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Archive for the ‘Medio Ambiente’ Category

Rumbo de colisi贸n, de El Editorial de El Pa铆s

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EDITORIAL

La tasa CO2 a los aviones y el bloqueo polaco amenazan la pol铆tica medioambiental de la UE

La pol铆tica medioambiental de la Uni贸n Europea est谩 contra las cuerdas. Tradicional adalid de la lucha contra el cambio clim谩tico, el club europeo se ha topado con resistencias internas de momento insoslayables y con una guerra comercial que ya est谩 amenazando a su m谩s exitoso proyecto industrial que es Airbus. El pasado 1 de enero entr贸 en vigor la tasa CO2, que los aviones que despeguen o aterricen en suelo europeo deben pagar como derechos de emisi贸n. Tal exigencia ha soliviantado no solo a las aerol铆neas 鈥攖anto europeas como no comunitarias鈥, sino tambi茅n a los Gobiernos. Pek铆n ha prohibido a sus compa帽铆as que satisfagan tal impuesto y ha dejado en suspenso el pedido a Airbus de 45 aeronaves por valor de 12.000 millones de d贸lares.

Esta grave guerra comercial llega en un momento delicado para las finanzas del continente, lo que puede funcionar como palanca ideal para lograr el apoyo de los l铆deres pol铆ticos, duramente presionados por el sector aeron谩utico para renunciar a la nueva tasa. La industria alega que su pago socava su competitividad (en caso de elevar el precio de los pasajes) y deteriora su tambi茅n dif铆cil situaci贸n financiera. Esta, sin embargo, no afecta a todas las compa帽铆as por igual. Lufthansa ha anunciado unas p茅rdidas el a帽o pasado de 13 millones de euros frente los beneficios de 1.130 millones en 2010, pero IAG (Iberia-British Airways) elev贸 sus beneficios hasta los 555 millones en 2011. El pago de la tasa le supondr铆a a Iberia, seg煤n c谩lculos propios, una peque帽a parte: unos 20 millones al a帽o.

En este contexto se ha producido el bloqueo por parte de Polonia de los planes de la UE de suscribir un nuevo acuerdo ambiental: la reducci贸n de las emisiones de gases de efecto invernadero 鈥攄e entre los cuales el CO2 es el m谩s importante鈥 en un 80% en 2050 con respecto a 1990. Varsovia sostiene que su electricidad procede en m谩s de un 90% del carb贸n, lo que ilustra cabalmente las dificultades de adaptarse a esa econom铆a verde que ofrece evidentes beneficios a largo plazo, pero exige sacrificios en el corto. Son dificultades doblemente preocupantes tras los fracasos de las 煤ltimas cumbres mundiales de cambio clim谩tico por cuanto se producen en el seno de la UE, el 煤nico bloque internacional dispuesto a pelear por un nuevo acuerdo que sustituya al de Kioto, ya caducado, para intentar luchar contra el calentamiento global.

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Marzo 22nd, 2012 at 7:20 am

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Una legislatura para el pacto del agua, de Enrique Cabrera en El Pa铆s

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TRIBUNA

El mundo del agua urbana es una burbuja que puede explotar en un futuro m谩s o menos pr贸ximo

Un pacto del agua es el objetivo que nos anuncia el ministro Arias Ca帽ete y que, vistos los desprop贸sitos habidos en anteriores legislaturas, es m谩s que oportuno. Presididas por pol铆ticas de oferta, se apost贸 por aumentar la disponibilidad de agua en las zonas presuntamente deficitarias del sureste de Espa帽a. Coincid铆an en el fondo aunque no en la forma. Y en un movimiento pendular de libro, se pas贸 de proponer un trasvase de 1.000 kil贸metros de longitud, el del Ebro, a inundar el litoral mediterr谩neo de desaladoras. Coment谩ndolo con una de las personas que m谩s se opuso al trasvase, ac茅rrimo defensor de las desaladoras despu茅s, me espet贸: 鈥淎 un drogadicto no se le puede suprimir bruscamente la metadona鈥. Y al insistirle en que conven铆a m谩s fomentar pol铆ticas de eficiencia, parodiando el famoso soneto de Lope 鈥攎a帽ana le abriremos鈥, me respondi贸 que eso quedaba “para m谩s adelante”.

La legislatura que derog贸 el trasvase la presidi贸 la demagogia y la crispaci贸n. Y hubo suerte porque cuando m谩s arreciaba el temporal y los primeros barcos de agua llegaban, rid铆culo internacional incluido, al puerto de Barcelona, comenz贸 a llover abundantemente. Fue el inicio de la actual tregua h铆drica. Y se comprende. Con la que est谩 cayendo no quedan ganas de meterse en m谩s berenjenales.

Pero claro, la pol铆tica del agua es como el Guadiana. Aparece y desaparece al comp谩s de la climatolog铆a. Y como ahora un nuevo ciclo seco nos amenaza, el asunto gana actualidad. Y la que ganar谩 si sigue sin llover en abundancia. Unos volver谩n a reivindicar la propiedad de los r铆os que discurren por su comunidad, mientras otros invocar谩n el valor esencial de la solidaridad entre territorios. Pero todos, en un proceder que me recuerda el mote de un antiguo profesor (por ense帽arlo todo menos lo fundamental le apodaron el bikini), ignorar谩n lo que de verdad importa, gestionar eficientemente el recurso. Del mismo modo, una pol铆tica que ignora lo esencial puede merecer ese mote.

Al fin y a la postre son pol铆ticas bikini las que han propiciado la crisis actual. Han sobrado fastos y ha faltado ver la gravedad de la situaci贸n que, de haberse atajado a tiempo, no tendr铆a estas dimensiones. Tan graves son que Espa帽a y el resto de PIGS europeos han perdido su independencia. Bailan al comp谩s que marcan mercados y agencias de calificaci贸n de riesgo. Por el enorme d茅ficit tarifario, si no se act煤a, algo parecido le ocurrir谩 al ciclo urbano del agua. Y con id茅nticos compa帽eros de viaje.

De acuerdo con la International Water Association (IWA), el agua m谩s cara del mundo es la de Copenhague, aunque all铆 llueva mucho y se riegue poco. Por 200 m3 de agua, el gasto anual, una familia paga 765 d贸lares norteamericanos. En Mil谩n, la ciudad m谩s barata, la misma cantidad s贸lo cuesta el 4%, 33 d贸lares norteamericanos. Y como no pod铆a ser de otro modo, Espa帽a est谩 m谩s cerca del sur que del norte. Algo m谩s de 200 d贸lares norteamericanos es lo que, en media, se paga por el mismo volumen en las cinco ciudades espa帽olas que incluye la muestra de la IWA. Sin embargo, qu茅 curioso, la energ铆a el茅ctrica es m谩s cara en Espa帽a (0,142 鈧/kwh) que en Dinamarca (0,116 鈧/kwh).

Tama帽a contradicci贸n es f谩cil de justificar. Mientras la energ铆a el茅ctrica recupera todos los costes (est谩 al caer una nueva subida para compensar el d茅ficit tarifario), los pa铆ses del sur de Europa siempre han subsidiado las grandes infraestructuras h铆dricas. Desde Bruselas, Madrid o la capital auton贸mica correspondiente. Y claro, el recibo no incluye los costes de amortizaci贸n. Y mucho menos los ambientales, que en Copenhague ascienden a 0,84 鈧/m3, casi el precio total del agua en Espa帽a. Tampoco existe inquietud alguna por dar al agua de grifo la m谩xima calidad. No es, pues, casualidad que el consumo de agua embotellada en Copenhague est茅 entre los m谩s bajos del mundo (11 litros por persona y a帽o) mientras Italia registra el m谩s elevado (200 litros por persona y a帽o). Con Espa帽a 鈥攓ue tambi茅n ignora las ventajas ambientales y econ贸micas del agua de grifo frente a la embotellada鈥 pis谩ndole los talones.

El mundo del agua urbana es, pues, una burbuja h铆drica que puede explotar en un futuro m谩s o menos pr贸ximo. Depender谩 de la evoluci贸n temporal de la pr贸xima sequ铆a o del aumento de la contaminaci贸n que traer谩 la falta de renovaci贸n de las depuradoras. Como los recibos que pagan los abonados impiden reponerlas, como las ayudas europeas que las financian agonizan y como, en fin, las arcas de las Administraciones est谩n exhaustas, en cualquier momento puede llegar el colapso. Porque muerto el subsidio, con las actuales tarifas es imposible renovar un patrimonio formidable que supera los 100.000 millones de euros s贸lo en tuber铆as enterradas en las ciudades. Por ello el d茅ficit tarifario el茅ctrico, comparado con el h铆drico, es una menudencia. Y a煤n hay m谩s. Porque, en un ejercicio entre desesperado e irresponsable, algunos Ayuntamientos alivian sus penurias descapitalizando, a煤n m谩s, estos servicios. No son pocos los que desv铆an el dinero del agua a otros fines en una clara violaci贸n de la Directiva Marco del Agua que, desde 2010, exige recuperar todos los costes y reinvertirlos en mejorar el servicio. 隆Cu谩nta falta hace un regulador que ordene tanto desorden!

Asistimos a profundas reformas, todas dolorosas. Del mercado laboral, del financiero, del sanitario o del Estado de las autonom铆as. Todo se revisa porque todo es insostenible. Y, ante la presi贸n de Bruselas y de los mercados, con prisas. Con demasiadas prisas. No somos due帽os de nuestras decisiones porque se ha actuado a la fuerza, cuando no se pod铆a esperar m谩s. Y sin embargo, todos los sectores en revisi贸n son, comparados con el ancestral mundo del agua, muy j贸venes. 隆C贸mo, pues, no va a necesitar una adecuaci贸n a los tiempos que corren un mundo anclado en el pasado! Pero claro, si una vez m谩s se olvida que prevenir es mejor que curar, de nuevo nos sonrojar谩n y de nuevo estaremos a merced de las circunstancias. Y no nos conviene olvidar que el agua es mucho m谩s importante que la electricidad. La humanidad ha vivido muchos siglos sin lo segundo. Jam谩s sin lo primero.

Felicit茅monos, pues, de la intenci贸n del ministro y dese茅mosle la mejor fortuna en el empe帽o. Es evidente que reformar un mundo tan complejo solo es posible con un pacto que aleje el agua de la arena pol铆tica y de la demagogia territorial. Un pacto que, olvidando intereses creados y disputas pasadas, parta de cero, incorpore los 煤ltimos avances cient铆ficos y, desde el sentido com煤n, priorice la sostenibilidad y la eficiencia. Un pacto que apueste por un modelo frugal, que erradique excesos que, pronto o tarde, hay que pagar. Y que se ocupe de lo fundamental. De lo que de verdad interesa a los ciudadanos. A los actuales y, sobre todo, a los venideros. Un pacto que hoy, D铆a Mundial del Agua, debiera comenzar a cobrar cuerpo. El lema de este a帽o, Agua y seguridad alimentaria, subraya lo que el m谩s preciado recurso natural significa para el hombre. No tentemos m谩s la suerte y, con Einstein, recordemos lo positivo del momento: “La crisis, porque solo ella es capaz de traer el verdadero progreso, es la mayor bendici贸n que les puede suceder a personas y pa铆ses”. Lo negativo, sin embargo, no es menester recordarlo. Por desgracia todos, en cada momento y lugar, lo sufrimos. No lo empeoremos m谩s.

Enrique Cabrera es catedr谩tico de Mec谩nica de Fluidos en la Universidad Polit茅cnica de Valencia.

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Marzo 22nd, 2012 at 7:19 am

El agua bien merece un acuerdo, de Ram贸n Luis Valc谩rcel Siso en El Pa铆s

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Cerca de cumplirse los 20 a帽os desde que fuera instituido por las Naciones Unidas, el D铆a Mundial del Agua, que hoy celebramos, naci贸 para remarcar lo esencial que resulta para la vida y desarrollo de todos los seres vivos este recurso natural tan escaso y preciado, e incidir en la necesidad de su uso responsable y sostenible. Prop贸sitos de obligado cumplimiento una vez que la poblaci贸n mundial ya supera los 7.000 millones de personas y se estima que alcanzar谩 los 9.000 millones en 2050, si no antes.

Las necesidades de suministro de agua en cantidad suficiente y buenas condiciones para semejante escenario demogr谩fico tienen que compatibilizarse, adem谩s, con el respeto al medio ambiente y al conjunto de factores que mantienen el equilibrio natural del planeta. Por tanto, no sorprende que el lema de este a帽o haga alusi贸n a los aspectos en torno a Agua y seguridad alimentaria, pues la humanidad se enfrenta en las pr贸ximas d茅cadas al desaf铆o de poder alimentar con plenas garant铆as a esa poblaci贸n creciente partiendo de un recurso finito como es el agua potable, que es solo el 2% de toda la disponible en la naturaleza.

La Comunidad Aut贸noma de Murcia, a causa del d茅ficit h铆drico estructural que afecta a la cuenca del Segura, es depositaria de una sabia tradici贸n milenaria, de un rico legado forjado durante siglos a base de experiencia, trabajo y mucha dedicaci贸n, que permite extraer el m谩ximo rendimiento de ese tesoro natural que representa cada gota de agua.

El sureste espa帽ol ocupa un lugar preferente a nivel europeo y mundial en cuanto a la adecuada gesti贸n y reutilizaci贸n de los caudales h铆dricos. Nadie tiene que verse perjudicado a la hora de buscar una soluci贸n definitiva As铆 lo atestigua la reciente concesi贸n del prestigioso Premio Acueducto de Segovia, con el que el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Espa帽a ha galardonado al sistema general de regeneraci贸n y reutilizaci贸n de las aguas residuales urbanas en la Regi贸n de Murcia. Infraestructura que a su condici贸n de obra hidr谩ulica de gran calado une su funci贸n a favor del medio ambiente, y que ha permitido la plena recuperaci贸n del r铆o Segura, caracterizado hasta entonces por altos niveles de contaminaci贸n.

Esta actuaci贸n promovida por la Comunidad Aut贸noma de Murcia, en cuya ejecuci贸n han participado durante nueve a帽os 240 ingenieros de Caminos y 108 empresas, ha hecho de nuestro m谩s emblem谩tico cauce fluvial uno de los m谩s limpios de Espa帽a.

Se culmina as铆 el proceso que ha situado a la Regi贸n de Murcia como un ejemplo mundial en materia de reutilizaci贸n de agua, con el 100% de la poblaci贸n conectada a depuradoras y redes de saneamiento, lo que ha permitido generar m谩s de 100 hect贸metros c煤bicos anuales destinados a la sostenibilidad ambiental de nuestros cauces y su reutilizaci贸n en regad铆os.

Nuestros agricultores conocen muy bien el significado del lema escogido este a帽o por la ONU, Agua y seguridad alimentaria, pues es a ellos, y a su esfuerzo por obtener los mejores productos que puedan competir con las altas exigencias que marcan los mercados, a quienes debemos una agricultura tan avanzada como la murciana, que llena las mesas y despensas de Espa帽a y de Europa con alimentos de la m谩xima calidad.

La escasez de agua y una alta eficiencia en su gesti贸n son los dos factores que tradicionalmente han definido la pol铆tica h铆drica de la regi贸n de Murcia y que podr铆an extrapolarse, en tiempos recientes, a zonas de Europa donde asistimos con preocupaci贸n a fen贸menos similares, hasta ahora desconocidos. Situaci贸n que exige la aprobaci贸n con urgencia de una nueva directiva-marco del agua para todos los Estados de la Uni贸n Europea, que incluya medidas eficaces que garanticen el suministro a todos los ciudadanos de Europa a partir de la solidaridad entre cuencas, la sostenibilidad, depuraci贸n y reutilizaci贸n de los recursos h铆dricos.

Esos mismos criterios que demandamos para Europa han de ser los que inspiren el Plan Nacional del Agua, con el que el Gobierno central solucione definitivamente un problema que, secularmente, afecta de manera muy grave a determinados territorios de Espa帽a.

Un gran acuerdo nacional en cuya elaboraci贸n se escuche a todas las partes implicadas, desde las comunidades aut贸nomas a los regantes y cient铆ficos, y se respeten todos los argumentos para, sin que nadie resulte perjudicado y todos salgamos beneficiados, podamos conformar, de manera solidaria y efectiva, la soluci贸n definitiva a una cuesti贸n tan decisiva para el presente y futuro de todos los espa帽oles.

Ram贸n Luis Valc谩rcel Siso es presidente de la Comunidad Aut贸noma de Murcia.

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Marzo 22nd, 2012 at 7:18 am

La tercera bomba at贸mica, de Fernando S谩nchez Drag贸 en El Mundo

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OTRAS VOCES: ANIVERSARIO DE FUKUSHIMA

El terremoto de Fukushima me pill贸 en Bangkok, con un coche a la puerta para ir a Pattaya. Antes de salir consult茅 elmundo.es y supe del cataclismo. Mi mujer estaba en Kioto y yo ten铆a que reunirme con ella tres d铆as despu茅s. Puse la tele y, mir谩ndola de reojo, escrib铆 a porta gayola una primera cr贸nica, que lo fue de o铆das y de le铆das, no de vividas.

隆Extra帽a coincidencia! Escribo esto el d铆a del primer aniversario del terremoto en un hotel de Phnom Penh. En cuanto lo termine saldr茅 en coche hacia Pattaya.

Quise cambiar el billete. No fue posible. Me resign茅. En la ciudad mencionada, durante setenta y dos horas de tensi贸n, frente por frente de un mar en inquietante calma, segu铆 buceando en internet, mirando la tele y escribiendo cr贸nicas.

Aterric茅, por fin, en Osaka, me detuve un par de d铆as en Kioto y al tercero sub铆 a Tokio. Mi mujer me dijo que estaba loco, se enfad贸, me llev贸 en coche a la estaci贸n y se neg贸 a besarme.

Llegu茅 dos horas despu茅s a mi punto de destino. En 茅l no pasaba nada relevante, aunque todo transcurr铆a al ralent铆. Menos gente en las calles y casi ninguna, ya de noche, en los barrios de frufr煤. Los gaiyin se hab铆an largado, pero los japoneses segu铆an en sus puestos y la vida segu铆a como si tal cosa. Nada de particular habr铆a percibido un viajero que llegase ese d铆a a la ciudad sin saber lo que a no muchos kil贸metros de ella hab铆a sucedido.

De todo ello segu铆 dando cuenta, junto a David Jim茅nez, en este mismo peri贸dico. Nuestros colegas, con pocas excepciones, tambi茅n hab铆an puesto pies en polvorosa, lo que no fue 贸bice para que siguieran informando. 驴Era eso informaci贸n?

Ni quedaba ni queda.

El D铆a de Difuntos, no s茅 si por casualidad o a impulsos del subconsciente, viaj茅 de nuevo a Tokio y permanec铆 en esa ciudad hasta mediados de noviembre. Me impresion贸 la recuperaci贸n econ贸mica que se palpaba en sus calles. Todo volv铆a a estar lleno de gente cargada de bolsas que parec铆an el cuerno de la abundancia. No cab铆a un alfiler en ninguna parte. Los escaparates centelleaban. Millones de muchachas vestidas como si fueran a un desfile de modelos alegraban las calles, los pasillos de los grandes almacenes y los lugares de chicoleo. Hab铆a m谩s frufr煤 que nunca en los barrios que hab铆an apagado sus luces en los d铆as que siguieron al terremoto.

Resumiendo: el consumo, pieza b谩sica en la prosperidad del pa铆s m谩s consumista de la tierra, volv铆a por sus fueros.

Pens茅, una vez m谩s, que all铆, fuera de Fukushima, en apariencia, no hab铆a pasado nada.

En apariencia, digo, porque habl茅 con mucha gente en esas seis semanas del oto帽o y llegu茅 a la conclusi贸n de que no cab铆a confundir la recuperaci贸n econ贸mica a la que antes he aludido con la psicol贸gica. Algo hab铆a cambiado, quiz谩 para siempre, en el 谩nimo de los japoneses, en su car谩cter, en su filosof铆a, en su manera de evocar el pasado, vivir el presente y encarar el futuro.

Ese algo era sutil, et茅reo, transparente. No se percib铆a con facilidad. Contaba yo, para salvar ese obst谩culo, con alguien -mi mujer- que minuto a minuto me iba traduciendo lo que mis interlocutores dec铆an.

Los japoneses, ya se sabe, consideran de mala educaci贸n -peor a煤n: es una falta de respeto al pr贸jimo- manifestar sus sentimientos, as铆 sean 茅stos de alegr铆a. Tanto m谩s cuando lo son de pesadumbre.

Pero tambi茅n, si se les tira de la lengua, son parlanchines. Y as铆, hurga que te hurga, forzando el proverbial hermetismo de su raza, fui d谩ndome cuenta de que los japoneses -no todos, por supuesto- han perdido la confianza en el futuro de la sociedad que con asombroso tes贸n y audacia levantaron sobre las cenizas de la derrota b茅lica y entre los restos del naufragio de sus m谩s arraigadas tradiciones y singulares convicciones.

Viv铆an hasta ahora en un mundo aparentemente feliz, en una burbuja freixenet, en un pulm贸n artificial, en un centro de cuidados intensivos, en una megal贸polis de rascacielos morales, y no s贸lo arquitect贸nicos, a prueba de se铆smos.

Esa disneylandia, esa utop铆a, esa isla de Nunca Jam谩s, ese jard铆n del Ed茅n, ese futuro, se ha venido abajo. El tsunami de Fukushima no s贸lo devast贸 el litoral de las sendas de Oku que, haiku a haiku, recorriese Basho, sino tambi茅n las conciencias, acunadas y adormecidas por la molicie de los a帽os de bienestar, de quienes cre铆an, como su cuasi paisano Fukuyama, que la historia, en Jap贸n, hab铆a terminado debido al advenimiento de la Edad de Oro.

Es s贸lo un detalle, pero鈥 He podido comprobar, hablando con las gentes de a pie (el peluquero de mi mujer, por ejemplo, y el chico de los recados que en su motocicleta me tra铆a sushi), que radio macuto propala ahora en Jap贸n toda suerte de bulos relativos a las amenazas que se ciernen sobre el pa铆s y que de un momento a otro lo pondr谩n en jaque.

Los japoneses, por extra帽o que parezca en una sociedad de tecnolog铆a tan avanzada como la suya, son muy supersticiosos. Basta con pasear al anochecer por Ginza, que es la Quinta Avenida de Tokio y el cesto de muchas Grandes Manzanas, para comprobarlo. Videntes y echadoras de cartas, sentadas en min煤sculos tenderetes de incierta y rojiza luz, y acurrucadas contra las paredes de las moles de hormig贸n, atienden en susurros a las personas que frente a ellas, en fila india, esperan turno.

Las especies difundidas en la Red de leyendas urbanas a la que antes me he referido son dignas de Nostradamus y carecen de fundamento, pero escenifican la zozobra que encrespa el mar interior de los japoneses.

Es l贸gico que as铆 sea. Tres bombas at贸micas -la de Fukushima, arrojada por madre natura, tambi茅n lo ha sido- no caen en vano, y menos a煤n si lo hacen cuando el recuerdo del horror de las dos primeras, tan cercanas en la geograf铆a y en el tiempo, no se ha desvanecido. A Jap贸n, y s贸lo a 茅l, le ha tocado esa china. Verdad es que ning煤n otro pueblo sobrelleva las calamidades con la entereza, la dignidad y la voluntad de resurrecci贸n con la que 茅l lo hace, pero aun as铆鈥

Lo peor, adem谩s, podr铆a estar por venir. No son infundios alarmistas de radio macuto, sino severas previsiones de sism贸logos, las que anuncian la elevada probabilidad de que en el pr贸ximo lustro otro terremoto de fuerza similar o superior al de Fukushima sacuda toda la zona metropolitana de Tokio, su alfoz y el litoral que desde la antigua Edo llega hasta la ciudad costera de Shizuoka, al pie del Monte Fuji, en la que tiene su sede, para que en ese escenario apocal铆ptico no falte de nada, una de las primeras centrales nucleares que se construyeron en el pa铆s.

驴De d贸nde saldr谩 entonces el flujo de megavatios que el colosalismo industrial del pa铆s necesita para que sus motores no se apaguen poniendo fin con ello al sue帽o de comodidad y prosperidad concebido por quienes hace medio siglo lo apostaron todo a ese tipo de energ铆a?

驴Nucleares s铆? 驴Nucleares no? That is the question y el principal dilema que antes de que cante el gallo de una posible crucifixi贸n s铆smica deben resolver, as铆 sea con la espada con la que Alejandro cort贸 el nudo gordiano, los habitantes del pa铆s del Sol Naciente, que podr铆a derivar, si el Fuji estalla, a Sol Poniente.

No es, por desgracia, hip茅rbole. Habr铆a que evacuar, caso de que ese futurible dejara de serlo, a m谩s de treinta millones de personas. 驴Cabr铆a hacerlo?

隆Ojal谩 nunca ponga Amaterasu en semejante brete a sus amados s煤bditos!

Pero el anverso de la desesperaci贸n tiene siempre un reverso de esperanza. Si Jap贸n renuncia a la energ铆a nuclear, no tendr谩 m谩s remedio que deponer la idolatr铆a del American way of life que desde la llegada de MacArthur hizo suya y reactivar las tradiciones de armon铆a, respeto, calma y pureza (esos son los ideogramas -wa, kei, yaku, sei- de la ceremonia del t茅) que el zen propag贸, Basho cant贸, el bushido codific贸 y Mishima, en vano, intent贸 rescatar.

Que as铆 sea.

Fernando S谩nchez Drag贸 es escritor y columnista de EL MUNDO.

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Marzo 13th, 2012 at 7:14 am

Litoral en retroceso, de El Editorial de El Pa铆s

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El anuncio del Gobierno de relajar la Ley de Costas es una p茅sima noticia medioambiental

El Gobierno ha anunciado su intenci贸n de reformar la Ley de Costas y los primeros mensajes emitidos hacen temer una peligrosa relajaci贸n en los mecanismos que esa norma estableci贸 para frenar los desmanes urban铆sticos en el litoral espa帽ol. Aquella Ley de 1988 fij贸 la obligaci贸n de delimitar las zonas consideradas de dominio p煤blico, prohibi贸 la construcci贸n en las mismas y permiti贸 la existencia de edificaciones previas como concesiones estatales durante un plazo de 30 a帽os (prorrogables hasta 60) antes de acabar con ellas.

El titular de Agricultura, Alimentaci贸n y Medio Ambiente, Miguel Arias Ca帽ete, aludi贸 en una de sus primeras comparecencias como ministro a la necesidad de compatibilizar la norma con el desarrollo econ贸mico y anunci贸 el alargamiento de las concesiones. En las siguientes semanas, su departamento ha desgranado otras razones. Un reciente informe ministerial habla de la arbitrariedad con la que se ha hecho el trazado de los deslindes (delimitaci贸n de zonas p煤blicas) durante estos a帽os y de la 鈥渋nseguridad jur铆dica鈥 que ha generado en propietarios de construcciones que eran legales antes de 1988.

La Ley de Costas naci贸 con la vocaci贸n de poner freno al urbanismo desaforado que ha devastado el litoral, invadiendo sin piedad playas, dunas y marjales. Las dificultades para aplicarla han sido enormes, hasta el punto de producir una divisi贸n interna en el PSOE, partido que la impuls贸. Se ha deslindado el 95% de la costa y se han afrontado los pleitos de los afectados, ganados en su mayor铆a por la Administraci贸n, as铆 como un recurso ante el Constitucional, que aval贸 la ley.

No es casualidad que el PP dejara intacta una norma legal que no le gustaba durante su primera etapa en el poder (1996-2004) y que, sin embargo, arremeta ahora contra ella. Dentro de seis a帽os, en 2018, caducan muchas de las concesiones y, en consecuencia, el Gobierno de turno deber铆a gestionar el desalojo de cientos de propiedades. La intenci贸n del partido gobernante de echar marcha atr谩s no es una buena noticia y no solo para el medio ambiente. A corto plazo puede reportar ventajas econ贸micas, pero el deterioro del litoral espa帽ol tambi茅n es una seria amenaza para la industria tur铆stica a largo plazo. Reformar la norma ser谩 la tabla de salvaci贸n de muchos negocios privados que ocupan suelo p煤blico, pero generar谩 m谩s inseguridad jur铆dica al perjudicar injustamente a los que ya cumplieron con ella.

Con este proyecto, el Partido Popular demuestra una t谩ctica cortoplacista y un escaso respeto hacia lo p煤blico. Arias Ca帽ete no es el titular de Econom铆a, sino de Medio Ambiente y como tal ser铆a m谩s esperable que se esmerara en una mejor aplicaci贸n de una ley que, lamentablemente y debido en ocasiones a la presi贸n de las autoridades locales, ni siquiera ha logrado evitar nuevas construcciones en un litoral comido por el ladrillo.

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Marzo 5th, 2012 at 7:20 am

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Una buena ley mal aplicada, de Mario Rodr铆guez Vargas y Francisco Segura Castro en El Pa铆s

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En los 煤ltimos d铆as se ha hablado mucho sobre la Ley de Costas. Desde el movimiento ecologista queremos manifestar nuestro apoyo a una ley que, a la vista de la situaci贸n actual, deber铆a ser reforzada y no rebajada. La Ley de Costas es la mejor garant铆a para salir de esta crisis econ贸mica sin sacrificar el delgado tramo de nuestro territorio que proporciona innumerables servicios naturales, como por ejemplo la defensa contra los temporales, y que nos proporciona un 10% del PIB.

Sin embargo, desde que comenz贸 a aplicarse, la ley se ha enfrentado a poderosos detractores: aquellos que solo ven en la franja costera una gran parcela a urbanizar, o aquellos que han sido v铆ctimas de la desidia y arbitrariedad con la que muchos Ayuntamientos, comunidades aut贸nomas y las propias demarcaciones de costas han jugado a su antojo.

Con la entrada en vigor de la Ley de Costas, en 1988, se dio un paso muy importante en la conservaci贸n de los recursos naturales. La nueva ley establec铆a claros l铆mites al proceso de desfiguraci贸n que desde la d茅cada de los cincuenta se hab铆a iniciado en la costa, haciendo patente el uso p煤blico de la costa para todos los ciudadanos. El servicio p煤blico del litoral aparece ya recogido en el art铆culo 132 de la Constituci贸n espa帽ola.

La Ley 22/1988 de Costas establec铆a un plazo de cinco a帽os tras su entrada en vigor para completar el deslinde 鈥攍a delimitaci贸n cartogr谩fica鈥 del Dominio P煤blico Mar铆timo Terrestre. Sin embargo, transcurridos m谩s de cuatro lustros, el proceso a煤n no se ha completado. Este dato es fundamental para entender por qu茅 no se puede ahora poner en duda la ley, ya que supondr铆a tirar por la borda el ingente trabajo de la Administraci贸n p煤blica para delimitar m谩s del 90% de los 8.000 kil贸metros del litoral. Estos deslindes, adem谩s, est谩n El respeto a los procesos ecol贸gicos no es un freno. La Ley de Costas debe completarse ratificados por sentencias firmes del Tribunal Supremo, 贸rgano que ha confirmado la legalidad de la actuaci贸n de la Administraci贸n a lo largo de sus 24 a帽os.

Adem谩s, la Ley de Costas, en sus disposiciones transitorias, salvaguarda los derechos de quienes contaban con derechos leg铆timos, dando el nada desde帽able plazo de 30 a帽os prorrogables otros 30 para buscar otra ubicaci贸n al gran n煤mero de industrias altamente contaminantes que se asientan en la costa. No existe, pues, inseguridad jur铆dica o limitaci贸n desproporcionada sino, m谩s bien, garant铆as y soluciones equilibradas aceptadas por el Constitucional.

La reforma que ahora se anuncia no es el primer intento de descafeinar la protecci贸n de la costa. En 2002, el Gobierno de Aznar introdujo varios cambios en la ley 鈥攅scondidos en la Ley de Acompa帽amiento de los Presupuestos Generales鈥 que fomentaban la ocupaci贸n m谩s completa del litoral, llegando a autorizar construcciones a tan solo 20 metros del mar y favoreciendo los planes urban铆sticos de los Ayuntamientos. Despu茅s, el Gobierno de Zapatero tambi茅n modific贸 la norma a trav茅s de segundas como la Ley de Econom铆a Sostenible. Y ahora, con el cambio de Gobierno, se anuncia una 鈥減rofunda reforma鈥.

En lugar de perseguir a quienes se enriquecieron gracias a la corrupci贸n y los desmanes urban铆sticos, se deja entrever un escenario de continuidad que dar铆a por bueno el beneficio privado y la b煤squeda de soluciones a medida, dejando en segundo plano el provecho que nos reporta una costa al servicio de todos. El peligro con esta reforma es que se premie a quienes se gu铆an por la especulaci贸n. Existen multitud de ejemplos, como el del famoso hotel ilegal de El Algarrobico, construido a menos de 20 metros de la costa.

Desde Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acci贸n, Greenpeace, Seo/birdlife y WWF consideramos que la aplicaci贸n de la Ley de Costas tiene que ser estricta, sin rebajas, eliminando las construcciones ilegales y compensando a aquellos propietarios v铆ctimas de la mala gesti贸n administrativa (estudiando caso por caso). La mejor pol铆tica que se debe ejecutar es favorecer la conservaci贸n del entorno. Un estudio del propio Ministerio de Medio Ambiente considera que la costa espa帽ola puede producir hasta 7.745 millones de euros anuales si se mantiene un estado de conservaci贸n favorable. Para mejorar nuestra competitividad econ贸mica, sobre todo la tur铆stica, no hace falta modificar la ley, hay que gestionar de forma integral todos los usos en el litoral.

El respeto a los procesos ecol贸gicos no es un freno al progreso, es el camino para salir de la crisis. Adem谩s, no se lo pueden permitir ni dunas ni albuferas ni calas. Pero tampoco se lo pueden permitir ni la industria tur铆stica ni las pesquer铆as artesanales, y mucho menos los pueblos costeros y sus paseos mar铆timos, que ven peligrar la seguridad ciudadana por la previsible subida del nivel del mar y las inundaciones y avenidas debido al cambio clim谩tico. En Espa帽a se han destruido en 20 a帽os el equivalente a ocho campos de f煤tbol al d铆a en la costa. Y la situaci贸n en insostenible. Con la vista puesta en el futuro de este pa铆s, la reforma de la Ley de Costas ser铆a el peor de los mensajes porque ya hemos aprendido que el ladrillo no es la soluci贸n.

Mario Rodr铆guez Vargas es director ejecutivo de Greenpeace. Francisco Segura Castro es coordinador de Ecologistas en Acci贸n. Firman tambi茅n este art铆culo las organizaciones Amigos de la Tierra, Seo/birdlife y WWF.

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Febrero 18th, 2012 at 7:16 am

Trasvases: hacerlo sin mencionarlo, de Carme Miralles-Guasch en P煤blico

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Me da m谩s miedo el ministro Miguel Arias Ca帽ete que la ola de fr铆o siberiano de estos d铆as鈥, dec铆a un twitt de un joven ge贸grafo, que me parece del todo oportuno. El ministro anunci贸 en el Congreso 66 medidas que, en materia de medioambiente, pretenden enmendar la totalidad de la legislatura ambiental. Por tierra, mar y aire, esto ser铆a un resumen de lo que pretende cambiar: ley de costas, de calidad del aire, de la biodiversidad, las emisiones de CO虏, etc. Pero de todo ello lo m谩s preocupante es el nuevo plan hidrol贸gico del agua que quiere llevar a cabo porque es lo m谩s peligroso en t茅rminos ambientales, sociales y territoriales.

Hagamos un poco de memoria. En 2001 se aprob贸 el Plan Hidrol贸gico Nacional del Gobierno de Aznar, cuando Jaume Matas era ministro de Medio Ambiente. El principal objetivo era el trasvase del Ebro hacia tierras valencianas, se ten铆a que reforzar el modelo de crecimiento especulativo que abanderaba la Comunidad Valenciana. Y para ello se promulgaron leyes urban铆sticas que favorec铆an la especulaci贸n inmobiliaria y la construcci贸n masiva, con los resultados que ya sabemos y que ahora estamos pagando con creces. Pero con poner a disposici贸n de los especuladores todo el suelo disponible no era suficiente, el modelo requer铆a de agua y esta estaba en el Ebro. F谩cil: la llevamos, y con ello engrosamos las cuentas de las empresas constructoras y presumimos de solidaridad entre territorios.

El revuelo que se arm贸 fue considerable; manifestaciones masivas en muchas ciudades espa帽olas, declaraciones en contra de expertos y acad茅micos. Incluso Europa expres贸 su disgusto. El proyecto afect贸 a gobiernos locales y auton贸micos, y muchos cambiaron de color. Sin embargo el PP, con su mayor铆a absoluta, hizo, en la campa帽a electoral de 2004, un amago de inauguraci贸n de los primeros movimientos de tierra del trasvase.

El trasvase de 2001 y las intenciones del ministro Ca帽ete forman parte de una misma estrategia geopol铆tica que tiene como objetivo la especulaci贸n territorial. Ahondar en un modelo de desarrollo que es caduco, que s贸lo beneficia a unos pocos y empobrece a la mayor铆a. Anta帽o se concentraba en el Levante espa帽ol, ahora tenemos que estar alerta de d贸nde ponen las rayas en el mapa.

Carme Miralles-Guasch. Profesora de Geograf铆a Urbana.

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Febrero 6th, 2012 at 7:07 am

Pol铆tica y energ铆a: lo que apesta en Washington, de Bill McKibben en SinPermiso (19/12/11)

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Fue uno de esos inc贸modos momentos en los que te das cuenta de pronto de que est谩s en el sitio equivocado, que eres un palurdo de un lugar perdido en una ciudad sofisticada cuyas costumbres no acabas de entender.

Politico [conocida revista digital norteamericana] patrocin贸 la semana pasada un simposio de “An谩lisis del a帽o en Washington” y me invit贸 a formar parte de los ponentes sobre energ铆a. As铆 que aunque apenas hab铆a pasado tres semanas en Washington este a帽o (y las noches m谩s memorables transcurrieron en su pabell贸n central de prisi贸n por protestar ante la Casa Blanca para bloquear el oleoducto Keystone XL), me encontr茅 viajando hasta Vermont para compartir escenario con dos miembros de la C谩mara de Representantes: Ed Markey (dem贸crata por Massachusetts) y Lee Terry (republicano por Nebraska).

Estaba un poco nervioso, pues Terry hab铆a presentado recientemente un proyecto de ley para forzar una r谩pida aprobaci贸n del oleoducto que invalidara al presidente. Pero hablamos por extenso bastante amablemente, mientras le explicaba en qu茅 estaban equivocadas las cifras de puestos de trabajo que no dejaba de repetir. Markey se帽al贸 que el petr贸leo de las arenas alquitranadas canadienses que se transportar铆a a lo largo del oleoducto, lejos de incrementar la seguridad energ茅tica de los EE. UU. estar铆a destinado a venderse en el extranjero. Era todo armon铆a de la de “avenirse a diferir”.

Y entonces, de pasada, dije algo que me pareci贸 tan evidente que ni siquiera se me ocurri贸 que alguien pudiera ponerle objeciones: que eran claramente los grandes intereses petrol铆feros los que quer铆an resucitar el oleoducto y que utilizaban a los congresistas a los que subvencionaban generosamente para que as铆 sucediera.

Not茅 que, a mi lado, Terry se irritaba. Terci贸 rapidamente con algo por el estilo de 驴est谩 usted diciendo que estamos “comprados”? Y de repente me sent铆 mal, como si verdaderamente hubiese dicho algo incorrecto. Farfull茅, intent茅 decir que no sab铆a nada de 茅l en particular, que estaba seguro de que al final ser铆a parte de la soluci贸n y dem谩s. Pero el hielo qued贸 en el aire; pareci贸 genuinamente lastimado por que alguien pudiera pensar que se le presentase alguna clase de conflicto.

驴Es realmente posible que la gente de Washington no comprenda lo que el resto del pa铆s 鈥 izquierda, derecha y centro 鈥 cree respecto a ellos: que aceptan dinero de grandes empresas para sus campa帽as a cambio de gestionar sus peticiones?

Me fui a casa y busqu茅 el nombre de Terry en la base de datos de la Dirty Energy Money Campaign [Campa帽a sobre el Dinero de Energ铆as Sucias], elaborada por Oil Change International. Koch Industries le hab铆a entregado 15.500 d贸lares, Exxon Mobil le hab铆a concedido 25.500 d贸lares, la Petroleum Marketers Association le hab铆a lanzado otros 12.500…Conoco Phillips, Chevron, BP: en total, desde 1999, hab铆a obtenido 365.798 d贸lares de la industria de combustibles f贸siles, y en el 煤ltimo recuento, la p谩gina de la base de datos dejaba sentado que se “aline贸” con los intereses de las energ铆as sucias en el 100% de las votaciones escogidas”.

Lo mismo resulta cierto de todos los dem谩s patrocinadores de la legislaci贸n que intenta desbaratar la revisi贸n del Keystone y construirlo r谩pidamente, y al clima que le den. Entiendo que esta clase de corrupci贸n es bipartidista y tambi茅n que es enteramente legal, pero entiendo tambi茅n que todo el mundo, y quiero decir todo el mundo, con que me he encontrado fuera de Washington piensa que huele a podrido. Quiero decir que all铆 sentado en el estrado me sent铆a maleducado pero aturdido. 驴Usted cree de verdad que es correcto? 驴Aceptar dinero de gente cuyos intereses tiene luego que juzgar?

No es muy distinto de ir a un partido de f煤tbol en el que uno de los equipos pagara a los 谩rbitros.

Middlebury College es quien paga mi sueldo. A mi no se me ocurrir铆a, digamos, actuar como juez en un concurso de becas acad茅micas en el que participasen estudiantes de mi universidad. No confiar铆a en mi mismo a la hora de hacer lo correcto.

Luchar en los 煤ltimos meses contra este oleoducto me ha proporcionado una nueva percepci贸n del Distrito de Columbia. Cuando la batalla se libra en campo abierto 鈥 cuando la gente oye a los cient铆ficos explicar que explotar a gran escala las arenas alquitranadas canadienses equivale a declarar que “en lo esencial no hay m谩s que hacer” en lo referente al clima 鈥 tenemos la oportunidad de imponernos. Pero cuando la acci贸n desaparece tras las puertas cerradas del Congreso, el dinero manda.

Esa es una raz贸n por la que deber铆amos contar con una financiaci贸n p煤blica de las campa帽as o idear alguna otra forma de sacar al dinero de la pol铆tica. Todo ese dinero conduce a malas decisiones pol铆ticas, impulsadas por intereses corporativos en vez de por el bien p煤blico. Pero hay otra raz贸n que me sorprendi贸 en ese estrado. El honor de estos hombres y mujeres est谩 en juego; es injusto pedirles que se mantengan por encima de tentaciones que el resto de nosotros no podr铆amos vencer. No s贸lo soy yo, en cierto plano todos le debemos una disculpa a Terry y sus colegas. Al permitir este sistema, les hemos colocado en una situaci贸n imposible.

Soy consciente de que Washington considera normal esa imposible situaci贸n y mi postura, ingenua. Pero una encuesta de octubre demostraba que s贸lo el 9% de los norteamericanos daba su aprobaci贸n al Congreso (comparado con un 11% en junio que creen que la poligamia es una buena idea, y un inexplicable 16% que daba su aprobaci贸n a BP durante el vertido de petr贸leo de 2010). Es hora de rescatar a la instituci贸n, y el sitio evidente por el que empezar son los cambistas de los pasillos.

Bill McKibben es autor de una docena de libros, el 煤ltimo de los cuales aparecer谩 publicado con el t铆tulo: Earth: Making a Life on a Tough New Planet (Times Books, abril de 2010). Ejerce como profesor en el Middlebury College, Vermont. Pueden hallarse archivos de audio en los que pone en evidencia a los negacionistas del cambio clim谩tico en: tomdispatch.com.

Traducci贸n para www.sinpermiso.info: Lucas Ant贸n

Tom Dispatch, 14 diciembre 2011

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Diciembre 19th, 2011 at 7:03 am

Ep铆logo en Durban, de Alejandro Nadal en SinPermiso (19/12/11)

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La reuni贸n sobre cambio clim谩tico (COP17) en Durban concluy贸 con un resultado fat铆dico: ya no existe algo que se pueda llamar un r茅gimen global sobre cambio clim谩tico. En esta conferencia se desmantel贸 lo que quedaba del Protocolo de Kioto. Ese tratado adolec铆a de muchos defectos, pero por lo menos consagraba el principio de obligaciones vinculantes para los pa铆ses que m谩s han contribuido a generar el problema del cambio clim谩tico. El PK expira el a帽o entrante y no tenemos ya nada con qu茅 remplazarlo.

A pesar de este saldo negativo, la prensa de negocios presenta las conclusiones de la COP17 como un triunfo de la diplomacia internacional. 驴Qu茅 fue lo que pas贸? En las primeras horas del domingo se lleg贸 a un acuerdo para mantener las negociaciones abiertas con miras a alcanzar un tratado con metas firmes y vinculantes en 2015. Ese tratado entrar铆a en vigor en 2020. Adem谩s, se acord贸 fortalecer el Fondo verde para el clima, una bolsa de recursos para cubrir los costos de adaptaci贸n y reducci贸n de emisiones de los pa铆ses pobres. Nada de esto representa necesariamente buenas noticias.

Para empezar, la idea de negociar un tratado con compromisos vinculantes para 2015 representa un atraso extraordinario en el tema del cambio clim谩tico. Los cient铆ficos ya nos han alertado sobre la necesidad de estabilizar la acumulaci贸n de gases de efecto invernadero (GEI) en la atm贸sfera. Casi existe un consenso entre los cient铆ficos sobre la necesidad de mantener un nivel de 350 partes por mill贸n de CO2. Alcanzar ese nivel lo antes posible es considerado necesario para mantener el cambio clim谩tico global en el rango de hasta dos grados cent铆grados. Ya de por s铆 ese aumento de temperatura tendr谩 serias consecuencias para la agricultura mundial (en especial en los pa铆ses pobres), eventos meteorol贸gicos extremos m谩s frecuentes, elevaci贸n en el nivel de los oc茅anos, sequ铆as e inundaciones m谩s severas, deshielo de glaciares, etc.). Pero parece que permitir铆a evitar una cat谩strofe a煤n mayor.

Lo realmente grave es que en 2010 se alcanz贸 el nivel de 389 ppm y un regreso a las 350 ppm se antoja casi imposible en las condiciones actuales. Es decir, para cuando comenz贸 la reuni贸n de Durban ya era tarde.

Eso no es todo. Estados Unidos, con su habitual arrogancia, ha anunciado que una de las caracter铆sticas claves del nuevo acuerdo (para 2015) ser谩 la verificaci贸n. Aqu铆 no se tratar铆a de llegar a acuerdos como el de Kioto, donde el inventario nacional de emisiones de cada pa铆s era tomado como un documento fidedigno sobre la generaci贸n de gases de efecto invernadero. Nada de eso. Para Estados Unidos el nuevo acuerdo tendr谩 que tener un r茅gimen de verificaci贸n para evitar que algunos pa铆ses hagan trampas. Por supuesto, la arquitectura de ese sistema de verificaciones ser谩 algo complicada. Pero adem谩s, habr谩 que ver c贸mo reciben esta noticia pa铆ses como Brasil, China e India, que el nuevo acuerdo buscar铆a incorporar. Esas negociaciones se van a poner muy dif铆ciles. Quiz谩s eso es precisamente lo que busca Washington.

Sobre el Fondo verde para el clima hay que decir que los 100 mil millones de d贸lares que contempla ese fondo ser谩n brutalmente insuficientes para hacer frente a las necesidades de los pa铆ses subdesarrollados. Pero, m谩s all谩 de eso, esa cifra ni siquiera ha sido depositada o entregada. Por el momento todav铆a se trata de promesas. Para informaci贸n detallada v茅ase www.climatefundsupdate.org.

Por otra parte, buena parte de las negociaciones en Durban, y del acuerdo final, tienen que ver con la administraci贸n de esos recursos. Estados Unidos insisti贸 durante la mayor parte de la conferencia que el fondo deber铆a ser manejado por el GEF en el Banco Mundial. Esa fue una maniobra de negociaci贸n para buscar concesiones sobre otros aspectos del acuerdo. Al final se acept贸 que el manejo del fondo estar铆a bajo una oficina en el marco de la Convenci贸n marco sobre cambio clim谩tico de las Naciones Unidas. Pero en el nuevo acuerdo de 2015 todo puede cambiar.

Como tiro de gracia, Canad谩 anunci贸 un d铆a despu茅s de la COP17 que se retiraba unilateralmente del Protocolo de Kioto. Su proyecto para explotar las arenas bituminosas de Alberta ya no tiene ning煤n obst谩culo. Muy malas noticias en materia de cambio clim谩tico y testimonio de un colosal fracaso alrededor de la Convenci贸n marco sobre cambio clim谩tico.

Para los pa铆ses m谩s pobres del planeta, y en especial para 脕frica, el resultado de la COP17 es un insulto. Es testimonio de la arrogancia y cinismo de los pa铆ses poderosos. A la codicia de Estados Unidos y Europa en 脕frica, ahora hay que sumar la de China y hasta Brasil, que ya implantan nuevos mecanismos de dominaci贸n y de saqueo de recursos. A la violencia asociada a estas incursiones, ahora hay que a帽adir la del cambio clim谩tico. 脕frica es el continente que m谩s va a sufrir por el aumento de la temperatura global. La tr谩gica iron铆a es que aqu铆 es donde se termin贸 de hundir el r茅gimen global sobre cambio clim谩tico.

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

La Jornada, 14 diciembre 2011

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Diciembre 19th, 2011 at 7:02 am

Cruda perspectiva, de Mariano Marzo Carpio en La Vanguardia

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Apesar de la que est谩 cayendo, el precio del barril de Brent se resiste a bajar de los 100 d贸lares e incluso se permite flirteos con los 110-115 d贸lares. Unos guarismos que a finales del 2011 llevar谩n a Espa帽a a situarse cerca del r茅cord de d茅ficit comercial por importaciones de productos energ茅ticos, alcanzado en el 2008, en torno a los 42.668 millones de euros. De enero a septiembre de este a帽o dicho d茅ficit era ya de 31.147,7 millones, un 22,5% m谩s que durante el mismo periodo del a帽o anterior y cerca de un 88% de todo el d茅ficit comercial de nuestro pa铆s. El aumento de los precios ha superado ampliamente el efecto del descenso del consumo ligado a la coyuntura de crisis y lo malo es que las perspectivas no son nada halag眉e帽as.

As铆 lo sugiere la Agencia Internacional de la Energ铆a (AIE) en su 煤ltimo informe sobre el panorama energ茅tico global (World Energy Outlook 2011), en el que considera tres escenarios sobre la evoluci贸n de la demanda mundial. El primero, denominado de Pol铆ticas Actuales, proyecta ad贸nde nos conduce la rutina actual y prev茅 un aumento del consumo global de petr贸leo durante el periodo 2009-2035 de 20,4 millones de barriles diarios (mbd). El segundo, llamado de Nuevas Pol铆ticas, asume que todos los compromisos y planes anunciados por los gobiernos en lo relativo a la reducci贸n de gases de efecto invernadero y a la eliminaci贸n de subsidios a los combustibles f贸siles acabar谩n cumpli茅ndose, de manera que la demanda mundial entre el 2009 y el 2035 aumentar铆a en 12,7 mbd (cerca de un 38% menos que en el escenario anterior). El tercero se denomina 450 porque presupone que se adoptar谩n dr谩sticas medidas para limitar a 450 partes por mill贸n equivalentes de CO la concentraci贸n 2 de gases de efecto invernadero, lo que posibilitar铆a, con un 50% de probabilidad, que la temperatura media del planeta no aumentara en m谩s de dos grados. En este escenario, la demanda global crecer铆a durante el periodo 2009-2020 en 1,4 mbd, de los 86,7 a los 88,1 mbd, para despu茅s caer hasta 78,3 mbd en el 2035.

S贸lo en el caso de que el mundo se ajuste a las previsiones del escenario 450, moderando su consumo en los pr贸ximos a帽os, para despu茅s, a partir del 2020, reducirlo de forma dr谩stica, podemos esperar que el precio medio del barril de petr贸leo importado por los pa铆ses de la OCDE se estabilice en torno a los 97 d贸lares. En los otros dos escenarios, el barril aumentar铆a progresivamente de precio hasta alcanzar en el 2035 los 120 d贸lares en el escenario de Nuevas Pol铆ticas y los 140 en el de Pol铆ticas Actuales. Claro que todos estos valores est谩n expresados en t茅rminos reales (d贸lares del 2010). Porque en t茅rminos nominales (sin descontar la inflaci贸n), en el 2035 estar铆amos hablando de 171, 212 y 247 d贸lares, respectivamente. 驴A qu茅 esperamos para cambiar de rumbo?

Mariano Marzo Carpio es catedr谩tico de Recursos Energ茅ticos en la Facultad de Geolog铆a de la Universidad de Barcelona.

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Diciembre 14th, 2011 at 7:13 am

Una pol铆tica laboral ecol贸gica, de Florent Marcellesi en P煤blico

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Hoy d铆a existe una norma profundamente arraigada en nuestras mentes y h谩bitos: trabajar de forma remunerada a tiempo completo. Por qu茅 negarlo, la jornada completa, agitada fren茅ticamente como se帽uelo a煤n m谩s en tiempos de crisis y de desempleo brutal, supondr铆a para las masas trabajadoras la plena integraci贸n social as铆 como un poder adquisitivo a la altura de sus hipotecas bancarias y de la avidez promocionada por la obsolescencia programada y la publicidad. De hecho, seg煤n la Encuesta de Poblaci贸n Activa, la mayor铆a de las personas que trabajan a tiempo parcial afirma que su situaci贸n laboral de media jornada no se debe a su propia elecci贸n, sino a las necesidades de la empresa o a la situaci贸n laboral general del pa铆s.

Es cierto que el discurso dominante de las 茅lites pol铆ticas y econ贸micas ha allanado el camino. A la conquista del poder en 2007, el presidente franc茅s Nicol谩s Sarkozy proclamaba que era prioritario 鈥渢rabajar m谩s para ganar m谩s鈥. Mientras tanto, Mariano Rajoy no quiso parecer menos en su carrera a la Moncloa y, en una entrevista en marzo pasado al peri贸dico El Correo, inaugur贸 un desacomplejado 鈥渢rabajar m谩s y ganar menos鈥. La crisis econ贸mica termin贸 de asentar esta idea: Portugal, una de las dianas favoritas de los mercados y de las pol铆ticas de austeridad, ha decidido aumentar en media hora al d铆a la jornada laboral en su sector privado. Para alimentar el crecimiento econ贸mico continuo y la promesa del pleno empleo, no quedan dudas ni alternativas ante la recesi贸n: trabajar m谩s (y consumir m谩s) es un deber patri贸tico de la ciudadan铆a moderna.

Sin embargo, 驴saben los exegetas de la econom铆a del crecimiento infinito que para mantener el nivel de producci贸n y consumo anual tan solo se requiere que las personas activas dediquen al trabajo remunerado en torno a 25 horas de media a la semana? 驴Les importan las desigualdades ante el empleo que hacen que en Espa帽a m谩s de un 21% de personas est茅n desempleadas, un 13% trabaje a tiempo parcial y un 66% a tiempo completo (sin hablar de las millones de personas trabajadoras pobres y precarias)? 驴Saben que, sumando su trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres trabajan diariamente casi una hora m谩s que los hombres? 驴Saben que Espa帽a agot贸 su capital ecol贸gico del a帽o apenas llegado el 19 de abril (es decir, que este d铆a su huella ecol贸gica ya superaba su biocapacidad)? 驴Han pensado que si el 100% de la poblaci贸n activa trabajara a jornada completa en el modelo socio-econ贸mico actual, nuestro pa铆s producir铆a un 33% m谩s, lo cual ni nos dejar铆a empezar el a帽o siguiente con alg煤n super谩vit ecol贸gico?

Sean o no conscientes de ello, es indignante comprobar que est谩n promoviendo pol铆ticas exactamente opuestas a los intereses de la gran mayor铆a de la ciudadan铆a y del planeta. En todo caso, no nos quedemos en la indignaci贸n: transform茅mosla en un compromiso positivo hacia una pol铆tica laboral global y ambiciosa que sepa combinar justicia social y ambiental.

Primero, apostemos todos los sectores de esta sociedad por el reparto del trabajo. Es una de las soluciones m谩s simples para mantener el empleo sin aumentar la producci贸n, si se quiere ir hacia una econom铆a pr贸spera sin crecimiento. Dicho de otra manera, trabajar menos horas para trabajar m谩s personas, a la vez que respetamos los ecosistemas y cumplimos con nuestras obligaciones clim谩ticas internacionales. En esta senda, hablemos a trav茅s del di谩logo social de una ley de 35 horas semanales y luego avancemos progresivamente hacia una mayor reducci贸n de jornada para favorecer la compatibilidad entre vida personal, laboral y c铆vica, la igualdad entre mujeres y hombres, y la plena inclusi贸n laboral de la mayor铆a de la ciudadan铆a.

En paralelo, incentivemos 鈥搚 hago especial hincapi茅 en los sindicatos鈥 acuerdos voluntarios de reducci贸n de horarios en las entidades privadas y p煤blicas, racionalizando los horarios de trabajo tal y como propone la Comisi贸n Espa帽ola de Expertos. Tras a帽os de constante aumento del trabajo remunerado tanto para mujeres como para hombres, la reducci贸n de la jornada laboral es asimismo una apuesta por transformar los aumentos de productividad en tiempo libre no consumista (lo que implica en paralelo pol铆ticas sociales y educativas para salir de las l贸gicas de consumo de masas). Es hora tambi茅n de favorecer el trabajo a tiempo parcial y el teletrabajo, siempre y cuando vayan acompa帽ados de condiciones de trabajo dignas y salarios justos y suficientes, para evitar en cualquier momento la trampa de la pobreza.

Asimismo, si trabajamos menos tiempo y m谩s personas desde condiciones laborales decentes, supone reducir las horas extraordinarias, combatir la precariedad laboral, la flexibilidad no deseada, los contratos basura, el estr茅s, la intensidad y los accidentes laborales, as铆 como reforzar los derechos de las personas trabajadoras inmigrantes. Trabajar mejor es trabajar con criterios de calidad y el orgullo de ser 煤til a la sociedad. Esto significa tambi茅n una transformaci贸n ecol贸gica de la econom铆a para desarrollar sectores ricos en empleo verde y poco intensivos en energ铆a (agricultura ecol贸gica, cuidados a las personas, econom铆a social, energ铆as renovables, etc.) y, al rev茅s, una contracci贸n para los que exigen mucha energ铆a f贸sil y/o especulaci贸n financiera (industria manufacturera, sector automovil铆stico, pesca industrial, bancos y seguros, etc.). Lo que supone a su vez la reconversi贸n laboral pactada y planificada de las personas trabajadoras 鈥搚 de sus valiosos conocimientos鈥 desde los sectores en contracci贸n hacia los emergentes.

Ante la crisis y el desempleo de masas, nuestra generaci贸n necesita un cambio urgente de normas laborales: para vivir mejor hoy y para que las generaciones futuras puedan simplemente vivir. Una pol铆tica laboral eficiente y compatible con la ecolog铆a y la equidad es por tanto un ejercicio de realidad a la altura de los retos sociales y ambientales del siglo XXI.

Florent Marcellesi. Miembro de la Comisi贸n Gestora de Equo.

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Noviembre 14th, 2011 at 7:12 am

Gobernar la energ铆a, de Javier Solana y 脕ngel Saz-Carranza en La Vanguardia

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Hoy, 9 de noviembre, el organismo Internacional de la Energ铆a publica su informe anual -World Energy Outlook, el informe energ茅tico de referencia mundial- el cual confirma que no vamos por el buen camino para reducir el calentamiento global. Con la actual tendencia de producci贸n de energ铆a, la temperatura media de la tierra en 2100 superar谩 en m谩s de 2潞 C la de 1990, por lo que se da帽ar谩 irreversiblemente el planeta, empeorando las condiciones de vida de la humanidad.

Es preocupante como la crisis -tan larga y virulenta- est谩 absorbiendo casi toda la atenci贸n del mundo, detray茅ndola de los retos energ茅ticos que seguimos teniendo ante nosotros. Sorprende la ausencia de iniciativas medioambientales: en Estados Unidos, a nivel federal, es un debate inexistente desde hace tiempo; la Uni贸n Europea se encuentra en el epicentro de un hurac谩n financiero; y los emergentes siguen tenaces en su crecimiento econ贸mico para sacar a millones de personas de la pobreza. En este contexto, la pr贸xima cita de la Convenci贸n sobre el Cambio Clim谩tico de las Naciones Unidas (UNFCCC) prevista para finales de noviembre en Durban (Sud谩frica) est谩 pasando absolutamente inadvertida.

Pero la energ铆a es fundamental para la humanidad no s贸lo por sus potenciales externalidades negativas, sino tambi茅n por su relevancia econ贸mica: los pa铆ses occidentales gastamos entre un 8 y 12% del PIB en energ铆a -los pa铆ses en v铆as de desarrollo el doble o el triple-. Por ello, es necesario un sistema que gobierne la energ铆a.

Principalmente debido a sus externalidades medioambientales negativas, el mercado desregulado no es un mecanismo de gobernanza 煤til, ya que es incapaz de interiorizar los costes medioambientales. Se calcula que las fuentes m谩s contaminantes (carb贸n, petr贸leo…) deber铆an soportar una tasa del 70% para reflejar sus externalidades negativas. El mercado libre tampoco funciona debido a la falta de informaci贸n consustancial a este sector, pues la informaci贸n es t茅cnicamente dif铆cil de obtener -por ejemplo, las propiedades de una reserva de gas-. Adem谩s, los estados consideran los recursos naturales como estrat茅gicos y no facilitan informaci贸n. Y los marcos temporales relacionados con la energ铆a suelen ser largos -como son los efectos medioambientales (siglos) o la amortizaci贸n de las inversiones (decenios)-. Por lo tanto, toca gobernar la energ铆a v铆a la cooperaci贸n y la regulaci贸n, aunque ello sea sumamente complejo. Veamos por qu茅.

Gobernar la energ铆a requiere considerar diversas dimensiones a la vez: la t茅cnica, la pol铆tica (y los fuertes grupos de inter茅s) y la econ贸mica. La dimensi贸n t茅cnica de la energ铆a engloba a muchas disciplinas y tecnolog铆as distintas -e贸lica, fotovoltaica, nuclear, carb贸n-, por lo que el conocimiento est谩 fragmentado en distintos silos epist茅micos. Algo parecido existe en lo pol铆tico, donde los sectores industriales y econ贸micos est谩n organizados pero divididos. Por si la conjunci贸n de estas dimensiones no fuera suficiente complicaci贸n, existe una dificultad adicional: su dimensi贸n internacional.

El sector energ茅tico ejemplifica las inadecuadas instituciones que tenemos para gobernar el mundo. Los estados son nacionales, las externalidades energ茅ticas globales. Una fuga radiactiva, la ruptura de un pozo de petr贸leo en alta mar y, sobre todo, las emisiones de CO2 no se ciernen a un solo estado. En cambio, los beneficios de la energ铆a si se pueden circunscribir aun agente concreto, ya sea como consumidor, productor o vendedor. Esta asimetr铆a crea un claro incentivo al freerider: me beneficio yo y pagamos todos.

Adem谩s, la gobernanza global se hace necesaria porque la demanda y oferta de energ铆a est谩n desacopladas a escala mundial. Muy pocos pa铆ses tienen una balanza energ茅tica neutral. El caso del petr贸leo (la principal fuente de energ铆a del mundo) es indicativo en este sentido: Medio Oriente tiene un super谩vit comercial de petr贸leo del 266% y Estados Unidos un d茅ficit del 65%. Este desajuste geogr谩fico requiere de un sistema de intercambio ordenado, de reglas de juego claras, un mercado bien regulado. En cambio, a d铆a de hoy, en el mundo proliferan los acuerdos bilaterales opacos, existen requisitos medioambientales muy dispares, y conviven subvenciones contradictorias.

Las instituciones globales dedicadas a la energ铆a de las que disponemos actualmente son insatisfactorias. El Organismo Internacional de la Energ铆a solamente incorpora a pa铆ses de la OCDE, por lo que no incluye al mayor consumidor energ茅tico del mundo, China. El Energy Charter Treaty, un tratado intergubernamental que obliga a los firmantes a aplicar reglas de mercado imparciales a los productos y servicios energ茅ticos, no est谩 firmado por Estados Unidos (el segundo consumidor energ茅tico del mundo) ni ratificado por Rusia (el primer productor de petr贸leo del mundo). Los acuerdos comerciales auspiciados por la Organizaci贸n Mundial del Comercio se aplican muy tangencialmente a la energ铆a, que al considerarse en muchos casos un recurso natural agotable, queda exento de las normas.

驴Pero c贸mo es posible que ninguna de las instituciones mencionadas haya sido capaz de convertirse en un mecanismo efectivo de gobernanza energ茅tica? Fundamentalmente, porque los pa铆ses no occidentales -ese grupo variopinto que incluye, entre otros, a grandes consumidores (China, India鈥) y productores (Oriente Medio, Rusia鈥)- desconf铆an de este sistema institucional creado principalmente por Occidente. Los pa铆ses emergentes y grandes consumidores consideran, y con raz贸n, que Occidente es responsable del problema actual del cambio clim谩tico. El desarrollo de Occidente, desde la revoluci贸n industrial hasta hace muy poco, ha estado libre de cualquier restricci贸n medioambiental. Ellos creen que no deben cargar con los costes del cambio clim谩tico. En cambio, los pa铆ses productores se oponen a ceder una de las pocas bases de poder que poseen.

La soluci贸n debe pasar por una negociaci贸n en una instituci贸n distinta a las mencionadas. Quiz谩, inicialmente, ser铆a conveniente negociar entre los grandes emisores del mundo -el propio G-20 o algo parecido a un G-20 energ茅tico-. Posteriormente, se podr铆a abrir la negociaci贸n a todos los estados -por ejemplo, situ谩ndola en la Convenci贸n sobre el Cambio Clim谩tico de las Naciones Unidas (UNFCCC)-. El foco de las negociaciones tiene que ser amplio y contener limitaciones a las emisiones y apoyo financiero y tecnol贸gico para invertir en tecnolog铆as menos da帽inas con el medio ambiente. Las limitaciones a las emisiones hacen recaer desmesuradamente los costes sobre los pa铆ses exportadores de petr贸leo y los pa铆ses emergentes consumidores (con tecnolog铆a menos sofisticada).

En Durban, todos los pa铆ses -desarrollados, emergentes, con y sin recursos naturales- debemos sumar para que el cese de la crisis no nos coja distra铆dos.

Javier Solana, presidente de Esadegeo, ex alto representante para Pol铆tica Exterior y de Seguridad Com煤n de la Uni贸n Europea, ex secretario general de la OTAN y Senior Fellow de Brookings Institution, 脕ngel Saz-Carranza coordinador de Esadegeo.

Written by Reggio's

Noviembre 9th, 2011 at 7:15 am

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