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El nuevo Gobierno y la economía, de Josep Piqué en La Vanguardia

Me disculparán si les digo que  soy escéptico en relación con los efectos reales de cambios de Gobierno que sólo buscan impacto mediático inmediato pero que no vienen a modificar tendencias de fondo. Yme disculparán también si hoy añado a mis habituales análisis económicos una apreciación política.

Y para que nadie pueda decirme que mi aproximación es partidista, les diré que, cuando el presidente Aznar, en el apogeo de su mandato a mediados del 2002, cambió su gobierno y parecía que el PSOE no era una alternativa plausible, se dijo que ese cambio potenciaba el perfil político de su gabinete e iba a servir para ganar ampliamente las elecciones del año 2004. Y se perdieron. Ciertamente, no por la composición de su gobierno. Pero es evidente que el cambio no sirvió para ganar.

Ahora, el presidente Zapatero no ha tenido más remedio -ante la presión de su partido y de las encuestas- que hacerlo. Y ha habido cierto impacto mediático a corto plazo, aunque imperceptible para la mayoría de los ciudadanos, que siguen, como es natural, en sus serias y graves preocupaciones, que van mucho más allá de los dimes y diretes políticos. En cualquier caso, la impresión es que el “nuevo” Gabinete va a centrar su acción política en la comunicación, porque entiende que, haciendo lo que hay que hacer, desde su punto de vista, no se ha explicado bien a la ciudadanía. Siempre he oído lo mismo: no nos explicamos bien y por eso la gente se aleja de nosotros…

Y, por lo tanto, vamos a cambiar nuestra política de comunicación y vamos a centrarla en tres ejes. Primero, seguimos trabajando para lograr el fin del terrorismo de ETA, aunque no se comprenda… Cuando lo cierto es que los avances reales en ese terreno sólo se han conseguido con una política firme y consensuada. Segundo: vamos a hacer oposición a la oposición, intentando arrinconarla en posiciones extremas, y ver si muerde el anzuelo…

Y tercero, vamos a intentar transmitir la idea de que la recuperación económica ya está en marcha, gracias a las medidas de un Gobierno que sólo mira por el bien del país aunque eso tenga un coste electoral, y pese a una oposición que cree que cuanto peor, mejor para sus expectativas electorales. Unos son los auténticos patriotas y otros, desalmados carroñeros. Hasta aquí la fábula. Comando Rubalcaba en estado puro. Pero las cosas son como son. Y ni ETA se va a rendir a corto plazo, por débil que esté (que afortunadamente lo está), ni es previsible, aunque nunca se sabe, que la oposición entre a trapos indeseables (pese a los deseos de tantos “profetas” de la derecha “sin complejos” que pululan por ahí). Y, desafortunadamente, la situación económica no mejorará significativamente a corto plazo. Voy ahora a centrarme en ese punto. Y voy a recurrir a algunas experiencias históricas recientes.

En las últimas dos décadas, la economía española ha pasado por ocho fluctuaciones cíclicas. La primera, desde la huelga general de 1989 hasta mediados de 1993, profundamente descendente y que llevó la tasa de paro ¡hasta el 25% en 1994!, cuando ya se estaba produciendo una recuperación que, si bien flojeó en 1995, marcó su punto de inflexión en el primer trimestre de 1996. Y a partir de ahí, coincidiendo con el primer gobierno de Aznar, entramos en una fase profundamente expansiva hasta el primer trimestre del 2000, coincidiendo de nuevo con las elecciones generales, que dieron una clara mayoría absoluta al PP. En ese momento la tasa de paro había descendido diez puntos, al 15%. Luego, tuvimos dos años de descenso en el crecimiento económico, pero la tasa de desempleo fue disminuyendo hasta llegar a su mínimo en el 2004, con un 8% aproximadamente, yque se fue manteniendo, con fluctuaciones, hasta el año 2007. Pero el ciclo alcista había empezado otra vez a principios del 2002.

Quiero decir con todo esto que el desempleo siempre sigue con retraso al ciclo económico. Y que aunque la profunda crisis económica que padecemos desde el verano del 2007 ha empezado a remontar – a pesar de las crecientes incertidumbres a nivel internacional y de la fragilidad de la confianza en nuestra capacidad de endeudamiento-en la segunda mitad del 2009, el desempleo sigue creciendo y, probablemente, lo hará todavía un tiempo. Y, desde luego, no vamos a ver ninguna recuperación significativa del empleo neto en varios trimestres. Y con una situación social peor, ya que, a medida que pasa el tiempo y el desempleo se hace persistente, mucha gente pierde el derecho a recibir prestaciones. Y la red familiar de protección, y la economía sumergida, tienen sus límites…

En conclusión, nada apunta a que dentro de poco más de un año, cuando haya que convocar elecciones, la percepción de la opinión pública sobre la situación económica haya cambiado, por más que sesudos economistas hablen de cambios de tendencia, refiriéndose a la evolución de las “tasas intertrimestrales” o conceptos igualmente abstrusos.

Y esto es lo que hay. Porque otras cosas que podrían hacerse parece que, lamentablemente, no se van a hacer. Al contrario. Parece que damos marcha atrás en la reforma de las pensiones (con un ministro de Trabajo que se ha manifestado, de forma absolutamente insólita, en contra de las reformas de su Gobierno, uniéndose a los sindicatos el día de la huelga general) o quedándonos definitivamente muy cortos en las reformas que necesita nuestro mercado de trabajo. Ojalá toda esta pesadilla acabe, sobre todo para las principales víctimas, que no son otros que los que han perdido su puesto de trabajo y no ven futuro. Pero IGNOT para eso hace falta otra política.

JOSEP PIQUÉ, economista y ex ministro.

Publicado por Reggio's

13 Noviembre, 2010, a las 8:19 am

Colgado en: Economía, Política

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