Archive for the ‘Defensa’ Category
Los militares aguardan a Moren茅s, de Mariano Casado en El Pa铆s
TRIBUNA
Los profesionales de las FF AA necesitan resolver los problemas de su vida laboral
Desde que Pedro Moren茅s tom贸 posesi贸n como ministro de Defensa se observa c贸mo de manera reiterada 茅l mismo, mandos militares en activo y algunos que ya est谩n retirados hacen continuas referencias a la disciplina, la jerarqu铆a y la unidad de nuestras Fuerzas Armadas. En principio, parecer铆a adecuado hacerlo, aun a pesar de que son valores instrumentales que nadie, absolutamente nadie, pone en cuesti贸n entre los militares. Por ello, este pertinaz abuso de su cita puede significar que pretendan que se olvide la existencia de problemas graves en el seno de los ej茅rcitos. Parece que abusan de esos valores instrumentales como cortina de humo para evitar hablar de lo que verdaderamente preocupa a los miles de hombres y mujeres de sirven a su patria a trav茅s de su trabajo en las Fuerzas Armadas. Podr铆a decirse adem谩s que con esta excusa se pretender铆a evitar el cumplimiento de las leyes y los mandatos que la soberan铆a popular ha dado al poder ejecutivo.
En todo caso, los retos que tiene el ministro en el campo de la pol铆tica de personal no son pocos. Algunos ya fueron identificados en el programa electoral de Mariano Rajoy, hoy presidente del Gobierno de Espa帽a, y lo fueron para ser cumplidos. El primero de esos retos-compromisos era la revisi贸n de la Ley de la Carrera Militar, en base al mandato de la Ley de Derechos y Deberes, introducido en su texto final con la presi贸n parlamentaria del Grupo Popular en el Congreso. Ahora parece que todo aquello puede resolverse desde la mera gesti贸n; tesis, por cierto, sostenida por el equipo de Carmen Chac贸n. Cuestiones como los ascensos, destinos, promoci贸n profesional, renovaci贸n de un contrato, en definitiva, aspectos ligados directamente a la vida laboral del militar y a su estabilidad en el puesto de trabajo, sobre los que existe un consenso generalizado de su equivocado dise帽o normativo, no pueden ser resueltas desde la mera gesti贸n si no se cambia la ley que las regula. La gesti贸n, al menos en las Administraciones p煤blicas, viene regida por el principio de legalidad, por normas jur铆dicas contra las que solo por v铆a de recurso o por modificaci贸n legal se puede actuar.
Si las normas hasta ahora vigentes han generado la mayor cantidad de litigios conocida en el seno de las Fuerzas Armadas y han motivado la generaci贸n de un mandato legislativo para su reforma, no cabe otra manera de afrontar el problema que cumplir la ley y el compromiso electoral y hacerlo en el plazo legal, que expira el 1 de abril de este a帽o.
Adem谩s de lo anterior, el ministro debe afrontar el necesario reforzamiento de estructuras centrales y 煤nicas en materias de personal, para de esta manera cumplir con el compromiso electoral de 鈥渦na Administraci贸n, una competencia鈥, al que 茅l mismo hizo menci贸n en su comparecencia parlamentaria el pasado d铆a 26 de enero. Con este objeto, debe dar instrucciones para que las competencias del propio ministerio en personal sean ejercidas plenamente, tanto en aspectos de coordinaci贸n como de control. No es posible 鈥攜, sin embargo, est谩 ocurriendo鈥 que cada ej茅rcito regule a su manera cuestiones que deben ser comunes para todos los militares.
Lo que est谩 sucediendo en los procesos de calificaci贸n profesional (IPEC) no puede continuar. 驴C贸mo es posible que se regulen de manera distinta, incluso contradictoria, en el Ej茅rcito de Tierra, en la Armada y en el Ej茅rcito del Aire y que, en algunos casos, cada a帽o cambien las pautas de elaboraci贸n, siendo como son la piedra angular para la carrera profesional del militar? El ejemplo paradigm谩tico es la situaci贸n de los suboficiales y los soldados y marineros, precisamente los que soportan la inmensa mayor铆a de los requerimientos operativos de nuestras Fuerzas Armadas. 驴No afecta a la disciplina y unidad de las Fuerzas Armadas esta situaci贸n tan ca贸tica?
No menos importante es aclarar las consecuencias que la crisis econ贸mica pudiera tener en el cierre o supresi贸n de unidades. Todo ello afecta a los militares y a sus familias. No tiene sentido mantener los cierres y/o supresiones de cuarteles en marcha si tuvieran que realizarse otros en un futuro inmediato, con car谩cter general y m谩s amplio, que podr铆an afectar a aquellos militares que ya han tenido que desplazar a su familia, con todo lo que ello conlleva. El compromiso electoral de poner a las familias de los militares entre las prioridades de la acci贸n de gobierno demanda prudencia y certeza, sobre todo en la movilidad geogr谩fica y en lo relativo a la carrera profesional.
Son retos importantes para los que el ministro debe escuchar a los militares a trav茅s del privilegiado instrumento que son las asociaciones profesionales de miembros de las Fuerzas Armadas y constituir en plazo el Observatorio de la Vida Militar. Esperemos que as铆 sea.
Mariano Casado es secretario general de la Asociaci贸n Unificada de Militares Espa帽oles.
鈥楥openhaguen鈥 en Ir谩n, de Luis Racionero en La Vanguardia
Hace unos a帽os asist铆 en Londres a la obra teatral Copenhaguen, basada en la visita del f铆sico nuclear Werner Heisenberg al padre del modelo at贸mico Niels Bohr, durante la Segunda Guerra mundial. El tema de su conversaci贸n no era balad铆, pues se trataba de dilucidar si los alemanes ten铆an la bomba at贸mica o, si no, cu谩ndo pod铆an conseguirla. Luego Bohr pasar铆a esa informaci贸n a los aliados.
Lo recuerdo porque ahora estamos en las mismas: 驴tienen los iran铆es bomba nuclear o todav铆a no han llegado? Y, si no, 驴en qu茅 estadio est谩n? El tema preocupa, y con raz贸n, a Israel, que podr铆a sufrir las consecuencias de un misil nuclear en primera l铆nea. Preocupa a Espa帽a porque el 14% de nuestro petr贸leo viene de ah铆, y preocupa a la comunidad internacional por la posibilidad de una guerra, que contra Ir谩n no ser铆a un paseo como Iraq.
Pero volvamos al teatro: Heisenberg, un apuesto y brillante f铆sico, autor del Principio de Indeterminaci贸n, que no de incertidumbre, y de la mec谩nica cu谩ntica matricial, visita a su mentor y amigo Bohr, el patriarca de los congresos de Solvay donde se reun铆an los f铆sicos at贸micos antes de la guerra, para intercambiar libremente sus descubrimientos sobre el 谩tomo. Bohr propuso la estructura del 谩tomo como un sistema solar en miniatura, con el prot贸n y neutr贸n en el sol y los electrones girando entorno al n煤cleo como los planetas del sistema solar. Los ingleses Ruthford y J.J. Thompson hab铆an abierto el camino hacia la averiguaci贸n de la estructura at贸mica y Bohr le dio su forma m谩s intuitiva.
Lo de Heisenberg fue mucho m谩s abstracto con su c谩lculo matricial y su hip贸tesis de que la observaci贸n modifica lo observado, lo cual fue el golpe de gracia o de muerte, si se quiere, a la objetividad cient铆fica, ya que si el sujeto observador modifica lo observado, no hay separaci贸n mecanicista, sino interrelaci贸n cu谩ntica.
Cuando estall贸 la Segunda Guerra, la suerte estaba ya echada sobre la bomba at贸mica: la idiocia racista antisemita de Hitler hab铆a empujado al exilio a los mejores cient铆ficos alemanes, austriacos e incluso el italiano Enrico Fermi, inventor de la pila at贸mica y autor material, con Openheimer y tutti cuanti, de la bomba at贸mica americana.
Los aliados quer铆an saber c贸mo estaba la investigaci贸n y fabricaci贸n de la bomba at贸mica en Alemania y el que mejor pod铆a saberlo era Heisenberg que, junto a Von Weiszaker, fue uno de los pocos grandes f铆sicos at贸micos que no abandonaron Alemania. 驴Qu茅 le cont贸 a Bohr en su fat铆dico encuentro de Copenhague? No se sabe a ciencia cierta y la obra de teatro tampoco se compromete, pero creo, por algo que he sabido luego, que no debi贸 ser expl铆cito.
Cuando los aliados entraron en Alemania, hicieron prisioneros a los mejores f铆sicos nucleares que quedaban all铆 y los detuvieron en Farm Hall, un manor del dieciocho cerca de Cambridge. Pues bien, esa casa fue adquirida por Marcial Echenique, profesor de urbanismo en Cambridge y buen amigo m铆o, que me consigui贸 una by-fellowship para pasar un curso en Churchill College. En ese a帽o visit茅 asiduamente Farm Hall y Marcial me mostr贸 los restos del cableado que el MI5 hab铆a montado en la casa para escuchar las conversaciones de los f铆sicos alemanes prisioneros y asegurarse de si Hitler ten铆a la bomba at贸mica o no. Fue que no, pues est谩n grabadas las reacciones de asombro de Heisenberg y Otto Hann cuando oyeron la noticia de Hiroshima.
Se puede especular si Heisenberg no construy贸 la bomba porque, siendo un caballero y un humanista, no quiso poner ese arma en manos de Hitler, o si fue por falta de materias estrat茅gicas para su fabricaci贸n o porque el propio Hitler estaba m谩s volcado con los cohetes V-2 que en la energ铆a at贸mica. Sea como fuere, los exiliados alemanes jud铆os, dirigidos por Openheimer y ayudados por genios como Einstein, Von Newman, Fermi, Sziland y el nutrido equipo de Los 脕lamos, fabricaron la bomba at贸mica y cambiaron el curso de la guerra.
Ahora Israel no quiere asumir riesgos y adopta una estrategia de terrorismo preventivo, liquidando cient铆ficos nucleares iran铆es, que no deben ser tantos. El procedimiento es condenable, pero comprensible como mal menor. Si Persia les ataca con cabezas nucleares, el holocausto ser铆a tremendo. Y Persia no es Iraq, donde nadie se podr铆a creer que la tecnolog铆a estuviera al nivel de crear armas de destrucci贸n masiva. Lo que fue una mentira de los neocon para desatar la guerra, en el caso de Ir谩n no es tan evidente, pues su tecnolog铆a est谩 mucho m谩s avanzada y podr铆an llegar a crear cabezas at贸micas.
Israel les ha aplicado a los persas la t谩ctica inventada por el persa Hasan Sabah, jefe de la secta de los Hashisins, que asesinaban 鈥揹e ah铆 vino ese nombre en Europa鈥 de modo puntual a personajes claves de Oriente Medio en el siglo XII. Ahora nadie quiere una guerra pero, como dec铆a Kavafis, podr铆a ser una soluci贸n despu茅s de todo, vista la magnitud y persistencia de la crisis. Dios, ni Al谩, no lo quieran.
驴Qu茅 hacemos en Afganist谩n?, de Miguel 脕ngel Aguilar en El Pa铆s
El ministro de Defensa, Pedro Moren茅s, acaba de cumplir con la obligaci贸n de visitar al contingente militar destacado en la base de apoyo avanzado de Herat y en la base principal de Qala-i-Naw en Afganist谩n. Cuenta el enviado especial del diario EL PA脥S, Miguel Gonz谩lez, que el ministro ha evitado con sumo cuidado las palabras guerra o combate, cuya omisi贸n por parte del Gobierno de Zapatero tanto reprobaba el Partido Popular hasta ayer, cuando estaba en la oposici贸n. Entonces los portavoces populares reclamaban que se llamara a las cosas por su nombre y que se huyera de eufemismos como los empleados por la ministra Carme Chac贸n para quien, como mucho, nuestros soldados se limitaban a actuar en un “escenario b茅lico”. Sucede que cuando se tienen responsabilidades se impone el m谩ximo cuidado en el uso de determinadas palabras o expresiones porque las carga el diablo.
As铆 que el nuevo ministro en las alocuciones pronunciadas en cada una de las bases, despu茅s de ponderar la contribuci贸n de los militares al papel de Espa帽a en el orden internacional y a su imagen en el mundo, que son dos abstracciones con escasa incidencia, se ha referido al servicio activo y directo que prestan a la seguridad de sus compatriotas. Es decir, que ha querido llevarles al terreno de los soldados implicados en la causa de los suyos, tan distinto del de los mercenarios, solo atentos al montante y puntualidad de la paga, 煤nica explicaci贸n de su presencia en lugares tan lejanos. Esta diferencia entre los soldados por la patria y por la paga, entre los nativos que luchan por los suyos y por lo suyo y los soldados de fortuna es b谩sica para explicar el comportamiento y aparece ya con toda nitidez en la narraci贸n de La An谩basis, donde Jenofonte, que escribe el siglo IV antes de Cristo, da cuenta de la retirada de los diez mil.
Nuestro autor deja numerosas referencias de un deber castrense de obligado cumplimiento como es el de honrar a los muertos, y de ah铆 el cuidado en la recuperaci贸n y entierro de los cad谩veres que ha dejado la batalla en las propias filas. En las arengas de Jenofonte hay una insistencia permanente en identificar valent铆a con victoria y salvaci贸n, mientras se asigna a los cobardes la perdici贸n. Porque para arriesgar la vida en la batalla es preciso llenar la muerte de sentido. Por eso se tributan honores m谩ximos a los muertos. Esos principios del patriotismo de proximidad, que Horacio sintetizar铆a despu茅s en el dulce et decorum est pro patria mori, dejan de ser activos en las aventuras expedicionarias que atraen a los mercenarios. Por eso, cuando la voluntad de los expedicionarios flaquea al arreciar las dificultades, es preciso gan谩rselos de nuevo con el incremento de la paga, y cuando esta se retrasa o no llega los mercenarios se dan al pillaje y a los abusos que les indisponen con la poblaci贸n. Recordemos las guerras de Flandes y el saco de Amberes. Por ah铆 llegar铆a Cicer贸n a concluir que el dinero es el nervio de la guerra.
Que tengamos el deber inexcusable de respaldar a quienes forman nuestro contingente en Afganist谩n y act煤an all铆 cumpliendo las 贸rdenes del Gobierno, en absoluto nos excusa de reconsiderar cuantas veces sea necesario el sentido de la misi贸n que tienen encomendada. Por eso es preciso responder las preguntas de Afganist谩n, 驴para qu茅? (v茅ase EL PA脥S del 2 de septiembre de 2008) y Afganist谩n, 驴hasta cu谩ndo? (v茅ase EL PA脥S del 11 de noviembre de 2008). Sabemos que la decisi贸n de incrementar las fuerzas espa帽olas all铆 se adopt贸 por el Gobierno socialista como compensaci贸n a la s煤bita retirada de Irak, emprendida en marzo de 2004, nada m谩s acceder a La Moncloa el presidente Jos茅 Lu铆s Rodr铆guez Zapatero. En un momento dado, hubo que ofrecer a nuestro gran aliado de Washington pruebas de fiabilidad y como la guerra de Afganist谩n ten铆a las bendiciones de Naciones Unidas, all铆 fueron los nuestros a煤n en mayor n煤mero.
Pero el contingente de los Pa铆ses Bajos se ha retirado sin erosionar las relaciones con Estados Unidos y aqu铆 hemos ofrecido la base naval de Rota para esa fantasmagor铆a del escudo antimisiles. As铆 que se impone una reflexi贸n pol铆tica, econ贸mica y militar para evaluar qu茅 sentido pueda tener todav铆a nuestra presencia y fijar la fecha de la retirada. Mientras, habr谩 que pedir el libro de reclamaciones al mando norteamericano a prop贸sito del comportamiento inhumano de los marines que orinan sobre los talibanes muertos en combate. Una degradaci贸n repugnante, porque fotograf铆as y v铆deos ofrecen escenas en las que los soldados posan, como si luego esos testimonios fueran a hacerles acreedores al reconocimiento en sus unidades o al volver a casa.
Pascua Militar del ahorro: el Rey pide a los militares austeridad, de Enric Juliana en La Vanguardia
LA CR脫NICA
La Pascua Militar, celebraci贸n instituida en 1782 por Carlos III con ocasi贸n de la conquista de la isla de Menorca a los ingleses, que con el paso de los a帽os ha venido a simbolizar el estrecho v铆nculo entre la Corona y el ej茅rcito, se celebr贸 ayer en el Palacio Real de Madrid bajo el signo del ahorro.
En un breve discurso en el sal贸n del Trono ante el presidente del Gobierno, los ministros de Defensa e Interior, los responsables del Estado Mayor de la Defensa, representaciones de los tres ej茅rcitos, de la Guardia Civil, de las 贸rdenes militares de San Fernando y San Hermenegildo y de la hermandad de veteranos, el rey Juan Carlos pidi贸 a los integrantes de las fuerzas armadas espa帽olas que administren de la mejor manera posible los recursos asignados, que sean cuidadosos con el material y se esmeren en su mantenimiento. El Rey anim贸 a los presentes a afrontar la actual situaci贸n del pa铆s con “total dedicaci贸n y buen 谩nimo”. Era la primera Pascua Militar de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Y la primera de Pedro Moren茅s como ministro de Defensa, quien sin duda conoc铆a el ritual del d铆a de Reyes, puesto que ejerci贸 de secretario de Estado de Defensa durante la legislatura 1996-2000, bajo el mando del ministro Eduardo Serra.
Moren茅s, hijo de un linaje industrial de Bilbao -descendiente del conde del Asalto-, ubicado desde hace a帽os en Madrid por motivos profesionales y por la amenaza terrorista en el Pa铆s Vasco, ex presidente del selecto Real Club de la Puerta de Hierro, pol铆ticamente independiente y buen conocedor de la industria de armamento, centr贸 tambi茅n su discurso en el ahorro, con una advertencia: “Nunca se escatimar谩n medios para garantizar la seguridad de los miembros de las fuerzas armadas”.
Tras pedirles ahorro, ajuste, entusiasmo y entrega, el Rey record贸 a los militares su deber de “neutralidad pol铆tica y sindical”, al se帽alar como uno de los legados del a帽o anterior la aprobaci贸n de la ley org谩nica de Derechos y Deberes de los Miembros de las Fuerzas Armadas. Era el tercer discurso del Rey en dos semanas. Ninguna palabra, ninguna referencia, ning煤n acento que pudiese ser interpretado como una alusi贸n a asuntos ajenos a la esfera militar. Acompa帽ado de la reina Sof铆a, del pr铆ncipe Felipe y de la princesa Letizia, departi贸 amablemente con Mariano Rajoy.
Moren茅s dej贸 claro que en Defensa se ha producido un nuevo cambio de estilo. Es un ministerio bastante sensible a los estilos. Jos茅 Bono, siempre locuaz, se encari帽贸 del art铆culo 8 de la Constituci贸n, que confiere a las fuerzas armadas la defensa de la integridad territorial de Espa帽a, y lo recordaba en todos los actos castrenses, hasta que en la Pascua Militar del a帽o 2006 el teniente general Jos茅 Mena Aguado, a la saz贸n jefe de la Fuerza Terrestre, con sede en Sevilla, alert贸 de las “graves consecuencias que podr铆a acarrear el Estatut de Catalunya” para la unidad de Espa帽a e invoc贸 el art铆culo octavo. Mena fue arrestado durante ocho d铆as, apartado del cargo y transferido a la reserva. Bono dimiti贸 al cabo de cuatro meses.
Carme Chac贸n fue mucho m谩s prudente en t茅rminos pol铆ticos pero trabaj贸 a fondo la imagen p煤blica. Acab贸 de construir desde Defensa el personaje que ahora compite por la secretar铆a general del PSOE. Moren茅s, cauto, poco hablador, figura asc茅tica, parece el administrador delegado de Defensa. Deber谩 afrontar la cuadratura del c铆rculo: c贸mo gastar menos (y pagar durante los pr贸ximos a帽os la deuda de casi 27.000 millones en nuevo armamento) en el momento en que el repliegue de la doctrina de defensa de Estados Unidos a la zona de Asia conferir谩 a los pa铆ses europeos nuevas e importantes responsabilidades, especialmente en el Mediterr谩neo y el norte de 脕frica.
Hay que reformar la pol铆tica de Defensa, de Pablo Sebasti谩n en Rep煤blica de las ideas
El Rey don Juan Carlos y el nuevo ministro de Defensa, Pedro Moren茅s, han pedido comprensi贸n a las Fuerzas Armadas para asumir el recorte del presupuesto militar durante la celebraci贸n de la llamada 鈥淧ascua Militar鈥 y en presencia de Mariano Rajoy. Lo que nadie ha dicho en ese acto, y hubiera sido la ocasi贸n, es que Espa帽a tiene que redefinir su estrategia de defensa nacional ante la nueva situaci贸n internacional y espa帽ola, que es lo que debi贸 de decir el ministro por encargo de Rajoy, o lo que deber谩 hacer el Gobierno en los pr贸ximos meses. Primero definir y en su caso reducir los objetivos de la defensa nacional y la pol铆tica militar y luego adaptar los presupuestos a la nueva situaci贸n.
Como ha sido la norma habitual del pasado Gobierno de Zapatero la ex ministra de Defensa, Carmen Chac贸n, ha dejado en la ruina el departamento que rigi贸 sin la menor destreza ni conocimiento y no solo de la cuesti贸n militar sino de las cuentas y presupuestos de la Defensa nacional. Entrampada hasta las cejas en compras de armas y tecnolog铆a de combate y embarcada en conflictos que nos son tan ajenos como la guerra de Afganist谩n, o las de L铆bano o de Libia, sin olvidar aquella dram谩tica presencia de Espa帽a en Irak. Y por cierto que sea que las compras de armamentos fueran en los tiempos del ardor guerrero de Aznar nada justifica ahora que en la crisis econ贸mica tanto Bono como Chac贸n no hayan reducido estos gastos o renunciado a las compras o revendido, si hace falta, el material comprometido.
Al fondo de todo esto lo subyace es una mala pol铆tica de defensa nacional, que viene arrastrada desde los tiempos de la guerra fr铆a y de nuestra err贸nea entrada en la OTAN, sin recibir Espa帽a por ello la garant铆a atl谩ntica autom谩tica de defensa de Ceuta y Melilla que son los 煤nicos puntos d茅biles de nuestra defensa nacional. Un pacto con la OTAN 鈥揙rganizaci贸n hoy obsoleta y sin funciones determinadas desde la ca铆da del muro de Berl铆n- que para colmo se superpone con la relaci贸n bilateral de Espa帽a con los Estados Unidos, en un tratado de cooperaci贸n militar heredado de Franco donde tampoco se incluye la defensa de Ceuta y Melilla por parte americana. Por lo que tenemos dos acuerdos o alianzas de corte militar que no nos sirven para nada, y el de la OTAN ni siquiera para haber solucionado el contencioso de Gibraltar que ha sido una base de la Alianza.
Dos acuerdos bilateral y multilateral que, para colmo, nos han metido a los espa帽oles en un total de cuatro guerras, Yugoslavia, Irak, Afganist谩n y Libia, en las que Espa帽a no pintaba nada, ni por nuestros intereses nacionales ni por nuestra parca capacidad econ贸mica y militar, que adem谩s nos han tra铆do serias desgracias en p茅rdidas de vidas de soldados y en la masacre terrorista de Madrid del 11-M, como respuesta de los grupos de Al Queda a la presencia de Espa帽a en el conflicto de Irak. Y que, para colmo y en la despedida de Zapatero y sin control parlamentario alguno, se han ampliado al escudo anti-misiles de los EE.UU. a instalar en Rota, ante el lamentable silencio del Partido Popular. Y siguiendo la tendencia 鈥渇ranquista鈥 de que aqu铆 estamos en materia militar a las 贸rdenes de los Estados Unidos.
Cuando en realidad lo que debe hacer este pa铆s, presuntamente soberano, es revisar a fondo su presupuesto y redefinir objetivos de la Defensa Nacional (Obama lo acaba de hacer reduciendo su presupuesto), de acuerdo con la nueva situaci贸n estrat茅gica de Espa帽a que incluye las revoluciones del norte de 脕frica, y los鈥漞nemigos鈥漷erroristas y cibern茅ticos鈥. Y siguiendo tambi茅n el sentimiento nacional 鈥揼eneralmente pacifista- y las verdaderas necesidades estrat茅gicas y defensivas del pa铆s que se reducen, como hemos dicho a Ceuta y Melilla, cosa para lo que no nos sirven ninguno de los actuales acuerdos que Espa帽a ha firmado con EE.UU. y la OTAN.
Y solo por el聽 鈥渢radicional鈥 sometimiento a Washington (lo que no ocurre en otras naciones como Francia), o por jugar Espa帽a a ser una 鈥済ran potencia internacional鈥, lo que ya ha quedado claro que no somos, a la vista de c贸mo est谩n tanto nuestra econom铆a como nuestras finanzas. De manera que hay que redefinir no solo los objetivos y costes de la Defensa, y reducir las compras militares, sino y sobre todo dise帽ar una nueva pol铆tica de defensa nacional.
Y adem谩s, hay que salir lo antes posible de Afganist谩n y provocar el relevo espa帽ol en L铆bano porque los espa帽oles no estamos para m谩s gastos militares. Ni se entiende que la UE y el FMI nos pidan ajustes fiscales y no nos exijan una reducci贸n del gasto militar y de nuestra presencia en conflictos donde Espa帽a no tiene presente ning煤n inter茅s nacional.
Chac贸n, atenta al futuro, formatea el 煤ltimo 12 de Octubre de Zapatero, de Enric Juliana en La Vanguardia
LA CR脫NICA
La fiesta nacional espa帽ola
El tiempo pol铆tico discurre lentamente en direcci贸n al 20 de noviembre y ayer el cortejo se detuvo en la estaci贸n del 12 de Octubre, fiesta nacional de Espa帽a. Desfile militar con visibles notas de austeridad en la exhibici贸n de ingenios mecanizados, cambio de ubicaci贸n de la tribuna para proteger al presidente del Gobierno de los abucheos y sobria audiencia en el Palacio Real con besamanos abreviado para no fatigar al Rey, reci茅n operado en un pie. Jornada tranquila, jornada de espera, jornada austera, con aires de melancol铆a en la figura de Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero.
El cambio de ubicaci贸n de la tribuna de autoridades evit贸 el bochorno de a帽os anteriores. En el 2004 -primer a帽o del septenio de Zapatero- ya hubo pitidos. Glosados por la prensa opositora, subieron de tono en el 2005. Y as铆 sucesivamente hasta que el a帽o pasado ya se convirtieron en la nota dominante de la fiesta nacional espa帽ola. Una costumbre. Un nuevo deporte madrile帽o. Un episodio galdosiano.
La ministra Carme Chac贸n, mujer siempre tenaz en la defensa de su papel y su territorio, ha querido que el 煤ltimo 12 de Octubre del PSOE renacido no tuviese como colof贸n una bronca monumental en el paseo de la Castellana. Zapatero regresar谩 a Le贸n sin ese mal recuerdo. Zapatero lleva meses trabajando concienzudamente para garantizarse un retiro tranquilo en Le贸n.
Chac贸n ha protegido al presidente, en justa correspondencia por la ayuda que este le sigue prestando con vistas al futuro liderazgo del PSOE. Este a帽o la tribuna de autoridades fue desplazada de la plaza de Lima (estadio Santiago Bernabeu) a la plaza de Neptuno, y se estableci贸 una mayor distancia con el p煤blico. Resultado: una apreciable disminuci贸n del efecto bronca y una mayor y fat铆dica distancia esc茅nica entre los pol铆ticos y la gente del com煤n.
Chac贸n, verdaderamente h谩bil en el manejo de la agenda medi谩tica, no desaprovech贸 en absoluto la jornada. En videoconferencia con las tropas desplazadas al exterior -la videoconferencia es una escenograf铆a electr贸nica que siempre le sienta bien a los telediarios-, la ministra anunci贸 el regreso a casa de los cuatro cazabombarderos F-18 que operaban en la base italiana de Decimomannu (Cerde帽a) dentro de la misi贸n de la OTAN de apoyo a los rebeldes libios. El coronel Gadafi ya ha ca铆do y el pa铆s que contiene la mayor bolsa de hidrocarburos del Mediterr谩neo est谩 entrando en una nueva e incierta fase. Francia y el Reino Unido van a ejercer la tutor铆a del nuevo poder y acaso cedan un cierto espacio de maniobra a Italia, antigua fuerza colonial en la Tripolitania, que en cuesti贸n de semanas tuvo que pasar del apoyo a Gadafi al alineamiento con los rebeldes. En este episodio neocolonial -decisivo para la evoluci贸n del norte de 脕frica-, Espa帽a apenas tiene papel. El Gobierno Zapatero, sin embargo, no pod铆a rechazar la petici贸n francesa y brit谩nica de una simb贸lica ayuda militar. Aunque los aviones espa帽oles no han bombardeado Libia -siempre seg煤n el relato oficial-, han contribuido a dar un formato europeo a una operaci贸n de la que Alemania ha querido estar ausente.
Chac贸n interpret贸 ayer la m谩s preciada partitura del zapaterismo: toc贸 retirada. Chicos, nos vamos a casa. Y adorn贸 la jornada con reiterados mensajes de austeridad y recorte de gasto en los ej茅rcitos. Maestr铆a medi谩tica en v铆speras de una nueva movilizaci贸n del 15-M.
Hace unas semanas, la ministra de Defensa cerraba con el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, la incorporaci贸n de la base de Rota (C谩diz) al nuevo escudo antimisiles de la defensa occidental. Una decisi贸n de gran calado estrat茅gico que restablece la alianza preferencial de Espa帽a con Estados Unidos y modifica el cuadro de relaciones con el Reino Unido (Gibraltar), Marruecos y Francia, sobre el tel贸n de fondo de Ceuta y Melilla. Una jugada de ajedrez que no ha pasado por el Parlamento y en la que Chac贸n ha evitado la foto, ya que en ese cuadro no se tocaba retirada. El retrato se lo hizo Zapatero en el cuartel general de la OTAN en Bruselas, indicando as铆 su deseo de seguir trabajando para que su amiga Carme sea la futura l铆der del PSOE.
En la tribuna de autoridades, Alfredo P茅rez Rubalcaba y Mariano Rajoy departieron durante varios minutos. Asuntos triviales, al parecer. Era visible en ambos el deseo de transmitir tranquilidad y sosiego. En la recepci贸n, Zapatero no quiso hablar con la prensa. Esta vez no. Su esposa, Sonsoles Espinosa, le empujaba suavemente hacia la puerta. Melanc贸lico, el presidente parec铆a compartir los deseos de su se帽ora. Ya nos vamos yendo. Gravedad y tristeza entre los invitados socialistas; prudente preocupaci贸n entre los populares. Saben lo que les espera. Mar铆a Dolores de Cospedal fue la dama m谩s rutilante y sonriente de la jornada.
Seguridad y juego pol铆tico, de Enrique Vega en P煤blico
El pasado 5 de octubre, el presidente del Gobierno anunci贸 que la base naval de Rota acoger谩, probablemente a partir de 2013, coincidiendo con el fin de la 煤ltima pr贸rroga del Convenio de Defensa hispano-estadounidense, ciertos elementos de la 煤ltima versi贸n (versi贸n Administraci贸n Obama) del 鈥渆scudo antimisiles鈥 programado por Estados Unidos y asumido como 鈥渧alor propio鈥 por la OTAN en su 煤ltimo Concepto Estrat茅gico de noviembre de 2010. Un anuncio que ha suscitado, como era previsible, comentarios a favor y en contra. Los partidarios centran sus argumentos en la seguridad que el escudo antimisiles proporcionar谩 a Europa frente a ataques con misiles de gran alcance, ya que este es el objetivo del escudo: detectar e identificar la trayectoria de misiles para poder interceptarlos con otro misil antimisil antes de que llegue a su objetivo (supuestamente en Europa).
Pero, analicemos, 驴qui茅n lanzar铆a esos misiles? Bueno, en primer lugar, podr铆a pensarse en las grandes potencias nucleares que ya disponen de misiles capaces de alcanzar cualquier punto del planeta, Rusia y China, a quienes, sin embargo, se les est谩 asegurando que no se est谩 pensando en ellas. Pero que no por ello dejan de sentirse molestas ante lo que tiene todo el aspecto de ser una incitaci贸n a la carrera de armamentos tipo lanza-coraza (misil-misil contramisil en nuestros d铆as).
En quien se dice que se est谩 pensando es en potencias menores de alguna forma enfrentadas a Occidente y con programas nucleares y misil铆sticos en desarrollo. Ir谩n y Corea del Norte en concreto. Pa铆ses que, efectivamente, podr铆an ser capaces de amenazar con misiles, quiz谩s incluso dotados de cabezas nucleares, a Europa. S铆, efectivamente, pero a largo plazo, quiz谩s dentro de 15 o 20 a帽os. Ahora bien, en temas de seguridad, 驴es 煤til prever a 15 o 20 a帽os? 驴Sirvieron para algo las previsiones a 15 o 20 de los a帽os sesenta y setenta para intuir la ca铆da de la URSS? 驴Sirvieron para algo las previsiones a 15 o 20 a帽os de los a帽os ochenta despu茅s de la ca铆da del muro de Berl铆n? 驴Sirvieron para algo las previsiones a 15 o 20 de los a帽os noventa tras los atentados del 11 de septiembre de 2001? 驴Han servido para algo las previsiones a 15 o 20 a帽os de la primera d茅cada del siglo XXI para entender por qu茅 hay que estar retir谩ndose de Irak y Afganist谩n sin haber alcanzado los objetivos que se pretend铆an? 驴No estaremos, una vez m谩s, preparando una seguridad que no se va a corresponder con las necesidades del futuro? No, no parece convincente que sea la seguridad la que justifique el escudo. En todo caso, solamente lo racionaliza.
Entonces, si no es por seguridad, 驴en funci贸n de qu茅 podemos entenderlo? En funci贸n del juego pol铆tico. Desde el final de la Guerra Fr铆a, Estados Unidos se rige por un principio: que no pueda aparecer en el mundo ninguna potencia o coalici贸n de ellas que pueda retar su hegemon铆a militar. Y uno de sus instrumentos para conseguirlo es la tecnolog铆a, a cuya cabeza ya estaba tras el derrumbamiento de la URSS. Pero no s贸lo hay que seguir en cabeza, sino adem谩s arrastrar a las dem谩s potencias por el camino de la carrera tecnol贸gica (no necesariamente num茅rica) de armamentos, incit谩ndolos permanentemente (por miedo a la excesiva distancia o en nombre de la alianza mutua) a gastar cada vez m谩s y a resolver cada vez m谩s por medios militares todo tipo de crisis. Un paradigma que le dio muy buen resultado frente a la Uni贸n Sovi茅tica, especialmente tras el 贸rdago lanzado por el presidente Reagan con su c茅lebre Guerra de las Galaxias, de la que el escudo antimisiles actual de la Administraci贸n Obama no es sino su continuaci贸n a trav茅s del de la Administraci贸n Bush, con formas y presupuestos cada vez m谩s realistas y, por tanto, con escudos cada vez m谩s factibles.
驴Por qu茅 entonces lo ha asumido tambi茅n la OTAN? Por algo que yo llamar铆a 鈥渆l s铆ndrome del primo de Zumosol鈥, uno de los pilares en los que sigue sustent谩ndose el v铆nculo o alianza trasatl谩ntica entre Estados Unidos y Europa. Ya que las acciones de Estados Unidos para mantener su hegemon铆a militar benefician en t茅rminos generales a los pa铆ses europeos, con la ventaja a帽adida de poder seguir representando el papel de poder blando basado en la influencia y la persuasi贸n, mientras Estados Unidos juega el papel de Marte, m谩s tendente a la acci贸n violenta y al poder duro, dej茅moslo que nos arrastre mientras siga llevando el peso principal, siga apareciendo como el gran imperialista y no nos exija por encima de ciertos l铆mites.
Juntemos estos razonamientos y quiz谩s podamos vislumbrar por qu茅 Espa帽a (pod铆a haber sido otro pa铆s europeo cualquiera) se compromete a contribuir a un escudo sobre el que probablemente no va a tener ninguna capacidad de decisi贸n y en el que ni siquiera va a poder participar a pesar de disponer de cuatro fragatas dotadas del sistema antia茅reo antimisiles Aegis. El mismo del que van a estar dotados los cuatro buques estadounidenses que se van a incorporar a Rota a lo largo de 2013 y 2014.
Enrique Vega. Analista de conflictos y su gesti贸n internacional.
Del 15-M a la bal铆stica intercontinental, de Enric Juliana en La Vanguardia
AN脕LISIS
El final de carrera de Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero es profundamente ir贸nico, a la vez que muy aleccionador. Es un final de novela francesa. Es un remate digno de las Ilusiones perdidas de Balzac. Lucien de Rubempr茅 regresa a su Angulema natal despu茅s de haber escalado Par铆s. Ha conocido el poder y ha acariciado la gloria. Ha enga帽ado a unos y a otros. Ha dejado a muchos de sus amigos por el camino. Ha conocido los engranajes de la pol铆tica burguesa y no ha hallado la manera de controlarlos.
Es imposible controlarlos. El sistema ha podido con 茅l. Apenas ha logrado sobrevivir a los v茅rtigos de una ciudad implacable con el hombre de provincias. “En vez de matarme, he vendido mi vida. Ya no me pertenezco; m谩s que el secretario de un diplom谩tico espa帽ol, soy su criatura”, dice Lucien al final de la novela.
Rodr铆guez Zapatero regresa a su ciudad sin la tristeza de Rubempr茅 en Angulema. Regresa a las callejuelas del Barrio H煤medo de Le贸n con la sonrisa inc贸lume.
Sonr铆e, sonr铆e, sonr铆e. Todo el andamiaje pol铆tico e ideol贸gico con el que logr贸 convencer a media Espa帽a -y a algunos europeos- de que un nuevo tiempo hab铆a comenzado se ha venido abajo y 茅l sonr铆e. Sonr铆e, sonr铆e, sonr铆e.
Estos d铆as hay muchas chanzas a prop贸sito del 煤ltimo golpe esc茅nico del zapaterismo: ese viaje al cuartel general de la OTAN en Bruselas para aceptar el despliegue del escudo antimisiles de Estados Unidos en la base aeronaval de Rota. Sarcasmo y amargura en la casa de las izquierdas. Un final c贸mico y humillante en opini贸n del periodismo que necesita creer en los milagros: anteayer, ZP; ayer, san Mart铆n de Porres-Obama; hoy, el movimiento de los indignados…
El sarcasmo es f谩cil.
El hombre que en el desfile del 12 de Octubre del 2003 permaneci贸 sentado ante la bandera norteamericana, acepta, sin debate previo, la instalaci贸n en territorio espa帽ol del m谩s moderno sistema bal铆stico de la primera potencia del mundo. Hace un mes, el republicanista Zapatero activ贸 la reforma expr茅s de la Constituci贸n, mof谩ndose de quienes le hab铆an dado apoyo en el Parlamento en horas d铆ficiles. (Esos p茅rfidos nacionalistas catalanes que ahora, extraviados tambi茅n ellos en un raro bucle, se mofan de los andaluces, recortan a destajo y se lo gastan todo en Aromas de Montserrat y promoci贸n del catal谩n). Rubempr茅 regresa a casa despu茅s de haber regalado los o铆dos a Jos茅 Mar铆a Aznar en ese caf茅 en la Moncloa en el que -a finales de julio- le prometi贸 abogar por la gran entente nacional PP-PSOE. No hay que ser muy perspicaz para entender su juego. Repudiado por el mayor diario de centroizquierda del pa铆s, obligado por su partido a adelantar las elecciones bajo la amenaza de congreso extraordinario y aborrecido por m谩s de media Espa帽a, ha decidido suscribir unas cuantas p贸lizas de seguro. Sabe muy bien qu茅 final pueden tener los d茅biles en Espa帽a.
Sabe c贸mo funcionan los crueles engranajes en fase de desbandada -f铆jate en la emboscada que le acaban de tender a Jos茅 Blanco- y desea vivir tranquilo en Le贸n. Ha puesto todo su talento t谩ctico al servicio de una retirada segura y ordenada. Le respetar谩n.
El despliegue del escudo antimisiles en Rota es muy importante en t茅rminos militares y pol铆ticos. Resuelve un problema urgente de Estados Unidos y revaloriza la posici贸n geostrat茅gica del sur de Espa帽a ante Gran Breta帽a (Gibraltar), Marruecos y Francia. Y alegrar谩 la vida gaditana, muy castigada por el paro. En marzo del 2012, el PSOE se jugar谩 la existencia en las elecciones de Andaluc铆a.
El 煤ltimo golpe de escena de Zapatero ha provocado hilaridad, pero es uno de los giros t谩cticos m谩s inteligentes de Rubempr茅. Perdida la batalla y la fama, se protege 茅l, refuerza a Espa帽a ante Washington en plena pesadilla financiera, y ofrece un as a la mujer que quisiera ver al frente del PSOE. La ministra de Defensa ha evitado la foto en el cuartel de la OTAN, pero es part铆cipe del pacto con los americanos. Personaje stendhaliano -Julien Sorel en femenino-, Carme Chac贸n alimenta sus bazas. Espera, aguarda, cuida el moh铆n y ejecuta la 煤ltima gran pirueta del socialismo medi谩tico: de d铆a adula al 15-M, de noche engarza misiles intercontinentales.
Deuda y guerra, de Michael Hudson en SinPermiso (07/08/11)
Empecemos por la cuesti贸n m谩s obvia: si los gobiernos incurren en deudas en el proceso de ejecuci贸n de programas ya aprobados por el Congreso, 驴por qu茅 deber铆a el Congreso disponer de una opci贸n adicional 鈥搉egarse a levantar el techo de endeudamiento鈥 para frenar al gobierno en su tarea de poner por obra esos gastos parlamentariamente autorizados?
La respuesta es evidente, cuando se atiende a la historia de la introducci贸n de este control suplementario en casi todos los pa铆ses del mundo. A lo largo de la historia moderna, la guerra ha sido la causa principal del crecimiento de la deuda nacional. El grueso de los Estados operan en equilibrio fiscal durante los tiempos de paz, financiando su gasto y su inversi贸n a trav茅s de impuestos y de tasas cargadas a los usuarios de servicios p煤blicos. Las emergencias b茅licas empujan ese equilibrio hacia el d茅ficit; a veces, para guerras defensivas; a veces, para llevar a cabo agresiones.
En Europa, los controles parlamentarios del gasto p煤blico se concibieron para prevenir las declaraciones de guerra dimanantes de la ambici贸n de los poderosos. Tal fue el gran argumento de Adam Smith contra la deuda p煤blica: pretend铆a que las guerras se financiaran pag谩ndolas al contado. Escribi贸 que si la gente percib铆a inmediatamente el impacto econ贸mico de la guerra 鈥揳mortiguado y pospuesto por los empr茅stitos鈥, estar铆a menos inclinada a apoyar aventuras militares.
No ha sido esa, obvio es decirlo, la posici贸n del Tea Party; ni la de los Republicanos. Lo que hace tan llamativa la crisis del techo de deuda del pasado 2 de agosto en los EEUU es su aparente disociaci贸n respecto del gasto b茅lico. Es verdad que m谩s de un tercio (350 mil millones de d贸lares) de los 917 mil millones de recortes del gasto corriente son para partidas del Pent谩gono. Pero eso simplemente desacelera la notoria escalada de la tasa de gasto militar acontecida entre Irak y Afganist谩n y Libia.
La cosa resulta a煤n m谩s llamativa, habida cuenta de que el mes pasado el congresista Dem贸crata Dennis Kucinich y el congresista Republicano Ron Paul trataron de obligar al presidente Obama a prestar obediencia a las condiciones establecidas por la Ley de Poderes de Guerra y pedir al Congreso la aprobaci贸n de su guerra en Libia, seg煤n es preceptivo cuando una intervenci贸n b茅lica dura m谩s de tres meses. Ese intento de someter al Estado de Derecho a la presidencia imperial result贸 infructuoso. Obama replic贸 que bombardear a un pa铆s no era un acto de guerra. Ser铆a una guerra, s贸lo si hubiera soldados muertos. El bombardeo de Libia se hac铆a desde el aire, a larga distancia, y tal vez con veh铆culos a茅reos no tripulados. De modo que una guerra incruenta 鈥搃ncruenta para el agresor, claro鈥 no ser铆a propiamente una guerra.
Para este tipo de situaciones fue precisamente introducida la normativa del techo de deuda en 1917. El presidente Wilson hab铆a metido a los EEUU en la Gran Guerra, rompiendo su promesa electoral de no hacerlo. Los aislacionistas en los EEUU buscaron limitar el compromiso b茅lico norteamericanos imponiendo la necesidad de supervisi贸n y aprobaci贸n por parte del Congreso del techo de deuda. Esa salvaguarda, huelga decirlo, fue concebida para ser usada contra el gasto discrecional que se daba sin aprobaci贸n del Congreso.
El actual incremento de la deuda del Tesoro estadounidense resulta de dos formas de acci贸n b茅lica. La primera, abiertamente militar, es la guerra del petr贸leo librada en el Oriente Pr贸ximo, desde Irak y Afganist谩n (Oleoductist谩n) hasta la Libia rica en crudo; esas aventuras terminar谩n costando entre 3 y 5 billones de d贸lares. La segunda forma, harto m谩s cara, es la guerra, m谩s encubierta y m谩s costosa, que Wall Street est谩 librando contra el resto de la econom铆a, exigiendo que las p茅rdidas de los bancos y de las entidades financieras pasen directamente al debe de la contabilidad p煤blica (al 鈥渃ontribuyente鈥). Los rescates y la 鈥渂arra libre鈥 para Wall Street 鈥搉o por casualidad, la principal fuente de financiaci贸n de las campa帽as electorales de los congresistas鈥 cuesta 13 billones de d贸lares.
Resulta asombroso que, en el asunto del techo de deuda, Obama se centre principalmente en alertar de que habr谩 que recortar la financiaci贸n de la Seguridad Social, adem谩s de la de Medicare y otros programas sociales. A pesar de ser p煤blico y notorio que las cotizaciones federales deducidas de los salarios han venido invirti茅ndose regularmente en t铆tulos del Tesoro durante m谩s de medio siglo, Obama ha llegado incluso a decir que el gobierno norteamericano podr铆a dejar de pagar esta misma semana los cheques de la Seguridad Social.
En las democracias opera un doble rasero radical. Los inversores de Wall Street no tienen, ciertamente, esa inquietud. En efecto, las tasas de inter茅s que rinden los bonos del Tesoro a largo plazo han bajado este 煤ltimo mes, y especialmente esta 煤ltima semana. Eso quiere obviamente decir que los tenedores institucionales de deuda p煤blica esperan cobrar. 驴S贸lo los ahorradores de la Seguridad Social ten铆an que temer, o es que acaso pretend铆a Obama amedrentarles para presentarse a s铆 mismo como el h茅roe que viene en rescate de su Seguridad Social logrando el Gran Acuerdo en el Congreso?
Wall Street estaba en lo cierto. No hab铆a una crisis real. La autorizaci贸n para levantar el techo de deuda no es la ocasi贸n adecuada para debatir la pol铆tica fiscal a largo plazo. Desde 1962 鈥損recisamente cuando la Guerra de Vietnam empezaba su escalada鈥, se ha levantado 74 veces. Esto es, un promedio de una vez cada ocho meses. Es como ir al notario p煤blico: s贸lo para garantizar que el presidente no est谩 haciendo algo mal. El se帽or Obama podr铆a haber solicitado un voto limitado s贸lo a eso, sin restricciones. Nunca antes se hab铆an incluido restricciones as铆. Y a煤n m谩s llamativo: no hubo el menor intento de imponer una restricci贸n para que la administraci贸n Obama no gastara m谩s fondos en Libia sin obtener antes del Congreso una declaraci贸n oficial de guerra.
Obama habr铆a podido invocar la 14陋 Enmienda para pagar. Habr铆a podido hacer suya la propuesta de Scott Fullwiler y otros economistas de la Universidad de Kansas para que el Tesoro emitiera unos cuantas monedas por valor de 1 bill贸n de d贸lares y pagar a la Fed por los t铆tulos del Tesoro. Pero no; el se帽or Obama se tir贸 de cabeza al ruedo, y entr贸 en el debate sobre c贸mo recortar la Seguridad Social y Medicaire en el fragor de la guerra de clases que se est谩 librando en EEUU, evitando el debate sobre la extensi贸n de la guerra del petr贸leo al 脕frica septentrional.
La primera gran victoria obtenida por el sector financiero en la guerra de clases que se libra sobre suelo norteamericano fueron los recortes fiscales 鈥渢emporales鈥 a los ricos bajo la administraci贸n Bush. Obama no ha rectificado esa agresi贸n, a fin de restaurar el equilibrio presupuestario. No se han abolido los recortes fiscales a los archiricos; no se han cegado los agujeros fiscales. El fardo del reequilibrio presupuestario se ha cargado sobre las espaldas de lo que constituyen las propias bases sociales del Partido Dem贸crata: trabajadores urbanos, minor铆as raciales y 茅tnicas, los litorales del Este y el Oeste. Y sin embargo, los Dem贸cratas se partieron por la mitad (95 a 95) en el voto para levantar el techo de deuda yugulando el gasto social del que es beneficiario principal el grueso de su electorado.
Su electorado, no los financiadores de sus campa帽as electorales. Tal parece la clave explicativa del modo en que se ha desarrollado la crisis de la deuda. Aun cuando se dio una resuelta oposici贸n de destacados Dem贸cratas (como Maxine Walters Waters, Dennis Kucinich, Henry Waxman, Barney Frank, Edolphus Towns, Charles Rangel y Jerrold Nadler) y de algunos Republicanos [cercanos al Tea Party] (como Ron Paul, Michele Bachmann y Ben Quayle), lo cierto es que el grueso de la oposici贸n por principios vino del lado de los Republicanos tradicionales. Paul Craig Roberts, el antiguo asesor del Secretario del Tesoro de Reagan, critic贸 el acuerdo como excesivamente derechista y a tal punto favorable a los ricos, que amenazar铆a con llevarnos derechamente a la depresi贸n econ贸mica.
La esencia de la econom铆a cl谩sica de mercado libre era la restricci贸n del poder ejecutivo, en una 茅poca en que el poder para declarar la guerra constitu铆a la mayor amenaza para los intereses nacionales. As铆 como las c谩maras bajas de las legislaturas bicamerales se hicieron con el poder para comprometer a las naciones con una deuda nacional permanente 鈥揳ntes del siglo XVI, las deudas reales mor铆an con el monarca que las hab铆a contra铆do鈥, as铆 tambi茅n los parlamentos afirmaron su derecho a bloquear las actividades b茅licas.
Pero ahora que las finanzas constituyen la nueva forma de librar guerras 鈥搃nternamente, no en el exterior鈥, 驴d贸nde est谩 el poder capaz de restringir el poder del Tesoro y de la Reserva Federal para obligar a los contribuyentes a rescatar los intereses financieros enquistados en la c煤spide de la pir谩mide econ贸mica? La Fed y otros bancos centrales se jactan de que su 鈥渋ndependencia鈥 es un 鈥渉ito de la democracia鈥. Lo que parece es m谩s bien un jal贸n en la transici贸n hacia una oligarqu铆a financiera. Y ahora que las finanzas se han amalgamado con la industria petrolera y con los grandes monopolios y los privatizadores del dominio p煤blico, la necesidad de alg煤n tipo de supervisi贸n parlamentaria聽 resulta tan perentoria como lo fue en su d铆a la del poder de los parlamentos sobre el gasto militar.
En el debate sobre el techo de deuda no se oy贸 la menor alusi贸n a este principio b谩sico. Hasta los cr铆ticos聽 que votaron a favor con la nariz ostensiblemente tapada 鈥損ara dar plausibilidad a las previsibles cr铆ticas que oportunamente se reservan para la siguiente campa帽a electoral鈥, hasta 茅stos actuaron como si estuvieran salvando a la econom铆a. La cruda realidad es que ahora hay menos esperanzas de reconstrucci贸n de la infraestructura, una de las promesas del presidente. Los recortes en el reparto de los ingresos federales ser谩n un duro golpe para los estados y los municipios, y los obligar谩n a vender todav铆a m谩s suelo y m谩s carreteras y a poner en almoneda otros activos en el dominio p煤blico, a fin de poder equilibrar el presupuesto mientras la econom铆a de los EEUU sigue hundi茅ndose en la depresi贸n. Lo 煤nico que ha hecho el Congreso es a帽adir deflaci贸n fiscal a la deflaci贸n por sobreendeudamiento, debilitando todav铆a m谩s el empleo.
驴C贸mo explicar谩n todo esto en las elecciones de noviembre de 2012?
Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y despu茅s en el Hudson Institute. En 1990 colabor贸 en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor econ贸mico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campa帽a primaria presidencial dem贸crata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canad谩, M茅xico y Letonia, as铆 como al Instituto de Naciones Unidas para la Formaci贸n y la Investigaci贸n. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.
Traducci贸n para www.sinpermiso.info: M铆nima Estrella
New Economic Perspectives, 3 agosto 2011
Afganist谩n: soluci贸n pol铆tica (y 2), de Fawaz A. Gerges en La Vanguardia
Al anunciar una retirada sustancial聽 de tropas estadounidenses de Afganist谩n, el presidente Obama ha acabado por reconocer que los talibanes afganos no pueden ser derrotados en el plano militar y que la 煤nica forma de salir de los campos de la muerte de Afganist谩n consiste en una soluci贸n pol铆tica con la participaci贸n de los talibanes.
Pese a sucesivas negaciones y afirmaciones de las autoridades estadounidenses en el sentido de que la suerte en el plano militar se ha vuelto en contra de los talibanes, el caso es que la evaluaci贸n de los hechos por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses arroja un sombr铆o panorama de la guerra afgana que ha venido a contradecir al presidente Obama y al ya ex secretario de Defensa, Robert Gates.
El nuevo cambio en la estrategia estadounidense da cuenta de una cruda realidad: no hay soluci贸n militar a la contienda civil en Afganist谩n.
Aunque los mandos militares estadounidenses informan de limitados progresos en sus operaciones contra los talibanes, diciendo que se ha producido un cambio importante favorable a la coalici贸n de la OTAN, especialmente en las provincias de Helmand y Kandahar, concluyen que no hay posibilidad de que los talibanes sean derrotados. En todo caso -a帽aden-, s贸lo debilitados y privados de la fuerza necesaria para apoderarse del pa铆s.
Las fuerzas de la coalici贸n han infligido importantes p茅rdidas a los talibanes, sobre todo a nivel de sus mandos intermedios y lugartenientes de campo. Las incursiones nocturnas de las fuerzas especiales estadounidenses han causado notables bajas entre los mandos talibanes.
Desde el punto de vista t谩ctico, Estados Unidos ha ganado la guerra. Desde el punto de vista estrat茅gico, los talibanes siguen siendo una fuerza temible, pues son una especie de ej茅rcito campesino que libra una guerra de tipo asim茅trico que sigue contando con un respaldo considerable en el seno del pa铆s.
Informes diplom谩ticos sobre la estrategia estadounidense en Afganist谩n filtrados durante los 煤ltimos a帽os trazan un panorama a煤n m谩s sombr铆o de un pa铆s desgarrado por la guerra. De forma reiterada, el anterior embajador de Estados Unidos en Afganist谩n, Karl W. Eikenberry (sustituido recientemente por Obama), lament贸 la dificultad de alcanzar un nivel de 茅xito continuado contra la insurgencia y la corrupci贸n dominante al m谩s alto nivel del r茅gimen afgano, describiendo al presidente Hamid Karzai como figura err谩tica, paranoide y escasamente fiable.
Aunque el presidente Obama y sus mandos militares afirman que han quebrantado el 铆mpetu talib谩n, los documentos clasificados muestran a las claras la sensaci贸n de inutilidad y renuncia de las autoridades estadounidenses. En una valoraci贸n de la situaci贸n en que daba cuenta de la preocupaci贸n por los resultados de la ofensiva de la coalici贸n en la provincia sure帽a de Kandahar, el embajador Eikenberry conclu铆a: “Prescindiendo del grado de eficacia de nuestra acci贸n militar, los insurgentes ocupar谩n prontamente cualquier vac铆o de gobierno; adem谩s, sin atribuciones pol铆ticas, un 茅xito de la contrainsurgencia, por ejemplo, no pasar谩 de ser un esfuerzo como los anteriores sin mayores consecuencias”.
Ir贸nicamente, pruebas fehacientes indican que la pol铆tica interna estadounidense, as铆 como los condicionantes ideol贸gicos e institucionales, jugaron un papel clave en la decisi贸n del presidente Obama de ordenar un env铆o adicional de tropas en el 2009. Cabe citar al respecto el af谩n de Obama por mantener su promesa de la campa帽a presidencial, la deferencia hacia los puntos de vista de los militares en el sentido de que la reducci贸n de efectivos equival铆a a una p茅rdida de prestigio estadounidense y el caso omiso prestado a los consejos de asesores y expertos.
Actualmente, Obama intenta dar fin al costoso compromiso de Estados Unidos en Afganist谩n -que ya es el m谩s dilatado de la historia de Estados Unidos-, un compromiso que ha eclipsado el de la aventura de la Uni贸n Sovi茅tica en el 谩rea. La sociedad estadounidense ha reaccionado contra la guerra optando en este caso por ir en contra de la base progresista de Obama. Los costes anuales de la guerra de Afganist谩n superan los cien millardos de d贸lares, una enorme suma trat谩ndose de un pa铆s que hace frente una grave crisis econ贸mica. En Estados Unidos, todas las pol铆ticas presentan una vertiente local. La decisi贸n de Obama de empezar a reducir tropas pretende enviar un claro mensaje a sus bases y a la sociedad estadounidense en general en el sentido de que escucha su voz. Una guerra impopular representa un caso de responsabilidad en el caso de un presidente como Obama, que piensa en un segundo mandato.
El plan de Obama y de sus generales consiste en confiar en incursiones de fuerzas especiales para seguir desequilibrando a las fuerzas talibanes, matar y capturar a sus mandos y debilitar su capacidad de ataque. Las operaciones de fuerzas especiales se han desplegado ampliamente y han aumentado enormemente (alrededor de trescientas al mes). Los ataques de aeronaves no tripuladas se despliegan asimismo ampliamente, en mayor medida en Pakist谩n que en Afganist谩n. Aunque t茅cnicamente eficaces, tales t谩cticas no dejan de ser pol茅micas tanto pol铆tica como moralmente. Las incursiones y los ataques provocan numerosas v铆ctimas civiles, quebrantan la inviolabilidad de viviendas y dormitorios y provocan la antipat铆a de la misma sociedad que Estados Unidos trata de ganarse; son un arma de doble filo que, a largo plazo, m谩s que ayudar perjudica.
Otro ingrediente de la pol铆tica estadounidense consiste en confiar en los se帽ores de la guerra y jefes tribales para impedir el regreso y el resurgimiento de los talibanes. Tal m茅todo socava la autoridad central de las instituciones del Estado y la cohesi贸n del propio pa铆s afgano. Evidentemente, Estados Unidos parece haber renunciado al fomento y promoci贸n de la democracia en este pa铆s desgarrado por la guerra, un testimonio de los l铆mites de la potencia estadounidense y de la intervenci贸n extranjera.
La reconciliaci贸n y estabilidad en Afganist谩n exigen la conclusi贸n de un acuerdo pol铆tico extensivo a toda la regi贸n, que atienda adecuadamente los leg铆timos motivos de agravio de las comunidades tribales y su sentimiento nacionalista isl谩mico, como tambi茅n las preocupaciones geoestrat茅gicas de Pakist谩n, Ir谩n e India. Los observadores coinciden tambi茅n en afirmar que la reforma del sistema pol铆tico y legal, junto con la integraci贸n de la regi贸n tribal en un contexto m谩s amplio y el levantamiento de la poblaci贸n de su situaci贸n de extrema pobreza, es esencial para alcanzar una paz duradera. A menos que la coalici贸n occidental invierta en las 谩reas tribales y proteja a la poblaci贸n civil – y hasta que lo haga-, los talibanes seguir谩n aprovechando los aspectos vulnerables de los pastunes e imponiendo su propio sistema extremista.
Un acuerdo negociado con las tribus pastunes (susceptible de llevar a los talibanes al seno del gobierno) abocar铆a muy probablemente a la expulsi贸n de militantes extranjeros del 谩rea e incluso de elementos talibanes extremistas. El caso de Iraq es intructivo al respecto. El desaf铆o estriba en dar una genuina opci贸n a las tribus pastunes en el marco pol铆tico y econ贸mico y en ganar sus esp铆ritus y corazones.
Es de esperar que el t茅rmino de la guerra estadounidense en Afganist谩n permita a los distintos grupos y comunidades en conflicto dar comienzo a la dif铆cil tarea de poner su casa en orden. Una tarea, ciertamente, plena de riesgos y, tambi茅n, de oportunidades.
Fawaz A. Gerges, director del Centro de Estudios sobre Oriente Medio de la London School of Economics.
Traducci贸n: Jos茅Mar铆a Puig de la Bellacasa.
Afganist谩n: estrategia err贸nea (1), de Fawaz A. Gerges en La Vanguardia
TRIBUNA
En el discurso de junio en que anunciaba una retirada sustancial de tropas estadounidenses de Afganist谩n, Obama dijo que EE.UU. hab铆a logrado en gran medida sus objetivos en Afganist谩n. “Cuando anunci茅 en West Point 鈥揹ijo鈥 el env铆o adicional de 30.000 soldados a Afganist谩n en diciembre del 2009, fijamos unos objetivos claros: volver a centrarnos en Al Qaeda, lograr dar marcha atr谩s al 铆mpetu de los talibanes y entrenar a las fuerzas de seguridad afganas para defender su propio pa铆s鈥 Esta noche puedo decirles que estamos cumpliendo este compromiso鈥 estamos cumpliendo nuestros objetivos”. Obama ha reconocido impl铆citamente que la estrategia de EE.UU. es equivocada por estar basada en dos premisas falsas: 1) que los talibanes afganos y Al Qaeda act煤an m谩so menos como una entidad 煤nica, 2) que los talibanes pueden ser derrotados militarmente, adem谩s de otra premisa impl铆cita relacionada con el car谩cter indispensable del poder estadounidense para promover la democracia en un pa铆s. Empecemos con la relaci贸n entre los talibanes afganos y Al Qaeda. Uno de los principales motivos impulsores del env铆o adicional de soldados estadounidenses fue que la pol铆tica exterior de Obama ve铆a a los talibanes a trav茅s de la lente de Al Qaeda y de la guerra mundial contra el terrorismo. Sin embargo, uno de los principales objetivos del movimiento talib谩n afgano es salir de la lista de individuos y organizaciones terroristas y obtener el reconocimiento internacional como fuerza leg铆tima de car谩cter nacional islamista. El conflicto en Afganist谩n es mucho m谩s amplio y complejo de lo que puede ser una entidad llamada Al Qaeda; por el contrario, implica una temible coalici贸n de tribus pastunesyunmovimiento islamista no alineado, contrarios a la que consideran (con raz贸n o sin ella) como una amenaza extranjera a su identidad y forma de vida. Cabe razonar, por ejemplo, que los talibanes son un “ej茅rcito campesino” del lado afgano. La guerra ha atra铆do a cientos de militantes isl谩micos de Cachemira, del mundo 谩rabe e incluso de Asia central. Al Qaeda es pr谩cticamente un elemento muy reducido de esta coalici贸n (hay de veinte a cincuenta agentes operativos de Al Qaeda en Afganist谩n), una especie de efecto secundario. Los de veinte a cincuenta agentes operativos de Al Qaeda en Afganist谩n no pueden impulsar, y menos a煤n encabezar, una insurgencia potente, pese a todas las especulaciones que dicen que Al Qaeda puede multiplicar determinadas fuerzas sobre el terreno. Como ya se ha dicho, han dejado claro que no son menester combatientes extranjeros porque ya disponen de ellos en abundancia. En los 煤ltimos tres o cuatro a帽os, los talibanes afganos casi han cuadruplicado su n煤mero, pasando de 7.000 a m谩s de 25.000 efectivos, seg煤n los servicios de inteligencia de EE.UU.; han ganado m谩s adeptos entre las tribus pastunes, mayor铆a en Afganist谩n, as铆 como entre otros grupos 茅tnicos en el norte, como los uzbekos y tayikos, que tambi茅n se sienten ofendidos por la presencia de tropas extranjeras en su pa铆s. Sin embargo, Obama present贸 su decisi贸n de desplegar el env铆o de un contingente adicional de 30.000 soldados e infantes de Marina a principios del 2010 (lo que ha aumentado el n煤mero de soldados estadounidenses en Afganist谩n a cerca de 100.000) como una iniciativa necesaria en el plano de la propia realidad interna, la de proteger a los ciudadanos estadounidenses de los ataques de Al Qaeda. Como en el caso de la guerra de Iraq, el env铆o adicional de tropasaAfganist谩n se presenta como una actuaci贸n consistente en llevar la batalla a campo enemigo en lugar de ser atacado en su casa. Pero el env铆o adicional guarda mayor relaci贸n con un movimiento talib谩n en auge que con un declive de Al Qaeda e intenta socavar el impulso talib谩n, apartarlo de Al Qaeda y dividirlo en partes m谩s manejables para facilitar un acuerdo pol铆tico. No obstante, en sus discursos a las tropas en casa y en Afganist谩n, Obama equipar贸 a los talibanes con Al Qaeda. Existen menores v铆nculos operativos entre los talibanes en Afganist谩n y algunos agentes operativos de Al Qaeda, que aportan iniciativas e instrucci贸n sobre la fabricaci贸n de artefactos explosivos y su colocaci贸n en las cunetas de las carreteras. Los talibanes afganos han sabido distinguirse de los de Al Qaeda y de los talibanes pakistan铆es, aunque en la pr谩ctica no siempre siguen las directrices emitidas por los l铆deres. El mul谩 Omar es m谩s moderado que otros elementos talibanes (hecho que muchos lectores encontrar谩n dif铆cil de creer) como el mul谩 Dadullah actualmente fallecido, de Quetta Shura, pionero en ataques suicidas en Afganist谩n. Por tanto, resulta err贸neo meter en el mismo sacoaAl Qaeda, grupo transnacional y fuerza yihadista sin fronteras que lleva a cabo una campa帽a terrorista en todo el mundo, y a los talibanes, insurgencia local, nacionalista e islamista cuyo punto de mira siempre ha sido el frente afgano. Algunos elementos talibanes coquetean con Al Qaeda pero el relativo consenso entre los especialistas en los talibanes indica que si los talibanes regresan a Afganist谩n de un modouotro, lo m谩s probable es que traten de expulsar a Al Qaeda de su pa铆s. No nos equivoquemos: los pastunes no sienten aprecio por Al Qaeda, que llev贸 el desastre a los talibanes cuando dieron cobijo a Al Qaeda en la d茅cada de 1990. Seg煤n Douglas Saunders del diario canadiense Globe and Mail, elmul谩 Omar sigue siendo “muy contrario” a Al Qaeda y la mayor铆a de mandos aliados en Afganist谩n con los que ha conversado Saunders consideran “muy improbable” que Al Qaeda pueda establecer una base all铆 incluso si los talibanes se apoderan del terreno. Richard Barrett, destacado especialista en Afganist谩n, dice de los talibanes: “No quieren que Al Qaeda merodee por all铆”. Tal conclusi贸n quedaba afirmada impl铆citamente por el mul谩 Mohammed Tayyab Agha, jefe de la direcci贸n pol铆tico talib谩n, en una entrevista publicada por el diario pan谩rabe Al Hayat, con sede en Londres: “El mundo debe reconocernos antes de pedirnos que nos comprometamos a algo”. El actual matrimonio de conveniencia entre los combatientes talibanes y los operativos de Al Qaeda se mantendr谩 mientras Occidente les confunda y mezcle y libre una guerra total contra ellos. Pero los talibanes en Afganist谩n observan a Al Qaeda cual espada sobre su cabeza, seg煤n fuentes cercanas a los talibanes. La clave estriba en que Occidente no confunda a los talibanes y a los pastunes con Al Qaeda, sino que intente distinguirlos, como hizo con los miembros de una tribu iraqu铆 sun铆 en Anbar. Si hay alguien que conozca el estadode las relaciones entre los talibanes y Al Qaeda en el pasado y el presente es Abu al-Walid al-Masri, figura legendaria entre los 谩rabes afganos y primer extranjero en jurar fidelidad al mul谩 Omar en los a帽os noventa. En una entrevista on line con el australiano Masri 鈥搎ue trabaj贸 estrechamente con Omar y otros jefes talibanes y era pr贸ximo aBin Laden y a sus seguidores鈥, dijo que las diferencias entre Al Qaeda y los talibanes son ahora mayores que antes de la invasi贸n estadounidense de Afganist谩n en el 2001. Es rotundo: los talibanes ya no acoger谩n positivamente a Al Qaeda, que les apu帽al贸 por la espalda en Afganist谩n. Seg煤n Masri, el retorno de Al Qaeda a Afganist谩n pondr铆a en peligro el futuro r茅gimen de los talibanes, porque “la mayor铆a de la poblaci贸n est谩 en contra de Al Qaeda”. La muerte de Bin Laden en Pakist谩n aporta otro motivo para que los talibanes se distancien de Al Qaeda, aunque ser铆a vano y est茅ril esperar que Omar y sus seguidores se desvincularan formalmente de los 谩rabes afganos. La muerte de Bin Laden proporcion贸 a Obama un precioso capital pol铆tico y lepermiti贸 iniciar el proceso de retirada de tropas estadounidenses de los campos de la muerte de Afganist谩n. “Estamos iniciando esta retirada desde una posici贸n de fuerza”, dijo Obama a la sociedad estadounidense en un discurso desde la sala Este de la Casa Blanca en junio. “Al Qaeda est谩 m谩s presionada que en cualquier momento desde el 11-S”. Obama dijo que una intensa campa帽a militar hab铆a paralizado la primitiva red de Al Qaeda en la regi贸n, dejando a sus l铆deres muertos o huidos en la escarpada frontera entre Pakist谩n y Afganist谩n.
Fawaz A. Gerges, director del Centro de Estudios sobre Oriente Medio de la London School of Economics.
Traducci贸n: Jos茅 Mar铆a Puig de la Bellacasa.
Reforma en el limbo, de Florentino Felgueroso en Expansi贸n
TRIBUNA
La reforma laboral est谩 otra vez en el limbo. Acaba de cumplir su primer a帽o con el reconocimiento t谩cito del Gobierno de que no ha sido eficaz. Tambi茅n ha pasado el plazo para regular la introducci贸n del fondo de capitalizaci贸n a la austriaca para completarla, y el Gobierno da marcha atr谩s. Resultar铆a muy costoso, no es asumible ahora. Culmina as铆 esta no-reforma laboral, como las anteriores, con una huida hacia adelante. Vuelta a empezar. 驴Coger谩 el pr贸ximo Gobierno el toro por los cuernos? Cuidado con la tentaci贸n. Soluciones como el contrato fijo con 20 d铆as de indemnizaci贸n que pide CEOE, y coexistir铆a con los contratos temporales, tampoco resolver铆an los problemas m谩s flagrantes de nuestro mercado de trabajo.
La excesiva rotaci贸n laboral que tanto da帽o hace a la econom铆a no se debe s贸lo a la estacionalidad, sino a las tasas de separaci贸n por no renovaci贸n entre los trabajadores que ya llevan a帽os en sus empresas. La dualidad seguir谩 incentivada por ley mientras los contratos tengan una duraci贸n determinada y distintas indemnizaciones por despido. Esta dualidad s贸lo se puede resolver eliminando los contratos temporales y creando un 煤nico contrato con indemnizaci贸n creciente por antig眉edad. En segundo lugar, Espa帽a se caracteriza por la aplicaci贸n de la regla del LIFO (煤ltimo entrante, primero en salir). Eso explica la especial incidencia de la crisis sobre los m谩s j贸venes. Un modelo contractual en el que los aumentos de las indemnizaciones por despido se sigan concentrando en un 煤nico salto no resolver铆a el problema. Complementariamente, el problema puede moderarse implementando un fondo a la austriaca. Es decir, si una parte de la indemnizaci贸n se ha ido pagando antes de que llegue el momento de ajustar la plantilla, el coste marginal del despido se reduce para todas las edades, y no s贸lo para los m谩s j贸venes.
En estos momentos, de mayor necesidad de reasignaci贸n de los recursos para cambiar de modelo productivo, deber铆a pensarse c贸mo incentivar la movilidad voluntaria. El actual modelo de indemnizaciones por despido la limita, impidiendo su portabilidad cuando a otras empresas. Esta ser铆a otra ventaja, quiz谩s la m谩s conocida del modelo austriaco, otro motivo para incorporarlo a nuestro modelo contractual. La propuesta de CEOE no resuelve ninguno de estos problemas. S贸lo un modelo como el propuesto por Fedea (en el “Manifiesto de los 100″) que combine un contrato 煤nico con indemnizaciones crecientes con la antig眉edad completado con un fondo de capitalizaci贸n a la austriaca podr铆a hacer frente a estos tres problemas. Y, contrariamente a los c谩lculos realizados por el Gobierno, esta soluci贸n no tiene por qu茅 resultar mucho m谩s costosa que el sistema actual.
Florentino Felgueroso. Universidad de Oviedo y Fedea. En colaboraci贸n con Jos茅 Ignacio Conde-Ruiz (Universidad Complutense y Fedea) y Jos茅 Ignacio Garc铆a-P茅rez (UPO).
