Los discursos y la política, de Lluís Foix en La Vanguardia
Escuchaba el otro día mientras atravesaba el puerto de La Panadella una serie de discursos célebres que han marcado la historia del siglo pasado en el mundo anglosajón. El de Franklin D. Roosevelt declarando la guerra a Japón el 7 de diciembre de 1941, aquel día de infamia; el de la toma de posesión de John Kennedy y el que pronunció desde el Ayuntamiento de Berlín en 1963; la primera intervención radiofónica como primer ministro de Winston Churchill, el grito de “yo tengo un sueño” de Martin Luther King en el Mall de Washington o el de Ronald Reagan sobre el imperio del mal y el de MacArthur ante el Congreso aceptando de mala gana su paso a la reserva en plena guerra fría.
Todos los discursos políticos tienen la importancia del momento en el que fueron pensados, escritos y pronunciados. La oración fúnebre de Pericles hace unos 25 siglos en Grecia todavía resuena como un canto a la libertad que hace grandes a los pueblos a pesar de que sus ambiciones nacionales sean aplastadas o suprimidas.
Seguí con atención el discurso de fin de año del president Mas y la rueda de prensa del martes en la que hacía un balance del año de su gobierno. También seguí en directo el que Mariano Rajoy pronunciaba en el Congreso el día de su investidura. Una conclusión apresurada, que no escapará a quien siga la política, es que los dos discursos, el de Rajoy y el de Mas, no se encuentran en ningún punto.
Es más, las palabras y el lenguaje de los dos presidentes van en dirección opuesta y da la impresión de que los trenes de la política catalana y la española han salido de las estaciones de Sants y Atocha para encontrarse no se sabe en qué punto en una vía que sólo tiene un carril. El choque se puede evitar por la acción de un guardagujas en algún lugar del trayecto, porque uno de los trenes se detenga en una vía muerta o bien porque antes del choque los maquinistas frenen las locomotoras para ahorrarse cuando menos la destrucción de las locomotoras y parte de los vagones.
Rajoy habla poco y lo hace a través de Soraya Sáenz de Santamaría que nos ha anunciado que vienen más recortes y apreturas. Pero Mas habla con mayor profusión reclamando unas partidas que tienen que transferirse inmediatamente a Catalunya porque así lo dicen las leyes. En Valencia lo han resuelto en una semana.
Lo que no alcanzo a comprender es la construcción del discurso político del president Mas. Dijo el martes que los ajustes son porque así lo pide Europa y porque así se evita que el Estado intervenga Catalunya. Siempre he sostenido que los recortes son para reducir o eliminar el déficit que permitiría salir de la crisis y mejorar las expectativas de los catalanes que viven inmersos en un miedo generalizado sobre el futuro que nos espera. El pensamiento de Mas está muy claro en su discurso de investidura de hace un año.
