Cuando las cuentas se transforman en cuentos, de Víctor de la Serna en El Mundo
LA POLÉMICA NACIONAL: LOS PRESUPUESTOS DE 2010 SUPERAN SU PRIMER TRÁMITE
El apoyo de PNV y CC garantizaba al Gobierno la superación de las enmiendas a la totalidad de los Presupuestos en el Congreso de los Diputados. El debate, pues, no decidía nada, salvo la credibilidad gubernamental, y ésta quedó por los suelos (pese a febles quejas por el supuesto machismo de Rajoy).
Lo más notable del debate sobre estos presupuestos tipo Lewis Carroll del PSOE es que Cinco Días encontraba a dos expertos externos, los economistas César Cantalapiedra y Susana Borraz, para analizarlos en serio, como si tuviesen algo que ver con la realidad. Vean: «El 21% de crecimiento de los ingresos no financieros del Estado con respecto al avance de liquidación del ejercicio 2009, algo más de 100.000 millones de euros, no se explica sólo por las subidas fiscales sino también por el sistema de financiación territorial». ¿Y por el descaro socialista? Inmenso Cinco Días…
El diario de Prisa reconocía que -pelillos a la mar- los Presupuestos «no son ni de lejos los más acertados para la actual crisis», pero pese a todo aplaudía el apoyo de nacionalistas vascos y canarios: «Peajes al margen, la decisión de vascos y canarios de apoyar los Presupuestos e incluso de involucrarse en la gobernanza a medio plazo es un ejemplo que debería cundir». Y el diario económico de izquierdas, encantado con su propia coherencia. Curiosamente, el portaestandarte del imperio prisaico, El País, se mostraba mucho más negativo que su alter ego financiero en un duro editorial: «Es probable incluso que este presupuesto cause daños en la inversión en I+D+i difíciles de reparar en los próximos cinco años. Para colmo, la vicepresidenta introdujo más confusión sobre el momento idóneo para retirar los planes de estímulo».
Expansión, por su parte, fulminaba el «mercadeo» con los nacionalistas y decía del proyecto presupuestario: «Profundiza en una dudosa política de gasto sustentada sobre inverosímiles estimaciones de recaudación, incompatibles con el esperado escenario de consumo deprimido y fuerte deterioro laboral, y contribuirá a acelerar la peligrosa espiral de déficit y endeudamiento».
En ABC se editorializaba así sobre el debate: «Es, para el PSOE, una prueba de conservación del poder, no un trámite democrático necesario frente a la crisis. Si no fuera así, la salvación de estas cuentas públicas desacreditadas no dependería de dos partidos minoritarios y nacionalistas. Lo que está ganando en el Congreso es la presión de nacionalistas canarios y vascos».
Enric Marín escribía en El Periódico: «Mientras Zapatero no sea capaz de hacer un diagnóstico real de la situación y definir un plan anticrisis coherente y con plenas garantías técnicas y políticas, no romperá la imagen de superviviente desde la improvisación permanente». Marín añadía que el apático Rajoy tampoco convence. Esas clásicas quejas sobre la oposición inspiraban un editorial en La Razón: «Se debe criticar que el Gobierno socialista no haya buscado un consenso más amplio, incluso con el propio PP, para salir antes de la crisis. Se quejaba Elena Salgado de que en España la oposición no colabora como en otros países. Pero el problema de un país no está en la oposición, sino en su Gobierno».
Significativamente, en el principal medio zapaterista, Público, salvo alguna chanza sobre lo del trato machista de Rajoy a Salgado, reinaba un silencio sepulcral.
© Mundinteractivos, S.A.
