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Solvencia de la zona euro y eurobonos, de Carlos M陋. Bru Pur贸n en El Pa铆s

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TRIBUNA

Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE tienen que potenciar la emisi贸n de eurobonos por el BCE, capacitado jur铆dicamente para ello

No cabe negar que la firma, el 2 de marzo, por los representantes de 25 Estados de la UE, por supuesto los de la eurozona, del Tratado de Estabilidad, Coordinaci贸n y Gobernanza Econ贸mica de la Uni贸n Europea es un 茅xito para los que se hab铆an comprometido a llevar la pol铆tica de austeridad fiscal al m谩ximo nivel normativo: he ah铆 la cl谩usula de oro, por la que 25 constituciones europeas prohibir谩n en su articulado incurrir en d茅ficit superior al 0,5% de su PIB, en tiempos normales, o al 3%, en los dif铆ciles. Como es sabido, Espa帽a se hab铆a adelantado con la propuesta del anterior Ejecutivo al Partido Popular que este acept贸 y, hoy Gobierno, desarrollar谩.

Han quedado fuera, s铆, el Reino Unido y la Rep煤blica Checa, y caben m谩s descuelgues en la fase de ratificaci贸n (el quiz谩 futuro presidente franc茅s, Fran莽ois Hollande, as铆 lo anuncia; Irlanda amenaza con el consabido refer茅ndum, pero s茅pase que con 12 de los 25 el Tratado va adelante). Porque, quede claro, estamos ante un Tratado inter partes, meramente internacional, aunque con pretensi贸n de incorporarse en su d铆a a los de la Uni贸n Europea, conforme al modelo de los acuerdos de Schengen y Pr眉m.

As铆 lo exigi贸 la Resoluci贸n de Parlamento Europeo de 17 de enero: si el Tratado ve la luz, que conste expresamente el compromiso de adaptarlo e incorporarlo a los Tratados de la UE en un plazo de cinco a帽os: los firmantes lo han asumido como prop贸sito. Prop贸sito, a mi ver, digno de escepticismo si a su contenido no se agrega, como sea, un impulso econ贸mico en la eurozona, que dicha Resoluci贸n identifica como una pol铆tica de 鈥渟olidaridad y crecimiento renovado鈥, que a su vez se plasma en 鈥渓a creaci贸n de eurobonos a medio plazo鈥.

La emisi贸n de tales instrumentos de mutualizaci贸n de deuda soberana es petici贸n casi un谩nime de los expertos, de las instituciones comunitarias, como de la Comisi贸n Europea con Dur茫o Barroso, o internacionales, como el FMI a trav茅s de Christine Lagarde; de casi todos los partidos pol铆ticos europeos como demostr贸 el voto del Parlamento Europeo, y de sus miembros significados, como por ejemplo el entonces vicepresidente de la Comisi贸n de Asuntos Econ贸micos, hoy nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Jos茅 Mar铆a Garc铆a Margallo.

Los eurobonos constituyen la 煤nica forma de contrarrestar los ataques que, provengan del temor o del af谩n especulativo por parte del prestamista, castigan la deuda de Estados de la eurozona. Contrarr茅plica que no funcion贸 con el obsoleto Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y que creo no operar谩 con el m谩s serio Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), firmado hace d铆as cuya puesta en marcha se ha adelantado a julio pr贸ximo. Porque, como ha dicho el poco sospechoso economista de Citigroup, J. L. Mart铆nez, “el FEEF no es un cortafuegos realista, no viene del BCE, es limitado”, cuando de lo que se trata 鈥攁帽ade鈥 es de “dotar (a la eurozona) de un montante casi ilimitado de capital, de forma que los inversores conf铆en en la solidaridad europea”.

Por otra parte, esa mutualizaci贸n de deuda y consiguiente garant铆a de solvencia de la eurozona acabar铆an con una situaci贸n jur铆dicamente insostenible. A riesgo de ser tratado de legalista, no oculto mi opini贸n de que los procedimientos utilizados hasta hoy por el Banco Central Europeo para esos fines incurren en clara infracci贸n de los Tratados.

Inyectar m谩s de un bill贸n de euros a la banca privada para que esta a su vez lo reconduzca a los Estados 鈥攎ediante la compra de deuda p煤blica emitida por estos en el mercado secundario鈥, es un recoveco que, aparte su intr铆nseca injusticia (quienes pagan al 1% despu茅s cobran al 5%), infringe claramente la prohibici贸n de “concesi贸n de cr茅ditos del BCE a Gobiernos (y) la adquisici贸n directa por dichos Gobiernos de instrumentos de deuda” (emitidos por aquel).

Y no vale la coartada de que al prohibirse la inyecci贸n directa de fondos a los Estados, se permite la indirecta a trav茅s de la banca. Seguimos con la infracci贸n, esta vez por la conocida v铆a del fraude de ley. Es un谩nime entre juristas y economistas la doctrina, corroborada por las instituciones de la UE, seg煤n la cual, interviniendo entes p煤blicos en el secundario, su beneficio nunca es “indirecto”.

Una Uni贸n de Derecho no puede admitir, por buenos que sean sus prop贸sitos, infracciones de esa guisa, aparte de que el invento resulte contraproducente, porque la banca, criada respondona, reingresa a menudo 鈥攃on notables p茅rdidas鈥 en el BCE lo que de este hab铆a obtenido, y los Estados a la luna de Valencia.

Se me dir谩 que, puestos as铆, no hay soluci贸n.

La hay. Basta acudir a la t茅cnica jur铆dica de interpretaci贸n finalista, la de nuestro C贸digo Civil (art铆culo 3) y de cualquier texto legal que se precie.

Si los fines de la Uni贸n, seg煤n el art铆culo 3 del Tratado de la Uni贸n Europea, aluden a la 鈥渃ohesi贸n econ贸mica (鈥) entre los Estados miembros鈥, tambi茅n entre los integrantes de una “Uni贸n Econ贸mica y Monetaria cuya moneda es el euro”, 驴no obliga ello a una interpretaci贸n progresiva de los preceptos citados para, por ejemplo, recibir las entidades p煤blicas 鈥渆l mismo trato鈥 de que gozaron las privadas a trav茅s de los ingentes bailouts de que se beneficiaron? 驴En balde habla el Tratado cuando somete a 鈥渃onsideraciones prudenciales鈥 la prohibici贸n de acceso privilegiado al cr茅dito por parte de los Estados? 驴Olvidaremos que las “garant铆as financieras mutuas para la realizaci贸n conjunta de proyectos espec铆ficos” avalan la f贸rmula Rocard en favor de una decidida pol铆tica de pr茅stamos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) que para Espa帽a v铆a ICO potenciar铆a nuestras empresas?

El modus operandi es tema a tratar m谩s despacio, pero es ineludible aludir a los poderes impl铆citos de la Uni贸n para conseguir la realizaci贸n de los aut茅nticos fines de esta; y tambi茅n al articulado regulador de las 鈥淐ooperaciones Reforzadas鈥

En este punto, disiento de Manuel Mar铆n y Mariola Urrea cuando en un excelente art铆culo rechazan para esta materia el mecanismo de las cooperaciones reforzadas, bas谩ndose en que no cabe utilizarlo al tratarse de competencias exclusivas de la UE, entre ellas, ciertamente, seg煤n el art铆culo 3 del Tratado de la Uni贸n Europea, “la pol铆tica monetaria de los Estados miembros cuya moneda es el euro”. Sin apurar argumentos que nos alargar铆an demasiado, s铆 constato que los preceptos citados son m谩s de pol铆tica econ贸mica 鈥斅縬u茅 otra cosa es la ya famosa “consolidaci贸n fiscal”?鈥 que estrictamente monetaria.

Felicitemos, pues, a los jefes de Estado y de Gobierno que firmaron el reciente nuevo Tratado, dese茅mosles 茅xito en su prop贸sito de rigor fiscal, pero exij谩mosles que a su vez potencien la solvencia econ贸mica de la eurozona a partir de la emisi贸n de eurobonos por el BCE, capacitado jur铆dicamente para ello a tenor de los mecanismos que quedan expuestos.

No se satisfagan con un Tratado por el que el deseable avance en velocidad quede convertido en aparcamiento disuasorio.

Carlos M陋 Bru Pur贸n es notario, ex diputado a Cortes y al Parlamento Europeo.

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Marzo 16th, 2012 at 7:18 am

Las inc贸gnitas de 2011, de Luis de Guindos en Mercados de El Mundo

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APUNTES ECON脫MICOS

El a帽o pasado ha dejado un sabor agridulce en lo econ贸mico. La recuperaci贸n mundial ha sido m谩s intensa de lo proyectado inicialmente, aunque su ritmo fue bastante desigual. Los pa铆ses emergentes tuvieron un comportamiento brillante y tambi茅n sorprendi贸, por lo positivo, la evoluci贸n de la econom铆a alemana con un crecimiento superior al 3%. Los Estados Unidos, tras dos trimestres dubitativos en los que reapareci贸 con fuerza el fantasma de la deflaci贸n, volvieron a crecer intensamente en los 煤ltimos tres meses. Jap贸n y, muy especialmente, los pa铆ses perif茅ricos de Europa fueron los que se quedaron m谩s retrasados en la recuperaci贸n.

Sin embargo, lo peor del ejercicio que acabamos de dejar atr谩s es la sensaci贸n de que la econom铆a mundial sigue siendo vulnerable por sus desequilibrios, tanto externos como fiscales, y que los est铆mulos monetarios extraordinarios no son sostenibles por mucho m谩s tiempo. Entramos as铆 en 2011, a帽o en el que deber铆amos ver una consolidaci贸n del crecimiento de la econom铆a mundial y recuperar definitivamente los niveles de renta previos al inicio de la crisis. Los riesgos a la baja son, no obstante, importantes. Se describen a continuaci贸n algunos de los factores de incertidumbre que pueden marcar la evoluci贸n de la econom铆a mundial a lo largo de los pr贸ximos 12 meses.

Los tipos de inter茅s a largo plazo y el precio de las materias primas. En los 煤ltimos meses de 2010, hemos asistido a un importante repunte de los tipos a largo plazo y a un desplazamiento de la curva de rendimientos al alza, junto con un incremento de la pendiente positiva de la misma. Los movimientos de la curva de tipos son importantes, ya que suelen ser un indicador bastante ajustado de las expectativas de los mercados sobre el crecimiento, la inflaci贸n y los d茅ficit p煤blicos. La cuesti贸n fundamental es encontrar la raz贸n que hay detr谩s de esta subida de tipos a largo.

La recuperaci贸n de la econom铆a mundial, que impulsa unos tipos de inter茅s que parten de niveles extraordinariamente reducidos como consecuencia de los temores deflacionistas, ser铆a la explicaci贸n benigna. La expectativa de un repunte importante de la inflaci贸n constituye la raz贸n alternativa y resulta, por el contrario, mucho menos tranquilizadora.

Ahora bien, el mayor repunte de los tipos a largo se dio con la aprobaci贸n del segundo programa de est铆mulo fiscal acordado por el presidente Obama y los republicanos. Ello subraya el temor de los mercados a un d茅ficit p煤blico que se mantendr谩 por encima del 10%, elevando r谩pidamente el peso de la deuda p煤blica respecto al PIB norteamericano. Adem谩s, el repunte de los tipos se ha producido a pesar del programa de compras de bonos del Tesoro por parte de la Reserva Federal, cuyo principal objetivo es moderar las rentabilidades de la deuda p煤blica. De forma paralela, los precios de las materias primas han evolucionado tambi茅n claramente al alza.

En la medida que las expectativas de inflaci贸n se siguen manteniendo a niveles muy moderados, la explicaci贸n del repunte de los tipos se encontrar铆a principalmente en la mejora de las perspectivas de crecimiento, aunque el deterioro fiscal en EEUU puede haber tenido alg煤n impacto, pero todav铆a no relevante. Ello ser铆a a su vez congruente con la aceleraci贸n en el alza de los precios de las materias primas, y con el rally reciente de las Bolsas en gran parte del mundo. Por tanto, por el momento, se impone la interpretaci贸n de que el desplazamiento al alza de la curva de tipos es una respuesta natural a la consolidaci贸n de la recuperaci贸n mundial.

El riesgo soberano. La crisis de la deuda soberana ha sido el principal problema de la zona euro en 2010. Por primera vez en d茅cadas, la crisis ha afectado al mundo desarrollado y no ha tenido su origen en los pa铆ses emergentes. Las dos cuestiones fundamentales en los pr贸ximos meses son, por un lado, si alg煤n otro pa铆s de la Eurozona necesitar谩 ayuda como ha ocurrido con Grecia e Irlanda y, por otro, si alg煤n pa铆s acabar谩 reestructurando su deuda. Los determinantes fundamentales al respecto ser谩n de diversa naturaleza. Por un lado, la ejecuci贸n de los programas de ajuste prometidos, pero muy principalmente la recuperaci贸n del crecimiento o al menos de la expectativa del mismo en los pa铆ses afectados.

En la crisis del riesgo soberano encaja bastante bien la conocida frase de Tolstoy con la que inicia su novela Ana Karenina: 芦Todas las familias felices se parecen; las infelices lo son cada una a su manera禄. La infelicidad griega es distinta de la irlandesa, ya que en Grecia el problema fundamental ha sido el profundo deterioro de partida de sus cuentas p煤blicas y su p茅rdida de competitividad lo que le impide recuperar el crecimiento. En Irlanda, por el contrario, sus cuentas p煤blicas eran muy buenas, seguramente las mejores de la Eurozona, al inicio de la crisis. La infelicidad celta proviene de la cobertura que el Gobierno hizo de sus bancos que vivieron con especial intensidad la burbuja del cr茅dito e inmobiliaria, y cuyas p茅rdidas arrastraron las finanzas p煤blicas a un pozo sin fondo.

Portugal, el siguiente pa铆s en la lista del potencial contagio, comparte m谩s bien los problemas griegos aunque, claramente, con menor intensidad que los helenos. Espa帽a, a su vez, plantea problemas que no son equiparables a los de los griegos e irlandeses. Nuestra principal vulnerabilidad proviene del tama帽o de la deuda del sector privado. De cualquier modo, lo m谩s relevante ser谩 la acogida de los mercados a los vencimientos de deuda, tanto p煤blica como privada, de las pr贸ximas semanas. Si las renovaciones se realizan con dificultad, entonces la percepci贸n sobre la gravedad de los problemas se ver谩 muy incrementada.

En definitiva, se trata de un problema de confianza y de credibilidad. Si no se consigue su retorno podr铆amos entrar en un c铆rculo vicioso de dificultades de acceso a la liquidez, costes financieros crecientes, problemas de solvencia bancarios, restricci贸n crediticia y menor crecimiento. Una espiral de este tipo puede acabar demandando una salida extraordinaria. 2011, como todos los a帽os en sus inicios, plantea inc贸gnitas e incertidumbres. Sin embargo, al final lo insospechado es lo que acaba ocurriendo. Que tengan ustedes un feliz a帽o nuevo.

luisdeguindos@hotmail.com

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Enero 9th, 2011 at 8:18 am

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Pol铆tica y capitalismo subsidiado, de Ant贸n Costas Comesa帽a en Negocios de El Pa铆s

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Perm铆tanme, como inicio de a帽o, comentar tres conductas gubernamentales de estos d铆as y dar noticia de un libro que vale la pena leer.

La primera es que, 隆al fin!, el presidente del Gobierno, Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero, reconoci贸 hace unas semanas en el Congreso que la econom铆a espa帽ola tiene un serio problema de competitividad y necesita cinco a帽os para enmendar esa situaci贸n. Le ha costado, pero parece haber comprendido que crecer y crear empleo estable requiere crear condiciones para que se desarrolle una econom铆a orientada a producir mercanc铆as y servicios de calidad y precio competitivos con los de otros pa铆ses. Necesitamos Zaras en muchos sectores de nuestro aparato productivo.

La segunda es el encomiable empe帽o de la vicepresidenta y ministra de Econom铆a, Elena Salgado, en controlar el gasto de todas las Administraciones p煤blicas. Es la 煤nica forma de reducir el d茅ficit, dar confianza a los inversores y alejar el fantasma de un rescate europeo de la deuda p煤blica espa帽ola.

La tercera es la proclamaci贸n exultante del ministro de Fomento, Jos茅 Blanco, de que con la inauguraci贸n de la l铆nea del AVE para viajeros entre Madrid y Valencia, Espa帽a es el pa铆s de la Uni贸n Europea que mayor n煤mero de capitales de provincia tiene unidas a la capital del Estado por una l铆nea de alta velocidad. Y la cosa continuar谩 hasta que todas las capitales de provincia est茅n unidas a Madrid.

驴Qu茅 relaci贸n hay entre estas tres conductas? Que la tercera se da de tortas con las dos primeras.

Si nuestro problema es de competitividad, entonces la inversi贸n fara贸nica en el AVE radial de viajeros es una aberraci贸n econ贸mica. La raz贸n es sencilla. El dise帽o de la alta velocidad espa帽ola es incompatible con el tr谩fico de mercanc铆as. Y no solo eso: la prioridad al AVE radial con Madrid ha postergado las l铆neas ferroviarias de mercanc铆as con origen en los puertos y destino los mercados europeos. Por este lado, el AVE no aportar谩 mucho a la mejora de la competitividad.

Por otra parte, la inversi贸n en el AVE de pasajeros es el mayor agujero negro de la historia sobre los presupuestos p煤blicos. La raz贸n tambi茅n es muy clara. Los ingresos por venta de billetes no llegan a cubrir un tercio del coste del servicio. Los otros dos tercios van a cargo de los Presupuestos del Estado.

Y as铆 ser谩 eternamente, porque el elevado coste de inversi贸n y de operaci贸n de estas redes, unido a la baja densidad del tr谩fico de viajeros, impedir谩 que los ingresos cubran costes. Un dato ser谩 suficiente. La l铆nea de mayor tr谩fico del AVE es Madrid-Barcelona. En el a帽o 2009 transport贸 5,3 millones de pasajeros. La equivalente Par铆s-Lyon, 25 millones. Este mayor tr谩fico, unido a billetes m谩s caros, hace autosostenible la red francesa. Pero no ser谩 as铆 en la red espa帽ola. Seg煤n estudios de la Comisi贸n Europea, la alta velocidad no es rentable por debajo de nueve millones de viajeros al a帽o. Ninguna l铆nea espa帽ola llega a ese volumen.

Se podr铆a pensar que la alta velocidad espa帽ola es una excentricidad de nuevo rico, pero desgraciadamente no es as铆. Lo mismo ocurre con las inversiones tambi茅n fara贸nicas en aeropuertos; por cierto, de gesti贸n centralizada, 煤nico caso en la UE, a excepci贸n de Bulgaria. O con la red radial de autopistas, en unos casos p煤blicas y libres de peaje y en otros de concesi贸n privada, pero con garant铆a financiera con cargo a los presupuestos p煤blicos (recuerden el rumor del rescate p煤blico de las autopistas radiales de Madrid).

驴C贸mo explicar esta singularidad espa帽ola en el dise帽o radial de la red de infraestructuras y financiaci贸n con cargo a presupuesto?

Un ensayo que acaba de aparecer en las librer铆as explica muy bien esta rareza. Su autor, Germ脿 Bel, es un joven y conocido economista, profesor de la Universidad de Barcelona. El libro es atrayente desde su t铆tulo: Espa帽a, capital Par铆s (Destino).

Bel utiliza, de forma amena y brillante, tres ideas para explicar el porqu茅 de esta singularidad espa帽ola. La primera es que las pol铆ticas radiales en infraestructuras de transporte obedecen a objetivos pol铆ticos y administrativos, no a razones econ贸mico-comerciales. De ah铆 que necesiten una intensa asignaci贸n permanente de recursos presupuestarios en forma de subsidios y ayudas. La segunda es que esta conducta responde a un patr贸n hist贸rico, regular y continuado, que se habr铆a iniciado con el acceso a la Corona espa帽ola de la dinast铆a borb贸nica, a inicios del siglo XVIII. Su aspiraci贸n pol铆tica fue hacer de Espa帽a un pa铆s como Francia, con una capital como Par铆s, sin tener en cuenta las diferentes condiciones econ贸micas. La tercera idea es que ese patr贸n hist贸rico, esa regularidad, permite entender por qu茅 las pol铆ticas de infraestructuras en la Espa帽a actual son tan singulares y diferentes de las de los pa铆ses de nuestro entorno.

El libro va por la quinta edici贸n, algo inusual para un ensayo de este tipo. Salvando las distancias, me recuerda el 茅xito editorial que tuvo el informe del Banco Mundial sobre la econom铆a espa帽ola, publicado el a帽o 1962, tambi茅n un verdadero best seller econ贸mico. Quiz谩 sea porque en ambos casos la sociedad espa帽ola estaba y est谩 necesitada de respuestas al problema de la competitividad, el crecimiento y la creaci贸n de empleo.

El libro sugiere muchas consideraciones que no caben en este primer comentario. Pero hay una que me gustar铆a hacer aqu铆. El peso de las consideraciones pol铆tico-centralistas en el dise帽o y financiaci贸n de las infraestructuras de transportes ha creado un capitalismo con sobredosis de negocios subsidiados, que son un pesado lastre para la competitividad de la econom铆a espa帽ola, as铆 como para el control del d茅ficit. Necesitamos con urgencia cambiar esas prioridades y fomentar un “capitalismo de riesgo y ventura. Sobre esto hablaremos otro d铆a”. Por hoy, felices fiestas y buen a帽o.

Ant贸n Costas Comesa帽a es catedr谩tico de Pol铆tica Econ贸mica de la UB.

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Enero 2nd, 2011 at 8:13 am

Lo esencial de PISA, de Jorge Calero en P煤blico

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La incidencia del programa PISA, de la OCDE, sobre los sistemas educativos ha sido muy notable. Tras una d茅cada desde su primera aplicaci贸n tenemos suficiente perspectiva como para identificar sus efectos esenciales, distingui茅ndolos del ruido que genera, cada tres a帽os, la publicaci贸n de los resultados. Sin olvidar algunos problemas consustanciales, de modo general, a la evaluaci贸n educativa, a mi juicio estos efectos son en buena medida positivos. Entre ellos destacar茅 tres: en primer lugar, la aceptaci贸n en la comunidad educativa de la cultura de la evaluaci贸n, de los procesos por los que el conjunto de la sociedad puede conocer qu茅 sucede en el sistema educativo. En segundo lugar, la focalizaci贸n de la atenci贸n sobre los resultados educativos (en concreto, competencias instrumentales), cuando con anterioridad estos eran a menudo un objetivo secundario. Y, en tercer lugar, la proyecci贸n muy intensa hacia los medios de comunicaci贸n y la opini贸n p煤blica de los problemas del sistema educativo y sus debates. Raramente, hasta la llegada de PISA, las portadas de los peri贸dicos recog铆an noticias del 谩mbito educativo.

Los mencionados tres efectos son de plena aplicaci贸n al caso espa帽ol. Los resultados de Espa帽a se han mantenido pr谩cticamente estables durante estos diez a帽os. Si nos centramos en la comprensi贸n lectora, los resultados espa帽oles se han situado, en esta d茅cada, por debajo de la media de la OCDE, con una distancia entre 7 y 10 puntos (en una escala de 1.000). Por otra parte, las diferencias entre comunidades aut贸nomas siguen siendo muy importantes: la puntuaci贸n m谩xima, obtenida por la Comunidad de Madrid, es de 503 puntos, mientras que la puntuaci贸n de Canarias, por mencionar una comunidad con resultados muy bajos, es de 448. PISA ha proporcionado una vara de medir util铆sima para conocer nuestra posici贸n aproximada en el contexto internacional y para incentivar las mejoras en algunas comunidades aut贸nomas. Ha acabado de hacer consciente a la opini贸n p煤blica, tambi茅n, de c贸mo la procedencia sociocultural del alumnado incide sobre los resultados educativos. Adem谩s, PISA ha servido de modelo insustituible a una diversidad de evaluaciones educativas aplicadas en el conjunto de Espa帽a o en diferentes comunidades. M谩s all谩 de su utilidad indiscutible como instrumento para la investigaci贸n, PISA ha alterado sustancialmente la reflexi贸n p煤blica sobre nuestro sistema educativo.

Jorge Calero es Catedr谩tico de Econom铆a Aplicada y presidente del Consejo Superior de Evaluaci贸n de Catalunya.

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Diciembre 8th, 2010 at 7:12 am

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La corrupci贸n es cosa de medios, de Joan J. Queralt en El Peri贸dico

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Vigencia de un mal end茅mico de Espa帽a

No hacen falta nuevas leyes para evitar que los procesos penales se alarguen m谩s de 10 a帽os

Despu茅s de las vacaciones suele suceder como a principio de a帽o: nuevos prop贸sitos para solventar viejos problemas. Lo grave no es que los prop贸sitos se desvanezcan con los primeros calores resistentes de septiembre, sino que los problemas sean los de siempre. Antes de partir de vacaciones, los que pudieron y los que no debieron, ten铆amos un problema que en Espa帽a es secular: el de la corrupci贸n. Como los buenos prop贸sitos, atajarlo se queda pr谩cticamente en eso, en un prop贸sito.

Se me dir谩 que no es cierto; que la 煤ltima reforma de C贸digo Penal, que entrar谩 en vigor en diciembre, incluye serias medidas, ha sistematizado delitos, ha agravado seriamente las penas, ha introducido nuevas figuras. Perm铆taseme discrepar.

Como dec铆a, la corrupci贸n es, en Espa帽a, un mal end茅mico. Las causas son muchas y variadas; exponerlas nos ocupar铆a estanter铆as. De todos modos, enumerarlas, clasificarlas y polemizar sobre ellas nos ayudar谩 bien poco a superarla. Sea como fuere, el panorama es desalentador y sobre este particular es sobre lo que hay que interrogarse muy seriamente. 驴Por qu茅 somos, seg煤n Transparency Internacional, el 28潞 Estado m谩s corrupto del mundo? Pretender ser la 8陋 potencia casa mal con esa posici贸n en el cuadro del deshonor. 驴Por qu茅, seg煤n los 煤ltimos estudios demosc贸picos de Hacienda, se sigue viendo casi mayoritariamente la defraudaci贸n fiscal como algo justificado? 驴Por qu茅 Espa帽a ha tardado m谩s de diez a帽os en ratificar y publicar el tratado europeo contra la corrupci贸n? 驴Por qu茅 pol铆ticos corruptos siguen contando con el favor de sus votantes?

En mi opini贸n, la respuesta a estas y otras preguntas no radica en la simplona y habitual de cambiar las leyes penales. Bajo el franquismo, exist铆an m谩s de 70 delitos que castigaban espec铆ficamente a los funcionarios p煤blicos; ahora, algo m谩s de 30. Hasta hace 35 a帽os, llevar a un cargo oficial, no ya a la c谩rcel, sino a juicio, era una entelequia. Hoy, desde luego, no tanto; y mucho se ha avanzado, pero menos de lo necesario. La respuesta no es la formulaci贸n de las nuevas leyes penales; est谩 en la formulaci贸n y puesta en marcha con todo empe帽o de los mecanismos que hagan que esas leyes sean algo m谩s que un azaroso obst谩culo que solo caza a los m谩s tontos.

Es hora de que se pongan los medios necesarios, es decir, polic铆as, fiscales, jueces y todo el personal auxiliar que requieran, sin dejar de crear y reforzar la cooperaci贸n judicial y policial internacional, para que las leyes penales de que disponemos sean leyes penales efectivas.

驴C贸mo puede tomarse en serio que los procesos contra Fabra se iniciaran cinco a帽os ha y a煤n no se haya convocado el juicio oral? 驴C贸mo puede ser que, pese a llevar Hacienda dos a帽os trabajando el tema antes de ponerlo en conocimiento del juez, se haya tardado casi un a帽o en concluir la auditor铆a en el caso Palau? 驴C贸mo puede ser que, por t茅rmino medio, casos que como los que he referido a t铆tulo de ejemplo, est茅n en vigor entre seis y diez a帽os? Recuerde el lector las fechas de comienzo y final de casos como los Filesa, De la Rosa, Gescartera, Estevill, Rold谩n, Gil y Gil, Turismo, 鈥 o desde hace un par de a帽os ya, G眉rtel.

Supongamos que al m谩s ilustre de los chefs se le ofrece en un nuevo local las viandas m谩s suculentas para cocinar; sin embargo, los pinches van y vienen, los cazos no son antiadherentes, el horno funciona de aquella manera y, encima, el due帽o no hace m谩s que traer a sus amigotes para presumir de inversi贸n.

Pues eso es lo que pasa con la maquinaria para la persecuci贸n de la corrupci贸n: leyes suficientes, polic铆as, fiscales y jueces por lo general capaces, pero dependientes de obsoletas estructuras procesales, con dif铆cil acceso pleno y sin trabas a los modernos medios de investigaci贸n y a las fuentes del delito y, para colmo, una sobrecarga de trabajo de aqu铆 te espero. No cabe, como se hace a veces, achacar la dilaci贸n a las defensas por luchar con todos los medios a su alcance: 隆faltar铆a m谩s que no obraran as铆! Lo que es absurdo es que, sabi茅ndolo, no se dote a la persecuci贸n de estos delitos de los medios personales y materiales apropiados.

Lo bueno del caso es que cuando el Estado ha querido responder implacablemente contra el delito, sin mermar un 谩pice las garant铆as de los imputados, se ha hecho. Ah铆 est谩 el ejemplo del 11-M: juzgados los imputados en tres a帽os por la Audiencia Nacional y en un a帽o m谩s revisada la sentencia por el Supremo: solo imag铆nese el lector el c煤mulo de traducciones del y al 谩rabe de documentaci贸n y declaraciones. No se repar贸 en medios: esa es la respuesta.

Porque, contra los que afirman que la corrupci贸n es consustancial al hombre, hay que proclamar bien alto que no es menos consustancial al hombre vivir en una comunidad justa y segura, es decir, libre de delitos y de los listos que dicen, practic谩ndolo, que el delito es algo natural. Ser铆a tanto como afirmar que la corrupci贸n es ecol贸gica. Y no es eso.

Joan J. Queralt. Catedr谩tico de Derecho Penal (UB).

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Septiembre 8th, 2010 at 8:11 am

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El 373, de Juan Gelman en P谩gina 12

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Los 75.000 documentos clasificados sobre la guerra en Afganist谩n que dio a conocer el sitio Wikileaks (//wikileaks.org) provocaron la airada reacci贸n de la Casa Blanca, del Pent谩gono y de los neoconservadores de todo pelaje que pululan en Washington. No es para menos: se trata de informes internos de las fuerzas armadas de EE.UU. y la OTAN que combaten en territorio afgano y dan cuenta de hechos ominosos que no se declaran oficialmente y aun se niegan. El fundador y alimentador del sitio, Julian Assangem, les dio amplia difusi贸n envi谩ndolos a The New York Times, Der Spiegel y The Guardian y anunci贸 que est谩 analizando con su equipo otros 17.000 documentos que pronto dar谩 a conocer. El gobierno de Obama conden贸 en duros t茅rminos semejante filtraci贸n, hist贸rica por el volumen de registros secretos develados (ver P谩gina/12, 27-7-10).

El vocero del Departamento de Defensa, Geoff Morrell, anunci贸 que se ha lanzado una caza del hombre para encontrar al responsable de un acto que revela, por un lado, el poder de la inform谩tica y, por el otro, las fragilidades del Pent谩gono. La documentaci贸n cubre el per铆odo junio 2004-diciembre 2009 de la guerra y va de lo torvo, como el ocultamiento estadounidense de la muerte de civiles, a lo francamente rid铆culo, como el informe sobre un presunto complot del servicio de inteligencia de Pakist谩n (ISI, por sus siglas en ingl茅s) para asesinar al presidente afgano Hamid Karzai envenenando su cerveza.

Esta hemorragia informativa pinta el verdadero rostro de la guerra en Afganist谩n, los llamados 鈥渄a帽os colaterales鈥 鈥揺l eufemismo inventado en la guerra de Vietnam para disimular el asesinato de civiles鈥 que los mandos invasores encubren, las matanzas indiscriminadas en las aldeas, el accionar de escuadrones de la muerte, los bombardeos de aviones sin tripulaci贸n manejados a control remoto desde una base estadounidense, la complicidad del ISI con los talib谩n, los estragos que el 鈥渇uego amigo鈥 provoca en la polic铆a y el ej茅rcito afganos y otros detallitos que los Pactos de Ginebra califican de cr铆menes de guerra. Pero qui茅n se acuerda de eso en Afganist谩n.

Asciende a 144 el n煤mero de incidentes que segaron la vida de simples ciudadanos en el per铆odo de referencia. Un par de d铆as antes de la difusi贸n de los documentos, un misil impact贸 en un caser铆o de la provincia de Helmand causando la muerte de 52 civiles (www.latimes.com, 26-7-2010). El servicio de inteligencia del ej茅rcito estadounidense registr贸 鈥渟eis insurgentes muertos, incluido un comandante talib谩n鈥, pero el aldeano Abdul Ghaffar manifest贸 a la AP que hab铆a llevado siete ni帽os heridos a un hospital de Kandahar. Marjan Agha, otro vecino, dijo que un grupo de pobladores fue al encuentro de las tropas alzando una bandera blanca y fueron recibidos a balazos con un saldo de dos v铆ctimas.

Uno de estos 鈥渆rrores鈥: 300 campesinos afganos pasaron a mejor vida en el valle de Baghni por un ataque a茅reo que, seg煤n un comunicado de la base de Bagram, se produjo 鈥渄espu茅s de tener por seguro que no hab铆a afganos inocentes en los alrededores鈥. A Seguro se lo llevaron preso, recuerda el dicho popular. Las Naciones Unidas asentaron la muerte de 2412 civiles en 2009, un aumento del 14 por ciento respecto del a帽o anterior. Esa clase de contabilidad suele minimizar los guarismos por un l贸gico prurito de considerar solamente lo probado.

Otro cap铆tulo sombr铆o es el de las ejecuciones sin proceso que lleva a cabo el Grupo de Tareas 373 del ej茅rcito de EE.UU., la 鈥渦nidad negra鈥 de las fuerzas especiales. Sus efectivos se ocupan de capturar y sobre todo asesinar a dirigentes y activistas talib谩n considerados importantes, aunque hay en su haber m谩s v铆ctimas civiles, incluidos ni帽os y mujeres 鈥搚 hasta polic铆as afganos鈥 que insurgentes. Un ejemplo es el ataque que el 373 lanz贸 el 17 de junio de 2007 para liquidar al combatiente libio Abu Laith al Libi quien, seg煤n los datos de inteligencia, se escond铆a en Nangar Khel, poblado de la provincia de Patitka.

Los del GT 373 utilizaron un arma nueva cargada con seis misiles y transportable en la parte trasera de una camioneta. No encontraron a Libi, pero al acercarse a la aldea, cumplido el ataque, encontraron en la madrasa o escuela religiosa del lugar a seis ni帽os muertos y uno herido que falleci贸 20 minutos despu茅s. Un comunicado de prensa del comando ocupante aleg贸 que las tropas 鈥渉ab铆an vigilado el sitio todo el d铆a y no hallaron indicaci贸n alguna de que hubiera ni帽os en el edificio鈥. Pero hab铆a.

Preguntado si estimaba que el secreto de Estado es leg铆timo, Julian Assangem declar贸 a Der Spiegel que lo era tanto como el derecho a la apertura. 鈥淒esgraciadamente 鈥揳clar贸鈥, los que cometen desmanes contra la humanidad o contra la ley abusan de la legitimidad del secreto para taparlos鈥 (www.spiegel.com, 26-7-10). El inconveniente es que tres personas pueden guardar un secreto si dos de ellas est谩n muertas, anot贸 Benjamin Franklin.

Link a la nota:聽 http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-150300-2010-07-29.html

漏 2000-2010 www.pagina12.com.ar

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Julio 29th, 2010 at 8:05 am

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Mitos sobre las pensiones, de Vicen莽 Navarro en P煤blico

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A ra铆z de la congelaci贸n de las pensiones p煤blicas por parte del Gobierno de Zapatero, ha habido un reavivamiento de argumentos sobre las pensiones por parte de voces neoliberales que, como consecuencia de las grandes cajas de resonancia de las que gozan en los mayores medios de informaci贸n y persuasi贸n del pa铆s, est谩n calando en los establishments pol铆ticos y medi谩ticos. Uno de estos argumentos es que el supuesto poder electoral de los ancianos (el grupo poblacional que m谩s participa en los procesos electorales) ha determinado un gran aumento del gasto p煤blico dedicado a los ancianos (incluyendo el gasto en pensiones y servicios p煤blicos, como servicios de atenci贸n a las personas con dependencias), a costa del gasto p煤blico dedicado a otros grupos de edad, como ni帽os e infantes. En este argumento, la lucha de clases ha sido sustituida por la lucha entre grupos generacionales, en la que los ancianos estar铆an consiguiendo grandes beneficios sociales a costa de los derechos de ni帽os e infantes, entre otros. Como prueba de ello, tales autores se refieren a la disminuci贸n de la pobreza que, supuestamente, ha ocurrido entre los ancianos durante estos 煤ltimos a帽os, lo que contrasta con el crecimiento de la pobreza entre los ni帽os e infantes.

Los datos, sin embargo, no sostienen tales tesis neoliberales. Seg煤n la 煤ltima informaci贸n publicada por Eurostat, la Agencia de Estad铆stica de la Uni贸n Europea, el mayor porcentaje de pobres en la poblaci贸n espa帽ola contin煤a siendo entre los ancianos (28%) mayor que entre los ni帽os e infantes (24%). Espa帽a, por cierto, es el pa铆s de la UE-15 (el grupo de pa铆ses de semejante desarrollo econ贸mico al nuestro) que tiene mayor pobreza entre los ancianos (el promedio en la UE-15 es del 15%), y tambi茅n entre los ni帽os e infantes. No es, pues, que Espa帽a gaste mucho en ancianos y poco en ni帽os e infantes. En realidad, gasta muy poco (menos que en toda la UE-15) en ancianos, en ni帽os e infantes y en todos los grupos etarios. Y ello se debe al enorme poder del capital y de las clases pudientes (30% de la poblaci贸n 鈥揵urgues铆a, peque帽a burgues铆a y clases profesionales de renta mediana-alta鈥), que no est谩n contribuyendo al Estado en los mismos porcentajes que lo hacen sus hom贸logos en la UE-15. Las rentas del capital y las rentas superiores est谩n entre las menos gravadas en la UE-15, causa de que los ingresos al estado est茅n entre los m谩s bajos de la UE-15.
Es la excesiva influencia pol铆tica y medi谩tica de tales grupos sociales lo que explica que ancianos y ni帽os (y todos los dem谩s) tengan menos transferencias y servicios p煤blicos que sus hom贸logos en la UE-15. El Gobierno de Zapatero, que hizo suyo aquel eslogan neoliberal de que 鈥渂ajar impuestos es de izquierdas鈥, ha recortado gastos sociales (pensiones y servicios domiciliarios), que son a todas luces insuficientes, en lugar de subir impuestos a las clases pudientes. En realidad, el ahorro que se intenta conseguir congelando las pensiones es incluso menor que la cantidad de fondos que el Estado dej贸 de ingresar como consecuencia de la disminuci贸n del impuesto sobre el patrimonio que ha favorecido a las rentas superiores.

Otro mito neoliberal reproducido en los medios es que la pobreza entre los ancianos ha ido disminuyendo como resultado del incremento de las pensiones y de otras transferencias y servicios a los ancianos, consecuencia de un consenso supuestamente existente entre los partidos parlamentarios de no permitir que la capacidad adquisitiva de los ancianos disminuya. De nuevo, los datos muestran el error de tales supuestos. La reducci贸n del gasto p煤blico social que ocurri贸 en Espa帽a (en relaci贸n al promedio de la UE-15) durante el periodo 1993-2004 a fin de reducir el d茅ficit del presupuesto del Estado (condici贸n necesaria para que Espa帽a se integrara en la eurozona 鈥搗er mi art铆culo 鈥淓spa帽a social a la cola de la UE鈥, P煤blico, 27-05-10鈥), afect贸 al total del gasto p煤blico social dedicado a los ancianos y a su tasa de pobreza. Seg煤n Eurostat, el nivel de pobreza entre ancianas en Espa帽a pas贸 de ser del 15% en 1995 al 32% en 2004, y entre ancianos pas贸 del 16% al 27% durante el mismo periodo. Puesto que el PP fue el partido que gobern贸 Espa帽a durante la mayor铆a de este periodo, carece de credibilidad ahora, cuando se presenta como el gran defensor de los ancianos y ancianas. Su historial no avala tal proclama. Esa pobreza descendi贸 ligeramente en el periodo de Zapatero, pasando del 32% en 2004 al 30% en 2008 (煤ltimo a帽o en el que Eurostat publica tales datos) entre las ancianas, y del 27% al 25% entre los ancianos. Los recientes recortes de fondos p煤blicos sociales revertir谩n estas cifras, aumentando la pobreza entre los pensionistas (y ello a煤n cuando se conserven los aumentos de las pensiones m谩s bajas).

Todos estos datos muestran que la entrada entonces y la permanencia ahora de Espa帽a en la eurozona se ha hecho y contin煤a haci茅ndose a costa de un gran retraso en la correcci贸n del d茅ficit de gasto p煤blico por habitante en todos los grupos etarios, incluyendo ancianos, entre Espa帽a y la UE-15. El d茅ficit de tal gasto en ancianos por habitante subi贸 de 569 a 816 euros de 1995 a 2004. En realidad, el hecho de que las pensiones se corrijan seg煤n la inflaci贸n, y no sobre el crecimiento promedio de los salarios (como se hace en muchos pa铆ses de la UE-15), explica que el est谩ndar de vida de los ancianos disminuya en comparaci贸n no s贸lo con el resto de la sociedad, sino con el resto de la UE-15. Es m谩s, el Estado (tanto central como auton贸mico y local) espa帽ol es el menos redistributivo por clase social de la UE-15, con lo cual su impacto reductor de la pobreza entre los ancianos es muy limitado, pasando del 31% de todos los ancianos (antes de que incidan las instituciones p煤blicas 鈥搃mpuestos y transferencias鈥) al 28%, comparado con Suecia (el pa铆s que hist贸ricamente ha tenido unas izquierdas m谩s fuertes en Europa), que pasa del 26% al 11%. No es, pues, una lucha generacional, sino una lucha de clases ganada diariamente por las rentas superiores lo que explica esta situaci贸n.

Vicen莽 Navarro es catedr谩tico de Pol铆ticas P煤blicas de la Universidad Pompeu Fabra y director del Observatorio Social de Espa帽a.

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Junio 3rd, 2010 at 8:11 am

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Las consecuencias econ贸micas de la paz, de Juan Francisco Mart铆n Seco en P煤blico

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El 14 de mayo de 1919, Keynes escrib铆a a su madre, en estado 鈥搒eg煤n dec铆a鈥 de gran depresi贸n e incluso con fuertes remordimientos por su peque帽a participaci贸n en el Tratado de Versalles: 鈥淟a paz es afrentosa e imposible, s贸lo puede acarrear desgracias鈥. Poco despu茅s publicaba una de sus obras de m谩s 茅xito, Las consecuencias econ贸micas de la paz, en la que criticaba fuertemente las cargas impuestas a Alemania y denunciaba la insinceridad, hipocres铆a e iniquidad del tratado, pero, sobre todo, las consecuencias desastrosas que acarrear铆a a toda la econom铆a europea. La paz cartaginesa impuesta a Alemania no era viable ni sostenible.

Angela Merkel har铆a bien en leer este libro porque, en estos momentos, es Alemania la empe帽ada en imponer a Grecia unas condiciones econ贸micas que dif铆cilmente va a poder cumplir. La situaci贸n ahora es tanto m谩s injusta por cuanto no ha mediado ninguna contienda y el 煤nico pecado de Grecia es haberse integrado en la Uni贸n Monetaria, coloc谩ndose as铆 un cors茅 que le impide respirar. El 3 de mayo pasado, uno de los m谩s prestigiosos diarios del mundo se preguntaba sobre la idoneidad de someter al pa铆s heleno a un ajuste tan duro puesto que, lejos de propiciar que pueda hacer frente a sus compromisos crediticios, va a hundir su econom铆a en la deflaci贸n y en un foso desde donde le va a ser imposible pagar sus deudas.

El plan aplicado a Grecia es radicalmente injusto. En primer lugar, en una 贸ptica interna, porque mientras un ajuste en el 谩mbito monetario a trav茅s de una devaluaci贸n de la divisa empobrece m谩s o menos por igual a toda la poblaci贸n, cuando el ajuste se realiza en el 谩mbito de la econom铆a real y con la intensidad y dureza de esta ocasi贸n, el coste recae brutalmente y de forma exclusiva sobre los jubilados, trabajadores y funcionarios. En segundo lugar, desde la perspectiva internacional, al distribuir la carga de manera desigual entre los pa铆ses miembros, castigando fuertemente a los deudores y no a los acreedores. El d茅ficit griego tiene su contrapartida en el super谩vit de Alemania, pa铆s que principalmente se ha beneficiado de la Uni贸n Monetaria y que es tanto o m谩s responsable que Grecia, Portugal o Espa帽a de los desequilibrios actuales. Tal como Keynes pensaba del Tratado de Versalles, la dureza del ajuste heleno puede ser un bumer谩n que se vuelva contra Europa en su totalidad.

Juan Francisco Mart铆n Seco. Economista.

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Mayo 10th, 2010 at 8:07 am

Antiguo dilema para la izquierda: el caso Brasil, de Immanuel Wallerstein en La Jornada

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En ocasi贸n de celebrar el trig茅simo aniversario de la creaci贸n del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, el principal peri贸dico independiente de izquierda, Brasil de Fato, public贸 entrevistas con cuatro de los principales intelectuales de izquierda. Los cuatro fueron activos alguna vez en el PT, de hecho se cuentan entre sus fundadores. Tres de ellos se retiraron del PT 鈥揺l historiador Mauro Iasi se uni贸 al Partido Comunista Brasile帽o, el soci贸logo Francisco de Oliveira se uni贸 al Partido Socialismo y Libertad y el historiador Rud谩 Ricci se hizo izquierdista independiente. El cuarto, el historiador Valter Poner, permanece en el PT y es una de las figuras principales de su facci贸n de izquierda.

Expresaron cuatro an谩lisis, sorprendentemente diferentes, de lo que Ricci llama el antiguo dilema de la izquierda brasile帽a: como ser popular y de izquierda. Pero por supuesto 茅se ha sido el dilema de la izquierda en todo el mundo, y sigue si茅ndolo hasta ahora.

Brasil es un lugar interesante para analizar este dilema y c贸mo se expresa. Es un pa铆s con una larga y activa tradici贸n pol铆tica, y hoy goza mucho de una situaci贸n multipartidista. Es tambi茅n una naci贸n cuya situaci贸n pol铆tica ha mejorado mucho en a帽os recientes, particularmente en los 煤ltimos 10 a帽os. Y Brasil es un pa铆s que ha estado afirmando mucho liderazgo pol铆tico en Am茅rica Latina. As铆 que la pregunta se vuelve 驴c贸mo medimos la popularidad de un partido y c贸mo evaluamos sus credenciales de izquierda?

El periodista de Brasil de Fato abri贸 sus entrevistas apuntando que el presidente Luiz In谩cio Lula da Silva es una figura carism谩tica, que es el mandatario m谩s popular desde la redemocratizaci贸n del pa铆s y que a lo largo de su historia el PT ha incrementado su apoyo entre los estratos m谩s pobres de la poblaci贸n. Para que el partido se vuelva m谩s popular, asever贸, tuvo que hacer concesiones al pragmatismo.

驴C贸mo reaccionaron los cuatro intelectuales a esta premisa? Para Ricci, el lulismo se ha vuelto m谩s importante que el partido, lo que invierte el concepto original del PT. El PT se americaniz贸 dice 茅l. Hoy es simplemente una maquinaria electoral. La izquierda encuentra dif铆cil ser popular debido a su lastre te贸rico de origen europeo. La cultura popular, dice, es compleja y conservadora, y Lula dialoga con su cultura popular. El PT es estatista y desarrollista, y como tal conservador y pragm谩tico. As铆 que el problema es retornar a la idea original de una utop铆a de izquierda democr谩tica sin tornarse elitista.

Para Iasi, el PT se volvi贸 uno de los dos principales partidos de Brasil, de centroizquierda con un programa peque帽o burgu茅s. El precio que pag贸 por el tama帽o de su respaldo fue el abandono de los principios y las metas pol铆ticas que estaban presentes en su origen. El lulismo o el populismo es un modo de hacer que las masas accedan a las pol铆ticas que no fueron hechas en su inter茅s.

Para Oliveira, el PT que comenz贸 con una base de trabajadores, de teolog铆a de la liberaci贸n y de movimientos de democratizaci贸n, se ha vuelto simplemente parte de la jalea general del sistema partidista brasile帽o. Una perspectiva socialista no se basa en los pobres sino en un an谩lisis de clase. Y en cuanto al programa del partido, la estatizaci贸n, est谩 100 a帽os atrasado, es parte de la dolencia infantil del estatismo. Es un programa para fortalecer las industrias brasile帽as y no tiene nada que ver con la izquierda o el socialismo.

Poner ve la situaci贸n muy diferente. 脡l concuerda con que al principio el gobierno de Lula era social-liberal en su orientaci贸n. Pero despu茅s de 2005, se hizo hacia la izquierda. S铆, dice 茅l, el partido es desarrollista. Pero hay dos variedades de desarrollistas 鈥搇os conservadores y los dem贸crata-populares. Con la crisis del capitalismo, el socialismo est谩 de vuelta al debate.

Lo sorprendente acerca de los tres an谩lisis cr铆ticos es el miedo al populismo. Lo que sorprende de los an谩lisis es la ausencia de cualquier discusi贸n de geopol铆tica.

Justo unos d铆as despu茅s del art铆culo de Brasil de Fato, Fidel Castro public贸 una de sus Reflexiones peri贸dicas en La Jornada, en la ciudad de M茅xico. Lula acababa de estar de visita con Castro. 脡ste dijo que conoc铆a a Lula hace 30 a帽os, es decir, desde la creaci贸n del PT. Dada la historia de Cuba y las dificultades de m谩s de 50 a帽os, Castro dijo que lo que tiene para nosotros una enorme trascendencia era la reciente reuni贸n en Canc煤n donde se hab铆a decidido la creaci贸n de una Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe que inclu铆a a Cuba y exclu铆a a Estados Unidos y Canad谩. Esta reuni贸n fue en gran medida un logro de Lula.

Castro subray贸 entonces la importancia y el simbolismo de esta 煤ltima visita de Lula antes de que deje de ser presidente de Brasil. Record贸 que en la d茅cada de 1980 tuvo un emotivo encuentro con 茅l, su esposa y sus hijos en su sencilla morada y alab贸 de Lula 鈥渟u placer de luchar鈥 con intachable modestia鈥. Aqu铆 no hay cr铆tica alguna al lulismo.

Todo lo que los intelectuales brasile帽os de izquierda critican, Castro lo alaba 鈥揺l desarrollo tecnol贸gico de Brasil, el crecimiento del PIB, convertirse en una de las 10 m谩s grandes econom铆as del mundo. Aun en la cuesti贸n de la producci贸n de etanol, a la que Castro dice que se opone, no culp贸 a Lula. Comprendo perfectamente que Brasil no tiene otra alternativa, frente a la competencia desleal y los subsidios de Estados Unidos y Europa, que incrementar la producci贸n de etanol.

Castro termina en esta nota: Una cosa es indiscutible: el obrero metal煤rgico se ha convertido actualmente en un estadista destacado y prestigioso cuya voz se escucha con respeto en todas las reuniones internacionales.

驴C贸mo pudieron los intelectuales brasile帽os de izquierda y Castro llegar a retratos tan diferentes de Lula? Es claro que estaban mirando dos cosas por completo diferentes. Los intelectuales brasile帽os de izquierda miraban primordialmente la vida interna de Brasil y expresaron su pena por el hecho de que Lula fuera, a lo sumo, un pragm谩tico de centroizquierda. Castro miraba principalmente a Brasil en su papel geopol铆tico, que 茅l ve que socava a su enemigo primordial, el imperialismo de Estados Unidos.

驴Cu谩l es entonces la prioridad para los intelectuales de izquierda? 脡sta no es meramente una cuesti贸n brasile帽a. Es una cuesti贸n que debe preguntarse casi en todas partes, tomando en cuenta el curso de la historia y el estatus geopol铆tico del pa铆s en cuesti贸n.

漏 Immanuel Wallerstein

Traducci贸n: Ram贸n Vera Herrera.

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Marzo 22nd, 2010 at 7:04 am

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L铆mites que chirr铆an, de John M眉ller en El Mundo

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AJUSTE DE CUENTAS

El que paga manda. Este dicho popular catal谩n es un compendio del buen funcionamiento del capitalismo. Por eso, a quienes profesamos respeto al derecho de propiedad, nos chirr铆a que existan limitaciones al voto de los accionistas en algunas empresas.

La Ley de Sociedades An贸nimas permite a 茅stas que fijen l铆mites en sus estatutos. Compa帽铆as estrat茅gicas como Iberdrola, Repsol o Telef贸nica y bancos como el Sabadell y el Popular, tienen limitado a un 10% los votos de aquellos accionistas que poseen m谩s de ese porcentaje de los t铆tulos pero menos del 29%, que es el l铆mite ante el cual se debe lanzar una Oferta P煤blica de Adquisici贸n (OPA).

La medida surgi贸 como una manera de proteger a los minoritarios despu茅s de que se constatara que en varias operaciones -la adquisici贸n de Metrovacesa por Joaqu铆n Rivero, la de Dragados por parte de ACS (Florentino P茅rez) o la de Vallehermoso por Sacyr (Luis del Rivero)- los compradores se hicieron con el control de la empresa sin sobrepasar el l铆mite marcado por la ley para lanzar una OPA. Defin铆an as铆 el destino de la compa帽铆a y muchos minoritarios se sintieron desprotegidos.

La eliminaci贸n de estos l铆mites figuraba en el programa del PSOE y para muchos expertos son un menoscabo al derecho de propiedad. Los cr铆ticos dicen que hay gestores que los usan para atrincherarse frente a accionistas que no les son simp谩ticos.

Lo cierto es que en Europa no hay claridad sobre el asunto. S铆 la hab铆a respecto de la famosa 芦Ley Rato禄 que blindaba a las empresas privatizadas en la 茅poca de Aznar (norma que Zapatero derog贸 en 2009), pero no la hay respecto de esta normativa. De hecho, hay dict谩menes para todos los gustos. El informe Sherman-Sterling, solicitado por la UE, determin贸 que estas limitaciones no eran blindajes ni da帽aban a los mercados.

De hecho, la abolici贸n de estos l铆mites convertir谩 a Espa帽a en un caso singular en Europa. En 23 pa铆ses de la UE-25 existen normas de este tipo. S贸lo Italia y Alemania, que tienen otros mecanismos de control sobre sus empresas estrat茅gicas, carecen de ellas. Con raz贸n, desde Iberdrola, por ejemplo, dicen que esto dejar谩 a nuestras grandes firmas desguarnecidas ante ataques especulativos. Otro de los fantasmas que agitan los partidarios de la norma son las Operaciones en Manada, que es cuando varios cazadores conciertan sus participaciones para tomar el control de una empresa y repart铆rsela.

Con todo, lo m谩s criticable es que el Gobierno incluyera la enmienda entre gallos y medianoche en una reforma de la Ley de Auditor铆a, embosc谩ndola en una transposici贸n europea. El PP y CiU ahora se muestran recelosos, mientras que el PNV la rechaza de plano.

Es malo que haya premura por zanjar desde el Gobierno un asunto donde se requiere una gran calidad legislativa para equilibrar inteligentemente las prerrogativas de los propietarios con los derechos de los minoritarios sin abrir la puerta a operaciones que conduzcan a la destrucci贸n de la propia empresa. No se comprende que un Gobierno que est谩 calificando de especulativos a los mercados cada d铆a, de pronto se muestre dispuesto a retirar una norma que ha frenado muchas operaciones de ese tipo. Es verdad que el que paga manda. Y para mandar en una empresa hay que tener el 50% m谩s una de las acciones.

john.muller@elmundo.es

漏 Mundinteractivos, S.A.

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Febrero 23rd, 2010 at 8:11 am

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Nada ser谩 como antes, de Carlos Taibo en P煤blico

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De entre las ilusiones 贸pticas que se hacen valer en los 煤ltimos tiempos entre nosotros hay una que despunta: la que nos sugiere que, una vez dejadas atr谩s la crisis y la recesi贸n en curso, mal que bien veremos reaparecer el escenario anterior a una y otra, esto es, el escenario de un crecimiento econ贸mico bonancible.

Semejante percepci贸n ignora, claro, una de las consecuencias principales derivadas de la acumulaci贸n de crisis de orden dispar a la que asistimos. Y es que, junto a la crisis que hemos dado en etiquetar de financiera, hay, en la trastienda, otras mucho m谩s graves. Una de ellas es, sin duda, el cambio clim谩tico que, cada vez m谩s agudo y m谩s f谩cil de percibir en sus diferentes manifestaciones, constituye una realidad que no parece llamada a tener efecto saludable alguno. Otra la configura el encarecimiento, inevitable en el medio y en el largo plazo, de la mayor铆a de las materias primas energ茅ticas que empleamos. Y una tercera 鈥損or dejar las cosas ah铆 y esquivar una lista m谩s larga鈥 la proporciona el mantenido expolio de los recursos humanos y materiales de los pa铆ses pobres, expolio en el que sigue asent谩ndose buena parte de nuestra riqueza.

Aun cuando los efectos de la crisis financiera puedan quedar atr谩s 鈥揷onvengamos en que es dif铆cil que, hablando en serio, tal cosa ocurra en plenitud鈥, se impone recordar que los de las dem谩s no s贸lo pervivir谩n sino que, m谩s a煤n, habr谩n experimentado una inquietante aceleraci贸n, con lo cual el escenario ser谩 visiblemente peor que el que se registraba antes de 2007. Si hay que tomarle el pulso a lo que tenemos entre manos, bastar谩 con echar una ojeada a las estimaciones que instancias p煤blicas y privadas realizan, con peri贸dica regularidad, en lo que ata帽e a las sumas que ser谩 preciso destinar a la lucha contra el cambio clim谩tico: a medida que los meses van pasando, los recursos que ser谩 necesario invertir para restaurar precarios equilibrios son visiblemente mayores.

En esas condiciones, y volvamos al argumento principal, pensar que pronto recuperaremos el escenario propio de la bonanza anterior a 2007 es, sin m谩s, equivocarse, y lo es 鈥搑epitamos lo que antes adelantamos鈥 incluso en el caso, improbable, de que la crisis financiera, por s铆 sola, no deje insorteables legados negativos. No est谩 de m谩s agregar algo 鈥揺so s铆鈥 en relaci贸n con la 煤ltima de las crisis que antes sugerimos que se hallan en la trastienda. Tenemos por fuerza que preguntarnos si podemos seguir mirando el mundo desde nuestra euroc茅ntrica y personal铆sima percepci贸n, en abierta y orgullosa ignorancia de los problemas de otros. O, por decirlo de otra manera, hora es de preguntarse si resulta razonable aplicar 鈥揷omo lo hemos hecho siempre鈥 la l贸gica del s谩lvese quien pueda, aun a sabiendas de los efectos dram谩ticos que tiene sobre los pa铆ses del sur. Sobran las razones para concluir, en cualquier caso, que muchos de los habitantes de estos 煤ltimos a帽orar铆an compartir con nosotros, siquiera fuera unas pocas horas, el peor de los momentos de esta crisis que a nuestros ojos presenta perfiles pavorosos.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Enero 2nd, 2010 at 8:08 am

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驴Por qu茅 falla el capitalismo? Hyman Minsky, el economista que vio venir el desplome a煤n ve铆a otro problema en el horizonte: su repetici贸n, de Stephen Mihm en SinPermiso

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Desde que el sistema financiero mundial empezara a deshilacharse hace dos a帽os, los distinguidos economistas han sufrido su propia crisis particular. Profesores de la Ivy League que hab铆an anunciado con fanfarrias el albor de una nueva era de estabilidad se ven en apuros a la hora de explicar c贸mo, por decirlo con exactitud, la peor crisis financiera desde la Gran Depresi贸n ha cogido en pa帽os menores a su profesi贸n entera.

Entre el suplicio y la autoflagelaci贸n, algunos comentaristas, algo m谩s cerebrales, han comenzado a hablar de la llegada del 鈥渕omento Minsky鈥, y un n煤mero cada vez mayor de personas con acceso a informaci贸n privilegiada incluso empiezan a advertir de la llegada de un 鈥渃olapso Minsky.鈥

鈥淢insky鈥 es la abreviaci贸n para Hyman Minsky, un macroeconomista desconocido hasta la fecha que muri贸 hace ya m谩s de una d茅cada. Muchos economistas nunca hab铆an o铆do hablar de 茅l cuando estall贸 la crisis, y sigue siendo en gran medida una figura oscurecida en el gremio. Pero 煤ltimamente ha comenzado a emerger como el m谩s aventajado pensador sobre los sucesos en desarrollo. Un economista a contracorriente en la conformidad de la Norteam茅rica de la posguerra, un experto en los campos de las finanzas y las crisis, entonces tan poco de moda, Minsky fue uno de los economistas que vio lo que se avecinaba. Predijo, hace d茅cadas, casi con toda exactitud el tipo de desplome que ha sacudido a la econom铆a mundial recientemente.

En los 煤ltimos meses la estrella de Minsky no ha hecho m谩s que brillar. Economistas galardonados con el premio Nobel hablan de incorporar sus conocimientos a la disciplina y se reimprimen copias de sus libros que se venden estupendamente bien. Ha pasado de ser una figura pr谩cticamente olvidada a otra clave en el debate sobre c贸mo solucionar el sistema financiero.

Pero si Minsky estaba en lo cierto, como parece que as铆 fue, la noticia no es algo que precisamente anime. 脡l cre铆a en el capitalismo, pero tambi茅n cre铆a que ten铆a una flaqueza en su gen茅tica: las modernas finanzas, dijo, estaban muy lejos de ser la fuerza estabilizadora que la econom铆a al uso retrataba. Es m谩s, se trataba de un sistema que creaba la ilusi贸n de estabilidad mientras creaba simult谩neamente las condiciones para un desplome inevitable y dram谩tico.

En otras palabras, la 煤nica persona que predijo la crisis tambi茅n cre铆a que el sistema financiero聽 conten铆a las semillas de su propia destrucci贸n. 鈥淟a inestabilidad鈥, escribi贸, 鈥渆s una imperfecci贸n inherente al capitalismo de la que 茅ste no puede escapar.鈥

Puede que la visi贸n de Minsky fuera sombr铆a, pero 茅l no era ning煤n fatalista: cre铆a que era posible dise帽ar pol铆ticas que pudiesen atemperar los da帽os colaterales causados por las crisis financieras. Pero con un n煤mero cada vez mayor de economistas prestos a declarar que la recesi贸n ya ha terminado, que hemos dejado a la crisis misma detr谩s nuestro, estas pol铆ticas pueden demostrarse tan poco c贸modas como las que acaba de reemplazar. M谩s a煤n: a medida que los economistas van adoptando los juicios prof茅ticos de Minsky, parece que est谩n muy lejos de recordar todo lo que ello implica.

En un mundo ideal, una profesi贸n dedicada al estudio del capitalismo ser铆a tan irresponsable e innovadora como el objeto de su estudio. Pero los economistas han estado a menudo sujetos a poderosas ortodoxias, y nunca lo estuvieron tanto como cuando Minsky entr贸 en escena.

Esa ortodoxia, nacida en los a帽os posteriores a la Segunda Guerra Mundial, era conocida como 鈥渟铆ntesis neocl谩sica.鈥 La vieja creencia en un mercado libre que se autoregulaba y se estabilizaba a s铆 mismo hab铆a absorbido selectivamente algunas de las teor铆as de John Maynard Keynes, el gran economista de la d茅cada de los treinta que escribi贸 extensivamente sobre c贸mo el capitalismo puede fracasar a la hora de mantener el pleno empleo. La mayor铆a de economistas a煤n cre铆a que el capitalismo de mercado libre era, en lo fundamental, una base estable para la econom铆a, aunque gracias a Keynes, algunos ahora reconoc铆an que el gobierno pod铆a bajo ciertas circunstancias jugar un papel central en la econom铆a 鈥搚 en el empleo鈥 para mantener la estabilidad del sistema.

Economistas como Paul Samuelson se convirtieron en el rostro del nuevo establishment: 茅l y otros, procedentes de contadas universidades de elite, terminaron siendo inmensamente influyentes en Washington. En teor铆a, Minsky podr铆a haber sido una estrella acad茅mica en el nuevo establishment. Como Samuelson, se doctor贸 en econom铆a por la Universidad de Harvard, donde estudi贸 con el legendario economista austr铆aco Joseph Schumpeter, as铆 como el futuro premio Nobel Wassily Leontief.

Pero Minsky estaba cortado por otro patr贸n. Descendiente de inmigrantes de Minsk, actual Bielorrusia, Minsky vino al mundo entre pa帽os rojos, hijo de socialistas mencheviques. Mientras que la mayor铆a de economistas se pasaron los a帽os cincuenta y sesenta estudiando penosamente modelos matem谩ticos, Minsky hizo una investigaci贸n sobre la pobreza, algo que dif铆cilmente puede considerarse el no va m谩s para los economistas. Con sus largos cabellos blancos, Minsky se encontraba m谩s cerca de la contracultura que de la econom铆a al uso. Era, seg煤n recuerda el economista L. Randall Wray, un antiguo estudiante, 鈥渢odo un personaje.鈥

As铆 que mientras sus colegas de universidad iban ganando premios Nobel y escalando posiciones en la Academia, Minsky palidec铆a. Fue sin rumbo de trabajo en trabajo, de Brown a Berkeley, y de ah铆 a la Universidad de Washington. A煤n peor: muchos economistas ni siquiera conoc铆an su obra. Una rese帽a sobre Minsky publicada en 1997 anotaba simplemente que 鈥渟u obra no ha ejercido una influencia a tener en cuenta en las discusiones macroecon贸micas de los 煤ltimos treinta a帽os.鈥

Con todo, se mantuvo ocupado. Adem谩s de la pobreza, Minsky empez贸 a ahondar en el estudio de las finanzas, las cuales, a pesar de su aparente importancia, no ocupaban ning煤n lugar en las teor铆as formuladas por Samuelson y otros. Tambi茅n empez贸 a formular una pregunta simple e inquietante: 鈥溌’Eso’ podr铆a volver a ocurrir?鈥, donde 鈥渆so鈥 era, como Voldemort, la n茅mesis de Harry Potter, lo innombrable: la Gran Depresi贸n.

En sus escritos, Minsky miraba hacia su h茅roe intelectual, Keynes, razonablemente el mayor economista del siglo XX. Pero donde la mayor铆a de economistas extra铆an una lecci贸n, por lo dem谩s muy simple, de Keynes (a saber, que el gobierno pod铆a dar un paso al frente y microgestionar la econom铆a, limar las asperezas del ciclo econ贸mico y mantener las cosas en funcionamiento), Minsky no ten铆a ning煤n inter茅s en lo que 茅l y otros economistas disidentes llegaron a definir como 鈥渒eynesianismo bastardo.鈥

En vez de eso Minsky extrajo sus propias y mucho m谩s sombr铆as conclusiones de los principales escritos de Keynes, en los que no s贸lo trat贸 los problemas del desempleo, sino tambi茅n del dinero y la banca. Aunque Keynes nunca lo afirm贸 expl铆citamente, Minsky sostuvo que toda la obra de Keynes conduc铆a a la conclusi贸n de que el capitalismo era por su misma naturaleza inestable y propenso a su desplome. Lejos de dirigirse hacia alg煤n tipo de estado de equilibrio m谩gico, el capitalismo pod铆a hacer justamente lo contrario. Pod铆a ir dando bandazos por un acantilado.

Este an谩lisis llevaba la marca de su consejero Joseph Schumpeter, el reputado economista austr铆aco hoy famoso por documentar el incesante proceso de 鈥渄estrucci贸n creativa鈥 del capitalismo. Pero Minsky se pas贸 m谩s tiempo pensando en la destrucci贸n que en la creaci贸n. Al hacerlo, formul贸 una intrigante teor铆a: no s贸lo el capitalismo era propenso al desplome, escribi贸, sino que precisamente eran sus per铆odos de estabilidad econ贸mica los que allanaban el camino a crisis monumentales.

Minsky llam贸 a esta idea 鈥渓a hip贸tesis de la inestabilidad financiera.鈥 En el despuntar de una depresi贸n, observ贸, las instituciones financieras son extraordinariamente conservadoras, como lo son los negocios. Con los prestatarios y prestamistas alimentando la econom铆a con sus acuerdos de alto riesgo, las cosas marchan con suavidad: los pr茅stamos se pagan casi siempre a tiempo, los negocios tienen por lo general 茅xito y a todo el mundo le va bien. Este 茅xito, empero, inevitablemente anima a los prestatarios y a los prestamistas a arriesgarse m谩s con la razonable esperanza de conseguir m谩s dinero. Como observ贸 Minsky, 鈥渆l 茅xito alimenta el rechazo a la posibilidad de un fracaso.鈥

Cuando la gente olvida que el fracaso es una posibilidad, una 鈥渆conom铆a euf贸rica鈥 se desarrolla finalmente, alimentada por el crecimiento de prestatarios que emprenden riesgos -lo que denomin贸 prestatarios especuladores, cuyos ingresos cubrir铆an los intereses pero no las deudas principales; y aquellos a quienes denomin贸 鈥減restatarios Ponzi鈥, que ni siquiera cubrir铆an los intereses y s贸lo podr铆an pagar sus facturas pidiendo nuevos pr茅stamos. A medida que los miembros de estas 煤ltimas categor铆as creciesen, la econom铆a general se desplazar铆a de un ambiente conservador pero rentable a un sistema mucho m谩s irresponsable dominado por agentes cuya supervivencia no depende solamente de planes empresariales s贸lidos, sino del dinero prestado y de cr茅ditos a libre disposici贸n.

Una vez desarrollada una econom铆a como 茅sta, cualquier p谩nico podr铆a hacer que se fuera a pique al mercado. El fracaso de una sola empresa, por ejemplo, o la revelaci贸n de un fraude asombroso podr铆an disparar el miedo y un repentino y generalizado intento de la econom铆a por liberarse de la deuda. Este hito -que m谩s tarde recibir铆a el nombre de 鈥渕omento Minsky鈥- crear铆a un ambiente profundamente inh贸spito para todos los prestatarios. Los especuladores y prestatarios Ponzi ser铆an los primeros en venirse abajo, a medida que pierden acceso al cr茅dito que necesitan para sobrevivir. Incluso los agentes m谩s estables pueden encontrarse en la situaci贸n de no ser capaces de afrontar sus deudas sin vender sus activos. Esta venta de activos forzada har铆a entrar el valor de los mismos en una espiral descendente e inevitablemente el agrietado edificio financiero empezar铆a a venirse abajo. Los negocios se tambalear铆an y la crisis se extender铆a a la econom铆a 鈥渞eal鈥 dependiente del sistema financiero ahora en desplome.

Desde los sesenta en adelante Minsky trabaj贸 en esta hip贸tesis. En aquella 茅poca crey贸 que este desplazamiento estaba ya produci茅ndose: la estabilidad de posguerra, la innovaci贸n financiera y el reflujo del recuerdo de la Gran Depresi贸n estaban gradualmente estableciendo las bases para una crisis de proporciones 茅picas. La mayor parte de lo que dijo fue a caer en o铆dos sordos. Los sesenta fueron una 茅poca de s贸lido crecimiento, y aunque el estancamiento econ贸mico de los setenta fue un duro golpe para el grueso de la econom铆a neokeynesiana, los responsables de la pol铆tica econ贸mica no acudieron raudos a Minsky. En vez de eso, el fundamentalismo de libre mercado ech贸 ra铆ces: el gobierno era el problema, no la soluci贸n.

Adem谩s, el nuevo dogma coincidi贸 con una notable 茅poca de estabilidad. El per铆odo de finales de los ochenta hacia adelante ha recibido el nombre de la 鈥済ran moderaci贸n鈥, una 茅poca de recesiones poco profundas y de una gran capacidad de recuperaci贸n en la mayor parte de las mayores econom铆as industriales. Las cosas nunca hab铆an sido tan estables. La posibilidad de que 鈥渆so鈥 ocurriese de nuevo parec铆a una broma.

Y a pesar de todo, en este per铆odo el sistema financiero -no la econom铆a, sino las finanzas como industria- estaba creciendo a pasos agigantados. Minsky se pas贸 los 煤ltimos a帽os de su vida, a principios de los noventa, advirtiendo de los peligros de la titulizaci贸n y otras formas de innovaci贸n financiera, pero pocos economistas le escucharon. Tampoco prestaron atenci贸n a la creciente dependencia de los consumidores y empresas de la deuda, y el empleo creciente del apalancamiento en el sistema financiero.

Para finales de siglo XX, el sistema financiero del que Minsky hab铆a advertido se hab铆a ya materializado, completado con prestatarios especuladores, prestatarios Ponzi y unos pocos prestatarios conservadores que completaban el esquema y eran los cimientos de una econom铆a verdaderamente estable. Despu茅s de d茅cadas, hab铆amos olvidado de verdad el significado de la palabra riesgo. Cuando empresas financieras de varios pisos de altura empezaron a derrumbarse, enviando se帽ales a trav茅s de la econom铆a 鈥渞eal鈥, sus predicciones comenzaron a parecerse mucho a un mapa de carreteras.

鈥淣o fue un momento Minsky鈥, explica Randall Wray. 鈥淔ue medio siglo Minsky.鈥

Ahora Minsky hace furor. Hace un a帽o un influyente columnista del Financial Times le confi贸 a sus lectores que la relectura de la 鈥渙bra maestra鈥 de Minsky de 1986 -Stabilizing and Unstable Economy (Estabilizando una econom铆a inestable)- 鈥渕e hab铆a ayudado a aclarar mis ideas respecto a la crisis.鈥澛 Otros se unieron al coro sin tardanza. A principios de este a帽o, dos pesos pesados de la econom铆a 鈥揚aul Krugman y Brad DeLond鈥 se quitaron el sombrero ante 茅l en foros p煤blicos. Es m谩s, el ganador del premio Nobel Paul Krugman titul贸 una de sus conferencias en la London School of Economics 鈥淭he Night They Re-read Minsky.鈥 (La noche en que releyeron a Minsky)

Hoy la mayor铆a de economistas, qu茅 duda cabe, est谩n leyendo por vez primera a Minsky, intentando encajar sus an谩lisis, tan poco convencionales, en los andamiajes teor茅ticos de su profesi贸n. Si Minsky viviera, sin duda hubiera aplaudido este reconocimiento tard铆o, a煤n produci茅ndose a un terrible costo. Como observ贸 ir贸nicamente en una ocasi贸n, 驴acaso nos es Minsky de alguna ayuda? Si el capitalismo es un sistema inestable e inherentemente autodestructivo -m谩s all谩 de que produce desigualdades y desempleo, como observ贸 Keynes-, 驴ahora qu茅?

Despu茅s de haber empleado su vida advirtiendo de los peligros de la complacencia en lo que se refiere a la estabilidad -y que dieron en o铆dos sordos-, Minsky fue razonablemente pesimista en cuanto a la posibilidad de cortocircuitar el tr谩gico ciclo de booms y pinchazos. Pero s铆 que cre铆a que se pod铆an hacer muchas cosas con el fin de sortear el peligro.

Para evitar que el momento Minsky se convirtiese en una calamidad nacional, parte de su soluci贸n (que era compartida por otros economistas) era que la Reserva Federal -que 茅l gustaba en llamar 鈥淏ig Bank鈥- se adentrase en la brecha y actuase como prestamista en 煤ltima instancia para las empresas bajo asedio. Inyectando liquidez a las empresas en zozobra, la Reserva Federal podr铆a romper el ciclo y estabilizar el sistema financiero. Fracas贸 a la hora de hacerlo en la Gran Depresi贸n, cuando se qued贸 a un lado y dej贸 que la crisis bancaria entrase en una espiral fuera de todo control. Esta vez, bajo la direcci贸n de Ben Bernanke 鈥揷omo Minsky, un acad茅mico de la Depresi贸n鈥 ha tomado un acercamiento diferente, convirti茅ndose en el prestamista en 煤ltima instancia de todo, desde hedge funds a bancos de inversi贸n y fondos monetarios.

La otra soluci贸n de Minsky, no obstante, era considerablemente m谩s radical y pol铆ticamente un sapo dif铆cil de tragar. La t谩ctica favorita de sacar a la econom铆a de la crisis estaba 鈥搚 est谩鈥 basada en la noci贸n keynesiana de 鈥渂ombear el inflador鈥 (priming the pump) enviando dinero para emplear a grandes masas de mano de obra cualificada y sindicada en la construcci贸n de una l铆nea de ferrocarril, por ejemplo.

Minsky, sin embargo, defendi贸 un acercamiento del tipo 鈥渂urbuja鈥, que enviase primero dinero a los pobres y los obreros no cualificados. El gobierno 鈥搊 como 茅l prefer铆a llamarlo, el 鈥淕ran gobierno鈥濃 deber铆a convertirse en 鈥溍簂tima instancia en el empleador鈥, dijo, ofreciendo trabajo a cualquiera que quisiera ejercer uno a partir de un salario m铆nimo que ser铆a pagado a los trabajadores que proporcionasen cuidados a los ni帽os, limpiasen las calles o proporcionasen servicios que dieran a los contribuyentes pruebas visibles de la inversi贸n de sus d贸lares. Disponibles para todos, ser铆a incluso m谩s ambicioso que el New Deal, reduciendo considerablemente las cuentas del estado de bienestar al garantizar un empleo para cualquiera que fuese capaz de trabajar. Un programa como 茅ste no s贸lo ayudar铆a, seg煤n 茅l cre铆a, a los pobres y a los trabajadores no cualificados, sino que tambi茅n pondr铆a una red de seguridad debajo del salario de todos los dem谩s, previniendo que los salarios de los trabajadores m谩s cualificados cayese precipitadamente, y enviando los beneficios a lo largo de toda la escalera socioecon贸mica.

Mientras los economistas acaso reconozcan algunos de los an谩lisis de Minsky respecto a la inestabilidad financiera, parece que puede afirmarse con seguridad que incluso los responsables pol铆ticos m谩s liberales est谩n muy lejos de pensar un papel para el gobierno americano tan expansivo. Un caro programa de pleno empleo estar铆a demasiado cerca del socialismo como para que fuese c贸modo para los pol铆ticos. Por su parte, Wray piensa que los cr铆ticos est谩n dispuestos a interpretar incorrectamente a Minsky: 鈥溍﹍ vio estas ideas como perfectamente consistentes con el capitalismo鈥, dice Wray. 鈥淗ar铆an que el capitalismo funcionase mejor.鈥

Pero no a la perfecci贸n. Si hay que extraer alguna conclusi贸n de las obras completas de Minsky, es que la perfecci贸n, como la estabilidad y el equilibrio, son espejismos. Minsky no comparti贸 la extra帽a creencia de su profesi贸n de que todo pod铆a ser reducido a un peque帽o modelo o a una teor铆a f谩cil. La suya era una especie de econom铆a existencial: el capitalismo, como la vida misma, era dif铆cil, e incluso tr谩gica. 鈥淣o hay ninguna respuesta simple a los problemas de nuestro capitalismo鈥, escribi贸 Minsky. 鈥淣o hay ninguna soluci贸n que pueda transformarse en una frase pegadiza e imprimirse en grandes carteles.鈥

Es un sentir que puede limitar el que Minsky se convierta en parte de una nueva ortodoxia. Pero eso es probablemente lo que 茅l hubiera preferido, seg煤n cre铆a el economista James Galbraith. 鈥淐reo que se resistir铆a a ser domesticado鈥, dijo Galbraith. 鈥淪e pas贸 toda su carrera aislado profesionalmente.鈥

Stephen Mihm es profesor de historia en la Universidad de Georgia y autor de A Nation of Counterfeiters [Una naci贸n de falsificadores] (Harvard, 2007).

Traducci贸n para www.sinpermiso.info: 脌ngel Ferrero.

Globe Correspondent, 13 septiembre 2009

Written by Reggio's

Noviembre 16th, 2009 at 12:00 am

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