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El lenguaje de la derecha, de Miguel Aguado Arn谩ez en P煤blico

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Hace un par de a帽os, un libro pas贸 con 茅xito por las manos de muchos pol铆ticos socialdem贸cratas en Espa帽a. Se trata de No pienses en un elefante, de George Lakoff, que explica c贸mo la derecha estadounidense, ahora denominada neocon, us贸 el lenguaje pol铆tico y la comunicaci贸n como una gran herramienta para hacer llegar sus propuestas a la ciudadan铆a. La derecha estadounidense intentaba hacer llegar sus recetas sin provocar rechazo y con su estrategia logr贸 poner a los progresistas a la defensiva. Lakoff hablaba del uso de lo que denomin贸 鈥渕arcos鈥 como estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo. El mejor y m谩s usado como ejemplo es el que utiliz贸 George Bush para hablar de su modelo de bajada de impuestos, y la consiguiente reducci贸n de los servicios p煤blicos soportados por estos, para dar paso a una mayor entrada de negocio privado en los servicios p煤blicos b谩sicos. Se le denomin贸 鈥渁livio fiscal鈥 , que suena mejor. Quien te alivia es un h茅roe y quien trate de evitarlo, un villano.

Si hoy hici茅semos un an谩lisis del lenguaje de la derecha espa帽ola, nos llevar铆amos varias sorpresas. Lo normal en los partidos conservadores occidentales es dulcificar su lenguaje para alcanzar el poder y mostrar dureza (firmeza, afirman ellos) una vez en el Gobierno. En Espa帽a, esto es al rev茅s. Durante el 煤ltimo Gobierno del PP se sigui贸 hablando del centro reformista (隆qu茅 habr谩 sido de 茅l!) y del viaje al centro (ya dijo Alfonso Guerra: 鈥淒e d贸nde vendr谩n que a煤n no han llegado鈥濃, y lo peor, siguen sin llegar). Fue perder el poder, y el adalid del catal谩n en la intimidad y gran lector de Aza帽a pas贸 a revelar su lado m谩s duro, m谩s irritante, m谩s irrespetuoso de toda la derecha conocida para terminar saludando con el dedo al tendido.

Pudimos ver ese gesto de Jos茅 Mar铆a Aznar (18-2-2010) ante una situaci贸n que, cuando se monta a otros gobernantes 鈥揨apatero, Gonz谩lez, Ibarretxe鈥︹, los medios conservadores denominan libertad de expresi贸n, pero cuando le ocurre a sus l铆deres pasa a ser poco menos que un acto de exaltaci贸n del terrorismo. En realidad, se trat贸 de una falta de respeto de algunos j贸venes y un gesto de p茅sima educaci贸n y chuler铆a impropio de un ex presidente del Gobierno.

Al mismo tiempo que este gran estadista nos mostraba d贸nde ten铆a el centro, nos encontramos con otros personajes de la derecha espa帽ola que nos ilustran sobre su lenguaje caracter铆stico.

Recordemos el famoso 鈥渉ijoputa鈥 de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (29-1-2010). Todos pensamos que alud铆a a su eterno enemigo, el alcalde Alberto Ruiz- Gallard贸n. S贸lo ella y sus palmeros repitieron que su procacidad estaba dirigida a otro miembro de su partido y, finalmente, en una entrevista televisiva, se descuelga que ni siquiera se dirigi贸 a alguien del PP, a pesar de haber enviado una carta de disculpas a su鈥 驴compa帽ero?

Siguiendo el ejemplo de Aguirre tenemos al imaginativo vicealcalde de Torrej贸n de Ardoz que llama 鈥渉ijo de puta鈥 al portavoz local de IU (1 de febrero). Les acompa帽a el vicepresidente de la Generalitat valenciana, Juan Cotino, que en una sesi贸n parlamentaria afirm贸 lo siguiente a una diputada de la oposici贸n: 鈥淪i fuera su padre, sentir铆a verg眉enza de tener una hija como usted, pero como posiblemente no le conoce鈥︹ (24-2-2010). Sigue el excelso poeta Jos茅 Luis Baltar, dirigi茅ndose de esta guisa a un adversario del partido socialista gallego: 鈥淢aric贸n, sinverg眉enza y miserable鈥 (27-2-2009). Y en la versi贸n m谩s macarra (hay que llegar a todos los p煤blicos) tenemos al ultraderechista John Cobra con sus cinco minutos de gloria en televisi贸n: 鈥 Me vais a comer la 鈥︹.

Si estas expresiones fuesen un caso aislado, ser铆a, sin lugar a dudas, una casualidad; de ser dos, una coincidencia; tres o m谩s, son ya otra cosa. Responden a un modelo. Frente a la utilizaci贸n de argumentos e ideas, mejor son los gestos populistas; siempre te dir谩n algunos de los tuyos: 鈥溌s铆 se hace!鈥, 鈥溌on dos鈥!鈥, 鈥溌l茅, Esperanza con el capote!鈥. 驴Para qu茅 hablar de medidas contra el desempleo en la Comunidad de Madrid? 驴Mejoras en la sanidad madrile帽a o educaci贸n? No, un capote, una foto en la prensa amiga y todo arreglado. Triunf贸 el marketing de trazo grueso frente a los argumentos y las ideas. Porque, 驴recuerda 煤ltimamente alguna reflexi贸n de contenido de Aguirre? Y sin embargo, seguro recordar谩 alg煤n gesto, an茅cdota o chascarrillo de 鈥渓a lideresa鈥.

No nos enga帽emos, no estamos ante an茅cdotas, sino ante un modelo, tan serio como cualquier otro, que busca llevar mensajes cortos, de taberna, sin trasfondo alguno, al mayor n煤mero de personas. La estrategia es sencilla: unos, m谩s finos, marcan las l铆neas de actuaci贸n contra Zapatero, contra Garz贸n, en fin, contra cualquiera que no les aplauda o que consideren perjudicial para sus intereses. Otros empiezan a apuntar en los medios afines (que son la mayor铆a) y, finalmente, un 鈥渆spont谩neo鈥 remata con gracia.

Miguel Aguado Arn谩ez es secretario de Medio Ambiente del PSM-PSOE.

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Marzo 15th, 2010 at 9:07 am

Italia: en las ra铆ces de la decadencia, de Rossana Rossanda en SinPermiso

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Sobre Italia se extiende un r铆o de fango, escribe Asor Rosa. Lo repite Albero Burgio. Est谩 reci茅n publicado聽 por la editorial Bollati Boringhieri el libro de Franco Cordero El caldo de las Once 鈥揺l que le era servido al condenado antes de ahorcarlo鈥, donde el m谩s erudito e iracundo de nuestros juristas聽 nos pinta, tras de un primer cap铆tulo sobre las fechor铆as de otro tiempo, la Italia de Berlusconi

驴Por qu茅 esta masa apestosa se propaga ahora? Y 驴a qu茅 cabe achacarla? 驴脷nicamente a Berlusconi? Sus intereses, pensamientos y modales 鈥揺ntre sus defectos no est谩 la hipocres铆a, sino, al contrario, la insistencia inoportuna鈥 eran notorios para los italianos que lo han votado en tres ocasiones, y cada vez durante mandatos m谩s largos. Hab铆an sido bastante m谩s cautos con respecto a Bettino Craxi, que era el amigo de Berlusconi y el hombre al que Enrico Berlinguer le ech贸 en cara el problema moral.

驴Existe en Italia quiz谩 una inclinaci贸n a corromperse y a ser corrompido, debida a los siglos de sometimiento bajo el dominio extranjero o a prepotentes聽 se帽ores locales, con la excepci贸n del luminoso intervalo del periodo municipal? Pero incluso en聽 Dante hall贸 malversadores en su Infierno, y Petrarca se sentaba, melanc贸lico, a orillas del Arno observando las plagas mortales de la Italia de su tiempo. Se puede decir que parece ser algo fatal la adherencia al poder de una dosis de聽 inmoralidad. No existe pa铆s alguno, por otro lado, en donde los esc谩ndalos no se produzcan , y estamos apenas al comienzo聽 -mejor dicho, estamos ya dentro- de una tempestad mundial de delitos financieros, a lo que parece, bastante dif铆cil de castigar y de prevenir, y por sumas tan asombrosas, que los cinco mil euros p煤blicos que el ex聽 alcalde de Bolonia hizo que le fuesen librados a la mujer de su coraz贸n, para no hablar de los mil o dos mil a los invitados de Berlusconi, parecen una simple propinilla. Y sin embargo, no se puede decir que la principal caracter铆stica de los EEUU de Madoff sea la malversaci贸n por doquier acompa帽ada del escarnio contra la magistratura y los cambios en la ley para favorecer al presidente. Por el contrario, entre nosotros, s铆. Hablar de Italia significa hablar de esto, tanto, que en el extranjero se ha convertido en signo de fair play no mencionarlo. Hemos desaparecido de la escena internacional

驴C贸mo hemos venido a parar en esto? Ya hab铆amos inventado el fascismo apenas acabada la unificaci贸n nacional, pero incluso despu茅s del duro despertar de la guerra y de una resistencia que quiso limpiar el pa铆s y se dio una de las mejores constituciones europeas, no faltaron las porquer铆as . Para no hablar de la Mafia y de la Camorra, percibidas como un mal gen茅tico, la inmoralidad privada/p煤blica estuvo siempre asedi谩ndonos, desde Lauro, que compraba votos con paquetes de pasta, hasta otros ejemplos que no podr铆an ser considerados meros casos de inmoralidad聽 local. No lo fueron ciertamente las fechor铆as de la Federconsorzi de Bonomi, las oscuridades de la Casa del Mezzogiorno, el esc谩ndalo de Lockheed (exactamente, 驴qui茅n habr谩 sido Ant铆lope Cobbler?) por citar los primeros que se me vienen a la mente, y por no hablar de Gladio y de los servicios secretos, perpetuamente desviados de su cometido. Todo esto pesaba sobre los hombros de la Democracia Cristiana, el partido convertido en Estado, pero 鈥揷omo dijo Aldo Moro en el parlamento sin que temblasen los esca帽os鈥 la Democracia Cristiana no se procesa. Y en efecto, no supieron entender su memorial, no solo las Brigadas Rojas conducidas a la porpia ruina por su secuestro y asesinato, sino tampoco las dos c谩maras de la Comisi贸n de investigaci贸n. 驴Distra铆dos? 驴C贸mplices?

No lo creo. En tiempos m谩s serios, el PCI y el primer PSI invitaban a no confundir la clase dominante con los pinches de cocina, y a distinguir las distintas responsabilidades y culpas de una y otros, haciendo salir a luz en las C谩maras y en los consejos municipales, tal como sucedi贸 en el caso de Roma, los esc谩ndalos, y haciendo aprobar, prescindiendo de los n煤meros de mayor铆a y oposici贸n, las 煤nicas reformas que tuvo el pa铆s. No se identific贸 nunca a Italia ni a la detestada Democracia Cristiana con sus, gordos, episodios de inmoralidad

Durante los a帽os 70 la escena pol铆tica cambi贸. El PCI persigui贸 in煤tilmente un acuerdo 鈥渉ist贸rico鈥 con la DC, desarmando y dividiendo a la oposici贸n institucional y desorientando las listas de izquierda. Con la muerte de Aldo Moro, a quien la DC no trat贸 de salvar tal como 茅l ped铆a y ella hubiera hecho de ser otro el que hubiera estado en su lugar, el partido democristiano qued贸 sumido en la mayor confusi贸n, mientras que Berlinguer echaba en falta al 煤nico interlocutor que resultaba haber tenido, lo cual convert铆a en completamente vana la estrategia que hab铆a perseguido. De golpe, en el 79 cambiaba la l铆nea, obstaculizado por un grupo dirigente y por cuadros locales que estaban, por el contrario, a la b煤squeda de 鈥渁mplios acuerdos鈥 cuyos 煤nicos resultados fueron el desmesurado crecimiento de los costes de la clase pol铆tica y el fin de la oposici贸n parlamentaria y popular. As铆 una mayor铆a ya sin un verdadero jefe y una izquierda desnortada se enfrentaron, sin verla, a una ofensiva capitalista de escala mundial que emprend铆a un vuelco de tendencia, reorganizando brutalmente la propiedad y la organizaci贸n del trabajo. En 1984 el refer茅ndum sobre la escala m贸vil acarreaba, por primera vez desde 1948, una derrota de los trabajadores, y tres a帽os despu茅s, las elecciones de 1987 esbozaban el resquebrajamiento de los equilibrios de la primera rep煤blica. Dos a帽os despu茅s, y sobre un PCI ya en dificultades, ca铆a el hacha del 89, ante la cual Occheto ofrec铆a voluntariosamente el cuello; a Craxi y al gobierno DC- PSI, Tangent贸poli les daba el golpe de gracia

A varios a帽os de distancia, se ve que bien pocos de los peces gordos imputados por Manos Limpias permanecieron en las redes de la justicia. Pero el impacto pol铆tico, sumado a los procesos antes mencionados fue enorme porque la corrupci贸n no dej贸 de crecer. Sobre un paisaje de partidos devastados por rec铆procos tsunamis, aparec铆a en escena Berlusconi, s铆mbolo del beneficio, de la empresa en estado puro, de la competencia sin escr煤pulos que de golpe se presentaba como el 煤nico anclaje s贸lido con respecto a patra帽as 鈥渋deol贸gicas鈥 tales como las clases, la explotaci贸n del trabajo, la perversidad de la especulaci贸n financiera e inmobiliaria, el primado del bien com煤n o la necesidad de una 茅tica p煤blica鈥

Anclaje s贸lido y de manga ancha. Si su 煤nico precepto era producir al precio m谩s bajo, hacer cesar cualquier mediaci贸n social para ser m谩s generosos con el capital y los accionistas, vender a los ricos y obligar a los m谩s pobres a comprar lo que no pod铆an ya producir (驴qu茅 otra cosa es, si no, el 脕frica?) especular a mansalva con el riesgo y con lo inexistente, 驴por qu茅 demonizar cierta astucia, cierto modo de hacer la vista gorda, cierta mercantilizaci贸n de la cosa p煤blica? En el fondo, en los Estados Unidos, la compraventa de los miembros del Congreso y del Senado est谩 legitimada por los lobbies, con los cuales est谩 tratando Obama para lograr hacer pasar al menos un tercio de su proyecto de reforma sanitaria. Entre nosotros, el lobby m谩s poderoso es una mayor铆a blindada mediante el voto de confianza, del cual nadie puede desembarazarse sin perecer. Las instituciones pierden por completo su naturaleza neutra en el caso de que la hayan tenido nunca, y todos dan por bueno que se privaticen funciones o bienes p煤blicos. Si la ley se opone a ello, se cambia la ley. El parlamento podr铆a ser cerrado tambi茅n, tal como Berlusconi no ha dudado en decir, proponiendo que se sienten a votar solo los jefes de grupo parlamentario, en proporci贸n con los electores que representan, y ni tan siquiera en esta ocasi贸n las c谩maras se alzaron aullando. Nuestro hombre tiene el nivel cultural de Sarah Palin y la falta de escr煤pulos de Dick Cheney. S贸lo que la mitad de los norteamericanos ha votado en contra de ambos, mientras que un poco m谩s de la mitad de los italianos se pronuncia por 茅l.

Entre los a帽os setenta y los ochenta est谩n las ra铆ces de la actual proliferaci贸n de esta mala hierba. Contra la cual se yergue sin vacilaciones tan solo un magistrado ambicioso, para el cual la sociedad entera se compone de y divide entre honrados y corruptos. Antes hab铆a propuesto esta filosof铆a a los industriales reunidos en Cernobbio; ahora hace fortuna entre el pueblo, m谩s o menos violeta, de una ex izquierda o dimisionaria o hecha trizas. Y luego hay quien especula sutilmente sobre el origen de la antipol铆tica.

Rossana Rossanda,聽 miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es una escritora y analista pol铆tica italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Recientemente ha aparecido en Espa帽a la versi贸n castellana de sus muy recomendables memorias pol铆ticas: La ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado, Editorial Foca, Madrid, 2008].

Traducci贸n parawww.sinpermiso.info: Joaqu铆n Miras.

Il Manifesto, 6 marzo 2010

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Marzo 15th, 2010 at 9:02 am

Que paguen los ricos, de Joaquim Sempere en P煤blico

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Se dice que la presi贸n fiscal sobre las grandes fortunas no puede incrementarse para no desincentivar la iniciativa inversora y porque los capitales huir铆an a otros pa铆ses con fiscalidades menos fuertes. Se repite con la misma insistencia que la acumulaci贸n de capital es una condici贸n previa para la actividad econ贸mica y el bienestar general.

Estos estereotipos forman parte de las convicciones m谩s s贸lidas de quienes toman las grandes decisiones econ贸micas y pol铆ticas, y acaban calando en la conciencia p煤blica. Pero son una trampa.

Veamos lo ocurrido con los impuestos a los ricos en el pa铆s m谩s liberal e individualista de Occidente: Estados Unidos. En a帽os posteriores a la Primera Guerra Mundial, la presi贸n fiscal para la franja m谩s elevada de ingresos pas贸 del 25% al 63% en 1932, como medio para combatir la Gran Depresi贸n. Desde entonces hasta 1981, es decir, durante medio siglo, se mantuvo sin interrupci贸n por encima del 63% 鈥揳lcanzando picos del 94% en 1944-1945, como contribuci贸n al esfuerzo de guerra鈥 y entre el 82% y el 91% durante los 20 a帽os que van desde el final de la guerra hasta 1963. Luego no ces贸 de disminuir, hasta alcanzar el 35% el a帽o 2009.

Aquella larga experiencia de cinco decenios muestra que una clase capitalista, incluso tan poderosa como la de Estados Unidos, puede acomodarse a una presi贸n fiscal muy alta, y que esta elevada fiscalidad es compatible con un alto crecimiento econ贸mico. Los 50 a帽os en que la presi贸n fiscal estadounidense estuvo por encima 鈥搊 muy por encima鈥 del 50% para la franja m谩s rica fueron a帽os de m谩xima prosperidad del pa铆s.

La recaudaci贸n de impuestos en Estados Unidos hubiera podido servir para mejorar las prestaciones y los servicios p煤blicos en beneficio de los m谩s pobres si el presupuesto de guerra no se hubiera llevado la parte del le贸n. Pero lo que aqu铆 nos interesa es comprobar que durante 50 largos a帽os la clase capitalista de la primera potencia del mundo acept贸 una presi贸n fiscal que ahora muchos pretenden que es totalmente prohibitiva e insensata.

El tipo m谩ximo del impuesto sobre la renta en Espa帽a se situ贸 en el 43% en 2008 y el de sociedades en el 30% (en ambos casos cinco puntos por debajo de los tipos m谩ximos vigentes en 2000), y no se contempla la posibilidad de un aumento substancial de esos tipos m谩ximos, los que pagan los m谩s ricos.

El otro estereotipo es que las diferencias de presi贸n fiscal fomentan la fuga de capitales de los pa铆ses con mayor presi贸n a los de menor. Pero esto ocurre desde que se elimin贸 el control de cambios y se implant贸 una libertad irrestricta de circulaci贸n de los capitales. Lim铆tese o elim铆nese esta libertad y desaparecer谩 la amenaza de fuga de capitales. Esto no es una fantas铆a: es tambi茅n algo que ocurri贸 ya en 茅pocas pasadas, y no tan remotas. Basta volver la mirada a los a帽os anteriores a la contrarrevoluci贸n neoliberal. Alg煤n d铆a hay que atreverse a reimplantar marcos institucionales que lo hagan posible.

El tercer mito es que hace falta dejar que los capitales puedan acumular beneficios sin l铆mite para que la actividad econ贸mica funcione y todos salgamos ganando. As铆 se justifica la libertad que se concede a los capitales para desinvertir y deslocalizar 鈥揳l precio de la desindustrializaci贸n de regiones enteras y de la condena de miles de trabajadores al paro鈥 en aras de la sagrada libertad del capital para acumular, cuando lo que ocurre es que en el mundo sobra liquidez. La sobreacumulaci贸n es justamente la culpable de que se especule con cualquier cosa 鈥揷on las monedas, con la deuda externa de pa铆ses enteros, con la vivienda, con el petr贸leo, con los alimentos, etc.鈥 buscando rentabilidades desorbitadas que no se consiguen en la econom铆a productiva. Vivimos en un sistema enfermo que lo sacrifica todo a una acumulaci贸n de dinero no s贸lo innecesaria, sino perjudicial.

Los tres mitos forman parte de un mismo paquete, que habr铆a que abordar con medidas combinadas como fuertes grav谩menes fiscales sobre las grandes fortunas y la armonizaci贸n impositiva en la Uni贸n Europea; l铆mites estrictos a la circulaci贸n de capitales; la erradicaci贸n de los para铆sos fiscales; y armonizaci贸n al alza de los derechos laborales y sociales en la UE. El dinero que va a las clases populares genera una demanda de bienes y servicios que es la base de una econom铆a sana, mientras que el que va al bolsillo de los m谩s ricos alimenta el potencial de especulaci贸n de estos. (Algunos sectores populares s贸lo se dejan engatusar por los fondos de inversi贸n y de pensiones cuando se les amenaza con la quiebra de la Seguridad Social, como se ha hecho tramposamente en Espa帽a en los 煤ltimos 15 a帽os).

El establishment hace gestos demag贸gicos para la galer铆a, como la petici贸n al FMI por parte del Consejo Europeo (11-12-2009) de una tasa Tobin para reducir las transacciones financieras especulativas y para recaudar dinero. O promesas incumplidas de que se erradicar谩n los para铆sos fiscales. Pero son gestos que dan la raz贸n a quienes piensan que medidas de este tipo son las que convienen, y que no es verdad que no se pueda hacer m谩s de lo que se hace. Las subidas de impuestos, por su parte, empezaban a figurar en la agenda europea ya en el verano pasado, favorecidas por pa铆ses como Suecia y Finlandia, con una larga tradici贸n de elevada presi贸n fiscal y a la vez de prosperidad y buenos servicios p煤blicos.

En nuestro pa铆s, el debate sobre las pensiones y sobre la viabilidad del Estado del bienestar no puede ni debe dejar estos temas al margen. Centrar el asunto en torno a la reforma del mercado de trabajo o la prolongaci贸n de la edad de jubilaci贸n es una nueva agresi贸n contra derechos de los trabajadores por parte de la oligarqu铆a internacional del dinero y sus secuaces.

Joaquim Sempere es profesor de Teor铆a Sociol贸gica y Sociolog铆a Medioambiental de la Universidad de Barcelona.

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Marzo 12th, 2010 at 8:07 am

La viga socialista chilena, de Noami Klein en Rebeli贸n

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Desde que la desregulaci贸n caus贸 un colapso econ贸mico de 谩mbito mundial en septiembre del 2008 y todo el mundo se convirti贸 de nuevo al keynesianismo, no ha sido sencillo ser un seguidor fan谩tico del economista Milton Friedman. Est谩 tan ampliamente desprestigiada la marca de los fundamentalistas del libre mercado que sus seguidores han desarrollado una creciente desesperaci贸n por reclamar victorias ideol贸gicas aunque sean nulamente convincentes.

Tenemos un ejemplo particularmente desagradable a mano. S贸lo dos d铆as despu茅s de que Chile fuera golpeado por un devastador terremoto, el columnista del Wall Street Journal Bret Stephens informaba a sus lectores de que 鈥渟eguramente el esp铆ritu…鈥 de Milton Friedman鈥 … planeaba de manera protectora sobre Chile鈥 porque,鈥 gracias en gran parte a 茅l, el pa铆s ha resistido una tragedia que en otro lugar habr铆a sido un apocalipsis… No es por casualidad que los chilenos vivieran en casas de ladrillo 鈥搚 los haitianos en casas de paja- cuando el lobo lleg贸 y trat贸 de derrumbarlas鈥.

Seg煤n Stephens, las radicales pol铆ticas de libre mercado prescritas al dictador Augusto Pinochet por Milton Friedman y sus tristemente c茅lebres 鈥淐hicago Boys鈥 son la raz贸n de que Chile sea una pr贸spera naci贸n con 鈥渦na de las m谩s estrictas normativas de construcci贸n del mundo.鈥

Hay un problema bastante grande con esta teor铆a. La normativa de construcci贸n antise铆smos, redactada para resistir terremotos, se promulg贸 en 1972. Ese a帽o es de un significado enorme porque fue un a帽o antes de que Pinochet alcanzara el poder con un sangriento golpe apoyado por Estados Unidos. Esto significa que la persona que merece el elogio por la ley no es Friedman, o Pinochet, sino Salvador Allende, presidente socialista democr谩ticamente elegido de Chile. (En verdad muchos chilenos merecen el elogio pues las leyes fueron la respuesta a una larga historia de terremotos, y la primera ley fue promulgada en 1930).

Parece significativo, por otra parte, que la ley se pusiera en marcha en mitad de un paralizante embargo econ贸mico (鈥渉aced gritar de dolor a la econom铆a鈥 famoso gru帽ido de Richard Nixon despu茅s de que Allende ganara las elecciones de 1970). La normativa se instaur贸 al d铆a despu茅s en los noventa, bastante despu茅s de que Pinochet y los Chicago Boys estuvieran, finalmente, fuera del poder y la democracia fuera restaurada. Una peque帽a cuesti贸n: como se帽ala Paul Bruman, Friedman era ambivalente acerca de las normativas de construcci贸n vi茅ndolas como otro atentado contra la libertad capitalista.

En cuanto al argumento de que las pol铆ticas de Friedman son la raz贸n de que los chilenos vivan en 鈥渃asas de piedra鈥 en vez de 鈥減aja鈥 est谩 claro que Stephens no sabe nada del Chile pre-golpe. El Chile de los sesenta ten铆a los mejores sistemas educativo y sanitario del continente a la vez que un din谩mico sector industrial y una clase media en r谩pida expansi贸n. Los chilenos cre铆an en su sistema por lo cual eligieron a Allende para llevar el proyecto aun m谩s lejos.

Despu茅s del golpe y la muerte de Allende, Pinochet y sus Chicago Boys hicieron todo lo posible para desmantelar el sector publico de Chile, subastando empresas del Estado y desmembrando las regulaciones financieras y comerciales. Se cre贸 enorme riqueza durante este periodo, pero a un costo terrible: en los primeros ochenta las pol铆ticas, prescritas por Friedman, de Pinochet hab铆an causado una r谩pida desindustrializaci贸n, una multiplicaci贸n del desempleo por diez y el surgimiento explosivo de inestables y visibles zonas de infraviendas. Llevaron tambi茅n a una crisis de corrupci贸n y a una deuda tan fuerte que, en 1982, Pinochet se vio forzado a cesar a sus consejeros clave entre los Chicago Boys y a nacionalizar varias de las grandes instituciones financieras desreguladas (驴Suena familiar?)

Afortunadamente, los Chicago Boys no se las apa帽aron para deshacer todo lo que Allende consigui贸. La compa帽铆a nacional de cobre, Cudelco, sigui贸 en manos del Estado, extrayendo riqueza para las arcas p煤blicas e impidiendo a los Chicago Boys hacer explotar del todo a la econom铆a chilena. Tampoco llegaron a desmantelar la dura normativa de construcci贸n de Allende, una pasada por alto ideol贸gica de la que todos deber铆amos estar agradecidos.

Fuente: www.naomiklein.org/articles/2010/03/chiles-socialist-rebar

Traducci贸n del ingl茅s para Rebeli贸n por Carlos Valladares

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Marzo 10th, 2010 at 8:02 am

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Repensar la izquierda, de Jordi Guillot en P煤blico

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El profesor Monedero define a las sociedades desarrolladas como sociedades con altos niveles de descontento y desconcierto, y yo le a帽adir铆a con izquierdas desorientadas. Estas tres 鈥渄es鈥 explican el auge del populismo de derechas. En Espa帽a, hoy, todas las encuestas son favorables a los partidos de derecha. Esta es la cruda realidad con la que afrontamos el pr贸ximo calendario electoral. Hay que reaccionar. Sin despreciar los procesos de reflexi贸n abiertos en los partidos, considero que debe emerger un nuevo protagonista; la izquierda difusa, es decir, los miles de hombres y mujeres que han militado en la izquierda y que se sienten hoy hu茅rfanos de cualquier sigla, junto con gente, sobre todo joven, que, sin haber pasado por ninguna organizaci贸n pol铆tica, se siente comprometida con los ideales de la transformaci贸n social.

S贸lo sabremos qu茅 le pasa a la izquierda si conocemos lo que pasa en la sociedad y, a partir de este diagn贸stico, construimos un proyecto de ilusi贸n, confluencia y articulaci贸n de todos aquellos hombres y mujeres que se sienten identificados en la apuesta por el federalismo y la sostenibilidad social y ecol贸gica. Debemos afrontar con decisi贸n e imaginaci贸n m煤ltiples retos. Para m铆 los m谩s centrales son la crisis de lo colectivo 鈥揷risis previa a la desafecci贸n de la pol铆tica鈥 y la crisis econ贸mica, entendida esta como una crisis del modelo productivo imperante, insostenible social y ecol贸gicamente. Si realmente queremos controlar la econom铆a y organizar la libertad, el principal objetivo es recuperar la centralidad de la pol铆tica.

Hablar hoy de Espa帽a y de la izquierda necesaria es hablar de federalismo y ecologismo (o ecosocialismo o izquierda verde, tanto da el nombre si nos referimos a lo mismo, un proyecto de equidad social y sostenibilidad ecol贸gica).

Espa帽a es plural, pero para poder ejercer esta pluralidad es necesaria una propuesta federal para el Estado, propuesta que hoy brilla por su ausencia. La conflictividad territorial es una de las grandes victorias de la derecha, ya sea central o perif茅rica, y uno de los grandes impedimentos en la formulaci贸n de causas comunes, que nos convoquen, sin distinci贸n del origen territorial, en los procesos de reordenamiento del Estado espa帽ol y en la construcci贸n europea. Construir identidades propias laicas s贸lo es posible desde el federalismo. Reivindicar lo propio s贸lo es positivo desde el federalismo. Aportar solidariamente s贸lo es comprensible desde el federalismo.

Hay que incorporar el ecologismo como programa y como se帽a de identidad. Nunca he entendido las resistencias de ciertos sectores de la izquierda cl谩sica a hacerlo. A lo mejor es por eso, por ser cl谩sica. Los l铆mites al desarrollo, la responsabilidad intergeneracional, los criterios de sostenibilidad, la alerta temprana respecto a los graves riesgos de infarto ecol贸gico, cambio clim谩tico, el debate abierto sobre el decrecimiento, representan en su conjunto un nuevo ideario y un nuevo proyecto de sociedad. La propuesta del 鈥済reen new deal鈥 es hoy la 煤nica alternativa planteada para garantizar que el modelo econ贸mico poscrisis se oriente hacia un modelo sostenible. De avanzar hacia una econom铆a libre del carbono. El fundamento de este 鈥済reen new deal鈥 es sencillo: utilizar el gasto p煤blico para impulsar la econom铆a favoreciendo la inversi贸n en nuevos sectores que protejan el medio ambiente, lucha contra el cambio clim谩tico y creaci贸n de nuevos trabajos verdes. Junto con el feminismo, el ecologismo ha sido una de las grandes revoluciones de la segunda mitad del siglo XX. Tom茅moslo en serio, y m谩s cuando en Espa帽a existe un rico, complejo y combativo ecologismo social.

Es necesario hacer emerger nuevos protagonistas que expliquen de manera alternativa la realidad y ofrezcan nuevas soluciones a los viejos y nuevos problemas. En Espa帽a, digan lo que digan los pesimistas, sinceros o interesados, hay la suficiente capacidad intelectual y energ铆a social y pol铆tica para poder salir de este marasmo. No podemos ni queremos resignarnos a quedar reducidos a las estrechas paredes de lo que hoy representan los partidos si no queremos, los que militamos en alguno de ellos, que las paredes se nos acaben cayendo encima. Hay que abrirse. Nuestra ambici贸n debe ir m谩s all谩 de nuestra viabilidad electoral. Hay que pretender liderar los debates presentes en nuestra sociedad en estos momentos de desconcierto y descontento. Hay que reorientarse.

Previo al qu茅 hacer es el por d贸nde empezar. Creo que lo m谩s sencillo y pr谩ctico es constituir una fundaci贸n que sea espacio de encuentro, reflexi贸n y tambi茅n de movilizaci贸n. Convocar a todas las personas interesadas y darles voz y protagonismo. Una fundaci贸n de 谩mbito estatal integrada no por partidos, sino por personas a t铆tulo individual. Y hacer girar la rueda, ampliando los espacios de debate y reflexi贸n. Estoy convencido de que, si hay ideas, estas siempre encuentran la forma de organizarse.

Dicen que las crisis pueden ser oportunidades. Esta que padecemos, hoy por hoy, no lo es. Los mismos causantes de la crisis lideran su respuesta. Es nuestra responsabilidad hacer todo lo posible para que esto no sea as铆. Y para ello necesitamos soluciones y fuerzas. Y si no las tenemos por nosotros mismos, cosa bien evidente, hay que buscarlas fuera. Es por eso que es estrategia de ICV colaborar para articular el inicio de un espacio de debate, propuesta y articulaci贸n de lo que los italianos llamar铆an 鈥渋l popolo di sinistra鈥, el pueblo de izquierdas.

Jordi Guillot es vicepresidente de ICV y senador.

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Marzo 9th, 2010 at 8:09 am

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Mandel, la inflaci贸n y algunas ideas de Keynes y Marx, de Jos茅 A. Tapia Granados en SinPermiso

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En Sin Permiso (28/02/10, http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3140) ha aparecido recientemente una versi贸n en castellano de un texto de Mandel sobre 鈥淒茅ficit presupuestario e internacionalizaci贸n del capital en la teor铆a marxista鈥. El art铆culo, publicado originalmente hace ya casi veinte a帽os, en 1992, tiene muchos aspectos de inter茅s y de gran actualidad, como se帽ala la introducci贸n al mismo. En estos tiempos en los que parecer铆a por lo que sugieren algunos que el principal peligro para los puestos de trabajo de los trabadores de occidente son los trabajadores chinos o hind煤es que trabajan por salarios de miseria en sus pa铆ses, o los trabadores inmigrantes que a menudo han de aceptar los trabajos ilegales, con salarios incluso por debajo del m铆nimo, es especialmente importante enfatizar la solidaridad internacional de los trabajadores, como hace Mandel. Solo cuando los trabajadores en particular y la humanidad en general asumamos plenamente que hemos de defender los intereses comunes y no las falsas divisiones que nos separan podr谩 la especie humana dar un paso adelante hacia un mundo m谩s solidario, m谩s justo y m谩s sostenible.

Algunas afirmaciones que contiene el art铆culo de Mandel me parecen sin embargo cuestionables. Afirma por ejemplo que para que el d茅ficit presupuestario no genere inflaci贸n antes de que se alcance el pleno empleo es necesario que los impuestos directos aumenten en la misma proporci贸n que las rentas. Pero eso parece desmentido por la realidad emp铆rica de las 煤ltimas tres d茅cadas. Desde la 茅poca de Reagan e incluso desde antes, los impuestos directos en EE.UU. en general disminuyeron, mientras que 鈥渓as rentas鈥 en general aumentaron y la inflaci贸n ha sido muy peque帽a, casi nula si se usan est谩ndares hist贸ricos.

Ignoro qu茅 t茅rmino usar铆a Mandel en su original (que probablemente fue escrito en franc茅s), pero el t茅rmino 鈥渞entas鈥 en castellano es muy ambiguo y a mi juicio deber铆a evitarse usarlo en contextos econ贸micos sin explicitar claramente a qu茅 se refiere, ya que puede indicar muy distintas cosas. Unas veces 鈥渞entas鈥 alude a ingresos en general (como parece ser el significado en este contexto, equivalente al significado de income o revenue en ingl茅s), pero otras veces alude a flujos de ingreso derivados del pago por el uso de determinados bienes f铆sicos (tierras, edificios, m谩quinas, lo que en ingl茅s se indica con la palabra rent) o de los pagos de intereses por la posesi贸n de activos financieros, sean bonos del tesoro, dinero a plazo fijo, u otros activos financieros. Los 鈥渞entistas鈥, tan a menudo aludidos por Keynes y sus seguidores, ser铆an quienes viven de ese tipo de rentas.

Por otra parte, seg煤n el art铆culo, Keynes admit铆a con cierto cinismo que los asalariados 芦ser铆an m谩s sensibles禄 a una reducci贸n de los salarios nominales y de las prestaciones de la seguridad social que a una reducci贸n efectiva de los salarios reales netos, acompa帽ada de una subida de los salarios nominales. En este caso la traducci贸n del texto de Mandel probablemente se entender铆a mejor si dijera que los asalariados ser铆an no m谩s sensibles sino 鈥渕谩s reacios鈥 a la primera opci贸n que se da, a saber, un recorte de salarios reales conseguido mediante recorte de salarios nominales con precios estables. La segunda opci贸n, que Keynes sugiere como m谩s 鈥渢ragadera鈥 por los asalariados (de ah铆 el cinismo al que alude Mandel) ser铆a un recorte de salarios reales conseguido mediante aumentos de salarios nominales combinados con aumentos proporcionalmente mayores de los precios.

Una confusi贸n importante que parece sugerir Mandel mismo es la frase donde dice: 芦Pero 驴el crecimiento de las rentas de los capitalistas no estimula las inversiones y, por lo tanto, el empleo? Esta es la tesis de los defensores de la recuperaci贸n a trav茅s de las “pol铆ticas de oferta”, adversarios de Keynes en los a帽os treinta y que han tenido una gran influencia sobre Reagan y la Sra. Thatcher.禄

驴Qu茅 quiere decir esto? Lo que parece cuestionar aqu铆 Mandel es que el aumento de las ganancias (鈥渞entas de los capitalistas鈥) aumenta las inversiones y por tanto el empleo, idea que ser铆a propia no solo de los adversarios de Keynes, sino de los Reagan y Thatcher. Lo interesante es, sin embargo, que esta idea que al parecer se atribuye a la reacci贸n, es precisamente una idea clave de Marx. Marx ve en la ganancia el est铆mulo principal, el acicate que estimula la acumulaci贸n, o sea, las inversiones. Y como las inversiones son las que crean puestos de trabajo, que se mantengan (y se incrementen incluso) las ganancias del capital es fundamental para que se creen puestos de trabajo. Marx explic贸 muy bien todo eso en varias partes de su obra, especialmente al ocuparse del proceso de acumulaci贸n del capital (en el cap铆tulo 25 del tomo I de El Capital).

Las consecuencias de eso para la pol铆tica sindical son peliagudas, porque indudablemente la lucha de los asalariados por mejores condiciones de trabajo recorta las ganancias del capital y en alguna medida crea condiciones para el aumento del desempleo. En 茅pocas de crisis econ贸mica cuando el desempleo se generaliza, la alternativa es, o agachar la cabeza y aceptar una mayor explotaci贸n, lo que podr铆a facilitar quiz谩 la recuperaci贸n econ贸mica, o luchar por mantener los salarios y las conquistas sociales, lo que probablemente prolongar谩 la crisis. Si se parte de una visi贸n en la que lo que prima es la lucha contra el sistema de explotaci贸n, se optar谩 por lo segundo. Lo que no se puede hacer es promover a la vez los intereses de los asalariados y los intereses del sistema.

Lamentablemente, desde 茅poca inmemorial los sindicatos en general han negado esa realidad mediante una visi贸n subconsumista de las crisis econ贸micas. En la perspectiva subconsumista, que Keynes hered贸 de Malthus, y que tan frecuente es entre 鈥済ente de izquierda鈥, la falta de poder adquisitivo de 鈥渓os consumidores鈥 reduce la demanda efectiva y es la causa de que acabe la expansi贸n y comience la recesi贸n. Reclamar aumentos salariales que van a favor de los intereses de clase, ser铆a as铆 tambi茅n apropiado como pol铆tica para resolver la crisis. Lo que es bueno para los trabajadores, mejores salarios, ser铆a tambi茅n bueno para el sistema, que se recuperar谩 antes de la crisis. Esa visi贸n que es propia de Keynes聽 y de la socialdemocracia europea, y quiz谩 tambi茅n, en alg煤n aspecto, del j贸ven Marx que escribi贸 el Manifiesto comunista con Engels, no es la del Marx economista 鈥渞ojo鈥 que escribi贸 El capital, donde la rentabilidad empresarial (o sea, las 鈥渞entas del capital鈥) es el principal determinante de la inversi贸n, que es a su vez el principal determinante del estado de expansi贸n o contracci贸n del sistema.

En un pasaje a menudo citado del tomo II de El capital (cap铆tulo 20, cito en la traducci贸n de W. Roces), Marx afirma que el hecho de que las mercanc铆as queden invendibles durante las crisis:

鈥溾 quiere decir sencillamente que no se encuentran compradores o, lo que tanto vale, consumidores solventes para ellas (lo mismo si las mercanc铆as se destinan en 煤ltima instancia al consumo productivo que si se destinan al consumo individual). Y si se pretende dar a esta perogrullada una apariencia de razonamiento profundo, diciendo que la clase obrera percibe una parte demasiado peque帽a de su propio producto y que este mal puede remediarse concedi茅ndole una parte mayor, es decir, haciendo que aumenten sus salarios, cabe observar que las crisis van precedidas siempre, precisamente, de un per铆odo de subida general de los salarios, en que la clase obrera obtiene realmente una mayor participaci贸n en la parte del producto anual destinada al consumo. En rigor, seg煤n los caballeros del santo y 鈥渟encillo鈥 (!) sentido com煤n, estos per铆odos parece que debieran, por el contrario, alejar la crisis. Esto quiero decir, pues, que la producci贸n capitalista implica condiciones independientes de la buena o la mala voluntad de los hombres, que s贸lo dejan un margen moment谩neo a aquella prosperidad relativa de la clase obrera, que es siempre, adem谩s, un p谩jaro agorero de la crisis.鈥

Lamentablemente, durante la segunda mitad del siglo XX la (con)fusi贸n del keynesianismo con las ideas de Marx fue muy frecuente, alimentada en buena parte por los trabajos de Baran y Sweezy. Y dado lo complicadas que son las cuestiones econ贸micas y lo arduos que son los textos econ贸micos de Marx y Keynes, no parece que esa confusi贸n vaya a resolverse a corto plazo.

Jos茅 A. Tapia Granados es investigador en el Institute for Social Research de la Universidad de Michigan, Ann Arbor.

www.sinpermiso.info, 7 marzo 2010

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Marzo 8th, 2010 at 8:03 am

Muri贸 Michael Foot, pero la difamaci贸n a que le someti贸 el 鈥渘uevo laborismo鈥 de Tony Blair ha agotado su tiempo, de Seumas Milne en SinPermiso

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Los intentos de utilizar los desastres de principios de los 80 para argumentar que ning煤n partido puede tener 茅xito sobre la base de un programa de centro-izquierda no volver谩n a funcionar.

Tan expertos nos hemos vuelto en dar una versi贸n as茅ptica de las figuras p煤blicas a su muerte que su verdadero significado se pierde rutinariamente en una neblina de clich茅s reciclados y dudosos lugares comunes. Le toca ahora el turno a Michael Foot, mientras nos regalan im谩genes de su cordialidad agitando su bast贸n en Hampstead Heath, [1] con su trenca y un remolino de pelo blanco en el Cenotafio [2] y su aire de vivir completamente en otro mundo como dirigente laborista y bibli贸filo en los abismos de la guerra civil del partido a principios de los a帽os 80.

De hecho, ya parec铆a un hombre de otra 茅poca cuando fue elegido para el puesto, pr贸ximo a cumplir 70 a帽os, y desde luego era del todo inapropiado para encabezar un partido pol铆tico de envergadura en la era de la televisi贸n, y no digamos ya en el fragor de una amarga lucha ideol贸gica y de facciones. Nos da una idea de lo lejos que est谩 la pol铆tica de nuestro tiempo de aquellos d铆as que el joven Tony Blair creyera una buena idea escribir a Foot despu茅s de su derrota [de Blair] en la elecci贸n parcial de Beaconsfield en 1982 asegurando que “hab铆a llegado al socialismo a trav茅s de Marx”.

Pero la extendida calidez mostrada hacia una figura como Foot, lo mismo como ser humano que como rom谩ntico radical ingl茅s de la tradici贸n no conformista, es tambi茅n genuina. Fue verdaderamente un hombre 铆ntegro y decente que mantuvo su entusiasmo por Swift y el socialismo hasta mucho despu茅s de cumplir los 90. Era adem谩s una compa帽铆a estupenda, y aunque estuvieras en desacuerdo con 茅l en asuntos en los que se mostraba de lo m谩s apasionado聽 鈥 fue franco partidario de la intervenci贸n de la OTAN en Yugoslavia, por ejemplo 鈥 debat铆a con buen humor y generosidad.[3]

Foot es, al fin y al cabo, una figura cuya vida abarc贸 los mayores conflictos del siglo pasado, y que pod铆a rememorar casualmente un encuentro con George Orwell y el dirigente comunista Harry Pollitt [4] en las oficinas de la revista Tribune [5] para organizar un frente unido contra el fascismo a finales de los a帽os 30. Lo que o铆mos menos es que Foot tambi茅n se ocup贸 de realizar muchos de los llamamientos acertados de aquellos a帽os, a diferencia de la clase dirigente brit谩nica, y a menudo de la del laborismo:聽 de los “hombres culpables”, [6] del apaciguamiento y la defensa de la Rep煤blica Espa帽ola [7] a la Guerra Fr铆a, la amenaza de las armas nucleares, Vietnam e Irak.

Con Foot como emblema de la locura de la izquierda y el callej贸n sin salida del radicalismo laborista es cuando echa a andar la aut茅ntica mitolog铆a. En la versi贸n de la historia del Nuevo Laborismo, m谩s o menos adoptada de modo general en la vida p煤blica brit谩nica, la administraci贸n de Jim Callaghan, sensata aunque cansada, fue derribada por insensatos sindicalistas, que hicieron causa com煤n a continuaci贸n con la insurgencia de la izquierda laborista capitaneada por Tony Benn. Tan imp铆a alianza se apoder贸 del partido y se top贸 con su Waterloo 鈥 bajo la direcci贸n de Foot y la bandera del programa de “la nota de suicidio m谩s larga de la historia” 鈥揺n la desastrosa derrota electoral de 1983. Hizo falta la paciente labor de Neil Kinnock, John Smith y por 煤ltimo Tony Blair para devolver la sensatez y el poder al laborismo 14 a帽os despu茅s.

La realidad, por supuesto, fue completamente distinta. Para cuando Callaghan asumi贸 el poder en 1976, las econom铆as del mundo occidental ya estaban sufriendo un r谩pido declive, la mayor铆a del gabinete decidi贸 acudir al FMI e imponer los recortes de gasto m谩s salvajes desde los a帽os 30, y el primer ministro inform贸 al congreso del Partido Laborista de que los gobiernos ya no pod铆an salir de la recesi贸n por medio del gasto. La socialdemocracia de la postguerra estaba en crisis, y el dilema consist铆a en apostar por formas m谩s radicales de intervenci贸n o acercarse a bandazos a cierto monetarismo prethatcheriano.

La desmoralizada derecha laborista opt贸 por esto 煤ltimo y oblig贸 a tres a帽os de los m谩s dr谩sticos recortes de los salarios reales de la moderna historia de Gran Breta帽a. La buena labor de gobierno realizada por ministros como Foot en empleo y derechos sindicales, o Benn, al declarar p煤blica la propiedad del petr贸leo del Mar del Norte, se vio aplastada por las repercusiones de esas agresiones al nivel de vida del n煤cleo de apoyo del laborismo, que desencaden贸 a su vez las huelgas del “invierno del descontento” de los trabajadores de bajos salarios del sector p煤blico en los primeros meses de 1979.

Tambi茅n abrieron camino a la elecci贸n de Margaret Thatcher, y a la determinaci贸n de impedir la repetici贸n de esa locura autodestructiva sometiendo a sus dirigentes a una mayor rendici贸n de cuentas. Eso llev贸 a su vez a una amarga lucha interna entre una izquierda y una derecha en todo divididas, desde la relaci贸n con los Estados Unidos y el ingreso en el Mercado Com煤n Europeo al desarme nuclear unilateral, la propiedad p煤blica y la pol铆tica de rentas.

Foot fue por naturaleza incapaz de salvar la divisi贸n, y se convirti贸 en efecto en prisionero del ala derecha dominante en el laborismo, al que demostr贸 una lealtad nunca correspondida. Y el programa de 1983 del Partido era ciertamente incoherente y excesivamente ambicioso, aunque su programa central de inversi贸n p煤blica, ahorro energ茅tico, nacionalizaci贸n de la banca irresponsable, control m谩s estricto del pr茅stamo, regulaci贸n empresarial, creaci贸n de empleo y formaci贸n y cancelaci贸n del programa Trident [de misiles nucleares para submarinos] suena dif铆cilmente reprochable en el contexto de 2010. [8]

Pero no fue el manifiesto, ni siquiera Foot mismo, lo que dio al laborismo sus peores resultados electorales desde 1931. Hubo otros dos factores bastante m谩s importantes. El primero fue la guerra de las Malvinas, que transform贸 los sondeos de voto sobre Thatcher en una oleada de patrioterismo (guerra a la que Foot prest贸 un apoyo rotundo y poco juicioso). El segundo fue el cisma del laborismo y la ruptura de parte de su liderazgo para formar el Partido Social Dem贸crata (SPD), tan agasajado por los medios, que dividi贸 el voto anticonservador y mantuvo en el poder durante el resto de la d茅cada a la primera ministra socialmente m谩s destructiva de la postguerra.

Contrariamente a la impresi贸n que a menudo se da, la izquierda nunca ha tenido el control del Partido Laborista, ni siquiera con George Lansbury [9] en la d茅cada de 1930 o Foot en la de 1980, aunque su influencia fuera bastante mayor que hoy. Foot tipificaba de diversas maneras las debilidades tradicionales de la izquierda: su falta de enraizamiento en la base social del partido, su renuencia a centrarse en los verdaderos centros de poder en la sociedad y su preferencia por adoptar posturas morales 鈥搕ales como el unilateralismo鈥 por encima de programas y alianzas聽 estrat茅gicas.

Pero insistir, como han hecho durante m谩s de dos d茅cadas los propagandistas del Nuevo Laborismo y sus precursores, en que la experiencia de Foot demuestra que ning煤n partido puede resultar elegido sobre una base program谩tica inequ铆vocamente de centroizquierda, es claramente absurdo. Thatcher aleg贸 que el Nuevo Laborismo hab铆a sido su mayor logro, pero los acontecimientos ya han llevado al gobierno de Gordon Brown a adoptar medidas socialdem贸cratas etiquetadas de extremas a principios de los a帽os 80. La magnitud de la incesante crisis econ贸mica da a entender que habr谩 que llevar a煤n m谩s all谩 el orden del d铆a, sea cual sea el resultado de las elecciones.

NOTAS T.: [1] Distrito londinense, conocido por sus parques y jardines, en el que viv铆a Foot. Recu茅rdese que Marx sol铆a hacer picnic all铆 con su familia los domingos y que se encuentra enterrado en el cercano cementerio de Highgate. [2] El “Cenotaph” es el monumento a los ca铆dos inaugurado tras la I Guerra Mundial y en el que todos los 11 de noviembre, fecha del armisticio de 1918 y Remembrance Day, se celebra una ceremonia de homenaje a la que acuden, entre otros, todos los l铆deres parlamentarios y la familia real. En la ceremonia de 1981, Foot vest铆a una trenca que, aunque elogiada por la Reina Madre, fue objeto de la irrisi贸n de la prensa de derechas y forma parte de su leyenda pol铆tica. [3] Junto a su mujer, Jill Craigie, recordada feminista y autora de documentales, Foot visit贸 Yugoslavia durante los a帽os 90 y particip贸 en la realizaci贸n de una pel铆cula sobre la ciudad costera de Dubrovnik, bombardeada por la marina federal yugoslava. [4] Harry Pollitt (1890-1960), fue secretario general del Partido Comunista de la Gran Breta帽a entre 1929 y 1959, salvo un breve periodo entre 1939 y 1941, cuando apoy贸 la declaraci贸n de guerra brit谩nica contra Alemania, en contra de la l铆nea marcada por el pacto nazi-sovi茅tico. Por lo dem谩s, si Orwell fue el emblema del antiestalinismo pol铆tico e intelectual, Polliitt fue tan antifascista como estalinista, defendiendo los Procesos de Mosc煤 como “un nuevo triunfo en la historia del progreso”.聽 [5] Semanario laborista fundado en 1937 por Stafford Cripps, en el que Foot colabor贸 desde su fundaci贸n y que lleg贸 a dirigir entre 1948 y 1952, y despu茅s entre 1955 y 1960.聽 [6] En 1940, junto a otros dos periodistas de la cadena de Lord Beaverbrook, Frank Owen , director del Evening Standard, y Peter Howard, del Daily Express, Foot escribi贸 en un fin de semana un libro titulado Guilty Men [Hombres culpables] en el que con el pseud贸nimo de “Cato” [Cat贸n] denunciaba la pol铆tica de apaciguamiento del gobierno Chamberlain. Aunque las librer铆as se negaron a distribuirlo, se vendieron m谩s de 200.000 ejemplares. [7] Por ende, Foot se distingui贸 siempre por su oposici贸n al franquismo. Prueba de ello es su viaje clandestino a Espa帽a en 1973 y su expulsi贸n del pa铆s por la Polic铆a Armada. [8] Larry Elliott comenta al respecto: “En el verano de 1983, Gerald Kaufman [diputado de la derecha laborista] lo denomin贸 “la nota de suicidio m谩s larga de la historia”. En el oto帽o de 2008 se convirti贸 en la nueva ortodoxia”. “Despu茅s de que la ca铆da de Lehman Brothers sacudiera al sistema financiero global, Gordon Brown se dio cuenta de que algunas de las ideas por las que Michael Foot hab铆a luchado en la fat铆dica campa帽a de 1983 no eran tan tontas despu茅s de todo. 驴Gran programa de expansi贸n para sacar a Gran Breta帽a de la recesi贸n? Veamos. 驴Programa a pagar aumentando la petici贸n de pr茅stamos? Veamos. 驴Mayor control del Estado sobre la City? Veamos”.聽 “Y si Foot amenazaba con hacer de la banca propiedad p煤blica si se negaba a coperar en la creaci贸n de un banco nacioinal de inversi贸n, Brown ha llegado de hecho a nacionalizar un banco, Northern Rock, y mantiene una importante participaci贸n en el RBS [Royal Bank of Scotland] y Lloyds”. [9] George Lansbury (1859-1940), fue diputado de los Comunes entre 1910 y 1912, y 1922 y 1940, y l铆der del Partido Laborista entre 1932 y 1935.

Seumas Milne es un analista pol铆tico brit谩nico que escribe en el diario The Guardian. Tambi茅n trabaj贸 para The Economist. Es coautor de Beyond the Casino Economy.

Traducci贸n para www.sinpermiso.info: Lucas Ant贸n

The Guardian, 3 marzo 2010

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Marzo 8th, 2010 at 8:02 am

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Socialdemocracia, fin de ciclo, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Marzo 2010. Numero 173)

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Las ideas tambi茅n mueren. El cementerio de los partidos pol铆ticos rebosa de tumbas en donde yacen los restos de organizaciones que otrora desataron pasiones, movieron a multitudes y hoy son pasto del olvido. 驴Qui茅n se acuerda en Europa, por ejemplo, del Radicalismo? Una de las fuerzas pol铆ticas (de centro-izquierda) m谩s importantes de la segunda mitad del siglo XIX, que los vientos de la historia se llevaron… 驴Qu茅 fue del Anarquismo? 驴O del Comunismo estaliniano? 驴Qu茅 se hicieron aquellos formidables movimientos populares capaces de movilizar a millones de campesinos y obreros? 驴Qu茅 fueron sino devaneos? (1)

Por sus propios abandonos, abjuraciones y renuncias, a la socialdemocracia europea le toca hoy verse arrastrada hacia el sepulcro… Su ciclo de vida parece acabarse. Y lo m谩s incomprensible es que semejante perspectiva se produce en el momento en que el capitalismo ultraliberal atraviesa uno de sus peores momentos.

驴Por qu茅 la socialdemocracia se muere, cuando el ultraliberalismo se halla en plena crisis? Sin duda porque, frente a tantas urgencias sociales, no ha sabido generar entusiasmo popular. Navega a tientas, sin br煤jula y sin teor铆a; da la impresi贸n de estar averiada, con un aparato dirigente enclenque, sin organizaci贸n ni ideario, sin doctrina ni orientaci贸n… Y sobre todo sin identidad: era una organizaci贸n que deb铆a hacer la revoluci贸n, y ha renegado de ese empe帽o; era un partido obrero, y hoy lo es de las clases medias urbanas acomodadas.

Las recientes elecciones han demostrado que la socialdemocracia europea ya no sabe dirigirse a los millones de electores v铆ctimas de las brutalidades del mundo postindustrial engendrado por la globalizaci贸n. Esas multitudes de obreros desechables, de neo-pobres de los suburbios, de mileuristas , de excluidos, de jubilados en plena edad activa, de j贸venes precarizados , de familias de clase media amenazadas por la miseria. Capas populares damnificadas por el shock neoliberal… Y para las cuales, la socialdemocracia no parece disponer de discurso ni de remedios.

Los resultados de las elecciones europeas de junio de 2009 demostraron su descalabro actual. La mayor铆a de los partidos de esa familia en el poder retrocedieron. Y los partidos en la oposici贸n tambi茅n recularon, particularmente en Francia y en Finlandia.

No supieron convencer de su capacidad para responder a los desaf铆os econ贸micos y sociales planteados por el desastre del capitalismo financiero. Si faltaba un indicio para demostrar que los socialistas europeos son incapaces de proponer una pol铆tica diferente de la que domina en el seno de la Uni贸n Europea, esa prueba la dieron Gordon Brown y Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero cuando apoyaron la bochornosa elecci贸n a la Presidencia de la Comisi贸n Europea del ultraliberal Jos茅 Manuel Dura玫 Barroso, el cuarto hombre de la Cumbre de las Azores…

En 2002, los socialdem贸cratas gobernaban en quince pa铆ses de la Uni贸n Europea. Hoy, a pesar de que la crisis financiera ha demostrado el impasse moral, social y ecol贸gico del ultraliberalismo, ya s贸lo gobiernan en cinco Estados (Espa帽a, Grecia, Hungr铆a, Portugal y Reino Unido). No han sabido sacar provecho del descalabro neoliberal. Y los Gobiernos de tres de esos pa铆ses -Espa帽a, Grecia y Portugal, atacados por los mercados financieros y afectados por la “crisis de la deuda”- se hundir谩n en un descr茅dito e impopularidad a煤n mayores cuando empiecen a aplicar, con mano de hierro, los programas de austeridad y las pol铆ticas antipopulares exigidas por la l贸gica de la Uni贸n Europea y sus principales cancerberos.

Repudiar sus propios fundamentos se ha vuelto habitual. Hace tiempo que la socialdemocracia europea decidi贸 alentar las privatizaciones, estimular la reducci贸n de los presupuestos del Estado a costa de los ciudadanos, tolerar las desigualdades, promover la prolongaci贸n de la edad de jubilaci贸n, practicar el desmantelamiento del sector p煤blico, a la vez que espoleaba las concentraciones y las fusiones de mega-empresas y que mimaba a los bancos. Lleva a帽os aceptando, sin gran remordimiento, convertirse al social-liberalismo. Ha dejado de considerar como prioritarios algunos de los objetivos que formaban parte de su ADN ideol贸gico. Por ejemplo: el pleno empleo, la defensa de las ventajas sociales adquiridas, el desarrollo de los servicios p煤blicos o la erradicaci贸n de la miseria.

A finales del siglo XIX y hasta los a帽os 1930, cada vez que el capitalismo dio un salto transformador, los socialdem贸cratas, casi siempre apoyados por las izquierdas y los sindicatos, aportaron respuestas originales y progresistas: sufragio universal, ense帽anza gratuita para todos, derecho a un empleo, seguridad social, nacionalizaciones, Estado social, Estado de Bienestar… Esa imaginaci贸n pol铆tica parece hoy agotada.

La socialdemocracia europea carece de nueva utop铆a social. En la mente de muchos de sus electores, hasta en los m谩s modestos, el consumismo triunfa, as铆 como el deseo de enriquecerse, de divertirse, de zambullirse en las abundancias, de ser feliz sin mala conciencia… Frente a ese hedonismo dominante, machacado en permanencia por la publicidad y los medios masivos de manipulaci贸n, los dirigentes socialdem贸cratas ya no se atreven a ir a contracorriente. Llegan incluso a convencerse de que no son los capitalistas los que se enriquecen con el esfuerzo de los proletarios, sino los pobres quienes se aprovechan de los impuestos pagados por los ricos… Piensan, como lo afirma el fil贸sofo italiano Raffaele Simone, que “el socialismo s贸lo es posible cuando la desgracia sobrepasa en exceso a la dicha, cuando el sufrimiento rebasa con mucho el placer, y cuando el caos triunfa sobre las estructuras” (2).

Por eso quiz谩, y en contraste, est谩 renaciendo hoy con tanta pujanza y tanta creatividad, un nuevo socialismo del siglo XXI en algunos pa铆ses de Am茅rica del Sur (Bolivia, Ecuador, Venezuela). Mientras en Europa, a la socialdemocracia le llega su fin de ciclo.

Notas:

(1) Jorge Manrique, “Coplas a la muerte de su padre” (1477).

(2) Raffaele Simone, “Les socialistes proposent toujours le sacrifice”, en Philosophie Magazine , n掳 36, febrero de 2010, Par铆s.

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Marzo 3rd, 2010 at 8:09 am

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D茅ficit presupuestario e internacionalizaci贸n del capital en la teor铆a marxista, de Ernest Mandel en SinPermiso

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Hemos traducido este texto que Ernest Mandel, uno de los economistas marxistas m谩s importante de la segunda mitad del siglo XX, public贸 en el peri贸dico de la secci贸n belga de la IV Internacional, La Gauche, en su n煤mero n掳14, el 12 de agosto de 1992, tres a帽os antes de su muerte. Un art铆culo que, pasados ya casi 20 a帽os, mantiene una incre铆ble actualidad.

芦Para que el d茅ficit presupuestario no genere inflaci贸n antes de que se alcance el pleno empleo, es necesario que los impuestos directos aumenten en la misma proporci贸n que las rentas. Pero la burgues铆a prefiere suscribir deuda p煤blica a pagar impuestos: la deuda paga dividendos, los impuestos no. El fraude fiscal es un fen贸meno generalizado en la sociedad burguesa del siglo XX. Por ello, el d茅ficit presupuestario va acompa帽ado pr谩cticamente siempre de un crecimiento de la deuda p煤blica.禄

芦Ante el ascenso de las multinacionales, el estado-naci贸n ha dejado de ser un instrumento econ贸mico adecuado para la burgues铆a. Pero sigue necesit谩ndolo para auto-defenderse. Necesita al estado para defender sus intereses particulares frente a los competidores extranjeros. Necesita el estado para amortiguar los choques de las crisis econ贸micas y sociales. Necesita el estado para reprimir en caso de crisis socio-econ贸micas explosivas. En la medida en que el estado naci贸n le es menos 煤til, tiende a sustituirlo por instituciones supranacionales. Pero para que estas adquieran funciones comparables a las estatales, hay que superar importantes obst谩culos pol铆ticos, culturales, ideol贸gicos. Y acaba siendo mucho m谩s complicado que lo previsto inicialmente.禄

芦Ante la internacionalizaci贸n creciente del capital y del poder de las multinacionales no hay m谩s que dos estrategias posibles para los asalariados y los activistas de los nuevos movimientos sociales. La primera es la de la colaboraci贸n de clases con su propia burgues铆a, contra los “alemanes”, los “brit谩nicos”, los “espa帽oles” o los “japoneses”, en una alianza de patrones y trabajadores. Esta estrategia no solo es reaccionaria ideol贸gicamente, sino que nutre el chovinismo, el ego铆smo a corto plazo, la xenofobia o el racismo. Es tambi茅n una estrategia del avestruz. Como las multinacionales siempre encontrar谩n un pa铆s en el que los salarios sean m谩s bajos, las condiciones de trabajo m谩s duras, las libertades democr谩ticas m谩s limitadas, adoptar esa estrategia es sumirse en una espiral de salarios, condiciones de trabajo o libertades democr谩ticas cada vez peores. Es luchar por una “igualaci贸n a la baja”.禄

Fue el economista brit谩nico John Maynard Keynes qui茅n puso en primer plano la utilizaci贸n del d茅ficit presupuestario como instrumento para combatir la crisis econ贸mica y el paro. Una idea que ha sido parcialmente recuperada por el movimiento obrero organizado en numerosos pa铆ses para relanzar la econom铆a a trav茅s de un incremento significativo del gasto en obras p煤blicas. Ese fue el caso en los a帽os treinta en B茅lgica del Plan de Trabajo del Partido Obrero belga.

Desde el punto de vista te贸rico, aumentar la demanda global (el poder de compra globalmente disponible) en un pa铆s dado facilita la recuperaci贸n econ贸mica en tanto haya disponible capacidad de producci贸n no utilizada: trabajadores en paro, reservas de materias primas, maquinaria que no se utiliza a tiempo completo, etc. Estos recursos no utilizados son de alguna forma movilizados por el poder de compra suplementario que resulta del d茅ficit presupuestario. Mientras que esas reservas no se agoten, el d茅ficit presupuestario no tiene por qu茅 desembocar inevitablemente en inflaci贸n.

Pero hay un pero. Para que el d茅ficit presupuestario no genere inflaci贸n antes de que se alcance el pleno empleo, es necesario que los impuestos directos aumenten en la misma proporci贸n que las rentas. Pero la burgues铆a prefiere suscribir deuda p煤blica a pagar impuestos: la deuda paga dividendos, los impuestos no. El fraude fiscal es un fen贸meno generalizado en la sociedad burguesa del siglo XX. Por ello, el d茅ficit presupuestario va acompa帽ado pr谩cticamente siempre de un crecimiento de la deuda p煤blica.

El servicio de dicha deuda supone un peso cada vez mayor del gasto p煤blico. Tiende a hacer crecer el d茅ficit presupuestario sin ning煤n efecto positivo sobre el empleo. Por el contrario: como los asalariados y las asalariadas pagan sus impuestos antes de recibir su paga, retenidos de la n贸mina, el crecimiento de la deuda p煤blica implica una redistribuci贸n de la renta nacional a expensas de los asalariados y en beneficio de la burgues铆a.

Keynes lo admit铆a no sin cierto cinismo. En su opini贸n, los asalariados y los sindicatos ser铆an m谩s sensibles a una reducci贸n de los salarios nominales y de las prestaciones de la seguridad social que a una reducci贸n efectiva de los salarios reales netos, acompa帽ada de una subida de los salarios nominales (una visi贸n que ha sido puesta en cuesti贸n en los 煤ltimos decenios). Pero 驴el crecimiento de las rentas de los capitalistas no estimula las inversiones y, por lo tanto, el empleo? Esta es la tesis de los defensores de la recuperaci贸n a trav茅s de las “pol铆ticas de oferta”, adversarios de Keynes en los a帽os treinta y que han tenido una gran influencia sobre Reagan y la Sra. Thatcher.

De nuevo, no existen “automatismos”

Los argumentos de Keynes a este respecto son convincentes. Los capitalistas no est谩n obligados a reinvertir sus beneficios suplementarios en la producci贸n. Pueden optar por atesorarlos o utilizarlos con fines estrictamente especulativos. Pero cuando los invierten puede ser como inversiones de racionalizaci贸n que supriman empleos en vez de crearlos.

Los capitalistas no trabajan para el “inter茅s general”. Lo que buscan es aumentar al m谩ximo sus beneficios. Esa conducta es la que acaba por provocar el crecimiento peri贸dico del paro y las crisis econ贸micas m谩s o menos largas. En el curso de estas crisis, el volumen y la tasa de ganancias caen. La restauraci贸n de la tasa de ganancias es una prioridad absoluta para la burgues铆a. El aumento de la tasa de explotaci贸n de los asalariados 鈥揺n t茅rminos marxistas, la tasa de plusval铆a鈭 es el medio que utiliza para ello. La pol铆tica de austeridad se convierte en su programa. La deflaci贸n “monetarista” y la inflaci贸n keynesiana no son sino dos variantes de esta misma orientaci贸n fundamental.

Un balance hist贸rico incontrovertible

El balance hist贸rico de la pol铆tica keynesiana es bastante evidente. La experiencia m谩s prometedora, el New Deal de Roosevelt, se sald贸 en un fracaso vergonzante. A pesar del crecimiento del gasto p煤blico, acab贸 desembocando en la crisis de 1938, con m谩s de diez millones de parados en Estados Unidos. Solo la econom铆a de rearme acelerado consigui贸 acabar con el paro masivo. Se confirmo as铆 el diagnostico de Rosa Luxemburg, que identific贸 que la econom铆a de producci贸n de armamentos es el “mercado substitutivo” por excelencia de la 茅poca imperialista.

Despu茅s de 1948 fue la amplitud de los gastos en armamento en Estados Unidos lo que se convirti贸 en el motor de la expansi贸n de la econom铆a capitalista internacional en su conjunto. Fueron ellos los que sostuvieron la “onda larga expansiva” de la econom铆a capitalista, a costa de un d茅ficit presupuestario y de una inflaci贸n permanentes. El otro est铆mulo principal de la expansi贸n fue el crecimiento enorme del cr茅dito, es decir de la deuda, tanto de las grandes compa帽铆as como de los hogares mas pobres. Como hemos explicado una y otra vez, la econom铆a capitalista se ha expandido flotando sobre un mar de deuda. S贸lo la deuda en d贸lares alcanza actualmente la cifra astron贸mica de 10 billones de d贸lares, que incluye la famosa “deuda del tercer mundo” que afecta a m谩s del 50% de los habitantes del planeta, pero que no representa m谩s que el 15% del total.

Esta explosi贸n de la deuda representa igualmente un mercado de substituci贸n. Crea un poder de compra suplementario que permite amortiguar los efectos de las contradicciones internas del capitalismo. Pero esta capacidad de amortiguaci贸n es solo temporal. La hora de la verdad se retrasa, pero no indefinidamente. El endeudamiento creciente alimenta inevitablemente la inflaci贸n. A partir de un cierto umbral, en vez de estimular la expansi贸n, comienza a estrangularla. Ello precipita la conversi贸n de la “onda larga expansiva” en “onda larga depresiva”, tal y como ocurri贸 a finales de los a帽os 60 y comienzos de los 70.

Hay adem谩s algo irreal en la oposici贸n desarrollada por los dogm谩ticos del neoliberalismo entre las llamadas pol铆ticas de “oferta” y las pol铆ticas de “demanda” a trav茅s del d茅ficit presupuestario. El d茅ficit presupuestario nunca ha sido tan grande como bajo la administraci贸n del autoproclamado campe贸n del neoliberalismo, Ronald Reagan. Lo mismo se puede afirmar en buena medida de la Sra. Thatcher. Ambos han sido campeones de un neo-keynesianismo de choque, a pesar de sus profesiones de fe en sentido contrario. El verdadero debate no es sobre el tama帽o del d茅ficit presupuestario, sino en qu茅 se utiliza. 驴Que clase social o fracciones de clase se benefician?, 驴con que resultados para el conjunto de la econom铆a y de la sociedad?

En este sentido, los datos emp铆ricos son incontrovertibles. El neo-keynesianismo de Reagan y de la Sra. Thatcher, asociado a los dogmas “monetaristas” (como la estabilidad monetaria a todo precio) ha reforzado brutalmente en todos lados la ofensiva de austeridad del gran capital. Se ha reducido el gasto social y las inversiones en infraestructuras. Se han multiplicado los gastos de armamento en Estados Unidos, Gran Breta帽a y en menor medida en Jap贸n y Alemania. Han aumentado los subsidios a las empresas privadas. Ha crecido la desigualdad social. Se ha estimulado el paro, que ha pasado de 10 a 50 millones de desempleados, si no m谩s, en los pa铆ses imperialistas, y ha alcanzado, si no superado, los 500 millones de personas en el “tercer mundo”. Los efectos sociales globales han sido a煤n m谩s desastrosos. Los cursos de econom铆a del desarrollo que se imparten en todas las universidades del mundo afirman con toda la raz贸n que las inversiones m谩s productivas a largo plazo son las que tienen lugar en los sectores de la ense帽anza, la sanidad p煤blica y las infraestructuras. Pero los dogm谩ticos del neoliberalismo hacen caso omiso de esta sabidur铆a elemental cuando abordan los problemas de las finanzas p煤blicas bajo el principio del “restablecimiento del equilibrio” a cualquier precio. Cortan en primer lugar los presupuestos de ense帽anza, sanidad e infraestructuras, con efectos desastrosos a medio plazo, incluidos los que se dan sobre la productividad.

驴Quiere ello decir que los socialistas y los humanistas deben preferir el keynesianismo tradicional, que defiende las distintas variantes del “estado del bienestar”, en vez del c贸ctel envenenado de monetarismo y neo-keynesianismo que se nos quiere servir hoy? La respuesta parece ser obvia, pero debemos matizarla. El keynesianismo tradicional implica formas diversas de ejercicio y reparto del poder en el marco de la sociedad burguesa. Ello conlleva siempre diversas formas de “contrato social” y de consenso con el gran capital sobre la base de lo que es aceptable para el gran capital, es decir, de un “consenso” unilateral (socialismo de gesti贸n). A ello oponemos la prioridad absoluta de la defensa de los intereses inmediatos de los asalariados y de los objetivos v谩lidos de los “nuevos movimientos sociales” (ecologistas, feministas, pacifistas, de solidaridad con el tercer mundo). Ello exige mantener o recuperar la independencia pol铆tica de la clase de los asalariados y asalariadas. Por otra parte, el keynesianismo tradicional como mal menor en relaci贸n con las pol铆ticas deflacionistas s贸lo tiene sentido si produce una reducci贸n r谩pida y radical del paro. Porque en las condiciones actuales, el neo-keynesianismo lleva a un crecimiento del paro y de la marginaci贸n de sectores cada vez mayores de la poblaci贸n. No supone ning煤n freno al objetivo de la burgues铆a de una “sociedad dual”, a la divisi贸n institucional de la clase asalariada, a la degradaci贸n y desmoralizaci贸n creciente de sectores de las clases trabajadoras. Mediante la despolitizaci贸n y la desesperanza se crea as铆 el caldo de cultivo para el crecimiento de la extrema derecha neo-fascista.

El peso de las multinacionales

El capitalismo tard铆o se caracteriza por otra parte por una concentraci贸n y centralizaci贸n internacional del capital sin comparaci贸n con el pasado. Las compa帽铆as multinacionales se han convertido en la principal forma de organizaci贸n del gran capital. Menos de 700 empresas dominan la mayor parte del mercado mundial. Ante las todo poderosas multinacionales, los estados-naci贸n tradicionales son cada vez m谩s incapaces de aplicar en los hechos una pol铆tica econ贸mica coherente y eficaz. Es cierto que las multinacionales no son la 煤nica forma que adoptan las grandes empresas. A su lado subsisten grandes empresas sectoriales esencialmente “nacionales”, adem谩s de empresas p煤blicas y mixtas de todo tipo y diferentes en cada pa铆s. El papel econ贸mico del estado-naci贸n no se ha reducido, por lo tanto, a cero. Pero hay que reconocer que esta es la tendencia fundamental a largo plazo, es decir, un declive gradual (ni inmediato, ni total) de la eficacia del intervencionismo econ贸mico del estado nacional. La ofensiva ideol贸gica del neoliberalismo es en gran medida el producto y no la causa de esta evoluci贸n.

Ante el ascenso de las multinacionales, el estado-naci贸n ha dejado de ser un instrumento econ贸mico adecuado para la burgues铆a. Pero sigue necesit谩ndolo para auto-defenderse. Necesita al estado para defender sus intereses particulares frente a los competidores extranjeros. Necesita el estado para amortiguar los choques de las crisis econ贸micas y sociales. Necesita el estado para reprimir en caso de crisis socio-econ贸micas explosivas. En la medida en que el estado naci贸n le es menos 煤til, tiende a sustituirlo por instituciones supranacionales. Pero para que estas adquieran funciones comparables a las estatales, hay que superar importantes obst谩culos pol铆ticos, culturales, ideol贸gicos. Y acaba siendo mucho m谩s complicado que lo previsto inicialmente.

De la misma manera, la unificaci贸n de la Europa capitalista sigue arrastr谩ndose entre una vaga confederaci贸n de estados soberanos (una zona de libre cambio), y una federaci贸n europea de car谩cter realmente estatal, con una moneda com煤n, un banco central com煤n, una pol铆tica industrial y agr铆cola com煤n, un ejercito y una polic铆a comunes, todos ellos representados por un aut茅ntico gobierno com煤n. Las instituciones surgidas del acta 煤nica o de los Acuerdos de Maastricht reflejan bien ese car谩cter h铆brido. Se trata de instituciones pre-estatales, semi-estatales, que no son realmente estatales. El aut茅ntico poder sigue en manos del consejo de ministros, es decir de los doce gobiernos asociados. Las transferencias reales de soberan铆a son muy limitadas. La disparidad de las realidades nacionales sigue pesando mucho.

Ni repliegue proteccionista ni euforia europe铆sta

Los Acuerdos de Maastricht imponen a los estados que participan de pleno derecho en la Europa unida una reducci贸n del d茅ficit presupuestario del 3% del PIB para mantener la estabilidad monetaria. Pocos estados alcanzar谩n este objetivo en 1996, en 1997 o 1998. 驴Se avanzar谩 a una Europa a cinco (Alemania, Francia, Benelux)? Todo el mecanismo parece gripado. Hay que a帽adir adem谩s una bomba retardada: los efectos a medio plazo de la llamada “estabilizaci贸n presupuestaria” sobre la coyuntura econ贸mica y especialmente sobre el empleo. Seg煤n una nota confidencial de la OCDE, dichos efectos ser谩n muy negativos. Solo el hecho de que Maastricht implique un reforzamiento de la pol铆tica de austeridad es motivo m谩s que suficiente para que el movimiento obrero y la izquierda alternativa rechacen dichos acuerdos.

Pero no hay que enga帽arse. En realidad, con la excusa del “rigor presupuestario”, Maastricht no es m谩s que una pol铆tica dura de austeridad con la que se han comprometido todos los gobiernos. Es a esa pol铆tica de austeridad a la que hay que enfrentarse, m谩s all谩 de los acuerdos de Maastricht. Es decir, la oposici贸n a Maastricht no debe adoptar la forma de un repliegue proteccionista y nacionalista.

Una estrategia de ese tipo ser铆a una p茅rdida de tiempo, porque nos volver铆a a confrontar con las pol铆ticas de austeridad. Incluso proporcionar铆a una “justificaci贸n” ideol贸gica adicional: la defensa de la soberan铆a nacional. 驴No ha sido as铆 como la direcci贸n del Partido Socialista belga, los Martens o Dehaene han abrazado las pol铆ticas de austeridad para defender la “competitividad nacional” o “nuestra” industria?

Ante la internacionalizaci贸n creciente del capital y del poder de las multinacionales no hay m谩s que dos estrategias posibles para los asalariados y los activistas de los nuevos movimientos sociales. La primera es la de la colaboraci贸n de clases con su propia burgues铆a, contra los “alemanes”, los “brit谩nicos”, los “espa帽oles” o los “japoneses”, en una alianza de patrones y trabajadores. Esta estrategia no solo es reaccionaria ideol贸gicamente, sino que nutre el chovinismo, el ego铆smo a corto plazo, la xenofobia o el racismo. Es tambi茅n una estrategia del avestruz. Como las multinacionales siempre encontrar谩n un pa铆s en el que los salarios sean m谩s bajos, las condiciones de trabajo m谩s duras, las libertades democr谩ticas m谩s limitadas, adoptar esa estrategia es sumirse en una espiral de salarios, condiciones de trabajo o libertades democr谩ticas cada vez peores. Es luchar por una “igualaci贸n a la baja”.

La segunda estrategia es la 煤nica eficaz, la de la unidad y colaboraci贸n de los asalariados de todos los pa铆ses y de sus aliados contra los patronos de todos los pa铆ses, con el objetivo de mantener todas las conquistas sociales y de elevar progresivamente los salarios, la seguridad social, las condiciones de trabajo de los asalariados de los pa铆ses m谩s desfavorecidos en relaci贸n con los pa铆ses con mayores conquistas. Es la l贸gica de la “igualaci贸n por lo alto”.

Coordinar la respuesta internacional

Es verdad que en el seno de las instituciones europeas, hay matices que enfrentan a las fuerzas del “centro-izquierda” con las del “centro-derecha”. Los debates en relaci贸n con la “carta social europea” dan testimonio de estas diferencias. Por ello, no defendemos la pol铆tica de cuanto peor, mejor. Pero no tenemos m谩s remedio que constatar que ambos defienden la pol铆tica de austeridad.

No nos oponemos por lo tanto a la Europa de Maastricht y las multinacionales en nombre de una prioridad de acci贸n pol铆tica en el marco del estado-naci贸n. Nuestro objetivo a largo plazo son los Estados Unidos Socialistas de Europa, en la v铆a de la Federaci贸n Socialista Mundial, 煤nico marco adecuado para resolver los acuciantes problemas de la Humanidad.

Apoyamos todas las iniciativas que favorecen la toma de conciencia de la necesidad de una acci贸n com煤n de los asalariados en el terreno pol铆tico a escala europea. Por ello estamos a favor de todo aquello que ayude a una protecci贸n com煤n de los asalariados a escala europea, sobre todo de los m谩s desfavorecidos.

Sabemos que no se crear谩n a corto y medio plazo los Estados Unidos Socialistas de Europa, dada la correlaci贸n de fuerzas existente. Por ello damos la m谩xima prioridad a la defensa intransigente de los intereses inmediatos, econ贸micos y pol铆ticos de las masas, tanto a nivel europeo como nacional.

La prioridad es la acci贸n de masas extra-parlamentaria. Esta prioridad no supone rechazar ninguna iniciativa parlamentaria o legislativa en los Parlamentos nacionales o en su suced谩neo europeo. Implica al mismo tiempo una dimensi贸n moral decisiva: la recuperaci贸n por parte del movimiento obrero, de los asalariados y sus aliados, del principio de la solidaridad, que expresa de forma tan admirable la consigna del sindicalismo americano: “un ataque a uno es un ataque contra todos”.

Ernest Mandel (1923-1995), economista marxista belga, fue autor de obras fundamentales como el Tratado de Econom铆a Marxista (1962), El Capitalismo Tard铆o (1972) y Las Ondas Largas del Desarrollo Capitalista (1978 y 1995). Como dirigente de la IV Internacional fue autor de numerosos libros de an谩lisis y cr铆tica pol铆tica.

Traducci贸n para www.sinpermiso.info: G. Buster

www.sinpermiso.info, 28 febrero 2010

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Marzo 1st, 2010 at 8:02 am

Se les ha pasado el arroz, de Gregorio Mor谩n en La Vanguardia

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SABATINAS INTEMPESTIVAS

Hemos cambiado mucho. Cre铆amos que la aportaci贸n catalana a la pol铆tica espa帽ola consist铆a en dotarla de seriedad y pragmatismo, porque el pragmatismo cre铆amos que era otro componente de la dieta mediterr谩nea. Hasta que alguien propuso organizar unos Juegos Ol铆mpicos de nieve. Cre铆amos que 茅ramos los reyes del pacto, que incluso cuando los ni帽os le铆an En Patufet, sub铆an a Montserrat y cantaban Al vent, ya alimentaban las semillas del consenso. La izquierda catalana era massa; m谩s que mucho, demasiado. Era transversal incluso antes de que se inventara la palabra. En caso de dudas, el maestro Vicens Vives nos instruy贸 en las artes hist贸ricas del seny y de la rauxa, que ven铆a a ser como el yin y el yang de los alternativos.

Hasta que el otro d铆a lleg贸 un ingl茅s y nos sac贸 los colores; ellos, tan envarados con la historia, herederos de Gibbon y el gran Toynbee, y nosotros tan sensibles a lo nuestro que nos cre铆amos, de puro autocr铆ticos, flagelantes. Habl贸 John H. Elliot y nos dej贸 helados. 隆Salve, que casi no se enter贸 nadie!

Si alguien me preguntara cu谩l fue la mayor tara que dej贸 el franquismo en Catalunya, yo dir铆a que fue el cultivo y fermentaci贸n del t贸pico. Porque es verdad que los t贸picos, como los estereotipos, sirven para defenderse, son protectores como las vacunas, aunque tienen el inconveniente de durar mucho m谩s que la enfermedad que pretenden evitar.

Y sobre todo, son recurrentes. Cuando creemos que sus efectos han terminado, vuelven, y cuando lo hacen no siempre es verdad que se atengan al principio de Marx el Viejo, no se repiten como parodia sino como amenaza.

Lo peligroso de situaciones como las que estamos viviendo no es volver a la mediocridad y violencia del tiempo pasado sino preguntarnos si no nos enga帽amos al creer que las hab铆amos superado. Si me preguntaran en estos 煤ltimos d铆as de acontecimientos embarazosos qu茅 es lo que m谩s me ha conmovido, yo no dir铆a que es el trampantojo del tripartito, ni el debate parlamentario en las Cortes, sino la respuesta de un treinta帽ero medi谩tico cuando le preguntaron por su orientaci贸n pol铆tica. Respondi贸 escuetamente: “catal谩n”.

隆Toma ya! Cuando los que ascienden por la cuca帽a parodian al Camb贸 de 1931, y todo sea dicho, sin tener ni idea del precedente, eso constituye algo parecido a una amenaza. Mala cosa cuando los j贸venes simulan ser viejos resabiados que alimentan las querencias de la parroquia. Estos chicos han salido reaccionarios, cuando nosotros, a lo m谩s que hab铆amos llegado, es a ser conservadores. Imag铆nense si a los treinta帽eros de la meseta, es un decir, se les ocurre responder a la sencilla pregunta pol铆tica, “驴d贸nde te sit煤as, majo?”, con un “yo espa帽ol a secas, caballero”. Recuerdo una escena del 77 que entonces no me impresion贸 nada pero que luego he ido actualizando. Si la memoria no me falla me la cont贸 Escubi. Para quien no est谩 al tanto de las historias vascas, Jos茅 Mar铆a Escubi Larrea fue una leyenda de los primeros a帽os de ETA antifranquista. Cuando volvi贸 a Euskadi en 1977 se encontr贸 con uno de esos viejos amigos que se tienen, buena gente, de los que guardaron su valor discretamente hasta que pudieron no arriesgarlo. Escubi se interes贸 por la izquierda vasca, pero como el otro no hac铆a m谩s que repetirle la misma pregunta -驴eres abertzale, o eres espa帽olista?-, acab贸 mand谩ndole literalmente a tomar por el culo. Pues bien, si cuento esto es porque lo que parec铆a imposible, que alguien te hiciera una pregunta similar en Catalunya, empieza a ser plausible. A m铆, sin ir m谩s lejos, me ha ocurrido por primera vez.

Si hay un reproche que hacer a la clase pol铆tica catalana en su conjunto es el de haber invertido los t茅rminos del debate. Aqu铆 se ha ido de m谩s a menos. Pocas clases pol铆ticas pueden jactarse, como la catalana, del prestigio que goz贸 durante la transici贸n e incluso antes, algo ins贸lito en toda Espa帽a, incluido Euskadi, por supuesto. El prestigio de su clase pol铆tica, incluso el respeto, fue una singularidad catalana que implicaba muy espec铆ficamente a su izquierda. 驴Cu谩ndo se les pas贸 el arroz? Ni la mente del derechista m谩s retorcido ser铆a capaz de imaginar c贸mo fue meti茅ndose ella sola, con su solo impulso, sin necesidad de empujarla mucho, en un laberinto con apenas dos salidas: el aislamiento y la poza s茅ptica. El aislamiento lo define la reducci贸n de su base social, y la poza s茅ptica, la corrupci贸n institucional y transversal, es decir, la mierda. Hay un amplio muestrario, desde el F貌rum aquel de las Culturas hasta el Palau, con parada y fonda en Santa Coloma.

A m铆 como ciudadano no me angustia que la preocupaci贸n m谩s llamativa del gobierno de la Generalitat haya sido la invenci贸n de un nuevo Estatut que ha reducido a煤n m谩s la base de sustentaci贸n de la clase pol铆tica catalana. Tampoco que proh铆ban los toros y bendigan los correbous, que por lo dem谩s es una forma de hacer pol铆tica que se llama desverg眉enza o cacicada. Ni siquiera que haya quien va por las calles denunciando a los tenderos que no tienen los r贸tulos en catal谩n, aunque me parezca una ocurrencia fascistoide, porque no olvidemos que la caracter铆stica m谩s llamativa de los fascismos no fueron las partidas de la porra sino las legislaciones represoras. Y tampoco me inquieta, aunque me produzca cierta perplejidad, la obligatoriedad de que los funcionarios respondan s贸lo en catal谩n a quien les aborde en cualquier otra lengua, porque me parece legislar la groser铆a urbana y ser谩 fuente de la misma mala hostia que durante d茅cadas acumul贸 quien iba a preguntar algo en catal谩n y dec铆an que no le entend铆an. En el fondo, lo confieso ingenuamente, siempre pens茅 que los gobiernos estaban para resolver problemas, no para crearlos. Pero hemos vivido tiempos peores y no han conseguido echarnos de donde la voluntad nos ha tra铆do.

Por eso, que el conseller Maragall descubra ahora que no saben ad贸nde van y que luego asegure que s铆, me parece tan pat茅tico como las audacias verbales del conseller Castells, responsable de la econom铆a catalana desde hace algunos a帽os, que por cierto va de puta pena, por decirlo con palabras nada alarmistas. A m铆, que todos ellos hagan de su capa un sayo no me abruma y s贸lo me produce rubor que ahora, que se han prohibido las corridas y los aficionados han de ir a Perpi帽谩n y alrededores, resulta que el president Montilla ejerza de don Tancredo; curiosa figura del mundo de la tauromaquia que consist铆a en ponerse delante del animal, tieso y callado. (Ni soy protaurino ni antitaurino; fui una vez y no entend铆 nada, pero jam谩s se me ocurri贸 pensar que tuviera un d铆a que tomar posici贸n sobre asunto tan trascendente). A m铆 todo eso no me inquieta. Lo que me deja estupefacto es que lo haga la izquierda, y anuncie su suicidio con fondo de sardanas y barretinas. “隆Endavant, Montilla!”. Todo eso lo hace mejor, y con mayor sentido, la derecha. O as铆 pensaba yo cuando era m谩s joven. Hemos cambiado tanto.

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Febrero 20th, 2010 at 8:11 am

驴Una Grobe Koalition hisp谩nica?, de Salvador L贸pez Arnal en Rebeli贸n

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Crisis, acuerdos y movimientos pol铆tico-sindicales e institucionales

Trasgrediendo su papel institucional, asesorado por consejeros y analistas de la Casa Real y probablemente por nudos gubernamentales y partidistas, Juan Carlos I de Borb贸n interviene directamente en la esfera p煤blica manifestando la necesidad de unir esfuerzos nacionales para salir de la crisis. CC.OO y UGT, en un gesto inesperado e infrecuente, en otro alarde de hermen茅utica arriesgada e incluso alocada de su papel constitucional, visitan la Casa Real para dar cuenta al Jefe del Estado que reina pero no gobierna de un reciente acuerdo con una patronal sin ning煤n 谩nimo negociador y con la aspiraci贸n b谩sica a que reine definitivamente en Espa帽a la divisa esencial del mundo carrolliano: el significado de las palabras, y por ende, del trabajo y de la vida, reside en las voluntades de los que ejercen sin control el mando en la plaza [1]. Una vicepresidenta que se ve obligada a recordar en rueda prensa, en un curioso alarde de imaginaci贸n y singular puesta en escena, que es el gobierno de Espa帽a el 煤nico que gobierna en Espa帽a (隆ja!). Duran i Lleida, un pol铆tico que mide en nanomil铆metros y en proximidad al poder todas sus intervenciones p煤blicas, se帽ala la necesidad de convergencia del PSOE y el PP, y la suma de otras fuerzas al pacto, al mismo tiempo que se salva en salud de posibles desaguisados, y gana en lo que llaman centralidad pol铆tica mirando de reojo la pol铆tica catalana, apuntando que no ve 谩nimos de acuerdo en las grandes fuerzas espa帽olas, tensas, irritadas y radicalizadas. Una vicepresidente econ贸mica que coge maletas, secretarios y consejeros y vuela a la sede una instituci贸n privada, la del Financial Times, para explicar a los mercados, seductoramente desde luego, los nuevos y realistas planes del gobierno espa帽ol. Unos mercados conmovidos que dicen, o dicen decir sin obrar con consistencia, que han captado el convincente mensaje de la se帽ora Salgado. Un conseller del gobierno catal谩n, uno de los representantes del sector catalanista y econ贸micamente pr贸spero del partido, habla de su propio gobierno como de un artefacto alejado de los deseos y aspiraciones de la opini贸n p煤blica, dejando la puerta abierta de par en par a un gobierno catal谩n de coalici贸n, y a la aniquilaci贸n o subsidiaridad absoluta de las fuerzas pol铆ticas que est谩n a su izquierda. Voces diversas, aqu铆 y all谩, en medios radiof贸nicos y televisivos hablan de la crisis abisal en la que nos encontramos inmersos sin se帽ales positivas en el horizonte pr贸ximo y defienden la necesidad, que no ya conveniencia, de arrimar entre todos el hombro y la espalda y narrar las conquistas sociales obreras en programas de madrugada y con voz inaudible. 驴Apuntan hacia una misma diana todos esos indicios? Posiblemente no, seguramente no. Sea como sea, no es inconcebible que una gran coalici贸n hisp谩nica, de contornos abiertos y hegemonizada por el PPSOE, presidida por una nueva o vieja variable sin determinar por el momento y con un programa 鈥渧aliente鈥, endurecido y nada compasivo, econ贸micamente solvente se dir谩, est茅 en la mente de algunos analistas, de creadores de opini贸n y de representantes de las grandes fuerzas sociales, pol铆ticas e institucionales que cuentan en las cuentas, en la civis existente y en el 谩gora real. Una reedici贸n, con no menos boato pero acaso con mayor nocturnidad y con programa secreto, de los laureados e idealizados Pactos de la Moncloa.

Cuando estos se firmaron, algunos dirigentes de izquierda, cuyo nombre no quiero mentar, hablaron no s贸lo de su necesidad y urgencia sino que mostraron un alma escondida: eran, dijeron, sin a帽adir un t茅rmino ni siquiera una coma, una v铆a singular y 煤nica para avanzar en el camino al socialismo.隆La imaginaci贸n al poder de algunos dirigentes cogidos al traspi茅s dijeron algunos!

Nadie sostendr谩 hoy una proposici贸n de ese calado falsario. Pero no es dif铆cil adivinar la m煤sica y la melod铆a que podr铆a rodear a esa gran coalici贸n: Espa帽a necesita que nos esforcemos todos, las diferencias no cuentan, todos debemos sacrificarnos. Alegro: La, la, la鈥nd Sacrifice.

Por supuesto: propuestas tan razonables y moderadas como que la crisis no la paguen aquellos que no han sido sus causantes sonar谩n a proclamas extremistas apuntadas sotto voce por las instancias revolucionarias de la V Internacional chavista.

Nota:

[1] Las aristas esenciales del mundo concebido y deseado por el sector dirigente de la patronal espa帽ola pueden deducirse del funcionamiento de algunas empresas del Boss patronal, del por supuesto excelent铆simo se帽or D铆az Ferr谩n, Algunas aristas de su mundo leibziano: Air Comet, fundada en 1996, no tuvo elecciones sindicales hasta octubre de 2009; en 1997, fue condenada por atentar contra la libertad sindical al despedir a un piloto que reclutaba afiliados para la ASPA y pretend铆a organizar elecciones; la sentencia se帽al贸 que los mandos calificaban al piloto de 鈥渞adical鈥 y 鈥渓oco鈥. Jos茅 Antonio S谩nchez, representante de CGT en el comit茅 de empresa, ha relatado otras irregularidades: ausencia de convenio colectivo; la empresa redactaba contratos fraudulentos de ley; sin convenio, Air Comet establec铆a discrecionalmente d铆as libres, turnos de trabajo, condiciones laborales; los salarios se negociaban individualmente; las subidas del IPC no se aplicaban; la empresa cambiaba los turnos a discreci贸n, comunic谩ndolos con horas de antelaci贸n; la mera reivindicaci贸n de derechos legales supon铆a entrar en una lista negra; los sindicalistas, como sucede en otras empresas espa帽olas, deb铆a actuar clandestinamente (Mi fuente: Enrique Mart铆n Criado 鈥淟os otros abusos del se帽or D铆az Ferr谩n鈥. http://www.diagonalperiodico.net/Los-otros-abusos-del-senor-Diaz.html). Estas deben ser las anunciadas propuestas 鈥榝lexibilizadoras鈥 patronales. Con gente as铆, con gentes que persiguen a los afiliados sindicales y se burlan de la ley sin recato, negocian los representantes sindicales e intentan llegar a acuerdos. La tarea parece un imposible l贸gico del tipo el siguiente del 5 es el mismo que el siguiente del 7. 驴Qu茅 pueden negociarse con esos se帽ores? 驴De qu茅 puede hablarse?

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Febrero 15th, 2010 at 8:03 am

PSC y Catalunya, de Ernest Maragall en La Vanguardia

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Debate en las filas del socialismo catal谩n

El pasado mi茅rcoles inclu铆 unas palabras sobre lo que denomin茅 “fatiga” de los catalanes respecto al concepto e imagen de “tripartito” en el marco de una conferencia organizada por el Foro de la Nueva Econom铆a. La repercusi贸n que han tenido aquellas palabras me aconseja un ejercicio de explicaci贸n, para tratar de ampliar, mejorando la precisi贸n y claridad, el zoom excesivo con que han sido le铆das e interpretadas.

Ni debo rectificar nada ni es mi intenci贸n hacer uso del tradicional argumento del “fuera de contexto”. Dije lo que dije y volver铆a a decirlo con las mismas palabras, aun siendo consciente de la distancia que hay entre lo que dije y el juicio de intenciones a que ha dado lugar.

De momento, podemos constatar un primer efecto positivo de lo que est谩 sucediendo: el PSC ha pasado a primer plano y toma la palabra. El PSC empieza a ser algo m谩s que la fuerza responsable y central que aguanta estoicamente un gobierno de coalici贸n complejo por definici贸n. La noticia, por fin, es el propio PSC. Ahora el pa铆s est谩 expectante y pendiente de lo que el PSC haga, diga, proponga, decida. Magn铆fico.

Y, claro, podemos registrar otro efecto menos positivo, pero dif铆cilmente discutible: el tripartito, versi贸n 1.2, ya no tiene vigencia pol铆tica m谩s all谩 de su mandato actual. El Gobierno de Jos茅 Montilla contin煤a teniendo plena vigencia institucional y capacidad para ejercer su responsabilidad. Debe completar, y as铆 lo har谩, el m谩s alto grado de cumplimiento del plan de gobierno que se inici贸 en el 2006 y hasta el final de su mandato. Pero ya hace tiempo que renunci贸 a encarnar un proyecto integral de pa铆s con pretensi贸n de ser entendido y aceptado como tal.

Y esta evidencia no invalida ni hace desaparecer el conjunto de la obra de gobierno llevada a cabo. La del conjunto y la de cada departamento independientemente del color de cada uno y de los aciertos, errores y claroscuros que podamos contabilizar. Repito lo que dije en la conferencia citada: lo que ha hecho este gobierno desde el 2004 es incomparable en cantidad y calidad transformadora con relaci贸n a lo que consiguieron los anteriores gobiernos.

Y, dicho esto, hablemos de lo que realmente cuenta. De lo que intent茅 explicar el otro d铆a. Eso sobre lo que yo trataba de reflexionar en voz alta era Catalunya.

Eran y son sus ciudadanos y ciudadanas. Era sobre los tiempos que nos esperan desde lo que somos hoy, desde lo que tenemos, y lo que nos falta, lo que queremos, lo que podemos, lo que so帽amos. Por eso centr茅 aquella reflexi贸n en tres grandes cuestiones. Las que son, creo, la materia prima del debate pol铆tico y social que, este s铆, merece atenci贸n, aportaciones personales y colectivas, definici贸n de posiciones por parte de cada fuerza pol铆tica, nueva o vieja, que aspire a conducir nuestros destinos.

Las tres cuestiones que coinciden en el tiempo, pero que tienen causas y consecuencias diferentes, son las siguientes: a) La crisis econ贸mica y lo que debemos hacer para salir de ella y, a煤n m谩s, para construir algo nuevo pero s贸lido y estable. b) Nuestro autogobierno y la exigencia de firmeza y responsabilidad que el momento actual pide. c) La renovaci贸n del modelo democr谩tico que nos ha servido con notorio 茅xito durante m谩s de treinta a帽os y que muestra indicios evidentes de ineficiencia social y de distanciamiento ciudadano.

Hablemos pues, en primer lugar, de la crisis econ贸mica y del nuevo horizonte que debemos plantearnos.

El objetivo s贸lo puede ser recuperar la competitividad, y el 煤nico camino es el incremento de productividad que acabe compensando el empobrecimiento real que hemos generado los dos 煤ltimos a帽os.

El nuevo modelo econ贸mico, del que hablamos demasiado alegremente, vendr谩 de la mano de una pol铆tica que sepa combinar cuatro conceptos: industria, conocimiento, eficiencia social y econom铆a abierta. Que sepa expresarse en t茅rminos de acuerdo entre instituciones p煤blicas y empresa privada tanto a escala global como sectorial y territorial.

En paralelo con esta estrategia, necesitamos la m谩s profunda y serena reflexi贸n sobre el concepto de Estado de bienestar: alcance y l铆mites de los servicios universales, aplicaci贸n de criterios de corresponsabilidad, pol铆ticas fiscales, progresividad y equidad.

Y si queremos obtener alguna credibilidad, necesitaremos la aplicaci贸n consecuente de determinadas reformas imprescindibles: la del sector p煤blico, donde se concentra el mayor d茅ficit de productividad y eficiencia social, y la del mercado laboral, recientemente iniciada, que debe avanzar en la mayor libertad reconocida a empresarios y trabajadores para acordar condiciones y retribuciones.

Hablemos en segundo lugar del autogobierno, del nuestro. Dig谩moslo claro: tenemos el nivel de autogobierno m谩s alto desde hace 300 a帽os. El Estatuto de autonom铆a del 2006 nos da capacidad para adoptar estrategias globales y pol铆ticas sectoriales en pr谩ctica igualdad de condiciones con cualquiera de las realidades europeas que nos rodean.

Y aun as铆, debemos estar atentos a los retos jur铆dico-constitucionales que determinadas instancias espa帽olas nos plantean. En cualquier Estado poco o muy federalizante, son constantes y recurrentes las tensiones competenciales e institucionales entre gobierno central y gobiernos territoriales. Pero aqu铆 a帽adimos un debate m谩s de fondo sobre la aceptaci贸n o el rechazo del car谩cter plurinacional del Estado espa帽ol. Debate que no se deja cerrar en positivo, pero que deberemos seguir sosteniendo con tenacidad, serenidad y plena determinaci贸n. Sin confundir al adversario. Y sin caer en el error de creer que es Espa帽a o son los espa帽oles nuestro problema. En cualquier caso, deberemos saber ser Estado en Catalunya para mantener el pulso que con toda probabilidad se acerca con la famosa sentencia que el Tribunal Constitucional (?) a煤n no ha sido capaz de redactar y aprobar.

Y mientras tanto, lo que debemos hacer es ejercerlo. Desplegar a fondo el Estatut, dar contenido a cada una de las competencias que ostentamos. Las leyes territoriales son un buen ejemplo, como lo es la recuperaci贸n del 脌rea Metropolitana de Barcelona, activo principal del pa铆s y base competitiva imprescindible si queremos equipararnos a nuestros referentes europeos.

Y en tercer lugar, pero no menos importante, debemos dar respuesta a la exigencia de recuperaci贸n de credibilidad de nuestro modelo democr谩tico. El cierre en falso de la ponencia parlamentaria que deb铆a formular el proyecto de ley Electoral es el 煤ltimo y potente s铆ntoma. 驴Es, por tanto, mucho pedir a los partidos catalanes, a todos, que encuentren el equilibrio adecuado a los principios de proporcionalidad, representaci贸n de ciudadanos y territorios y presencia suficiente del criterio de relaci贸n directa entre representante y elector, entre diputado y ciudadano que lo elige? 驴Es igualmente imposible decidir cu谩les son los niveles de gasto y cu谩les son los instrumentos de control y transparencia que la sociedad considera razonables para el funcionamiento eficaz de un sistema de partidos tan mejorable como imprescindible?

Si estas reflexiones son sensatas, y naturalmente abiertas a la cr铆tica o alternativa, parece razonable concluir que la mejor expectativa para la sociedad catalana no sea la a煤n mayor presencia parlamentaria de grupos tan diversos como minoritarios. Es m谩s bien lo contrario, lo que convendr铆a a un pa铆s que debe afrontar estos tres grandes puntos de inflexi贸n, y adem谩s, lo debe hacer con cierta urgencia, necesaria simultaneidad y coherencia interna entre las tres grandes cuestiones.

Todo indica que necesitamos para nuestro gobierno fuerza institucional, la m谩s alta representaci贸n social y la capacidad de encontrar los acuerdos imprescindibles para mostrar, cuando toca, la unidad del pa铆s, detr谩s de sus instituciones. Por eso defiendo la necesidad que el PSC asuma expl铆citamente el rol de gran partido del catalanismo progresista y del socialismo m谩s moderno y renovador. El partido que debe expresar una de las dos grandes alternativas que, sin menospreciar la presencia leg铆tima de otras voces, debe caracterizar en positivo una Catalunya que quiere alcanzar todas las metas de progreso y libertad que entre todos hemos ido dibujando.

En esta perspectiva, el PSC debe presentarse, no como la otra posibilidad o el complemento 煤til de una sociovergencia vergonzante, sino como la mejor y m谩s potente oferta para conducir con 茅xito la triple batalla a la cual me he referido antes.

En efecto, el PSC es el partido mejor situado para articular, sin dependencia de intereses gremiales o corporativos, los acuerdos y las pol铆ticas que nos hacen falta en el 谩mbito econ贸mico y social.

Es muy evidente, tambi茅n, que el PSC puede considerarse el partido del Estatut: lo promovi贸, lo construy贸 conjuntamente con el resto de las fuerzas pol铆ticas catalanistas, consigui贸 aprobarlo con el apoyo indispensable de los socialistas espa帽oles y ahora es el 煤nico gran partido que defiende con claridad y compromisos su vigencia y su capacidad de ser el instrumento de cohesi贸n nacional que el pa铆s necesita. Cuando otros se orientan hacia diversas y leg铆timas formas de expresi贸n soberanista, propiciadas por la dificultad de cerrar en positivo la plena vigencia del Estatut, el PSC sigue el camino de la responsabilidad y la firmeza.

Por eso, el PSC debe ser coherente con su posici贸n, con sus or铆genes y con la responsabilidad a la cual est谩 llamado: la de gobernar Catalunya con proyecto propio apoyado por la m谩s amplia mayor铆a de los catalanes.

Por eso, es igualmente exigible que el PSC pueda hablar, decidir y representar a Catalunya con voz propia siempre y en todas partes. Es imprescindible contar con grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados manteniendo la expl铆cita voluntad de compartir con lealtad mutua, proyecto, metas y gobernaci贸n con los compa帽eros socialistas de toda Espa帽a.

Y finalmente, por eso, estoy firmemente dispuesto a hacer todo lo que me corresponda para que Jos茅 Montilla sea de nuevo el president de la Generalitat. Esta vez, con mayor representaci贸n y plena capacidad para liderar Catalunya en el camino que tenemos por delante.

ERNEST MARAGALL, conseller de Educaci贸 de la Generalitat de Catalunya.

Written by Reggio's

Febrero 14th, 2010 at 8:11 am

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