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Periodismo de opinión en Reggio’s

No sólo el Gobierno hace simulaciones, de John Müller en El Mundo

AJUSTE DE CUENTAS

Desde el jueves pasado cuando el Gobierno borró de un documento remitido a Bruselas (con la excusa de que se trataba «de una simulación») la propuesta de ampliar de 15 a 25 años el periodo de cálculo de la pensión de jubilación, creíamos que estos ejercicios eran privativos del Ejecutivo. Pero no es así, ahora sabemos que los sindicatos también son expertos en simulaciones.

Resulta que, al menos desde el domingo 24 de enero, los máximos líderes de UGT y CCOO, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo conocían el contenido de la estrategia gubernamental para recuperar la credibilidad internacional, incluida la reforma de las pensiones. Por lo tanto, la sorpresa que ambos mostraron el jueves 28 de enero, cuando se filtró a la agencia Colpisa que el Gobierno proponía ampliar la edad de jubilación de 65 a 67 años, no fue más que una puesta en escena, un ejercicio de disimulo.

Ahora no sabemos si el malestar expresado por los sindicatos es un simulacro, es genuino o si los sindicalistas siguen jugando a ser, como se ha dicho otras veces, los tedax del presidente del Gobierno para la crisis social. No me extraña que hasta la protesta de ese solitario parado que duerme frente a La Moncloa llegue con sordina a los oídos de Zapatero.

Uno de los primeros actos de este baile de máscaras será el acuerdo sobre la negociación colectiva, que por lo que se vio el viernes, caerá en los próximos días, quizás hoy mismo. En este salón de los espejos, la patronal también juega lo suyo. En Cepyme y en la CEOE hay un inocultable deseo de firmar una reforma laboral, aunque ésta no contemple el abaratamiento del despido o que éstos no acaben siempre en los tribunales, dos reivindicaciones muy queridas.

Los empresarios no quieren aparecer como los malos de la economía española y, aunque la reforma laboral les interesa, les importa más el acuerdo sobre negociación colectiva. Ésta tiene un alcance muy amplio entre medianas y pequeñas empresas y afecta a los contratos existentes; la reforma, en cambio, sólo lo hará con los del futuro.

De todas las máscaras, la que no puede ocultar un aire de tristeza es la del ministro del Trabajo, Celestino Corbacho, obligado a lidiar con un problema que lo desborda. Corbacho vino a Madrid para rectificar la política de inmigración. El político catalán representaba un estilo de hacer las cosas que fue capaz de ofrecer alternativas para la convivencia sin caer en el radicalismo que hemos visto en Vic.

Y ahí está Corbacho enfrentado a una vicepresidenta económica, Elena Salgado, que lo desautoriza cuando habla de economía sumergida, o que le arranca una propuesta de jubilación a los 67 años agitando el fantasma de que debería ser a los 70 años.

Missing in action (desaparecido en combate). Así ha estado Corbacho en los momentos cumbres de las últimas semanas. Ha recobrado protagonismo con la reforma laboral anunciada el viernes, porque en ésta no se ha impuesto el criterio estricto de Salgado y del secretario de Estado José Manuel Campa. Al final, Zapatero sabe que tiene que seguir bailando con lobos, aunque nadie sabe quién está redactando el guión.

john.muller@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Publicado por Reggio's

8 Febrero, 2010, a las 8:12 am

Colgado en: Economía

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