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Medio ambiente y pol铆tica, de Alfonso Egea de Haro en P煤blico
El fr铆o mensaje que transmiti贸 la cumbre sobre el clima de Copenhague parece haberse instalado en este largo invierno. La aspiraci贸n de conseguir un acuerdo vinculante entre los Estados queda hoy muy lejana. Pero m谩s lejana, si cabe, est谩 la apuesta por un nuevo modelo de desarrollo basado en una econom铆a m谩s ecol贸gica.
Las previsiones acerca del incremento de la poblaci贸n privada de acceso a agua potable, unos 3.000 millones de personas en 2025, la progresiva sustituci贸n de cultivos por la producci贸n de combustibles o la reducci贸n de la biodiversidad no son elementos que se est茅n considerando en el dise帽o de la estrategia que nos saque de la crisis. El cambio de modelo energ茅tico no es previsible cuando entre 800 y 1.000 plantas de carb贸n se encuentran en planificaci贸n o construcci贸n y cuando el carb贸n puede convertirse en la fuente de energ铆a de mayor crecimiento, como reacci贸n a un eventual incremento de los precios del petr贸leo y el gas natural. Y es que la crisis econ贸mica actual convierte cualquier ejercicio de prospectiva en algo insustancial, y cualquier acci贸n pol铆tica, en ut贸pica.
Podemos decir entonces que, si bien somos cada vez m谩s conscientes y responsables del problema, esto no es suficiente para desarrollar un modelo de econom铆a ecol贸gica. Y no es por falta de proyectos. DESERTEC es uno de ellos. Mediante la construcci贸n de una red de centrales termosolares, parques e贸licos y otras fuentes de energ铆a renovables en el Norte de 脕frica y Oriente Medio, este proyecto pretende abastecer, en 2050, el 15% de la demanda energ茅tica de Europa, as铆 como dos tercios de la demanda de los pa铆ses del Norte de 脕frica y Oriente Medio. Se trata de un proyecto que exige la cooperaci贸n de un buen n煤mero de pa铆ses en el arco mediterr谩neo y que est谩 siendo emulado en el 谩rea del Pac铆fico. Como se帽ala Gerhard Knies, presidente de DESERTEC, los desiertos reciben en seis horas tanta energ铆a solar como el consumo de toda la humanidad en un a帽o.
Sin embargo, cuando este mensaje se traduce en cifras 鈥搖nos 400.000 millones de euros鈥, las dudas sobre su viabilidad econ贸mica lo condenan a la utop铆a. No obstante, para saber lo que esta cifra representa, debemos considerar otros factores adicionales, como la desigual distribuci贸n de la riqueza que ocasiona el modelo energ茅tico basado en el petr贸leo. Seg煤n estimaciones del McKinsey Global Institute, los valores extranjeros en posesi贸n de los pa铆ses del Golfo alcanzaron los 1,9 billones de d贸lares a finales de 2006, lo que supone aproximadamente el PIB conjunto de Brasil e India. A nadie escapa, con lo que estamos aprendiendo de esta crisis, el potencial impacto que tienen estos fondos en los mercados internacionales.
Por ello el desarrollo de un modelo energ茅tico alternativo no es una opci贸n que se deba evaluar exclusivamente a partir de la inversi贸n econ贸mica inicial. La capacidad de las energ铆as renovables para articular nuevos ejes de cooperaci贸n entre pa铆ses debiera ser tambi茅n parte del estudio de viabilidad. Las bases de una econom铆a ecol贸gica dependen, pues, del mayor protagonismo de estas fuentes de energ铆a en la pol铆tica exterior de los estados, y no tanto del compromiso internacional por luchar contra el cambio clim谩tico en un futuro m谩s o menos lejano.
Alfonso Egea de Haro. Profesor de Ciencia Pol铆tica.
El mercado de carbono madura a golpes, de Guillermo Escribano en Expansi贸n
El mercado de carbono ha madurado antes de tiempo. Las consecuencias de la recesi贸n econ贸mica en la industria, los vaivenes en el precio del petr贸leo y del carb贸n, el esc谩ndalo de los fraudes del IVA y la entrada masiva de especuladores y br贸keres han forzado a la bolsa de di贸xido de carbono (CO2) a perder la inocencia.
Este mercado es uno de los mecanismos de reducci贸n de emisiones que se plante贸 en el Protocolo de Kioto. La UE fija un tope de contaminaci贸n para cada Estado miembro en toneladas de CO2. Despu茅s, cada regi贸n reparte esas toneladas de derechos entre las distintas industrias. Cada f谩brica o instalaci贸n puede emitir un n煤mero prefijado y, si supera esa cota, tiene que comprar derechos a otras que no alcancen el techo. Es un mercado artificial para forzar a las compa帽铆as a que sean menos contaminantes.
Esta bolsa ha vivido un agitado 2009. En primer lugar, las industrias que forman parte del segundo Plan Nacional de Asignaci贸n de emisiones, que caduca dentro de dos a帽os, se han visto muy afectadas por el par贸n econ贸mico.
En concreto, los sectores vinculados a la construcci贸n como las cementeras, los ladrilleros y los azulejeros, entre otros, han sufrido colapsos de producci贸n superiores al 60%. Esto ha implicado un gran ahorro de emisiones y la entrada masiva de derechos en el mercado, apuntan los analistas de SendeCO2, la bolsa espa帽ola de derechos.
Fuentes renovables
Adem谩s, el sector el茅ctrico, el m谩s afectado por este comercio, ha seguido reduciendo sus emisiones respecto a los 煤ltimos a帽os: un 36% comparado con el pico de 2005. Al frenazo de la industria hay que sumar, en este caso, el amplio desarrollo de las fuentes de generaci贸n renovable, que en 2009 representaron el 30% de la demanda de electricidad.
Sin embargo, las firmas energ茅ticas mantienen un alto nivel de demanda en la bolsa de carbono porque sus emisiones reales est谩n un 45% por encima de su asignaci贸n y porque, a partir de 2013, dejar谩n de recibir derechos gratuitos. Estas compa帽铆as est谩n haciendo un acopio de derechos para no darse un atrac贸n de compra a partir de ese a帽o y hasta 2020.
En segundo lugar, 2009 ha sido el ejercicio de los especuladores financieros. M谩s del 80% del negocio generado en este mercado ha procedido de bancos e inversores, y poco han tenido que ver los denominados participantes de obligado cumplimiento, esto es, las industrias. Seg煤n SendeCO2, el sector financiero tiene una gran influencia en la formaci贸n del precio del CO2 por la liquidez que proporcionan, soportando los precios cuando el sector energ茅tico no est谩 activo.
Fraude del IVA
En tercer lugar, el mercado se vio sacudido por la sospecha de fraude en la liquidaci贸n del IVA por parte de algunos participantes durante la segunda mitad del a帽o. Este hecho provoc贸 que las bolsas y principales participantes europeos incrementasen los niveles de seguridad frente a potenciales clientes poco fiables, estableciendo nuevos patrones de acceso a la bolsa.
En cuarto lugar, existe una relaci贸n directa entre el precio del petr贸leo y el del derecho de emisi贸n. En los meses de junio, septiembre y noviembre, durante los que el precio del petr贸leo lleg贸 a sus niveles m谩s altos del a帽o, el precio del CO2 tambi茅n alcanz贸 sus topes m谩ximos. En cambio, el comportamiento es inverso en relaci贸n con el carb贸n. Es decir, cuando sube el carb贸n, baja el precio de las emisiones por el efecto del precio interruptor y, consecuencia, integra al mercado de derechos en el universo de las commodities.
Un a帽o de transici贸n
El ejercicio 2010 es de transici贸n. Las esperanzas de los inversores est谩n depositadas en la COP16 que se llevar谩 a cabo en Canc煤n, la cumbre sucesora de la fracasada Copenhague. El mercado se muerde las u帽as mientras espera que los pol铆ticos firmen un acuerdo vinculante que fije metas de reducci贸n de emisiones ambiciosas para los pr贸ximos a帽os.
Los analistas de SendeCO2 apuntan un incremento de precios del carbono a partir de la segunda mitad del ejercicio y, a principios de 2011, donde, por otra parte, deber谩n empezar a realizarse las primeras subastas para asignar derechos a las compa帽铆as a茅reas que se incorporar谩n al sistema de comercio de emisiones el 1 de enero de 2012.
Prevenci贸n y cabos sueltos, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia
Anthony Giddens, que fue el gur煤聽 inicial de Tony Blair, escribi贸 con tino sobre la asunci贸n y gesti贸n de riesgos en la vida p煤blica. Si mal no recuerdo, defend铆a el equilibrio entre la actuaci贸n y la inacci贸n (no hay problema grave que no se resuelva a base de no hacer otra cosa que dejar transcurrir el tiempo). Tolstoi, el fatalista, maestro de la inexorabilidad de los grandes avatares que conforman la existencia colectiva, predicaba que poco o nada podemos hacer ante las grandes corrientes, que nos arrastran sin que valgan la libertad o la voluntad. Mi experiencia limitada de patr贸n y amigo de muy experimentados navegantes, lejos de dar la raz贸n a uno u otro, anota que en cualquier caso m谩s vale prevenir. Siempre recordar茅 la historia de un navegante solitario que, remontando un severo temporal a vela y con ayuda del motor, dej贸 una driza no del todo asegurada, un golpe de mar se la llev贸 al agua sin que lo advirtiera y, como es natural el cabo se le enroll贸 en la h茅lice, por lo que pas贸 dos d铆as de indecible sufrimiento, sin electricidad a bordo y sin poder entrar en puerto, ya que el viento era demasiado duro para maniobrar a vela. En conclusi贸n preliminar, cuantos menos cabos sueltos, mejor.
Andamos poco acostumbrados a sufrir los rigores de la climatolog铆a. Faltos de memoria, en cuanto salimos de una situaci贸n adversa presumimos que no volver谩 a suceder, y como en efecto tarda lo suyo en repetirse, y nunca de forma igual o ni siquiera parecida, siempre nos pilla desprevenidos, como si fuera la primera vez, como si los elementos tuvieran la obligaci贸n de mostrar su cara m谩s amable sin excepci贸n. No sucede as铆. La naturaleza, en principio amable, es voluble, propensa a dejar que nos confiemos para descargar su furia cuando menos lo esperamos. 驴Significa ello que no debemos invertir en previsi贸n? As铆 lo consideran algunos fan谩ticos del carpe d铆em, pero siguiendo sus razonamientos tampoco deber铆an existir las normativas de construcci贸n antis铆smica o contra incendios (a fin de cuentas, se producen tan pocos). As铆 lo consideran y lo seguir谩n considerando hasta que ellos o alguien pr贸ximo sufran las consecuencias, deseemos que no muy nefastas, de la imprevisi贸n.
Pocas horas antes de que ustedes lean estas l铆neas, o puede que incluso en este momento, sigue habiendo decenas de miles de conciudadanos sin electricidad, sin productos de primera necesidad, sin dinero porque bancos y cajeros no funcionan, sin combustible para calentarse, cocinar o salir en direcci贸n opuesta a las penalidades que se ven obligados a soportar. Ante ello, los responsables pol铆ticos muestran buenos deseos y se aprestan a interceder. Si de veras estuvieran al servicio de la sociedad y no de quienes abusan de los monopolios o sus posiciones de dominio, en vez de amenazar con multas, que pagaremos los consumidores, deber铆an legislar a fin de castigar a los responsables de dejarnos sin los servicios y suministros b谩sicos. Seguro que esto no volver铆a a suceder. Como m铆nimo, el Parlament podr铆a aprobar una tabla de cuantiosas indemnizaciones de las compa帽铆as a los perjudicados, de modo que el coste de dejar a los abonados en la estacada fuera superior al beneficio de no invertir en el correcto mantenimiento de las redes y sistemas de suministro. Ya ver谩n como nada parecido figura, descartadas las iniciativas gubernamentales, en los programas electorales de los partidos. 驴Al servicio de qui茅n est谩n? No, desde luego, de sus votantes.
Confiar en la buena estrella es un modo bastante est煤pido de convocar la desgracia. He dedicado los 煤ltimos fines de semana a caminar por Collserola. El bosque sigue impracticable, con miles y miles de 谩rboles ca铆dos hace m谩s de un a帽o, am茅n de abundant铆sima vegetaci贸n bajo cables de alta tensi贸n. Es yesca para el pavoroso incendio del pr贸ximo verano, o el siguiente o el otro. Los medios con que cuentan los responsables son a todas luces insuficientes, pero desde los despachos se dedican las energ铆as a ampliar el parque en vez de dotarlo para que se gestione mejor (o traspasarlo por entero a la Diputaci贸n de Barcelona, excelente gestora en este y otros menesteres). Valga este ejemplo como uno de tantos -la relaci贸n completa no est谩 a mi alcance pero seguro que es interminable- en los que la falta actual de previsi贸n es causa inexorable de futuras desgracias.
Hora es de potenciar las redes sociales. Por desgracia, no basta la acci贸n de los medios de comunicaci贸n. Es la propia ciudadan铆a la que debe organizarse y prepararse mejor en un doble sentido. Por una parte, en la detecci贸n de peligros y la exigencia de medidas de previsi贸n. Por la otra, en las reacciones y actuaciones para cuando sobrevenga la desgracia. Contando con la escasa probabilidad de que los responsables est茅n en sus puestos y cuenten con los efectivos imprescindibles, s贸lo a trav茅s de la autoorganizaci贸n podremos afrontar las emergencias. Por lo pronto, deber铆amos todos proveernos de cadenas para los coches, de extintores, sistemas propios de generar electricidad, y un peque帽o etc茅tera.
Como las torres de Endesa, de Antoni Puigverd en La Vanguardia
De repente, muchos pol铆ticos y comentaristas han descubierto que la sociedad es pasiva y consentida, se niega a aceptar la cara fea de la realidad y exige a la administraci贸n que resuelva en un periquete cualquier dificultad. “隆La ciudadan铆a es una criatura malcriada!”, exclaman amargamente. La sociedad en la que todos los derechos son exigibles, pero ning煤n deber parece necesario es, ciertamente, una sociedad d茅bil e infantilizada, incapaz de enfrentarse a una realidad que, con nieve o sin ella, est谩 cada vez m谩s chunga y lo ser谩 durante a帽os. No quitaremos la raz贸n a los que de repente han descubierto la importancia del compromiso de cada ciudadano en la vida p煤blica, pero, aunque sea en forma de ben茅fica purga, tendr谩n que tragarse los sapos monstruosos que contribuyeron a crear. 驴Qui茅n halag贸 por sistema todas las quejas hasta convertirlas en la 煤nica manera de conectar con gentes y territorios? 驴Qui茅n convirti贸 el Estado de bienestar en un campeonato de promesas de protecci贸n sin contraprestaci贸n? 驴Qui茅n transform贸 por vez primera los desastres naturales en un ariete pol铆tico? 驴Se acuerdan ahora de c贸mo aprovecharon el chapapote? 驴Y de la nevada del 2001? De aquellos polvos vienen estos lodos.
La nevada ha puesto en evidencia una cadena de errores que tienen su origen en una manera instrumental de entender la gobernanza. Gobernar es ocupar sillas. Este sistema s贸lo funciona cuando el viento sopla a favor. Si las cosas se tuercen, ense帽a obscenamente las verg眉enzas. Fall贸 desde el primer momento la comunicaci贸n del Govern. No s贸lo porque, en la 茅poca del m贸vil, informaba de lo que todo el mundo ya sab铆a, sino tambi茅n porque aquella informaci贸n dejaba fuera a muchos ciudadanos que pasaron la noche en completa orfandad. La nevada ha demostrado que no existe en Catalunya (ni en Espa帽a) algo que pueda denominarse seriamente “protecci贸n civil”. Una verdadera organizaci贸n que vincula en una misma red a todas las administraciones y al voluntariado, una organizaci贸n capaz de autoorganizarse cuando la excepcionalidad lo exige, aqu铆 no existe. Tampoco existe (y aqu铆 los medios de comunicaci贸n debemos entonar muy alto el mea culpa) un verdadero control de las grandes compa帽铆as de servicios. Es c铆nico hablar ahora de la MAT. Endesa ha fallado (dejando tirados durante d铆as y d铆as a miles de personas en lo m谩s crudo del crudo invierno) porque su l铆nea de alta tensi贸n s贸lo aguanta en condiciones de normalidad: los consumidores de Girona sufren en sus carnes las inversiones m铆nimas de la compa帽铆a. 驴Bajo el imperio de sociedades fr铆volas, se exige paciencia y sufrimiento ciudadanos? 驴Pol铆ticos que anteponen su inter茅s al proyecto de pa铆s piden sangre, sudor y l谩grimas? En nuestra sociedad nadie tiene autoridad moral. Consiguientemente, en el momento de la verdad, la energ铆a social se hunde, doblando el espinazo como las torres de Endesa.
Del calentamiento global al gobierno mundial, de Rafael Domingo Osl茅 en El Mundo
TRIBUNA: POL脥TICA
El autor pide que la constituci贸n de una futura autoridad internacional no nazca de la respuesta al cambio clim谩tico. Sostiene que los intereses de las grandes corporaciones energ茅ticas desvirtuar铆an la acci贸n frente a otras amenazas
La cuesti贸n del cambio clim谩tico antropog茅nico ha superado con creces la barrera de lo cient铆fico para entrar de lleno en el terreno pol铆tico, cuando no en lo criminal, como se ha puesto de manifiesto en el reciente caso del Climategate.
A estas alturas, el global warming es ya una evidencia cient铆fica, corroborada por las dos olas de fr铆o del g茅lido invierno americano. Sin embargo, existen datos suficientes para sospechar que, detr谩s del mu帽ido cambio clim谩tico, se esconden intereses geopol铆ticos, econ贸micos y financieros a corto, medio y largo plazo. Quien s贸lo ve en la guerra un mero conflicto armado entre dos partes enfrentadas, capta, por supuesto, la esencia de ella, pero no advierte el oc茅ano de matices pol铆ticos, diplom谩ticos y econ贸micos que la provocan y, a veces, la prolongan innecesariamente. Algo parecido podr铆a ocurrir con el cambio clim谩tico. Es, sin duda, una realidad cierta que nos amenaza con inmensas ramificaciones y consecuencias. No sorprende, por ello que, en esta primera etapa de globalizaci贸n an谩rquica, una criptocracia financiera desee instrumentalizar el calentamiento para obtener el m谩ximo r茅dito pol铆tico y econ贸mico posible.
No soy amigo de conspiraciones. Pese a ello, me convenc铆 de la manipulaci贸n medi谩tica y pol铆tica de que est谩 siendo objeto el calentamiento global leyendo una sugerente entrevista a Freeman Dyson, eminente cient铆fico del Institute for Advanced Study de Princeton, publicada el a帽o pasado en el Magazine semanal del New York Times. Dyson, hombre de talante liberal y sencillez exquisita, defini贸 su postura sobre el calentamiento global -pol铆ticamente incorrecta, por supuesto- empleando tres frases lapidarias: 芦Todo el alboroto sobre el calentamiento global es terriblemente exagerado禄; 芦El calentamiento global es el primer art铆culo de fe de una religi贸n secular mundial禄; y, para rematar, una caricia, 芦El hecho de que el clima sea m谩s c谩lido no me asusta en absoluto禄.
En estos d铆as, un excelente reportaje de Julien Eilperin y David A. Fahrenthold aparecido en The Washington Post de 15 de febrero de 2010, me ha vuelto a poner sobre la pista. En 茅l, los conocidos periodistas americanos advierten sin tapujos de los errores contenidos en el informe seminal sobre el calentamiento global, que vali贸 el premio Nobel de la Paz en 2007 al Intergovernmental Panel of Climate Change. El IPCC est谩 formado por un grupo de expertos que, bajo los auspicios de la Organizaci贸n Meteorol贸gica Mundial y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, analiza en profundidad la informaci贸n cient铆fica, t茅cnica y socioecon贸mica m谩s relevante sobre los riesgos del cambio clim谩tico provocado por las actividades humanas, as铆 como las posibles repercusiones.
Las recientes pruebas sobre los errores contenidos en el informe del IPCC minan la confianza no s贸lo del grupo, sino tambi茅n de la propia estrategia pol铆tica sobre el tema. 芦Existe la impresi贸n de que algo est谩 podrido en el IPCC禄, ha se帽alado Richard H. Moss, cient铆fico de la Universidad de Maryland, quien ha trabajado en el IPCC unos cuantos a帽os. Jeffrey Kargel, profesor de la Universidad de Arizona, tambi茅n se queja porque 芦es realmente doloroso comprobar lo que ha sucedido禄. El informe se帽ala que los enormes glaciares de la cordillera del Himalaya podr铆an desaparecer para 2035. Sin embargo, Kargel argumenta que es 芦f铆sicamente imposible que se descongele el hielo tan r谩pido禄. Al parecer, la causa de los errores, podr铆a deberse a que el grupo de expertos de la ONU cit贸 un informe de un grupo activista, y no un estudio cient铆fico sometido a revisi贸n.
El pol茅mico informe ha caldeado estas semanas el ambiente de la C谩mara Alta de los Estados Unidos. Si no, que se lo pregunten a los senadores republicanos James M. Inhofe y John Barrasso, dispuestos a poner todos los medios a su alcance, entre ellos los errores garrafales del informe, para bloquear los l铆mites obligatorios de emisiones de gases de efecto invernadero. Por lo dem谩s, no debe olvidarse que el dinero del poderoso lobby energ茅tico va fundamentalmente a las arcas del partido republicano (m谩s del 75%) y no al dem贸crata (en torno al 25%).
Es imposible conocer la totalidad de los intereses energ茅ticos, financieros y pol铆ticos que se ocultan tras el calentamiento global, pero algunos se vislumbran. El global warming es un buen instrumento pol铆tico para aumentar el proteccionismo estatal, y con 茅l los impuestos; constituye un argumento s贸lido para invertir en empresas de energ铆a alternativa y podr铆a convertirse en el principio del fin del imperio del lobby energ茅tico tradicional. Pero hay m谩s, mucho m谩s. En mi opini贸n, a nivel internacional, detr谩s de la histeria provocada con el calentamiento global se esconde un plan para dar un paso adelante, tan firme como antidemocr谩tico, en el establecimiento del nuevo gobierno mundial.
Este nuevo world government, del que tanto se habla en los 煤ltimos a帽os, comenzar铆a de facto con la creaci贸n de una primera instituci贸n global, que podr铆a dictar normas vinculantes para los Estados en materia clim谩tica y estar铆a econ贸micamente controlada por poderosos magnates del imperio angloamericano (con capitales en Nueva York y Londres). De funcionar bien el modelo, se establecer铆an otras instituciones globales similares con el fin de resolver cuantos problemas afecten a la humanidad en su conjunto (terrorismo internacional, pobreza, armamento nuclear, etc茅tera).
Hay razones para pensar que sea el hecho clim谩tico y no otro el que d茅 origen a la primera instituci贸n global. En primer lugar, porque la normativa internacional y las organizaciones reguladoras del cambio clim谩tico son de naturaleza y contenido muy diverso por haber sido establecidas en momentos muy distintos y por pa铆ses diferentes. No existe, ni por asomo, una jerarqu铆a normativa que integre y armonice la variedad de disposiciones en la materia, sino que se trata m谩s bien de un r茅gimen fragmentado y complejo, que engloba desde tratados multilaterales como la Convenci贸n Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Clim谩tico, con acuerdos subsidiarios como el protocolo de Kioto o el acuerdo pol铆tico de Copenhague, pasando por el Protocolo de Montreal, hasta iniciativas bilaterales (entre Rusia e India o China y Reino Unido, por ejemplo). Tambi茅n existen agencias especializadas de Naciones Unidas, clubes (como el G-20). En segundo lugar, porque el calentamiento global afecta a todos los humanos por igual con independencia de la raza, la religi贸n, la posici贸n social o la lengua. Este hecho facilita mucho las cosas pues evita tensiones ideol贸gicas, que son a veces las m谩s dif铆ciles de superar.
Bajo el control de Obama, el calentamiento global ser铆a el mejor instrumento para americanizar el proceso de globalizaci贸n, promoviendo un cambio de pol铆tica exterior en los Estados Unidos con el fin de asegurar el liderazgo mundial norteamericano durante los pr贸ximos a帽os, siempre de la mano de China, que se convertir铆a, no ya en un mero aliado econ贸mico, sino en el socio geopol铆tico y estrat茅gico por antonomasia. La creaci贸n de una instituci贸n global de estas caracter铆sticas no fue posible en la cumbre de Copenhague, pero ello no significa que no vaya a serlo en un futuro relativamente pr贸ximo.
Soy un ac茅rrimo defensor del derecho global, de su necesidad y de sus posibilidades. Sue帽o con 茅l, como en su momento tantos lo hicimos con una Europa unida. Por eso, pienso que, sin un derecho global que las ordene, las nuevas instituciones globales son altamente peligrosas pues f谩cilmente ser谩n esclavas de sus mu帽idores. A la ONU, esa mole cansina, me remito. Creo que la estrategia ha de ser otra: bosquejemos, en primer lugar, un plan urbano global; luego, si cabe, construyamos las casas y los rascacielos, es decir, las instituciones. Otro modo de proceder, es comenzar a construir la casa por el tejado, permitiendo que, a nivel global, se imponga una pol铆tica de hechos consumados, al albur de una plutocracia sin escr煤pulos. Si caemos en sus manos, todo, absolutamente todo, se podr铆a perder.
Rafael Domigo Osl茅 es catedr谩tico de Universidad de Navarra y presidente de Maiestas.
漏 Mundinteractivos, S.A.
Un actor invisible, de Gustavo Duch en P煤blico
Saben ustedes qu茅 es la nanotecnolog铆a? Yo empec茅 a o铆r hablar de ella en el a帽o 2003 en Canc煤n (M茅xico), acompa帽ando a unas charlas a una de sus ponentes, la investigadora del grupo ETC Silvia Ribeiro, en los espacios alternativos organizados frente al operativo que proteg铆a la cumbre ministerial de la Organizaci贸n Mundial del Comercio. Confieso que pens茅 que hablaba de ciencia ficci贸n. Que, esta vez, ese magn铆fico equipo de estudiosos atentos a los impactos sociales y ecol贸gicos que rodean a las nuevas tecnolog铆as y cuyos informes han sido tan significativos respecto a los transg茅nicos o los sistemas de propiedad intelectual 鈥損or citar algunos ejemplos鈥, estaban disparando a un blanco equivocado. Me equivocaba, yo no lo ve铆a porque en realidad estaban disparando a un blanco invisible pero real. Pasados ya unos a帽os, la nanotecnolog铆a est谩 bastante m谩s presente de lo que percibimos.
鈥淎ctualmente 鈥揺xplic贸 Silvia para La Jornada鈥 se conocen a nivel global m谩s de 800 l铆neas de productos de venta directa al consumidor que contienen nanopart铆culas de plata o de carbono. Son usadas en barnices, pinturas, textiles, construcci贸n, inform谩tica, telefon铆a, agricultura, alimentaci贸n, farmac茅utica, cosm茅ticos, vestimenta, entre otras industrias鈥. Pero adem谩s el pasado 8 de enero Lord Krebs, presidente del Comit茅 de Ciencia y Tecnolog铆a de la C谩mara Alta del Parlamento brit谩nico, alertaba de que 鈥渆s probable que el uso de nanopart铆culas en los alimentos y los envases de comida aumente de forma dr谩stica en la pr贸xima d茅cada鈥. Y, de hecho, hace unos d铆as la prensa catalana nos informaba del apoyo que el Ministerio de Ciencia e Innovaci贸n facilitaba a un departamento universitario en sus investigaciones con nanotecnolog铆a para mejorar la conservaci贸n de alimentos, los llamados alimentos de cuarta gama. 鈥淟a investigaci贸n 鈥揺xplica el diario鈥 se centra en la utilizaci贸n de nano-recubrimientos comestibles sobre frutas como la manzana, la pera, la pi帽a o el mel贸n, entre otros, para facilitar la incorporaci贸n de diferentes compuestos activos que mejoren la calidad y la vida 煤til del producto final鈥. Delicioso.
Es decir, el futuro que yo no pod铆a imaginar ya est谩 aqu铆 o, al menos, ahora lo visualizo. Y lo primero que constato es que la manipulaci贸n de la materia en la escala de los 谩tomos y las mol茅culas, que eso es la nanotecnolog铆a (un nan贸metro es la millon茅sima parte de un mil铆metro), avanza bajo una grave falta de informaci贸n y debate con la sociedad en general, y en el caso concreto de su aplicaci贸n en la alimentaci贸n, con las organizaciones de consumidores y productores. Ocurri贸 con los transg茅nicos y es un mal augurio. C贸mo saldr谩 afectada la sociedad, cu谩l ser谩 su impacto ecol贸gico y en la salud de las personas, qui茅n se beneficiar谩 de esta nueva tecnolog铆a y qui茅n la controlar谩 son preguntas que deben responderse tambi茅n para el dise帽o de pol铆ticas p煤blicas que regulen este nuevo campo. El propio Lord Krebs alerta: 鈥淟a industria alimentaria, tanto en Reino Unido como en el resto del mundo, est谩 siendo 鈥榖astante oscura鈥 sobre cualquier trabajo que emplee nanotecnolog铆a para sus productos o para el envasado: esa es exactamente la actitud equivocada鈥.
Krebs achaca a la industria ese oscurantismo y que no aporte informaci贸n suficiente sobre las implicaciones en la seguridad y en la salud humanas. Silvia Ribeiro llega m谩s lejos y documenta que hay m谩s de 500 estudios cient铆ficos publicados en los 煤ltimos a帽os que muestran la toxicidad de diferentes nanopart铆culas, nanocompuestos y productos nanoformulados en animales de laboratorio, en cultivos de c茅lulas humanas y en el medio ambiente (en suelo, agua, cultivos, microorganismos, algas, invertebrados). Finalmente hemos de mencionar el estudio publicado el 20 de agosto del 2009 en el European Respiratory Journal, escrito por investigadores chinos liderados por Yuguo Song, del Departamento de Enfermedades Laborales y Toxicolog铆a Cl铆nica del Hospital Chaoyang de Beijing, donde se demuestran por primera vez los da帽os fatales en personas en contacto con nanopart铆culas. Siete trabajadoras chinas enfermaron gravemente luego de haber trabajado algunos meses en una f谩brica de pinturas que usaba nanopart铆culas. Dos de ellas murieron. Los an谩lisis mostraron la presencia de nanopart铆culas de 30 nan贸metros de di谩metro en los pulmones y fluidos como las contenidas en la pintura que usaban. Invisibles pero presentes.
Es obvio que mientras todos estos datos se contrastan y analizan, deber铆a primar y exigirse el principio de precauci贸n, y declararse una moratoria a la liberaci贸n comercial de productos con base nanotecnol贸gica, por mucho que la industria nos quiera vender sus bondades y maravillas, que eso tambi茅n lo hicieron con los transg茅nicos o la energ铆a nuclear. Sus argumentos los conocemos: las nuevas tecnolog铆as vendr谩n para aliviar el hambre del mundo, para combatir el cambio clim谩tico, etc. Pero yo tengo mis reparos, porque 鈥搗olviendo a sus aplicaciones en la agricultura y alimentaci贸n鈥 estamos delante de innovaciones que, ojal谩 me equivoque, controladas por las grandes industrias buscar谩n servir los intereses de las grandes industrias. Ser谩 una pieza m谩s que encajar谩 en el puzzle de la agricultura intensiva y sin mano de obra. Con semillas modificadas por nanotecnolog铆a, con agrot贸xicos producidos con nanotecnolog铆a, etc. se generar谩 m谩s dependencia del agricultor con la industria. Si en el desarrollo de la tecnolog铆a no hay espacios de reflexi贸n colectivos y democr谩ticos, presenciaremos un nuevo codazo para desplazar a la agricultura conducida y manejada por los mismos agricultores y agricultoras reproduciendo sus semillas, intercambi谩ndolas, custodi谩ndolas y asegurando la diversidad que la vida exige.
Gustavo Duch es editor de la revista 鈥楽oberan铆a alimentaria, biodiversidad y culturas鈥
Otra pol铆tica econ贸mica para la UE, de Daniel Cohn-Bendit, Pascal Canfin, Sven Giegol y Florent Marcellesi en P煤blico
Los jefes de Estado y de Gobierno de la Uni贸n Europea, reunidos la semana pasada por su nuevo presidente, Herman Van Rompuy, han intentado responder a las especulaciones de los mercados sobre la solidez de la zona euro y, en particular, de Grecia. M谩s all谩 de las medidas de solidaridad imprescindibles a corto plazo, el futuro de la zona euro pasa por una revisi贸n profunda de las pol铆ticas econ贸micas de la UE.
De hecho, la gesti贸n de la crisis financiera ha mostrado las pocas ganas que tienen los estados de coordinar sus pol铆ticas de est铆mulo. Sin embargo, mejorar el modelo social europeo pasa por una mayor cooperaci贸n entre los estados miembros en el plano fiscal y tributario y por la reforma del pacto de estabilidad y crecimiento.
El presupuesto de la Uni贸n no supera el 1% del PIB europeo, cuando el presupuesto federal de EEUU est谩 en torno al 20% de su PIB. Esto refleja, por supuesto, historias diferentes, pero tambi茅n muestra que la UE es un enano presupuestario, lo que no permite a la Comisi贸n Europea estimular una verdadera pol铆tica industrial, de investigaci贸n y de infraestructuras.
Sin embargo, ante retos como el del cambio clim谩tico, hay que organizar la puesta en com煤n de nuestros esfuerzos de investigaci贸n para desarrollar las t茅cnicas que necesitaremos para reducir dr谩sticamente el contenido en carbono de nuestros patrones de producci贸n y consumo. Las negociaciones sobre el presupuesto de la UE para el per铆odo 2014-2020 empiezan en 2010: los estados europeos deben proponer un aumento gradual del presupuesto del 1% al 5% del PIB de la UE en 2020, financiado al menos en parte por los impuestos directos recaudados por la Uni贸n.
Para financiar este presupuesto y encontrar el margen de maniobra financiero que les permita reducir su d茅ficit y su deuda p煤blica, los Gobiernos deben actuar juntos sobre la fiscalidad. La absurda competencia fiscal entre ellos lleva a una continua bajada del impuesto de sociedades en la UE. La reconquista de una mayor soberan铆a fiscal pasa, como fue el caso en el 谩mbito monetario, por una mejor coordinaci贸n europea.
Este importante proyecto se basa en cuatro prioridades: 1. La adopci贸n de la directiva sobre una base imponible consolidada para las multinacionales europeas para limitar las deslocalizaciones fiscales; 2. La puesta en marcha del intercambio autom谩tico de informaci贸n entre los estados europeos, por un lado, y entre la UE y terceros pa铆ses por otro, para luchar contra el fraude y la evasi贸n fiscal en los para铆sos fiscales; 3. El desarrollo de una fiscalidad en el 谩mbito de la energ铆a que permitir谩, si se realiza directamente a nivel europeo, favorecer los modos de producci贸n m谩s ecol贸gicos y a la vez evitar distorsiones de la competencia entre los pa铆ses del mercado 煤nico; y 4. La introducci贸n de un impuesto sobre las transacciones financieras.
Es imposible defender, sin caer en la demagogia, una moneda 煤nica sin criterios de gesti贸n financiera com煤n y, por lo tanto, compromisos comunes en t茅rminos de d茅ficit presupuestario y de gesti贸n de la deuda p煤blica.
El pacto de estabilidad, por su parte, ha quedado obsoleto: la mayor铆a de los estados en la zona euro no lo cumple y se han puesto de relieve sus 鈥溍gulos muertos鈥. Antes de la crisis, Espa帽a ten铆a cifras de d茅ficit y de deuda p煤blica acordes con el pacto de estabilidad pero dejaba escapar la deuda privada que aliment贸 una burbuja especulativa. Resultado: al estallar la burbuja, la recesi贸n es peor que en otros lugares (隆19% de paro!) y las cuentas p煤blicas entran en n煤meros rojos. La zona euro debe dotarse de un instrumento adicional de gesti贸n econ贸mica que permita a la Comisi贸n y al Banco Central Europeo presionar a los estados que dejan que se constituyan burbujas especulativas. Otro 谩ngulo muerto del pacto de estabilidad son los d茅ficits y super谩vits de la cuenta corriente, es decir, principalmente el saldo del comercio de bienes y servicios.
En una econom铆a tan integrada como la de la zona euro, algunos de los d茅ficits son los excedentes de los dem谩s. Alemania, con su pol铆tica agresiva de reducci贸n de los costes laborales, est谩 limitando el consumo interno y tomando cuotas de mercado de sus competidores europeos, en lugar de desempe帽ar su papel de locomotora de la zona euro. La deflaci贸n salarial puede ser una estrategia ganadora para un pa铆s aislado, pero se torna contraproducente si todos los pa铆ses de la zona hacen igual.
Sin embargo, al no poder llevar a cabo una devaluaci贸n de su moneda, los pa铆ses miembros de la zona euro m谩s afectados por la crisis 鈥揈spa帽a, Irlanda, Grecia, etc.鈥 ya se adentran por este camino como consecuencia de la aplicaci贸n del Pacto de estabilidad. Si es cierto que el Estado griego debe hacer esfuerzos para reducir la econom铆a informal y mejorar la eficiencia del gasto p煤blico, una soluci贸n sostenible va mucho m谩s all谩 de la visi贸n castigadora de la actual Comisi贸n.
Los estados miembros, y en particular los de la zona del euro, est谩n en una encrucijada: o bien siguen practicando la no cooperaci贸n y corren el riesgo de reventar el acervo europeo 鈥揺n primer lugar el euro鈥, o bien salen de la crisis por la puerta grande mediante la puesta en marcha de nuevas cooperaciones. Esto implica transferencias de soberan铆a nacional. Pero, a su vez, permitir谩 m谩s soberan铆a europea para garantizar nuestros modelos sociales. Este a帽o ser谩 un a帽o crucial. 隆Buena suerte, se帽or Van Rompuy!
Daniel Cohn-Bendit es copresidente del Grupo de Los Verdes en el Parlamento Europeo
Pascal Canfin es eurodiputado de Europe 脡cologie
Sven Giegol es eurodiputado de Die Gr眉nen
Florent Marcellesi es coportavoz de la Coordinadora Verde
El despertar del occidente asturiano, de Luis Arias Arg眉elles-Meres en La Nueva Espa帽a
Ser谩 posible que la destituci贸n tan injusta como inexplicable de Pepe el Ferreiro sirva como aldabonazo para que la sociedad asturiana en su conjunto tome conciencia de lo que est谩 sucediendo en el occidente de Asturias y sienta que esta parte de nuestro territorio es algo que a todos nos incumbe y pertenece? 驴Acaso es necesario esgrimir argumentos para convencer a la ciudadan铆a de que el monasterio de San Salvador de Cornellana y el r铆o Narcea, por poner dos ejemplos entre otros muchos, forman parte no irrelevante del patrimonio com煤n? 驴Acaso se desconoce el estado en que se encuentra el r铆o, cada vez con m谩s vertidos y menos salmones, as铆 como el aspecto ruinoso que presenta un monasterio cuyas partidas econ贸micas para su rehabilitaci贸n, parece ser que aprobadas, no acaban de llegar? 驴Acaso se ignora que de unos a帽os a esta parte las agresiones medioambientales est谩n aqu铆 a la orden del d铆a? Y, lo que es m谩s importante, 驴tan dif铆cil es caer en la cuenta de que la defensa del patrimonio cultural y paisaj铆stico de estas comarcas tiene que ser llevada a cabo por el conjunto de Asturias, pues de no ser as铆 los destrozos ser谩n tan irreversibles como irrecuperables?
Se permiten el lujo de alarmar a todo el suroccidente de Asturias con unos planes para el Hospital de Cangas del Narcea que abren interrogantes m谩s que serios sobre su futuro. Nadie pone freno a una invasi贸n de parques e贸licos que llev贸 a alg煤n Alcalde a alzar la voz en contra. Las infraestructuras en marcha sufren retrasos continuos y, quiz谩s, el caso m谩s sangrante de todos es el tramo Grao-Doriga de la autov铆a de la Espina, cuyo enlace no s贸lo est谩 sin hacer, es que ni siquiera se sabe por d贸nde se va a habilitar, y eso que el candidato in p茅ctore del PSOE al Gobierno de Asturias asegur贸 en diciembre en Cangas del Narcea que estar铆a listo en abril. Se trata del tramo que evitar铆a la Cabru帽ana. Mal empieza, don Javier, con sus promesas por estos lares.
Me llam贸 mucho la atenci贸n que el actual alcalde de Grandas de Salime, uno de los principales art铆fices de la destituci贸n del Ferreiro, dijese que la gente que se concentr贸 en Grandas tras esa tremenda cacicada era en su mayor parte for谩nea. 隆Cr谩neo privilegiado el de este buen se帽or, que dir铆a el personaje valleinclanesco! Pero 驴es que hace falta ser un genio para llegar a la conclusi贸n de que el Museo Etnogr谩fico de Grandas es patrimonio com煤n de toda Asturias? 隆Cr谩neo privilegiado el de este se帽or, que afirm贸 que ning煤n empleado debe criticar a su empresa! Es decir, que hay alcaldes y politiquillos que piensan que son incuestionables, que no admiten la cr铆tica y que adem谩s consideran, a lo que se ve, que los ayuntamientos no son una instituci贸n de la ciudadan铆a, sino su propio cortijo. 隆Toma socialismo! 隆Toma democracia!
Lo que acaba de hacerse contra Naveiras es atacar a alguien que plasma uno de los valores m谩s importantes en el sentir y en el pensar de esta tierra. Se trata de ensa帽arse contra un ciudadano que representa lo que en estos lares se conoce como ser un Paisano con may煤scula. Y eso s铆 que es imperdonable, hasta para los m谩s d贸ciles.
Tras enormes embestidas al paisaje, alguna de las cuales no culmin贸, como la de Salave, por la oposici贸n ciudadana, o como las pretensiones de minas a cielo abierto en Tineo por parte de don Victorino Alonso, que fueron frenadas el a帽o pasado por el coraje de su alcalde, culminaron sus agresiones contra el paisanaje en la persona de Pepe el Ferreiro.
Algo se est谩 moviendo en el occidente de Asturias para que 128 profesores de la Universidad de Oviedo estampen su firma pidiendo la readmisi贸n de Pepe el Ferreiro al frente del museo de Grandas. Y algo, mucho, tendr谩 que moverse para que el tesoro paisaj铆stico de estas comarcas del occidente asturiano deje de estar en venta, a muy bajo precio, adem谩s, y eso que nos gobierna la izquierda plural y transformadora.
Esa IU que no sale del Gobierno ni con agua hirviendo, y que, sin embargo, en la persona de do帽a Laura Gonz谩lez, tenga la desfachatez de fotografiarse al lado de Naveiras, aunque, eso s铆, su idolatrada hija Noem铆 no abandone la Consejer铆a de la que es titular. Esos Verdes, tambi茅n coaligados con Areces, que no se sonrojan por lo acontecido en el valle de Carondio. Esos Verdes que apoyaron a IU en Grado, que en la pasada legislatura aprob贸 en la localidad Santa Marina la famosa subestaci贸n a la que sus vecinos se oponen frontalmente.
En el occidente de Asturias se constata que, para desgracia nuestra, no es la izquierda quien asume la defensa de sus tesoros medioambientales, ni tampoco la puesta en valor de su patrimonio art铆stico y cultural. En el occidente de Asturias se tiene el pleno convencimiento de que esta batalla por la dignidad que le toca librar a una poblaci贸n envejecida s贸lo podr谩 tener posibilidades de 茅xito cuando Asturias en su conjunto se vea implicada en su devenir.
Resulta desolador que los tesoros paisaj铆sticos y culturales de estas comarcas tengan que defenderse no s贸lo sin contar con el apoyo de los pol铆ticos de la llamada izquierda de siglas, sino tambi茅n en algunas ocasiones en contra de ellos. Pero, al mismo tiempo, es esperanzador ver que cada vez son m谩s los ciudadanos e instituciones de esta tierra que est谩n dispuestos a luchar para que estas comarcas puedan seguir sobreviviendo a muchas adversidades, entre ellas, las de no peque帽a parte de sus pol铆ticos.
Reivindico con este art铆culo el clamor de que el occidente de Asturias tambi茅n existe y sobrevivir谩 si todos lo sentimos nuestro, que lo es.
驴C贸mo nos alimentaremos?, de Gustavo Duch en P煤blico
El actual modelo de agricultura y alimentaci贸n es completamente injusto, responsable de que 1.020 millones de seres humanos padezcan hambre (es decir, ingieran una cantidad insuficiente de calor铆as para su vida diaria); de que otros 1.000 millones de personas ingieran suficientes calor铆as pero est茅n malnutridos por una alimentaci贸n deficiente en micronutrientes; y de que adem谩s 1.300 millones de personas est茅n tambi茅n malnutridas, esta vez con s铆ntomas de obesidad y sobrepeso. Vamos, que la mitad del mundo no tiene una alimentaci贸n adecuada. Y despu茅s del fiasco (y negligencia) de Copenhague, parece ratificado formalmente el pasado 31 de enero, que alimentarse debidamente se volver谩 cada vez m谩s complicado. Mientras pensamos en qu茅 hacer con nuestros representantes pol铆ticos, 驴c贸mo nos adaptamos a los cambios clim谩ticos? 驴Qui茅n nos alimentar谩?
Es seguro que los cambios clim谩ticos afectar谩n (ya sucede en algunas realidades concretas) la producci贸n de alimentos. Tendremos, en general, un clima m谩s caluroso y con menos lluvias, ser谩 m谩s f谩cil la migraci贸n de plagas y se dar谩n situaciones extremas (huracanes, lluvias torrenciales鈥). Seg煤n un informe coordinado por la organizaci贸n Biodiversity International, en el 脕frica subsahariana las p茅rdidas de cosechas inducidas por la crisis clim谩tica podr铆an llegar a ser de hasta el 50% dentro de s贸lo diez a帽os. Un dato que ilustra el mensaje que se ha venido repitiendo por parte de los movimientos sociales: el cambio clim谩tico afecta y afectar谩 a todo el planeta, pero de forma m谩s grave a las poblaciones que hoy ya sobreviven con muchas dificultades. En los pa铆ses industrializados nos alimentamos en una parte muy significativa de cosechas, pesca, acuicultura o ganader铆a totalmente dependiente de combustibles f贸siles, que sabemos cada vez m谩s escaso y m谩s caro. As铆 que la crisis alimentaria puede ser entonces global.
Mi tesis es simple: se pueden plantear cambios de adaptaci贸n a la pr贸xima realidad clim谩tica que son los mismos que se requieren para corregir las desigualdades ya presentes. De entre todas estas medidas quiero destacar las que se refieren al uso de la tierra, de la tierra f茅rtil: un bien finito. Ante la inseguridad futura no parecer铆a sensato que, por ejemplo, los campos agr铆colas del parque agrario del Llobregat, cercanos a Barcelona, fueran tragados por nuevos pol铆gonos industriales, 驴verdad? Pues cosas parecidas est谩n sucediendo, y todos conocemos casos a peque帽a escala, pero tambi茅n se dan a gran escala, como lo que ya se conoce como el 鈥渘uevo despojo de tierras鈥 que se est谩 llevando a cabo en el Sur global. Acaparar millones de hect谩reas para cultivar en ellas productos para la exportaci贸n no s贸lo impide la alimentaci贸n local tan necesaria, sino que adem谩s desplaza cultivos tradicionales que han sabido adaptarse a condiciones extremas y que perderemos del stock global. Se desperdiciar谩 material gen茅tico de regiones que, precisamente, con el paso de muchos a帽os y la cuidadosa selecci贸n por parte de las campesinas y campesinos de la regi贸n, ser铆a muy v谩lido para cultivar en las condiciones clim谩ticas futuras.
Muchas de estas hect谩reas usurpadas, junto con grandes extensiones que ya est谩n en manos de terratenientes, est谩n siendo dedicadas a cultivos no alimenticios, a cultivos energ茅ticos: los agrocombustibles. Lo que se se帽al贸 c贸mo una arriesgada tendencia es, despu茅s de Copenhague, una terrible insensatez. No se puede presionar 鈥揷omo se har谩 bajo el pretexto de la captura de CO虏, a los pa铆ses africanos, latinoamericanos y asi谩ticos鈥, para incrementar la producci贸n de agrocombustibles que compiten directamente con el agua y los nutrientes del suelo que pueden, en cambio, producir comida. Ni tampoco con el argumento de usar 鈥渢ierras ociosas鈥. Con esa denominaci贸n se quieren adquirir las tierras comunales entre bosques y selvas que tienen muchos usos (aunque no se contabilicen) para las comunidades rurales cercanas: son espacios para la pesca, caza, recolecci贸n de vegetales, frutos, hongos, etc. Como dice el ETC Group, 鈥渆sta cosecha oculta no s贸lo proporciona nutrientes irremplazables en su dieta, sino que adem谩s, es esencial para la seguridad alimentaria鈥. Las comunidades campesinas de Borneo, por ejemplo, garantizan dos tercios de sus alimentos de estos espacios comunes, y las mujeres campesinas en Uttar Pradesh, India, obtienen casi la mitad de sus ingresos de la recolecci贸n de especies forestales. El c谩lculo global estima que hasta un 15% del abastecimiento de las familias campesinas de los pa铆ses del Sur proviene de esas tierras, hoy en el punto de mira de las transnacionales.
En el uso actual de las tierras f茅rtiles tambi茅n hay una dedicaci贸n abusiva destinada a la alimentaci贸n de la ganader铆a industrial. El 40% del grano que hoy d铆a se cosecha se dedica al engorde industrial al igual que 47 millones de hect谩reas sembradas con pastos y forrajes. Si bien es cierto que la cr铆a de animales a peque帽a escala con alimentaci贸n local (muchas veces proveniente de suelos no aptos para la agricultura) es una fuente de alimentos sostenible, el uso de cereales para el engorde del ganado representa, seg煤n el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el equivalente de los requerimientos de consumo cal贸rico de m谩s de 3.500 millones de personas (media humanidad).
Si se adoptaran medidas para un uso correcto de los suelos (prohibir la especulaci贸n con las tierras, favorecer sus usos consuetudinarios, promover dietas menos c谩rnicas, una reforma agraria que elimine el latifundio, una moratoria a la expansi贸n de los agrocombustibles, etc.) todos ganar铆amos seguridad alimentaria: algunos para nuestro futuro, otros para su presente.
Gustavo Duch es editor de la revista 鈥楽oberan铆a alimentaria, biodiversidad y culturas鈥.
Almacenar residuos nucleares, de Joaquim Sempere en P煤blico
Almacenar residuos nucleares no es lo mismo que almacenar ladrillos o cascotes. Estos son inertes, mientras que los residuos nucleares emiten radioactividad y calor. Los de media y baja radioactividad, que son en torno al 99% del total, se trasladan, en Espa帽a, a una antigua mina de uranio situada en El Cabril (C贸rdoba). Aunque son menos peligrosos que los de alta radioactividad, hace falta encerrarlos en bidones bien sellados y depositarlos en lugares seguros.
Un reciente informe de World Nuclear News se帽ala que el Gobierno alem谩n ha ordenado que se retiren 126.000 bidones con residuos de baja y media actividad de una mina de sal abandonada de la localidad de Asse (Baja Sajonia) donde se empezaron a depositar en los a帽os sesenta. Las autoridades han estimado que hay riesgos porque esas minas han resultado geol贸gicamente inestables y han empezado a llenarse de agua.
Los residuos de alta actividad, aunque ocupan mucho menos volumen (en torno al 1% del total), son obviamente m谩s peligrosos. A los restos de plutonio hay que a帽adir, entre otros, los de estroncio y cesio, que emitir谩n radiaciones durante miles de a帽os. Lo habitual es mantener estos residuos en piscinas de agua que protegen el entorno de sus radiaciones mientras son refrigerados y van perdiendo radioactividad. Luego se vitrifican, se combinan con hormig贸n, se encierran en bidones de acero, etc. para poder retirarlos de las piscinas.
Desde que existen centrales at贸micas, se investiga sin 茅xito para lograr una soluci贸n definitiva para los residuos. Mientras, se adoptan soluciones provisionales. Se lanzan a fosas oce谩nicas profundas (entre ellas, las que hay ante las costas de Galicia) o se encierran en minas alejadas de poblaciones. Si los residuos de baja y media intensidad han de ser objeto de vigilancia permanente, como en el caso de Alemania, no hace falta decir que los de intensidad alta la requieren de modo m谩s apremiante.
En 1979 el bi贸logo ruso Medvedev, exiliado en Reino Unido, relat贸 un incidente ocurrido en 1957 en un dep贸sito de residuos de la localidad de Khistym, en los Urales, sobre el cual la f茅rrea censura sovi茅tica de prensa hizo caer un tel贸n de silencio. El Gobierno sovi茅tico acab贸 admiti茅ndolo s贸lo 40 a帽os m谩s tarde. Al parecer, se acumularon grandes cantidades de residuos de alta actividad sin las debidas precauciones produci茅ndose sobrecalentamiento, emisi贸n de gases y explosiones qu铆micas que dispersaron los materiales radioactivos. Se habl贸 de un centenar de muertos directos por la explosi贸n y de la evacuaci贸n de 20.000 personas de una amplia zona afectada por la contaminaci贸n radioactiva.
Hoy, m谩s de medio siglo despu茅s, sabemos gestionar un almac茅n de estas caracter铆sticas minimizando los riesgos. Pero el episodio de Khistym revela que los residuos nucleares no son inertes y que su deposici贸n exige una vigilancia permanente para evitar desgracias. En un pa铆s como el nuestro hoy contamos con los medios para asegurarla. Pero 驴podemos estar seguros de que a帽o tras a帽o, siglo tras siglo, existir谩n las condiciones sociales y t茅cnicas que har谩n posible una vigilancia fiable, y de que las condiciones geol贸gicas no deparar谩n sorpresas desagradables en alg煤n momento del futuro? 驴C贸mo justificar esta herencia envenenada a nuestros descendientes?
Miguel 脕ngel Quintanilla ten铆a raz贸n cuando, desde este mismo peri贸dico, argumentaba que las altas compensaciones que el Gobierno ofrece a los municipios que acepten el Almac茅n Temporal Centralizado (ATC) sirven para hacer frente a un riesgo imaginado m谩s que a un riesgo real. Pero si las ofrece es porque nadie ha sido capaz de disipar la sensaci贸n de riesgo, aunque sea imaginado. En realidad, ese temor favorece un criterio muy racional, el principio de precauci贸n: ante la duda, no exponerse, sobre todo si hay alguna raz贸n para pensar que las ventajas no compensan los riesgos. Y 驴por qu茅 menospreciar el miedo? El miedo ha resultado 煤til a la especie humana desde el punto de vista adaptativo para prevenir peligros. Cuando la incertidumbre se suma al peligro, el miedo puede ser buen consejero hasta nuevo aviso.
El asunto de los residuos pone en evidencia la falta de prudencia que supuso embarcarse, despu茅s de Hiroshima y Nagasaki, en la producci贸n nuclear de electricidad. Ante el dilema de si proseguir o no con la energ铆a nuclear, la carga de la prueba corresponde a los pronucleares. Y la verdad es que no dan salidas convincentes a las objeciones que suscita su apuesta. El argumento al que acaban apelando es que 鈥渢odo tiene su riesgo鈥 y que el temor al riesgo no debe paralizarnos si no queremos 鈥渄etener el progreso鈥. Pero 驴por qu茅 es m谩s progreso la energ铆a nuclear que la fotovoltaica, la e贸lica o la solar termoel茅ctrica? 驴Por qu茅 es m谩s progreso despilfarrar energ铆a que consumirla con moderaci贸n y eficiencia?
Se investiga para transmutar los elementos m谩s radioactivos en otros que no lo sean o que lo sean sin peligro significativo. Pero en tal caso lo razonable es esperar a que esta investigaci贸n culmine: entonces ser铆a el momento de reabrir el debate. Mientras tanto, lo prudente es esperar. Al fin y al cabo, las nucleares s贸lo aportan el 17% de la electricidad y el 6% de toda la energ铆a consumida en el mundo. Esta cantidad se puede cubrir de sobra con las fuentes renovables hoy disponibles. Destinemos las enormes inversiones que se comen las centrales nucleares a desarrollar las renovables.
Por esto, y con independencia del procedimiento para elegir el lugar donde ubicar el necesario e inevitable almac茅n nuclear, los ecologistas tienen buenas razones para proponer que la decisi贸n se vincule a un compromiso del Estado para cerrar todas las centrales espa帽olas a medida que vayan agotando su vida 煤til. Si no se cierran, 驴cu谩ntos a帽os tardaremos en volver a discutir d贸nde instalar un nuevo almac茅n? Porque los residuos no cesan de salir de las centrales, por toneladas al a帽o.
Joaquim Sempere es profesor de Teor铆a Sociol贸gica y Sociolog铆a Medioambiental de la Universidad de Barcelona.
No en mi patio trasero, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico
Hay muchas razones para desear que no instalen un Almac茅n Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares en el patio trasero de tu casa. Por ejemplo, prefieres dedicar tu patio a cultivar flores. As铆 que, si est谩s en esa situaci贸n, es comprensible que prefieras que tus concejales no se apunten a la carrera por conseguir el ATC, por la misma raz贸n que te opondr铆as a la instalaci贸n de una bater铆a de aerogeneradores: no quieres que te alteren el entorno. Y si lo hacen, tienes derecho a negociar compensaciones. Tambi茅n puedes oponerte al almac茅n de residuos porque crees que es altamente peligroso, o simplemente porque eres antinuclear. Las tres opciones son leg铆timas, aunque la m谩s racional es la primera (sopesar las compensaciones, con informaci贸n adecuada). La segunda se basa en informaci贸n, en mi opini贸n, err贸nea; y la tercera es inconsistente: si eres antinuclear deber铆as ayudar a resolver el problema del almacenamiento de residuos.
Estas reflexiones deben haber sido muy comunes entre los vecinos de los municipios que se han planteado presentar su candidatura para acoger el ATC. Todos los que han participado en el proceso merecen respeto. En esto Espa帽a ha mejorado mucho. Durante a帽os ha sido imposible dar una respuesta adecuada al problema del almacenamiento de los residuos de las centrales nucleares y en cambio ahora, por primera vez, se vislumbra una soluci贸n eficiente, segura y consensuada. Sin embargo, a煤n quedan rastros de irracionalidad en el proceso de decisi贸n colectiva sobre estos temas.
En primer lugar, hay un conflicto entre la pol铆tica de compensaciones econ贸micas y la gesti贸n correcta de la informaci贸n cient铆fica para hacerla accesible a los ciudadanos. Ciertamente las compensaciones pueden ayudar a que se tomen decisiones con criterios racionales. Pero tambi茅n contribuyen a complicar la situaci贸n. El argumento m谩s obvio reza as铆: a falta de otra informaci贸n, si las compensaciones son tan altas debe ser que el riesgo que se asume es muy serio. Sin embargo, esto no es cierto: la probabilidad de que el ATC cause la muerte de una persona por contaminaci贸n radiactiva es, sin duda, menor que la de que esa persona muera atropellada por un tractor agr铆cola. La importancia de las compensaciones no tiene nada que ver con la gravedad del riesgo real, sino con el riesgo imaginado, que es muy alto precisamente porque no se utiliza de forma adecuada la informaci贸n cient铆fica relevante.
En segundo lugar, resulta impresentable la frivolidad con la que casi todas las fuerzas pol铆ticas han afrontado este proceso. Partidos que defienden la energ铆a nuclear amenazan a sus ediles si participan en un concurso abierto que esos mismos partidos reclamaron que se pusiera en marcha. Presidentes de comunidad aut贸noma, relevantes personalidades del partido gobernante, que podr铆an alardear de estar contribuyendo a solventar un problema importante para toda Espa帽a, aducen ahora cuotas de solidaridad territorial (solidaridad 驴frente a qu茅?) para escurrir el bulto.
Tenemos derecho a rechazar un ATC en nuestro patio trasero, pero por favor, que sea sin hipocres铆a, con buenas maneras, informaci贸n adecuada y razones dignas.
Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac. Catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.
Evitar los derribos, de Francisco Balaguer Callej贸n en P煤blico
La impugnaci贸n por el presidente del Gobierno del decreto-ley valenciano sobre el Cabanyal deber铆a ser suficiente para evitar que se produzcan nuevos derribos en ese barrio. Por un lado, la impugnaci贸n, con invocaci贸n expresa del art. 161.2 de la Constituci贸n (CE), provocar谩 la suspensi贸n autom谩tica de la disposici贸n auton贸mica, con lo que esta no se podr谩 invocar para avalar futuras actuaciones para la destrucci贸n del barrio. Por otro lado, si bien el Tribunal Constitucional (TC) puede levantar la suspensi贸n, no parece que esto vaya a ocurrir si aplica su propia doctrina. En el ATC 336/2005, de 15 de septiembre 鈥搈encionado por el Consejo de Estado en su Dictamen 60/2010鈥 el TC apreciaba, para mantener la suspensi贸n de una disposici贸n auton贸mica impugnada, 鈥渦n perjuicio actual y directo al inter茅s general que resultar铆a del bloqueo de las competencias estatales鈥.
Es justamente el bloqueo de las competencias estatales para la defensa del patrimonio cultural, art铆stico y monumental espa帽ol contra la exportaci贸n y la expoliaci贸n (art. 149.1.28陋 CE) lo que pretende el decreto-ley. De t铆tulo involuntariamente ir贸nico (鈥渄e medidas de protecci贸n y revitalizaci贸n del conjunto hist贸rico de la ciudad de Valencia鈥), el Decreto-Ley 1/2010, de 7 de enero, del Consell, est谩 orientado a impedir la aplicaci贸n de la Orden CUL/3631/2009, de 29 de diciembre, por la que se resuelve el procedimiento por expoliaci贸n del conjunto hist贸rico del Cabanyal. Esa orientaci贸n es manifiesta en su art. 3 cuando, al habilitar los actos de ejecuci贸n (l茅ase 鈥渄erribo鈥), especifica: 鈥淪in que tales actos de ejecuci贸n puedan verse menoscabados de cualquier modo por los actos o acuerdos de otras Administraciones P煤blicas鈥.
Si la suspensi贸n de los derribos parece asegurada hasta que el TC se pronuncie sobre el fondo, tambi茅n parece claro que, en el conflicto jur铆dico planteado, es al Estado a quien le asiste la raz贸n, toda vez que los pronunciamientos judiciales realizados hasta ahora se han mantenido en los t茅rminos de un juicio de legalidad ordinaria y lo que ahora se est谩 discutiendo es si el Estado puede hacer valer sus competencias constitucionales para evitar la expoliaci贸n del patrimonio cultural. A esta cuesti贸n central se unen otras deficiencias formales del decreto-ley como la de inexistencia de extraordinaria y urgente necesidad (art. 44.4 del Estatuto de la Comunidad Valenciana). Sin embargo, lo que tiene mayor relevancia es la indubitada competencia estatal y el hecho de que el Consell, en lugar de impugnar la Orden del Ministerio de Cultura, que es lo que deb铆a de haber hecho si no estaba de acuerdo con su contenido, ha procedido, de manera ileg铆tima, a intentar impedir su aplicaci贸n por medio de este peculiar decreto-ley.
驴Deber铆a tranquilizar todo esto a las personas que se han manifestado en contra de los derribos? Claramente no: el destino del Cabanyal sigue estando en peligro porque hay intereses muy poderosos que van a permanecer siempre activos. A medio y largo plazo, la movilizaci贸n ciudadana es la 煤nica esperanza de salvaci贸n del barrio.
Francisco Balaguer Callej贸n. Catedr谩tico de Derecho Constitucional.
