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Periodismo de opinión en Reggio’s

Los métodos Estivill y González, de Salvador Cardús i Ros en La Vanguardia

Mientras el sistema político catalán insiste en dividir la sociedad en derechas e izquierdas; mientras la intelectualidad la analiza a partir de un supuesto debate entre aquellos que siguen anclados en unos valores tradicionales y aquellos que navegan en la posmodernidad líquida; mientras los sociólogos la escudriñan para saber si la laicidad arduamente conseguida acabará sucumbiendo al renacer de las religiones, la verdadera línea de división entre distintas concepciones del mundo actualmente pasa, por lo menos entre las familias catalanas, entre los pragmáticos que siguen el método Estivill y los creyentes en el método González.

En los últimos años la comunidad educativa ya se ha abierto al debate de ideas que hace una década eran tabú. Se puede discutir sobre la pedagogía activa, se pueden hacer sátiras sobre las virtudes creativas de la plastilina, se puede poner en tela de juicio la línea Rosa Sensat e incluso, a pesar de los enfrentamientos por el proyecto de nueva ley catalana de educación, se puede hablar bien de ella sin que te lapiden. Todo es discutible en la comunidad educativa.

Todo menos la adhesión a una de las dos grandes líneas entre las que se ha dividido la cultura educativa en las familias catalanas. Poner en tela de juicio el sistema del “pecho a demanda” -es decir, amamantar la criatura sin horario fijo y según capricho del bebé- puede derivar en una batalla campal, y adherirse al práctico sistema Estivill para enseñar a una criatura a dormir de manera autónoma y suficiente puede conllevar la sospecha si no de torturador, por lo menos de practicar bullying doméstico. Ahí entramos en el reino de la intolerancia.

El debate entre el método Estivill y el método González, además, se ha extendido a otro campo educativo que suele quedar fuera de la mirada escrutadora de los analistas sociales: el mundo de la sanidad. La educación de los pequeños catalanes pasa por las manos de la escuela, sí, pero quizás de manera más eficaz y sutil, por las ideologías educativas transferidas por el sistema médico a través de enfermeras y pediatras, revestidos con la autoridad supuestamente científica que no tienen los maestros. Recientemente me contaban el caso de unas sesiones preparatorias al parto en las que la enfermera responsable del hospital adoctrinaba en la religión González -y contra las tentaciones del infierno Estivill- a los futuros padres, tan llenos de ilusión como cargados de temores. Les contaba cómo para la criatura educarla en pautas sociales ordenadas sería como abandonarla en la selva de la sociedad, representada por la oscura habitación en la que se deja llorar desconsoladamente al bebé, con la gravedad -añadía- de que se formaría un individuo permanentemente desconfiado. El paraíso que relataba la enfermera, al contrario, pasaba por practicar el “pecho a demanda”, por coger el bebé al menor lloro, por dejarlo dormir en la cama matrimonial… Todo ello, supuestamente, para conseguir individuos más confiados e independientes. Así, mientras todo el mundo discute los modelos educativos escolares, en muchos de nuestros hospitales públicos (algunos de ellos, autocalificados equívocamente de Hospitals Amics dels Nens, como si los demás no lo fueran) y fuera de la mirada crítica de la sociedad, se adoctrina sin ninguna reserva acerca de métodos discutibles que, probablemente, dan cuenta de algunos de los desmanes que luego deben capear los maestros en las escuelas: el de los hijos consentidos y los padres sobreprotectores.

Algún lector despistado se preguntará de qué va el método Estivill o el método González. Las familias catalanas ya saben de sobras de lo que estoy hablando. Quizás deberíamos explicarlo a tantos políticos, intelectuales o sociólogos ocupados en sus propios modelos de análisis. Dicho de manera breve -e inevitablemente exagerada- el método Estivill, por el doctor Eduard Estivill, experto en las enfermedades del sueño y autor de Nen, a dormir/ Duérmete niño, es un sistema de entrenamiento en unas pautas de conducta que permiten “aprender” a dormir fácilmente, consiguiendo un régimen de descanso saludable. Más extensamente, el sistema puede aplicarse al resto de los hábitos, por ejemplo a las comidas, y parte del supuesto de que somos animales sociales, es decir, que vivimos según pautas adquiridas que hay que educar a través de rutinas. Por el contrario, el método González, por el pediatra Carlos González, autor de Omple´m de petons/ Bésame mucho, se presenta como un sistema de educación “natural”, un modelo en el cual -según sus propias palabras- “los padres pierden el miedo a malcriar a sus hijos”. Para González, establecer pautas sociales es “antinatural” y crea barreras entre padres e hijos, en una muestra clara de rousseaunismo trasnochado.

La división de la sociedad catalana entre seguidores del doctor Estivill y seguidores del doctor González (ya habrán observado mi toma clara de partido por el primero) no es una broma: los respectivos éxitos editoriales lo demuestran, y la confrontación más dura se está dirimiendo en internet. Esta división remite a un debate ideológico profundo entre razón científica y razón emocional que debería ventilarse en público, críticamente, con toda la información disponible. Volveré, en un nuevo artículo, a las claves de esta gran división mucho más relevante para nuestro futuro que el combate entre derechas e izquierdas o la discusión sobre la crisis de valores.

salvador.cardus@uab.cat

Publicado por Reggio's

29 Abril, 2009, a las 9:10 am

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