Archive for the ‘Obituarios’ Category
Manuel Prado o el valido, de Jes煤s Cacho en El Confidencial
La vida y fortuna de Manuel Prado y Col贸n de Carvajal, fallecido ayer en su casa de Sevilla a los 78 a帽os de edad, dio un salto adelante con motivo de la invasi贸n de Kuwait por Sadam Husein, lo que motiv贸 la intervenci贸n norteamericana y brit谩nica para expulsar a las tropas iraqu铆es del emirato y volver a instalar a la familia Al Sabah en el trono. Solo al final de la guerra se supo que, adem谩s de los pozos de petr贸leo, hab铆an ardido algo as铆 como 55.000 millones de pesetas de la 茅poca que la Kuwait Investment Office (KIO) manten铆a en las cuentas de su filial espa帽ola, el Grupo Torras. Ocurri贸 que una buena parte de aquella suma se utiliz贸 para el pago de favores pol铆ticos realizados en pro de la liberaci贸n del emirato, en concreto para permitir que los aviones de la USAF pudieran utilizar las bases espa帽olas para repostar en sus viajes al Medio Oriente. Al menos esa fue la excusa que los trincones de turno pusieron para sacarle los dineros a KIO.
La nueva rama de los Al Sabah que tras la retirada iraqu铆 se instal贸 en el emirato pronto se dio cuenta del timo y procedi贸 a querellarse en Londres y Madrid contra el presidente de KIO, Fahad Mohamed Al Sabah, miembro de la familia reinante, contra su primer ejecutivo, Fouad Khaled Jaffar, y contra el presidente de Torras en Espa帽a, Javier de la Rosa, quien, en declaraci贸n jurada ante la Corte de Londres, reconoci贸 haber entregado a Manuel Prado hasta 160 millones de d贸lares, de los que el aludido reconoci贸 en sede judicial haber recibido 100 鈥揺n dos entregas de 80 y 20-, algo as铆 como 15.000 millones de pesetas de la 茅poca, recepci贸n que justific贸 como 鈥渆l pago de dict谩menes y trabajos de asesor铆a por 茅l realizados para De la Rosa鈥. Testigo del episodio en las alturas fue Sabino Fern谩ndez Campo, el ex jefe de la Casa del Rey recientemente fallecido, a quien un d铆a el Rey Juan Carlos I pidi贸 que acudiera al piso que De la Rosa sol铆a utilizar durante sus estancias en Madrid, un hermoso penthouse en el 47 del Paseo de la Castellana, para que transmitiera al catal谩n el siguiente escueto mensaje:
-Vas a ir a ver a Javier de la Rosa a este n煤mero de la Castellana y le vas a decir que, de parte del Rey, todo est谩 arreglado y que muchas gracias.
-Pero bueno 鈥搎uiso saber Sabino, despistado- 驴no hay que decir de qu茅 se trata?
-No, nada. T煤 lim铆tate a transmitirle lo que te he dicho.
Dicho y hecho. Fern谩ndez Campo cumpli贸 su misi贸n, certificando que el dinero hab铆a llegado a su destino. La gente m谩s enterada de entre el madrile帽eo nuestro de cada d铆a se las promet铆a felices maquinando c贸mo se las iban a ingeniar los tribunales de Justicia para hacer como que juzgaban sin que saliera a relucir la figura que bajo ning煤n concepto pod铆a salir a la palestra. 隆Ingenuos! Tras a帽os de dilaciones, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, presidida por Javier G贸mez Berm煤dez, conden贸 en junio de 2006 a Javier de la Rosa a cinco a帽os y dos meses de prisi贸n por un delito continuado de apropiaci贸n indebida y otro de falsedad documental en las operaciones Pincinco (300 millones de d贸lares que volaron durante la Guerra del Golfo, incluidos 80 de los 100 pagados a Prado) y Oakthorn (pr茅stamo de 105 millones). Por los mismos delitos fue tambi茅n condenado a tres a帽os y ocho meses el abogado de Torras, Juan Jos茅 Folchi; a un a帽o y seis meses el ex consejero delegado, Jorge N煤帽ez, y a otro a帽o por apropiaci贸n indebida el ya citado Manuel Prado, nacido en Quito y con residencia en Suiza, pasaporte diplom谩tico e intendente real, cargo que tradicionalmente designa a la persona encargada de manejar los dineros privados del Rey.
Todos los condenados plantearon recurso de casaci贸n ante el Supremo, cuya Sala de lo Penal dio a conocer su fallo en septiembre de 2007, ampliando la condena para De la Rosa -siete a帽os de prisi贸n- y N煤帽ez 鈥揷inco a帽os-, mientras confirm贸 las de Folchi, y el a帽ito a Manolo Prado. Siete a帽os para el dante y uno para el tomante. Prado no ingresar铆a en la c谩rcel esta vez. Lo hab铆a hecho ya en abril de 2004, la de Sevilla, para cumplir dos a帽os de prisi贸n por su implicaci贸n en la llamada operaci贸n Wardbase, primera pieza separada del gran 谩rbol del esc谩ndalo KIO. La Audiencia Nacional lo consider贸 culpable de un delito de apropiaci贸n indebida como receptor de un pago de 11,4 millones de euros (1.900 millones de pesetas) procedentes de Torras. Dos meses despu茅s se le concedi贸 el segundo grado por razones humanitarias. En febrero de 2008 fue de nuevo condenado por la Audiencia Nacional a tres meses de prisi贸n por apropiaci贸n indebida en la descapitalizaci贸n de Grand Tibidabo.
Hombre de confianza de Juan Carlos I
Para entonces Manuel Prado era ya un juguete roto, obligado a vivir en la clandestinidad desde el punto de vista social y a entrar en Palacio casi a hurtadillas. Personaje clave en los 煤ltimos 50 a帽os de Historia de Espa帽a, sin el cual no se pueden entender muchas de las cosas ocurridas y que siguen ocurriendo 鈥搕al que la corrupci贸n galopante en que ha derivado el Sistema-, su vida cambi贸 el d铆a en que, a mediados de los sesenta, conoci贸 al entonces Pr铆ncipe Juan Carlos. Hijo de un chileno, Julio Prado, que tuvo tambi茅n problemas con la Justicia y acab贸 de relaciones p煤blicas de Jos茅 Ban煤s en la Costa del Sol, Prado fue el hombre providencial que se iba a encargar de rescatar al Pr铆ncipe de la mediocridad de aquellos arist贸cratas que le acompa帽aron en sus primeros a帽os en Espa帽a. De la mano de Prado, don Juanito, como le llamaban compa帽eros y profesores en Las Jarillas, abandon贸 a sus amigos de juventud 鈥揺xcepto a Jaime Carvajal y Urquijo, al que, entre otras cosas, har铆a presidente de Ford en Espa帽a-, gente con mucho pedigr铆 y poco dinero, propietarios de fincas que al culto a la madre tierra un铆an un elegante desd茅n por el vil metal.
31 de octubre de 1975. El Pr铆ncipe preside un Consejo de Ministros en La Zarzuela, con el problema del Sahara Occidental como cuesti贸n prioritaria. Al lado de Arias Navarro toma asiento como invitado el jefe del Estado Mayor del Ej茅rcito, Carlos Fern谩ndez Vallesp铆n. Don Juan Carlos manifiesta su determinaci贸n de ponerse al frente de los acontecimientos. Sin embargo, nada dice a los reunidos que 茅l ya ha enviado a su hombre de confianza, Manuel Prado y Col贸n de Carvajal, a Washington, para solicitar la ayuda de Henry Kissinger, consciente como es de que una guerra colonial con Marruecos en aquellos momentos podr铆a precipitar los acontecimientos al estilo de lo acaecido en Portugal y que podr铆a perder su corona antes de ce帽irla. Como enviado del futuro Rey, Prado viaj贸 tambi茅n a Casablanca y al franc茅s Palacio del Eliseo para sumar apoyos exteriores a la joven democracia espa帽ola.
Asentado Juan Carlos en la c煤pula de la monarqu铆a parlamentaria surgida a la muerte de Franco, Manuel Prado se iba a dedicar en cuerpo y alma a cuidar la fortuna del Rey, dispuesto el Monarca a abandonar para siempre su complejo de pobre, a olvidar las apreturas que de ni帽o vivi贸 en Estoril y despu茅s experiment贸聽en sus a帽os de juventud bajo la tutela de Franco. 隆Juro por Dios que nunca volver茅 a ser pobre! Tama帽a determinaci贸n har铆a al entonces presidente Felipe Gonz谩lez exclamar un d铆a ante Sabino Fern谩ndez Campo, mientras esperaba en la antec谩mara para ser recibido por el Rey en uno de sus habituales despachos: 鈥溌 dile a Manolo que se conforme con el 2%, porque cobrar el 20% es una barbaridad…! Alud铆a el sevillano a las supuestas comisiones del petr贸leo importado por Espa帽a de alg煤n pa铆s 谩rabe. Mucho antes, finales de 1973, el joven Pr铆ncipe hab铆a dirigido una cari帽osa carta a Henry Ford II, presidente de la multinacional del autom贸vil del mismo nombre, recomendando encarecidamente a su amigo Manuel Prado como la persona id贸nea para facilitar los tr谩mites legales necesarios para que la Ford se estableciera en Almusafes.
Un hombre que se mantuvo fiel al Monarca
Prado acabar铆a convertido en el valido, el nuevo Godoy por cuyas compuertas han pasado casi todos los secretos de La Zarzuela. Provisto de un pasaporte diplom谩tico y con esa palabra impresa en su tarjeta de visita (cosa que enfadaba mucho a los profesionales del cuerpo, porque nunca fue de la carrera) Manolo Pardo atravesaba fronteras libre como el viento. Le perdi贸 la avaricia, como a tantos otros protagonistas de la Historia, eso que Hobbes denomin贸 鈥渦n perpetuo e insaciable deseo de poder y dinero, que cesa solo con la muerte鈥. La avaricia y la sensaci贸n de impunidad. Su momento m谩s duro, con todo, lleg贸 con el juicio de la operaci贸n Pincinco. Ah铆 estuvo a punto de venirse abajo. Falt贸 el canto de un duro. Bien pudo el Monarca hacer suya aquella frase del presidente Harding: 鈥淧uedo hacer frente muy bien a mis enemigos. Pero mis condenados amigos, mis malditos amigos, son los que me quitan el sue帽o鈥. Prado aguant贸, sin embargo, con una reserva de estoicismo y de fidelidad que nunca ser谩 apreciada en toda su importancia por quien corresponde. Un hombre que se mantuvo leal, y que, con el misterioso libro editado por el ex ministro Pimentel bajo siete llaves, se ha ido con sus secretos a la tumba. 驴O no?
Desaparecidos Sabino y Prado, ya solo queda Paco Sitges, ex presidente de los astilleros Mefasa, y, en menor medida, Mario Conde, como testigos de algunos de los episodios m谩s llamativos, por ignorados, de la historia reciente de este pa铆s. No es cierto, sin embargo, que en los 煤ltimos a帽os el Monarca borrara a Prado de sus afectos y le diera la espalda. En primer lugar porque eso no hubiera sido posible: al valido no le representa un cargo, sino una condici贸n de la que no es posible abdicar. Del papel de Godoy nadie puede cesar, dimitir o ser expulsado.聽 Hasta hace poco m谩s de un a帽o, el 鈥渋ntendente鈥 segu铆a teniendo despacho en Zarzuela. No pod铆a ser de otro modo. Prado se hab铆a convertido en el retrato de Dorian Gray del Rey de Espa帽a, cuya vida y reinado no pueden entenderse sin la de Manuel Prado y viceversa. Como afirma Lord Henry Wotton, uno de los protagonistas de la obra de Wilde, 鈥渓o 煤nico que vale la pena en la vida es la satisfacci贸n de los sentidos鈥. Sus 煤ltimos a帽os, con todo, fueron duros. Sufri贸 por su amigo, Juan Carlos de Borb贸n. Descanse en paz.
De disidente a precursor, de Francesc de Carreras en La Vanguardia
La vida pol铆tica activa de Joaqu铆n Ruiz-Gim茅nez, fallecido la semana pasada ya muy longevo, se acab贸 el 15 de junio de 1977 al no salir elegido diputado en las primeras elecciones democr谩ticas que eligieron a las Cortes, que, de facto, ser铆an constituyentes. Su derrota, para nada atribuible a su persona, constituy贸 una sorpresa y probablemente fue una injusticia, si este t茅rmino fuera de aplicaci贸n a la vida pol铆tica. Sin embargo, en los quince a帽os anteriores, muy pocos hab铆an contribuido como 茅l a crear las condiciones para que la democracia fuera posible en Espa帽a. Y ello por dos razones: porque fue, primero, un disidente, y luego un precursor.
En primer lugar, Ruiz-Gim茅nez fue un disidente del franquismo.
Los disidentes son aquellos que se separan de un grupo determinado habiendo formado antes parte de 茅l. El disidente suele ser aquel que muestra sus discrepancias p煤blicamente pero que, adem谩s, da a presuponer que otros muchos piensan como 茅l aunque no se atrevan a decirlo. La imagen del disidente se parece as铆 a la cara visible de un iceberg.
Los disidentes son esenciales para que los sistemas pol铆ticos cohesionados por el miedo – del cual las dictaduras son un caso extremo-se corroan por dentro y empiecen a desmoronarse hasta el desplome total.
Pues bien, eso es lo que hicieron a mitad de los a帽os cincuenta, con m谩s o menos radicalidad, algunos intelectuales del r茅gimen, por ejemplo, desde el falangismo, Dionisio Ridruejo, Pedro La铆n Entralgo o Antonio Tovar y, desde el mundo cat贸lico oficial, entonces casi en solitario, Joaqu铆n Ruiz-Gim茅nez. La herida que todos ellos causaron entonces al franquismo fue decisiva cara al futuro, en especial porque contribuy贸 poderosamente a que se empezara a perder el miedo a la dictadura y comenzara a reforzarse la oposici贸n pol铆tica, obrera y universitaria. A los disidentes es dif铆cil perseguirlos, y m谩s todav铆a eliminarlos, a lo m谩s se les excluye discretamente de la vida oficial, pero sirven para reforzar a los adversarios de siempre, aquellos que nunca participaron de esta vida oficial y siempre se enfrentaron a ella, en el caso de que estos disidentes se ofrezcan a colaborar con ellos.
Esto es lo que hizo Ruiz-Gim茅nez de forma lenta y cautelosa desde que fue destituido como ministro de Educaci贸n en 1956 hasta que, al fin, renunci贸 a su cargo de consejero nacional del Movimiento en 1965. En el entretanto, el gran Papa Juan XXIII hab铆a promulgado dos enc铆clicas claves para la nueva orientaci贸n pol铆tica y social de los cat贸licos, y en 1962 hab铆a dado comienzo el Concilio Vaticano II. Todo ello fue determinante para que Ruiz-Gim茅nez, una persona profundamente religiosa, fundara en 1963 Cuadernos para el Di谩logo, una revista mensual que result贸 decisiva para preparar el clima pol铆tico que conducir铆a a la transici贸n. Con Cuadernos, el antiguo ministro de Franco hab铆a pasado de disidente del r茅gimen a precursor de la futura democracia.
En efecto, los precursores son aquellos que ense帽an doctrinas que no hallar谩n acogida inmediatamente sino en tiempo venidero. Esto es lo que fue esta revista que ya en su t铆tulo enunciaba todo lo que pretend铆a ser, pues di谩logo presupone libertad, respeto mutuo, pluralismo, tolerancia, igualdad y justicia. Todo un programa: concretamente un subversivo programa antifranquista.
Pero la revista no s贸lo fue importante por expresar ideas democr谩ticas sino tambi茅n porque en su consejo de redacci贸n y en su plantel de colaboradores m谩s habituales se encontraron buena parte de los que m谩s adelante ser铆an protagonistas de los primeros tiempos democr谩ticos. La lista ser铆a interminable, s贸lo apuntemos algunos nombres de j贸venes entonces casi desconocidos: Gregorio Peces-Barba, Pedro Altares, El铆as D铆az, Leopoldo Torres Boursault, 脫scar Alzaga, Javier Rup茅rez, Rafael Arias Salgado, Juli谩n Ariza, Juan Antonio Ortega D铆az-Ambrona, Nicol谩s Sartorius, Ignacio Camu帽as y Tom谩s de la Quadra-Salcedo. Un abanico de variadas ideolog铆as (democristianos, liberales, socialistas y comunistas) que, ya entonces o m谩s tarde, se ir铆an decantando por los grandes partidos de la democracia constitucional, en especial el PSOE, la UCD, el PCE y AP.
Esta joven redacci贸n y estos colaboradores ya prefiguraron lo que ser铆a despu茅s el Congreso de los Diputados y en Cuadernos, mediante el di谩logo y todo lo que este significaba, aprendieron dos valores, antes mencionados, que en la pol铆tica de hoy se encuentran a faltar: respeto mutuo en el trato personal y tolerancia con las posiciones de los dem谩s. Todo ello bajo la autoritas de don Joaqu铆n, una personalidad respetada por todos, que marcaba el tono de la revista, el esp铆ritu de la redacci贸n y establec铆a unas reglas de juego que coincid铆an con los principios democr谩ticos. Como dijo Juan Antonio Ortega en su nota necrol贸gica de la semana pasada, “sin Cuadernos la transici贸n hubiese sucedido de otro modo”.
La gran obra que deja Ruiz-Gim茅nez -adem谩s de una larga escuela de universitarios formada a partir de El铆as D铆az y Peces-Barba, sus disc铆pulos m谩s directos- es, pues, la valent铆a de ser un disidente en tiempos dif铆ciles y el calado democr谩tico de su labor al frente de la revista Cuadernos, que tambi茅n fue en aquellos a帽os un editorial influyente, en la estela de la revista. Que no obtuviera acta de diputado, con la perspectiva del tiempo carece de importancia. El terreno ya estaba abonado y su buena nueva como precursor comenz贸 pronto a dar buenos frutos.
FRANCESC DE CARRERAS, catedr谩tico de Derecho Constitucional de la UAB.
Ruiz-Gim茅nez y la democracia, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias
El ojo del tigre
鈥淰ivimos bajo el signo de la perplejidad. El imperio de la corrupci贸n, el descr茅dito un谩nime de las instituciones, el nepotismo desbordado y sus pr谩cticas, el oprobio inagotable en que ha devenido la pol铆tica han llevado a la quiebra de todos los valores p煤blicos, a la implosi贸n de todas las referencias colectivas y nos han dejado sumidos en la confusi贸n, (鈥), sin pautas ni asideros a los que agarrarnos.鈥 (鈥淒emocracias perplejas.- Jos茅 Vidal-Beneyto.- El Pa铆s; 11-julio-2009. Pg.37)
El p谩rrafo antecedente es un l煤cido y certero diagn贸stico de la actual situaci贸n cl铆nica que mantiene postrada la democracia que inspir贸 a la constituci贸n espa帽ola de 1978, cuando apenas han transcurrido treinta y un a帽os de su existencia. Primero, como savia vital para el desarrollo de las instituciones de gobierno; despu茅s, como compendio de las normas indispensables para una convivencia pac铆fica entre las diferentes ideolog铆as que representan el pluralismo pol铆tico con un fin esencial: procurarle estabilidad al Estado sobre la base de las tradiciones democr谩ticas.
La Transici贸n, nombre gen茅rico que se le da a un largo y complej铆simo proceso de reconversi贸n (pol铆tica) de una vieja dictadura, profundamente enraizada en el pa铆s, para transformarla 鈥搒in romperla ni mancharla- en una democracia plural, horizontal y capitalista, se ha agotado como parche de Sor Virginia para aliviar instant谩neamente los dolores sociol贸gicos de una sociedad que 鈥揺ntre la ceguera de unos y la malicia de otros-, de repente, se encuentra ideol贸gicamente arruinada.
Probablemente, esta situaci贸n 鈥搎ue hoy apenas se denuncia, pero si se plantea se procura generalizarla para atenuar las consecuencias- tenga su origen en un lejano fen贸meno pol铆tico que, entonces, no se tuvo en cuenta y que, despu茅s, se ignor贸; aqu铆 se quiso cocinar una democracia horizontal sin recetas democr谩ticas pero con demasiados ingredientes dictatoriales.
Esta democracia espa帽ola (un fen贸meno sociol贸gico espec铆ficamente posfranquista) devor贸 a los pocos, escas铆simos, dem贸cratas acad茅micos que hab铆an empezado a asomar sus cabezas por entre las rendijas de un r茅gimen que, para evitar su aislamiento (f铆sico y ps铆quico), en un mundo que cada vez se mostraba m谩s plural y cada d铆a era mas partidario del di谩logo como garant铆a de la legitimidad democr谩tica, se quer铆a enganchar al tren del aperturismo鈥
Uno de aquellos pioneros del di谩logo democr谩tico, considerado como un bien social muy superior al mon贸logo; que fue partidario de la fraternidad humana (por eso, le llamaron ingenuo鈥); que cre铆a en la pluralidad del pensamiento pol铆tico y en la libertad para elegir el credo religioso, se llamaba Joaqu铆n Ruiz-Gim茅nez. Fue una rara avis atrapada en medio de una muchedumbre que avanzaba en sentido contrario y que hab铆a sido educada, pol铆tica y culturalmente, en un clima de espesas ambig眉edades ideol贸gicas permanentes. Fund贸 un foro p煤blico (medi谩tico) para la praxis de sus dos convicciones principales: la libertad de expresi贸n y la necesidad del di谩logo. As铆 naci贸 Cuadernos para el Di谩logo en el oto帽o de 1963. Cuando todav铆a a nadie se le hubiera ocurrido hablar de transiciones milagrosas ni de otra democracia que no fuera la org谩nica del r茅gimen.
Como prolongaci贸n de la revista Cuadernos; cre贸 una editorial con el mismo nombre, que, simplificando, se conoci贸 y se hizo muy popular como Edicusa. Ambas 鈥搑evista y editorial- constituyeron 鈥揾ace m谩s de cuarenta a帽os- un foro p煤blico para el debate ideol贸gico y una oportunidad 煤nica para sacar a la luz rigurosos estudios hist贸ricos enriquecidos con notables an谩lisis pol铆ticos que, en momentos anteriores, habr铆an sido considerados delitos contra el Estado. No conviene olvidar que la d茅cada de los a帽os 60 fue definitiva para los pioneros de la democracia sin fronteras. Milagrosamente, en esa 茅poca se produjo una extra帽a tolerancia con la libertad de imprenta; los escaparates de las librer铆as se llenaron con t铆tulos que, hasta entonces, era preciso hurgar en las estanter铆as clandestinas, que ocultaban algunos negocios libreros, para dar con ellos o recurriendo a editoriales for谩neas. Los 60 le dieron cobijo a un rar铆simo fen贸meno econ贸mico a un rar铆simo fen贸meno econ贸mico que, adem谩s de transformar la autarqu铆a en un sistema capitalista, contagiaba a la austera sociedad espa帽ola de la euforia del consumo sin l铆mites. Muchos crearon que aquello era la democracia de las libertades.
Ese extra帽o fen贸meno 鈥搇lamado consumismo- precedi贸 al Gran 脫bito y, luego, se increment贸 aceleradamente. El pa铆s se hab铆a sumergido en la gran confusi贸n: llamar democracia a una rentable operaci贸n econ贸mica.
En 1976, Ruiz-Gim茅nez 鈥揳 quien ya se le discut铆a su liderazgo democristiano- funda Izquierda Democr谩tica (entre el grupo de fundadores, un asturiano: Luis Vega Escand贸n). Con este partido, Ruiz-Gim茅nez se presenta a las elecciones democr谩ticas del 15-J (1977), y no consigue ni un solo esca帽o. Los nuevos dem贸cratas consumaban as铆 su marginaci贸n absoluta. Lo que nunca se sabr谩 es si aquella operaci贸n de aislamiento del ex-franquista cat贸lico dem贸crata acab贸 frustrando la consolidaci贸n de una derecha civilizada, partidaria del di谩logo, tolerante, aficionada a los consensos, respetuosa con los otros鈥 Es decir, se evit贸 que la democracia espa帽ola acabara con la perplejidad, que la tiene secuestrada desde 1977.
Lorenzo Cordero. Periodista.
Un adelantado de la Transici贸n, de Justino Sinova en El Mundo
EL REV脡S DE LA TRAMA
Joaqu铆n Ruiz-Gim茅nez era esencialmente un hombre bueno. Pod铆an juzgar unos u otros zigzagueante su vida pol铆tica, pod铆an desconfiar unos de su fervor franquista hasta los a帽os 60 y dudar otros de su compromiso democr谩tico posterior, pero no creo que alguien no viera en 茅l a un ser humano especial volcado hacia los dem谩s. Ayer, poco despu茅s de la noticia de su fallecimiento, le铆 que hab铆a dispuesto que no le enviaran coronas de flores y que el importe de ese homenaje lo destinaran sus familiares y amigos a una ONG u otra entidad ben茅fica. Ese peque帽o gesto le retrata como un gran hombre que pens贸 en los dem谩s hasta el 煤ltimo suspiro de su vida.
En el campo pol铆tico, fue un precursor no exento de pol茅mica. Como ministro de Educaci贸n de Franco entre 1951 y 1956, a帽os duros del primer franquismo, hizo los primeros intentos de aperturismo y de tolerancia en la Universidad, como le reconocieron luego los historiadores, entre ellos, por ejemplo, el profesor Manuel Tu帽贸n de Lara, vinculado al Partido Comunista. En las primeras elecciones de 1977, siendo un conocid铆simo l铆der democristiano, sector que se supon铆a mayoritario, acompa帽ado por el l铆der derechista que gan贸 unas elecciones en la Rep煤blica, Jos茅 Mar铆a Gil-Robles, no logr贸 un solo esca帽o. Fue, sin duda, un golpe muy duro para dos antifranquistas, con m谩s pedigr铆 el segundo, al que debi贸 de contribuir su edad ya avanzada (62 y 78 a帽os) en una Espa帽a que so帽aba con juventud, con novedad y con futuro.
Parad贸jicamente, al clima que animaba a esa Espa帽a que le daba la espalda hab铆a contribuido Ruiz-Gim茅nez con una iniciativa que, contemplada con perspectiva, le convirti贸 en un adelantado de la Transici贸n a la democracia: la creaci贸n en 1963 del mensual Cuadernos para el Di谩logo, que dio cobijo a las opiniones cr铆ticas m谩s representativas que, tras la muerte de Franco, ser铆an mayoritarias en el campo pol铆tico y sindical. En Cuadernos escrib铆a la derecha antifranquista que luego sustent贸 UCD, sigla que pilot贸 la Transici贸n, con Adolfo Su谩rez a la cabeza, y tambi茅n escrib铆an en buen n煤mero intelectuales socialistas y comunistas, sindicalistas de CCOO, de UGT y de USO, y miembros de otros grupos menos relevantes de la izquierda radical, todos ellos entonces ilegales. Quienes no escrib铆an eran los franquistas, que ten铆an a Don Joaqu铆n -como as铆 le llamaban muchos- por un peligroso renegado.
Cuadernos para el Di谩logo fue una gran idea para contribuir a la apertura y la reforma de los 煤ltimos a帽os del franquismo. La misma revista fue una met谩fora anticipada de la Transici贸n y de la Espa帽a democr谩tica que hab铆a que construir. En sus p谩ginas aparecieron todas las reivindicaciones pol铆ticas y sociales que luego quedaron plasmadas en la Constituci贸n de 1978. Elena Pedreira, hoy profesora de Universidad, escribi贸 una magn铆fica tesis que demuestra la notable labor anticipatoria de Cuadernos. Todo ello empez贸 bajo la vigencia de la ley de censura de prensa de 1938, lo que demuestra la habilidad de Ruiz-Gim茅nez y los que con 茅l trabajaron para decir lo que el franquismo no quer铆a dejar o铆r. Luego, con el tiempo, cada uno tir贸 para su lado, la aventura no termin贸 todo lo bien que merec铆a, pero qued贸 la apuesta por el futuro de Ruiz-Gim茅nez.
漏 Mundinteractivos, S.A.
Un Kennedy sin relevo, de Rafael Navarro-Valls en El Mundo
TRIBUNA: POL脥TICA
El autor repasa la trayectoria de Edward Kennedy y se帽ala que la prol铆fica saga de pol铆ticos termina con 茅l
En su primera campa帽a para el Senado, el joven Edward Kennedy madrug贸 para pedir su voto a los obreros de una f谩brica de Massachussets. Se le acerc贸 un viejo trabajador y le espet贸: 芦Teddy, hijo, me han contado que no has trabajado ni un d铆a en tu vida禄. El menor de los Kennedy se puso a la defensiva. El interlocutor r谩pidamente a帽adi贸: 芦Deja que te diga una cosa, chico: no te has perdido nada禄.
Este ambiguo episodio explica la calificaci贸n pol铆tica del fallecido Teddy como integrante de la 芦izquierda del caviar禄 norteamericana. Un coraz贸n liberal en una cabeza conservadora. Una pol铆tica de izquierdas en una vida de bon vivant.
Su vida pol铆tica tuvo como horizonte la Presidencia de Estados Unidos, pero su verdadero terreno de juego fue el Senado. El sky line presidencial se dibuj贸 de s煤bito en el panorama pol铆tico por una tragedia. Su hermano Bobby hab铆a sido asesinado en plena campa帽a para la Presidencia. Mientras acompa帽aba su cad谩ver en el ascensor del hospital, alguien le coment贸: 芦Eres todo lo que nos queda. Tienes que asumir el liderazgo禄.
Seg煤n Jim Weighart: 芦Ocurri贸 como en un partido de tenis; de repente todas las cabezas se volvieron a Ted. Pero 茅ste no estaba preparado禄.Teddy era consciente de ello. Por eso se neg贸 a ocupar el puesto de su hermano en la Convenci贸n dem贸crata de Chicago (1968), que acab贸 eligiendo en unas jornadas ca贸ticas a Hubert Humphrey, con gran alivio de Nixon.
Doce a帽os pasaron para tomar conciencia de que ahora tal vez s铆 estaba preparado. En la campa帽a presidencial de 1980 el prestigio de Carter estaba por los suelos, casi como Nixon despu茅s del caso Watergate. Se necesitaba urgentemente una alternativa: alguien con carisma que pudiera contrarrestar a Reagan, que arrasaba entre los republicanos. Todo apuntaba al senador Edward Kennedy.
Su apellido segu铆a siendo m谩gico. Sus tres per铆odos como senador hab铆an sido brillantes y le conced铆an prestigio en el ala izquierda del partido, que a帽oraba vagamente el liberalismo de Roosevelt. Era, adem谩s, elocuente y con capacidad para la maniobra pol铆tica.
En noviembre de 1979 se lanz贸 a disputarle la candidatura a Carter. Al cerrarse el proceso de primarias 茅ste, sin embargo, se hab铆a hecho con 1.981 delegados; Kennedy hab铆a logrado 1.225. Carter hab铆a ganado en 20 estados, Kennedy s贸lo en 10. Al final, Kennedy perder铆a en la convenci贸n celebrada en el Madison Square Garden de Nueva York.
驴Causas? Probablemente, la fundamental fue que el electorado norteamericano -inclu铆do el dem贸crata- no le hab铆a perdonado la tragedia de Chappaquiddick (julio 1969), en la que perdi贸 la vida su secretaria Mary Jo Kopechne en el Oldsmobile modelo 1967 que 茅l conduc铆a. Un episodio sombr铆o, rayano en la irresponsabilidad criminal, en el que se puso de manifiesto esa cierta arrogancia kennediana frente a las reglas que a todos nos obligan. Como dijo Peter Collier: 芦La familia que hasta entonces hab铆a sido v铆ctima de conspiraciones se convert铆a en presunta culpable禄.
Barack Obama acaba de afirmar que Edward Kennedy 芦era uno de los m谩s grandes legisladores de nuestro tiempo禄. Prescindiendo del hecho de que el senador fuera el verdadero mentor de su candidatura, la verdad es que el trabajo de casi medio siglo en el Senado (fue elegido en 1962), hizo que las principales leyes sociales, sobre derechos civiles y sanidad llevaran su firma. Era el segundo miembro m谩s antiguo del Senado y desde su asiento vio desfilar a diez presidentes.
Con 茅l muere el 煤ltimo Kennedy de la primera generaci贸n (de los nueve hermanos s贸lo vive la anciana Jean Ann). No parece que la segunda pueda hacerse con la antorcha.
Joseph (56 a帽os, hijo de Bob) ha dejado la C谩mara de Representantes acosado por un esc谩ndalo de faldas; John-John, hijo de JFK -el 芦peque帽o pr铆ncipe de Am茅rica禄- falleci贸 en un accidente de aviaci贸n en 1999; Patrick -hijo de Ted y miembro de la C谩mara de Rhode Island- est谩 involucrado en un problema de drogas; Caroline Kennedy, hija de JFK, ha tenido que renunciar a presentar su candidatura para senadora por Nueva York…
Todo apunta a que la muerte del viejo senador inicia la fase crepuscular de los Kennedy.
Rafael Navarro-Valls es catedr谩tico de la Universidad Complutense y autor de libro Del poder y de la gloria, sobre la historia presidencial de Estados Unidos.
漏 Mundinteractivos, S.A
De h茅roes y tumbas, de Antoni Puigverd en La Vanguardia
CRISIS EN LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA
Dicen que dec铆a una marquesa de edad avanzada, viendo como mor铆an los arist贸cratas de su edad: “脷ltimamente se muere todo el mundo”. La frase, en su ridiculez, tiene l贸gica: nos afectan m谩s las muertes de nuestra gente. En estos 煤ltimos d铆as, sin ir m谩s lejos, tambi茅n parece que se muere todo el mundo: nos han abandonado diversas personalidades que formaban parte de nuestras vidas. Baltasar Porcel, maestro de estilo y libertad, ha muerto con las botas de escritor puestas, como Descartes, quien atacado por mil achaques, segu铆a escribiendo entre dolores. Al maravillado amigo que le recomendaba descanso, le dec铆a: “驴Qu茅 quieres?, no habiendo encontrado un modo seguro de preservar la vida, uso al menos un modo seguro de no temer a la muerte”.
La muerte de Vicente Ferrer nos ha interpelado. Llev贸 hasta el extremo el extremista reclamo de Jesucristo: “D茅jalo todo y s铆gueme”. Su compromiso total con los miserables nos dejaba sin palabras, en pura estupefacci贸n. Se ha hablado mucho de la ausencia de los pol铆ticos catalanes a su entierro. Cuidado con la hipocres铆a. No justifico las ausencias, pero es obvio que nuestros representantes no se sienten empujados en nuestros parajes por el influjo de Ferrer, cuyo radicalismo 茅tico est谩 a las ant铆podas de los valores de nuestra sociedad, que ha entronizado el tener olvidando el ser.
A las ant铆podas de Vicente Ferrer estaba en todo caso Michael Jackson, con su frankensteiniana imagen que resum铆a tortuosamente razas, sexos y edades. Los medios audiovisuales nos familiarizaron con este extravagante personaje que ha expresado, hasta el paroxismo y con un sufrimiento digno de compasi贸n, una de las corrientes m谩s fuertes de nuestro tiempo: la que ha c o n v e r t i d o nuestras vidas en una agotadora representaci贸n teatral. Seducir, maravillar o provocar a los que nos rodean, mediante la actualizaci贸n constante del look, centra nuestras vidas. De ah铆 el culto a la moda y el poder de los media. Jackson expres贸 como nadie, a la vez v铆ctima y promotor, esta tendencia que ordena metas personales y fuerza a mantener sin descanso la necesidad de agradar o sorprender, obligaci贸n que a todos desgasta y a muchos desquicia.
La crisis econ贸mica, que tantas creencias contempor谩neas va a derrumbar, amenaza con subvertir la cultura de la imagen. No pocos pol铆ticos sobredimensionados por las artes publicitarias y la representaci贸n peliculera notan ya como el mundo se hunde bajo los pies. Principalmente Zapatero, que ha actuado durante a帽os como Z茅lig, el personaje que interpret贸 Woody Allen. Un hombre que, en enfermiza b煤squeda de aceptaci贸n, se asimila a cualquier persona que le rodea y dice a todo el mundo lo que quiere o铆r, hasta que, curado por su psiquiatra, y empezando a defender sus propias opiniones, acaban ech谩ndolo de la ciudad a gorrazos por las contradicciones acumuladas en su etapa de actor camale贸nico.
HOMENAJE A JAVIER ORTIZ EN P脷BLICO
Una luz en la c谩rcel de Girona, de Xavier Corominas en P煤blico
Conoc铆 a Javier Ortiz en la c谩rcel de Girona. Bueno, conoc铆 primero a un tal Francisco Javier P茅rez Border铆as, que es as铆 como fue conocido Javier Ortiz a su entrada en presidio. Fue detenido en el Valle de Nuria 鈥揺se magn铆fico valle pirenaico que tiene como gran paradigma que solamente se puede llegar a 茅l en tren o caminando鈥, intentando pasar la frontera acompa帽ado de otros militantes del partido en el oto帽o de 1974.
Como director o redactor de Servir al Pueblo, 贸rgano del Movimiento Comunista, Javier estaba pasando los Pirineos con mucho material que hab铆a recogido durante las huelgas del Bajo Llobregat de aquel mismo a帽o. Uno de los guardias civiles que le arrest贸 le dijo, ya en el momento de la detenci贸n y posterior registro de las mochilas, que aquel DNI a nombre de Francisco Javier P茅rez Border铆as era falso. Seg煤n contaba Javier, el viaje desde la monta帽a hasta el puesto de la Guardia Civil de Ribes de Freser lo hicieron atados con cuerdas 鈥損ues los agentes carec铆an de esposas鈥 bajo la mirada espantada de los monta帽eros que compart铆an el vag贸n de cremallera con los j贸venes detenidos.
Su llegada fue la luz en mi detenci贸n aislada: yo era, en aquellos momentos, el 煤nico preso pol铆tico entre los m谩s de 130 reclusos de la peque帽a prisi贸n de Girona. La llegada de los tres compa帽eros signific贸 para m铆 poder ejercer plenamente como preso pol铆tico ante los carceleros y ante los comunes.
Los dos compa帽eros de Javier salieron pronto en libertad provisional, por lo que nos quedamos solos en celdas individuales y siguiendo nuestra rutina diaria. A nosotros se unieron dos presos comunes muy especiales all谩 en la c谩rcel Pont Major, con los que constituimos un grupo de paseo por el patio. Pierre era un viejo ladronzuelo bruxellois conocido de la Gestapo. Como recuerdo de esta brutal Polic铆a ten铆a un cr谩neo desencajado, cuya calvicie dejaba ver como recuerdo permanente de los m茅todos polic铆acos usados durante la ocupaci贸n nazi de B茅lgica. Ram贸n era el segundo miembro del grupo. Gran ajedrecista y vegetariano, nos hizo descubrir el valor energ茅tico y calor铆fico de las pipas, que com铆a siempre y engull铆a despu茅s de masticar 鈥揷omo m铆nimo鈥 24 veces. Estaba en la c谩rcel porque su patr贸n no le hab铆a pagado la liquidaci贸n y 茅l se la tom贸 por su cuenta. Javier, el tercer miembro, de un d铆a para otro se convirti贸 por fin en Javier Ortiz. El tal P茅rez Border铆as, ciudadano aragon茅s, denunci贸 el robo de su DNI y quiso sacarse el pasaporte, pero los certificados de penales no llegaban nunca, l贸gicamente, porque formalmente 茅l estaba en la c谩rcel. Gracias a su abogado, Javier Ortiz fue notificado previamente de este proceso y, una vez comunicada a la direcci贸n de la c谩rcel su identidad verdadera, conocimos a Javier Ortiz por su verdadero nombre, aunque el inicial no se me olvid贸 nunca m谩s.
Los cuatro ten铆amos la vida bien organizada: 7.30, diana; 8.00, paseo por el patio; desayuno; y luego, o bien estudi谩bamos franc茅s con Pierre, o ense帽谩bamos catal谩n a Javier. Al mediod铆a, antes de la comida, sol铆amos jugar alguna partida de ajedrez, o de parch铆s, que era otro de los pasatiempos, sobre todo entre los comunes que se jugaban ilegalmente dinero.
La comida, hecha en la c谩rcel por los prisioneros, se llamaba rancho. Jud铆as, lentejas, arroz, patatas con salsa鈥 Nosotros la complement谩bamos con ensaladas muy completas que hac铆a en mi celda con los productos que me tra铆an mis familiares y amigos cada semana, en las dos visitas semanales autorizadas. Despu茅s de la siesta, volv铆amos a pasear por el patio o le铆amos nuestros libros. Javier se interes贸 siempre por los poetas catalanes y ello era motivo de conversaci贸n. Por la tarde pod铆amos ver un poco la televisi贸n del momento, que, como la prensa, estaba censurada, pues a la censura franquista se a帽ad铆a la del director de Servicios que, con unas tijeras, iba cortando las noticias que 茅l consideraba no aptas para los reclusos.
Al cabo de unos meses de hablar mucho, leer m谩s y discutir sobre el futuro y el pasado, Javier consigui贸 ser trasladado a Carabanchel y se fue con rabia por mi parte, porque yo quer铆a irme con 茅l a esa otra prisi贸n donde se estaba cociendo, en muchos aspectos, el futuro del pa铆s.
Con la libertad, la transici贸n y la ley de amnist铆a, de la alegr铆a inicial fuimos descubriendo que aquella ley (como la transici贸n) no coincid铆a del todo con aquello por lo que hab铆amos luchado y acabado de bruces en aquellas h煤medas habitaciones con rejas.
Javier fue a lo suyo, a la prensa; yo a luchar por mi pueblo desde la alcald铆a. Un d铆a, en Madrid, cenamos todos y yo le pregunt茅 qu茅 hac铆a en un peri贸dico que a m铆 me daba mal sabor y que no compraba. Al cabo de bastante m谩s tiempo descubr铆 un nuevo peri贸dico y en 茅l reencontr茅 a mi verdadero Javier. En nuestra misma trinchera. 隆Aqu铆 estamos y vamos a continuar, Javier!
Xavier Corominas es preso pol铆tico del franquismo (14-1-74/11-4-75) y alcalde de Salt (1991-1999)
La delicadeza de la seriedad, de Luis Garc铆a Montero en El Pa铆s de Andaluc铆a
En Pret茅rito imperfecto, el primer tomo de sus memorias, cuenta Carlos Castilla del Pino que se enfrent贸 desde muy ni帽o con la idea de la muerte. Sol铆a dormir en el mismo cuarto que su padre. Le escuchaba toser, pelear con sus pulmones de fumador empedernido. La vida se enreda en nuestra memoria a trav茅s de episodios humildes, detalles marginales que sirven con el paso de los a帽os para fijar un tiempo. La tos nocturna de su padre fue uno de los recuerdos m谩s n铆tidos de Carlos Castilla. Pero una noche fue el padre quien escuch贸 llorar al ni帽o. “驴Qu茅 te pasa?”, le pregunt贸. “Es que estoy pensando que tengo que morirme”. El padre le aconsej贸 que contara hasta cien para conquistar el sue帽o.
Eso es lo que hacemos las personas mayores cuando nos enteramos de la muerte de un amigo. Contamos hasta cien, y hacemos la cuenta con 茅l, a trav茅s de los recuerdos, uno detr谩s de otro, en busca de las escenas que ha decidido ordenar y conservar la memoria. Entre la primera preocupaci贸n por la muerte y su muerte real, Carlos Castilla del Pino ha cumplido una vida larga y provechosa. Los tiempos dif铆ciles, los momentos de felicidad, el trabajo cient铆fico, la lucha c铆vica contra la dictadura, la vocaci贸n literaria, los reconocimientos, su conciencia cr铆tica en la democracia, han definido su existencia y han caracterizado su figura de intelectual abierto, sobrio y vinculado a los itinerarios de nuestra sociedad.
Cuento hasta cien, recuerdo viejas lecturas, actos compartidos, conversaciones pol铆ticas o literarias, advertencias, inquietudes conjuntas, y me esfuerzo en fijar una imagen, en obtener una fotograf铆a sentimental del amigo. Llego a la conclusi贸n de que Carlos es el personaje duro m谩s tierno que he conocido, la persona 谩spera de coraz贸n m谩s delicado. De ni帽o fue incapaz de enga帽arse ante la realidad humana de la muerte. De mayor, no quiso enga帽ar, enga帽arse. Hay quien asume elucubraciones l铆ricas incluso ante la locura, quien busca para铆sos de libertad en los disparates quijotescos y en los dramas irracionales. La psiquiatr铆a le ense帽贸 a Carlos Castilla a enfrentarse con la verdad y a fijar sus palabras con una lucidez descarnada. Sus opiniones prescind铆an con frecuencia de rodeos, iban al coraz贸n de los casos. Estaba acostumbrado a no mentir, a no mentirse, a ayudar a los dem谩s para que no se mintieran. Porque hab铆a aprendido a escuchar.
Bajo su rotundidad se escond铆a un coraz贸n tierno, preocupado por los dem谩s, atento a la vida. La memoria de Carlos era el testimonio m谩s notable de su delicadeza. Cuida de las cosas y ejerce la memoria quien asiste con ternura al presente, quien se fija en lo que ocurre, escucha a los dem谩s y no quiere resbalar sin amor sobre la existencia, resbalar sin darle a las cosas la importancia que tienen. En Pret茅rito imperfecto, en sus memorias, recuerda muchas cosas, quiero decir muchos objetos, como un calzador met谩lico, con un bajorrelieve de Calzados La ideal, Precio Fijo, la L铆nea-Algeciras, que su padre pidi贸 en 1932 para que se lo llevara al internado de Ronda. A Carlos le gustaba conservar las cosas, y se preocupaba por su destino oculto e imprevisible cuando desaparec铆an.
Le ocurr铆a lo mismo con los amigos y los conocidos. Recordaba episodios, escenas borradas para los dem谩s, viejos problemas, historias antiguas. Pasaban los a帽os, aparec铆an y desaparec铆an mil cosas, y 茅l conservaba con una lealtad 铆ntima los recuerdos y las preocupaciones de los otros. Viv铆a interesado en los otros. As铆 era, un amigo 谩spero de coraz贸n muy tierno. Y como habr谩 tantos art铆culos sobre su importancia cient铆fica y su significaci贸n hist贸rica, me gusta recordarlo as铆, preocupado por las cosas y por los amigos. Me gusta tambi茅n imaginarlo sereno, escuchando el R茅quiem de Brahms, al lado de Celia, junto a todos nosotros.
Lo m谩s necesario de la vida, de Emilio Lled贸 en El Pa铆s
Me he enterado esta ma帽ana, al abrir las noticias en la radio. Nunca se sabe bien qu茅 pasa por nuestra mente ba帽ada siempre por la sensibilidad de la que nunca podemos desprendernos, cuando o铆mos, como un golpe sordo, la noticia. Todas las noticias de muerte, de aniquilaci贸n, de p茅rdida, tienen algo terrible, incomprensible, cuando esas noticias no vienen del horror generalizado con que nos inundan inevitablemente los medios de comunicaci贸n, sino que se te acercan, llaman a la memoria concreta de la vida y te dicen que algo pr贸ximo, inmediato, ha causado un desgarro, una herida en lo m谩s profundo, en aquello que, junto con el lenguaje, nos hace seres humanos: la amistad. Confieso que, por ese desgarro, me cuesta trabajo escribir estas l铆neas, a petici贸n de alguien que tambi茅n quer铆a a Carlos, pero no he sabido, no he podido negarme. Porque en estos a帽os, desde su ingreso en la Academia, en el trato continuo de nuestras comisiones y trabajos en su querida Instituci贸n, pude apreciar la extraordinaria personalidad de mi amigo. Ya en mi juventud, aun sin conocerle personalmente y aunque no nos separaban muchos a帽os, fue Carlos, como lo fue para otros universitarios de aquellos tiempos, un referente intelectual, pol铆tico, humano.
La cercan铆a de nuestro trato, m谩s all谩 de los dos vol煤menes de su extraordinaria biograf铆a -uno de los documentos personales m谩s importantes de nuestra memoria hist贸rica- me hizo descubrir un ser humano verdaderamente excepcional. Carlos Castilla, entre sus muchos dones, pose铆a ese que el fil贸sofo llam贸 “lo m谩s necesario de la vida”, el dif铆cil don de la verdadera amistad. Porque precisamente las cosas esenciales de la existencia son f谩ciles de corromper cuando los intereses, las ambiciones, las miserias mentales y morales irrumpen en los afectos falsific谩ndolos y suplant谩ndolos. Mi amistad con Carlos, que se sentaba a mi izquierda en los plenos de la Academia y con lo que ir贸nica y cari帽osamente bromeaba, se intensific贸 de tal manera que siento su p茅rdida como la de uno de los cuatro o cinco amigos totales que uno logra en su vida y de cuya existencia te parece imposible prescindir. Porque Carlos pertenec铆a a esa raza de personalidades verdaderas, aut茅nticas, en el sentido m谩s profundo de tan trivializada palabra, muy alejado de esos personajes de cart贸n que tantas veces se confunden con ellos.
Quisiera despedirme, ya que soy incapaz de escribir lo que en estos momentos siento, con un texto que una vez comentamos juntos y que escribi贸 el m谩s asombroso fil贸sofo de la amistad: “Si queremos ver nuestro propio rostro, no tenemos m谩s remedio que mirarnos en un espejo. De la misma manera, si deseamos descubrirnos, entendernos, incluso querernos a nosotros mismos, porque somos dignos y decentes, hemos de mirarnos en un amigo, porque el amigo es, como decimos, otro yo”. Y en esa identidad, en esa casi 煤nica e ideal memoria de la singular amistad, su recuerdo est谩 vivo para m铆 mientras pueda alentar en mi tiempo el suyo que se nos ha escapado. La memoria, “lo m谩s necesario de la vida”.
El vuelo de los p谩jaros, de Manuel Hidalgo en El Mundo
LA BALSA DE LA MEDUSA
Tengo dicho que colecciono an茅cdotas sobre coincidencias. Colecciono, en realidad, coincidencias, esto es, hechos aleatorios que se producen en mi vida con una simultaneidad sorprendente y desarmante, simultaneidad que parece obedecer a una justicia po茅tica imprevista y que, adem谩s, me deparan una conexi贸n inopinada entre ideas y emociones: la conciencia de que un arroyo, que va por debajo de todo, conecta secretamente, con un sentido narrativo y biogr谩fico, lo que parecer铆a disperso.
El s谩bado pasado enterr茅 en Pamplona a mi t铆a Mercedes, una mujer a la que quer铆a mucho. Fue guap铆sima, alegre, luminosa, positiva, elegante, liberal, cosmopolita, generosa. La ma帽ana fue fr铆a y lluviosa, un fastidio para su jubilosa concepci贸n de la vida.
Paseando por la parte vieja, me acord茅 de Mikel Laboa, el gran poeta y cantante donostiarra, fallecido el pasado diciembre. En mi adolescencia pamplonesa me gustaban sus suaves, l铆ricas y bellas canciones: Haika mutil, Baga-biga-higa y, sobre todas, Txoria txori, que siempre me pone al borde de las l谩grimas. Mucho despu茅s de ser testigo del encuentro de Mikel con John Cage en Pamplona, en un espect谩culo excepcional, en la Ciudadela, tuve ocasi贸n de conocerle personalmente en Burguete, mi pueblo querido, en la barra del bar G谩rate. Ten铆a la bondad de los mejores m茅dicos -era neuropsiquiatra infantil-, y la conversaci贸n fue inolvidable.
Me vine a Madrid el domingo con un disco antol贸gico de Mikel Laboa, que compr茅 en una librer铆a de amigos -nacionalistas vascos, lo que yo no soy-, y el martes estaba escuchando Txoria txori, cuando, en la edici贸n digital de los peri贸dicos, me enter茅 -隆es incre铆ble!- de la muerte de Javier Ortiz. La letra en castellano de esta hermosa canci贸n en euskera dice: 芦Si le hubiera cortado las alas,/ habr铆a sido m铆o/ no habr铆a escapado./ Pero as铆,/ habr铆a dejado de ser p谩jaro./ Y yo / yo lo que amaba era un p谩jaro禄.
隆Javier Ortiz era un p谩jaro! 隆Y de cuenta, tambi茅n! No fui amigo 铆ntimo suyo, pero lo trat茅 mucho y lo le铆 en estas p谩ginas y en P煤blico. Txoria txori, qu茅 canci贸n m谩s perfecta para la muerte (y la vida) de Javier. Javier Ortiz era un esp铆ritu independiente, un vasco con temperamento tan radical como acogedor. Escrib铆a de maravilla, con un cuidado exquisito por el lenguaje y la gram谩tica -su obsesi贸n-, y con una cabeza muy bien amueblada, cartesiana y ordenada, que podr铆a parecer que contradec铆a su talante m谩s espont谩neo, dome帽ado, a su vez, por reflexiones, reconvenciones y decepciones. Javier ten铆a algo formidable, que siempre es salvador frente a uno mismo y a los dem谩s: el sentido del humor, una iron铆a inteligente -隆redundancia!- que aguijoneaba a los dem谩s y que aplicaba, como ha quedado patente en su auto obituario, a s铆 mismo.
Han sido 茅stos, para m铆, d铆as de encaramiento con la muerte.En la muerte del otro -y ha habido m谩s, qu茅 racha-, uno se encara con su propia muerte, le toma la medida. Mercedes, Mikel, Javier: 芦y yo lo que amaba era un p谩jaro禄. El p谩jaro que vive la vida, disfruta de ella y lucha para mejorarla. El p谩jaro que vuela libre.
漏 Mundinteractivos, S.A.
Javier Ortiz, de Jos茅 Saramago en su Cuaderno
Uno m谩s que se ha ido. Cuando las circunstancias me trajeron a esta isla africana para vivir en ella largas temporadas, alternadas con otras en Lisboa, no tard茅 mucho en conocer, a trav茅s de Pilar, a algunos periodistas que me impresionaron por serlo de un modo bastante diferente de aquel o de aquellos a que estaba habituado en mi pa铆s. Eran 茅stos Manuel Vincent, Ra煤l del Pozo, Juan Jos茅 Mill谩s y Javier Ortiz. Alta calidad literaria, fina argucia de espiritu, sentido de humor en alt铆simo grado, he ah铆 lo que los caracterizaba y todav铆a los caracteriza a todos, excepto a Javier Ortiz, que acaba de morir. De los cuatro, Javier siempre fue el m谩s pol铆ticamente activo. Hombre de izquierda que nunca ocult贸 o suaviz贸 sus ideas, consigui贸 el prodigio de mantener la m谩s firme de las posturas ideol贸gicas cuando, siendo a煤n periodista en El Mundo, fue el 煤nico que contrari贸, sin ninguna concesi贸n oportunista, la deriva derechista de un peri贸dico que su director, Pedro J. Ram铆rez, hizo caer en los amorosos brazos de Jos茅 Mar铆a Aznar. Ahora ha muerto, no habr谩 respuesta a la pregunta que regularmente hac铆amos: 鈥溌縌ue dir谩 de esto Javier Ortiz?鈥.
Nuestras relaciones tuvieron un momento particularmente afortunado cuando le di una entrevista que acabar铆a siendo publicada, tambi茅n con textos de Noam Chomsky, James Petras, Edward W. Said, Alberto Piris y Antoni Segura, en un libro que 茅l edit贸, 隆Palestina existe! (Editorial Foca). Reci茅n llegado yo de Israel, donde hab铆a dejado un rastro de esc谩ndalo pol铆tico y a punto de partir hacia Estados Unidos, donde iba a presentar un libro y dar algunas conferencias, nuestra entrevista fue, toda ella, hecha por e-mail, sobrevolando el Atl谩ntico y el continente norteamericano, de costa a costa. Conoc铆 entonces mejor a Javier Ortiz, su inteligencia, el brillo de su dial茅ctica, y, lo mejor de todo, su cualidad humana. Muchos no saben que Javier escribi贸 su obituario, un texto supremamente ir贸nico y desmitificador, digno de ser publicado en todos los peri贸dicos. Es una pena que no se haga. Ser铆a el momento de dedicarle una 煤ltima sonrisa, 茅sta que tengo en la cara y que, de alguna manera, est谩 negando su muerte.
Esta entrada fu茅 posteada el Mayo 1, 2009 a las 12:03 am.
Javier Ortiz, el hombre multimedia, de Concha Mart铆n en El Pa铆s
Ha muerto en Madrid el pasado martes, 28 de abril, mi amigo Javier Ortiz, periodista, o periodista asimilado, para ser exactos. No era un reportero al uso, sino m谩s bien un int茅rprete de la realidad. Un ir贸nico, radical y doliente observador de la pol铆tica espa帽ola, muy especialmente de su amada Euskadi. Naci贸 en San Sebasti谩n, hace 61 a帽os, tierra a la que sigui贸 ligado durante toda su vida. All铆 perdi贸 a sus padres y, recientemente, al hermano que m谩s quer铆a. Esto 煤ltimo no lo esperaba Javier y le caus贸 un profundo dolor.
Como periodista, empez贸 su carrera en la clandestinidad, mientras entraba y sal铆a de las c谩rceles del franquismo. Publicaciones como Zutik!, Servir al Pueblo y Saida acogieron sus primeros escritos. Despu茅s vino la democracia y Javier se busc贸 la vida en sitios que, simplemente, le daban para comer, aunque le divert铆an. Hasta que Pedro J. Ram铆rez le fich贸 para el equipo fundador de El Mundo. All铆 fue jefe de Mesa y subdirector de Opini贸n. Harto de la deriva derechista del peri贸dico, se fue a su casa y, sin salir pr谩cticamente de all铆, recal贸 en P煤blico, donde el mismo d铆a de su muerte sal铆a publicado su 煤ltimo art铆culo.
Manejo del lenguaje
En El Mundo me consta que cre贸 escuela. Pod铆a llegar a ponerse pedante, pero todos los que hemos tenido la suerte de estar de una forma u otra a su lado aprendimos que el buen manejo del lenguaje no es algo superficial, ni en nuestro oficio ni en casi nada. Sujeto, verbo, predicado, repet铆a. Le铆smos y la铆smos. Frases absurdas que se cuelan sin pudor y que 茅l descubr铆a para re铆rnos un rato. Su estilo de escribir era aparentemente sencillo, claro y directo, nada que abunde en este oficio nuestro. Sus libros se leen de un tir贸n. Matrimonio, maldito matrimonio o la biograf铆a de Arzalluz son un placer por lo que dicen y por c贸mo lo dicen.
Habl谩bamos 煤ltimamente del presente de nuestro oficio. El futuro, ni mentarlo. 脡l mismo era un ejemplo de convivencia pac铆fica y creativa de los diferentes soportes. Adem谩s de escribir en prensa, fue tertuliano en radios (con Luis del Olmo) y televisiones (ETB). Cre贸 su p谩gina web hace ya varios a帽os, cuando casi nadie sab铆amos de qu茅 iba eso. Madrugaba mucho cada d铆a para actualizarla. Sus amigos ten铆amos ah铆 un sitio donde reconocernos. En su casa de Aig眉es (Alicante) hab铆a el doble de radios que de estancias, cosa que me llam贸 mucho la atenci贸n cuando me instal茅 all铆 un verano. Era un genial hombre multimedia, sin m谩s inquietudes que las derivadas de tener algo interesante que contar y hacerlo bien.
Cuando oigo a quienes dan por acabada la prensa de papel, recuerdo el 煤ltimo d铆a que estuve con 茅l en el hospital. All铆 hab铆a montado su oficina (para desesperaci贸n de Charo, su mujer; los m茅dicos le hab铆an mandado reposo), con el port谩til y todo lleno de cables. Desde la cama dictaba a su querida hija Ane el art铆culo diario para P煤blico. Hab铆a que repetir en voz alta sus palabras, para que ella pudiera o铆rle, a pesar de que apenas hab铆a dos metros de distancia. Quer铆a no faltar a la cita, mantenerse l煤cido hasta el 煤ltimo de sus d铆as. Y vaya si lo logr贸. Hoy y siempre le echaremos de menos, sus lectores, sus amigos y los ni帽os, Andr茅s, Dani, Marta y Bianca.
