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Archive for the ‘Defensa’ Category

Anuncios, jactancias, silencios, de Juan Gelman en Página 12

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Hay de todo últimamente en el reino del armamento nuclear. El presidente Obama acaba de dar vía libre a la construcción de dos reactores centrales, los primeros desde que un accidente la cesó en 1979. Su finalidad es pacífica: proporcionar un tipo de energía que no agrave y tal vez solucione el problema del calentamiento global. Irán se ufana de tener capacidad para elevar el enriquecimiento de su uranio del 4 al 20 por ciento y dice que lo hará también con fines pacíficos. A Washington le creen, a Teherán, no. Hillary Clinton ha declarado la intención estadounidense de imponer sanciones duras al régimen represivo que preside Mahmud Ahmadinejad. En tanto, por gracia y obra del Pentágono, varios países de Europa tienen un arsenal nuclear no declarado.

George Robinson, ex secretario general de la OTAN, confirmó que Turquía posee de 40 a 60 armas nucleares made in America en la base aérea militar de Incirlik (www.marketoracle.co.uk, 11-2-10). Nótese que esta base, construida por el cuerpo de ingenieros de EE.UU. a comienzos de la década del ’50, ha servido para los vuelos de espionaje de sus fuerzas aéreas sobre la ex URSS durante la Guerra Fría y, desde el 2001, es utilísima en las guerras de Irak y Afganistán. Podría serlo para atacar a Irán, a Siria, a Rusia, por qué no.

Cinco son las naciones europeas consideradas potencias nucleares: el Reino Unido, EE.UU., Francia, Rusia y China, estatuto que tornó oficial el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares que entró en vigor en 1970 (NPT, por sus siglas en inglés). Entre las no declaradas como Turquía, cabe sumarle otras: “Hay bombas nucleares almacenadas en bases de las fuerzas aéreas de Italia, Bélgica, Alemania y los Países Bajos, y los aviones de cada uno de esos países tienen la capacidad de arrojarlas” (www.times.com/com, 2-12-09). El NPT es el único tratado vinculante en la materia y lo firmaron 187 países. No hay otro acuerdo de desarme más ratificado, pero del dicho al hecho el trecho es bien largo en este caso.

Es dudoso que Irán esté en condiciones de enriquecer uranio hasta los umbrales de una bomba nuclear. Ninguno de los 16 servicios de espionaje estadounidenses lo estima posible por ahora. David Albright, presidente del Instituto de Ciencia y Seguridad Internacional (ISIS, por sus siglas en inglÉs), una institución privada que desde Washington rastrea el curso de la proliferación de este armamento, señaló que el número de centrifugadoras nucleares iraníes “es lo suficientemente bajo y los inspectores internacionales tendrían ‘muy serias dificultades’ para detectar las máquinas si Irán las oculta en lugares clandestinos” (www.nytimes.com, 9-2-10). No faltan datos nuevos y contrarios.

Irán padecería retrocesos notables en sus esfuerzos para enriquecer uranio, fallas del equipo y otras dificultades que “podrían socavar los planes iraníes de adelantar rápidamente su programa nuclear” (www.washingtopost.com, 11-2-10). Los informes del 2009 del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) muestran una caída de la producción en la planta principal de enriquecimiento de uranio cercana a Natanz, según el borrador de un estudio del propio David Albright: “Más de la mitad de sus 8700 centrifugadoras” estaban ociosas a fines del año pasado y el número de las que funcionan descendió de 5000 en mayo a poco más de 3900 en noviembre. Además, el producto de las que nominalmente funcionan fue apenas la mitad del esperado”. La voluntad política de Teherán no puede, solita, equiparar en pocos años el medio siglo de progreso tecnológico occidental.

Sucede, en cambio, que tiene confirmación la capacidad nuclear de los cinco países europeos mencionados que no la declaran. EE.UU. les ha proporcionado bombas termonucleares 480 B61 y, subraya el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC, por sus siglas en inglés), “la presencia continuada de estas armas enerva las relaciones con Rusia, debilita los esfuerzos globales para disuadir a otras naciones de que desarrollen armas nucleares, impide la evolución de la OTAN en consonancia con el fin de la guerra fría” (www.nrdc.org, febrero 2005). Tal cual: la nueva hipótesis de guerra de Moscú establece que su probable enemigo sería la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

El país con más abundancia de armamento atómico es Alemania, con tres bases de las que dos funcionan a pleno. No es oficialmente una potencia nuclear, pero produce cabezas nucleares para la marina francesa y podría haber almacenado hasta 150 bombas B61 estadounidenses. Lo cual no impedirá a Berlín apoyar todas las sanciones contra Teherán que Wa-shington proponga. Se sabe: el doble discurso y el ejercicio de los dos pesos y las dos medidas son prácticas universales.

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Febrero 19th, 2010 at 8:01 am

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Deslegitimar el arma nuclear, de Carmen Magallón en Público

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Los dedos acusadores señalan de nuevo a Irán por continuar con un programa que parece encaminarse a la obtención del arma nuclear. La naturaleza inherentemente dual de la obtención de material fisil permite cierta ambigüedad, aunque la decisión de este país de incrementar el porcentaje de enriquecimiento de uranio cada vez deja menos espacio a la ambigüedad. Pero la vía de las sanciones, iniciada por Obama, es un parche para un problema cuyas raíces son más amplias y se anclan en las desastrosas políticas del pasado que fueron minando la autoridad del régimen de no proliferación. Entre otras violaciones de las obligaciones del Tratado de No Proliferación (TNP), Estados Unidos firmó un tratado con la India, que no ha firmado el TNP, para proporcionarle materiales y tecnología nuclear que le permitirán construir nuevas armas. Pakistán e Israel, ambos fuera del TNP, persiguen acuerdos similares.

Las sanciones a Irán tampoco cuentan con el consenso necesario. El ministro de Asuntos Exteriores chino, Yang Jiechi, en su intervención en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich (foro al que China asistía por primera vez), dejó bien claro que su país no las apoyaría y llamó a continuar en la vía del diálogo.

Irán es sólo un índice de un escenario general preocupante en el que mucho depende de lo que hagan los dos países poseedores del 90% de las armas nucleares, Estados Unidos y Rusia. Para la comisión internacional presidida por la japonesa Yoriko Kawaguchi y el australiano Gareth Evans, ex ministros de Asuntos Exteriores de sus países –que ha elaborado un informe explicitando los pasos necesarios para avanzar pragmáticamente hacia el desarme nuclear– la esperanza radica en que los dos grandes han declarado su disposición para avanzar hacia el desarme. Los resultados de las conversaciones reanudadas recientemente en Ginebra para renegociar el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (en inglés, START), darán cuenta de si esa voluntad existe en la práctica.

Urge deslegitimar el arma nuclear y recuperar el consenso mundial. El convencimiento general de que eliminar las armas nucleares es una condición para la supervivencia colectiva está en precario. El arma nuclear fue deslegitimada desde la sabiduría individual de científicos, líderes culturales y religiosos, y desde el compromiso colectivo de organizaciones y movimientos sociales. Hoy, parte del problema es que entre la población de determinadas zonas del mundo cunde el apoyo a programas de obtención de esta bomba, seguramente porque su posesión sigue concediendo a un país un estatus privilegiado de poder en el mundo.

La encrucijada actual es lo suficientemente grave para que crezcan iniciativas diversas por el desarme nuclear. Algunas, como la llamada Global Zero, presentada recientemente en París, están encabezada por líderes mundiales. Otras, como la llamada al bloqueo no-violento de la base de los Trident, en Aldermaston, Reino Unido, el próximo día 15, pueden ser el comienzo de la reactivación de una movilización ciudadana mundial, necesaria para que cunda la deslegitimación y se avance en el desarme.

Carmen Magallón. Doctora en Físicas y directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz.

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Febrero 15th, 2010 at 8:08 am

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“Revolución cultural” en la OTAN, de Rafael Poch en La Vanguardia

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CONFERENCIA DE SEGURIDAD DE MUNICH

Rasmussen confirma que la estrategia de la Alianza sobrepasa sus fronteras

La seguridad en el mundo de hoy “consiste en un compromiso activo, muy lejos de nuestras fronteras”, dijo ayer en Munich el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen. El que fue bloque militar de Occidente en el Atlántico Norte durante la guerra fría busca desde hace años una nueva doctrina, que ya se deduce de su práctica de intervención global. Para ello debe acometer una “revolución cultural”, dijo Rasmussen, que “rompa con el pensamiento convencional”. El ejemplo es Afganistán, dijo.

Tres son los principios de la nueva OTAN: un campo de acción “más allá de sus fronteras”, cooperación para preservar la seguridad común y hacer de la Alianza un “foro para cuestiones de seguridad mundial”. El espectro de un único policía global que se apropia de atribuciones de la ONU fue conjurado por el danés con la idea de cooperar con otras potencias no occidentales, Rasmussen se refirió a China, India y Rusia – “países difíciles”, en palabras del ministro de Defensa alemán, Karl-Theodor zu Guttenberg-y con la afirmación de que, “no queremos ser un competidor de la ONU”.

“La Alianza debe ser el nudo de una red de seguridad colectiva y un centro para consultas en temas de seguridad internacional”. A continuación, la lista de “nuevas amenazas”, desde el terrorismo y la piratería hasta las consecuencias del calentamiento global. Entre los remedios: la acción militar preventiva (lo que antes se llamaba agresión), la práctica desaparición de la frontera entre armas nucleares y convencionales y toda una batería de conceptos, desde los “estados fallidos” hasta el “derecho de injerencia” en nombre del mantenimiento de la paz o de crisis humanitarias, que diluyen el derecho internacional. Rusia, el antiguo adversario noratlántico, también se ha apuntado a esta “revolución cultural”.

El viernes el Kremlin divulgó su nueva doctrina militar, repleta de despropósitos y claramente dirigida a adecuarse a la situación definida por sus antiguos enemigos. Se considera amenaza para Rusia la perspectiva de inclusión en la OTAN de nuevos miembros (Ucrania, Georgia), así como el nuevo despliegue junto a sus fronteras de misiles destinados a interceptar la disuasión nuclear rusa en Polonia, Rumanía (2015), en el Mar Báltico y en el Mar Negro, con nuevas bases allí y en Bulgaria. Se confirma el derecho a un “primer uso” preventivo del arma nuclear, igual que Estados Unidos. Se afirma el mismo derecho que la OTAN: el derecho de Rusia a utilizar sus fuerzas armadas fuera de sus fronteras, “a fin de defender los intereses de Rusia y de sus ciudadanos, así como para impulsar la paz y seguridad internacionales”. Y en último lugar, un significativo guiño al uso y abuso de la ONU, de tal forma que cuando la organización no coopere con los propios intereses pueda ser abusada mediante lo que Estados Unidos llama “coalición de quienes están dispuestos”. La acción militar rusa se contempla en el cuadro de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, “o de otras estructuras de seguridad colectiva”. Esa fórmula sugiere la misma disposición a torearse a la ONU que se mostró en Iraq.

“Planeamos la construcción en serie de barcos de guerra, en primer lugar de submarinos nucleares estratégicos con misiles de crucero y submarinos multifuncionales”, dijo el viernes el presidente Medvedev, autor de una propuesta de seguridad europea integrada que en Occidente se ha desechado como mero “intento de dividir a la OTAN”. “Se creará un sistema de defensa espacial”, dijo Medvedev.

“Esta nueva doctrina rusa no refleja el mundo real y está en directa contradicción con todos nuestros esfuerzos por mejorar las relaciones entre la OTAN y Rusia”, respondió ayer Rasmussen, preguntado al respecto. A continuación, repitió la frase que Moscú ha venido oyendo de Javier Solana, Madeleine Albright y otros en los últimos veinte años, con el ruido de fondo de los disparos en Yugoslavia y el continuo avance y rearme junto a sus fronteras: “La OTAN no es un enemigo de Rusia”. “Esas declaraciones no son convincentes”, ha dicho el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov.

Junto a este festival militarista, pocos han reparado en la posición China, la potencia nuclear que tiene el arsenal estratégico más modesto – apenas renovado desde hace más de veinte años, pese a que su PIB se ha multiplicado por quince en ese periodo-expresada el viernes en Munich por su responsable de Exteriores, Yang Jiechi. “Mantenemos una política militar defensiva por su naturaleza y una estrategia nuclear para la autodefensa”, dijo Yang. “Hacemos nuestro el principio de usar primero el arma nuclear bajo ninguna circunstancia y mantenemos el compromiso incondicional de no usar, ni amenazar con usar, armas nucleares contra estados no nucleares y zonas libres de armas nucleares”, añadió. “El argumento de que una nación fuerte está condenada a buscar la hegemonía va en contra de la voluntad del pueblo chino”, sentenció.

Rasmussen dijo que Afganistán ilustra “el dramático cambio en la forma de actuar de la OTAN. En Afganistán se está pendiente de lo que se anuncia como la mayor operación militar desde el inicio de la guerra en octubre de 2001. Se trata de la toma de la ciudad de Marjah, un feudo talibán de 80.000 habitantes en la provincia de Helmand. La web de análisis militar Stratfor informa que podrían participar hasta 15.000 soldados, siguiendo un guión parecido al de la toma de Faluya (Iraq) en el 2004: la ciudad quedó reducida a escombros. Cuatrocientas familias de la región de Marjah ya han sido desplazadas en vísperas de la operación.

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Febrero 8th, 2010 at 8:10 am

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Lecciones de Afganistán, de Pere Vilanova en Público

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La reciente Conferencia de Londres sobre Afganistán tiene una importancia considerable, que nadie pone en duda pero que hay que evaluar con detalle, más allá de los titulares que genere estos días. La razón es bien simple: ni debe ser analizada desde el punto de vista coyuntural (la situación actual en Afganistán, medida en términos de días o semanas), ni es un hecho aislado o la primera conferencia de este tipo.

En efecto, para bien medir sus posibilidades o su rendimiento, habrá que esperar un tiempo. Pero está en la línea de una serie de grandes conferencias internacionales sobre Afganistán que se han desplegado a lo largo de los últimos años. Intentar evaluar el rendimiento de esta dimensión concreta del conflicto afgano –la de las conferencias internacionales que ha producido– no es algo que genere grandes titulares (al menos de manera duradera, más allá de los días que dure la reunión), ni desde luego una cosa que apasione o movilice a una opinión pública que tiene otras preocupaciones tanto en Europa como en el resto del mundo.

Y, sin embargo, dos cuestiones merecen ser resaltadas. La primera es que estas conferencias ponen de relieve un fuerte compromiso de la comunidad internacional, y este compromiso se ha sostenido en el tiempo: casi diez años. De esta voluntad de compromiso, hablemos claro, no se deriva necesariamente que todas las decisiones que se han tomado en estos años sean las más eficaces, justas y resolutivas que quepa imaginar. La justeza de una causa no avala o hace necesariamente buenas las políticas que los actores implicados desarrollan para tal fin.

La segunda cuestión tiene que ver con la novedad o rasgo específico de esta Conferencia de Londres. Teniendo muchos elementos de continuidad con las anteriores, y sobre todo con las orientaciones de los últimos dos años, esta Conferencia quedará como aquella en la que claramente se ponen sobre la mesa algunas cuestiones básicas. En síntesis: el tema de fondo es el de fijar (y por tanto explicitar) “una estrategia de salida” –“Exit Strategy”– sin determinar necesariamente fechas exactas, pero desde luego “temporalizando” esta última fase de la intervención internacional. Cierto que los aliados debatirán sobre la (in)conveniencia de fijar una fecha de salida, porque ello es dar argumentos innecesarios a la insurgencia, etc. Pero ello se viene haciendo desde hace un tiempo, cuando algunos países han ido diciendo que el compromiso clave es 2010, que a partir de 2011 se va a proceder a una “reducción progresiva” de efectivos, y todo ello en función de los avances en materia de “afganización”. Lo han hecho Canadá, Holanda, recientemente Alemania, y por cierto, también Estados Unidos.

Esta “estrategia de salida”, por tanto, sale de la Conferencia de Londres no como una fecha límite, sino como la confirmación expresa de que se está (o se ha entrado) en la última etapa de la intervención de la comunidad internacional en Afganistán, al menos tal como la hemos conocido desde 2002 hasta la actualidad. Pero de ello no debe deducir nadie que el cierre de esta etapa comporte una desvinculación pura y simple de la comunidad internacional con Afganistán. Un “apaga y vámonos”, como hizo la URSS en 1989 cuando el general soviético Gromov abandonó (quiso ser simbólicamente el último soldado de la URSS en hacerlo) Afganistán.

Cómo definir la etapa posterior, el tipo de presencia y compromiso que habrá que mantener con Afganistán es algo que está por hacer, pero en lo que la comunidad internacional debiera estar trabajando ya. Y por cierto, Naciones Unidas, la propia Unión Europea, serán probablemente requeridas con mayor intensidad si cabe.

Pero volvamos al debate actual. Esta Conferencia de Londres se ha centrado en varios aspectos, y como suele suceder muchas veces, los titulares se han quedado con el más llamativo de ellos: negociar con los insurgentes. Esto no es nuevo, y era una obviedad, pero hasta que lo han dicho los generales Petraeus y McChrystal parecía que no sucedía. Falso, Arabia Saudí ya ha mediado en alguna ocasión, y a escala provincial y de distrito se ha hecho en muchos sitios en los últimos dos o tres años. La fragmentación de la propia insurgencia, su heterogeneidad, debe ser vista paradójicamente como una oportunidad. Si fuera una estructura piramidal, rígida, muy jerárquica, y estuviera bajo la férula de Bin Laden, no valdría la pena ni pensar en ello. Pero las fuerzas y grupos insurgentes en aquel país son tan heterogéneas como la propia composición social y cultural de la población afgana.

Esta cuestión tiene relación con la “afganización”, pero no sólo como transferencia de “capacidades de seguridad militar y policial”, sino más allá. En lo social, en lo económico, a nivel de gobierno local. Y aquí el término clave es “gobernanza”. En suma, invertir y apostar en aquello que “restaure” más que “instaure” (como modelo “importado”) formas de relativa estabilidad política y social. Ello implicará cosas que no son fáciles de aceptar (un cierto grado de clientelismo, de corrupción, la condición de la mujer, y otras malas noticias). Y esto a su vez deberá apoyarse en una “regionalización en serio”: incluir realmente a los países vecinos, a las ex repúblicas soviéticas colindantes, China, y en particular Irán, en la gestión del proceso, aunque la situación en Pakistán siga siendo inestable.

En realidad, desde Bonn (2001) hasta Londres (2010), el repaso de las propuestas de la Conferencia de Londres de 2006 (The Afghanistan Compact), la Cumbre Otan de Bucarest (2008), la Conferencia de París (2008), el anuncio en enero de 2009 de la Nueva Estrategia para Afganistán por Barack Obama (no tan nueva, por cierto) y la Cumbre OTAN de Estrasburgo-Khel de 2009, el elemento básico de continuidad es un proceso de aprendizaje de casi diez años que se resume así: Afganistán es mucho Afganistán, no tiene soluciones mágicas, y lo que hay que definir es un estatuto final que Ahmed Rashid llama “back to a minimal state”. Que ya existió, y que hay que restablecer.

Pere Vilanova es catedrático de Ciencia Política (UB) y analista en el Ministerio de Defensa.

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Febrero 1st, 2010 at 8:09 am

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La guerra que libramos en Afganistán, de Pedro Pitarch en El Mundo

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TRIBUNA: LUCHA CONTRA EL TERRORISMO ISLÁMICO

El término guerra es de común aplicación. Se habla de la guerra del fútbol, de la guerra de precios en las rebajas o de dar mucha guerra cuando un niño es insoportablemente travieso. Se podría afirmar así que la palabra está muy devaluada. Entonces, ¿por qué es tan agrio el debate alrededor del término guerra? Pues porque, aunque parezca contradictorio, lo sustantivo no es el nombre sino su adjetivación. Y esto, en el caso que nos ocupa, tiene mucho más alcance que el de una mera cuestión semántica. Es el maridaje entre el concepto y la geografía (guerra y Afganistán) lo que da base al enconado debate político.

Para muchos, parece claro que la intervención en Afganistán no es una guerra, puesto que el artículo 63.3 de la Constitución precisa que «al Rey corresponde, previa autorización de las Cortes Generales, declarar la guerra…» y eso no se ha producido, y es muy improbable que suceda en un futuro. Lo contrario obligaría a pensar en una mutación tan radical del escenario de seguridad global que cuesta trabajo incluso imaginarla. Así pues, desde el punto de vista estrictamente constitucional, para la Nación española el concepto de guerra duerme afortunadamente en el archivo de la Historia. Pero la cuestión no debe verse sólo desde el prisma legal. El debate sobre la existencia o no de guerra en Afganistán está planteado hoy en España en términos distintos al mero plano jurídico. Es un complejo asunto en el que priman, entre otros, convicciones individuales, amplias dosis de subjetividad (en función de la experiencia de cada uno) y, naturalmente, legítimos intereses tanto individuales como partidistas.

Asimismo, lo que sucede en Afganistán es algo bien peculiar que resulta difícil describir de forma incuestionable. Desde el comienzo de la intervención internacional, en octubre de 2001, en respuesta a los atentados del 11-S, la situación allí ha ido deteriorándose día a día. Esto se ha producido, paradójicamente, a la vez que se incrementaban las fuerzas extranjeras y se implementaban sucesivas estrategias de la llamada comunidad internacional (en realidad, de EEUU). Hoy en el puzzle afgano se entremezclan asimetrías, combates irregulares y una amplia multiplicidad de actores, tanto locales como foráneos. En las operaciones contienden las armas, las ideas, las culturas o las religiones. Por haber disparidades, hasta hay intereses contrapuestos en el seno de los que se supone son de un mismo bando – tribu, nación, potencia internacional o coalición-. En el colmo de la confusión se llega a que las fuerzas de los países de la OTAN operen, bajo un único mando militar estadounidense, desde dos posturas supuestamente distintas: las que hacen la guerra y las que hacen la paz.

Después de nueve años de presencia de fuerzas internacionales sobre suelo afgano, el creciente, peligroso e incontestable desbarajuste sobre el terreno ha propiciado un intenso clamor en las sociedades de los países que tienen desplegadas fuerzas en Afganistán. Aquéllas perciben -no sin razón- que los esfuerzos políticos, el regreso de los cuerpos amortajados de sus soldados y la ingente cantidad de dinero gastado no han llevado, ni llevan, a alcanzar los objetivos deseados. Ni se ha atrapado a Osama bin Laden, ni existe un Gobierno solvente en Kabul, ni se ha acabado con la producción masiva y el tráfico de drogas, ni se ha llevado ante la Justicia a los miembros más destacados de Al Qaeda, ni se ha logrado una reconstrucción visible de casi nada. Y así, el disperso conflicto afgano no ha hecho más que crecer, constituyendo hoy el más grave peligro para la seguridad internacional y, particularmente, para la europea. La OTAN, en este envite, se está jugando su credibilidad y, posiblemente, su supervivencia a medio plazo y, de momento, las perspectivas no son buenas.

El último acto del drama ha sido el cambio del horizonte estratégico de las operaciones en Afganistán. La nueva estrategia presentada por el presidente Obama ha supuesto un balón de oxígeno para muchos gobiernos que, sintiéndose atrapados en una ratonera, sufrían una fuerte presión por parte de amplios sectores de las respectivas opiniones públicas, que desean que sus ejércitos se desenganchen del compromiso afgano. Sin embargo, uno teme que el alivio inicial, al menos para algunos, no va a durar mucho. Porque, dejando para otro momento el análisis de la estrategia anunciada, la llamada de Obama a la guerra, contenida en su discurso de West Point, podría convertirse para alguno en una trampa más peligrosa que aquélla de la que, supuestamente, les ha venido a liberar la nueva estrategia.

Efectivamente, el presidente de EEUU ha dejado claro en sus discursos que en Afganistán se libra una guerra. Pero, además, ha requerido de sus aliados un incremento del respectivo esfuerzo militar para ganarla. Aunque las respuestas definitivas deben darse el 28 de enero en la Conferencia Internacional de Londres sobre Afganistán, los países tradicionalmente más allegados a Washington se adelantaron ya en diciembre a respaldar la visión expuesta por Obama y anunciaron su disposición a tal incremento de soldados. Y, entre ellos -¡oh! sorpresa- se encuentra España. El pasado 17 de diciembre, la ministra de Defensa anunció en el Congreso la intención española de incrementar en un 50% el contingente militar en Afganistán. Ante tan inusual diligencia, resulta difícil entender cómo puede racionalmente desmarcarse de la guerra quien se posiciona en punta de vanguardia de los contribuyentes al esfuerzo de la misma, con sustantivas capacidades militares adicionales.

Es comprensible la dificultad de cambiar el discurso propio después de años de proclamar pertinazmente que en Afganistán no participamos en una guerra, o de afirmar que nuestras tropas no hacían allí otra cosa que labor humanitaria y reconstrucción (ahora también entrenamiento de las fuerzas de seguridad locales). Pero cualquier ciudadano observa que es necesario cambiar algún discurso porque, aunque constitucionalmente lo de Afganistán no sea una guerra, lo que allí está pasando se le parece muchísimo. Y si no, que se lo pregunten, por ejemplo, a los familiares de los muertos en acto de servicio en la zona de operaciones afgana o, simplemente, a los españoles que fueron emboscados en Buzbay el 27 de agosto de 2008. Y es que, a fin de cuentas, matar para defenderse o morir por los proyectiles enemigos son amargos fenómenos humanos, pero no humanitarios.

Pedro Pitarch es teniente general en la reserva, ex director general de Política de Defensa y ex jefe del Eurocuerpo.

© Mundinteractivos, S.A.

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Enero 27th, 2010 at 9:13 am

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La aviación comercial ante la psicosis terrorista, de Manuel Trigo Chacón en El Mundo

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TRIBUNA: SEGURIDAD

El autor sostiene que la ley se queda obsoleta ante la amenaza de Al Qaeda y la nueva dimensión del transporte aéreo. Considera que el mayor control de viajeros impulsado por Obama corre el riesgo de limitar o suprimir libertades

El espectacular y sangriento ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono el 11 de septiembre de 2001 con aviones comerciales motivó en Estados Unidos la urgente necesidad de revisar su política de relaciones internacionales, con la idea de adaptarse a las nuevas circunstancias. Una nueva era comenzaba, e iba a suponer un retroceso en las libertades y derechos fundamentales de los ciudadanos de todo Occidente.

Otros atentados preparados minuciosamente en Londres no llegaron a tener éxito por la intervención a tiempo de los servicios de Inteligencia. El último intento conocido de volar una aeronave en vuelo -de Amsterdam a Detroit- tuvo lugar el día de Navidad del año pasado. Ello ha sobresaltado de nuevo a la opinión pública norteamericana, y muy especialmente al mismo presidente Obama, quien a su regreso de sus vacaciones en Hawai ha tenido que responsabilizarse de los errores cometidos por sus agencias de seguridad. La decisión inmediata ha sido un estricto y riguroso control de viajeros y aeronaves mediante la aplicación de nuevas tecnologías como el escáner personal. También ha pedido a su asesor de seguridad, John Brenan, un informe completo y urgente sobre la seguridad interna de Estados Unidos, informe que deberá estar elaborado en 30 días.

Hay que referirse a la opinión de expertos, universalmente aceptada, de que la seguridad absoluta contra un ataque terrorista indiscriminado nunca se podrá alcanzar. El riesgo cero es imposible. La investigación tecnológica tiene su reverso en la invención de nuevos métodos terroristas. Ambos, producto de la invención humana para el bien y para el mal, tratan de adaptarse a la época en que vivimos. Y es que en nuestros días, más de 1.500 grandes aviones con unos 300 pasajeros de media cruzan el Atlántico Norte de Europa a América y de vuelta a Europa, cada 24 horas, transportando en definitiva a más de medio millón de pasajeros con sus cientos de miles de maletas facturadas y sus equipajes de mano en cabina. Los aeropuertos se masifican y cuentan por cientos de miles el número de personas que transitan por sus pasillos y mostradores cada día, lo que hace muy difícil una investigación rigurosa.

Naturalmente, ante esta nueva dimensión del transporte aéreo, originado por el deseo imparable de viajar rápido, bien por turismo, por negocio o por razones familiares, la regulación jurídica de la aviación comercial se ha ido quedando obsoleta. El Convenio de Chicago, impulsado por Estados Unidos y que dio origen a la Organización de Aviación Civil Internacional OACI en 1944, ya no sirve. Tampoco tienen utilidad en gran parte los posteriores Convenios de Tokio de 1963 sobre actos ilícitos a bordo de aeronaves; ni el de La Haya, de 1970, ni el de Montreal de 1971, sobre apoderamientos y otros actos ilícitos, así como otros protocolos y reglamentos anteriores al año 2001.

El terrorismo internacional, consciente de la espectacularidad del siniestro aéreo, no ha dudado en intentar llevarlo a cabo una y otra vez. No porque las aeronaves sean frágiles, todo lo contrario. El comportamiento de la aeronáutica y de los aviones en vuelo está garantizado. Lo mismo cabe decir de la pericia de las tripulaciones: comandantes, pilotos y auxiliares de vuelo demuestran una profesionalidad y disciplina extrema -que a veces no es apreciada por los pasajeros-, y son muy numerosos los casos en que han salvado vidas y evitado actos terroristas.

Sin embargo, la masificación y la velocidad son el talón de Aquiles de la aviación comercial. La masificación, porque dificulta el control de pasajeros sospechosos y de sus equipajes. La velocidad, porque a 900 kilómetros por hora y a 3.000 metros de altura, hacen que un tiroteo, una pequeña explosión o un incendio a bordo, puedan tener consecuencias fatales.

Fue la II Guerra Mundial la que impulsó e inspiró con sus fortalezas volantes la construcción de los Superconstelations, capaces de cruzar el Atlántico. Podemos afirmar que la invención de la aviación comercial es, en gran parte, de origen norteamericano. La época anterior a la contienda, desde 1903, con el primer vuelo fugaz de los hermanos Wright, y el sobrevuelo del Canal de la Mancha, seis años más tarde, por Blériot, sólo tienen significación histórica.

Al final del siglo XX vimos la desaparición de la URSS y de su influencia en el Tercer Mundo. Su rival, Estados Unidos, se encontró como poder hegemónico mundial, apoyado por la Unión Europea. Muchos de esos pueblos del Tercer Mundo, decepcionados con Rusia, cayeron en el radicalismo islamista y pensaron que el enemigo a batir era Norteamérica, máximo exponente del Occidente, que expoliaba sus recursos naturales y que pretendía penetrar y asentarse en Oriente Medio y en Asia. Los radicales islámicos atacaron a Estados Unidos con su propia aviación comercial, e intentan hacerlo de nuevo buscando los resquicios de la fortaleza en que se está convirtiendo Norteamérica, con indicios serios de convertirse en un futuro en un estado totalitario.

La reacción de Obama va a ser contundente. Está perdiendo prestigio y su índice de popularidad ha descendido vertiginosamente en sólo un año de mandato. Tendrá que seguir las recomendaciones de los generales del Pentágono y extender la guerra a otros países. Su raza y su oratoria se pueden volver contra él, y la Norteamérica profunda del centro y del oeste le repudiarán al final de su primer mandato. Los radicales islamistas divulgarán en el Tercer Mundo su imagen de traidor, responsable de nuevas guerras. Y posiblemente no será reelegido para una segunda presidencia.

Viajé en un vuelo de Iberia a Nueva York cuatro días después del frustrado atentado de Detroit. En Barajas no sólo pasé el equipaje de mano por el escáner; también lo registraron minuciosamente antes de subir al avión -dobladillos del abrigo incluidos-, además de someterme a un cacheo completo de cuerpo, brazos y piernas. Ya en Nueva York, lo mismo o más. Un pasajero tuvo que desmontar totalmente su pierna ortopédica, que fue escaneada y analizada en su composición. La noche del 31 de diciembre, la policía de Nueva York acordonó el área de Time Square. Apenas se podía llegar a los hoteles. Estaban nerviosos porque alguien había dejado una maleta en la acera, y la multitud, que quería ver bajar la tradicional bola de Fin de Año, lo invadía todo. La psicosis terrorista en Norteamérica es total.

Pretende Barack Obama que los pasajeros se vigilen unos a otros, y que denuncien a la tripulación actitudes sospechosas. Con carácter de urgencia se han establecido unas normas en todos los aviones que van a Estados Unidos, consistentes en que nadie se mueva de los asientos una hora antes del aterrizaje en suelo americano. Que en ese tiempo no se pueda utilizar el cuarto de baño, ni coger nada del equipaje de mano. Que los auxiliares vigilen que las mantas de los pasajeros se pongan en el suelo.

Las agencias de seguridad norteamericanas, que ya han contabilizado más de 500.000 nombres, ampliarán la lista de sospechosos que no pueden viajar al país y coordinarán mejor la información. Actualmente, las 22 agencias nacionales, junto al FBI, tienen 225.000 funcionarios. Todo este despliegue no ha podido evitar que tenga lugar un incidente como el protagonizado por Umar Farouk Abdulmutallab, que voló desde Nigeria vía Amsterdam a pesar de estar catalogado como sospechoso.

Obama ha declarado, además, que Estados Unidos está en guerra con Al Qaeda, que no es un estado, ni un pueblo, ni un partido político. Poco se sabe de esta organización, pero ello le permite al presidente cerrar su espacio aéreo en cualquier momento y limitar o suprimir todas las libertades del derecho aéreo e internacional. Y Europa, menos asustada pero vinculada con Estados Unidos, obedecerá y pondrá también escáneres corporales en sus aeropuertos y otros controles parecidos. Lo tendremos que soportar por la seguridad aérea, y prescindiremos de muchos derechos y libertades. Es indudable que esta nueva situación de la aviación comercial requerirá nuevos acuerdos globales.

Pero, ¿y si los terroristas cambian de táctica y se dedican a atacar trenes o el Metro? ¿Y si deciden utilizar los cientos de miles de contenedores que entran en los puertos o en los aeropuertos con mercancías? ¿Y si atacan una planta nuclear? Ya se ha dicho: la seguridad absoluta no existe. Lo más recomendable, como se intenta hacer, es minimizar los riesgos en origen. Aunque se trata de una tarea nada fácil.

Manuel Trigo Chacón es doctor en Derecho Internacional y autor del libro Globalización y terrorismo (Ed. Visión Libros).

© Mundinteractivos, S.A.

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Enero 19th, 2010 at 9:12 am

Guerra y paz para “populares”, de Alberto Piris en Rebelión

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Ceipaz

Produce bastante cansancio la frecuencia con la que determinados políticos del Partido Popular, que se tienen a sí mismos por especialistas en defensa o en política internacional, en su constante esfuerzo de acoso y hostigamiento al Gobierno, le exigen a éste que defina en sede parlamentaria si las tropas españolas desplegadas en Afganistán se hallan o no en una situación de guerra.

Deben creer, se supone, que una vez conocida la respuesta todo se aclarará y quedarán desveladas las incógnitas e incertidumbres que el conflicto afgano presenta a todos los Gobiernos de los países que contribuyen al esfuerzo bélico dirigido por EEUU y la OTAN. Podría recordárseles, además, que en este caso ni el Presidente del Gobierno español ni el partido en el poder son responsables del caos que en los últimos años han causado las intervenciones militares de Occidente en el Oriente Medio, caos que ahora parece extenderse también a Yemen.

A esos autoproclamados expertos bélicos habría que sugerirles que los conceptos que han leído en los viejos textos de estrategia o de historia de las guerras se han modificado sustancialmente. Y que a la confusión en la que parecen encontrarse contribuye en mucho el hecho de que se viene dando un equívoco sentido a la palabra “guerra” en acepciones hoy usuales, como guerra contra el narcotráfico, guerra contra la Mafia, contra el crimen organizado o, Bush dixit, guerra contra el terror.

Soy consciente de que los simples comentarios de un columnista, aunque sea un veterano observador de la realidad política internacional como el que firma estas líneas, no harán mella alguna en la tenaz cerrazón de quienes no desean reflexionar sobre conceptos tan importantes. El Parlamento español ha perdido la oportunidad de abrir un debate sobre éstos, a propósito precisamente de la participación militar y de cooperación española en Afganistán. Dada la perpetua pugna electoralista, que es casi el único motor que suscita la esgrima dialéctica entre nuestros parlamentarios, las esperanzas de alcanzar algunas conclusiones inteligentes no parecen muchas.

Por eso voy a reproducir un extenso párrafo de un prestigioso historiador, que me supera en conocimientos y en veteranía, el británico Eric Hobsbawm. Se refiere en él a la distinta actividad teórica de soldados y policías, aquéllos para ganar la guerra y éstos para restablecer el imperio de la Ley, lo que tiene una connotación moral de la que carece la guerra, aunque esta distinción es difícil de llevar a la práctica: “…el homicidio que un soldado comete en acto de servicio no es delito.

Pero, ¿y si un miembro del IRA se ve a sí mismo como un soldado, a pesar de ser, según las leyes del Reino Unido, un asesino? ¿Eran las operaciones en Irlanda del Norte una guerra tal y como sostenía el IRA, o un intento por mantener el orden frente a un grupo de malhechores en una provincia del Reino Unido? A la vista de que, durante más de treinta años, la movilización contra el IRA no afectó únicamente a un contingente policial numeroso sino también al ejército, podemos concluir que sí fue una guerra, aunque siguió un plan sistemático, como si de una operación policial se tratara, para minimizar el número de bajas y no perturbar el día a día de la provincia. Al final, se alcanzó una solución negociada que, como es habitual, no ha traído consigo de momento la paz; tan solo la ausencia de enfrentamientos. Así de complejas son las relaciones entre guerra y paz al comienzo de este nuevo siglo”.

¿Cabe imaginar a nuestros parlamentarios de las comisiones de Defensa y de Asuntos Exteriores, dejando por un momento de lado el habitual y estéril enfrentamiento partidista y discutiendo razonadamente sobre un texto tan claro y enjundioso como el que arriba se reproduce?

La plantilla esbozada por la argumentación del profesor británico puede servir para razonar, sea sobre la lucha contra ETA, sea sobre la situación actual en Afganistán, Iraq, Colombia, Israel, etc. Allí donde las armas sigan matando, donde la injusticia siga provocando desigualdades y odios, donde la explotación de unos pueblos por otros o de unas clases sociales por otras siga siendo un fermento de inestabilidad y violencia.

Hoy el Parlamento quiere discutir sobre Afganistán; mañana, quizá sobre Yemen… y en esas discusiones superficiales, que pueden ser votos para mañana pero fracasos para pasado mañana, se van despilfarrando las oportunidades de encontrar soluciones a los verdaderos problemas de fondo, los que agobiarán a nuestros hijos y nietos, como acabamos de contemplar, avergonzados, en la opereta que ha tenido lugar recientemente en Copenhague.

Alberto Piris es General de Artillería en la Reserva.

Fuente: http://www.ceipaz.org/images/contenido/Piris,%206enero2010.pdf

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Enero 11th, 2010 at 8:05 am

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El Rey llama a España a prepararse para amenazas “complejas e inciertas”, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

El avispero de Afganistán sobrevuela la celebración de la Pascua Militar

Si España fuese un país serio, el gran tema del día sería el creciente esfuerzo del Estado para mantener un mínimo consenso social sobre la presencia militar en el avispero de Afganistán, el peligroso desfiladero en el que sucumbieron el Imperio Británico y la Unión Soviética. Ese fue ayer el principal acento del discurso del rey Juan Carlos en la celebración de la Pascua Militar. “Junto a los riesgos y amenazas tradicionales para la paz y la seguridad, han surgido otros capaces de causar daños indiscriminados. Así, debemos estar preparados para afrontar, de manera dinámica, amenazas complejas e inciertas”, dijo el Monarca en clara referencia al terrorismo yihadista, clave del conflicto afgano.

En la medida en que España sólo es un país serio en días alternos -en el mejor de los casos-, resulta muy probable que el foco acabe centrándose hoy en los pantalones que lució la ministra de Defensa en la citada celebración. Por segundo año consecutivo, Carme Chacón volvió a interpretar los límites del protocolo -previa consulta a la Casa Real-, moderando esta vez la intensidad del maquillaje, optando por un peinado más convencional y matizando contrastes. En términos militares podríamos decir que la ministra corrigió el tiro sin abandonar la trinchera. De haber acudido con falda al Palacio Real, hoy estaríamos hablando de rendición incondicional. Tenaz y siempre con el gesto muy estudiado -quizá demasiado-, Chacón sobrevivió al telediario de las tres.

Vayamos a lo serio. Occidente se la juega en Afganistán. Después de casi nueve años de ocupación, los progresos en la edificación de un Estado mínimamente democrático y autónomo del fanatismo islamista son muy escasos, por no decir que inexistentes. La Administración que preside Hamid Karzai, el hombre que luce las mejores túnicas de seda de Oriente, se ha demostrado corrupta, ineficaz y tramposa. Karzai apenas gobierna más allá de los muros de Kabul. El país sigue anclado en la edad media, el cultivo de opio no conoce límites y al amparo de sus beneficios el talibán ha recuperado prestigio e influencia ante los jefes tribales, verdaderos señores del país. El talibán acecha. Combates, escaramuzas y atentados son cada vez más numerosos, con el consiguiente incremento de muertos y heridos en las tropas de los 37 países de la misión Isaf.

Afganistán comienza a rimar con Vietnam y ese no es el mensaje que los gobiernos occidentales vendieron a sus electores. No es una misión de paz. Es una misión de guerra, de guerra latente, de guerra intermitente, pero de guerra. En el sondeo del Instituto Noxa publicado el pasado fin de semana por La Vanguardia, un 60% de los encuestados se pronunciaba por la retirada de tropas de Afganistán. José María Aznar se metió en el infierno de Iraq con el 80% en contra. ¿Le queda a José Luis Rodríguez Zapatero un margen de 20 puntos?

Azuzado por los republicanos que le acusan de blando ante la amenaza terrorista, el presidente norteamericano, Barack Obama, exige una mayor implicación europea. España enviará 500 soldados más en el 2010 y otros 19 países de la Isaf también han comprometido más tropas. El próximo día 28 de enero una conferencia internacional convocada en Londres tratará de redefinir la estrategia occidental. Se pretende acelerar la formación y adiestramiento de un ejército afgano fiel al oficialismo, que permita evacuar cascos azules en los años venideros. En febrero de 1989, retirado el último hombre del Ejército Rojo al otro lado del río Amu Daria, los oficiales afganos que se mantuvieron fieles a los rusos fueron ahorcados por el talibán en las farolas de Kabul.

Afganistán no está para muchos eufemismos. La ministra Carme Chacón evitó ayer las dulces referencias a la paz del primer zapaterismo y reconoció sin ambages que la misión afgana es muy peligrosa. “Es la misión más dura, más compleja y más arriesgada en las que han participado las fuerzas armadas españolas en veinte años de labor en el exterior”, dijo.

El Rey reforzó su alerta con otra apelación: concienciar a la sociedad de que la política de Defensa es parte de la cultura democrática, “estrechando los vínculos entre la sociedad española y sus fuerzas armadas”.

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Enero 7th, 2010 at 9:12 am

Yemen: la cuarta guerra de Estados Unidos y la primera de Obama, de Alfredo Jalife-Rahme en La Jornada

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Bajo la Lupa

La dupla anglosajona montó una nueva causa terrorista por la cual librar su cuarta guerra simultánea en otro país islámico: Yemen, al unísono de Irak, Afganistán y Pakistán.

Las guerras en Afganistán y Pakistán forman ya una sola y han sido bautizadas por sus semiólogos en mercadotecnia bélica como Af/Pak.

Cuatro guerras de Estados Unidos y Gran Bretaña contra y en cuatro países islámicos, dos de ellos árabes a carta cabal (Irak y Yemen), marcan el diapasón del choque de civilizaciones del racista Samuel Huntington, connotado mexicanófobo y profeta de la supremacía hoy decadente del wasp (blanco-anglosajón-protestante).

El primer día del Año Nuevo que presagia ser más sangriento, The Financial Times, portavoz del neoliberalismo global, alertó que a iniciativa (sic) del premier británico, Gordon Brown, Londres (but of course and curse!) será la sede el mismo día 28 de enero tanto de una cumbre contra el terror en Yemen (la nueva base del reclutamiento terrorista global) como, en forma paralela (sic), de una conferencia sobre Afganistán.

El belicoso Brown alega que la cumbre sobre Yemen cuenta con un respaldo vigoroso (sic) de Estados Unidos y la Unión Europea, cuando Gran Bretaña anhela asegurar el apoyo de Arabia Saudita y los países del golfo. Llama la atención la ausencia del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), ya no se diga del G20 y del G77 de los países No-Alineados (que en realidad son 130).

La dupla anglosajona posee la evidencia de que el hijo de un banquero nigeriano islámico –quien en forma sacrílega intentó en Navidad estallar el vuelo 253 a Detroit– fue reclutado por Al Qaeda en Yemen tras haber vivido en Gran Bretaña.

Desde Obama hasta el almirante Dennis C. Blair, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, han sido expuestas con notable candidez las fallas humanas y sistémicas de espionaje, las cuales obligan a tomar mayores medidas de alta tecnología de masivo control orwelliano, sin contar su gran negocio aeroportuario.

Pasaremos por alto las valiosas dudas sobre el extraño atentado (que siempre no fue) del inepto terrorista nigeriano islámico, lo cual parece redición de otro montaje hollywoodense al estilo 11/9, como deja entrever WSWS.org (31/12/09).

Aquí no importa la verdad –como fue el caso flagrante con las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, que siempre no fueron–, sino la credulidad de la opinión pública de Estados Unidos y Gran Bretaña a las versiones de sus mendaces gobernantes.

Las metástasis terroristas de Al Qaeda otra vez resucitada han sido decretadas por la dupla anglosajona y ahora, para defender a la civilización occidental agazapada, se exige erradicar su foco cancerígeno trasmutado en su nueva matriz en Yemen (antes había sido localizado en Afganistán, Pakistán e Irak).

Press Tv, de Irán (1/1/10), comenta con sarcasmo que la cumbre anglosajona ha sido convocada cuando una ofensiva militar saudita-yemení ha matado a centenas en el norte del pobre, pero muy rico en petróleo (¡supersic!), país árabe al borde del desastre humanitario, mientras en el sur, las fuerzas gubernamentales de Yemen y el ejército de Estados Unidos han bombardeado a quienes llaman (¡supersic!) militantes de Al Qaeda. Agrega que los alegatos sobre el inepto terrorista nigeriano han levantado sospechas y concluye que a Yemen es probable que le espere el mismo destino trágico de Irak y Afganistán.

Pero, ¿cuál es el problema, si de lo que se trata es de poner en jaque el tránsito de mercancías y petróleo desde el canal de Suez hasta el golfo de Aden en el mar Arábigo (parte del océano Índico), que perjudicaría ostensiblemente tanto el exitoso libre comercio como el abastecimiento energético de China?

La dupla anglosajona ha apretado las tuercas a los dos lados del golfo de Aden y en el célebre estrecho de Bab Al Mandab (la puerta de las lágrimas): primero, en Somalia y el cuerno de África (ver: Londres, detrás de los piratas somalíes, Bajo la Lupa, 20/5/09) y ahora, del otro lado, Yemen.

Tanto el estrecho de Hormuz (entre el golfo de Omán y el golfo Pérsico), como el estrecho de Bab Al Mandab han ligado sus destinos y pletóricas riquezas de hidrocarburos en las dos costas, occidental y oriental, de la península Arábiga.

La simultánea cuarta guerra anglosajona –y la primera que ha iniciado Obama cuando las otras tres fueron legadas por su antecesor Baby Bush– había sido muy cantada por Chatham House, centro de pensamiento británico, con bastante antelación al presunto montaje hollywoodense del inepto terrorista nigeriano.

Desde los orígenes genéticos de Osama Bin Laden, a quien nadie puede hallar, hasta el inepto terrorista nigeriano Farouk, de 23 años, se repite la conexión yemení.

Los orígenes del Yemen unificado en 1990 (con un total de 527 mil 968 kilómetros cuadrados) provienen de su previa balcanización entre el norte (que obtuvo su independencia del imperio otomano en 1918 con 195 mil kms2) y el sur (que se independizó de Gran Bretaña en 1967 como República Democrática del Pueblo de Yemen del Sur, con 332 mil 968 kms2).

En el Yemen unificado coexistían 53 por ciento de sunnitas (apoyados por Arabia Saudita) y 47 por ciento de chiítas, primordialmente la tribu houthi (apuntalada por Irán).

El sueño anglosajón hecho realidad consiste en fomentar la guerra civil religiosa entre sunnitas y chiítas, que incluye notoriamente a Yemen, como se notó durante las carnicerías para perturbar la fiesta sagrada chiíta del Ashura (el martirologio de Hussein, nieto del profeta Mahoma) en toda la geografía de lo que hemos denominado Chiistán: desde Pakistán hasta Líbano, como relató Debka (1/1/10), presunto portal del Mossad (espionaje israelí).

La guerra del gobierno yemení contra la tribu chiíta de los houthi es también demográfica.

Al ritmo demográfico galopante de los chiítas en poco tiempo Yemen hubiese sido dominado por una mayoría vinculada a Irán. Esta democracia biológica no le conviene a la dupla anglosajona que, a nuestro juicio, prefiere balcanizar a Yemen en sus dos pedazos históricos anteriores: 1. el norte, donde el portal israelí Debka asegura que Arabia Saudita sufrió una derrota en la guerra asimétrica que libra contra los houthi chiítas, y 2. el sur, a mayor densidad demográfica sunnita, donde Washington libra subrepticiamente desde hace algunos meses su cuarta guerra simultánea.

Dominado virtualmente el sur, gracias a la iniciativa británica de la cumbre de Londres, ¿intentará la dupla anglosajona extender luego su guerra al norte (de mayoría chiíta), lo cual la confrontaría con Irán en un frente más?

Una joya superestratégica se encuentra en juego en el océano Índico y pasaría a manos del nuevo sur: la isla de Socotra, de 3 mil 625 kms2, ubicada marcadamente más cerca de Somalia (a 80 kms.) que de la costa yemení sureña (a 380 kms.).

Socotra fue en el siglo 19 un protectorado británico para cuya marina (aun sus piratas) constituía una escala estratégica importante, que hoy está a punto de resucitar.

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Enero 3rd, 2010 at 10:03 am

Regalitos de Navidad, de Juan Gelman en Página 12

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Y qué regalitos. La Casa Blanca los ofreció a Fannie y Freddie el día de la Nochebuena del año que acaba de terminar. F. y F. no protagonizan una película de Ingmar Bergman: son dos gigantes financieros del mundo hipotecario que Obama decidió salvar de la bancarrota en el 2008. Ahora les aumentó el crédito que les otorgó y otorga el Tesoro estadounidense. Se comprende: antes tenían un techo de sendos 400.000 millones de dólares apenas. Ya no: crédito sin límites en adelante.

Por Fannie Mac se conoce familiarmente a la Asociación Nacional Federal Hipotecaria, una megacompañía que se ocupa de comprar y asegurar hipotecas y que embolsó fortunas incalculables durante la burbuja desencadenadora de la crisis. Freddie Mac es el apodo cariñoso de la Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios que lleva en el nombre su propósito. Entre las dos eran, o son, dueñas o garantía de la mitad del mercado hipotecario de EE.UU., valuado en 12 billones de dólares. Algo es algo.

El presente del gobierno repercutió inmediatamente en la Bolsa: las acciones de Fannie subieron un 19 por ciento y las de Freddie, el 21 por ciento (www.bloomberg.com, 26/12/09). Hablando de acciones: las de Fannie aumentaron un 66 por ciento este año, las de Freddie más del doble. Pareciera que la crisis no golpea a todo el mundo. El Tesoro fue todavía más pródigo con la pareja: anunció que sus principales ejecutivos recibirán en el 2010 bonificaciones de 4 a 6 millones de dólares cada uno. No es mucho, en realidad, si se toma en cuenta lo que solían percibir.

El sector financiero norteamericano provocó la crisis más grave desde la Gran Depresión, pero gracias al poder político ha vuelto a la vida. Y está más vivo que nunca: Absorbió el 34 por ciento de todos los beneficios empresariales en el último trimestre del 2009 (www.guardian.con.uk, 28/12/09). Con el desequilibrio económico actual de fondo, Goldman Sachs, el banco de Wall Street que acopia vituperios en todos los rincones del planeta, repartió bonos navideños por valor de 13.000 millones de dólares entre su personal. El Financial Times designó “hombre del año” a Lloyd Blankfein, presidente de la entidad financiera (www.ft.com, 24/12/09). Claro que sí: Blankfein supo decir “Estamos haciendo (los banqueros) el trabajo de Dios” (www.timesonline.co.uk, 8/11/09).

Un trabajo nada abarcador: 463.000 asalariados perdieron su empleo en noviembre del 2009, según datos de la Oficina de Estadísticas del Trabajo de EE.UU. (www.bls.gov, 4/12/09). El número de desocupados durante un largo período (27 semanas o más) aumentó de 293.000 en diciembre del 2007 –el inicio de la crisis– a 5,9 millones. La cifra total de desempleados transitó de 7,5 millones a 15,4 millones en ese mismo lapso. Es decir, se duplicó en dos años. Goldman Sachs no hace con ellos el trabajo de Dios.

El desastre tampoco se reparte con equidad: su peso mayor recae en los afroamericanos y en los inmigrados de América latina. La tasa de desocupación de los primeros asciende al 15,6 por ciento y al 12,7 por ciento la de los últimos. Es del 9,3 por ciento la de los trabajadores blancos. Esto causa inquietud en la bancada de legisladores afroamericanos del Congreso. La representante Barbara Lee, presidenta del grupo que aglutina a unos cuarenta miembros de la Cámara baja, emitió en nombre de éstos una severa declaración: “Con más del 24 por ciento de afroamericanos bajo la línea de la pobreza, parte de una población que tiene un 55 por ciento más de probabilidades de perder el empleo que los demás estadounidenses, es innegable la existencia de desigualdades raciales” (www.politico.com, 8/12/09). Hechos son.

Demuestran, además, que la guerra no es la solución de los graves problemas económicos que aquejan a EE.UU. y al mundo, concepción que ningún economista serio sostiene ya. En The Three Trillion Dollar War: the True Cost of the Iraq Conflict (Penguin Books, Londres, 2008), el Nobel Joseph Stiglitz y la experta en finanzas Linda Bilmes subrayan que el dinero que la Casa Blanca gasta en Irak no estimula la economía norteamericana del mismo modo que si se invirtiera en EE.UU. Los coautores ejemplifican: los mil dólares destinados a pagar los servicios de un trabajador nepalés en el país invadido no acrecientan el ingreso de los estadounidenses. En cambio, los mismos mil dólares utilizados para costear la investigación científica en casa fortalecen directamente la economía del país.

El envío de otros 30.000 efectivos a Afganistán, la intervención militar en Pakistán y la guerra en Yemen que se avecina (ver Página/12, 27/12/9) ennegrecen aún más el panorama. Es una cortesía de los grandes consorcios petroleros y del complejo militar-industrial que tanto preocupó al general Eisenhower.

© 2000-2010 www.pagina12.com.ar

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Enero 3rd, 2010 at 10:01 am

La ‘pax’ europea, de Miguel Ángel Aguilar en El País

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Decían aquellos neocons, que marcaban la línea de pensamiento obligatorio durante la presidencia de George W. Bush, que Estados Unidos era Marte y Europa era Venus. Pero el presidente Barack Obama, que acaba de recibir el premio Nobel de la Paz, mientras decidía el envío de 30.000 efectivos más a Afganistán ya ensayaba aproximaciones diplomáticas a ese y a los demás conflictos abiertos, en una línea que rebasa la mera estrategia militar. En cuanto a la Unión Europea, los años de espera consumidos hasta el advenimiento del Tratado de Lisboa este diciembre no han sido de parálisis sino de enseñanza para atender a la necesidad de desplegar con autonomía efectivos bajo su propia bandera, que contuvieran o apagaran incandescencias bélicas en medio mundo.

Porque nuestro compatriota Javier Solana, en los diez años que ha ejercido como Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común, se inventó la Estrategia Europea de Seguridad (ESS), la cual a partir de 2003 proporcionó el marco para la Política de Seguridad y Defensa (PESD) y para las actuaciones en la gestión de crisis, el mantenimiento de la paz y las distintas misiones cumplidas. De forma que en mayo de 2009 la UE estaba implicada en 12 misiones -dos militares, dos cívico militares y ocho civiles- de Bosnia a Georgia, de Palestina a Afganistán, de Congo al Golfo de Adén.

De manera que la UE sostiene, conforme a la Convención Europea de los Derechos Humanos, que los Derechos Humanos deben ser universales y en sus relaciones exteriores se compromete a esforzarse por un mundo más justo, “libre del miedo y de la necesidad”. En aras de esos objetivos, la UE financia 1.500 proyectos en unos 80 países mediante el Instrumento Europeo para la Democracia y los Derechos Humanos, con un presupuesto de 140 millones de euros anuales.

La Unión Europea siempre suscita las más severas críticas por sus insuficiencias o por sus extralimitaciones. Algunos querrían que se comportara con la coherencia de un Estado unitario y otros preferirían reducirla a una mera unión aduanera. Cuando se puso en marcha la Unión Económica y Monetaria y nació la moneda única, el euro, cundieron los pronósticos de que se trataba de una creación monstruosa que sería insostenible. Años después, la divisa europea compite ventajosamente y se afianza como referencia de los pagos internacionales y como moneda de reserva. La crisis en la que estamos inmersos es también una buena ocasión para reflexionar qué hubiera sido de algunas monedas soberanas si hubieran tenido que soportar determinados huracanes. Así que la aparente cesión de soberanía que representaba participar en el euro se ha trocado en una ganancia real. Algún observador ha señalado, por ejemplo, que la decisión de la retirada de las tropas españolas desplegadas en Irak, adoptada en 2004 por el presidente Zapatero, hubiera podido arrastrar consecuencias inaceptables para la peseta, mientras que guarecidos por el euro nada hubimos de temer.

Como sucede siempre cuando los países se asocian en aras de emprendimientos de mayor calado, la viabilidad del proyecto común queda en función de la lealtad de los socios. Esa es la línea a promover ahora que por fin la UE se ha dotado de un presidente permanente del Consejo Europeo, el anterior premier belga Herman Van Rompuy, y de una ministra de Asuntos Exteriores, Catherine Ashton, que dispondrá de recursos multiplicados por su condición añadida de vicepresidenta de la Comisión. Esta mañana el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, debía ser el primero en recibir la visita de Van Rompuy. Un encuentro fijado en vísperas de la presidencia española, correspondiente al primer semestre de 2010. Buen momento para concertar posiciones y acordar prioridades. También para descartar estériles pugnas por protagonismos inútiles.

Aquí la construcción europea ha suscitado siempre, incluso antes de nuestra incorporación a la UE hace casi 35 años, el consenso unánime de las fuerzas políticas y de la ciudadanía. España se ha ahorrado el euroescepticismo y algunos de sus gobiernos, como los de Felipe González, han sabido hacer planteamientos a escala de toda la UE que han resultado de máxima validez para nuestro país, desde los Fondos de Cohesión a la Ciudadanía europea. No hay salida nacionalista a los problemas actuales sin que esa realidad comporte el abandono de los estrictos intereses nacionales. En cuanto a la decisión de Van Rompuy de simplificar el funcionamiento del Consejo Europeo, de circunscribir la asistencia a los primeros ministros, de evitar la acumulación de asuntos coyunturales y de redactar conclusiones escuetas y legibles, confirma que emprende la senda adecuada. Veremos.

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Diciembre 15th, 2009 at 8:10 am

Resolviendo el ‘caso Haidar’, de Alberto Piris en Estrella Digital

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Un viejo compañero de profesión, ya hace tiempo retirado pero curtido en algunas batallas de los servicios secretos, unas ganadas y otras perdidas, y en algunas acciones clandestinas, dentro y fuera de las fronteras españolas, al servicio del Estado que desapareció con la Constitución de 1978, me exponía el otro día el modo definitivo de resolver el espinoso problema causado por la presencia en el aeropuerto de Lanzarote de la activista saharaui Aminatu Haidar.

Allí donde la diplomacia española parece estar fracasando, así como los intentos de Washington y de la ONU para convencer al déspota monarca marroquí de que ceda siquiera unos milímetros en su intransigencia, el plan de acción de mi antiguo compañero de armas produciría, según él, un resultado eficaz y contundente, que modificaría la situación de modo radical.

Para ello bastaría con depositar a Haidar en El Aaiún, por supuesto de modo ilegal. Tras recordarme, con entusiasmo y profusión de detalles, varias operaciones realizadas en el pasado por otros servicios secretos, sobre todo israelíes pero también de EEUU y Francia, relacionadas con el secuestro de personas o con el rescate de rehenes, el castigo a traidores o la neutralización de personajes incómodos, la infiltración en bandas terroristas y otras aventuras propias de una novela de Le Carré, me describió su plan. Consistiría, sencillamente, en que, una vez obtenido el libre acuerdo de Haidar -que él daba por sentado-, se organizaría una operación de cobertura en el mismo aeropuerto, haciendo creer a todos los seguidores de su causa allí presentes que Aminatu estaría recluida unas horas en su habitáculo, sin dejarse ver, viva pero en estado de preocupante gravedad, lo que aconsejaba interrumpir temporalmente las visitas.

Mientras tanto, aprovechando las horas nocturnas o mediante alguna operación de diversión (que podría consistir en la concentración de todos los presentes en otro local, para ser informados de ciertas novedades urgentes del máximo interés), sería transportada a un helicóptero contratado al efecto, que en vuelo rasante, para evitar ser detectado por los radares del tráfico aéreo, recorrería en poco tiempo los 200 km que separan El Aaiún del aeropuerto lanzaroteño. En un lugar determinado de antemano y próximo a la capital saharaui, que ofreciera garantías de seguridad, tomaría tierra el aparato y sus viajeros se pondrían en contacto con otros colaboradores saharauis de la operación, que tendrían organizado el traslado a su domicilio. Allí, al día siguiente, haría Aminatu Haidar su aparición oficial, habiendo puesto previamente sobre aviso al mayor número posible de medios de comunicación internacionales, para aumentar el efecto de resonancia pública de su regreso al hogar, tras la odisea padecida.

Como suele suceder en casi todos los servicios secretos, quienes en ellos trabajan se dividen, grosso modo, en dos tipos: los operativos y los intelectuales. Raras veces coinciden en una sola persona las cualidades de ambas categorías. Por eso, a mi amigo, cuya adscripción al primer grupo ha sido indiscutible desde que empezó a moverse en las sombras del Estado, no le preocupaban las cuestiones de fondo. Como viejo militar, sigue sintiendo la vergüenza del abandono en que España dejó sumido al pueblo saharaui a partir de 1975, y eso le impulsa a apoyar sus reivindicaciones. Por otra parte, apenas le molesta el proceder autocrático del medieval monarca marroquí, ni las violaciones de los derechos humanos tan frecuentes en el vecino país (”cada pueblo tiene los gobernantes que se merece”, es su principal receta política, que no requiere muchas aclaraciones) y tampoco se pierde en disquisiciones jurídicas, legales o diplomáticas sobre lo que puede o no puede hacerse en las relaciones internacionales. Aplica la fórmula que oyó a un conocido general español que ostentó en el pasado altas responsabilidades en la seguridad del Estado, al referirse a la lucha antiterrorista: “Hay cosas que no se deben hacer. Si se hacen, no se deben decir. Y si se dicen, hay que negarlas”.

Intenté hacerle ver, con poco éxito, que la operatividad debe estar subordinada a los objetivos políticos para que sea verdaderamente eficaz. Saltó con un exabrupto: “¡Ya estamos otra vez con la política! Lo que hay que hacer, se hace, sin más contemplaciones”. Intenté explicarle la complejidad del asunto: la situación geoestratégica de Marruecos respecto a España, como vía de inmigración ilegal y objetivo del terrorismo islamista, pero también competidor comercial, entre otras cosas. Le recordé la exclusiva responsabilidad del Gobierno de Rabat en el conflicto, por mucho que la mayoría de la población marroquí, sólo informada por una prensa controlada, respalde a su monarca y sufra un acceso de patrioterismo excitado por sus gobernantes. No pareció convencido.

Al despedirnos, le dije: “Amigo, en tiempos de Franco se hacía lo que él o sus generales decidían. Si salía mal, nadie protestaba. Sólo por la BBC o Radio París podías enterarte de lo ocurrido. Ahora las cosas son más complejas y es precisamente la acción política, que tanto detestas, la única que puede dar soluciones a problemas tan enmarañados como éste. Deja actuar a la política y, si el resultado no te gusta, la próxima vez vota a otros”. Se alejó refunfuñando.

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Diciembre 15th, 2009 at 8:03 am

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