Archive for the ‘Feminismo’ Category
Instituto de la Mujer: 驴In memoriam?, de Carlota Bustelo, Carmen Mart铆nez Ten, Marina Subirats y otras en El Pa铆s
LA CUARTA P脕GINA
El organismo que durante 30 a帽os ha actuado como un vector de cambio, promoviendo leyes y servicios en favor de la igualdad de las mujeres, est谩 en peligro; ser铆a un error desmantelarlo o desvirtuar su funci贸n
Cuando en una tempestad como la que estamos viviendo aumenta el desempleo, se cierran quir贸fanos o hay colegios sin calefacci贸n, puede parecer una minucia o hasta una provocaci贸n a los dioses de la austeridad reivindicar la labor de un peque帽o organismo de la Administraci贸n Central del Estado que el a帽o que viene cumplir铆a 30 a帽os si sobreviviera a la debacle: el Instituto de la Mujer.
El Instituto sustituy贸 a la antigua Subdirecci贸n de la Condici贸n Femenina y fue creado por Ley en 1983 como un Organismo Aut贸nomo en el Ministerio de Cultura. Su primera directora fue Carlota Bustelo y la 煤ltima Teresa Blat. La direcci贸n del Instituto de la Mujer, que actualmente depende del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha sido recientemente suprimida y se ignora si el Instituto se ver谩 reducido a la categor铆a que ten铆a hace 30 a帽os, si se utilizar谩 para otros fines o si, simplemente, desaparecer谩.
Las funciones del Instituto, recogidas en la ley que lo cre贸, son promover las condiciones que hagan posible la igualdad entre hombres y mujeres y fomentar la participaci贸n de las mujeres en la vida econ贸mica, pol铆tica, social y cultural de nuestro pa铆s. Y a eso es a lo que se ha dedicado durante tres decenios, desde que aquel primer equipo de mujeres, convencidas y peleonas, abrieron el Instituto en la calle Almagro de Madrid y empezaron a recopilar las estad铆sticas dispersas, a desagregar por sexo los datos del mercado laboral, del analfabetismo; a analizar la mortalidad y la natalidad, el uso de anticonceptivos o la escolarizaci贸n de las mujeres.
Con todos los datos disponibles negro sobre blanco y encuadernados en un inmenso volumen de tapas amarillas, Natalia Rodr铆guez Salmones y su equipo del Instituto nos regalaron la primera foto, la primera radiograf铆a, el primer diagn贸stico de la situaci贸n de las mujeres espa帽olas en el empleo, en la educaci贸n, en la familia. Aquel libro ladrillo mostraba nuestra diferencia con las dem谩s mujeres europeas, el atraso y la brecha que hab铆a que superar.
Este trabajo de documentaci贸n y de investigaci贸n ha sido una constante en la actuaci贸n del Instituto. En colaboraci贸n con la Administraci贸n, con la Universidad o con la Uni贸n Europea se han ido iluminando aspectos desconocidos o no abordados de la realidad de las mujeres espa帽olas. Las series estad铆sticas de la publicaci贸n “Mujeres en Cifras” han permitido monitorizar los cambios, y sobre todo han sido la base para el establecimiento de actuaciones y pol铆ticas, en su mayor铆a estructuradas a trav茅s de los planes de igualdad.
Hace unos d铆as y en estas mismas p谩ginas, Santos Juli谩 reconoc铆a el desdoblamiento del masculino gen茅rico para adaptar el lenguaje a la realidad, ya que la transformaci贸n de la situaci贸n de la mujer 鈥渆s la m谩s profunda revoluci贸n experimentada por la sociedad desde la guerra contra los franceses鈥. Al margen de que sea muy de agradecer esa defensa de la actualizaci贸n de la lengua, y de que los retrocesos, como en todo, sean siempre posibles, la verdad es que a principios de los 80 acab谩bamos de salir de una dictadura en la que las mujeres tuvieron consideraci贸n de seres dependientes de los hombres, legal y econ贸micamente, y una misi贸n prioritaria de crianza y trabajo en el hogar familiar. Las mujeres necesitaban permiso del marido para contratar, vender, abrir una cuenta en el banco o sacarse el carn茅 de conducir. Desde el derecho de familia al 谩mbito penal, pasando por la legislaci贸n laboral, las leyes ejerc铆an un control social sobre las mujeres, con represi贸n espec铆fica de g茅nero respecto a los hombres. Pueden parecernos injustas las leyes que sufren las mujeres en otros pa铆ses, pero las nuestras no eran mucho mejores. Basta recordar los tipos penales del adulterio y el amancebamiento.
Con ese tenebroso pasado a la espalda, que naturalmente no estaba solo en las leyes, sino que impregnaba la vida cotidiana, la educaci贸n, los prejuicios…hab铆a sin embargo un camino claro: Europa. Espa帽a quer铆a entrar en Europa y adem谩s en 1984 hab铆amos firmado la Convenci贸n de Naciones Unidas contra todas las formas de discriminaci贸n contra la mujer. El Gobierno ten铆a que hacer un informe y los distintos Ministerios deb铆an implicarse. Adem谩s, ese mismo a帽o la Comunidad Europea reconoci贸 que aparte de leyes hab铆a que hacer algo para compensar los efectos negativos de las actitudes sociales dominantes sobre las mujeres. Algo que siguen diciendo, por ejemplo la Comisaria Viviane Reding y el Parlamento Europeo sobre las cuotas. Si esperamos sentadas a que las mujeres participen en las decisiones empresariales no lo ver谩n ni nuestros ojos, ni los de nuestras biznietas.
Hay que hacer pol铆ticas de igualdad desde organismos que se ocupen de ello y con implicaci贸n del conjunto del Gobierno y de los agentes sociales. Esa idea es la base de los programas de acci贸n europeos para la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Espa帽a se incorpor贸 al segundo programa con el Primer Plan de Igualdad de Oportunidades de las Mujeres (1988-1990). Fue una estrategia que tambi茅n se fortaleci贸 en la Conferencia de Naciones Unidas de Beij铆n, presidiendo Espa帽a la delegaci贸n europea. Desde entonces el Instituto de la Mujer ha desarrollado cinco planes de actuaci贸n, el 煤ltimo de los cuales termin贸 en 2011. 驴Habr谩 m谩s planes de Igualdad?
Unas de las actividades del Instituto de la Mujer desde el principio fue sensibilizar a la sociedad, buscar que se hiciera visible la violencia contra las mujeres, con una primera campa帽a contra el maltrato que dec铆a 鈥淒efiende tu dignidad. Mujer, no llores, habla鈥. Ahora sabemos lo que es la violencia de g茅nero, aunque no hayamos conseguido erradicarla. Pero el primer paso para combatir algo es reconocerlo.
El Instituto, en cierta forma, ha sido un pepito grillo de los diferentes gobiernos. En buena parte porque las asociaciones de mujeres y el feminismo lo demandaban. El Instituto de la Mujer ha sido un organismo muy relacionado con las organizaciones de mujeres, que han actuado como palancas de cambio en la proposici贸n normativa y en la prestaci贸n de servicios. Otro aspecto fundamental en la labor del organismo, adem谩s del desarrollo de metodolog铆a para la igualdad en diferentes pol铆ticas p煤blicas y los pilotajes en formaci贸n, ha sido el apoyo, a trav茅s de convenios, a la creaci贸n de servicios de atenci贸n a las mujeres m谩s desfavorecidas y el desarrollo de pol铆ticas de igualdad de oportunidades a nivel auton贸mico y local. Una red de atenci贸n y de prestaci贸n de servicios, por ejemplo para madres y menores maltratados, que pueden ser suprimidos o disminuidos por causa de la crisis.
El Instituto de la Mujer empez贸 su andadura con 600 millones de pesetas y en 2011 ten铆a un presupuesto de aproximadamente 20 millones de euros, con la particularidad de que gestiona los recursos del Fondo Social Europeo para Igualdad. A lo largo de su dilatada vida ha tenido varios encontronazos con lo que podr铆amos llamar otras fuerzas vivas, incluyendo la Iglesia, por campa帽as como la del “P贸ntelo, p贸nselo鈥, en un momento en el que el sida hac铆a estragos en Espa帽a y el Ministerio de Sanidad quer铆a fomentar el uso del preservativo para disminuir el contagio y los embarazos en adolescentes. Pero siempre ha imperado la idea de colaboraci贸n transversal con gobiernos e instituciones. Los programas de colaboraci贸n con empresas para reconocer y difundir buenas pr谩cticas, que algunas empresas desarrollan desde la racionalidad empresarial, son un buen ejemplo de este trabajo, al igual que los programas de difusi贸n de nuevas tecnolog铆as entre mujeres, de un indudable inter茅s.
El Instituto de la Mujer en 2004 se vincul贸 a la Secretar铆a General de Pol铆ticas de Igualdad y lleg贸 a integrarse en un Ministerio de Igualdad para pasar a depender del Ministerio de Sanidad, Pol铆tica Social e Igualdad en el a帽o 2010. Durante los a帽os de gobiernos socialistas se aprobaron leyes tan importantes como la de Igualdad, contra la Violencia de g茅nero, la Ley de Dependencia o la de Salud Sexual y Reproductiva. Esta 煤ltima ahora se quiere reformar a pesar de que es similar a las que existen mayoritariamente en Europa, no aumenta el n煤mero de abortos y proporciona seguridad jur铆dica a las mujeres y a los profesionales sanitarios. El Instituto de la Mujer colabor贸, inform贸 y sigui贸 la aplicaci贸n de estas leyes, actuando siempre en cumplimiento de sus funciones de promover la Igualdad de Oportunidades.
La Uni贸n Europea ha creado un Instituto Europeo de Igualdad de G茅nero, entre otras cosas para seguir las pol铆ticas de los Estados miembros en este tema. Es verdad que Espa帽a ha avanzado mucho en los 煤ltimos a帽os, pero hay grav铆simos problemas que empeoran con la crisis: la desigualdad en la participaci贸n en la econom铆a y el empleo, incluyendo la salarial, las cifras de violencia y la pobreza o la exclusi贸n social, que se ensa帽an m谩s con las mujeres. El Instituto de la Mujer no es un organismo crecido al calor de la burbuja inmobiliaria. Naci贸 con la democracia y muchas mujeres lucharon por que existiera. Ser铆a un error que desapareciera o se desvirtuara. Pero en estos tiempos pegajosos, todo es ideolog铆a vestida de austeridad. O austeridad vestida de ideolog铆a.
Firman este art铆culo las directoras del Instituto de la Mujer Carlota Bustelo (de 1983 a 1988); Carmen Mart铆nez Ten (de 1988 a 1991); Marina Subirats (de 1993 a 1996); Rosa Peris (de 2004 a 2009); Laura Seara (de 2009 a 2011) y Teresa Blat (de 2011 a 2012) adem谩s de Pilar Toboso, Francisca Sauquillo, Margarita S谩enz-Diez, Amparo Rubiales, Carmen Rodr铆guez, Ana P茅rez T贸rtola, Pilar P茅rez-Fuentes, Lourdes Mu帽oz, Arantxa Mendiz谩bal, Pilar Escario, Rosa Escapa, Patrocinio de las Heras, Azucena Criado, Maite Costa, Elvira Cortajarena, Cecilia Casta帽o, Delia Blanco, Sara Berbel, Elena Arnedo, Duca Aranguren, Carmen Alborch e In茅s Alberdi.
Sexismo ling眉铆stico: de la punta del iceberg al glaciar, de Amparo Moreno Sard谩 en El Pa铆s
LA CUARTA P脕GINA
El lenguaje no solo est谩 marcado por el g茅nero, sino, en general, por el arquetipo viril. Revisarlo requiere una revoluci贸n cient铆fica; ampliar el enfoque para percibir lo hasta ahora 鈥渁n贸malo鈥 como normal
La publicaci贸n del informe Sexismo ling眉铆stico y visibilidad de la mujer, en el que Ignacio Bosque eval煤a gu铆as de lenguaje no sexista, ha abierto un debate que se ha quedado en la punta del iceberg. Propongo prolongarlo para abordar lo que oculta en aguas m谩s profundas y qu茅 pasa con unos glaciares que siempre dijimos que acumulan hielos perennes y hoy se quiebran a un ritmo acelerado. Porque las palabras son instrumentos para el pensamiento y el conocimiento y el masculino constituye la pieza clave de las humanidades, las ciencias sociales, la pol铆tica, el periodismo…
Bosque y otros proponen continuar utilizando el masculino porque muchas mujeres no nos sentimos excluidas. Cierto. Desde que en 1910 las mujeres pudimos acceder a la Universidad hemos asumido las palabras con las que se elabora el pensamiento y el conocimiento desarrollado en torno al concepto 鈥渉ombre鈥. Sin embargo, tras profesar, muchas y algunos hemos detectado que el masculino supuestamente gen茅rico no permite designar a los dos sexos porque est谩 marcado y conduce a considerar a las mujeres una 鈥渁nomal铆a鈥, de acuerdo con la explicaci贸n de Kuhn sobre las revoluciones cient铆ficas. La mayor铆a propone hacer visibles a las mujeres mediante un lenguaje no sexista y hacen aportaciones a las distintas disciplinas 鈥渃on perspectiva de g茅nero鈥.
Por mi parte, la lectura atenta de numerosos textos me condujo a constatar que el masculino, tal como lo utilizamos en los debates p煤blicos acad茅micos, pol铆ticos, period铆sticos, no abarca a las mujeres y tampoco a todos los hombres porque s贸lo considera humano el arquetipo viril.
Por eso las mujeres nos podemos sentir incluidas en los masculinos, porque estamos donde queremos estar. Pero algunas los evitamos, conscientes de que afectan al objetivo de la c谩mara que utilizamos, reducen el enfoque sobre los seres humanos, dejan fuera parte de las relaciones sociales, borran matices, crean la ilusi贸n 贸ptica de que vemos lo universal y nos llevan a confundir lo particular con lo general. Y buscamos otras im谩genes y palabras adecuadas a unas sociedades plurales y complejas que queremos cambiar para hacerlas justas y equitativas.
El primer indicio de que los masculinos restringen y tergiversan nuestro conocimiento lo encontr茅 cuando regres茅 a la Universidad como profesora. Siendo estudiante, el enunciado 鈥渆l hombre es el protagonista de la historia鈥 me hab铆a permitido pasar de la versi贸n tradicional de fechas, h茅roes y batallas, a otra que me ayud贸 a comprender el funcionamiento de la sociedad. Quise aplicar esta ense帽anza a explicar la historia de los medios de comunicaci贸n y la cultura de masas. Y un d铆a una alumna me recrimin贸 que mi asignatura era 鈥渢an machista como todas las de esta casa鈥. Ten铆a raz贸n. No mencionaba a las mujeres porque lo ignoraba todo. Para subsanar mi ignorancia le铆 y rele铆 atentamente y advert铆 que la mayor铆a de textos acad茅micos casi no hablan de las mujeres, que si lo hacen suelen utilizar expresiones negativas o iron铆as para aligerar p谩rrafos densos鈥 Y deduje que el hombre al que consideraba protagonista de la historia no inclu铆a a las mujeres; los nombres propios ratificaban que solo abarcaba parte de los hombres; y las actuaciones que se les atribu铆an delataban que tampoco inclu铆an a los seres humanos de sociedades a las que se menosprecia como primitivas, subdesarrolladas鈥 As铆, al preguntarme de qui茅n hablamos cuando hablamos del hombre tuve que responder que este concepto est谩 marcado por prejuicios androc茅ntricos, sexistas, adultos, clasistas y etnoc茅ntricos, y no solo por el g茅nero, t茅rmino que empez贸 a utilizarse para emular la cultura anglosajona.
鈥淧ara hacer grandes cosas hay que ser tan superior como lo es el hombre a la mujer, el padre a los hijos y el amo a los esclavos鈥. Arist贸teles defini贸 as铆 los rasgos del arquetipo viril, sabiendo que solo pod铆a afirmar que ese hombre es superior diciendo que otras mujeres y hombres son inferiores. Y con esta pieza elabor贸 una explicaci贸n para influir en la organizaci贸n de la polis y lo consigui贸. Hasta nuestros d铆as. Aunque los estudiosos y estudiosas actuales ofrecen una versi贸n opaca de sus palabras al utilizar el masculino como si no estuviera marcado y al generalizar como humano lo que el fil贸sofo solo atribuy贸 a algunos hombres. Adem谩s, eliminan aspectos de su an谩lisis que son fundamentales para comprender tanto lo que dijo como el presente.
Proyectan hacia el pasado una visi贸n centrada en lo p煤blico que menosprecia lo privado como si fuera insignificante o an贸malo. Por eso no logramos entender qu茅 hacemos y podemos hacer cada persona con nuestra econom铆a dom茅stica en relaci贸n con los negocios del consumo transnacional, con una especulaci贸n financiera que se ha alimentado de hipotecas basura y ante los para铆sos que promete la publicidad y los infiernos de la marginaci贸n que dramatizan las televisiones.
No confiesan, como s铆 hizo Arist贸teles, que consideramos 鈥渓a guerra鈥 un medio natural de adquirir bienes que comprende la caza de los animales brav铆os y la de aquellos que nacidos para ser mandados se niegan a someterse鈥; que la guerra alimenta la apropiaci贸n privada y p煤blica de bienes a expensas de desposeer a la mayor铆a de los recursos necesarios para su supervivencia; que dominar a otros pueblos no es algo espont谩neo; que los varones lo han practicado tras ser cruelmente instruidos; que obliga a distribuir tareas entre mujeres y hombres adultos (鈥渆l hombre conquista y la mujer conserva鈥); y algunas atribuyen a los hombres toda la violencia y niegan cualquier complicidad de las mujeres, imprescindible para que las j贸venes generaciones perpet煤en y ampl铆en el sistema. Por eso, ante una crisis que ya no permite ensalzar a los h茅roes ni proclamarnos superiores, porque 脕frica ya no empieza en los Pirineos, s贸lo sabemos alimentar el miedo鈥 o entonar lamentos victimitas en beneficio de redentores profesionales.
Ciertamente, el concepto 鈥渉ombre鈥 que acu帽贸 Arist贸teles fue asumido en las universidades cristiano-escol谩sticas por los varones adultos europeos vinculados a la jerarqu铆a eclesi谩stica que adem谩s deb铆an ser c茅libes. A partir del siglo XII expulsaron a las mujeres, los jud铆os y los musulmanes de las universidades, como ha explicado Julia Varela. A medida que la cristiandad europea impuso su dominio sobre otros pueblos, transform贸 las relaciones sociales internas. Algunos hombres y mujeres antes excluidos nos hemos incorporado a los escenarios del poder y hemos tenido que asumirlos; y aunque la lengua se adapta a los cambios sociales, hoy sigue 鈥渇irmemente asentado en el sistema gramatical del espa帽ol鈥, como una 鈥減risi贸n de larga duraci贸n鈥, en palabras de Fernand Braudel.
Todo esto recomienda no usar el masculino como hasta ahora y tampoco sustituirlo por femeninos o doblar palabras. Y obliga a ampliar el enfoque para percibir lo hasta ahora 鈥渁n贸malo鈥 como normal: a promover una revoluci贸n cient铆fica que permita hacer diagn贸sticos rigurosos de los problemas de nuestras sociedades para encontrar remedios eficaces. Ardua tarea en unos ambientes acad茅micos que multiplican las evaluaciones, obligan a hacer y decir dentro de c谩nones estrictos y penalizan cualquier aventura.
Afortunadamente, como detect贸 Fern谩ndez Hermana en los noventa, m谩s all谩 de estos monasterios hay vida. Otros cient铆ficos han generado instrumentos que facilitan elaborar explicaciones plurales, desde diferentes posiciones, en red, de forma cooperativa. Pero para no limitarnos a copiar y pegar hemos de pasar de la punta del iceberg al glaciar de la cultura occidental y preguntarnos con Donna Haraway: 鈥溌緾on la sangre de qui茅n se crearon mis ojos?鈥.
Amparo Moreno Sard谩 es catedr谩tica em茅rita de Historia de la Comunicaci贸n de la Universidad Aut贸noma de Barcelona. Sobre el tema que plantea en este art铆culo ha publicado (1986), El arquetipo viril protagonista de la historia; (1988), La otra 鈥楶ol铆tica鈥 de Arist贸teles; (1991), Pensar la historia a ras de piel; (2007), De qu茅 hablamos cuando hablamos del hombre. Treinta a帽os de cr铆tica y alternativas al pensamiento androc茅ntrico.
Recreaci贸n de Ad谩n y Eva, de Antoni Puigverd en La Vanguardia
Opini贸n
Ad谩n y Eva pueden saltar al vac铆o, liber谩ndose del estigma de su origen natural
Los lectores exigentes son, sin duda, los mejores. Algunos de ellos me recriminaron ciertos detalles de mi art铆culo del pasado lunes, en el que yo esbozaba unas reflexiones sobre la condici贸n femenina. En particular, me afearon una afirmaci贸n que resumo, para abreviar, de tal manera: predomina en nuestra opini贸n p煤blica la idea de que la maternidad es un estorbo. Intentar茅 contextualizar la afirmaci贸n, pues no es m谩s que un ejemplo entre muchos de una corriente cultural dominante en Occidente. Ad谩n y Eva se est谩n emancipando de lo que se considera un estigma: la dependencia del origen natural.
Por falta de espacio, valorar茅 las prisas con que aplaudimos las propuestas de esta corriente, no sus fundamentos. No son pocos los institutos bio茅ticos que reflexionan sobre las consecuencias de la manipulaci贸n y selecci贸n gen茅tica con fines sanitarios, pero la opini贸n p煤blica es bastante menos reflexiva. Est谩 dominada por lo que llamar铆amos el imperio de las emociones.
La ciudadan铆a (te贸ricamente formada por seres aut贸nomos y racionales) ha devenido audiencia: formada por masas que reaccionan sentimentalmente a las sugestiones medi谩ticas. 驴Qu茅 es lo que determina el sesgo de la opini贸n p煤blica? Las im谩genes de impacto, las t茅cnicas narrativas y las espirales medi谩ticas de car谩cter obsesivo (cuyos ejemplos m谩s t铆picos son la gripe aviar y el s铆ndrome de las vacas locas). La llamamos opini贸n, pero nos referimos a la emoci贸n de las masas.
La ciencia aparece a los ojos de una ciudadan铆a emotiva (y asustada, adem谩s, por la crisis econ贸mica) como la 煤ltima esperanza. Las grandes cosmovisiones han fracasado, la pol铆tica se muestra impotente y corrupta, pero la ciencia aparece como el 煤ltimo faro. Solucionar谩, queremos creer, todos los problemas a los que no sabemos c贸mo enfrentarnos: degradaci贸n clim谩tica, petr贸leo por las nubes, enfermedades…
Y, en efecto, el formidable faro de la ciencia ha gestado en los 煤ltimos a帽os avances colosales. Los avances gen茅ticos, por ejemplo, pueden determinar el fin de algunos males que parec铆an imbatibles. Pero estos avances generan interrogantes no menos colosales. Ya ser铆a posible obtener en un laboratorio las Quimeras que egipcios y griegos imaginaron: la esfinge, pongamos por caso, mezcla de le贸n y humano. Pero alejemos el foco de la mitolog铆a: no ser铆a tan dif铆cil crear una subespecie de hom铆nidos capaces de hacer aquellas tareas que los humanos no queremos realizar. Robots de carne y hueso que pondr铆an en rid铆culo los esfuerzos de la rob贸tica mec谩nica japonesa. La bio茅tica impide hacer determinados experimentos cient铆ficos y frena la derivaci贸n de la medicina cient铆fica hacia la siniestra mitolog铆a. Y, sin embargo, en un contexto de audiencias tir谩nicas, cuando la raz贸n se somete a la emoci贸n, la 茅tica es muy voluble. 驴Es tan inimaginable que, en futuro no tan lejano, una corriente de opini贸n imponga la necesidad de investigar en un sentido que ahora parece abominable?
El ser humano, libre de la tutela de Dios, decepcionado de la democracia y las ideolog铆as, se aferra al progreso cient铆fico, que apuesta por recrear la condici贸n humana. Lo natural puede ser pronto artificial.
El proceso es visible en la moda de la cirug铆a est茅tica. La nariz que determin贸 la gen茅tica y la arruga que impuso el tiempo son recreados por el cirujano (tambi茅n la moda del tatuaje descubre el deseo de repintar el cuerpo recibido). Pero, m谩s all谩 de la apariencia, la recreaci贸n puede alterar el sistema gen茅tico. Lo est谩 alterando ya en algunos casos. La investigaci贸n actual es hija del equilibrio entre la necesidad social y el consenso 茅tico. Pero necesidad y consenso 茅tico son conceptos muy vagos. Presionados por las exigencias econ贸micas o por la tiran铆a de las audiencias, Ad谩n y Eva pueden saltar al vac铆o. La humana condici贸n est谩 siendo transformada desde la ra铆z gen茅tica. El horizonte de posibilidades que se abre a nuestros ojos es a la vez apasionante e inquietante. Apasionante por los muchos males que puede resolver. Inquietante por las siniestras consecuencias que puede producir.
Por eso es tan delicado, creo, abrir hoy d铆a con ligereza algunas puertas 茅ticas. Cuando hablamos de dar facilidades a la selecci贸n gen茅tica de la infancia, cuando aplaudimos con emoci贸n el nacimiento de los ni帽os medicina, cuando reivindicamos la eutanasia. Los interrogantes que genera el progreso cient铆fico deber铆an agudizar nuestra cautela. Y nuestra estupefacci贸n. Ah铆 est谩 Anna Smajdor, investigadora en bio茅tica del Imperial College de Londres, quien, en nombre del sexo femenino, exige al premier Cameron la urgente concesi贸n de fondos p煤blicos para investigar el 煤tero artificial. Este es su argumento: “Emancipar a las mujeres del embarazo y el parto, reliquias ancestrales y b谩rbaras fundadas en el dolor y la opresi贸n”.
Mujeres bajo un techo de cristal, de Antoni Puigverd en La Vanguardia
驴Por qu茅 el progresismo entrega la defensa de la vida a la derecha y cree una afrenta fomentar la maternidad?
No hay tema m谩s arduo para un articulista masculino que el de la condici贸n femenina. Cargamos los hombres a nuestra espalda con el estigma de la secular tiran铆a de nuestra condici贸n. Muchas mujeres creen 鈥搉o sin raz贸n鈥 que deber铆amos callar sobre ellas. Y, sin embargo, 驴s贸lo las v铆ctimas pueden juzgar un accidente de circulaci贸n? Un dilema de origen m谩s tr谩gico: 驴s贸lo los jud铆os pueden discurrir sobre Israel? A las v铆ctimas, se les debe reconocimiento; hay que concederles la jerarqu铆a moral. Pero no tienen la exclusiva del debate. El 谩gora es para todos o no es 谩gora.
Que las mujeres no han conseguido la paridad en Europa es evidente. Viviane Reding, comisaria de Derechos en Bruselas, ha puesto cifras al techo de cristal. “Las empresas con un equilibrio de g茅nero tienen un beneficio de explotaci贸n un 56% m谩s elevado que las empresas exclusivamente masculinas”. Cualquier profesor sabe que las chicas rinden m谩s que sus compa帽eros. No es necesario, por lo tanto, apelar a la raz贸n 茅tica o a la justicia para defender la paridad: bastar铆a con la raz贸n econ贸mica. Otros estudios demuestran que las mujeres trabajan mejor que los hombres. Tambi茅n esto se sab铆a: en la vieja sociedad rural, las mujeres rend铆an m谩s y mejor; otro tanto suced铆a en las f谩bricas del textil desde la revoluci贸n industrial. 驴Y qu茅 decir de las tareas caseras?
Alg煤n estudio demuestra asimismo evidencias m谩s sutiles: la mujer dirige mejor. Lo escrib铆 20 a帽os atr谩s y no pocos lectores (masculinos y femeninos) me trataron de cursi y relamido: “Un mundo en manos de las mujeres ser铆a menos malo”. Lo ser铆a con toda seguridad si las mujeres que alcanzan mando en plaza no se dejaran tentar por el estilo alfa de los machos hegem贸nicos. Para romper el cristal, algunas mujeres deben afirmarse y pelear con modos y m茅todos incluso m谩s competitivos y agrestes que los de sus rivales. No las criticaremos: otra v铆a no les dejan para desarrollar al m谩ximo su personalidad social. Lo cierto es que las empresas y organizaciones mejoran notablemente cuando una mujer consigue, excepcionalmente, llegar a lo m谩s alto sin recurrir a la insomne competici贸n que caracteriza al poder masculino. Situadas en el v茅rtice, algunas mujeres sorprenden a los pobres alfas: ellas practican la inteligencia emocional y no necesitan comportarse como en un ring de boxeo.
Pero la discusi贸n sobre el techo de cristal afecta al sector m谩s privilegiado de las mujeres. La mayor铆a de ellas no esperan llegar tan alto. Intentan huir de la muerte. La violencia contra las mujeres no cesa. Todos los esfuerzos para evitarla parecen in煤tiles. La ley se ha forzado para protegerlas. Jueces y polic铆as intentan controlar a los b谩rbaros. No hay manera. Voltaire dec铆a que la moda impera incluso en los cr铆menes. Parece que la moda de matar se impone entre machos desesperados. Pero tiene que haber algo m谩s. Apunto dos causas de la tr谩gica moda. Primera: no hay cambio sin trauma. Las relaciones entre hombres y mujeres han cambiado de manera colosal, pero el cambio, en t茅rminos hist贸ricos, se ha producido en un cort铆simo espacio de tiempo. No son pocos los machos atrapados como bestia desconcertada en un mundo que ya no reconocen.
Quiz谩s pese m谩s un segundo factor. Dos visiones antag贸nicas de la mujer coexisten en nuestros medios de comunicaci贸n. La que aspira y exige igualdad; y la que es objeto sacralizado del deseo. Ambas im谩genes chocan constantemente y son fuente de contradicci贸n y confusi贸n. Cierto: la publicidad y el inmenso espacio audiovisual tambi茅n remiten hoy al cuerpo masculino. Pero el cuerpo femenino es el cebo por antonomasia. Habita en nuestras pupilas de manera constante y obsesiva. Parox铆stica. El cebo que atrae al mercado es, a la vez, una persona. Y exige, naturalmente, igualdad. En este sentido, la responsabilidad de la cultura y del periodismo es enorme. Una parte de la culpa les corresponde. Fomentan el embrollo, contradicen sin cesar sus postulados. Los medios proponen una cosa y la contraria. Perro de Pavlov de la cultura audiovisual, el consumidor macho pierde el norte: obligado a la vez a salivar y a respetar.
Apuntemos telegr谩ficamente un tercer elemento del debate actual sobre la condici贸n femenina. Cristaliza la idea de que la maternidad es un estorbo. Lo vemos estos d铆as en la discusi贸n sobre la propuesta de Alberto Ruiz Gallard贸n. Sigo sin entender por qu茅 el progresismo entrega el debate sobre la vida a la derecha. Y por qu茅 considera la izquierda una afrenta el fomento social de la maternidad. Pero m谩s all谩 del aborto, est谩 el gran tema de fondo de nuestra de civilizaci贸n. Ad谩n est谩 convencido de que la ciencia ofrece posibilidades, no ya de resolver todos los problemas de salud, sino de recrearse por completo al margen de su origen natural. Consiguientemente, Eva cree posible recrearse prescindiendo de la maternidad.
Sobre todos y todas, de Sandra Russo en P谩gina 12 (10/03/12)
El domingo pasado, alrededor de la Real Academia Espa帽ola (RAE) se arm贸 un tremendo revuelo de g茅nero. Fue conocido ese d铆a un informe firmado por 23 acad茅micos 鈥揺so incluye a tres mujeres, y esta aclaraci贸n hace al ombligo del problema鈥, titulado 鈥淪exismo ling眉铆stico y visibilidad de la mujer鈥. Aprovecho de paso para insistir en que 鈥渓a mujer no existe鈥. Lo dijo Lacan en otro sentido que nunca termin茅 de descifrar, pero aqu铆, en este contexto, que 鈥渓a mujer鈥 no existe significa que esa palabra en singular es un subproducto de la lengua que ha sido tomado y capturado por los medios de comunicaci贸n y m谩s tarde por la publicidad. Esos son los 谩mbitos adecuados para 鈥渓a mujer鈥. En la vida real hay mujeres.
En 鈥渓a mujer鈥 caben muchos sentidos que vienen solos y sin que uno haga ning煤n esfuerzo. Despu茅s de haber arrastrado durante decenas de siglos un esp铆ritu de inferior calidad que el masculino, de lo primero que nos empoderamos las mujeres es de nuestra propia multiplicidad. Somos mujeres que podemos ser muy, pero muy distintas unas de otras, y al mismo tiempo en cada una de nosotras caben muchas maneras de ser una mujer. As铆 que para empezar, primero el plural.
Estos acad茅micos de la RAE se encolumnaron detr谩s de Ignacio Bosque, que fue quien elabor贸 el informe. La RAE sali贸, una vez m谩s, al choque de una avanzada de g茅nero promovida desde hace a帽os por muchos colectivos feministas, que elaboran gu铆as sobre el sexismo en el lenguaje. El nudo de la cuesti贸n es que las feministas protestan porque el lenguaje no se adapta a la realidad de las mujeres que hoy circulan como nunca antes en la historia por el mundo p煤blico.
Las feministas protestan porque el sustantivo masculino incluye al femenino, y eso ya no es un detalle, ni un modo decir lo correcto, ni es una enunciaci贸n justa. Las mujeres estamos gramaticalmente incluidas en los sustantivos masculinos (trabajadores, ciudadanos, amigos, invitados, etc.: todo eso, que es de g茅nero masculino, lleva al g茅nero femenino incorporado, justo como una costilla sem谩ntica). Pero no es la lengua la que determina la realidad, es al rev茅s.
Las ling眉istas feministas sostienen que esa inclusi贸n forzada de lo femenino en lo masculino es una forma de exclusi贸n en la lengua. El estar contenidas e invisibilizadas en los sustantivos masculinos obliga a las mujeres a una pregunta que deben hacerse miles de veces en sus vidas: 鈥溌縈e est谩n hablando a m铆?鈥, mientras los varones jam谩s pasan por esa experiencia. Si en una clase cualquiera una maestra dice: 鈥淨ue salgan todos los alumnos del aula鈥, los varones saben que deben irse. Las ni帽as dudan: 驴salen todos o s贸lo los varones? Desde ese punto de vista, las gu铆as de lenguaje no sexista buscan borrar esas zonas grises del lenguaje, porque son grises s贸lo para las mujeres.
La ling眉ista espa帽ola Mercedes Bengoechea, en un art铆culo titulado 鈥淟a sociedad cambia, la Academia no鈥, recuerda que, a partir de 2001, la RAE ha insistido con varios documentos con el mismo contenido que el 煤ltimo: reafirman que el masculino abarca a ambos g茅neros y que por lo tanto es innecesario, por ejemplo y viniendo para aqu铆, el 鈥渢odos y todas鈥 y hasta la palabra 鈥淧residenta鈥. Bengoechea indica que desde 2005, la RAE se remite a su Diccionario Panhisp谩nico de Dudas, donde bajo la entrada g茅nero se afirma que el masculino abarca a ambos sexos. El ejemplo del mal uso del idioma al respecto que ofrecen parece destinado a una lectura argentina. Es 茅ste: 鈥淒ecidi贸 luchar ella, y ayudar a sus compa帽eros y compa帽eras鈥. La RAE afirma que en ese caso 鈥渆l masculino pudo y debi贸 ser usado鈥. Bengoechea, que ha sido decana de la Facultad de Filosof铆a y Letras de la Universidad de Alcal谩, agrega que 鈥渁dem谩s de las dobles formas, para el Panhisp谩nico son inadmisibles los dobles determinantes (las y los ciudadanos) y la arroba. La insistencia en la necesidad de evitar las dobles formas o la arroba, las arrebatadas defensas del masculino de algunos de sus miembros y las diversas explicaciones, argumentos y apolog铆as a favor del masculino o del t茅rmino hombre para representar a ambos sexos demuestran, en primer lugar, lo relativamente extendido de su uso y, en segundo lugar, la enconada resistencia de las Academias a su utilizaci贸n鈥.
Naturalmente, se trata de la pulseada entre algo vivo y algo muerto. La RAE no admite que es inherente a la lengua el mismo estado de evoluci贸n de aquello que esa lengua designa. Los sectores que se van sintiendo inc贸modos con la lengua la van modificando, en un movimiento natural de precisi贸n y especificidad. La ling眉ista da un ejemplo de su vida cotidiana: si despu茅s de decir tres veces a diferentes personas 鈥渆ste a帽o en el curso tengo unos excelentes alumnos rusos鈥, y verse obligada a aclarar que entre esos 鈥渁lumnos鈥 hay 鈥渁lumnas鈥, es comprensible que busque maneras alternativas de expresi贸n que se ajusten a lo que quiere decir, de modo que a la cuarta vez le dir谩 a alguien: 鈥淓ste a帽o en el curso tengo un excelente alumnado ruso鈥 o 鈥渆ste a帽o en el curso tengo un grupo excelente de alumnas y alumnos rusos鈥.
La RAE se queja de que las gu铆as 鈥渃ontravienen las normas de la lengua鈥. Del otro lado se le responde que la lengua ha sido usada desde hace siglos como el soporte de las estrategias patriarcales en relaci贸n con las mujeres, que la lengua no ha sido ni es un esp铆ritu santo, sino m谩s bien un fondo negro que lleva inscriptas y ocultas las relaciones de poder. No s贸lo las feministas salieron al cruce de la RAE esta semana. Otros sectores, acad茅micos, pol铆ticos, ling眉铆sticos, los que sostienen precisamente que las lenguas nunca fueron neutrales ni est谩n esterilizadas, encontraron una oportunidad para volver a poner eso en debate. Luis Mart铆n Cabrera 鈥損rofesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de San Diego鈥, en un art铆culo titulado 鈥淢e he vuelto loca, s贸lo puedo escribir en femenino鈥, afirma que rasgarse las vestiduras porque las gu铆as no han sido elaboradas por ling眉istas es un argumento disciplinario y autoritario. 鈥淓s el mismo argumento que utilizan historiadores como Santos Juli谩, que piensan que la memoria es un asalto a su disciplina; ni la historia les pertenece exclusivamente a los historiadores ni el lenguaje es patrimonio de los ling眉istas, no son sus minifundios ideol贸gicos. Por otro lado, no es sorprendente que no les hayan pedido ayuda, pues la RAE es hist贸ricamente una de las instituciones m谩s sexistas y mis贸ginas del mundo. Todav铆a recuerdo al anterior director de la RAE, don V铆ctor Garc铆a de la Concha, que por desgracia fue mi profesor, diciendo que 鈥榣a literatura no tiene la regla鈥, provocando carcajadas generales y reproduciendo esa nefasta complicidad entre hombrecitos. Se puede discutir si existe una literatura femenina, pero no con argumentos sexistas.鈥
Cuando Dolores era 鈥渘uestro secretario general鈥, de Santos Juli谩 en Domingo de El Pa铆s
Era la camarada Dolores Ib谩rruri, pero cuando recibi贸 el saludo del comit茅 central del Partido Comunista de la Uni贸n Sovi茅tica con motivo del 60潞 aniversario de su nacimiento, la versi贸n espa帽ola de la felicitaci贸n la identificaba como 鈥渁rdiente y probado luchador por la causa de la clase obrera, por la causa de la democracia y por la causa del socialismo鈥. Y sus camaradas espa帽oles, todos hombres, en un acto de homenaje por el mismo motivo, celebraron 鈥渓a vida revolucionaria de nuestro secretario general, vida 铆ntegramente dedicada a hacer triunfar los grandes ideales de la emancipaci贸n de la clase obrera y de todo el pueblo trabajador鈥.
Desde los a帽os cuarenta, cuando desplaz贸 a Jes煤s Hern谩ndez en la batalla por la Secretar铆a General, hasta 1960, cuando fue sustituida por Santiago Carrillo, Dolores Ib谩rruri siempre se present贸 como 鈥渆l secretario general del Partido Comunista de Espa帽a鈥, y sus camaradas se dirig铆an a ella llam谩ndola 鈥渘uestro secretario general鈥. Todav铆a en un libro a ella dedicado y editado en marzo de 2004 鈥斅n marzo de 2004!鈥 Carrillo titulaba uno de sus cap铆tulos: 鈥淒olores, secretario general del Partido Comunista鈥, y es curioso, y significativo, que ning煤n corrector de estilo ni a nadie en la editorial le haya llamado la atenci贸n por semejante uso del t茅rmino.
驴Ser铆a tal vez porque ser secretaria, por muy general que fuese, no era lo mismo que ser secretario, sobre todo si era general? 驴O ser铆a quiz谩 porque secretario general es, o era hasta hace bien poco tiempo, lo que llaman los gram谩ticos un masculino gen茅rico no marcado, de esos que incluyen a todos los individuos de la especie sin diferencia de sexo o de g茅nero? Pues vaya usted a saber, pero lo cierto es que hasta ayer mismo, el nombre del secretario general del PCE entre 1945 y 1960 era Dolores Ib谩rruri, conocida tambi茅n como Pasionaria.
驴Se imagina alguien que otra Dolores, de Cospedal en la ocasi贸n, pudiera ser identificada por sus compa帽eros y compa帽eras de partido como secretario general? No, claro, nadie se lo puede imaginar. Y eso es as铆 porque ha cambiado el significado de este grupo sint谩ctico, que hoy solo puede referirse a hombres; pero es as铆, sobre todo, porque ha cambiado el lugar de las mujeres en la sociedad. Que ese cambio de significaci贸n haya arrastrado el desdoblamiento del gen茅rico no tiene nada de extra帽o: los que hoy protestan cada vez que se desdobla el masculino gen茅rico olvidan que de toda la vida es, o ha sido, muestra de cortes铆a dirigirse al p煤blico congregado para escuchar una conferencia con el cl谩sico buenas tardes, se帽oras y se帽ores.
Ocurre que las se帽oras han abandonado el patio de butacas para subir al escenario convertidas en mujeres, y si las se帽oras escuchaban las mujeres hablan. Desde que Ib谩rruri fue secretario general hasta que De Cospedal es secretaria general, hemos vivido la m谩s profunda revoluci贸n experimentada por la sociedad espa帽ola desde la guerra contra los franceses. Revoluci贸n de la mujer que ha cambiado por completo su posici贸n en la sociedad, con la elevaci贸n del nivel de escolarizaci贸n, incorporaci贸n masiva al mercado de trabajo, ca铆da de la tasa de natalidad, liberalizaci贸n de la moral sexual, descenso de n煤mero de matrimonios, retraso de la edad al primer hijo. Todo ello, acompa帽ado del cambio de valores tradicionales vinculados a la instituci贸n matrimonial 鈥攅stabilidad, diferencia de roles, autoridad del padre鈥 por nuevos valores de autonom铆a e independencia personal.
Es imposible que la estructura de una sociedad experimente un cambio tan radical sin que la lengua sufra trastornos que quienes consider谩bamos normal llamar secretario general a una mujer no pudimos ni imaginar. Los acad茅micos y las acad茅micas asistentes a una reuni贸n firmaron el otro d铆a un informe-manifiesto, muy bien construido y argumentado, que intenta poner un dique a la avalancha de desdoblamientos del gen茅rico masculino que se nos echa encima y que alcanza en ese texto bolivariano la dimensi贸n de una cat谩strofe. Estupendo, es su funci贸n y suena muy razonable, pero todo en ese papel evoca una batalla, si no perdida, en retirada. Por una raz贸n muy simple, y es que en la realidad de la vida el desdoblamiento ya se ha producido.
Que nuestra vieja y querida lengua espa帽ola sea capaz de dar cuenta de esa realidad es todo lo que nos queda por saber. La gram谩tica no es la vida, ha sentenciado Amelia Valc谩rcel en frase feliz. Cierto, pero no hay vida humana sin gram谩tica. Y cuando la vida cambia, la gram谩tica, o se alimenta de la nueva vida o muere de inanici贸n.
Gallard贸n y el profesor noruego, de Luc铆a M茅ndez en El Mundo
OPINI脫N
El concepto 芦violencia estructural禄 estaba latente en la teor铆a marxista, pero fue Johan Galtung quien la introdujo en las ciencias sociales a partir de los a帽os 60 del siglo pasado. Galtung es un em茅rito profesor noruego -tiene 82 a帽os-, admirador de Gandhi, que ha dedicado toda su vida al estudio de la violencia, en toda su amplitud. Es un hombre respetado en los centros de investigaciones para la paz, mediaci贸n de conflictos, foros para el estudio de la exclusi贸n social y defensores de los Derechos Humanos. El tri谩ngulo de la violencia acu帽ado por Galtung tiene tres v茅rtices: 芦violencia directa, violencia cultural y violencia estructural禄. En s铆ntesis, la 芦violencia estructural禄 ser铆a un tipo de violencia indirecta derivada del funcionamiento del sistema. Por ejemplo, nadie ejerce violencia directa para que los ni帽os de 脕frica se mueran de hambre. La falta de acceso a los alimentos, motivada por la estructura econ贸mica, es la 芦violencia estructural禄 que da lugar a la miseria y la muerte de los m谩s d茅biles.
Galtung era conocido en Espa帽a por los expertos en el 芦conflicto vasco禄 y porque pasa muchas temporadas en su chalet de Alfaz del Pi. Ahora tambi茅n lo conocemos porque el ministro de Justicia ha aplicado su teor铆a de la 芦violencia estructural禄 a las mujeres espa帽olas embarazadas.Gallard贸n es un hombre ilustrado y se habr谩 topado en alg煤n libro con las tesis del profesor noruego. Ten铆a el t茅rmino 芦violencia estructural禄 en la cabeza y lo solt贸 en un contexto, como poco equivocado. Todos entendimos que lo que estaba diciendo es que los proabortistas ejercen una 芦violencia estructural禄 sobre las embarazadas para obligarlas a interrumpir la gestaci贸n. Al percatarse de su error, el ministro puso a trabajar sus activas neuronas para derivar sus palabras hacia la 芦violencia estructural禄 de la sociedad contra los derechos de las mujeres.
Nadie le va a negar a Gallard贸n que existe una 芦violencia estructural禄 que impide a las mujeres desarrollar sus actividades en plenitud de igualdad con los hombres. Pero si el ministro de Justicia quiere corregir esa violencia va a tener mucho trabajo. La 芦violencia estructural禄 contra las mujeres la practican los machistas, algunos empresarios, novios desaprensivos, un tropel de columnistas -aqu铆 mismo-, la mala conciencia por no poder conciliar la vida familiar y laboral, la obligaci贸n de limpiar y planchar al llegar a casa despu茅s de una jornada de trabajo, la carest铆a de las guarder铆as, el dilema de tener que elegir entre los hijos y la profesi贸n… Incluso muchas mujeres ejercen 芦violencia estructural禄 contra otras mujeres. Galtung advierte que las estructuras que producen esta violencia est谩n tan solidificadas que resultan casi inalterables.
Hacia la igualdad de las mujeres, de Juan Manuel Moreno Bonilla en El Mundo
OTRAS VOCES: D脥A DE LA MUJER
El autor denuncia la brecha salarial por sexos que se sigue produciendo en nuestro pa铆s. Asegura que la lucha contra la violencia de g茅nero seguir谩 siendo un asunto de Estado
La desigualdad entre mujeres y hombres no es una cuesti贸n de sensaciones o de impresiones personales o de casos particulares. La desigualdad se hace patente en la vida de muchas mujeres cuando ingresan su sueldo cada mes. Y es que perciben un salario anual un 22% inferior al de los hombres por igual trabajo o trabajo de igual valor. Adem谩s, las mujeres s贸lo representan un 30% del total de personas en puestos directivos de las Administraciones y un 11,5% en los Consejos de Administraci贸n. No son sensaciones, ni impresiones, ni casos particulares. 脡sta es la realidad de nuestro pa铆s.
Pero no somos los 煤nicos que presentamos esta importante brecha salarial entre mujeres y hombres. Seg煤n datos de la Comisi贸n Europea, la brecha salarial de g茅nero promedio es del 17% en toda la Uni贸n. Pero claro, los datos promedio son siempre sensibles a los valores extremos; es decir, existen pa铆ses europeos cuya brecha salarial de g茅nero es muy peque帽a frente a otros que poseen datos muy importantes de desigualdad. Por ejemplo, Noruega es un pa铆s que puede presumir de su pol铆tica de igualdad de oportunidades, de conciliaci贸n y de no discriminaci贸n entre mujeres y hombres.
Aproximadamente el 80% de las mujeres trabaja fuera de casa y ocupa el 44% de los puestos directivos dentro de grandes empresas. Estas cifras se han alcanzado gracias a dos motivos: normativas y pol铆ticas sociales. Este avance en el cumplimiento de los derechos de igualdad de oportunidades de mujeres y hombres en Noruega no ha hecho disminuir su tasa de natalidad, todo lo contrario, de manera que se han podido sentar las bases para una conciliaci贸n real de la familia y el trabajo.
Adem谩s, no podemos olvidar que existe una correlaci贸n directa entre la igualdad, el desarrollo y la competitividad de un pa铆s. No estamos hablando de castillos en el aire, sino de un conjunto de acciones sociales y de igualdad que pueden mejorar primero, la igualdad existente entre mujeres y hombres, y segundo, obtener un mejor rendimiento de nuestras ventajas competitivas nacionales.
En esta direcci贸n estamos trabajando. La ministra Ana Mato ya ha adelantado parte del Plan Estatal de guarder铆as laborales, en el que se articular谩n acuerdos con empresas y asociaciones as铆 como incentivos fiscales que eliminen todos los obst谩culos que limitan la conciliaci贸n a mujeres y a hombres. En esta l铆nea, queremos implementar una Estrategia Nacional de racionalizaci贸n de los horarios laborales que permita que mujeres y hombres puedan desarrollar su faceta profesional y personal sin sacrificar ninguna de las dos en el intento. La conciliaci贸n no es un compromiso, sino una necesidad.
El cambio cultural tiene que empezar en nuestros propios hogares, con nuestro ejemplo diario, ense帽ando a nuestros hijos que la responsabilidad familiar es compartida, que el cuidado de las personas mayores es cuesti贸n de todos los miembros de la familia y que la maternidad no es algo exclusivo de la mujer. Pero actualmente, las mujeres representan el 95,48% de los casos de excedencias solicitadas para el cuidado de los hijos y el 85% para el cuidado de personas dependientes.
Tenemos que cambiar nuestra forma de entender la igualdad, porque no es una cuesti贸n exclusiva de mujeres sino tambi茅n de hombres. Tenemos que conseguir que los hombres hablemos de los asuntos que les preocupan a las mujeres, que nos sintamos avergonzados por las grandes desigualdades salariales que existen entre nosotros y que defendamos a pie de calle, al lado de todas y cada una de las mujeres, que la igualdad de oportunidades es un derecho irrenunciable.
Cada 2 de marzo recordamos a todos los ciudadanos europeos que la desigualdad salarial entre mujeres y hombres sigue existiendo y cada 8 de marzo celebramos el D铆a Internacional de la Mujer como homenaje a lo que representa su figura en nuestra sociedad. Un homenaje a su capacidad de creaci贸n e innovaci贸n, a su importancia dentro de las universidades, de las empresas, de las asociaciones y de la pol铆tica, as铆 como a todas las mujeres an贸nimas que concilian, trabajan, protegen y se enfrentan a un mundo en el que la igualdad de oportunidades no es un derecho sino una batalla diaria.
Tenemos que garantizar la protecci贸n efectiva de las v铆ctimas de la violencia de g茅nero, atender sus necesidades f铆sicas y psicol贸gicas, proteger sus vidas y ayudar a construir un marco de seguridad donde puedan desarrollar sus capacidades sinti茅ndose libres y protegidas por todo el Estado. La educaci贸n, la sensibilizaci贸n, el acompa帽amiento para la integraci贸n, la prevenci贸n y la gesti贸n coordinada interinstitucional y con asociaciones y voluntarios, resultan imprescindibles en la lucha contra la violencia de g茅nero. Por eso, la Estrategia Nacional que vamos a poner en marcha trata de involucrar a toda la sociedad en la erradicaci贸n de la violencia de g茅nero. Y s贸lo desde el compromiso de que mujeres y hombres estamos en el mismo barco y de que la igualdad de oportunidades, la conciliaci贸n, la educaci贸n y la prevenci贸n es cosa de todos, podremos seguir avanzando en la lucha por la defensa de las mujeres.
Por eso, desde la responsabilidad de secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad voy a ser el portavoz de los asuntos de mujeres entre los hombres, porque tenemos que involucrarnos personalmente en la batalla por la igualdad de g茅nero, porque tenemos que cambiar los valores educativos empezando con nuestro ejemplo diario. Mientras exista una sola mujer que se cuestione la maternidad por mantener o promocionarse en un puesto de trabajo, no pararemos de reivindicar que todos, mujeres y hombres, estamos perdiendo la batalla y tenemos que seguir trabajando.
No s贸lo tenemos las herramientas, sino tambi茅n la fuerza y el esp铆ritu necesario para transformar este gran pa铆s.
Juan Manuel Moreno Bonilla es secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad.
El techo de cristal, de Joaqu铆n Almunia y Viviane Reding en El Pa铆s
Se necesitar铆an otros 40 a帽os para lograr el equilibrio de g茅nero en los consejos de administraci贸n de las empresas europeas
En las 煤ltimas d茅cadas Europa ha avanzado considerablemente en la incorporaci贸n de un mayor n煤mero de mujeres al mundo laboral. La tasa de empleo femenino es del 62%, frente al 55% en 1997. Las mujeres tambi茅n han logrado grandes progresos en educaci贸n: en la actualidad representan el 60% de los nuevos graduados universitarios. A estos avances han contribuido la legislaci贸n y el apoyo financiero de la Uni贸n Europea.
A pesar de esta mejora, existe un importante d茅ficit: la falta de mujeres en los niveles superiores de las empresas. Muchas mujeres cualificadas no pueden romper el techo de cristal al subir los pelda帽os corporativos. Los hechos son desoladores: solo uno de cada siete miembros de los consejos de administraci贸n (13,7%) de las principales empresas de Europa y uno de cada 30 presidentes de los consejos (33,2%) es una mujer.
En los 煤ltimos a帽os se han producido progresos limitados. Con las actuales tasas de crecimiento del equilibrio de g茅nero en los consejos de administraci贸n de Europa, se necesitar铆an otros 40 a帽os para lograr algo parecido a un equilibrio razonable. El n煤mero de mujeres presidentes de consejos de administraci贸n de grandes empresas incluso ha descendido, bajando al 3,2% en enero de 2012 desde el 3,4% en 2010.
En Espa帽a, la situaci贸n incluso es peor, al representar las mujeres el 11,5% de los miembros de los consejos de administraci贸n.
En estos dif铆ciles momentos por los que atraviesa la econom铆a 鈥攃uando nos enfrentamos al doble reto de una poblaci贸n envejecida y al d茅ficit de cualificaci贸n鈥 es m谩s importante que nunca aprovechar la cualificaci贸n de cada persona. Existen cuatro razones para apoyar a las mujeres a que finalmente rompan el techo de cristal en los consejos de administraci贸n de las empresas.
En primer lugar, la econom铆a: incorporar m谩s mujeres al mundo laboral contribuye considerablemente a mejorar la competitividad de Europa. La presencia de un mayor n煤mero de mujeres en el mundo laboral facilita, asimismo, el cumplimiento del objetivo de la UE de incrementar la tasa de empleo de la poblaci贸n adulta al 75%.
En segundo lugar, un n煤mero creciente de estudios muestran una relaci贸n entre m谩s mujeres en puestos elevados y los resultados financieros de las empresas. Por ejemplo, de un informe de McKinsey se desprende que las empresas con un equilibrio de g茅nero tienen un beneficio de explotaci贸n un 56% m谩s elevado que las empresas exclusivamente masculinas. Ernst & Young analiz贸 las 290 m谩s importantes empresas que cotizan en Bolsa. El resultado fue que los beneficios de las empresas con, al menos, una mujer en el consejo de administraci贸n eran significativamente superiores a los de aquellas que no ten铆an ning煤n miembro femenino en el consejo.
En tercer lugar, varios Estados miembros de la UE han empezado a actuar, introduciendo cuotas legalmente vinculantes para los consejos de administraci贸n. El grupo de pioneros incluye a B茅lgica, Francia, Italia, los Pa铆ses Bajos y Espa帽a. Dinamarca, Finlandia, Grecia, Austria y Eslovenia han aprobado normas sobre equilibrio de g茅nero en los consejos de administraci贸n de las empresas p煤blicas.
“En cuarto lugar, los europeos apoyan un mejor equilibrio de g茅nero. En una reciente encuesta de opini贸n de alcance europeo, el 88% de las personas declaraba que, ante id茅nticas competencias, cre铆an que las mujeres deber铆an estar equitativamente representadas en los puestos decisorios en las empresas. En Espa帽a la cifra es del 90%.
En toda Europa, los ciudadanos, desde pol铆ticos a representantes del mundo acad茅mico y l铆deres empresariales, son conscientes de que las mujeres significan negocio. Es un gran paso adelante.
Por tanto, 驴qu茅 debemos hacer a partir de ahora? Hace un a帽o, la Comisi贸n Europea, el Parlamento Europeo y ministros de varios Estados miembros instaron a las empresas de la UE que cotizan en Bolsa a mejorar voluntariamente el equilibrio de g茅nero. Se pidi贸 a los presidentes ejecutivos que firmaran el Compromiso relativo a la presencia de mujeres en los consejos de administraci贸n de las empresas europeas para incrementar voluntariamente la presencia de mujeres en los mismos al 30% en 2015 y al 40% en 2020. Sin embargo, hasta la fecha, solo 24 empresas de toda Europa se han comprometido.
Esta es la raz贸n por la cual la Comisi贸n Europea ha lanzado ahora una consulta p煤blica para definir la posible actuaci贸n a nivel de la UE para corregir el desequilibrio en los consejos de administraci贸n de Europa. 驴Podemos seguir bas谩ndonos en la autorregulaci贸n? 驴Necesitamos normas sobre cuotas vinculantes como hemos visto en algunos Estados miembros? 驴Necesitamos quiz谩 una acci贸n coordinada, o incluso armonizada, a nivel de la UE? 驴Se necesitan cuotas en todas las empresas o habr谩 que comenzar por las m谩s importantes?
Romper el techo de cristal para las mujeres en los consejos de administraci贸n es un reto com煤n al que se enfrenta la econom铆a europea. Ya no podemos permitirnos malgastar el talento femenino. En estos momentos de grandes desaf铆os, lo que est谩 en juego es demasiado importante como para mantener el statu quo. Ha llegado el momento de actuar.
Este art铆culo lo firman Joaqu铆n Almunia, vicepresidente de la Comisi贸n Europea y comisario de Pol铆tica de Competencia; y Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisi贸n Europea y comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadan铆a de la UE.
La contrarreforma del aborto, de Joan J. Queralt en El Pa铆s
Como regla ineludible, antes de cambiar una sola coma de nuestro ordenamiento, el legislador debe preguntarse, no sobre sus querencias, sino sobre la necesidad social de la modificaci贸n. La gaceta oficial no es una tienda de chucher铆as donde el goloso sacia sus caprichos.
Comprendo que los actuales dirigentes populares no est茅n conformes con la regulaci贸n vigente del aborto. No comprendo tanto que no lo est茅n por el mero hecho de ser conservadores; conservadora fue Simone Weil, la gran reformadora francesa en la materia; conservadores son la mayor铆a de Gobiernos de Europa Occidental y Estados Unidos y no han revocado las regulaciones liberalizadoras en materia de aborto que rigen desde el 煤ltimo medio siglo.
Pudiera pensarse que nuestra realidad es diferente; pudiera pensarse que la ley en vigor era, ella s铆, capricho de unos sectarios mandarines, que legislaron en contra del sentir social, lo que ha tenido como consecuencia un aumento exponencial de los abortos, pasando a ser, casi, la primera ocupaci贸n femenina.
Pues bien, nada de eso es cierto. La Ley de 2010 pone negro sobre blanco, y ese es su gran acierto, pero a los actuales ojos gubernamentales ese es su gran pecado, la sexualidad y la maternidad como derechos de la mujer. Reconocer un derecho nunca es sectario, m谩xime cuando se reconoce y protege un derecho que ostenta m谩s de la mitad de la poblaci贸n y de cuyo ejercicio nos beneficiamos, y gratamente, todos. No en balde, de forma abrumadora, todas las encuestas dan un alt铆simo nivel de conformidad con una (des)penalizaci贸n del aborto respetuosa para con la mujer. As铆 y todo, cabr铆a argumentar que, aun aceptando este derecho a efectos dial茅cticos, el aborto se ha ense帽oreado de la vida femenina. Nada m谩s lejos de la realidad; los abortos no han aumentado, ni tan siquiera entre las menores.
Si ello es as铆, es decir, si estamos ante un derecho, un derecho socialmente sentido y un derecho responsable y razonablemente ejercitado, 驴a qu茅 viene la reforma anunciada por el ministro de Justicia en su primera comparecencia parlamentaria, autocalificada de progresista?
No habiendo motivos que avalen una reforma, la raz贸n no puede ser m谩s que puramente ideol贸gica, y en el peor sentido del t茅rmino. Descartada una imposici贸n por afinidad pol铆tica, como ha sucedido con la regulaci贸n del l铆mite al d茅ficit p煤blico, solo una ablaci贸n del pluralismo social avala la senda que parece decidida a andar a marchas forzadas la nueva dirigencia.
Digo ablaci贸n porque, si se deroga el sistema de plazos, consecuencia de entender el aborto como el ejercicio de un derecho, nos retrotraeremos a un sistema de indicaciones, es decir, de autorizaciones, lo que parte de la punici贸n como norma y no de la libertad como realidad a proteger.
Se dir谩 -se ha dicho ya- que de lo que se trata es de proteger el derecho a la vida del nasciturus. Sin embargo, pese al alto inter茅s que el concebido representa para la sociedad, quien no es a煤n persona carece de todo derecho. Si, como parece, se va a rehabilitar la Ley de 1985, no est谩 de m谩s recordar afirmaciones esenciales de la STC 53/1985: por un lado, el nasciturus encarna un valor y ning煤n derecho posee; por otro, la vida del nasciturus, como bien constitucionalmente protegido, entra en colisi贸n con derechos relativos a valores constitucionales de muy relevante significaci贸n, como la vida y la dignidad de la mujer.
De este modo, lo que se enfrenta realmente es el derecho a la vida y la libertad de la mujer y el inter茅s demogr谩fico de la sociedad. O dicho de otro modo: en el drama del aborto no es una liza entre dos derechos a la vida, sino entre los derechos de una persona, la mujer, y relevantes intereses sociales. En este contexto, la soluci贸n jur铆dica, por la estrecha vinculaci贸n de la gestante con el nasciturus, no ha de ser muy dif铆cil: ni la mujer ni quien la auxilia, salvo supuestos excepcionales de embarazos ya muy avanzados y fuera de las prescripciones m茅dicas, han de verse, como ahora, impunes.
Anteponer a la mujer -y a quien la auxilia- un inexistente derecho de alguien que no es, por muy fuertes que puedan ser las convicciones, en todo caso minoritarias, se compadece mal con el pluralismo: supone recurrir al Derecho Penal para sancionar a quien act煤a conforme a su creencia, creencia, que por lo dem谩s, parece amparada por la ciencia y la ley.
No deja de ser curioso, incluso para quienes dicen defender la vida humana tout court, que ninguna legislaci贸n moderna, espa帽ola u occidental, castigue igual el aborto que el homicidio. Y no deja de ser igualmente llamativo que no existe ning煤n texto normativo, nacional o internacional, que fije cu谩ndo se inicia la vida humana prenatal.
As铆 las cosas, alterar la regulaci贸n actual en materia de libertad sexual y de interrupci贸n voluntaria del embarazo parece un desafuero. Y, adem谩s, con la que est谩 cayendo, es una clara maniobra de distracci贸n.
Joan J. Queralt es catedr谩tico de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona.
Si no puedo decidir, no soy igual, de Kattya Cascante en P煤blico
La Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupci贸n Voluntaria del Embarazo nunca signific贸 la despenalizaci贸n del aborto. De hecho, nuestro C贸digo Penal lo sigue contemplado como delito tipificado penalmente, aunque con sanci贸n menor. Adem谩s, acentuaba dos grandes debilidades: no regulaba la objeci贸n de conciencia, que sigue en indefinici贸n jur铆dica, ni trabajaba en el 谩mbito educativo de la salud sexual y reproductiva.
Nunca fue una ley de 鈥渁borto libre鈥, como se ha empe帽ado en calificar el sector m谩s conservador de nuestra sociedad, y menos, satisfac铆a las expectativas marcadas por aquellos colectivos que a帽o tras a帽o dedican su energ铆a a reivindicar los derechos de las mujeres. Sin embargo, s铆 era una ley que incorporaba garant铆as con respecto a la denominada ley de supuestos de 1985. Garant铆as en el acceso a una intervenci贸n quir煤rgica en condiciones de equidad, as铆 como de protecci贸n de intimidad y confidencialidad. Y cuestionaba al menos, la pseudoobjeci贸n de conciencia de algunos facultativos sanitarios que, durante a帽os, han estado neg谩ndose a practicar (o presionados a no realizar) la intervenci贸n y, por tanto, derivando la pr谩ctica a cl铆nicas privadas que generaban mayor dificultad cultural, geogr谩fica y econ贸mica para las gestantes.
Esta ley, conocida coloquialmente como ley de plazos, ha conseguido equipararnos a las condiciones de la UE. Una realidad que ha sido respetada, pese al cambio de Gobierno (tambi茅n conservador), tanto en Reino Unido con David Cameron como en Francia con Nicolas Sarkozy. La interrupci贸n voluntaria del embarazo ya forma parte del acervo de una 茅tica civil de m铆nimos de las sociedades europeas m谩s avanzadas. La Resoluci贸n 2001/2128(INI) del Parlamento europeo sobre salud sexual y reproductiva y los derechos asociados recomienda a los gobiernos de los estados miembros constatar, en materia de anticoncepci贸n, embarazos no deseados y educaci贸n afectivo sexual, las enormes desigualdades entre las mujeres europeas en el acceso a los servicios de salud reproductiva, a la anticoncepci贸n y a la interrupci贸n voluntaria del embarazo en funci贸n de sus ingresos, su nivel de renta o el pa铆s de residencia.
La relaci贸n de los derechos de las mujeres con la protecci贸n de la salud sexual y reproductiva tambi茅n est谩 reconocida en el 谩mbito de Naciones Unidas. La convenci贸n sobre la eliminaci贸n de todas las formas de discriminaci贸n contra la mujer, adoptada por la Asamblea General mediante la Resoluci贸n 34/180, de 18 de diciembre de 1979, establece en su art铆culo 12:聽 鈥淟os estados parte adoptar谩n todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminaci贸n contra la mujer en la esfera de la atenci贸n m茅dica a fin de asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, el acceso a servicios de atenci贸n m茅dica, incluidos los que se refieren a la planificaci贸n familiar鈥. Por otro lado, la Plataforma de Acci贸n de Beijing acordada en la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre la mujer, celebrada en 1995, reconoc铆a que 鈥渓os derechos humanos de las mujeres incluyen el derecho a tener el control y a decidir libre y responsablemente sobre su sexualidad, incluida la salud sexual y reproductiva, libre de presiones, discriminaci贸n y violencia鈥. As铆 que, si la verdadera motivaci贸n para cambiar esta ley radica en la preocupaci贸n de que permita una decisi贸n informada y libre, estar铆amos obviando nuestro marco jur铆dico internacional y regional m谩s pr贸ximo.
La presente ley 鈥渞econoce el derecho a la maternidad libremente decidida, que implica, entre otras cosas, que las mujeres puedan tomar la decisi贸n inicial sobre su embarazo y que esa decisi贸n, consciente y responsable, sea respetada鈥. Sin interferencia de terceros, la mujer puede tener una 鈥渁utodeterminaci贸n consciente鈥, dado que 鈥渓a intervenci贸n determinante de un tercero en la formaci贸n de la voluntad de la mujer gestante no ofrece una mayor garant铆a para el feto y, a la vez, limita innecesariamente la personalidad de la mujer鈥.
Tambi茅n supone una mayor protecci贸n de la vida prenatal, ya que las pol铆ticas activas de apoyo a las mujeres embarazadas y a la maternidad han demostrado ser bastante m谩s eficaces. La ley debe jur铆dicamente tutelar el momento inicial de la gestaci贸n a trav茅s de la voluntad de la mujer, y no contra ella. Y la mujer, y s贸lo ella, como persona en el ejercicio de sus derechos de libertad, intimidad y autonom铆a personal adoptar谩 libremente las decisiones que afectan a su vida sexual y reproductiva sin m谩s l铆mites que los derivados del respeto a los derechos de las dem谩s personas y al orden p煤blico garantizado por la Constituci贸n y las leyes. Hasta que esto no se entienda como una equiparaci贸n de derechos, seguiremos atascados en hacer de esto una cuesti贸n de la vida o muerte de un feto.
Los cambios anunciados por el nuevo Gobierno suponen un cuestionamiento de la capacidad de las mujeres a la hora de tomar la decisi贸n sobre su salud sexual y reproductiva. Da por hecho que los criterios que aplican las mujeres en el ejercicio de un derecho son insuficientes y necesitan ser tutelados y nos equipara con aquellos pa铆ses de visi贸n m谩s retr贸grada. Por desgracia, es un obst谩culo a帽adido y un retroceso en el ya largo y pesado camino hacia la igualdad y libertad de todos los espa帽oles y generaciones futuras.
Kattya Cascante. Polit贸loga de la Fundaci贸n Alternativas.
Las may煤sculas de la Igualdad, de Carmen Calvo en El Pa铆s
Por qu茅 no hemos alcanzado la Igualdad? Tal vez esta interrogante no se formula tan abiertamente porque de ese modo nos ahorramos asumir las responsabilidades de la respuesta. La igualdad entre hombres y mujeres no llega porque requiere previamente la conmoci贸n de algunos de los pilares en la estructura de todo el orden social establecido. Si la igualdad est谩 茅ticamente residenciada en la moral y moralmente, en la pol铆tica de los valores, no basta solo con las arduas decisiones legislativas, y con los compromisos pol铆ticos, sino que necesita de la convicci贸n profunda de que no es democracia plena y verdadera sin nosotras.
Por todo esto, es f谩cil entender que no es tarea sencilla, pero tambi茅n es dif铆cil aceptar que, tras m谩s de 30 a帽os de democracia, esta cuesti贸n central de la vida de la pol铆tica vaya tan lenta. Sospechosamente lenta. Los datos lo demuestran.
Dicho todo esto, creo que la primera respuesta a la antedicha pregunta es otra pregunta: 驴por qu茅 el otro lado de esta lucha por la igualdad no se acaba contundentemente de activar? Ese otro lado es b谩sicamente el que tendr铆an que haber movilizado m谩s y mejor los varones dem贸cratas. Otra pregunta intr铆nseca es: 驴Por qu茅 los varones dem贸cratas creen que pueden serlo, y al mismo tiempo no considerar que es su obligaci贸n principal esta tarea de transformaci贸n? o 驴c贸mo puede un var贸n dem贸crata, por ejemplo, usar la prostituci贸n, y no pensar que tiene un problema grav铆simo en materia de derechos humanos, que al fin y al cabo son la raz贸n de existir de la democracia? Podr铆amos seguir encadenando preguntas y respuestas y con todas ellas ir entrando en la esencia del gran y central asunto.
Es obvio que el orden de los factores que componen la arquitectura de la agenda pol铆tica de la democracia se inicia por la econom铆a y la producci贸n de las cosas, y es, el capitalismo y sus componentes, desgraciadamente la 煤nica f贸rmula organizadora de esta sociedad. Esta ha sido tambi茅n la construcci贸n patriarcal y masculinista, que olvida pol铆ticamente que la vida no arranca en el mercado, sino en el paritorio. Mala cosa, porque la propia realidad indica lo contrario: la maternidad y la reproducci贸n de la especie son el hecho primigenio de nuestro mundo, y diremos categ贸ricamente que no es un hecho privado. Otra cosa es que el machismo ambiental lo haya convertido en un acontecimiento interno de la vida m谩s de las mujeres incluso que de los hombres, habi茅ndolo reducido a unas circunstancias que lo despojan de la gran proyecci贸n pol铆tica que tiene. El sentimiento maternal investido de poder es una fuerza femenina a煤n sin explorar que el mundo necesita para su equilibrio.
Si mir谩ramos la vida con rigor colocar铆amos el hecho del nacimiento, al menos, a la altura del mercado, lo que nos permitir铆a una mirada justa y equilibrada sobre las vidas verdaderas de hombres y mujeres. No siendo as铆, todas las estad铆sticas cantan la multitud de problemas que acumulamos las mujeres por el hecho de serlo en siguientecualquier lugar del mundo, incluidas las democracias y econom铆as desarrolladas.
Este modus operandi de la sociedad machista hace que los problemas de las mujeres est茅n muy disminuidos como problemas sociales o pol铆ticos, no siendo priorizados nunca en la “gran agenda” de la pol铆tica. Con lo que las democracias viven en una contradicci贸n may煤scula, al pretender no mirar en firme y a fondo los mayores problemas acumulados, no por un colectivo, sino por m谩s de la mitad de sus correspondientes poblaciones, que somos las mujeres de todo el mundo. La mayor铆a absoluta natural del planeta.
Esta incomprensible situaci贸n rompe incluso con el principio elemental democr谩tico de la regla de la mayor铆a y de este modo alargamos irracionalmente las expectativas de las mujeres y la resoluci贸n de sus problemas, consiguiendo que ni siquiera exista una gran conciencia colectiva a veces de las propias mujeres para avanzar.
Continuaremos preguntando: 驴Ha llegado el momento de movilizarnos las mujeres por nosotras mismas m谩s y mejor? Me refiero a pensar en serio y con la experiencia democr谩tica que ya tenemos si hemos tocado techo en las posibilidades de acelerar los cambios de la mano de las estructuras tradicionales de los partidos, incluidos los de izquierdas, que son sin duda aliados de la igualdad.
Se tratar铆a de empujar el encuentro de las mujeres para la conciencia pol铆tica y en la direcci贸n de encontrar salida a sus situaciones y problemas. La crisis, la tan presente crisis, puede y debe propiciar nuevas miradas sobre viejas realidades sobre todo en un terreno libre y democr谩tico abonado para trabajar de otro modo, tras m谩s de 30 a帽os de experiencia democr谩tica.
El tiempo y su paso no dejan nada inalterado, tampoco la impaciencia e incomprensi贸n que nos produce a los verdaderos dem贸cratas todo esto, y su 贸rdago mayor, que son los asesinatos de tantas mujeres al cabo del a帽o, -cada a帽o sin falta-, y que la sociedad no parece asumir como una realidad frente a la cual levantarse con la contundencia como lo ha hecho, por ejemplo, contra el otro terrorismo, me refiero al de ETA.
El equilibrio de condiciones de vida, de igualdad de derechos y asunci贸n de la diversidad de hombres y mujeres ni es un eslab贸n m谩s ni uno de tantos de la cadena moral de la Igualdad. Es alfa y omega. Dicho de otro modo, la discriminaci贸n de las mujeres es la pieza que abre, cierra, y amontona todas las dem谩s injusticias que acumula la desigualdad en cualquier ser del planeta. Por ello, no es un atajo, ni un anexo de la gran pol铆tica, sino la verdadera gran pol铆tica de transformaci贸n y avance de la humanidad a trav茅s de las f贸rmulas democr谩ticas.
Quiz谩s ha llegado el momento de concentrarnos valientemente en ello todas las mujeres, frente a aquellos que a duras penas lo aceptan, frente a aquellos que lo boicotean subrepticiamente, frente a aquellos que lo niegan, e incluso frente a aquellas mujeres en posiciones de influencia que son instrumentos 煤tiles de esta profund铆sima contradicci贸n pol铆tica de la democracia, por no decir instrumentos perfectos para la coartada de tantos varones.
Qu茅 podemos esperar de una derecha pol铆tica que hist贸ricamente ha colaborado poco a la lucha por los derechos formales de igualdad de hombres y mujeres, que en estos 煤ltimos ocho a帽os ha recurrido pr谩cticamente todas las leyes de igualdad de g茅nero. Pero, sin ambages, tambi茅n deber铆amos decir que quiz谩s la izquierda tradicional ha tocado techo.
No se trata solo de hacer bandera pol铆tica del feminismo en la izquierda en general y en el socialismo. No es una cuesti贸n de asumir los postulados de las mujeres. Es dejar que ellas, de forma directa, transformen y protagonicen otra pol铆tica, otras respuestas. Una parte capital de la socialdemocracia por venir en Europa estar谩 en los contenidos del feminismo pol铆tico y en las energ铆as creativas de muchas mujeres del mundo que conocen la realidad desde abajo, donde la realidad no es objeto ni de teor铆a ni de especulaci贸n.
Carmen Calvo es doctora en Derecho, profesora titular de Derecho Constitucional en la Universidad de C贸rdoba y exministra de Cultura.
