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El ‘Origen’ del PSC, de Carles Castro en La Vanguardia

El socialismo catalán se enfrenta auna pesadilla electoral en la que el desplome de su voto no parece tocar fondo

Origen es un hipnótico relato cinematográfico que discurre en un sueño que se desarrolla dentro de otro sueño que, a su vez, ocurre dentro de otro sueño. De ese modo, cuando el durmiente se despierta no sabe si lo hace en el plano de la realidad o lo hace en una nueva pesadilla de final igualmente incierto. Esta traumática vivencia parece encajar con la actual realidad del PSC, sumergido en una pesadilla electoral de la que, en palabras del anterior director del CEO, Gabriel Colomé, es imposible saber a qué nivel corresponde: ¿un sueño a secas?, ¿o un sueño dentro de otro sueño? Es decir, tras la pesadilla de las autonómicas de noviembre del 2010 -saldadas con una derrota histórica-, el socialismo catalán se despertó en otro sueño aún más angustioso: la debacle de las municipales. Y cuando parecía que las generales despertarían al PSC en el habitual escenario de primacía del centroizquierda en Catalunya, el desenlace ha hundido al socialismo catalán en la peor de sus pesadillas: ser superado por CiU en las legislativas.

¿Se han acabado ahí las pesadillas? ¿Ha tocado fondo el PSC y ahora sólo queda recuperar pacientemente el terreno perdido? ¿O acaso las próximas elecciones situarán al socialismo en otro mal sueño: el de una caída sin final? La respuesta exacta a esta pregunta sólo la pueden ofrecer las urnas, pero por ahora los resultados dibujan un horizonte sombrío. Es cierto que hace casi cuatro años, los socialistas obtuvieron una cifra de votos récord en unas elecciones generales. Pero se trataba de unos comicios para decidir quién gobernaba en España. Si, en cambio, se observa lo ocurrido en la última década en todas las elecciones que decidían el poder en Catalunya (autonómicas o municipales), la evolución del PSC dibuja una línea descendente que la crisis económica simplemente ha acentuado.

Dicho en cifras, el electorado socialista ha disminuido en torno a 400.000 efectivos a lo largo de la última década, tanto si se trata de las elecciones locales como de las catalanas, y en casi 800.000 votos en las generales. La crisis económica y su impacto sobre los partidos en el gobierno explican buena parte de esas pérdidas. Pero antes del estallido de la crisis, en el 2007, el socialismo catalán ya había perdido 200.000 votantes en las elecciones municipales o en las catalanas. Por lo tanto, la pregunta inevitable es adónde han ido todos esos votantes. O más claro aún: ¿quiénes son a día de hoy los electores socialistas?

Hace una década, la respuesta a esta última pregunta estaba muy clara y podía simplificarse en pocas palabras: la generación electoral del 82; es decir, una alianza de los sectores obreros inmigrados y de las clases medias locales, en la que la ideología de centroizquierda amalgamaba sin dificultades los distintos matices identitarios. Y de ahí que el electorado del PSC abarcara desde votantes que se sentían más españoles que catalanes, hasta electores de signo contrario.

¿Y ahora? La pregunta es pertinente porque los partidos que han superado su particular travesía del desierto cuentan con una respuesta clara. Por ejemplo, en el caso de CiU, su núcleo electoral básico son las clases medias catalanistas, con un abanico que oscila entre el autonomismo más elemental y el independentismo formal. ¿Y el PSC? Si mira a la clase obrera, el socialismo descubre que ha disminuido y se ha transformado. Por un lado, el peso de la industria tradicional se ha reducido sensiblemente; por otro, las nuevas generaciones cuyos padres pertenecían a la clase obrera han seguido dos caminos bien opuestos: muchos de ellos han entrado en el territorio de la clase media asalariada, mientras que otros compiten con los inmigrantes por los empleos peor pagados y las menguantes ayudas sociales. Pero en todos los casos, el recambio generacional ha supuesto una ruptura con la cultura política de sus padres: hacia el centro político en un caso, y hacia el nihilismo o la derecha en otros.

En cuanto a las clases medias que tradicionalmente apoyaban al PSC en las elecciones generales y, sobre todo, en las municipales, parecen haberse dispersado ante la ausencia de liderazgos carismáticos aglutinadores como el que exhibía Pasqual Maragall (el político mejor valorado en Catalunya entre 1986 y el 2003). Esa dispersión ha obedecido a las diversas pulsiones ideológicas e identitarias: los sectores más centristas o catalanistas han virado hacia CiU, y los más progresistas hacia ICV. Los sondeos postelectorales parecen confirmarlo, lo mismo que el deterioro del PSC como marca, tanto en proximidad como en simpatía.

Está claro, por lo tanto, que el socialismo catalán necesita reconstruir su discurso, adaptándolo a las nuevas realidades sociales. De hecho, los ingredientes de la centralidad (y en su caso del espacio de centroizquierda) han registrado algunos cambios. Es verdad que más del 40% de los ciudadanos de Catalunya siguen sintiéndose tan catalanes como españoles. Pero también es cierto que ha crecido el porcentaje de quienes se sienten más o sólo catalanes, que suelen ser los más participativos electoralmente.

En este contexto, el PSC ha encarnado siempre un “catalanismo español” que combinaba la defensa de la identidad catalana y del autogobierno con el compromiso explícito con España y el respeto a las distintas identidades que operan en Catalunya. No en vano, los sondeos venían ubicando al PSC en una nota de identidad más cercana que la de CiU a la media catalana. Sin embargo, desde el 2006 eso ha cambiado. A día de hoy, CiU sigue a la misma distancia de la nota media, mientras que el PSC ha triplicado de largo la suya. Es decir, los socialistas catalanes no han sabido poner en valor su defensa de los intereses territoriales de Catalunya. Quizás porque eso exige liderazgos potentes y mediáticos, en lugar de aparatchiks reconvertidos en comunicadores sin alma.

Finalmente, las encuestas no parecen exigir que el socialismo se mueva bruscamente en la escala ideológica o predique un anticapitalismo incendiario. La ubicación del PSC en el eje ideológico está muy cerca de la media catalana. Es verdad que los electores socialistas suelen ubicarse algo más a la izquierda que su partido, pero eso sólo significa una exigencia de mayor coherencia ideológica, programática y, ante todo, ética (e incluso estética). Lo que los votantes del PSC parecen esperar de su partido es que contribuya a un capitalismo de rostro humano que haga la vida más llevadera a aquellos que no tienen mucho más capital que su trabajo. Y que, además, defienda a quienes más han contribuido a construir el actual estado de protección social y libertad personal.

Publicado por Reggio's

18 Diciembre, 2011, a las 7:13 am

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