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Los cinco estadios de la tristeza, de Michael Lewitt en Mercados de El Mundo

El mundo puede dividirse hoy entre quienes son responsables de la crisis de la deuda y los que han sido víctimas de ella. Éste último grupo afronta muchos de los mismos retos que quien llora la muerte de un ser querido, con la diferencia de que los otros afligidos están tristes por la pérdida de sus ahorros y la destrucción de la vida económica y social que ellos y sus padres disfrutaron.

La crisis financiera de 2008 representó la muerte del modelo occidental de democracia económica liberal que había dominado a nivel mundial durante los últimos 30 años. Este modelo dependía de una política de laxitud monetaria y fiscal y de montañas de deuda para crear una ilusión de prosperidad.

Mientras las democracias occidentales siguen haciendo como si este régimen pudiera continuar como antes de la crisis, la realidad es que tendrán que producirse cambios radicales para evitar el hundimiento del régimen. Además, esos cambios van a ser extremadamente perjudiciales para aquellos que han dependido de la generosidad del Estado para mantener sus niveles de vida a lo largo de las últimas décadas.

Los que pasan por un duelo aprenden que hay cinco estadios en ese proceso: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. En lo que se refiere al modelo económico occidental, el periodo de la negación ha terminado.

En estos momentos, la fase de cólera se está extendiendo por muchos países. La siguiente fase, la etapa de negociación, está a punto de instalarse en muchas sociedades, incluida la de Estados Unidos y los principales países europeos. Si la negociación culmina con éxito, estos países experimentarán un periodo de fuerte depresión psicológica (y quizás económica) mientras sobre ellos caerán tiempos difíciles.

Por último, si existe la posibilidad de que surja un liderazgo competente, podrá llegarse a una aceptación y estos países podrán empezar a recuperarse a sí mismos, de la misma manera que los afligidos por la muerte de sus seres queridos se recuperan una vez que la aceptan. Es poco probable que las dos últimas fases, la de depresión y la de aceptación, se produzcan, sin embargo, en el corto plazo. Los políticos aplazarán las decisiones difíciles durante todo el tiempo que sea posible, cosa que no hará sino aumentar el coste final de la solución de la crisis de la deuda.

Los mercados nos están diciendo que no consideran serios los intentos de hacer frente a la creciente crisis de la deuda. El oro ha roto ya la barrera de los 1.500 dólares por onza (1.507 dólares al cambio de ayer) en su probable carrera hacia precios mucho más altos, a modo de referéndum sobre el patrón dólar.

El hecho de que el dólar fuera incapaz de representar su papel como refugio seguro durante la crisis de Japón fue una prueba más de que la divisa de reserva del mundo ha estado en peligro de forma permanente. Más aún, la debilidad del dólar frente al euro en un periodo en el que tres de los estados más pequeños de la Unión Europea están incumpliendo sus compromisos de pago también debería preocupar a los partidarios de la moneda estadounidense.

El euro se ha revalorizado probablemente porque es lo suficientemente grande como para administrar la gran afluencia de inversores mundiales que buscan la diversificación en detrimento del dólar; lo que no es probable es que esté atrayendo grandes flujos en razón de su fortaleza de base, ya que no tiene ninguna.

El euro es una moneda en grave peligro que adolece de profundos defectos de diseño que se multiplican de manera cada vez más visible en cuanto se produce un impago de deuda soberana. Ahora que Portugal ha caído, todos los ojos se van a volver hacia España y lo único que puede hacer Europa es rezar porque los dirigentes políticos españoles hagan lo que sea necesario para evitar un impago de deuda al que posiblemente la Unión Europea no sería capaz de sobrevivir sin daños permanentes.

Un fracaso de España afectaría al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera de Urgencia, puesto que España es uno de los principales contribuyentes. Un impago de España supondría un palo a Europa por partida doble, pues abriría un enorme boquete en este fondo al mismo tiempo que originaría otra apelación de considerable volumen al propio mecanismo.

Milagrosamente (o tal vez no tan milagrosamente) la Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo (BCE) están actuando como si las circunstancias económicas no discurrieran por caminos fuera de lo común.

El Banco Central Europeo (BCE) con el ojo obsesivamente puesto en su mandato estatutario de lucha contra la inflación -que va a seguir siendo inexistente en el futuro previsible-, elevó los tipos en unos irrelevantes 25 puntos básicos. Algunos observadores insisten en sostener que se trata de una gran cosa, pero los tipos siguen situados a unos niveles tan bajos que no están teniendo prácticamente ningún impacto negativo sobre la actividad económica.

Son otros, sin embargo, los factores que están haciendo el trabajo que podrían realizar unos tipos más altos de interés. Los precios más elevados del petróleo, en particular, están empezando a tener un impacto en la actividad económica en Estados Unidos y Europa. Si bien es posible que los europeos estén acostumbrados a precios altos de la gasolina, los norteamericanos han disfrutado de precios bajos durante años y años, y la subida de la gasolina a cuatro dólares por galón [el equivalente a 0,729 euros/litro al cambio de hoy] está empezando a espabilarlos y a modificar sus hábitos de conducción. Éste es otro viento en contra en una economía corroída por las deudas.

En Estados Unidos hay un debate acerca de si la Reserva Federal va a poner fin de una vez en poco más de dos meses a su campaña, totalmente innecesaria y desacertada, de QE2 [segunda fase de expansión cuantitativa]. Este incremento artificial de liquidez que ha reanimado los mercados financieros está llegando a su fin y, con ello, el auge de los mercados financieros, que ha sido firme y constante desde marzo de 2009.

El Gobierno de Estados Unidos va a tener que recortar billones de dólares de sus compromisos futuros de gasto o bien ver que su moneda se sigue devaluando y que se continúa erosionando su capacidad para influir en los acontecimientos mundiales. Cuando comienza la fase de negociación, los que han sido víctimas de los negociadores tienen que esforzarse por contener su ira y empezar a prepararse para la depresión.

Michael Lewitt es analista financiero y autor de The Death of Capital (La muerte del capital).

Publicado por Reggio's

24 Abril, 2011, a las 7:19 am

Colgado en: Economía

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