimiento de su esposa y sus problemas de salud, la vida se le había acabado.

Le vi una vez, hace 40 años. Yo estaba pescando cangrejos con mi padre cerca de Sedano y él estaba por allí cazando perdices, la gran pasión de su existencia.

Delibes era austero, parco en palabras, solitario a pesar de ser padre de una familia numerosa y tenía un acendrado sentido de la dignidad -casi diría del honor – que le llevó a dimitir como director de El Norte de Castilla porque Fraga le había impuesto un comisario político.

Machado también se tuvo que ir al exilio y murió más pobre que las ratas, vencido pero no humillado en una pensión que no miraba al Duero sino al Mediterráneo. Creo que Delibes y Machado tenían algo de quijotesco que forma parte del carácter castellano que llevamos en la sangre los nacidos en esta tierra.

No somos gente manejable ni amable ni seductora, pero sí de palabra. Solemos ser duros, secos y a veces inflexibles. No nos gusta arrodillarnos ante nadie. Comemos carne y bebemos vinos recios. Somos señores de nuestras propias miserias, pero jamás vasallos de las de otros.

Delibes era uno de los nuestros, el mejor de todos nosotros. Descanse bajo un ciprés este buen castellano viejo que ha emprendido el último viaje «ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar».

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Marzo 13th, 2010 at 8:13 am

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Fundamentalistas son los otros, de Gregorio Morán en La Vanguardia

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SABATINAS INTEMPESTIVAS

Para llegar hasta el velo islámico debemos recorrer antes nuestra galería de los espejos. Vivimos en sociedades de creyentes que no se dan cuenta de la fuerza de sus creencias porque les parecen algo tan normal, que no tendrían por qué sorprender a nadie. Esta es la razón por la que uno se puede comportar como un energúmeno en un campo de fútbol sin ser tildado de fanático. Se exige respeto en las iglesias y en las mezquitas, pero cualquier descerebrado te puede agredir en un estadio si manifiestas demasiado a las claras tus inclinaciones hacia el adversario. Digo más, un viejo lema anglosajón sostenía que en el deporte se demostraba la caballerosidad de los individuos, y no es verdad. Hoy día el deporte resulta la única actividad donde se exhiben las más variadas formas de violencia, y hay quien sostiene que aporta cualidades terapéuticas. Ayuda a desfogarse.

Nos engañan. No es verdad que existan religiones menores. Sólo los creyentes disponen de un medidor de frecuencias según el cual ellos pueden asegurar quién es un fundamentalista y quién un liberal consecuente. Sé de quienes, un día sí y otro también, desarrollan escritos preñados de citas de Isaiah Berlin y George Steiner, y no hace falta decir que se tienen a sí mismos por paradigmas de una visión liberal del mundo. Sin embargo, considerarían un atentado a sus principios entrar en el Bernabeu de Madrid o en el campo del Barça. Yo no se lo reprocho, entre otras cosas porque me es indiferente uno u otro estadio, pero deberían hacérselo mirar. Son como aquellos que dicen ser liberales en todo, salvo que no soportan a los gitanos, o a los negros, o a los judíos.

Y luego añaden, con rigor de convictos, que no tiene nada que ver con el fundamentalismo, que se trata de creencias.

El poder de los símbolos. Un recorrido por nuestra galería de los espejos nos lleva, tan sólo con recorrer un par de pasillos, casi a la vuelta de la esquina, a los tiempos en los que ninguna mujer podía entrar en la iglesia sin mantilla. ¡Qué decir de aquellos curas o delatores viciosos que eran capaces de asegurar qué señora o señorita no llevaba medias! ¡Las medias eran obligatorias, y detectables aunque fueran sutiles como una segunda piel! Una perversidad de sátiros. No es que parezca que fue ayer, es que fue ayer. Entonces no sabíamos que eso se denominaba fundamentalismo, tan sólo era la suma idónea de fervientes católicos junto a opositores silenciosos, que es la fórmula justificatoria que se han inventado los nietos para avalar la cobardía ética de sus padres y abuelos.

Dentro de los derechos de los ciudadanos están los más obvios, como son los de vestirse conforme a sus gustos e inclinaciones, y por tanto llevar mantilla, incluso con peineta, velo islámico, kipá judía, hábito monjil, sotana o clergyman. Son manifestaciones de creencias que no dejan de producir cierta desazón en quienes estimamos que las religiones militantes son tan legítimas como inquietantes. Es como el majadero que pone en su coche una pegatina con supuestas señas de identidad ideológica…

Hasta hace poco no conocíamos en España otras religiones militantes y proselitistas que las cristianas, y ahora esos mismos que consideraban lo más normal del mundo las damas nazarenas, las procesiones urbanas y los rosarios de exaltación masiva, se indignan ante la marea fundamentalista islámica. Y apelan al principio de unos supuestos valores. ¿Qué valores? ¿Los de la tradición? Permítanme el chiste, ¿de qué tradición hablamos? ¿De los toros bravos o de los correbous? Aquí no hay tradición que resista la prueba de la ley del embudo.

Cada vez que usted oiga la expresión “los valores cristianos de Occidente” averigüe quién la pronuncia. En España, y no digamos en Catalunya, vivimos situaciones peculiares que nos obligan a ser muy discretos a la hora de llegar a conclusiones.

Es obligado recorrer nuestras galerías de espejos, porque debemos reflejarnos antes en los retratos de familia. El primero, que obliga a la humildad, es el reconocimiento del tiempo que tardó la Iglesia católica en aceptar la democracia y el liberalismo, incluso en los límites en los que se mueve actualmente. Aquí todos parecemos hijos de hidalgos, y amén de prosapia, liberales de cuna. Por eso es más incongruente y despreciable el comportamiento de la alcaldesa de Cunit y su contubernio con el imán frente a una musulmana liberal. Porque ha hecho lo mismo que los alcaldes de todas las dictaduras: preferir la injusticia al desorden. Disculpar la represión en aras de aplacar la bicha fundamentalista. La alcaldesa, y sus colegas del PSC que la respaldan, se retratan en Goethe sin saberlo, y se colocan en el lugar preciso que les otorga la historia: fuerzas conservadoras al servicio del nuevo statu quo.

Pero hay más. En Catalunya, en mayor medida que en el resto de España, se da la particularidad de que la emigración musulmana, magrebí en su mayor parte, fue promovida con mayor benevolencia que la latinoamericana, por razones políticas. Los cerebrinos mandris del pujolismo juzgaban más útil la integración de quienes debían optar por una lengua nueva, que aquellos que traían su condición de castellanohablantes. Que yo sepa, no se llegó a formular de manera explícita, pero sí se llegó a practicar de manera implícita. Y así hoy se da la más surrealista de nuestras paradojas, y es que las zonas catalanas donde se vive más directamente del cerdo y sus derivados están dominadas por el islamismo militante. O lo que es lo mismo, los trabajadores abominan todo lo que producen. ¡No me dirán que no parece humor negro!

Pero no se extrañen, hay precedentes. El fundamentalismo de Hamas no tendría la fuerza que tiene en Palestina si el Estado de Israel no lo hubiera protegido y promovido para contrarrestar a quienes consideraba su enemigo más peligroso, la entonces laica Al Fatah de Yasir Arafat. Los talibanes afganos no serían lo que son si no hubieran pasado por la formación, ayuda y protección de sofisticados técnicos del ejército y los servicios de información estadounidenses en su lucha contra los soviéticos. En aquellos tiempos todos los creyentes religiosos se consideraban miembros de la misma familia. ¿Cuándo estalló la diferencia? Dicho en palabras brutales y precisas: cuando los siervos descubrieron que habían ganado una guerra para los otros, no para ellos.

La pelea con la emigración islámica en Occidente no ha hecho más que empezar y es de una complejidad inédita, porque aúna dos elementos que desde hacía muchos siglos no iban juntos. La lucha de clases; rasgo distintivo y, en general, desdeñado. Nuestros conflictos no están con los fundamentalistas ricos, concentrados en Marbella y aledaños, que tienen sirvientes cristianos, sino con los trabajadores musulmanes, los emigrantes. Y no acabamos de convencernos de que la emigración en España no está porque ellos necesitan comer sino porque hay trabajos que se pagan tan poco que no hay españoles dispuestos a hacerlos. Mientras no partamos de que la emigración es una obligación de la economía española y no un favor que hacemos al tercer mundo no entenderemos nada.

Y el otro rasgo, el que más rompe nuestros tradicionales esquemas políticos, es que el fundamentalismo islámico se haya convertido en una religión radical, proselitista y con inequívoca ambición política, que además le viene desde la fundación, a diferencia del cristianismo, que nació sin ambición de poder hasta que se hizo irreconocible con sus orígenes. Y a esa maraña de lucha de clases, el viejo e ineludible conflicto entre pobres y ricos, que algunos parecen haber olvidado y que sigue ahí siempre, por más que lo haga bajo diferentes formas, sumada al radicalismo musulmán convertido en militancia política, hay que añadir el aire de época. Y es que el aire de nuestro tiempo está impregnado de militancias religiosas. Creer o no creer.

Una vieja frase, que se repetía en nuestra infancia, ha dejado de tener sentido. “Creer no hace mal a nadie”. Depende de si eso de creer incluye la posibilidad de dejar de hacerlo. Ahí está la evidente coincidencia entre un imán fundamentalista y un castrista irremisible. Negar el derecho a no creer te cuesta la vida.

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Marzo 6th, 2010 at 8:15 am

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Dos respuestas a un problema moral, de Javier Pérez Royo en El País

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La iniciativa legislativa popular es una de las instituciones de democracia directa que está contemplada en nuestro ordenamiento constitucional y es como consecuencia de una iniciativa de esta naturaleza como ha llegado al Parlamento de Cataluña la propuesta sobre si se deben o no prohibir las corridas de toros en dicha comunidad. No es un proyecto o una proposición de ley, es decir, una iniciativa gubernamental o parlamentaria lo que está en el origen del debate, sino una iniciativa popular, instrumentada mediante la recogida de firmas, con la finalidad de enviar una proposición a la Mesa de la Cámara que tiene que decidir sobre su tramitación parlamentaria.

En uso de sus atribuciones y con buen criterio, la Mesa del Parlamento ha decidido que, antes del trámite de toma en consideración de la propuesta por el Pleno de la Cámara, comparecieran una serie de personas reconocidas, bien porque se han singularizado por haber reflexionado sobre el tema, bien por estar profesionalmente vinculados al mundo del toro. Las comparecencias han sido muy equilibradas en opinión generalmente compartida, de tal manera que tanto el punto de vista de la abolición de las corridas como el de su preservación han sido presentados con un peso similar. El principio de igualdad de armas, que se exige constitucionalmente en todo tipo de procesos, se ha respetado en el Parlamento catalán.

Gracias a esta iniciativa y a la tramitación parlamentaria asistimos, no sólo en Cataluña sino en toda España, al primer debate ordenado sobre la conveniencia de continuar o no con las corridas de toros. Pues, aunque el lugar del debate es el Parlamento de Cataluña, lo que allí se está diciendo está siendo recogido por los medios de toda España e incluso complementado con un debate en algunos de tales medios, como por ejemplo EL PAÍS, que también está siendo equilibrado, en mi opinión, acerca de dicha iniciativa.

No creo que nadie que esté siguiendo el debate pueda llegar a la conclusión de que se está debatiendo un problema de identidad nacional. No estamos ante un pulso al nacionalismo español por parte del nacionalismo catalán. Estamos ante un problema de naturaleza moral, que no entiende de identidades nacionales. En esto no creo que haya discrepancias entre quienes participan en el debate. Es en la valoración del problema donde las hay. A unos la valoración del problema les lleva directamente a una posición abolicionista. A otros, no.

Tengo la impresión de que, independientemente de la suerte que corra en el Parlamento la propuesta abolicionista, el debate volverá a plantearse en España y que la votación en el Parlamento de Cataluña no va a ser la última palabra. La convicción moral de los abolicionistas es de tal intensidad, que estoy seguro de que no dejarán de volver sobre el tema en el futuro, en Cataluña si no se aprueba la ley, y fuera de Cataluña tanto si se aprueba como si no. Y es prácticamente imposible que la sociedad española no tenga que atender a sus argumentos, para aceptarlos o rechazarlos. Bastaría con que se hiciera uso de la iniciativa legislativa popular prevista en el artículo 87.3 de la Constitución y desarrollada en la Ley Orgánica 3/1984, para que ello ocurriera. Y los requisitos que se exigen en la Constitución y en la ley no son difíciles de cumplir.

En todo caso, sería positivo que tal iniciativa se llevara a cabo y que el debate moral se produjera sin que pudiera ser desvirtuado con una carga nacionalista, que posibilita e incluso propicia conductas oportunistas como la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, que sí es profundamente inmoral, en la medida en que resuelve un problema moral con una decisión administrativa autoritariamente decidida.

Se puede no tomar ninguna decisión. Pero si se toma alguna, únicamente puede ser fijada en sede parlamentaria. Tienen que ser los representantes democráticamente elegidos los que tienen que hacer la ponderación de las distintas valoraciones morales que están presentes en la sociedad respecto de las mismas y decidir lo que se considera que debe ser la voluntad general. Lo que no cabe es hurtar el debate, como ha hecho Esperanza Aguirre, y sustituir la voluntad de los ciudadanos por la suya propia. La posición del Parlamento de Cataluña está siendo democráticamente impecable. La reacción de la presidenta Aguirre dista mucho de serlo.

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Marzo 6th, 2010 at 8:10 am

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El debate sobre el futuro de Internet, de Pedro Peña en Expansión

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A fondo

El debate público iniciado por la Federal Communications Commission (FCC) en Estados Unidos sobre la manera de preservar un Internet abierto y libre es seguramente el más importante de los que tienen hoy lugar en las telecomunicaciones.

Porque la cuestión de fondo que plantea la FCC es si Internet está o no en peligro de perder su original carácter abierto, principal responsable de su enorme éxito y, en caso de que la respuesta sea afirmativa, qué tipo de medidas cabe adoptar para evitar su potencial degradación. La regulación de Internet para conservar su espíritu distintivo, o para mantener la neutralidad que ha permitido su formidable desarrollo, es una tarea enormemente compleja y delicada.

La FCC cree que ha llegado el momento de intervenir para preservar y proteger el carácter abierto y libre de Internet, ya que la evolución de la tecnología, los nuevos servicios y el uso intensivo y ubicuo de la red permiten a los operadores de acceso, entre otras cosas, bloquear servicios de empresas de Internet (como YouTube o Skype) que compitan con los suyos o gestionar la red, en casos cada vez menos infrecuentes de congestión, de una forma discriminatoria, privilegiando a los usuarios que estén dispuestos a pagar más por la banda ancha.

Frente a esta situación, y para potenciar la capacidad de los usuarios de acceder libre y plenamente a Internet, la FCC propone dar fuerza legal a los principios que han regido la política de Internet en Estados Unidos últimamente, esto es, que los usuarios tienen derecho a acceder al contenido legal de su elección, a incorporar las aplicaciones y a usar los servicios que prefieran, a conectar los aparatos que deseen, siempre que sean legales y no dañen la red y a la competencia entre operadores de acceso y proveedores de aplicaciones, servicios y contenidos, siempre sujetos a una gestión razonable de la red, y añadir dos nuevos principios, igualmente dotados de fuerza legal y ambos dirigidos a los operadores de acceso, que son el de no discriminación, por el cual éstos han de tratar aplicaciones, servicios y contenidos de manera no discriminatoria, y transparencia, por el que han de hacer pública información relativa a la gestión de la red que pueda ser razonablemente requerida por usuarios o proveedores de aplicaciones, servicios y contenidos.

Este nuevo derecho se aplicaría a todas las plataformas de acceso, fijas y móviles, si bien no de idéntica forma o con igual intensidad, y del mismo podrían quedar parcial, o totalmente, excluidos servicios como la televisión por cable o por Internet.

El lector que haya llegado hasta aquí se habrá dado cuenta de que en la propuesta de la FCC destaca, de inicio, una preocupación casi obsesiva por “proteger” y “preservar” Internet, que se entendería mejor si la red fuese una antigüedad en vez de un fenómeno increíblemente dinámico y cambiante y, luego, una falta de equilibrio al convertir de manera automática los derechos de los usuarios en obligaciones de los operadores de red, pasando por alto cualquier contribución del resto de actores de Internet.

En cuanto a la primera nota, la FCC propone una regulación ambiciosa, de largo alcance y compleja aplicación, no sólo por razones legales de competencia material y jurisdicción, sino por la cantidad de excepciones e hipótesis que jalonan la propuesta. Respecto de la segunda, la FCC propone una versión muy restrictiva de la no discriminación, al decir que los operadores de red no pueden fijar precios distintos a los proveedores de contenidos y servicios para asegurar un mejor acceso a los usuarios, e ignora la voluntad de los usuarios que puedan estar dispuestos a pagar más por su acceso si eso les asegura mejor servicio en supuestos de congestión.

La FCC está a tiempo de corregir los puntos más débiles de su propuesta. Para ello, debería limitar su intervención, ser más modesta en los objetivos, orientar su actuación conforme a los principios vigentes, definir la no discriminación como prohibición de diferencias de trato injustas e irrazonables, y la transparencia como la información al usuario para que pueda conocer con suficiente detalle y en tiempo real cómo se gestiona la red en supuestos de congestión, reservarse poderes de actuación para establecer mínimos de calidad del servicio y aplicar estos principios a todos los participantes en el negocio y no sólo a los operadores de red. Si así lo hiciera, la libertad de elección, los derechos de los usuarios, la innovación y el desarrollo sostenible de Internet saldrían ganando.

El debate sobre la neutralidad de la red expresa una doble tensión fundamental. La primera es la que opone el modelo de negocio de los operadores de red, propietarios y gestores de la infraestructura que hace posible el flujo de la comunicación, al de las empresas típicas de Internet, que reclaman para sí en exclusiva el valor de la innovación, sobre la distribución de la cadena de valor en la red. Gregory Sidak ha resumido esta tensión como el choque de culturas empresariales de Sillicon Valley y Washington, pero lo mismo vale para Europa, donde aún resuenan declaraciones recientes de líderes de algunas de sus grandes empresas.

La segunda, estrechamente ligada a la anterior pero menos explícita, enfrenta a Estados Unidos, que como país asocia su interés económico con el de las empresas de Internet, con Europa, que tiene un mayor peso entre los operadores de red y más competencia en el acceso a banda ancha. Que Estados Unidos intentará exportar su modelo de regulación para Internet a otras partes del mundo es seguro. Que debamos adoptarlo en otros países, sin más, parece ciertamente discutible. Pero, en cualquier caso, lo que sí cabe es esperar es que en Europa ese debate sea “desinhibido, robusto y amplio”, por usar las célebres palabras del juez Brennan al referirse a uno de los casos más importantes sobre la libertad de expresión del siglo pasado.

Pedro Peña. Secretario del Consejo de Vodafone España.

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Febrero 26th, 2010 at 8:00 am

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Churchill en la Guerra Civil española, de Luis Racionero en El Mundo

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TRIBUNA: HISTORIA Y POLÍTICA

El autor reivindica las palabras del primer ministro británico para superar esa idea de contienda de buenos y malos. «Es el fascismo contra el comunismo. Ninguno representa nuestro concepto de civilización», escribió el ‘premier’

Ahora que Garzón puede ser inhabilitado como juez de la Audiencia Nacional por posible delito de prevaricación al intentar abrir la causa de los crímenes de la Guerra Civil, voy a aportar mi puñado de cenizas intelectuales, resucitando los artículos que Winston Churchill escribió durante nuestra pavorosa contienda.

Se suele decir que los vencedores escriben la Historia, pero en el caso de nuestra Guerra Civil lo más a mano en las librerías ahora son obras escritas por ingleses de izquierdas. En eso también Spain is different, aquí escriben la historia los vencidos, detalle que nos honra. Las opiniones de un conservador liberal como Churchill se inscriben en esa tradición anglosajona de interés por España.

El 10 de agosto de 1936 escribió: «Si fuera una cuestión de la Vieja España contra la Nueva, entre la fe, las tradiciones y cultura del pasado y los deseos y esperanzas de futuro, estaría en contra de los llamados rebeldes. Pero no es ésa la cuestión. Los que están luchando son dos Nuevas Españas: dos sistemas modernos antagonistas en abrazo mortal. El Fascismo confronta al Comunismo. El espíritu y osadía de Mussolini y Hitler contra Trotsky y Bela Kun. Ninguna de las dos facciones representa nuestro concepto de civilización. Esta guerra no es cosa nuestra».

En agosto 21 recomienda que, aunque Italia y Alemania ayuden a unos y Rusia a los otros, Francia debe optar por la neutralidad como Gran Bretaña, ya que una divergencia entre ambos países sería el peor desastre. Ganara quien ganase en España. Francia e Inglaterra quedarían debilitadas y se aceleraría la ascendencia del nazismo. El 2 de octubre escribe: «Aunque parece ser práctica de las fuerzas nacionales fusilar una proporción de prisioneros, no se les puede atribuir el nivel de atrocidades de comunistas, anarquistas y el POUM». Churchill se pronuncia a favor de los franquistas porque cree que es peor el fervor desorganizado de la izquierda que el ordenado terror de la derecha.

El 8 de enero de 1937 Churchill escribe: «Lo que ha sucedido justifica y refuerza la política de neutralidad británica. Primero, por lo igualado que está el poder entre las dos zonas, en territorio y fuerza militar. Segundo, ambas partes han mantenido su causa con crueldades incalificables. Tercero, ningún bando, en modo alguno, representa el punto de vista británico. La victoria de cualquiera de los dos lados puede desatar una horrorosa masacre contra los derrotados. Los españoles están envenenados de odio».

El 2 de abril Churchill afirma: «Si gana Franco, no estará en condiciones de interferir los intereses ingleses y franceses en el Mediterráneo, porque estará totalmente absorbido por sus problemas internos. En cuanto cese el fuego, alemanes e italianos dejarán de tener influencia en la política española. En verdad, el mundo puede presenciar entonces un ejemplo de la ingratitud española a gran escala». En noviembre 26 escribe el artículo Spain’s Road to Peace donde afirma que la restauración de una monarquía constitucional sería la garantía para que los que no hubiesen cometido crímenes, se integraran en una nueva España.

En abril de 1938 constata que se cierra otro acto de la tragedia española con el avance de los tres cuerpos de ejército de Franco atacando en un frente amplio coincidiendo con la desmoralización de las fuerzas republicanas. «Bajo la devastadora presión de la artillería y aviación alemanas e italianas, la resistencia se rompe, Barcelona y Madrid quedarán privadas de las provisiones que les llegan desde Francia y de la costa. Los republicanos deberían invocar la mediación de Rusia, Francia o ambas, para evitar bajas inútiles y mitigar las represalias que son de temer cuando media España subyugue a la otra media». «Todo el mundo sabe», acaba Churchill, que «ha sido la artillería y aviación alemanas lo que ha decidido esta fase de la guerra. Por la ayuda extranjera y principalmente por esa ayuda, el general Franco será el vencedor».

El 30 de diciembre de 1938 se pregunta: «¿No es hora ya de que haya paz en España? ¿Por qué los ideales de religión y monarquía han de ser incompatibles con los gritos de libertad y democracia? Aquí en nuestra isla van de la mano, ¿por qué no en España? Este es el momento, cuando el frente está paralizado por el invierno. Ahora, antes que los tremendos antagonismos europeos oscurezcan la situación».

El 23 febrero 1939 reconoce que Francia no dejó comprar armas a los republicanos, en tanto que los nazis y fascistas se las daban a Franco. Pide el adiós a las armas: «Todos deseamos un rápido arreglo en España. Es muy importante que no se apliquen crueles represalias a los vencidos. Los intereses del Imperio Británico son idénticos que los españoles. La paz en España, la prosperidad española, la independencia española, nos interesa».

En este artículo final sobre la Guerra Civil, Churchill maneja una prosa espléndida, digna de su maestro Gibbon: «Un odio virulento, nacido de tensiones sociales, creció durante una generación en España. El vehículo del debate parlamentario no pudo soportar esa carga y se rompió. Una sociedad movida por la ira sólo puede expresarse por la guerra. Ya la ha tenido. Han aparecido nuevas estructuras de vida nacional erigidas sobre sangre, sudor y lágrimas (blood, sweat and tears) que deben aunarse. Es el momento de parar».

Como observará el lector interesado en la Guerra Mundial, esto lo escribe el 23 febrero del 39, mientras que su famoso discurso es de 13 mayo 1940, allí lo formuló en primera persona: «No tengo nada que ofrecer excepto sangre, fatiga, lágrimas y sudor», ¿Por qué se cita siempre como sangre, sudor y lágrimas? Es lo que escribió pensando en España.

Luis Racionero fue director de la Biblioteca Nacional y del Colegio de España en París. Su último libro publicado es Sobrevivir a un gran amor seis veces.

© Mundinteractivos, S.A.

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Febrero 22nd, 2010 at 8:11 am

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Las ventanas del colegio, de Luis García Montero en El País de Andalucía

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Frente a la mesa en la que escribo hay una ventana. A través de ella veo la lluvia que cae con una disciplina nórdica, más cercana al puritanismo que a la caridad, y las ventanas del colegio Isabel la Católica. Mientras repiten nombres de ríos, minerales o reyes, los niños observan a través de su ventana las obras de demolición del Mercado de Barceló. Las piquetas golpean las paredes, dejan al descubierto las vigas que van cayendo a tierra con una humillación calculada y sucia. Las excavadoras separan los hierros, echan los escombros en los camiones y vuelven a su oficio de derribo. Obreros con cascos amarillos y monos azules cruzan por el descampado y caminan entre las máquinas.

Los niños del colegio Isabel la Católica miran al extraño escritor que los mira a través de su ventana. No sé con exactitud que verán, porque las ventanas imponen destellos imprevisibles que se parecen a un juego de espejos en la memoria. Pero el escritor sí sabe lo que ve cuando interrumpe su trabajo y observa el movimiento de las excavadoras y las miradas de los niños. Es una clase de latín o de literatura, a principios de los años setenta, mientras se construye en Granada el barrio de los Alminares, junto al colegio de los Padres Escolapios. ¿Junto? Mejor decir dentro del colegio, porque los terrenos habían sido antes campos de fútbol, rodeados de huertas, por los que corríamos muchas veces los alumnos para jugar, comprar un bocadillo en el recreo o para huir de una clase.

Las ventanas de un colegio forman parte de su programa educativo. Las asignaturas no sirven de nada si no dan a la calle. Una asignatura es un edificio intelectual con ventanas a la calle. Mis clases de religión o de literatura daban a las excavadoras, al olor de la tierra movida, a los andamios, a los gritos y las miradas de los albañiles. Hay ahora un albañil que me mira desde la Granada de 1970 para ver a un escritor que observa en Madrid a unos niños del siglo XXI. Ellos miran a su vez a los albañiles que derriban un viejo mercado y preparan los cimientos de un edificio junto a su colegio.

Construir el futuro no es más que elegir el pasado que nos acompañará en la vida. El colegio Dulce Nombre de María abrió sus puertas en 1860, hace ahora 150 años. Era un colegio de mucha tradición, pero tuve suerte: poco después de llegar yo se puso en obras de lunes a sábado. Incluyo el sábado, porque cuando no había un partido de fútbol, había una película que ver o un castigo que cumplir. En aquellos 13 años de colegial, y en aquellos tiempos, no podían faltar los fríos en las rodillas, ni la misa a primera hora de la mañana, ni la Formación del Espíritu Nacional, ni la tristeza de unos cuerpos pequeños caminando en fila por pasillos solemnes que no eran de su estatura o de su color. Pero el movimiento de tierras no sólo se daba entonces en los campos vendidos por el colegio.

Por eso no faltó la clase del padre Antonio Díaz en la que un cuento de Clarín me enseñó el significado de la lealtad y de la nostalgia. No faltó la clase de literatura en la que oí el disco de Serrat con poemas de Machado. No faltó el joven maestro Manuel Jerez cuando hizo falta que alguien me regalara un libro de Blas de Otero o me llevara a una representación de teatro independiente. No faltó el ejemplo del padre Mulet, que justificó mi primera huelga de brazos caídos. Y no faltaron los ejercicios espirituales del padre Iniesta, siempre dispuesto a hablarnos de los ricos andaluces y de su muy difícil entrada en el reino de los cielos. ¡Qué sorpresas! Yo tuve suerte con los padres Escolapios, aunque quizá ellos no puedan decir lo mismo de mí.

Mientras escribo, veo a los alumnos del colegio Isabel la Católica observar el trabajo de las hormigoneras y aprender la lección de los andamios.

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Febrero 20th, 2010 at 8:14 am

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El despertar del occidente asturiano, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Será posible que la destitución tan injusta como inexplicable de Pepe el Ferreiro sirva como aldabonazo para que la sociedad asturiana en su conjunto tome conciencia de lo que está sucediendo en el occidente de Asturias y sienta que esta parte de nuestro territorio es algo que a todos nos incumbe y pertenece? ¿Acaso es necesario esgrimir argumentos para convencer a la ciudadanía de que el monasterio de San Salvador de Cornellana y el río Narcea, por poner dos ejemplos entre otros muchos, forman parte no irrelevante del patrimonio común? ¿Acaso se desconoce el estado en que se encuentra el río, cada vez con más vertidos y menos salmones, así como el aspecto ruinoso que presenta un monasterio cuyas partidas económicas para su rehabilitación, parece ser que aprobadas, no acaban de llegar? ¿Acaso se ignora que de unos años a esta parte las agresiones medioambientales están aquí a la orden del día? Y, lo que es más importante, ¿tan difícil es caer en la cuenta de que la defensa del patrimonio cultural y paisajístico de estas comarcas tiene que ser llevada a cabo por el conjunto de Asturias, pues de no ser así los destrozos serán tan irreversibles como irrecuperables?

Se permiten el lujo de alarmar a todo el suroccidente de Asturias con unos planes para el Hospital de Cangas del Narcea que abren interrogantes más que serios sobre su futuro. Nadie pone freno a una invasión de parques eólicos que llevó a algún Alcalde a alzar la voz en contra. Las infraestructuras en marcha sufren retrasos continuos y, quizás, el caso más sangrante de todos es el tramo Grao-Doriga de la autovía de la Espina, cuyo enlace no sólo está sin hacer, es que ni siquiera se sabe por dónde se va a habilitar, y eso que el candidato in péctore del PSOE al Gobierno de Asturias aseguró en diciembre en Cangas del Narcea que estaría listo en abril. Se trata del tramo que evitaría la Cabruñana. Mal empieza, don Javier, con sus promesas por estos lares.

Me llamó mucho la atención que el actual alcalde de Grandas de Salime, uno de los principales artífices de la destitución del Ferreiro, dijese que la gente que se concentró en Grandas tras esa tremenda cacicada era en su mayor parte foránea. ¡Cráneo privilegiado el de este buen señor, que diría el personaje valleinclanesco! Pero ¿es que hace falta ser un genio para llegar a la conclusión de que el Museo Etnográfico de Grandas es patrimonio común de toda Asturias? ¡Cráneo privilegiado el de este señor, que afirmó que ningún empleado debe criticar a su empresa! Es decir, que hay alcaldes y politiquillos que piensan que son incuestionables, que no admiten la crítica y que además consideran, a lo que se ve, que los ayuntamientos no son una institución de la ciudadanía, sino su propio cortijo. ¡Toma socialismo! ¡Toma democracia!

Lo que acaba de hacerse contra Naveiras es atacar a alguien que plasma uno de los valores más importantes en el sentir y en el pensar de esta tierra. Se trata de ensañarse contra un ciudadano que representa lo que en estos lares se conoce como ser un Paisano con mayúscula. Y eso sí que es imperdonable, hasta para los más dóciles.

Tras enormes embestidas al paisaje, alguna de las cuales no culminó, como la de Salave, por la oposición ciudadana, o como las pretensiones de minas a cielo abierto en Tineo por parte de don Victorino Alonso, que fueron frenadas el año pasado por el coraje de su alcalde, culminaron sus agresiones contra el paisanaje en la persona de Pepe el Ferreiro.

Algo se está moviendo en el occidente de Asturias para que 128 profesores de la Universidad de Oviedo estampen su firma pidiendo la readmisión de Pepe el Ferreiro al frente del museo de Grandas. Y algo, mucho, tendrá que moverse para que el tesoro paisajístico de estas comarcas del occidente asturiano deje de estar en venta, a muy bajo precio, además, y eso que nos gobierna la izquierda plural y transformadora.

Esa IU que no sale del Gobierno ni con agua hirviendo, y que, sin embargo, en la persona de doña Laura González, tenga la desfachatez de fotografiarse al lado de Naveiras, aunque, eso sí, su idolatrada hija Noemí no abandone la Consejería de la que es titular. Esos Verdes, también coaligados con Areces, que no se sonrojan por lo acontecido en el valle de Carondio. Esos Verdes que apoyaron a IU en Grado, que en la pasada legislatura aprobó en la localidad Santa Marina la famosa subestación a la que sus vecinos se oponen frontalmente.

En el occidente de Asturias se constata que, para desgracia nuestra, no es la izquierda quien asume la defensa de sus tesoros medioambientales, ni tampoco la puesta en valor de su patrimonio artístico y cultural. En el occidente de Asturias se tiene el pleno convencimiento de que esta batalla por la dignidad que le toca librar a una población envejecida sólo podrá tener posibilidades de éxito cuando Asturias en su conjunto se vea implicada en su devenir.

Resulta desolador que los tesoros paisajísticos y culturales de estas comarcas tengan que defenderse no sólo sin contar con el apoyo de los políticos de la llamada izquierda de siglas, sino también en algunas ocasiones en contra de ellos. Pero, al mismo tiempo, es esperanzador ver que cada vez son más los ciudadanos e instituciones de esta tierra que están dispuestos a luchar para que estas comarcas puedan seguir sobreviviendo a muchas adversidades, entre ellas, las de no pequeña parte de sus políticos.

Reivindico con este artículo el clamor de que el occidente de Asturias también existe y sobrevivirá si todos lo sentimos nuestro, que lo es.

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Febrero 16th, 2010 at 8:04 am

Cartas para el diálogo, de Oriol Pi de Cabanyes en La Vanguardia

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Maurici Serrahima, el abogado y escritor democristiano, y José Luis López Aranguren, hermanados ambos por su militancia en un catolicismo ansioso de aggiornamento, dialogaron abiertamente en pleno franquismo sobre Catalunya y España en una correspondencia de gran interés que Josep Poca da a conocer en el último número de la revista VIA.

Ya en su primera comunicación, el 22 de marzo de 1954, Serrahima, para quien “nuestra aportación ha de estimarse como una parte de una cultura española”, señala a Aranguren que “la tentativa de eliminarnos se ha llevado a fondo. Porque nosotros, en el mundo de la cultura, o seremos catalanes o no seremos nada: no es que no queramos, sino que es algo fatal, superior a nuestra voluntad: sólo podemos perfeccionarnos dentro de nuestro modo de ser, que es este.”

Por su parte, Aranguren escribe a Serrahima el 22 de mayo de 1955: “¿Me creerá si le digo que con quien más me interesa hoy hablar, por escrito y de palabra, pública y privadamente, es con ustedes los catalanes?”. Y a continuación entona lo que él mismo considera un mea culpa:”Tal vez es un afán, apenas consciente, de reparar dos injusticias: en la escasa medida en que puedo, a saber, con abierta comprensión, la injusticia política, la sofocación de la vida cultural catalana, todas estas cosas que ustedes padecen; y no menos, mi propia injusticia, quiero decir, la ignorancia culpable en que los castellanos, incluso los más limpios de prejuicios, hemos vivido respecto a los nobles esfuerzos catalanes. Estamos al día de lo que ocurre en Francia, en Alemania, en Inglaterra e ignoramos todo lo que se refiere a Catalunya. (Así, ¿no es vergonzoso que me cueste más trabajo leer verso catalán que cualquier otro idioma importante?)”.

En esta misma carta Aranguren reclama: “¡Una reforma de nuestra actitud total respecto a Catalunya es lo que necesitamos! No bastan las ´buenas intenciones´”. Y Serrahima, en respuesta de tres días después, exulta: “¡Es tan raro ver comprendido que ser catalanes es nuestro modo de ser españoles y que todo lo que sea privarnos de este ´mod´ sólo puede conducir al desastre!”.

Ha pasado más de medio siglo, han cambiado las circunstancias, pero se han enfriado mucho tanto la mala conciencia como la fe en el hacer pedagogía. La indiferencia es contagiosa.

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Febrero 10th, 2010 at 8:10 am

Del mal metafísico al bien público, de Mario Bunge en SinPerniso

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En su novela El mal metafísico , de 1916, Manuel Gálvez describió la bohemia porteña de principios del siglo pasado. Esos bohemios, algunos de ellos estudiantes crónicos o periodistas a tiempo parcial, eran aspirantes a escritores, pintores o reformadores sociales. Vivían muy pobremente, en pensiones o cuartuchos miserables. Quien me recomendó la novela, un distinguido profesor de robótica, nada bohemio, me contó que medio siglo después vivió en un ambiente semejante en la ciudad de México.

Esos bohemios veinteañeros leían y discutían acaloradamente a Rubén Darío o Paul Verlaine, Kropotkin o Nietzsche, y otros innovadores o iconoclastas. Todos ellos creían tener ideas avanzadas, aunque no pasaban del descontento con el orden social que conocían. Y ninguno de ellos advirtió que Nietzsche era uno de los peores enemigos del progreso social que todos ellos anhelaban, pero ninguno conseguía definir.

Viel, uno de los personajes de la novela, les echa en cara a sus compañeros: “Ustedes, los artistas, los literatos, no tienen razón de ser en este país. Créanme, muchachos; son enfermos, inadaptados, enfermos del mal metafísico, la enfermedad de crear, de soñar, de contemplar”.

Viel opinaba que “este país necesita hombres de acción, trabajadores, economistas?”. El poeta Riga, en cambio, opinaba que los soñadores son indispensables, porque “poblaban el ambiente, fecundaban otras almas, creaban en la atmósfera social y moral del país un pequeño rincón de idealidad”.

Yo apruebo a Riga, porque hay cosas inútiles, tales como la poesía, la cosmología, la arqueología, la matemática y la filosofía, que son la marca de la alta civilización. Y también porque no hay gran empresa sin gran visión.

Los viajes de descubrimiento, en particular los de Colón y Magallanes, fueron alentados por la ambición de “descubrir” mundo. La conquista y la colonización fueron alentadas principalmente por la codicia. En particular, a los Reyes Católicos el Nuevo Mundo sólo les interesó como fuente de dinero para derrochar en sus agresiones a los Países Bajos. Sólo hubo unos pocos misioneros, tales como el franciscano Fray Toribio de Benavente, a quien los indios mexicanos llamaban Motolinia (”el pobrecito”, en náhuatl), que tuvieron la ilusión de convertir a los aborígenes y protegerlos de la brutalidad de conquistadores y encomenderos.

Los colonos que fueron a “poblar” las colonias americanas (como si hubieran estado despobladas) lo hicieron sólo por afán de lucro. Y fueron poquísimos: examinando los Archivos de Indias, Fernand Braudel y sus colaboradores encontraron que en el curso del siglo que siguió al “descubrimiento” del Nuevo Mundo viajaban de España a América solamente unas 1000 personas por año. O sea, menos de un vigésimo de los europeos que emigraron a Hispanoamérica entre 1860 y 1940.

Todos concordamos en que los grandes líderes de la emancipación americana tuvieron una visión original de sus respectivas patrias: las soñaron soberanas y, por lo tanto, capaces de desarrollarse en provecho de sus propios pueblos. Algunos de los patriotas no se proponían más que desmantelar el monopolio europeo sobre el comercio exterior. En cambio, unos pocos, en particular Thomas Jefferson y Simón Bolívar, tuvieron visiones grandiosas: el primero, de una gran nación moderna en un pie de igualdad con los países europeos, y el segundo, la visión de una Hispanoamérica unida.

Los visionarios norteamericanos realizaron su visión, aunque dos décadas después ella quedó obsoleta cuando Francia abolió la esclavitud y la servidumbre, mientras que los plantadores norteamericanos del Sur siguieron explotando a esclavos durante un siglo más.

Pasada la primera década de construcción de lo que se llamó una nueva y gloriosa nación (título de la película que los pibes del barrio mirábamos todos los 25 de mayo), los patriotas iberoamericanos se dedicaron a fusilarse entre sí, a medrar con la injusticia social y a hipotecar su país al extranjero. En cambio, los norteamericanos construyeron una nación moderna con una rapidez pasmosa, y se dividieron en dos recién cuando sus vecinos del Sur empezaban a sofocar las guerras civiles.

No opinaré sobre los grandes visionarios argentinos porque no quiero inmiscuirme en las querellas rosista/sarmientista ni gorila/peronista, que me parecen caducas y, por lo tanto, infructuosas. Me referiré, en cambio, a otro gran país latinoamericano: México, segunda patria de muchos argentinos.

México tuvo más suerte que la Argentina en un respecto y menos en otro. Produjo cuatro grandes líderes -Benito Juárez, Francisco Madero, Emiliano Zapata y Lázaro Cárdenas- que bregaron exitosamente por tres grandes causas: soberanía nacional, reforma agraria y educación moderna y universal. Dos de esos prohombres, Madero y Zapata, fueron asesinados por sicarios al servicio del gran triunvirato que detentaba el poder económico: los terratenientes, la Iglesia Católica (la principal terrateniente del país) y las empresas extranjeras, principalmente americanas, británicas, alemanas y francesas, que habían explotado las riquezas del país durante la larga noche de Porfirio Díaz.

Los gobiernos mexicanos fueron exitosos en la medida en que permanecieron fieles, al menos de palabra, a esa grandiosa visión del indio Juárez. Pero la realización parcial de esta visión costó más de un millón de muertos, sobre todo en la guerra de los llamados cristeros contra los gobiernos reformistas, en la que muchísimos indios tomaron las armas en favor de sus explotadores.

Terminado el sexenio del Tata Lázaro, como los indios solían llamar al General Cárdenas, empezó la ristra de gobiernos del famoso PRI. Aunque éstos no eran reaccionarios, beneficiaban principalmente a los nuevos ricos y a los políticos que esperaban ordeñar al Estado. Desde entonces se acabaron los partidos con grandes proyectos nacionales. Sin embargo, algo quedó, además de la retórica “revolucionaria institucional”: la ayuda estatal a los indigentes y el apoyo a la educación y la cultura.

Obviamente, los ideales no bastan para reformar una organización moderna: también hacen falta conocimientos especiales que sólo pueden obtener las ciencias y técnicas sociales, tales como la sociología, la economía y el derecho. Sólo fuertes dosis de tales conocimientos pueden reemplazar el “mal metafísico”, del que hablaba Manuel Gálvez, por la gestión responsable y eficaz del bien común.

Recordemos dos casos que, aunque muy diferentes, se parecen en que ponen en evidencia la necesidad de construir una visión inteligente del porvenir en lugar de dejarse arrastrar por la corriente o de escuchar los llamados de individuos aquejados de mal metafísico.

El primer caso es el de los autores de las dos revoluciones rusas de 1917. La primera fracasó porque los socialistas de Kerensky no ofrecieron lo que quería la gente: paz y pan. La segunda revolución, encabezada por Lenin, no fue guiada sino por dos objetivos: la paz y el desmantelamiento del orden semifeudal. Los bolcheviques no tenían una visión de la nueva sociedad porque creían que ella vendría espontáneamente. Siguiendo a Marx y Engels, creían que planear el futuro era sueño utópico.

Los dirigentes soviéticos tardaron un decenio en elaborar y poner en práctica los Planes Quinquenales que transformaron a una sociedad atrasada en una potencia moderna. Pero su visión estrechamente economista les impidió ver que la gente necesita mucho más que fábricas, centrales eléctricas y escuelas modernas. Todos sabemos lo que costó la estrechez de la visión comunista.

Mi segundo ejemplo es el del socialismo argentino de antes. Hace exactamente un siglo el neurocirujano Juan B. Justo publicó un libro notable, en el que exponía una visión moderna basada sobre las investigaciones sociológicas del propio autor: Teoría y práctica de la historia . El Maestro Justo, como solían llamarlo sus compañeros, no padecía del “mal metafísico”: no soñó utopías, sino que estudió la realidad que tenía a su alcance y propuso maneras prácticas de mejorarla, tales como cooperación, educación laica y, sobre todo, sufragio universal. El Partido Socialista argentino se autodenominaba “el partido del sufragio universal”, no “el partido de la justicia social.”

La visión de Justo no se llevó a la práctica. Unos culparán al escaso desarrollo industrial; otros, a la Sociedad Rural; otros más, a la Unión Industrial Argentina, y casi todos al imperialismo inglés. Yo creo que la culpa fue de todos esos factores, así como del propio Partido Socialista, que se conformó con sacar muchos votos en la Capital Federal y con controlar a un puñado de sindicatos de la aristocracia trabajadora urbana. Guardó en su ropero la bandera de la justicia social.

En cambio, el general Perón tuvo una visión mucho más amplia y audaz, robó la bandera de la justicia social, fue más astuto, no tuvo escrúpulos, y gozó del apoyo de las Fuerzas Armadas y de… Pero ya metí la pata donde me había propuesto no meterla. Termino, pues, antes de que los gorilas y chimpancés despedacen a este mono Tití.

¿Usted se siente cómodo en la mediocridad y teme a quienes prometen o amenazan cambios? Apoye a los partidos sin otro programa que ganar las elecciones, o que padecen del “mal metafísico”, o sea, el macaneo y la verborragia.

¿Usted anhela el progreso de la patria? Apoye a los partidos con una visión clara y fundada, que incluya menos pobreza y mayor riqueza cultural. Aunque para poder identificar a tales partidos, usted mismo tendrá que esbozar una visión promisoria. Pero, puesto que no lo logrará por sí solo, tendrá que juntarse con otros en un centro de estudios de la realidad a algún nivel: vecinal, provincial, o nacional. Primero conocer, luego programar y, finalmente, actuar.

Mario Bunge es el más importante e internacionalmente reconocido filósofo hispanoamericano del siglo XX. Físico y filósofo de saberes enciclopédicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democrático y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras críticas de las pretensiones pseudocientíficas de la teoría económica neoclásica ortodoxa y del psicoanálisis “charlacanista”.

La Nación, 2 febrero 2010

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Febrero 8th, 2010 at 8:04 am

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Evitar los derribos, de Francisco Balaguer Callejón en Público

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La impugnación por el presidente del Gobierno del decreto-ley valenciano sobre el Cabanyal debería ser suficiente para evitar que se produzcan nuevos derribos en ese barrio. Por un lado, la impugnación, con invocación expresa del art. 161.2 de la Constitución (CE), provocará la suspensión automática de la disposición autonómica, con lo que esta no se podrá invocar para avalar futuras actuaciones para la destrucción del barrio. Por otro lado, si bien el Tribunal Constitucional (TC) puede levantar la suspensión, no parece que esto vaya a ocurrir si aplica su propia doctrina. En el ATC 336/2005, de 15 de septiembre –mencionado por el Consejo de Estado en su Dictamen 60/2010– el TC apreciaba, para mantener la suspensión de una disposición autonómica impugnada, “un perjuicio actual y directo al interés general que resultaría del bloqueo de las competencias estatales”.

Es justamente el bloqueo de las competencias estatales para la defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación y la expoliación (art. 149.1.28ª CE) lo que pretende el decreto-ley. De título involuntariamente irónico (“de medidas de protección y revitalización del conjunto histórico de la ciudad de Valencia”), el Decreto-Ley 1/2010, de 7 de enero, del Consell, está orientado a impedir la aplicación de la Orden CUL/3631/2009, de 29 de diciembre, por la que se resuelve el procedimiento por expoliación del conjunto histórico del Cabanyal. Esa orientación es manifiesta en su art. 3 cuando, al habilitar los actos de ejecución (léase “derribo”), especifica: “Sin que tales actos de ejecución puedan verse menoscabados de cualquier modo por los actos o acuerdos de otras Administraciones Públicas”.

Si la suspensión de los derribos parece asegurada hasta que el TC se pronuncie sobre el fondo, también parece claro que, en el conflicto jurídico planteado, es al Estado a quien le asiste la razón, toda vez que los pronunciamientos judiciales realizados hasta ahora se han mantenido en los términos de un juicio de legalidad ordinaria y lo que ahora se está discutiendo es si el Estado puede hacer valer sus competencias constitucionales para evitar la expoliación del patrimonio cultural. A esta cuestión central se unen otras deficiencias formales del decreto-ley como la de inexistencia de extraordinaria y urgente necesidad (art. 44.4 del Estatuto de la Comunidad Valenciana). Sin embargo, lo que tiene mayor relevancia es la indubitada competencia estatal y el hecho de que el Consell, en lugar de impugnar la Orden del Ministerio de Cultura, que es lo que debía de haber hecho si no estaba de acuerdo con su contenido, ha procedido, de manera ilegítima, a intentar impedir su aplicación por medio de este peculiar decreto-ley.

¿Debería tranquilizar todo esto a las personas que se han manifestado en contra de los derribos? Claramente no: el destino del Cabanyal sigue estando en peligro porque hay intereses muy poderosos que van a permanecer siempre activos. A medio y largo plazo, la movilización ciudadana es la única esperanza de salvación del barrio.

Francisco Balaguer Callejón. Catedrático de Derecho Constitucional.

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Febrero 4th, 2010 at 8:08 am

Trastos viejos, de Alberto Marcos Vallaure en La Nueva España

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El autor, miembro de la Asociación de Amigos del Museo de Grandas, califica la destitución de «sevicia totalmente gratuita»

En estos días los responsables del Gobierno de Asturias han destituido inopinada y fulminantemente a José Naveiras Escanlar, en adelante Pepe el Ferreiro, como director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime. En una Asturias instalada en una crisis permanente al menos desde comienzos de los años 70 del pasado siglo, muchos consideramos el nacimiento y desarrollo del Museo Etnográfico de Grandas de Salime como un referente, como un símbolo de la recuperación ética de Asturias. Por ello considero que la destitución de Pepe el Ferreiro, que conlleva la masacre de una labor de cuarenta años dedicados a la recuperación del patrimonio cultural del occidente de Asturias, representa mucho más que un simple acto administrativo. No es un suceso baladí, no es algo que muchos vayamos a olvidar fácilmente, porque la patada al Ferreiro la hemos sentido en las posaderas miles de asturianos.

No vamos a olvidarlo los que tuvimos el honor de asistir en 1984 al primer acto de esta tragedia, a la inauguración del museo en los bajos del Ayuntamiento de Grandas de Salime («o museo dos tres cuartois»), seguir luego su recorrido hasta la casa rectoral de Grandas y ser testigos de su desarrollo. A lo largo de veinticinco años, mejor sería decir de doscientas diecinueve mil horas, una tras otra, Pepe el Ferreiro dedicó los mejores años de su vida a gatear y revolver por desvanes y cuadras abandonadas, recuperando y atesorando pacientemente los trastos viejos que ahora miramos con asombro en el museo; muchos vecinos fueron conscientes de la importancia de su labor y poco a poco fueron también allegando útiles de sus antepasados o pidiendo que pasara por sus casas para recogerlos. Como un campesino más, amplió con sus propias manos las dependencias del museo, alternando la labor de ferreiro con la de albañil, pintor o carpinteiro. Parece ser que veinticinco inviernos en Grandas dan para mucho. El resultado de su labor está hoy a la vista de todos, en cada una de las dependencias del museo, en la rectoral, en la casoa, en cada una de las salas (escuela, lareira, bar tienda, bodega…), en el molino, en la capilla, en el hórreo… Al salir, sobrecoge pensar en la ingente labor realizada por un hombre solo, aislado en una pequeña villa en los confines de Asturias y con unos presupuestos precarios.

Pero hay más. Cuando a juicio de muchos había conseguido todo, me consta que él pensaba que no había conseguido nada de nada. Siempre miraba y miraba con tristeza los viejos ingenios, las viejas máquinas paradas, el carro sin bueyes, la cuadra sin vacas, el zaguán sin perro, la lareira sin brasas… Su «museo imaginado» era un museo vivo, con su campo de lino, tornos de filar y telares en producción; un huerto con nabizas, el molino traqueteando; la fragua con el barquín resoplando y un ferreiro esculpiendo los clavos necesarios para las reparaciones; el galocheiro puliendo sus piezas… tantas y tantas cosas, tantas y tantas tareas que la relación sería inacabable. Un sueño, sí, pero un sueño posible, un sueño que puede verse realizado hoy en más de una localidad, principalmente al otro lado de los Pirineos. Un sueño que podría lograr el milagro de revitalizar toda una comarca moribunda. Así se puede comprender bien por qué cada pieza, cada artefacto, fue amorosamente restaurado, para funcionar, para que pudiese cumplir algún día la misión para la que fue concebido.

Señoras y señores, por favor, vayan desalojando que la función toca a su fin. Los actuales responsables de la vida política de Asturias acaban de destituir fulminantemente al director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, a su factótum, a Pepe el Ferreiro. Sin la menor delicadeza, sin el más mínimo agradecimiento por la labor realizada, de un modo totalmente impropio de cualquier sociedad civilizada. A menos de dos años de su jubilación, justo en el momento de organizar una transición razonable; una destitución adobada con una sevicia totalmente gratuita. Es más, al día siguiente de ella le prohíben el acceso a las dependencias del museo para recoger sus objetos personales; una medida cautelar seguramente motivada por el celo que derrochan en la conservación del patrimonio cultural y natural de los asturianos. En una de sus primeras declaraciones, Pepe el Ferreiro manifestaba en respuesta a una periodista que el museo no corría ningún peligro, que estaba por encima de él y que era patrimonio de los asturianos, ¿acaso temen que quien esto manifiesta vaya a expoliarlo?

Según parece, la destitución de Pepe el Ferreiro por los responsables del Gobierno de Asturias se sustenta en una gestión deficiente del museo, dejando además entrever supuestas irregularidades financieras. Sin embargo, se diga lo que se diga, los resultados de la gestión realizada son patentes, son hechos, no vana palabrería. Vamos a ver, señorías, ¿por qué no se animan y van con calma a recorrer el museo?, ¿les parece a ustedes que su situación actual es de dejación?, ¿podrían calificar su estado de «horizontal y plano» como ha tenido la desfachatez de hacer cierto responsable político? Desde luego, no es el sueño del Ferreiro, pero a mi juicio el Museo Etnográfico de Grandas de Salime está muy por encima y más vivo que la mayor parte de los museos que existen en Asturias. Por otro lado, seamos serios, ¿de que irregularidades estamos hablando?, ¿se ha instalado en Grandas la camorra bajo los auspicios de Pepe el Ferreiro? Visiten sus palacios, vean ustedes mismos su abultado patrimonio. Créanme si les digo que Pepe el Ferreiro ha multiplicado por cien con sus solas manos cada uno de los euros entregados por el Gobierno de Asturias al Museo de Grandas. Tengo para mí que nuestros dirigentes, si ven algo, que ya lo dudo, es la paja en el ojo ajeno y no la trabe en el propio, porque ¿ha sido más deficiente la gestión del Museo de Grandas, son más graves las irregularidades allí cometidas, que las que nos traslada la prensa un día sí y otro también en relación con algunas de las obras y performances faraónicos que se ejecutan hoy en Asturias? Si no es así, extraña comprobar que el rodar de cabezas no resulte ensordecedor.

Pepe el Ferreiro ha recibido de parte del Gobierno del Principado el mismo trato que mantenía arrinconados los trastos viejos que con tanto amor fue atesorando. Es oportuno al respecto recordar aquellas palabras de Julio Caro Baroja: «¡Cómo va a conservar esta tendencia triunfante pobres artefactos viejos e inútiles si destroza ermitas, palacios o barrios enteros de belleza y lujo!». Ahora esta «tendencia triunfante» también es capaz de intentar destrozar una vida.

Para terminar, me gustaría recordar a Pepe el Ferreiro una frase de Isaac Díaz Pardo, vecino nuestro de Galicia, gran luchador contra la desmemoria, como él mismo, y que está recibiendo en pago de una vida dedicada al progreso de su pueblo una gratificación semejante a la suya: «Quando os anos me vençan já, descompousto tudo e farto de facer tudo o que faço, non se o qué farei? estou já tam afeito a perder que nom sei qué facer se um dia ganho».

Pepe, ¡haxa saúde!

ALBERTO MARCOS VALLAURE ANTIGUO RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO.

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Enero 31st, 2010 at 10:04 am

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