Reggio’s

Periodismo de opini贸n en Reggio’s

Archive for the ‘Valores’ Category

La pol茅mica creatividad de Kapuscinski, de Timothy Garton Ash en El Pa铆s

without comments

Un libro publicado en Polonia denuncia que lo que el autor presentaba como periodismo era ficci贸n. De ser esto cierto, traicion贸 la confianza de los lectores, que cre铆an que esas cosas hab铆an ocurrido y eran reales

Todos los periodistas y aspirantes a autores de reportajes pueden aprender mucho de la controversia sobre Kapuscinski. La “no ficci贸n creativa” es una pendiente peligrosa.

Si hubiera vivido unos a帽os m谩s, Ryszard Kapuscinski quiz谩 habr铆a podido obtener el Premio Nobel de Literatura. Aunque esas cosas se llevan con un secreto digno del Vaticano, estoy seguro de que era uno de los candidatos constantes de la Academia sueca. Entonces, los periodistas de muchos pa铆ses habr铆an celebrado su designaci贸n por ser el primer escritor de “no ficci贸n” que lo ganara desde Winston Churchill en 1953. Ahora ha estallado una seria pol茅mica en su Polonia natal por un nuevo libro que sugiere que su no ficci贸n no era tan “no ficci贸n”, despu茅s de todo. Es una pol茅mica que ya ha dado la vuelta al mundo, porque el nombre de Kapuscinski es sin贸nimo en todas partes de un cierto tipo de reportaje pol铆tico-literario.

Acabo de leer el libro, que se titula, en polaco, La no ficci贸n de Kapuscinski. Su autor es el periodista Artur Domoslawski, de quien Kapuscinski fue modelo, mentor y amigo, y ha sido criticado por varios motivos. Entre ellos, su forma de abordar las numerosas aventuras amorosas del escritor viajero, que es verdad que me parece poco delicada, y su tratamiento del pasado comunista y los contactos ocasionales de Kapuscinski con la polic铆a secreta, que en mi opini贸n est谩 bien explicado.

M谩s en general, se ha criticado al libro por denunciar a un antiguo mentor. La viuda de Kapuscinski lo llama “parricidio”. Yo creo que no lo es. Creo que el autor trata de ser imparcial y permite que hablen muchas voces diferentes. Capta al Ryszard que yo conoc铆, empezando por una brillante evocaci贸n de su c谩lida sonrisa, con la que desarmaba a cualquiera. Desarmaba a cualquiera literalmente, porque aquella sonrisa de humildad casi infantil le permiti贸 salir bien librado de muchos enfrentamientos peligrosos con hombres armados, en 脕frica y otros lugares. Por otro lado, este libro es el grito prolongado de un disc铆pulo preocupado e incluso desilusionado, alguien que, en sus casi tres a帽os de investigaci贸n, encontr贸 cosas que le perturban enormemente.

El quid de la cuesti贸n, para Domoslawski, para m铆 y probablemente para el resto del mundo, es que se cruce el l铆mite entre la realidad y la ficci贸n. Es un tema que a algunos nos preocupa desde hace a帽os. En 2001, para conmemorar el centenario del Premio Nobel de Literatura, la Academia sueca organiz贸 un simposio sobre la Literatura de testigos, una delicada forma de sugerir que la Literatura, con may煤scula, no consist铆a s贸lo en ficci贸n y poes铆a. Yo di una charla (reproducida en mi libro Facts are Subversive) en la que coment茅 que “con Kapuscinski, pasamos sin cesar de la Kenia real a la Tanzania de ficci贸n y viceversa, pero la transici贸n no est谩 claramente indicada en ning煤n sitio”.

Ese mismo a帽o, el antrop贸logo y escritor John Ryle escribi贸 una brillante rese帽a en The Times Literary Supplement en la que documentaba numerosas inexactitudes, exageraciones y mitificaciones de Kapuscinski en sus escritos sobre 脕frica. Dec铆a que, en su mayor铆a, tend铆an a lo que el denominaba el “barroco tropical”, un estilo en el que todo se vuelve m谩s ex贸tico, salvaje, descontrolado, extremo y, por qu茅 no decirlo, oriental. Ahora, Domoslawski sigue en parte las huellas del maestro, hasta Addis Abeba, por ejemplo, donde Kapuscinski investig贸 para escribir su famoso libro sobre la ca铆da de Haile Selassie, El emperador, y a Santa Cruz, Bolivia. Y se ha encontrado con que los propios testigos de Kapuscinski se quejan de que hay material falso e inventado. Da numerosos ejemplos.

Lo que hizo Kapuscinski est谩 ya fuera de toda duda. La cuesti贸n es c贸mo reaccionar. Una corriente de opini贸n es la representada por el escritor estadounidense Lawrence Weschler, quien, seg煤n Domoslawski, ha dicho que “驴qu茅 m谩s da en qu茅 estante tengamos que colocar El emperador y El Sha, en ficci贸n o no ficci贸n? Siempre seguir谩n siendo unos libros magn铆ficos”. Un compa帽ero de colegio de Kapuscinski afirma que El emperador es “la mejor novela polaca del siglo XX”. Y, por supuesto, esos libros hablaban tambi茅n de Polonia. Los lectores polacos los le铆an en parte como alegor铆as de su propia situaci贸n, y los censores del comunismo podr铆an haberlos prohibido si no se hubieran presentado como libros de no ficci贸n que trataban de lugares reaccionarios y lejanos.

Una segunda corriente, que podr铆amos llamar de los “nerviosos defensores de Ryszard”, est谩 bien representada por Neal Ascherson, autor a su vez de soberbios reportajes sobre Polonia y otros pa铆ses. Kapuscinski era un gran narrador de historias, no un mentiroso -escribe en la p谩gina web de The Guardian-, y existe una diferencia importante entre dar noticias y escribir libros. Pero luego hace esta afirmaci贸n, que me resulta muy sorprendente: “Casi todos los periodistas, excepto un pu帽ado de santos, sacan punta a las citas o var铆an ligeramente las horas y los lugares para causar m谩s efecto. Quiz谩s no deber铆an, pero lo hacen; lo hacemos”. 驴De verdad, Neal? 驴Y cu谩nto es, si no te importa explicarlo, “ligeramente”? 驴Y hasta d贸nde puede atreverse uno a “sacar punta”? No obstante, en el resto de su blog muestra su preocupaci贸n por el hecho de que Kapuscinski no dejara suficientemente claro al lector lo que hac铆a.

La tercera postura, en la que me incluyo, afirma que, aunque no haya -en los gr谩ficos t茅rminos que emplea Ascherson- una “frontera con alambrada y focos”, s铆 existe un l铆mite fundamental, una zona fronteriza, que los escritores de no ficci贸n debemos intentar no cruzar jam谩s. Si cruzamos ese l铆mite, entonces debemos asignar una etiqueta distinta al producto final. Domoslawski ofrece una raz贸n por la que hay que hacerlo: sencillamente, el deber de ser justos con nuestros lectores. Ustedes necesitan saber qu茅 est谩n leyendo. Al fin y al cabo, parte de la emoci贸n de leer a un escritor como Kapuscinski nace de pensar que esas cosas han ocurrido. 脡l estaba all铆. Lo vio con sus propios ojos. Estuvo a punto de morir por informar de los hechos. Es un principio que su propia ret贸rica ha defendido con frecuencia a capa y espada.

El segundo motivo es m谩s profundo. Me da la impresi贸n de que, para una persona armada con una pluma, existen pocas obligaciones m谩s serias que la de ser testigo veraz de grandes acontecimientos. Al presentar el simposio de 2001 sobre la Literatura de testigos, el entonces secretario de la Academia sueca, Horace Engdahl, sugiri贸 que “la verdad, en un principio, no es nada m谩s que lo que certifica un testigo fiable”. Quiz谩 no sirva como regla filos贸fica universal, pero desde luego s铆 es aplicable a lo que hacen quienes escriben testimonios, sobre todo cuando se alzan solos en medio de la tragedia o el triunfo. Ser testigos de genocidios, guerras, revoluciones y muestras de valor humano en medio de la humanidad es -perd贸nenme el tono melodram谩tico- una responsabilidad sagrada.

Es cierto que, al elegir los hechos, las im谩genes y las citas, al caracterizar a las personas reales sobre las que escribimos, quienes realizamos reportajes trabajamos, en muchos aspectos, como los novelistas. Pero, si tenemos en cuenta esa responsabilidad respecto a la historia y la promesa de “no ficci贸n” que hacemos a nuestros lectores, debemos atenernos a los hechos de la mejor forma posible. No debemos cambiar el orden de los acontecimientos ni siquiera “ligeramente”, ni “sacar punta” a nada que aparezca entre comillas. Todos cometemos errores. Nadie puede ver una situaci贸n en su conjunto ni ser totalmente objetivo. Todo el mundo tiene un punto de vista. Ahora bien, si digo que vi una cosa, es que vi esa cosa. No estaba en otra calle, en otro momento, ni me lo cont贸 alguna otra persona mientras tom谩bamos una copa en el bar del hotel.

Creo que podemos hacer dos cosas. Una, sugerida en tono humor铆stico por el propio Domoslawski en una entrevista tras la publicaci贸n del libro, es que deber铆a haber en las librer铆as una secci贸n entre la ficci贸n y la no ficci贸n, en la que estuviera una nueva categor铆a llamada simplemente Kapuscinski. La otra es aprender del maravilloso trabajo de Kapuscinski pero tambi茅n de sus transgresiones y, de esa forma, dar un testimonio m谩s veraz.

Timothy Garton Ash, catedr谩tico de Estudios Europeos, ocupa la c谩tedra Isaiah Berlin en St. Antony’s College, Oxford, y es profesor titular de la Hoover Institution, Stanford. Traducci贸n de Mar铆a Luisa Rodr铆guez Tapia.

Written by Reggio's

Marzo 12th, 2010 at 8:14 am

Posted in Literatura, Valores, 脡tica

Tagged with

Olvido del Fais谩n, de Santiago Gonz谩lez en El Mundo

without comments

A CONTRAPELO

La designaci贸n del principal imputado en el ‘Fais谩n’ como consejero de la Caja Vital lleva a inquietudes razonables sobre las cajas de ahorros, que son nada menos que la mitad de nuestro sistema financiero. Llegado el momento de cubrir las vacantes en la de 脕lava, el PNV y el PSE se han repartido los cargos: los nacionalistas han colocado a los excedentes del 煤ltimo ‘Gobierno Ibarretxe’, (Javier Balza y Ana Agirre) y muestras de glaciaciones anteriores, como Juan Ram贸n Guevara y Juan M陋 Ollora, mientras los socialistas vascos han propuesto a V铆ctor Garc铆a Hidalgo. Todos ellos ser谩n nombrados y tomar谩n posesi贸n el pr贸ximo 30 de marzo.

El PSOE ha derivado la petici贸n de explicaciones a los socialistas vascos, que no han dicho ni mu. S贸lo el consejero de Interior ha dicho con entusiasmo contenido que 芦algunas禄 de las personas propuestas le merecen 芦todo el respeto禄. La portavoz popular ha apuntado con malevolencia: la desmemoria de G陋 Hidalgo es la clave de su nombramiento. El ex director de la Polic铆a dijo 芦no me acuerdo禄 a 52 de las m谩s de 100 preguntas formuladas por el juez. No recordaba su n煤mero de m贸vil, ni las fechas en que fue nombrado y destituido. Pues nada, para eso estamos. Fue nombrado en el Consejo de Ministros del 30 de abril de 2004, y destituido el 8 de septiembre de 2006, exactamente cuatro d铆as despu茅s de que el informe policial que lo acusaba de ser el autor de la llamada fatal entrase en el Juzgado n煤mero 5 de la Audiencia Nacional.

Es notable que el cesante se haya pasado tres a帽os largos en tareas de cocina, hasta que el 17 de octubre de 2009 fue nombrado secretario de Organizaci贸n de 脕lava. Llama la atenci贸n que al constituir su Gobierno hace 11 meses, y estando tan falto de gente experimentada en tareas de Interior, Patxi L贸pez no quisiera contar con un hombre de tan cualificada experiencia en el mundo policial ni siquiera para dirigir la Academia de Arkaute, salvo que desaconsejara el nombramiento su imputaci贸n cuatro meses antes.

Todo es indiciario, claro. La profusi贸n de llamadas entre el secretario de Estado, el director general, el jefe superior y el inspector de Vitoria que se acerc贸 al due帽o del bar Fais谩n para darle un m贸vil con una frase muy de programa de televisi贸n 鈥撀玊engo una llamada para usted禄鈥 son indicios. No hay nada anormal en que los citados hablaran entre s铆 con frecuencia, si descontamos a Elosua. Bastar铆a comprobar el n煤mero de veces que en parecida franja horaria se han llamado antes o despu茅s del d铆a de autos. El chivatazo se dio; eso no es un indicio, sino un hecho. No pudo hacerlo un inspector de polic铆a por propia iniciativa. La 煤nica hip贸tesis que le da sentido a todo es la que explica a la vez el silencio del ex director y la actitud vergonzante de su partido al proponerlo. As铆 est谩n las cosas en ese duermevela en que mantiene el superjuez algunos de sus casos. Podr铆a parecer que est谩n dormidos, como los cocodrilos a la hora de la siesta, pero los sumarios de Garz贸n tambi茅n tienen los p谩rpados transparentes.

Written by Reggio's

Marzo 10th, 2010 at 8:13 am

Marian, la ladrona, de Pedro J. Ram铆rez en El Mundo

without comments

CARTA DEL DIRECTOR

Es una de las escenas m谩s memorables de la historia del cine. La oficina de Rutland and Company se ha quedado desierta. Marnie Edgar -o sea Tippi Hedren con su abrigo verde y su pelo rubio recogido en la espiral de un mo帽o daliniano, calcado del de Kim Novak en V茅rtigo- est谩 desvalijando la caja fuerte de la empresa de quien ya es su marido cuando, separada s贸lo por una mampara, aparece en paralelo una se帽ora de la limpieza, avanzando con su cubo y su fregona. Ambas mujeres est谩n de espaldas a la c谩mara. Ambas mujeres se dan simult谩neamente la vuelta y esbozan unos pasos. A Marnie, la ladrona, la van a coger con las manos en la masa.

De repente, de refil贸n, ella se da cuenta de la presencia de la limpiadora que vuelve a mostrar su hacendoso trasero. Sobreponi茅ndose a su angustia, Marnie decide rodearla para franquear la escalera de bajada hacia la calle. Se da cuenta de que si hace el m谩s m铆nimo ruido la empleada se volver谩, la mirar谩 y podr谩 identificarla cuando se descubra el desfalco. En un golpe de astucia decide descalzarse y deslizarse de puntillas. 驴Pero qu茅 hacer con sus elegantes zapatos marrones? No puede dejarlos all铆 y en las manos lleva el bolso y el bot铆n. Ya est谩: uno en cada bolsillo del abrigo, con los tacones hacia fuera.

Marnie va avanzando lentamente, paso a paso, mientras escucha el chapoteo de la fregona y hasta el roce de la bayeta sobre el suelo. Est谩 ya a muy pocos pasos de la escalera, va a conseguir su prop贸sito, cuando uno de los dos zapatos empieza a resbalar tan lenta como inexorablemente hacia la embocadura del bolsillo. El tac贸n ya se bambolea en el vac铆o. Pobre Marnie, te van a pillar. Pobre Marnie, vas a ser v铆ctima de la ley de la gravedad. Y en efecto, 隆catacrack! Pobre Marnie鈥 Pero no: aunque el zapato resuena con estr茅pito sobre el pavimento, la se帽ora de la limpieza ni se inmuta y contin煤a de espaldas su tarea, ignorante de lo que acaba de ocurrir.

Marnie se queda l铆vida, pero recoge con nerviosa celeridad el zapato y huye impunemente pelda帽os abajo. Entonces llega un mocet贸n negro con uniforme de vigilante nocturno, se acerca por detr谩s a la limpiadora y le pega un par de gritos al o铆do. Ella est谩 sorda como una tapia, pero alguien la ha hecho al fin reaccionar.

El papel del mocet贸n negro ha venido represent谩ndolo en la isla de Mallorca un periodista, ahora treinta帽ero, de facciones adolescentes, tenacidad sin par y aguda inteligencia l贸gica que durante siete a帽os, una ma帽ana s铆 y otra tambi茅n, ha ido desvelando al o铆do de una sociedad obstinada en su sordera los desmanes de su clept贸crata particular. Se llama Esteban Urreiztieta y gracias al empe帽o de dos valientes directores como Eduardo Inda, que tuvo el talento de ver lo que estaba ocurriendo antes que nadie, y Agust铆n Pery, que est谩 rematando la faena con serenidad y temple poco com煤n, ha sido capaz de aportar tantas y tan elocuentes denuncias que el milagro -uno de esos que 芦suceden, Sancho, rara vez禄- se ha producido, los sordos han o铆do, los ciegos han mirado, los mudos han hablado y a la empedernida saqueadora la han cogido, al fin, no ya con el carrito del helado sino con los dromedarios de la caravana de Ali Bab谩 en el cuarto de estar.

La principal diferencia con el argumento de la pel铆cula, en lo que se refiere a esa escena m铆tica, es que la Marnie balear no s贸lo ha contado de antemano con la pereza auditiva de una sociedad pr贸spera y c贸modamente instalada en la insularidad de sus rituales, sino que se ha jactado de ello sin remilgos. S铆, en efecto, la estoy viendo como si fuera hoy, simp谩tica, despreocupada y alegre, con la melena rubia ondeando entre los pinos, vestida de rosa en la terraza de mi casa, invit谩ndome a abandonar toda esperanza, cuando hab铆amos comenzado a publicar lo que s贸lo era la punta del extremo del periscopio de su iceberg.

-Mira, no me vais a pillar porque no he hecho lo que dec铆s. Pero si me pill谩is, tampoco pasar谩 nada porque a eso de la corrupci贸n aqu铆 nadie le da importancia鈥

Como hac铆an los ap贸stoles de la guerra sucia, me dec铆a a la vez una cosa y su contraria: esto que no hemos hecho carece de gravedad. Todo el 茅nfasis lo pon铆a en el 芦aqu铆禄. El nacionalismo al servicio de la impunidad del trinque. Una variante, una sucursal m谩s bien, del 芦oasis catal谩n禄. 驴Corrupci贸n? 驴Qu茅 es eso? S贸lo los forasters pod铆amos plantear asuntos de tan mal gusto.

En esa misma conversaci贸n, con una testigo delante, fue cuando me dijo que no entend铆a la complejidad de nuestro peri贸dico -芦No s茅 si tengo que hablar con los italianos, con los de Madrid o con los de aqu铆鈥β- y me explic贸 la elemental regla de tres que reg铆a su relaci贸n con el marrullero editor con quien ha formado hasta el 煤ltimo d铆a una uni贸n nada temporal de empresas: 芦Con 茅l todo es muy sencillo. Yo le doy 200 millones al a帽o y 茅l me saca guapa en las fotos禄.

隆芦Guapa en las fotos禄! En pocas pel铆culas como 茅sa da Hitchcock rienda suelta a su misoginia: 芦Las aves de rapi帽a son la clase criminal del reino animal y entre las aves de rapi帽a predomina el sexo femenino禄, le hace decir al pobre Sean Connery cuando est谩 enamor谩ndose de Marnie. Pero, mutatis mutandis, as铆 funciona mucha prensa de provincias. V茅ase hoy por qu茅 a Tartufo Montilla ning煤n peri贸dico catal谩n -ninguno- le pide cuentas por eximir a sus hijos del servicio ling眉铆stico-militar obligatorio a que somete a los de los dem谩s.

Volvamos con nuestra hero铆na. Hac铆a tiempo que hab铆a entrado en vigor el euro y ella segu铆a hablando en pesetas. Era el lenguaje de una chica de pueblo con 铆nfulas de grandeza que al final de cada d铆a hac铆a las cuentas de la vieja y guardaba el resultante en una caja fuerte casi tan aparatosa como la que sale en la pel铆cula. Fue uno de los momentos estelares del buen periodismo de investigaci贸n: descubrimos que el ascensor de su casa dijo basta al no poder soportar el peso del armatoste y a partir de ah铆 todo fueron diagramas, c谩lculos volum茅tricos y estudios de cubicaje en billetes de curso legal. 驴Para qu茅 quer铆a la presidenta del Consell Insular tener una caja fuerte de esas dimensiones en su domicilio? Toda Mallorca ya lo sabe ahora.

Nunca o铆 a nadie llamarla Marian. Para sus devotos era 芦Maria Antonia禄; para los veraneantes, 芦la Munar禄; para los m谩s pijos, 芦MAM禄; y para los iniciados en general, 芦la Princesa禄 o, mejor a煤n, 芦sa Princesa禄, una mujer pizpireta y apa帽ada, transformada en la Evita de la isla mediante el inexcusable paso diario por la peluquer铆a y el derroche en pieles, joyas, zapatos, bolsos y dem谩s lujosos complementos. Sus descamisados lo eran porque en las suaves noches de la primavera de las recalificaciones y el verano de los pelotazos inmobiliarios, nada como unas arrugas del algod贸n de la informalidad, camuflando, whisky en mano, las curvas de la felicidad sobre las pinzas del pantal贸n.

Uni贸n Mallorquina empez贸 siendo un club de amigos y se convirti贸 bastante deprisa en una asociaci贸n para delinquir. Su ideolog铆a oficial era el pancatalanismo light, pero algunos de sus dirigentes proced铆an de la Internacional Liberal, la UCD o el CDS. M谩s que insular, era un partido xen贸fobo que propugnaba en casi todo pol铆ticas de derecha pura y dura. Pero eso era lo de menos. S贸lo una coartada. Su programa constaba en realidad de dos puntos principales: vengarse del PP que hab铆a echado a Marian del Gobierno regional en tiempos de Ca帽ellas y forrarse a costa del erario.

Le bastaron unos resultados oscilantes entre el 5 y el 10% del voto de la isla -menos de 30.000 sufragios incluso- para robarle por dos veces el poder a un PP siempre en el entorno del 45%. En lugar de completar la representaci贸n de la mayor铆a sociol贸gica de una sociedad tranquilamente conservadora, Uni贸n Mallorquina sirvi贸 de palanca en esas dos ocasiones al llamado Pacte de Progr茅s -ay qu茅 risa- que bajo el inane liderazgo del maragalliano Antich ha venido aglutinando a toda una cuadrilla de saltimbanquis, a la vez radicales y reaccionarios. Entre una y otra experiencia, Jaume Matas pas贸 por el aro y, aun teniendo mayor铆a absoluta, la adopt贸 como socia y permiti贸 a Marian seguir guardando las llaves de la caja del Consell, titular de todas las competencias urban铆sticas.

Para entonces el segundo punto del programa ya estaba en plena aplicaci贸n. Tras el frustrado aperitivo de un superpelotazo, basado en una obscena permuta a pachas con el vetusto editor, que el alcalde de Calvi谩, Carlos Delgado, desbarat贸 en el 煤ltimo momento, hab铆a llegado la hora de ponerse las botas con el pol铆gono del aeropuerto. Los aviones despegaban y tomaban tierra junto a Palma entre rumores y gui帽os de los enterados. Pero hab铆a que conseguir las pruebas y atreverse a publicarlas. Eso es lo que hicieron con laboriosa precisi贸n nuestros periodistas. Est谩 ya sobradamente acreditado que dos jerifaltes de UM, socios por m谩s se帽as del despacho profesional de su jefa, gestionaron las recalificaciones de esos terrenos, a cambio de quedarse con el 15% del suelo, y urdieron nuevos delitos en cascada para blanquear el bot铆n y repart铆rselo.

La mafia reaccion贸 con ira. A Inda le enviaron una bala a casa, a Urreiztieta le hicieron un fotomontaje pornogr谩fico, a Pery lo recibieron como a un abogado que llegara a investigar el linchamiento de un negro en Alabama, a m铆 me mandaron a los tonton macoutes a la piscina y a punto estuvieron de cerrarnos la planta de impresi贸n con una excusa normativa. Fueron a帽os muy duros porque, en efecto, ning煤n otro medio se ocupaba de UM y gran parte del personal iba a lo suyo y prefer铆a no enterarse. 芦Sa Princesa禄 sab铆a de lo que hablaba.

El pastel termin贸 de destaparse cuando hace nueve d铆as su ex delf铆n reconoci贸 ante un juez que ella le hab铆a dado 300.000 euros en billetes, tras las ventanillas ahumadas de su coche oficial, para que comprara una productora a la que luego desviaron dinero p煤blico como v铆a de financiaci贸n electoral. La ladrona pol铆tica lleva, pues, camino de serlo tambi茅n en el sentido procesal del t茅rmino. No ser铆a la 煤nica que habr铆a saqueado el erario balear -la Justicia tendr谩, de uno en uno, la 煤ltima palabra-, pero s铆 la que habr铆a practicado el latrocinio con mayor contumacia y desparpajo. De hecho todas nuestras restantes revelaciones sobre las derramas a los afines del caso Pi帽ata, la venta a mitad de precio del suculento solar del caso Can Domenge o las autocontrataciones del transporte de carb贸n y de grava adquieren ahora una nueva perspectiva y nos devuelven al momento de la pel铆cula de Hitchcock en que Sean Connery le pregunta candorosamente a Tippi Hedren: 芦驴Cu谩ntos robos m谩s has cometido?禄.

Ella le mira con la coqueter铆a de las rubias y primero admite tres hurtos, luego cuatro y enseguida cinco. Pero a帽ade: 芦Soy una embustera, una ladrona y no s茅 cu谩ntas cosas m谩s, pero soy decente禄.

En efecto, Bruto era un hombre honrado y Marian es una mujer decente.

Vea ma帽ana en EL MUNDO en Orbyt la escena de la pel铆cula Marnie la ladrona en la que se inspira este art铆culo.

漏 Mundinteractivos, S.A.

Written by Reggio's

Marzo 7th, 2010 at 8:11 am

Posted in Pol铆tica, Valores, 脡tica

Tagged with

Descalifica, que algo queda, o as铆, de V铆ctor de la Serna en El Mundo

without comments

HOJEANDO ZAPEANDO

Una columna, con su titularcito en letra cursiva o it谩lica, y no en redonda, es lo que est谩n leyendo ustedes ahora: un art铆culo de opini贸n con firma, que es lo que nos suelen dejar publicar a los viejos que ya no servimos como reporteros. En ella se vierten juicios de valor cuya responsabilidad incumbe al autor (y, si incurren en la difamaci贸n y dem谩s delitos similares, posiblemente al propio diario). Un texto informativo, una noticia, es un animal de muy distinto pelaje. Ofrece datos contrastados, cuyas fuentes se mencionan e incluso se detallan con nombres y apellidos salvo en los casos -que deben ser excepcionales- en que hayan solicitado el anonimato. Toda valoraci贸n debe circunscribirse, en este caso, a un an谩lisis, a la colocaci贸n en su contexto de esos datos.

En una columna, el adjetivo y la frase calificativa son frecuentes, a veces floridos y hasta rugientes; valgan como ejemplo los que le solemos dedicar al impar corresponsal del Financial Times, Victor Mallet. En una informaci贸n, el calificativo se destila con cuentagotas: vale el descriptivo (el terremoto de Chile es 芦devastador禄), pero no el que entra帽a un juicio de valor (la mirada de Rubalcaba a la bancada de la oposici贸n no puede nunca ser 芦torva禄).

Eso es lo que ense帽an a los alumnos de reporterismo y redacci贸n en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, en la de Unidad Editorial-CEU y, al menos cuando la pusimos en marcha hace 24 a帽os, en la de El Pa铆s-UAM.

Si nos asalta la duda en este 煤ltimo caso es porque de vez en cuando, leyendo a Carlos E. Cu茅 o, ahora, a Berna Gonz谩lez Harbour y Rosario G. G贸mez, nos parece que han variado las normas en El Pa铆s. Estas dos 煤ltimas perpetraban hace una semana esa doble p谩gina infame pidiendo la retirada de licencias a las mendaces televisiones de derechas, con un apartado titulado Fabricando bulos y falsedades (desaparecido, por cierto, de la hemeroteca de El Pa铆s en internet), cuyo titular ya era un puro editorial, en el que el 煤nico bulo o falsedad que las intr茅pidas tribuletas eran capaces de endilgar a Veo7, la emisora de Unidad Editorial, fueron esas im谩genes de un reportaje viejo que por error ilustraron un comentario sobre los efectos de la crisis, error inmediatamente reconocido por la emisora, que emiti贸 luego las im谩genes actuales. (Muy similares, claro: hay una crisis tremenda). Portentoso, El Pa铆s.

隆Ah! Y Mallet, bien, gracias. Tambi茅n es de esa escuela. El d铆a 25 se despachaba definiendo como 芦radical禄 el plan de ahorro presupuestario de Zapatero. Y a partir de ah铆 lo 煤nico que ha seguido han sido cr铆ticas y descalificaciones por parte de los economistas sobre ese supuesto plan. 驴Con que 芦radical禄, eh, se帽or Mallet?

漏 Mundinteractivos, S.A.

Written by Reggio's

Marzo 2nd, 2010 at 8:12 am

Posted in Medios, Valores, 脡tica

Tagged with

Vida buena, virtud y existencia material garantizada, de Daniel Ravent贸s en SinPermiso

without comments

Lo que pueda ser una vida buena depende de los objetivos, de las creencias de c贸mo funciona el mundo y de las capacidades sociales y naturales, tanto ps铆quicas como f铆sicas, de cada uno. Las teor铆as acad茅micas liberales tratan la cuesti贸n de una forma diferente a como lo hace la concepci贸n republicana hist贸rica de la libertad. Lo que una renta b谩sica pueda suponer para una determinada vida buena tambi茅n depende de otras precisiones que ineludiblemente deben realizarse para saber con claridad de qu茅 estamos hablando. Entre estas precisiones hay que referirse a la neutralidad y a la virtud. De esto trata b谩sicamente este art铆culo (*).

Imaginemos a un cristiano fundamentalista de los que abundan en Estados Unidos, en el Reino de Espa帽a y en Irlanda. O a un islamista tambi茅n fundamentalista de los que abundan en Arabia Saudita o Kuwait. O a un jud铆o fundamentalista de los que corren en muchas partes, en especial en el Estado de Israel. Llam茅mosles a todos F. Imaginemos tambi茅n a un (o una, como en el caso anterior, aqu铆 el sexo francamente poco importa para la argumentaci贸n) ateo y partidario del conocimiento contrastable y, por eso mismo, de la ciencia, de los que son minoritarios en casi todas partes. Llam茅mosle A. No resulta dif铆cil seguir imaginando que F y A tendr谩n una idea harto diferente de lo que sus vidas respectivas deben ser para conseguir florecer de la forma m谩s completa, 煤til y valiosa. Creo que pocas dudas puede haber al respecto y todo parece bastante sencillo, pero eso es solamente una parte y quiz谩s no muy grande del problema.

En filosof铆a pol铆tica se acostumbra a aceptar que una concepci贸n liberal de la justicia es aquella que considera que el Estado debe permanecer neutral ante las distintas nociones de la buena vida que los ciudadanos y ciudadanas de un territorio determinado puedan llegar a tener. Concretemos m谩s acerca de la propia palabra 鈥渓iberalismo鈥. Con esta palabra pueden hacerse much铆simas distinciones y divisiones. Por ejemplo, entre liberalismo libertariano e igualitarista (las diferencias entre un Robert Nozick y un John Rawls son notables, sin duda). Por otro ejemplo, entre liberalismo econ贸mico y pol铆tico. Y un tercer ejemplo, entre lo que se considera liberal en Europa y lo que se considera liberal en Estados Unidos. Entre estas y muchas otras distinciones que se podr铆an ofrecer existe una que considero de particular relevancia: la que separa entre liberalismo pol铆tico y liberalismo acad茅mico. El primero, con una vida no superior a dos siglos, es el liberalismo que realmente ha existido a lo largo de los siglos XIX, XX y lo que llevamos del XXI (1). Corresponde a los historiadores continuar analizando el papel del liberalismo pol铆tico, as铆 como su enemistad permanente con la democracia, la libertad y la igualdad. El liberalismo acad茅mico, en cambio, es una amalgama en la que pueden entrar autores que pol铆ticamente se situar铆an muy a la derecha, otros en el centro y, finalmente, otros en la izquierda m谩s o menos moderada (2). Mas lo que aqu铆 nos interesa es la relaci贸n del liberalismo acad茅mico con la vida buena. Casi todas las variantes del liberalismo acad茅mico (hay alguna excepci贸n) se consideran a s铆 mismas como concepciones de la justicia que no est谩n comprometidas con la virtud, raz贸n por la cual no son doctrinas pol铆ticas moralmente perfeccionistas, y por eso mismo pueden tener una concepci贸n neutral del Estado. Finalmente, sigue este razonamiento, casi todos los liberalismos acad茅micos son no sectarios y fomentan la tolerancia.

Todo este argumento forma m谩s bien parte de los lugares comunes que de la adecuaci贸n a la realidad. Dar茅 un peque帽o rodeo para explicarlo y para ello debo introducir el concepto de libertad republicana (3). Para el republicanismo hist贸rico, la propiedad en cada situaci贸n hist贸rica es fundamental. La forma m谩s breve de introducir la concepci贸n republicana de la libertad es de la forma siguiente:

X es libre republicanamente (dentro de la vida social) si: 1) no depende de otra persona para vivir. Lo que equivale a decir que tiene una existencia social aut贸noma garantizada o, lo que es lo mismo, que tiene alg煤n tipo de propiedad que le permite subsistir con comodidad; 2) nadie puede interferir arbitrariamente (es decir, il铆citamente o ilegalmente) en el 谩mbito de existencia social aut贸noma de X (en su propiedad);

Con lo que:

3) la rep煤blica puede interferir l铆citamente en el 谩mbito de existencia social aut贸noma de X, siempre que X est茅 en relaci贸n pol铆tica de parigualdad con todos los dem谩s ciudadanos libres de la rep煤blica, con igual capacidad que ellos para gobernar y ser gobernado; 4) cualquier interferencia (de otras personas o personas, o del conjunto de la rep煤blica) en el 谩mbito de existencia social privada de X que da帽e ese 谩mbito hasta hacerle perder a X su autonom铆a social, poni茅ndolo a merced de terceros, es il铆cita; 5) la rep煤blica est谩 obligada a interferir en el 谩mbito de existencia social privada de X, si ese 谩mbito privado capacita a X para disputar con posibilidades de 茅xito a la rep煤blica el derecho de 茅sta a definir el bien p煤blico. Es decir, la rep煤blica debe garantizar a toda la ciudadan铆a la libertad republicana. Finalmente, 6) X est谩 afianzado en su libertad c铆vico-pol铆tica por un n煤cleo duro 鈥搈谩s o menos grande鈥 de derechos constitutivos (no puramente instrumentales) que nadie puede arrebatarle, ni puede 茅l mismo alienar (vender o donar) a voluntad, sin perder su condici贸n de ciudadano libre (4).

Podemos ahora abordar los conceptos introducidos anteriormente de virtud y neutralidad. Empecemos por la virtud. La tradici贸n hist贸rica republicana no se ha planteado nunca la cuesti贸n de la virtud de forma a-institucional, esto es, como un problema de mera psicolog铆a moral. Ya desde Arist贸teles, toda referencia a la virtud ha ido acompa帽ada de consideraciones institucionales y relativas a las bases sociales y materiales que hacen (o no) posible esta virtud. La virtud tiene, evidentemente, una dimensi贸n psicol贸gico-moral, pero el republicanismo siempre ha acompa帽ado el an谩lisis de esta dimensi贸n con la afirmaci贸n de que s贸lo sobre el suelo de una existencia socio-material, aqu茅lla puede brotar. Ya hace 2300 a帽os, Arist贸teles niega que el pobre libre tenga una base aut贸noma de existencia, pues no dispone de propiedad. Esta carencia de base aut贸noma de existencia impide que pueda ser libre y, por esa raz贸n, Arist贸teles, que se opone a la democracia o gobierno de los pobres que le ha tocado vivir,聽 defiende que los pobres libres sean privados de los derechos pol铆ticos (5). A partir de esta constataci贸n, la virtud republicana no tiene nada que ver con el perfeccionismo moral, ni apela a una concepci贸n de la vida buena aislada de las instituciones sociales. Todo lo contrario: la tradici贸n republicana defiende que cuando la ciudadan铆a tiene garantizada por la rep煤blica una base material para su existencia social aut贸noma, puede desarrollar una capacidad para autogobernarse en su vida privada. Y, adem谩s, tal garant铆a de una base material para la existencia social aut贸noma de los individuos posibilita que estos desarrollen su capacidad para la actividad p煤blica. Claro que esta base material tambi茅n puede empujar a algunos ciudadanos a atiborrarse de vino de calidad infame y de comida colester贸lica y poco nutritiva mientras pasan por sus ojos los programas televisivos m谩s protervos. Los defensores del republicanismo no niegan esta eventualidad; lo que afirman es que esta base material da la posibilidad (en mucho mayor grado que la situaci贸n en la que viven quienes carecen de ella) para desarrollar la virtud c铆vica, que no es otra cosa que la capacidad para autogobernarse en la vida privada y, de ah铆, llegar a la vida p煤blica ejerciendo plenamente su condici贸n de ciudadanos, esto es, de individuos materialmente independientes.

Sigamos ahora con la neutralidad del Estado. Acad茅micamente, por neutralidad del Estado se entiende que 茅ste no tome partido por ninguna concepci贸n de la vida buena. Las concepciones de la vida buena deben quedar circunscritas a la elecci贸n personal. Se admite que las teor铆as liberales de la justicia son neutrales respecto a las distintas concepciones particulares de la vida buena. Las teor铆as de la justicia que optan por la defensa y la recompensa de una concepci贸n determinada de la vida buena son perfeccionistas. As铆 est谩 establecido en el mainstream acad茅mico, como mencionaba m谩s arriba. No creo que tal distinci贸n sirva para gran cosa, m谩s all谩 de alguna cuesti贸n secundaria. Para la tradici贸n hist贸rica republicana el punto realmente interesante es otro. Seg煤n el republicanismo, el Estado debe mantenerse respetuoso claro est谩 con respecto a las distintas concepciones de la vida buena que puedan abrazar los ciudadanos (6). De hecho, al republicanismo hist贸rico le ha interesado algo, a mi entender, mucho m谩s sugestivo y amplio. Me estoy refiriendo a la 鈥渙bligatoria鈥 interferencia abierta por parte del Estado para destruir (o limitar) la base econ贸mica e institucional de personas, empresas o cualquier otra agrupaci贸n particular que amenacen con disputar con 茅xito al Estado republicano su derecho a determinar lo que es de p煤blica utilidad. Y esto quiere decir algo tan sencillo como lo siguiente. Imaginemos un poder privado tan extendido, normalmente a causa de la posesi贸n de enormes propiedades, que pueda permitirse imponer su voluntad (su concepci贸n del bien privado) al Estado (7). Lo que comportar谩 que la neutralidad de 茅ste quede arrasada de facto. Lo que comportar谩, a su vez, que gran parte de la poblaci贸n, dependiendo obviamente de cada caso, quede afectada por esta concepci贸n del bien privado. La concepci贸n republicana de la neutralidad del Estado apunta, precisamente, a la necesidad de que 茅ste intervenga para evitar esta imposici贸n.

鈥淟a Rep煤blica de Weimar luchaba por la neutralidad del estado cuando pele贸 鈥搚 sucumbi贸鈥 contra los grandes Kartells de la industria privada alemana que financiaron la subida de Hitler al poder; la Rep煤blica norteamericana luch贸 鈥搒in 茅xito鈥 por la neutralidad del estado cuando trat贸 de someter, con la ley antimonopolios de 1937, a lo que Roosevelt llamaba los 鈥榤onarcas econ贸micos鈥.鈥 (8)

El problema de la neutralidad del Estado, para la tradici贸n republicana, no se para con la pregunta relativa a si se debe respetar una concepci贸n de la vida buena que, por ejemplo, asocie el bien a la consagraci贸n de la lectura repetida de todos los 谩lbumes de Tintin combinada con la visi贸n casi ininterrumpida de los maravillosos partidos que permitieron ganar las 6 copas al FC Barcelona en el a帽o 2009. Que debe respetar esta concepci贸n de la buena vida, por supuesto. El problema realmente importante es si la existencia material de una persona o de un buen grupo de ellas debe depender institucionalmente, dada la actual configuraci贸n institucional de los derechos de propiedad, de los planes de inversi贸n de una transnacional. O si los recursos energ茅ticos de pa铆ses enteros deben estar a disposici贸n de los consejos de administraci贸n de algunas grandes empresas. O si los dogmas de algunas iglesias pueden llevar a la expropiaci贸n de la existencia material de determinadas personas. En estos casos, nos hallamos ante planes de vida 鈥揳nte nociones de la vida buena鈥 que quedan erosionados, cuando no completamente mutilados, para mucha gente por la destrucci贸n de la base material que los hubieran hecho posibles, y quien destruye o erosiona estos planes de vida son unos poderes con grandes posesiones de propiedad. Un Estado republicano (algunos ya dir铆an directamente socialista, pero creo que el problema no se puede resolver tan nominalmente) debe imposibilitar que se den este tipo de situaciones. Precisamente para garantizar la neutralidad. Exactamente lo contrario de lo expresado de forma dif铆cilmente m谩s breve a c贸mo lo hizo el dibujante El Roto el pasado 25 de febrero: 鈥溌ue perezca el Estado para que las bolsas vivan!鈥.

Debe de haber quedado claro ya que para el republicanismo sin la existencia material garantizada no puede existir la libertad. Y, para esta forma hist贸rica de pensar pol铆tica y socialmente, tratar de la existencia material es hacerlo de la propiedad. Dicho con otras palabras, para la tradici贸n republicana, la libertad pol铆tica y el ejercicio de la ciudadan铆a son incompatibles con las relaciones de dominaci贸n mediante las cuales los propietarios y ricos ejercen dominium sobre aqu茅llos que 鈥渟贸lo pueden vivir con permiso鈥, por utilizar la conocida expresi贸n de Marx, de los anteriores.

Y aqu铆 entra para algunos autores, entre los que me incluyo, la propuesta de la renta b谩sica como mejor manera para garantizar la existencia material sin la cual no puede existir la libertad. Enti茅ndase bien: hay autores liberales acad茅micos que defienden la renta b谩sica por otros motivos. O que, dicho de otra forma, justifican la renta b谩sica por otras razones. A diferencia de los anteriores, para un partidario de la libertad republicana, la renta b谩sica puede ser una buena forma de garantizar la existencia material de todas las personas que haga posible la libertad.

A lo largo de los 煤ltimos lustros, en discusiones pol铆ticas y acad茅micas, han ido surgiendo muchas cuestiones relacionadas con la renta b谩sica de inter茅s directo para el prop贸sito de este art铆culo. Me refiero concretamente al menos a dos grupos de temas de signo no necesariamente contrapuesto. El primer grupo presta atenci贸n a las posibilidades de una renta b谩sica como un medio para una vida buena de mayores vuelos para muchas personas. El segundo grupo centra su punto de mira en la insuficiencia de la renta b谩sica para atacar las injusticias causadas por el sistema capitalista actual. Ve谩moslo.

La renta b谩sica posibilitar铆a, siempre que fuera de una cantidad igual o superior al umbral de la pobreza, planear una vida buena a muchas personas en unas condiciones ceteris paribus mucho mejores que las actuales. Por lo pronto, permitir铆a: para muchas personas rechazar condiciones de trabajo infames o no deseadas; planificar m谩s libremente distintas etapas de nuestras vidas (hay momentos de las mismas en que se precisa m谩s tiempo, otros que se requiere mayor capacidad adquisitiva鈥); para una parte muy importante de la clase obrera, disponer de una caja de resistencia con motivo de una huelga, especialmente si 茅sta fuese de larga duraci贸n (9); para algunas personas la reducci贸n del riesgo de iniciar determinadas actividades de auto-ocupaci贸n (10); para muchas mujeres no tener que depender econ贸micamente de su marido o compa帽ero sentimental (11); un alto grado de desmercantilizaci贸n de la fuerza de trabajo (12); para buen n煤mero de personas, unas mayores perspectivas de invertir tiempo en el trabajo voluntario o en la actividad solidaria o militante (13). A nadie se le escapar谩 que si eso fuera as铆, las posibilidades de una vida buena de mayores vuelos para muchas personas ganar铆an enteros.

La renta b谩sica, en cambio, no ser铆a un gran freno a las posibilidades de actuaci贸n de las grandes transnacionales, ni los organismos econ贸micos internacionales se ver铆an afectados en el casi exclusivo control que sobre ellos ejercen los pa铆ses ricos, con el tipo de actuaciones desp贸ticas que hemos conocido a lo largo de las 煤ltimas tres d茅cadas. Lo que nos lleva a la cuesti贸n m谩s arriba rese帽ada: la renta b谩sica no es una medida suficiente para acabar con las injusticias causadas por el actual sistema capitalista. Sin m谩s a帽adidos, esta afirmaci贸n creo que es trivialmente cierta, y por ello muy poco interesante. Es trivialmente cierta, porque es de todo punto irrebatible que, con la renta b谩sica, el sistema capitalista seguir铆a siendo un sistema capitalista. Quiz谩s se tratar铆a de un sistema capitalista modificado respecto a como lo conocemos hoy, si se cumplieran todas o buena parte de las posibilidades mencionadas en el p谩rrafo anterior. A煤n as铆, seguir铆a siendo verdad que hacer frente a las inmensas desigualdades que causan la ausencia de libertad para una porci贸n tan mayoritaria de nuestra especie requiere el concurso de otras medidas. Muy distinta cuesti贸n es pretender que ello es un argumento contra la conveniencia de la renta b谩sica.

Notas:

(*) La presente versi贸n de este art铆culo est谩 ligeramente modificada de la publicada originalmente en la revista Viento Sur.

(1) 鈥溾橪iberalismo鈥 es palabra inventada en Espa帽a en las Cortes de C谩diz de 1812. El liberalismo es un fen贸meno hist贸rico del siglo XIX, y es un anacronismo 鈥搉ada inocente, por cierto, y pre帽ado de consecuencias pol铆tico-ideol贸gicas鈥 calificar de 鈥榣iberales鈥 a autores del XVII o del XVIII.鈥 (Dom猫nech, 2009: 27, n61). Los que trabajamos en una facultad de econ贸micas, podemos observar que este anacronismo es permanente. As铆, en estas facultades y en multitud de obras acad茅micas, Adam Smith pasa por ser uno de los fundadores del liberalismo o un liberal a secas. 隆Y Smith muri贸 en 1790! V茅ase, para una explicaci贸n detallada de los fundamentos republicanos de la concepci贸n smithiana, Casassas, 2010. (2) Para un mayor desarrollo de este punto y los siguientes, v茅ase Ravent贸s, 2007: 尉 2.4 y 3.5. (3) Para una distinci贸n entre el republicanismo hist贸rico y el neorepublicanismo acad茅mico y la principal diferencia entre ambos, v茅ase Dom猫nech y Ravent贸s, 2007. (4) Bertomeu y Dom猫nech, 2006. 5/ V茅ase, para un mayor detalle de esta argumentaci贸n aristot茅lica, Ravent贸s, 2007: 尉 3.1. (6) 鈥淧or lo dem谩s, la tesis de la neutralidad del estado es un invento caracter铆sticamente republicano, al menos tan viejo como Pericles鈥 (Bertomeu y Dom猫nech, 2006). (7) Lo que ocurre con las grandes transnacionales en el a帽o 2010, por se帽alado ejemplo. (8) Bertomeu y Dom猫nech, 2006. (9) Ravent贸s y Casassas, 2003. (10) Lo Vuolo y Ravent贸s, 2009. (11) Ravent贸s, 2007: 尉 3.6. (12) Wright, 2006. (13) Para una relaci贸n de la tarea militante y voluntaria en general con la actividad autot茅lica que lleva la recompensa en el desarrollo de la propia actividad (y que, por tanto, es virtuosa en el sentido de Arist贸teles), en contraposici贸n a la actividad instrumental, como resulta ser la mayor parte del trabajo asalariado, v茅ase Ravent贸s, 2007: 尉 4.2 y 4.4.

Textos citados:

Mar铆a Julia Bertomeu y Antoni Dom猫nech (2006): 鈥淓l republicanismo y la crisis del rawlsismo metodol贸gico (Nota sobre m茅todo y substancia normativa en el debate republicano)鈥, Isegor铆a, n煤m. 33, pp. 51-75.

David Casassas (2010): Propiedad y comunidad en el republicanismo comercial de Adam Smith: el espacio de la libertad republicana en los albores de la gran transformaci贸n, Barcelona, Ed. Montesinos.

Antoni Dom猫nech (2009): 鈥溌縌u茅 fue del 鈥榤arxismo anal铆tico鈥? (En la muerte de Gerald Cohen)鈥. 聽Sin Permiso, n煤m. 6, pp. 33-71. En Sin Permiso electr贸nico:http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/Cohen.pdf

Antoni Dom猫nech y Daniel Ravent贸s (2007): 鈥Property and Republican Freedom: An Institutional Approach to Basic Income鈥, Basic Income Studies, Vol. 2:聽 Iss. 2, Article 11. Hay traducci贸n castellana en Sin Permiso, n煤m. 4, pp. 191-199.

Rub茅n Lo Vuolo y Daniel Ravent贸s (2009): 鈥淎lgunas consecuencias de la crisis econ贸mica en Argentina y el Reino de Espa帽a y la propuesta de la renta b谩sica (o ingreso ciudadano)鈥, Sin Permiso, n煤m. 5, pp. 115-129. Y tambi茅n en Sin Permiso electr贸nico: 鈥La renta b谩sica: una buena propuesta en tiempos de bonanza, muy buena en tiempos de crisis. Comentario sobre Argentina y el Reino de Espa帽a

Daniel Ravent贸s (2007): Las condiciones materiales de la libertad, Barcelona, Ediciones Viejo Topo.

Daniel Ravent贸s y David Casassas (2003): 鈥淟a Renta B谩sica y el poder de negociaci贸n de 鈥榣os que viven con permiso de otros鈥欌, Revista Internacional de Sociolog铆a, n煤m. 34, pp. 187-201.

Erik Olin Wright (2006): 鈥淟a Renta B谩sica como programa socialista鈥, Sin Permiso, n煤m. 1, pp. 145-152.

Viento Sur, n煤m. 108

Written by Reggio's

Marzo 1st, 2010 at 8:00 am

Recuperar el control, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

without comments

De un tiempo a esta parte, nos sentimos en la intemperie. La crisis econ贸mica, sin duda. Aunque otra crisis de orden cultural nos afecta con mayor intensidad. La religi贸n casi ha desaparecido de nuestras vidas, pero las ideolog铆as que pugnaron por sustituirla no han resistido m谩s.

La crisis cultural est谩 en el fondo de un fen贸meno del que hablamos sin parar: la desafecci贸n pol铆tica. Es un lugar com煤n referirse a la escasa talla de los pol铆ticos actuales, pero quiz谩 deber铆amos preguntarnos por qu茅 los mejores huyen, no s贸lo de los partidos, sino de la esfera p煤blica. Los aparatos de los partidos les impedir铆an el paso, es verdad; pero no es menos cierto que acercarse a la pol铆tica no parece estar entre sus prioridades. No, el problema no es de personas, sino de modelos: las viejas ideolog铆as (socialdemocracia, liberalismo) se deshacen como ceniza, impotentes para capear las exigencias del presente. La gente reclama respuestas r谩pidas e impecables a problemas muy complejos que no s贸lo no tienen soluci贸n, sino que no sabemos por qu茅 se producen. El otro d铆a Josep Cun铆 convoc贸 en Els matins de TV3 a cuatro de los m谩s reputados economistas catalanes: Ant贸n Costas, Josep Oliver, Santiago Ni帽o y Alfred Pastor. No coincidieron en el diagn贸stico. Brillantes y sabios, nos regalaron una gran lecci贸n de econom铆a, pero sembraron una rara inquietud en el coraz贸n de los telespectadores: no acaban de saber qu茅 est谩 pasando.

Conectamos con el mundo a trav茅s de las pantallas que yo llamo hipn贸ticas: televisor, ordenador, tel茅fono m贸vil. Pero estas pantallas son algo m谩s que intermediarios entre nosotros y el mundo: son f谩bricas de emociones y deseos. Para informar, nos impresionan. Y, seguidamente, nos incitan a desear todo, a obedecer cualquier capricho, a esperar lo imposible. Bajo el imperio de la emoci贸n y el deseo, llegamos a considerar insoportable cualquier obst谩culo que nos impide materializar el sue帽o o la apetencia. Pero la realidad es tozuda y acaba imponiendo su l贸gica, con lo que nuestra reacci贸n (la de la sociedad, se entiende) recuerda a la del ni帽o malcriado: frustraci贸n, decepci贸n, resentimiento.

Quiz谩 la crisis ha llegado tambi茅n para recordarnos hasta qu茅 punto hab铆amos olvidado el significado de algunas palabras de las que en otras 茅pocas se abus贸: abnegaci贸n, paciencia, aceptaci贸n, renuncia.

En los ant铆podas del ego铆smo y la avidez, la abnegaci贸n ha sido considerada en las 煤ltimas d茅cadas una virtud sospechosa. 驴Sacrificarse para que otro pueda acceder o disfrutar de lo que uno se priva? “隆Yo no soy tonto!”. En otros tiempos, la abnegaci贸n era virtud de santos y h茅roes, que daban su vida por los dem谩s. Pero con el triunfo del individualismo, el abnegado se convirti贸 en loco o masoquista. No se concibe ahora que alguien renuncie a lo que posee o desea a fin de que otro pueda obtenerlo. Pero por el camino del desprecio de esta virtud, olvidamos la felicidad que los abnegados genuinos obten铆an. A la fuerza, el abnegado y el ahorcado no se distinguen. Pero la felicidad del desprendimiento la conoce cualquier padre, madre, amante o amigo que no confunda amor con posesi贸n. En estos 煤ltimos a帽os babil贸nicos, cre铆mos que en la posesi贸n estaba la felicidad. No me extra帽ar铆a que pronto redescubri茅ramos las posibilidades de la renuncia.

Y las de la paciencia. En un mundo caracterizado por la velocidad y la inmediatez, la paciencia fue percibida como un comportamiento anticuado. Pero la espera no pudo ser expulsada de nuestras vidas: el avi贸n obliga a interminables colas; las carreteras se bloquean; y, a pesar de que internet nos acerca a todo en un instante, aclararse en la red exige infinitas horas. Si la velocidad nos obliga a ser pacientes hist茅ricos, 驴no ser铆a mejor, en la estela de los cl谩sicos, recuperar la paciencia como el arte de negociar con el presente?

Dicen los moralistas que la crisis nos ense帽ar谩 a sacrificarnos y a prescindir de muchas cosas que no necesit谩bamos. Seguramente. Pero mejor ser铆a darle la vuelta, como hac铆a mi abuela. Recuerdo una discusi贸n en una comida festiva. Mi t铆o Llu铆s llena la copa y despu茅s de dar el primer sorbo exclama, so帽ador: “隆Si yo fuera rico, beber铆a champ谩n cada d铆a!”. Y mi abuela Remei contesta: “Doncs jo me n麓estaria“. El verbo estar-se麓n ha casi desaparecido del catal谩n actual. Equivale a prescindir. Aunque hubiera sido rica, ella no habr铆a descorchado una botella cada d铆a. No era rica, pero a su edad pod铆a darse algunos caprichos. Apenas se conced铆a alguno. Le encantaban los caramelos de la Viuda Solana, pero no los compraba. No por avaricia; para no depender de ellos. “Me n麓estic“, repet铆a tranquilamente. Renunciar no es exactamente la palabra. Tampoco prescindir. Y mucho menos sacrificarse. La palabra es autodominio.

Written by Reggio's

Febrero 22nd, 2010 at 8:13 am

Ficci贸n y realidad pol铆ticas, de Salvador Card煤s i Ros en La Vanguardia

without comments

Me confieso un reciente converso聽 a la serie televisiva The west wing -El ala oeste de la Casa Blanca- que no he conocido hasta hace relativamente poco. Del tiempo que dedico a la televisi贸n, en estos momentos, casi todo se concentra en intentar avanzar cap铆tulos y temporadas de la manera m谩s veloz posible. Siendo el 煤ltimo en llegar, no voy a ser yo quien vaya a descubrirles la inteligencia pol铆tica de esta serie norteamericana creada por Aaron Sorkin, repetidamente premiada mientras se emiti贸 desde 1999 y hasta el 2006, aunque s铆 voy a decir que es uno de los mejores elogios que desde la televisi贸n pudiera haberse hecho a la pol铆tica. Desde los mordaces cap铆tulos que en su momento nos sirvi贸 TV3 de S铆, ministre y luego S铆, primer ministre, que nos invitaban a un sano ejercicio de escepticismo a trav茅s del desvelamiento del poder de los altos funcionarios -donde los haya, claro- por encima de los pol铆ticos, no hab铆a visto nada que pudiera despertar tantas vocaciones pol铆ticas ni someter al televidente a un ba帽o de cultura pol铆tica democr谩tica semejante.

Pues bien, en uno de los cap铆tulos del final de la segunda temporada se puede o铆r la siguiente frase: “El pueblo dej贸 de confiar en el Gobierno porque el Gobierno dej贸 de confiar en 茅l”. Una frase justa y exacta que nos acerca al gran reto de la desafecci贸n pol铆tica con el que pronto nos enfrentaremos en las cada d铆a m谩s cercanas elecciones nacionales catalanas -si el Tribunal Constitucional no dicta antes lo contrario- al Parlament. Se trata de una idea que podr铆a extenderse al conjunto de la pol铆tica y, particularmente, a la acci贸n de los partidos pol铆ticos y no solo del gobierno. En Catalunya se ha dejado de confiar en la pol铆tica -gobierno y partidos- en la medida que estos dejaron de confiar en los ciudadanos. Y para muestra, los in煤tiles intentos de acordar las grandes leyes que deber铆an establecer la reglas del propio juego democr谩tico -la ley electoral- y de la organizaci贸n de la administraci贸n territorial -la ley de la organizaci贸n veguerial- y que, para justificarlo, se ha o铆do aquello de “tampoco estamos tan mal”.

El caso de la ley electoral me parece especialmente ejemplar. Los partidos siguen proponiendo distintos modelos de sistema electoral no en funci贸n del que debiera ser su objetivo general de mayor representatividad, proximidad y control por parte del ciudadano, sino del c谩lculo que hacen sobre cu谩l de ellos va a resultarles m谩s ventajoso. Lo m谩s surrealista del caso es que para sus c谩lculos recurren a los resultados obtenidos por el sistema antiguo, como si el nuevo modelo no fuera a producir otra cosa que un reparto distinto de lo que ya suelen conseguir habitualmente. Precisamente, uno de los objetivos para abandonar el sistema actual es el de conseguir una mayor visibilidad de los candidatos, ahora pr谩cticamente desaparecidos bajo el cabeza de lista y aspirante a la presidencia. Si el modelo funcionara, las listas de los partidos deber铆an ser muy distintas de las actuales hasta conseguir perfiles de pol铆ticos mejores y m谩s cercanos. Y, si todo funcionara seg煤n lo previsto, el ciudadano podr铆a tomar m谩s informadas y mejores decisiones. Es decir, en algunos casos, decisiones distintas a las actuales. De esta manera, ya no se tratar铆a de repartir los mismos votos en proporciones distintas, sino que quedar铆a abierta la posibilidad de resultados diferentes a los actuales, y en cualquier caso, m谩s fieles a la voluntad pol铆tica del ciudadano.

La cuesti贸n de fondo es la siguiente: 驴por qu茅 no se ponen de acuerdo en un nuevo sistema? Muy sencillo: porque no conf铆an en el ciudadano, porque tampoco conf铆an en su propia capacidad para competir en un cuerpo a cuerpo m谩s directo y sin la mediaci贸n de un marketing electoral bien controlado desde el centro y porque, en definitiva, conf铆an bien poco en que una mayor radicalidad democr谩tica les pueda reportar ning煤n beneficio partidista. Con siete a帽os de tripartito, habr谩 quedado definitivamente claro que las grandes leyes que nunca pudieron sacar adelante los gobiernos de CiU, no fue por incapacidad de aquellos, sino por la escasa confianza de todos ellos en las decisiones electorales de los catalanes. No les importa saber qu茅 queremos con m谩s exactitud que la actual si esto fuera a cambiar el statu quo vigente.

Esta p茅rdida de confianza en el pueblo tambi茅n explica las dificultades de las administraciones de rango superior para tratar de manera decente a las de rango inferior y, de manera muy concreta, a las administraciones municipales. Se ha visto en los casos recientes de Vic y Asc贸, en los que en lugar de atender a las razones de las autoridades locales que conocen de cerca las demandas sociales m谩s directas -en ambos casos, hab铆a mayor铆as transversales en las decisiones tomadas-, se prefiri贸 escuchar la fuerza de otras voces organizadas que, aunque leg铆timas, no tienen la representatividad democr谩tica de las primeras, pero s铆 pueden complicar los c谩lculos electorales hechos desde las direcciones centrales de los partidos. Una vez m谩s, falla la confianza en la expresi贸n m谩s cercana a la voluntad popular y crece la desconfianza del pueblo hacia quien no conf铆a en 茅l.

Vamos a tener ante nuestras narices unas elecciones que van a ser de infarto, y lo peor que podr铆a pasar es que acab谩ramos prefiriendo ver una buena serie de ficci贸n pol铆tica en la pantalla de televisi贸n que una mala campa帽a electoral en la calle. Conf铆o en que, por lo menos, no se adelanten las elecciones y pueda tener vistas ya las siete temporadas completas de The west wing.

salvador.cardus@uab.cat

Written by Reggio's

Febrero 3rd, 2010 at 9:11 am

Maldita juventud, de Eduardo Verd煤 en El Pa铆s de Madrid

without comments

Cuando un estudio se llama Ocio (y riesgos) de los j贸venes madrile帽os, ya est谩 mal enfocado. 脡ste es el nombre de un trabajo reci茅n publicado por la Fundaci贸n de Ayuda contra la Drogadicci贸n, la Obra Social Caja Madrid y el Instituto de Adicciones del Ayuntamiento de Madrid. Asociar de inicio la diversi贸n juvenil con el peligro resulta absurdo y paranoico. Los organismos que lo llevan a cabo y el t铆tulo del informe revelan que el prop贸sito de las encuestas a 1.200 chavales de entre 16 y 24 a帽os es descubrir, catalogar y erradicar los demonios de la noche que acechan a los j贸venes madrile帽os.

Imagino que estos estudiosos se habr谩n escandalizado al comprobar que el 80% de los chicos y chicas es partidario de salir toda la noche, el 60% de pasarse de copas y el 35% de obviar el preservativo. La conclusi贸n parece clara: los j贸venes madrile帽os est谩n entreg谩ndose al precipicio de la droga, los embarazos indeseados y el sida. Hoy en d铆a, sin embargo, a los adolescentes no les falta informaci贸n sobre m茅todos anticonceptivos, sobre el riesgo de las anfetaminas o de subirse a un coche conducido por un amigo borracho o drogado (algo que realizan la mitad de los j贸venes, seg煤n el estudio). Conocen estos peligros y su verdadera dimensi贸n por haberse expuesto a ellos y no por las alarmantes campa帽as de disuasi贸n. Exagerar el veneno de ciertas drogas tiene un efecto contrario al pretendido: en lugar de asustar a los j贸venes, les hace desconfiar de la advertencia.

Los perplejos estudiosos de la juventud madrile帽a preguntan a los chavales por qu茅 se someten a las vertiginosas tentaciones de la noche. Quieren saber qu茅 hallan de atractivo en un garito estridente, ahumado y atestado de gente sudorosa que no puedan encontrar en un libro o un museo. Y, seg煤n el informe, los chavales s贸lo aciertan a decir que buscan “evasi贸n” y “disfrute en el propio riesgo”.

Hay un problema de enfoque. Si se quiere ayudar a una adolescencia ciertamente desbocada no se empieza por analizar los sat谩nicos encantos de la madrugada, sino por averiguar por qu茅 est谩n all铆. El infierno no es la noche, sino el d铆a. La noche, como los propios chavales explican, es un territorio de fuga, un espacio totalmente suyo, exento de las leyes y las reglas del tiempo de luz gobernado por los adultos. El desfogue nocturno es una especie de aquelarre, de exorcismo, de revancha contra una realidad desencantada.

Si los institutos y universidades modernizasen sus programas, si los alumnos encontrasen trabajo y adem谩s esos empleos estuviesen relacionados con sus estudios, respaldados por un contrato y por un sueldo digno que les permitiese independizarse antes de los 35 a帽os, quiz谩 no se entregar铆an con tanta ansiedad y desesperaci贸n al ocio nocturno. A lo mejor no buscar铆an en los bares, en los amigos, en los botellones o en las peleas la libertad, la autoafirmaci贸n y la improvisaci贸n que les falta durante el d铆a, en un escenario donde carecen de motivaciones y donde el ma帽ana est谩 ya escrito y no tiene buena pinta.

Hace 20 a帽os a los adolescentes se nos acusaba de estar aburguesados y ahora se les recrimina amar el riesgo. Parece que lo ideal para los que conducen este mundo de precariedad laboral y holocausto inmobiliario es que los veintea帽eros sean activos y con iniciativa de nueve a siete de la tarde y conservadores y mansos de madrugada.

Vivimos un mundo de hiperprotecci贸n. Hoy la infancia es un coto forrado de gomaespuma, los ni帽os crecen blindados f铆sica y legislativamente hasta extremos delirantes. Pertenecemos a una sociedad miedosa y reguladora que ahora tambi茅n quiere fiscalizar el ocio de los adolescentes bajo la falsa premisa de que son una camada inconscientemente autodestructiva.

El enemigo no es s贸lo la emboscada existencial de la juventud, sino la moral interesada, la norma sistem谩tica y el control obsesivo que ha empujado a chicos y chicas a la fogosa reserva de la noche. Sin embargo, ese acorralamiento s贸lo propicia que los chavales m谩s informados de la historia beban y follen antes que ninguna otra generaci贸n. Los j贸venes se sienten una tribu aparte, traicionados en sus aspiraciones profesionales y personales e incomprendidos en su huida hacia la madrugada. Cuando las condiciones de vida mejoren en el territorio de la luz, quiz谩 apaguen sus fogatas y sus porros y empecemos a entendernos.

Written by Reggio's

Febrero 2nd, 2010 at 8:14 am

El balance de 鈥渙tro mundo posible鈥, de Emir Sader en P谩gina 12

without comments

Opini贸n

A diez a帽os de Seattle y del primer Foro Social Mundial, el balance que se hace necesario es el de la lucha por 鈥渙tro mundo posible鈥. El balance del FSM no debe ser de los foros, sino de los objetivos que se propusieron cuando comenzamos a organizarlos. Otra visi贸n ser铆a v铆ctima del corporativismo, de la creencia de que la evoluci贸n interna de una organizaci贸n es la historia pol铆tica de esa organizaci贸n. Un balance del FSM no es un balance de la situaci贸n de las ONG o de los movimientos sociales. Por el contrario, 茅stos deben ser evaluados en funci贸n de lo que hayan contribuido a la construcci贸n de 鈥渙tro mundo posible鈥.

Por eso, la referencia para establecer como par谩metro de an谩lisis es la circunstancia para la creaci贸n de 鈥渙tro mundo posible鈥. Hace una d茅cada, el neoliberalismo reinaba como modelo hegem贸nico, sea a escala mundial, sea en Am茅rica latina. De la primera generaci贸n de mandatarios que lo personificaban 鈥揜eagan, Thatcher鈥 a la segunda 鈥揅linton, Blair鈥 el consenso de la extrema derecha se ampli贸, absorbiendo a las corrientes alternativas a ella: los dem贸cratas norteamericanos, los laboristas ingleses. M谩s ac谩 en el continente, al extremismo de la derecha de Pinochet se sumaron formas nacionalistas 鈥揷omo el peronismo de Menem y los gobiernos del PRI mexicano鈥, as铆 como los socialdem贸cratas, como los socialistas chilenos, AD de Venezuela y los tucanos brasile帽os.

Nuestras sociedades fueron profunda y extensamente transformadas de acuerdo con esa receta, los Estados nacionales achicados; los patrimonios p煤blicos privatizados, los derechos sociales recortados, el capital especulativo incentivado. En consecuencia, se gener贸 un aumento brutal de las desigualdades, de la concentraci贸n de la riqueza, de la exclusi贸n de los derechos de la mayor铆a de la poblaci贸n, del empobrecimiento generalizado de las sociedades y de los Estados.

Diez a帽os despu茅s, contin煤a la hegemon铆a conservadora en el mundo, incluso cuando est谩 debilitada su legitimidad. Una diferencia sustancial se dio en Am茅rica latina, donde varios gobiernos, con diferencias entre s铆, pusieron en pr谩ctica pol铆ticas contrapuestas al modelo neoliberal, despu茅s de haber sido una regi贸n de dominio conservador, con la mayor cantidad y las modalidades m谩s radicales de gobiernos neoliberales.

La regi贸n presenta hoy los procesos de integraci贸n regional m谩s importantes en contraste con los Tratados de Libre Comercio propuestos por el neoliberalismo. El gran proyecto norteamericano, que buscaba extender el libre comercio a todo el continente 鈥揺l ALCA鈥 fracas贸 y, en su lugar, se fortaleci贸 el Mercosur, surgieron el Banco del Sur, el Consejo Sudamericano de Defensa, Unasur, el ALBA, entre otras iniciativas. Son espacios alternativos en que se desarrollaron, en distintos niveles, formas de intercambio privilegiado entre los pa铆ses de la regi贸n, acompa帽adas de la diversificaci贸n del comercio internacional de los pa铆ses que participaron de ella.

Al mismo tiempo, como alternativa al privilegio de los ajustes fiscales se desa-rrollaron pol铆ticas sociales que mejoraron significativamente el nivel de vida y disminuyeron los grados de desigualdad en el continente de mayor desigualdad del mundo. Los mercados internos de consumo popular se ampliaron y profundizaron.

La combinaci贸n de los tres elementos (diversificaci贸n del comercio internacional, con disminuci贸n del peso del centro capitalista y el aumento importante del peso de los intercambios del Sur del mundo; intensificaci贸n sustantiva del comercio entre los pa铆ses de la regi贸n y expansi贸n, inclusive durante la crisis, del mercado interno de consumo popular) hizo que los pa铆ses incorporados a los procesos de integraci贸n regional resistieran mucho mejor los duros efectos de la crisis y varios de ellos volvieran a crecer.

Por otro lado, los proyectos como los de alfabetizaci贸n 鈥搎ue hicieron que Venezuela, Bolivia y Ecuador se sumaran a Cuba como pa铆ses libres de analfabetismo en la regi贸n鈥; de formaci贸n de varias generaciones de m茅dicos de pobres en el continente por las Escuelas Latinoamericanas de Medicina en Cuba y en Venezuela 鈥揹e recuperaci贸n de la vista de m谩s de dos millones de personas con la Operaci贸n Milagro鈥 demostraron que es en la esfera p煤blica y no en la mercantil donde se recuperan los derechos esenciales.

Los intercambios solidarios dentro del ALBA son ejemplos concretos del 鈥渃omercio justo鈥 impulsado por el FSM desde sus inicios, en espacios con criterios sobre las posibilidades y las necesidades de cada pa铆s en contraposici贸n clara a las normas del mercado, del libre comercio y de la Organizaci贸n Mundial del Comercio.

Sin ir m谩s lejos, una evaluaci贸n del FSM tiene que hacerse en funci贸n de sus contribuciones a la construcci贸n de alternativas al neoliberalismo, del 鈥渙tro mundo posible鈥. Es tambi茅n indispensable comprender que ese movimiento pas贸 de la etapa de la resistencia 鈥損redominante en la 煤ltima d茅cada del siglo pasado鈥 a la fase de la construcci贸n de alternativas. Una visi贸n de 鈥渁utonom铆a de los movimientos sociales鈥 tuvo vigencia en la primera etapa, pero cuando se intent贸 extenderla a la d茅cada siguiente se cometieron errores.

El movimiento m谩s significativo actual de construcci贸n de alternativas es el de Bolivia: fue la fundaci贸n del MAS por parte de los movimientos sociales a partir de la conciencia de que despu茅s de derrumbar varios presidentes iban a constituir un partido, a disputar unas elecciones y a elegir como presidente a Evo Morales. Retomaron los lazos con la esfera pol铆tica a trav茅s de la convocatoria a una Asamblea Constituyente, pasando a la refundaci贸n del Estado boliviano.

Otros movimientos que mantuvieron una visi贸n equivocada y corporativa de 鈥渁utonom铆a鈥 o se aislaron, o pr谩cticamente desaparecieron de la escena pol铆tica. Esa 鈥渁utonom铆a鈥 si fuera 鈥揷omo ocurr铆a anteriormente鈥 en relaci贸n con las pol铆ticas de subordinaci贸n de clases, ten铆a sentido. Pero si se trata de una autonom铆a en relaci贸n con la pol铆tica, el Estado, la lucha por una nueva hegemon铆a, es un concepto corporativo, adaptado a las condiciones de la resistencia, equivocado cuando se trata de construir las condiciones de construcci贸n de hegemon铆as alternativas.

En el FSM de Bel茅n fue posible constatar, con la presencia de cinco presidentes latinoamericanos comprometidos, con formas distintas de construcci贸n de alternativas al neoliberalismo, cu谩nto avanz贸 en tener reconocimiento la lucha que se inici贸 hace diez a帽os. Ya el FSM decepcion贸. No se elaboraron propuestas para encarar la crisis econ贸mica. No se hicieron balances o discusiones con 茅sos u otros gobiernos, junto a los movimientos sociales para discutir las contribuciones que ten铆an y los problemas pendientes.

En suma, al tener a las ONG como protagonistas, al autolimitarse a la esfera social, al cerrar los ojos a los gobiernos que est谩n avanzando en proyectos superadores del neoliberalismo, al no encarar el tema de las guerras 鈥搚 con ellas, el imperialismo鈥, el FSM fue perdiendo trascendencia, convirti茅ndose en un encuentro para el intercambio de experiencias.

El balance, por lo menos en Am茅rica latina, de la lucha por 鈥渙tro mundo posible鈥 es muy positivo considerando el entorno conservador predominante en el mundo. Ya el FSM se qued贸 girando en falso, sin capacidad de acompa帽ar esos avances en los temas de la hegemon铆a imperial, entre ellos, los epicentros de la guerra imperial en el mundo 鈥揑rak, Afganist谩n, Palestina, Colombia鈥.

Emir Sader. Secretario ejecutivo de Clacso.

漏 2000-2010 www.pagina12.com.ar

Written by Reggio's

Enero 28th, 2010 at 8:03 am

Posted in Econom铆a, Sociedad, Valores, 脡tica

Tagged with

驴Cambiar el ethos social?, de Rafael Andreu y J. M. Rosanas en La Vanguardia

without comments

Un reciente art铆culo del profesor John Roemer (Universidad de Yale) argumenta que la soluci贸n de los 煤ltimos problemas financieros y econ贸micos pasa por cambiar lo que 茅l llama el “ethos social”. Una expresi贸n acertada para reflexionar.

Roemer llega a esta conclusi贸n a partir de una serie de resultados te贸ricos en econom铆a (merecedores del Nobel) que demuestran que si bien un buen n煤mero de objetivos socialmente deseables en creaci贸n y distribuci贸n de riqueza pueden conseguirse utilizando “reglas del juego” (es decir, esquemas de regulaci贸n) adecuadas, el dise帽o de dichas reglas es tan complicado que esta alternativa se hace inviable desde un punto de vista pr谩ctico.

Su propuesta para resolver el problema consiste en: desarrollemos un “nuevo ethos social” que “impulse” el sistema econ贸mico a la consecuci贸n de aquellos objetivos 煤ltimos de manera autom谩tica. Seg煤n 茅l, las “reglas del juego” (la regulaci贸n) necesarias son en este caso m谩s sencillas y por tanto m谩s eficaces y eficientes.

La propuesta es atractiva. Pensar en t茅rminos de “ethos social” es m谩s consistente con una sociedad que quiere ser libre y aprender. El aprendizaje que implica mejorar铆a la convivencia en otras esferas, no solamente en la estrictamente econ贸mica. Pero es imposible desarrollar un nuevo ethos social “a golpe de regulaci贸n”. Ello plantea preguntas clave sin respuesta f谩cil: 驴qui茅n la dise帽a?, 驴qui茅n la aplica?, 驴con qu茅 autoridad (moral y profesional)?

En una sociedad libre es mucho m谩s coherente fomentar la aparici贸n espont谩nea de un ethos social efectivo en ella misma a partir de unos pocos principios b谩sicos; con solera 茅tica, digamos. Para iniciar un proceso as铆, sin embargo, es preciso “cebar la bomba” social.

En varios frentes. Primero en la educaci贸n, yno s贸lo en las escuelas de negocios. Segundo, en el ejemplo: no se trata s贸lo de predicar, sino de “dar cuanto m谩s trigo mejor”. Tercero, en el compromiso, cada cual en su parcela: sin dejar pasar una, socialmente hablando. Por ejemplo, sin contribuir a acrecentar la buena imagen social de malos profesionales, por resultados econ贸micos inmediatos que consigan. Son exigencias para la acci贸n de todos y cada uno de nosotros. Si no actuamos, haremos dejaci贸n de nuestra responsabilidad social y por el camino perderemos todo derecho a quejarnos. O actuamos o nos callamos para siempre.

RAFAEL ANDREU y J. M. ROSANAS, profesores del Iese, Universidad de Navarra.

Written by Reggio's

Enero 22nd, 2010 at 9:11 am

La soga en casa del ahorcado, de Javier Pradera en El Pa铆s

without comments

Los viejos partidos de clase o confesionales contaban de forma casi exclusiva con las cuotas y las horas de trabajo gratuito de los militantes para mantener las sedes, organizar los m铆tines, costear la prensa y pagar las campa帽as. Pero la din谩mica democr谩tica ha convertido a esas asociaciones voluntarias en las verdaderas operadoras del sistema pol铆tico, situadas en un limbo constitucional equidistante del Estado y de la Sociedad Civil. Los partidos reciben ahora sustanciosos fondos presupuestarios para sus gastos electorales y de funcionamiento; los miles de cargos electos de las diversas Administraciones, designados en la pr谩ctica por las direcciones partidistas, son un yacimiento de empleo y de patrocinio controlado por la c煤pula de unas organizaciones fuertemente jerarquizadas.

Pese a que la propaganda electoral en los medios de comunicaci贸n p煤blicos sea gratuita, las campa帽as publicitarias rompen el techo m谩ximo de gastos legalmente autorizado. La manifestaci贸n primigenia de la corrupci贸n pol铆tica en las democracias modernas es precisamente la financiaci贸n irregular de los partidos, que reciben por debajo de la mesa el dinero necesario para satisfacer su bulimia monetaria a cambio de favores.

La capacidad de gasto conspicuo de los partidos no tiene l铆mites. Los tiempos muertos entre elecciones est谩n cubiertos por una proliferaci贸n de caros y vistosos congresos y convenciones. Aumenta as铆 el d茅ficit de la tesorer铆a partidista; y tambi茅n se ampl铆an los espacios disponibles para la invasi贸n del 谩mbito p煤blico por la iniciativa privada y de las motivaciones altruistas por el af谩n de lucro. El caso G眉rtel ha mostrado c贸mo esos espect谩culos pol铆tico-circenses -con sus infladas facturas de azafatas, claques, acarreos, alfombras rojas, charangas y banderas al viento- subarrendados por los partidos o por las administraciones p煤blicas bajo su control a empresas privadas suelen a帽adir la estafa al despilfarro.

La XV Interparlamentaria del PP celebrada en Palma de Mallorca el pasado fin de semana pertenece a ese g茅nero de encuentros p煤blico-festivos organizados para mantener viva la movilizaci贸n de los votantes y para ocupar los titulares de los medios de comunicaci贸n en los fines de semana de las temporadas bajas. Cualquier asunto es bueno para nutrir la agenda de esos superfluos acontecimientos: por ejemplo, un reciente sondeo realizado en Andaluc铆a, que sit煤a al PP casi dos puntos por encima del PSOE tras casi 30 a帽os de ininterrumpida hegemon铆a socialista, sirvi贸 a los dirigentes populares para elevar la moral de sus militantes como irrefutable prueba del nueve del supuesto vuelco irreversible producido en la opini贸n p煤blica espa帽ola.

La amenazadora propuesta avanzada por el Ayuntamiento de Vic (gobernado por CiU, PSC y ERC) para excluir del padr贸n municipal a los inmigrantes que carezcan de permisos de residencia y de trabajo en Espa帽a tambi茅n fue mencionada en su discurso de cierre de la XV Interparlamentaria del PP; el acuse de recibo de Rajoy son贸 de manera inquietante, pero la oscuridad y la imprecisi贸n de sus t茅rminos impiden conocer hasta qu茅 punto el l铆der del PP avala la brutal medida -como a primera vista parece- del Ayuntamiento de Vic para excluir a los inmigrantes irregulares de los servicios p煤blicos de salud y educaci贸n.

No parece, en cualquier caso, que los planificadores del programa de eventos pol铆tico-medi谩tico del calendario del PP hayan acertado al elegir como escenario de la XV Interparlamentaria una comunidad batida por los esc谩ndalos de corrupci贸n desde la presidencia de Gabriel Ca帽ellas hasta la reciente etapa de Jaume Matas, el 煤ltimo presidente del PP implicado en el esc谩ndalo del Palma Arena e investigado judicialmente por la compra personal de un palacete. Parece una provocaci贸n o una broma de mal gusto que a las dos semanas de promulgaci贸n del C贸digo de Buenas Pr谩cticas del PP, sedicentemente dictado para vigilar “el digno ejercicio de la actividad pol铆tica” dado que “no es posible exigir regeneraci贸n a los dem谩s si previamente no se asume un compromiso de autoexigencia”, Rajoy haya comparecido en Palma como el nuevo Mois茅s de la 茅tica pol铆tica. 驴No es una temeridad o un descaro haber mencionado la soga en la casa del ahorcado sin concretar siquiera su apellido y defender a rengl贸n seguido la presunci贸n de su inocencia?

Written by Reggio's

Enero 20th, 2010 at 9:15 am

Posted in Pol铆tica, Valores, 脡tica

Tagged with

Deseos de a帽o (pol铆tico) nuevo, de Joan Subirats en El Pa铆s de Catalu帽a

without comments

Estamos en a帽o electoral y los partidos van preparando sus agendas de campa帽a mientras perfilan candidatos y hacen n煤meros sobre c贸mo financiar todo el asunto. El momento exige que no sea una campa帽a como las anteriores. Y aunque es cierto que todas se parecen y todas son distintas, en este caso deber铆amos esperar que los partidos fueran capaces de encontrar pautas para ayudar a la ciudadan铆a a estructurar un buen diagn贸stico sobre el cambio de 茅poca en el que nos encontramos y al mismo tiempo ofrecieran salidas consistentes con los valores e intereses que afirman representar. No s茅 si necesitamos un nuevo Gobierno en Catalu帽a. De lo que s铆 estoy seguro es de que necesitamos una nueva manera de hacer pol铆tica en Catalu帽a. 驴Se atrever谩n a admitir que no estamos en una crisis coyuntural?, 驴evitar谩n prometer que todo volver谩 a ser como antes?, 驴aceptar谩n que las cosas son complejas y que ellos s贸lo pueden ayudar a que entre todos encontremos salidas al laberinto en el que nos hemos ido metiendo?, 驴ser谩n capaces de relacionar la fuerza con que la gente debate el sentido de lo que hace, qu茅 futuro les espera a ellos y a sus hijos, lo complicada que es la vida o c贸mo encarar las tareas de cuidado en un escenario de competitividad salvaje, con lo que los candidatos transmitan, incorporen y propongan?

Me gustar铆a ver a pol铆ticos menos estereotipados y menos previsibles, m谩s dubitativos y cercanos, menos seguros de s铆 mismos y, en cambio, m谩s radicales en sus valores. Pol铆ticos con trayectorias que sean consistentes con lo que (ahora) afirman, con m谩s sentido de gobierno, pero menos obsesionados por sentarse en 茅l. Pol铆ticos y partidos a los que cuando hablan de corrupci贸n y de transparencia no les tiemble la voz pensando en los cad谩veres que guardan en sus cajones y rinconcitos de memoria. Partidos y pol铆ticos dispuestos a colgar en Internet sus cuentas y que defiendan la transparencia general de las instituciones en las que quieren trabajar. Pol铆ticos que reconozcan que se acaba un mundo y que empieza otro, y que no saben muy bien cu谩l ser谩 el papel que les tocar谩 desempe帽ar, pero que est谩n dispuestos a buscar las salidas colectivas que mejor garanticen los valores que dicen defender.

La desconfianza social con relaci贸n a los pol铆ticos ha alcanzado cotas nunca vistas. Pero la rabia y el cabreo, si no se logra incorporarlos a procesos transformadores reales, s贸lo sirven para que los aprovechen millonarios y oportunistas en busca de liderazgos socialmente demag贸gicos y personalmente rentables. Prometen cambiarlo todo, pero s贸lo cambia a mejor para ellos y sus compinches. Las previsiones de participaci贸n electoral son bajas, y m谩s bajas ser谩n si no se logra conectar irritaci贸n con transformaci贸n social. No hay salidas f谩ciles del agujero en el que estamos. Deber铆amos encarar el tema de la renovaci贸n pol铆tica y social desde la fuerza de lo com煤n; buscando conectar econom铆a con vida y entorno, educaci贸n para todos y para toda la vida; asegurando que Internet sea un arma colectiva de informaci贸n y comunicaci贸n, y no una nueva forma de apropiaci贸n privada del esfuerzo colectivo; trabajando para las seguridades colectivas y no s贸lo para la seguridad de los que la logren presionando o pagando. No hay debate serio sobre soberan铆a o sobre el derecho a decidir que no incorpore este tipo de cuestiones. Si no somos capaces de exigir la conexi贸n de los temas vitales y estructurales con los temas pol铆ticos e institucionales, la confusi贸n ser谩 formidable, y en ella navegar谩n con fruici贸n todo tipo de demagogos y oportunistas. Hablamos del derecho a decidir sobre el futuro de Catalu帽a como naci贸n, pero no estar铆a mal que los catalanes y catalanas tengan tambi茅n la capacidad de decidir sobre su propio futuro, personal y colectivo.

Written by Reggio's

Enero 20th, 2010 at 9:14 am

Posted in Pol铆tica, Valores, 脡tica

Tagged with

Site Optimization by PHP Speedy Site Optimization by PHP Speedy

Free counter and web stats