Hip, hip, hurra… el paro real en Estados Unidos es del 17,5%, de S. McCoy en El Confidencial
Muchos de los comentaristas económicos de Estados Unidos se quedaron el viernes de piedra al conocer que, el pasado mes de octubre. la cifra de paro en aquel país se había situado en el 10,2%, el nivel más alto desde 1983. Es importante mirar a los datos absolutos porque son los que dan perspectivas a la profundidad de la crisis y su evolución. De nada sirve, por ejemplo, afirmar que hay mejoras en la producción industrial si la capacidad de utilización sigue en mínimos casi históricos. Los interanuales van a ver una clara mejoría debido a las deprimidas bases de comparación pero no por ello se puede hablar, en muchos casos, de mejora sino de simple estabilización. Es mi eterna discusión con los fervientes partidarios de los brotes verdes: una cosa es recuperación y otra tocar suelo. Y ahora se descuenta lo primero cuando lo que sucede es lo segundo. Una opinión más.
Dicho esto, el análisis de la cifra de empleo es fundamental ya que se trata el puesto de trabajo y su estabilidad de una variable fundamental a la hora de que el ciudadano aborde sus decisiones de consumo, elemento predominante en la composición del Producto Interior Bruto de la mayoría de las economías desarrolladas. Pues bien, del análisis de lo aparente se puede concluir: uno, que la cifra ya supera el peor dato contemplado por Bernanke a la hora de calcular la capacidad de la banca de hacer frente a impagos masivos de sus clientes (stress test), de ahí que el crédito al consumo en Estados Unidos siga en caída libre; dos, que el número de horas semanales trabajadas continúa deprimida alrededor de 33, de modo tal que cabe pensar en que se produzca un mayor uso de la mano de obra actual antes de acometer nuevas contrataciones; tres, que ha mejorado, como corresponde a la preparación de las campañas navideñas y de Acción de Gracias, la contratación temporal, buen leading indicator si no fuera por el momento estacional en el que se produce; cuatro, que es cierto que este porcentaje del 10 y pico por ciento ha actuado como techo en el pasado y puerta para una mejora posterior. Ojalá.
Sin embargo, hemos hablado antes de lo aparente, porque lo real es que hay varias dinámicas en aquel país, llamado todavía a liderar la recuperación mundial si nos atenemos no a lo que dicen si no a lo que hacen los inversores, que son especialmente preocupantes, como se puede ver en los gráficos que se recogen en este enlace. En primer lugar, el nivel de destrucción de empleo es muy superior en profundidad y duración al de cualquier recesión precedente. Por tanto y salvo una vuelta en V a mi juicio improbable, el sufrimiento se prolongará en el tiempo. De hecho está por ver si el exceso de oferta productiva no termina convirtiendo parte de esos parados circunstanciales en estructurales. Dos, el ratio de nuevos parados que llevan seis meses sin trabajar más que doblan cualquier situación similar precedente. Esto es muy importante porque tal desesperanza condicionará sin duda su actividad consumidora e inversora futura. Tres, la desocupación juvenil se dispara hasta llegar al 27,6% ya que gran parte de los puestos que tradicionalmente cubrían son solicitados por candidatos de mayor edad; aún así, también el porcentaje de participación de los adultos en el mercado laboral se colapsa. Viva la botella medio llena.
Más allá de la capacidad que se tiene de cocinar las cifras en Estados Unidos, y que pasa por el ajuste temporal o la ilusión de nuevos empleos por la mera aplicación del ratio nacimientos/defunciones, lo cierto es que si a la cifra de paro nominal se le añaden los desempleados que no buscan empleo, los que han quedado fuera de las listas por haber agotado plazos y los que han aceptado un trabajo temporal pero su objetivo es un trabajo fijo, el llamado underemployment, la cuantía se dispara hasta el 17,5%, esto es: prácticamente uno de cada cinco ciudadanos en edad laboral. De hecho, los malvados de Shadow Stats elevan esa cifra al 22%. Y aquí nos asustamos cuando se nos habla de que veremos en España el 20% el año que viene…
El problema, como se encarga de contextualizar este editorial del NYT sobre el particular es que, por más que el mercado bursátil advierta de una recuperación del sector privado de la economía, nada cabe esperar de éste en términos de creación de puestos de trabajo. Todo queda en manos de la capacidad gubernamental de crear e implantar adecuadamente nuevos estímulos. Poco pesa en la conciencia colectiva el triste futuro que se deriva para Estados Unidos de la constatación de tal realidad: la ausencia de contratación afectará antes o después a la propia demanda de las empresas mientras que el aumento desmedido de la acción pública acarreará problemas de financiación y ajuste fiscal. Pero entonces… pues eso, entonces que nos quiten lo bailao. Danzad, danzad, malditos.
