Desasosiegos, de Enric Juliana en La Vanguardia
ANÁLISIS
Se oye un continuo crujir en las cuadernas de Madrid. Algo se está rompiendo. Son los últimos cables que sostenían la confianza en el Gobierno, dicen los enterados. “Esto empieza a oler a elecciones anticipadas”, proclaman los confidenciales. Los mentideros siempre exageran. Mentidero, esa palabra tantas veces repetida cuando se habla de los líos de la capital de España, era el lugar donde los madrileños se reunían para comentar los chismes del día. Hubo tres muy bulliciosos: el de la plazuela del León, el de las losas de Palacio, frente al Real Alcázar, y el de las gradas de la iglesia de San Felipe en la Puerta del Sol, que fue el más estupendo, dicen.
Humean en los mentideros la última embestida de Aznar a Zapatero (”Nadie hizo tanto daño en menos tiempo”) y el sordo lamento de un veterano ex ministro del PSOE tras conocer el atropellado anuncio de las pensiones diferidas: “Ahora ya sé que perderemos las elecciones”.
La jubilación a los 67 años ha inquietado a todos aquellos que aún vivían la crisis como un estado de ánimo, más que como un estado de precariedad. No olvidemos que en un país con ocho millones de trabajadores intermitentes (41% del total), la mayoría de las personas que han perdido el empleo son inmigrantes y jóvenes.
Más los 400.000 autónomos, comerciantes y pequeños empresarios que han tenido que arriar velas en silencio. No hay relato moral sobre el heroísmo cotidiano del hombre que lucha por no cerrar su taller. El orgullo herido de las clases medias perdedoras se llevará al PSOE por delante. Aznar sabe muy bien hacia dónde apunta cuando proclama que “España ha vuelto a ser un país de segunda”.
Obama no sirve de auxilio. Después del desayuno de oración, Obama se desvanecerá. El toque alarmante, Zapatero lo ha recibido del aliado que no ha sabido trabajarse: Alemania. El Banco Central Europeo -es decir, el Bundesbank rebautizado- no financiará alegremente el déficit español. La crisis de España puede ser más peligrosa para el euro que la debacle de Grecia, remata, en inglés, Financial Times.
El jueves habrá que escuchar al banquero Emilio Botín ante la prensa internacional en Madrid, un día antes de que el Consejo de Ministros apruebe la nueva reforma laboral. Los sindicatos temen que el viernes amanezca con sorpresas, puesto que ya saben lo que es salir trasquilados de la Moncloa. El domingo 24 de enero, Zapatero llamó a palacio a Cándido Méndez y a Ignacio Fernández Toxo para hablar de las pensiones. Salieron casi convencidos de que le habían quitado de la cabeza lo de los 67 años. “Tendré en cuenta vuestros planteamientos”, les dijo al despedirse.
