Archive for the ‘Defensa’ Category
Los guerreros del mañana, de Richard Gowan en Público
El fin de las operaciones de combate estadounidenses de este mes en Irak ha sido un anti-clímax. No nos ha dejado ninguna imagen significativa para el recuerdo –nada como el último helicóptero en salir de Saigón o el último tanque ruso en abandonar Afganistán–. 50.000 instructores militares estadounidenses continúan en Irak.
Incluso aunque no haya habido mucho drama, los historiadores pueden concluir que ha sido un momento muy importante. Mientras EEUU se retira de Irak, los estrategas políticos se empiezan a cuestionar si la atormentada superpotencia seguirá destinando con devoción vastas cantidades de dinero a los gastos de Defensa.
Un escéptico es Robert Gates, secretario de Defensa, que ha anunciado recortes iniciales al presupuesto de su departamento y sugiere que se necesitará mucho más.
Un crítico mucho más franco es Michael Mandelbaum, veterano intelectual en política internacional del Partido Demócrata. En un libro publicado en EEUU a principios de agosto, argumenta que Washington necesitará dedicar crecientes cantidades de dinero a mantener a la cada vez más envejecida población americana. Uno de los resultados, dice Mandelbaum, es que no habrá más iraks: “Evitar intervenciones militares y construcción de estados es una manera de reducir el coste de la política exterior de EEUU”.
Esto puede sonar familiar a los europeos. Los pocos jugadores militares significativos de la UE quieren reducir los presupuestos de Defensa. La campaña afgana ha acabado con el apoyo popular a las aventuras en el extranjero. Y, para mayor sorpresa, el Gobierno conservador de Londres se está planteando recortes que podrían terminar con la larga tradición del Reino Unido como potencia militar global.
Occidente no está de precipitada retirada. Las fuerzas especiales de EEUU matan terroristas en estados débiles como Yemen. Las tropas francesas recientemente atacaron una base de Al-Qaeda en Mauritania. Pero es difícil imaginar a la OTAN embarcándose en nuevas operaciones de gran envergadura como las de Kosovo o Afganistán. Si la campaña afgana termina en fracaso, las cosas serán incluso más difíciles.
Algunos expertos militares estadounidenses no se preocupan por esto. El poder de EEUU se repuso después de Vietnam. A Washington no le gusta perder las guerras, pero puede permitirse derrotas ambiguas. Esto no es así para los europeos. A lo largo de la última década, la OTAN y la UE han arriesgado su credibilidad por estabilizar los Balcanes y Afganistán. Las guerras de los Balcanes han tardado en resolverse más de lo esperado, pero Afganistán ha hecho parecer que lo de los Balcanes se vea sencillo. Incluso si EEUU recobrara su espíritu intervencionista, la mayoría de los miembros de la UE no le seguiría.
Pero es demasiado pronto para sostener que la era del intervencionismo y de la “construcción de estados” ha llegado a su fin. Potencias emergentes como Brasil, China o India pueden reemplazar a los europeos en la tarea. A EEUU le puede resultar más fácil trabajar con estas potencias que con la OTAN.
Observe la respuesta internacional al terremoto de Haití en enero. Tropas latinoamericanas a las órdenes de la ONU –ayudados por un contingente de policías chinos– ya eran responsables de la seguridad en Puerto Príncipe. El terremoto sacudió la misión, pero esta consiguió mantener el orden. Los marines de EEUU desplegados en Haití estaban impresionados por la profesionalidad de las tropas de la ONU.
Esto dejaría pasmados a los oficiales europeos que sirvieron al mando de Naciones Unidas en Bosnia en los noventa y vieron a la organización como ineficaz y cobarde. Podría sorprender un poco menos a los europeos que han llevado cascos azules en el sur del Líbano desde la guerra de 2006, porque las Naciones Unidas han realizado enormes esfuerzos para mejorar su gestión. La fuerza del Líbano, ahora liderada por un general español, es una amalgama de tropas de la UE y soldados de lugares tan lejanos como China, Ghana, India e Indonesia. Más o menos funciona. Naciones Unidas no es capaz de impedir que Hizbulá acopie misiles para preparar otra guerra con Israel, pero ha taponado la olla a presión de la frontera.
Nadie va a fingir que las fuerzas de la ONU en Haití y Líbano son perfectas. La trágica fuerza de la ONU en Darfur se tambalea de una crisis a otra. Pero la realidad es que, mientras los miembros de la OTAN buscan recortar sus gastos militares, partidarios de Naciones Unidas como Brasil e India están aumentando su envergadura militar. El presupuesto de Defensa brasileño creció casi un 25% el año pasado. Estos son los guerreros del mañana.
Afrontando estas dinámicas, EEUU y Europa deben hacer una elección estratégica. ¿Van a esconderse tras las altas murallas de la alianza de la OTAN (y en el caso norteamericano, seguir proyectando poder en el Pacífico) o van a colaborar con las potencias emergentes?
La cooperación puede ser confusa. Puede significar trabajar menos a través de las largamente asentadas estructuras de la OTAN o más a través de los imprecisos mecanismos de la ONU con los que no están familiarizados.
También significará respetar lo que las potencias no occidentales piensen. Se dice que algunos oficiales europeos en el Líbano ven a sus homólogos asiáticos y africanos como “exóticos”. Esto hace que suenen como animales poco comunes en un zoo. Pero debemos aceptar que, una vez que hayamos reducido drásticamente los presupuestos de Defensa al mínimo, puede que los soldados europeos estén entre los animales más raros de todos.
Richard Gowan es Director adjunto del Centro de Cooperación Internacional de Nueva York
Traducción de Borja Novoa
El debate sobre Afganistán, de Alberto Montero Soler en Público
El pasado 6 de agosto, la portada de este periódico interpelaba al lector con una pregunta acompañada de dos fotografías. La pregunta era “¿Para qué sirve estar en Afganistán?” y las fotografías eran de Aisha, una joven afgana de 18 años cuyas orejas y nariz habían sido mutiladas a cuchillo por su marido para resolver lo que él consideraba una grave afrenta. De esa forma, Público se hacía eco del debate que la publicación de unas fotos similares de Aisha en la portada de la revista Time estaba generando a nivel mundial y que centraba la atención en el papel de las fuerzas de ocupación en Afganistán.
Desde mi punto de vista, existe otra manera de enfocar el debate (discusión que cobra ahora trágica actualidad a raíz del asesinato, el miércoles pasado, de dos guardias civiles y un traductor españoles, y el intento de asalto a la base de Qala i Naw). De repente parece como si las tropas de ocupación llevaran años en ese país para defender los derechos de las mujeres afganas y que, a la vista de las fotografías de Aisha, el resultado no se está alcanzando. Parece como si los discursos que se emplean para camuflar una ocupación militar dejaran de ser proclamas propagandísticas para convertirse en razones ciertas y de la suficiente solidez como para sentar las bases de un debate real con consecuencias tangibles.
Vivimos tiempos de memoria frágil y a los invasores les resulta necesario refrescar el argumentario con el que camuflan sus verdaderas razones, apelando al sentimentalismo más primitivo. Creen que basta con mostrarnos el rostro desfigurado de una niña para hacernos creer que cada bombardeo tiene como finalidad la defensa de los derechos de las mujeres afganas y que, así, desvían nuestra atención y olvidamos las verdaderas razones de su presencia en aquel país.
Pero, puestos a entrar al trapo, es decir, suponiendo que la defensa de los derechos de esas mujeres constituyera la principal razón de la ocupación militar, lo que no debemos permitir es que nos impongan las preguntas y hasta las respuestas en ese debate. Lo primero que deberíamos hacer sería cambiar los términos del mismo y plantear abiertamente la cuestión como ellos suelen hacerlo cuando de otras cuestiones se trata. Hablemos, por ejemplo, de eficiencia, de si los medios empleados se corresponden con los fines perseguidos; de si la inversión de recursos realizados hasta el momento está teniendo algún efecto positivo sobre la que dicen que es la razón última de esta ocupación. Y, en el caso en que ese resultado no se esté dando, preguntémonos si existe alguna alternativa. Porque, si los resultados son negativos y si las alternativas existen pero no se implementan, la conclusión que cabe extraer es que alguien está engañando a alguien.
De entrada, algo debe estar haciéndose muy mal cuando la Misión de Asistencia en Afganistán de las Naciones Unidas (UNAMA) acaba de publicar que el número de víctimas civiles en ese conflicto ha sido de 1.271 muertos en los primeros seis meses del año, un 31% más que en el mismo periodo del año anterior. Un resultado que tampoco debería asombrarnos si recordamos que Barack Obama no sólo ha mantenido la política belicista de George W. Bush, sino que la ha intensificado, solicitando un incremento de un 6,1% en el gasto militar con respecto al pico máximo al que llegó en tiempos del primero. Además, ha multiplicado por tres el número de soldados estadounidenses en el país desde que asumió la presidencia de EEUU, sin que las haya reducido desde que recibió el Nobel de la Paz.
Estos datos suponen una primera evidencia de que no son los derechos de las mujeres afganas lo que está en juego. ¿O es que alguien puede pensar que EEUU se habría gastado hasta el momento en Afganistán decenas de miles de millones de dólares para defender esos derechos? ¿Tan importantes son estos para la Casa Blanca? Es más, si efectivamente son tan importantes, ¿por qué EEUU y el resto de gobiernos comparsa permiten que se forme un Gobierno títere integrado en gran medida por los mismos señores de la guerra que han masacrado a la población afgana y, especialmente, a sus mujeres? ¿No sería mejor darles un mayor peso en la política real del país a las mujeres y perseguir a los señores de la guerra por sus crímenes contra estas?
Nadie puede pensar en serio que la emancipación de la mujer afgana se conseguirá a base de bombardeos y masacres. Es mucho más útil pensar que la libertad para las mujeres de ese país sólo se logrará a base de educación y de una transformación radical de las condiciones sociales y económicas del país, como ha ocurrido en otros estados de la zona, como Bangladesh.
Si coincidimos en que esa es la verdadera vía de emancipación de las mujeres, el debate sobre la ocupación de Afganistán quedaría rápidamente saldado apenas tuviéramos en cuenta que con el millón de dólares que supone el mantenimiento anual de un soldado estadounidense en Afganistán, podrían construirse 20 escuelas. O que con el mantenimiento de 246 soldados, se podría financiar un plan de mejora de la educación en todo el país.
La verdadera transformación social es la que se produce a través de la educación. Es lo que intentan a diario organizaciones como CARE, que tiene 295 escuelas en Afganistán a las que han asistido más de 50.000 niñas sin que las atacaran los talibanes. Eso es lo que genera esperanza, expectativas de cambio, respeto y dignidad para las mujeres afganas. Y eso es lo que destruyen cada día las “tropas de liberación” con sus bombardeos. Estos son los términos del debate sobre los que valdría la pena discutir.
Alberto Montero Soler es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y vicepresidente de la Fundación CEPS
Hipocresía nuclear, de Luis Matías López en Público
Bush tuvo sus guerras: Afganistán e Irak. A Obama aún le falta la suya, ya que sólo es albacea de esas dos herencias envenenadas. ¿Los focos más probables? Corea del Norte e Irán.
Se entiende que en Washington, Seúl o Tokio corra un escalofrío ante el hecho de que el tirano Kim Jong II
tiene bombas atómicas y misiles capaces de lanzarlas. Y se comprende la inquietud por la posibilidad de que el régimen iraní, que avala la lapidación de adúlteras, machaca a la oposición y querría borrar a Israel del mapa, disponga de su propio arsenal nuclear.
Está claro: cuantos más socios tenga el club nuclear y menos controlables sean, más inseguro será el planeta. Sin embargo, la actitud de EEUU y sus aliados, incluso de Rusia y China, refleja una descomunal hipocresía, una falacia que se vende como axioma: que hay potencias atómicas malas y buenas, y que estas últimas son las que, como vencedoras en la II Guerra Mundial, se autoconcedieron derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Dos de ellas, los grandes antagonistas de la Guerra Fría, conservan arsenales capaces de arrasar el planeta, incluso tras los recortes previstos. Una, EEUU, ya demostró en Hiroshima y Nagasaki que es capaz de utilizar la bomba “para evitar males mayores”.
A otras dos potencias atómicas, Pakistán e India, en permanente tensión bélica, se las tolera como hecho consumado. De Israel, isla judía en un hostil mar árabe, se sabe que atesora más de cien bombas, y nadie duda de que las utilizará si, para defender su supervivencia, no le basta con la colosal máquina de guerra convencional que engrasa Washington. Sin embargo, casi nadie habla de la “amenaza nuclear” israelí.
En cuanto a Irán y Corea del Norte, ya se sabe, son los malos. A esos, ni agua; hay que pararles los pies.
Volviendo a la república de los ayatolás: aparte del hecho de que aún no haya pruebas concluyentes de su designio nuclear, ¿acaso no tiene derecho a preguntarse por qué el enemigo israelí puede tener la bomba e Irán no? ¿Quién tiene derecho a conceder o negar la tarjeta de socio del club atómico?
Si Teherán no convence de que su programa nuclear es pacífico, y si las sanciones no bastasen, Obama, hipocresía mediante, se vería tentado, con Israel de socio, a tener por fin su guerra. No le sería fácil justificarla, pero ni eso ni el Nobel de la Paz que le regalaron la hacen imposible.
Luis Matías López. Periodista.
El último cartucho, de Pedro Pitarch en ABC
La Tercera de ABC
«En Afganistán, la capital importancia de algunas cosas en juego —las vidas de nuestros soldados y guardias civiles en primer lugar— exige de nuestros responsables que, de una vez por todas, abandonen toda ficción»
Míster Obama recuerda al típico sheriff justiciero de las novelas de Marcial Lafuente Estefanía, tan populares en los años 60. En mayo de 2009, para cambiar de estrategia en Afganistán, el presidente muescó las cachas de su revólver tras freír al general McKiernan. A éste le sucedió el general McChrystal, hasta junio de 2010, cuando Obama desenfundó otra vez y también lo liquidó. Las opiniones sobre su presidente atribuidas a McChrystal en el famoso reportaje de la revista «Rolling Stone» fueron las razones «oficiales» para ese dramático desenlace. Pero releyendo con calma esa crónica, el espectador no niega que lo dicho sobre el presidente fue algo indiscreto e inoportuno, posiblemente una falta, pero de una gravedad controvertible. La inmediata algarabía modulada sobre la onda de la «supremacía del poder civil sobre el militar», que orquestaron los habituales descubridores de lo obvio, facilitó apretar un engrasado gatillo.
La chunga relación entre Obama y sus generales no es algo fortuito. Se inscribe en el sensible marco de las relaciones entre lo político y lo militar e impele a reflexionar, con respeto y seriedad, sobre ellas. La estrategia política emplea una mezcla de decisiones revisables, regates, amenazas, firmeza y concesiones para alcanzar los objetivos políticos con la mayor rentabilidad, o al menor coste, no sólo en términos económicos, sino también de imagen y, especialmente, electorales: la lógica política está gobernada por el principio de economía. La estrategia militar, por su parte, se concentra en el empleo de los medios para lograr los objetivos asignados por la política de la manera más rápida y rotunda: la lógica militar está regida por el principio de eficacia. Esta desemejanza de principios lógicos fundamenta una siempre latente desconfianza recíproca, que emerge pujante ante la ausencia de éxitos, de la que Afganistán es paradigma. Aceptando los riesgos asociados a las generalizaciones, se podría decir que el político sentiría alguna recóndita prevención hacia el uniformado, al entender (con cierta razón) que un fuerte y eficaz «poder» militar erosiona los valores democráticos y complica el ejercicio del «poder» civil. Y el militar recelaría del político al barruntar (no sin algún fundamento) que el interés del «poder» civil no va siempre más allá de procurar perpetuarse, al margen de la eficacia de su gestión. Sin embargo, cualquier militar de un país democrático suscribe, sin restricción mental alguna, la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder ejecutivo en los términos previstos en las leyes. Tampoco cuestiona que la actividad militar debe estar sometida al control político. Lo cuestionable sería la manera como este dominio es ejercitado. En román paladino: hasta qué punto el Mando, especialmente en operaciones, debe estar intervenido por quienes, desde fuera de la cadena de mando, no solamente intentan imponerle lo que debe lograr sino incluso cómo tiene que hacerlo. Y en el argumento de McChrystal subyacen dos relevantes aspectos ignorados por los «analistas»: la legítima defensa de la razonable libertad de acción que todo militar necesita para cumplir las misiones encomendadas; y la serena protesta por la permanente intrusión en la cadena de mando, de políticos intermedios que medran metiendo su cuchara en la sopa del mando militar. Por cierto, ¿no es algo cínico que algunos que después de abroncar a los militares si, en situación de activo, osan filtrar la más mínima crítica sobre el poder, también les increpen si el comentario lo hacen estando en otra situación, por no haberse manifestado públicamente cuando estaban en activo? ¿En qué quedamos?
En Afganistán, la capital importancia de algunas cosas en juego —las vidas de nuestros soldados y guardias civiles en primer lugar— exige de nuestros responsables que, de una vez por todas, abandonen toda ficción. El nuevo comandante de ISAF, el general Petraeus, está tratando de armar su propia estrategia de contrainsurgencia, la cual, aunque me tilden de herético (ya estoy acostumbrado), demanda también ciertas dosis de contraterrorismo. Y para tener éxito necesita un mayor volumen de tropas y más tiempo. El primero parece hoy fuera de cuestión y, al menos de momento, el general no lo ha mencionado. Sí lo ha hecho con el segundo, el tiempo, que es el talón de Aquiles de la actual estrategia, de la que forma parte integral. No ha aclarado Petraeus si el tiempo del que habla ha de medirse con el reloj digital de la OTAN o con el de arena del talibán. En cualquier caso, tampoco será fácil obtenerlo y la negativa verbal ya ha salido de Washington. Obama está atrapado por su compromiso público sobre los plazos de repliegue. Promesa que sirvió de palanca impulsora para la adhesión a la nueva estrategia de los gobiernos contribuyentes a ISAF. Alguno, como el español, llegó a más: se abalanzó, en diciembre de 2009, a santificar la nueva estrategia que iba a ser presentada oficialmente a los aliados en la conferencia de Londres un mes después. Y así, España, ausente de la elaboración de esa estrategia, se co-responsabilizó de ella a tope innecesariamente, bajo el eslogan «vamos más para volver antes». En este escenario, si al final, el Gobierno estadounidense quebrara su compromiso con los plazos de repliegue de sus fuerzas ¿estaría dispuesto el español a hacer lo propio? Desgraciadamente, el estancamiento de las operaciones —Helmand y Kandahar son dos ejemplos, que tienen mucho que ver con la salida de McChrystal— no está aportando más efectos visibles que el incremento de los muertos y, como mucho, una cierta contención. Esta «vietnamización afgana» está reventando las costuras de algunos países que, participando en el esfuerzo de guerra, son paradójicamente incapaces de aceptar bajas; pero no ya solo las propias, sino incluso las del adversario. En la retaguardia, la guerra es percibida como excesivamente larga y, al no estar ganándose, se está perdiendo. Las filtraciones publicadas por «WikiLeaks» sobre presuntos crímenes de guerra, y que confirman la complicidad de los servicios pakistaníes con el talibán, incrementan exponencialmente el cansancio general.
No nos engañemos, el relevo de comandantes significa la revisión de una estrategia que, vendida hace unos meses como longeva panacea, está resultando estéril y fugaz terapia. El reciente repliegue del contingente de los Países Bajos, uno de los Estados históricamente más comprometidos con la OTAN, es una señal de grave deterioro de la solidaridad que cimenta el edificio atlántico. La credibilidad de la Alianza está amenazada en Afganistán y, consecuentemente, también lo está la de la defensa colectiva en Europa. En todo caso, sería conveniente contraponer las consecuencias de la no ampliación de los plazos de repliegue, con las de minar los fundamentos de la Alianza por hacer lo contrario. El espectador piensa que la estrategia inteligente pasa ahora por encontrar pronto una ventana de oportunidad para, salvando la cara, evadirse de la prisión afgana. Con la opción Petraeus, Míster Obama ha introducido en el tambor de su coltel último cartucho disponible hasta su próximo año electoral. Antes de gastarlo, tendrá que calibrar cuidadosamente lo que uno de sus antecesores en la Casa Blanca, Abraham Lincoln, afirmaba: «Una papeleta de voto es más fuerte que una bala».
Pedro Pitarch es teniente general en la reserva, ex director general de Política de Defensa y ex jefe del Eurocuerpo.
La opinión de un experto, de Fidel Castro Ruz en Granma
(Tomado de CubaDebate)
Si me preguntaran quién es el más conocedor del pensamiento israelita, respondería sin vacilar que es Jeffrey Goldberg. Incansable periodista, capaz de reunirse decenas de veces para indagar sobre el pensamiento de un líder o un intelectual israelita.
No es neutral, desde luego, es pro israelita sin vacilación alguna. Cuando alguno de ellos no está de acuerdo con la política de ese país tampoco lo es en término medio.
Para mi objetivo, lo que interesa es conocer el pensamiento que guía a los principales líderes políticos y militares de ese Estado.
Me siento con autoridad para opinar, porque nunca fui antijudío y comparto con él un profundo odio al nazifascismo y al genocidio cometido con niños, mujeres y hombres, jóvenes o ancianos judíos contra los que Hitler, la Gestapo y los nazis, saciaron su odio contra ese pueblo.
Por la misma causa, aborrezco los crímenes del gobierno fascista de Netanyahu, que asesina niños, mujeres y hombres, jóvenes y ancianos en la franja de Gaza y en Cisjordania.
En su ilustrado artículo “El punto tras el que no hay vuelta atrás”, que se publicará en la revista The Atlantic, en septiembre de 2010, ya conocido a través de Internet, Jeffrey Goldberg inicia su trabajo de más de 40 páginas del cual extraigo las ideas esenciales para conocimiento de los lectores.
“Es posible que en algún momento durante los próximos doce meses la imposición de sanciones económicas devastadoras contra la República Islámica de Irán convenza a sus líderes para que abandonen los esfuerzos por obtener armas nucleares. [¼ ] Es posible asimismo que las ‘operaciones de frustración’ llevadas a cabo por los organismos de inteligencia de Israel, los Estados Unidos, Gran Bretaña y otras potencias occidentales [¼ ] lleguen a desacelerar en alguna medida considerable el avance de Irán. También puede que el Presidente Obama, quien ha declarado en bastantes ocasiones que considera la perspectiva de un Irán nuclear como algo ‘inaceptable’, ordene un golpe militar contra las principales instalaciones de armamentos y enriquecimiento de uranio del país.”
“Al analizar la plausibilidad y las posibles consecuencias de un golpe israelí contra Irán, no me dedico a un ejercicio mental ni a un juego de guerra de un hombre. Israel ya ha atacado y destruido con éxito en dos ocasiones el programa nuclear de un enemigo. En 1981, los aviones de guerra israelíes bombardearon el reactor iraquí en Osirak y detuvieron (para siempre, según resultó) las ambiciones nucleares de Sadam Hussein; y en 2007 los aviones israelíes destruyeron un reactor de fabricación norcoreana en Siria. Por lo tanto, un ataque contra Irán sería sin precedentes sólo en cuanto al alcance y la complejidad.”
“Por más de siete años he estado estudiando la posibilidad de que al final se produzca ese golpe [¼ ] En los meses trans-curridos desde entonces (marzo de 2009), he entrevistado a alrededor de 40 decisores israelíes actuales y anteriores sobre un golpe militar, así como a muchos funcionarios estadounidenses y árabes. En la mayoría de estas entrevistas he formulado una pregunta sencilla: ¿Cuáles son las posibilidades porcentuales de que Israel ataque el programa nuclear iraní en el futuro cercano? No todos respondieron esta pregunta, pero hubo un consenso de que hay posibilidades por encima del 50% de que Israel lanzará un ataque en julio próximo. [¼ ] puse a prueba el consenso hablando con muchas fuentes tanto dentro como fuera del gobierno y pertenecientes a distintos partidos políticos. Tras mencionar la sensibilidad extraordinaria del tema, muchos hablaron sólo a regañadientes y con la condición de que no se revelaran sus nombres [¼ ] El razonamiento dado por los decisores israelíes no fue complicado: Irán, cuando más, necesita entre uno y tres años para lograr una capacidad nuclear real. [¼ ] Y el elemento más esencial de la doctrina de seguridad nacional israelí, un principio que data del decenio de 1960 [¼ ] es que no se debe permitir a ningún adversario regional alcanzar la paridad nuclear con el estado judío renacido y aún asediado.”
“En nuestra conversación antes de su toma de posesión, Netanyahu no abordó el tema en términos de la paridad nuclear [¼ ] Por el contrario, definió el programa iraní como una amenaza no sólo para Israel sino para toda la civilización occidental.”
“‘¼ Cuando el creyente de ojos desorbitados se hace de las riendas del poder y las armas de muerte masiva, entonces el mundo debe empezar a preocuparse y eso es lo que está sucediendo en Irán’.”
“En nuestra conversación, Netanyahu se negó a analizar su cronograma para la acción, ni siquiera si pensaba en la acción militar preventiva contra el programa nuclear iraní. [¼ ] La convicción de Netanyahu es que Irán no es sólo el problema de Israel sino que es el problema del mundo, y el mundo, encabezado por los Estados Unidos, tiene el deber de enfrentarlo. Pero Netanyahu no tiene mucha fe en las sanciones, no en las sanciones relativamente débiles contra Irán aprobadas recientemente por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ni en las más fuertes impuestas por los Estados Unidos y sus aliados europeos.”
“Pero, según mis conversaciones con los decisores israelíes, este período de paciencia, durante el que Netanyahu espera para ver si los métodos no militares de Occidente pueden detener a Irán, terminará este diciembre.”
“El gobierno de Netanyahu ya intensifica sus esfuerzos analíticos no sólo con respecto a Irán, sino en lo tocante a un tema que a muchos israelíes les resulta difícil comprender: el Presidente Obama. Los israelíes se esmeran en responder lo que constituye la pregunta más acuciante para ellos: ¿Existen cualesquiera circunstancias en las que el Presidente Obama desplegaría la fuerza para impedir que Irán adquiriera una capacidad nu-clear? Todo depende de la respuesta.”
“Irán exige la atención urgente de toda la comunidad internacional, y la de los Estados Unidos en particular, debido a su habilidad sin igual para proyectar la fuerza militar. Esta es también la posición de muchos líderes árabes moderados. Hace unas semanas, en declaraciones inusualmente directas, el embajador de los Emiratos Árabes Unidos ante los Estados Unidos Yousef al-Otaiba me dijo [¼ ] que su país apoyaría un golpe militar contra las instalaciones nucleares de Irán [¼ ] ‘Los países pequeños, ricos y vulnerables de la región no quieren ser los que provoquen al gran bravucón si nadie va a venir a apoyarlos’.”
“Varios líderes árabes han dicho que la posición de los Estados Unidos en el Medio Oriente depende de su disposición de enfrentar a Irán. Explican, pensando en sus intereses, que un ataque aéreo contra un puñado de instalaciones iraníes no sería tan complicado ni problemático como, digamos, invadir Irak. ‘Esto no es un debate sobre la invasión a Irán’, me dijo un ministro de relaciones exteriores árabe. ‘Esperamos la realización de golpes específicos contra varias instalaciones peligrosas. Los Estados Unidos podrían hacer esto con mucha facilidad’.”
“Barack Obama ha dicho en incontables ocasiones que un Irán nuclear le resultaría ‘inaceptable’. [¼ ] ‘Un Irán nuclear sería una situación que cambiaría el juego, no sólo en el Medio Oriente sino en todo el mundo. Pienso que cualquier cosa que quedara de nuestro marco de no proliferación nuclear comenzaría a desintegrarse. Habría países en el Medio Oriente que verían la posible necesidad de obtener armas nucleares también’.”
“Pero los israelíes tienen dudas de que un hombre que se situó como la antítesis de George W. Bush, el autor de las invasiones tanto de Afganistán como Irak, lanzaría un ataque preventivo contra una nación musulmana.”
“‘Todos escuchamos su discurso en El Cairo’, me dijo un alto funcionario israelí refiriéndose al discurso de junio de 2009 donde Obama trató de redefinir las relaciones con los musulmanes recalcando el espíritu de cooperación y el respeto de los Estados Unidos hacia el Islam. ‘No creemos que sea el tipo de persona que lanzaría un golpe osado contra Irán. Tememos que seguiría una política de contención hacia un Irán nuclear en vez de ata-carlo’.”
“El funcionario israelí me dijo que ‘lo de Bush ocurrió hace dos años, pero el programa iraní era el mismo y la intención era la misma. Así que, personalmente, no espero que Obama sea más Bush que Bush’.”
“Si los israelíes llegan a la conclusión definitiva de que Obama bajo ninguna circunstancia lanzará un golpe contra Irán, entonces comenzará la cuenta regresiva hacia un ataque unilateral israelí.”
“Los funcionarios de inteligencia israelíes consideran que un golpe contra Irán podría provocar una represalia total por parte del partidario de Irán en el Líbano, Hezbollah, el cual según la mayoría de las estimaciones de inteligencia posee ahora hasta 45 000 cohetes (no menos de tres veces los que tenía en el verano de 2006, durante la última serie de enfrentamientos entre el grupo e Israel).”
“¼ Netanyahu no es el único que comprende este reto; varios primeros ministros anteriores a él abordaron la amenaza de Irán en términos existenciales similares. [¼ ] Michael Oren, el embajador de Israel ante los Estados Unidos me dijo que ‘él tiene un sentido profundo de su papel en la historia judía’.”
A continuación Jeffrey Goldberg emplea varias páginas relatando la historia del padre de Netanyahu, Ben-Sión, a quien considera el historiador más destacado del mundo sobre la inquisición española y otros destacados méritos, que recién cumplió 100 años de edad.
“Benjamín Netanyahu no es conocido en la mayoría de los círculos por su flexibilidad en cuanto a los asuntos relacionados con los palestinos, si bien últimamente ha estado tratando de satisfacer algunas de las exigencias de Barack Obama de que haga avanzar el proceso de paz.”
Concluida esta parte de su artículo, Goldberg prosigue el análisis de la compleja situación. En ocasiones es bastante duro analizando un comentario del ex presidente iraní Hashemi-Rafsanjani en el año 2001, en el que ciertamente éste habla de una bomba que destruiría a Israel; una amenaza que fue criticada incluso por fuerzas de izquierda que son enemigos de Netanyahu.
“Los desafíos que representa un Irán con capacidad nuclear son más sutiles que la propia posibilidad de un ataque directo, me comentó Netanyahu. [¼ ] ‘los actores agresivos dentro de Irán podrían disparar cohetes y participar en otras actividades terroristas a la vez que tendrían cobertura para el uso del material nuclear. [¼ ] En lugar de ser un suceso local, independientemente de lo doloroso que pueda ser, esto se convertiría también en un acontecimiento de carácter mundial. En segundo lugar, este acontecimiento envalentonaría a los activistas islámicos en todos los confines, en muchos continentes, que creerían que esto es una señal providencial, que este fanatismo conduce al camino supremo del triunfo’.”
“‘Se provocaría un gran cambio radical en la balanza de poder en nuestra zona’, añadió.”
“Otros dirigentes israelíes consideran que el solo hecho de la amenaza de un ataque nuclear por parte de Irán, combinado con las amenazas crónicas que viven las ciudades israelíes hechas por las fuerzas coheteriles de Hamas y el Hezbollah, socavará gradualmente la capacidad del país de proteger a sus ciudadanos más creativos y productivos. [¼ ] ‘La verdadera prueba que tenemos es lograr que Israel sea ese lugar tan atractivo, ese lugar de vanguardia en las esferas de la sociedad humana, la educación, la cultura, la ciencia, la calidad de vida, al cual incluso los jóvenes judíos que viven en los Estados Unidos quieran venir’.”
“Según varias encuestas, el patriotismo es un sentimiento que se lleva muy en alto en Israel, y me parece poco probable que el temor a Irán obligue a los judíos de Israel a buscar refugio en otro sitio. No obstante, uno de los principales promotores de un ataque israelí contra las instalaciones nucleares iraníes, Ephraim Sneh, otrora general y ex viceministro de defensa, está convencido de que si Irán cruzara el umbral nuclear, la propia idea de Israel se vería en peligro. ‘Estas personas son ciudadanos buenos y valientes, pero la dinámica de la vida es tal que si alguien tiene una beca para estudiar en una universidad de los Estados Unidos durante dos años y la universidad le ofrece permanecer un tercer año, los padres le dirán: ‘no hay problemas, quédate’,’ me comentó Sneh cuando me reuní con él no hace tanto tiempo en su oficina fuera de Tel Aviv. ‘Si alguien termina un doctorado y le ofrecen una plaza en los Estados Unidos, esa persona pudiera quedarse. Eso no quiere decir que la gente saldrá corriendo para el aeropuerto [¼ ] Lo importante es que tendremos un robo acelerado de cerebros, y un Israel que no se fundamente en el emprendimiento, que no se base en la excelencia, no será el Israel de hoy’.”
“UN LUNES POR LA NOCHE a principios del verano, me senté en la oficina del decididamente detractor de los goyim, Rahm Emanuel, jefe de despacho de la Casa Blanca, y escuché a varios funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional reunidos en su mesa de conferencias explicar —en muchísimas palabras— por qué el estado judío debe confiar en el presidente no judío de los Estados Unidos para que estos eviten que Irán cruce el umbral nuclear.”
“Una de las personas sentadas a la mesa, Ben Rhodes, asesor adjunto de seguridad nacional quien participó como autor principal del reciente material ‘Estrategia de seguridad nacional para los Estados Unidos’ así como en la preparación del discurso conciliatorio del Presidente en el Cairo, indicó que el programa nuclear de Irán constituía una amenaza clara para la seguridad estadounidense y que el gobierno de Obama responde a las amenazas a la seguridad nacional de la misma forma en que han respondido otras administraciones. ‘Estamos coordinando una estrategia multifacética para elevar la presión contra Irán, pero eso no significa que hayamos retirado alguna de las cartas de la mesa de discusión’, afirmó Rhodes. ‘Este presidente ha demostrado una y otra vez que cuando él considera que es necesario utilizar la fuerza para proteger los intereses estadounidenses de seguridad nacional, él lo ha hecho. No vamos a utilizar frases hipotéticas sobre cuándo utilizaríamos la fuerza militar o si vamos a usarla, pero sí hemos dejado bien claro que no hemos eliminado la opción del uso de la fuerza para ninguna situación en la que se afecte nuestra seguridad nacional’.”
“¼ Emanuel, cuyo estado de ánimo por defecto es exasperado. [¼ ] (Un ex funcionario de la administración Bush me dijo que su presidente enfrentó el problema contrario, atascado en dos guerras y creyendo que Irán no estaba tan cerca de cruzar el umbral nuclear, se opuso al empleo de la fuerza contra el programa de Irán y dejó bien claro su punto de vista, ‘pero nadie le creyó’).”
“En un momento, expresé la idea de que debido a razones sumamente obvias, pocas personas creían que Barack Obama abriría un tercer frente en el gran Oriente Medio. Uno de los funcionarios respondió acaloradamente: ‘¿Qué hemos hecho que te permita llegar a la conclusión de que pensamos que un Irán con capacidad nuclear sería una situación tolerable para no-sotros?’”
“Los funcionarios de la administración de Obama, en particular los del Pentágono, han señalado en varias ocasiones que no están conformes con la posibilidad de preferir un ataque militar. En abril, la subsecretaria de defensa para temas de política, Michele Flournoy, dijo a los periodistas que el uso de la fuerza militar contra Irán estaba ‘fuera de la mesa de negociaciones en un futuro cercano’. Ella se retractó después, pero el Almirante Michael Mullen, jefe del Estado Mayor General conjunto, ha criticado también la idea de atacar a Irán. [¼ ] ‘En una región que es tan inestable en estos momentos, ya no necesitamos más inestabilidad’.”
“¼ bajo ninguna circunstancia el presidente ha descartado la idea de evitar la proliferación mediante el uso de la fuerza. [¼ ] Gary Samore, funcionario del Consejo de Seguridad Nacional que supervisa el programa de la administración contra la proliferación, me dijo que los israelíes están de acuerdo con las evaluaciones estadounidenses de que el programa iraní de enriquecimiento de uranio está plagado de problemas.”
“‘¼ podemos determinar, teniendo en cuenta los informes del OIEA, que a los iraníes no les va bien,’ expresó Samore. En par-ticular, las máquinas centrífugas que están operando se basan en el uso de una tecnología inferior. Están enfrentando dificultades técnicas, en parte por la labor que hemos desplegado para negarles el acceso a los componentes extranjeros. Cuando ellos hacen las piezas, fabrican piezas que no son sometidas a ningún tipo de control de la calidad.”
“Dennis Ross, ex negociador de paz en el Oriente Medio, quien se desempeña en la actualidad como funcionario de alto rango dentro del Consejo de Seguridad Nacional, afirmó durante la reunión que él cree que los israelíes entiendan ahora que las medidas instigadas por los Estados Unidos han desacelerado el avance de Irán y que la administración está trabajando para convencer a los israelíes —y a otras partes en la región— de que la estrategia de sanciones ‘tiene posibilidades de funcionar’.”
‘”El presidente ha dicho que él no ha retirado ninguna carta de la mesa de discusión, pero veamos por qué nosotros pensamos que esta estrategia podría funcionar’. [¼ ] El pasado mes de junio —como no habían respondido a nuestro llamado bilateral— el presidente dijo que tomaríamos medidas en septiembre.”
“Ross [¼ ] las sanciones que enfrenta Irán en la actualidad pudieran modificar la forma de pensar del régimen. ‘Las sanciones van a trascender. Están teniendo lugar en un momento en que los iraníes están teniendo una mala administración: los iraníes tendrán que recortar los subsidios [para los alimentos y el combustible]; ya están enfrentando la enajenación del pueblo; tienen división dentro de la élite y entre la élite y el resto del país¼ ’”
“Una pregunta que al parecer ningún funcionario de la administración desea contestar es la siguiente: ¿qué harán los Estados Unidos si fracasan las sanciones? Varios funcionarios árabes se quejaron conmigo porque la administración de Obama no les ha comunicado cuáles son sus intenciones, ni siquiera de manera general.”
“‘A los electores de Obama les gusta saber que la administración haya demostrado que no desea iniciar una pelea con Irán, pero ese no es asunto de política interna’, expresó dicho canciller. ‘Irán se mantendrá en ese camino temerario a menos que la administración comience a hablar de forma no razonable. La mejor forma de evitar un ataque contra Irán es haciendo creer a Irán que los Estados Unidos están a punto de atacarlos. Tenemos que conocer cuáles son las intenciones del presidente en este asunto. Somos sus aliados’. De acuerdo con dos fuentes dentro de la administración, este asunto provocó tensiones entre el Presidente Obama y el recientemente depuesto director de inteligencia nacional, Almirante Dennis Blair. Según estas fuentes, Blair, quien se decía hizo mucho hincapié en la amenaza que representa Irán, le dijo al presidente que los aliados árabes de los Estados Unidos necesitaban más palabras tranquilizadoras. Se dice que a Obama no le gustó el consejo.”
“En Israel, por supuesto, a los funcionarios les cuesta mucho trabajo entender al Presidente Obama, a pesar de las palabras tranquilizadoras que han recibido de Emanuel, de Ross, y de otros.”
“Hace poco tiempo, el jefe de la inteligencia militar israelí, Mayor General Amos Yadlin, hizo una visita secreta a Chicago para reunirse con Lester Crown, el multimillonario cuya familia es dueña de una parte importante de General Dynamics, un contratista militar. Crown [¼ ] ‘Comparto con los israelíes el sentimiento de que con toda seguridad nosotros contamos con la capacidad militar y que tenemos que tener la voluntad de utilizarla. El ascenso de Irán no es algo que le convenga para nada a los Estados Unidos’.”
“‘Apoyo al presidente’, dijo Crown, ‘pero me gustaría que [los funcionarios de la administración] fueran un poco más extrovertidos a la hora de hablar. Me sentiría más cómodo si supiera que ellos tienen la disposición de usar la fuerza militar, como último recurso. No se puede amenazar a alguien haciéndole creer un engaño. Tiene que haber disposición para hacerlo’.”
“Varios funcionarios incluso me preguntaron si yo consideraba que Obama era antisemita. Les respondí esta pregunta utilizando una cita de Abner Mikva, otrora Congresista, juez federal y mentor de Obama, quien afirmó en 2008: ‘Pienso que cuando todo esto termine, la gente dirá que Barack Obama fue el primer presidente judío’. Les expliqué que Obama estaba muy empapado con la obra de escritores, académicos legales y pensadores judíos y que una gran cantidad de sus amigos, partidarios y asesores eran judíos. Sin embargo, el filosemitismo no es necesariamente lo mismo que estar de acuerdo con el Partido Likud de Netanyahu; por cierto, no es lo mismo tampoco entre los judíos que viven en los Estados Unidos que —al igual que el presidente por el que votaron en cantidades abrumadoras— apoyan, por lo general, la solución de la existencia de dos estados y tienen sus reservas en cuanto a los asentamientos judíos en la Ribera Occidental.”
“Rahm Emanuel indicó que la administración estaba intentando enhebrar una aguja: brindando un apoyo ‘inquebrantable’ a Israel; protegiéndolo de las consecuencias de una bomba nuclear iraní; pero presionándolo para que busque una fórmula conciliatoria con los palestinos. [¼ ] los últimos seis primeros ministros de Israel, incluido Netanyahu que —en su primer período electoral a finales del decenio de 1990, para disgusto de su padre— buscó una fórmula conciliatoria con los palestinos, para defender su caso. ‘Rabin, Peres, Netanyahu, Barak, Sharon, Olmert —cada uno de ellos buscó algún tipo de solución negociada que fuera conveniente para Israel desde el punto de vista estratégico’, apuntó. Ha habido muchas otras amenazas mientras los sucesivos gobiernos de Israel han intentado seguir un proceso de paz.”
“¼ Israel debe analizar cuidadosamente si un golpe militar valdría la pena por el gran problema que ello desataría. ‘No estoy seguro por el momento en que están, cualquiera que sea el momento, independientemente de lo que hagan, ellos no pararían’ el programa nuclear, añadió. ‘Ellos solo lo pospondrían’.”
“Fue entonces cuando me di cuenta que, en algunos temas, los israelíes y los estadounidenses no estaban hablando el mismo idioma.”
“EN MIS CONVERSACIONES con ex generales de la fuerza aérea y estrategas israelíes, prevaleció un tono moderado. Muchas de las personas que entrevisté estuvieron dispuestas, en condición de anonimato, a decir por qué sería difícil para Israel atacar las instalaciones nucleares iraníes. Algunos generales israelíes, al igual que sus colegas estadounidenses, cuestionaban la propia idea de emprender un ataque. ‘Emplearíamos mejor nuestro tiempo si nos dedicamos a hacer cabildeo con Barack Obama para que él lo haga, en lugar de intentar hacerlo nosotros’,afirmó un general. ‘Somos muy buenos en este tipo de operaciones, pero es un paso muy grande para nosotros. Sin embargo, los estadounidenses pueden hacer esto con un mínimo de dificultades. Es demasiado para nosotros’.”
“Estos aviones tendrían que regresar a su país con rapidez, en parte porque la inteligencia israelí considera que Irán le ordenaría de inmediato al Hezbollah que lance los cohetes contra ciudades israelíes, y se necesitarían los recursos de la fuerza aérea israelí para perseguir los grupos de cohetes del Hezbollah.”
“¼ en caso de un ataque unilateral israelí contra Irán, su misión sería combatir contra las fuerzas coheteriles del Hezbollah. [¼ ] mantener en reserva ahora al Hezbollah hasta que Irán pueda cruzar el umbral nuclear.”
“¼ Hezbollah ‘perdió a muchos de sus hombres. [¼ ] Esa es una de las razones por las que hemos tenido cuatro años de tranquilidad. Lo que ha cambiado durante los últimos cuatro años es que el Hezbollah ha aumentado su capacidad coheteril, pero no-sotros hemos elevado también nuestra capacidad’. En relación con un posible ataque israelí contra Irán, Eisenkot terminó diciendo: ‘Nuestra disposición combativa significa que Israel tiene libertad de acción’.”
“Los Estados Unidos se verían también como cómplices de un ataque israelí, aún cuando estos no hubieran sido advertidos con antelación. La hipótesis —que no siempre es correcta— de que Israel sólo actúa con la aprobación de los Estados Unidos es un punto de vista habitual en el Oriente Medio, que los israelíes dicen que están teniendo en cuenta ahora. Conversé con varios funcionarios israelíes que están debatiendo esta interrogante, entre otras: ¿Qué pasa si los servicios de inteligencia estadounidense se enteran de las intenciones israelíes unas horas antes del inicio programado de un ataque? ‘Es una pesadilla para nosotros’, me informó uno de estos funcionarios. Qué pasa si el Presidente Obama llama a Bibi y le dice: ‘sabemos lo que están haciendo. Paren eso inmediatamente’. ¿Acaso paramos? Pudiera ser que tengamos que parar. Se ha tomado la decisión de no mentirles a los estadounidenses sobre nuestros planes. No queremos informarles de antemano. Es por el propio bien de ellos y por nuestro bien. Entonces, ¿qué hacemos? Estas son las preguntas difíciles.”
“‘Muchos israelíes piensan que los iraníes están construyendo un Auschwitz. Tenemos que hacerles saber que hemos destruido ese Auschwitz, o tenemos que hacerles saber que lo intentamos, pero fracasamos’.”
“Por supuesto, hay dirigentes israelíes que piensan que un ataque contra Irán es demasiado arriesgado. [¼ ] ‘No queremos que los políticos nos coloquen en una posición difícil debido a la palabra Shoah’, dijo un general.”
“Después de haber observado, más de una decena de veces diferentes en más de una decena de oficinas diferentes, la fotografía de los aviones de la fuerza aérea israelí sobrevolando Auschwitz, fue que pude entender la contradicción que ello encerraba. Si los físicos judíos que crearon el arsenal nuclear israelí hubieran podido hacer un viaje en tiempo y espacio y enviar un escuadrón de cazabombarderos en 1942¼ “
“Benjamín Netanyahu considera, por razones de seguridad nacional, que si las sanciones fracasan, él se verá obligado a tomar medidas. Sin embargo, un ataque israelí contra las instalaciones nucleares iraníes —sea exitoso o no— puede hacer que Irán redoble sus esfuerzos —esta vez contando con la solidaridad internacional— para desarrollar un arsenal nuclear. Ello pudiera provocar también el caos para los Estados Unidos en el Oriente Medio. [¼ ] Peres considera el programa nuclear iraní como algo potencialmente catastrófico. [¼ ] Cuando le pregunté si él creía en la opción militar, me dijo: ‘¿Por qué yo debo declarar algo como eso?’.”
“Sobre la base de meses de entrevistas, he llegado a creer que la administración sabe que casi seguro que Israel pronto emprenderá acciones contra Irán si nada o nadie más detiene su programa nuclear [¼ ] A principios de este año, yo estaba de acuerdo con muchos israelíes, árabes —e iraníes— que creían que no había posibilidades de que Obama recurriera al uso de la fuerza para detener a Irán: aún no creo que haya muchas posibilidades de que él recurra a las acciones militares en el futuro inmediato; por una sola razón: el Pentágono se ha mostrado particularmente poco entusiasta en torno a esa idea. No obstante, es evidente que Obama está atrapado en medio de este problema. [¼ ] Denis McDonough, jefe del estado mayor del Consejo de Seguridad Nacional, me dijo: ‘lo que ves en Irán es el encuentro de una serie de prioridades importantes del presidente, quien ve una seria amenaza para el sistema de no proliferación a nivel mundial, una amenaza que puede conducir a otras actividades nucleares en una región tan volátil, y una amenaza para un amigo cercano de los Estados Unidos: Israel. Pienso que pueden verse varias corrientes que se están uniendo, lo cual responde a la interrogante de por qué esto es tan importante para nosotros’.”
“Cuando le pregunté a Peres lo que él pensaba sobre el esfuerzo de Netanyahu por presentar este caso ante la administración de Obama, Peres me respondió [¼ ] que su país sabe cuál es su lugar, y que eso dependía del presidente estadounidense y que sólo el presidente de los Estados Unidos podía decidir finalmente cómo salvaguardar mejor el futuro de Occidente. Toda esta historia tiene más relación con su mentor: David Ben-Gurion.
“‘Poco después que John F. Kennedy fue electo presidente, Ben-Gurion se reunió con él en el hotel Waldorf-Astoria’ en Nueva York, me contó Peres. ‘Después de la reunión, Kennedy acompañó a Ben-Gurion al elevador y le dijo: ‘Señor Primer Ministro, quiero decirle que resulté electo presidente gracias a su gente, por eso, ¿qué puedo hacer por usted a cambio?’ Ben-Gurion se insultó por la pregunta y le dijo: ‘lo que puede hacer es ser un gran presidente de los Estados Unidos. Usted debe entender que tener un gran presidente de los Estados Unidos es un gran suceso’’.”
“Peres continuó explicando lo que él veía como interés verdadero de Israel. ‘No queremos ganarle al presidente’, me dijo. ‘Queremos que el presidente gane’.”
“Jeffrey Goldberg”
“Jeffrey Mark Goldberg es un periodista norteamericano-israelí. Es uno de los autores y periodistas del staff de la revista The Atlantic. Trabajó previamente para la revista The New Yorker. Goldberg escribe principalmente sobre temas internacionales, con preferencia sobre el Medio Oriente y África. Algunos lo denominan como el más influyente periodista-blogguer en asuntos relacionados con Israel.”

Fidel Castro Ruz
Agosto 25 de 2010
6 y 18 p.m.
Soldadito español, de Antonio Lucas en El Mundo
CABO SUELTO
El verano quedaba algo cojo sin que irrumpiera por una de las cuatro esquinas José María Aznar, de profesión sus incordios. Tenía que hacer el posado de agosto, como Norma Duval. Y el moro amigo, una vez más, se lo ha puesto a huevo. Él sabe de qué hablamos cuando hablamos de Marruecos, que para eso (para nada, creo recordar) hizo allá su primer viaje oficial al extranjero como presidente del Gobierno -yuyu da recordarlo-. Ahora regresa a la zona, pero del lado nacional de la verja. A Melilla, donde debuta como turista en armas ya que no lo hizo como baranda.
Años después de la orden de izar trapo en un milímetro absurdo de roca que ni siquiera está en los mapas. Aquello de Perejil, ya saben, nuestro desembarco de Normandía de segunda mano, en clave de Moros y Cristianos. El atalaje bélico del enemigo lo integraban seis centinelas de Chaouen sacudiéndole las moscas a los dátiles con arcabuces junto a tres cabras secas. Un triunfo, sin duda.
Ahora que suena de nuevo el gong de la sempiterna bronca con los marroquíes (o el regreso de ellos contra nosotros, que también nos tienen ganas), Aznar coge su fusil benéfico para bajarse de paisano a las cercanías de la morería y hacer de reponedor de venenos. Se siente obligado a ser patriota incluso en agosto. Nadie nos ha explicado a qué se debe esta nueva murga, por cierto. Pero allí está Aznar en misión de paz, echando mierda al asunto por si vale de algo. Ha malentendido el hallazgo de Victor Hugo: “Uno vale más si sabe que le miran”. Y en el fragor de la aventura suelta una verdad que se le vuelve en contra al instante, como las escasas verdades que regurgitan los políticos: Melilla padece “acoso” y “dejadez”. Con él al frente de este puesto de melones que es España fue, dicen, igual.
Lo que pita bajo esta tarascada es verbena vieja por parte del régimen de Marruecos: soltar fuego de bengala para seguir abundando en la férrea idea de llevarse por delante Ceuta y Melilla. La puntual reivindicación áspera de nuestros hermanos. Unas veces con la amenaza velada de un integrismo flotante y otras bajo la amenaza real de dejarnos sin caballa. Esto sólo lo enmenda Arrabal con una aparición mariana y una soflama pánica, como buen lañador de surrealismos. Los otros, Aznar y compañía, están de campaña electoral, no es más que eso, ejercicios de comercial ideológico de sus delirios, confundiendo el pareo con la chilaba. Lo de siempre: «Andan días iguales persiguiéndose» (Neruda).
Capitán Trueno, de Lucía Mendez en El Mundo
ASUNTOS INTERNOS
Demasiado para sus músculos en eterna tensión. Demasiado para su orgullo de español con mayúsculas. Demasiado para el ex presidente que ordenó al Ejército tomar la desierta isla de Perejil como si fuera el desembarco de Normandía. Demasiado para quien todavía cree que la patria depende de él. José María Aznar no podía estar tranquilamente leyendo en una tumbona o haciendo deporte al otro lado del Estrecho, mientras los marroquíes colocaban carteles burlándose de las policías españolas. No podía seguir comiéndose las uñas en silencio, viendo cómo Mohamed VI pone en jaque al Gobierno español. Contemplando cómo se confirman sus peores sospechas de que Zapatero no es un presidente del Gobierno, sino una pesadilla, una plaga que se ha abatido sobre España para acabar con ella. A ver si hemos ganado el Mundial para dejarnos ultrajar por el vecino del sur.
Demasiado para sus nervios. No podía seguir observando impávido cómo la persona que él designó para que fuera presidente del Gobierno asiste a las humillaciones marroquíes con aparente calma desde su descanso vacacional. Demasiado para sus nervios, para el hombre que paseó por el mundo la más grande bandera de España, para el líder obsesionado con el honor de su patria. Ni un minuto más podía soportar que España haya vuelto al rincón de la Historia de donde él intentó sacarla. Tenía que volar a Melilla como fuera. Para dejar claro que él sí se preocupa por España, no como otros. Sin importarle el qué dirán. Sin tener en cuenta que su visita a Melilla era ya lo que faltaba en esta crisis diplomática que nadie sabe ni cómo ni por qué empezó, ni cómo ni cuándo acabará. Sin calibrar las consecuencias. Él no actúa como ex presidente, sino como el Capitán Trueno al rescate del honor mancillado de su amada España. Quiere ajustarse al papel que le adjudican las miles de personas, votantes del PP, que hacen cola para que les firme sus libros o que le paran por la calle al grito de: “¡Vuelve, presidente, España te necesita!”.
Aznar se dio un baño de multitudes en Melilla -ciudad que nunca visitó como presidente del Gobierno-, para fastidiar a Zapatero y dar un toque a Rajoy, pero sobre todo porque cree que España necesita imperiosamente su presencia. No puede volver a la política activa, por lo que se tiene que conformar con gestos simbólicos. Gestos de desaprobación que igual van dirigidos a un joven que le increpa en una universidad que al mismísimo rey de Marruecos. Se trata de mantener la atención de los españoles para que nadie -mucho menos sus compañeros del PP- pueda olvidarse de que él vigila, noche y día, invierno y verano, los 365 días del año.
Nos hacemos cargo de que es difícil para un ex presidente asumir que el país ya no depende de sus decisiones, sino de las de otros. Aznar ha tenido y tiene dificultades para acostumbrarse a su estatus. Tal vez se sienta aún presidente de algún modo, puesto que muchas veces ha declarado que él se fue porque quiso, que no le echaron de La Moncloa los españoles porque las elecciones de 2004 las perdió Rajoy.
¿Y qué opinará el presidente del PP de todo esto? Si apostamos todo a que le importa un pimiento, seguramente ganaremos.
“Buenismo” y Ejército, de Aurelio Alonso-Cortés en Expansión
a fondo
Quienes se incorporen en septiembre a las Academias militares estrenarán las asignaturas de “Alianza de Civilizaciones” y “Género e Igualdad”, obligatorias para su formación básica. Tras el inicial asombro, el lector/a se preguntará el porqué de ambas disciplinas y su compatibilidad con la enseñanza de un mando militar. Según la noticia dentro de un bloque de relaciones internacionales -más propias de la diplomacia que de la milicia- estudiarán “cómo reforzar la comprensión mutua entre las distintas civilizaciones y contrarrestar la influencia de quienes promueven la intolerancia”.
A primera vista parece coherente con el “buenismo” de moda en España que, negando la existencia de la maldad humana, proscribe la guerra. Según esta original política defensiva los militares ejercen una “diplomacia de proximidad” mediante acciones de paz cual ONGS, en Afganistán por ejemplo. Eso si con riesgo para sus vidas pues se les limita el uso de sus armas. Los ideólogos monclovitas de la impuesta asignatura castrense debieran haber leído a tiempo la obra “Zapatero y el pensamiento Alicia” del filósofo y catedrático Gustavo Bueno, bien ajeno al “buenismo”. Para éste “la alianza entre civilizaciones es imposible, salvo que se esté dispuesto a destruir a alguno de los aliados o a todos. ¿Cómo hacer compatible la poligamia con la monogamia sin destruir uno u otro sistema, o ambos?… ¿Cómo entender una alianza entre civilizaciones, una de las cuales esté organizada según el modelo de las democracias parlamentarias y otra según el de la dictadura del proletariado?
Para mí es evidente que los países que viven bajo teocracias musulmanas en nuestro flanco sur, Magreb y Oriente Medio -Siria e Irán incluidos- nunca serán una verdadera democracia.
La tal Alianza es pues simple imaginación de Zapatero fruto de sus intuiciones, a quien hay que reconocer la habilidad de haberla colado, cual gol de corner, en la escuadra de la ONU, gracias al voto de tantos y tantos países que no respetan los derechos humanos. Con un coste millonario exento de tijeretazos. El riesgo radica en aplicar lo del “buenismo” a la enseñanza en las Academias militares. Dos datos. En pavorosa ingenuidad la Orden de la Presidencia de 21 de enero de 2008 prevé la “utilización del deporte (¡!) como instrumento para la construcción de la paz y la seguridad en aquellas zonas de conflicto en las que las Fuerzas Armadas participan en Operaciones de Mantenimiento de la Paz”, así con mayúsculas. Y añade como tarea: “la promoción, junto con el Gobierno del Reino de Marruecos, del proyecto de la Universidad de los Dos Reyes, con sede en Tetuán, al objeto de consolidar un espacio de diálogo y de cooperación euro-mediterráneo”.
Y es que en La Moncloa mora o moraba como asesor un ínclito diplomático partidario de entregar Ceuta y Melilla que ya eran España cuando no existía Marruecos, y hasta… ¡la misma Olivenza a Portugal! Pues bien, ya vemos en el bochorno de agosto de que modo el régimen alauita entiende las alianzas y la igualdad de género con su bloqueo -por ahora comercial- a Melilla y su acoso a las mujeres de nuestra Policía retiradas ayer, por “buenismo” y no igualdad de género, a la trastienda. ¿Tiene o no razón el filósofo que antes cité? Cabe notar un cierto paralelismo entre la asignatura aliancista que se impartirá en las Academias y la Educación para la Ciudadanía en las escuelas; ambas tienen algo de adoctrinamiento hacia el “pensamiento único”. Intolerable en un Ejército al servicio de la Nación y no de la política o los políticos. El “aliancismo” deformará al futuro oficial confundiéndole en su principal misión de defender la soberanía e independencia de España y su integridad territorial. Un gran peligro ya que corresponde a los niveles de mando transmitir tal misión a una tropa abundante en extranjeros, contratados por suspensión del servicio militar obligatorio. Tienen por tanto una singular responsabilidad que requiere una estricta formación castrense. En las profesiones civiles puede haber abogados o ingenieros deficientes junto a los competentes; sólo perjudicarán a su clientela. Un general u oficial mal formados o cobardes pueden acabar con miles de personas o la dignidad de una nación.
La cúpula militar -ese general “cuatro estrellas” portador del maletín de la Chacón- no parece tener en cuenta la frase de Clausewitz de que “la guerra es la continuación de la diplomacia por otros medios” y practica la máxima “mejor morir que matar” del ex ministro de Defensa Bono. ¡Dejen ya lo de la Alianza de Civilizaciones a los Moratinos de turno! Y entre ya al trapo el PP -inhibido en éste y otros asuntos vitales- cuya portavoz en la Comisión de Defensa, Rodríguez Salmones, ha calificado benévolamente de “ocurrencia” la introducción como asignatura en las Academias militares.
La guerra contra Irán: primavera 2011, de Alejandro Nadal en La Jornada
El 7 de junio de 1981 aviones de Israel bombardearon y destruyeron el reactor nuclear iraquí de Osirak. Se dice que ese hecho detuvo para siempre el desarrollo de un programa de construcción de armas nucleares por parte de Bagdad. En 2007 bombardeó un reactor norcoreano en Siria. Y ahora esa es la opción que vuelve a ser considerada por Israel para detener el pretendido proyecto de Teherán para dotarse del arma nuclear. ¿La fecha? Casi para el treinta aniversario del ataque al reactor de Osirak. Para más seguridad, en la primavera de 2011.
Parece una fecha lejana, sobre todo a la luz de los urgentes problemas actuales: una crisis que resiste convertirse en recuperación, sequías, incendios e inundaciones que parecen gritar cambio climático en cada torbellino. Sin embargo, el tiempo se escurre rápido. Para los halcones en Israel, la carga del reactor de Bushehr hace una semana y el ritmo de producción en las centrifugadoras de Natanz son las señales que cuentan.
La influyente revista The Atlantic publica este septiembre un artículo de Jeffrey Goldberg sobre las perspectivas de un ataque israelí en contra de Irán (www.theatlantic.com). Goldberg es un bien conocido vocal de grupos vinculados con posiciones intervencionistas en el Medio Oriente. Esta vez entrevistó a más de cuarenta altos funcionarios israelíes y concluye que existe una alta probabilidad de un ataque contra las instalaciones nucleares de Irán.
El artículo es parte de una campaña para llevar a cabo dicho ataque. La conclusión central es que antes de junio 2011 Benjamín Netanyahu podría lanzar sus aviones contra las instalaciones nucleares de Irán. La ofensiva puede llevarse a cabo con un variado arsenal, incluyendo cargas nucleares para destruir estructuras enterradas a gran profundidad. La política de amimut o de opacidad que mantiene el gobierno de Israel en relación con su arsenal nuclear (estimado en 200 cargas nucleares) no permite asegurar nada sobre esta eventualidad. El ataque incluiría varias docenas de blancos nucleares. Se me ocurre que otro escenario es el de un ataque selectivo con misiles desde Israel o con su arsenal de misiles crucero de alta precisión, disparados desde sus submarinos en el Golfo Pérsico.
Obama se comprometió en su campaña a buscar un diálogo directo con Teherán para detener su programa nuclear militar. Pero el enfoque diplomático fue inconsistente. En lugar de enviar a Teherán un mensaje claro de que Estados Unidos ya no está obsesionado con la vieja idea de un cambio de régimen, Hillary Clinton transmitió las señales equivocadas. Su bravuconería mostró a Teherán que poco había cambiado con Obama. Sobre la mesa de negociación permanecía no sólo la obsesión del cambio de régimen, sino la amenaza del empleo de la fuerza para lograrlo. Para Teherán, el único camino es hacer prohibitivo el precio de un ataque, ya sea de Israel o de Estados Unidos. Su plan nuclear es un instrumento para lograrlo.
Entablar un diálogo con Teherán implicaba una transformación profunda en la relación de Estados Unidos e Israel. La realidad es que el poder del lobby judío en Washington hace pensar desde hace años en el síndrome de que la cola mueve al perro y no al revés. En lugar de que Israel obedezca órdenes de Washington, ésta última es la que acaba por seguir y apoyar las iniciativas de Tel Aviv. De tal modo que si Washington deseaba interrumpir el apoyo de Irán a Hezbollah, por ejemplo, tenía que comenzar con replantear sus relaciones con Israel y detener su política de expansión y genocidio en Gaza y la margen occidental del río Jordán. Obama ni siquiera quiso explorar este camino.
Todo indica que el tiempo se agota. Washington ahora presiona colocando sanciones más severas sobre Teherán. Servirán de muy poco, pero su cálculo es que de doblegar a Ahmadinejad, el mundo se estará ahorrando una nueva guerra. Por su parte, Teherán acelera el ritmo de producción de uranio enriquecido y abraza el apoyo ruso para hacer más difícil un ataque a sus instalaciones nucleares. Ya tiene emplazados centenares de misiles tierra-aire proporcionados por Rusia, de gran alcance y velocidad, así que no es seguro que un ataque alcance todos sus objetivos.
Lo que es seguro es que dicha aventura tendrá efectos desastrosos a escala global. Las guerras en Afganistán e Irak, por no mencionar a Pakistán (y si es que sobrevive a las inundaciones de estas semanas), se intensificarán y fusionarán en una gran zona de actividad bélica. Todo Medio Oriente será envuelto en llamas. Irán podría responder con ataques de misiles balísticos a Israel, lo que provocaría una andanada de misiles israelíes. Teherán probablemente tendría éxito en bloquear el estrecho de Hormuz, interrumpiendo el flujo de petróleo, sacudiendo el mercado mundial y agravando la crisis económica mundial. Sin duda el precio a pagar por un ataque a Irán es muy elevado. Pero para el complejo industrial y militar en Israel (y Washington), ese costo ya ha sido descontado por el mercado de la guerra.
Petraeus, ¿Un general adecuado para Afganistán?, de Ricardo Martínez Isidoro en ABC
La Tercera de ABC
«El nombramiento de Petraeus parece adecuado para el progreso en Afganistán, si bien debe ser acompañado por otros aciertos en los múltiples factores que gravitan sobre el futuro de este atormentado país»
Conocí al general Petraeus en Irak, en septiembre de 2003, en la Transferencia de Autoridad (TOA) de los Marines a la División Multinacional Centro Sur, donde yo ejercía como deputy commanderespañol y segundo jefe. Su presencia era sentida y esperada, después de su inteligente campaña al frente de la 101 División Aerotransportada norteamericana en el Kurdistán. Compartimos espera en el turno de comedor, como cualquier soldado, y desde ese momento, con limitados intercambios de frases sobre la TOA, quedé gratamente impresionado por su personalidad humilde y, sin embargo, de gran ascendiente entre sus subordinados.
Como teniente general volcó su experiencia en el Manual de Contrainsurgencia del Ejército de Estados Unidos que apareció en el año 2006, año terrible para las operaciones militares norteamericanas en Irak, y se puso en práctica sobre todo en ese teatro. Su paso como comandante de la Fuerza Multinacional coincide, al principio, con los peores años de resultados en la estabilización de ese país, con indicadores muy desalentadores. Pasados unos meses, se produce en Irak un cambio de estrategia, lo que ha venido a llamarse «surge», basado en una concepción pragmática de las actuaciones militares y civiles, de tal forma que la estrategia se basó en una observación inquieta de las necesidades de Irak, en ganar los corazones y las mentes de los autóctonos, ahora ya frase célebre, y en obtener, como consecuencia, conceptos e ideas sólidas, para ponerlas en práctica con una gran acción de conjunto, supervisándolas meticulosamente en su fase de ejecución; el enemigo, la insurgencia, debería ser perseguido implacablemente para su neutralización, manteniendo las zonas de las que hubiera sido desalojado. Estos parámetros generales, a pesar de las diferencias con Irak, deberían poder ser aplicables en Afganistán; ahí reside la inteligencia del personaje para poder aplicar su gran bagaje de experiencias.
Pero hay más, Petraeus sacó del ostracismo un factor básico, arrinconado en aquel conflicto hasta entonces por la dureza de la lucha, los valores. Corrigió, sin miramientos, los excesos y costumbres de la nefasta cárcel de Abu Graib y recordó que no se podría estabilizar Irak sin implantar los valores del hombre, del militar y los que siempre han adornado la existencia de Estados Unidos, lo que es lo mismo que renunciar a la guerra sucia y al deslizamiento de la situación hacia la negación de todo lo que el hombre ha conseguido hasta la fecha en el respeto a sí mismo y a los demás. Al llegar a Afganistán como nuevo comandante en jefe de ISAF y de las Fuerzas Norteamericanas, expuso con contundencia que había venido a ganar la partida en este complicado conflicto, manifestando su decisión de impulsar de forma prioritaria, como principio fundamental de su actuación, la voluntad de vencer, contra cualquier veleidad de los derrotistas, en el país y en la retaguardia.
Hubiera sido fácil erigirse como ostentador de otra estrategia para Afganistán, con su predecesor caído en desgracia por un impensable asunto de comunicación pública, y sin embargo ratificó, respetó y reconoció la actuación del general McCrystal, como militar y responsable operacional de ese teatro, recogida en el famoso informe de agosto del año 2009, que provocó el aumento de efectivos norteamericanos y de ISAF en Afganistán; con ello separaba, y salvaba de la desaprobación, la cadena militar de las equivocaciones cometidas en el ámbito de las relaciones político-militares. Precisamente Petraeus, aceptando ser comandante en jefe de Afganistán, realiza un acto de humildad castrense sin precedentes al situarse en el nivel subordinado a su mando en aquel momento, el Central Command, poniendo fin a una crisis profunda en la cadena general de mando del presidente Obama, jefe supremo de las Fuerzas Armadas norteamericanas. La actuación de Petraeus, en relación con Obama, no significa una subordinación ciega al nivel que representa el presidente, que convertiría la cadena de mando en una herramienta rígida y falta de iniciativa, en la que los detalles de cada punto de observación y su validez para conducir las operaciones dependen de la capacidad de ejecución de cada nivel y su significado para el éxito. Por ello, el general proporcionó en cada momento el mejor asesoramiento profesional militar disponible para el conflicto de Afganistán, para que el jefe supremo lo integrara con otras opciones a su alcance. En cuanto a otras virtudes y principios generales que tienen una directa aplicación en el ámbito de la conducción de las operaciones, del general Petraeus hay que esperar que ejerza un gran liderazgo, condición del mando absolutamente imprescindible cuando se trata de realizar una operación de contrainsurgencia (COIN), en la que hay que actuar por resultados conseguidos, a largo plazo, con difíciles limitaciones al uso de la fuerza en relación con su efecto en la población; son de esperar de este intelectual de la COIN nuevos conceptos ad hoc, resultantes de su gran postulado, «aprender y adaptar», una dirección con unidad de esfuerzos, ejemplaridad y una cooperación obligada de cuantos actores intervienen en el conflicto, fruto de su gran energía y visión a largo plazo. Lógicamente los resultados que se esperan de él son fruto del conocimiento profundo de la situación de Afganistán-Pakistán y de la aplicación de su propia concepción de la estrategia, cuyas claves serían las siguientes.
En el ámbito político-militar, Petraeus manifiesta su confianza en el presidente Karzai, en su compromiso de transparencia, integridad y responsabilidad, así como en su política de reconciliación con los talibanes, esperando que se hagan realidad los lemas de su Gobierno, dándole una nueva oportunidad de credibilidad, ya que la estrategia de contrainsurgencia difícilmente podría establecerse sin ese requisito. Para Karzai, por otra parte, relevado McCrystal, el mejor candidato era el general Petraeus.
El concepto de la operación de contrainsurgencia pasa por mantener el esfuerzo actual de ISAF y US, cambiando su dedicación cuando las condiciones permitan una transición a las Fuerzas de Seguridad afganas y manteniendo el compromiso en torno a la protección de la población de los militantes que permiten que Al Qaeda tenga un santuario en su país; es de prever también una «surge civil» de más de mil cooperantes. La situación en relación con la insurgencia está en un momento crítico, el enemigo es resistente y tiene una gran confianza en sí mismo, sus metas y valores permanecen constantes, piensan que pueden sostener el momento actual y mantener, e incluso aumentar, su capacidad operacional adaptándose a los cambios producidos en ISAF, expandiéndose y aumentando su influencia, realizando una labor muy activa en torno a la población, a la que apoyan o coaccionan, pasándole su relato de que luchan para expulsar a las fuerzas ocupantes extranjeras que sostienen un Gobierno corrupto; su finalidad es separar lo local y tribal del Gobierno central, por cualquier medio. El valor de la fecha de retirada norteamericana (2011) lo pone en solfa, a pesar del anuncio de Obama, para que signifique el inicio condicionado de un proceso que nunca debe pesar sobre la población y dar opciones a la insurgencia. El nombramiento de Petraeus parece por tanto adecuado para el progreso en Afganistán, si bien debe ser acompañado por otros aciertos en los múltiples factores que gravitan sobre el futuro de este atormentado país.
Ricardo Martínez Isidoro. General de División en la Reserva.
Bajas silenciosas, de Juan Gelman en Página 12
Se producen en soledad y secreto entre los efectivos estadounidenses que combaten o combatieron en las guerras que W. Bush lanzó y Barack Obama continúa. Junio fue el mes más cruel: se suicidaron 32 soldados, un número superior al de cualquier mes de la guerra de Vietnam. Once no estaban en actividad y siete de los restantes cumplían servicio en Irak y/o Afganistán. Son cifras oficiales (www.defense.gov, 15-7-10). En el 2009 segaron su propia vida 245 efectivos y la cifra se superaría este año: 145 se suicidaron en el primer semestre y 1713 lo intentaron sin éxito. La tasa es más alta que la correspondiente a la población civil de EE.UU.
El militar Tim Embree testimonió el 25 de febrero ante la Comisión de Asuntos relativos a los Veteranos de la Cámara de Representantes. Declaró en nombre de los 180.000 asociados de Veteranos Estadounidenses de Irak y Afganistán (IAVA, por sus siglas en inglés), países a los que fue enviado a combatir dos veces. “El año pasado se quitaron la vida con sus propias manos más efectivos de los que cayeron en combate en Afganistán –señaló–. La mayoría de nosotros conoce a un compañero que lo hizo al regresar a casa y los guarismos no incluyen siquiera a quienes se suicidan al terminar su servicio: están fuera del sistema y sus muertes suelen ser ignoradas” (//iava.org, 15-7-10). Tal vez no fueran seres humanos, apenas material desechable.
Embree recordó las cifras publicadas por el semanario Army Times, que divulga noticias del ejército y posibilidades de carrera en la institución: “18 veteranos se suicidan cada día y se registra un promedio mensual de 950 intentos suicidas entre veteranos que reciben del departamento federal correspondiente algún tipo de tratamiento (www.armytimes.com, 26-4-10)”. Se trata de veteranos de todas las guerras que EE.UU. desató en tierras extranjeras y padecen, en general, de PTSD. Antes se lo llamaba neurosis de guerra o fatiga de combate o shock y aun otros nombres. El PTSD los reúne a todos.
La publicación mensual Archives of General Psychiatry dio a conocer una investigación independiente sobre 18.300 soldados examinados a los tres meses y al año de ser enviados a Irak: del 20 al 30 por ciento sufrían de PTSD y una depresión profunda agobiaba al 16 por ciento (//archpsyc.amaassn.org, junio de 2010). Se explica la dificultad de los veteranos para reintegrarse a la vida civil, la violencia hogareña que protagonizan, los matrimonios rotos, la drogadicción y los suicidios. A fines del 2009, según cifras del Departamento de Veteranos del gobierno, más de 537 mil de los 2,04 millones que sirvieron en Irak y Afganistán pidieron atención médica (www.ptsd.va.gov, febrero 2010).
La dificultad se agrava porque regresan a un país con un desempleo cada vez mayor. Según una investigación de la IAVA, el 14,7 de los veteranos son desocupados, un 5 por ciento superior al promedio nacional (//iava.org, 2-4-10). Aumenta así el número de los que han perdido su vivienda. Un informe de la National Coalition for the Homeless indica que el 33 por ciento vive a la intemperie y que un millón y medio corre el riesgo de quedarse sin techo debido a la pobreza y la falta de apoyo oficial (www.nchv.org, septiembre 2009). Están ausentes de estas cifras los veteranos físicamente incapacitados para buscar y mantener un trabajo.
Kevin y George Lucey, padres de un soldado que se quitó la vida, contaron una de las tantas historias que los números ocultan. El 22 de junio del 2004, su hijo Jeff, de 23 años, se colgó en el sótano de la casa (www.democracynow.org, 9-8-10). Era cabo del cuerpo de marines y había regresado de Irak en julio del año anterior. La madre relató que al mes de participar en la invasión enviaba cartas a su novia en las que hablaba de las “cosas inmorales” que él estaba haciendo. Una vez en el hogar, Jeff comenzó a soltar frases inconexas sobre Nasiriya, la ciudad al sudeste de Bagdad en la que tuvo lugar la primera gran batalla de los invasores contra el ejército regular iraquí. Un día recibió a su hermana Amy con lágrimas en los ojos diciéndole que era un asesino. Antes de suicidarse, dejó sobre su cama las chapas de identificación de dos efectivos iraquíes que había matado aunque no portaban armas. Jeff solía mirarlas con frecuencia.
Los psiquiatras y psicólogos militares carecen de conocimientos para enfrentar estas dolencias. Mark Russel, comandante de la Marina especializado en enfermedades mentales, descubrió que el 90 por ciento del personal que cumple esas funciones no tiene la formación necesaria para atender el PTSD. Se limita a prescribir drogas como el Paxil, el Prozac o el Neurontin, que acentúan y hasta producen los síntomas, y a devolver a los soldados a sus unidades (www.usatoday, 17-1-07).
El lunes pasado, el presidente Obama declaró ante una convención de veteranos discapacitados en Atlanta que su gobierno estaba haciendo los máximos esfuerzos para prevenir el suicidio y otras consecuencias del PTSD. Para el padre de Jeff, eso es pura hipocresía.
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La marcha de la locura en el Afganistán, de Jaswant Singh en Project Syndicate
Cuando los datos e informes de la inteligencia de los Estados Unidos en el Afganistán expuestos con toda su crudeza en Wikileaks llegaron a las computadoras de todo el mundo, los comentaristas del Pakistán reaccionaron con andanadas vitriólicas. Uno habló de “vampiros neocon… islamófobos sedientos de sangre… centros de estudio irredentistas… revanchistas (indios)… que planean otro desmembramiento para (poder) continuar con su festín de sangre en… el Afganistán”. Palabras fuertes, en particular si las comparamos con las del Secretario de Defensa de los EE.UU, Robert M. Gates, que simplemente se sintió “abochornado” y “horrorizado” por las filtraciones.
Las filtraciones provocaron un debate tan acalorado porque la lucha encabezada por los EE.UU. contra el “yijadismo” había chocado de repente contra un adversario inesperado: la verdad. De hecho, ahora parece claro para todo el mundo que tenga ojos que la invasión del Afganistán se basó en un gran error de cálculo: el de que se puede invadir con éxito el Afganistán.
A lo largo de la Historia, esas empresas siempre han fracasado. Tal vez se pueda ocupar el país durante un tiempo, pero sólo temporalmente; no se puede conquistarlo. La comprensión de esa verdad histórica, que el caso Wikileaks ha dejado bien clara, está ahora creando problemas a los invasores.
El gran error de cálculo que condujo a la invasión del Afganistán se basó en una reacción equivocada ante los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. De los que atacaron a los EE.UU., un número abrumador eran ciudadanos de Arabia Saudí, ayudados por pakistaníes. Resulta curioso que como venganza, tras la invasión del Afganistán, los EE.UU. atacaran al Iraq y después, antes incluso de que esa misión hubiera concluido, intensificasen la guerra en el Afganistán con el llamado “incremento repentino” de la fuerza militar.
De modo que, casi un decenio después de que comenzara la guerra, volvemos a hacernos una pregunta básica: ¿a qué fin se dirige esa empresa? Si es el de contraatacar al terrorismo, ¿por qué no están los EE.UU. y la OTAN en el Yemen, Somalia o Pakistán, que son cada vez más refugios de terroristas? ¿O es ahora en realidad el fin de la guerra en el Afganistán el de contraatacar a los insurgentes que luchan contra el gobierno de Hamid Karzai?
A no ser que se respondan esas preguntas de forma inteligente, esa aventura será considerada por fuerza una locura. Ésa es la razón por la que la exposición de los datos por parte de Wikileaks ha resultado tan devastadora, pues las revelaciones golpean en los propios cimientos de la base “moral” de la guerra y los motivos ambiguos a los que ahora se recurre para justificarla.
Al atacar el “terrorismo” y simultáneamente lanzarse a la “contrainsurgencia”, las fuerzas de la OTAN en el Afganistán encabezadas por los EE.UU. se vuelven, lamentablemente, autoras de aquello contra lo que están combatiendo. Peor aún: una sensación de resurgimiento imperial ha pasado a formar parte también del panorama y no sólo entre los afganos. Esa sensación de ocupación imperial ha transformado la supuesta solución del problema del terror en el Afganistán en el problema mismo.
Y, por si el embrollo de los motivos en el Afganistán no bastara, el Pakistán contribuye a la confusión. Sin el Pakistán como socio estratégico que aporta terreno, recursos y apoyo militar, las operaciones en el Afganistán habrían resultado más frustradas, pero el apoyo pakistaní tiene claramente un precio elevado.
Los EE.UU. “compran” un aliado en el Pakistán que dicta las condiciones de su colaboración y simultáneamente guarda sus flancos manteniendo abiertos sus canales de comunicación con los talibanes. Sin embargo, se trata de una precaución totalmente comprensible por parte del Pakistán, cuyo Gobierno, como todos los demás gobiernos de la región, debe estar preparado para el día en que los EE.UU. y la OTAN se retiren del Afganistán.
Naturalmente, es positivo que los EE.UU. hayan dejado de pensar que se puede transformar el Afganistán en una democracia jeffersoniana en el Hindu Kush, pero a ello debería haber seguido una reserva más importante, porque el Afganistán es más una idea –una entidad políglota de diversos grupos étnicos– que un Estado que funcione. Sí, la lealtad de los afganos a Kabul no es constante, pero, históricamente, esa unidad ha sido sólo episódica, con frecuentes períodos de fragmentación también.
Sólo cuando el “emir” gobernante en Kabul demuestra comprensión, tolerancia y fuerza, prevalece la unidad afgana y cierta paz. El verdadero imperativo actual es el de encontrar esa dirección afgana. Por eso, reviste importancia decisiva la aceptación de que no se puede gobernar –sólo guiar– centralizadamente el Afganistán. En eso estriba el quid de los muchos fracasos de la alianza occidental: su demostrada falta de verdadera comprensión de la esencia del Afganistán.
En cuanto a otros factores que complican la situación, como, por ejemplo, el apoyo de algunos sectores del ejército del Pakistán a los talibanes y a Al Qaeda, conviene tener presente una realidad que se remonta a tres decenios atrás: los talibanes nacieron en 1980 de una confluencia de intereses nacionales entre los EE.UU. y el Pakistán. Además, cualquier intento de expulsar a los talibanes del Waziristán entraña el peligro de fragmentar el Pakistán.
Además, el Pakistán, en palabras de su principal jefe militar, el general Ashfaq Kayani, considera a los talibanes “un activo estratégico” en la lucha con la India. Los EE.UU. y la OTAN no parecen haber empezado siquiera a considerar lo que será necesario para separar los objetivos de la política exterior del Pakistán de las necesidades de la cohesión interna, ya que la agitación irredentista contra la India forma parte de la ligazón que mantiene unido el Pakistán.
Al poner la mira en los talibanes, los EE.UU. los han convertido en un “ejército” insurgente, una idea de resistencia que la población está empezando a considerar, una vez más, aceptable. Naturalmente, Al Qaeda está compuesta de extranjeros “no deseados”, pero, cuando las fuerzas de los EE.UU. y la OTAN los atacan, todos se unen… y el Pakistán respalda a escondidas esa unión.
Esa dinámica es algo que en el Asia meridional hemos conocido y con la que hemos convivido durante siglos. Ahora Wikileaks ha documentado en un lenguaje que los americanos y los europeos corrientes entienden lo que nosotros habíamos aprendido a fuerza de penalidades.
La tarea urgente que afronta el Presidente de los EE.UU., Barack Obama, es la de alejar la estrategia americana del actual callejón sin salida en el que está ahora empantanada y substituirla por otra que mantenga un equilibrio entre sus intereses nacionales y los de la India, del Pakistán y de una China que observa atentamente. Está en marcha una partida extraordinariamente compleja y decisiva. Cuanto más se prolongue, más destructivo será el resultado final.
Jaswant Singh, ex ministro indio de Hacienda, Asuntos Exteriores y Defensa, es autor de Jinnah: India –Partition – Independence (“Jinnah. La India, la división y la independencia”).
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Traducido del inglés por Carlos Manzano.
