El fin de la Espa帽a postmaterial, de Javier Redondo en El Mundo
TRIBUNA: POL脥TICA DESPU脡S DE LA CRISIS
El autor lamenta que la ceguera pol铆tica en la era de la opulencia haya precipitado el declive del Estado del bienestar. Sostiene que Zapatero ha chocado de bruces con una realidad que le ha obligado a renunciar a su ideolog铆a
Su谩rez y Calvo Sotelo fueron los presidentes de la Transici贸n e institucionalizaci贸n de la democracia, Gonz谩lez el de la modernizaci贸n y europeizaci贸n, Aznar el de la prosperidad y Zapatero es el del postmaterialismo. Si Gonz谩lez concret贸 el contenido del Estado social y Aznar garantiz贸 su viabilidad, Zapatero se present贸 como el promotor de su ampliaci贸n: derechos de nueva generaci贸n, cuarto pilar del Estado de bienestar, extensi贸n de derechos civiles, em>buenismo, ayuda al desarrollo, Alianza de Civilizaciones鈥
En las sociedades europeas de la abundancia, la izquierda se reinventa cada d铆a hasta el ox铆moron porque parece ya obsoleto reivindicar la lucha de clases y tambi茅n porque no est谩 demostrado que sus Gobiernos garanticen mejor que otros la equidad social y la redistribuci贸n de la renta. Por ello, el vocabulario socialdem贸crata es m谩s rico en eufemismos que cualquier otro. La nueva izquierda europea asumi贸 desde finales de los 60 del pasado siglo un nuevo rol y apost贸 por la defensa de los valores postmateriales, que surgieron cuando las sociedades postindustriales alcanzaron un determinado nivel de bienestar. Entonces, esos valores eran fundamentalmente tres: feminismo, pacifismo y medioambientalismo. Su auge coincidi贸 con el fin de las ideolog铆as o, si se quiere, con la desideologizaci贸n de los partidos.
Posteriormente, en los 90, la nueva izquierda -que hab铆a surgido en Estados Unidos en torno al New Deal de los a帽os 30 y al amplio consenso liberal de las d茅cadas posteriores, la guerra contra la pobreza y la lucha contra la segregaci贸n racial- se transform贸 en tercera v铆a y nuevo laborismo. La aplicaci贸n pr谩ctica consist铆a en centrar a la izquierda en materia econ贸mica sin renunciar a los principios socialdem贸cratas. O sea, un dif铆cil equilibrio basado en no utilizar el instrumento de la pol铆tica fiscal como arma arrojadiza contra las clases medias pero a la vez mantener las pol铆ticas sociales.
Clinton dijo aquello de 芦es la econom铆a, est煤pido禄, y Blair asegur贸 que su programa conten铆a principalmente tres principios: 芦Education, education, education禄. No lo pod铆a expresar de manera m谩s clara: las verdaderas pol铆ticas igualitarias consisten en asegurar la igualdad de oportunidades en materia educativa. Con ello, la izquierda moderna se aseguraba sus apoyos tradicionales. Pero al mismo tiempo se ve铆a impelida, para evitar la mimesis con el liberalismo econ贸mico, a ampliar su horizonte doctrinal.
En su origen fue la clase media urbana, con alto nivel de estudios y dedicada a profesiones liberales y no manuales, la que defendi贸 los valores postmateriales y permiti贸 a la socialdemocracia mantener un equilibro no reduccionista entre provisi贸n de servicios y provisi贸n de nuevos valores. En la 煤ltima d茅cada, en Espa帽a, la bonanza econ贸mica, la extensi贸n del cr茅dito y la era de la opulencia ampliaron la base de aquellos estratos sociales que al depositar su voto antepusieron los valores postmateriales a la mera gesti贸n de los recursos.
Los valores postmateriales se instalaron en los barrios industriales perif茅ricos donde emergi贸 una conciencia subjetiva de white collar que pod铆a disponer de coche nuevo cada poco y disfrutar de vivienda ajardinada. Arraig贸 igualmente entre skilled blue collar (trabajadores cualificados de mono azul), foremen (supervisores ex blue collar que incluso pudieron instalarse como aut贸nomos y tener trabajadores a su cargo) y routine-nonmanual (oficinistas, vendedores, comerciales, dependientes, secretariado鈥). En aquellos a帽os, ocho millones de espa帽oles jugaron a la Bolsa.
Puede sonar a boutade con la que cay贸 despu茅s, pero lo cierto es los Gobiernos de Aznar se sumaron a este auge del postmaterialismo determinado por los cambios sociales, lo cual se tradujo en la supresi贸n del servicio militar, en la creaci贸n, por primera vez en Espa帽a, de un Ministerio de Medioambiente y en colocar a dos mujeres, tambi茅n por primera vez en nuestra Historia, al frente de las dos C谩maras, Congreso y Senado. Espa帽a iba tan bien que no hubo fuegos fatuos para festejarlo; iba tan bien que ni unos cuantos trabajadores despedidos acampados en la Castellana durante meses ni una huelga general pudieron reactivar la lucha de clases. Iba tan bien que nos permitimos mirar por encima del hombro a cientos de miles de inmigrantes que llegaban a nuestro pa铆s atra铆dos por el milagro econ贸mico espa帽ol para trabajar en aquello en lo que trabaj谩bamos nosotros cinco minutos antes.
Y en mitad del fest铆n apareci贸 el candidato Zapatero para pasar de pantalla. Era el candidato perfecto para emprender tama帽a empresa, el candidato de la postmodernidad y del postmaterialismo, encargado de gobernar en la sociedad l铆quida del hedonismo y la opulencia. Utiliz贸 recurrentemente este t茅rmino que Galbraith acu帽贸 en 1958 pero d谩ndole otro sentido. El profesor norteamericano denunci贸 en su obra La sociedad opulenta el desequilibrio existente entre la abundancia y exceso de consumo en la esfera privada y empresarial y la escasez y el deterioro de lo p煤blico. Esto ocurr铆a en Estados Unidos, pero no en la Europa del bienestar, donde el Estado asistencial mantiene unos aceptables niveles de equilibro social. Y mucho menos en la Espa帽a del super谩vit, que permit铆a a los poderes p煤blicos multiplicar el gasto y duplicar o incluso triplicar el n煤mero de administraciones encargadas de proporcionar un mismo servicio.
Pero Zapatero, desde que lleg贸 a La Moncloa, ha cometido varios errores de enorme magnitud (los aciertos ya est谩n amortizados). Primero, incluy贸 en su programa postmaterial una reforma no meditada -por no decir una revisi贸n improvisada y sujeta a criterios de oportunidad pol铆tica y geograf铆a electoral- del sistema auton贸mico y, por extensi贸n, constitucional, a modo de innecesaria segunda Transici贸n (en el sentido estricto del t茅rmino: las transiciones no tienen un sendero previamente delimitado y su deriva es incierta).
En segundo lugar, desplaz贸 la lucha de clases, la bipolaridad y la divisi贸n entre espa帽oles hacia el pasado, colocando en el cesto del postmaterialismo tambi茅n una revisi贸n de la Historia y aplicando un maximalismo conceptual impreciso e intemporal (芦la derecha no me ha ense帽ado nada禄 o 芦ya sabemos la tradici贸n de la derecha en este pa铆s禄). Al mismo tiempo, y con ello, revitaliz贸 la distinci贸n entre izquierda (futuro) y derecha (pasado). Y por 煤ltimo crey贸 que el man谩 de la prosperidad era efectivamente eso, un man谩, aunque no fuera enviado por Dios. Pens贸 que la opulencia era un rasgo estructural de nuestras sociedades y que el futuro ya hab铆a sido definitivamente conquistado.
Pero la crisis dio al traste con gran parte de su programa postmaterial y le peg贸 un enorme bocado a su ideolog铆a. Zapatero hab铆a sido elegido para profundizar (sic) en la igualdad pero las circunstancias le impelen ahora a hacer la vista gorda. Su discurso ha perdido consistencia porque ha girado 180 grados. Y resulta superfluo que la raz贸n que explique el viraje sea la asunci贸n de responsabilidad porque lo que realmente ocurre es que ha pasado su turno y se ha hecho mayor de golpe. Que ha cerrado su ciclo y que se ha dejado en el camino arrobas de confianza. Su estampa resulta impostada. Hace exactamente un a帽o afirm贸 que la ideolog铆a le imped铆a acometer una reforma laboral. Hoy est谩 en tr谩mite.
La ausencia de Rodiezmo es la met谩fora de esta conversi贸n. Como sobre tantos asuntos, Zapatero construye alegor铆as, no elaboraba un pensamiento. Y su presencia anual en la cuenca minera representaba el compromiso con los trabajadores. Pero el nuevo contexto ha trazado la par谩bola del presidente que quiso seguir siendo siempre candidato y tras seis a帽os de gobierno descubri贸 que sobre sus espaldas se desplomaba la econom铆a del pa铆s y se deshilachaban las costuras que lo cos铆an.
Porque un presidente es poderoso, pero no del todo libre. Un presidente puede actuar con m谩s o menos ataduras impuestas por su partido y la sociedad que lo ha elegido, pero no puede desprenderse de las fuerzas que operan en los sistemas complejos. No son -s贸lo- las fuerzas del mercado -o son tambi茅n, si se quiere, las fuerzas del mercado pol铆tico-; son todos los actores e instituciones que intervienen sobre la acci贸n pol铆tica y que contribuyen a equilibrar demandas e intereses. Es decir, el tama帽o de los desaf铆os ha de ser ajustado m谩s o menos a las posibilidades; y la coherencia entre ellos es una medida inequ铆voca de aptitud. Todo lo dem谩s son ejercicios vanos de pol铆tica adolescente.
Y en estas, toca otra vez, y parec铆a imposible, descender algunos pelda帽os y gestionar los recursos, de nuevo limitados. El cambio de modelo, hoy por hoy, se reduce a que todos somos un poco m谩s pobres y hemos de medir mejor nuestras decisiones y relaci贸n con el mercado, hemos de priorizar necesidades -queda pendiente hablar de las lecciones de la crisis-. El cambio de modelo se reduce a una bofetada de realidad que sirve para depurar una econom铆a colapsada pero que por encima de todo supone una tragedia para m谩s de cuatro millones de espa帽oles que ya s贸lo reivindican el verdadero derecho de autonom铆a: el derecho al trabajo, el primero de los derechos que hace al individuo libre respecto de su entorno m谩s pr贸ximo. Es m谩s que un derecho social, es la garant铆a de libertad de actuaci贸n sobre lo concreto y lo inmediato. Es la base de la libertad de elegir.
Pues bien, la sociedad opulenta ampli贸 los l铆mites de la libertad de elecci贸n sin condiciones y a cr茅dito, sustituy贸 valores y despreci贸 los de la educaci贸n y el m茅rito como motores del progreso econ贸mico y social. Nos encandilaron las palabras hermosas y los candidatos que las pronunciaban. Pero la realidad ha vuelto a superar a la ficci贸n. De modo que Zapatero es responsable de muchas cosas y su Gobierno se ha mostrado ineficaz ante la crisis, pertinaz en el error y proclive al desconcierto, pero sobre todo, Zapatero, m谩s que un hacedor, es un producto. Un producto de un tiempo, de otro tiempo.
Javier Redondo es profesor de Ciencia Pol铆tica en la Universidad Carlos III de Madrid.
