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El Congreso debe mejorar la reforma laboral, de Carles Campuzano en El Pa铆s
TRIBUNA
CiU comparte la orientaci贸n global de la iniciativa del PP, como hizo antes con la del PSOE
Hablar de reforma laboral suele generar recelos y temores a una buena parte de la poblaci贸n, sin embargo cuando constatamos que llevamos cuatro a帽os destruyendo empleos, 5,3 millones de parados, la mitad de los j贸venes menores de 25 a帽os sin trabajo y que ello no ocurre en ning煤n otro Estado de Europa, a pesar de padecer la misma crisis, el ciudadano llega a la conclusi贸n de que una reforma laboral es necesaria para que se pueda volver a crear empleo. El Real Decreto-Ley 3/2012, es, seguramente, la modificaci贸n m谩s amplia y profunda de las relaciones laborales que se ha producido en Espa帽a desde la aprobaci贸n del Estatuto de los Trabajadores en 1980, aunque, esta reforma, no deja de ser continuista respecto a otras promovidas por el PSOE. La gravedad de la crisis y su masiva afectaci贸n al empleo, as铆 como la necesidad de promover reformas estructurales orientadas a facilitar el crecimiento, a medio y largo plazo, explican su alcance. Pero no solo eso, existen problemas estructurales que se arrastran, desde hace d茅cadas, en el funcionamiento de la econom铆a. El diagn贸stico de los males del sistema de relaciones laborales existente es compartido por sectores muy diversos de la sociedad, incluido los sindicatos: niveles de desempleo excesivamente altos en las fases alcistas del ciclo, incapacidad para ajustar horas y salario como alternativa al despido, costes excesivos del despido (especialmente para microempresas y PYMES), estancamiento de la productividad del tejido empresarial, falta de inversi贸n en la formaci贸n, pol铆ticas activas de empleo de escasa calidad, dificultades para la conciliaci贸n de la vida familiar y laboral, precariedad en el trabajo, desvinculaci贸n de hecho de las prestaciones por desempleo de la formaci贸n o recolocaci贸n de los desempleados. Toda esta patolog铆a constitu铆a, incluso antes de la crisis, un panorama que dibujaba una econom铆a escasamente competitiva en un mundo globalizado que tampoco era capaz de garantizar un Estado del Bienestar din谩mico y s贸lido. Es evidente que todo no depende, exclusivamente, de la configuraci贸n legal de las relaciones laborales, pero las mismas pueden ser motor de cambio y mejora, o, por el contrario, de freno o elemento disuasorio para la mejora de la competividad y la productividad. Nuestros socios europeos que mejor han hecho las cosas (Holanda, Dinamarca o Finlandia) as铆 lo han entendido, garantizando su prosperidad y sus altos niveles de protecci贸n social, promoviendo cambios profundos en sus regulaciones laborales: contratos de trabajo m谩s flexibles, menor coste del despido o f贸rmulas para el mantenimiento del empleo como alternativa al despido.
Desde este punto de vista, CiU ha compartido la orientaci贸n global de la reforma, como hemos compartido con el PSOE buena parte de las reformas laborales que, sustentadas en ideas similares, impuls贸 en la pasada legislatura.
Ahora bien, la reforma que estamos tramitando en el Congreso debe ser, necesariamente, corregida en algunos aspectos, mejorada en otros y complementada a trav茅s de otros instrumentos.
Corregida en todos los aspectos que generan dudas sobre su encaje constitucional. No podemos permitirnos la frivolidad que, en una cuesti贸n tan trascendente para empresas y trabajadores y fundamental para la credibilidad econ贸mica, exista la mera posibilidad de una declaraci贸n de inconstitucionalidad. Todo aquello que afecta a las competencias de las CCAA en materia de empleo, al pleno respeto a la autonom铆a de la negociaci贸n colectiva y a la tutela judicial efectiva debe ser escrupulosamente analizado y corregido, si es el caso. El reciente dictamen del Consell de Garanties Estatut脿ries apunta a cuestiones claves.
Se debe facilitar las soluciones negociadas ante los conflictos existentes en el seno de las empresas, as铆 como, otorgar mayor y mejor seguridad jur铆dica y certidumbre legal y evitar los abusos que se pueden derivar de una norma no suficientemente acertada.
Adem谩s, se ha de complementar con m谩s medidas orientadas a crear empleo a corto plazo. 脷nicamente, el contrato para las empresas de menos de 50 trabajadores y los incentivos a la contrataci贸n de j贸venes poco cualificados, a trav茅s del contrato de formaci贸n, constituyen medidas que buscan la creaci贸n de empleo inmediato. Necesitamos un Plan de Choque para el empleo para estimular la demanda o mejorar la oferta de determinados servicios y sectores que pueden ser intensivos en empleo. No podemos resignarnos ante la destrucci贸n de m谩s de 600.000 empleos este a帽o, como tampoco podemos aceptar el brutal recorte de m谩s de 1.500 millones que los presupuestos proponen para las pol铆ticas de empleo que deben facilitar la recolocaci贸n de los desempleados. Nadie puede comprender que esta sea la principal pol铆tica de ahorro del Gobierno del PP. Es incomprensible renunciar a mantener una s贸lida y robusta pol铆tica que estimule el reciclaje profesional de los parados de la construcci贸n, que permita el desarrollo de la colaboraci贸n p煤blico privada en materia de recolocaci贸n o la puesta en marcha de innovadoras actuaciones de acompa帽amiento a los desempleados. El planteamiento del Gobierno debilita enormemente la pata de la 鈥渟eguridad鈥 de una reforma que afirma inspirarse en la 鈥渇lexiseguridad鈥.
Esperemos que el tr谩mite parlamentario en marcha sea 煤til de verdad.
Carles Campuzano es portavoz de Empleo del Grupo Parlamentario Catal谩n (CiU) en el Congreso de los Diputados.
驴Co虂mo salir de la trampa de la austeridad?, de Raymond Torres en SinPermiso
La situaci贸n del empleo se est谩 deteriorando en Europa y ha dejado de mejorar en muchos otros pa铆ses …
Durante el an虄o pasado, los mercados de trabajo se vieron afectados por la desaceleracio虂n del crecimiento mundial. Un hecho que resulta especialmente problema虂tico si se tiene en cuenta que los mercados laborales no se habi虂an recuperado totalmente de la crisis mundial que estallo虂 en 2008: todavi虂a existe un de虂ficit de aproximadamente 50 millones de empleos en comparacio虂n a la situacio虂n anterior a la crisis. Es poco probable que durante los pro虂ximos dos an虄os la economi虂a mundial crezca a un ritmo suficiente para reducir el actual de虂ficit de empleo, y ofrecer trabajo a ma虂s de 80 millones de personas que se calcula que entrara虂n en el mercado laboral durante este peri虂odo.
Esta tendencia es particularmente preocupante en Europa, donde la tasa de desempleo aumento虂 en cerca de dos tercios de estos pai虂ses desde 2010; pero la recuperacio虂n del mercado de trabajo se ha estancado tambie虂n en otras economi虂as avanzadas como Japo虂n y Estados Unidos. En otras regiones, los progresos en materia de empleo fueron de虂biles con respecto a las necesidades de una poblacio虂n en edad de trabajar cada vez ma虂s numerosa y mejor educada, como en China. Y el de虂ficit de empleo sigue siendo considerable en gran parte de la regio虂n a虂rabe y A虂frica.
…como resultado, la crisis mundial del empleo ha entrado en una nueva fase, de cara虂cter ma虂s estructural.
Esta no es una desaceleracio虂n normal del desempleo. Despue虂s de cuatro an虄os de crisis mundial, los desequilibrios en el mercado del trabajo son ma虂s estructurales, y por lo tanto, ma虂s difi虂ciles de erradicar. Ciertos grupos de personas, como los desempleados de larga duracio虂n, corren el riesgo de quedar excluidos del mercado laboral. Esto significa que no podri虂an obtener un nuevo empleo incluso aunque se produzca una fuerte recuperacio虂n.
Adema虂s, para una parte cada vez mayor de los trabajadores que si虂 tienen trabajo, el empleo es ma虂s inestable o precario. El empleo a tiempo parcial y temporal de cara虂cter involuntario aumento虂 en dos tercios y en ma虂s de la mitad de las economi虂as avanzadas, respectivamente. La proporcio虂n de empleo informal permanece alta, y se situ虂a en ma虂s del 40 por ciento en dos tercios de los pai虂ses emergentes y en desarrollo para los cuales se dispone de datos. Adema虂s, las mujeres y los jo虂venes se ven afectados de manera desproporcionada por el desempleo y la precariedad laboral. En concreto, las tasas de desempleo juvenil aumentaron en cerca del 80 por ciento de las economi虂as avanzadas y en dos tercios de las economi虂as en desarrollo.
La inestabilidad laboral es, sobre todo, una tragedia humana para los trabajadores y sus familias; pero adema虂s supone un desperdicio de la capacidad productiva, ya que hay una tendencia a perder las competencias como resultado de una rotacio虂n excesiva entre empleos y largos peri虂odos de desempleo o inactividad. Una mayor inestabilidad laboral significa, por lo tanto, una productividad ma虂s de虂bil en el futuro y menos oportunidades para prosperar y ascender profesionalmente.
El de虂ficit de empleo va de la mano de un de虂ficit prolongado de inversio虂n, otra sen虄al de que la crisis ha entrado en una nueva fase. La cantidad de dinero sin invertir en las cuentas de grandes empresas ha alcanzado niveles sin precedentes. Mientras que, en el caso de las economi虂as avanzadas, las pequen虄as empresas siguen teniendo dificultades de acceso al cre虂dito, que les permitiri虂a invertir y crear puestos de trabajo. Es importante destacar que el Informe constata que las inversiones son ma虂s vola虂tiles, y que esto ha exacerbado la precariedad del empleo tanto en las economi虂as avanzadas como en las emergentes y en desarrollo.
Por u虂ltimo, la sociedad se esta虂 volviendo cada vez ma虂s ansiosa ante la falta de trabajos decentes. En 57 de los 106 pai虂ses, el I虂ndice de Descontento Social, construido a efectos de este Informe, aumento虂 en 2011 en comparacio虂n con 2010. En Europa, Oriente Medio, A虂frica del Norte y A虂frica Subsahariana se registraron los i虂ndices ma虂s altos de riesgo de descontento social. En promedio, Ame虂rica Latina 鈥 donde ha habido un cierto grado de recuperacio虂n del empleo y, en algunos casos, mejoras en la calidad del trabajo 鈥 ha experimentado una disminucio虂n del riesgo de descontento social.
El deterioro de la situacio虂n refleja la trampa de la austeridad en las economi虂as avanzadas, sobre todo en Europa …
Desde 2010, y a pesar de las declaraciones a favor del empleo en las sucesivas reuniones del G20 y otros foros globales, la estrategia poli虂tica cambio虂 sus prioridades aleja虂ndose de la creacio虂n y mejora del empleo, y concentra虂ndose en cambio en la reduccio虂n de los de虂ficits fiscales a toda costa. En los pai虂ses europeos, la reduccio虂n del de虂ficit fiscal ha sido considerada esencial para calmar los mercados financieros. Pero incluso en pai虂ses que no han sufrido los efectos de la crisis, esta estrategia esta虂 siendo aplicada por razones preventivas, reduciendo los de虂ficits fiscales para evitar cualquier reaccio虂n negativa por parte de los mercados financieros. Este enfoque pretendi虂a preparar el camino para mayores inversiones y crecimiento, junto con de虂ficits fiscales inferiores.
Adema虂s, como parte del cambio poli虂tico, la mayori虂a de las economi虂as avanzadas han flexibilizado las normas del trabajo y debilitado las instituciones del mercado laboral, y adema虂s se han anunciado ma虂s medidas de liberalizacio虂n. Estas medidas esta虂n siendo adoptadas con la esperanza de que los mercados financieros reaccionen de manera positiva, y asi虂 reforzar la confianza, el crecimiento y la creacio虂n de empleo.
Sin embargo, estas expectativas no han sido satisfechas. En los pai虂ses que aplicaron el enfoque de la austeridad y de la liberalizacio虂n en su mayor extensio虂n, principalmente en los pai虂ses del sur de Europa, el crecimiento econo虂mico y del empleo continuo虂 deteriora虂ndose. Adema虂s, en muchos casos, estas medidas tambie虂n fracasaron a la hora de estabilizar la situacio虂n fiscal. La razo虂n fundamental para estos fracasos es que estas poli虂ticas 鈥 implementadas en un contexto de perspectivas de demanda limitada y con la complicacio虂n adicional de un sistema bancario en medio de su proceso de “desapalancamiento” – no tienen la capacidad de estimular la inversio虂n privada. La trampa de la austeridad se esta虂 accionando. La austeridad, en efecto, ha producido un crecimiento econo虂mico ma虂s de虂bil, incrementado la volatilidad y empeorando el balance financiero de los bancos ocasionando una mayor contraccio虂n del cre虂dito, menores inversiones y, en consecuencia, mayores pe虂rdidas de empleos. Parado虂jicamente esto ha afectado de manera negativa a los presupuestos de los gobiernos y, por lo tanto, ha aumentado las exigencias de mayor austeridad. La realidad es que ha habido pocos progresos en los de虂ficit fiscales de los pai虂ses que aplicaron ene虂rgicamente las poli虂ticas de austeridad.
En relacio虂n a las poli虂ticas de liberalizacio虂n, el Informe sen虄ala que fracasara虂n en el objetivo de impulsar el crecimiento y el empleo a corto plazo, el horizonte temporal clave en una situacio虂n de crisis. De hecho, los efectos de las reformas de los mercados laborales en el empleo dependen en gran medida del ciclo coyuntural. Ante una recesio虂n, normas menos ri虂gidas pueden dar lugar a ma虂s despidos sin apoyar la creacio虂n de empleo. Del mismo modo, un debilitamiento de la negociacio虂n colectiva es probable que genere una espiral descendente de los salarios y, por consiguiente, retrase au虂n ma虂s la recuperacio虂n.
En general, el Informe confirma las conclusiones de estudios anteriores que muestran que no existe una relacio虂n evidente entre las reformas del mercado laboral y los niveles de empleo. De manera interesante, dentro del rango en el cual la mayori虂a de los pai虂ses se encuentran, regulaciones laborales adecuadas tienden a estar relacionadas positivamente con el empleo. Y lo que es ma虂s importante, las regulaciones laborales mal disen虄adas pueden afectar negativamente al funcionamiento del mercado laboral. En estos casos hay motivos para considerar reformas como parte del dia虂logo social y adoptadas conjuntamente con medidas de proteccio虂n social. Esta poli虂tica ha sido aplicada con e虂xito en el pasado reciente en pai虂ses como Austria y Brasil.
… pero se est谩 extendiendo a otros pa铆es.
Muchos pai虂ses emergentes y en desarrollo adoptaron la estrategia de estimular la demanda interna con el objetivo de compensar las de虂biles perspectivas de exportacio虂n a las economi虂as avanzadas. Existen sen虄ales de que en algunos de estos pai虂ses, como India, Ame虂rica Latina, Suda虂frica y, ma虂s recientemente, China, los salarios han aumentado para recuperar terreno en relacio虂n a la productividad. La inversio虂n pu虂blica y la proteccio虂n social tambie虂n fueron fortalecidas y la integracio虂n regional ha demostrado ser favorable en este sentido.
No obstante, incluso en estos pai虂ses, los mercados laborales y las inversiones reales no son inmunes al debilitamiento econo虂mico mundial. Los flujos vola虂tiles de capital tambie虂n han agravado la inestabilidad de la economi虂a real y la posibilidad de crear mejores empleos.
Por lo tanto, es crucial insistir en el enfoque actual de estimular la demanda interna, asociado con una mejor aplicacio虂n de las normas fundamentales del trabajo y medidas para evitar flujos de capital desestabilizadores.
Existe un enfoque alternativo …
Es posible escapar de la trampa de la austeridad. El Informe sobre el Trabajo en el Mundo del an虄o pasado presentaba un enfoque triple, que se mantiene vigente. Primero, las instituciones del mercado laboral deberi虂an fortalecerse de manera que los salarios crezcan al mismo ritmo que la productividad, comenzando en los pai虂ses con supera虂vit. En la situacio虂n actual, es necesario tener en cuenta un aumento riguroso y coordinado del salario mi虂nimo. Tambie虂n podri虂an ser u虂tiles mayores esfuerzos para implementar las normas fundamentales del trabajo, sobre todo en los pai虂ses emergentes y en desarrollo donde existen problemas. La ratificacio虂n de los Convenios fundamentales de la OIT por parte de todos los pai虂ses del G20 dari虂a una sen虄al positiva en este sentido.
Segundo, es esencial reanudar el acceso al cre虂dito y crear un ambiente empresarial ma虂s favorable para las pequen虄as empresas. Esto es particularmente urgente en los pai虂ses de la zona Euro, donde la poli虂tica del Banco Central de ofrecer liquidez a los bancos ha fracaso a la hora de incentivar el cre虂dito destinado a la economi虂a real. Podri虂a tambie虂n锟 ser necesaria una imposicio虂n ma虂s alta para las empresas que no reinvierten sus ganancias, y/o una imposicio虂n menor para aquellas empresas que dan prioridad a las inversiones y a la creacio虂n de empleo.
Tercero, es posible promover el empleo y al mismo tiempo cumplir con los objetivos fiscales. El Informe demuestra que un cambio neutral desde el punto de vista fiscal en la composicio虂n de los gastos y los ingresos creari虂a entre 1,8 y 2,1 millones de empleos en un plazo de 1 a 2 an虄os. En el caso de los pai虂ses emergentes y en desarrollo, los esfuerzos deberi虂an concentrarse en la inversio虂n pu虂blica y en la reduccio虂n de la pobreza y las desigualdades de los ingresos y en estimular la demanda agregada. En las economi虂as avanzadas, la prioridad deberi虂an ser las personas desempleadas, especialmente los jo虂venes, a fin de garantizar que reciban el apoyo adecuado para encontrar nuevos empleos.
Ante todo, es el momento de avanzar hacia una estrategia orientada hacia el crecimiento y hacia el empleo. Esto ayudari虂a a coordinar las poli虂ticas y a evitar el contagio ocasionado por la austeridad fiscal. En Europa, la estrategia podri虂a incluir un enfoque coordinado a fin de solucionar la crisis de la deuda, para lo cual unos mecanismos de financiacio虂n innovadores y una mejor utilizacio虂n de los Fondos Estructurales Europeos 鈥 adecuadamente reformados para enfrentar mejor el problema 鈥 podri虂an ser instrumentos fundamentales.
… que requiere adoptar la idea de que las pol铆ticas que favorecen el empleo tienen un efecto positivo en la econom铆a y que la voz de las finanzas no deber铆a guiar la toma de decisiones.
La explicacio虂n del actual enfoque poli虂tico es la premisa de que el crecimiento es el resultado de la austeridad y que los empleos, en cambio, son una consecuencia del crecimiento. Por ello, los mayores esfuerzos hasta la fecha se han concentrado en reducir los de虂ficits y restablecer el crecimiento mundial hacia valores positivos con la creencia de que, en lo sucesivo, producira虂 la creacio虂n de empleos. Como consecuencia, los esfuerzos ma虂s directos para estimular la creacio虂n de empleo y potenciar los ingresos de los ma虂s vulnerables a la crisis han tenido una importancia secundaria.
Puesto que ahora existen indicios de que estas premisas han demostrado ser contraproducentes, es esencial progresar con la alternativa, es decir, un enfoque centrado en el empleo, tal y como se describio虂 anteriormente. Adema虂s es importante nutrir este enfoque alternativo con ejemplos concretos de poli虂ticas que funcionan, para lo cual la OIT ha desempen虄ado un papel fundamental a trave虂s de la adopcio虂n del Pacto Mundial para el Empleo y podri虂a contribuir au虂n ma虂s como foro de ana虂lisis de poli虂ticas.
Otro factor en juego es el desequilibrio entre la voz de la economi虂a real y la del sector financiero. Ambas son importantes y ambas necesitan ser escuchadas. Para subsanar esto, primero deberi虂a prestarse atencio虂n a la creacio虂n de observatorios sociales y del empleo a nivel nacional. Esta medida puede ayudar a identificar un li虂mite ma虂ximo de desempleo que de ser superado seri虂an necesarias nuevas medidas, de manera muy similar a los objetivos de inflacio虂n. Esta tarea podri虂a ser facilitada gracias al establecimiento de observatorios independientes y fiables a fin de supervisar y anticipar tendencias en el mercado laboral, que podri虂an ser responsables de presentar evaluaciones independientes del impacto sobre el empleo de las propuestas poli虂ticas. Su misio虂n seri虂a advertir a los gobiernos contra la adopcio虂n o continuacio虂n de poli虂ticas que no tienen probabilidades de alcanzar los objetivos de desempleo.
Segundo, existen argumentos so虂lidos para establecer foros de consulta nacionales, donde se discutan las poli虂ticas econo虂micas y sociales por los gobiernos y los interlocutores sociales. Si bien los resultados no seri虂an vinculantes, este tipo de consultas pueden ofrecer a los gobiernos informacio虂n importante sobre la situacio虂n actual del mercado laboral y una perspectiva del desempleo. El foro podri虂a tambie虂n desempen虄ar un papel central en colaborar y consultar con el observatorio o agencia nacional creada para supervisar y evaluar la evolucio虂n del mercado laboral y el impacto de las poli虂ticas.
Finalmente, los esfuerzos nacionales para pasar a poli虂ticas que garantizara虂n niveles de empleo ma虂s altos se vera虂n facilitados en gran medida por las reformas en la gobernanza de la economi虂a mundial. El objetivo principal de esta reforma es ofrecer un nivel alto y estable de demanda efectiva en la economi虂a mundial. Esto implicari虂a (i) garantizar una coordinacio虂n global eficaz de las poli虂ticas econo虂micas para eliminar poli虂ticas del tipo “molestar a mi vecino” que conducen a desequilibrios mundiales y cohi虂ben el potencial de crecimiento; (ii) eliminar la amenaza constante a la estabilidad econo虂mica mundial provocada por los flujos financieros transfronterizos vola虂tiles y no regulados; y (iii) desarrollar poli虂ticas macroecono虂micas coordinadas para hacer frente a futuras crisis econo虂micas.
En pocas palabras, el Informe exhorta a los pai虂ses a instaurar las condiciones necesarias para preparar un cambio dra虂stico en el actual enfoque poli虂tico. Destaca la necesidad de un enfoque que reconozca la importancia de colocar el empleo entre las prioridades de la agenda poli虂tica y la necesidad de coherencia entre las poli虂ticas macroecono虂micas, sociales y del empleo. Esto requiere cambios significativos en la gobernanza interna y mundial, lo que supone una labor compleja. Aunque la tarea es exigente, los avances en esa direccio虂n sera虂n premiados con mejores perspectivas de empleo y una economi虂a ma虂s eficiente.
Raymond Torres, economista, es Director del Instituto Internacional de Estudios Laborales de la Organizaci贸n Internacional del Trabajo (OIT). El presente art铆culo es el pr贸logo del Informe sobre el trabajo en el mundo 2012, cuya versi贸n inglesa puede consultarse en http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/documents/publication/wcms_179453.pdf
http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/documents/publication/wcms_179553.pdf
Desigualdades del mercado laboral, de Vicente Castell贸 Rosell贸 en Cinco D铆as
En una semana se han producido dos noticias referentes al mercado laboral. Primeramente y de acuerdo con la informaci贸n disponible por los servicios p煤blicos de empleo, en el mes de abril, tras ocho meses consecutivos de aumento, el desempleo, aunque menos que el pasado ejercicio, disminuye en 6.632 personas (-0,14%), con un incremento interanual del 11,1%.
En segundo lugar, los datos de la encuesta de poblaci贸n activa (EPA), correspondientes al primer trimestre de 2012, indica un descenso en la tasa interanual del empleo del -3,9%. Esta evoluci贸n viene a reflejar un deterioro generalizado, en t茅rminos interanuales, por ramas de actividad, m谩s acusado en construcci贸n, que contin煤a siendo la rama con las mayores ca铆das de empleo (-20,5%), y en las ramas de servicios, en concreto comercio y hosteler铆a, con una p茅rdida de m谩s de 120.000 empleos entre ambas. Como resultado, la tasa de paro, en el primer trimestre de este a帽o, alcanza la cifra del 24,4%.
Nuestro mercado laboral presenta grandes desigualdades. El primero de todos ellos es el de los j贸venes. A los problemas antiguos de inserci贸n hay que a帽adir los nuevos problemas consecuencia de la crisis econ贸mica que los sit煤a en peor posici贸n que el resto de colectivos. Hay m谩s j贸venes sin trabajo que trabajando. En concreto, su tasa de paro (52%) es la m谩s elevada entre los pa铆ses miembros de la OCDE. Y entre los j贸venes tambi茅n existen desigualdades entre los que tienen estudios y los que no tienen estudios, ya que los datos demuestran que a mayor cualificaci贸n y preparaci贸n formativa, menor es la tasa de desempleo.
Por otra parte, las desigualdades entre hombres y mujeres en el mercado laboral no se traduce en t茅rminos de paro (las tasas de desempleo casi son semejantes), sino m谩s bien en el empleo. La participaci贸n de las mujeres en el mercado laboral es muy inferior a la de los hombres. As铆, la tasa de empleo de las mujeres (proporci贸n de mujeres ocupando un puesto de trabajo) se sit煤a en m谩s de 10 puntos porcentuales por debajo de la tasa de los varones, lo que se traduce en que de cada diez mujeres en edad de trabajar solo cuatro est谩n empleadas. Pero la mayor desigualdad se manifiesta en materia de remuneraci贸n: sus salarios son bastantes inferiores a los de los hombres. La discriminaci贸n salarial femenina no se explica solo por diferencias estructurales de cualificaci贸n, sector de actividad o de antig眉edad, sino tambi茅n por las caracter铆sticas propias de los modelos sociales aplicados por cada pa铆s.
Por 煤ltimo, otro de los colectivos m谩s afectados por la desigualdad se refiere al de los inmigrantes que acumulan las desventajas de una formaci贸n insuficiente y una integraci贸n inacabada en los pa铆ses de acogida. De este modo, todos los pa铆ses de la OCDE, incluso los pa铆ses con fuerte tradici贸n y m谩s abiertos a las migraciones, presentan id茅nticas caracter铆sticas. As铆, en los pa铆ses de la OCDE, la tasa del paro de los inmigrantes es el doble que la de los aut贸ctonos. En el caso concreto de Espa帽a, la tasa de desempleo de los nativos es del 22,2%, frente a cerca del 37% de la poblaci贸n extranjera.
Ante la amplitud de desaf铆os que presenta nuestra sociedad, se puede considerar que el mayor de todos ellos es el de los j贸venes: es el m谩s castigado por la crisis en nuestro mercado laboral. La probabilidad para un joven de encontrar un empleo es muy escasa. Adem谩s, los j贸venes se encuentran mayoritariamente representados con contratos inestables y empleos de mala calidad.
Por su parte, el rigor presupuestario contribuye a amplificar esta lacra social, lo cual no es una sorpresa. La austeridad es necesaria, pero no suficiente. Un informe reciente de London School of Economics concluye que los costes son m煤ltiples: financieros (prestaciones econ贸micas por desempleo y p茅rdida de competitividad) y sociales para el conjunto de la sociedad.
Es urgente y necesario elevar sus tasas de empleo para reforzar el potencial de crecimiento econ贸mico, pero tambi茅n para mejorar la cohesi贸n social. Los j贸venes no pueden quedar excluidos del mercado laboral y, por ello, deben constituir la prioridad de las pol铆ticas de empleo. Si los j贸venes no encuentran trabajo nuestro pa铆s tiene un problema muy grave ya que las cicatrices producidas por el desempleo de los j贸venes no se curar谩n f谩cilmente.
Vicente Castell贸 Rosell贸. Profesor Universidad Jaume I de Castell贸n.
D铆a del Trabajador, de Pilar Rahola en La Vanguardia
Opini贸n
Hoy el gran derecho que defender no es el c贸mo trabajar, sino conseguir conjugar el verbo trabajar
Hoy celebramos el d铆a del Trabajador en plena vor谩gine de datos fulminantes sobre el paro, con la cifra de los cinco millones desbocada hacia los seis. Es decir, lo m谩s importante no son los derechos laborales que reivindicaremos, como ha sido tradicional desde que los m谩rtires de Chicago murieron por defender las ocho horas. Hoy el gran derecho por defender no es el c贸mo trabajar, sino conseguir conjugar el verbo desnudo de todo complemento. El derecho a trabajar se ha convertido en el grito m谩s tr谩gico, y es ah铆 donde debe colocarse el foco de preocupaci贸n. Es decir, hoy no puede celebrarse el d铆a del Trabajador, sino que se celebra, por encima de todo, el d铆a del Trabajo, porque el Perogrullo es rotundo: sin trabajo, no hay trabajador. Decir esto puede sonar a obviedad, y, sin embargo, esta obviedad no es tan obvia cuando las partes se sientan a negociar el mercado laboral.
驴Tiene claro el Gobierno que su m谩xima prioridad debe ser reducir la cifra del paro? Porque no lo parece, m谩s preocupado por atender las exigencias sobre el d茅ficit y parecer un peque帽a Merkel a la castiza. Sin embargo, y con todo el ruido sobre austeridad y recortes, a煤n no conozco ning煤n plan integral de promoci贸n del empleo, m谩s all谩 de dar amnist铆as fiscales a las grandes fortunas, continuar derrochando dinero con v铆as de AVE, ahogar motores econ贸micos como Catalunya y alegrar a las comadres del liberalismo m谩s extremo. No parece, pues, que el Ejecutivo tenga como preocupaci贸n el paro, y si la tiene, no se nota.
驴Tiene claro la patronal que tambi茅n esa debe ser su m谩xima prioridad? No lo parece, a tenor de unos planteamientos que, con la necesidad real de flexibilizar el mercado laboral, aprovechan el Pisuerga para dejar en los huesos los derechos laborales. Y ese no era el viaje, y si lo es, han hecho trampa. Porque una cosa es tener un mercado laboral ultraproteccionista que debe ser agilizado para ayudar a crear puestos de trabajo y otra muy distinta es usar la crisis para desmontar el sistema al completo y aterrizar en la barra salvaje del despido libre. Puede que crean que eso beneficia sus intereses, pero dif铆cilmente un mercado depredador ayudar谩 tambi茅n a los intereses de los trabajadores.
Y finalmente, 驴tienen claro los sindicatos que el paro debe ser su absoluta prioridad? Tampoco lo parece, porque hace tiempo que los sindicatos se dedican a defender el trabajo de los que lo tienen, con especial atenci贸n al trabajo funcionarial, el 煤nico que no puede perderse. Tampoco los sindicatos, convertidos en entes endog谩micos, ponen en el centro de atenci贸n el drama del paro. Lo cual, sumado a tres bandas, es desolador, porque nadie est谩, realmente, priorizando lo m谩s urgente. Por ello celebrar el d铆a del Trabajador en un pa铆s de seis millones de parados es un monumento al cinismo. O a la incompetencia, que viene a ser lo mismo.
Primero de Mayo, de Ra煤l del Pozo en El Mundo
EL RUIDO DE LA CALLE
El Gobierno y los sindicatos coinciden en el diagn贸stico (situaci贸n l铆mite, precipicio, abismo, situaci贸n de emergencia) pero no en la terapia. Como siempre que en Espa帽a estalla una crisis, los unos escuchan a los otros sin o铆rse, la incomunicaci贸n se traslada a la calle o a las redes y ya no se contesta al adversario, se le insulta. Hace un a帽o, o as铆, Jos茅 Mar铆a Aznar ya anunci贸, adelant谩ndose a los hechos: vivimos en una situaci贸n l铆mite. Desde que viaja a Israel ha aprendido a hacer profec铆as y a usar el shofar, esa trompeta para derrumbar murallas que aparece tantas veces en la Biblia y que se fabricaba de cuerno de carnero, de cabra o de gacela. Aznar, como Jehov谩, es muy de trompetas y shofares y a veces acierta.
Tambi茅n atinaban los dirigentes de los sindicatos, en plan Jerem铆as, cuando hace unas horas han informado as铆: vivimos una situaci贸n de emergencia cercana a la confrontaci贸n social, los espa帽oles se encuentran abatidos y desmoralizados. Unos y otros descubren una Espa帽a casi estrangulada por la deuda masiva y la duda en la solvencia de los bancos. Mientras, vamos a toda m谩quina en un tren cuya locomotora conducen maquinistas chinos, las revisoras son alemanas, los salteadores buitres y vamos todos agrupados hacia el abismo final.
Hoy, Primero de Mayo, D铆a Internacional de los Trabajadores. Los que a煤n tienen coraje para manifestarse entre Neptuno y Sol, se preguntar谩n qu茅 pueden hacer. No tienen nada que ver con aquellos mineros, impresores, carpinteros de ribera, que se manifestaron por la reducci贸n de las horas de trabajo. Los m谩s conscientes honrar谩n a los m谩rtires de Chicago, ahorcados porque, seg煤n el gran jurado, se propon铆an destruir el orden por medio de la dinamita el Primero de Mayo. 芦Al dirigirme a este tribunal禄, dijo uno de los m谩rtires, 芦lo hago como representante de los de otra clase enemiga y empezar茅 con las mismas palabras con las que inici贸 su discurso un veneciano hace cinco siglos ante el Consejo de los Diez. Mi defensa es vuestra acusaci贸n; mis pretendidos cr铆menes son vuestros禄.
La lucha por los tres ochos. Qui茅n los pillara. Ahora no se explota con los telares o las minas. Se especula con dinero, que hace m谩s dinero, se presta aunque no exista y se recupera como si existiera. Qui茅n pillara la tar谩ntula o el topo. Digo tar谩ntula porque, cuando los de Chicago, un peri贸dico escribi贸: 芦El elemento laboral ha sido picado por una tar谩ntula universal y se ha vuelto loco de remate禄. Digo topo por la imagen hamletiana de El Viejo Topo que r谩pido escarbaba, el viejo zapador que asomaba su hocico en cualquier lucha del mundo.
Los trabajadores desfilan sin topo ni tar谩ntula, sin h茅roes, con el sabor amargo de lo imposible, lejos de aquella fraternidad universal donde se encend铆a la solidaridad como el fuego.
驴Viv铆an mejor los sindicatos bajo Franco? Un viaje por el surrealismo cultural de la derecha espa帽ola y su imaginario hist贸rico, de 脕lvaro Rein en SinPermiso (29/04/12)
La pregunta que da t铆tulo a este art铆culo puede parecer del todo rid铆cula para cualquier lector de esta publicaci贸n m铆nimamente informado sobre la historia del movimiento obrero bajo la dictadura franquista. Sin embargo, por incre铆ble que parezca, el discurso antisindical -que afirma que los sindicatos han heredado del franquismo una posici贸n privilegiada en la sociedad, cuyo precio lo pagan millones de parados condenados聽 a permanecer excluidos del mercado laboral en democracia-, se halla fuertemente arraigado en la cultura pol铆tica popular de la derecha espa帽ola. Esta cultura ha salido a relucir recientemente con los mensajes p煤blicos que lanzaban numerosas autoridades pol铆ticas del PP con ocasi贸n de la 煤ltima reforma laboral y la huelga general.
En unas recientes declaraciones en apoyo a la reforma laboral del PP, Esperanza Aguirre, por ejemplo, afirmaba que la reforma acababa con “el marco franquista” de relaciones laborales, y acusaba a los sindicatos de defender pol铆ticas “anticuadas, reaccionarias y antisociales”.
Nada refleja mejor esta concepci贸n del mundo que un reciente art铆culo, en ingl茅s, para Bloomberg de Ana Palacio. En 茅l, la ex ministra de exteriores de Aznar y ex vicepresidenta del Banco Mundial, le explicaba a un p煤blico internacional cu谩l hab铆a sido, seg煤n ella, la verdadera condici贸n de privilegio en la que viv铆an los trabajadores y los sindicatos bajo Franco mediante afirmaciones como 茅sta:
“La legislaci贸n laboral franquista ofrec铆a a los trabajadores una seguridad laboral de hierro y unos fuertes derechos de negociaci贸n colectiva. Estos eran elementos cr铆ticos de los sistemas de bienestar que fueron adoptados por reg铆menes fascistas o nacional socialistas que intentaban preservar la armon铆a social en Europa en ausencia de la democracia. Cambiar estos elementos ha sido una prueba cr铆tica de la madurez de la democracia espa帽ola desde su establecimiento en 1977 y los gobiernos sucesivos han fracasado en este intento. Al contrario de lo que se podr铆a esperar, ha sido la izquierda pol铆tica la que se ha opuesto m谩s a cambiar leyes que fueron adoptadas bajo la dictadura fascista de Franco” (1).
Si uno tuviese que basar su conocimiento de la historia de la Europa de posguerra en esta especie de “Cu茅ntame como fue” surrealista de la derecha espa帽ola, podr铆a llegar a pensar que el estado de bienestar en realidad lo invent贸 el fascismo. Que en los verdaderos estados de bienestar que se establecieron en las democracias de posguerra, en pa铆ses como la Alemania Federal, Gran Breta帽a, Francia o Italia, reinaba el despido libre, no exist铆a la negociaci贸n colectiva y los sindicatos no jugaban ning煤n papel relevante, mientras que en la Espa帽a de Franco suced铆a todo lo contrario. Por lo visto, en el ideario pol铆tico de Ana Palacio solo los reg铆menes fascistas promueven “seguridad en el empleo” y “sistemas de bienestar”, mientras que “democracia” deber铆a de ser sin贸nimo de despido libre y libertad de contrataci贸n.
En realidad, este relato revisionista de la derecha espa帽ola se apoya en una selecci贸n interesada de ciertos elementos hist贸ricos de las relaciones laborales durante un per铆odo concreto del Franquismo para tergiversarlos de manera interesada. El marco de relaciones laborales franquista no fue homog茅neo durante los casi cuarenta largos a帽os de dictadura, y con el paso del periodo aut谩rquico al periodo de liberalizaci贸n econ贸mica bajo el Plan de Estabilizaci贸n, a finales de los a帽os cincuenta, estas relaciones sufrieron importantes transformaciones.
En 1958 el r茅gimen de Franco promulg贸 la famosa “ley de convenios colectivos” que romp铆a con la centralizaci贸n estatal de las condiciones laborales existente bajo el periodo de autarqu铆a. Esta ley sent贸 una de las bases聽para la liberalizaci贸n de la econom铆a bajo el plan de estabilizaci贸n. Al contrario de lo que predica Ana Palacio, en aquel contexto hist贸rico, el marco de relaciones laborales regido por convenios colectivos fue introducido por el franquismo precisamente para facilitar la liberalizaci贸n de la econom铆a.
Sin embargo, los convenios colectivos fueron introducidos por el franquismo en un marco en el que la representaci贸n sindical estaba monopolizada oficialmente por聽la Organizaci贸n Sindical Espa帽ola (OSE), Sindicato Vertical que integraba tanto a patronos como a obreros en un mismo sindicato controlado por el estado o, en el caso de muchas empresas, por los propios patronos. Los convenios colectivos se introdujeron para descentralizar la fijaci贸n de los salarios y los horarios de trabajo y adecuarlos mejor a las condiciones productivas de las empresas. En realidad, un paso en la misma direcci贸n en la que ahora quiere avanzar el PP, descentralizando la negociaci贸n colectiva a煤n m谩s para dar m谩s peso a los convenios de empresa.
Lo que Ana Palacio, por supuesto, olvida convenientemente de decir en su art铆culo es que este “fant谩stico” marco de negociaci贸n colectiva franquista exclu铆a la libertad sindical, la representaci贸n independiente de los intereses de los trabajadores gracias a esa libertad sindical y la libertad de huelga.聽聽Puede que yo no haya recibido una educaci贸n pol铆tica tan sofisticada como la de Ana Palacio, pero la pretendida validez de cualquier concepto de “negociaci贸n colectiva”聽 sin libertad sindical y de huelga se me antoja cuanto menos surrealista.
Ana Palacio dice tambi茅n en su art铆culo de Bloomberg:
“El bando franquista introdujo los fundamentos de la legislaci贸n laboral actual en 1938. Esa legislaci贸n estaba influida por la Carta del Lavoro de Mussolini y fue complementada con revisiones en los a帽os cuarenta, sesenta y en los setenta. Gran parte de esa legislaci贸n se mantiene en vigor hoy.”
Ana Palacio se refiere aqu铆 al Fuero del Trabajo de 1938, de inspiraci贸n fascista y falangista, que se convirti贸 en una de las ocho leyes fundamentales del franquismo. Pero se olvida de mencionar que esta ley fue derogada con la entrada en vigor de la Constituci贸n democr谩tica de 1978. Tampoco menciona que el Estatuto de los Trabajadores de 1995 reemplaz贸聽la legislaci贸n laboral franquista remanente.
La legislaci贸n laboral de la democracia esta fundada sobre la Constituci贸n de 1978, que en su art铆culo 28 protege la libertad sindical y el derecho de huelga: “Todos tienen derecho a sindicarse libremente. (鈥) La libertad sindical comprende el derecho a fundar sindicatos y a afiliarse al de su elecci贸n, as铆 como el derecho de los sindicatos a formar confederaciones y a fundar organizaciones sindicales internacionales o afiliarse a las mismas. Nadie podr谩 ser obligado a afiliarse a un sindicato. (鈥) Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses.”
El art铆culo 2 del capitulo XI del Fuero del Trabajo franquista, sin embargo, ten铆a esto que decir sobre actos como el derecho de huelga: “2.- Los actos ilegales, individuales o colectivos, que perturben de manera grave la producci贸n o atenten contra ella, ser谩n sancionados con arreglo a las leyes.”
Asimismo, todo el Capitulo XIII del Fuero del Trabajo franquista se basaba en la negaci贸n de la libertad sindical, al obligar expl铆citamente a los trabajadores a encuadrarse en un solo sindicato controlado por el estado, la Organizaci贸n Sindical, junto a los empresarios.
Por lo tanto, es rid铆culo afirmar, como hace Ana Palacio, que una legislaci贸n laboral basada en la libertad sindical y el derecho de huelga esta fundamentada en otra cuyos principios fundamentales niegan estas dos libertades esenciales para el ejercicio del derecho de los trabajadores a defender sus intereses.
A prop贸sito de la “seguridad laboral de hierro” que seg煤n Ana Palacio ofrec铆a el franquismo a los trabajadores: esa “seguridad” en realidad desaparec铆a en dos minutos cuando se trataba de despedir o encarcelar a聽trabajadores que se atrev铆an a protestar por sus condiciones de trabajo. C谩rcel, despido libre y despido expr茅s era lo que ofrec铆a tambi茅n el marco laboral franquista a los enlaces sindicales infiltrados en el Sindicato Vertical por unas Comisiones Obreras (CC OO), situadas primero fuera de la legalidad y m谩s tarde declaradas expl铆citamente ilegales por el franquismo, cada vez que esos delegados eran elegidos por los trabajadores para negociar en favor de sus intereses los convenios colectivos. Es decir, que cuando los trabajadores se atrev铆an a negociar verdaderamente sus convenios, la libertad de despido del mercado de trabajo franquista funcionaba repentinamente de manera bien “flexible”, mucho m谩s que bajo la democracia actual.
Ana Palacio tampoco menciona que aunque hubiese convenios colectivos bajo el franquismo, cuando el gobierno de la dictadura consideraba que los trabajadores intentaban aprovecharse de su marco de negociaci贸n colectiva para verdaderamente defender sus intereses, a menudo anulaba los acuerdos alcanzados mediante las llamadas “Normas de Obligado Cumplimiento (NOC)”, que聽impon铆a el gobierno sobre lo negociado en el convenio. Estas NOCs fueron aumentando en frecuencia seg煤n iba avanzando el movimiento obrero ilegal, pero independiente, de CC OO que consegu铆a imponerle聽a los empresarios convenios mas favorables para los trabajadores. Cuando esto suced铆a, el gobierno y el Sindicato Vertical simplemente encarcelaban o desped铆an a todos los enlaces ilegales de CC OO e impon铆a sus NOC.
Por ejemplo, despu茅s de la oleada huelgistica de 1967, y de los avances de CC OO en la elecciones sindicales de ese a帽o, la represi贸n franquista contra los trabajadores volvi贸 a sus andadas y seg煤n el historiador 脕lvaro Soto Carmona:
“Desde 1969 la represi贸n fue en aumento y era frecuente la detenci贸n de los cargos sindicales cuando se produc铆a una huelga en la f谩brica que los hab铆a elegido. Entre octubre de 1971 y diciembre de 1972 fueron dados de baja por 芦extinci贸n de contratos禄 m谩s de diecisiete mil enlaces; renunciaron m谩s de seiscientos y fueron despose铆dos de sus cargos veinticinco. En ocasiones los trabajadores denunciaron la represi贸n ante la OIT” (2).
En realidad el mercado laboral franquista era mucho m谩s flexible de lo que se imagina Ana Palacio cuando de lo que se trataba era de despedir a trabajadores que intentaban mejorar sus condiciones de trabajo.
Pero despu茅s de todo esto, lo que a uno realmente le entran ganas de preguntar es donde estaban Ana Palacio y sus amigos del PP en 1973 durante el proceso 1.001, abierto por el franquismo contra la c煤pula sindical clandestina de CC OO, o cuando ametrallaban a los trabajadores a la salida de una asamblea en la聽 iglesia de San Francisco en marzo de 1976 en Vitoria.聽驴D贸nde estaban ellos en julio de 1970 cuando la polic铆a franquista asesinaba a tiros a tres trabajadores huelguistas en Granada porque los trabajadores de la construcci贸n se movilizaban para negociar un convenio? 驴D贸nde estaban en marzo de 1971 cuando la polic铆a franquista asesinaba a tiros a dos trabajadores huelguistas de CC OO en el Ferrol, delante del actual secretario confederal de CC OO? 驴D贸nde estaban ellos聽cuando se suced铆an las palizas y los asesinatos que sufr铆an los trabajadores聽cada vez que se les ocurr铆a reclamar algo?聽聽Quiz谩s estos son los aut茅nticos ejemplos de “lo bien” que se llevaba la negociaci贸n colectiva y el marco de relaciones laborales bajo el r茅gimen franquista, que a Ana Palacio y al PP no le interesen hoy recordar.
NOTAS:聽 (1) Ana Palacio, “Spain’s Wilting Economy Still Held in Franco’s Grip”, Bloomberg, 17 de abril, 2012 http://www.bloomberg.com/news/2012-04-17/spain-s-wilting-economy-still-held-in-franco-s-grip.html (2)聽脕lvaro Soto Carmona “No todo fue igual. Cambios en las relaciones laborales, trabajo y nivel de vida de los Espa帽oles: 1958-1975″ http://www.vientosur.info/documentos/Relaciones%20laborales%20bajo%20el%20Franquismo.pdf
Alvaro Rein es un analista econ贸mico que colabora habitualmente en Sin Permiso con art铆culos sobre los mercados financieros, la UE y China.
www.sinpermiso.info, 29 abril 2012
Cuando 茅ramos chinos, de Gregorio Mor谩n en La Vanguardia
SABATINAS INTEMPESTIVAS
Creo que en toda mi infancia no alcanc茅 a ver un chino de verdad. El 煤nico chino con el que est谩bamos familiarizados todos los chavales del colegio era un tipo odioso que ten铆a por mal nombre Fu-Man-Ch煤, y que protagonizaba unas pel铆culas en blanco y negro, horrorosamente malas. Las pon铆an con frecuencia los domingos por la ma帽ana, despu茅s de la misa, y hac铆an las veces de introducci贸n a la pel铆cula principal, una especie de No-Do sobre la perversidad oriental. Como form谩bamos un reba帽o hirsuto en espera de un destino en lo universal y nunca se sab铆a qu茅 cinta iban a proyectar hasta que empezaba, la aparici贸n de Fu-Man-Ch煤 nos prove铆a de un recurso excelente para patear y dar gritos hasta que terminaba la proyecci贸n. No duraba mucho; apenas una sesi贸n de calentamiento.
Dudo que en Asturias hubiera alg煤n chino, porque lo primero es que habr铆a sido conocido como 鈥淓l Chino鈥, y puedo asegurar que tal palabra no sali贸 nunca de mi boca. Todos los a帽os, en septiembre, aparec铆a el Teatro Chino de Manolita Chen, pero en aquel espect谩culo no hab铆a m谩s que residentes del 鈥渂arrio chino鈥 de Barcelona, aut贸ctonos. Los primeros asi谩ticos supuestos que poblaron nuestra infancia astur eran coreanos; y as铆 los contempl谩bamos, creyendo que se trataba de habitantes de Corea, pen铆nsula de la que hab铆amos o铆do 鈥搒in preguntar, porque nuestra infancia fue una larga etapa sin preguntas鈥 que hubo una guerra, sin saber a ciencia cierta si segu铆a o hab铆a terminado, pero donde estaban los norteamericanos, que eran la hostia matando 鈥渃hinitos鈥, seg煤n garantizaban los tebeos de aventuras, que entonces no se llamaban c贸mics. No recuerdo que se hicieran distingos entre chinos y coreanos, todos perversos.
Pero los 鈥渃oreanos鈥 de Asturias ten铆an la tez oscura y m谩s cuando sal铆an de trabajar en los Altos Hornos de Ensidesa, por lo que con el tiempo descubrimos que setrataba de obreros que no ven铆an de Oriente sino del Sur de Espa帽a, pero no ten铆amos ning煤n trato con ellos. Nos limit谩bamos a mirarlos cuando caminaban con sus cestos de mimbre en forma de caja y unos pantalones de pana color parduzco. De haber visto chinos de verdad por aquella 茅poca nos hubi茅ramos quedado contempl谩ndolos con la misma fascinaci贸n que ten铆amos por las huchas con cabeza de chino. En todos los colegios, escuelas, iglesias, hab铆a en permanente exposici贸n unas huchas que pretend铆an representar 鈥渦n chino鈥, incluso con sombrero chino y una raja en la cresta por donde se met铆an las monedas. 鈥淧ara los chinitos鈥. No conozco a nadie que osara preguntar de qu茅 chinitos se trataba y estaba fuera de nuestro alcance civilizatorio saber de la existencia de Mao-Tse-Tung y a煤n menos de algo parecido a la Rep煤blica Popular China. Eso s铆, d谩bamos en las clases de geograf铆a una isla que se llamaba Formosa, pero no pas谩bamos de ah铆.
Como no se pod铆a preguntar nada sin arriesgarse a un trompazo, nos hac铆amos entre nosotros c谩balas a prop贸sito 鈥渄el papel de plata鈥, pero nunca llegamos a plante谩rselo abiertamente a nadie. 鈥淓l papel de plata para los chinitos鈥 es uno de los secretos nunca desvelados de nuestra infancia.A煤n desconozco qu茅 demonios significaba, pero s铆 recuerdo concienzudamente en qu茅 consist铆a. Se trataba de que los ni帽os fu茅ramos haciendo bolas, cuanto m谩s grandes mejor, de 鈥減apel de plata鈥, que as铆 denomin谩bamos al papel de aluminio con el que se envolv铆an chocolatinas y alguna otra golosina.Como se disfrutaban muy de tarde en tarde, apenas si logr谩bamos que la bola de plata fuera m谩s grande que una canica. Pero 驴para qu茅 carajo quer铆an el 鈥減apel de plata鈥 y por qu茅 se dec铆a que era para 鈥渓os chinitos鈥?, es asunto que a煤n est谩 por dilucidar.
Entonces trabajaba los s谩bados pr谩cticamente todo el mundo, incluso en los colegios e institutos. En algunos casos quedaban las tardes sabatinas libres, tiempo que dedicaban los mayores a comprar. Hasta bien entrados los a帽os setenta del pasado siglo, el d铆a por excelencia de compra en el mercado, y me estoy refiriendo ya a Madrid, eran los s谩bados por la tarde. Los bares, por norma, no sol铆an cerrar ning煤n d铆a de la semana y se pod铆a desayunar a las siete de la ma帽ana sin necesidad de recorrer toda la ciudad. Las tiendas de ultramarinos pr谩cticamente estaban abiertas todos los d铆as, ma帽ana y tarde. Incluso los domingos hab铆a siempre alguna ama de casa olvidadiza que visitaba la casa de los due帽os de la tienda 鈥搒ol铆an vivir encima del negocio鈥 para proveerse de az煤car, harina o huevos; lo m谩s solicitado.
La aparici贸n del supermercado fue una conmoci贸n en la vida urbana de provincias. Significaba muchas cosas, y la m谩s importante es que era posible elegir; primer s铆ntoma de la abundancia. Antes el que escog铆a era el tendero, ahora lo hac铆a el comprador. Se ganaba tiempo, entre otras muchas cosas. El comercio es un elemento decisivo de civilizaci贸n y s贸lo somos conscientes de 茅l cuando falta o se limita. No olvidar茅 nunca una visita invernal a Nizhni N贸vgorod, la gran ciudad rusa donde se une el Oka con el Volga, la que hab铆a sido el gran mercado entre Oriente y Occidente, convertida en un decorado de ruinas desvencijadas. Malditos tiempos los nuestros, donde el 煤nico mercado del que se habla se reduce a la cristalizaci贸n de una estafa.
He vivido en una peque帽a ciudad de provincias la aparici贸n del primer sem谩foro 鈥搑ojo y verde, no hab铆a entonces posibilidad del amarillo鈥, la sustituci贸n de las ruedas de carro met谩licas por otras recubiertas de goma y luego el fin de los carros, el reparto de leche diario de las lecheras, la vida antes de que aparecieran los frigor铆ficos, las casas con inodoro pero sin ducha, los rituales de ba帽arse en grandes barre帽os de agua caliente, la corriente a 125, la cocina de carb贸n, el valor del pan, las repeticiones de las cenas 鈥渄e invierno鈥 y luego las 鈥渄e verano鈥, la obsesi贸n por el ahorro, y el 鈥渘unca tirar nada鈥 que convert铆a las habitaciones en anticuarios de chamariler铆a. Ocurri贸 hace menos de 50 a帽os.
Ninguna nostalgia, pero tampoco olvido y menos a煤n verg眉enza. En este pa铆s hay gente que trabaj贸 mucho. Tambi茅n hay gente que no trabaj贸 nunca. A煤n hace 40 a帽os los obreros espa帽oles llenaban por millares barracones inmundos en Alemania; recuerdo los cercanos a Mannheim. Se iban reformando las chabolas de Madrid y Barcelona, gracias a los geranios. Hab铆a un barrio en Bruselas donde se establec铆an los asturianos y buen parte de los letreros de las tiendas y bares imitaban los de Tur贸n o Mieres. El triple salto mortal de la nada a la miseria se podr铆a ilustrar sencillamente con la gastronom铆a. Ning煤n otro sitio, ni siquiera la banca, muestra tal colecci贸n de cuca帽eros. 隆Qu茅 lenguajes, qu茅 estilos, qu茅 dominio de la jerga!
Ahora que viene un puente festivo que coincide con el d铆a de la leyenda obrera, ser铆a bueno un apunte, casi nada, bastar铆a con un esquemita en la pizarra, ni siquiera exhibir un PowerPoint. 驴C贸mo se fue muriendo la clase obrera, entre el orgullo y el suicidio? 隆Intocable! 驴Cu谩nta gente, y no precisamente sindicalistas, viven de eso? Mientras exista el mito, importa un carajo que cada cual robe o estafe. Cuando el gran Solchaga, hoy asentado financiero, al que conoc铆 de asesor de UGT en Vizcaya, explic贸 que Espa帽a era un sitio ideal para hacerse rico, estaba demostrando que la v铆a m谩s r谩pida para consolidar la industria y el trabajo y el Estado de bienestar se reduc铆a a escapar de 茅l a la primera oportunidad. Abandonar una clase social es la mejor manera de superarla. De seguro que Marx lo deb铆a tener tan claro que por eso busc贸, sin 茅xito, un buen porvenir para sus hijas.
Ese chino que abre su tienda tantas horas como le dejen, que tiene atados al comercio a hijos, parientes y amigos de la aldea. El que ha tomado un bar gallego o catal谩n sin cambiar ni los carteles para evitar que se desconcierte la clientela, donde se apa帽a con el pulpo a feira, las paellas y los caf茅s cortados. Ese chino somos nosotros hace unas d茅cadas. Un respeto.
5,6 millones de personas, de Rafael Pampill贸n Olmedo en Expansi贸n
AN脕LISIS DE ACTUALIDAD
Seg煤n la Encuesta de Poblaci贸n Activa (EPA), publicada ayer, durante el primer trimestre de 2012 el n煤mero de desempleados aument贸 en 365.900 personas, por lo que el n煤mero de parados supera ya los 5,6 millones. Estos datos son un poco peores que los registrados en las Oficinas de Empleo, que muestran un aumento de 330.000 en el primer trimestre. Seg煤n la EPA, la tasa de desempleo subi贸 tambi茅n, situ谩ndose en el 24,4%, tres puntos m谩s que hace un a帽o. Es la tasa de paro m谩s alta de la historia de Espa帽a si exceptuamos el primer trimestre de 1994, en que se alcanz贸 el 24,6%. A esta mala noticia se une otra todav铆a peor: la econom铆a espa帽ola destruy贸 en el trimestre m谩s de 374.000 puestos de trabajo. Se trata de otra cifra r茅cord si se except煤an el cuarto trimestre de 2008 y el primer trimestre de 2009. En cuatro a帽os se ha producido una reducci贸n de m谩s de 3 millones de empleos. Por tanto, junto con el elevado nivel de paro, lo m谩s preocupante de la EPA, publicada ayer, es que contin煤a la p茅rdida de empleo.
Aumentan los desanimados
La EPA confirma tambi茅n la tendencia iniciada en el tercer trimestre de 2010: descenso del n煤mero de activos; es decir, hay menos personas que buscan trabajo. Aumenta el n煤mero de personas que se desaniman y buscan otras alternativas como pueden ser:
1) Establecerse en la econom铆a sumergida. La diferencia entre ocupados de la EPA (17,4 millones) y los afiliados a la Seguridad Social (16,9 millones), medio mill贸n de personas, es una muestra m谩s del empleo sumergido.
2) Replegarse en los hogares para hacer tareas dom茅sticas y producciones de autosuficiencia para el autoconsumo.
3) Si son extranjeros, volver a su pa铆s de origen; as铆, la EPA publicada ayer confirma la tendencia iniciada en el tercer trimestre de 2009 de descenso lento pero constante de poblaci贸n inmigrante ubicada en Espa帽a. M谩s de 26.000 en el primer trimestre.
4) Si son espa帽oles, abandonar el pa铆s para trabajar en el extranjero. En el 煤ltimo a帽o, el n煤mero de personas con nacionalidad espa帽ola que resid铆an en el extranjero tuvo un incremento del 6,7% (114.057 personas).
5) Formarse mejor para adaptarse a las nuevas demandas del mercado laboral.
Es evidente que la gente joven tiene m谩s facilidad tanto para formarse como para emigrar. Por eso, es muy preocupante el elevado paro juvenil, que vuelve a aumentar y que supera por primera vez el 52%. Se trata de m谩s de 921.800 j贸venes, entre 16 y 24 a帽os que quieren trabajar y no encuentran trabajo. A esto se unen otros dos datos: una ca铆da en el primer trimestre de m谩s de 111.000 ocupados en el colectivo de edad de 25 a 29 a帽os y otra de 74.400 en los que tienen entre 30 y 34. En una perspectiva de cinco a帽os la comparaci贸n es mucho peor. En 2007, Espa帽a ocupaba a 5 millones de personas entre los 16 y 29 a帽os y en el primer trimestre de 2011 la ocupaci贸n era solamente de 2,64 millones. Se ha producido, por tanto, una ca铆da de 2,36 millones. Destrucci贸n de empleo juvenil, que es el resultado de la explosiva combinaci贸n de sistema educativo ineficiente, falta de libertad en la negociaci贸n colectiva, salario m铆nimo alto, al menos para los j贸venes y elevadas cotizaciones a la Seguridad Social. La destrucci贸n de empleo y de poblaci贸n activa no s贸lo afecta a los j贸venes, sino tambi茅n a la poblaci贸n extranjera, sobre todo a la que trabajaba en el sector de la construcci贸n. Los ocupados extranjeros han disminuido en los tres 煤ltimos a帽os en m谩s de 750.000 personas y en el primer trimestre de 2012 la destrucci贸n de empleo inmigrante aument贸 en 87.000 puestos de trabajo; cantidad equivalente a la destrucci贸n de empleo en el sector de la construcci贸n (90.000) durante el trimestre. La tasa de paro inmigrante alcanz贸, adem谩s, su m谩ximo hist贸rico, situ谩ndose en el 37% de la poblaci贸n activa extranjera.
En este contexto, resulta curioso observar como siguen aumentando las remesas que se env铆an desde Espa帽a. Las remesas enviadas deber铆an haberse reducido tanto por la reducci贸n de la poblaci贸n inmigrante como por la ca铆da de la ocupaci贸n, as铆 como por el aumento del n煤mero de parados. Sin embargo, aumentaron porque sube el empleo inmigrante en la econom铆a informal.
La salida de la crisis
En resumen, en el primer trimestre la econom铆a espa帽ola continu贸 perdiendo empleo y lo hizo con mayor intensidad, lo que indica que al menos en el mercado de trabajo todav铆a no se aprecian signos de recuperaci贸n. Seguimos siendo golpeados por una crisis muy grave que vive uno de los momentos m谩s dif铆ciles de su existencia. La EPA, publicada ayer, confirma tambi茅n que durante el primer trimestre el PIB de la econom铆a espa帽ola se volvi贸 a contraer. Y para poner a la econom铆a otra vez en la senda del crecimiento y alcanzar en 2014 el PIB potencial es importante profundizar todav铆a m谩s en las reformas, tambi茅n en la del gasto p煤blico de las comunidades aut贸nomas y municipios.
Hay signos de recuperaci贸n: aumento de las exportaciones de bienes y servicios, mantenimiento de la cuota en las exportaciones mundiales (mientras que Estados Unidos, Alemania, Gran Breta帽a, Francia o Alemania pierden), mejora de la productividad y de la balanza tecnol贸gica e incremento en la creaci贸n de empresas. As铆, y seg煤n la EPA, durante el primer trimestre del a帽o se ha producido un aumento neto de 46.300 trabajadores aut贸nomos, 6.300 de ellos daban empleo a otras personas. Se nota, por tanto, una mejora de la competitividad que se produce y deber铆a seguir produci茅ndose en el futuro por la reducci贸n de los costes internos. En este sentido, desde 2008 los costes laborales unitarios se han reducido un 7%, en contraste con los aumentos registrados en Alemania, Francia, Italia o Irlanda.
Mientras tanto es indispensable: a) insistir en que los bancos de una sola vez limpien sus balances siguiendo las instrucciones que marca la Reforma Guindos, se conseguir谩 con ello la recuperaci贸n del cr茅dito y el crecimiento econ贸mico; y b) tener un Gobierno fuerte capaz de seguir aplicando una pol铆tica econ贸mica que genere a medio plazo la recuperaci贸n de los sectores m谩s competitivos y creadores de empleo duradero. Con ello se conseguir谩 devolver la confianza a los inversores: activo fundamental para salir de la crisis.
Rafael Pampill贸n Olmedo. Profesor del IE Business School y Catedr谩tico de Econom铆a Aplicada en la Universidad San Pablo-CEU.
Si Roosevelt supiese de la reforma laboral de Rajoy, de Francisco Caama帽o en El Pa铆s
TRIBUNA
La nueva norma desampara al trabajador y espera de 茅l que se porte como un h茅roe
Poco antes del d铆a D y el desembarco aliado sobre la playa Omaha en las costas de Normand铆a, se celebr贸 la XXVI Conferencia Internacional del Trabajo en la ciudad norteamericana de Filadelfia. El presidente Roosevelt decidi贸 recibir en la Casa Blanca a los delegados de la Conferencia que acababan de aprobar una Declaraci贸n fijando los objetivos program谩ticos de la OIT. Roosevelt les dijo: “Creo rotundamente que las generaciones futuras la considerar谩n un hito en la evoluci贸n del pensamiento mundial”. Hoy sabemos que la Declaraci贸n de Filadelfia, de 10 de mayo de 1944, fue decisiva para el advenimiento de la Carta de Naciones Unidas y la Declaraci贸n Universal de Derecho Humanos.
Frente al aprovechamiento abusivo de las necesidades ajenas y el desprecio a la dignidad de las personas en nombre del empleo y la eficacia productiva, la Declaraci贸n de Filadelfia fue, sobre todo, una alternativa 茅tica a los desmanes de la econom铆a de mercado y de la sociedad industrial del momento.
En un mundo en crisis se abr铆a paso la idea de que la equidad y la cohesi贸n social 鈥攑resupuesto de toda sociedad justa鈥 no solo ten铆an que estar presentes en el momento de procederse a la redistribuci贸n de la riqueza, sino tambi茅n en el de su creaci贸n. Por eso, el primero y m谩s conocido de los principios de la Declaraci贸n proclama que 鈥渆l trabajo no es una mercanc铆a鈥.
El “valor del trabajo” jam谩s debe confundirse con “los costes salariales”; el dumping social por el empleo es una pr谩ctica que ha de ser proscrita por contraria “a la dignidad, a la seguridad econ贸mica y a la igualdad de oportunidades” que siempre deben condicionar el derecho de todo ser humano a “perseguir su bienestar material”. Y finalmente, en nombre de la libertad individual, la ley nunca debe amparar la imposici贸n por el empleador de las condiciones de trabajo o consentir modificaciones unilaterales de la relaci贸n laboral.
La reforma laboral de Rajoy desconoce tan elementales principios. Introduce el despido sin causa justificada, permite al empleador bajar unilateralmente los salarios y cambiar las condiciones esenciales de trabajo alegando motivos econ贸micos vinculados a la producci贸n; y, por si no fuera suficiente, tambi茅n le indica el camino a seguir para “descolgarse” con comodidad del convenio colectivo.
Cuando el empleo es un bien muy escaso, los contratos de adhesi贸n encubren formas modernas de esclavitud. Te doy de comer, luego calla. La dignidad en el trabajo no es posible sin el reconocimiento de los principios de libertad en la contrataci贸n y de di谩logo y negociaci贸n de las circunstancias sobrevenidas. La reforma sustituye la libertad en el trabajo por la vieja y peligrosa idea del trabajo como presupuesto para la libertad.
Con el nuevo marco legal el empresario puede modificar unilateralmente las condiciones esenciales del contrato, incluido el salario, de suerte que al trabajador solo le queda o bien pedir su extinci贸n y cobrar una indemnizaci贸n que la reforma notoriamente reduce; o bien acudir al juez 鈥攐pci贸n que se convierte en una carga muy gravosa al suprimirse los salarios de tramitaci贸n para el despido objetivo鈥; o, por 煤ltimo, resistir en la humillaci贸n, consciente de que en un contexto de grave desempleo la dignidad no da de comer a la familia. La ley no solo desampara al trabajador sino que espera de 茅l que se comporte como un h茅roe.
En una econom铆a abierta los convenios colectivos evitan la competencia a la baja en las condiciones de trabajo y, por tanto, el abaratamiento especulativo de los derechos de los trabajadores. Sin negociaci贸n colectiva, la igualdad y la seguridad en el trabajo ser铆an una quimera. Nuestros constituyentes lo sab铆an y, por eso, lo garantizaron. A pesar de todo ello, la reforma autoriza al empresario a 鈥渄escolgarse鈥 del convenio en materias fundamentales para los trabajadores (rendimiento, cuant铆a salarial, jornada, horarios鈥) sin contar con su consentimiento.
Un 煤ltimo ejemplo: si la relaci贸n de trabajo tiene por l铆mite la dignidad, ninguna ley debe situar a un trabajador ante el dilema de tener que elegir entre poner en peligro su salud o arriesgar su empleo. La reciente reforma laboral as铆 lo hace, al considerar causa de despido dos bajas justificadas por enfermedad que sumen nueve d铆as en dos meses.
La derecha espa帽ola sostiene que medidas tan regresivas son imprescindibles para hacer frente a la dram谩tica situaci贸n de nuestro mercado de trabajo. Por su parte, las autoridades econ贸micas europeas ven oportuna la reforma a sabiendas de que su fin 煤ltimo es abaratar los salarios, lo que 鈥攅n su liberal criterio鈥 es imprescindible para que Espa帽a evolucione en la l铆nea m谩s conveniente para solventar los problemas vinculados a la deuda soberana que padecen los pa铆ses de la zona euro.
驴Se imaginan un Gobierno que derogase mediante decreto ley las normas que impiden la usura y los pr茅stamos abusivos, porque concurre una circunstancia econ贸mica excepcional que obliga a favorecer el consumo y potenciar la libertad de contrataci贸n en el mercado del cr茅dito?
Reformar no es adecuar la ley a una realidad econ贸mica socialmente injusta. Reformar es reaccionar frente a la injusticia. Franklin D. Roosevelt lo sab铆a.
Francisco Caama帽o es catedr谩tico de Derecho Constitucional y diputado del Grupo Parlamentario Socialista.
El desprestigio del funcionario, de 脌ngel Casti帽eira y Josep M. Lozano en La Vanguardia
Hace unas semanas, en un funeral, cuando se hizo el merecido elogio del fallecido se destac贸 algo as铆 como que hab铆a trabajado con gran compromiso y dedicaci贸n y, se a帽adi贸, 鈥渘o como un funcionario鈥. Hasta ah铆 pod铆amos llegar. Tenemos un problema. Un serio problema. Algo va mal, muy mal, cuando 鈥渇uncionario鈥 solo se usa como manera de insultar o descalificar a alguien. Una funcionaria de dedicaci贸n y convicci贸n 鈥損ero tambi茅n con buenas dosis de frustraci贸n鈥 comentaba no hace mucho que cuando su hija le planteaba c贸mo enfocaba sus estudios universitarios y su carrera profesional ella le dec铆a 鈥渟obre todo, no te hagas funcionaria鈥.
Tenemos no uno, sino dos problemas. Dos serios problemas. Por una parte, la consolidaci贸n del estereotipo sobre los funcionarios, como si fueran unos vagos y acomodados recalcitrantes. Y, en el contexto de la crisis actual, esto se adereza con el mensaje de que son unos privilegiados. Que hay fundamento emp铆rico para que seg煤n qu茅 valoraciones no cabe la menor duda, y no perderemos el tiempo en ello. Que algunas pr谩cticas sindicales no ayudan precisamente a disolver algunos estereotipos, tampoco lo negamos. Pero hay multitud de funcionarios con vocaci贸n y compromiso de servicio p煤blico desaprovechados y desanimados en una estructura de la administraci贸n p煤blica cuya reforma es una de las m谩s clamorosamente y reiteradamente incumplidas promesas electorales. Una administraci贸n en la que demasiado a menudo si trabajas bien no pasa nada, y si trabajas mal, tampoco. Los directivos y profesionales con vocaci贸n de servicio p煤blico en la administraci贸n p煤blica no son, como se dec铆a antes, ni vagos o maleantes ni 鈥揷omo se podr铆a deducir del CV de la mayor铆a de actuales ministros del Gobierno de Espa帽a鈥 pol铆ticos agazapados a la espera de o en transici贸n a cargos pol铆ticos. Pero la falta de reformas en la administraci贸n y la falta de reconocimiento y valoraci贸n del trabajo espec铆fico de directivos y profesionales con vocaci贸n de servicio p煤blico hace m谩s penosa y depresiva su situaci贸n y m谩s lacerante el uso de 鈥渇uncionario鈥 como forma de desconfianza, insulto o desprecio.
En los 煤ltimos tiempos, por ejemplo, se ha puesto de moda lamentarse hip贸critamente cuando algunas encuestas nos revelan que nuestros j贸venes preferir铆an ser funcionarios. No lo tenemos tan claro. Los j贸venes no quieren ser funcionarios: lo que quieren es tener un trabajo estable, que es muy distinto. Claro que hay quien confunde estable y garantizado de por vida, pero ante lo que est谩 cayendo algunas jeremiadas de opinador profesional no son m谩s que cinismo. 驴Tan irracional e irresponsable es que alguien aspire a un m铆nimo de estabilidad laboral? Y, claro, la gente mira a su alrededor y encuentra la estabilidad donde la encuentra. A煤n no hemos constatado nunca que alguno de los que se lamentan de que haya un n煤mero significativo de j贸venes que dice querer ser funcionario profiera este lamento desde una situaci贸n personal de precariedad e incertidumbre laboral. Algunos de quienes se lamentan son a su vez funcionarios.
Y frente al esc谩ndalo que les genera a algunos tama帽a insensatez juvenil, se contraponen los m铆ticos y mitificados valores que atesoran los emprendedores. Necesitamos potenciar, reforzar, facilitar y apoyar a los emprendedores. Sin ellos no saldremos de la crisis. Todo lo que sea crear condiciones para el desarrollo empresarial y emprendedor ser谩 poco. Pero reconocer todo lo anterior no nos debe hacer olvidar algo cada vez m谩s constatable: el discurso a favor del esp铆ritu emprendedor se est谩 usando como una forma de culpabilizaci贸n. Es como si se dijera a tanta y tanta gente: si las cosas no te van bien, tu ver谩s; a ver si espabilas, porque de ti depende todo. Hay que valorar, potenciar y reforzar el esfuerzo y la iniciativa, y combatir una cierta pasividad acomodaticia que siempre espera que venga alguien a resolverme los problemas. Pero no todo el mundo puede, quiere 鈥搉i debe鈥 ser emprendedor. Y hay que combatir la tendencia creciente a reducir los problemas sociales a (in)capacidades personales. Es como si la nueva ideolog铆a dominante consistiera en predicar que las cosas est谩n mal, pero que cada uno es el 煤nico culpable de lo que le pasa.
Pues bien (y para decirlo provocativamente): ojal谩 hubiera m谩s j贸venes que, de verdad 鈥損ero de verdad鈥, quisieran ser funcionarios. Porque aqu铆 es a donde quer铆amos llegar. El uso de 鈥渇uncionario鈥 como insulto y desprecio esconde y expresa el gran problema que tenemos entre manos: la desvaloraci贸n de lo p煤blico, de la orientaci贸n al bien com煤n y, m谩s concretamente, del servicio p煤blico. Y esto es algo que nunca nos deber铆amos permitir. Necesitamos una administraci贸n p煤blica m谩s 谩gil, eficiente, transparente, orientada a resultados, respetuosa con el ciudadano y a su servicio; con una actitud que no sea prepotente pero tampoco servil con el ciudadano, al que tambi茅n hay que educar en los deberes de una ciudadan铆a responsable y no reducirlo a ser un demandante insaciable de servicios p煤blicos. Todo esto requiere algo fundamental: el reconocimiento, la valoraci贸n, la promoci贸n y el prestigio del servicio p煤blico, de los servidores p煤blicos, de los鈥 funcionarios.
El uso generalizado y peyorativo de 鈥渇uncionario鈥 como un arma de desprestigiomasivo no es m谩s que un est煤pido modo de erosionar y disolver nuestra propia condici贸n de ciudadanos.
脌ngel Casti帽eira y Josep M. Lozano, profesores de Esade (URL).
Por qu茅 la reforma laboral es tan necesaria, de Guillermo de la Dehesa en El Pa铆s
LA CUARTA P脕GINA
Esta propuesta de reforma es, con gran diferencia, la que m谩s ha avanzado en conseguir la necesaria flexibilidad externa, reduciendo costes de despido, e interna, permitiendo reducciones de horas de trabajo, de salarios y restructuraciones de puestos de trabajo
El mayor fracaso de la econom铆a espa帽ola durante su etapa democr谩tica ha sido su elevada y persistente tasa de desempleo. En las tres d茅cadas transcurridas desde el Estatuto de los Trabajadores de 1980 hasta 2010, la tasa promedio de desempleo espa帽ola ha sido del 14.5%, 1,7 veces superior que la UE a 15, cuyo promedio ha sido del 8,5% y 1,6 veces mayor que el 谩rea euro a 12 que ha sido del 9,2%.Y ello a pesar de que el PIB espa帽ol ha crecido en las tres d茅cadas a un promedio del 2,6% frente al 2,2% de la UE a 15 y al 2,1% del 谩rea euro a 12.
Estas enormes diferencias han aumentado con la reca铆da actual. En diciembre 2011, la tasa de desempleo espa帽ola alcanzaba el 23,6%, 2,2 veces mayor que el 10, 8% del 谩rea euro y la tasa de desempleo en los j贸venes de 16 a 24 a帽os alcanzaba ya el 50%, 2,4 veces mayor que el 21,6% del 谩rea euro.
En estas tres d茅cadas, ni los agentes sociales han conseguido negociar una soluci贸n a tan grav铆simo problema, ni ning煤n gobierno se ha atrevido a realizar un cambio tan profundo del mercado laboral y de la negociaci贸n colectiva como el planteado ahora por el actual gobierno. Esta propuesta de reforma es, con gran diferencia, la que m谩s ha avanzado en conseguir la necesaria flexibilidad externa, reduciendo costes de despido, e interna, permitiendo reducciones de horas de trabajo, de salarios y restructuraciones de puestos de trabajo, antes que forzar las empresas al cierre y al despido.
Prueba palpable y reciente de la necesidad de la reforma es que los convenios suscritos por los agentes sociales han permitido que los salarios reales hayan seguido aumentando durante el per铆odo 2008-2010, mientras la tasa de empleo ca铆a 10 puntos porcentuales.
Sin embargo, es una reforma que puede ser mejorada en su tramitaci贸n parlamentaria ya que deber铆a haber eliminado definitivamente los contratos temporales, as铆 como los innumerables indefinidos existentes, dejando s贸lo un indefinido a tiempo completo con costes de despido crecientes con los a帽os de servicio hasta alcanzar la media del 谩rea euro y otro indefinido a tiempo parcial que fomente seriamente la escasa contrataci贸n a tiempo parcial (13% frente al 22% de la UE). Asimismo, deber铆a haber incorporado el modelo austriaco.
Los contratos temporales han creado un mercado de trabajo dual donde los trabajadores mayores, con contratos indefinidos, no eran despedidos porque costaban 45 d铆as por a帽o de servicio, mientras que los j贸venes, con contratos temporales, pod铆an ser despedidos con un coste entre 0 y 8 d铆as. As铆, 85% de los contratos firmados durante los a帽os de auge hasta 2007 fueron temporales y una proporci贸n similar de los despedidos durante la recesi贸n tambi茅n lo han sido. Los temporales han sido la 鈥渧谩lvula de escape鈥 del sistema laboral dual.
Adem谩s, esta dualidad ha reducido todav铆a m谩s la flexibilidad salarial ya que, mientras que los j贸venes con contratos temporales eran despedidos, a pesar de su mayor cualificaci贸n, los mayores presionaban sus salarios al alza en la negociaci贸n colectiva, al ser la gran mayor铆a de los afiliados a los sindicatos. As铆, en 2011, la tasa de desempleo de los trabajadores de 16 a 30 a帽os era tres veces superior a la de los mayores de 31 a帽os.
Es decir, la rigidez de los salarios reales a la baja y la inflexibilidad externa e interna en las empresas est谩 determinada por la actual estructura del empleo y de la negociaci贸n colectiva dominada por los insiders a costa de los outsiders. Dicha rigidez ha hecho que Espa帽a pierda competitividad frente al resto del 谩rea euro ya que, entre 2000 y 2008, su crecimiento del coste laboral por hora trabajada fue del 39,7%, frente a un 25% del 谩rea euro y aunque ha ca铆do entre 2008 y 2010, s贸lo ha sido un 0,8%, haciendo que los costes laborales unitarios, incluyendo productividad, hayan aumentado un 30.4%, frente al 15,8% del 谩rea euro.
Adem谩s, Espa帽a es el pa铆s de la UE que ha experimentado un mayor aumento del PIB por trabajador desde 2008, por tener la mayor tasa de destrucci贸n de empleo de la UE, aunque parte de dicha destrucci贸n haya sido tambi茅n debida al estallido de la burbuja del empleo en la construcci贸n.
La evidencia emp铆rica muestra que elevadas tasas de desempleo tienden a moderar o reducir los salarios, al perder los trabajadores poder negociador o al verse motivados a trabajar m谩s, como muestra la 鈥淐urva de Phillips鈥. Sin embargo, dicha curva es m谩s plana en Espa帽a ya que los temporales pagan, con sus despidos y desempleo, tanto las mayores demandas salariales de los indefinidos como la indexaci贸n semi-autom谩tica de los salarios con la inflaci贸n y no con la productividad.
De ah铆 que la ca铆da de la producci贸n haya generado la mayor tasa de desempleo de toda la UE y la quiebra de numerosas empresas. El 14% del total de empresas dadas de alta en la Seguridad Social en 2007 han causado baja, en su gran mayor铆a pymes con menos de 10 empleados, mostrando que han sido forzadas a ajustarse por cantidades de empleo en lugar de por salarios y horas de trabajo.
En el conjunto de la UE, la ca铆da de la producci贸n y la del empleo han alcanzado porcentajes similares, representando Francia la media, siendo elevada la dispersi贸n entre sus Estados miembros. De nuevo, el caso extremo ha sido el de Espa帽a que, con una ca铆da del PIB similar a la de Italia, ha destruido cinco veces m谩s empleo que este 煤ltimo pa铆s, lo que es realmente escandaloso.
Asimismo, existe una correlaci贸n entre mayor tasa de desempleo y mayor necesidad de austeridad fiscal. Espa帽a no tiene tanto un problema de exceso de deuda soberana, es decir, de stock (como Italia), como de exceso de d茅ficit fiscal, es decir, de flujo. Pero tampoco tendr铆a este 煤ltimo de no ser por el 4% del PIB que cuestan cada a帽o las prestaciones por desempleo, que han sido cotizadas previamente, m谩s los subsidios de desempleo para los desempleados sin prestaci贸n.
Dicha austeridad requiere tambi茅n ajustes entre sectores productivos para redistribuir capital y trabajo de forma m谩s eficiente, que tampoco permite el actual sistema laboral. De no haberse alcanzado tan monumental tasa de desempleo, Espa帽a habr铆a podido cumplir los d茅ficit del 6% del PIB en 2011 y el 4,4% del PIB en 2012.
Sin embargo, Espa帽a tiene un problema de stock de deuda privada por lo que familias y empresas deben des-apalancarse, tanto para reducir el stock de deuda privada que, siendo el 100% del PIB en 2000, lleg贸 al 300% en 2008 y hoy todav铆a alcanza el 227% del PIB, como para reducir el stock de cr茅dito, que siendo del 80% del PIB en 2000, alcanz贸 el 175% en 2008 y hoy todav铆a es del 155% del PIB.
Finalmente, la salida de las recesiones se ha retrasado siempre por la excesiva ca铆da del empleo. En las de 1973-74 y 1979-81, debidas a las fuertes subidas del precio del petr贸leo, el empleo estuvo cayendo durante 8 a帽os y tard贸 13 a帽os en volver a su nivel de 1972. En la recesi贸n de 1993-94, el empleo cay贸 2,3 a帽os seguidos y tard贸 5,5 a帽os en recuperar su nivel de 1992. En la recesi贸n actual el empleo lleva cayendo 4 a帽os y podr铆a quiz谩 seguir cayendo 2 a帽os m谩s. 驴Cu谩ndo recuperar谩 al nivel de 2007?
Guillermo de la Dehesa es presidente del Centre for Economic Policy Research, CEPR.
Constituci贸n y reforma laboral, de Federico Dur谩n en Cinco D铆as
El autor recuerda que la Carta Magna no consagra un modelo preciso de relaciones de trabajo y advierte del peligro de instrumentalizar el texto como arma arrojadiza en el debate sobre la reforma laboral
La reforma laboral ha dado lugar, como no pod铆a ser menos, a un encendido debate en el que las opiniones acad茅micas y las de los protagonistas de las relaciones laborales han marcado la pauta, pero en el que no han faltado posicionamientos judiciales (pero 驴los jueces no hablaban solo a trav茅s de sus sentencias?) ni de cuerpos administrativos con competencias en la materia (pero 驴los funcionarios no han de limitarse al cumplimiento de la ley, sirviendo con objetividad los intereses p煤blicos expresados en la misma?), que tratan de influir tanto en el desarrollo del debate parlamentario sobre el proyecto de ley como en la posterior aplicaci贸n de las previsiones normativas.
Hasta aqu铆 nada que llame la atenci贸n, a salvo de los interrogantes apuntados. Lo que quiero poner ahora bajo el foco es la apropiaci贸n que de la Constituci贸n se lleva a cabo por parte de algunos de los participantes en estos debates.
En efecto, los detractores de la reforma, incluidos algunos sindicalistas convertidos de repente en finos juristas y en ex茅getas constitucionales, no se limitan a manifestar su discrepancia pol铆tica o t茅cnica con sus contenidos, sino que la descalifican globalmente por contraria a la Constituci贸n. Se erigen, as铆, ciertos sectores del pensamiento social, en guardianes de la Carta Magna que, en su opini贸n, consagrar铆a un modelo preciso de relaciones laborales que con la reforma se estar铆a violentando.
Creo que este es un planteamiento peligroso, inmaduro y, parad贸jicamente, poco respetuoso de la Constituci贸n. La nuestra, como la generalidad de las Constituciones democr谩ticas, no consagra un preciso modelo de relaciones laborales que solo resulte compatible con una determinada pol铆tica econ贸mica y social. Si as铆 fuera, se tratar铆a de una Constituci贸n inservible y habr铆a que modificarla urgentemente. Todas las Constituciones deben soportar bien las que se han llamado terapias ortop茅dicas y todas deben ser susceptibles de acoger planteamientos pol铆ticos diferenciados, y permitir, bajo su mandato, pol铆ticas econ贸micas y sociales diversas. Existen limites insoslayables (en lo social, el papel de sindicatos y asociaciones empresariales, la libertad sindical, el derecho de huelga y el de negociaci贸n colectiva, la libertad de empresa en el seno de la econom铆a de mercado), pero el terreno de juego, dentro de los mismos, debe ser lo suficientemente amplio como para permitir el libre juego de las opciones pol铆ticas y planteamientos legislativos acordes con las mismas.
Elaborar un modelo de relaciones laborales y sociales, interpretar la Constituci贸n a la luz de dicho modelo y descalificar a ra铆z de ello cualquier otro alternativo no equivale a decir que el mejor destino de las urnas es ser rotas, pero le falta poco. Debemos dejar la Constituci贸n para marcar los l铆mites del terreno de juego, com煤nmente aceptados, y no hacer de ella, previa apropiaci贸n indebida de sus mandatos, un arma para el debate pol铆tico y social con la que impedir opciones leg铆timas y respetuosas de los l铆mites constitucionales.
Fij茅monos en la formidable maniobra de supercher铆a que se trata de vender en torno a dos puntos concretos: el derecho al trabajo y el derecho a la negociaci贸n colectiva. El derecho al trabajo forma parte de los derechos y deberes de los ciudadanos (no es por tanto un derecho de los trabajadores en cuanto tales) y se incluye en un art铆culo cuya primera parte proclama el deber de trabajar. Extraer de la escueta proclamaci贸n constitucional consecuencias interpretativas, concretas y precisas, en relaci贸n con el r茅gimen jur铆dico del despido, equivaldr铆a a considerar que el deber de trabajar impone la retirada de las prestaciones por desempleo a quienes rechacen una sola oferta de trabajo, o justifica la imposici贸n de prestaciones personales a cualesquiera ciudadanos. Tambi茅n la Constituci贸n proclama el derecho de todos los espa帽oles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, y a nadie se le ocurre pensar (espero) que eso faculta a un ciudadano que carezca de vivienda a exigir a otro, propietario de varias, que le ceda una. Como tampoco un ciudadano sin trabajo puede exigir de otro que le facilite un puesto de trabajo. Los derechos constitucionales de los ciudadanos son ejercitables frente a los poderes p煤blicos, y deben servir de gu铆a para valorar las pol铆ticas en relaci贸n con las materias correspondientes, pero no pueden inspirar concretas regulaciones de las relaciones contractuales entre particulares. No debemos manosear la Constituci贸n ni usar su nombre en vano para blindar las propias posiciones y negar legitimidad a las contrarias. Y hemos de terminar de una vez con el papanatismo, propio de reci茅n llegados a la democracia, de los convenios internacionales (muchos de ellos suscritos por pocos Estados y respetados por menos) y de su interpretaci贸n fundamentalista.
Y lo mismo, corregido y aumentado, sucede con la negociaci贸n colectiva. La Constituci贸n se limita a proclamar que la ley garantizar谩 el derecho a la negociaci贸n colectiva laboral as铆 como la fuerza vinculante de los convenios. Dicho precepto no contiene ning煤n r茅gimen jur铆dico de la negociaci贸n colectiva, cuya determinaci贸n corresponde al legislador. Y este no tiene m谩s condicionamiento que el de garantizar que exista negociaci贸n colectiva, esto es la posibilidad de contrataci贸n colectiva y no meramente individual de las condiciones de trabajo, as铆 como la fuerza vinculante de los convenios, lo que no implica otra cosa que la supremac铆a del contrato colectivo sobre los individuales existentes en su 谩mbito de aplicaci贸n. Ni la Constituci贸n dice que el convenio tenga que tener la consideraci贸n de norma jur铆dica, violentando su naturaleza contractual, ni eficacia general m谩s all谩 de los sujetos representados por los negociadores, ni, mucho menos, que tenga que seguir siendo de aplicaci贸n una vez terminada su vigencia. Resulta curioso, por lo dem谩s, c贸mo un modelo corporativo de convenio (una de esas venganzas p贸stumas de los reg铆menes fascistas) trata de encajarse como contenido exigido por el texto constitucional. Dejemos a la Constituci贸n tranquila, que marca un espacio de convivencia que nos ha costado mucho conseguir, y discutamos las opciones de pol铆tica legislativa abiertamente y con plena libertad, sin buscar trampas dial茅cticas ni descalificaciones de opciones pol铆ticas discrepantes.
Federico Dur谩n. Catedr谩tico de Derecho del Trabajo. Socio de Garrigues.
