La política del parche, de Florentino Felgueroso en El Mundo
TRIBUNA
El Consejo de Ministros acaba de aprobar un nuevo paquete de medidas laborales. Se suman a las ya innumerables medidas «urgentes» destinadas aliviar un mercado de trabajo en la UVI. No consisten en tratamientos de shock, reformas básicas que nos permitan reflotar y vislumbrar un crecimiento sostenible. Estas reformas sólo cabe ya esperar que se concreten en la próxima legislatura. Mientras, se van aprobando parches, políticas de corto alcance, de una eficacia dudosa.
Esta vez, la ocurrencia consiste en eliminar los límites al encadenamiento de contratos temporales. Marcha atrás del propio equipo que los impulsó hace un lustro. Con ello, simplemente, se postergará la decisión de mantener o no centenares de miles de relaciones laborales con la conversión de los contratos temporales en indefinidos. Supone un giro inédito en las políticas de lucha contra la dualidad laboral seguida en las dos últimas décadas. Se tira la toalla en lugar de coger el toro por los cuernos, limitando el problema, con una solución más sensata que ya sólo se puede pedir a gritos: un contrato único con indemnizaciones crecientes con la antigüedad. Lo peor: sin una limitación en el número de contratos temporales se incentivan los despidos temporales, las entradas y salidas del paro y el empleo, y, con ello, se amplifican los abusos de un sistema de prestaciones por desempleo más maltrecho que nunca. Es una medida temporal, para dos años. Pero, con ella, se condiciona la efectividad de una reforma laboral que se emprendiese al inicio de la próxima legislatura. Adicionalmente, tenemos que dudar de su eficacia en el corto plazo. Se pretende evitar que la decisión de no renovación se complete con una amortización del puesto de trabajo. Sin embargo, y a pesar de toda la batería de medidas incluidas en la última reforma laboral, lo que está caracterizando esta segunda etapa de la recesión es la falta de incentivos para la contratación indefinida y, sobre todo, el estancamiento en la tasa de contratación, más que la amortización de empleos que caracterizó la primera etapa.
Tampoco parece justificada la extensión del periodo de rebajas de los costes de despido con el uso del Fogasa. Era ésta una solución transitoria hasta que entrase en funcionamiento el fondo de capitalización a la austriaca. El Gobierno también ha tirado la toalla aquí, dejando en marcha una medida que fomenta el gorroneo, por lo que unas empresas subvencionan a otras con mayor tendencia al despido. Se amplía la edad límite para disfrutar de contratos de formación hasta los 30 años, pero no se avanza de forma decisiva en la reforma educativa para que las próximas generaciones dejen de abandonar el sistema educativo sin una mínima formación profesional. Se prorroga el plan Prepara, para que unos cuantos parados sigan recibiendo una remuneración a cambio de seguir un itinerario de inserción laboral y buscar activamente empleo, sin avances reales en la reforma de las políticas activas.
En fin, nuevos pases para el baile de fin de curso, con tal de evitar las reformas básicas ya en manos del próximo Gobierno. ¡Cuánto tiempo perdido!
Florentino Felgueroso es profesor de Economía de la Universidad de Oviedo e investigador de Fedea.
