La estrategia del Gobierno contra la crisis, de Enric Juliana en La Vanguardia
LA CRÓNICA
“Sabemos adónde vamos”
El Gobierno se esfuerza en transmitir seriedad en medio de su peor tormenta Reunión en la Moncloa con empresarios y sindicatos con dos lemas: reformas y consenso Tras el azaroso vaivén de las pensiones, Zapatero plantea una reforma laboral desnatada
Acaba de suceder algo inédito en la política española contemporánea. Por primera vez desde las turbulencias de 1980-81, que empujaron a Adolfo Suárez a la dimisión y al teniente coronel Tejero a la locura, el Gobierno ha tenido que salir a la palestra para pedir tranquilidad a la opinión pública. “Sabemos adónde vamos”, proclamó José Luis Rodríguez Zapatero de madrugada, a punto de salir de Washington. “Tenemos la fuerza y la energía para mantener el timón”, remachó la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, sobreponiéndose a su habitual cimbreo.
El Ejecutivo comenzó la semana con un grave quebradero de cabeza -el progresivo deterioro de la imagen de solvencia de España en los mercados financieros internacionales- y la concluye con el mismo problema multiplicado por dos. La Moncloa se tuvo que emplear ayer a fondo para transmitir que al Gabinete le queda fuste y capacidad de reacción.
Primer gesto de la jornada: guantazo a los controladores aéreos. El Consejo de Ministros aprobó un decreto ley por el que el Ministerio de Fomento reasume los mecanismos de gestión del tráfico aéreo, abriendo la puerta a la privatización de las torres de control de los aeropuertos. Una medida que nadie se había atrevido a adoptar desde que los controladores aéreos comenzaron a aprovechar los dolores de cabeza de Suárez en los vericuetos de la transición para obtener unos rendimientos salariales sin parangón en la administración pública española. El decreto ley -que incluye la posibilidad de encomendar el servicio al Ejército del Aire- ha sido publicado en un número extraordinario del Boletín Oficial del Estado y entró en vigor ayer mismo. El puñetazo sobre la mesa fue anunciado por el ministro José Blanco con un tono de firmeza que iba más allá del espacio aéreo de Fomento. Blanco encarnó ayer la autoridad gubernamental en vivo contraste con la dulzaina de los consensos. El tono del de Lugo viene a confirmar los numerosos comentarios que en Madrid señalan al vicesecretario general del PSOE como una de las posibles piezas de repuesto de Zapatero (la otra sería el lehendakari Patxi López), si el presidente llegase a final de legislatura sin el combustible necesario para evitar una debacle electoral de los socialistas. En el PSOE fulminan con la mirada a cualquiera que hoy ose plantear la caducidad de Zapatero, pero la gestualidad de Blanco ofreció ayer señales inequívocas.
Segundo mensaje: foto de urgencia con sindicatos y empresarios con una reforma laboral desnatada al fondo. De regreso de Washington, el presidente del Gobierno no le dio tregua al jet lag. No está España para siestas. La Moncloa convocó a empresarios y sindicatos para un primer coloquio sobre el documento de bases de la reforma laboral, aprobado por el Consejo de Ministros. Coloquio con comparecencias ante la prensa en el mismo palacio presidencial. Aún agobiado por los problemas de sus empresas, Gerardo Díaz-Ferran, presidente de la CEOE, evitó cualquier atisbo de beligerancia con el Gobierno. Más adustos, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, líderes de UGT y CC. OO., manifestaron su predisposición al acuerdo, toda vez que el documento de bases respeta, en principio, el conocido veto sindical al abaratamiento del despido y la creación de un nuevo modelo de contrato laboral. Propuesta sin aristas, después del errático vaivén gubernamental con las pensiones. “El Gobierno plantea reformas para los ciudadanos, no para los mercados”, dijo Zapatero, tensando el nervio socialista.
Tercer gesto: recado al comisario europeo Joaquín Almunia, ex secretario general del PSOE, que el miércoles parangonó España con Grecia (”la solidez del euro se ha defender desde todos los países y desde todas las instancias”) y toque a los británicos (”hay maniobras contra el prestigio del euro y todas vienen de un país con otra moneda”).
Por boca de su secretaria general, María Dolores de Cospedal, el PP sugirió ayer la dimisión de Zapatero. En sólo cinco días, el primer partido de la oposición ha lanzado tres mensajes: elecciones anticipadas, moción de censura y dimisión del presidente. Mariano Rajoy, galaico, como siempre, ha evitado suscribirlas.
