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El Ben Bella revolucionario que conoc铆, de Guillermo Almeyra en SinPermiso (15/04/12)
Ahmed Ben Bella acaba de morir a los 96 a帽os, 21 de los cuales los pas贸 encarcelado por los colonialistas franceses (seis) y despu茅s por la burocracia estatal argelina (15). Naci贸 en 1916 en una familia de campesinos marroqu铆es muy pobres. Durante la guerra contra el nazifascismo combati贸 como sargento en el regimiento de Tiradores Marroqu铆es de las Fuerzas Francesas Libres y el general Charles de Gaulle lo condecor贸 personalmente con la Medalla Militar (ya ten铆a la Cruz de Guerra) por su valor en la batalla de Montecassino, en la que las tropas coloniales de Francia, los polacos y brasile帽os tuvieron a su cargo el ataque de infanter铆a contra el inexpugnable monasterio defendido por tropas de elite alemanas que los estadunidenses y brit谩nicos s贸lo se animaban a bombardear.
El fin de la guerra marc贸 el comienzo de la lucha por la liberaci贸n de Argelia y Ben Bella fue el cofundador del Frente de Liberaci贸n Nacional Argelino (FLNA) y su jefe militar. En un acto de pirater铆a a茅rea sin precedente, la aviaci贸n militar francesa intercept贸 en el espacio a茅reo internacional el avi贸n marroqu铆 en que viajaba con otros tres dirigentes y mantuvo a Ben Bella preso en Francia desde 1956 hasta 1962, cuando sali贸 de la c谩rcel para ocupar la presidencia de su pa铆s.
En esos a帽os la Cuarta Internacional trotskista, cuyo secretario era el griego nacido en Alejandr铆a, Egipto, Michalis Raptis, Pablo, ayud贸 activamente a la revoluci贸n argelina y tanto Pablo como el holand茅s Sal Santen fueron presos por organizar la falsificaci贸n de documentos y dinero, y abastecer de armas a los argelinos. Pero la resistencia antinazi todav铆a estaba fresca en los recuerdos y muchos estadistas hab铆an utilizado o fabricado documentos falsos y ocultado armas, de modo que ambos revolucionarios estuvieron presos s贸lo a帽o y medio.
Como parte de esa colaboraci贸n con el FLNA, el partido argentino 鈥揹el cual yo era uno de los dirigentes鈥 envi贸 tres militantes torneros-ajustadores a Argelia, donde durante a帽os fabricaron clandestinamente armas para combatir contra los ocupantes franceses. En Argentina organizamos igualmente un Comit茅 de Solidaridad con la Revoluci贸n Argelina con la Juventud Socialista, nuestro partido y varios centros estudiantiles. Ese comit茅 鈥搎ue yo presid铆a鈥 trajo a Argentina en 1958 y recibi贸 (no sin tener que vencer f铆sicamente una batalla en el aeropuerto con los franceses reaccionarios) una delegaci贸n del Gobierno Provisional de la Rep煤blica Argelina, presidida por Youssef Ben Kheda.
Obtenida la independencia, tras una guerra que dur贸 desde 1954 hasta 1962 y que cost贸 a Argelia m谩s de un mill贸n de muertos (sobre 11 millones de habitantes), Ahmed Ben Bella fue nombrado presidente, a pesar de la oposici贸n del ala moderada de su partido (Ferhat Abbas, el actual presidente Bouteflika, el bereber Ait Ahmed). Asesorado por Pablo, se lanz贸 de inmediato a construir una rep煤blica socialista autogestionaria. Nacionaliz贸 bajo autogesti贸n de sus trabajadores las tierras que hab铆an sido de los colonos franceses, al igual que las industrias y el petr贸leo, instaur贸 la ense帽anza obligatoria en 谩rabe y la asistencia sanitaria gratuita, ayud贸 a todas las rebeliones en el mundo colonial (Mandela, por ejemplo, se entren贸 militarmente en Argelia), recibi贸 al Che y le dio apoyo militar para su lucha en el Congo, reconoci贸 a China, Cuba, la Uni贸n Sovi茅tica, hizo acuerdos con Nasser, propuso enviar 100 mil soldados para combatir con los palestinos contra Israel. Todo eso provoc贸 una fuerte resistencia del aparato burocr谩tico estatal, la cual llev贸 en 1965 a un golpe que instaur贸 como presidente, con el apoyo de Mosc煤, al coronel Huari Boumedienne, quien encarcel贸 a Ben Bella desde 1965 hasta 1980.
Una vez liberado, 茅ste se vio obligado a exiliarse en Francia y, por 煤ltimo, la persecuci贸n policial lo forz贸 a huir a Ginebra. En Par铆s public贸 una revista mensual que despu茅s de cada n煤mero era clausurada por la polic铆a francesa y reaparec铆a cambiando de nombre y de director. El animador del grupo que editaba esa revista de nombre siempre provisorio era Gilbert Marquis, un revolucionario franc茅s de la tendencia dirigida por Pablo, el cual se apoyaba en otros miembros de la misma, como el argentino Hugo Moreno. Por mi parte, colabor茅 con seud贸nimos 谩rabes en por lo menos seis n煤meros de esa revista siempre 煤nica pero de nombres m煤ltiples y tuve oportunidad de reunirme algunas veces con Ben Bella para conversar y discutir con 茅l o para hacerle una entrevista, como una que publiqu茅 en 1981 en el Unom谩suno de M茅xico y en revistas italianas.
Ben Bella cre铆a que el islam es compatible con el socialismo, pues en su opini贸n aqu茅l no s贸lo se opone a la usura y al cobro de intereses sino que tambi茅n combatir铆a la desigualdad social. No ten铆a una formaci贸n te贸rica socialista, como Mohamed Harbi, que hab铆a sido dirigente del FLNA en Francia y es el gran historiador de esa organizaci贸n, pero quer铆a combatir la pobreza, la ignorancia, la desigualdad, la opresi贸n all铆 donde se presentasen. Era un hombre amable, sencillo y sensible, pero no una persona capaz de crear un partido, aunque, como ex conspirador y ex sargento, hab铆a creado en 1954 una organizaci贸n militar de combate, porque 茅sta requiere sobre todo lealtad, disciplina y obediencia al mando. En el exilio, en cambio, la escasa definici贸n de las ideas permit铆a que en su entorno abundasen los oportunistas y los informadores de la polic铆a francesa, del gobierno argelino o de otros servicios.
Si en el exterior, con la ayuda de Pablo y de Marquis, pudo por lo menos mantener una publicaci贸n pol铆tica, una vez retornado a Argelia qued贸 condenado a la impotencia. El gobierno de los enterradores de la revoluci贸n argelina, como Bouteflika, y de los constructores de una clase burocr谩tico-burguesa neocolonial, cancel贸 incluso el nombre de Ben Bella de la ense帽anza, Pero no lo podr谩 borrar de la historia.
Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.
La Jornada, 15 de abril de 2012
Fraga cara al sol, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (22-01-2012)
El ojo del tigre
Manuel Fraga Iribarne ha sido uno de los pocos pol铆ticos del franquismo que sobrevivieron a la rehabilitaci贸n (驴democr谩tica?) del cl谩sico escolasticismo franquista, cuando esta peculiar cultura sociopol铆tica mistificada 鈥搚, luego, mitificada- con los dogmas cat贸licos, con el castizo nacionalismo espa帽olista del siglo XV y, por contagio directo, con el fascismo mussoliniano y con el nacionalsocialismo hitleriano, que era el padre del totalitarismo de los a帽os 30 del siglo XX. Fraga, como pol铆tico, fue un distinguido prototipo de l铆der absolutamente totalitario (si le molesta, sustituya este concepto por el de autoritario鈥); era un jefe, entendiendo esta cualidad en el sentido m谩s estricto de la disciplina org谩nica de un partido rigurosamente jerarquizado desde arriba hacia abajo: el Movimiento Nacional, por ejemplo. Toda su vida activa como jerarca la ejerci贸 imbuido de una especie de orgullo aristocr谩tico que le hac铆a sentirse no solo diferente sino, tambi茅n, superior al resto. En este aspecto, cre贸 escuela.
La formaci贸n ideol贸gica de Fraga era espec铆ficamente fascista. En aquella 茅poca esa formaci贸n ideol贸gica era imprescindible para quienes quer铆an ejercer activamente la pol铆tica desde una responsabilidad org谩nica p煤blica. Luego, cada uno 鈥揺n la medida de su propia capacidad intelectual- pod铆a mezclar esa ideolog铆a b谩sica con otras ideas que fueran, indispensablemente, de 铆ndole estrictamente cat贸lica. En este sentido, Fraga fue tambi茅n un modelo pol铆tico.
Pero Fraga 鈥揷omo otros鈥 recelaba de aquellos cat贸licos que osaban coquetear con ideas afines al marxismo. Fue uno de los primeros que se puso en guardia ante ciertos encuentros que, a mediados de los 60, protagonizaron curas conciliares (Vaticano II) y obreros o pol铆ticos pol铆ticamente concienciados con ideas socialmente progresistas. Se cuenta que, en uno de aquellos t铆picos arrebatos pol铆ticos, que sol铆a protagonizar el ministro de Informaci贸n y Turismo (Fraga, claro), despu茅s de enterarse de que unos revolucionarios con sotana 鈥揷omo les llamaba a los curas seguidores del Concilio Vaticano II-, se hab铆an manifestado contra los dictados del r茅gimen o, m谩s bien, conspirado contra el sistema, dijo, atropellando como siempre sus propias palabras: Esto no suceder铆a si no tuvi茅ramos a un cardenal chocho dirigiendo la iglesia. El cardenal chocho 鈥搒eg煤n 茅l- era el Papa Pablo VI.
Negarle a este apasionado personaje pol铆tico del franquismo su capacidad para el ejercicio de la inteligencia 鈥搒imultane谩ndolo con su facilidad para la bronca pol铆tica鈥 ser铆a una estupidez. Fraga fue intelectualmente un personaje brillante. Su cabeza 鈥搈谩s que un estuche para guardar al Estado en 茅l, como dec铆a adul谩ndole Felipe Gonz谩lez鈥 era la cabeza t铆pica de un tenaz opositor a ocupar cargos p煤blicos en la alta burocracia estatal. Fue un empoll贸n mod茅lico que le rend铆a culto a la memoria, porque esta es el almac茅n del saber. Quiz谩, tambi茅n pensaba, como otros, que la sabidur铆a est谩 en los libros. Porque uno es tambi茅n lo que lee. Ahora bien, lo que lee con esp铆ritu cr铆tico.
Al ministro de Informaci贸n y Turismo (o sea, mas brevemente, de Propaganda) la condici贸n jer谩rquica que ostentaba le superaba su natural condici贸n intelectual. Fraga fue un estricto franquista inasequible al desaliento. Incluso, cuando el r茅gimen de aquel general camale贸nico empez贸 a refugiarse en la m铆stica tecnocr谩tica de Opus Dei. Pero Fraga no quiso ser jam谩s un dem贸crata inorg谩nico, era integralmente fascista. Por convencimiento ideol贸gico. Su postrero liberalismo democr谩tico fue solo una cuesti贸n de circunstancias dif铆cilmente evitables. Cuando se convenci贸 de que para seguir viviendo, en el sentido pol铆tico, despu茅s de haberse agotado el 煤ltimo bal贸n de ox铆geno (ideol贸gico) del Movimiento Nacional, acerc贸 su nariz a la, todav铆a, suave brisa de la democracia de las libertades, que empezaba a soplar, y se hizo dem贸crata pero con condiciones. La primera que nadie le impidiera ser uno de sus jerarcas. Veamos: muerto Franco, -pero sin haberse acabado la rabia鈥-, y siendo Fraga vicepresidente del gobierno de Arias Navarro, y a la vez ministro de la Gobernaci贸n, un destacado personaje de aquella izquierda moderada, que ya se hab铆a acostumbrado a moverse fuera de las sombras, mantuvo una conversaci贸n telef贸nica con Fraga solicit谩ndole entrevistarse para acordar con 茅l los ritmos pol铆ticos para el restablecimiento de la nueva democracia. Con su habitual iracundia, tronando, Fraga le dijo al otro lado del hilo telef贸nico: 隆Mire usted, soy yo quien decide los ritmos de la democracia!. Y le colg贸 el tel茅fono.
Era un dem贸crata muy suyo. Se pon铆a de rodillas cuando se miraba en un espejo. Hasta aqu铆 este breve apunte para un an谩lisis del padrino de la Ley de Prensa de 1966; un suced谩neo de ley para la libertad de expresi贸n. Ahora bien, hay otro an谩lisis de su imagen en la sombra del poder, que dar铆a como resultado un personaje sombr铆o. Como ejemplo bastar铆a con recordar tres casos muy concretos: la voladura del edificio social del diario Madrid, las duras represiones a los manifestantes en las calles y la muerte de Grimau.
Lorenzo Cordero. Periodista.
Manuel Fraga, ese museo…, de Gregorio Mor谩n en La Vanguardia
SABATINAS INTEMPESTIVAS
Nuestra historia contempor谩nea聽 cambia a tal velocidad, que a cada muerto egregio que enterramos deber铆amos abrirle un museo. Como los tiempos no est谩n para salas y gastos, propongo que sea virtual. Esto permitir铆a que cuando se muera un animal pol铆tico como Manuel Fraga Iribarne se discuta cu谩nto hab铆a de animal y cu谩nto de pol铆tico, sin que el personaje se transforme en algo tan irreconocible que te dan ganas de felicitar al muerto. 隆Gracias, don Manuel, por morirse, porque ha ganado mucho! Yo, que le sufr铆 en vida, no reconozco al personaje en el que se ha transformado. Somos los reyes del embalsamamiento hist贸rico. Acabaremos creando escuela. 隆Taxidermistas del mundo, aprended!
Fraga es un museo con dos apartados; el de los errores y el de los horrores. Nunca entend铆 por qu茅 se lanz贸 contra el Opus Dei, que era su socio en el Gobierno desde 1962, y consider贸 que pod铆a derrotarles con un asunto como el de Matesa.
驴Echarle un pulso a Carrero Blanco? El poder casi omn铆modo que hab铆a gozado durante casi siete a帽os le hizo perder el sentido de la realidad. Uno de sus defectos m谩s acusados: la soberbia de su inteligencia.
M谩s llamativa a煤n, dada la mediocridad de sus adversarios.
No asumi贸 que su padrino era Jos茅 Sol铆s, el m谩s sabio de los franquistas, el que le hizo entrar en el R茅gimen gracias a la Familia, el primer gran cargo de Fraga. Era tan presuntuoso que pensaba que sus m茅ritos ven铆an de la tradici贸n de Ramiro de Maeztu, y de ensamblarlo con Carl Schmitt, que acababa de salir del campo de concentraci贸n donde le hab铆an recluido los norteamericanos por algo peor que ser nazi, por ense帽ar a los nazis c贸mo manipular el derecho. Lo present贸 茅l mismo en la sociedad de futuros liberales, que entonces se denominaba Instituto de Estudios Pol铆ticos del Movimiento. Nadie recuerda ya aquel Fraga, ofendido y humillado, que vuelve a su c谩tedra de la Universidad de Madrid tras el varapalo de su cese en 1969. La rechifla de los estudiantes, algunos de ellos hoy en el PP, le hizo pedir protecci贸n al coronel San Mart铆n, el de los Servicios de Carrero Blanco, el genio luego del 23-F del 81.
Se hizo cervecero. 隆Miserables taxidermistas, hab茅is olvidado al director general de Cervezas El 脕guila! Carrero Blanco le perdon贸, Franco ya no estaba para embelecos, porque el Caudillo a partir de 1970 era anciano sumergido en el mundo ideol贸gico de la cabra de la Legi贸n. Pero Carrero vol贸 y Fraga pas贸 a ser un valor en alza; entre “don Manuel, el del Futuro en su cabeza” y “Manoli帽o, el de Villalva”, que encargaba el cap贸n en el legendario mercado navide帽o. Nac铆a un nuevo Fraga, embajador en Londres, con bomb铆n, y que hablaba un ingl茅s tan incomprensible y apelmazado como el castellano.
驴Cu谩nto dinero se gast贸 en 茅l la derecha espa帽ola? Sin excepciones. La de Catalunya, con Santacreu a la cabeza; la vasca, con Olarra; la madrile帽a con los Fierro y Polanco-Santillana, preparando el terreno para el desembarco del Gran L铆der de la Reforma. Pero Franco no se mor铆a y nadie se atrev铆a a matarlo. La creaci贸n de El Pa铆s es impensable sin Fraga; 茅l designar谩 al director, Juan Luis Cebri谩n. Y las revistas, que ef铆meras y abrillantadas como la primavera, estaban engrasadas, apoyadas, alimentadas por Fraga y su gran equipo medi谩tico. El desembarco desde Londres emular铆a Normand铆a.
No entendi贸 nada, o m谩s exactamente se neg贸 a entender, porque tonto no era, pero le cegaba la soberbia. Que Carlos Arias Navarro, primero, y Adolfo Su谩rez, despu茅s, le llevaran del ronzal, le trastornaba. La formaci贸n de Alianza Popular y los Siete Magn铆ficos fue el comienzo de un final largo, a trompicones, donde no acertaba con nada. 驴Los quieren j贸venes y del sur? Promovi贸 a Hern谩ndez Mancha, gracioso como un cantaor por soleares. 驴Quieren mujeres de rompe y rasga? Ah铆 estaba Isabel Tocino, con tac贸n alto y medias sin costuras. Cuando le pusieron a Aznar, lo intuy贸 y le mandaron a casa, a Galicia, donde la gente es tranquila y no se cree lo que dices sino lo que haces, y pronunci贸 aquella frase inolvidable, “aqu铆 no hay tutelas ni tu t铆as”.
No era capaz de asumir la imposibilidad de que representara al centro. Jam谩s ser铆a visto como un pol铆tico centrista, siempre aparecer铆a como el genuino representante de la derecha. Porque la derecha era el franquismo, y a 茅l deb铆a su formaci贸n, su esp铆ritu, su todo. Constitu铆an su galer铆a de horrores, a los que no s贸lo no renunciaba sino de los que se mostraba orgulloso. Por eso le gustaba tanto al macizo de la raza hispano. Un hombre as铆, con ese br铆o, era su l铆der. Pero adem谩s quer铆a ser centrista, convencido de que Franco lo hab铆a sido. Y ah铆 pasamos del error al horror.
No es que defendiera a los torturadores que destrozaron a los modestos y casi an贸nimos dirigentes mineros asturianos del 62; que lo hizo. Sino que adem谩s se burl贸 de sus mujeres, detenidas y rapadas, con frases inolvidables sobre lo mucho que lo merec铆an. 驴Y Juli谩n Grimau?, 驴qu茅 decimos en estos tiempos de revisionismo reaccionario? Fue m谩s que un error pol铆tico, fue un asesinato, cometido en abril de 1963, al que Fraga prest贸 el aparato de intoxicaci贸n y basura que hab铆a creado su cu帽ado, egregio superviviente de todas las derrotas, Carlos Robles Piquer. Ellos dir谩n, con raz贸n, que cumpl铆an con su deber de alt铆simos funcionarios de un Estado totalitario. Pero 驴y el celo?
驴Nadie, en estos momentos de taxidermistas, recuerda a Pepe Bergam铆n? El terror le oblig贸 a buscar asilo en la embajada de Uruguay. El documento contra las torturas. Como pa铆s totalitario, se castig贸 a los firmantes. Es verdad que todo ya lo hab铆a inventado el anterior ministro de Informaci贸n y Turismo, inefable Arias-Salgado, incluso los Paradores Nacionales, pero fueron Fraga y su cu帽ado, Robles Piquer, los que convirtieron el trabajo sucio en brillante operaci贸n de Estado. 驴Qui茅n ha olvidado los “XXV A帽os de Paz”?
Guardo dos momentos estelares del personaje. El primero fue el preg贸n de Sant Jordi del a帽o 1964. La fiesta del libro tuvo en el ministro Fraga al portavoz m谩s efusivo y brillante. Barcelona entera se inclin贸 ante aquel talento pluriling眉e. Si reprodujera las cr贸nicas, las fotos y los editoriales de los diarios catalanes de entonces considerar铆an que estoy provocando. Los P铆o Moa de la barretina, esos revisionistas del catalanismo subvencionado, aprender铆an mucho si leyeran el mitin de Fraga, y sus citas, y sus datos sobre la producci贸n de libros en catal谩n. Incluso del autor del discurso, probo personaje de la catalanidad. Habr铆a que empezar por el ministro Fraga oficiando el Sant Jordi de 1964. Levantar la alfombra y asumirlo.
Y para cerrar, la sesi贸n de Madrid. Fraga y Carrillo. El tongo entre dos aspirantes fracasados que se homenajeaban a s铆 mismos, con gran 茅xito de cr铆tica y p煤blico. Yo estuve all铆, no me quer铆a perder la escena de Fraga presentando, ante la derecha de toda la vida, a Santiago Carrillo Solares, “un comunista de cuidado”, afirm贸 don Manuel. Eran dos perdedores que se jaleaban mutuamente. Hab铆an perdido la transici贸n, el poder con el que so帽aron, y como ni帽os frustrados, all铆 estaban, en los salones de un lujoso hotel madrile帽o, explicando a los suyos que la democracia era eso. Aceptaron la Constituci贸n porque no ten铆an m谩s remedio. La gente ha olvidado los apartados constitucionales que no aprobaron ni Fraga ni sus avezados magn铆ficos.
Los taxidermistas convirtiendo en estadista a quien fue solamente un animal pol铆tico al servicio del poder. Vitoria, 5 muertos, y otros dos en Montejurra. Un profesional, eso s铆, en un pa铆s de amateurs. Detr谩s de Fraga, de su figura, est谩n los secretos, los l铆mites y las frustraciones de la transici贸n. 隆Qu茅 felices se han sentido los protagonistas con su muerte! Venga, chicos, haced un buen trabajo y dejad al muerto reposando para la eternidad. 驴Se acuerdan de aquella escena de El Padrino,cuando don Vito pide al de pompas f煤nebres que le adecente el cad谩ver del hijo? “Para que lo pueda contemplar su madre”, dice. Como nosotros.
Hoy toca hablar bien de Fraga, de Isaac Rosa en P煤blico
De los muertos s贸lo se puede hablar bien, as铆 que nadie espere que vaya a ajustarle aqu铆 ninguna cuenta pendiente a Manuel Fraga. Es d铆a de elogios, que la muerte nos hace a todos buenos. Si encima el que se muere es tu padre, raz贸n de m谩s. Porque no s茅 si lo saben, pero Fraga era como un padre para todos nosotros, a la vista de todas las paternidades que le atribuyeron ayer obituarios y dolientes: padre de la Constituci贸n, de la derecha democr谩tica, del centro-derecha, de la Galicia moderna, y hasta padre de la democracia dijo alguno.
Lo de hablar obligatoriamente bien de los difuntos lo sab铆a bien el propio Fraga, que al morir Franco dijo que era un gran hombre y uno de los mayores gobernantes de nuestra historia, pero lo hizo s贸lo por educaci贸n, que 茅l en realidad era antifranquista.
Por eso hoy no toca sacar viejos trapos sucios. No pienso decir hoy nada de su pasado franquista, que adem谩s no fue para tanto: ministro de propaganda, con funciones de portavoz y encargado de cuidar la imagen del r茅gimen dentro y fuera de Espa帽a. Vamos, el equivalente a un florero.
Que no, que no insistan, que no pienso hablar de la forma miserable en que justific贸 el asesinato de Grimau, ni de la campa帽a sucia con que intent贸 presentar a Enrique Ruano como un desequilibrado suicida. Tampoco esperen de m铆 una sola palabra sobre su responsabilidad en la matanza de Vitoria y otros episodios sangrientos de la Transici贸n.
Nada dir茅 sobre sus posiciones de derecha dura en asuntos pol铆ticos y sociales, ni c贸mo se opuso a m谩s libertades durante la Transici贸n; ni que fue un lastre en la elaboraci贸n de la Constituci贸n, que sin fardos como el suyo tal vez hubiese volado m谩s alto. Por no hablar, no hablar茅 ni de su particular aportaci贸n al cat谩logo de ruinosos proyectos fara贸nicos, la Cidade da Cultura.
Insisto: hoy es d铆a de elogios, toca hablar bien del gran hombre. Y eso pienso hacer. Vaya, se me acab贸 la columna y no me queda espacio para todas las cosas bonitas que pensaba escribir. No pasa nada, acudan a otros peri贸dicos y lean lo que dicen de 茅l. Lo ponen hasta guapo.
Manuel Fraga o la enso帽aci贸n canovista, de Santos Juli谩 en El Pa铆s
“Solo hay una Espa帽a verdadera y la otra es la yedra, par谩sito que crece sobre la encina”, escribi贸 hace 60 a帽os Manuel Fraga, joven y brillante catedr谩tico de Derecho Pol铆tico, apropi谩ndose una met谩fora de Ramiro de Maeztu, muy socorrida en tiempos de la Rep煤blica. Esa Espa帽a 煤nica y verdadera no hab铆a deca铆do sino que fue “derrotada por una conjuraci贸n europea capitaneada por Francia e Inglaterra y sa帽udamente pateada en el suelo de su vencimiento”. Derrotada, s铆, y hasta pateada, pero ah铆 estaba ella otra vez, gran naci贸n, en el mundo de hoy, escribir谩 el mismo Fraga, catedr谩tico ahora de Teor铆a del Estado; una “Espa帽a sin problema”, apropi谩ndose para la ocasi贸n de un pensamiento de Rafael Calvo Serer.
Eran los a帽os cincuenta y Manuel Fraga se contaba entre los “cerebros m谩s importantes” del Movimiento Nacional, protagonista de una carrera mete贸rica que desde la primera c谩tedra, conquistada a la temprana edad de 26 a帽os, lo llev贸 por el Instituto de Cultura Hisp谩nica, el Ministerio de Educaci贸n Nacional, el Instituto de Estudios Pol铆ticos y la Delegaci贸n Nacional de Asociaciones hasta la titularidad del Ministerio de Informaci贸n y Turismo, al que fue llamado en 1962. Para entonces se hab铆a convertido ya en una “personalidad del r茅gimen”, o sea, alguien con recursos intelectuales y pol铆ticos m谩s que sobrados para desempe帽ar un papel de primera fila, quiz谩 la mism铆sima presidencia del Gobierno, en la definitiva institucionalizaci贸n que garantizara su permanencia m谩s all谩 de la vida de su fundador.
Para conservar hay que reformar, y 煤nicamente se reforma aquello en lo que se cree, dec铆a Fraga, cuando el r茅gimen al que hab铆a entregado todas sus energ铆as entr贸 en un incierto proceso de transici贸n hacia no se sab铆a d贸nde. 脡l, por su parte, cre铆a y estaba dispuesto a dar su vida para conservarlo procediendo a las inevitables reformas. Fue en ese momento cuando, desde el Maeztu de juventud con su 煤nica Espa帽a, y el Calvo Serer de su primera madurez con su Espa帽a sin problema, dio un salto hacia atr谩s, hasta encontrarse con C谩novas del Castillo, art铆fice un siglo antes de la restauraci贸n de la monarqu铆a borb贸nica.
La historia, y el eclipse final de sus adversarios en las luchas por el poder de los a帽os sesenta, le hab铆an situado en una posici贸n privilegiada: liderar, desde la Vicepresidencia segunda del primer Gobierno de la Monarqu铆a, “una sabia y prudente dictadura al servicio del establecimiento de un r茅gimen liberal”, como atribuy贸 a C谩novas en una sonada conferencia. Creyente a pies juntillas en aquello que se llam贸 franquismo sociol贸gico y convencido de que el r茅gimen al que hab铆a servido era reformable desde dentro, anduvo a la b煤squeda de su Sagasta -y… 驴por qu茅 no Felipe Gonz谩lez?- hasta que las gentes de su propio bando dieron un portazo a su plan de reformas y precipitaron su ca铆da. Presumiendo ocupar el centro, la irrupci贸n de la izquierda lo desplaz贸 al lugar de donde proced铆a, la derecha de la derecha, junto a L贸pez Rod贸, Mart铆nez Esteruelas y dem谩s importantes cerebros de las variadas familias del r茅gimen.
“Pero, hombre, c贸mo te has aliado con Fraga”, pregunt贸 el Rey a Fern谩ndez de la Mora, otro cerebro, “ni en Londres le han quitado el pelo de la dehesa”. Solo el colapso de Alianza Popular, nombre de lo que pod铆a pasar por una santa alianza en defensa de la tradici贸n, empez贸 a quit谩rselo; el pelo de la dehesa, quiero decir. Porque en las Cortes finalmente Constituyentes, y tras presentar en sociedad a Santiago Carrillo, Fraga comenz贸 a actuar como un dem贸crata despu茅s de la democracia. Particip贸 activamente en la elaboraci贸n de la Constituci贸n, aunque se opuso con su probada tenacidad, por “peligros铆sima”, a la introducci贸n de “nacionalidades” en el texto constitucional; y contempl贸 sin melancol铆a la defecci贸n de sus aliados, que le permiti贸 a 茅l, en una nueva coalici贸n con antiguos compa帽eros de Gobierno como Osorio y Areilza, desplazarse hacia el centro.
El naufragio de Uni贸n del Centro Democr谩tico hizo el resto. Sin verdaderos enemigos a su derecha, Fraga procedi贸 a fabricar el 煤ltimo invento de su larga vida pol铆tica por ver si pod铆a quedarse con todo el centro. Lo bautiz贸 como “mayor铆a natural”, que ven铆a a cumplir en su estrategia la funci贸n antes asignada al “franquismo sociol贸gico”. Solo que esa mayor铆a, por avatares de la historia, ceguera de advenedizos y astucia de sus adversarios, se redujo de pronto a “la oposici贸n”, con un infranqueable techo electoral situado en las alturas del 25%. No m谩s, tampoco menos, insuficiente en todo caso para afirmarse como alternativa del poder socialista que, por su parte, lo trat贸 con toda clase de miramientos. El Estado le cab铆a en la cabeza, dijo de 茅l famosamente Felipe Gonz谩lez, que al final result贸 ser el aut茅ntico C谩novas, dejando para Manuel Fraga el dudoso honor de eterno aspirante a Sagasta.
La muerte de Pradera (1), de Gregorio Mor谩n en La Vanguardia
SABATINAS INTEMPESTIVAS
驴A qu茅 hora se muri贸 Javier Pradera? Echo a faltar este dato despu茅s de leer tantos y tan agobiantes art铆culos necrol贸gicos como le ha dedicado El Pa铆s, ese peri贸dico que fue “tan suyo” hasta 1986. Uno de nuestros inveterados rasgos culturales es la desmesura con que despedimos a los muertos relevantes. O les construimos una peana, o los ninguneamos con art铆culos de ocasi贸n, improvisaci贸n pura, como fue el caso reciente de Ignacio Fern谩ndez de Castro. Imagino el sarcasmo de Fern谩ndez de Castro si llega a leer su necrol贸gica, en la que le quitaban diez a帽os y olvidaban tantas cosas, empezando por lo que signific贸 para 茅l su participaci贸n en la guerra civil, voluntario franquista, modelo de guerrero, herido y laureado, cuya evoluci贸n pol铆tica hasta la fundaci贸n del Felipe (FLP), merece mucho m谩s que admiraci贸n. Merece respeto.
Por eso echo a faltar que todos esos maestros de la pluma, de la edici贸n y de la cultura que han dedicado a Javier Pradera tantos adjetivos, se olvidaran del dato. 驴A qu茅 hora le toc贸 la muerte? Ya s茅 que salvo los suicidas no se escoge ni el d铆a ni la hora, pero que Pradera fuera a morir un 20-N y adem谩s tras la jornada electoral m谩s desastrosa del PSOE en la historia de la democracia, no es un dato balad铆. Quiz谩 una iron铆a del destino; brutal y pat茅tica. 驴Esper贸 a saber los resultados y se ech贸 a dormir el sue帽o eterno? 驴O sencillamente no quiso enterarse, ni estaba ya para pendejadas?
Dif铆cil que se hubiera sustra铆do a la tentaci贸n, si le quedaba una pizca de aliento. Toda su vida estuvo marcada por la pol铆tica.
Apenas ni帽o, reci茅n empezada la guerra, los republicanos asesinan a su padre y a su abuelo; dos pivotes fundamentales en el levantamiento del 18 de julio. Vivir谩 de manera intens铆sima la conciencia de ser hijo y nieto de dos pr贸ceres, m谩rtires de la Cruzada. Un hu茅rfano de guerra cuyo apellido estaba escrito en las piedras votivas. Los hu茅rfanos aprenden a vivir su soledad mucho antes que los dem谩s. Vivi贸 los a帽os 50, como un hombre maduro, con un compromiso 茅tico que se fue debilitando con el tiempo. Ven铆a del fascismo implacable, 茅se que primero se meti贸 bajo las alfombras y luego cubrieron las moquetas de la transici贸n. “Me acuerdo que el d铆a que Hitler inici贸 la contraofensiva en las Ardenas, mi madre nos despert贸 a mi hermano y a m铆 en plena noche para decirnos que no olvid谩ramos aquel momento: Hitler empezaba a ganar la guerra”. Esos dos hermanos, quince a帽os despu茅s, ser铆an militantes destacados, uno del PSOE, en San Sebasti谩n, cuando los socialistas se contaban con los dedos de una mano, y el otro, en el PCE, cuando la militancia se contaba con las dos.
Javier Pradera empezar谩 como ayudante del catedr谩tico m谩s importante del fascismo espa帽ol, el creador del caudillaje, Javier G. Conde; un nazi convicto que pasar谩 pronto a autoritario y luego a ejercer de liberal en la intimidad. La oposici贸n silenciosa, que dicen ahora. Pradera har谩 una tesis sobre los fundamentos del pensamiento de extrema derecha, que nunca querr谩 publicar. No por problemas ideol贸gicos sino por un prurito que mantendr谩 toda su vida: la conciencia de no saber construir un libro, ni siquiera un trabajo largo. Los buenos abogados no suelen escribir bien, ni lo necesitan. Lo suyo era la dial茅ctica en sentido estricto; polemista brillante, con una inteligencia aguda y un acusado sentido del rid铆culo. Pertenec铆a a una generaci贸n de maestros verbales, casi 谩grafos. Grandes lectores en su tiempo, luego picoteadores de libros. Estoy convencido que llevaba d茅cadas sin leerse un libro entero, picoteaba en lo que le interesaba.
隆Los a帽os 50! Aquellos pioneros del pensamiento de izquierda, clandestinos hasta del aliento. Una generaci贸n a煤n por explicar. Mart铆n Santos, Aldecoa, Mart铆n Gaite, Alfonso Sastre, Manolo Sacrist谩n y los exc茅ntricos hijos del ex ministro y fascista irredento Rafael S谩nchez-Mazas: los S谩nchez Ferlosio. Con una de ellos se casar谩 Pradera. Su detenci贸n en 1956 causar谩 una conmoci贸n s贸lo comparable a la que en el 64 protagonizar谩 el hijo comunista del ministro de Aire, Lacalle Larraga. En el PCE, en el que ingresa a trav茅s del entonces poeta Enrique M煤gica Herzog, futuro ministro socialista entre otras muchas cosas, conoce a Jorge Sempr煤n.
Ser谩n inseparables en la medida que son inseparables las familias de prosapia; coinciden pero no se suman. Uno es un Maura -Jorge- y 茅l, un Pradera, nieto de Don V铆ctor; dos instituciones de la monarqu铆a alfonsina.
Luego la crisis de los comunistas espa帽oles en el 64. M谩s que irse con Claud铆n y Sempr煤n, la verdad es que Carrillo le forz贸 a marcharse, porque para un desconfiado patol贸gico, un Pradera siempre estar谩 m谩s cerca de un Maura que de un tipo de Gij贸n que a煤n no sabe qui茅n es Gramsci ni Luk谩cs, ni le interesa un carajo. La traves铆a del desierto pol铆tico de Javier Pradera la recorrer谩 en el mundo editorial, al que hab铆a llegado por el PCE, y que luego correr谩 por su cuenta. Nunca fue un buen editor, para eso se necesita constancia, descaro, dosis de frivolidad, habilidad negociadora y capacidad de trabajo. Pradera tiene algo que le diferencia: sabe escoger a los colaboradores. No es que sea vago sino indolente; ese rasgo de los ricos venidos a menos.
Aunque al final no se sintiera muy orgulloso de esa 茅poca, su momento estelar fue El Pa铆s durante la primera d茅cada; desde 1976, que nace, hasta el refer茅ndum sobre la OTAN, que provocar谩 su abandono del diario durante un per铆odo, y al que volver谩 pero sin ser ya el mismo. Porque lo curioso de Pradera es que era un articulista torpe, exento de capacidad narrativa o pedag贸gica, y sin embargo era un excepcional editorialista. Debi贸 de ser en sus a帽os de esplendor, en 1983 o 84, etapa en la que ejerc铆a de asesor 谩ulico de Felipe Gonz谩lez, cuando me solt贸 algo que entonces me dej贸 perplejo: “He conseguido lo que siempre quise hacer; escribir y no firmar”. Los mejores y m谩s significativos editoriales de El Pa铆s son suyos, y nadie le disputar谩 esa categor铆a, por muy acad茅micos que sean.
El tim贸n de El Pa铆s fue suyo, pol铆ticamente hablando, porque su capacidad dial茅ctica y su veteran铆a no ten铆an parang贸n. El sue帽o de llevar al PSOE hasta el poder tuvo en 茅l a un protagonista; me refiero al PSOE de Gonz谩lez y de Guerra, entonces inseparables. Se hab铆a acostumbrado a mentir ri茅ndose, porque la pol铆tica聽 es un ejercicio que exige a menudo escamotear la verdad, pero su PSOE fue el de Felipe y Alfonso, al que anim贸 a prologar La Regenta de Clar铆n, cosa que sol铆a negar con cierto desd茅n de arist贸crata ofendido, pero que fue cierta. Tan cierta como imposible.
Encontr贸 en Felipe Gonz谩lez al dirigente que necesitaba, porque la ambici贸n de Pradera no era ejercer el poder sino orientarlo, y en eso est谩 su singular condici贸n de intelectual espa帽ol de la segunda mitad del siglo XX. Intuyo que a 茅l no le gustar铆a la comparaci贸n, pero no aspiraba a ser el Maquiavelo de El Pr铆ncipe, porque para eso se necesitaba pelear y moverse, y 茅l era un conspirador cansino y hablador, algo impensable para seguir al Pr铆ncipe en sus tortuosos caminos. Lo suyo ten铆a m谩s que ver con El Gatopardo y su h谩lito de orden, sensatez e ilustraci贸n; conoce lo suficiente el pasado para tratar tan s贸lo de reformarlo, sin alharacas ni temeridades. El Pr铆ncipe de Salina siciliano sab铆a de sus limitaciones, y no por falta de talento, al contrario, sino por carencia de entusiasmo.
Zapatero, es obvio decirlo, representaba todo lo que 茅l despreciaba en un pol铆tico. La derrota del PSOE -ese partido por el que Pradera hab铆a hecho tanto- en un d铆a tan se帽alado como el 20-N no pod铆a menos que acercarle al abismo; por la fecha y por el resultado. S贸lo a un vendedor de humo, con cero memoria hist贸rica, se le ocurrir铆a convocar elecciones en d铆a tan se帽alado. A partir de ahora el 20-N tendr谩 en su haber cuatro muertes. La de Jos茅 Antonio Primo de Rivera, la de Franco, la de Javier Pradera, y barrunto que tambi茅n la de aquel PSOE al que sirvi贸.
Sempr煤n y Pradera en Biriatou, de Patxo Unzueta en El Pa铆s
Los amigos de Jorge Sempr煤n, entre ellos Javier Pradera, fallecido el pasado domingo, han organizado un homenaje al escritor y pol铆tico en la localidad fronteriza que inspir贸 un poema de otro desterrado: Unamuno
La mujer que ha conducido el coche en el que Federico S谩nchez, tambi茅n llamado Rafael Artigas, Juan Larrea, Ram贸n Barreto o, en fin, Jorge Sempr煤n, ha cruzado por Behobia la frontera franco-espa帽ola, camino de Par铆s, y a la que ha pedido que le acerque a un pueblecito vasco, Biriatou, situado a escasa distancia, en una desviaci贸n de la carretera principal, sobre una colina desde la que se divisa el curso final del Bidasoa hacia la mar cant谩brica, le ha preguntado si el motivo de querer ir a ese lugar guarda relaci贸n con alg煤n recuerdo de infancia. El viajero clandestino le responde: “casi; ten铆a 15 a帽os la primera vez”.
Muchos a帽os despu茅s, siendo ya ministro de Cultura, se public贸 el libro que aqu铆 se titul贸 Adi贸s, luz de veranos…, en el que Sempr煤n rememora esa conversaci贸n con la conductora y se pregunta si fue entonces cuando por primera vez pens贸 que deseaba ser enterrado en el “peque帽o cementerio” de Biriatou, “arrimado a una r煤stica y agreste iglesia”. En este “lugar fronterizo, patria posible de los ap谩tridas, entre los dos 谩mbitos a los que pertenezco (…), en la vieja tierra de Euskal Herria”. Y a帽ade que pedir铆a asimismo que su cuerpo fuera envuelto “en la bandera tricolor de la Rep煤blica”. No porque haya dejado de pensar que la Monarqu铆a parlamentaria es “en las condiciones actuales el mejor sistema posible para garantizar la democracia y mantener la cohesi贸n los diferentes componentes nacionales de Espa帽a”, sino como expresi贸n de “una fidelidad al exilio y al mort铆fero dolor de los m铆os: aquellos en quienes no dejo de pensar, a煤n hoy, en la terraza umbrosa de Biriatou cuando regreso all铆”.
El viajero clandestino no hab铆a olvidado esa primera vez en la que el joven escolar, a punto de reintegrarse al Liceo Henri IV de Par铆s para cursar sexto de bachillerato, estuvo cenando en la terraza umbrosa de un restaurante de ese pueblito, el 22 de agosto de 1939. No duda de que era esa fecha porque recuerda perfectamente que un d铆a despu茅s, el 23, se producir铆a un hecho hist贸rico, la firma del pacto germano-sovi茅tico, que la mayor铆a interpret贸 como signo de la proximidad de la guerra. Pero tambi茅n es una fecha personalmente inolvidable para Sempr煤n por algo que ocurri贸, o que le ocurri贸, aquella noche.
Acababa de llegar en compa帽铆a de un amigo de su padre al chal茅 de Biarritz de un armador de unos 55 a帽os, cuya mujer, H茅l猫ne, rubia y francesa como la Isabel de Blas de Otero, de unos 40, era una se帽ora “espl茅ndida, deslumbrante”, que tras interesarse por los gustos literarios del joven exiliado espa帽ol intent贸 seducirlo, con pleno 茅xito, despu茅s de que, en un alarde de osad铆a que a nadie sorprendi贸 tanto como a 茅l mismo, el escolar le dijera que le recordaba a la protagonista de Belle de jour. Ella respondi贸 que hab铆a una diferencia, porque la hero铆na de la novela de Joseph Kessel buscaba en el prost铆bulo los placeres brutales de carreteros o descargadores del puerto, y eso ella ya lo ten铆a en casa; y que lo que le atra铆a era llevar a su cama a j贸venes poetas rom谩nticos.
Catorce a帽os antes, pero tambi茅n un 22 de agosto, el desterrado Miguel de Unamuno llegaba a Hendaya desde Par铆s tras haber escapado de la isla de Fuerteventura, a la que hab铆a sido deportado por la dictadura de Primo de Rivera. En Hendaya permanecer谩 durante cinco a帽os, hasta 1930. En 1928 aparece en una editorial de Buenos Aires el Romancero del destierro, especie de “diario 铆ntimo vertido en sonetos”, seg煤n su propia definici贸n. Entre los poemas recogidos en la obra figura uno con t铆tulo en lengua vasca, Orhoit gutaz, palabras que toma de una placa con los nombres de los 11 hijos de Biriatou muertos en la Gran Guerra que descubre en un muro de la iglesia del pueblo. Desde el hotel de Hendaya en que se hospeda, el Broca, luego llamado “de la Gare”, Unamuno acostumbra a dar paseos por los alrededores, frecuentemente hasta Biriatou. Le impresiona la frase que figura al pie de los nombres de los 11 vecinos “morts pour la patrie”: Orhoit gutaz, o sea “acordaos de nosotros”. Un ruego procedente de personas an贸nimas: con nombre y apellido pero sin historia, como los pueblos sin escritura, de tradici贸n oral. Unamuno los imagina campesinos iletrados, “oscuros hijos sumisos del hogar / henchido de silenciosa tradici贸n”. Acordaos de nosotros: una s煤plica que recuerda la de Fran莽ois Villon, a punto de ser ahorcado, en 1461: “Hermanos humanos que vivir茅is despu茅s, / no teng谩is contra nosotros el coraz贸n endurecido”.
Jon Juaristi dedic贸 un cap铆tulo de su Bucle melanc贸lico a ese poema de Unamuno. Poco despu茅s de la aparici贸n del libro, a fines de 1997, publicar铆a un art铆culo en este peri贸dico, De Fuerteventura a Bilbao (EL PA脥S, 16-3-1998) en el que comenta que si Primo de Rivera pretend铆a con la deportaci贸n “doblegar el 谩nimo” del escritor bilba铆no, “escogi贸 un mal lugar para intentarlo porque Fuerteventura dio a Unamuno una segunda juventud, la de los amores oto帽ales”.
Del contexto se deduce que Juaristi se refiere a la buena acogida y trato que dispensaron a Unamuno las “nobles gentes” de la isla, que despertaron en 茅l un “br铆o de mocedad” que se trasladar铆a a las p谩ginas escritas en los a帽os de destierro. Sin embargo, es posible que esa expresi贸n guardase relaci贸n con un episodio poco conocido de la vida del escritor: la visita que en los primeros d铆as de julio de 1924, mientras preparaba su evasi贸n de la isla, recibi贸 de una poetisa argentina, Delfina Molina, de 43 a帽os (茅l ten铆a 59) que desde 1907, teniendo ella 28, le escrib铆a cartas, al comienzo de admiraci贸n y luego de franca confesi贸n de amor. Ignoro si Juaristi, especialista en Unamuno, conoc铆a ese episodio cuando se refiri贸 a “amores oto帽ales”. El libro que rastrea toda la correspondencia entre el escritor bilba铆no y la argentina (Delfina, la enamorada de Unamuno, de Mar铆a de las Nieves Pinillos) fue publicado un a帽o despu茅s del art铆culo de Juaristi.
En la biograf铆a de Unamuno de Colette y Jean-Claude Rabat茅, publicada por Taurus en 2009, se sigue la pista de esa correspondencia. En 1912, Unamuno dedica un art铆culo que env铆a a La Naci贸n, de Buenos Aires, a “una joven poetisa argentina, sin habernos conocido mi amiga entra帽able”, mensaje al que ella responde con un emocionado “sent铆 morir”. No se ver铆an m谩s que esa vez de Fuerteventura. Ella se presenta en la isla con su hija, Laura, y el escritor les cede su habitaci贸n del hotel, y茅ndose 茅l a casa de unos amigos. Aunque ella insistir谩 en volver a verlo, 茅l tiene otras preocupaciones y, seg煤n la biograf铆a de los Rabat茅, la mayor铆a de las cartas posteriores de ella (hasta 1935) quedaron sin abrir.
Unamuno y Sempr煤n. Y Pradera. En el 煤ltimo art铆culo que public贸 en la revista Claves (”La extraterritorialidad de Jorge Sempr煤n”; julio / agosto de 2011) Javier Pradera relacionaba a los dos desterrados a trav茅s de su vinculaci贸n con Biriatou. Pradera era por el lado paterno oriundo de Sara, en el Pa铆s Vasco franc茅s. Hoy no podr谩 estar en la aldea donde los 11 vecinos muertos en la I Guerra Mundial y los dos que se a帽adieron a la l谩pida tras la Segunda nos piden que no les olvidemos. Que no tengamos contra ellos un coraz贸n endurecido.
Javier Pradera no lo tuvo contra quienes le ofendieron en vida y estos d铆as le piden cuentas por su pasado comunista. Un amigo suyo, Ram贸n Recalde, escribi贸 a prop贸sito de esos que “solo pasivamente” estaban contra Franco y ahora reprochan a los que lo estuvieron activamente su pasado izquierdista: “Me resulta dif铆cil tener que hacerme perdonar (…) por los que no lucharon contra la dictadura en el momento en que deber铆an haberlo hecho y hoy despliegan su buena conciencia apunt谩ndose a la democracia o a los nacionalismos sobrevenidos”.
Pradera: en una conversaci贸n telef贸nica mantenida tres o cuatro d铆as antes de partir para su propio Largo viaje -como el que convirti贸 en su primer libro Sempr煤n-, le dijo al periodista Juan Cruz que no podr铆a estar en el homenaje de hoy en Biriatou. “Ya te enterar谩s por qu茅”, a帽adi贸.
Eminencia gris de la democracia, de Francesc de Carreras en La Vanguardia
Por lo menos desde que Aldous Huxley retratara al p猫re Joseph, confidente y mano derecha de Richelieu, sabemos que los calificados de “eminencia gris” son personajes eminentes, pero no grises. Lo de gris les viene por querer estar siempre fuera de foco, en un voluntario segundo plano, es decir, en preferir la influencia al poder.
As铆 era Javier Pradera, fallecido el pasado domingo en Madrid, aunque con un importante matiz: no estaba al servicio de persona alguna sino s贸lo de las ideas democr谩ticas, de los valores de libertad e igualdad en que est谩n basadas. Por eso, por esa dedicaci贸n exclusiva y absorbente, nunca tuvo cargo pol铆tico alguno y, sin embargo, desde hace casi sesenta a帽os, ha sido extraordinariamente influyente en la pol铆tica espa帽ola; es m谩s, su vida pol铆tica y profesional es indisociable de la historia del antifranquismo, la transici贸n y la democracia.
En efecto, siendo estudiante de Derecho ingresa en el PCE y es un miembro destacado en las protestas estudiantiles de 1956 por las cuales es detenido y procesado. Lo significativo de su posici贸n pol铆tica es que su padre y su abuelo, el conocido pol铆tico tradicionalista V铆ctor Pradera, hab铆an sido asesinados en San Sebasti谩n en julio de 1936, tras el golpe militar, por las milicias republicanas. 脡l era, por tanto, hijo y nieto de “m谩rtires de la Cruzada” y, sin embargo, conspiraba contra Franco a favor de la reconciliaci贸n de todos los espa帽oles y era coautor de un manifiesto en el que se reconoc铆a que sus firmantes eran “hijos de vencedores y vencidos”. Era el peor da帽o que pod铆a hacerse a la dictadura: hasta los m谩s inteligentes v谩stagos de las “familias del r茅gimen” la repudiaban.
En aquellos a帽os, su actividad clandestina fue intensa hasta que en 1964, siguiendo a Claud铆n y Sempr煤n, abandona el PCE en desacuerdo con la l铆nea oficial de Santiago Carrillo. A su vez, ya hab铆a comenzado su carrera como editor colaborando con Arnaldo Orfila en el Fondo de Cultura Econ贸mica y, poco despu茅s, en la editorial Siglo XXI, fundada por el mismo Orfila y Faustino Lastra, esta segunda m谩s escorada hacia la mejor producci贸n intelectual marxista de la 茅poca. De activista pol铆tico ha pasado, pues, a activista cultural. La finalidad es parecida, si no la misma: quiz谩s influido por Antonio Gramsci sabe que en el camino hacia el socialismo la hegemon铆a cultural es presupuesto de la hegemon铆a pol铆tica.
El paso siguiente ser谩 el m谩s decisivo de su vida: colabora en la fundaci贸n de Alianza Editorial en 1966. All铆 Pradera dirige aquella m铆tica colecci贸n de libros de bolsillo que determinaron -junto a las revistas Triunfo, Destino y Cuadernos para el Di谩logo- la evoluci贸n cultural espa帽ola desde entonces hasta la muerte de Franco. A buenos precios, exactamente 50 pesetas, en peque帽o formato muy bien editado, con las famosas cubiertas dise帽adas por Daniel Gil, all铆 estaba todo: literatura, filosof铆a, pol铆tica, historia, ciencia, sociolog铆a, izquierdas, derechas, centro. El activista pol铆tico pretend铆a vertebrar culturalmente a la sociedad espa帽ola con el fin de prepararla para la democracia.
Alianza fue fundada por Jos茅 Ortega Spottorno quien en 1976, con el decisivo respaldo empresarial de Jes煤s Polanco, saca a la calle el diario El Pa铆s. All铆 va Javier Pradera como pieza principal, sobre todo en los diez primeros a帽os en que ocup贸 el cargo de jefe de opini贸n y editorialista pol铆tico. Si Alianza Editorial vertebr贸 en su tiempo la cultura espa帽ola abri茅ndola al mundo, El Pa铆s fue decisivo en la vertebraci贸n de una opini贸n p煤blica democr谩tica. No se puede entender el cambio pol铆tico en Espa帽a sin tener en cuenta El Pa铆s como instrumento de comunicaci贸n com煤n. A mediados de los ochenta deja sus cargos de direcci贸n en el peri贸dico pero, poco despu茅s, pasa a ser articulista semanal. En los 煤ltimos a帽os firmaba columnas mi茅rcoles y domingo, siempre una referencia para los m谩s avisados. Adem谩s, junto a Fernando Savater, en 1990 funda y dirige la revista mensual Claves,tambi茅n del grupo Prisa, otro eje b谩sico y fundamental de nuestra cultura democr谩tica.
Conspirador pol铆tico, agitador cultural, creador de opini贸n, Javier Pradera ha sido un intelectual de primera fila y, visto desde la perspectiva de hoy, quiz谩s el m谩s influyente para que el desarrollo de Espa帽a a partir de 1960 no consistiera tan s贸lo en aumentar la renta per c谩pita sino tambi茅n en crecer en cultura y convivencia pol铆tica.
Alto, desgarbado, adusto y mordaz, este donostiarra nacido en 1934 no ha querido tener poder pol铆tico, ni siquiera ser consejero de pr铆ncipes, sino que se ha limitado a cumplir con el deber que se impuso en su juventud: ser un intelectual de referencia para la izquierda democr谩tica espa帽ola. Curioso universal, culto, disperso, buen jurista, buen pedagogo, antidogm谩tico, cosmopolita, nunca dej贸 de ser un resistente frente a las modas posmodernas: s贸lo en la tradici贸n ilustrada, en la raz贸n, encontraba los buenos argumentos. El d铆a en que muri贸 sali贸 publicada su 煤ltima columna, seguramente escrita dos d铆as antes. Siempre lleg贸 hasta el final en todo aquello que se propuso.
Francesc de Carreras , catedr谩tico de Derecho Constitucional de la UAB.
Vio en 2006 la recesi贸n de Espa帽a, de Carlos Segovia en El Mundo
AN脕LISIS
Luis 脕ngel Rojo imparti贸 una conferencia en 2006 que ha terminado haciendo historia por su lucidez y que pone de relieve la p茅rdida que supone su fallecimiento para la inteligencia econ贸mica espa帽ola. Era el 24 de octubre de aquel a帽o en un acto organizado por la Fundaci贸n Caja Duero por el 125 aniversario de la entidad y all谩, en Salamanca, se mostr贸 preocupado por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria estadounidense y c贸mo 茅sta arrastrar铆a a la espa帽ola. 芦Depende en gran medida de EEUU, que posiblemente entrar谩 en una fase de debilitamiento de su tasa de crecimiento que llevar谩 a Espa帽a a una recesi贸n禄.
芦No estamos en una etapa de recesi贸n en Espa帽a, puede que s铆 dentro de un a帽o o dos禄, augur贸 el ya entonces jubilado ex gobernador cuando la econom铆a crec铆a entonces al 4% y hacer predicciones de este tipo parec铆an locuras.
Critic贸 tambi茅n 芦la desrregulaci贸n del sector financiero en la que estamos insertos禄 y la pol铆tica expansiva de la Reserva Federal en una etapa en la que su titular, Alan Greenspan, gozaba a煤n de la veneraci贸n de los mercados y analistas.
Atac贸 adem谩s en aquella conferencia el patr贸n de crecimiento basado en el ladrillo. Se declar贸 芦poco partidario del mundo inmobiliario禄 y lament贸 que la apuesta por 茅l restaba recursos en otros sectores.
Lo incomprensible ahora es que si Rojo gozaba de tanto predicamento en el propio Zapatero -que le consult贸 sus primeros nombramientos en 2004- el entonces vicepresidente segundo, Pedro Solbes, y el gobernador del Banco de Espa帽a, Miguel 脕ngel Fern谩ndez Ord贸帽ez, ninguno de ellos tomara las medidas necesarias ya entonces para paliar el estallido de la burbuja inmobiliaria. Coincide adem谩s que la predicci贸n de Rojo era calcada al informe remitido a Solbes y a Ord贸帽ez meses antes por la Asociaci贸n de Inspectores del Banco de Espa帽a. No obstante, el ex gobernador siempre defendi贸 a Solbes y en octubre de 2008, cuando ya sab铆a de las fricciones crecientes de 茅ste con Zapatero, pidi贸 que el vicepresidente continuara en el cargo por ser 芦una persona extraordinariamente capaz禄.
La conferencia en Salamanca fue 煤til tambi茅n para acercarse en poco tiempo al pensamiento de Rojo, su pasi贸n por las teor铆as de Keynes, la importancia que otorgaba a 芦la independencia de los bancos centrales de los pol铆ticos禄, su repudio tanto al franquismo como 芦al desastre econ贸mico del comunismo禄 y su decepci贸n por la jubilaci贸n. 芦Los jubilados nos aburrimos much铆simo禄, proclam贸, dando idea de que ser consejero de Bot铆n no le llevaba mucho tiempo. 芦Retrasar la edad de jubilaci贸n acabar谩 ocurriendo sin duda禄, sentenci贸. Zapatero la ha retrasado cuatro a帽os y medio despu茅s.
Un papel emborronado, de Pablo V谩zquez en La Vanguardia
TRIBUNA
Hace un cuarto de siglo,聽 en un despacho de la calle Alcal谩 50 de Madrid, sede del Banco de Espa帽a, naci贸 Fedea. En una hoja de papel emborronada por la letra de Luis 脕ngel Rojo, hab铆a una lista de los primeros patronos. Jos茅 Vilarasau, Luis Valls, Pablo Garnica, Pedro Toledo, Emilio Bot铆n y algunos otros, representando las principales empresas privadas del pa铆s. Hab铆a tambi茅n una proyecto: generar un centro de investigaci贸n que aportara argumentos rigurosos e independientes al debate econ贸mico que comenzaba en nuestro pa铆s.
Nunca quiso, entiendo que para evitar una posible contaminaci贸n de la pol铆tica, que el sector p煤blico estuviera representado en la instituci贸n m谩s que por el Banco de Espa帽a. E incluso en el caso del regulador financiero, ser铆a un director general de la entidad y no el gobernador el que ostentar铆a la responsabilidad de patrono. Con las cosas relevantes, D. Luis 脕ngel era bastante claro.
Hace algunos meses, la celebraci贸n de los 25 a帽os de Fedea se transform贸 en buena medida en un homenaje al profesor Rojo, no s贸lo como inspirador de la instituci贸n sino como un referente que llevaba un tercio de su vida vinculado de forma ininterrumpida a Fedea, primero como presidente del comit茅 cient铆fico y posteriormente -cuando abandon贸 sus responsabilidades en el Banco de Espa帽a- como patrono.
D. Luis 脕ngel, sentado en la 煤ltima fila del empinado anfiteatro del Banco de Espa帽a, que a m谩s de uno nos resulta dif铆cil bajar, rindi贸 con su presencia un ultimo servicio a la instituci贸n: testimoniar que a pesar de los errores que cometemos los que hoy llevamos adelante este proyecto, merece la pena -por el bien de nuestra sociedad- seguir apoy谩ndolo.
Las instituciones se consolidan cuando sobreviven a sus creadores. Aquella hoja emborronada de hace 25 a帽os, que ya inclu铆a la c茅lebre f como anagrama de la casa, se ha convertido hoy en 650.000 citas en la red; centenares de economistas que se esfuerzan todos los d铆as por trabajar con rigor se han vinculado de una u otra forma con este proyecto a lo largo de estos a帽os. Hoy la disciplina de la econom铆a y las entidades que tratamos de cultivarla somos lo que somos en nuestro pa铆s gracias a la labor de una persona extraordinaria en tantas dimensiones; una mente preclara que decidi贸 dedicar parte de su tiempo no s贸lo a avanzar en la teor铆a econ贸mica, sino tambi茅n a ser un fabricante de instituciones. Gracias.
Pablo V谩zquez , director de Fedea.
Adioses generacionales: Joaqu铆n Ibarz, de Gregorio Mor谩n en La Vanguardia
SABATINAS INTEMPESTIVAS
No s茅 si es para sentirse orgulloso,聽 pero de un tiempo a esta parte a los periodistas nos est谩 empezando a ocurrir como a los poetas. Que ganamos mucho en la estima de quienes nos leen y de quienes nos mandan, cuando morimos. A lo mejor es s贸lo una maligna impresi贸n, pero yo creo que al morir crecemos. Las eleg铆as mortuorias nos asemejan a los jodidos poetas. 驴Qu茅 mayor elogio para esta vieja profesi贸n, que adem谩s de los pol铆ticos y las putas, las tres pes que marca la tradici贸n, tengamos ahora la equiparaci贸n con los poetas, aunque sean muertos? Y hasta de seguro que hay quien est谩 pensando ya en un premio, el Joaqu铆n Ibarz de periodismo. 驴Y a qu茅 lo dar谩n? 驴A la trayectoria? 驴A la coherencia? 驴A la profesionalidad? Si yo tuviera que escoger un lema para unir al del Joaqu铆n Ibarz, elegir铆a “la voluntad”.
Una voluntad de independencia que lleg贸 hasta el final sin convertirse en un funcionario de la informaci贸n.
Joaqu铆n Ibarz muri贸 en Zaid铆n, un pueblo de Arag贸n donde se puede decir que hay una raya donde unos vecinos hablan castellano y otros catal谩n, una l铆nea invisible de vecindad. Deber铆an fletar autobuses, desde toda Espa帽a, incluida Catalunya, y de paso echar铆an una mano al proyecto m谩s hermoso e ins贸lito que se le ocurri贸 a persona alguna que no fuera Ibarz. Crear un museo de objetos populares de toda Am茅rica Latina, con preferencia mexicana, que 茅l hab铆a ido acumulando durante muchos a帽os. Lo bautiz贸 La Casa de Usted, o as铆 quer铆a llamarlo, a la manera de tantos lugares americanos donde cuando uno entra en casa ajena le agasajan con tan hermoso miramiento.
Me temo que s贸lo la voluntad de Ibarz hubiera hecho posible un proyecto tan bonito.
Lleg贸 a comprar el caser贸n vecino, gastarse los dineros en acondicionarlo, embarcar en Veracruz, como en una gesta antigua, las tropecientas piezas que hab铆an de llegar al puerto de Barcelona en febrero… y muri贸 en marzo. Le visit茅 en enero, consciente de que ya no le volver铆a a ver. Echado en la cama, mimado por los suyos, peleaba con la muerte inevitable. “La semana pr贸xima empezar茅 rehabilitaci贸n”. Ese sopor que va cubriendo el cuerpo mientras la cabeza rige y puja por vencer al tumor. Todav铆a segu铆a fiel a su m谩xima y trazaba planes. La voluntad inagotable.
Ten铆a 67 a帽os vividos intensamente. Hab铆a pasado por todo lo importante que sufri贸 y goz贸 Am茅rica Latina en las 煤ltimas tres d茅cadas. Un privilegio profesional y humano que no creo que tenga parang贸n. Quienes trabajaron con 茅l no lo olvidar谩n, los lectores tampoco. Eso solo constituye el mayor elogio para un periodista. Sobrevivi贸 a cat谩strofes, revoluciones, contrarrevoluciones, balaceras, mafiosos, corruptelas, al PRI, al PAN, al narcotr谩fico, e incluso a la pr贸stata. Pero un d铆a se levant贸 -茅l, la voluntad en persona- y no pudo ponerse la camisa. Eran las v铆speras de un partido de f煤tbol hist贸rico -nadie es perfecto-, y asom贸 la muerte.
Con toda probabilidad no dej贸 nada escrito sobre su trayectoria period铆stica, y creo que pocos profesionales pod铆an haber plasmado los avatares del gremio como Joaqu铆n Ibarz. A nadie se le ocurri贸 ponerle ante un aparato y hacer ese ejercicio necesario de mirar hacia atr谩s. Hubiera sido un lujo y adem谩s un instrumento de conocimiento imprescindible para una historia sobre la que apenas si hay algo decente. Los a帽os sesenta en Barcelona vistos por un reportero todoterreno. Y luego el tardofranquismo, los a帽os volc谩nicos, donde hab铆a dos mundos: el vivo y el que se pod铆a contar.
Pocos como 茅l pod铆an burlarse de las leyendas. 隆Como a alguien se le ocurra ir a las hemerotecas se llevar谩 un chasco! “El esp铆ritu de Tele/eXpres”, escriben ahora algunos voluntariosos. 驴Han echado una ojeada a aquel modesto diario de la tarde, donde lo 煤nico importante es que ah铆 empez贸 la generaci贸n period铆stica que se consolidar铆a en los 80? En fin, no quiero meter el dedo en el ojo de la evidencia, pero 驴repasamos la lista? 驴Qui茅n sobrevivi贸 haciendo aquello en lo que cre铆a? 驴Recordamos a Huertas Claver铆a, otro poeta muerto, y el art铆culo de marras, y las reacciones a su encarcelamiento? Joaqu铆n Ibarz fue testigo de excepci贸n de asambleas y manifestaciones, y lo contaba muy bien, con pelos y se帽ales, muchas se帽ales. Y la muerte de Franco, y “Libertad, amnist铆a y Estatut de autonom铆a”. Habr铆a que contar el cambio de ciclo que vino luego.
El final de la hegemon铆a de la presunta izquierda en Catalunya. La aparici贸n, digo bien, aparici贸n del pujolismo. Lo que signific贸 para el periodismo, no digo ya para la sociedad, el asunto Banca Catalana.
Es significativo que Joaqu铆n Ibarz optara por abandonar Espa帽a y marcharse a M茅xico. Eso le libr贸 de vivir la metamorfosis. Le bastaban los veranos para encontrarse con los antiguos colegas y descubrir que las viejas historias parec铆an nuevas de tanto como hab铆an cambiado. “Fulanita se pas贸 la cena hablando de la blusa de Carolina Herrera que compr贸 en Nueva York”. “He escuchado a zutano haciendo elogios del corrupto presidente de Venezuela, porque su empresa hace negocios con 茅l”. “驴De verdad no crees que en Espa帽a ha pasado algo con nuestra profesi贸n?”. No necesitaba preguntar, lo sab铆a 茅l tan bien o mejor que nosotros. Igual que se dice que hay animales pol铆ticos, era un animal period铆stico. Todo lo transformaba en texto; art铆culo, entrevista o reportaje.
驴Y los viajes de los pol铆ticos espa帽oles por Latinoam茅rica? Contados por Ibarz hubieran dado para un libro desternillante. 驴Y sus mediaciones con el poder mexicano para introducir a tal o cual pol铆tico catal谩n, al que en el Distrito Federal, y en toda la Rep煤blica, no conoc铆a nadie? Todo eso est谩 irremisiblemente perdido, tan perdido como 茅l. 驴Qui茅n iba a interesarse por eso? El poder, los medios, esas asociaciones y colegios profesionales, comederos de mediocres acojonados, est谩n en otra cosa. Est谩n en su supervivencia. Porque el gremio, como periodismo independiente, vive horas bajas y ha colocado un cartel inmenso con letras cifradas, que s贸lo nosotros podemos leer, para que lo repitamos como un mantra: conserva lo que tienes y no te menees.
No creo que fuera una buena idea la de ofrecerse voluntario para reportear el terremoto de Hait铆, porque hay una edad para cada cosa. Pero lo entiendo. Quedarse quieto contemplando c贸mo una parte de tu territorio est谩 viviendo la gran cat谩strofe y que t煤 no puedas contarla porque te has hecho mayor, y empiezas a estar jodido. Tambi茅n esa tentaci贸n, tan cl谩sica como infrecuente, y que s贸lo se da en los grandes, la de pensar que la mejor muerte de un periodista se reduce a escribir tu 煤ltimo art铆culo. Llegar谩 a decirlo cuando le ingresen en el hospital: “Hubiera debido morirme en Hait铆”. Es la grandeza del reportero; cuando se hace mayor evoca las veces que ha estado a punto de morir y apela a la suerte, al destino, a la ley de probabilidades, y se relaja. Le pas贸 al gran Capa, 驴qu茅 frente no fotografi贸, qu茅 batalla no vivi贸 como combatiente?, y all铆 estaba abandonada una cagarruta de mina vietnamita que lo llev贸 por delante.
Me temo que esta profesi贸n m铆a no sea consciente de lo que significa la muerte de Joaqu铆n Ibarz, por mucha entra帽a que le pongan y mucho adjetivo mortuorio que la edulcore. Al fin y al cabo, 茅l ven铆a de M茅xico, donde a los periodistas los matan en una desigual pelea entre contar lo que ocurre u ocultar lo que sucede, y llegaba aqu铆, donde el mayor peligro period铆stico se reduce, hoy por hoy, a que alg煤n colega fallezca de un empacho de entusiasmo por la cocina de Ferran Adri脿 o la Ruscalleda. Soy consciente de que con 茅l desaparece un referente profesional y al mismo tiempo un c贸mplice. 驴A qui茅n le voy a contar ahora el di谩logo, digno de Mario Puzo en El Padrino, entre L贸pez Tena y Duran Lleida? No s茅 si quedan ya periodistas antiguos en ejercicio, de lo 煤nico que soy consciente es de que el periodismo, como voluntad de independencia, entr贸 en barrena hacia 1982. M谩s o menos cuando Joaqu铆n Ibarz tom贸 la sana decisi贸n de hacerse corresponsal en el extranjero.
Adioses generacionales: Enrique Curiel, de Gregorio Mor谩n en La Vanguardia
SABATINAS INTEMPESTIVAS
驴C贸mo se escribe en fr铆o tras la muerte de un amigo? Lo pens茅 cuando supe que Enrique Curiel acababa de morir. Y entonces s贸lo era uno. Luego fueron dos. No son golpes, es otra cosa. A partir de una determinada edad se convive con la muerte por vecindad biogr谩fica y empiezas a sentir los huecos, los vac铆os, eso que literariamente llamar铆amos “los nichos de la memoria”;聽 lugares donde apenas nadie, salvo t煤 mismo, puede entrar. Y no puedes esquivarlo, lo 煤nico que puedes hacer es tomarte tu tiempo para cumplir con la ceremonia de los adioses, sin enredar al muerto ni enga帽ar a los vivos.
La muerte de Enrique Curiel me ha afectado mucho. Le铆 las necrol贸gicas con una mueca de desd茅n; me hubiera gustado que las ley茅ramos juntos, 茅l y yo, y alguno m谩s tambi茅n. Podr谩 parecer una salida sarc谩stica, pero a m铆 me gustar铆a leer mis necrol贸gicas, alguna saldr谩, y hacerlo con la gente que estimo, para echar la 煤ltima risa, fumar el 煤ltimo puro y beber la 煤ltima copa… y no levantarse m谩s. 驴Acaso habr铆a ocasi贸n mejor para hacer el 煤ltimo corte de manga al pasado que leer ese breviario de la memoria, que resume una vida en treinta l铆neas y una foto?
驴C贸mo explicar qui茅n era Enrique Curiel a una generaci贸n que no es la m铆a? Para entendernos por exclusiones: fue en la pol铆tica lo contrario de Pepi帽o Blanco, por eso me impresion贸 la necrol贸gica que le dedic贸 este inefable subproducto de la pol铆tica profesional, cuando inicia su elogio de Curiel con una entrada digna de Eugenio Montes, otro gallego: “Hay d铆as en los que uno se levanta y se encuentra de frente con la historia”. Al leerlo entend铆 por qu茅 alguien dijo que el estilo era el hombre. Es verdad que Enrique vivi贸 la historia siempre desde el embozo de la s谩bana, all谩 donde se recoge el cuello y se aposenta el cuerpo. Fue un suertudo que siempre escogi贸 la postura equivocada. Y sobrevivi贸 con dignidad a las camas, las s谩banas y los despertares abruptos. En pol铆tica la cama no tiene nada que ver con el erotismo, ni siquiera con el sue帽o. Empez贸 con Tierno Galv谩n, en aquel redil ilustrado que operaba en un piso elegante de la calle Marqu茅s de Cubas, en Madrid, entre el Congreso y el Banco de Espa帽a, vecino a aquel hotel Suecia que se ir谩 de nuestra memoria sin que nadie le dedique un gran cuento, brutal y c谩lido; un poco falso tambi茅n, como el restaurante sueco del s贸tano, donde abrevaba aquel gran sofista de la socialdemocracia que fue el Viejo Profesor. Uno m谩s que exige una gran biograf铆a de 茅poca.
Y Ra煤l Morodo. Yo le tengo cari帽o a Morodo, porque reconociendo que jam谩s le hubiera votado, fue en los a帽os del c贸lera y hasta ahora mismo una especie de laica Madre Calcuta, cooperante, animoso, casado con mujer amable y rica, atento y sobre todo cumplidor de ese deber ya agotado de recoger con dignidad los restos de los naufragios. Tiene gracia. Los m谩s desvergonzados chiquilicuatres del arribismo pol铆tico le consideraban un oportunista. La vida enriquece mucho los paisajes humanos. Estoy hablando de la prehistoria, pero es menester, porque Morodo y su departamento en la universidad fueron recogiendo a Enrique Curiel tras cada situaci贸n impredecible.
Luego vino el Partido Comunista. Aqu铆 le conoc铆 yo a comienzos de los setenta, en un aparte de una reuni贸n de la direcci贸n de Madrid. Hablamos de Aza帽a. Yo creo que tras su frustrada inmersi贸n en Manuel Aza帽a hab铆a tambi茅n algo de b煤squeda de su patrimonio cultural; su familia, liberal y republicana, castigada en aquella represi贸n devastadora de los a帽os del c贸lera. Debi贸 de empezar su militancia comunista hacia 1969, con toda probabilidad tras el estado de excepci贸n, otro hecho trascendental en nuestra historia. No me canso de repetir que nosotros no tuvimos Mayo del 68, nosotros tuvimos enero de 1969 y el asesinato policial del estudiante Enrique Ruano, que cambi贸 tantas vidas.
Pocos l铆deres estudiantiles fueron tan incapaces de asumir su liderazgo como Enrique Curiel. Era un l铆der nato, como se suele decir de manera equ铆voca: lo ten铆a todo. Hermosa planta, buena oratoria, cabeza amueblada, cultura notable…, pero el peso de la mediocridad ambiental siempre le afect贸 tanto que parec铆a avergonzarse de su suerte. La ambici贸n en pol铆tica es algo tan obvio como el respirar, est谩 en los genes del oficio. Un pol铆tico sin ambici贸n es peor que un jard铆n sin flores, es un funcionario. Pocos hombres de la transici贸n dentro de la izquierda llevaron sobre su figura la corona infamante de ser un trepa.Y lo m谩s pat茅tico es que no s贸lo no lo era, sino que no se atrev铆a a serlo. Cuando dej贸 el Partido Comunista de Espa帽a de Julio Anguita, devolvi贸 el esca帽o, cosa ins贸lita en el gremio, y aseguraron que le hab铆a comprado el PSOE.
Form贸 parte de una generaci贸n de fracasados pol铆ticos que hubieron de asumir que, o entraban en el PSOE, o no hab铆a posibilidad de hacer pol铆tica. Lo de Julio Anguita ten铆a mucho que ver con la teosof铆a pero poco con la realidad. 隆Oh, los muchachos de la utop铆a que anegaron la izquierda comunista en los primeros a帽os de la transici贸n, hoy en su mayor铆a reaccionarios convictos y confesos! La pol铆tica se hace, no se imagina. O te dedicas a eso o te retiras. Enrique Curiel quer铆a seguir y sigui贸. Vivi贸 en protagonista la crisis letal del Partido Comunista y le falt贸 valor para asumir la maledicencia. No quer铆a ser secretario general, se conformaba con la vicesecretar铆a. En el fondo carec铆a de la pasta del trepa, y eso le hundi贸, porque hubo de asumirlo todo y no poder ejecutar nada.
A煤n recuerdo su momento estelar, el del fracaso m谩s rotundo. Contado por 茅l ten铆a el valor de un cuento gallego, entre Castelao y Cunqueiro, as铆 de contradictorio. Entr贸 en el PSOE porque no hab铆a otro lugar para hacer pol铆tica, en la misma medida, dig谩moslo as铆, que quien quer铆a pelear en los sesenta, y luego, no ten铆a otro lugar para hacerlo mejor que en el PCE-PSUC. 驴O hab铆a otros? Me gustar铆a que me los citaran. Pero no era lo mismo vivir la clandestinidad que ingresar en el poder. Fue concejal, diputado y senador. El d铆a que decidieron retirarle lo hicieron en una asamblea de socialistas gallegos que aprobaban las listas decididas por Pepi帽o Blanco. Alguien subi贸 a la tribuna y dijo: “Habr茅is notado que Enrique Curiel no est谩 entre los candidatos, yes as铆, compa帽eros, porque ha sido llamado a m谩s altas tareas en Madrid…”. Y entonces todos exultaron en una ovaci贸n cerrada que le oblig贸 a levantarse.
“Nunca en mi vida he tenido una sensaci贸n tan rid铆cula -dec铆a-. Yo no sab铆a si darles las gracias por los aplausos o ponerme a gritar: 隆Gilipollas, si acaban de defenestrarme, no voy a ning煤n lugar que no sea a mi casa, y nadie me ha ofrecido nada, ni en Madrid ni en parte alguna!”.
No fuimos muy amigos hasta que nos hicimos amigos. Fue despu茅s que todo hubiera terminado, al menos para m铆, y 茅l segu铆a con un escepticismo y una lucidez que me impresionaban. No es un recuerdo glorioso, lo reconozco, pero la 煤ltima manifestaci贸n en la que participamos juntos fue a finales de diciembre de 1976. Me refiero a una manifestaci贸n a la antigua. Acababan de detener a Santiago Carrillo y salimos a la calle, y nos forraron a hostias. Era la transici贸n, se帽ores, aquella 茅poca dorada cuando todos 茅ramos hermanos, pero a Curiel le dieron un balazo en el culo. S铆, en el culo. Se libr贸 de una perforaci贸n de milagro. Me acuerdo de la verg眉enza que sent铆a al tener que dar sus clases con un flotador en el trasero.
驴C贸mo explicar la persona de Enrique Curiel a una generaci贸n que no tiene ni idea de qui茅n fue? Pues muy sencillo, iba a cumplir 64 a帽os, hab铆a peleado casi toda su vida por cambiar el mundo y acab贸 en un partido dedicado expresamente a lo contrario. Yo no lo har茅, lo puedo asegurar, pero me llen贸 de orgullo que su 煤ltimo deseo fuera el de cubrir su f茅retro con la bandera del PCE. Un gesto. Porque una cosa es una generaci贸n derrotada que lleg贸 a la inevitable conclusi贸n de que si ganaban los nuestros perd铆amos nosotros, y otra la dignidad de haberlo intentado.
