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El 373, de Juan Gelman en P谩gina 12

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Los 75.000 documentos clasificados sobre la guerra en Afganist谩n que dio a conocer el sitio Wikileaks (//wikileaks.org) provocaron la airada reacci贸n de la Casa Blanca, del Pent谩gono y de los neoconservadores de todo pelaje que pululan en Washington. No es para menos: se trata de informes internos de las fuerzas armadas de EE.UU. y la OTAN que combaten en territorio afgano y dan cuenta de hechos ominosos que no se declaran oficialmente y aun se niegan. El fundador y alimentador del sitio, Julian Assangem, les dio amplia difusi贸n envi谩ndolos a The New York Times, Der Spiegel y The Guardian y anunci贸 que est谩 analizando con su equipo otros 17.000 documentos que pronto dar谩 a conocer. El gobierno de Obama conden贸 en duros t茅rminos semejante filtraci贸n, hist贸rica por el volumen de registros secretos develados (ver P谩gina/12, 27-7-10).

El vocero del Departamento de Defensa, Geoff Morrell, anunci贸 que se ha lanzado una caza del hombre para encontrar al responsable de un acto que revela, por un lado, el poder de la inform谩tica y, por el otro, las fragilidades del Pent谩gono. La documentaci贸n cubre el per铆odo junio 2004-diciembre 2009 de la guerra y va de lo torvo, como el ocultamiento estadounidense de la muerte de civiles, a lo francamente rid铆culo, como el informe sobre un presunto complot del servicio de inteligencia de Pakist谩n (ISI, por sus siglas en ingl茅s) para asesinar al presidente afgano Hamid Karzai envenenando su cerveza.

Esta hemorragia informativa pinta el verdadero rostro de la guerra en Afganist谩n, los llamados 鈥渄a帽os colaterales鈥 鈥揺l eufemismo inventado en la guerra de Vietnam para disimular el asesinato de civiles鈥 que los mandos invasores encubren, las matanzas indiscriminadas en las aldeas, el accionar de escuadrones de la muerte, los bombardeos de aviones sin tripulaci贸n manejados a control remoto desde una base estadounidense, la complicidad del ISI con los talib谩n, los estragos que el 鈥渇uego amigo鈥 provoca en la polic铆a y el ej茅rcito afganos y otros detallitos que los Pactos de Ginebra califican de cr铆menes de guerra. Pero qui茅n se acuerda de eso en Afganist谩n.

Asciende a 144 el n煤mero de incidentes que segaron la vida de simples ciudadanos en el per铆odo de referencia. Un par de d铆as antes de la difusi贸n de los documentos, un misil impact贸 en un caser铆o de la provincia de Helmand causando la muerte de 52 civiles (www.latimes.com, 26-7-2010). El servicio de inteligencia del ej茅rcito estadounidense registr贸 鈥渟eis insurgentes muertos, incluido un comandante talib谩n鈥, pero el aldeano Abdul Ghaffar manifest贸 a la AP que hab铆a llevado siete ni帽os heridos a un hospital de Kandahar. Marjan Agha, otro vecino, dijo que un grupo de pobladores fue al encuentro de las tropas alzando una bandera blanca y fueron recibidos a balazos con un saldo de dos v铆ctimas.

Uno de estos 鈥渆rrores鈥: 300 campesinos afganos pasaron a mejor vida en el valle de Baghni por un ataque a茅reo que, seg煤n un comunicado de la base de Bagram, se produjo 鈥渄espu茅s de tener por seguro que no hab铆a afganos inocentes en los alrededores鈥. A Seguro se lo llevaron preso, recuerda el dicho popular. Las Naciones Unidas asentaron la muerte de 2412 civiles en 2009, un aumento del 14 por ciento respecto del a帽o anterior. Esa clase de contabilidad suele minimizar los guarismos por un l贸gico prurito de considerar solamente lo probado.

Otro cap铆tulo sombr铆o es el de las ejecuciones sin proceso que lleva a cabo el Grupo de Tareas 373 del ej茅rcito de EE.UU., la 鈥渦nidad negra鈥 de las fuerzas especiales. Sus efectivos se ocupan de capturar y sobre todo asesinar a dirigentes y activistas talib谩n considerados importantes, aunque hay en su haber m谩s v铆ctimas civiles, incluidos ni帽os y mujeres 鈥搚 hasta polic铆as afganos鈥 que insurgentes. Un ejemplo es el ataque que el 373 lanz贸 el 17 de junio de 2007 para liquidar al combatiente libio Abu Laith al Libi quien, seg煤n los datos de inteligencia, se escond铆a en Nangar Khel, poblado de la provincia de Patitka.

Los del GT 373 utilizaron un arma nueva cargada con seis misiles y transportable en la parte trasera de una camioneta. No encontraron a Libi, pero al acercarse a la aldea, cumplido el ataque, encontraron en la madrasa o escuela religiosa del lugar a seis ni帽os muertos y uno herido que falleci贸 20 minutos despu茅s. Un comunicado de prensa del comando ocupante aleg贸 que las tropas 鈥渉ab铆an vigilado el sitio todo el d铆a y no hallaron indicaci贸n alguna de que hubiera ni帽os en el edificio鈥. Pero hab铆a.

Preguntado si estimaba que el secreto de Estado es leg铆timo, Julian Assangem declar贸 a Der Spiegel que lo era tanto como el derecho a la apertura. 鈥淒esgraciadamente 鈥揳clar贸鈥, los que cometen desmanes contra la humanidad o contra la ley abusan de la legitimidad del secreto para taparlos鈥 (www.spiegel.com, 26-7-10). El inconveniente es que tres personas pueden guardar un secreto si dos de ellas est谩n muertas, anot贸 Benjamin Franklin.

Link a la nota:聽 http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-150300-2010-07-29.html

漏 2000-2010 www.pagina12.com.ar

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Julio 29th, 2010 at 8:05 am

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Mitos sobre las pensiones, de Vicen莽 Navarro en P煤blico

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A ra铆z de la congelaci贸n de las pensiones p煤blicas por parte del Gobierno de Zapatero, ha habido un reavivamiento de argumentos sobre las pensiones por parte de voces neoliberales que, como consecuencia de las grandes cajas de resonancia de las que gozan en los mayores medios de informaci贸n y persuasi贸n del pa铆s, est谩n calando en los establishments pol铆ticos y medi谩ticos. Uno de estos argumentos es que el supuesto poder electoral de los ancianos (el grupo poblacional que m谩s participa en los procesos electorales) ha determinado un gran aumento del gasto p煤blico dedicado a los ancianos (incluyendo el gasto en pensiones y servicios p煤blicos, como servicios de atenci贸n a las personas con dependencias), a costa del gasto p煤blico dedicado a otros grupos de edad, como ni帽os e infantes. En este argumento, la lucha de clases ha sido sustituida por la lucha entre grupos generacionales, en la que los ancianos estar铆an consiguiendo grandes beneficios sociales a costa de los derechos de ni帽os e infantes, entre otros. Como prueba de ello, tales autores se refieren a la disminuci贸n de la pobreza que, supuestamente, ha ocurrido entre los ancianos durante estos 煤ltimos a帽os, lo que contrasta con el crecimiento de la pobreza entre los ni帽os e infantes.

Los datos, sin embargo, no sostienen tales tesis neoliberales. Seg煤n la 煤ltima informaci贸n publicada por Eurostat, la Agencia de Estad铆stica de la Uni贸n Europea, el mayor porcentaje de pobres en la poblaci贸n espa帽ola contin煤a siendo entre los ancianos (28%) mayor que entre los ni帽os e infantes (24%). Espa帽a, por cierto, es el pa铆s de la UE-15 (el grupo de pa铆ses de semejante desarrollo econ贸mico al nuestro) que tiene mayor pobreza entre los ancianos (el promedio en la UE-15 es del 15%), y tambi茅n entre los ni帽os e infantes. No es, pues, que Espa帽a gaste mucho en ancianos y poco en ni帽os e infantes. En realidad, gasta muy poco (menos que en toda la UE-15) en ancianos, en ni帽os e infantes y en todos los grupos etarios. Y ello se debe al enorme poder del capital y de las clases pudientes (30% de la poblaci贸n 鈥揵urgues铆a, peque帽a burgues铆a y clases profesionales de renta mediana-alta鈥), que no est谩n contribuyendo al Estado en los mismos porcentajes que lo hacen sus hom贸logos en la UE-15. Las rentas del capital y las rentas superiores est谩n entre las menos gravadas en la UE-15, causa de que los ingresos al estado est茅n entre los m谩s bajos de la UE-15.
Es la excesiva influencia pol铆tica y medi谩tica de tales grupos sociales lo que explica que ancianos y ni帽os (y todos los dem谩s) tengan menos transferencias y servicios p煤blicos que sus hom贸logos en la UE-15. El Gobierno de Zapatero, que hizo suyo aquel eslogan neoliberal de que 鈥渂ajar impuestos es de izquierdas鈥, ha recortado gastos sociales (pensiones y servicios domiciliarios), que son a todas luces insuficientes, en lugar de subir impuestos a las clases pudientes. En realidad, el ahorro que se intenta conseguir congelando las pensiones es incluso menor que la cantidad de fondos que el Estado dej贸 de ingresar como consecuencia de la disminuci贸n del impuesto sobre el patrimonio que ha favorecido a las rentas superiores.

Otro mito neoliberal reproducido en los medios es que la pobreza entre los ancianos ha ido disminuyendo como resultado del incremento de las pensiones y de otras transferencias y servicios a los ancianos, consecuencia de un consenso supuestamente existente entre los partidos parlamentarios de no permitir que la capacidad adquisitiva de los ancianos disminuya. De nuevo, los datos muestran el error de tales supuestos. La reducci贸n del gasto p煤blico social que ocurri贸 en Espa帽a (en relaci贸n al promedio de la UE-15) durante el periodo 1993-2004 a fin de reducir el d茅ficit del presupuesto del Estado (condici贸n necesaria para que Espa帽a se integrara en la eurozona 鈥搗er mi art铆culo 鈥淓spa帽a social a la cola de la UE鈥, P煤blico, 27-05-10鈥), afect贸 al total del gasto p煤blico social dedicado a los ancianos y a su tasa de pobreza. Seg煤n Eurostat, el nivel de pobreza entre ancianas en Espa帽a pas贸 de ser del 15% en 1995 al 32% en 2004, y entre ancianos pas贸 del 16% al 27% durante el mismo periodo. Puesto que el PP fue el partido que gobern贸 Espa帽a durante la mayor铆a de este periodo, carece de credibilidad ahora, cuando se presenta como el gran defensor de los ancianos y ancianas. Su historial no avala tal proclama. Esa pobreza descendi贸 ligeramente en el periodo de Zapatero, pasando del 32% en 2004 al 30% en 2008 (煤ltimo a帽o en el que Eurostat publica tales datos) entre las ancianas, y del 27% al 25% entre los ancianos. Los recientes recortes de fondos p煤blicos sociales revertir谩n estas cifras, aumentando la pobreza entre los pensionistas (y ello a煤n cuando se conserven los aumentos de las pensiones m谩s bajas).

Todos estos datos muestran que la entrada entonces y la permanencia ahora de Espa帽a en la eurozona se ha hecho y contin煤a haci茅ndose a costa de un gran retraso en la correcci贸n del d茅ficit de gasto p煤blico por habitante en todos los grupos etarios, incluyendo ancianos, entre Espa帽a y la UE-15. El d茅ficit de tal gasto en ancianos por habitante subi贸 de 569 a 816 euros de 1995 a 2004. En realidad, el hecho de que las pensiones se corrijan seg煤n la inflaci贸n, y no sobre el crecimiento promedio de los salarios (como se hace en muchos pa铆ses de la UE-15), explica que el est谩ndar de vida de los ancianos disminuya en comparaci贸n no s贸lo con el resto de la sociedad, sino con el resto de la UE-15. Es m谩s, el Estado (tanto central como auton贸mico y local) espa帽ol es el menos redistributivo por clase social de la UE-15, con lo cual su impacto reductor de la pobreza entre los ancianos es muy limitado, pasando del 31% de todos los ancianos (antes de que incidan las instituciones p煤blicas 鈥搃mpuestos y transferencias鈥) al 28%, comparado con Suecia (el pa铆s que hist贸ricamente ha tenido unas izquierdas m谩s fuertes en Europa), que pasa del 26% al 11%. No es, pues, una lucha generacional, sino una lucha de clases ganada diariamente por las rentas superiores lo que explica esta situaci贸n.

Vicen莽 Navarro es catedr谩tico de Pol铆ticas P煤blicas de la Universidad Pompeu Fabra y director del Observatorio Social de Espa帽a.

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Junio 3rd, 2010 at 8:11 am

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Las consecuencias econ贸micas de la paz, de Juan Francisco Mart铆n Seco en P煤blico

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El 14 de mayo de 1919, Keynes escrib铆a a su madre, en estado 鈥搒eg煤n dec铆a鈥 de gran depresi贸n e incluso con fuertes remordimientos por su peque帽a participaci贸n en el Tratado de Versalles: 鈥淟a paz es afrentosa e imposible, s贸lo puede acarrear desgracias鈥. Poco despu茅s publicaba una de sus obras de m谩s 茅xito, Las consecuencias econ贸micas de la paz, en la que criticaba fuertemente las cargas impuestas a Alemania y denunciaba la insinceridad, hipocres铆a e iniquidad del tratado, pero, sobre todo, las consecuencias desastrosas que acarrear铆a a toda la econom铆a europea. La paz cartaginesa impuesta a Alemania no era viable ni sostenible.

Angela Merkel har铆a bien en leer este libro porque, en estos momentos, es Alemania la empe帽ada en imponer a Grecia unas condiciones econ贸micas que dif铆cilmente va a poder cumplir. La situaci贸n ahora es tanto m谩s injusta por cuanto no ha mediado ninguna contienda y el 煤nico pecado de Grecia es haberse integrado en la Uni贸n Monetaria, coloc谩ndose as铆 un cors茅 que le impide respirar. El 3 de mayo pasado, uno de los m谩s prestigiosos diarios del mundo se preguntaba sobre la idoneidad de someter al pa铆s heleno a un ajuste tan duro puesto que, lejos de propiciar que pueda hacer frente a sus compromisos crediticios, va a hundir su econom铆a en la deflaci贸n y en un foso desde donde le va a ser imposible pagar sus deudas.

El plan aplicado a Grecia es radicalmente injusto. En primer lugar, en una 贸ptica interna, porque mientras un ajuste en el 谩mbito monetario a trav茅s de una devaluaci贸n de la divisa empobrece m谩s o menos por igual a toda la poblaci贸n, cuando el ajuste se realiza en el 谩mbito de la econom铆a real y con la intensidad y dureza de esta ocasi贸n, el coste recae brutalmente y de forma exclusiva sobre los jubilados, trabajadores y funcionarios. En segundo lugar, desde la perspectiva internacional, al distribuir la carga de manera desigual entre los pa铆ses miembros, castigando fuertemente a los deudores y no a los acreedores. El d茅ficit griego tiene su contrapartida en el super谩vit de Alemania, pa铆s que principalmente se ha beneficiado de la Uni贸n Monetaria y que es tanto o m谩s responsable que Grecia, Portugal o Espa帽a de los desequilibrios actuales. Tal como Keynes pensaba del Tratado de Versalles, la dureza del ajuste heleno puede ser un bumer谩n que se vuelva contra Europa en su totalidad.

Juan Francisco Mart铆n Seco. Economista.

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Mayo 10th, 2010 at 8:07 am

Antiguo dilema para la izquierda: el caso Brasil, de Immanuel Wallerstein en La Jornada

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En ocasi贸n de celebrar el trig茅simo aniversario de la creaci贸n del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, el principal peri贸dico independiente de izquierda, Brasil de Fato, public贸 entrevistas con cuatro de los principales intelectuales de izquierda. Los cuatro fueron activos alguna vez en el PT, de hecho se cuentan entre sus fundadores. Tres de ellos se retiraron del PT 鈥揺l historiador Mauro Iasi se uni贸 al Partido Comunista Brasile帽o, el soci贸logo Francisco de Oliveira se uni贸 al Partido Socialismo y Libertad y el historiador Rud谩 Ricci se hizo izquierdista independiente. El cuarto, el historiador Valter Poner, permanece en el PT y es una de las figuras principales de su facci贸n de izquierda.

Expresaron cuatro an谩lisis, sorprendentemente diferentes, de lo que Ricci llama el antiguo dilema de la izquierda brasile帽a: como ser popular y de izquierda. Pero por supuesto 茅se ha sido el dilema de la izquierda en todo el mundo, y sigue si茅ndolo hasta ahora.

Brasil es un lugar interesante para analizar este dilema y c贸mo se expresa. Es un pa铆s con una larga y activa tradici贸n pol铆tica, y hoy goza mucho de una situaci贸n multipartidista. Es tambi茅n una naci贸n cuya situaci贸n pol铆tica ha mejorado mucho en a帽os recientes, particularmente en los 煤ltimos 10 a帽os. Y Brasil es un pa铆s que ha estado afirmando mucho liderazgo pol铆tico en Am茅rica Latina. As铆 que la pregunta se vuelve 驴c贸mo medimos la popularidad de un partido y c贸mo evaluamos sus credenciales de izquierda?

El periodista de Brasil de Fato abri贸 sus entrevistas apuntando que el presidente Luiz In谩cio Lula da Silva es una figura carism谩tica, que es el mandatario m谩s popular desde la redemocratizaci贸n del pa铆s y que a lo largo de su historia el PT ha incrementado su apoyo entre los estratos m谩s pobres de la poblaci贸n. Para que el partido se vuelva m谩s popular, asever贸, tuvo que hacer concesiones al pragmatismo.

驴C贸mo reaccionaron los cuatro intelectuales a esta premisa? Para Ricci, el lulismo se ha vuelto m谩s importante que el partido, lo que invierte el concepto original del PT. El PT se americaniz贸 dice 茅l. Hoy es simplemente una maquinaria electoral. La izquierda encuentra dif铆cil ser popular debido a su lastre te贸rico de origen europeo. La cultura popular, dice, es compleja y conservadora, y Lula dialoga con su cultura popular. El PT es estatista y desarrollista, y como tal conservador y pragm谩tico. As铆 que el problema es retornar a la idea original de una utop铆a de izquierda democr谩tica sin tornarse elitista.

Para Iasi, el PT se volvi贸 uno de los dos principales partidos de Brasil, de centroizquierda con un programa peque帽o burgu茅s. El precio que pag贸 por el tama帽o de su respaldo fue el abandono de los principios y las metas pol铆ticas que estaban presentes en su origen. El lulismo o el populismo es un modo de hacer que las masas accedan a las pol铆ticas que no fueron hechas en su inter茅s.

Para Oliveira, el PT que comenz贸 con una base de trabajadores, de teolog铆a de la liberaci贸n y de movimientos de democratizaci贸n, se ha vuelto simplemente parte de la jalea general del sistema partidista brasile帽o. Una perspectiva socialista no se basa en los pobres sino en un an谩lisis de clase. Y en cuanto al programa del partido, la estatizaci贸n, est谩 100 a帽os atrasado, es parte de la dolencia infantil del estatismo. Es un programa para fortalecer las industrias brasile帽as y no tiene nada que ver con la izquierda o el socialismo.

Poner ve la situaci贸n muy diferente. 脡l concuerda con que al principio el gobierno de Lula era social-liberal en su orientaci贸n. Pero despu茅s de 2005, se hizo hacia la izquierda. S铆, dice 茅l, el partido es desarrollista. Pero hay dos variedades de desarrollistas 鈥搇os conservadores y los dem贸crata-populares. Con la crisis del capitalismo, el socialismo est谩 de vuelta al debate.

Lo sorprendente acerca de los tres an谩lisis cr铆ticos es el miedo al populismo. Lo que sorprende de los an谩lisis es la ausencia de cualquier discusi贸n de geopol铆tica.

Justo unos d铆as despu茅s del art铆culo de Brasil de Fato, Fidel Castro public贸 una de sus Reflexiones peri贸dicas en La Jornada, en la ciudad de M茅xico. Lula acababa de estar de visita con Castro. 脡ste dijo que conoc铆a a Lula hace 30 a帽os, es decir, desde la creaci贸n del PT. Dada la historia de Cuba y las dificultades de m谩s de 50 a帽os, Castro dijo que lo que tiene para nosotros una enorme trascendencia era la reciente reuni贸n en Canc煤n donde se hab铆a decidido la creaci贸n de una Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe que inclu铆a a Cuba y exclu铆a a Estados Unidos y Canad谩. Esta reuni贸n fue en gran medida un logro de Lula.

Castro subray贸 entonces la importancia y el simbolismo de esta 煤ltima visita de Lula antes de que deje de ser presidente de Brasil. Record贸 que en la d茅cada de 1980 tuvo un emotivo encuentro con 茅l, su esposa y sus hijos en su sencilla morada y alab贸 de Lula 鈥渟u placer de luchar鈥 con intachable modestia鈥. Aqu铆 no hay cr铆tica alguna al lulismo.

Todo lo que los intelectuales brasile帽os de izquierda critican, Castro lo alaba 鈥揺l desarrollo tecnol贸gico de Brasil, el crecimiento del PIB, convertirse en una de las 10 m谩s grandes econom铆as del mundo. Aun en la cuesti贸n de la producci贸n de etanol, a la que Castro dice que se opone, no culp贸 a Lula. Comprendo perfectamente que Brasil no tiene otra alternativa, frente a la competencia desleal y los subsidios de Estados Unidos y Europa, que incrementar la producci贸n de etanol.

Castro termina en esta nota: Una cosa es indiscutible: el obrero metal煤rgico se ha convertido actualmente en un estadista destacado y prestigioso cuya voz se escucha con respeto en todas las reuniones internacionales.

驴C贸mo pudieron los intelectuales brasile帽os de izquierda y Castro llegar a retratos tan diferentes de Lula? Es claro que estaban mirando dos cosas por completo diferentes. Los intelectuales brasile帽os de izquierda miraban primordialmente la vida interna de Brasil y expresaron su pena por el hecho de que Lula fuera, a lo sumo, un pragm谩tico de centroizquierda. Castro miraba principalmente a Brasil en su papel geopol铆tico, que 茅l ve que socava a su enemigo primordial, el imperialismo de Estados Unidos.

驴Cu谩l es entonces la prioridad para los intelectuales de izquierda? 脡sta no es meramente una cuesti贸n brasile帽a. Es una cuesti贸n que debe preguntarse casi en todas partes, tomando en cuenta el curso de la historia y el estatus geopol铆tico del pa铆s en cuesti贸n.

漏 Immanuel Wallerstein

Traducci贸n: Ram贸n Vera Herrera.

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Marzo 22nd, 2010 at 7:04 am

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L铆mites que chirr铆an, de John M眉ller en El Mundo

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AJUSTE DE CUENTAS

El que paga manda. Este dicho popular catal谩n es un compendio del buen funcionamiento del capitalismo. Por eso, a quienes profesamos respeto al derecho de propiedad, nos chirr铆a que existan limitaciones al voto de los accionistas en algunas empresas.

La Ley de Sociedades An贸nimas permite a 茅stas que fijen l铆mites en sus estatutos. Compa帽铆as estrat茅gicas como Iberdrola, Repsol o Telef贸nica y bancos como el Sabadell y el Popular, tienen limitado a un 10% los votos de aquellos accionistas que poseen m谩s de ese porcentaje de los t铆tulos pero menos del 29%, que es el l铆mite ante el cual se debe lanzar una Oferta P煤blica de Adquisici贸n (OPA).

La medida surgi贸 como una manera de proteger a los minoritarios despu茅s de que se constatara que en varias operaciones -la adquisici贸n de Metrovacesa por Joaqu铆n Rivero, la de Dragados por parte de ACS (Florentino P茅rez) o la de Vallehermoso por Sacyr (Luis del Rivero)- los compradores se hicieron con el control de la empresa sin sobrepasar el l铆mite marcado por la ley para lanzar una OPA. Defin铆an as铆 el destino de la compa帽铆a y muchos minoritarios se sintieron desprotegidos.

La eliminaci贸n de estos l铆mites figuraba en el programa del PSOE y para muchos expertos son un menoscabo al derecho de propiedad. Los cr铆ticos dicen que hay gestores que los usan para atrincherarse frente a accionistas que no les son simp谩ticos.

Lo cierto es que en Europa no hay claridad sobre el asunto. S铆 la hab铆a respecto de la famosa 芦Ley Rato禄 que blindaba a las empresas privatizadas en la 茅poca de Aznar (norma que Zapatero derog贸 en 2009), pero no la hay respecto de esta normativa. De hecho, hay dict谩menes para todos los gustos. El informe Sherman-Sterling, solicitado por la UE, determin贸 que estas limitaciones no eran blindajes ni da帽aban a los mercados.

De hecho, la abolici贸n de estos l铆mites convertir谩 a Espa帽a en un caso singular en Europa. En 23 pa铆ses de la UE-25 existen normas de este tipo. S贸lo Italia y Alemania, que tienen otros mecanismos de control sobre sus empresas estrat茅gicas, carecen de ellas. Con raz贸n, desde Iberdrola, por ejemplo, dicen que esto dejar谩 a nuestras grandes firmas desguarnecidas ante ataques especulativos. Otro de los fantasmas que agitan los partidarios de la norma son las Operaciones en Manada, que es cuando varios cazadores conciertan sus participaciones para tomar el control de una empresa y repart铆rsela.

Con todo, lo m谩s criticable es que el Gobierno incluyera la enmienda entre gallos y medianoche en una reforma de la Ley de Auditor铆a, embosc谩ndola en una transposici贸n europea. El PP y CiU ahora se muestran recelosos, mientras que el PNV la rechaza de plano.

Es malo que haya premura por zanjar desde el Gobierno un asunto donde se requiere una gran calidad legislativa para equilibrar inteligentemente las prerrogativas de los propietarios con los derechos de los minoritarios sin abrir la puerta a operaciones que conduzcan a la destrucci贸n de la propia empresa. No se comprende que un Gobierno que est谩 calificando de especulativos a los mercados cada d铆a, de pronto se muestre dispuesto a retirar una norma que ha frenado muchas operaciones de ese tipo. Es verdad que el que paga manda. Y para mandar en una empresa hay que tener el 50% m谩s una de las acciones.

john.muller@elmundo.es

漏 Mundinteractivos, S.A.

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Febrero 23rd, 2010 at 8:11 am

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Nada ser谩 como antes, de Carlos Taibo en P煤blico

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De entre las ilusiones 贸pticas que se hacen valer en los 煤ltimos tiempos entre nosotros hay una que despunta: la que nos sugiere que, una vez dejadas atr谩s la crisis y la recesi贸n en curso, mal que bien veremos reaparecer el escenario anterior a una y otra, esto es, el escenario de un crecimiento econ贸mico bonancible.

Semejante percepci贸n ignora, claro, una de las consecuencias principales derivadas de la acumulaci贸n de crisis de orden dispar a la que asistimos. Y es que, junto a la crisis que hemos dado en etiquetar de financiera, hay, en la trastienda, otras mucho m谩s graves. Una de ellas es, sin duda, el cambio clim谩tico que, cada vez m谩s agudo y m谩s f谩cil de percibir en sus diferentes manifestaciones, constituye una realidad que no parece llamada a tener efecto saludable alguno. Otra la configura el encarecimiento, inevitable en el medio y en el largo plazo, de la mayor铆a de las materias primas energ茅ticas que empleamos. Y una tercera 鈥損or dejar las cosas ah铆 y esquivar una lista m谩s larga鈥 la proporciona el mantenido expolio de los recursos humanos y materiales de los pa铆ses pobres, expolio en el que sigue asent谩ndose buena parte de nuestra riqueza.

Aun cuando los efectos de la crisis financiera puedan quedar atr谩s 鈥揷onvengamos en que es dif铆cil que, hablando en serio, tal cosa ocurra en plenitud鈥, se impone recordar que los de las dem谩s no s贸lo pervivir谩n sino que, m谩s a煤n, habr谩n experimentado una inquietante aceleraci贸n, con lo cual el escenario ser谩 visiblemente peor que el que se registraba antes de 2007. Si hay que tomarle el pulso a lo que tenemos entre manos, bastar谩 con echar una ojeada a las estimaciones que instancias p煤blicas y privadas realizan, con peri贸dica regularidad, en lo que ata帽e a las sumas que ser谩 preciso destinar a la lucha contra el cambio clim谩tico: a medida que los meses van pasando, los recursos que ser谩 necesario invertir para restaurar precarios equilibrios son visiblemente mayores.

En esas condiciones, y volvamos al argumento principal, pensar que pronto recuperaremos el escenario propio de la bonanza anterior a 2007 es, sin m谩s, equivocarse, y lo es 鈥搑epitamos lo que antes adelantamos鈥 incluso en el caso, improbable, de que la crisis financiera, por s铆 sola, no deje insorteables legados negativos. No est谩 de m谩s agregar algo 鈥揺so s铆鈥 en relaci贸n con la 煤ltima de las crisis que antes sugerimos que se hallan en la trastienda. Tenemos por fuerza que preguntarnos si podemos seguir mirando el mundo desde nuestra euroc茅ntrica y personal铆sima percepci贸n, en abierta y orgullosa ignorancia de los problemas de otros. O, por decirlo de otra manera, hora es de preguntarse si resulta razonable aplicar 鈥揷omo lo hemos hecho siempre鈥 la l贸gica del s谩lvese quien pueda, aun a sabiendas de los efectos dram谩ticos que tiene sobre los pa铆ses del sur. Sobran las razones para concluir, en cualquier caso, que muchos de los habitantes de estos 煤ltimos a帽orar铆an compartir con nosotros, siquiera fuera unas pocas horas, el peor de los momentos de esta crisis que a nuestros ojos presenta perfiles pavorosos.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Enero 2nd, 2010 at 8:08 am

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驴Por qu茅 falla el capitalismo? Hyman Minsky, el economista que vio venir el desplome a煤n ve铆a otro problema en el horizonte: su repetici贸n, de Stephen Mihm en SinPermiso

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Desde que el sistema financiero mundial empezara a deshilacharse hace dos a帽os, los distinguidos economistas han sufrido su propia crisis particular. Profesores de la Ivy League que hab铆an anunciado con fanfarrias el albor de una nueva era de estabilidad se ven en apuros a la hora de explicar c贸mo, por decirlo con exactitud, la peor crisis financiera desde la Gran Depresi贸n ha cogido en pa帽os menores a su profesi贸n entera.

Entre el suplicio y la autoflagelaci贸n, algunos comentaristas, algo m谩s cerebrales, han comenzado a hablar de la llegada del 鈥渕omento Minsky鈥, y un n煤mero cada vez mayor de personas con acceso a informaci贸n privilegiada incluso empiezan a advertir de la llegada de un 鈥渃olapso Minsky.鈥

鈥淢insky鈥 es la abreviaci贸n para Hyman Minsky, un macroeconomista desconocido hasta la fecha que muri贸 hace ya m谩s de una d茅cada. Muchos economistas nunca hab铆an o铆do hablar de 茅l cuando estall贸 la crisis, y sigue siendo en gran medida una figura oscurecida en el gremio. Pero 煤ltimamente ha comenzado a emerger como el m谩s aventajado pensador sobre los sucesos en desarrollo. Un economista a contracorriente en la conformidad de la Norteam茅rica de la posguerra, un experto en los campos de las finanzas y las crisis, entonces tan poco de moda, Minsky fue uno de los economistas que vio lo que se avecinaba. Predijo, hace d茅cadas, casi con toda exactitud el tipo de desplome que ha sacudido a la econom铆a mundial recientemente.

En los 煤ltimos meses la estrella de Minsky no ha hecho m谩s que brillar. Economistas galardonados con el premio Nobel hablan de incorporar sus conocimientos a la disciplina y se reimprimen copias de sus libros que se venden estupendamente bien. Ha pasado de ser una figura pr谩cticamente olvidada a otra clave en el debate sobre c贸mo solucionar el sistema financiero.

Pero si Minsky estaba en lo cierto, como parece que as铆 fue, la noticia no es algo que precisamente anime. 脡l cre铆a en el capitalismo, pero tambi茅n cre铆a que ten铆a una flaqueza en su gen茅tica: las modernas finanzas, dijo, estaban muy lejos de ser la fuerza estabilizadora que la econom铆a al uso retrataba. Es m谩s, se trataba de un sistema que creaba la ilusi贸n de estabilidad mientras creaba simult谩neamente las condiciones para un desplome inevitable y dram谩tico.

En otras palabras, la 煤nica persona que predijo la crisis tambi茅n cre铆a que el sistema financiero聽 conten铆a las semillas de su propia destrucci贸n. 鈥淟a inestabilidad鈥, escribi贸, 鈥渆s una imperfecci贸n inherente al capitalismo de la que 茅ste no puede escapar.鈥

Puede que la visi贸n de Minsky fuera sombr铆a, pero 茅l no era ning煤n fatalista: cre铆a que era posible dise帽ar pol铆ticas que pudiesen atemperar los da帽os colaterales causados por las crisis financieras. Pero con un n煤mero cada vez mayor de economistas prestos a declarar que la recesi贸n ya ha terminado, que hemos dejado a la crisis misma detr谩s nuestro, estas pol铆ticas pueden demostrarse tan poco c贸modas como las que acaba de reemplazar. M谩s a煤n: a medida que los economistas van adoptando los juicios prof茅ticos de Minsky, parece que est谩n muy lejos de recordar todo lo que ello implica.

En un mundo ideal, una profesi贸n dedicada al estudio del capitalismo ser铆a tan irresponsable e innovadora como el objeto de su estudio. Pero los economistas han estado a menudo sujetos a poderosas ortodoxias, y nunca lo estuvieron tanto como cuando Minsky entr贸 en escena.

Esa ortodoxia, nacida en los a帽os posteriores a la Segunda Guerra Mundial, era conocida como 鈥渟铆ntesis neocl谩sica.鈥 La vieja creencia en un mercado libre que se autoregulaba y se estabilizaba a s铆 mismo hab铆a absorbido selectivamente algunas de las teor铆as de John Maynard Keynes, el gran economista de la d茅cada de los treinta que escribi贸 extensivamente sobre c贸mo el capitalismo puede fracasar a la hora de mantener el pleno empleo. La mayor铆a de economistas a煤n cre铆a que el capitalismo de mercado libre era, en lo fundamental, una base estable para la econom铆a, aunque gracias a Keynes, algunos ahora reconoc铆an que el gobierno pod铆a bajo ciertas circunstancias jugar un papel central en la econom铆a 鈥搚 en el empleo鈥 para mantener la estabilidad del sistema.

Economistas como Paul Samuelson se convirtieron en el rostro del nuevo establishment: 茅l y otros, procedentes de contadas universidades de elite, terminaron siendo inmensamente influyentes en Washington. En teor铆a, Minsky podr铆a haber sido una estrella acad茅mica en el nuevo establishment. Como Samuelson, se doctor贸 en econom铆a por la Universidad de Harvard, donde estudi贸 con el legendario economista austr铆aco Joseph Schumpeter, as铆 como el futuro premio Nobel Wassily Leontief.

Pero Minsky estaba cortado por otro patr贸n. Descendiente de inmigrantes de Minsk, actual Bielorrusia, Minsky vino al mundo entre pa帽os rojos, hijo de socialistas mencheviques. Mientras que la mayor铆a de economistas se pasaron los a帽os cincuenta y sesenta estudiando penosamente modelos matem谩ticos, Minsky hizo una investigaci贸n sobre la pobreza, algo que dif铆cilmente puede considerarse el no va m谩s para los economistas. Con sus largos cabellos blancos, Minsky se encontraba m谩s cerca de la contracultura que de la econom铆a al uso. Era, seg煤n recuerda el economista L. Randall Wray, un antiguo estudiante, 鈥渢odo un personaje.鈥

As铆 que mientras sus colegas de universidad iban ganando premios Nobel y escalando posiciones en la Academia, Minsky palidec铆a. Fue sin rumbo de trabajo en trabajo, de Brown a Berkeley, y de ah铆 a la Universidad de Washington. A煤n peor: muchos economistas ni siquiera conoc铆an su obra. Una rese帽a sobre Minsky publicada en 1997 anotaba simplemente que 鈥渟u obra no ha ejercido una influencia a tener en cuenta en las discusiones macroecon贸micas de los 煤ltimos treinta a帽os.鈥

Con todo, se mantuvo ocupado. Adem谩s de la pobreza, Minsky empez贸 a ahondar en el estudio de las finanzas, las cuales, a pesar de su aparente importancia, no ocupaban ning煤n lugar en las teor铆as formuladas por Samuelson y otros. Tambi茅n empez贸 a formular una pregunta simple e inquietante: 鈥溌’Eso’ podr铆a volver a ocurrir?鈥, donde 鈥渆so鈥 era, como Voldemort, la n茅mesis de Harry Potter, lo innombrable: la Gran Depresi贸n.

En sus escritos, Minsky miraba hacia su h茅roe intelectual, Keynes, razonablemente el mayor economista del siglo XX. Pero donde la mayor铆a de economistas extra铆an una lecci贸n, por lo dem谩s muy simple, de Keynes (a saber, que el gobierno pod铆a dar un paso al frente y microgestionar la econom铆a, limar las asperezas del ciclo econ贸mico y mantener las cosas en funcionamiento), Minsky no ten铆a ning煤n inter茅s en lo que 茅l y otros economistas disidentes llegaron a definir como 鈥渒eynesianismo bastardo.鈥

En vez de eso Minsky extrajo sus propias y mucho m谩s sombr铆as conclusiones de los principales escritos de Keynes, en los que no s贸lo trat贸 los problemas del desempleo, sino tambi茅n del dinero y la banca. Aunque Keynes nunca lo afirm贸 expl铆citamente, Minsky sostuvo que toda la obra de Keynes conduc铆a a la conclusi贸n de que el capitalismo era por su misma naturaleza inestable y propenso a su desplome. Lejos de dirigirse hacia alg煤n tipo de estado de equilibrio m谩gico, el capitalismo pod铆a hacer justamente lo contrario. Pod铆a ir dando bandazos por un acantilado.

Este an谩lisis llevaba la marca de su consejero Joseph Schumpeter, el reputado economista austr铆aco hoy famoso por documentar el incesante proceso de 鈥渄estrucci贸n creativa鈥 del capitalismo. Pero Minsky se pas贸 m谩s tiempo pensando en la destrucci贸n que en la creaci贸n. Al hacerlo, formul贸 una intrigante teor铆a: no s贸lo el capitalismo era propenso al desplome, escribi贸, sino que precisamente eran sus per铆odos de estabilidad econ贸mica los que allanaban el camino a crisis monumentales.

Minsky llam贸 a esta idea 鈥渓a hip贸tesis de la inestabilidad financiera.鈥 En el despuntar de una depresi贸n, observ贸, las instituciones financieras son extraordinariamente conservadoras, como lo son los negocios. Con los prestatarios y prestamistas alimentando la econom铆a con sus acuerdos de alto riesgo, las cosas marchan con suavidad: los pr茅stamos se pagan casi siempre a tiempo, los negocios tienen por lo general 茅xito y a todo el mundo le va bien. Este 茅xito, empero, inevitablemente anima a los prestatarios y a los prestamistas a arriesgarse m谩s con la razonable esperanza de conseguir m谩s dinero. Como observ贸 Minsky, 鈥渆l 茅xito alimenta el rechazo a la posibilidad de un fracaso.鈥

Cuando la gente olvida que el fracaso es una posibilidad, una 鈥渆conom铆a euf贸rica鈥 se desarrolla finalmente, alimentada por el crecimiento de prestatarios que emprenden riesgos -lo que denomin贸 prestatarios especuladores, cuyos ingresos cubrir铆an los intereses pero no las deudas principales; y aquellos a quienes denomin贸 鈥減restatarios Ponzi鈥, que ni siquiera cubrir铆an los intereses y s贸lo podr铆an pagar sus facturas pidiendo nuevos pr茅stamos. A medida que los miembros de estas 煤ltimas categor铆as creciesen, la econom铆a general se desplazar铆a de un ambiente conservador pero rentable a un sistema mucho m谩s irresponsable dominado por agentes cuya supervivencia no depende solamente de planes empresariales s贸lidos, sino del dinero prestado y de cr茅ditos a libre disposici贸n.

Una vez desarrollada una econom铆a como 茅sta, cualquier p谩nico podr铆a hacer que se fuera a pique al mercado. El fracaso de una sola empresa, por ejemplo, o la revelaci贸n de un fraude asombroso podr铆an disparar el miedo y un repentino y generalizado intento de la econom铆a por liberarse de la deuda. Este hito -que m谩s tarde recibir铆a el nombre de 鈥渕omento Minsky鈥- crear铆a un ambiente profundamente inh贸spito para todos los prestatarios. Los especuladores y prestatarios Ponzi ser铆an los primeros en venirse abajo, a medida que pierden acceso al cr茅dito que necesitan para sobrevivir. Incluso los agentes m谩s estables pueden encontrarse en la situaci贸n de no ser capaces de afrontar sus deudas sin vender sus activos. Esta venta de activos forzada har铆a entrar el valor de los mismos en una espiral descendente e inevitablemente el agrietado edificio financiero empezar铆a a venirse abajo. Los negocios se tambalear铆an y la crisis se extender铆a a la econom铆a 鈥渞eal鈥 dependiente del sistema financiero ahora en desplome.

Desde los sesenta en adelante Minsky trabaj贸 en esta hip贸tesis. En aquella 茅poca crey贸 que este desplazamiento estaba ya produci茅ndose: la estabilidad de posguerra, la innovaci贸n financiera y el reflujo del recuerdo de la Gran Depresi贸n estaban gradualmente estableciendo las bases para una crisis de proporciones 茅picas. La mayor parte de lo que dijo fue a caer en o铆dos sordos. Los sesenta fueron una 茅poca de s贸lido crecimiento, y aunque el estancamiento econ贸mico de los setenta fue un duro golpe para el grueso de la econom铆a neokeynesiana, los responsables de la pol铆tica econ贸mica no acudieron raudos a Minsky. En vez de eso, el fundamentalismo de libre mercado ech贸 ra铆ces: el gobierno era el problema, no la soluci贸n.

Adem谩s, el nuevo dogma coincidi贸 con una notable 茅poca de estabilidad. El per铆odo de finales de los ochenta hacia adelante ha recibido el nombre de la 鈥済ran moderaci贸n鈥, una 茅poca de recesiones poco profundas y de una gran capacidad de recuperaci贸n en la mayor parte de las mayores econom铆as industriales. Las cosas nunca hab铆an sido tan estables. La posibilidad de que 鈥渆so鈥 ocurriese de nuevo parec铆a una broma.

Y a pesar de todo, en este per铆odo el sistema financiero -no la econom铆a, sino las finanzas como industria- estaba creciendo a pasos agigantados. Minsky se pas贸 los 煤ltimos a帽os de su vida, a principios de los noventa, advirtiendo de los peligros de la titulizaci贸n y otras formas de innovaci贸n financiera, pero pocos economistas le escucharon. Tampoco prestaron atenci贸n a la creciente dependencia de los consumidores y empresas de la deuda, y el empleo creciente del apalancamiento en el sistema financiero.

Para finales de siglo XX, el sistema financiero del que Minsky hab铆a advertido se hab铆a ya materializado, completado con prestatarios especuladores, prestatarios Ponzi y unos pocos prestatarios conservadores que completaban el esquema y eran los cimientos de una econom铆a verdaderamente estable. Despu茅s de d茅cadas, hab铆amos olvidado de verdad el significado de la palabra riesgo. Cuando empresas financieras de varios pisos de altura empezaron a derrumbarse, enviando se帽ales a trav茅s de la econom铆a 鈥渞eal鈥, sus predicciones comenzaron a parecerse mucho a un mapa de carreteras.

鈥淣o fue un momento Minsky鈥, explica Randall Wray. 鈥淔ue medio siglo Minsky.鈥

Ahora Minsky hace furor. Hace un a帽o un influyente columnista del Financial Times le confi贸 a sus lectores que la relectura de la 鈥渙bra maestra鈥 de Minsky de 1986 -Stabilizing and Unstable Economy (Estabilizando una econom铆a inestable)- 鈥渕e hab铆a ayudado a aclarar mis ideas respecto a la crisis.鈥澛 Otros se unieron al coro sin tardanza. A principios de este a帽o, dos pesos pesados de la econom铆a 鈥揚aul Krugman y Brad DeLond鈥 se quitaron el sombrero ante 茅l en foros p煤blicos. Es m谩s, el ganador del premio Nobel Paul Krugman titul贸 una de sus conferencias en la London School of Economics 鈥淭he Night They Re-read Minsky.鈥 (La noche en que releyeron a Minsky)

Hoy la mayor铆a de economistas, qu茅 duda cabe, est谩n leyendo por vez primera a Minsky, intentando encajar sus an谩lisis, tan poco convencionales, en los andamiajes teor茅ticos de su profesi贸n. Si Minsky viviera, sin duda hubiera aplaudido este reconocimiento tard铆o, a煤n produci茅ndose a un terrible costo. Como observ贸 ir贸nicamente en una ocasi贸n, 驴acaso nos es Minsky de alguna ayuda? Si el capitalismo es un sistema inestable e inherentemente autodestructivo -m谩s all谩 de que produce desigualdades y desempleo, como observ贸 Keynes-, 驴ahora qu茅?

Despu茅s de haber empleado su vida advirtiendo de los peligros de la complacencia en lo que se refiere a la estabilidad -y que dieron en o铆dos sordos-, Minsky fue razonablemente pesimista en cuanto a la posibilidad de cortocircuitar el tr谩gico ciclo de booms y pinchazos. Pero s铆 que cre铆a que se pod铆an hacer muchas cosas con el fin de sortear el peligro.

Para evitar que el momento Minsky se convirtiese en una calamidad nacional, parte de su soluci贸n (que era compartida por otros economistas) era que la Reserva Federal -que 茅l gustaba en llamar 鈥淏ig Bank鈥- se adentrase en la brecha y actuase como prestamista en 煤ltima instancia para las empresas bajo asedio. Inyectando liquidez a las empresas en zozobra, la Reserva Federal podr铆a romper el ciclo y estabilizar el sistema financiero. Fracas贸 a la hora de hacerlo en la Gran Depresi贸n, cuando se qued贸 a un lado y dej贸 que la crisis bancaria entrase en una espiral fuera de todo control. Esta vez, bajo la direcci贸n de Ben Bernanke 鈥揷omo Minsky, un acad茅mico de la Depresi贸n鈥 ha tomado un acercamiento diferente, convirti茅ndose en el prestamista en 煤ltima instancia de todo, desde hedge funds a bancos de inversi贸n y fondos monetarios.

La otra soluci贸n de Minsky, no obstante, era considerablemente m谩s radical y pol铆ticamente un sapo dif铆cil de tragar. La t谩ctica favorita de sacar a la econom铆a de la crisis estaba 鈥搚 est谩鈥 basada en la noci贸n keynesiana de 鈥渂ombear el inflador鈥 (priming the pump) enviando dinero para emplear a grandes masas de mano de obra cualificada y sindicada en la construcci贸n de una l铆nea de ferrocarril, por ejemplo.

Minsky, sin embargo, defendi贸 un acercamiento del tipo 鈥渂urbuja鈥, que enviase primero dinero a los pobres y los obreros no cualificados. El gobierno 鈥搊 como 茅l prefer铆a llamarlo, el 鈥淕ran gobierno鈥濃 deber铆a convertirse en 鈥溍簂tima instancia en el empleador鈥, dijo, ofreciendo trabajo a cualquiera que quisiera ejercer uno a partir de un salario m铆nimo que ser铆a pagado a los trabajadores que proporcionasen cuidados a los ni帽os, limpiasen las calles o proporcionasen servicios que dieran a los contribuyentes pruebas visibles de la inversi贸n de sus d贸lares. Disponibles para todos, ser铆a incluso m谩s ambicioso que el New Deal, reduciendo considerablemente las cuentas del estado de bienestar al garantizar un empleo para cualquiera que fuese capaz de trabajar. Un programa como 茅ste no s贸lo ayudar铆a, seg煤n 茅l cre铆a, a los pobres y a los trabajadores no cualificados, sino que tambi茅n pondr铆a una red de seguridad debajo del salario de todos los dem谩s, previniendo que los salarios de los trabajadores m谩s cualificados cayese precipitadamente, y enviando los beneficios a lo largo de toda la escalera socioecon贸mica.

Mientras los economistas acaso reconozcan algunos de los an谩lisis de Minsky respecto a la inestabilidad financiera, parece que puede afirmarse con seguridad que incluso los responsables pol铆ticos m谩s liberales est谩n muy lejos de pensar un papel para el gobierno americano tan expansivo. Un caro programa de pleno empleo estar铆a demasiado cerca del socialismo como para que fuese c贸modo para los pol铆ticos. Por su parte, Wray piensa que los cr铆ticos est谩n dispuestos a interpretar incorrectamente a Minsky: 鈥溍﹍ vio estas ideas como perfectamente consistentes con el capitalismo鈥, dice Wray. 鈥淗ar铆an que el capitalismo funcionase mejor.鈥

Pero no a la perfecci贸n. Si hay que extraer alguna conclusi贸n de las obras completas de Minsky, es que la perfecci贸n, como la estabilidad y el equilibrio, son espejismos. Minsky no comparti贸 la extra帽a creencia de su profesi贸n de que todo pod铆a ser reducido a un peque帽o modelo o a una teor铆a f谩cil. La suya era una especie de econom铆a existencial: el capitalismo, como la vida misma, era dif铆cil, e incluso tr谩gica. 鈥淣o hay ninguna respuesta simple a los problemas de nuestro capitalismo鈥, escribi贸 Minsky. 鈥淣o hay ninguna soluci贸n que pueda transformarse en una frase pegadiza e imprimirse en grandes carteles.鈥

Es un sentir que puede limitar el que Minsky se convierta en parte de una nueva ortodoxia. Pero eso es probablemente lo que 茅l hubiera preferido, seg煤n cre铆a el economista James Galbraith. 鈥淐reo que se resistir铆a a ser domesticado鈥, dijo Galbraith. 鈥淪e pas贸 toda su carrera aislado profesionalmente.鈥

Stephen Mihm es profesor de historia en la Universidad de Georgia y autor de A Nation of Counterfeiters [Una naci贸n de falsificadores] (Harvard, 2007).

Traducci贸n para www.sinpermiso.info: 脌ngel Ferrero.

Globe Correspondent, 13 septiembre 2009

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Noviembre 16th, 2009 at 12:00 am

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Rato se ofreci贸 antes del verano a Rajoy para presidir Caja Madrid, de Jes煤s Cacho en El Confidencial

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El ex ministro de Econom铆a del Partido Popular, Rodrigo Rato, visit贸 antes del verano el despacho de Mariano Rajoy en la calle G茅nova para notificarle su inter茅s por hacerse cargo de la presidencia de Caja Madrid si el partido se la ofrec铆a. 鈥淓stoy disponible鈥. De acuerdo con las fuentes, el tambi茅n ex director gerente del FMI se adentr贸 en un largo circunloquio acerca de las diferencias surgidas entre ambos en los 煤ltimos a帽os. 鈥淟o de Valencia ya qued贸 atr谩s; la vida pol铆tica tiene estas cosas y si puedo echarte una mano lo har茅 con gusto鈥, resumen las fuentes.

Para poner en valor su ofrecimiento, el aludido asegur贸 contar con una oferta de Emilio Bot铆n para formar parte del consejo de administraci贸n del Santander, por lo que le ser铆a conveniente recibir cuanto antes una se帽al sobre las intenciones del partido en torno a la Caja para obrar en consecuencia. Rajoy, al decir de las fuentes, le anim贸 a aprovechar la oportunidad del Santander, 鈥減orque una oferta de Bot铆n no es moco de pavo鈥. Del gallego no sali贸 una palabra que pudiera ser interpretada como un gui帽o c贸mplice para con los deseos del ilustre visitante. Fr铆o glaciar.

La siguiente etapa en el peregrinar de Rato Figaredo consisti贸 en visitar a Esperanza Aguirre en su despacho oficial de la Puerta del Sol. Con el mismo ofrecimiento. La presidenta de la Comunidad tuvo palabras de afecto para el aludido, dijo tomar nota de sus deseos, pero hizo hincapi茅 en la necesidad de hilar fino a la hora de buscar sustituto a Miguel Blesa. 鈥淣o tenemos mayor铆a en el Consejo de la Caja, lo que nos obliga a pactar la presidencia. Y es un pacto que cada vez se hace m谩s complicado al ser necesario meter en el mismo a m谩s gente鈥︹

A finales de septiembre, casi a las puertas de la cita de Copenhague donde la corazonada de Alberto Ruiz Gallard贸n vivi贸 su Waterloo, quien visit贸 el despacho de Rajoy fue el vicepresidente de la CC.AA. de Madrid, Ignacio Gonz谩lez. Las siempre inquietas aguas de Caja Madrid atravesaban ya por fuerte marejada rolando a mar gruesa. El segundo de Aguirre cuenta pormenorizadamente al del PP el pacto de estabilidad trabajosamente alcanzado en julio por 茅l mismo y el presidente del Partido Socialista de Madrid (PSM), Tom谩s G贸mez, al que se han adherido IU y los sindicatos UGT y CC.OO. de聽 Banca.

En realidad Nacho Gonz谩lez estaba ofreciendo al de G茅nova una especie de proyecto 鈥渓lave en mano鈥, un acuerdo ya cerrado que garantizaba el control de la Caja para el PP y acababa con las incertidumbres. No est谩 claro si en aquel encuentro Nacho Gonz谩lez se postul贸 como sustituto de Blesa o se guard贸 esa carta. Lo que s铆 est谩 probado es que Mariano Rajoy en ning煤n momento aludi贸 a la existencia de compromiso alguno con Rato. Ni palabra. M谩s a煤n, el gallego dio las gracias al visitante por haberle puesto al corriente del pacto descrito y le anunci贸 que 鈥渉ablar铆a con Esperanza y con Alberto鈥.

En realidad, hasta fecha muy reciente Mariano Rajoy no ha manifestado preferencia alguna por el ex ministro de Econom铆a, que actualmente comparte tres empleos en otros tantos bancos 鈥揕a Caixa, Santander y Lazard-. Incontables han sido los testimonios llegados a la sede de G茅nova relatando las 谩cidas cr铆ticas vertidas por Rato en toda clase de ambientes a la gesti贸n de Rajoy al frente del PP, su falta de nervio, su car谩cter dubitativo y medroso鈥 El propio entorno de Rajoy se encargaba de enfatizar los peligros que para 茅l supondr铆a colocar a Rato al frente de Caja Madrid: 鈥溍塻te te har铆a de todo menos un favor鈥.

Rajoy se hace 鈥榬atista鈥

Por eso, en la sede de G茅nova no acaban de salir de su asombro a cuenta del brusco giro protagonizado por el gallego indolente al manifestar su apoyo a la candidatura de Rato. Las diferencias entre ambos han sido y son tan grandes que s贸lo un tsunami ser铆a capaz de llenar el abismo que los separa. Todos recuerdan las quejas de don Rodrigo, reci茅n vuelto de Washington tras su espantada del FMI, en los d铆as de aguda crisis que precedieron al congreso de Valencia, junio de 2008: 鈥淓s que este c. no me ha llamado ni una sola vez鈥.

Rajoy pasaba de Rato. El de Pontevedra lo ha tenido siempre por el 煤nico enemigo capaz de moverle la silla de G茅nova solo o en compa帽铆a de otros/as. 驴Por qu茅 se echa ahora en sus brazos? Sus m谩s cercanos colaboradores no se lo explican: 鈥淐osas de Mariano; cree que si le debe algo a Rato, con esto le aplacar谩鈥. Para un antiguo colaborador del ex ministro, 鈥淩ajoy opta por Rato en el momento en que se da cuenta de que Esperanza Aguirre va en serio con la alternativa de Nacho Gonz谩lez para presidir Caja Madrid, apoya a muerte a Nacho, una posibilidad que le horroriza, porque podr铆an utilizar la entidad para desestabilizarle鈥.

En el entorno de la Puerta del Sol, sede de la Comunidad de Madrid, lo tienen claro: 鈥溍塻ta es una guerra para neutralizar a Esperanza como alternativa. 脡ste es el fondo de la cuesti贸n: la toma de conciencia de d煤o formado por Rajoy y Gallard贸n de su propia debilidad actual 鈥搖no por el caso G眉rtel y otro por su pen煤ltimo fracaso ol铆mpico- y el miedo a que Esperanza termine por llevarse el canto y la limosna en el PP, una vez desaparecido Paco Camps en combate. Hay que matar a聽 Esperanza como alternativa鈥. Como dijo Konrad Adenauer, 鈥渉ay enemigos, enemigos mortales y compa帽eros de partido鈥.

Una tercera versi贸n, no necesariamente excluyente pero con m谩s picante, apunta a que Rajoy lanza la candidatura de Rato para quemarlo. En el peor de los casos, piensa el gallego, puede que resulte una buena idea soltar a un tercer gallo en el corral madrile帽o, para que se maten a picotazos entre ellos. 鈥淭odo para no abordar el fondo de la cuesti贸n鈥, asegura un destacado militante, 鈥渜ue no es otro que el agua crisis interna motivada por la falta de liderazgo de Mariano y las ambiciones irredentas de Ruiz-Gallard贸n鈥.

El incidente del Golfo de Tonkin que desata las escaramuzas聽 contra Aguirre es la entrevista del vicealcalde Manuel Cobo aparecida el lunes en el diario El Pa铆s, donde el alter ego de Gallard贸n, aunque son muchos los que sospechan que se trata del propio Gallard贸n, pone a la regidora madrile帽a como chupa de d贸mine. Sin haber terminado de digerir aun el drama G眉rtel, el alcalde de Madrid plantaba ante la sede de G茅nova un coche bomba capaz de llevarse por delante al partido. Lo alucinante es que en la Comunidad piensan que tras los pasamonta帽as que cubren el rostro de los miembros del comando se esconde el propio Rajoy.

Un coche bomba a las puertas de G茅nova

Ese mismo d铆a, con la entrevista en la calle, en la sede de G茅nova tienen lugar los habituales maitines de los lunes, a los que acude, tan campante, el fara贸n madrile帽o. 鈥淣o me preocupa en absoluto鈥, cont贸 orondo a un director de peri贸dico con el que almorz贸 ese mismo d铆a. 鈥淎lguien saldr谩 en G茅nova diciendo alguna bobada, pero Mariano no va a hacer nada鈥. En pleno pasillo de la s茅ptima planta, un alto cargo del partido oy贸 a Esperanza interpelar a Rajoy de forma perentoria:

-Dime una cosa, Mariano, 驴t煤 est谩s detr谩s de las declaraciones de Cobo o te has desayunado con ellas como yo鈥?

-隆Por supuesto que me he desayunado, faltar铆a m谩s鈥! 鈥搑espondi贸 el aludido con malas pulgas.

La presidenta madrile帽a respondi贸 a la provocaci贸n de Cobo como los provocadores esperaban: reclamando una reparaci贸n a las ofensas en forma de castigo al agresor. Lo ha hecho con la contundencia que viene al caso: no habr谩 ninguna posibilidad de llegar a una soluci贸n negociada en el contencioso de Caja Madrid en tanto en cuanto no se aplique a Cobo la legislaci贸n vigente en el partido. Mientras no se le sancione, G茅nova debe dar por rota toda interlocuci贸n con la Puerta del Sol. Guerra civil abierta en el PP madrile帽o. Y Mariano en silencio.

El 煤nico hombre feliz en esta guerra es Rodrigo Rato, que ha recibido el nihil obstat para presidir la Caja no solo de G茅nova sino de todo el establishment patrio, incluidas las tres casas de banca para las que trabaja. Hasta Zapatero ha respondido amablemente a un pedido del interesado por persona interpuesta asegurando que 鈥渘o me parece mal鈥. Cualquier cosa que sirva para echar m谩s le帽a al fuego del PP es buena para el PSOE. Sostiene un banquero madrile帽o: 鈥淵o creo que ahora gana mucho m谩s, aunque no deja de ser un empleado distinguido, sin el menor relieve p煤blico. En Caja Madrid ser谩 el jefe, de modo que lo que fundamentalmente consigue con el cambio es estatus鈥. Y siempre podr铆a abandonar la Caja, como hizo con el FMI, si la lucha por el poder en el PP le hiciera un gui帽o.

En el Madrid financiero se daba ayer por hecha su nominaci贸n como sustituto de Miguel Blesa. Todos parecen haber olvidado que la autoridad de tutela pertenece a la Comunidad de Madrid, y que es la Comunidad y su vicepresidente, Nacho Gonz谩lez, quien tiene聽 armado con el socialista Tom谩s G贸mez el pacto necesario para sumar en el Consejo los 11 votos capaces de elegir presidente. De modo que el Rey Sol Rato tendr谩 que esperar. Y tal vez arremangarse y negociar. Con apoyos de sobra en Madrid, Esperanza, mala enemiga a la contra, no parece dispuesta esta vez a dar un paso atr谩s.

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Octubre 30th, 2009 at 8:05 am

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ZP en la ‘war room’, de Ra煤l del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Adivina qui茅n viene a almorzar: Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero. Durmi贸 en Blair House antes de pisar la moqueta de Monica, luego fue al Ala Oeste, el Despacho Oval, de tres ventanas y cuatro puertas, donde vive el Gran Sat谩n, buscando con sat茅lite-consola las barbas de Bin Laden. Primero estuvo en el Capitolio, hecho a semejanza de San Pedro, se entrevist贸 con Nancy Pelosi y elogi贸 el legado de los padres fundadores de una gran democracia. La Casa Blanca, el palatino, donde est谩 la war room, que puede destruir el globo en 10 minutos, es tambi茅n un sitio de chismes y de suegras. Kennedy lo convirti贸 en un motel, seg煤n 茅l mismo en un caf茅 de intelectuales porque invitaba a Malraux; mientras cenaba con 茅l mandaba mercenarios a la bah铆a de Cuba, ordenaba a la 7陋 Flota bombardear los arrozales o autorizaba una campa帽a para desprestigiar a Neruda.

Zapatero, fichado por la CIA como el chorizo de Cantimpalos, esta vez fue como aliado. Prometi贸 enviar m谩s soldados a Afganist谩n y acoger a un palestino y a un yemen铆 que estuvieron presos en Guant谩namo. No tuvo que curvarse mucho ante el que interpreta el sue帽o americano. Le lleva ventaja en la sanidad y en los matrimonios homosexuales. Hubo entre ellos sinton铆a, hablaron, cada uno en su idioma, la lengua de la alianza de las civilizaciones y la paz. Lo que m谩s detestan los americanos son los servilones, y sus mejores amigos son los que tuvieron una adolescencia antiamericana.

Zapatero ya no bebi贸 leche en polvo en los recreos, pero en el cineclub de Le贸n, cuando era un zagal, hablaba del macartismo y contaban que se acu帽aban monedas que dec铆an simplemente: 芦John Wayne, Am茅rica禄. Luego fue anti OTAN 10 minutos. Abomin贸 de la Am茅rica del garrote, la del napalm, la que proteg铆a a sus dictadores, la del rufi谩n Bush. Hay dos naciones, la de los pistoleros reaccionarios y la de los vaqueros buenos. Zapatero est谩 con la segunda, la de Obama, que ha limpiado la bandera de las estrellas de sangre y de tortura.

Dice Borges, con racismo infantil, que los negros no tienen memoria hist贸rica. 芦Mi abuela dec铆a que los esclavos negros que ten铆a no sab铆an que sus abuelos hab铆an sido vendidos en la plaza del Retiro禄. Mejor que Obama olvide una serie de malentendidos, gestos airados. Nosotros olvidaremos el hundimiento del Maine y Palomares. Qu茅 le vamos a hacer, nuestros monstruos sagrados son americanos.

Lleg贸 a la Casa Blanca un descendiente de los buscadores de oro que no s贸lo descubrieron Am茅rica sino que llegaron a Nevada atravesando el Misisip铆, fundaron San Francisco y cruzaron el equinoccio con caballos de crines alborotadas en el territorio de los bisontes rojos como la brasa, con h茅roes como Cabeza de Vaca, el curandero del avemar铆a.

La foto de Washington es buena. Son dos perfiles paralelos para captar el voto a trav茅s de un humanismo l铆rico.

漏 Mundinteractivos, S.A.

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Octubre 14th, 2009 at 8:14 am

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El refer茅ndum como arma pol铆tica, de Francisco Balaguer Callej贸n en P煤blico

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El refer茅ndum puede ser un instrumento muy 煤til para que las decisiones sean m谩s democr谩ticas desde el punto de vista de su vinculaci贸n directa con la ciudadan铆a. Tambi茅n puede ser鈥搚 lo ha sido muy habitualmente鈥 un instrumento de legitimaci贸n de reg铆menes dictatoriales y un recurso f谩cil para su utilizaci贸n demag贸gica. Una de las primeras reglas para que no se convierta en un arma pol铆tica con pretensiones demag贸gicas es que el 谩mbito de la consulta coincida con el de la decisi贸n. Esto es, que una comunidad de vecinos, por ejemplo, no pretenda decidir sobre el futuro de una ciudad o una ciudad sobre el futuro de un pa铆s. Adem谩s hay otras: que haya sido legalmente convocado por la autoridad a la que corresponda y que se hayan observado todas las garant铆as propias de un proceso refrendatario. En realidad, en una democracia constitucional, el refer茅ndum aporta legitimidad directa a las decisiones (si se dan las condiciones establecidas legalmente) pero no necesariamente mayor sentido democr谩tico, porque no elimina la tensi贸n dial茅ctica entre mayor铆a y minor铆as sobre la que se asienta la democracia pluralista y el Estado constitucional de Derecho. La democracia constitucional se ha construido sobre la idea de que la mayor铆a debe ser controlada para evitar la lesi贸n de los derechos de las minor铆as y, por ese motivo, tambi茅n la ciudadan铆a est谩 sometida a las reglas que articulan la convivencia pac铆fica entre todos los sectores sociales. Las reglas se pueden cambiar por los procedimientos establecidos previamente pero, mientras no se modifiquen, hay que respetarlas.

Legitimar el refer茅ndum como arma pol铆tica tiene sus problemas. Hoy puede ser una consulta en diversas poblaciones de Catalunya sobre la independencia, ma帽ana podr铆a serlo una iniciativa de sectores conservadores en contra de los derechos de determinados colectivos o de las pol铆ticas de igualdad del Gobierno o de cualquier otro argumento que se quisiera convertir en centro del debate por la v铆a de la agitaci贸n animada a trav茅s de consultas populares. Cuando desde un sector se comienzan a utilizar determinadas armas pol铆ticas, se debe ser consciente de que otros tambi茅n pueden recurrir a ellas y quiz谩s con pretensiones menos idealistas. Adem谩s, se pueden favorecer reacciones desproporcionadas y demag贸gicas, que tratan de poner en cuesti贸n la legitimidad del debate independentista. Un debate en el que se puede estar a favor o en contra, pero del que no se deber铆a dudar de su car谩cter democr谩tico.

Y, desde luego, se equivocan quienes dicen que para un refer茅ndum de independencia no se pide permiso. La experiencia hist贸rica nos evidencia que para lo que no hay que pedir permiso es para la independencia. Para la independencia no hace falta ning煤n refer茅ndum. Lo que hace falta es el consenso previo de una amplia mayor铆a de la sociedad a favor de esa opci贸n. Justamente lo que hoy no se da en Catalunya, para fortuna de quienes creemos que su aportaci贸n es imprescindible para la modernizaci贸n de Espa帽a, en un proyecto compartido de vocaci贸n social y europea.

Francisco Balaguer Callej贸n. Catedr谩tico de Derecho Constitucional

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Septiembre 19th, 2009 at 9:05 am

Sopa de letras para el final de la crisis, de Jos茅 Carlos D铆ez en El Mundo

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ESPA脩A EN RECESI脫N: El an谩lisis de los expertos

Vencida la recesi贸n, ahora el debate se centra en c贸mo ser谩 la recuperaci贸n y los economistas andan inventando letras para definir sus escenarios m谩s probables. V, U, W, L llenan los medios especializados en econom铆a.

La econom铆a es una ciencia milenaria y, aunque ha conseguido desarrollar un aparato te贸rico muy sofisticado en el 煤ltimo siglo, la base sigue siendo emp铆rica. El problema es que en macroeconom铆a es dif铆cil hacer experimentos controlados, lo cual dificulta el an谩lisis comparado con eventos acontecidos anteriormente. Por lo tanto, cualquiera de las letras es probable, la cuesti贸n es asignarle una probabilidad de suceso a cada escenario.

Los economistas que han estudiado crisis de esta magnitud han llegado a la conclusi贸n de que cuando las econom铆as caen con esa virulencia se recuperan con la misma intensidad, por lo que el escenario m谩s probable ser铆a la V. Guillermo Calvo, uno de los economistas m谩s prestigiosos en este tipo de estudios, lo ha definido como el milagro del Ave F茅nix, ya que las econom铆as resurgen de sus propias cenizas.

Lo m谩s sorprendente de este tipo de recuperaciones es que, habiendo sido la restricci贸n crediticia la que ha provocado el brusco frenazo de actividad, la recuperaci贸n se produce sin que se reactive el cr茅dito. Su tesis es que la crisis provoca una selecci贸n natural y s贸lo sobreviven las empresas que mejor se adaptan al nuevo entorno. Para ello, se apoyan en sus inversiones que ya generan flujos de caja positivos y acometen nuevos proyectos con autofinanciaci贸n, sin apelar a los canales formales de cr茅dito.

En el comercio mundial los datos ya confirman una salida en V y poco a poco se ir谩n contagiando al sector industrial y al sector servicios. Los planes de estimulo fiscal tardan en implementarse y cuando lo hacen tienen un fuerte impacto sobre el PIB apoyando tambi茅n el escenario en V. Y, por 煤ltimo, la brusca ca铆da tambi茅n apoya que veamos fuertes tasas de crecimiento hasta final de a帽o, simplemente por la recomposici贸n del ciclo de inventarios de las empresas.

Pasada esta sobrerreacci贸n, la realidad es que este tipo de crisis deja fuertes cicatrices, principalmente elevadas tasas de desempleo, y el crecimiento potencial de las econom铆as merma por lo que las tasas de crecimiento se estabilizan en niveles inferiores al ciclo anterior.

Tras la V hay riesgo de W. Las econom铆as est谩n saliendo de la recesi贸n por los est铆mulos fiscales y monetarios y por los esfuerzos de los gobiernos para estabilizar el sistema financiero. Pasada la recesi贸n ahora toca retirar los est铆mulos. Si lo haces muy bruscamente provocas una reca铆da como hizo la Fed en 1982 o Roosevelt en 1937. Si lo haces muy lento y exacerbas las expectativas inflacionistas, el repunte de los tipos de inter茅s de largo plazo tambi茅n puede provocar otra recesi贸n.

脡ste no es el escenario central, pero la probabilidad de que suceda es elevada. Lo de la L s贸lo ha sucedido en Jap贸n y si el lector ha visto la pel铆cula Lost in translation comprender谩 que la sociedad japonesa no es comparable al resto.

En Espa帽a las exportaciones de bienes crecieron con fuerza en el segundo trimestre y las ayudas a la compra de autom贸vil, la reactivaci贸n de la obra p煤blica y la bajada de tipos hipotecarios tambi茅n sacar谩n a la econom铆a de la recesi贸n antes de final de a帽o, por lo que el escenario no dista mucho del resto. Nosotros tambi茅n tenemos fuertes cicatrices pero ya hemos demostrado con creces en los 煤ltimos cincuenta a帽os nuestra capacidad para curarlas con 茅xito.

Jos茅 Carlos D铆ez es Economista jefe de Intermoney y profesor de econom铆a de la Universidad de Alcal谩.

漏 Mundinteractivos, S.A.

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Agosto 30th, 2009 at 12:07 pm

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Concordes y cometas, de Jos茅 Garc铆a Montalvo en Dinero en La Vanguardia

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驴Se podr铆a volar de Par铆s a Nueva York en s贸lo tres horas? S铆. S贸lo har铆a falta que el Concorde siguiera operativo. Pero 驴por qu茅 no utilizamos la tecnolog铆a m谩s eficiente y r谩pida? El motivo es que la aviaci贸n supers贸nica es compleja y susceptible de grandes desastres ante peque帽as disfunciones. La econom铆a internacional anterior a la actual crisis econ贸mica era una especie de Concorde. El proceso de r谩pida globalizaci贸n y de generaci贸n de liquidez, basada en unos tipos de inter茅s muy bajos, la titulizaci贸n masiva de activos y el modelo de originar para distribuir el riesgo, hab铆a conseguido grandes logros en poco tiempo. Millones de personas sal铆an de la pobreza en China e India gracias a la globalizaci贸n de los mercados. Al mismo tiempo, las innovaciones financieras consegu铆an que la tasa de propietarios de vivienda en Estados Unidos subiera del 64% al 69% en pocos a帽os.

Pero disfunciones en mecanismos te贸ricamente muy eficientes pueden crear graves problemas. El motor del originar para distribuir ten铆a un fallo importante: los bancos y emisores de los t铆tulos en general eran los que pagaban por las calificaciones de las agencias de rating. Este incentivo perverso hac铆a que las agencias concedieran calificaciones demasiado generosas a los t铆tulos. Dada la facilidad de colocar estos activos, por su alta calificaci贸n, los bancos se lanzaron a generar tantos activos como pudieron para lo que no dudaron en hacer pr茅stamos a familias que dif铆cilmente podr铆an pagarlos.

Si a los problemas de motor unimos el hecho de que los pilotos, tanto Clinton como Bush Jr., estaban cegados por el inter茅s de tener m谩s due帽os de viviendas en Estados Unidos (un objetivo pol铆ticamente muy rentable) y hac铆an cada vez menos inspecciones del motor, adem谩s de intentar trucarlo reduciendo las condiciones de los cr茅ditos de Fannie Mae y Freddie Mac, ya tenemos todos los ingredientes para el desastre.

De esta situaci贸n hemos pasado a un estado de opini贸n que aboga por una banca m谩s aburrida,centrada en sus actividades tradicionales y con un nivel de regulaci贸n superior. Se ha pasado del Concorde a una cometa. El problema es que la regulaci贸n no es una panacea.

POSIBLES ALTERNATIVAS

Pero 驴hay alguna alternativa a m谩s regulaci贸n? La respuesta es afirmativa. Consiste en modificar los incentivos de los participantes en los mercados para evitar el encadenamiento de incentivos perversos que ha derivado en la crisis actual. Por ejemplo, en el proceso de titulizaci贸n de cr茅ditos, en EE. UU. ser铆a suficiente con evitar que el emisor de los t铆tulos fuera el cliente de las agencias de calificaci贸n. Si el cliente fuera el inversor (el que est谩 interesado en comprar los t铆tulos) en lugar del banco emisor, entonces las agencias de calificaci贸n no tendr铆an la presi贸n del “no te pago si no me das la m谩xima calificaci贸n, y me voy a buscar otra agencia que seguro que me la dar谩”.

Imaginemos que un emisor tiene un bono basado en activos claramente t贸xicos y la agencia de calificaci贸n le diera la calificaci贸n de bono basura. El inversor s贸lo querr铆a comprarlo si se le da una alta prima de riesgo. En esas condiciones, el emisor seguramente no tendr铆a inter茅s en generar este activo. Por tanto, el banco no tendr铆a inter茅s en originar los cr茅ditos que dar铆an lugar a un activo como 茅ste y, en consecuencia, no estar铆a interesado en conceder un pr茅stamo a una familia con una capacidad econ贸mica insuficiente. Este sistema de pago por las calificaciones romper铆a la cadena de incentivos perversos.

EL CASO ESPA脩OL

En el caso espa帽ol el modelo de financiaci贸n ha sido diferente aunque las consecuencias fueron similares: la insostenible tasa de crecimiento del cr茅dito provoc贸 una enorme burbuja en el precio de la vivienda. El mecanismo era simple: los precios de tasaci贸n se adaptaban a las necesidades de financiaci贸n de las familias en lugar de reflejar el valor de las viviendas. El motivo principal es que una gran proporci贸n de las tasaciones son efectuadas por sociedades que pertenecen mayoritariamente a bancos y cajas de ahorros, lo que supon铆a un claro conflicto de intereses.

Una soluci贸n ser铆a limitar el cr茅dito al 80% del valor registral en lugar del valor de tasaci贸n. Este cambio romper铆a la cadena de incentivos perversos del modelo espa帽ol y evitar铆a en gran medida burbujas futuras. Aumentar el valor registral de una vivienda para conseguir un cr茅dito mayor supone un enorme desincentivo en forma de carga impositiva y transparencia. Esta fricci贸n dificultar铆a mucho la formaci贸n de una burbuja y, colateralmente, mejorar铆a los ingresos tributarios.

Eliminando los incentivos perversos no ser铆a necesario incrementar excesivamente la regulaci贸n, que puede tener beneficios pero tambi茅n grandes costes. Quiz谩s el Concorde iba demasiado deprisa, pero las cometas s贸lo dan vueltas en torno a un mismo punto.

Jos茅 Garc铆a Montalvo. Catedr谩tico de Econom铆a (UPF).

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Agosto 16th, 2009 at 11:04 am

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