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El Eurogrupo vuelve a ganar tiempo, de Federico Steinberg en Expansión

En la cumbre del Eurogrupo de octubre del año pasado se anunció la cuantía del segundo rescate a Grecia (130.000 millones de euros) y la participación del sector privado en el mismo (entonces se habló de un 50% de quita sobre la deuda, de modo que nos encontraríamos ante una reestructuración ordenada de la misma). Ayer, de madrugada, se llegó a un acuerdo sobre los detalles técnicos del paquete, que no se cerraron antes porque es en el mes de marzo cuando Grecia necesita nuevos fondos para hacer frente a sus compromisos financieros y la UE ha adquirido la costumbre de resolver los problemas sólo cuando se encuentra al borde del abismo.

Con este acuerdo, se prevé que Grecia tenga cubiertas sus necesidades financieras hasta 2014, fecha en la que se espera (con mucho optimismo) que pueda volver a financiarse en los mercados internacionales a precios razonables (si no lo hace y para entonces sigue en el euro, se puede leer entre líneas que habrá nuevos fondos). Además, si el canje de la deuda sale adelante (recordemos que es “voluntaria”; es decir, que los acreedores de Grecia deben optar en los próximos días por canjear sus bonos asumiendo una pérdida del 53,5%), la deuda Griega quedaría estabilizada en el 120,5% de su PIB en 2020 (hoy es del 160%), nivel que la UE y el FMI consideran sostenible. A cambio de de estos préstamos, que permiten evitar un default (que seguramente implicaría su salida del euro y desencadenaría un peligroso contagio hacia otros países) Grecia se compromete a continuar con los recortes de gasto y salarios, así como con las reformas estructurales.

‘Protectorado europeo’

Este acuerdo implica dos cosas. La primera es que existe una clara voluntad en el seno de la UE de seguir ayudando a Grecia siempre y cuando se sigan adoptando las reformas demandadas por la Troika, que son cada vez más duras porque según pasa el tiempo se va haciendo más evidente que el país heleno tiene una manifiesta incapacidad institucional y política para cumplir sus compromisos. Esto es una buena noticia porque disipa las dudas que habían circulado recientemente sobre que algunos países del euro querían forzar a Grecia a abandonar la Unión Monetaria. También hace más evidente que Grecia se está convirtiendo en el primer ‘protectorado’ europeo, donde la política económica se dicta desde el exterior, algo que plantea evidentes problemas de legitimidad democrática. La segunda es que este acuerdo permite ganar tiempo pero está lejos de resolver el problema. Por una parte, hay demasiados supuestos optimistas en el mismo. Es muy probable que Grecia tarde más de lo previsto en empezar a crecer, lo que haría que el objetivo de reducir su deuda hasta un 121,5% de PIB en 2020 no se pueda alcanzar. E incluso si se alcanzara, es discutible que ese nivel de deuda sea sostenible (la cifra mágica del 120% se fijó para que no sobrepasara el nivel actual de deuda italiana, pero el país transalpino tiene muchos más recursos para soportar esos compromisos que Grecia). Además, está por ver cómo se produce el canje ‘voluntario’ de deuda. Recordemos que la fórmula del canje voluntario es un invento de la UE en esta crisis (nadie acepta ‘voluntariamente’ que no le paguen), por lo que podrían producirse nuevos problemas si no hay una cantidad suficiente de acreedores de Grecia que lo acepten.

Por último, aunque el acuerdo incluye rebajas salariales y un proyecto de reformas que deberían permitir resolver el problema estructural de falta de competitividad que tiene la economía griega (lo que se conoce como una devaluación interna), la implementación de estos compromisos, que son los realmente relevantes para que el país vuelva a crecer, plantearán enormes problemas políticos. Y ese es el auténtico talón de Aquiles del acuerdo: aunque no cabe duda de que Grecia tiene que asumir que ha estado viviendo por encima de sus posibilidades, si el ajuste se centra demasiado en los recortes y no va acompañado de una estrategia de crecimiento que la ciudadanía entienda que tiene sentido y merece sacrificios, bien podríamos llegar a una situación en que la ciudadanía exija el default y la salida del euro. Por el momento, este acuerdo retrasa la posible llegada de ese momento. Pero ganar tiempo no supone resolver el problema.

Federico Steinberg. Investigador del Real Instituto Elcano y Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

Publicado por Reggio's

22 Febrero, 2012, a las 7:11 am

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