Nadie cuenta con el mercado, de John Müller en El Mundo
AJUSTE DE CUENTAS
España ha decidido dar la espalda al único mecanismo que puede garantizar la sostenibilidad de las pensiones: el mercado. El debate se ha limitado al sistema socialista de reparto que impera en Europa. Nada se ha dicho de los sistemas de capitalización.
Le escribo a José Piñera, a quien se considera el padre de las pensiones privadas. En noviembre de 1980 introdujo en Chile los fondos de capitalización individual.
Su sistema tiene ventajas teóricas sobre los de reparto: se trata de ahorro real y no de los ingresos futuros de otra generación, como ocurre en la Seguridad Social. Las finanzas públicas no se ven afectadas. Cada trabajador conoce cuánto ha ahorrado y cuánto le renta su fondo. Las cotizaciones individuales no aparecen como un impuesto al empleo y no lastran la competitividad. El mecanismo fortalece el ahorro interno y la formación de capitales (ayudaría a corregir nuestro déficit por cuenta corriente que ya parece endémico), y crea una población más comprometida con su propio destino.
«¿Y en la práctica qué ha ocurrido?», le pregunto a Piñera. Responde con datos. Los fondos de perfil inversor más conservador -que son los que se implantaron en 1981-, ya exhiben un registro histórico relevante. A diciembre de 2010 esos fondos arrojaban un 9,25% de interés real durante 30 años. O sea, un trabajador chileno no sólo ha mantenido el poder adquisitivo de su ahorro durante tres décadas sino que éste se ha incrementado anualmente con un interés compuesto («la más poderosa fuerza del universo», según decía Albert Einstein) de casi el 10%. Quizás hasta Warren Buffet sentiría envidia.
Los adversarios del sistema afirmaban que una crisis de los mercados se lo llevaría por delante. No ha ocurrido así. Es verdad que en 2009 los fondos perdieron dinero por la crisis subprime, pero su recuperación fue espectacular. En 2010, el peor de los fondos obtuvo un 5,49% real. Las supuestas pérdidas se han recuperado en 12 meses.
Una vieja tesis de los expertos dice que los sistemas de reparto soportan mejor los vaivenes del mercado y los de capitalización, los cambios demográficos. Según el caso chileno, ésta es una verdad a medias. Lo cierto es que las crisis de los mercados suelen ser transitorias y las demográficas, en cambio, se inscriben en megatendencias.
Piñera elaboró en 1996 un informe para el Círculo de Empresarios sobre la viabilidad de implantar aquí su sistema (el texto se puede leer en www.josepinera.com). Pese a que Rodrigo Rato mostró interés y escuchó del propio Piñera las conclusiones, el vértigo se apoderó del Gobierno de José María Aznar y éste prefirió no afrontar el problema.
El hoy académico distinguido del Cato Institute en EEUU cree que el Pacto de Toledo no resuelve el problema de fondo y por tanto desembocará tarde o temprano en que los trabajadores tendrán que contribuir más y sus pensiones serán más bajas.
«Sin verdaderas reformas estructurales -y subir la edad de jubilación es un paso necesario pero sólo es un cambio paramétrico-, el estancamiento de la economía española durará mucho más de lo que estima el Gobierno, con graves consecuencias para las finanzas del sistema estatal», me contesta Piñera por email.
Piñera no es imparcial, lo admito. Es un liberal dedicado en cuerpo y alma a la misión de extender su sistema (su mapamundi incorpora ya a 28 países con el modelo chileno total o parcial). Pero, ¡oh rarezas! El martes 19, el socialista Jesús Caldera invitó a un foro de la Fundación Ideas a un experto nada sospechoso para el PSOE: Ashgar Zaidi, director del Centro Europeo para las Políticas de Bienestar Social.
Zaidi terminó su intervención advirtiendo que el gasto público en personas mayores sigue creciendo de manera acelerada en Europa: «Se tendrán que seguir haciendo reformas y cuestionando el sistema desde sus bases y quizás desde su esencia. Es fácil decir y hacer lo obvio: retrasar la edad de jubilación, eliminar prejubilaciones, controlar las incapacidades temporales… lo que no es tan obvio es descubrir qué papel debe jugar aquí la iniciativa privada».
john.muller@elmundo.es
