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Periodismo de opinión en Reggio’s

Financiera, pero ¿reforma?, de José García Montalvo en La Vanguardia

El anuncio de la llamada reforma financiera como uno de los pilares de los cambios de política económica para reactivar la economía había levantado mucha expectación. Pero al final es un híbrido FROB1 convertible contingentemente en acciones. Los objetivos planteados por Luis de Guindos en la rueda de prensa de ayer son loables: incentivar que salgan pisos a la venta a precios reducidos y reactivar el crédito. Es lógico pensar que si los bancos tienen que provisionar un 35% del precio de las viviendas, estarán más dispuestos a realizar ventas al menos hasta ese descuento, puesto que las pérdidas ya las tendrán cargadas a la cuenta de resultados. Pero, desafortunadamente, los dos objetivos planteados son contradictorios sin una pieza adicional: una sustancial inyección de capital que, visto como están los mercados, acabará siendo público. Reconocer las pérdidas no implica que las entidades puedan financiarse con mayor facilidad como parecía implicar Luis de Guindos. Los gestores de la política económica española siguen viviendo en la ficción de que se puede resolver la crisis financiera española sin poner en juego una cantidad muy significativa de fondos públicos, generen déficit o no. En EE.UU. fueron mucho más pragmáticos: inyectaron rápidamente dinero en cantidades ingentes y consiguieron un beneficio de 20.000 millones de dólares al cabo de un año.

En principio se podía pensar que las señales de los mercados fueron más rápidas en EE.UU. puesto que, al estar en gran parte de las hipotecas titulizadas, los precios de la vivienda se ajustaron rápidamente. En España, mientras, se vivía la ficción de que los créditos al sector inmobiliario se habían concedido con el máximo rigor. Por tanto, la mecha española hasta la carga explosiva era más larga. Había que esperar a que la morosidad aumentara, lo que siempre lleva tiempo. Los bancos hacían bajar los precios de tasación y cargaban provisiones al ritmo que querían, o podían, para absorverlas con beneficios. Pero visto que queda cada vez menos mecha, lo que se reconoce implícitamente al pedir este significativo aumento de las provisiones, no se entiende cómo no se acepta la realidad y seguimos contando batallitas. ¿Quién va a querer fusionarse con las entidades en las que estas enormes provisiones tengan un efecto demoledor, aunque sea en dos años, sin un esquema de protección de activos (EPA) o algún mecanismo parecido? Y más con el precedente de la CAM. Y si se acaba ofreciendo una EPA a los compradores, ¿por qué no a los gestores de las entidades, es decir, con independencia de sí la entidad camina o no hacia una fusión? Recordemod que una de las causas de la crisis actual es el principio del demasiado grande para caer. Un banco pequeño se puede liquidar sin mucho perjuicio. Así se ha hecho en EE. UU. con más de 100 bancos cada año desde el inicio de la crisis. Pero resulta contradictorio intentar resolver el problema creando entidades cada vez más grandes a partir de fusiones.

José García Montalvo. Catedrático de Economía. Universitat Pompeu Fabra.

Publicado por Reggio's

3 Febrero, 2012, a las 7:14 am

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