País de masoquistas, de Fernando Ónega en La Vanguardia
Pues me parece poco”, comentaba una señora al ver la encuesta de La Vanguardia y descubrir que el PP le saca más de cuatro puntos de ventaja al PSOE. Se nota que la señora no era muy partidaria de Zapatero y quería lo que quieren muchos analistas de tertulia: que no quede un español dispuesto a votar a estos socialistas torpes, mal encaminados y peor dirigidos. Lo malo es que, ideologías al margen, a mí también me parece poca la distancia de intención de voto que muestra el sondeo. Lo justifico con un simple recuerdo de lo publicado y emitido cualquier día sobre nuestro Gobierno de España y su gestión.
Presidente: se asegura que tiene el discurso quemado, suponiendo que tenga discurso. Vicepresidenta primera: trabajadora, pero la comunicación del gabinete es un desastre. Vicepresidenta segunda: redactó unos presupuestos que son una desgracia para España. Vicepresidente tercero: no se sabe a qué se dedica. Ministros: se salvan Rubalcaba, Jiménez, Chacón, Blanco, y el resto oscila entre la escasa presencia y la “pandilla de inútiles” que descubrió Montoro. Estrategia: entregados a los sindicatos y guerra abierta a los empresarios. Aborto: los católicos están sublevados contra unos gobernantes que propician que se mate a los hijos. Impuestos: mientras los ricos se escapan, las clases medias son víctimas de las crueles garras fiscales del Ejecutivo. Presencia exterior: tan poca, que nos quitan una Olimpiada, nos secuestran pesqueros y somos incapaces de dar una respuesta como la de Aznar en Perejil. Empleo: Zapatero ha convertido España en una fábrica de parados. Modelo productivo: el Gobierno es tan incoherente que lo quiere cambiar, pero reduce el gasto en investigación. Política económica: diseñada con los pies, censurada por todos los organismos internacionales y sin voluntad de rectificación. Política general: falta de proyecto y escándalo permanente de improvisaciónâ026
Esos son algunos de los mensajes que llegan cada día al votante español. Y, a pesar de todo, ¿un 38 por ciento, unos diez millones de españoles, desean seguir siendo presididos por Zapatero? Una de dos: o son masoquistas, o creen que tanta crítica no puede ser verdad.
