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Impuestos y recortes, de Ramon Aymerich en La Vanguardia
La izquierda lleva años liada con los impuestos. En el siglo pasado, bajarlos era de derechas; subirlos, de izquierdas. Después llegó la desregulación, la globalización y la deuda. La frontera entre ambas trincheras se difuminó y, con ello, la percepción de la función del sector público. En plena fiebre inmobiliaria, en una reunión del comité confederal del PSOE en septiembre del 2005, José Luis Rodríguez Zapatero dijo que “bajar los impuestos a las rentas del trabajo también es de izquierdas”. Fue como cuando Felipe González, años antes, suprimió el marxismo del ideario del partido. Sólo que aquello le salió gratis al andaluz. Lo de los impuestos, no. Y además no cuajó.
Hoy en el PSOE no saben bien qué es lo que hay que hacer. Para una mayoría del partido, subir impuestos es una seña de identidad. Para José Blanco, por ejemplo, que ha vinculado una presión fiscal más elevada a la mejora en los servicios e infraestructuras. También para Elena Salgado, que ve factible un retoque en las rentas altas “por razones de equidad”. Aunque ella lo diga con un aire de leve desagrado, como si el retoque fuera un peaje que hay que pagar en un Gobierno que se enfrenta a una convocatoria de huelga general.
Pero hay dos serios problemas para que estas propuestas susciten entusiasmo. El primero es de fondo y tiene que ver con el profundo cambio cultural acontecido en las sociedades industriales en las tres últimas décadas. Como escribió tres meses antes de morir el más socialdemócrata y el menos políticamente correcto de los historiadores contemporáneos, Tony Judt, ideas que hoy parecen “naturales” nacieron en la década de los ochenta (Manifesto for a new politics).Y entre esas ideas fuerza está la rendida aceptación de la privatización en todos los ámbitos y la pulverización del prestigio de lo público. Tanto es así que, ahora, cuando a causa de la crisis los gobiernos han practicado políticas de intervención pública – en la banca, en la automoción, en las infraestructuras-,se han presentado como algo táctico, coyuntural. Keynesianismo de kleenex.
La otra dificultad es estrictamente española. Hablar de subida de impuestos en un país con un desempleo del 20%, en el que las alzas de impuestos recaen siempre sobre los asalariados, es causa de alarma. Para subir impuestos primero habría que devolver el prestigio perdido al sector público, en especial entre las clases medias urbanas, que son las que soportan un mayor peso de la recaudación fiscal. Y deberán demostrarles que tanta infraestructura en momentos de alegría ha sido algo más que mero derroche de mal gestor.
La izquierda, la izquierda europea y americana, tuvo su oportunidad cuando en plena crisis financiera pudo parar los pies a la banca, al menos a determinada banca. Pudo hacerlo y no quiso. Pasada esa oportunidad, es la hora de gente como David Cameron. Atención a Cameron y a sus recortes en el sector público.
Lecciones del pasado, de Luis Yáñez-Barnuevo en El País
Las primarias más genuinas y auténticas de cuantas -no muchas- se han celebrado en España para elegir a un candidato a unas elecciones democráticas fueron, sin duda, las que enfrentaron a Joaquín Almunia y José Borrell en 1998.
Almunia había sido elegido secretario general en el XXXIV Congreso del PSOE un año antes, pero aunque formalmente fue así, todos entendimos que fue una cooptación entre los cuadros del aparato entonces dominado por Felipe González. El mismo Almunia, cuya valía era y es reconocida por todos, no se sentía suficientemente legitimado y esa fue la razón de que él mismo convocara unas primarias, quizás pensando que sería el único candidato y obtendría el respaldo masivo de los militantes.
No contaba con el malestar que se había generado entre los delegados al citado congreso -que yo presidí, por cierto-, que no solo se sentían excluidos de la elección del secretario general sino que muy mayoritariamente hubieran deseado que el escogido fuera Pepe Borrell, al que consideraban más capaz de ganar las elecciones al PP en el año 2000.
En aquel momento casi todo el mundo pensaba que habría un solo candidato, Almunia, y que este sería refrendado por las bases con más o menos participación. La sorpresa surgió cuando Pepe Borrell hizo pública su candidatura después de consultar a algunos amigos y compañeros, entre los que me encontraba. Su candidatura despertó rápidamente el entusiasmo de amplios sectores de las bases socialistas de toda España y a la vez la sincera desconfianza de los cuadros partidarios que casi por unanimidad, uno detrás de otro, publicitaron su apoyo a Almunia.
La campaña de las primarias, porque eso fue sin duda y más animada, transparente y participativa que muchas elecciones generales, llegó a todo el país. Los periódicos, radios, cadenas de televisión, en sus programas informativos, pero también en los de ocio o entretenimiento, ocupaban grandes espacios en el seguimiento de las actividades de Almunia y Borrell.
Poco a poco la cosa fue decantándose, al menos entre el gran público, a favor de Borrell, quien tuvo su momento estelar un día que contestando a Almunia que lo acusó de jacobino (centralista, izquierdista) recordó las palabras de Antonio Machado “hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno, y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy en el buen sentido de la palabra, bueno”. El efecto fue demoledor para el secretario general.
A pesar de los iniciales intentos del aparato de poner pegas (locales, seguimiento, propaganda) a la campaña de Borrell, este, por su don de gentes y su brillante oratoria, se impuso de tal manera que cada obstáculo, voluntario o no, se convertía en ventaja para el catalán.
La victoria de Borrell por 10 puntos de diferencia fue apabullante y, lo que es más importante, los sondeos decían que si se convocaban elecciones en esos momentos Borrell ganaría con holgura a Aznar.
Pero ni el aparato del PSOE ni los poderes fácticos que lo acompañaban en la preferencia por Almunia estaban dispuestos a perder un control que creían seguro y empezó el boicoteo al candidato, lo que junto a sus propios errores -y los de los que le ayudamos- condujo primero a la malhadada bicefalia, después a la renuncia de Borrell y por último a la debacle de Almunia frente a Aznar en las elecciones del año 2000.
A partir de entonces los aparatos del PSOE han visto a las primarias como algo rechazable (defienden esta tesis, sobre todo los que perdieron con Almunia). Muy al contrario, si se realizan bien, democráticamente, limpiamente, sin interferencias de aparatos y después se respetan los resultados y todos apoyan al ganador o ganadora, este o esta se convertirán en un competidor o competidora con muchas posibilidades de ganar a su oponente de la derecha.
Esa es la lección a extraer de las primarias que van a oponer a Tomás Gómez y Trinidad Jiménez por la candidatura socialista a la Comunidad de Madrid.
Luis Yáñez-Barnuevo es eurodiputado. Fue director de la oficina del candidato Josep Borrell.
Fiebre de primarias en el PSOE, de Carmen del Riego en La Vanguardia
El debate interno de los socialistas
La ejecutiva federal teme que los procesos debiliten la unidad del partido en torno a Zapatero
La dirección federal del PSOE pretende evitarlo, pero corre el riesgo de convertirse en un virus que se extiende por toda España y que incluso puede llegar a ser una pandemia. Virus de nombre primarias de Madrid, que ha animado a los socialistas de otras comunidades a imitar el procedimiento puesto en marcha para elegir entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez quién encabezará la lista a la Comunidad de Madrid, después de la firme negativa del secretario general del PSM a retirar su candidatura en favor de la impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero. Se trata de un caso único, pues en los demás sitios donde se plantean, los candidatos surgen de los sectores críticos a los aparatos del partido, sea federal o territorial, pero ha servido para cebar los movimientos alternativos.
Experimento, las primarias, que todos alaban mientras no se convocan -menos Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que se pronuncia contrario a ellas-, pero que cuando hay que afrontarlas provocan heridas difíciles de curar. Además, dicen en el PSOE que este tipo de consultas, como en las elecciones europeas, se aprovechan para dar un voto de castigo a un líder o a unas políticas. Trinidad Jiménez, en Madrid, podría pagar el voto de castigo a Zapatero que a no pocos socialistas les gustaría poder infligirle, no tanto por haber impulsado una candidatura distinta de la de Tomás Gómez, sino por las medidas económicas que han llevado a la convocatoria de huelga general.
Dudas en Valencia. Alarte, amenazado. Candidato alternativo a Jorge Alarte lo ha habido siempre, el mismo que le disputó la secretaría general en el 2008 y que perdió por 20 votos. Ximo Puig, alcalde de Morella (Castellón), con el apoyo del sector lermista y que contaría con la simpatía de la número tres del PSOE, Leire Pajín. Puig parecía haber renunciado a la batalla, pero el órdago de Madrid le ha animado por lo menos a pensárselo y ha abierto un periodo de reflexión hasta septiembre, cuando los socialistas valencianos elegirán a sus candidatos. La diferencia es que Alarte, al contrario que Gómez en Madrid, cuenta con el apoyo del vicesecretario del PSOE, José Blanco.
A Ximo Puig le presionan los sectores críticos con Jorge Alarte, en especial desde el partido en Alicante. Intentan convencerle con el argumento de que el PSPV necesita un golpe de efecto que lo saque del letargo y la apatía que transmite, como ocurría en el PSM hasta que Tomás Gómez se plantó. Estos sectores consideran que una situación como la actual, con los problemas económicos que atraviesa la Generalitat valenciana y la crisis institucional por los efectos del caso Gürtel, debería haber sido aprovechada por el PSPV, y sin embargo las encuestas siguen siendo favorables a Camps. Ximo Puig se deja querer y mantiene la ambigüedad: “Ni se descarta ni se supone nada”, declara. La decisión, a principios de septiembre.
Tres en Aragón. Sustituir a Marcelino Iglesias. “Socialistas por elecciones primarias en Aragón 2011″. La posibilidad de primarias en esta autonomía es más que una hipótesis. El grupo que así se intitula, sin apoyos en el aparato del partido, y cuyo portavoz es Manuel Ruiz Rodríguez, vinculado a Izquierda Socialista, se opone a la candidata oficial para sustituir al actual presidente de la Diputación General, Marcelino Iglesias, que ha manifestado su deseo de no volver a presentarse. De hecho, la única posibilidad de que este grupo que ha pedido ya formalmente elecciones primarias renuncie a ellas es que Marcelino Iglesias repita. Si finalmente los socialistas aragoneses optan por Eva Almunia, secretaria de Estado de Educación, que cuenta con el apoyo de la dirección federal, no dudarán en buscar un candidato entre aragoneses de prestigio que se opongan a Luisa Fernanda Rudí, la apuesta fuerte del PP para recuperar Aragón. Reconocen que lo que les ha animado es el ejemplo de Madrid, tan es así que han ampliado su decisión de pedir elecciones y las quieren también para las alcaldías de Huesca y de Teruel. Zaragoza se salva por la figura de Juan Alberto Belloch, que ganó su candidatura en unas primarias en 1998.
Sin líder en Murcia. Renuncia y candidatos. A nueve meses de las elecciones, los socialistas murcianos no tienen candidato, y sucede en el momento peor, cuando sus perspectivas electorales son muy negras. Las últimas encuestas del organismo murciano de opinión dan al PSRM un 25% de votos, seis puntos menos que en el 2007, con un PP al alza, que podría llegar a obtener el 62% de los sufragios. La renuncia del secretario general del PSRM, Pedro Saura, a volver a presentarse como número uno ha abierto una crisis en el socialismo murciano, que tendrá que volver a competir contra un presidente de la comunidad, el popular Ramón Luis Valcárcel, que obtuvo hace tres años el 58% de los votos y que, en contra de lo que había anunciado, y obligado por Mariano Rajoy, ha decidido repetir otra legislatura. Huérfanos de candidato, la ejecutiva regional del PSOE decidió abrir el proceso de primarias para que el elegido sea “el candidato de las bases del partido, de los militantes y de las agrupaciones”, aunque su apuesta es la número dos de Saura en la ASAMBLEA REgional, Begoña García Retegui.
¿QUIÉN DEBERÍA ENCABEZAR LAS LISTAS DEL PSOE EN MADRID? www. lavanguardia. es/ encuestas
Los caminos hacia el Frente de izquierdas, de Manuel M. Navarrete en Rebelión
INTRODUCCIÓN
Insurgente.org, y más en concreto mi gran amiga Amira Cheik, han realizado en los últimos meses diversas entrevistas a representantes de la izquierda extraparlamentaria del Estado español. Más en concreto, y en orden de aparición, a Nines Maestro (portavoz de Corriente Roja), Carmelo Suárez (secretario general del PCPE), Francisco Garcá Cediel (militante de Iniciativa Comunista) y Raúl Camargo (miembro de la secretaría confederal de Izquierda Anticapitalista).
A todos ellos les ha sido planteada por parte de Insurgente una cuestión clave: la posibilidad de un Frente de Izquierdas que, junto a todo tipo de activistas sociales y miembros a título individual, agrupe a estas y otras fuerzas. Pero, en realidad, la verdadera cuestión sería preguntarse cómo es posible que este Frente de Izquierdas no haya sido creado todavía.
En el cuadro VI de El camarada oscuro, de Alfonso Sastre (tal vez la mejor obra de teatro político que se haya escrito nunca), tiene lugar una curiosa escena. Estamos en octubre de 1934, y acaba de iniciarse la Revolución de Asturias. En Madrid, un comité revolucionario, formado por un miembro de la CNT, otro del PSOE y otro del PCE, se reúne en la clandestinidad.
El representante del PCE concluye su intervención diciendo que están en “momentos que exigen la unidad de todas las organizaciones y partidos de la clase obrera, bajo la guía suprema de la Internacional Comunista: cosa indiscutible”. Entonces, el del PSOE contesta: “O sea que vosotros preconizáis una unidad bajo vuestra dirección, no siendo, como sois, más que una exigua minoría, desconocida para la mayor parte de la clase obrera, que reconocen en la UGT y en el PSOE a sus genuinos representantes”. Para colmo del esperpento, la representante de la CNT interrumpe diciendo: “¡O sea, que la CNT-FAI es una caca en tu opinión!”.
Nuestros personajes llevan un rato discutiendo pero aún no han hablado una palabra sobre la Revolución de Asturias ni sobre qué hacer en Madrid… hasta que, de pronto, la reunión es interrumpida por una redada de la policía.
Pues bien, lo que me gustaría plantear en este artículo es, sencillamente, lo siguiente: no hagamos nosotros lo mismo. No esperemos a que venga la policía. Seamos sensatos, porque la agresión de gobierno y patronal que estamos viviendo es dura. Durísima.
Quiero resaltar, para cerrar esta introducción, que la postura que voy a defender no es la de ninguna organización política, pero que tampoco se trata de una postura individual. Es, de hecho, una postura debatida y consensuada, que comparto con numerosos activistas, no sólo de estas cuatro organizaciones, sino de algunas otras de carácter comunista, anarquista e independentista. Una auténtica corriente subterránea de pensamiento, viva y latente en las bases de todos los colectivos rupturistas que conozco. Veámosla.
EN LA DIRECCIÓN ADECUADA
Comenzaremos, como no podía ser de otro modo, en positivo. Resaltaremos aquellos aspectos que nos han resultado interesantes.
Por ejemplo, cuando Nines Maestro llama la atención acerca del surgimiento, en la revuelta de Grecia, del “PAME, como frente unido de lucha y de independencia de clase, frente a los sindicatos oficiales”. También cuando llama la atención acerca de objetivos básicos como “la derogación de la Constitución del 78 y la Monarquía”, “la República o las Repúblicas”, “el derecho de autodeterminación de los pueblos”, “la derogación de la Ley de Amnistía, de la Ley de partidos, de toda la legislación antiterrorista” o “la salida de la OTAN, el desmantelamiento de las bases, el regreso de todas las tropas en el exterior”. Asimismo es fundamental la crítica a la “debilidad política agotada” de lo que denominaremos izquierda oficial (IU), ya que “la mezquindad de sus líderes no da para otra cosa, para levantar una izquierda independiente que merezca tal nombre”.
Carmelo Suárez, por su parte, habla de un aspecto que siempre es importante recordar, y es que, dada la disminución de la demanda interna, “lo que queda como elemento fundamental es el expolio y el saqueo de la periferia del sistema”, cuyo subdesarrollo “es consecuencia del desarrollo de otros”. Aclara que su partido se diferencia del reformismo, porque éste “no plantea el objetivo del socialismo, ni la crítica al carácter imperialista del proyecto de la UE”, añadiendo que con reformismo se refiere a “la línea política que está defendiendo el partido de la Izquierda Europea”, el cual clama “por una Europa de carácter más social”, bajo la ilusa premisa de que “ese proyecto imperialista puede adoptar una visión más social”. Declara también con valentía que su partido “es solidario con la FARC y con cualquier destacamento revolucionario (…) que utilice la táctica de lucha que considere más adecuadas a sus condiciones particulares de opresión y dominación”.
Garcá Cediel hablar de plantear “una visión actualizada del marxismo, recogiendo todas las experiencias que existen y, en cierta medida, combinándolas”. Incide, al igual que Carmelo Suárez, en que “no debemos olvidar que esto ocurre en Europa Occidental, un 15% de la población del planeta. Ese bienestar relativo que hubo antaño en las clases trabajadoras de Europa Occidental se basaba en la explotación del 85% de la población mundial. (…) El sistema capitalista ha establecido determinados sectores del planeta donde hay una cierta riqueza relativa, simplemente por el flujo de capitales, que se basa en la sobreexplotación del Tercer Mundo. (…) Como internacionalistas, no podemos ser libres rodeados de esclavos. No puedes ser feliz si existe la miseria en la mayoría del planeta”. Habla también de que la “Transición española” “ha llevado a los sindicatos a la integración. No han sido representativos de amplios sectores de la clase trabajadora, por ejemplo los jóvenes. (…) Los sindicatos mayoritarios están integrados en el sistema y tienen intereses que no tienen por qué coincidir globalmente con la mayoría de los intereses de la clase”. De hecho, han procedido “a desmovilizar históricamente a los trabajadores”, porque “venimos de dos derrotas: la guerra y la transición”, exceptuando “Euskal Herria, donde la transición no cuajó”. Recuerda que “el PSOE y el PP son dos caras de la misma moneda”, como lo fue, durante la Restauración, “la alternancia entre Cánovas y Sagasta. No existe ninguna diferencia sustancial de política económica”.
Por último, Raúl Camargo habla de que el marxismo “debe incorporar las contradicciones que han aparecido en los últimos 40 ó 50 años, como la contradicción ecológica o de género”, recordando que “desde una perspectiva de género, hay muchos trabajos que no están pagados. El trabajo en casa, las labores de cuidado de las mujeres…” Incide también en “demostrar a la gente que hay partidos que no están formados por profesionales. Somos gente normal, que estamos en las luchas”. Recuerda, como no podía ser de otro modo, que, por culpa de la Ley de Partidos, en Euskal Herria “el Parlamento está falseado, y el presidente [de la CAV] que hay ahora mismo no lo sería si Batasuna se hubiera presentado a las elecciones”. Y añade que “no se va a poder hablar nunca de un Estado español verdaderamente democrático si no se permite a los pueblos reclamar ser naciones independientes, libremente y mediante una consulta popular”.
Leyendo ideas tan interesantes, la conclusión necesaria es que estas fuerzas, si se unieran en torno a una breve serie de objetivos básicos comunes; si ninguna de ellas tratara de imponerle al resto su matiz programático, podrían conformar un proyecto de extraordinario interés para innumerables personas que, a día de hoy, carecen de referente político. Personas que se hallan entre la izquierda oficial integrada en el régimen, por un lado, y la sopa de letras en ebullición y en eterna disputa, por el otro.
PASOS EN FALSO
Hablaré a continuación de aquellos aspectos que no me han gustado. Quiero aclarar que ello no supone la menor traba para la construcción del Frente de Izquierdas. Creo en el debate humilde y sincero, en el cual nadie debe sentirse ofendido por la controversia. No me siento “el único poseedor de la verdad” y creo que sólo podemos debatir siendo, al mismo tiempo, francos y respetuosos. Me referiré básicamente, además, a aquellos aspectos que -creo- impiden la conformación de un Frente, porque entrañan una contradicción irresoluble con algunas de las fuerzas llamadas a constituirlo.
Raúl Camargo declara lo siguiente: “También formamos parte de la IV Internacional, organización fundada en 1938 y que, pensamos , mantiene el hilo rojo de la historia desde la Revolución de Octubre hasta el momento”. Considero que esto es insultante para otras tradiciones políticas que no sean el trotskismo (o incluso para otros trotskistas que no sean del Secretariado Unificado). ¿Sólo ellos mantienen el hilo rojo? ¿La mayoría de los comunistas del planeta no lo hacen? Es más, todas las revoluciones socialistas triunfantes en el mundo desde entonces (China, Cuba, Vietnam, etc.), que no se basaban ni en la IV ni en el trotskismo (y que de hecho lo contradecían, al ubicar como sujeto revolucionario central al campesinado), ¿no mantuvieron el hilo rojo de la historia, pero ellos sí?
También es cuestionable la siguiente idea de Camargo: “pensamos que el cambio de Espacio Alternativo a Izquierda Anticapitalista ha supuesto un acontecimiento para la izquierda del estado”. No nos engañemos. Por desgracia, la izquierda del Estado está últimamente escasa de acontecimientos; se han producido pocos pero, si de algo podemos estar seguros, es de que el cambio de nombre de una pequeña organización no es uno de ellos. Debemos ser (él, yo, nosotros… todos) más modestos, porque la realidad es que somos muy pocos.
Pasando a la entrevista a Carmelo Suárez, leemos un interesante programa de mínimos, que este dirigente propone para el hipotético Frente de Izquierdas. Sin embargo, es sorprendente no encontrar una sola alusión al Derecho de Autodeterminación Nacional. Tanto Nines Maestro, como Raúl Camargo, como Garcá Cediel se refieren a la importancia de este derecho en el contexto plurinacional del Estado español, y particularmente como única solución posible al conflicto vasco. Sin embargo, el líder del PCPE elimina de su programa este punto. Desde nuestra perspectiva, es un craso error.
CONTRASTES
El primer contraste que llama la atención al leer esta entrevista es el siguiente. Nines Maestro propone “ la socialización y expropiación de la banca y las grandes empresas estratégicas”. Carmelo Suárez, por su parte, pone como primer punto de su programa la “nacionalización de la banca”. Sin embargo, Raúl Camargo habla de “la necesidad de tener una banca pública”. No se trata de una casualidad, porque figura en todos los documentos de su organización al respecto. ¿La idea es crear una banca pública, que conviva (y compita) con la privada? Eso es completamente imposible. Pero Izquierda Anticapitalista se ha cuidado, por ahora, de referirse a la nacionalización o expropiación de la banca privada.
Además, mientras Garcá Cediel habla, con una claridad que es de agradecer y sin tapujos, de “socialismo entendido como la propiedad colectiva de los medios de producción por parte de la clase trabajadora y las clases populares”, Camargo nos ofrece un tibio “socialismo democrático desde abajo, que reparta los bienes, las riquezas y los trabajos”, es decir, términos que firmaría un socialdemócrata como Olof Palme. La cuestión es, ¿repartir la riqueza? ¿No hay que repartir, ante todo, los medios de producción, que, al menos para el marxismo, son la clave?
Más contrastes. Garcá Cediel, muy acertadamente a mi entender, subraya que hay que plantear “una salida de izquierdas a la crisis, no en el terreno electoral” y que no hay que hacer “un plantemiento cupular electoral, sino desde la creación de tejido social, en el seno del pueblo”. Camargo, por contra, parece priorizar excesivamente el asunto de las elecciones, afirmando que hay que defender las ideas en la calle “y en las urnas”, porque “una izquierda radical que aspire a tener influencia de masas tiene también que utilizar esas vías para llegar a gente que no está en los movimientos sociales”, ya que en las campañas electorales los ciudadanos “suelen estar más atentos a lo que se comenta en el terreno público”.
Lamentablemente, encontramos un non sequitur. Si el objetivo es que la gente se movilice y participe en esos movimientos sociales, comprendiendo que la democracia no es votar cada 4 años, ¿por qué no hacer, por ejemplo, campañas por la abstención activa y política? ¿Por qué no emplear esas campañas, aprovechando la supuesta mayor atención pública del periodo electoral, para denunciar la falacia electoral e invitar a la gente a participar en los movimientos sociales?
No descartamos la participación electoral (véase el caso de la Revolución Bolivariana); simplemente creemos que existen determinadas condiciones previas que deben darse, como la generación de un movimiento popular potente, al cual poder servir de altavoz en dichos procesos electorales. El Frente de Izquierdas podría ser una opción, pero presentarse una organización sola, para alcanzar un número de votos testimonial o subir de 15.000 a 17.000 votos, no nos parece razonable.
¿POR QUÉ NO SE CALLAN… Y SE UNEN?
Existe otra contradicción flagrante que se deriva de la lectura de las entrevistas, cuando
Garcá Cediel nos explica que Inicitativa Comunista surge de una escisión de Corriente Roja. Entre los motivos principales de esa escisión, afirma, estuvieron las “discrepancias respecto a la defensa de la Revolución Cubana, del proceso bolivariano de Venezuela y de los movimientos emergentes en América Latina”. Sin embargo, Nines Maestro, portavoz de Corriente Roja, afirma en su entrevista la importancia de la defensa de Cuba, país que “condensa la dignidad de los pueblos que luchan contra el imperialismo”, para referirse posteriormente a “Venezuela, Bolivia y Ecuador”, países que “están planteando el hacer frente al imperialismo de EE.UU.”.
Esto da que pensar, porque, si Nines Maestro expresa la postura, no de uno u otro individuo o sector de su organización, sino del conjunto de Corriente Roja, consideramos que Iniciativa Comunista cometió un error escindiéndose, salvo que la historiografía esté confundida y la máxima de Julio César fuera “divídete y vencerás”.
Si es evidente que Iniciativa Comunista y Corriente Roja deberían ser una sola organización, más evidente todavía es que En Lucha e Izquierda Anticapitalista también. ¿Por qué no se unen, si dicen exactamente lo mismo? Como es sabido, En Lucha hizo una sensata propuesta de integración en Izquierda Anticapitalista (La integración de En Lucha en Izquierda Anticapitalista, uno de los primeros pasos del necesario reagrupamiento, 26/6/2010), pero ésta última le propinó un estruendoso e incomprensible portazo en la cara (Sobre la petición de ingreso de En Lucha en Izquierda Anticapitalista, 17/7/2010), al más puro estilo del célebre “¿Frente Judaico Popular? ¡Vete a la mierda! Somos del Frente Popular de Judea” de los Monty Python.
En efecto, Izquierda Anticapitalista parece apostar por su autodesarrollo. En la entrevista, ante la pregunta efectuada por Amira Cheick en relación al Frente de Izquierdas, Raúl Camargo declara que la unidad sería deseable, pero que no es posible porque “por ahora este proceso no está maduro”. A continuación, empieza a criticar a otras organizaciones, afirmando que “con Corriente Roja ha habido una fuerte diferencia en el movimiento de la sanidad pública, que ha acabado poniendo una barrera a lo que podía haber sido un movimiento contra los planes de Esperanza Aguirre”, ya que este movimiento “podía haber aglutinado a sectores críticos del PSOE”, pero “CR no entiende bien cómo conjugar la radicalidad con la unidad”.
¿Un movimiento contra Esperanza Aguirre, en alianza con sectores del PSOE? Si no me equivoco, el PSOE votó a favor de la Ley 15/97, que dio inicio al proceso de privatización de la sanidad. De este hecho se desprenden dos cosas: a) que esos no eran “los planes de Esperanza Aguirre”, sino “de Esperanza Aguirre y el PSOE”, y b) que era necesario denunciar al PSOE como copartícipe de esa Ley y, sólo entonces, unirse a quien todavía quisiera protestar. A menos que se quiera reforzar al PSOE y engañar al pueblo trabajador, o convocar con lemas como los que, en el movimiento estudiantil, emplea El Militante: “contra Bolonia y la derecha”(aludiendo ridículamente al PP, aunque quien gobierne e imponga Bolonia sea… el PSOE). Izquierda Anticapitalista debería tener cuidado para no acabar cayendo en los mismos errores de la organización de la que acaba de salir: Izquierda Unida, que, por cierto, a fuerza de “moderar en discurso”, pasó de 21 diputados con Anguita a 1 con Llamazares (y, encima, él).
Una cosa está clara. Como bien dice Garcá Cediel en su entrevista, “consideramos que la configuración de una organización revolucionaria que sea capaz de transformar el Estado español no se basa en el autodesarrollo de ninguna de las organizaciones ya existentes, sino en la confluencia y la convergencia de distintas organizaciones en un proyecto común”.
¿POR QUÉ NO SE UNEN, PARA HABLAR CON MÁS VOZ?
Pero veamos la disponibilidad para la unidad del resto de organizaciones entrevistadas. Nines Maestro, al ser preguntada por el Frente de Izquierdas, declara “Creo que es indispensable, las cosas van por ahí. Corriente Roja está discutiéndolo”, añadiendo que “es imprescindible que haya un proceso de debate y de acuerdos sobre mínimos políticos”. Con ello se refiere a una resolución política de su organización (“La búsqueda de la unidad, una constante en CR”, 23/5/2010) que supone, en efecto, un rayo de sensatez. Aunque Carmelo Suárez y Garcá Cediel, en sus respectivas entrevistas, no son, por desgracia, tan tajantes en esta cuestión, lo cierto en que, en el terreno de la práctica, sus organizaciones han tenido buena disposición para la unidad.
Por ejemplo, el PCPE y CR han elaborado documentos conjuntos, sellando una unidad de acción hacia el derribo de la monarquía y la conquista de la República Popular (además, sus relaciones son buenas y, en la actualidad, avanzan por el buen camino para constituir un Frente). Otro ejemplo de ello sería el de las últimas elecciones europeas, cuando dos de estas cuatro organizaciones (CR e IC) confluyeron en una candidatura (Iniciativa Internacionalista) encabezada por Alfonso Sastre, mientras que las otras dos (PCPE e IA) se presentaron, cada una de ellas, por separado. Iniciativa Internacionalista obtuvo 180.000 votos, mientras que las otras dos candidaturas obtuvieron 15.000 votos cada una. (No faltará quien plantee la inteligente refutación de que la mayoría de los votos de Iniciativa Internacionalista provenían del País Vasco, como si los vascos fueran perros sin derecho a votar o sus votos valieran menos que el resto por algún motivo, lo que, bien pensado, se asemeja bastante a lo que piensa el juez Garzón). Aunque sólo fuera por esa lección de las últimas elecciones europeas de 2009, deberíamos unirnos.
No obstante, perviven siempre, en todas las organizaciones, determinadas excusas oficiales para no conformar este frente. Una de ellas es el célebre “son los otros los que no quieren unirse”. Otra, expresada en estas entrevistas por Garcá Cediel y Raúl Camargo, es la idea de que el Frente debe “surgir espontáneamente de abajo, de las luchas”, y no de una decisión “de la cúpula en un despacho”. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que las organizaciones pueden convivir en un movimiento social durante años, sin por ello llegar a unificarse jamás (y enfrentándose más, de hecho). En mi opinión, aquí se están confundiendo, y creo que en algunos casos a posta, dos cosas muy diferentes. Obviamente, ninguna organización debe integrarse en un Frente sin que sus bases voten esa decisión, conforme a la más escrupulosa democracia interna (aunque no sería la primera vez que más de un dirigente se la saltara). Pero de ahí no se deduce que un dirigente, aunque sea simplemente en su calidad de militante de base como cualquier otro, haga propuestas que posteriormente pueden ser votadas por la militancia en su conjunto. La verdadera cuestión es: ¿cómo es posible que, en una situación tan tremendamente grave, las organizaciones de la izquierda extraparlamentaria, exceptuando quizá a En Lucha, no hayan efectuado apenas movimientos en pro de la sensatez y de la unidad? ¿Es que no se dan cuenta de lo que podría ser realizar reuniones conjuntas, grandes, como no hemos visto en nuestra vida, donde poder planificar acciones serias y contundentes contra el sistema? ¿Es que sueñan con las siglas, en lugar de soñar con el objetivo?
UN CAMINO ENTRE MUCHOS OTROS
En 1978, se fundó una coalición política radical que haría historia. Esta coalición fue posible gracias a la unidad de cuatro pequeños partidos comunistas, maoístas y socialistas radicales, apoyados por otros dos (uno de ellos trotskista), por el sindicalismo alternativo y por personajes del mundo de la cultura. Durante dos décadas, e incluso ahora, en la actualidad, la coalición consechó todo tipo de éxitos en los terrenos de la movilización social, popular, electoral y sindical y del activismo anticapitalista. Participó destacadamente en campañas que lograron que su pueblo rechazara, en sendos referéndum, la Constitución del 78 y la permanencia en la OTAN. Esta Unidad Popular, como la de Allende, surgió de un largo proceso de debate, en el que ninguna de las organizaciones involucradas fue capaz de imponer sus matices programáticos a las demás, acabando por disolverse en la Unidad. Sólo así fue posible. Para encontrarla, no hay que irse ningún país exótico ni mirar muy lejos, sino simplemente traducir “Unidad Popular” al euskara: Herri Batasuna.
Nosotros, aquí y ahora, tenemos muchas conclusiones que extraer de ese proceso de unidad. En primer lugar, que no tiene sentido dividirse por matices, en ocasiones motivadas por un pasado irrecuperable (por ejemplo, la infumable disputa entre Trotsky y Stalin) y en otras por un futuro para el que, por desgracia, todavía queda demasiado (¿república federal o confederal? ¿nacionalización total o mercado con intercambio de equivalentes? o incluso ¿Estatismo o anarquía?). ¿Para qué discutir todo eso? Desgraciadamente, estamos lejos de tener que tomar decisiones así. Tampoco podemos modificar el pasado (o regresar a él, para comprobar qué historiador tenía más razón).
Debemos unirnos en torno a una breve serie de principios comunes que, en el presente, todos compartimos (República o repúblicas, autodeterminación, socialismo, feminismo, ecologismo…) y en torno a una serie de objetivos básicos para enfrentar la crisis (una campaña sostenida, que no concluya, sino que se inicie, en la Huela General del 29 de septiembre), contando con el motor movilizador del sindicalismo alternativo, nacionalista (LAB en Euskal Herria, CIG en Galicia, SAT en Andalucía…) o estatal (CGT, Co.Bas, CNT…).
Unirnos en un Frente que luche en la calle, algo en lo que se pueda creer. Un Frente que incluya a los libertarios, a los autónomos, al movimiento okupa, a los anarcosindicalistas. Un Frente básico de resistencia, de lucha, que enuncie sus principios y sus objetivos de un modo abierto, incluyente, abarcador. Que trate de estar, si no unido, al menos sí coordinado con las fuerzas independentistas.
Que ofrezca una alternativa a la militancia honesta que aún queda en las bases de IU/PCE/CC OO ya que, sin contar con ellos, hablaríamos de un proyecto poco ambicioso. Pero dejando muy claro que no creemos en ninguna “refundación de la izquierda” liderada por Llamazares, Meyer, Frutos, Valderas o Cayo Lara (el cual, desgraciadamente, en las entrevistas de El País y Público, se ha mostrado como más de lo mismo).
CONCLUSIÓN
Ésta es mi propuesta, que trato de hacer desde la honestidad; pero puede haber muchas otras. Dolores Ibarruri se equivocaba: no hay un único camino. Los caminos hacia el Frente de Izquierdas son inescrutables.
Habrá que romper muchas murallas, desechar muchos prejuicios. Diluir muchas líneas, comprendiendo que, a pesar de su brillo, sólo eran fuegos de artificio. Autodeclararnos enemigos de la autoproclamación. Habrá que tener una gran goma, para hacer borrón y cuenta nueva. ¿Quién se apunta?
Habrá que renunciar a nuestro propio sectarismo, sin esperar a que lo haga el otro. Pero atarse al mástil de los principios para resistir a los cantos de sirena de los falsos críticos, entendiendo, sin embargo, que esos principios unen a miles, porque son sencillamente la dignidad, la decencia y la cordura de no aceptar la legitimidad de este régimen.
La verdadera brecha, la única por la que vale la pena dividirse, es inconfundible para todo aquel que mire la realidad con ojos sinceros. Y es la que nos separa de ellos, de los dirigentes de la izquierda oficial, los que se han integrado, los que aceptan que tenemos “Estado de derecho” y “sindicatos mayoritarios” y “política de la cordura”.
La brecha está abierta y no la abrimos nosotros; pero elegimos poner el pie a este lado, para sellar nuestra alianza y resistir a su podrido mundo que odiamos. Esa es nuestra cordura.
No aceptamos que esto sea un “Estado de derecho” ni que esto sean “sindicatos” ni que esto sea “democracia”.
Conocemos a Zapatero y Rajoy, a Toxo y Llamazares. Y conocemos también a nuestros compañeros.
Los que perdimos todas las batallas y volvimos a levantarnos tras cada derrota.
Los que no pensamos que el sucesor de Rosa Luxemburgo sea Oskar Lafontaine, sino Ulrike Meinhof.
Los que no homenajeamos a Garzón, sino a Eva Forest.
Los que no celebramos el 6 de diciembre, sino que nos manifestamos contra la Constitución.
Conocemos a nuestros amigos y a nuestros enemigos. Y no pensamos volver a equivocarnos.
Tomás Gómez, el coraje político y el aparato dirigista del PSOE, de Carlos Carnicero en su bitácora
El secretario general de los socialistas madrileños ha dado una lección de ética política y de coraje personal al negarse a plegar su voluntad a los designios de la dirección federal de su partido; y más en concreto, a la del secretario general y presidente de Gobierno, que le había exigido retirar su candidatura a la presidencia de la comunidad de Madrid para darle paso a la persona designada por él, Trinidad Jiménez.
El secretario de los socialistas madrileños ha vuelto a situar el problema en la institucionalidad del partido, de acuerdo con los estatutos, y ha roto una dinámica de dirigismo político que tiene sus antecedentes en la forma caprichosa que Zapatero designó a dedo al anterior candidato a la alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián, y a independientes investidos como ministros que fueron colocados como cabezas de lista de circunscripciones electorales con las que no tenían ninguna relación, saltándose los órganos de gobierno del PSOE de las respectivas provincias.
El ejemplo de Tomás Gómez es un aldabonazo en la conciencia de un partido adormecido, secuestrado por las élites que lo tienen abducido y conducido de una forma despótica por sus secretario general y presidente de Gobierno, que además ha acumulado tal número de equivocaciones que hace casi imposible que el PSOE gane las próximas elecciones generales. No sólo no ha corregido la forma de dirigir el partido y el Gobierno, después del desastre provocado por su negativa a reconocer la crisis económica, sino que ha reafirmado su cesarismo en la forma de ejercer el poder a la hora de querer apartar cómo candidato al recetario general de Madrid. ¿Piensa Zapatero que con los errores cometidos, es él mismo candidato idóneo a la presidencia de Gobierno? ¿Aceptaría él que alguien le dijera que su presencia como cabeza de lista es garantía de la victoria de Mariano Rajoy?
Un partido de izquierda es mucho más que una maquinaria electoral y sus objetivos no son únicamente ganar las elecciones a cualquier precio y con cualquier candidato. Un partido de izquierda es una organización de masas en la que la voluntad de los militantes tiene que tener cauces democráticos para que las decisiones colegidas sean las que determinen los proyectos políticos y las personas que tienen que conducirlo. El oportunismo político de Zapatero, su capacidad para decir una cosa y la contraria, su falta de un proyecto estratégico, ha tenido un muro democrático enfrente en la persona de Tomás Gómez que se ha negado a apartarse de su legitimidad como candidato a la comunidad de Madrid.
Independientemente de la valía personal de los candidatos designados a dedo por el presidente Zapatero está la dignidad de los militantes y el futuro del partido como organización democrática que tiene que trabajar para que quienes sean sus dirigentes democráticamente elegidos puedan a llegar a captar la voluntad de los electores con el trabajo y el tiempo necesario.
Es patrimonio de la derecha la manipulación de las organizaciones políticas, la designación a dedo de sus dirigentes y sus candidatos y el PSOE no puede ser una mala copia de una organización en que las elites, por un sistema de cooptación sustituyan la voluntad de los militantes.
Hoy es un día importante para el futuro del PSOE porque un modesto exalcalde de pueblo ha plantado cara a una forma autoritaria de ejercer el poder y ha forzado el desarrollo de elecciones primarias. Lo que procede ahora es que el aparato federal del PSOE se retire de un lugar en donde nunca tenía que haber estado y si Trinidad Jiménez y Jaime Lizawesky tienen voluntad de competir por las candidaturas a la comunidad de Madrid y a la alcaldía, renuncien al patrocinio del poder despótico de Zapatero y den la batalla democráticamente y por sí mismos (articulo publicado también el El Plural)
Socialistas en su laberinto, de Antoni Puigverd en La Vanguardia
El aspecto más relevante de la encuesta del CIS, publicitada ayer, es el naufragio general de la clase política. Un suspenso contundente, que comentaré, si les parece bien, en una próxima columna. El otro dato, el hundimiento del PSOE, siendo impactante, se daba por descontado. Aparentemente, Zapatero ha sido cazado por la crisis. Así se consuelan sus palmeros. Como las naves de Felipe II ante las costas británicas, Zapatero sería víctima de los elementos. Nada más lejos de la realidad. Zapatero se desangra víctima de su propia política. Una política fundada en la táctica miope, pero ventajista, con la que pretendía enfrentarse a un desafío de carácter estructural.
Este era en síntesis el desafío. De la misma manera que en Catalunya lo que Gramsci llamaba “hegemonía moral” está en manos del catalanismo (fragmentado en diversas corrientes que se disputan la autenticidad y demonizan a los tibios), en el resto de España tal hegemonía está en manos del españolismo. Un españolismo que encarna el PP, pero que se recalienta hasta provocar constantes tempestades de fuego solar debido a la insomne competición de los cuatro grupos mediáticos madrileños. El PSOE de Zapatero no forma parte de ninguna de estas dos corrientes sentimentales (el de Bono, de haber conseguido el liderazgo, seguramente sí). En lugar de explorar una tercera vía con el PSC, en lugar de pelear con determinación y claridad por un horizonte federal (horizonte ciertamente arduo y complejo, pero horizonte al finy al cabo), Zapatero optó, ya antes de llegar a la Moncloa, por intentar algo mucho más fácil (especialmente después de la polémica decisión de Aznar sobre Iraq). Se trataba de agrupar a los descontentos con el PP. No hacía falta saber adónde se iba, bastaba con sumar en un totum revolutum tres tipos de votantes que apenas tenían nada en común: el progresismo de raíz antifranquista o republicana opuesto al sesgo neocon del PP; el catalanismo recalentado en la época de Aznar; y el subsidiarismo de las comunidades que más podían temer (ya no lo temen) un recorte liberal si mandaba el PP: Andalucía, Extremadura, Asturias.
Agrupar a los anti-PP ha sido un chollo táctico. Durante años, ha permitido a PSOE y PSC conseguir mucho poder, pero que les está conduciendo a las playas de la nada.
Este chollo táctico se presentaba rebozado con el talante bonachón de Zapatero. Pero ahora las viejas promesas contradictorias se vuelven lanzas. Y aquella voluntad de agradar a todos le ha conducido a un laberinto. Busca Zapatero la salida, pero en cada camino encuentra un sector social agraviado, un territorio descontento. No sé si era Pascal o La Bruyère quien, reflexionando sobre el carácter, decía: el esclavo sólo tiene un amo, mientras que el ambicioso tiene tantos amos como personas le fueron útiles para amasar su fortuna.
La política social de ZP, de Juan Francisco Martín Seco en República de las ideas
Todo el mundo ha considerado lógico el anuncio de que este verano Rodríguez Zapatero no estará en Rodezno en la fiesta del SOMA-UGT. No están los tiempos para bromas. Las medidas que está tomando y las que parece que va a adoptar el Gobierno no son precisamente para confraternizar con los sindicatos.
Pero con ocasión de tal anuncio se va extendiendo en la sociedad una idea que tiene mucho de falacia. Se afirma que en los años anteriores el presidente del Ejecutivo empleaba este acto para anunciar sus medidas de política social, dando por supuesto que a lo largo de sus seis años de gobierno ha instrumentado una política que puede recibir tal calificativo.
Es cierto que durante este periodo se han aprobado determinadas medidas que podrían tenerse por sociales, pero con características muy diferentes. Una, la de la elevación del salario mínimo interprofesional, ha sido lógica y adecuada, teniendo en cuenta que hacía más de veinte años que no se actualizaba. De todos modos, su actualización ha quedado a mitad de camino. Otra, la subida de las pensiones mínimas, totalmente insuficiente, y un poco tramposa porque casi, casi, son salvas sin munición, dado que afecta a un número limitado de ellas y con un coste pequeño. ¿Por qué sólo las mínimas? En realidad, en el sistema público de pensiones hasta las más altas son mínimas. La ley de dependencia es casi una declaración de intenciones, sin apenas financiación. Por último, otras, como el cheque-bebé o la desgravación de los 400 euros tienen un carácter netamente electoral, y una naturaleza muy dudosa ya que se aplican por igual a ricos y a pobres.
En cualquier caso, en lo que conviene insistir es que una política verdaderamente social es algo muy distinto. En primer lugar, es totalmente inseparable de la política económica. Resulta difícil aceptar que se haya instrumentado una política social coherente cuando a lo largo de los años de abundancia los salarios apenas han mantenido el poder adquisitivo.
En segundo lugar, la política social precisa de actuaciones tanto desde el lado de los gastos como desde el de los ingresos. Una política fiscal marcadamente progresiva es imprescindible, dado que su capacidad redistributiva es tanta o mayor que la de los gastos y, además, porque será imposible la financiación de estos, si no se cuenta con un sistema tributario con elevada capacidad recaudatoria.
Los gobiernos de Zapatero no se han caracterizado precisamente por haber practicado una política fiscal progresiva. Comenzando por el fraude fiscal, mal endémico de nuestro país, apenas se le ha prestado atención desde el Ejecutivo. No han modificado la reaccionaria Ley General Tributaria que aprobó el Partido Popular, incluso han sido protagonistas de una de las actuaciones más bochornosas cometidas por un gobierno frente a la Administración tributaria. Cuando ésta levantó acta de inspección por el fraude de ley cometido por un número importante de las grandes fortunas de este país al constituir de manera fraudulenta Sociedades de Inversión Colectiva de Capital Variable (SICAV), el Ejecutivo quitó la competencia a la Inspección de Hacienda para concedérsela a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) entidad que, desde luego, no ha emprendido ni emprenderá ninguna actuación. Además, dio carácter retroactivo a la medida, de manera que las actas levantadas se anularon. Por último, cómo no ver en la parsimonia con que se ha abordado la persecución de las cuentas de Suiza un signo claro de cuáles son las intenciones del Gobierno en esta materia.
Las reformas fiscales emprendidas durante el mandato de Zapatero han sido todas regresivas. Disminución del tipo del Impuesto sobre Sociedades; reforma del IRPF, reduciendo el numero de tramos y el tipo marginal y, lo que es aún más grave, consolidando la escandalosa medida adoptada por el PP, separando las rentas del capital de las de otra clase y aplicándoles un trato de favor mediante un tipo menor y proporcional. Y, por último, la eliminación del Impuesto de Patrimonio.
Cuando se hacen números es fácil constatar la política social que de verdad se podría haber realizado con los recursos empleados en rebajar los impuestos a las clases altas y medias altas, así como con los ingresos adicionales que se podrían haber obtenido si se hubiera acometido en serio la lucha contra el fraude fiscal y se hubiesen aplicado determinas medidas que corrigiesen las reformas que el PP llevó a cabo en su momento. Sin demasiado margen de error, se podría señalar que las reformas fiscales emprendidas por Zapatero han podido representar para un consejero de alguno de los grandes bancos del país un beneficio anual superior a los 10.000 euros, sin duda bastante parecido al incremento de la pensión mínima.
Pero, con todo, lo que muestra realmente la política social de Zapatero es el hecho de que cuando se ha decidido a realizar una política restrictiva con una reducción brutal del déficit su mirada se ha dirigido no a los impuestos directos, sino a la subida del IVA que pagan por igual todos los ciudadanos, a los sueldos de los funcionarios y a las pensiones, y a un empeoramiento de los servicios públicos mediante recortes en las plantillas de la Administración y de las inversiones.
Dicen que el PP no tiene proyecto ni alternativa en materia económica. ¿Cómo los va a tener si el trabajo sucio ya se lo está haciendo el PSOE?
El Estado de bienestar: vuelta a la fiscalidad, de Diego López Garrido en El País
Un salto gigantesco se dio el 17 de junio en el último Consejo Europeo de la presidencia española: apostar con fuerza por la Unión Económica, que tiene un objetivo por encima de cualquier otro, impedir que la crisis arrastre al abismo al logro más preciado de la Europa de la segunda mitad del siglo XX, el Estado de bienestar, o sea, educación y sanidad gratuita, pensiones suficientes, protección social para los más vulnerables, infraestructuras, seguridad y servicios públicos.
Sin embargo, no basta con los acuerdos del citado Consejo Europeo (regulación de los mercados financieros; gobierno económico de Europa; estrategia vinculante de crecimiento y creación de empleo de calidad). No basta, porque la parte más importante de los ingresos y los gastos públicos -que son la columna vertebral del Estado de bienestar- la administra el Estado nación (en torno al 40% de PIB), no la Unión (que tiene solo el 1% de PIB europeo en su Presupuesto).
Los Presupuestos nacionales han sido golpeados duramente por la crisis. Pero hace algunos años que los presupuestos de los países más desarrollados (OCDE) vienen sufriendo de insuficiencia fiscal. Ello ha originado un fenómeno protagonista en las haciendas públicas de estos países, como es la apelación estructural y crónica al endeudamiento, o sea, al crecimiento de la deuda soberana. El estallido de esta deuda ha estado a punto de destruir el euro, la eurozona, y, por tanto, buena parte del propio proyecto europeo.
Me he entretenido en estudiar las estadísticas oficiales de la OCDE sobre las cifras macroeconómicas que definen la acción transformadora del poder político democrático en el último medio siglo. Se trata de los ingresos que reciben los Estados a través de los impuestos y a través de la deuda pública. Porque estas son las dos formas en que el Estado obtiene de la sociedad civil los medios para intervenir en la economía y para redistribuir los bienes y servicios públicos.
El Estado puede detraer dinero de modo coactivo (los impuestos) o de modo voluntario (pidiéndolo prestado a los inversionistas, los célebres “mercados”). Si hace lo primero no tiene que devolverlo. Si hace lo segundo sí. Y con intereses. Esto es, como es sabido, la deuda pública.
Pues bien, si estudiamos las series históricas de la OCDE, veremos que, en el periodo 1967-1987, el porcentaje sobre el PIB de los ingresos de los Estados desarrollados -de Europa, América y Pacífico- pasó de un 26,9% a un 36,3% (en Europa, de un 27,7% a un 38,5%). Es decir, que la presión fiscal se elevó 10 puntos, nada menos, en los 20 años de la época dorada de la construcción del Estado de bienestar. En España, el avance llegó a casi los 14 puntos (del 16,9% al 30,7% sobre PIB), porque entramos en la democracia con una hacienda pública mísera, propia de la dictadura franquista.
Veamos ahora el periodo 1987 a 2007. Son dos décadas en las que el llamado neoliberalismo o “consenso de Washington” se instaló en la doctrina de laspolíticas económicas dominantes en el mundo occidental. Se habló del “fin de la historia” (Fukuyama) después de la caída del muro de Berlín.
En tal periodo, los ingresos por impuestos de los Estados de la OCDE, como media, crecen desde un 36,3% a un 38% del PIB (en Europa, de un 38,5% a un 39,7%). Es un aumento de algo más de un punto de presión fiscal en 20 años. En España el aumento de la presión fiscal es mayor en las dos décadas, subiendo hasta el 33,1% en 2008, seis puntos por debajo de la media europea, porque partíamos de más atrás.
El contraste de los periodos examinados es nítido. En los primeros 20 años suben los ingresos por impuestos 10 puntos. En los segundos 20 años suben solo algo más de un punto en el área OCDE.
Pero vayamos ahora a la otra gran fuente de ingresos del Estado, la deuda. Y examinemos también esos dos periodos. Desde 1967 a 1987, la deuda pública en los países de la OCDE pasó de representar un 35% del PIB a un 55%, en números redondos (en el área euro la media es similar). Sin embargo, de 1987 a 2007, la deuda en la OCDE salta hasta un 100% (en el área euro hasta un 85%). Estos porcentajes se han disparado en 2008 y 2009 por causa de la crisis, lo que no permite hacer comparaciones completamente rigurosas.
No obstante, conviene saber que en solo un año (de 2008 a 2009) la deuda sobre el PIB en la Unión ha pasado del 61,6% al 73,6%, es decir, una variación de 12 puntos (!). En España aumentó 13,5 puntos.
Lo que se desprende de los anteriores datos es que, en los últimos 20 años, los países desarrollados han ido sustituyendo, ante sus crecientes necesidades de financiación, impuestos por deuda. O sea, dinero que no hay que devolver por dinero que engorda las obligaciones del Estado con los acreedores y que aumenta exponencialmente los gastos financieros del Estado.
Creo firmemente que lo que llamaría era del endeudamiento ha terminado, o debe terminar, si queremos que no acabe dañando al propio Estado de bienestar.
En realidad, la crisis de deudas soberanas que ha golpeado sobre todo a los países del sur de Europa, poniendo a Grecia al borde del precipicio, ha mostrado brutalmente que ya no podemos seguir sustituyendo impuestos por deuda. Y que, si queremos que el Estado de bienestar siga siendo el buque insignia de Europa, hay que volver a plantearnos la problemática de la fiscalidad. Tanto en el ámbito supranacional (tasa sobre transacciones financieras internacionales), como en el ámbito nacional (tasa bancaria, tasa sobre el carbono, impuestos sobre el patrimonio de grandes fortunas). Y ello de forma coordinada en la Unión Europea.
El ajuste fiscal que han abordado en las últimas semanas diversos Gobiernos europeos, especialmente los de países grandes (salvo Italia por el momento), ya ha iniciado ese punto de inflexión al que me refiero. Compatibilizando el recorte de gasto social y el aumento de impuestos con una determinación que hace muchos años no se contemplaba.
Así, Alemania va a introducir nuevas figuras tributarias: tasa ecológica al transporte aéreo; contribución especial sobre elementos de combustión; impuestos sobre operaciones financieras. Francia ha eliminado diversas deducciones fiscales y, como Reino Unido, va a establecer un impuesto a la banca. Reino Unido ha subido el IVA hasta el 20% (2,5 puntos); ha aumentado la tributación de los rendimientos del capital del 18% al 28%. Muchos otros países han seguido la misma dirección: Portugal (aumento del IVA un 1%, gravamen sobre el capital de un 1,5% y tasa sobre beneficios de grandes empresas y banca de un 2,5%); Grecia (subida del IVA dos puntos hasta el 23%); Hungría (impuesto sobre actividades bancarias y modificación del IRPF con tipo único); Irlanda (subida en medio punto del IVA y creación del impuesto de carburantes); Letonia (aumento de dos puntos en el IVA y en siete puntos del impuesto de la renta), etcétera. Todos ellos se orientan en una línea que el Gobierno español se propone seguir con ocasión de los próximos Presupuestos, como su presidente ha señalado, con especial énfasis en la aportación de quienes más tienen.
El otro pilar del Estado de bienestar, junto a los impuestos equitativos, es el crecimiento sostenible. No cabe contraponerlo a la fiscalidad -a más impuestos, menor crecimiento-. Primero, porque el dilema real es: impuestos justos o crecimiento ilimitado de la deuda (que es imposible en la Unión). Segundo, porque el Estado de bienestar, en su época álgida, ha coincidido con el crecimiento y la competitividad más impetuosa de los países europeos en el siglo XX, como hemos visto.
Lo que es absolutamente irrefutable es que, sin suficiencia fiscal, el Estado de bienestar entra en una dinámica de agotamiento difícilmente reversible. Por eso, esta es la hora de la fiscalidad; no es ya la hora del endeudamiento sin fronteras.
Diego López Garrido es secretario de Estado para la Unión Europea.
Marx regresó y amenaza con quedarse, de Carlos Abel Suárez en SinPermiso
Al insinuarse la actual crisis económica mundial, aun antes del estallido de la burbuja de las hipotecas norteamericanas, comenzó lo que muchos llamaron el “regreso” de Marx. Revistas de actualidad y de amplia difusión internacional pusieron su inconfundible retrato en sus portadas. La nota de tapa era Marx. En algunas encuestas relevantes fue elegido como uno de los pensadores más destacados de todos los tiempos. A propósito del rescate financiero, en los principales diarios norteamericanos, se propinaban como insulto o como elogio el suscribir las ideas de aquel personaje tan querido y tan odiado, nacido en Tréveris, en 1818. No muchos años atrás, su recuerdo había quedado sepultado y su obra aplastada y degradada por pseudoexégetas, interpretadores falsarios y filisteos de todo pelaje, a lo que se agregó la derechización de la socialdemocracia y la implosión de la URSS.
Pero el Marx original, su obra -despojada de las versiones de tantos “marxistas” que ya en vida tanto él como Engels despreciaron- apenas se está proyectando en los círculos académicos, en las tertulias de la izquierda y en los debates políticos coherentes. Sin embargo, según pinta hoy el mundo, es decir la economía, la política y la cultura, parece que las ideas de Marx y Engels podrán seguir ilustrando gran parte del siglo XXI.
Muchos se preguntarán ¿qué es el proyecto MEGA? No se trata de un dispositivo electrónico para espiar comunicaciones o el diseño de una nueva represa gigantesca.
Es uno de los mayores emprendimientos editoriales de la actualidad, y posiblemente entre los más destacados de todos los tiempos: la nueva edición crítica de las obras completas de Carlos Marx y Federico Engels (Marx-Engels Gesamtausgabe).
El profesor Michael Krätke, coeditor de la nueva MEGA, explicó durante casi dos horas las características de esta espectacular iniciativa, en una conferencia celebrada en la Universidad de Barcelona, en vísperas del encuentro internacional de Sin Permiso realizado en Madrid, en diciembre último.
El auditorio de la conferencia – mayoritariamente integrado por académicos y estudiantes conocedores de la obra de Marx – fue sorprendido por algunos tramos de la minuciosa y apasionada exposición de Krätke, tanto por su solvencia académica, rigor conceptual, contexto histórico y dominio de las materias sobre las que trabajaron Marx y Engels, como por los descubrimientos que pondrá a luz la nueva MEGA.
Es conocido que los textos de Marx y de Engels padecieron múltiples manipulaciones. Krätke aseguró que no hay uno solo de los libros publicados, que haya respetado la versión original, ya sea por cuestiones políticas o por la caprichosa tijera de los editores.
Krätke recordó que la primera iniciativa de reunir y publicar toda la obra de Marx y Engels se puso en marcha en 1911, dirigida por la socialdemocracia alemana, con la participación de Carlos Kausky, Augusto Bebel, y Eduardo Bernstein. Luego el proyecto pasó a la URSS, en 1922, bajo la dirección de David Riazanov, hasta que fue destituído por Stalin, en 1931, y fusilado años más tarde, en 1938, junto a sus compañeros de la vieja guardia bolchevique.
En la MEGA contemporánea, que comenzó a diseñarse en 1960 y se estima que culminará dentro de 25 o 30 años, trabajan 80 colaboradores de 8 países y 3 continentes. El plan original, explicó Krätke, contempla la publicación de unos 164 volúmenes. Estos son dobles, ya que comprenden el texto original más todos los apartados o anexos. Los principios acordados para el inmenso reordenamiento y revisión de manuscritos, varios inéditos, libros y artículos publicados, más toda la correspondencia Marx-Engels -y de éstos con amigos, colaboradores y editores, etc.- son el respeto y la fidelidad del original, además de la certificación de su autenticidad y su preparación para ser editados en forma completa e integral. El equipo multidisciplinario que trabaja en el MEGA realiza un seguimiento de la evolución de los textos, discute exhaustivamente los mismos, evitando al mismo tiempo los comentarios políticos.
Con la pericia de un arqueólogo que va limpiando con cuidado las piezas del hallazgo para no dañarlo, expuso Krätke las vicisitudes por las que pasaron los trabajos de Marx más difundidos. Todos tienen su historia, sus polémicas, las marcas de la manipulación o del silenciamiento. Asimismo hay “montañas” de papeles: fichas, apuntes, cartas, cuadernos con cálculos matemáticos, que los entusiastas de la Mega ordenan y clasifican.
En el plan de la nueva MEGA, El Capital y todos los textos preparatorios y manuscritos, suman 15 tomos, la mayor parte ya han sido publicados en alemán. La correspondencia completa entre Marx y Engels y de ellos con terceros, comprende 35 volúmenes. La colección de extractos, fichas bibliográficas y anotaciones marginales de los dos amigos inseparables, se llevará otros 32, según el programa editorial.
Notable: a 127 años de la muerte de Marx todavía hay trabajos inéditos de Marx, dijo Krätke. Uno de ellos sobre la crisis financiera de 1857-1858 será publicado el próximo años, y esperemos que no tarde en traducirse al español. Según el investigador alemán -que posee una contundente trayectoria como economista e historiador, a lo que se agregan sus conocimientos de la obra de Marx- el trabajo sobre la crisis de 1857 arroja luz para entender mejor la crisis financiera y económica actual. Aquella, como la actual, comenzó en los Estados Unidos. (1)
Krätke se encargó, asimismo, de refutar, a la luz de las investigaciones hasta ahora culminadas, las especulaciones sobre las diferencias entre Marx y Engels y las diligencias de éste en procurar ordenar y publicar la obra inconclusa de su amigo. Pudo haber cometido algunos errores, pero el de Engels fue un trabajo cuidadoso y respetuoso, aseguró.
España en la obra de Marx
Pero si algo ilustra la erudición y –valga también decirlo– el coraje de Krätke, es hablar de la historia de España, en Barcelona y frente a académicos bien conocedores de esa historia. En términos menos académicos, lo dijo Antoni Doménech al alabar entre amigos la audacia del académico alemán y compañero de Sin Permiso.
Una sola cifra muestra la importancia de los trabajos de Marx y de Engels sobre España: del total de la nueva MEGA unos 12 volúmenes contienen sus ensayos, artículos y estudios vinculados al tema. Marx nunca visitó España, pero comenzó a estudiar el castellano en 1850 y desde entonces se encuentran en sus escritos citas de los clásicos, entre ellos de Cervantes y Lope de Vega.
Varias veces en su trayectoria intelectual, Marx realizó estudios sistemáticos sobre la historia de España. Particularmente entre los años 1847 y 1848, luego durante los años 1850 y 1851, 1854 y 1855 y por último entre 1878 y 1882, casi al final de su vida. En una oportunidad, en el período que va de 1854 a 1855, Marx se puso a escribir una historia crítica de los cambios revolucionarios en España, precisó Krätke.
Por algún tiempo desde 1854, Marx escribió sobre la situación política española para el New York Daily Tribune – varios de estos artículos contaron con la pluma de Engels – y forman parte de la sección de la MEGA denominada la España revolucionaria. (2)
Sobre los motivos que llevaron a Marx a estudiar la historia y la política española, se explayó Krätke al puntualizar que allí encontró no pocas claves de lo que sería su teoría política o, dicho de otra forma, la acumulación de conocimientos y papeles para elaborar una teoría política.
“Marx no comienza con las ´leyes´de la historia, afirmó, él constata y discute los fenómenos y las apariencias, regularidades e irregularidades, y busca entonces las explicaciones históricas”. Marx estudió en profundidad, en el caso español, la relación entre la formación de las clases, de la sociedad burguesa y del Estado moderno. Según Krätke, el modelo de un primer Imperio colonial global, la forma curiosa que tomó el absolutismo, el concepto de un liberalismo avanzado y el desarrollo revolucionario tan particular, es lo que hacía de España un campo de análisis muy valioso para Marx. Entre otras cosas, para entender la transición del feudalismo al capitalismo. Transición hacia la formación del Estado moderno, que, recordó Krätke siguiendo a Marx, tomó formas muy diversas.
Un capitulo relevante en la sección de la nueva MEGA dedicada a España, tendrán los trabajos de Marx sobre la Constitución de Cádiz de 1812. Frecuentemente se olvida la sólida e inicial formación de Marx como jurista. A propósito de España vuelve a estos temas de su interés con la crítica a las interpretaciones contemporáneas de la constitución de 1812, a la que valoraba por su originalidad y por la situación política que le da origen. Trabajo, a su vez, que dispara la preocupación de Marx hacia una relectura de la Constitución francesa de 1791 y al análisis de la Constitución española de 1820.
Marx reflexiona en estos ensayos sobre la naturaleza de las constituciones revolucionarias, indicó Krätke, siempre “impracticables” e “imposibles”.
Al retornar a sus investigaciones españolas, 20 años después, Marx revisa otra vez los vínculos entre España y la historia política mundial, la formación del estado moderno en Europa, después del año 1000, la Conquista y la Reconquista y el papel de España como poder militar e imperialista, reseñó el coordinador de la nueva MEGA.
Una vez terminado este gran empeño de la nueva MEGA, seguramente las ideas de Marx y de Engels podrán seguir repicando en la segunda mitad del Siglo XXI. Esta inyección de optimismo se nos ocurre tras haber escuchado a Krätke. Una mayor dosis de optimismo requeriría el pensar que al promediar este siglo se habrá liberado el mundo y el marxismo de la “dogmática y clerical lectura” de Marx y Engels, como deseaba Manuel Sacristán, o de la “clerigalla marxista”, como reclamaba Franz Mehring en 1918.
NOTAS: [1] Véase Michael R. Krätke, Marx, periodista económico, en Sin Permiso Nº 6, Barcelona, 2010. [2] Con traducción y prólogo de Manuel Sacristán, en 1960, la editorial Ariel de Barcelona publicó con el título de Revolución en España los artículos periodísticos que de Marx y de Engels sobre España se conocían entonces.
Carlos Abel Suárez es miembro del Comité de Redacción de SINPERMISO.
www.sinpermiso.info, 1 agosto 2010
Diez años después de Nueva Vía, de José Andrés Torres Mora en Público
Han pasado diez años desde que disolvimos Nueva Vía. Lo hicimos antes de ganar el Congreso del PSOE que eligió secretario general a José Luis Rodríguez Zapatero. Comprendimos que, para que Zapatero fuera el líder de todos, no podía ser el candidato de una parte. Por eso disolvimos Nueva Vía en el seno de la mayoría de la que había nacido.
Ninguno de sus miembros pertenecíamos a otro sector que a la mayoría, a esa mayoría tan diversa que es la corriente principal del PSOE. La decisión de disolvernos no fue una consideración táctica, sino una determinación estratégica.
En Nueva Vía, que siempre fue un grupo muy pequeño de compañeros y compañeras, había tanta diversidad ideológica como en todo el partido. También estaban en ella todos los elementos ideológicos y políticos que permiten el diálogo y la cohesión del partido. En Nueva Vía convivían posiciones socialistas clásicas o socialdemócratas con otras que podríamos considerar liberales de izquierda. Compañeros que creían en la importancia de un Estado protector y quienes eran más favorables a un Estado dinamizador. Partidarios de las elecciones primarias internas y partidarios de los sistemas de representación clásicos. Nuestro manifiesto hablaba de la necesidad de una nueva política, de la pasión por la libertad, la igualdad, la solidaridad y el avance social. Hablábamos entonces de un nuevo proceso de igualdad y de una nueva dimensión del concepto de ciudadanía que implicara la ampliación de los derechos fundamentales y sociales y de las libertades públicas. Desde el primer momento insistimos en la necesidad de un nuevo estilo de hacer política, y eso que la segunda legislatura de Aznar no había hecho más que empezar. Sosteníamos que la sociedad española avanza más rápido que las instituciones políticas y que era necesaria una reinvención del gobierno y del modelo de las administraciones públicas. Defendíamos la obligación del Estado de ayudar a los ciudadanos, y la necesidad de estimular su responsabilidad, su autonomía y su capacidad de emprender. Nos preocupaba la concentración del poder económico y mediático, y también la calidad de la democracia. Hablábamos, en aquel texto, de la España plural. Creo que nuestro discurso político se situaba en eso que algunos llaman la centralidad del partido.
Por aquel entonces, algunos de nosotros encontramos en el republicanismo cívico una gramática con la que expresar de manera ordenada y sistemática una buena parte de nuestras ideas políticas, pero ni es la única gramática posible para expresarlas, ni todos la comparten. En todo caso, la mayoría de nosotros podría identificarse con la idea del socialismo de los ciudadanos, una idea que impregna buena parte de nuestra acción de gobierno.
Aquel 35 Congreso tenía como lema “El impulso necesario”, y eso fue Nueva Vía: el impulso que necesitábamos. Duramos lo que dura la fase de un cohete, lo que dura un impulso. No pretendíamos convertirnos ni en una corriente de pensamiento ni en una corriente política, nunca tuvimos espíritu de facción. Si algo da fe de esa voluntad es la composición de la ejecutiva del partido, del Gobierno o del grupo parlamentario. La mayor parte de los compañeros y compañeras que tienen las más altas responsabilidades en la dirección del proyecto socialista defendieron en aquel Congreso otras opciones diferentes a Nueva Vía. Los miembros de Nueva Vía nos olvidamos pronto de qué papel jugó cada cual en el 35 Congreso, porque entendimos que todos los papeles fueron importantes para el proyecto de ampliación de derechos y libertades en el que estamos empeñados. Por supuesto, olvidamos las consecuencias en términos de poder, no las causas en términos biográficos y políticos. Sería injusto olvidar la inteligencia, la valentía o el esfuerzo que cada uno puso de su parte.
¿Qué nos unió a un grupo de personas tan distintas en aquella primavera del año 2000? Desde luego no fue la perspectiva del poder, harto improbable para un grupo tan pequeño y tan poco relevante en términos orgánicos o institucionales. Quizá la principal razón es tan evidente que no haya merecido la pena pararse a pensarlo: el núcleo de Nueva Vía éramos gente de la misma generación. La generación de los jóvenes de los ochenta. Una generación que ha vivido toda su vida adulta en democracia, pero que llegó a participar en los últimos combates contra la dictadura y para afirmar la democracia. Una generación que, a pesar de la coincidencia del triunfo de la democracia y del PSOE con la crisis económica de los primeros ochenta, no sucumbió al desencanto. Sino que, a pesar de sufrir un fuerte bloqueo generacional en su proceso de juventud, de ver aplazada su emancipación familiar, con tasas de paro superiores al 40%, mantuvo sus lealtades democráticas y políticas.
Fueron nuestra lealtad política al proyecto socialista y nuestra cultura democrática las que nos movilizaron en un momento de extrema dificultad para nuestro partido. Fue nuestra fe en los valores universalistas de la democracia la que nos impulsó a hacernos cargo de la dirección del PSOE. No lo hicimos para sustituir a nadie, sino precisamente porque no había nadie a quien sustituir. Como demócratas de toda nuestra vida creímos que era posible, aunque sabíamos que era improbable, ganar aquel congreso; esperábamos con nuestra participación, y con nuestra victoria, en una competición limpia, generar de nuevo la ilusión necesaria, la fe, el crédito, que hacen posibles la política democrática y el proyecto socialista. Y lo hicimos.
José Andrés Torres Mora es diputado y miembro de la ejecutiva federal del PSOE
Rodiezmo amortizado, de Antonio Lucas en El Mundo
CABO SUELTO
Hubo un día en que Zapatero dijo que tenía las ideas en el corazón. Nadie le explicó que el corazón es una piedra mojada. Lo soltó en Rodiezmo, donde el verano es corto. A 1.160 metros de altitud, aquejado ya del mal de altura monclovita que se manifiesta en la catarsis personal del mitin. Fue en 2009, cuando los especuladores nos hacían la mortaja con faralaes. Un bosque arborescente de puños en alto lo coreaba. Entonces aún no era traición hablar de socialismo. Tampoco inflamar la cuenca con la oratoria pérfida del aumento de las pensiones y el salario mínimo. Inflamado bramaba un retén de viejos barreneros y jubilatas de los ferrocarriles. Gente noble. “Leoneses, dueños/ del hambre, el sudor y el hacha,/ reyes de la minería”, arengaba Miguel Hernández. Pero se jodió el sueño. Hoy la militancia política da pereza. El hastío sobrevuela la sierra de Peñalaza con el aleteo metálico del buitre.
El presente lo gestionan cuatro jarrapellejos que han hecho de la izquierda una conmoción visceral, un sacrificio, un saqueo, definitivamente una indigencia.
El presidente no irá más a Rodiezmo a hacer la danza del oro con el pañuelo como un cuajarón al cuello. Ya no. Ha defraudado a los honestos picadores que se ennegrecieron la vida por dentro en el jurásico del carbón, aquellos a los que tomó de rehenes de una política de eslóganes con trampa. Les hizo creer que traería la venganza de la silicosis. Pero todo ha sido una farsa, un fracaso, una mentira, el aire de un crimen. Ya nadie espera nada del jornal de las promesas. Los sindicalistas aguardan en el podio de la huelga general.
Rodiezmo sólo fue una escenificación más del colmado infame del populismo, la baza sentimental del arcángel gótico, la Internacional con compañeras coristas como nínfulas de Nabokov. Los días de las grandes milongas y el culto al líder. Pero la oscura minería está amortizada. Ahora hay que centrarse en el adulterio del Estatut, esa otra forma de quemarse a lo bonzo, ese coñazo jeroglífico sobre el que también se edifica esta España de mineros muertos. Ya no canta a Gamoneda: “Hubo un tiempo en que mis únicas pasiones eran la pobreza / y la lluvia [...] Hay yerba negra en las laderas y / azucenas cárdenas entre sombras, / pero, ¿qué hago yo delante del abismo?”.
Algo parecido a lo que debió pensar anteayer Moratinos, caracterizado de Lawrence de Arabia con rostro de charcutero. Alabó en Afganistán el gran trabajo que hacemos en esa otra estafa bélica, a la sombra de traficantes de opio y señores de la guerra. Vamos bien: Rodiezmo cierra una etapa, Afganistán nos perpetúa como comparsas del safari monstruoso de las balas (cojonudo, Obama). Socialismo del bueno. Qué pena.
El legado de Olof Palme, de Cayo Lara en Público
Nuestro eurodiputado Willy Meyer (Grupo de la Izquierda Unitaria/Izquierda Verde Nórdica) ha promovido una iniciativa dentro del marco de la Comisión Europea instándola a reabrir la investigación del asesinato de Olof Palme, el gran político socialdemócrata sueco. Meyer recuerda en su escrito que “el primer ministro de Suecia, Olof Palme, fue asesinado el 28 de febrero de 1986 sin que hasta la fecha, y a pesar de todas las líneas de investigación exploradas, se hayan conseguido resultados esclarecedores”.
Hasta hace unas semanas semanas, lo más concluyente que sabíamos al respecto de la investigación del asesinato de Palme era su prescripción al cumplirse 25 años del magnicidio, es decir, en febrero de 2011. No obstante, se ha producido una reciente decisión del Parlamento de Suecia por la que se han introducido cambios en su legislación para que determinados crímenes sin resolver no prescriban. Es en este contexto en el que hay que enmarcar la iniciativa del eurodiputado de Izquierda Unida, y por ello su escrito a la Comisión Europea para que, “junto a las autoridades suecas”, reanude las investigaciones sobre la muerte de Palme.
Al margen de esta cuestión puntual, confieso que mi conocimiento sobre la figura de Olof Palme era, hasta hace bien pocas fechas, bastante superficial. Sabía, eso sí, que fue máximo responsable del Partido Socialdemócrata de Suecia, primer ministro de su país, uno de los políticos más controvertidos, coherentes y solidarios que dio el siglo XX y, conocía, también, que fue asesinado por un desconocido mientras paseaba en compañía de su esposa a la salida de un cine, en Estocolmo. Un asesinato que, después de casi 25 años, aún está sin aclarar.
He leído recientemente algunos materiales del primer ministro, y sobre él y me ha interesado de forma especial una biografía (¿Pero quién mató a Olof Palme?, de Ramón Miravitllas). El personaje se me ha revelado extraordinario. Sólo un político merecedor de ese calificativo es capaz de trascender las fronteras de un país con nueve millones de habitantes y erigirse en una figura de referencia internacional. Alguien a quien, en vida de Palme, molestó mucho el papel jugado por este; un asesor de Reagan que tras el magnicidio declaró: “Al fin Suecia ha vuelto a lo que tenía que ser, un país pequeño que no tiene por qué andar metiéndose en los líos de los grandes”.
Olof Palme personificó a la avanzada socialdemocracia sueca y completó la construcción de un modelo de desarrollo con fuerte protección social. Fue un activo defensor de la causa del Tercer Mundo, proclamó el desarme y la neutralidad, y no fueron pocos los que vieron en él un peligro debido a su activismo en defensa de una Europa desnuclearizada, autónoma, pacífica y progresista. En los años setenta, denunció sin miedo la política belicista de Estados Unidos, fue un referente internacional contra la dictadura franquista, no se escondió tras ningún parapeto en su frontal lucha contra la política del apartheid en Sudáfrica, apoyó a la OLP y fue amigo de Fidel Castro y, siempre, batalló al lado de los hombres y mujeres que defendían los derechos del Sur frente a los abusos del Norte. Conocida es su acción protectora de los desertores de Vietnam, su acogida a los exiliados chilenos, a los desterrados uruguayos, a los torturados argentinos… Olof Palme era un amigo sincero de la revolución nicaragüense y habló con claridad a los comandantes, a quienes apoyaba, sí, pero también recriminaba sus errores. Y todo ello lo hacía abiertamente; para Olof Palme era muy importante la pedagogía política.
La desaparición de este socialdemócrata, que creía en la transformación de la sociedad por la vía democrática y que nunca renunció a la responsabilidad internacional de la izquierda, ha resultado ser una pérdida irreemplazable. Después de él se nos tornó raro hasta el lenguaje, engañoso. Y hoy utilizamos a veces el término “socialdemócrata” para designar una especie de “socialismo descafeinado”, cuando no una suerte de alteración genética que calificamos de “social liberal”. En el contexto de la actual crisis económica, ¿qué condiciones les habría puesto Olof Palme a los banqueros antes de socorrerlos viendo las consecuencias de sus propios fiascos? ¡Lástima no poder comprobarlo! Cuando vemos estupefactos cómo los estados se desmoronan ante un capitalismo especulador e insaciable, uno analiza la trayectoria de socialdemócratas como Olof Palme y desearía contar con muchos de ellos para afrontar los retos que, sin duda, nos esperan. Sí sabemos, y escrito está, que en la propuesta de programa común para los partidos socialdemócratas europeos –que Olof Palme expuso en su intercambio epistolar con Willy Brandt y Bruno Kreisky allá por 1974– se recogía el derecho “de todos los estados a disponer de sus propias riquezas naturales. También apoyamos la creación de un sistema de comercio internacional más justo…”.
El 15 de marzo de 1986, Ingvar Carlsson, sucesor y gran amigo del primer ministro asesinado, pronunció un discurso en la Comuna de Estocolmo. Fue una pieza cargada de sentimentalidad y un elogio político muy ajustado al perfil del personaje. Carlsson recordó, y ello puede resumir la tarea de toda una vida: “Olof Palme hizo del mundo nuestra área de responsabilidad”.
Quienes consideramos interesante las posiciones políticas de Olof Palme, aunque como es mi caso, estemos alejados ideológicamente de sus planteamientos, no podemos dejar caer en el olvido esa visión global que atesoraba: del mundo, de nuestra realidad más próxima, y también de nuestras propias competencias individuales.
Cayo Lara es coordinador Federal de IU
