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El síndrome del purgado, de Pedro G. Cuartango en El Mundo

VIDAS PARALELAS: FRANCISCO ÁLVAREZ-CASCOS / GEORGY MALENKOV

Una de las pruebas más difíciles para quienes han saboreado las mieles del poder es aceptar la pérdida de su estatus. No es fácil pasar de la situación en la que uno aprieta un botón y se pone en marcha un complejo engranaje a otra en la que no hay nadie al otro lado de la puerta.

Francisco Álvarez-Cascos disfrutó de un considerable poder en la década que desempeñó el cargo de secretario general del PP y mucho más todavía cuando fue vicepresidente del primer Gobierno de Aznar en el periodo 1996-2000. Cascos fue expulsado del Edén tras perder el favor de su mentor, que le compensó con la cartera de Fomento. Pero ya nada volvió a ser igual. Luego fue condenado al ostracismo por un Rajoy que quería renovar el partido y no contaba para nada con él.

Cascos no ha olvidado esta humillación que recuerda mucho a la destitución de Georgy Malenkov, el favorito de Stalin, nombrado jefe del Gobierno soviético a la muerte del dictador y número uno del régimen durante un corto periodo de tiempo.

Malenkov jugó mal sus bazas y fue apartado del poder en 1955, aunque siguió siendo miembro del Politburó hasta 1957. Ese año fue destituido de todos sus cargos y expulsado del partido tras fallar en una intentona para derribar a Kruschev. Molotov, Kaganovich y Bulganin corrieron la misma suerte.

Historiadores como Taubman, Montefiore y otros presentan a Malenkov como una persona culta, ingeniosa y muy eficiente, pero coinciden en que su extrema ambición le perdió.

Quiso subir demadiado deprisa y demasiado alto y fracasó. Y luego no cejó de conspirar contra Kruschev al que despreciaba.

Cascos está sufriendo también el síndrome del purgado. Nunca aceptó que Rajoy no le apoyara para ser candidato a Asturias y se sintió humillado al ver que la candidata era la desconocida Isabel Pérez Espinosa.

Que Cascos pretenda ahora presentar listas de Foro Asturias en Madrid es sencillamente una venganza contra Rajoy y el aparato de Génova, dado que podría restar unos votos muy valiosos para el PP e irrelevantes para él, que no se juega nada en la capital.

No se puede interpretar la decisión de Cascos en claves políticas, como tampoco se puede hacer lo mismo con la desesperada revuelta de Malenkov contra los nuevos amos del Kremlin, que le aplastaron.

Malenkov no soportaba la pérdida de un poder que había disfrutado durante 40 años, como tampoco Cascos ha aguantado ese ostracismo al que fue condenado por Rajoy.

El dirigente asturiano ha actuado bajo el síndrome del purgado que movió a Malenkov a calcular mal sus fuerzas frente al burdo pero poderoso Kruschev. Y es que lo peor que le puede suceder a un político es creerse que el poder es para toda la vida.

Publicado por Reggio's

3 Septiembre, 2011, a las 7:13 am

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