Globalización y democracia, de Juan Tugores Ques en La Vanguardia
TRIBUNA
Aprincipios de este turbulento 2011, el profesor de Harvard Dani Rodrik publicó el libro La paradoja de la globalización, en cuyo subtítulo se pregunta acerca del papel de la democracia en el futuro de la economía mundial. En este verano en que parece estrecharse el cerco a los márgenes de maniobra de los gobiernos (especialmente en los países avanzados democráticos sometidos a las presiones de los famosos mercados), con las agencias de rating como sumos sacerdotes, el libro del heterodoxo y creativo economista adquiere más relevancia.
Ciertamente, leer en las primeras páginas que uno de los principales mensajes es que si en un momento dado entran en conflicto los requerimientos sociales de los procesos democráticos frente a las exigencias de la globalización, deben ser estas las que cedan y las primeras las que acaben imponiéndose puede parecer a estas alturas una ingenuidad.
Pero las argumentaciones a favor de las importantes complementariedades entre gobiernos con calidad institucional y mercados realmente creadores de riqueza son persuasivas, así como las críticas a las polarizaciones que jalean las contraposiciones entre unos y otros a menudo de forma interesada.
La “paradoja de la globalización” a que se refiere el libro acaba siendo que la forma a la vez más eficiente y socialmente deseable de globalización no es una máxima hiperglobalización que escape a cualquier mecanismo efectivo de gobernanza, sino fórmulas ponderadas que equilibren las fundamentales ganancias del comercio internacional y los compromisos razonables de los poderes públicos con sus sociedades en materias de bienestar y democracia.
Algo que se contrapone con las influyentes narrativas unidireccionales acerca de la inexorabilidad de las dinámicas globales y la correlativa inevitabilidad de la decadencia de los márgenes de actuación y compromisos de los gobiernos, especialmente – y probablemente no es casualidad-los de base democrática.
En los relatos del camino hacia la crisis tiene gran peso la dinámica, fustigada con motivo, de cómo familias, empresas y países se lanzaron a niveles de gasto y endeudamiento que no podían sostener. Pero una narración paralela nos habla de cómo se ha permitido “sacar de la botella al genio” de una globalización en algunas dimensiones, asimismo sin las más razonables garantías del imprescindible complemento de buen gobierno.
Y con el mismo énfasis que se insiste en reconducir a familias y gobiernos a niveles de gasto sostenibles, asimismo las sociedades, especialmente las democráticas, deberían aplicarse a reformular la globalización en los niveles en que fuese viable su gobernanza. Los excesos han sido imprudentes en ambos frentes, y pretender corregir sólo los de unos pero ampliar los de otros sería ignorar una lección crucial de esta crisis y poner la simiente de la siguiente.
Juan Tugores Ques. Catedrático de Economía de la UB.
