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Monedas en el reino de la Red, de Josh Klein en El Mundo

EL PAPEL DE INTERNET Y LAS REDES SOCIALES EN LA ECONOMÍA

Lo que pasaba antes era que la estrella de oro que uno ganaba en su videojuego preferido no servía de mucho en el supermercado. Eso está cambiando. Hay toda una economía floreciente en torno a objetos de valor tales como espadas virtuales y naves espaciales de los juegos en Red. Por otra parte, Facebook ha puesto en marcha recientemente un sistema monetario con el que se pueden comprar servicios en juegos y aplicaciones online. El crecimiento de las redes sociales nos está acercando progresivamente a una estructura que está tendiendo puentes entre el mundo real y el virtual.

La economía meritocrática resultante lima las desigualdades geográficas entre el primer y el tercer mundo y, simultáneamente, posibilita una abundante actividad delictiva. Hasta ahora, la utilización más nefanda de esta herramienta innovadora ha sido el lavado de dinero. Un delincuente compra de forma anónima una tarjeta por importe de una hora de juego y la emplea para hacerse con un montón de productos virtuales de un juego en la Red. Una vez que se sale del juego, no queda ningún registro que dé alguna pista sobre quién ha entregado qué a quién. Conéctese este esquema de funcionamiento con los florecientes mercados de los productos propios de los juegos y se obtendrá una fórmula estupenda para transferir fondos entre países e individuos de una manera completamente anónima.

Los Gobiernos están perfectamente al tanto de lo que ocurre: los mercados monetarios en la Red para la compraventa de productos virtuales y su valoración frente a otros en tiempo real llevan años existiendo. Sin embargo, sólo en fechas recientes han sufrido estos recursos online una suerte idéntica a la de cualquier divisa que no estuviera respaldada por un sistema estable, así que una inflación galopante, sucesivas crisis del mercado y la intervención de sistemas externos han hecho de las monedas virtuales una propuesta arriesgada.

Eso también está cambiando. El año pasado, por ejemplo, Entropia Universe, un juego en Red para un número gigantesco de jugadores, con sede en Suecia, obtuvo de las autoridades suecas de supervisión financiera permiso para realizar actividades bancarias. En estos momentos, este juego puede funcionar exactamente igual que un banco del mundo real en prácticamente todos los sentidos: está respaldado hasta 60.000 dólares por el fondo de garantía de depósitos de Suecia, ofrece a sus clientes cuentas que rinden intereses, permite realizar ingresos en cuenta por vía electrónica, posibilita el pago de facturas online a los jugadores e incluso está estudiando la posibilidad de ofrecer préstamos a los jugadores.

Estas novedades no tendrían que causar mayor preocupación si los juegos en Red exigieran el mismo tipo de identificación que los bancos. La identidad es un conjunto de informaciones que incluyen el nombre de una persona, su dirección, su cuenta bancaria y su número de DNI, así como una serie de datos complementarios verificables, datos del mundo real. La autenticidad, por su parte, es por lo general una serie compleja de datos codificados con los que se puede verificar que un determinado bit de datos introducidos en la Red ha sido facilitado por la misma persona que ha introducido otro bit diferente.

Estas nuevas herramientas no pueden identificar a esa persona en la vida real. Eso facilita el anonimato, la fuerza impulsora que ha hecho posible que tantas personas extrañas entre sí hayan trabajado en colaboración con tanto éxito desde que internet se puso en marcha y hayan puesto en pie toda la Red, desde Wikipedia hasta el despliegue de la ayuda a Haití. La posibilidad de asumir riesgos con un nombre que todavía tiene que ganarse una reputación anima a la gente a compartir información personal en los tablones de anuncios de investigación médica o a contribuir voluntariamente a proyectos de código abierto.

Sin embargo, el anonimato va en sentido contrario a la idea de las finanzas en el mundo real. En el sistema bancario, el usuario confía en que el banco conozca a la persona con la que el usuario está tratando y sea capaz de hacer cumplir las condiciones merecedoras de esa confianza. Sin embargo, la autenticación puede funcionar igual de bien, sobre todo cuando está respaldada por la buena fama que proporciona una Red social con mucho tiempo de funcionamiento. En estos sistemas, el coste de marginarse uno mismo y de echar a perder el buen nombre propio actúan como garantía práctica de la relación de confianza.

Eso no significa que pronto vayamos todos a hacer de banqueros en el mundo virtual, sino que ya no podemos cerrar los ojos ante las limitaciones de los actuales sistemas financieros. ¿Cuándo vamos a empezar a intercambiar bienes y servicios reales por monedas virtuales? Las redes sociales han demostrado su valía y los sistemas de intercambio son corrientes en ellas. Cuando estas redes se conecten con un sistema financiero viable en red, no condicionado por las regulaciones y los peajes actuales, nos vamos a encontrar con una ecología financiera completamente nueva.

El auge rápido de las economías en red podría llevar a una anarquía brutal o a una edad de oro de la comunicación igualitaria. Sabemos que esto está cambiando pero la pregunta importante es: ¿a mejor o a peor?

Josh Klein desarrolla estrategias digitales para una agencia publicitaria neoyorquina.

Publicado por Reggio's

8 Octubre, 2010, a las 9:18 am

Colgado en: Economía

Autor:

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