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La economía según Rubalcaba: ser el “perro del hortelano”, de S. McCoy en El Confidencial

Aquellos que conocen bien a Alfredo Pérez Rubalcaba coinciden en que “no es el tipo de personaje que se va a inmolar en unas elecciones generales”. Es precisamente tal determinación la que ha decidido al sanedrín del PSOE por su persona frente a cualesquiera otras opciones más aventuradas, más allá de las múltiples lecturas que los medios hemos ofrecido sobre su designación como candidato estos días. “Alfredo nunca pierde” y, siendo así, esto es: ganando él, alguien tiene que salir escaldado. Los del partido socialista se han apresurado a atribuir dicho rol a Mariano Rajoy, a través de una metáfora deportiva inversa del cuento de la liebre -otra vez el roedor al que aludiera el bien informado Pepe Bono- y la tortuga. No importa en este caso la ventaja de la que disfruta la segunda; la velocidad de la primera propiciará su inesperada victoria en marzo de 2012.

Es evidente que el objeto de sus andanadas iniciales será la derecha parlamentaria. Cuando la gestión de la que se es copartícipe alcanza unos niveles de descrédito como los actuales, con castigo en las urnas incluido, la mejor defensa es más que nunca un buen ataque. La ofensiva va a ser sanguinaria, indiscriminada, brutal, en un intento de forzar al PP a plantear un programa alternativo al que actualmente defiende su Ejecutivo. Conocedor a fondo del manejo de la maquinaria propagandística, su discurso tratará de infundir miedo ante la llegada de la ortodoxia conservadora. Apretará, apretará y apretará en el convencimiento de que solo se puede superar el miedo a lo malo conocido si se genera terror por lo ignoto que está por venir. Tres serán los efectos de su acción: dividir en vez de unir, en contra de nuestro interés como nación; prudencia en la gestión autonómica y local del PP frente a la determinación necesaria, para no dar pistas al enemigo; debate de ideas por encima de la plasmación de soluciones mientras la arena del reloj baja inexorablemente. España dormida en el alero del caos. Planking nacional.

Pero si quiere que su voluntad de victoria se convierta en realidad, no le bastará solo con una estrategia frentista o contra: deberá reconducir hacia su objetivo la acción de gobierno del presidente Zapatero. Recuperar la calle para la izquierda se convierte así en una prioridad; atizar su ira contra aquellos estamentos a los que se asocia el liberalismo en una necesidad. Una estrategia que necesariamente pasa por poner en un segundo plano lo que España verdaderamente necesita y dar prioridad a lo que puede minimizar el daño político para el candidato. Desde ese punto de vista, no cabe esperar nada en el ánimo reformista de ZP que pueda causar un daño adicional a los intereses electorales del PSOE. El sueño estadista del actual inquilino de Moncloa hecho añicos. La interinidad con Rubalcaba en la sombra restará calado a las reformas pendientes solo para retomarlas en caso de victoria o criticarlas si el que asume el bastón de mando es el PP. El gozo de los mercados en un pozo… con todo lo que eso supone.

Ojalá me equivoque pero la única opción de gobierno real de Rubalcaba pasa por actuar como el Perro del Hortelano: ni puede tomar decisiones drásticas, que le alejen del proyecto de recuperación de la socialdemocracia que quiere abanderar, ni puede dejar que otros traten de entrar en el recinto de gobernabilidad que ahora quiere proteger. Muy ladrador hacia la oposición, poco mordedor respecto a los actos de su ejecutivo. Lo que menos conviene a  España a día de hoy, bajo la lupa tanto de sus socios comunitarios como de muchos inversores alrededor del planeta. Que la candidatura a la mayor responsabilidad que un ciudadano puede ejercer en este país tenga que pasar por tal cúmulo de irresponsabilidades en su consecución dice muy poco de la solvencia política de España, paradoja no solo semántica. Pensar además que un hombre del sistema pueda, como es justo y necesario, nuestro deber y salvación, quebrarlo desde dentro y romper así la incierta deriva de nuestra democracia suena a quimera de imposible consecución. Pero es lo que hay. Derecha e izquierda, socialistas y conservadores, caras de la misma moneda con los mismos tics y las mismas miserias arribistas. ¿O es que acaso Rajoy lo mejora? En fin, buena semana a todos… por decir algo.

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Publicado por Reggio's

30 Mayo, 2011, a las 7:10 am

Colgado en: Economía, Política

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