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Aquellos archivos, de Santos Juli谩 en El Pa铆s

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“Aquellos archivos ol铆an a un pasado remoto”, escribi贸 el que fuera gobernador civil de Barcelona, Salvador S谩nchez-Ter谩n, justificando con esas palabras el cumplimiento de la orden recibida en abril de 1976 de destruir todos los papeles conservados en la Jefatura Provincial del Movimiento bajo su mando. Con semejante criterio, da grima imaginar qu茅 hubiera ocurrido si, por oler a un pasado cientos de a帽os m谩s remoto, alg煤n gobernador de Sevilla hubiera recibido de su ministro la orden de destruir los papeles del Archivo de Indias y la hubiera cumplido.

No hay historia sin archivos y de aquella destrucci贸n a este traslado de documentaci贸n sobre campos de concentraci贸n procedente del Tribunal de Cuentas al Archivo General de la Guerra Civil, un largo y tortuoso camino han tenido que recorrer -y lo que a煤n queda- decenas de historiadores para reconstruir las p谩ginas m谩s terribles de la historia de Espa帽a del siglo XX: la represi贸n desencadenada desde el mismo momento de la rebeli贸n militar de julio de 1936 y durante los largos a帽os de posguerra. Represi贸n que tuvo diversos nombres pero un 煤nico objetivo: arrancar desde la ra铆z los males que hab铆an infectado el cuerpo de la patria, entre ellos, el liberalismo, el socialismo, el anarquismo, la masoner铆a, el comunismo…

En el camino de la reconstrucci贸n, hemos pasado de la b煤squeda, tantas veces a ciegas, de las huellas de ese pasado a disponer en las pantallas de los ordenadores de los expedientes de la Causa General. Mientras archivos tan sensibles como los de la Guardia Civil permanecen cerrados a la investigaci贸n, hay archivos militares que no s贸lo han abierto sus puertas, sino que han clasificado, ordenado y digitalizado partes de sus fondos y han facilitado la creaci贸n de bases de datos de los consejos de guerra que enviaron a la muerte a decenas de miles de espa帽oles leales a la Rep煤blica. Ha sido un camino sembrado de obst谩culos en el que durante a帽os rigi贸 la discrecionalidad, solo remediada por el empe帽o de nuevas generaciones de archiveros e historiadores que han documentado la magnitud y profundidad de la represi贸n sobre la que se erigi贸 el nuevo Estado. Pero hasta fechas recientes, hemos carecido de una pol铆tica de Estado sobre archivos de la Guerra Civil y de la dictadura.

La Ley 52/2007, llamada de Memoria Hist贸rica, ha querido remediar esta situaci贸n disponiendo que todos los documentos referidos a la Guerra Civil y a la represi贸n subsiguiente, sitos en museos, bibliotecas o archivos de titularidad estatal, sean depositados en el Archivo General de la Guerra Civil, con sede en Salamanca. A esta nueva pol铆tica, sostenida con eficacia y tes贸n por la Direcci贸n General del Libro, Archivos y Bibliotecas, obedece el traslado de estos fondos del Tribunal de Cuentas y de ella tendr铆a que derivarse la elaboraci贸n de un libro blanco o informe general sobre la situaci贸n actual de los archivos de titularidad estatal -fuerzas armadas y de orden p煤blico incluidas- que marque l铆neas de actuaci贸n futura y establezca las condiciones de consulta de papeles todav铆a hoy inaccesibles.

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Marzo 11th, 2010 at 8:11 am

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El otro 鈥淕ironazo鈥, de Lorenzo Cordero en su blog

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El ojo del tigre

Al juez Baltasar Garz贸n lo han declarado pieza de caza mayor. Los disc铆pulos del fantasmag贸rico bunker abrieron sus armeros, sacaron sus escopetas, las cargaron con cartuchos rellenos de postas, se tiraron al monte y comenzaron el acoso a la codiciada pieza. Abajo, en este valle de l谩grimas, se oyen los gritos que lanzan los ojeadores en la monta帽a, los ladridos de la furiosa jaur铆a y los disparos de los monteros. Es una fiesta nacional. Quien se cargue al implacable juez de la democracia (intransitiva) espa帽ola, pasar谩 a la Historia como un h茅roe de la cineg茅tica nacional. La Historia de Espa帽a es una antolog铆a de relatos de caza鈥

La derecha carpetovet贸nica, cuyo principal forraje pol铆tico se lo facilita una prestigiosa f谩brica de piensos ideol贸gicos transg茅nicos (FAES), cuyo presidente ha descubierto, por f铆n, el Trifinus Melanc贸licus de la Transici贸n espa帽ola. Esa factor铆a tambi茅n le suministra forraje dial茅ctico a la derecha agremiada bajo el amparo de las siglas PP; la cual, es la que jalea a los cazadores que participan alborotada y alborozadamente en esa indescriptible caza mayor鈥

Pero aqu铆 鈥揺s decir, en este pa铆s- no ocurre nada que no tenga unos claros antecedentes paleopol铆ticos que lo explican todo. La cacer铆a del juez que osa juzgar a dictadores y persigue a quienes cometan delitos de lesa humanidad, no es una idea que haya surgido espont谩neamente entre el espeso gremio de los afiliados al club del cartucho con posta del 12, sino que obedece a un proceso finamente maquinado para evitar que el transcurso de la historia contempor谩nea no fluya sin que se recuerde que en este pa铆s hubo una 茅poca 鈥搉o muy lejana- en la que los hombres, llamados de bien, insist铆an en reafirmarse en los valores permanentes en la doctrina ortodoxamente espa帽olista y de las JONS鈥 Hombres que se sent铆an uno solo cada vez que se identificaban con el pen煤ltimo de los ap贸stoles del Movimiento Nacional (Jos茅 Antonio Gir贸n de Velasco). Digo que el pen煤ltimo porque el 煤ltimo 鈥損or ahora- es Jos茅 Mar铆a Aznar y L贸pez, prometedor ide贸logo.

Aquel presidente de los Excombatientes de la Cruzada Espa帽ola fue el 煤nico que se atrevi贸 a enfrentarse al Esp铆ritu del 12 de febrero, que acababa de echar a volar el 煤ltimo presidente del Gobierno franquista casi sin Franco en la Tierra鈥 Arias Navarro acababa de exponer durante un pleno de las Cortes Espa帽olas la nueva tesis doctrinal que preludiaba la Transici贸n final: 鈥No excluimos sino a aquellos que se autoexcluyan en maximalismos de uno u otro signo, por la invocaci贸n a la violencia, por el resentimiento y el odio, por la pretensi贸n b谩rbara de partir de cero鈥鈥 (12-febrero-1975).

El Gironazo retumb贸 poco despu茅s, en el alma de los espa帽oles mientras el cielo empezaba a cubrirse de negros nubarrones, que hac铆an presagiar lo peor. Algunos llegaron a pensar que nunca m谩s podr铆an volver a cantar, prietas las filas, el Cara al sol. Tronaba el l铆der de los excombatientes: 鈥A Jos茅 Antonio no se le quiere secuestrar ideol贸gicamente: se lo proscribe. Nosotros queremos devolver al hombre a su aut茅ntico destino, y queremos salvar a la Patria de la confusi贸n鈥鈥. Estas apost贸licas palabras hab铆an sido lanzadas tras estas otras no menos apost贸licas: 鈥Queremos reafirmarnos en los valores permanentes de nuestra doctrina y de nuestro estilo. Lucharemos hasta la extenuaci贸n鈥. Unos meses despu茅s, cuando Arias Navarro hab铆a vuelto a lanzar al aire, en Barcelona, el Esp铆ritu del 12 de febrero, en la revista Fuerza Nueva 鈥揺l Evangelio seg煤n Blas Pi帽ar鈥- se publicaba un art铆culo del l铆der del grupo, titulado: Se帽or Presidente. En 茅l se dec铆a: 鈥Nos autoexcluimos de su pol铆tica. No podemos, despu茅s de lo que se ha dicho, colaborar con usted, ni siquiera en la oposici贸n. Nosotros no queremos obedecerle, ni acompa帽arle鈥鈥. (A veces, escuchando al l铆der del PP, da la impresi贸n de que la derecha carpetovet贸nica se inspira en aquel fogoso l铆der ultraespa帽olista. 驴O no鈥?).

Aquel nubarr贸n fascista, conocido como el Gironazo, alter贸 el clima de la primavera pol铆tica, que hab铆a sido dise帽ada como el florecimiento de la democracia; consigui贸 volver a oscurecer la posibilidad de una convivencia nacional basada en la raz贸n y no en la pasi贸n. Ahora cazar a Garz贸n es la recuperaci贸n del Gironazo. Es lo mismo que negar nuevamente la probabilidad de que sobre la historia m谩s tr谩gica de la Espa帽a del siglo XX 鈥搚 su sucursal: el siglo XXI- vuelva a brillar el sol de la justicia social. Los catec煤menos del Gironazo son los que, ahora, escopeta en ristre acorralan al juez que quiere zanjar definitivamente el reparto equitativo de la herencia que representa la 鈥Ley de la memoria hist贸rica鈥.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Marzo 10th, 2010 at 8:08 am

Cautivos en la Espa帽a democr谩tica, de Cayo Lara en P煤blico

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Los que hoy se niegan a condenar los cr铆menes del franquismo est谩n a favor de los que ayer apretaron los gatillos鈥. Esta frase se me qued贸 grabada, hace a帽os, en el cementerio de Daimiel, un pueblo de Ciudad Real, mientras se homenajeaba a los combatientes republicanos fusilados por la dictadura. La sentencia, valiente y justa, sal铆a de los apretados labios del que hoy es un parlamentario europeo por el PSOE. Qui茅n me iba a decir entonces que, 30 a帽os despu茅s, esa sentencia tendr铆a a煤n vigencia.

Espa帽a no fue liberada por las tropas aliadas de la dictadura militar nacional-cat贸lica, tras la Segunda Guerra Mundial. Las potencias europeas y EEUU, ante el temor de una Espa帽a progresista, vanguardia en la transformaci贸n social y cultural, miraron hacia otro lado, abandonando al pueblo espa帽ol a su suerte. Esta vergonzosa actitud permiti贸 la pervivencia del franquismo, casi 40 a帽os de represi贸n, mentiras y miedo, que ha desembocado en actitudes 鈥搉o precisamente minoritarias鈥 que, todav铆a hoy, en 2010, justifican desde diferentes tribunas el cruel levantamiento militar contra el Gobierno de la Rep煤blica de 1931. Estas ideas siguen grabadas a golpe de fuego y crucifijo en muchos espa帽oles, dirigentes pol铆ticos de la derecha incluidos y, lo que es m谩s grave, est谩n presentes, como vemos, en una parte de la judicatura. El silencio c贸mplice de la Transici贸n sobre estos asuntos, con su manto de interesado olvido, ha favorecido (y alimentado) estas actitudes antidemocr谩ticas.

No pido venganza: reclamo dignidad. Estoy entre quienes desean que se haga justicia, aflore la verdad y se repare, hasta donde sea posible, a las v铆ctimas del franquismo. Es imposible construir una Espa帽a democr谩tica con estos lastres en la memoria de varias generaciones. Es vergonzoso que sigamos, a estas alturas de la evoluci贸n democr谩tica, discutiendo estos asuntos. Si no fuera tr谩gico, ser铆a rid铆culo. Somos hijos de la Rep煤blica, de su generosidad y esfuerzo, y renegamos de la herencia que el franquismo ha dejado en la mentalidad (sumisa e interesada) de muchos.

No se trata hoy de encausar y encarcelar a los autores intelectuales del levantamiento militar ni a quienes lo apoyaron con armas y capitales. Tampoco a quienes juzgaron, encarcelaron y asesinaron a miles de personas. Lejos de mi intenci贸n cargar las tintas democr谩ticas contra los ejecutores materiales, ya que muchos actuaron por obediencia debida o, por mejor decir, 鈥減or temor impuesto鈥. No se trata de abrir la caja de la revancha, ya que no hay posible reinserci贸n penitenciaria para los culpables ni pena de muerte posible. Los verdugos han fallecido y, aunque no fuera as铆, les amparar铆a nuestro texto constitucional y la opini贸n de quienes estamos en contra de la pena de muerte. Defender la memoria de los republicanos deber铆a ser una obligaci贸n de los poderes p煤blicos. No se puede levantar un pa铆s sobre los huesos olvidados de sus muertos. Y m谩xime cuando fueron asesinados por defender la legalidad democr谩tica.

Los herederos de los golpistas y quienes con ellos se identifican no quieren que se analice el pasado, ni mucho menos que se siente en el banquillo esa parte negra de su historia: sus rincones oscuros. Sin embargo, una democracia no puede crecer manchada de sangre. Los franquistas descansan en los cementerios. Los vencidos siguen enterrados en las cunetas. 鈥溌縋or qu茅 ten茅is a mi abuelo enterrado en una cuneta?鈥 es la pregunta popular que refleja la deuda que esta sociedad tiene con su pasado.

Los rebeldes, santificados por la Iglesia cat贸lica, crearon tribunales que condenaron a los que defendieron la democracia republicana. Miles de penas de muerte por el mismo delito que los franquistas cometieron: adhesi贸n a la rebeli贸n. Esta gran falacia s贸lo puede ser equiparada a la invasi贸n militar de un pa铆s por tener armas de destrucci贸n masiva, que luego resultaron inexistentes. Los argumentos de la derecha reaccionaria y de la Iglesia cat贸lica se repiten, como una farsa, a lo largo de la historia.

Los funcionarios p煤blicos 鈥搈iembros de la carrera judicial鈥 que quieren condenar y apartar a un magistrado que ha defendido su independencia en causas de terrorismo, terrorismo de Estado, cr铆menes contra la humanidad y que ha investigado la corrupci贸n de altos vuelos, se sit煤an en el mismo lugar que aquellos que se levantaron contra el Gobierno de la Rep煤blica. Es hora de defender una democracia de calidad, no una democracia de superficie, maniatada por sustratos franquistas. Sin revanchismos, sin odio y sin rencor colectivo. Urge defender la actuaci贸n del magistrado Baltasar Garz贸n 鈥揷on independencia de la opini贸n que sus actitudes pol铆ticas del pasado nos parezcan鈥 de los sucios y viles ataques de los que siguen sin creer en la democracia y en la justicia. No es posible vivir en una democracia te帽ida de franquismo.

Una timorata Ley de Memoria Hist贸rica, patrocinada por el PSOE, no debe de ser la excusa para dejar impunes los desmanes cometidos por la dictadura nacional-cat贸lica. Nada tenemos contra los descendientes de los asesinos. Incluso es comprensible que duela una condena a la memoria de sus antepasados. Cada persona, cada individuo, es responsable de sus actos. Los criminales del pasado no pueden quedar como h茅roes. Levantando la voz contra quienes persiguen a Baltasar Garz贸n no defendemos s贸lo al juez. Nos estamos defendiendo a nosotros mismos de los residuos franquistas. Unos residuos contaminantes que esperemos no se conviertan, por desidia colectiva, en una nueva mayor铆a natural.

Cayo Lara es coordinador federal de Izquierda Unida.

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Marzo 1st, 2010 at 8:09 am

Churchill en la Guerra Civil espa帽ola, de Luis Racionero en El Mundo

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TRIBUNA: HISTORIA Y POL脥TICA

El autor reivindica las palabras del primer ministro brit谩nico para superar esa idea de contienda de buenos y malos. 芦Es el fascismo contra el comunismo. Ninguno representa nuestro concepto de civilizaci贸n禄, escribi贸 el ‘premier’

Ahora que Garz贸n puede ser inhabilitado como juez de la Audiencia Nacional por posible delito de prevaricaci贸n al intentar abrir la causa de los cr铆menes de la Guerra Civil, voy a aportar mi pu帽ado de cenizas intelectuales, resucitando los art铆culos que Winston Churchill escribi贸 durante nuestra pavorosa contienda.

Se suele decir que los vencedores escriben la Historia, pero en el caso de nuestra Guerra Civil lo m谩s a mano en las librer铆as ahora son obras escritas por ingleses de izquierdas. En eso tambi茅n Spain is different, aqu铆 escriben la historia los vencidos, detalle que nos honra. Las opiniones de un conservador liberal como Churchill se inscriben en esa tradici贸n anglosajona de inter茅s por Espa帽a.

El 10 de agosto de 1936 escribi贸: 芦Si fuera una cuesti贸n de la Vieja Espa帽a contra la Nueva, entre la fe, las tradiciones y cultura del pasado y los deseos y esperanzas de futuro, estar铆a en contra de los llamados rebeldes. Pero no es 茅sa la cuesti贸n. Los que est谩n luchando son dos Nuevas Espa帽as: dos sistemas modernos antagonistas en abrazo mortal. El Fascismo confronta al Comunismo. El esp铆ritu y osad铆a de Mussolini y Hitler contra Trotsky y Bela Kun. Ninguna de las dos facciones representa nuestro concepto de civilizaci贸n. Esta guerra no es cosa nuestra禄.

En agosto 21 recomienda que, aunque Italia y Alemania ayuden a unos y Rusia a los otros, Francia debe optar por la neutralidad como Gran Breta帽a, ya que una divergencia entre ambos pa铆ses ser铆a el peor desastre. Ganara quien ganase en Espa帽a. Francia e Inglaterra quedar铆an debilitadas y se acelerar铆a la ascendencia del nazismo. El 2 de octubre escribe: 芦Aunque parece ser pr谩ctica de las fuerzas nacionales fusilar una proporci贸n de prisioneros, no se les puede atribuir el nivel de atrocidades de comunistas, anarquistas y el POUM禄. Churchill se pronuncia a favor de los franquistas porque cree que es peor el fervor desorganizado de la izquierda que el ordenado terror de la derecha.

El 8 de enero de 1937 Churchill escribe: 芦Lo que ha sucedido justifica y refuerza la pol铆tica de neutralidad brit谩nica. Primero, por lo igualado que est谩 el poder entre las dos zonas, en territorio y fuerza militar. Segundo, ambas partes han mantenido su causa con crueldades incalificables. Tercero, ning煤n bando, en modo alguno, representa el punto de vista brit谩nico. La victoria de cualquiera de los dos lados puede desatar una horrorosa masacre contra los derrotados. Los espa帽oles est谩n envenenados de odio禄.

El 2 de abril Churchill afirma: 芦Si gana Franco, no estar谩 en condiciones de interferir los intereses ingleses y franceses en el Mediterr谩neo, porque estar谩 totalmente absorbido por sus problemas internos. En cuanto cese el fuego, alemanes e italianos dejar谩n de tener influencia en la pol铆tica espa帽ola. En verdad, el mundo puede presenciar entonces un ejemplo de la ingratitud espa帽ola a gran escala禄. En noviembre 26 escribe el art铆culo Spain’s Road to Peace donde afirma que la restauraci贸n de una monarqu铆a constitucional ser铆a la garant铆a para que los que no hubiesen cometido cr铆menes, se integraran en una nueva Espa帽a.

En abril de 1938 constata que se cierra otro acto de la tragedia espa帽ola con el avance de los tres cuerpos de ej茅rcito de Franco atacando en un frente amplio coincidiendo con la desmoralizaci贸n de las fuerzas republicanas. 芦Bajo la devastadora presi贸n de la artiller铆a y aviaci贸n alemanas e italianas, la resistencia se rompe, Barcelona y Madrid quedar谩n privadas de las provisiones que les llegan desde Francia y de la costa. Los republicanos deber铆an invocar la mediaci贸n de Rusia, Francia o ambas, para evitar bajas in煤tiles y mitigar las represalias que son de temer cuando media Espa帽a subyugue a la otra media禄. 芦Todo el mundo sabe禄, acaba Churchill, que 芦ha sido la artiller铆a y aviaci贸n alemanas lo que ha decidido esta fase de la guerra. Por la ayuda extranjera y principalmente por esa ayuda, el general Franco ser谩 el vencedor禄.

El 30 de diciembre de 1938 se pregunta: 芦驴No es hora ya de que haya paz en Espa帽a? 驴Por qu茅 los ideales de religi贸n y monarqu铆a han de ser incompatibles con los gritos de libertad y democracia? Aqu铆 en nuestra isla van de la mano, 驴por qu茅 no en Espa帽a? Este es el momento, cuando el frente est谩 paralizado por el invierno. Ahora, antes que los tremendos antagonismos europeos oscurezcan la situaci贸n禄.

El 23 febrero 1939 reconoce que Francia no dej贸 comprar armas a los republicanos, en tanto que los nazis y fascistas se las daban a Franco. Pide el adi贸s a las armas: 芦Todos deseamos un r谩pido arreglo en Espa帽a. Es muy importante que no se apliquen crueles represalias a los vencidos. Los intereses del Imperio Brit谩nico son id茅nticos que los espa帽oles. La paz en Espa帽a, la prosperidad espa帽ola, la independencia espa帽ola, nos interesa禄.

En este art铆culo final sobre la Guerra Civil, Churchill maneja una prosa espl茅ndida, digna de su maestro Gibbon: 芦Un odio virulento, nacido de tensiones sociales, creci贸 durante una generaci贸n en Espa帽a. El veh铆culo del debate parlamentario no pudo soportar esa carga y se rompi贸. Una sociedad movida por la ira s贸lo puede expresarse por la guerra. Ya la ha tenido. Han aparecido nuevas estructuras de vida nacional erigidas sobre sangre, sudor y l谩grimas (blood, sweat and tears) que deben aunarse. Es el momento de parar禄.

Como observar谩 el lector interesado en la Guerra Mundial, esto lo escribe el 23 febrero del 39, mientras que su famoso discurso es de 13 mayo 1940, all铆 lo formul贸 en primera persona: 芦No tengo nada que ofrecer excepto sangre, fatiga, l谩grimas y sudor禄, 驴Por qu茅 se cita siempre como sangre, sudor y l谩grimas? Es lo que escribi贸 pensando en Espa帽a.

Luis Racionero fue director de la Biblioteca Nacional y del Colegio de Espa帽a en Par铆s. Su 煤ltimo libro publicado es Sobrevivir a un gran amor seis veces.

漏 Mundinteractivos, S.A.

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Febrero 22nd, 2010 at 8:11 am

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Los bicentenarios, de Germ谩n Ojeda en P煤blico

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En 1810, hace ahora 200 a帽os, se inici贸 en la Am茅rica espa帽ola el movimiento independentista, despu茅s de haberse declarado independientes la Am茅rica anglosajona en 1776 y la desgraciada Hait铆 en 1804, despu茅s de iniciar la propia Espa帽a en 1808 la guerra por su independencia, y sobre todo despu茅s de haber proclamado la revoluci贸n francesa en 1789 la soberan铆a 鈥渄e la naci贸n鈥 y 鈥渓os derechos del hombre y del ciudadano鈥.

La soberan铆a popular y los derechos del hombre 鈥揾ijos de la Ilustraci贸n, de las Luces y de la revoluci贸n鈥 alumbraban una nueva era en la que, como dijo el libertador Sim贸n Bol铆var, los hispanoamericanos se rebelaron despu茅s de siglos de servidumbre para poder 鈥渧ivir libres y morir ciudadanos鈥.

Una nueva era, en efecto, que es la nuestra, la del fin del colonialismo, la de la independencia de las naciones y de la libertad de los pueblos. Por eso en la Am茅rica hispana y en Espa帽a se han puesto en marcha al m谩s alto nivel comisiones y organismos para conmemorar el comienzo de los bicentenarios de las independencias hispanoamericanas.

El propio Bol铆var dej贸 escrito para la historia su balance de aquel cataclismo con estas palabras: 鈥淒e cuantas 茅pocas se帽ala la historia de las naciones americanas, ninguna es tan gloriosa como la presente, en que desprendidos los imperios del Nuevo Mundo de las cadenas que desde el otro hemisferio les hab铆a echado la cruel Espa帽a, han recobrado su libertad, d谩ndose una existencia nacional. Pero el gran d铆a de la Am茅rica no ha llegado. Hemos expulsado a nuestros opresores y fundado instituciones leg铆timas; mas todav铆a nos falta poner el fundamento del pacto social, que debe formar de este mundo una naci贸n de Rep煤blicas鈥 y 驴qui茅n resistir谩 a tal Am茅rica reunida de coraz贸n, unida a una ley y guiada por la antorcha de la libertad?鈥.

El libertador proclamaba el nacimiento de la 鈥淎m茅rica reunida鈥, de la 鈥減atria grande鈥, mientras Espa帽a dejaba de ser un gran imperio para convertirse en una modesta naci贸n gobernada por el infausto Fernando VII y sometida al 鈥溌ivan las cadenas!鈥, como hab铆an gritado los partidarios de la vuelta al absolutismo en 1814.

Aquel cataclismo comenz贸 en 1809 en Bolivia, al que siguieron las recientes luchas ind铆genas, y fue seguido como un torrente entre mayo y septiembre de 1810 por las insurrecciones de Venezuela, Nueva Granada, Buenos Aires, Nueva Espa帽a y Chile, al formar, como hab铆an hecho antes los espa帽oles, juntas de gobierno locales, dado que una Espa帽a sin rey leg铆timo estaba invadida y controlada por los franceses.

En principio, las juntas americanas reconoc铆an la legitimidad del monarca y ped铆an autonom铆a pol铆tica, pero la respuesta de la Regencia fue el uso de la fuerza militar. Mientras, las Cortes de C谩diz, reunidas por primera vez en aquel septiembre de 1810, no supieron afirmar el principio formulado por el liberal Blanco White en su c茅lebre peri贸dico El Espa帽ol, seg煤n el cual 鈥渟i las americanas son provincias de Espa帽a iguales deben ser sus derechos鈥, queriendo afrontar el conflicto 鈥渟贸lo con palabras鈥.

De las palabras se hab铆a pasado a los hechos, sobre todo a partir de la vuelta al trono del 鈥渞ey fel贸n鈥 con la reacci贸n absolutista y la intensificaci贸n de la guerra que, dirigida por los criollos y secundada por los ind铆genas, pardos y negros 鈥搒ometidos a vasallaje o esclavitud鈥, combati贸 ya en todos los virreinatos por la independencia hasta la victoria final de Ayacucho en 1824.

Alcanzada la independencia, Bol铆var se propuso conseguir su segundo gran objetivo: la uni贸n confederal de las nuevas naciones 鈥搇a patria grande鈥 con su correspondiente asamblea representativa que tuviera una pol铆tica exterior com煤n, pero su propuesta estrat茅gica fue derrotada en el Congreso de Panam谩 en 1826, como asimismo volvieron a ser sometidas por las viejas oligarqu铆as criollas y por los nuevos caudillos gobernantes las clases populares que hab铆an participado activamente en el movimiento emancipador. Con la independencia, Bol铆var hab铆a ofrecido a los espa帽oles 鈥渦na segunda patria鈥, mientras dejaba constancia en sus cartas de las ambiciones del vecino del Norte, advirtiendo poco antes de morir que 鈥渓os Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la Am茅rica de miserias a nombre de la libertad鈥, declaraci贸n que despu茅s ha confirmado la historia neocolonial del continente.

En dos siglos, Hispanoam茅rica ha pasado de la independencia frente al colonialismo espa帽ol a la lucha contra el neocolonialismo norteamericano; del fracaso del plan confederal bolivariano a la promoci贸n de nuevos proyectos de integraci贸n 鈥揗ercosur, Alba鈥, y de la exclusi贸n de los pueblos marginados a su parcial incorporaci贸n en la refundaci贸n de una nueva Iberoam茅rica.

Son grandes retos hist贸ricos en marcha con los que Espa帽a 鈥揾oy con una presencia econ贸mica y pol铆tica mucho mayores que hace 200 a帽os鈥 deber铆a comprometerse para despejar por fin las sombras de tres siglos de brutal expolio colonial, que cost贸 la vida a unos 20 millones de personas. Ya perdi贸 una gran ocasi贸n en el cuarto centenario de la llegada de Col贸n a Am茅rica 鈥揺n 1892鈥, al declarar el d铆a de la conquista la fiesta nacional, o un siglo despu茅s 鈥揺n 1992鈥, al convertir el quinto en un 鈥渆ncuentro entre ambos mundos鈥.

Para ello, adem谩s de financiar congresos bicentenarios, de contribuir a la recuperaci贸n de la memoria hist贸rica de su gesta libertadora y hasta de reeditar, por ejemplo, el peri贸dico El Espa帽ol 鈥揼racias a cuya difusi贸n los independentistas conocieron la unidad del movimiento emancipador鈥, Espa帽a deber铆a pedir perd贸n 鈥揷omo hizo el Papa鈥 de una vez por todas por la infamia colonial. Al fin y al cabo hoy todos los dem贸cratas de ambos continentes podemos reivindicar a la vez a Blanco White y a Bol铆var.

Germ谩n Ojeda es profesor titular de Historia Econ贸mica de Espa帽a y Am茅rica de la Universidad de Oviedo.

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Febrero 20th, 2010 at 8:07 am

Entre la torpeza y la leyenda negra, de Jos茅 Antonio Zarzalejos en El Confidencial

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Hace apenas unas semanas se public贸 el 煤ltimo ensayo del hispanista franc茅s Joseph P茅rez bajo el sugestivo t铆tulo de La leyenda negra. Se trata de un texto ilustrativo que atribuye la imagen inquisitorial, fan谩tica e ignorante de Espa帽a en el siglo XVI y siguientes, a un instrumento de descr茅dito para contener la expansi贸n de la dinast铆a de los Austrias; la leyenda negra represent贸 tambi茅n una sostenida hostilidad de los pa铆ses del norte 鈥損rotestantes y anglosajones, que se consideraban superiores- a los del sur -latinos y cat贸licos-; e interpret贸 en su momento, siempre seg煤n este historiador franc茅s, un cierto 鈥complejo de inferioridad y de frustraci贸n que los espa帽oles acabaron interiorizando por la persistencia de la denigraci贸n norte帽a. Espa帽a -cabeza del Imperio con Carlos V- era fuerte y, por lo tanto, tambi茅n odiada. Entonces se invent贸 -en eso consiste la leyenda negra- la agitaci贸n y propaganda contra la dinast铆a austr铆aca que deriv贸 luego hacia la naci贸n en su conjunto. Y la leyenda negra, con mutaciones diferentes, ha seguido dando mucho juego.

La imagen de Espa帽a siempre ha estado lastrada por t贸picos inverecundos, fomentados por intereses contrapuestos a los que les hemos dado muchos motivos en determinadas fases hist贸ricas como la actual. Lograron superarse con la Transici贸n democr谩tica y, especialmente, durante una buena parte de los a帽os de gobierno de Felipe Gonz谩lez y en, pr谩cticamente, las dos legislaturas de Jos茅 Mar铆a Aznar. Ahora la percepci贸n medi谩tica de Espa帽a est谩 de nuevo deteriorada a manos de medios anglosajones -brit谩nicos y norteamericanos- que condimentan sus ataques con verdades y con exageraciones y recelos en dosis que podr铆an calcularse en porcentajes muy similares.

Err贸nea pol铆tica exterior y econ贸mica socialista

Las verdades tienen que ver con la torpeza extraordinaria de la pol铆tica exterior del Gobierno socialista y su mala gesti贸n de la recesi贸n econ贸mica. Rodr铆guez Zapatero infligi贸 un golpe mortal a las relaciones con EEUU, Gran Breta帽a y Canad谩 -adem谩s de otros pa铆ses como Holanda- cuando retir贸 en 2004, sin tr谩mites ni consultas, de manera fulminante, las tropas espa帽olas desplazadas a Iraq en misi贸n que nunca fue de combate, sino de apoyo log铆stico y humanitario. Luego, el presidente, transido de un populismo impropio, se amig贸 en exceso con聽 los reg铆menes indigenistas y autoritarios de Am茅rica Latina -驴cu谩ntas veces ha venido a Espa帽a el caudillo Ch谩vez?- descuidando la restauraci贸n de nuestras relaciones con el mundo anglosaj贸n.

Tampoco las ha mejorado con Alemania, regida por una canciller -Angela Merkel- a la que el presidente Rodr铆guez Zapatero, consider贸 una 鈥渇racasada鈥. Nuestro jefe de Gobierno apoy贸 imprudentemente 鈥揷on una visibilidad indebida- a los socialistas franceses de Royal, que recibieron una enorme somanta electoral de la derecha de Sarkozy en la presidenciales galas y, por fin, Moratinos es un diplom谩tico simp谩tico y campechano, pero conocido en todas las canciller铆as occidentales por su gran especialidad: Palestina y el conflicto de Oriente Medio en el que sus inclinaciones han estado m谩s con Arafat y sus sucesores que con Israel que, como es sabido, cuenta en Estados Unidos y otros pa铆ses europeos con un lobby de extraordinaria potencia.

En las determinadas posiciones internacionales, nuestro pa铆s ha recordado mucho a los Estados llamados hace a帽os 鈥渘o alineados鈥 y, en particular, por nuestra privilegiada relaci贸n con la dictadura en Cuba que la UE no comparte en absoluto; tampoco hemos sabido explicar nuestra posici贸n en los Balcanes despu茅s de que el Gobierno se haya negado a reconocer la independencia de K贸sovo, admitida, en cambio, por la mayor铆a de la comunidad internacional. Finalmente, no estamos siendo un ejemplo en nuestro rol de pa铆s-frontera con el norte de 脕frica, desde donde parte grandes flujos de inmigraci贸n al continente. A帽adamos a este sumatorio la biso帽ez de incursiones internacionales del Presidente como la reciente de Davos en la que habl贸 -con fallo inoportuno de la traducci贸n simult谩nea- entre el primer ministro griego y el let贸n, es decir, flanqueado por compa帽eros de panel nada econ贸micamente sugestivos. All铆 cuaj贸 el viraje abrupto del Ejecutivo y el pasado jueves 鈥渘egro鈥.

Desde el punto de vista pol铆tico, es, pues, verdad, que la acci贸n exterior espa帽ola ha irritado a los pa铆ses anglosajones cuyos medios de referencia hablan de los PIGS (acr贸nimo de Portugal, Italia, Grecia y Espa帽a) con desprecio y malestar. Hace unos a帽os, el milagro espa帽ol estaba en las cr贸nicas de todos los corresponsales extranjeros en Madrid cuyo n煤mero, por cierto, ha disminuido. No trate de buscarse, pues, alguna suerte de conspiraci贸n para soslayar el reproche merecido a una pol铆tica exterior y econ贸mica que nos ha llevado por malos derroteros. El primer mes de presidencia rotatoria de Espa帽a ha sido, lamentablemente, un desastre. Hasta en las cumbres iberoamericanas el liderazgo de Espa帽a es fr谩gil como se demostr贸 en la 煤ltima celebrada en Lisboa. Y de nuestra prevalencia mediterr谩nea, nada de nada: los franceses ya nos la han arrebatado.

脡xito internacional de las empresas espa帽olas

Pero hay una parte de esos ataques medi谩ticos anglosajones y americanos que responden a intereses en absoluto razonables. Espa帽a es, dig谩moslo sin ambages, una potencia empresarial en muchos de sus mercados. S贸lo por citar tres ejemplos: el Banco Santander est谩 ya arraigado en Gran Breta帽a 聽sin ninguno de los problemas de solvencia que han tenido all铆 otras entidades financieras; Iberdrola opera en Escocia y en Estados Unidos, y es l铆der mundial en energ铆as renovables, mientras que聽Telef贸nica es una de las cuatro grandes operadoras del mundo. No podemos olvidar a gestores de infraestructuras como Ferrovial 鈥揳eropuertos brit谩nicos-, a constructoras y tecnol贸gicas como Acciona, Gamesa, Abengoa鈥 que en conjunto han ido copando mercados dif铆ciles, muy competitivos y en los que antes deambulaban mercantiles aut贸ctonas o de terceros pa铆ses pero, en todo caso, mucho menos eficientes y flexibles que nuestras compa帽铆as financieras, energ茅ticas, telef贸nicas y constructoras.

La gran empresa espa帽ola 鈥揹e ah铆 que sus resultados se sostengan en plena crisis como se ha comprobado con el Banco Santander que los ha presentado聽 magn铆ficos 聽pero descontados en la Bolsa por el llamado 鈥渞iesgo-Espa帽a- ha sabido diversificarse en una internacionalizaci贸n que no se ha limitado a Am茅rica Latina sino que ha ido por derecho al continente europeo. Y聽 a este fen贸meno in茅dito hay que atribuir invectivas, cr铆ticas reiteradas, descalificaciones de car谩cter global, inspiradas en una cierta frustraci贸n de corte nacionalista. Es verdad que los anglosajones saben reconocer mejor que los latinos los m茅ritos y celebran los 茅xitos, pero no tanto como para desaprovechar que el Pisuerga de Rodr铆guez Zapatero pasa por el Valladolid de Espa帽a. O sea, y resumiendo, nuestra regresi贸n en imagen medi谩tica se debe, en buena parte, a una mala gesti贸n de alianzas y entendimientos pol铆ticos internacionales y a la impericia en la gesti贸n econ贸mica del Gobierno, pero tambi茅n a la gran talla聽 y proyecci贸n que han alcanzado un grupo numeroso y potente de compa帽铆as espa帽olas que suscita recelo y envidia. O sea, que The Financial Times, The Wall Street Journal y The Economist, son medios de referencia pero que no escapan a determinados prejuicios, apriorismos e inercias recelosas que siempre han ara帽ado la imagen de Espa帽a. Pongamos, pues, las cosas en su sitio.

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Febrero 6th, 2010 at 8:03 am

Por qu茅 hay que recordar la Shoah, de Adolfo Garc铆a Ortega en P煤blico

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Hay m谩s de un mill贸n de ni帽os jud铆os que, de no haber existido la Shoah, ni la Soluci贸n Final, ni haber sido asesinados industrialmente, hoy tendr铆an entre 65 y 80 a帽os. Sus vidas habr铆an estado llenas de cosas buenas o de cosas malas, no se puede saber, porque es absurdo pretender saber c贸mo habr铆a sido la historia de lo que nunca ocurri贸. Lo que s铆 es cierto es que las vidas que no vivieron, los hijos que no tuvieron, las ense帽anzas que no adquirieron, los amores que se perdieron, todo eso es vida que les fue impedida, arrebatada y eliminada por ser 煤nica y exclusivamente jud铆os. Si incluimos a los adultos, podemos elevar el n煤mero hasta el conocido referente de los seis millones.

Este es un hecho sin paliativos. Es un hecho atroz. Cada 27 de enero, en buena parte del mundo, se recuerda la Shoah como la extrema barbarie conscientemente genocida. Y es justo que se recuerde, y que se haga con toda la lucidez y toda la puesta en presente de la memoria, para evitar por encima de todo el olvido, y por tanto la condena a la posible repetici贸n en el futuro. Y, lo que es peor, la desnaturalizaci贸n de su realidad, rebaj谩ndole intensidad a la Shoah, despach谩ndola a la lejan铆a de la noche de los tiempos como una parte m谩s de la sangrienta pero ajena Historia, es decir, banaliz谩ndola.

En los 煤ltimos a帽os las aberrantes teor铆as del negacionismo han cobrado un peso demasiado grande, hasta el punto de d谩rseles un rango intelectual plausible. Se suman a otra corriente, mucho m谩s com煤n por ser considerada 鈥渕era opini贸n bienintencionada鈥, seg煤n la cual se abusa de la exhibici贸n del Holocausto, se considera que ha devenido en una mezcla de negocio y espect谩culo, como si se magnificara con fines involutivos y no evolutivos, de manera que, cual cortina de humo, permitiera justificar un tr谩gico y permanente inmovilismo. Como si la Shoah diera justificaci贸n a los jud铆os 鈥撀贸mo no!鈥, por la v铆a de la compensaci贸n moral, para llevar a cabo, con total impunidad, sus aspiraciones de autoafirmaci贸n pol铆tica. Dicho de otro modo: como si el Holocausto fuese una tragedia tras de la que se amparan los horrores del actual Israel. De nuevo se vuelve a censurar a un pueblo, el jud铆o, por el mero hecho de serlo. De nuevo se trata de minimizar su asesinato colectivo por le hecho de ser jud铆as las v铆ctimas.

Es obvio que estas corrientes, m谩s o menos extendidas, totalmente simplistas pero nada inocentes, de minimizar el Holocausto tratando de restarle vigencia y raz贸n a su recuerdo, hay que considerarlas dentro del actual contexto socio-pol铆tico, marcado por un crecimiento del antisemitismo en todo el mundo bajo capa de antiisraelismo. Esto es motivo de debate, obviamente, y no significa que responda a una generalizaci贸n sin matices. Los intelectuales no dejan de escribir sobre esto en peri贸dicos, foros y 谩mbitos donde, por desgracia, siempre se acaba coligiendo un desafecto hacia el mundo jud铆o, reproduci茅ndose los clich茅s m谩s burdos que, precisamente, condujeron a la Shoah.

Se me ocurren tres razones para recordar la Shoah. La primera de todas es la de recordarla en s铆 misma por el hecho terrible que fue. No es justo compararla con ning煤n otro hecho, anterior o posterior. Tal vez no se encuentren iguales. Y no deber铆a haber nada que reprochar al hecho de que sus agonistas principales, el pueblo jud铆o, esgriman su derecho al recuerdo. Y lo esgriman con energ铆a, en voz muy alta, empleando todos los cauces institucionales y culturales que considere necesarios, pidiendo a los pa铆ses que basan su democracia en el Estado de derecho que se unan a su acto de recuerdo. Que lo pidan con la fuerza de la vida porque es un pueblo que ha sido, durante siglos, empujado en la puerta de la muerte. Y a eso dijo en su momento 鈥溌asta!鈥.

Su voluntad de recordar la Shoah ha de verse, sobre todo, como una magn铆fica afirmaci贸n de vida y de existencia en el concierto de los pueblos y de las naciones. Y aunque algunos, incluidos pol铆ticos e intelectuales jud铆os, israel铆es o no, utilicen el Holocausto como argumento de su propia necedad, eso no invalida en absoluto la fuerza moral que el pueblo jud铆o, como colectivo supranacional, tiene para que no se olvide ni uno solo de los nombres de los asesinados. En honor de ese recuerdo se cre贸 el Yad Vashem, premio Pr铆ncipe de Asturias de la Concordia.

La segunda raz贸n para recordar la Shoah es que es un hecho que excede a los jud铆os. El Holocausto, como tambi茅n las matanzas del estalinismo, o las del genocidio camboyano o el ruand茅s o cualquier otro de caracter铆sticas similares en cuanto a planificaci贸n de eliminaci贸n de un pueblo, son responsabilidad de toda la humanidad. Son verdadero patrimonio de la historia planetaria. Y debemos recordarlo porque nos implica como c贸mplices.

Y esto me lleva a la tercera raz贸n para el recuerdo: evitar la ignorancia y la simplicidad con que se analizan los asuntos relativos a una de las consecuencias derivadas justamente de la Shoah, la existencia del Estado de Israel, una existencia que, aunque tuvo que conquistarse por la sangre y el fuego de toda independencia, naci贸 legitimada por la voluntad jud铆a de no tolerar jam谩s la repetici贸n del Holocausto. Hoy en d铆a la ignorancia procede del desconocimiento. Y el desconocimiento nace de la confusi贸n.

En un mundo y un momento hist贸rico de cambio, cuando la ley de la historia dicta el mestizaje y la convivencia de razas y culturas, es necesario que se evite a toda costa la deshumanizaci贸n de pueblos enteros, la anulaci贸n de razas y religiones por el mero hecho de ser lo que son y de ser otros. Pero no hay que olvidar que todav铆a, por incre铆ble que parezca, en muchos, muchos pa铆ses del mundo la palabra jud铆o sigue significando lo que significaba para quienes perpetraron la Shoah. Por eso, recordemos siempre la Shoah.

Adolfo Garc铆a Ortega es escritor. Su 煤ltima novela es 鈥El mapa de la vida鈥 (Seix Barral).

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Enero 27th, 2010 at 9:08 am

La (des)afecci贸n eterna, de Albert Sol茅 en El Pa铆s

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Mitificamos el pasado y despreciamos el presente. Decimos que los pol铆ticos de hoy no tienen la altura de los de la Transici贸n. Pero aqu茅llos, incluido Jordi Sol茅 Tura, tambi茅n fueron muy denostados en su d铆a

Con las emociones a煤n muy a flor de piel por la muerte reciente de mi padre, Jordi Sol茅 Tura, intelectual, maestro, pol铆tico y unos de los padres de la Constituci贸n Espa帽ola, me pongo a ordenar el caudal de recuerdos de nuestra vida en com煤n. La fabulosa respuesta popular nos ha emocionado. Miles de ciudadanos pasaron por la capilla ardiente o nos hicieron llegar mensajes de apoyo desde toda Espa帽a: amigos, obreros, intelectuales, pol铆ticos de todo signo, o personas que simplemente han sentido que mi padre les pertenec铆a tambi茅n un poco, como creo que pertenece a la memoria reciente y digna de este pa铆s. Y una idea, una frase que en estos d铆as he o铆do una y mil veces: “Ya no quedan pol铆ticos como 茅l”.

Al mismo tiempo, hablo a menudo con amigos, gente informada con un pasado militante y vuelvo a o铆r la eterna queja acerca de los dirigentes actuales, a saber: pol铆ticos corruptos, chaqueteros, interesados, incapaces, etc. M谩s o menos los mismos argumentos que reflejan las recientes encuestas sobre el incremento de la desafecci贸n entre votantes y esa cosa difusa que denominamos clase pol铆tica. 驴Y mi padre? “No, tu padre era distinto, ya no quedan pol铆ticos como los de la Transici贸n”, me repiten.

Porque siempre mitificamos el pasado y despreciamos el presente, un mal muy espa帽ol. Al escuchar por en茅sima vez el argumentario del desencanto me invade una indescriptible sensaci贸n de deja vu, de que llevo oy茅ndolo desde tiempos inmemoriales y desde que aprend铆 a llevar tan dignamente como pude la compleja carga de ser hijo de pol铆tico.

Como ya he explicado recientemente en una pel铆cula, nac铆 en el exilio y crec铆 en Espa帽a escondiendo mis or铆genes, yendo a visitar a mi padre a la c谩rcel a escondidas y sin poder explicar las muchas penurias sufridas por su militancia pol铆tica. La llegada de la democracia nos permiti贸, por fin, afirmar sin complejos lo que 茅ramos y en qu茅 cre铆amos: la gente hablaba de pol铆tica abiertamente tras tantos a帽os de represi贸n y secreto. Pero la alegr铆a dur贸 poco: a principios de los 80 empez贸 la Movida y el desencanto, una vez m谩s, hacia lo pol铆tico. En plena adolescencia me volv铆 a sentir defendiendo lo imposible: la honradez, el compromiso y la entrega de gente como mi padre y de tantos miles que, como 茅l, renunciaron por sus ideas a una vida segura y c贸moda.

A煤n recuerdo c贸mo en una entrevista en un canal p煤blico de televisi贸n, la presentadora se fij贸 en un reloj de color dorado que mi padre luc铆a en la mu帽eca. A los pocos d铆as la rumorolog铆a se hab铆a extendido: el reloj era de oro y era el pago del PSOE a mi padre por abandonar el PCE. Nunca nadie se molest贸 en desmontar el bulo. Evidentemente, el reloj en cuesti贸n era de pl谩stico, regalo navide帽o de un rotativo catal谩n a sus colaboradores habituales. Y como 茅sta, mil otras an茅cdotas, ante las que en casa no hemos tenido m谩s remedio que tener una actitud de prevenci贸n constante.

As铆 que, ya ven, el buen pol铆tico de antes tuvo que soportar durante su vida activa el mismo clima de sospecha permanente y pr谩cticamente las mismas acusaciones que los de ahora, y recibi贸 muchas pu帽aladas por parte de algunos de los que ahora alaban su figura y su talla. Recuerdo c贸mo en todos los momentos de crisis econ贸mica o pol铆tica volv铆a a aflorar el mismo debate, las mismas encuestas sobre el incremento de la desafecci贸n hacia los pol铆ticos, con argumentos parecidos a los de ahora.

La cuesti贸n de fondo es, a mi entender, de otra naturaleza y tiene mucho que ver con la fragilidad de nuestro contrato social, del pacto entre el votante y el votado. En este pa铆s no se habla de pol铆tica, y cuando se hace se coge el todo por la parte y se cae r谩pidamente en la descalificaci贸n global: se reh煤ye la complejidad en el an谩lisis de ese juego de intereses contrapuestos que necesariamente se debe dar en un sistema democr谩tico. Si una virtud tiene la democracia espa帽ola, debida a su juventud, es que es un reflejo bastante fiel de la composici贸n social del pa铆s. Por alusiones, me suelo fijar en los que m谩s vociferan contra los pol铆ticos: lo suele hacer el empresario de caja B, el abogado trapichero, el m茅dico y el fontanero que cobra sin factura o el funcionario indolente. Ya se sabe, en este pa铆s abundan los p铆caros y la clase pol铆tica no es una excepci贸n.

La tendencia a sentir la pol铆tica como una cosa ajena se debe, en mi opini贸n, a una confluencia de factores y tiene mucho que ver con la debilidad hist贸rica del Estado. La tradici贸n antipol铆tica en Espa帽a viene de bastante antes del franquismo. La izquierda tuvo a sus anarquistas mientras que los sectores inmovilistas de la derecha han cultivado esa ignorancia hacia lo pol铆tico, a sabiendas de que a menos debate m谩s voto clientelar y cautivo. Y lo siguen haciendo. S贸lo as铆 cabe entender, por ejemplo, la oposici贸n sistem谩tica a la introducci贸n en las escuelas de una asignatura tan elemental como Educaci贸n para la Ciudadan铆a, que tienen todos los pa铆ses avanzados.

Y es que en ese concepto, el de ciudadan铆a responsable, reside la otra clave del asunto: el votante tiene que estar informado, conocer la letra peque帽a del pacto social, saber qui茅nes mueven los hilos de los grupos de presi贸n, para as铆 poder exigir a sus pol铆ticos que cumplan su parte del acuerdo. Esto es la democracia real, con todas sus constantes e innumerables contradicciones pero que es, al fin y al cabo, el peor sistema posible si exceptuamos todos los dem谩s conocidos, como bien dijo Churchill.

Obviamente que al pol铆tico se le pide, con raz贸n, un plus de honestidad que deber铆a exigir y autoexigirse todo ciudadano, pero yo, que me he criado entre pol铆ticos, afirmo que el sistema se sustenta sobre una base de gente comprometida y entregada, que antepone el inter茅s com煤n al particular, que trabaja mucho y que cree en la “cosa” p煤blica. Los hay, y son gran mayor铆a, en todos los niveles de la administraci贸n o de la vida p煤blica, pero abundan mucho m谩s en la izquierda por razones hist贸ricas.

La otra gran cuesti贸n ata帽e a la calidad de nuestros dirigentes, y si los de ahora son peores que los de antes. Es cierto que los partidos tienen una tendencia al crecimiento endog谩mico que los aleja del votante, es cierto que abunda el gestor m谩s que el ide贸logo. Ahora, que el sistema est谩 consolidado, la gente a帽ora los tiempos de las grandes luchas. Y para los que mitifican el pasado, quiero recordar que en la Transici贸n se pas贸 mal, muy mal, que cada d铆a nos jug谩bamos el ser o no ser y que gente como mi padre empez贸 a somatizar los males del pa铆s como si fueran propios. Siguen habiendo grandes luchas que hay que abordar desde dentro del sistema, nunca desde fuera: esa baza favorece al poderoso.

La pol铆tica se mueve forzosamente en una gama de grises: nunca puede ser cuesti贸n de blancos o negros. La descalificaci贸n frontal del sistema acaba fortaleciendo soluciones mesi谩nicas, Berlusconis de todo pelaje que pescan en r铆o revuelto y destruyen el sistema desde dentro. Y no dudo que tambi茅n en Espa帽a existe una pulsi贸n populista y si no, al tiempo. Si esto sucede, c贸mo echaremos de menos a los dirigentes sensatos y comprometidos que, a buen seguro, tenemos hoy en d铆a. Quien tenga una idea mejor ser谩 bienvenido. De momento nos toca lidiar con la complejidad de las cosas, no caer en el t贸pico, seguir mejorando poco a poco y d铆a a d铆a lo que tenemos, que nos ha costado sangre sudor y l谩grimas conseguir, un empe帽o en el que se han empleado miles de vidas como la de mi padre, el buen pol铆tico.

Albert Sol茅 es periodista y cineasta.

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Enero 22nd, 2010 at 9:15 am

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El racismo del nacional-catolicismo, de Vicen莽 Navarro en P煤blico

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Uno de los argumentos que autores conservadores han utilizado para negar el car谩cter fascista del r茅gimen dictatorial establecido por el golpe militar liderado por el general Franco ha sido afirmar que la ideolog铆a de aquel r茅gimen no inclu铆a un componente racista, tal como ocurri贸 con el nazismo alem谩n y el fascismo italiano. La evidencia existente y f谩cilmente accesible muestra, sin embargo, la escasa credibilidad de tal argumento. El eje ideol贸gico de aquel r茅gimen fue el nacional-catolicismo que conjug贸 dos ideolog铆as: el nacionalismo hisp谩nico, que lleg贸 incluso a negar la existencia de otras nacionalidades (como la catalana, la vasca, y la gallega), imponiendo su visi贸n centralista uniformadora, y un catolicismo excluyente que intent贸 configurar todas las dimensiones del ser humano, incluyendo 谩reas tan 铆ntimas como el comportamiento sexual de la ciudadan铆a.

Este nacional-catolicismo tuvo una concepci贸n racista, pues tales ideolog铆as totalizantes eran presentadas como definitorias de lo que el r茅gimen defini贸 como la raza hispana (el d铆a nacional se llamaba el D铆a de la Raza), cuya superioridad le otorgaba el derecho de conquista y sometimiento de otras razas, tal como ocurri贸 en Am茅rica Latina, cuya conquista militar y explotaci贸n era el motivo de celebraci贸n del d铆a nacional (12 de octubre). Su misi贸n 鈥渃ivilizadora鈥 supuso el genocidio de la poblaci贸n nativa de aquel continente, bien documentada y denunciada por Bartolom茅 de las Casas. El nacional-catolicismo del r茅gimen dictatorial se consideraba a s铆 mismo como el heredero de los Reyes Cat贸licos, que hab铆an expulsado a los jud铆os y a los musulmanes de Espa帽a, hab铆an establecido la Inquisici贸n y hab铆an conquistado Latinoam茅rica a base de cometer un genocidio.

El racismo del nacional-catolicismo fue m谩s all谩, sin embargo, del racismo 茅tnico. Aunque incluy贸 una dimensi贸n antisemita, el racismo del nacional-catolicismo se bas贸 tambi茅n en elementos pol铆tico-culturales. Un objetivo expl铆cito del golpe militar fue precisamente purificar la raza hisp谩nica, eliminando todos los elementos que la debilitaran. Vallejo-N谩jera, que dirig铆a los Servicios Psiqui谩tricos del Ej茅rcito y que hab铆a sido nombrado por el general Franco dirigente del rearme ideol贸gico del nuevo r茅gimen (realizando tal funci贸n como director del Gabinete de Investigadores Psicol贸gicos del Ej茅rcito), hab铆a subrayado que era misi贸n del Alzamiento Nacional 鈥渟alvar la patria y la raza鈥, especificando las caracter铆sticas que defin铆an a la raza hisp谩nica como 鈥渦n masculinismo, un canto a la fuerza f铆sica y un profundo nacionalismo y catolicismo鈥.

Contrapon铆a esta raza hispana a razas inferiores como la 鈥渞aza roja鈥 (que inclu铆a a la gran mayor铆a de opositores al golpe militar y a la dictadura que estableci贸), a la cual consider贸 una raza inferior, contaminada por el marxismo, considerado como la m谩xima forma de patolog铆a mental posible, definiendo el marxismo espa帽ol como 鈥渦na mezcla de juda铆smo y masoner铆a que lo distingui贸 de un marxismo extranjero semita puro鈥. Tal 鈥渞aza roja鈥, estaba compuesta de 鈥渟ubdesarrollados mentales, psic贸patas y degenerados, todos ellos afectados por el marxismo, juda铆smo mas贸nico鈥, que se difund铆a f谩cilmente entre las clases populares debido a lo que Vallejo-N谩jera consideraba su subdesarrollo mental. Todas estas citas aparecen en libros suyos titulados Eugenesia de la Hispanidad y regeneraci贸n de la raza y art铆culos en revistas consideradas cient铆ficas durante la dictadura, tales como el 鈥淧siquismo del Fanatismo Marxista鈥, publicado en Semana M茅dica Espa帽ola (8 de octubre, 1938, p谩gs. 172-182) y tambi茅n en la Revista Espa帽ola de Medicina y Cirug铆a de Guerra (mayo de 1939, p谩gs. 398-413). El art铆culo publicado en esta 煤ltima revista analizaba 鈥渓a especial patolog铆a鈥 de las mujeres milicianas, 鈥渟eres d茅biles motivados por la envidia, la maldad y la venganza鈥, y cuya participaci贸n 鈥渆n las revueltas pol铆ticas les daba ocasi贸n de satisfacer sus apetencias sexuales latentes鈥.

En el art铆culo publicado en la Semana M茅dica Espa帽ola, Vallejo-N谩jera describ铆a tambi茅n los estudios realizados en los campos de concentraci贸n (asesorado por las autoridades nazis alemanas, de cuyos estudios en sus propios campos era no s贸lo consciente, sino un profundo admirador), dividiendo a los componentes de la raza roja en cinco grupos: los internacionales brigadistas, los presos pol铆ticos varones de nacionalidad espa帽ola, las presas pol铆ticas hembras de nacionalidad espa帽ola, los separatistas vascos (a los que Vallejo-N谩jera defin铆a como 鈥渟ujetos de un curioso fen贸meno de fanatismo pol铆tico unido a un fanatismo religioso, enemigos de Espa帽a鈥), y el quinto y m谩s degenerado, el de 鈥渕arxistas catalanistas (unidos por el fanatismo marxista y el antiespa帽olismo)鈥.

Es importante se帽alar que las autoridades de la Iglesia cat贸lica compart铆an la ideolog铆a nacional-cat贸lica racista, bien articulada por el ide贸logo del r茅gimen Vallejo-N谩jera. Es m谩s, la Iglesia contribuy贸, en gran manera, a la llamada purificaci贸n de la raza que fue, en realidad, una brutal represi贸n, con ejecuciones, detenciones, torturas y exilio, en contra de las personas y los grupos pol铆ticos y sociales que se opusieron a aquel r茅gimen, incluyendo, por cierto, personas cat贸licas e incluso sacerdotes que apoyaron a las fuerzas democr谩ticas, as铆 como a militares del propio Ej茅rcito que se opusieron a aquel golpe militar, llevado a cabo por la Iglesia y la Falange, as铆 como por el Ej茅rcito golpista. Parte de este proceso de purificaci贸n de la raza, llevado a cabo por el r茅gimen en colaboraci贸n con la Iglesia cat贸lica, consist铆a en el robo de infantes de 鈥渞ojos鈥 asesinados, encarcelados o desaparecidos, a fin de que no fueran 鈥渃ontaminados por sus padres, con el objetivo de salvarles鈥. Seg煤n Enrique Gonz谩lez Duro (Los psiquiatras de Franco. Los rojos no estaban locos, 2008), 12.043 ni帽os fueron sustra铆dos de manos de sus padres durante los duros a帽os de la represi贸n (1939-1945). La Iglesia cat贸lica nunca ha pedido perd贸n al pueblo espa帽ol por estos hechos.

Vicen莽 Navarro es catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas y Pol铆ticas P煤blicas. Universidad Pompeu Fabra.

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Enero 14th, 2010 at 9:09 am

Los aperturistas, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

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El ojo del tigre

Hace un cuarto de siglo, cuando el dictador ya hab铆a realizado su viaje triunfal hacia el Tribunal de Dios y la Historia -el 煤nico que, al parecer, pod铆a exigirle cuentas por su severa conducta con una gran parte del pueblo-, y cuando sus s煤bditos -los espa帽oles que le sobrevivieron- aun no hab铆an asimilado cabalmente la realidad de la situaci贸n en que quedaban, mezcl谩ndose los del miedo cerval al cambio con los de la euforia irreflexiva por aquella ausencia, a nadie se le ocurri贸 pensar que, transcurridas tres d茅cadas m谩s, aquel momento crucial en la vida de los espa帽oles, convenientemente mitologizado, acabar铆a determinando de nuevo sus vidas. El franquismo -azote b铆blico para unos y pl谩cida paz para otros-, acababa de convertirse en un mito ideol贸gico que continuar铆a marcando el ritmo de la vida nacional.

La 茅pica hist贸rica de la Transici贸n -el fugaz viaje de la dictadura hacia la democracia- acabar铆a por continuar determinando el modelo de convivencia entre espa帽oles: unos, los buenos, situados a la derecha del hombre providencial elegido para salvar a la Patria; otros, los malos, encadenados a su izquierda…

Los viejos m茅todos utilizados por la dictadura franquista fueron muy 煤tiles para conseguir el desmantelamiento suave de la misma. En este sentido, ocurri贸 lo mismo que les pas贸 a los sovi茅ticos cuando decidieron liquidar el sistema estalinista: usaron al estalinismo como m茅todo ideal para acabar con 茅l mismo. Sin embargo, en el caso de la URSS hubo algunas voces que se pronunciaron planteando la necesidad de rechazar ese m茅todo para que el desmantelamiento del estalinismo fuera aut茅ntico. La historia real del saneamiento ideol贸gico llevado a cabo en la URSS -al final de un tiempo marcado por las dictaduras europeas: Italia, Alemania, Espa帽a…- no se repiti贸 en nuestro caso. No hubo ni una sola voz que cuestionara el m茅todo elegido para provocar el cambio lampedusiano de la dictadura de Espa帽a.

M谩s de treinta a帽os despu茅s de aquel m铆tico fen贸meno pol铆tico, conocido como la Transici贸n, si alguien tuviera la osad铆a de decir que el r茅gimen c铆vicomilitar del 18 de Julio hab铆a sido liquidado mediante el uso de m茅todos espec铆ficamente franquistas, lo m谩s probable es que sobre 茅l se desplomara toda la aparatosa tramoya pol铆tica de aquel inolvidable sistema org谩nico que sustentaba la b贸veda del casticismo espa帽olista.

No digamos lo que le hubiera ocurrido si, adem谩s, el osado cr铆tico de la mitolog铆a de la Transici贸n decidiera a帽adir que, para garantizar la autenticidad de ese cambio era necesario romper definitivamente con los m茅todos franquistas. La sombra de aquel personaje, que protagoniz贸 la tragedia griega de la Guerra Civil, oscureci贸 definitivamente el luminoso paisaje democr谩tico que intentaba institucionalizar la Rep煤blica. Franco, en un momento concreto de la Historia Sagrada de Espa帽a, hab铆a encandilado a la aristocracia agropecuaria; fascinado a la burgues铆a que cre铆a que las espadas siempre son triunfos, y magnetizado a una masocracia cuya vocaci贸n consist铆a en ejercer funciones de burgues铆a… Ese esot茅rico magnetismo pol铆tico a煤n no ha desaparecido del todo. Con lo cual, aqu铆 se ha rizado el rizo de la Transici贸n: franquismo y democracia se complementan.

No es verdad que la Transici贸n signific贸 la erradicaci贸n definitiva del Movimiento Nacional -Suma Ontol贸gica de aquel r茅gimen-, sino una dulce metamorfosis que le permiti贸 sobrevivir frente a la democracia a medio cocer que nos han puesto sobre la mesa.

Treinta y cinco a帽os -tres d茅cadas y media- despu茅s de su ascensi贸n al limbo de la Historia, el recuerdo de Franco sigue determinando las l铆neas maestras de aquello que sus ide贸logos llamaron aperturismo; el cual no consist铆a en la sustituci贸n del sistema franquista por otro antag贸nico. Lo dej贸 bien claro un ministro secretario general del Movimiento (Jos茅 Utrera Molina) con un discurso sobre el desarrollo pol铆tico, pronunciado ante el Consejo Nacional del Movimiento -vivero de aperturistas- al presentar un documento base sobre desarrollo pol铆tico, el 22 de julio de 1974: “Hay un tema que est谩 en todos los labios: apertura (…) Pero la apertura, para nosotros, no puede ser otra cosa que un proceso que culmine, al nivel del tiempo que hemos alcanzado, los ideales germinadores del 18 de julio de 1936 (…) La apertura, pues, ha de hacerse hacia adelante, desde nosotros mismos hacia el futuro…“.

En ese compromiso sigue trabajando don Jos茅 Mar铆a Aznar.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Enero 13th, 2010 at 9:06 am

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V铆ctimas de sus monstruos, de Pedro G. Cuartango en El Mundo

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VIDAS PARALELAS: ALFONSO GUERRA / LEV KAMENEV

Cuenta la leyenda que Shelley, Byron y Polidori inventaron el monstruo de Frankenstein en una noche de tormenta en un lago suizo. Resulta m谩s dif铆cil determinar qui茅nes fueron los padres del Estatuto de Catalu帽a, aunque no hay duda de que Alfonso Guerra contribuy贸 a su alumbramiento en el Congreso.

Guerra dice ahora que Montilla y la clase pol铆tica catalana est谩n 芦en la estratosfera禄 cuando intentan chantajear al Constitucional; pero se olvida de que 茅l vot贸 a favor del Estatut siendo presidente de la comisi贸n constitucional del Congreso. De aquellos polvos, estos lodos.

Su lamento suena a las recriminaciones de Lev Kamenev a Stalin en el Comit茅 Central del PCUS en 1925. El viejo dirigente bolchevique, amigo de Lenin, acus贸 entonces a Stalin de abuso de poder y pidi贸 su destituci贸n del cargo de secretario del partido. Demasiado tarde, porque su rival era ya mucho m谩s fuerte que 茅l.

Dos a帽os antes, Kamenev y Zinoviev hab铆an utilizado la figura del todav铆a insignificante Stalin para apartar del poder a Trotsky, el m谩s capacitado para sustituir a Lenin, pero detestado por su arrogancia. Guerra y los viejos dirigentes del PSOE cometieron el mismo error: apoyaron el Estatuto para no molestar a Zapatero y ahora se dan cuenta de que han creado un monstruo incontrolable. La denuncia de Guerra, como la de Kamenev, suena a intento de evadir sus propias responsabilidades.

Diez a帽os m谩s tarde del episodio en el Comit茅 Central, Stalin sent贸 a Kamenev en el banquillo, junto a Zinoviev, y le oblig贸 a declararse traidor a la causa sovi茅tica. El que fuera n煤mero dos de la Revoluci贸n bolchevique fue fusilado en la Lubianka tras una entrevista en el Kremlin en la que se humill贸 al arrodillarse ante un implacable Stalin.

Muchos dirigentes del PSOE se sienten humillados y ofendidos por un Montilla que amenaza con no acatar la legalidad constitucional y con romper la unidad del Estado si la sentencia del Constitucional es desfavorable a sus intereses.

Montilla va a elevar la tensi贸n hasta un nivel m谩ximo porque eso le favorece de cara a las pr贸ximas elecciones auton贸micas. Si el fallo del Constitucional es aceptable para el nacionalismo catal谩n, el presidente de la Generalitat se apuntar谩 un gran tanto. Si es negativo, se pondr谩 a la cabeza de la contestaci贸n para ganar en las urnas.

El antiguo edec谩n cordob茅s ha apostado por el nacionalismo y ya no se va a bajar del caballo. Pero la gran responsabilidad la tienen dirigentes como Guerra, que se plegaron a la estrategia cortoplacista de Zapatero y votaron a favor de un Estatuto de nefastas consecuencias para el PSOE, que no para el PSC.

Lo mismo que Kamenev no supo deducir las consecuencias de su apoyo inicial a Stalin, la cobard铆a moral de un sector del PSOE es la responsable de este Frankenstein que amenaza con llevarse la Constituci贸n por delante.

漏 Mundinteractivos, S.A.

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Enero 9th, 2010 at 10:13 am

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Simplicidad democratica, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

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El ojo del tigre

Si el miedo al paro y a la crisis econ贸mica no les permite a los espa帽oles dormir con sosiego, tampoco los partidos y los pol铆ticos les ayudan a serenar sus inquietudes. Estas son, al parecer, las conclusiones m谩s preocupantes que, al parecer, acabar de descubrir los investigadores del actual mercado de las ideas. Sondear a la opini贸n p煤blica para, despu茅s, explicarle a ella misma cu谩les son las causas de su desasosiego social, es algo que se ide贸 en la primera mitad del siglo XX. Concretamente, en 1936, por un norteamericano llamado George Gallup, quien, posteriormente, fundar铆a el famoso Instituto Gallup. A partir de entonces, los sondeos p煤blicos son las matem谩ticas del poder pol铆tico. Pero no como ciencia exacta, sino como mera hip贸tesis coyuntural.

Cuenta Eric Hobsbawn, en su Historia del siglo XX, que, en 1939, a la pregunta de qui茅n preferir铆an que fuera el vencedor en el caso de una guerra entre la Alemania de Hitler y la URSS de Stalin, el 83 por ciento de los norteamericanos respondieron que los sovi茅ticos; tan solo un 17 por ciento opt贸 por la victoria nazi. Este es un buen ejemplo para empezar a dudar del valor de las encuestas cuando son utilizadas como elementos b谩sicos para apoyar determinadas apuestas pol铆ticas como resoluciones definitivas. Sin embargo, setenta y cuatro a帽os despu茅s, los sondeos, las encuestas y los c谩lculos porcentuales -a pesar de su relatividad- son instrumentos indispensables para que el poder pol铆tico justifique sus decisiones. Incluso, sus errores…

As铆 como en la llamada burbuja inmobiliaria est谩 el origen de la llamada crisis econ贸mica que arrasa al mundo occidental, en este santo pa铆s -que, curiosamente, es en el que moraba el gran Centinela de Occidente- el p谩nico social que genera la desconfianza en los pol铆ticos y en los partidos, es la consecuencia de la explosi贸n de otra fabulosa burbuja : la de la democracia inorg谩nica .

Despu茅s de cuarenta a帽os de celosa pedagog铆a antidemocr谩tica, es imposible -y, adem谩s, incre铆ble- que la cultura democr谩tica haya conseguido imponer sus principios de la noche a la ma帽ana. Y mucho menos cuando se trata de un pa铆s en el que el instinto pol铆tico supera a la inteligencia anal铆tica. Los sondeos sirven para alimentar ese instinto; pero los an谩lisis serenos y bien ponderados no les sirven a quienes siempre tienen prisa. Las prisas de los pol铆ticos son la causa de que en este pa铆s no haya anidado la reflexi贸n pol铆tica. Y esta ausencia se nota mucho y cada vez se hace m谩s necesaria. Con lo cual, el lenguaje pol铆tico es cada vez m谩s simple.

Aqu铆, los pol铆ticos se han pasado las tres 煤ltimas d茅cadas simplific谩ndolo todo: la historia, la democracia, el poder, la ciudadan铆a… A la historia, para dejarla reducida a un incre铆ble cuento de hadas; a la democracia, para disminuirla hasta confundirla con un tr谩mite burocr谩tico; al poder, para ejercerlo como siempre: de arriba a abajo; a la ciudadan铆a, para utilizarla como un coro…

A punto de concluir la primera d茅cada del siglo XXI, nos damos cuenta de que casi estamos en el mismo sitio en el que est谩bamos -o en el que nos ten铆an atrapados- en 1976: entre la melancol铆a por lo org谩nico y la ignorancia de lo democr谩tico. O dea, que estamos como siempre: entre la sombra y la luz.

Lorenzo Cordero. Periodista.

Written by Reggio's

Enero 6th, 2010 at 9:07 am

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