Las empresas viven del exterior, de Primo González en Estrella Digital
Los resultados que estos días estamos conociendo de las empresas españolas de primera fila, todas ellas cotizadas en el Ibex 35 y por tanto con amplísimas obligaciones de transparencia en sus cifras, muestran una vez más, pero con especial insistencia a medida que nos adentramos en la crisis, el porqué de ese aparente sinsentido que refleja el índice selectivo español, convertido en uno de los mejores del mundo desarrollado y en el más alcista en Europa mientras la economía española desempeña el papel de Cenicienta de Europa y con grave riesgo de mantener posiciones de retaguardia durante unos cuantos años. Un vistazo a las cifras de algunas de estas grandes compañías (Telefónica, los dos grandes bancos, Repsol, Iberdrola, Abertis) y otras no tan grandes (Técnicas Reunidas, Grifols…) pone de relieve cómo el grueso de la actividad y de los beneficios se ha desplazado ya de forma posiblemente irreversible y desde luego bastante mayoritaria hacia los mercados exteriores.
Este jueves, por ejemplo, las cifras de la multinacional española más diversificada, Telefónica, sirven para ilustrar bien los cambios que se han operado en los últimos años en las empresas españolas y que se han acelerado desde el inicio de la crisis, hace algo más de un año. Por ejemplo, Telefónica cuenta con 268 millones de clientes en todo el mundo, de los cuales 164 millones están en Latinoamérica y el resto desparramados por un amplio elenco de países, entre los cuales España ya ocupa una posición claramente de segundo rango. Latinoamérica representa el 40% de la facturación del grupo, España el 35% y el resto de Europa el 24%, porcentajes que se están moviendo con bastante rapidez en la dirección que ya viene siendo norma en los últimos años, es decir, creciente peso exterior, menguante importancia del mercado doméstico.
Además, se da la circunstancia de que el crecimiento del número de clientes y de la facturación es bastante acusado en algunos de los países en los que opera la compañía española en contraste con el freno o la disminución de sus ingresos en el mercado de origen, es decir, en el mercado español. La aportación a los beneficios finales de la empresa es cada vez más escasa en lo que atañe al mercado español.
La disección de las cifras de las restantes empresas españolas de primera fila muestra ya, de forma indisimulada, cómo el peso de su presencia exterior está consolidándose como mayoritario y que esta transformación se ha acelerado en los últimos meses, con la posibilidad de que se agudice aún más en estos próximos años. No deja de ser revelador que un banquero haya dicho hace pocos días que España es hoy más una “amenaza” que una ventaja para las cuentas de su entidad. La misma valoración pueden hacerla las ocho o diez grandes empresas del Ibex 35, que este año van a contabilizar en negativo la influencia del mercado español sobre sus cuentas, a diferencia de lo que sucede con sus actividades en otros escenarios. Más aún si éstos son de países emergentes, como Brasil o México, dos de los países en donde la presencia de las empresas españolas ha ido adquiriendo una amplia notoriedad y que, por su explosivo crecimiento en esta fase actual de la crisis global, están contribuyendo de forma muy agresiva a la mejora de los beneficios y del crecimiento de las empresas españolas de primera fila.
En estas condiciones, no debe extrañar que el Ibex 35, que en un 70% responde a la capitalización de empresas con presencia exterior mayoritaria, sea el mejor índice de Europa en estos momentos (lleva un 29% de ganancia en el año, por delante del Euro Stoxx 50, que gana un 18%) y que sea el único que ha remontado sus cifras del mes de septiembre del año pasado, cuando sucedió la quiebra de Lehman, ya que en relación con aquella fecha el índice español gana un 4% mientras el Euro Stoxx 50 pierde en torno al 12%. No se puede decir que el Ibex y las cotizaciones de las empresas españolas estén sobrevalorados, sobre todo si esta afirmación se realiza mirando de reojo a una economía cuyo PIB cae a ritmo anual del 4% y que tiene riesgos considerables de ver rebajada la calificación de las agencias internacionales de riesgo por el elevado déficit público existente.
Es más, las empresas españolas, tomando como referencia algunos indicadores bursátiles, se puede decir que están baratas comparativamente a sus homólogas europeas. Uno de esos indicadores, el PER (relación entre cotización y beneficio, que refleja una posición más atractiva cuanto más bajo está), tiene en la Bolsa española un prometedor nivel de 11,5 veces frente a un multiplicador que en las principales compañías de la zona euro es de casi 17 veces. La diferencia es indudablemente importante ya que refleja la cantidad de veces que el precio de cada empresa supera al beneficio neto. Las empresas españolas son, a pesar de su brillante trayectoria este año, apoyada en su éxito internacional indudable, de las más baratas de Europa. Si la Bolsa española sube, y lo hace más que otras de nuestro entorno, no debe ser ninguna sorpresa.
